martes, 14 de julio de 2015

APÉNDICE DOCUMENTAL N.° 2

JUAN BETHENCOURT ALFONSO
Socio correspondiente de la Academia de Historia (1912)

Historia del
PUEBLO GUANCHE

Tomo II
Etnografía
.y
Organización socio-política
Edición anotada por MANUEL A. FARIÑA GONZÁLEZ
FRANCISCO LEMUS, EDITOR La Laguna, 1994






EL MUSEO CASILDA DE TACORONTE:



Una pérdida irreparable.

1. Introducción.

Las fuentes documentales a las que hemos acudido han sido diversas, desde las de tipo periodístico a las estrictamente históricas; estos datos los hemos complementado con la escasa información gráfica disponible. Para la elaboración del presente trabajo ha sido fundamental la consulta de dos documentos básicos: de una parte, la información recogida por el Dr. D. Juan Bethencourt Alfonso en su «Cuestionario de las Islas Canarias» (1884), donde se describen los materiales del Gabinete de Casilda. De otra, el inventario del citado museo que fue publicado por el profesor D. Eugenio de Sainte Marie en 1899.

Establecidas las correspondientes comparaciones hemos comprobado la existencia de materiales desconocidos hasta el momento, y en algunos casos, contamos con una información más precisa que la publicada en 1899.

La creación de este Gabinete de Historia Natural y Antropología en Ta-coronte hay que situarla en la segunda mitad del siglo xix; época en la que cobró especial impulso el desarrollo europeo de las ciencias naturales y sociales, sobre todo la Arqueología y la Antropología Física. Como consecuencia de la implantación de las nuevas corrientes científicas, en las Canarias se va a producir una notable efervescencia intelectual llevándose a cabo diversas investigaciones sobre el pasado aborigen, una de cuyas consecuencias fue la creación de diferentes museos, gabinetes o entidades científicas preocupadas por recuperar las muestras materiales y culturales del pasado canario.

Ya en 1842 Sabino Berthelot había publicado en su obra «Etnografía y Anales de la Conquista de las Islas Canarias», los primeros cráneos guanches y algunos grabados de prototipos físicos de los naturales de las Canarias. Esta información fue retomada por Bernard Davies (1867), Broca y Hammy (1871), Quatrefages (1877) y al comprobarse la similitud de rasgos físicos existente entre la población primitiva de las Canarias y el descubrimiento del hombre de Cro-Magnon, el Archipiélago Canario pasará a convertirse en un centro de estudio de primer orden por parte de los antropólogos, historiadores y naturalistas europeos. En este sentido cabe citar, entre numerosos ejemplos, el envío de cráneos y restos arqueológicos a París; el encargo, en 1876, de una misión científica por parte del ministerio francés de Instrucción Pública a Rene Verneau para una investigación exhaustiva de la raza guanche; o la larga lista de científicos, naturalistas y viajeros europeos que vienen a Canarias para desarrollar diferentes estudios.

Este movimiento científico arraigó tempranamente entre los propios científicos canarios, principalmente en aquellos que trataban de implantar en las islas el estudio sistemático de la Prehistoria e Historia de las Canarias. Los protagonistas más destacados de esta nueva corriente científica van a ser los doctores Chil y Naranjo y Bethencourt Alfonso. El primero había participado en los Congresos de Lille (1874) y París (1875), y en 1876 publicaría el primer tomo de su magna obra «Estudios históricos, climatológicos y patológicos de las Islas Canarias». Por su parte, Juan Bethencourt Alfonso (1847-1913), miembro destacado dentro de la ya mencionada tendencia para implantar los estudios antropológicos e históricos en Canarias y persona totalmente vinculada a la línea de investigación antropológica, folklórica y de historia natural enunciada en 1881 por Machado y Alvarez, aportará tres importantes trabajos de gran solidez científica: «Circular y Cuestionario de las Islas Canarias», «Materiales para el Folk-Lore Canario» e «Historia del Pueblo Guanche». Curiosamente, D. José Pérez Vidal estuvo muy interesado por los resultados del primer trabajo, pero al desconocerse el paradero de dicha información se llegó a dudar de su existencia.

Junto a éstas y otras aportaciones personales hay que señalar el interés general que surge en las islas, por ir coleccionando diversos materiales relacionados con la Historia Natural, la Antropología, la Etnografía y la Historia de las Canarias. Se consolidan varias iniciativas con el objetivo de dotar a las islas de un conjunto de entidades científicas o museos que permitieran la conservación y exhibición de las raíces históricas del pueblo canario. Entre los primeros museos que se fundaron en Tenerife, destaca el llamado Museo Villa Benítez; creado por D. Anselmo J. Benítez, en 1874. Este personaje influiría de forma destacada en la vida cultural de la isla, a mediados del siglo XIX, a través de la conocida Imprenta Benítez, la fundación del citado Museo Villa Benítez, y la redacción de una obra titulada «Historia de Canarias». En este museo sobresalía la colección de minerales, junto a grabados, objetos artísticos y arqueológicos (entre otros, un féretro indígena hallado en Taburco de Teño, isla de Tenerife) y diversos documentos. Todos estos materiales pasarían a formar parte del Museo dependiente del Cabildo Insular de Tenerife, gracias a las gestiones del propio D. Anselmo J. Benítez, evitándose que sus colecciones tuvieran un similar destino que el de Tacoronte.

Otra de las instituciones fundamentales para el asentamiento y desarrollo de la Antropología en Canarias fue el Gabinete Científico de Santa Cruz de Tenerife, fundado en Setiembre de 1877 a instancias del ya citado Bethencourt Alfonso, y como un anexo al Establecimiento de Segunda Enseñanza de la capital tinerfeña. La supervivencia de este Gabinete Científico estuvo vinculada a la propia existencia personal de D. Juan Bethencourt, motor de la institución, que se había rodeado de un activo grupo de colaboradores, corresponsales y alumnos para desarrollar una amplia actividad científica e investigaciones de campo. Cuando Bethencourt Alfonso falleció, la actividad del Gabinete comenzó a decaer y sus discípulos no supieron estar a la altura científica del fundador de la institución. La labor desarrollada en este campo por el investigador chasnero la había iniciado entre sus alumnos del Establecimiento de Segunda Enseñanza, a quienes había introducido tempranamente en el darwinismo, además de la creación de un pequeño museo que les sirviera de laboratorio de prácticas. Este sería el germen del trabajo posteriormente desarrollado por la comisiones del Gabinete Científico. En general, de todo el material recopilado, el 60% procede del trabajo directo y personal de Bethen-court Alfonso; el resto, se configuró gracias a las aportaciones de sus colaboradores o por las donaciones conseguidas, entre otras las del sr. Diego Le-brum o D. Juan de La Puerta Canseco. Las colecciones expuestas en el Gabinete de Santa Cruz de Tenerife estaban distribuidas en las siguientes secciones: rocas y minerales, paleontología, antropología y arqueología, prehistoria de Canarias, aguas subterráneas, metereología, botánica, zoología y bibliografía. El Museo Guanchinesco del Gabinete presentaba una buena colección de restos humanos guanches (de aquí el interés de Bethencourt Alfonso por describir y comparar estos materiales con los del Gabinete de Casilda), así como diferentes objetos de cultura material prehispánica (armas, cerámica, etc.). Según van desapareciendo los socios y corresponsales del Gabinete, tales colecciones van languideciendo y sufren una evidente decadencia; una parte fueron a parar a la «Institución de D. Bernabé Rodríguez», la otra pasaría a formar parte del Museo Antropológico y de Historia Natural de Santa Cruz de Tenerife. Este primer museo antropológico de Tenerife fue creado en el pleno del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife del 31 de Diciembre de 1902 y se instalaría en un local del exconvento de San Francisco de dicha ciudad. El _ objetivo enunciado en el momento de su fundación fue el siguiente:

«... de que con los importantes elementos de la colección antropológica que V. posee (Bethencourt Alfonso), con la colección de minerales de Canarias que acaba de adquirirse y con otras colecciones que se obtengan, pudieran ponerse los cimientos de un museo que honraría a la Capital de Canarias...».

Por su parte el Instituto de Canarias, del que dependía el Establecimiento de Segunda Enseñanza de S/C. de Tenerife, se interesó por crear otro pequeño museo que sirviera igualmente de laboratorio para prácticas del alumnado. Suponemos que en esta iniciativa tuvieron que influir los profesores Eugenio de Sainte Marie, Antonio Zerolo y Adolfo Cabrera Pinto, apoyando el proyecto presentado por la cátedra de Historia Natural y Agricultura. Así en el curso 1885-1886 dicha cátedra plantea ante la dirección del centro la necesidad de contar con el mayor número posible de ejemplares de fauna de la provincia y fundamentalmente de Tenerife. Este museo se vio enriquecido con la notable aportación de D. Ruperto Bello Rodríguez y con las colecciones de D. Anatael Cabrera. En él se exponían ejemplares del reino animal y mineral, así como algunos restos arqueológicos. En cuanto a éstos nos comenta el periódico La Región Canaria:

«También completan esta magnífica colección, gran número de restos humanos, procedentes de la raza guanche, y curiosas armas y utensilios encontrados en las cuevas que sirvieron de albergue a los individuos de la misma».

Al parecer este centro fue uno en los que pensó don Sebastián Casilda, en su memoria testamentaria, como destino final de las diversas colecciones de materiales recogidos a lo largo de toda su vida. Veremos que esta última voluntad no se respetó y el Museo de Tacoronte se vendió, siendo enviado a la Argentina.

Otro de los organismos científicos más importante del Archipiélago Canario, creado el 2 de Setiembre de 1879 y que nos ha llegado hasta la actualidad sin grandes alteraciones, es el Museo Canario de Las Palmas de Gran Canaria. Su apertura oficial tuvo lugar en Mayo de 1880 y nació fruto del trabajo del grupo de intelectuales, científicos y estudiosos aglutinados por el indudable magisterio del Dr. Chil y Naranjo. Éste trató de consolidar en Canarias los estudios etnográficos, históricos, antropológicos y de historia natural al mismo nivel que en Europa. El interés por el pasado histórico de las Canarias, manifestado por el mencionado organismo desde los primeros momentos de su creación, ha hecho posible que a lo largo de un siglo se haya desarrollado uno de los mejores museos y bibliotecas de tema canario de todo el Archipiélago y del ámbito español.

El Dr. Chil y Naranjo visitó Tenerife en 1880 y conoció personalmente las colecciones del Gabinete Científico, manteniendo relaciones amistosas y profesionales con Bethencourt Alfonso. Posteriormente, en Abril de 1899, visitaría el Gabinete de Casilda interesándose por su compra y posterior traslado de materiales al Museo Canario de Las Palmas. Las negociaciones no llegaron a cuajar y la misión de Chil se vio arruinada. Con respecto a una posible compra, la intención del equipo directivo del Museo Canario era proceder a la reventa de las colecciones de Historia Natural al Instituto de Canarias y completar las colecciones antropológicas del Museo Canario, con los valiosos materiales procedentes de Tenerife y del resto de las islas que estaban en el Gabinete de Casilda. Como dijimos, todo ello quedó en simples tentativas y conversaciones; sin embargo el Museo Canario, en años posteriores, gracias a las gestiones realizadas por uno de sus socios y antiguo conservador del mismo en la ciudad de La Plata (Argentina), conseguiría recuperar definitivamente las pintaderas de Gran Canaria que habían estado expuestas años antes en el Gabinete de D. Sebastián Casilda.

2. El Gabinete Casilda de Tacoronte

El inicio de las colecciones que conformaron el Museo o Gabinete Casilda de Tacoronte, hay que relacionarlo con el interés y afán coleccionista de D. Juan de Meglioriny y Spínola, coronel que residía en la calle San José de la capital tinerfeña hacia las primeras décadas del siglo Xix. Este anticuario y naturalista, desde su formación de aficionado, fue reuniendo a lo largo de los años un completo gabinete de historia natural que amplió con muebles, enseres, cosas curiosas, medallas, monedas y una importante selección de objetos arqueológicos. Tales materiales constituían el grueso de la abigarrada colección, tan al uso por otra parte. La primera referencia que hemos encontrado sobre este personaje nos lo sitúa como sargento mayor de la plaza de Santa Cruz de Tenerife, estando ya casado en 1819 con Dña. María del Castillo Triarte.

Lasrelaciones de Meglioriny con la familia Castillo Iriarte tuvieron un cierto carácter conflictivo, endureciéndose notablemente a partir del fallecimiento de su esposa. En 1836 D. Juan Meglioriny se declara fiador de D. Matías del Castillo y deudor a la Hacienda Pública por la cantidad de 15.000 rs., ante el descubierto en el que se encontró la administración de las Rentas Decimales de la provincia que se había adjudicado a su cuñado el 25 de Noviembre de 1824. Sobre la forma en cómo se hizo con tales restos arqueológicos habría que citar un comentario de Bethencourt Alfonso acerca del antiguo panteón real del menceyato de Tacoronte, enclavado en el pueblo de El Sauzal. Al parecer dicho panteón fue muy visitado en el pasado siglo por estudiosos extranjeros y de las islas, entre los últimos hay que situar al sr. Meglioriny; muy posiblemente parte de los objetos arqueológicos citados pudieron proceder de este yacimiento. En esta pequeña selección de ejemplos de la cultura material aborigen, destacaba una pequeña figurita femenina de 6 cm. de alto, encontrada en la Dehesa de Jandía (Fuerteventura), en una casa de los primitivos majoreros, por D. Juan Sansón el 7 de Marzo de 1835 quien la regalaría a Meglioriny.

Tras el fallecimiento de D. Juan Meglioriny que pudo ocurrir en torno a 1837-1839, todas sus pertenencias se pusieron en venta, siendo su albacea testamentario D. Ángel Geraldy, oficial de la intervención militar quien a su vez actúa como tutor del menor llamado Avelino y único heredero de Meglioriny. La casa que poseía en el barrio del Toscal, en la C/. Santa Rosalía n.° 47 fue sacada a pública subasta, tasándose en 10.948 rs. cantidad con la que se pudo satisfacer la deuda a la Hacienda Pública que ascendía a 10.788 rs. y 18 maravedíes de vellón. El resto de los bienes muebles se subastaron, como lo refleja el aviso hecho público en 1837 en el periódico El Atlante.
Al parecer D. Sebastián Pérez Yanes, hacendado de Tacoronte más conocido por el apodo familiar de Casilda, se hizo cargo de gran parte de esta colección; iniciando el Museo o Gabinete de Tacoronte, a costa de numerosos trabajos y de su propia fortuna personal.

Sobre la biografía de Sebastián Casilda conocemos algunos datos, como el que sus padres fueron el capitán D. Sebastián Yánez y Dña. Josefa Hernández. La familia estaba avecindada en Santa Cruz, si bien residía largas temporadas en Tacoronte. El propio Sebastián Casilda se incorporó a la carrera militar y en Marzo de 1819 ocupaba el puesto de subteniente de milicias, siendo en dicha ocasión vecino de Tacoronte y residente en Santa Cruz. Por estos años nos encontramos a Sebastián Pérez Yanes administrando los bienes familiares, radicados en Santa Cruz de Tenerife y Tacoronte. Debemos señalar que aún se conserva la casa solariega en la que residió Sebastián Casilda, en la calle real del Calvario de Tacoronte, donde en su planta baja se organizaron las diferentes salas de exposición de los diversos y variopintos materiales recopilados. Las fincas que pertenecieron a Sebastián Pérez Yanes estaban repartidas en la jurisdicción de Tacoronte: (sitio con casa de recreo en la C/. de La Angustia e inmediata al exconvento de San Agustín, una huerta cercana al anterior, sitio que linda por el N. con El Calvario, finca y casas situada en la C/. del Calvario, otro sitio y casas en la misma calle esquina a la de La Amargura, casa terrera en la C/. del Calvario, sitio con casa terrera en el Lomo de la Vieja, sitio en las Pozas de Roo, trozo de terreno en Agua García, hacienda con cercado en Los Guanches, la hacienda llamada «Carmen»); en El Sauzal:

 (trozos de terreno en las Barranqueras, trozos de terreno donde llaman Los Majuelos, otros de ladera y terreno pedregoso en La Breña); en La Matanza: (huerta y viña en San Diego, terrenos en La Breña); y en Santa Úrsula: (finca en Barranco Hondo o del Chaboco). Este conjunto de bienes estaba valorado, en torno a 1886, en 104.241 pts.

En la citada casa solariega D. Sebastián Casilda organizó su museo o gabinete. En la documentación conservada en el propio Gabinete de Casilda, según nos informa Juan Bethencourt, se conservaban varias cartas que mostraban la relación de aquél con distintos amigos y conocidos; tales contactos se establecieron con el objeto de ampliar sus colecciones museísticas.

Otra forma de acercarnos al conocimiento de este curioso personaje decimonónico es a través de datos indirectos, como la respuesta enviada por el prebendado de Tegueste, Pereira Pacheco, a una carta anterior del citado Casilda. En esa respuesta, el cura teguestero recrimina la actuación de la burguesía terrateniente de Santa Cruz, La Orotava, Tacoronte o La Laguna en las fincas que poseían en Tegueste; por descontado adscribe a Sebastián Casilda a dicha burguesía agraria:

«... pues este pueblo (Tegueste) se compone de medianeros, y los propietarios no son, ni viven en Tegueste, sino en la Laguna, Santa Cruz, La Villa, Tacoronte y otros puntos; y si v. se asustó de ver esta Hacienda, más se asustaría de ver, que los habitantes de Tegueste no tienen por lo común casas propias en que vivir...»

Según todos los indicios Sebastián Casilda no tuvo estudios superiores y sólo su actitud autodidacta y fervor patrio le llevaron a crear y ampliar las colecciones de historia natural y de objetos etnográficos, arqueológicos e históricos referidos a las Canarias. El patrimonio de nuestro biografiado se vio comprometido económicamente, debido a las numerosas deudas contraídas con el comerciante de nacionalidad inglesa y residente en Santa Cruz, D. Diego Lebrun. Éste acabará siendo nombrado heredero universal y en calidad de tal, entró en la posesión de las colecciones del citado Gabinete, con el objeto de resarcirse de las deudas impagadas. Los herederos de D. Diego Lebrun, concretamente D. Carlos Alfredo Le Brun y Rudall quien a partir de 1899, estuvo residiendo en la Argentina, va a aparecer como responsable de la venta del Museo de Tacoronte y su pérdida irreparable para la antropología e historia del Archipiélago Canario.

3. Evolución de las colecciones del Museo de Tacoronte

Nuestro filántropo coleccionista y anticuario, a partir de las colecciones de Meglioriny, fue aumentando los materiales y logró hacerse con una selección más que digna de objetos de historia natural, arqueológicos, etc. En ocasiones estos materiales llegaban al Museo fruto de las indagaciones personales de D. Sebastián Casilda; en otras, tales ejemplares procedían de compras o donaciones que le hacían sus amigos y conocidos (como el caso de D. Salvador Zarate o D. Policarpo Hernández). En cuanto a acrecentar las colecciones mediante el depósito realizado por otros organismos públicos o privados, sólo conocemos una ocasión en que esto se produjo. Nos referimos a la actuación del gobernador civil de la provincia, en el caso del descubrimiento de cuatro momias guanches en Araya, las cuales ante la lentitud burocrática, el peligro de deterioro, etc., y a instancias del propio Sebastián Casilda, fueron depositadas en el Gabinete de Tacoronte.

La conservación de los restos arqueológicos de la población guanche ha sido siempre bastante crítica; debido al escaso valor que se le daba a tales objetos o al aprovechamiento para uso agrícola de los sedimentos depositados en las antiguas cuevas de habitación o enterramiento, se han perdido gran cantidad de restos y yacimientos arqueológicos y con ellos la posibilidad de conocer más sólidamente el pasado guanche. En este sentido es muy ilustrativa la cita de D. Eugenio de Sainte Marie:

«A los sencillos campesinos les horrorizan estos misteriosos yacimientos de que no pueden darse exacta cuenta y que, en vez de conservarse como reliquias venerandas envueltas en misteriosos secretos, no han sido extraídos sino para blanquear los caminos, servir de abono a los campos y por último, al seno de la nada arrojados desde las alturas y precipitados a las profundidades del Océano».

El conjunto de las colecciones expuestas en el Gabinete era bastante variopinto y no respondía, como es de esperar, a los actuales modos de organización de los fondos museísticos; por el contrario primaba el interés y el gusto personal del anticuario. Como se puede comprobar en el anexo documental, estas colecciones estaban expuestas en cinco salas o secciones dedicadas a la Historia Natural, Pintura, Escultura, Cerámica, Antropología y Armas. Según nos señala Bethencourt Alfonso, en el mismo Gabinete de Tacoronte, existió un inventario elaborado por Sebastián Casilda. Paulatinamente fueron llegando al museo restos del pasado aborigen procedentes de todo el Archipiélago, y en especial de Tenerife. El conjunto lo integraban cerámica prehispánica de Gran Canaria, La Palma, Tenerife y Fuerte ventura, armas de los antiguos habitantes de Lanzarote, Fuerteventura y Tenerife, una interesante colección de anzuelos, inscripciones líticas de La Palma, recipientes de piel, añepas de Tenerife, piedras de molino, ungüentos, etc., pero sobresalían los restos humanos y las pintaderas de Gran Canaria.

Sobre los primeros hay que señalar que, en principio, había cuatro momias completas procedentes de Güímar, La Orotava, una de la isla de Tenerife y una cuarta que parece fue encontrada en la Isleta de Gran Canaria que sufrió sucesivas recomposiciones alterándose su aspecto original.

Muy posiblemente existieron en el Museo de Tacoronte un mayor número de momias; por ejemplo Chil y Naranjo habla de diez y Grau Bassas, de cinco que llegaron al Museo de la ciudad de La Plata. La diferencia numérica puede deberse a varios factores: que llegaran a Tacoronte en fecha posterior a la visita de Bethencourt Alfonso; que estuvieran guardadas en algún depósito alejado de las salas principales; que en el intervalo de la adjudicación del Museo a Diego Lebrun y su posterior venta, algunas momias y restos arqueológicos hubieran quedado dispersos en colecciones particulares de las islas o del extranjero.

El grupo de momias citadas se completaba con numerosos restos sueltos, como un grupo de 20 cráneos, una pierna forrada con piel y correas liadas, etc.

Las pintaderas que se hallaban en Tacoronte y que se describían como pertenecientes al antiguo guanarteme de Gáldar, fueron regaladas a Sebastián Casilda por un amigo y después de numerosas peripecias acabaron en el seno de las colecciones de El Museo Canario. Dichas pintaderas habían sido incorporadas por Sabino Berthelot en su obra «Etnografía y Anales de la Conquista de las Islas Canarias», coincidiendo plenamente con los dibujos de Bet-hencourt Alfonso y Grau-Bassas que a su vez fueron retomados por José Miguel Alzóla y G. Marcy. Una de las primeras referencias acerca de estos útiles nos la dio el portuense Alvarez Rixo, en un pequeño manuscrito donde describe los hallazgos arqueológicos de Tenerife entre 1845 y 1879, comenta:

«Dicho D. Sebastián Casilda, entre las preciosas curiosidades de los primitivos isleños canarios que conservaba en su gabinete estaba un pedazo de barro cocido, en lo plano del cual se hallan cierta especie de señales o caracteres que aseguraba Casilda ser el sello o lesera con que el Guanarteme de Gran Canaria autoriza sus órdenes o decretos, según la tradición conservada y llegada hasta persona que donó a Casilda dicha reliquia».

Igualmente Bethencourt Alfonso hace alusión a estas pintaderas que dibujó y cuyas fotografías presentamos en este trabajo.

El Museo Casilda de Tacoronte fue muy conocido y visitado, tanto por personas naturales de las islas como por visitantes nacionales y extranjeros; entre los primeros sobresalen Alvarez Rixo, Bethencourt Alfonso, Chil y Naranjo, Leoncio Rodríguez, etc.; y dentro del segundo grupo, señalaremos a Juan López Soler; o Sabino Berthelot, Rene Verneau, Jules Leclercq, Pablo Mantegarzza, etc.

La supervivencia de los materiales expuestos sufrió algunos ataques, como el perpetrado en 1887 por unos desconocidos que llegaron a robar algunos objetos; afortunadamente el administrador de los propietarios del Museo advirtió el daño y pudo recuperar lo robado.
Anteriormente hemos citado que D. Sebastián Casilda había nombrado heredero a D. Diego Lebrun, con quien tenía algunas deudas pendientes. Sobre este punto conocemos un primer testamento (octubre de 1844), una memoria testamentaria (noviembre de 1847) y un último testamento (enero de 1865) por el que se instituye a D. Diego como heredero universal de los bienes de Casilda, con la facultad de legarlos a sus hijos varones. El día 21 de abril de 1868 falleció, en Tacoronte, D. Sebastián Casilda; haciéndose cargo de sus bienes D. Diego Le Brum. Posiblemente en la citada memoria testamentaria se había previsto el destino del Museo, como se refleja a continuación:

«Casilda dispuso que a su muerte pasara la colección a la ciudad de La Laguna, nunca al extranjero; pero la voluntad del causante no fue respetada porque algunos de los préstamos hechos por Lebrun no habían sido devueltos y éste, para resarcirse, se adjudicó, quizá con otras cosas, los fondos museísticos y luego, como no le interesaba conservarlos, los puso en venta».

La primera propuesta de compra la hicieron D. Benjamín Renshaw y D. Manuel de Ossuna, en nombre del Instituto de Canarias, que ofertó la suma de 18.000 reales a pagar en dos anualidades. La segunda oferta la hizo el Dr. Chil y Naranjo como presidente del Museo Canario de Las Palmas, sociedad que había acordado comprar el mencionado Gabinete el 8 de Abril de 1889, ofreciéndose a pagar 7.500 pts. en seis años; a pesar de las buenas intenciones y de la negociación, no se llegó a un acuerdo en firme. En algún momento el Ayuntamiento de Santa Cruz optó por comprarlo, pero fueron intentos infructuosos. Finalmente el Museo Casilda fue comprado por D. Fernando Cerdeña, presidente de una institución crediticia argentina, a través del sr. Miranda que residía en Buenos Aires y por un monto total de 25.000 duros. El primero cedería el Museo Casilda al ya establecido Museo de Historia Natural de la ciudad de La Plata; los materiales recién comprados salieron por barco rumbo a la Argentina en Julio de 1889. Ésta es la fecha en la que el patrimonio histórico y arqueológico del Archipiélago Canario sufrió una pérdida irreparable más, adquiriendo pleno sentido las palabras de un anónimo comunicante del Boletín de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de La Laguna, aparecido en el año 1899:

«Cuando vemos que nadie se cuida de explotar los tesoros acumulados en los museos, a costa de tantas privaciones y generosos sacrificios; cuando observamos, como es el caso presente, que la indiferencia y el abandono, efecto de la estupidez y la ceguera de la ignorancia en el provecho que saben sacar los que sobreviven de las fatigas y trabajos de hombres como D. Sebastián Casilda no sabemos qué es lo que harían y dirían, si como caso inaudito, volvieran a levantar su cabeza y pudieran dejar por un momento las obscuridades del sepulcro...».

Dada la presencia de Víctor Grau-Bassas, socio y conservador del Museo Canario, en la ciudad de La Plata la referida entidad grancanaria no renunció a seguirle la pista a las colecciones de Casilda en tierras argentinas, especialmente a las cinco momias y las tres pintaderas. Por fin en Octubre de 1889, Grau-Bassas consiguió hacerse, por extraños caminos, con las citadas pintaderas que reenviaría al Museo Canario. El resto de las colecciones han sufrido el paso desolador del tiempo; gran parte de la documentación que identificaban las piezas del Museo de Casilda se ha perdido y en 1978 sólo se pudieron localizar cuatro o cinco momias de «indios guanches». Sin embargo, las últimas informaciones que se nos han enviado desde el Museo de La Plata desmienten esta negativa impresión, sobre todo si valoramos en sus justos términos el trabajo realizado por los Sres. Reynaldo de Santio y Eudardo M. Cigliano. Alguna de estas momias y cráneos de origen canario fueron estudiados por el profesor alemán Robert Lehmann-Nitsche, en el citado Museo de La Plata.

Hasta aquí nuestra reflexión sobre la historia de un museo de pueblo, el de Tacoronte, pero que en su momento representó una interesante aportación al conocimiento de la historia y la arqueología de las Canarias. En aquella época ni los canarios ni sus dirigentes supieron valorarlo en su globalidad y se perdió irremisiblemente, como muestra de los muchos desaguisados que se han cometido con las raíces y la cultura del pueblo canario. La esperanza de que hayamos aprendido algo de la Historia, nos mantiene….Continua Anexos documentales, una serie de dibujos a mano alzada de Don Juan Bethencourt y un inventario permonerizado del contenido del Museo Casilda de Tacoronte, los cuales obviamos por razones de espacio.


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