martes, 8 de septiembre de 2015

EFEMÉRIDES DE LA NACIÓN CANARIA





UNA HISTORIA RESUMIDA DE CANARIAS
PERIODO COLONIAL 1501-1600
DECADA 1551-1560

CAPITULO IX-XXVII




Eduardo Pedro García Rodríguez

1560.
Las islas azucareras en Canarias fueron Gran Canaria, La Gomera, La Palma y Tenerife.

En las cuatro se implantó el cultivo de azúcar desde el mismo momento de la Conquista, que se convirtió en el principal producto de exportación hasta 1560. Gracias a ello, llega población foránea a Canarias y, sobre todo, toda la obra cultural flamenca. "Hemos ubicado en cada una de las islas dónde estaban las plantaciones, dónde se encontraban los ingenios y qué importancia tuvieron para el desarrollo de las islas", explica Ana Viña, profesora titular de Historia especializada en el Medievo y coordinadora del proyecto por parte de la Universidad de La Laguna. Este análisis también se ha hecho por parte de los expertos de Madeira, ya que la idea es que la ruta cultural vaya desde la isla portuguesa a Canarias, y viceversa.

Nuestro archipiélago se convirtió por tanto en centro exportador de azúcar, cuyas rutas prioritarias iban hacia Andalucía, hacia Génova (a través de Barcelona o Sevilla) y otra hacia Flandes (adonde se envía azúcar de alta calidad), pero que resulta ser la históricamente menos conocida. En el caso de La Palma, este flujo comercial es crucial, ya que la mayoría de la población de esa isla con peso económico es flamenca. Hay también otra ruta hacia la Berbería, a donde se exporta miel y remiel y, finalmente, la ruta hacia América, a la que va en un principio caña de azúcar y finalmente trabajadores y técnicas. Hay también exportaciones, aunque en menor cantidad, a Francia, Inglaterra y casi toda Europa.

Los trabajadores de las explotaciones azucareras tenían diversa procedencia, relata Viña. "De la población aborigen hay pocos datos. Algunos están como esclavos y otros como trabajadores libres. Pero en realidad, lo que se entiende por población de las islas, es decir, la mezcla de isleños con castellanos, casi todos son asalariados", al igual que la mano de obra especializada de origen portugués o madeirense. Sin embargo, el grueso de los trabajadores en estas plantaciones son esclavos, fundamentalmente de Berbería o de Guinea. "De hecho, todas las islas azucareras comercian con África para la trata de esclavos", prosigue la profesora. "Hay incluso autorización de la Corona, en el caso de La Palma, para que se traigan 500 esclavos africanos, lo que era sin duda una cifra muy alta". Los que ponían el capital para comerciar eran genoveses y flamencos, quienes luego también invierten en tierras y pasan a ser grandes propietarios. Se naturalizan en las islas y esa base económica les permite el acceso al poder político.
La bonanza de las islas con la caña de azúcar es tal que empiezan a desaparecer los montes, para ceder terreno a este cultivo. "En la documentación que hemos estudiado se puede leer, por ejemplo, que Gran Canaria era toda azucarales. En Tenerife no ocurrió así porque desde un principio se planificó que una parte de los cultivos tenían que ser para cereal, con el objeto de abastecer a la población, y otra para caña. En La Gomera solía haber en esa época cuatro o seis ingenios, mientras que en La Palma encontramos cuatro ingenios, desde el año 1500 hasta el siglo XX."

El fin de este ciclo económico se sitúa a finales del siglo XVI, cuando ya el azúcar canario no puede competir con el mercado americano y se sustituye por la exportación de vino. Sucede de modo similar en todas las islas, salvo en La Palma, donde los ingenios azucareros (tracción hidráulica) se mantuvieron hasta el XVIII, momento en el que pasan a convertirse en trapiches, es decir, que se utilizan molinos o máquinas de transformación, normalmente movidas por animales, mientras que en los siglos XIX y XX ya se hace con máquina de vapor. En estos últimos siglos el fin ya no es exportar azúcar, sino rones y aguardientes.

En general, las tierras plantadas de caña fueron poco a poco sustituidas por los viñedos. "No es que se arranque toda la caña y se siembre viña, porque de hecho la viña está presente desde el mismo momento de la Conquista, sólo que en aquel entonces no era el cultivo que interesaba a los mercados europeos."

Hoy quedan escasas plantaciones de caña en Gran Canaria; en La Palma (Los Sauces) hay algunas extensiones más o menos importantes. Hay también algunos restos de las chimeneas de los ingenios en algunos casos. "Necesitaríamos realizar algunas excavaciones de arqueología industrial para recabar más información. Tenemos ya muy claro cuál era la ubicación de los ingenios, e incluso conocemos las particiones de algunos de ellos, pero eso formaría parte de otro proyecto."

1560.
Nace en Santa Brígida Gran Canaria, el criollo Cipriano de Torres (1560 aprox.-1599). Capitán de la compañía de La Vega, su nombre ha quedado grabado en la historia colonial por su valentía y heroísmo. Durante el desembarco de la armada holandesa el 26 de junio 1599, Cipriano advirtió que en una de las lanchas viajaba Van der Does, cubierto de pies a cabeza con una armadura. Pues bien, aún a sabiendas de que se jugaba la vida, se internó en el mar, logrando asestarle al jefe holandés tres golpes de lanza, que le hirieron y le hicieron caer al agua. Van der Doez debió la vida al pronto auxilio de sus hombres y a su armadura. Cipriano vio cegada su vida por los disparos a quemarropa que le dirigieron los holandeses.  (Ayto. de la Villa de Santa Brígida)

1560.
En este año el armador, mercader, pirata, corsario y tratante en esclavos  John Hawkins, para quien no rezaba, por su sólido prestigio en el Archipiélago, el estado de tirantez imperante en las relaciones de Canarias con Inglaterra, decidió llevar a cabo personalmente un nuevo viaje a las Islas Afortunadas.

Si hasta ahora ha sido la documentación inglesa la que principalmente nos ha informado de las primeras andanzas del famoso, pirata, a partir de ahora será la española la que nos proporcione las más sustanciosas noticias sobre sus viajes y navegaciones.

John Hawkins zarpó de Plymouth, a bordo del Peter, en 1560, aunque ignoramos todavía la fecha exacta o tan siquiera la estación en que pudo iniciar la travesía. Es éste el primer viaje a Canarias plenamente documentado de Hawkins; estuvo el inglés comerciando en la isla de Tenerife y es muy admisible que recorriese también con el mismo fin la isla de Gran Canaria y acaso otras de las Afortunadas.

Empieza desde este momento a hacerse luz sobre sus relaciones comerciales, sus factores y sus amigos en Canarias. Así, por ejemplo, sabemos que en Berbería, y más particularmente en el puerto de Angla de Santa Ana, tenía un representante o factor fijo que se llamaba su pariente y cuyo nombre verdadero era el de Enrique Núñez-acaso judío portugués- quien también solía prodigar su presencia en el Archipiélago para los negocios de su amo o los suyos propios; conocemos, de la misma manera, el nombre de uno de sus representantes temporales en Tenerife, John Lovell, más tarde pirata afamado, cautivo en las cárceles de la Inquisición en Las Palmas; sabemos también sus frecuentes tratos con el conde de La Gomera, hasta el punto de despertar los recelos de este último Tribunal; y tenemos conocimiento, por último, de sus fratenas relaciones de
amistad con dos familias ilustres de Tenerife, la de Soler y la de Ponte, dueñas ambas de potentes ingenios en el sur de la isla. De sus tratos con los Pontes no diremos nada por ahora, dado lo mucho que tenemos que decir; nos limitaremos, por tanto, a aludir a sus relaciones con los Soler, como objeto particular del viaje de 1560.

La familia Soler era oriunda de Cataluña, pues los antepasados de Pedro Soler, dueño de los magníficos ingenios de azúcar de Abona, habían nacido en Tarragona. Su padre había venido, a Tenerife con la conquista, y obtuvo al finalizar aquélla buenos repartimientos de tierras en Abona.

Pedro Soler se dio maña para explotar sus tierras, cultivando en ellas caña de azúcar, y en los alrededores de Abona cimentó un ingenio que fue con el tiempo la base de su fortuna. Había casado Pedro Soler con Juana de Padilla y Linares, dueña de importantes heredamientos en el término de Vilaflor, y tenido de este matrimonio varios hijos: el mayor, Pedro, beneficiado de la iglesia parroquial de los Remedios, de la Laguna, y vicario eclesiástico en Tenerife; el segundo, Gaspar, que con el tiempo sería capitán de la compañía de infantería de Abona y Vilaflor; el tercero, Baltasar, que alternó con su hermano en el mando de la mencionada compañía, y el cuarto Juan, cuyas actividades ignoramos.

El trato de los Soler con John Hawkins tuvo que ser anterior al viaje de 1560. Las relaciones de íntima amistad entre éste y el beneficiado de La Laguna, de que tendremos pruebas valiosísimas en páginas sucesivas, no pueden explicarse en el corto intervalo de un viaje comercial. Sin duda el trato y la relación cordial venía ya existiendo desde hacía algunos años, y John Hawkins debió experimentar repetidas veces la acogida cariñosa que la familia Soler le deparaba en sus posesiones de Abona, mientras los navíos cargaban lentamente sus bodegas con el rico producto del suelo tinerfeño y en este terreno, de la suposición cómo no imaginar al beneficiado Soler -cuya vida se nos antoja paralela a la de los abates volterianos del siglo xvi-departiendo amigablemente con Hawkins sobre cuestiones de religión o escuchando el inglés, muy atento, las noticias de un mundo maravilloso y desconocido, pletórico de riquezas, al cual se llega-
ba siguiendo desde Canarias, siempre recto, la ruta de Occidente.

Amistad es poco; ascendiente ilimitado es lo que debió ejercer Hawkins sobre Pedro Soler, hasta el punto de envolverle en el turbio asunto de la conspiración de los "beneficiados". Si no, ¿cómo explicarnos sin su intervención personal el interés de dos sacerdotes por liberar a sus compatriotas apresados en 1560 en Santa Cruz de Tenerife,? ¿Quién pudo mover, en otro caso y en la misma fecha, al beneficiado Soler para intentar
la liberación de los ingleses ? ¿Cómo explicar la presencia en Santa Cruz de John Hawkins en 1560, hasta el punto de que el beneficiado Torres "le vido oir misa ese año", según declaró más adelante...? Más raro sería todavía de demostrar la prisa de los ingleses por conseguir una barca en que poderse trasladar de noche a Gran Canaria, y su regreso llenos de desesperación, pocos días después, a Santa Cruz, donde decidieron robar el navío de Indias que cargaba mercancías para Honduras. Sin duda John Hawkins, después de gestionar con escaso resultado, la libertad de los ingleses, zarpó para Gran Canaria, dejando a Soler interesado en el negocio; mas cuando los piratas ingleses arribaron, libres, desde Tenerife, con el mayor sigilo, ya había desaparecido del Puerto de la Luz el buque de Hawkins, impulsándoles tal contrariedad a tomarse la libertad por su máno, capturando el navío de Indias que se hallaba anclado en la bahía.

Queda descartada, por los hechos posteriores, la posibilidad de que los "fugitivos" fuesen marineros de la propia Embarcación de Hawkins, pues en tal caso la fechoría le hubiese cerrado a su amo, en el futuro, las puertas del Archipiélago, aunque no es del todo descartable que, fuesen los tales fugitivos sus socios o subordinados, en este momento de la vida de Háwkins en que se entremezclan el comercio honrado con las andanzas de corsario.

Creemos que no son demasiado fantásticas estas conjeturas para explicar el oscuro suceso de la conspiración de los "beneficiados".

Volviendo ahora al examen de los hechos que nos ocupan, John Hawkins estuvo en Tenerife en 1560 conduciendo "una nao en que trajo muchos paños y fue recibido humanamente y los vendió públicamente y [la] lleno de azucares del ingenio que Pedro Soler y sus hijos tenian en Abona...". En aquella ocasión visitó Hawkins (Aquines, Achín, Acles para los españoles) Santa Cruz de Tenerife y Abona sin ningún género de dudas, y con extraordinarias probabilidades Adeje, el Puerto de la Luz y San Sebastián de La Gomera  y lo más curioso de consignar es su conducta en materia de religión, que prueba su espíritu acomodaticio y mercantil: John Hawkins, no obstante profesar la religión protestante y tener el "anglicanismo" estado oficial en su país desde el advenimiento de Isabel al trono, hacía por donde quiera que iba ostentación de su piedad y fervor católico. Todos los testigos de su estancia en 1560 están conformes en asegurar "que Juan Achin y ba a la iglesia y oia misa y en sus palabras parescia catolico y en tal reputacion era comunrnente tenido...".

Finalizada la excursión por Canarias de 1560, John Hawkins regresó a Inglaterra, y de esta fecha data su liquidación con los negocios que le retenían en Plymouth y su traslado de residencia a Londres, buscando encontrar más amplio campo y posibilidades para los proyectos que maduraban en su cerebro. Una vez en la capital de la Gran Bretaña, Hawkins entró en relaciones muy activas con un grupo de negociantes ingleses interesados en el tráfico comercial con las Canarias y Guinea, contando con el valioso apoyo de uno de ellos, Benjamin Gonson, tesorero de la Marina, con cuya hija Katharine había casado en 1561. No eran ajenos éstos a la importancia del mercado americano, pues desde el segundo tercio del siglo XVI los negociantes ingleses tenían factores secretos en las Antillas, recibiendo mercancías desde la base avanzada de las Canarias. No es esta afirmación gratuita "a posteriori", sino declaración propia de los ingleses, confirmada por los testimonios españoles. Recuérdese al caso, entre otras, las dos Reales cédulas de 18 de junio de 1540 y de 17 de marzo de 1559, que ponían limitaciones al comercio, extranjero con las Canarias para conjurar el peligro de las continuadas violaciones al monopolio metropolitano. Sin embargo, John Hawkins aspiraba a ir más lejos, comerciando directamente con las Indias, no tan sólo con mercaderías y productos manufacturados ingleses, sino con algo de más alto valor que llenaría de oro los bolsillos de los patrocinadores de la empresa: el inmundo comercio
de carne humana. (En: A. Rumeu de Armas, 1991)

1560. Dos piratas ingleses, John Poole y Thomas Champneys, recorren las Islas Canarias asaltando carabelas y atacando Puertos. Sorprendidos en la rada de Tedote n Benahuare (Santa Cruz de La Palma) por un navío castellano, son apresados. El 25 de Diciembre, aprovechando la festividad, se fugan de la cárcel, se apoderan de un navío surto en la Bahía cargado de vinos y zarpa rumbo a su país.

1560. Es apresado y robado un navío de la corona de Castilla que regresaba de las Indias cargado de plata por un Corsario ingles identificado como Edward Cook, de Southamton. Ese mismo año sucede lo que se conoce como  Conspiración de los Curas Beneficiados. Los Párrocos de la secta católica en Eguerew (La Laguna) y de Añazu (Santa Cruz), en la isla de Chinet (Tenerife) disponen la fuga de varios marinos Británicos de las cárceles de aquella villa acusados de piratería, en un caso nunca del todo aclarado

Dada la voz de alarma, se organiza su persecución. No se da con ellos, pero la Flota de Indias que venia de retorno al buscarlos, se topa con 5 navíos ingleses que habían asaltado una nao de la corona castellana. Son apresados y conducidos a Sevilla. El embajador de Castilla  en Londres obtuvo el arresto de John Poole, pero a su vez hubo que liberar a los 5 navíos ingleses retenidos en Sevilla.


1560. En Eguerew (La Laguna) se construye la Cruz de Piedra, o “Cruz del Humilladero” emplazada en los alrededores del lugar donde se desarrolló la batalla entre invasores y defensores conocida como la batalla de Aguere, reedificada posteriormente pues fue destruida por un vendaval a finales del siglo XVII. Actualmente está colocada en la Carretera General Santa Cruz Laguna, un poco más arriba de la entrada del Barrio Nuevo, como recuerdo de la supuesta victoria de las tropas cristianas sobre las enfermas y diezmadas guanches.

Cabildo eclesiástico de Winiwuada (Las Palmas), por pago de algunas chanzonetas que había hecho para la Pascua de Navidad anterior.

1560 Enero 21.
El inquisidor español destinado en Canaria don Luís Padilla decretó en Las Palmas, el que se abriese en Tenerife la oportuna pesquisa, y dando comisión para ello al beneficiado de La Orotava Francisco Martín, le encargó inquiriese noticias sobre "ciertos ingleses y flamencos por proposiciones hereticas".

El proceso, de Thomas Nicholas (Tomás Nicolas o Niculas, pues de las dos maneras se firmaba en España) se conserva íntegro entre la valiosísima documentación que de la Inquisición de Canarias guarda la prestigiosa sociedad "El Museo Canario", de Las Palmas y nos va a servir para deshacer las patrañas inventadas por Nicholas, cuando su regreso a Inglaterra, sobre los absurdos procedimientos e inconfeables causas que movían a la Inquisición canariense.

Thomas Nicholas declaró en Londres en 1564 que los causantes de su detención en Canarias habían sido dos ladrones y dos prostitutas, que le acusaban de vivir con acreglo a la Ley inglesa y de ser hereje como súbdito que era de una reina herética. De la misma veracidad hizo alarde Nicholas al enjuiciar al Santo Oficio y a sus miembros más conspicuos, pues arremetió de palabra contra el inquisidor don Luís de Padilla, a quien tilda de judío impulsado en su persecución por el inconfesable móvil del más descarado latrocinio.

Sin embargo, nada más lejos de la realidad. Es cierto que Nicholas había mantenido trato y relación con dos mujeres llamadas las Morenas -María Morena, viuda de García de Puerta Cacriazo, y Catalina Morena-, las cuales, según declaración del propio acusado, "le hazian camisas" ; es cierto también que al ser detenido y llamado a declarar Thomas Nicholas en Las Palmas, acusó como enemigas declaradas suyas a las citadas mujeres, refiriendo el lance que con ellas había tenido por causa de un anillo que le habían sustraído, entre bromas y veras, vendiéndolo después por tres doblas a Antonia Dorantes; no es menos cierto el enojo del inglés, enterado de la fechoría al regreso de uno de sus frecuentes viajes comerciales a la isla de La Palma, de la que protestó enérgicamente por carta. Pero tales suposiciones y desavenencias no destruyen ni neutralizan las verdaderas causas del proceso inquisitorial "contra ciertos ingleses y flamencos por proposiciones heréticas", y el de Nicholas no fue sino uno de tantos procesos que incoó la Inquisición por esta época contra aquellos que delinquían en materia de fe.

Abierto el proceso en La Laguna en enero de 1560 declararon, entre otros testigos, el capitán Pedro Soler y el bachiller Ramos, estando ambos de acuerdo en afirmar que Nicholas no "iba a misa", así como que se había expresado repetidas veces con "palabras sospechosas". El capitán Soler puso por testigo de estas afirmaciones a su propio hijo, el beneficiado de la iglesia de los Remedios, Pedro Soler, cuyo nombre convendrá recordar para el futuro. Declararon también, como no podía ocurrir por me- nos, las Morenag, y si bien es cierto que sus denuncias fueron las más sustanciosas, no hay ningún motivo ni indicio para, transcurridos cerca de cuatro siglos, poner en duda la autenticidad de sus afirmaciones, aun suponiendo que las impulsase a hacerlas públicas la ira o el despecho. Desde las excelencias de la secta luterana, pasando por los mayores ataques a la confesión ya la castidad, en medio de soeces burlas y procaces bromas, aparecen en boca de Nicholas, al decir de aquellas mujeres. (El 26 de enero de 1560 declararon las Morenas cómo hacia cuatro años que Nicholas iba a la casa de ambas para "hacerse camisas y pañuelos"; que en ese tiempo no se cansaba de predicarles sobre las excelencias de la secta luterana en relación con el catolicismo; que hacia. burla de la confesión, asegurándoles que del trato espiritual con los frailes no se obtenia otra cosa que el "que las mujeres saliesen muchas veces preñadas";  y que se mofaba de la castidad, afirmando que la virginidad en la mujer joven era causa de "irse al infierno".

Declararon, además, cómo Nicholas se entretenia, mientras ellas trabajaban, cantando en su lengua (acompañándose con una vihuela propiedad de Juan Sebastián Morena, su hermano) , sin que pudiesen penetrar en el sentido de aquellas canciones.

Por su parte, Thomas Nicholas declaró en su descargo cómo las Morenas le habían amenazado, al reclamarles el anillo, con "que le harian quemar" vivo, con otras in- jurias "por las que vinieron a contienda y juicio".

También afirmó en su descargo que el hermano de ambas, Juan Sebastián Morena, le debía cierta cantidad de dinero.

Sin duda, unas y otro son las prostitutas y los ladrones a 1os que se refiere Nicholas en sus declaraciones de Londres.)

El mismo Nicholas, presintiendo el riesgo que corría su persona, andaba ocultándose por aquellos días de casa en casa, morando unas veces en la de su compatriota "Calafeton" (Richard Grafton) y otras en distintas de la ciudad o de la isla, hasta que pudo embarcar para Gran canaria, buscando refugio en la residencia de su consocio "Duarte Quinzmil" (Edward Kingsmill), con propósito de ausentarse del Archipiélago para ocultarse en Sevilla.

La casualidad hizo, sin embargo, que en el mismo navío en que había huido de Tenerife viniese acompañándole la "información" contra él practicada, por lo que dándose prisa los inquisidores resolvieron ordenar su detención en de febrero de 1560; y tras la declaración de rigor (En su declaración afirmó Nicholas ser natural de Gloucester, cristiano, de veintiocho años de edad, y factor de Antonio Iquema.n y Duarte Castelin; que se dedica ha a la "trata en pannos, 1ienços y fustanes y bocaranes y otras cosas de Inglaterra y Flandes, y en enbiar a azúcares y remieles destas yslas para Flandes y Espanna"; que había venido a Canarias por primera vez en 1556 para trabajar a las órdenes de Guillermo Edge, factor de Hickman y Castlyn en Tenerife, con objeto de familiarizarse con el castellano; y que después de permanecer tres meses en el Archipiélago regresó a Inglaterra, para retornar a su vez en 1557 a Tenerife como factor de 1os antedichos mercaderes en sustitución de Edge.

Afirmó, asi miamo, Nicholas que su residencia fija había sido la isla de Tenerife y en particu1ar la ciudad de La Laguna; pero que había frecuentado las islas de Gran Canaria. y La Palma en sus tratos comerciales. En La Laguna habiale servido siempre
de morada la casa del vecino Antonio Dorantes.

En cuanto Al motivo de su viaje, Nicholas lo justificó alegando que venia a Gran Canaria para sus asuntos comerciares con Kingsmill, y que no había dejado apoderados
o representantes suyos en Tenerife, por haber liquidado su negocio en aquella isla.

La inquisición ordenó, además, el secuestro de todos sus bienes en La Palma, Tenerife. y Gran Canaria, se incautó de sus equipajes y dispuso la clausura del domicilio de su consocio Eward Kingsmill, entre tanto que se llevaba a cabo en el mismo un minucioso registro.) dispusieron su ingreso en las cárceles secretas del Santo Oficio. A partir de este momento se inicia el farragoso proceso con su interminable desfile de testigos de cargo y descargo que no añaden nada sustancial a lo consignado. Sólo nos interesa hacer resaltar los nombres de los amigos de Nicholas, que él presentó como testigos que podían deponer en su favor; eran estos; Pedro de Ponte, Fabián Viña Negrón, Melchor de Monteverde, el beneficiado informante Francisco Martín - prueba concluyente de la imparcialidad con que la llevaría acabo-, Bartolomé Joven, Pedro de Alarcón y un número interminable de frailes. Entre sus compatriotas, depusieron a su favor: Edward Kingsmill y Richard Grafton.

Thomas Nicholas permaneció en las cárceles del Santo Oficio de Canarias por espacio de veinte meses, hasta que, reclamado por las autoridades de la Inquisición de Sevilla, alcanzó poco tiempo después la libertad (debido a las gestiones diplomáticas de Inglaterra), pudiendo trasladarse a Londres a dar cuenta a sus jefes del resultado de sus negocios. Según declaró allí, la compañía Hickman y Castlyn había perdido, a consecuencia de su detención, en Canarias más de 14.000 ducados.

Por aquella fecha, o algo más adelante, Nicholas-más conocido en los libros de viajes por Nicols-escribió su popular Descripción de las Canarias, que ha dado cierta celebridad y fama a su nombre, por lo menos en el ámbito del Archipiélago. (En: A. Rumeu de Armas, 1991)

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