JUAN BETHENCOURT
ALFONSO
Socio correspondiente
de la Academia
de Historia (1912)
Historia del
PUEBLO GUANCHE
Tomo II-XII
Etnografía
.y
Organización
socio-política
Edición anotada por
MANUEL A. FARIÑA GONZÁLEZ
FRANCISCO LEMUS,
EDITOR La Laguna ,
1994
CAPÍTULO XIV
Juego del Palo o Garrote (i): De
los jueces de campo, jugadores y reglamentación de los encuentros. Breve idea
de la técnica del juego y de sus escuelas o variedades. Esgrima del juego a
palo largo y su comparación con los demás sistemas. De las armas arrojadizas.
El banóte: formas, tamaños y modos de usar sus dos variedades. El fáisne o
lanza. Tiro de la bimba o piedra.
Fueron los guanches
aficionadísimos a la esgrima del garrote, en la que eran maestros; aficiones
que perduraron al extremo de que aún a fines del siglo xvni en varios pueblos
de la isla constituía, como la lucha, un espectáculo público. Todavía en
nuestra juventud fuimos muchos los que conocimos tan varonil deporte, hoy
totalmente perdido. Explícase tal inclinación de los indígenas con sólo decir
que, al igual de los demás ejercicios, formaba parte del plan educativo a que
estaban sometidos por la ley todos los varones, que en rigor tenía por
finalidad amaestrarlos para la guerra. Por esto siendo menos cruenta la esgrima
del garrote que la de la sunta, especie de chuzo de combate que le sustituía en
las batallas, era la que practicaban en los certámenes de los Juegos
Beñesmares.
Estos los realizaban en parecida
forma al espectáculo de la lucha, con la sola diferencia de que junto a los
jueces de campo figuraban cuatro o seis filas de estacas reglamentarias o séase
de un tamaño igual a la altura de la barba en la estación bípeda; por lo que
cada pila ofrecía distintas dimensiones apropiadas a las diferentes tallas,
pero todas de la misma madera de acebuche, orijama, follado, etc. muy bien
acicaladas. Las de follado, por ejemplo, para que adquiriesen un bonito
encarnado las chamuscaban al fuego con la corteza, para luego mondarlas y
pulirlas a fuerza de puños.
Los combatientes nobles saltaban
al terrero vistiendo guapilete, ahico, güirmas y xercos, y sin las dos últimas
prendas los siervos. Durante los encuentros el público permanecía en absoluto
silencio. No se oían otras voces que las del tribunal.
Las justas estaban sometidas a
ciertas reglas, entre las que figuraban:
1.°) Los combates eran a todo
juego, siendo lícito caer en la guardia que querían variándola a voluntad.
2.°) El desarmado, inutilizado
por un golpe o derribado, era un vencido; pero no al que se le rompiera el
garrote que era provisto de otro.
3.°) Toda agresión cesaba en el
acto en que se diera alguno de los casos anteriores o bien cuando uno de los
combatientes arrojaba el arma dándose por vencido, y siempre a la voz de alto del
tribunal.
Acontecía con frecuencia que de
no mediar odios o hallarse muy excitadas las pasiones, los combatientes se
conducían con relativa nobleza en las descubiertas o descuidos del enemigo,
señalando los golpes de gracia sin rematarlos y recogiéndose en guardia; actos
de generosidad, según las circunstancias, que bastaban para que el tribunal
declarara vencido al perdonado. Pero no siempre sucedía así, porque a veces por
fanfarria y desprecio, para deprimir al antagonista, máxime al disputarse «el terrero»
los guapos más famosos, simulaban una magnanimidad ofensiva para descomponer al
adversario, que hería de rechazo a los interesados de ambos bandos; lo que daba
origen a que los combates tomaran la temperatura del rojo.
4.°) El justador triunfante que
abandonaba «el terrero» perdía el derecho a seguir disputándolo, a menos de no
haber vencido el número de combatientes estipulados.
En la técnica de la esgrima el
garrote se divide en trozo, punta y medio, llamándose trozo al extremo más
grueso que mira al enemigo, punta al extremo opuesto y medio a la porción
comprendida entre ambas partes; cogiéndose la estaca en las dos grandes
escuelas del juego guanche, de palo largo y de trozo y punta, en la primera por
la punta con las dos manos separadas como una tercia, con un sobrante atrás
suficiente para cubrir el codo, y en la segunda por la punta y medio. Esta
distinta aprehensión de los garrotes hállase subordinada a sus diferentes
sistemas de juegos, pues mientras en el de palo largo el ataque y la defensa se
encomienda al trozo permaneciendo las manos fijas o casi fijas, en el de trozo
y punta los golpes así como los quites tan pronto se hacen con el trozo como
con la punta, moviendo las manos.
En la escuela a palo largo, a
mano fija y juego cerrado, que es una de sus variedades, procuran los jugadores
caer en guardia cruzando los garrotes sobre el último tercio hacia el
írozo.Tiene dos cuadras o guardias: la cuadra derecha, en la que se adelanta el
pie derecho, atrás el izquierdo, el busto vertical y ladeado, los codos unidos
al busto, con el trozo de la estaca frente a los ojos del enemigo siempre en
acecho, como provocándole, sin abandonar esta actitud o recobrándola
rápidamente después de tirar un golpe; y la cuadra izquierda, en la que avanza
el pie izquierdo a la par que el palo traza un semicírculo alto pasando del
lado izquierdo a la derecha del contrario, de donde resultan cruzados los
brazos, por lo que así que tiran el golpe lo desandan inmediatamente para
ponerse en cuadra derecha. Es tan falsa, que algunos que tienen por costumbre
en la salida coger el garrote como para la cuadra derecha colocándose en cuadra
izquierda, no bien lo descargan giran con celeridad para caer en guardia
derecha. Esto lo hacen por más elegancia y para engañar noveles, pero nunca
verdaderos jugadores. Generalmente se limitan a la cuadra derecha sin
mantenerse a pie firme, sino siempre recorriendo un círculo sobre la izquierda
o derecha.
Privan en este sistema los
falseos y los palos de rueda. Consiste el falseo en pasar rápidamente el trozo
por debajo del garrote contrario, interponiéndolo entre éste y la cabeza del
enemigo, para desarmar con un golpe de revés seguido de otro a la cabeza para
herir. Por esto es frecuente que los jugadores recorran varias veces un círculo
falseándose mutuamente para conservar las respectivas cuadras; y como el
garrote de encima hace presión sobre el otro para mejor falsearlo; no bien éste
la siente, falsea a su vez para evitar el golpe.
En los palos de rueda, teniendo
por centro el hombro derecho en la cuadra derecha y el izquierdo en la cuadra
izquierda, el extremo del trozo traza una circunferencia que partiendo de las
correspondientes guardias hacia arriba, atrás y abajo sube buscando la pierna y
espaldas del enemigo para rematar en el punto de partida. Son golpes de desarme
que acostumbran tirar de salida porque suelen alcanzar los codos, o también
después de descomponer al enemigo con un golpe de punta, que consiste en
meterle por los ojos el extremo del trozo tendiendo el garrote con la mano
derecha. Además de los dos palos de rueda de abajo, que son los descritos, hay
otros dos de arriba en que la estaca recorre un camino inverso hacia abajo y de
delante atrás, sacándola por detrás de la cabeza para descargarla sobre la del
contrario; cayendo en cuadra izquierda si el centro de la circunferencia es el
hombro derecho y viceversa.
El jugador cuenta con tantas más
ventajas cuanto mayor número de golpes sepa de salida, pero siempre al acecho
con el trozo sobre los ojos del enemigo y en todos los tiros buscándole las
espaldas. La vanidad de los grandes jugadores estriba en moverse dentro del
círculo menor posible, llegando hasta el de un pie de diámetro lo mismo para el
ataque que la defensa; en cuyo caso se concretan a los falseos y golpes de
punía por no ser factibles los palos de rueda.
El juego abierto se diferencia
del cerrado, en que los combatientes se dirigen golpes de salida y seguidamente
se recogen a la cuadra.
Dentro de la escuela a palo largo
tenían otro parecido pero de cuatro cuadras completas, derecha e izquierda,
anteponiendo la mano y pie derecho en la primera y la mano y pie izquierdo en
la segunda. En esta variedad los golpes fundamentales son cuatro: dos por
encima, uno al costado derecho y otro al izquierdo, y otros dos golpes por
abajo de igual modo; pero el golpe más socorrido es el molinete por encima y
por debajo, que afectan la forma de un 8 de guarismo. Conservando el tirador
las manos delante de su pecho traza con el garrote una serie de círculos
alternos, teniendo una vez por centro el hombro derecho y otra el izquierdo;
resultando el molinete por encima o por debajo según los círculos sean trazados
de arriba abajo o de abajo arriba.
Aunque el arte tenía cierto fondo
de semejanza entre los indígenas del Archipiélago, los sistemas de juego
guanche ofrecían un mayor parecido con unas islas que con otras, como por
ejemplo, con las de Lanzarote y Fuerteventura más que con las de Canaria y La Palma. En estas dos
últimas, en la escuela a palo largo cogen el garrote por la punta a manos fijas
y lo juegan por encima de la cabeza inclinando el trozo hacia abajo, lo
bastante para que se corra la estaca del contrario; juego que conservan aún en
los cambios de cuadras de izquierda a derecha y viceversa. Por manera que la cabeza
queda como escondida detrás de la punta del garrote, algo así como detrás de la
figura de una concha de teatro engendrada por los giros de la estaca; pero
aunque es indudable que la cabeza se halla bien protegida, adolece en cambio
del gravísimo inconveniente de estar el jugador siempre al descubierto de codos
abajo.
Aparte que lo referido basta para
que el lector se forme idea del arte de la esgrima guanche, la índole de estos
apuntes no nos permite entrar en los extensos detalles de la escuela de trozo y
punta, a nuestro juicio la más artística y más efectiva en las funciones de
guerra. Pero séanos lícito manifestar que consta de cuatro cuadras completas,
dos derechas alta y baja y otras dos izquierdas; de que los ataques y defensas
se hacen indistintamente con el trozo o punta, así como los golpes de punta por
ambos extremos del garrote; que participa de los palos largos, falseos, de los
palos de rueda derechos con el trozo por encima y por debajo y de los
molinetes.
En la escuela a palo largo domina
la defensa a la acometividad, la pujanza a la ligereza, y si bien cuando toca
sus efectos son temibles, la velocidad se halla sacrificada a la potencia, los
cambios son más lentos, el jugador se descubre con frecuencia y requiere
grandes alientos para prolongar el combate. En la escuela de trozo y punta el
juego es más ligado, más agresivo, más rápido el desande, cubre mejor y abruma
por los falsos amagos. Cuéntase que ésta era la escuela predilecta del reino de
Adeje, con especialidad en el achimenceyato o provincia de Chasna, así como en
algunos tagoros del reino de Anaga; y que preferían la de palo largo en Abona y
el señorío de Tegueste.
* * *
ARMAS ARROJADIZAS:
El banot o bañóte, (2).
Era un arma arrojadiza a la mano
como la jabalina, de madera endurecida al fuego y de una sola pieza'.
Consistían en varas o vastagos lisos y pulidos de madera dura, de diferentes
tamaños, desde un metro próximamente a la altura de un hombre, más o menos
cilindroideos pero en disminución sus diámetros hacia los extremos, como pueden
verse en el Museo Municipal2. Aunque son enterizos constan de tres partes: del
asta o porción mayor, de la hoja, rematada en punta muy aguzada para herir, y
de la moharra o medio de unión del asta y la hoja representado por un
abultamiento tallado en el mismo vastago.
Si bien las moharras afectan
alguna variedad en su forma, atendiendo a su finalidad cabe reducirlas a dos
grupos: uno, como observa fray Alonso de Espinosa, en que ofrecen el aspecto de
dos manzanas separadas por una ranura circular de un centímetro más o menos de
ancho y de profundidad, donde ataban el extremo del amento o trenza de correas
de algunos metros de larga, para recobrar el arma después de arrojarla al
enemigo; y otro grupo en el que no existe esta estrangulación, sino un cuerpo
que resultara de la unión de dos troncos de conos opuestos por sus bases, ya
limitados y con rebajos de adorno o bien difusos continuándose insensiblemente
por ambos lados con el asta y la hoja, que eran los banotes destinados a
perderse en las filas contrarias.
El centro de gravedad del bañóte
nunca corresponde a la mitad de su longitud total, ni a la moharra, sino detrás
de ésta a mayor o menor distancia sobre el asta; por donde lo cogían
horizontalmente con la mano derecha y levantándolo a la altura de la oreja del
mismo lado, ya de pie o con una rodilla hincada, después de tomar la puntería
con varios movimientos de adelante atrás y viceversa o de rotación, lo
proyectaban lanzando a la par un grito de triunfo o de coraje. Cada guerrero banotero
entraba en batalla llevando varios colgados del hombro izquierdo a manera del
carcaj, que los iba arrojando por tamaños según la distancia; reservando para
cuando ésta se estrechara mucho, para lo último, uno o dos banotes prisioneros
que conducían al efecto, cogiendo y arrollándose en la mano izquierda el
extremo libre del amento; para lanzarlo y recuperarlo seguidamente.
Como en los demás ejercicios,
desde niños los adiestraban colocándoles de blanco troncos de drago, tabaiba o
de verodes, que distanciaban a medida que afinaban la puntería; hasta que
concluían por atravesar a 30 ó 40 pasos todos las pencas de un cardón que les
fueran señalando, así como herir o matar a la carrera reses salvajes en las
célebres cacerías anuales de Las Cañadas, de las que nos ocuparemos a su debido
tiempo. Ejercitábanse en el tiro horizontal, hacia arriba y hacia abajo, ya de
pie o con una rodilla en tierra; así como en evitarlos hurtando el cuerpo.
En los Juegos Beñesmares se
quedaba con el «terrero del banot», al que en igualdad de condiciones hacía más
blancos y a mayor distancia
Diferenciábase el fáisne del
banot en que era un arma mayor, más robusta y de efectos terribles cuando hacía
blanco; era una verdadera lanza. Cuéntase que los más célebres faisneros o
tiradores del fáisne pertenecían a una provincia del reino de Abona, que por
dicha razón fue conocida por Fáisne o Fáisna, en la actualidad Fasnia.
TIRO DE LA BIMBA O PIEDRA:
Era la bimba o piedra en manos
guanches un proyectil temible por la distancia, fuerza y puntería con que la
lanzaban. No conocieron la honda3. Para darles mayor velocidad inicial y salvar
las grandes distancias las arrojaban por encima del brazo, pero para las cortas
indistintamente por encima o por debajo. Ponían piedras a 130, 150 y más
metros, pero las de efecto útil no pasaban generalmente de 50 a 60. Cuanto a la
fuerza con que las despedían dice fray Alonso de Espinosa refiriéndose a la
conquista: «... arrojaban una piedra que aunque diese en la rodela o tarja la
hacía pedazos y el brazo debajo de ella».
La puntería era portentosa. Una
por una tumbaban las pencas de un cardón, tiraban de los árboles una fruta
determinada, tocaban el cuerno elegido de la cabra, mataban aves posadas y
hasta al vuelo, que no nos extraña porque lo hemos visto; adquiriendo
paralelamente tal serenidad y golpe de vista, que sorteaban las piedras del
enemigo con ligeros movimientos sin separarse de su campo de acción. A
propósito de esta ligereza observa el autor citado «... era tanta que a diez
pasos esperaban que les tirasen quien quisiere una piedra o lanza, y no había
de acertarles porque hurtaban el cuerpo con mucha destreza». En nuestra niñez
no había muchacho que no mostrara una habilidad parecida durante las pedreas;
de donde tal vez el nombre con que son conocidas por Chasna de vainadas, es
decir, de vainada.
Los ejercicios del tiro de piedra
unas veces eran en sentido horizontal, otras de abajo arriba y viceversa;
teniendo cada reino señalados diferentes campos para estos concursos, algunos
de los cuales conservan los nombres del uso a que los destinaron, como «El Tiro
de Chiñi-co», al través del barranco de esta denominación entre Chacaica y el
Unchon, y «El Tiro de la
Montaña Grande », o, «El Tiro de La Piedra », ambos en la
jurisdicción de Güímar; «El Tiro de La Piedra », en Arico; «El Tiro del Guanche», en la
costa de Granadilla, sobre Castro; «El Tiro del Guanche», en la cumbre por los
Roques de Chavao, etc. que perteneció al reino de Adeje. Por cierto que este
último estaba de
dicado al tiro vertical de abajo
arriba, consistiendo la suerte en traspasar el risco con una piedra, colocado
el tirador a cierta distancia reglamentaria del pie del acantilado.
Como se comprende desde luego, en
los Juegos Beñesmares «se quedaba con el terrero de la piedra», el que hacía
más blancos y las ponían a mayor distancia.
* * *
NOTAS
1 Las noticias de los autores
sobre este arma son muy concisas o equivocadas. Fray Alonso de Espinosa, dice:
«... eran unas varas tostadas y
aguzadas, con ciertas muesquitas a trechos y con dos manzanas en medio en que
encajaban la mano para que no desdijese y para que fuese con más fuerza el
golpe. Estas tales varas o manzanas llamaban banot. Con estas peleaban a
manteniente después que habían cerrado los unos con los otros; y en dando el
golpe quebraban la muesquecita para que la punta quedase en la herida».
Por lo transcrito se deduce no
entendió el uso que hicieron los guanches del banot; en cambio Viana se dio
perfecta cuenta, como lo da a conocer entre otros pasajes en los siguientes:
«Mal saben que el banot que
aquesta mano cual furibundo rayo al aire arroja» (Pag. 146).
«Cuando llegando ya rompiendo el
aire
las nubes de los dardos y las
piedras...» (Pag. 208).
Fray Abreu Galindo refiere: « Las
armas que usaban eran unas varas tostadas de tea y sabina muy agudas, que
llamaban !añepa!; y eran tan diestros y cienos en el tirar que no erraban a
cosa que tiraban».
2 Posee el Museo Municipal cinco
ejemplares de los que ofrecemos en esta nota algunos particulares.
Respecto a sus dimensiones:
Largo total. Desde metros 0,90 a
1,73 m., con un diámetro máximo medio entre 0,017 y 0,025.
Largo de las hojas. Entre 0,27 y
0,33 m.
Largo de las moharras. En las
limitadas. Entre 0,06 y 0,10 m.
En las difusas. Entre 0,20 y 0,30
m.
Las dimensiones del bañóte mayor
son:
Largo total. Metros 1,73, con un
diámetro máximo del asta de 0,025 m.
cucado al tiro vertical de abajo
arriba, consistiendo la suerte en traspasar el risco con una piedra, colocado
el tirador a cierta distancia reglamentaria del pie del acantilado.
Como se comprende desde luego, en
los Juegos Beñesmares «se quedaba con el terrero de la piedra», el que hacía
más blancos y las ponían a mayor distancia.
* * *
NOTAS
1
Las noticias de los autores sobre este arma son muy concisas o equivocadas.
Fray Alonso de Espinosa, dice:
«...
eran unas varas tostadas y aguzadas, con ciertas muesquitas a trechos y con dos
manzanas en medio en que encajaban la mano para que no desdijese y para que
fuese con más fuerza el golpe. Estas tales varas o manzanas llamaban banot. Con
estas peleaban a manteniente después que habían cerrado los unos con los otros;
y en dando el golpe quebraban la muesquecita para que la punta quedase en la
herida».
Por
lo transcrito se deduce no entendió el uso que hicieron los guanches del banot;
en cambio Viana se dio perfecta cuenta, como lo da a conocer entre otros
pasajes en los siguientes:
«Mal
saben que el banot que aquesta mano cual furibundo rayo al aire arroja» (Pag.
146).
«Cuando
llegando ya rompiendo el aire las nubes de los dardos y las piedras...» (Pag.
208).
Fray
Abreu Galindo refiere: « Las armas que usaban eran unas varas tostadas de tea y
sabina muy agudas, que llamaban lañepa!; y eran tan diestros y cienos en el
tirar que no erraban a cosa que tiraban».
2
Posee el Museo Municipal cinco ejemplares de los que ofrecemos en esta nota
algunos particulares.
Respecto
a sus dimensiones:
Largo
total. Desde metros 0,90 a 1,73 m., con un diámetro máximo medio entre 0,017 y
0,025.
Largo
de las hojas. Entre 0,27 y 0,33 m.
Largo
de las moharras. En las limitadas. Entre 0,06 y 0,10 m.
En
las difusas. Entre 0,20 y 0,30 m.
Las
dimensiones del bañóte mayor son:
Largo
total. Metros 1,73, con un diámetro máximo del asta de 0,025 m.
Largo
de la hoja. 0,33 m.
Largo
de la moharra. 0,06 m.
Centro
de gravedad. A 1 metro sobre el asta a partir y contando de su extremo libre.
Las maderas de que están hecho son de sabina, leñablanca y de almacigo;
conservando respectivamente sus colores propios de encarnado, blanco paja y
negro ébano de su tea.
Además
de estas maderas, que como las restantes las endurecían al fuego, empleaban:
las de macanera, de color rosado claro; de tea de brezo, color de caoba, y de
tea de pino, rojo oscuro. Hemos podido comprobar en los ejemplares de bañóles
encontrados, todas estas maderas, como afirma la tradición, excepto la de
macanera.
3
Viana se pronuncia por la afirmativa, pero fueron los alzados después de la
conquista, aleccionados por los «guanches mansos» o «gomeros». A éstos, pues,
hay que referir las conocidas entre el vulgo por «hondas vaqueras» que se han
encontrado en algunas cavernas de los reinos de de Adeje y Abona, de las que
hemos visto un ejemplar. El asiento de la piedra estaba formado por tres
pedazos de piel de cabra, de corte ovalado, cosidos los bordes con punto de
albardero, de una cuarta franca de largo por cuatro dedos en su mayor anchura,
ofreciendo en ambos extremos un ojal también cosido a punto de albardero para
atar dos trenzas.
ANOTACIONES
(1)
Junto a la lucha, el juego del palo utilizado como sistema de ataque y defensa
personal, ha sido una de las más importantes supervivencias culturales del
pueblo guanche. Bethencourt Alfonso llegó a conocer las distintas variantes de
esta práctica ofensiva-defensiva, heredada como hemos dicho de la cultura
guanche, que se hallaba distribuida a lo largo de todo el Archipiélago. En este
capítulo se hace especial hincapié en la descripción etnográfica del juego del
palo que existía en Canarias hacia mediados del siglo xix.
La
terminología utilizada por D. Juan Bethencourt corresponde a la utilizada en su
época, describiéndonos el «juego» del palo en su más pura esencia; es decir el
empleo ágil y contundente del palo en el enfrentamiento de dos contrincantes
siguiendo unas «cuadras» y normas comunes.
Cuando
dicho enfrentamiento se producía en público no sólo se intentaba demostrar
quién era el mejor en el «terrero», sino cuál era el jugador que mejor sabía
controlar el «palo». Otra cosa era cuando el choque tenía lugar «a solas» y se
acudía a esta práctica como la mejor manera para resolver las diferencias
personales.
Con
respecto al «juego del palo» contamos con una excelente representación gráfica
de cómo se pudo haber desarrollado este enfrentamiento personal en época
aborigen, nos referimos al grabado que realizó el ingeniero italiano Leonardo
Torriani en su viaje de reconocimiento de las islas hacia el año de 1592.
Igualmente podemos acudir a determinadas descripciones de algunos de los
cronistas que hablaban de este asunto por haberlo visto o por oirlo de boca de
los aborígenes de las Canarias. Sin embargo no todos los investigadores y
estudiosos del tema, sobre todo los de la época actual, han sabido encuadrar y
valorar adecuadamente el desarrollo de esta técnica dentro del contexto de la cultura
popular tradicional de las islas. Para algunos, este análi «s. les ha sido difícil de aplicar por
ignorancia. Otros sin embargo han intentado manipular el «juego del palo» en
función de intereses políticos o personales. Los menos, kan sabido captar el
interés histórico y etnográfico de esta actividad, así como la especial
filosofía del jugador de palo. En cualquier caso lo importante, creemos, es que
«ficha práctica ancestral se ha conservado y su uso se ha extendido por el
resto del mondo; especialmente por el Caribe y el continente americano. Tenemos
constatada documentalmente la existencia del juego del palo en todo el
Archipiélago; excepto en b isla de La
Gomera , donde al parecer se perdió su uso hacia las primeras
décadas de este siglo. Tradicionalmente la isla de Tenerife ha destacado por la
variedad y riqueza de estilos que se han ido transmitiendo preferentemente en
núcleos familiares.
Uno
de los maestros de palo más reconocidos y del que aún se conserva su memoria
fue D. José Morales, nacido en 1857 en el pueblo de San Andrés, y que
posiblemente conoció personalmente D. Juan Bethencourt Alfonso. Este gran
renovador e impulsor del juego del palo no sólo en Canarias sino en Cuba, se
expresaba así en 1935: «y» creo que el juego del palo es de los tiempos más
antiguos; desde los guanches. Tes un juego noble».
Hacia
los años 70, de este siglo, se ha producido un movimiento de revitaliza-cxSn y
popularización del juego del palo, este proceso ha estado notablemente influido
por el deseo de rescatar las señales de identidad del pueblo canario. Ante esa
situación D. Luis Diego Cuscoy advertía de los riesgos que se podían correr:
«En
el intento, por lo demás loable, de actualizar este deporte vernáculo se están
cometiendo más errores de lo que el respeto a la tradición puede permitir. Esta
esgrima primitiva no contaba con reglamentos, que ahora se están escribiendo y
divulgando, como la que se ha podido leer recientemente: «Banot es una palabra
guanche que significa "juego del palo"»...
El
banot es el arma arrojadiza de la que repetidamente se ha hablado aquí». (Vid.,
Luis Diego Cuscoy.» El «Banot» como arma de guerra entre los aborígenes
canarios» en Anuario de Estudios Atlánticos. Madrid-Las Palmas: C.S.I.C.-Casa
de Colón, 1986 (n.° 32); pág. 765).
Por
nuestra parte, corroboramos plenamente las palabras de D. Luís Diego Cuscoy y
sólo queremos reincidir y denunciar los atentados que se siguen cometiendo
contra el juego del palo, desoyendo la voz de los jugadores de palo de todo el
Archipiélago Canario y obstaculizando el desarrollo espontáneo de esta
actividad tan característica de la cultura popular tradicional de Canarias.
(2)
D. Luís Diego Cuscoy es uno de los escasos autores que ha publicado diversas
monografías sobre las armas de los guanches. Vid. obras citadas, además de
«Armas de madera y vestido del aborigen de las Islas Canarias» en Anuario de
Estudios Atlánticos. Madrid-Las Palmas: C.S.I.C.-Casa de Colón, 1961 (n.° 7);
págs. 499-536. Ó, «Armas de los primitivos canarios» en Enciclopedia Canaria.
Santa Cruz de Tenerife: Aula de Cultura de Tenerife, 1968.
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