martes, 11 de junio de 2013

BRUJERIA Y APARICIONES: HISTORIAS DE SEÑA ROSA-VIII





Mónica Díaz Tabares


EL MUCHACHO Y EL CURA
Había un cura en Icod de los Vinos y crió un niño, y cuando fue un hombre le dijo que él se día a marchar pa Cuba a ver si podía hacer suerte, pa buscar una joven y casarse, y cuando tuviera el dinero suficiente venía; pues cuando se cumplió el tiempo llegó de Cuba, pero ellos tenían una cria­da y el muchacho le había dado el dinero pa que se lo guardara, y la criada pa que no se lo robaran lo enterró al pie del naranjero que tenían en el patio, pero se murió, y se quedó el cura solo, y cuando volvió el muchacho, que fue a casa del cura, y le dijo: —padre cura, ¿y dónde está Yolanda?—. Dice —hijo murió hace tiempo—, Dice —¿y no le dio a usted las perras que yo le di pa que me las guardara?— dice —hijo, no, ella si las tenía las escondió, porque yo no he visto nada— y dice: —¿y entonces que es lo que hago yo ahora, padre cura?— Dice —si ella está condenada va a las arenas el mar, a los rebolcaderos de las bestias, o a las carnicerías, lo que tienes que hacer es andarte esos tres puestos y dar tres gritos por ella, haber si está en esos si­tios—. Conque fue el muchacho a las arenas del mar, y dice: —¡madre biata del demonio, di dónde está mi dinero!— Y volvía otra vez: —¡madre biata del demonio, di dónde está mi dinero!...— Y se anduvo los tres sitios y como no le contestaba, le dijo el cura que la llamara en la casa, y el muchacho la llamó: —¡madre biata del demonio, di dónde está mi dinero!—, y dice —yo no me lo he gastado, esta al tronco del naranjero—. Escarbó, y sacó el dinero.
LO DEL COMPADRE MASÓN Y LA LUCHADA CON EL DIABLO
Estaba el padrino de boda de una hermana mía (que era masón), y esta­ban hablando de cosas «de-esas», y dice —¿ustedes quieren ver al diablo?—, y dije yo: —yo quiero verle la cara—, y dice —bueno, ¿le llamo compadre?, pero si entra, se tarda pa salir—, y dice mi padre: —no, pa dentro de la cocina no—, (estaban grandes y chicos dentro de la cocina), y dice el compadre: —pues yo hablo con él aquí, por fuera—. Conque, salió al patio y dio tres voces por Manolo: —¡Manolo!, ¡Manolo!, ¡Manolo!—. Y se oyó una voz más ronca que el que llamaba, y dijo: —¿qué quieres?—, dice el compadre: —¿a qué has venido a cas mi mujer?, que le dio miedo—, dice: —fui a que me encendieras la vela—, dice el compadre: —pues no vuelvas a cas de mi mujer, vas a donde yo esté que te la enciendo, y ahora te vas de esta casa y no vuelvas más, que no es mía—. Y mi padre que era un hombre alto y fuer­te (siempre llevada a la centura2 un ciñidor3) llegó donde estaba mi madre (que estaba acostada), y le dijo: —Lujina, perdí el sombrero peliando4 con el diablo ahora mismo), y dice mi madre: —¿el diablo?, ¿tú estás loco?—. Y dijo mi padre: —pues no me salió ese cabrón a peliar conmigo a ver si podía más que yo!..., pero se jodio, porque salió echando chispas por allí pa fuera; el sombrero se me quedó, pero él se jodio—. Y fue mi abuela a buscarle el sombrero con los muchachos, que fueron con ella (eso fue al otro día de lla­marlo el compadre de mi hermana, y como mi padre no lo quiso allí den­tro...).
¿Cómo era?
Un hombre..., dice que era guapo, con la cara redonda. Había un guar­da que era masón también, y él acostado en la cama, y sabía quien robaba. El diablo se lo decía; —en tal sitio está robando tal, en tal otro está robando cual—, él acostado y el diablo le guardaba, y día y trincaba5 a la gente (por­que en aquel entonces habían faltas, y dían a robar pa comer) y a nosotros nos mandaba él a robar donde no habían guardas, pero no díamos porque te­níamos miedo.
2      Sust. Cintura.
3  Sust. Ceñidor, fajín.
4  Verb. Gerund. Peleando.
5  Verb. P. Imperf. Cogía.

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