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viernes, 2 de agosto de 2013

HEROES DE PACOTILLA

DESMITIFICANDO

ALONSO FERNANDEZ DE LUGO VERSUS VALERIANO WEYLER NICOLAU

(El esqueleto de Alonso Fernández de Lugo)



CAPITULO VII





 Eduardo Pedro García Rodríguez


Para concluir

   Como las casualidades no existen y sí las causalidades, parece que tanto Alonso Fernández de Lugo como su sosía Valeriano Weyler sintieron especial atracción por el Valle Sagrado de Eguerew, (La Laguna) lugar donde moran los espíritus de nuestros ancestros guanches, aquellos que en vida fueron nobles, valientes y justos.

   El primero como lugar de reposo de sus miserias humanas, y el segundo como sitio donde mitigar los justicieros rayos de Magek durante la canícula, para ello se hizo construir un pabellón de verano en parte de la huerta del antiguo convento de San Francisco, quizás con el inconsciente deseo de estar próximo a los restos de su admirado Alonso Fernández de Lugo, y como en la vida castrense española la costumbre impuesta en algún momento pasa a ser tradición, este pabellón ha venido siendo utilizado desde entonces por los virreyes de Canarias como lugar de veraneo.

   “Según consta en escritura publica otorgada en Santa Cruz de Tenerife el 6 de noviembre de 1883 ante el notario don Rafael Calzadilla, esta finca fue cedida gratuitamente a Guerra por el Cap. Grl. Valeriano Weyler Nicolau, y se halla inscrita en el Registro de la Propiedad de La Laguna el 10 de febrero de de 1899 al folio 119 vt del tomo 64, libro 34 de dicho Ayuntamiento finca numero 2191, inscripción 4º, con una extensión de 3,930´00 m2, y lindas al norte con la prolongación del callejón de la Ruda a empalmar con el camino de Las Mercedes; al sur con la Plaza de San Francisco, al E. con la tapia que lo separa de la huerta que fue del convento franciscano y al O. con la prolongación de la calle de Los Álamos en dirección al camino de Las Mercedes.

   Posteriormente se ha ampliado esta superficie a 5.120´00 m2, tomando parte de este camino, y está la huerta toda cercada a excepción del lindero Este que se apoya en la tapia que lo separa de la huerta que fue del convento franciscano adquirida después por don José Palazón y más tarde por el ejercito español para ampliación del cuartel de artillería.

   En este solar se construyo la residencia de verano de los capitanes generales con una superficie 700´00 m2, por RO. De 9 de junio de 1899 y se terminó en 1901.” (José María Pinto y de la Rosa, 1996)


   Anexo documental

    El invasor y esclavista Alonso Fernández de Lugo, otorga su testamento en Añazu en Chinech (Santa Cruz de Tenerife) en 13 de Marzo 1525 por ante Juan Márquez en la casa de su amigo el colono y conquistador Diego Santos falleciendo el día 20 de Mayo en el que declara haber sido tres veces casado; primero con  Catalina Beatriz Xuárez que murió en Gáldar de la isla de Tamaránt (Gran Canaria.) y hubo los hijos Mateo, Alonso, y Beatriz que no dejaron sucesión y  Pedro de Lugo que sucedió en su Adelantamiento, casa y mayorazgo; segundo con  Beatriz de Bobadilla, viuda de Peraza que murió en Medina del Campo (España) sin tener con ella sucesión; tercero con  Juana Mezieres con la que hubo á  Constanza y  Luisa de Lugo.

   Dicho documento se conserva en el  Archivo Histórico Provincial de Santa Cruz de Tenerife, Protocolo 605.- Folios 179r a 182v. Escribano: Juan Márquez
   // In dei nomine amen. Sepan quantos esta carta de testamento e ultima voluntad vieren como yo don alonso fnz de lugo primer adelantado de las yslas de Canaria e perpetuo governador de las yslas de thenerife y señor san miguel de la palma teniendo por cierta la muerte e no sabiendo la hora que dios sera servido llamarme desta presente vida como fiel e catolico cristiano queriendo disponer y ordenar las cosas que convienen a mi anima e a mi cuerpo a la salud corporal y espiritual y en lo que toca a mis bienes temporales digo que ordeno y establesco este mi testamo el qual quiero que valga e sea firme estable y valedero en tal manera q por el si necesario es rrevoco [...] y anulo qualqe otro mi testamo o codecillo o qualqe otra mi postrimera voluntad q en qlqe tiempo ante quales qe escno o escns testigo o testigos hora sea nuncupativo o en scritis ad pias causas o como quiera q sea o ser pueda mandando expresa y expresisimamente q por solo aqueste se disponga e cumpla mi anima y no por otro ninguno como dicho es y las mandas y legatos e ynstruciones son las siguientes 
 //primeramente digo y confieso con puro coraçon y perpetua voluntad q yo soy catolico xriano y tengo y creo todo aquello q tiene y cree la santa madre yglesia catolica de rroma alunbrada por el espiritu santo de segun q mas claramente y expresa puedo y debo y soi obligado como buen xriano asi lo creo e confieso y en esta creencia firme quiero bivir e morir y me espero de salvar
  Iten quando dios nro señor fuere servido apartar mi anima deste cuerpo mortal mando mi anima pecadora a dios todo poderoso al qual muy humilmente soplico pues la crio e rredimio con el presio de su preciosima sangre no mirando a mis pecados mas a su infinita bondad e a la yntercesion de la siempre virgen rreyna del cielo madre suya y del bienaventurado arcangel san miguel a quien toda mi vida tuve por [ilegible] abogado y entervenidor juntamente con los otros angelicales y santos y santas de la celestial corte q por sus merecimientos // merezca yo ser acompañado con ellos en la gloria eterna amen.
  Iten mando mi cuerpo a la tierra de cuya naturaleza dios lo crio y que sea enterrado en la capilla mayor del monasterio de san miguel de las vitorias de la virgen de la orden de san fransisco desta cibdad siendo acabada al tpo donde no mando q entre tanto este depositado mi cuerpo donde oy esta el altar mayor en lugar conveniente y luego q la dha capilla mayor fuere acabada sea trasladado mi cuerpo en el lugar de la dha capilla que yo quisiere e mandare o donde mis albaceas testamentarios esecutores desta mi postrimera voluntad ordenaren y mandaren.
  Iten mando q el dia de mi enterramiento se digan missas de todos los sacerdotes asi clerigos como rreligiosos q fallarse pudieren a aquel tpo presentes.
  Iten por discurso de todo el año me digan en cada un altar una misa ofrendada con un responso y diez treintenas por mi anima cinco cerrados e cinco abiertos e otras diez por las animas de mis padres y otras personas a quien soy a cargo los quales digan los frailes de dicho monasterio e para sienpre jamas el dia de san miguel y el dia de mi fallecimiento y el dia de los finados y se diga una vigilia e misa cantada.
  Iten digo y declaro q tengo y poseo por bienes mios muebles y rraizes asemovientes aqstos cien caizes de tierra de sequero en tacoronte las tierras e aguas de rriego y sequero y el yngenio y solares y otras cosas a ello anexo y perteneciente con las viñas e huertas y casas segun q yo lo tengo e poseo y me pertenece en el rrealejo con sus tributos
  Iten el heredamiento q dizen de icode conviene a saber tierras e aguas y hedeficios y censos segun q mejor me pertenece.
  Iten en la ysla de la palma el heredamiento q dizen de los sauzes tierras e aguas yngenio cosas y otros pertrechos y cosas segun que me pertenecen es mio
  // Iten otras tierras de sequero e viñas las quales yo tengo señalado para que de lo procediente dello se instituyan e hagan alguna memoria en honrra del bienaventurado arcangel san miguel lo qual rremito a la disposicion de los dhos mis albaceas
  Iten declaro q tengo veynte y cinco esclavas y esclavos
  Iten cavallos mulas e azemilas
  Iten tapeceria oro plata rropas y joyas de atavio de mi persona y casa en cantidad y valor de quinientos ducados
  Iten declaro q yo tengo muchos pleytos pendientes de deudas que a mi me deben e yo debo e algunos que se me esperan mover para lo qual proveer y descargar mi conciencia asi cerca de las dhas debdas como de los servicios de mis criados mando q los dhos mis albaceas desde luego tomen en si las rrentas de los dhos dos heredamientos del rrealejo e los sauzes y cobren de antonio joven y de domenigo rico arrendadores de las dhas haziendas todo lo que conforme a la escritura de arrendamiento q sta ante escno me perteneciere en mi vida e despues de mis dias y se destribuya en esta manera q dejando
para mi hijo don pedro de lugo en cada un año las trezientas mill mrs de que yo le tengo hecho donacion y otras trezientas mill maravedis para mi de la misma manera con todo lo demas de rrenta de pan y otras haziendas de lo rrestante vayan descargando los dhos mis albaceas las dhas deudas que pareciere que debo asi de contrataciones como de servicios enprestados o en otra manera fasta tanto q sea todo cunplido y acabado de pagar y que en ninguna manera el dho don pedro mi hijo pueda entrar ni tomar la posesion corporal ni civil ni natural de los dhos bienes fasta tanto q todas las dha // deudas y el dote de doña Juana de masieres mi legitima muger e la donacion propter nutias q yo le tengo otorgada confirmada por su majestad y el dote de mi hija doña luisa sean cunplidos y enteramente pagados q son cinco mill ducados para la dha doña juana y tres mill ducados para la dha mi hija doña luisa lo qual mando so pena de mi maldicion al dho don pedro mi hijo q si asi por el orden susodho en mis dias no fueren acabados de cunplir mis deudas mando q despues de mi muerte fasta q las dhas doña Juana y doña luisa sean pagadas enteramente de los susodho q demas e aliende lleve para su sostentamiento las trezientas mill mrs en lo mejor parado de mis bienes en esto q yo señale para mi sustentamiento sin que aqstas se le puedan meter en la cuenta del principal q se an de aver salvo q los lleven y gozen fasta q sean enteradas de lo q asi han de aver
  Iten q yo tengo fecho y otorgado mayorazgo de casi todos los dhos bienes y entregada la carta de la otorgacion del dho mayorazgo a don pedro mi hijo en el qual ynstituy la sucesion del dho mayorazgo y al tpo e sazon yo no era casado ni pense ni tuve rrazon de pensar q avia de aver mas hijos mi muger por lo qual asi rremotamente constituy el dho mayorazgo que si acaso el dho don po contradixere en parte o en todo al orden que aqui doy asi para mientras biviere como para despues de mis dias para pagar a lo susodho por esta doy poder cunplido libre llenero bastante tan especial y expreso con libre y general administracion y con poder de sostituyr a mis albaceas qual de derecho se rrequiere para q por mi y en mi nonbre hagan a su majestad la rrelacion q convenga para q a mi mientras biviere y despues de mis dias fasta tanto q las dhas debdas y mandas sean enteramente pagadas no acudan ni a mi ni al dho don po con mas açucares ni frutos de los dhos dos heredamtos los dhos arrendadores de cada trezientas mill mrs desta moneda de Canaria salvo q pagadas la dha doña Juana e doña luisa de las dhas sus mandas enteramente q entonces pueda gozar el dho don pedro de
   // las seiscientas mil mrs y de lo demas fuera lo rrestante de los dhos dos heredamtos del rrealejo y de los sauzes q asi estan arrendados y despues lo que rrestaren fasta q enteramente cunplido e pagado todo lo en este mi testamento contenido lo qual entre bivos y despues de mi muerte asi prometo de tener e guardar e cunplir porque para descargo de mi anima ningun otro camino seguro pienso q puedo tener y en por tanto al invictissimo felicisimo emperador rrey e señor nro suplico [...] afectuosamente mirando no a tanto a mis servicios q fueron algunos bien señalados sino a la untuana leal voluntad q le tuve sienpre de servir me faga mrd de dispensar conmigo de tal manera q por el orden dho pueda con rrazon llenar confianza q mi anima va descargada e conpela a ello al dho mi hijo por las rrazones dhas e por me fazer bien e mrd tan crecida
  Iten mando q se pague a la merced e a la trinidad e a la cruzada a cada un real de plata
  Iten fago mis albaceas y procuradores con poder plenisimo como dho es asi para q biviendo cunplan y pongan en esecucion lo contenido en las dos clusulas supra proximas como despues de mis dias para todo lo contenido en este mi testamto a bartolome benitez e pedro de llugo mis sobrinos e a rreberendo padre frey alonso de la fuente a los quales e cada uno dellos insolidum le doy poder cunplido libre e llenero qual dho es
  Iten digo e mando q cunplido e pagado este mi testamto y las mandas legatos deudas e cargas por la orden ya dhas q don pedro mi hijo aya y lleve todo el rremaniente de mys  bienes ogligados al mayorazgo y fuera del ansi raizes muebles e semovientes como los derechos q yo tengo y me pertenescan de pleytos comenzados sentenciados y por sentenciar y comenzar en cualqe manera ecepto el axuar e atavios de casa porque aqsto demas de la dha donacion y dote de la dha doña juana mi muger y de todas sus rropas de seda brocada paño lino e lana y caxas y cofres
 // y arcas y mulas e bestias y esclavos y esclavas quiero q lo aya y lleve la dha doña juana mi muger y pido en rreberencia de dios q ansi ayan su bendicion e la mia al dho don po mi hijo e a doña ynes de herrera mi hija e a mis nietos don alonso e doña beatriz que acaten y tengan rreberencia a la dha doña juana mi muger en lugar de verdadera madre pues mirando q es estranjera y el amor con que me ha seguido e servido le deben conocidamente lo susodho.
  Iten mando q la dha doña juana mi muger entre tanto q en estas yslas biviere y no pasare a segundas nupcias sea tutora y curadora de la dha mi hija doña luisa administrando su persona y bs fasta que sea de hedad de casar y se case o entre en rreligion
  Otrosi mando q la dha doña luisa mi hija aya e lleve demas de lo susodho e sea pa si sola todo el dro e acion voz e rrazon e posesion q yo he e tengo e me pertenesce e pertenescerme puede al ingenio e heredamto del agaete q es en la ysla de gran cana lo ql le mando en la mejor forma e manera q puedo e de dro devo
  Otrosi mando q mis bienes  frutos e rrentas e alojeros dellos ante todas cosas se acabe de faser la capilla q yo tengo mandado q es de san migel de las vitorias
  Otrosi mando q luego se cunpla e pague todos los mrs q yo e mis fiadores somos obligados a dar e pagar pr la capellania de po Her de llugo mi sobrino q aya gloria por manera q sus fiadores no paguen cosa alguna
  Otrosi mando q se de a fdo de llugo e fco lugo mis sobrinos cien mill mrs desta moneda de cana en pago e por pago de todo el asucar e mrs e otras cosas q yo les mande en casamiento e de todos los servos q ellos e su madre ana de llugo mi sobrina q aya gloria me fizieron.
  // Otrosi mando q vean mis albaceas un albala o fenecimto de quentas q yo fize con fco guerra mi criado e le cunplan e paquen todos los mrs e otras cosas q por el dho albala e fenecimto de quentas q yo le devo e lo q despues aca me ha servido.
  Otrosi mando q se de e pague a pedro de caceres mi criado en pago de e por pago de veinte años q a q me sirve veinte mill mrs desta moneda corriente en tene
  Otrosi mando q se de a dos entenados de jun de badajos q al presente e tenido e tengo en mi casa cinquenta doblas de oro para ayuda de sus casamtos e sustentacion matrimonial
  Otrosi mando q se a mi criada la catalina en pago del tpo q me a servido e por quanto me ha servido en mi casa veinte mill mrs
  Otrosi mando q se de e pague a flora mi criada quince mill mrs para ayuda de su casamto e sustento matrimonial
  Fecha la carta en el lugar e puerto de santa cruz q es en la ysla de tene dentro de las casas de la morada de diego santos a treze dias del mes de marzo año del nascimiento de nro salvador  de mil e quinientos e veinte e cinco años tgos q fueron presentes a lo q dho es pedro de llugo regidor e herdo llugo alguacil mayor e diego riquel e diego santos vzs de la dha ysla y el dho sor ad lo firmo de su nonbre en el registro de mi el escribano
  Otrosi mando q en pago y por pago de todos los mrs y otras // cosas q yo devo al br. diego de funes de pleitos e autos q me a ffecho se le de e paguen luego veinte mill mrs desta moneda de canaria.
         ffecha ut supra = ts los dhos = El adelantado. 
(Transcripción y revisión: Javier Medina López y Dolores Corbella Díaz) 
   Imágenes:
  
Pags. 1, 10, 16, 23 y 31. Grabados archivo del autor.


    Pag. 30. Lápida sepulcral de Alonso de Lugo, en la Iglesia de la Trinidad, en Sanlúcar de Barrameda, España.
  
   Pag. 35. Monumento funerario en la Catedral de La Laguna donde reposan los supuestos huesos de Alonso Fernández de Lugo, fotografía de Raúl Melo.

   Fuentes consultadas:

Antonio Rumeu de Armas
La conquista de Tenerife
1494-1496. Pags.403-481
Aula de Cultura de Tenerife, 1975

Víctor Ramírez
Palabras libertarias para una conciencia
Canaria universalista
Edición del MUPC
Canarias 2007.

Eduardo Aznar Vallejo
Documentos Canarios en el Registro del Sello
(476-1517)
Instituto de Estudios Canarios. ISBN 84-00-09228-4
La Laguna-Tenerife 1981

Eduardo Aznar Vallejo
Ana Viña Brito. Natalia Palenzuela Domínguez. Juan Manuel León
Documentos Canarios en el Registro del Sello. (1518-1525)
ISBN:84-604-0919-8
Instituto de Estudios Canarios
La Laguna-Tenerife 1991

Miguel Amorós
La Guerra Social en la Memoria         
Ekintza Zuzena. Número 27. zenbakia            

D.J. Wölfel
Estudios Canarios
H. Nowak. Burgfried.Verlag-Hallein
Austria, 1980
Evelio Tellería Alfaro          
Valeriano Weyler o el fascismo anticipado
Weyler y Canarias
Miguel Leal Cruz
Extracto de un capitulo de la Ponencia expuesta en la III Conferencia de Historia en la Universidad de la Habana.
Juan Ortega Llanera
Historia de una Hermandad Sanluqueña y su Iglesia.
Historia del Pueblo Guanche
Juan Bethencourt Alfonso
Edición y anotaciones de: Manuel A. Fariña González
Tomo III. Pags. 229-233
Francisco Lemus, Editor. La Laguna-Tenerife, 1997.

José de Viera y Clavijo
Noticias de la Historia de Canarias
Edición del Dr. Alejandro Ciuranescu
Cupasa Editorial-Madrid 1978

Pedro Socorro
La Muerte y los finados en Santa Brígida
Revista Digital BienMesabe, Nº 233
El Guanche, 23 de marzo de 1861
Jose Maria Pinto y de la Rosa
Apuntes para la Historia de las Antiguas Fortificaciones de Canarias
Museo Regional de Canarias 1996
Javier Medina López y Dolores Corbella Díaz) 
Testamento de Alonso Fernandez de Lugo.

Archipiélago Canario. Julio de 2009.


jueves, 1 de agosto de 2013

HEROES DE PACOTILLA



DESMITIFICANDO

ALONSO FERNANDEZ DE LUGO VERSUS VALERIANO WEYLER NICOLAU. VI


(El esqueleto de Alonso Fernández de Lugo)

Eduardo Pedro García Rodríguez



CAPITULO VI


La tumba lagunera de Alonso Fernández de Lugo

   Sobre este particular vamos a seguir al investigador canario, doctor Manuel A. Fariña González en sus aportes y anotaciones a la obra de don Juan Bethencourt Alfonso Historia del Pueblo Guanche, tomo tercero, quien refiriéndose al expediente incoado por el Ayuntamiento de La Laguna para localizar los restos óseos del capitán de los invasores nos dice:

   “Como punto de referencia socio-político debemos recordar el fervor nacionalista español y los acontecimientos de política internacional que se estaban desarrollando en nuestro continente africano (ocupación de Tetuán, el 17 de Febrero de 1860; la firma del tratado Wad-Ras, de 25 de Abril de 1860, etc.). Fruto de esta política de enfrentamiento con Marruecos, se despertaron los viejos demonios de la lucha contra el infiel africano...; por ello vale la pena citar las palabras de Manuel Tuñón de Lara, quien a propósito del análisis realizado sobre esta época nos dice: “...y más fácil aún, despertar una oleada de frenesí nacionalista, de lucha contra el “infiel”, etc., dirigida con maestría...”. [La España del Siglo XIX. Barcelona: Ed. Laia, 1974; pág. 163]. (Manuel A. Fariña González, 1997)

   En este contexto el 14 de julio de 1860 siendo alcalde de la ciudad (La Laguna) Tomás Martel Colombo se inicia en dicho Ayuntamiento un expediente para el traslado del supuesto esqueleto de Alonso Fernández de Lugo a la Catedral lagunera, según recoge el citado Manuel A. Fariña: “Esta decisión fue adoptada a instancias de dos canónigos del referido templo catedralicio y otras notables personas que se habían dirigido al Ayuntamiento: ...manifestándole el deseo de que se busquen los restos del Adelantado Mayor D. Alonso Fernández de Lugo, cuyo cadáver fue sepultado en la Iglesia del Stmo. Padre San Francisco... (Archivo Histórico Municipal de San Cristóbal de La Laguna. Expediente para el traslado de restos mortales de Alonso Fernández de Lugo a la Catedral de La Laguna. E-XVIII-30, folº. 1).

   Tras conocer Weyler el expediente de 1860, se identificó rápidamente con la causa, quizás recordando los pasados acontecimientos africanos o que veía en la figura de Alonso Fernández de Lugo el modelo a seguir con respecto a Canarias. (Manuel A. Fariña González, 1997)
   Es conocida la costumbre antigua en el ámbito cristiano de enterrar a la feligresía pudiente en los propios templos parroquiales o en los conventos, en combinación con un cementerio adosado a los mismos destinado a los más pobres y para cuando se producían  epidemias. En todo caso enterrarse en el cementerio era de pobres, como atestiguan: "...por ser solos los de los más desvalidos y pobres de los pueblos, y sepultarse en las iglesias  quantos al morir tienen algun caudal conque poder satisfacer su entierro".

   El ideal religioso cristiano que les llevaba a pensar que estar enterrados en un lugar sagrado, o lo más próximo a él, les acercaba a su morada eterna, mantuvo durante siglos los cementerios en el centro de los pueblos. La visión diaria de los mismos constituiría, sin duda, un recordatorio para sus habitantes de la brevedad del paso por la vida y de la necesidad de prepararse para la eterna que creían les esperaba.

   Las preferencias de los fieles por ser enterrados en determinados templos fue causa de no pocos enfrentamientos entre el clero regular y secular, y no precisamente porque unos u otros compitieran por ofrecer mejores ritos o servicios en beneficio de las almas de los difuntos, sino porque ambos pretendían acaparar la mejor parte del suculento negocio en que la iglesia católica había convertido la muerte, no sólo por las tarifas de enterramientos sino por las mandas “pías” testamentarias de los fieles pudientes y  los legados a favor del clero a que en muchas ocasiones eran forzados los moribundos.
   Vemos algunos ejemplos:

   “Mandas Episcopales de 1666.

   “Que los párrocos procuren se abran por la justicia secular los testamentos, porque si los pobres difuntos dejaron sufragios a perpetua o “ad tempore” si han estado en el purgatorio por el descuido de no cuidarse de ello”.
 
         “Que no salga la cruz de la parroquia a buscar el difunto sin que primero esté el testamento en poder del colector o del párroco”.
 
   “Que los herederos y albaceas, cuando el que muera tiene bastante hacienda, sean  liberales en sus sufragios”.
 
“Cuando el que muere debe más que lo que tiene, si los herederos o albaceas piden pompas fúnebres, se les contestará que lo paguen ellos de su casa”.
 
“Funerales. Póngase en público, tabla de sus derechos”.
"...percibe la Yglesia de cada uno que se entierra dentro de ella, de los adultos 25 Rs y por mitad de los párbulos, pero son poquísimos los (párvulos) que se entierran dentro". (año1771).

   Adagio episcopal: “Párroco con miedo, perro sin provecho; perro que ladra, guarda la cabaña”.

   Y, aunque se dice que la muerte a todos iguala, incluso aquí estableció la Iglesia católica diferentes tipos de funerales. Había entierros de 1ª, 2ª y 3ª y hasta de 4ª clase que, amén de la parafernalia escénica, establecían la calidad de la caja, el número de sacerdotes y monaguillos. Todo ello con sus tarifas diferenciadas.

   Sana, piadosa y desinteresada tradición sostenida por el clero católico hasta que los enterramientos y cementerios pasaron a ser competencias de los municipios, no sin la tenaz resistencia de la iglesia católica que veía como esta importante fuente de ingresos económicos se escapaba de las manos.
 
 
 Tacoronte, Chinech (Tenerife).

   En nuestro siglo (principios del s. XX) aún conservaban los frailes, la piadosa costumbre de exigir a los moribundos algún legado o manda en que quedaran obligados los herederos, a depositar todos los años, el día de finados, sobre el sepulcro, cierta cantidad de los mejores frutos de sus fincas; tales como pipas de vino, quintales de queso, etc. que eran cuidadosamente recogidos por los, frailes.
 
   Candelaria, Chinech (Tenerife).

    Libro de mandatos episcopales. Obispo fray Joaquín de Herrera. (1781) “Que a todos los que murieron abintestato, les averigüe sus bienes,  les haga gastar el quinto, en funeral y sufragios para su alma”.
 
   San Miguel-Arona-Chinech (Tenerife).        

  Cuando se morían, las personas se le ponían a la vera y lo exhortaban (frailes y curas) a dejar al convento fincas determinadas, “para que murieran bien”. (Bethencourt Alfonso, 1985:254)

   Algunas consideraciones en torno al esqueleto de Alonso Fernandez de Lugo
 
   “Como el paso del tiempo borra casi todo, los referidos restos mortales se hallaban enterrados en el solar de la antigua iglesia de San Miguel de Las Victorias, del convento franciscano. Dicho solar se había convertido en huerta, cuyo propietario era don Juan Manuel de Foronda, y debido a que los supuestos huesos del  capitán no podían continuar durmiendo el sueño eterno a la sombra de un pencón de tuneras, se iniciaron los trámites de su traslado “para depositarlos en paraje más digno”.

   El hallazgo del sepulcro en que supuestamente se encontraba enterrado Fernández de Lugo, fue presenciado por un numeroso grupo de personas (entre regidores, canónigos, nobles y demás representantes de la sociedad criolla isleña eran veintiún individuos), a lo que hay que añadir la asistencia de algunos testigos espontáneos de tales excavaciones; en definitiva, se convirtió este episodio en un acto social inesperado.

   Después de varios intentos, teniendo en cuenta las disposiciones testamentarias del Adelantado, más la ayuda inestimable de la tradición oral conservada por dos ancianos testigos que habían asistido a misa en la antigua iglesia del Cristo de La Laguna, se halló la sepultura en el presbiterio del citado templo.

   “18 de Junio de 1860... Se encontró, como en el centro del Presbiterio, un sepulcro que aunque ya no conservaba loza alguna...afortunadamente se encontró en él un fragmento de loza negruzca jaspiada, y el esqueleto de un seglar... por lo que no dejó duda a los circunstantes, según los precedentes, de que aquellos eran los restos mortales que con tanto empeño buscaban los habitantes de esta población para depositarlos en paraje más digno a la memoria y méritos relevantes de la persona a quien correspondieron...”. (Archivo Histórico Municipal de San Cristóbal de La Laguna. Expediente para el traslado de restos mortales de Alonso Fernández de Lugo a la Catedral de La Laguna. E-XVIII-30, folº. 16/17).

   El supuesto esqueleto de Lugo, quedó depositado en una caja de caoba (al parecer fue de pinsapo) en uno de los armarios de la sacristía del clausurado convento de San Francisco.    
      
   Durante más de veinte años, permanecieron tales restos humanos en el citado armario m hasta que el general Valeriano Weyler, en 1878, como Capitán General de Canarias instó al Ayuntamiento de La Laguna y a otras entidades patrióticas, por ejemplo la Sociedad Económica de Santa Cruz de Tenerife, para reactivar la tramitación del antiguo expediente. (Manuel A. Fariña González, 1997)

   En definitiva, en el mes de Noviembre de 1880, el Ayuntamiento de La Laguna creó una Junta para ultimar el proyecto de traslado de restos, en la que estaban representados no sólo el Ayuntamiento, sino también el Cabildo Catedral, Claustro de Profesores del Instituto Provincial, Cuerpo de Oficiales del Batallón y la Sociedad de Amigos del País de Tenerife.

   “Por su parte el Capitán General reclamaba su cuota de protagonismo político en el desarrollo de la celebración; por un lado, a través del escrito (fechado el 26 de Julio de 1881) manifestaba a la Junta organizadora: “ ...la conveniencia de que por este A yuntamiento se designe una persona que de acuerdo con un Ayudante de Plaza que su Excelencia nombrará, señalen de una manera precisa el orden en que deben marchar las Sociedades, Comisiones y Corporaciones que han de concurrir a la solemne función cívico-religiosa y procesión fúnebre. Por otro, desde la Capitanía General se ordenó que se rindieran honores fúnebres de Capitán General del Ejército que fallece en plaza, a los restos del conquistador.” (Manuel A. Fariña González, 1997).

   En definitiva, el día 1 de Agosto se procedió al traslado de los supuestos huesos de Alonso Fernández de Lugo, desde el convento de San Francisco a la Catedral de La Laguna, según se plantea en el expediente, la capilla ardiente se había establecido en la iglesia del convento, en cuya nave se levantó un pequeño túmulo, estando todo presidido por la imagen del Cristo de La Laguna que había sido una donación del duque de Medina Sidonia al referido Alonso Fernández de Lugo.

   Esta claro que ante la grabe situación por la que pasaba la corona española con los restos de su imperio colonial en América, la burguesía dependiente colonial de canarias se esforzó una vez más por demostrar a la metrópoli su indiscutible españolidad e inquebrantable fidelidad, espoleada como hemos visto mas arriba por la actuación dictatorial del general Weyler, a quien ofreció en ara de las “glorias patrias” el rescatar la memoria del masacrador de pueblos Alonso Fernandez de Lugo.

Como apunta Manuel A. Fariña: “Recordemos que en Canarias, el prototipo de conquistador de infieles estaba representado por Alonso Fernández de Lugo quien no sólo había culminado, en el siglo XVI, el sometimiento de la población guanche de La Palma y Tenerife, sino que también había realizado desde las islas, algunas incursiones de conquista y penetración militar a la región de Berbería y Santa Cruz de la Mar Pequeña.” (Manuel A. Fariña González, 1997).

   Los restos óseos depositados en la Catedral de La Laguna ¿corresponden realmente a Alonso Fernandez de Lugo?

   En un principio Alonso Fernandez de Lugo había previsto su sepultura en la ermita que había mandado a construir en La Plaza de Abajo y dedicada a San Cristóbal, pasando el tiempo y posiblemente inducido por los lazos que su familia mantenían con la congregación Agustina en Andalucía, o bien porque entendió que los méritos que él atribuía a su propia persona merecían que su tumba estuviese ubicada en un lugar mas relevante que una simple ermita, así que cambio de parecer y ordeno la construcción de una nueva sepultura y capilla mayor en el convento de los franciscanos en La Laguna, tal como dejo dispuesto en su testamento: “ Iten mando mi cuerpo a la tierra de cuya naturaleza dios lo crio y que sea enterrado en la capilla mayor del monasterio de san miguel de las vitorias de la virgen de la orden de san fransisco desta cibdad siendo acabada al tpo donde no mando q entre tanto este depositado mi cuerpo donde oy esta el altar mayor en lugar conveniente y luego q la dha capilla mayor fuere acabada sea trasladado mi cuerpo en el lugar de la dha capilla que yo quisiere e mandare o donde mis albaceas testamentarios esecutores desta mi postrimera voluntad ordenaren y mandaren.”

   Pero según recoge Fr. Luis de Quirós sus herederos no cumplieron la orden testamentaria de donación de limosnas, por lo que la capilla mayor no se llegó a terminar hasta 1599, año en que se cumplió su testamento.

   Este tipo de sepulturas consta de una fosa, generalmente tiene carácter familiar y están concebidos para albergar varios cadáveres y suelen disponer de un pequeño nicho u osario donde se depositan los huesos de los antecesores, la fosa de Alonso de Lugo indudablemente estaba sujeto a esta tipología ya que algunos de los descendientes de sus parientes dispusieron ser enterrados en la misma.

   José de Viera y Clavijo en nota al pie de página del tomo 3º de su Noticias de la Historia General de las Islas de Canaria (Edición Príncipe, libro duodecimo, página 1), recoge refiriéndose a Inés de Herrera hija Inés de Bobadilla y Hernán o Fernán Peraza, y esposa de Pedro Fernández de Lugo: “Está sepultada en el sepulcro de su suegro, en el Convento de San Miguel de las Victorias de La Laguna.”

   Según se lee en el testamento de Dña. Francisca de Lugo, mujer de Lope Hernández de la Guerra, otorgado en La Laguna y abierto el 14 de mayo de 1609 ante el licenciado Agustín de Calatayud y que dice:

   "Iten mando que, cuando Dios sea servido de llevarme de esta presenta vida, mi cuerpo sea sepultado en el Convento del seráfico padre San Francisco, de la ciudad de San Cristóbal de La Laguna, en la sepultura de mi abuelo don Alonso de Lugo, que está en la capilla mayor de dicho convento, a donde está una loza de piedra, la cual embiste con el primer escalón de las escaleras que suben por ella a decir misa al altar mayor del dicho Convento."

   Como era habitual en la época, otros muchos colonos fueron enterrados en el templo del convento franciscano, como por ejemplo el portugués Pedro Suárez: "En el nombre de Dios, amén. Sepan quantos esta carta vieren como yo Pedro Suares  zurrador, estante en la ysla de Then., vº. de San Pedro de Sar, que es en Portugal, estando enfermo del cuerpo e sano de la voluntad etc., otorgo e conosco por esta presenta carta etc. e mando que sy de este mal que yo agora padezco falleciere que mi cuerpo sea sepultado en el monasterio de San Francisco…"

   El 28 de Julio de 1810, en el convento de San Francisco se produce un terrible incendio que comenzó por el campanario para seguir con la techumbre, lo que provocó que lo primero que se intentó salvar, fuera el Santísimo Sacramento y sobre todo la imagen del Cristo de La Laguna, que fue rápidamente trasladado a la parroquia de los Remedios (actual Catedral).

   El incendio  destruyó totalmente el edificio quedando en pie solamente la espadaña que permanece en el actual Santuario del Cristo de La Laguna.
   Como consecuencia de este incendio  los restos cremados de Alonso Fernández de Lugo y de todos los sepultados en dicho convento, quedaron al descubierto, en un estado de total abandono.
   El nuevo convento comenzó a levantarse en 1814, con una ubicación distinta al anterior, terminándose aproximadamente en 1822.

   A modo de resumen.

En el maderamen de las edificaciones de esa época abundaba la tea de pino, madera muy resinosa y que cuando arde provoca elevadas temperaturas, normalmente en los templo además de la techumbre, escaleras, entarimados y puertas se suele concentrar gran cantidad de madera en los altares mayores pues suelen ser los más ricos y ornamentados. Por consiguiente, un incendio en un edificio de estas características genera temperaturas superiores a los 1040 °C).

viernes, 26 de julio de 2013

HEROES DE PACOTILLA





DESMITIFICANDO

 BREVE BIOGRAFÍA DE PEDRO DE VERA Y MENDOZA, UN JUDIO CONVERSO,  ASESINO MASACRADOR DEL PUEBLO CANARIO

 

Eduardo Pedro García Rodríguez*

Invasor Conquistador de la Isla Tamarant (Gran Canaria), usó mastines que se alimentaron de carne humana, incluyendo niños vivos (crónica del fraile Bartolomé de las Casas, ver también artículo más abajo). Envió a los vencidos como esclavos a España, que se vendieron en Barcelona, Valencia, etc. El escándalo en las Cortes fue tal, que un tiempo después los esclavos que quedaron con vida fueron liberados y regresados de España a las Islas Canarias. Personaje siniestro, sus fechorías palidecen cuando se comparan con otros personajes más recientes conectados a este árbol.
En los primeros años del Renacimiento el semisalvaje Continente Europeo comenzaba a descubrir mediante las traducciones al latín, la literatura, ciencia y filosofía griega, árabe y hebrea.
Durante más de mil años los cristianos en Europa habían vivido en el oscurantismo y robándose unos a otros, pero durante este periodo comenzaron a expandir sus mentes hacia las posibilidades de hacerse ricos a costa de otros pueblos.
Mediante el Tratado de Tordesillas el Papa divide el mundo en dos y manda a los españoles y portugueses a "ganar el mundo para Cristo". Para los Reyes Católicos como así también para la Iglesia, la evangelización era una excusa para justificar la conquista, que además de un enclave estratégico podría proporcionar esclavos y el oro que llegaría a las arcas del rey y a los altares de las iglesias.
Se fijó el meridiano de partición del Océano Atlántico a 370 leguas al oeste de las islas de Cabo Verde, sin hacer referencia a las Azores. De esta forma, España tendría el dominio del hemisferio occidental y Portugal del oriental. Se había concretado así un verdadero reparto del mundo entre estas dos coronas. Por supuesto, ambas coronas tendrían que responder al poder Papal.
Los cronistas de la invasión, conquista y colonización de las Islas Canarias por las hordas europeas, al ser la mayoría de ellos frailes cristianos se abstuvieron de recoger en sus crónicas los aspectos más sórdidos de las acciones militares llevados a cabo en nuestras islas por aquellas mesnadas de mercenarios españoles. No obstante, la mayoría de los historiadores concuerdan en que acciones de aquella guerra declarada unilateralmente por España a la Nación Canaria, y especialmente las desarrolladas en la isla de Chinet (Tenerife) la última en ser invadida y sometida al colonialismo español, sirvieron como laboratorio o campo de experimentación para las posteriores desarrolladas en la conquista y depredación de los pueblos americanos. Por lo dicho, es indudable de que los horrendos y crueles hechos protagonizados por las hordas españolas en aquel continente guardan un total paralelismo con las anteriormente ejecutadas en Canarias, mediante los cuales fueron bárbaramente destruidos los modos de vida de la sociedad guanche.
Siguiendo dicho paralelismo podemos hacernos una idea de las brutales acciones desarrolladas por las "civilizadas" tropas españolas y sus acompañantes en nuestras islas reproduciendo algunos párrafos de la obra del fraile español Bartolomé de las Casas:
"Entraban los españoles en los poblados y no dejaban niños ni viejos ni mujeres preñadas que no desbarrigaran e hicieran pedazos. Hacían apuestas sobre quién de una cuchillada abría un indio por medio o le cortaba la cabeza de un tajo. Arrancaban a las criaturitas del pecho de sus madres y las lanzaban contra las piedras. A los hombres les cortaban las manos. A otros los amarraban con paja seca y los quemaban vivos. Y les clavaban una estaca en la boca para que no se oyeran los gritos. Para mantener a los perros amaestrados en matar, traían muchos indios en cadenas y los mordían y los destrozaban y tenían carnicería pública de carne humana... Yo soy testigo de todo esto y de otras maneras de crueldad nunca vistas ni oídas". (Fray Bartolomé de Las Casas, Brevísima Relación de la Destrucción de Las Indias)
La acción conquistadora y colonizadora de España en Canarias no permitió que ni la cultura, ni la religión, ni la lengua ni la ancestral estructura social que los antiguos pobladores de Tamarant (Gran Canaria) en particular y para el resto de las islas en general -para los guanches- sobrevivieran íntegramente a la colonización de los europeos, una vez Pedro de Vera hubo terminado la invasión y ocupación de la isla en 1483. Como en el resto del Archipiélago las tierras y las aguas usurpadas fueron repartidas entre los mercenarios que participaron en la ocupación y entre quienes financiaron la conquista con la que, por otra parte, no acabaron las pretensiones de otras potencias de la época por hacerse con el control de las mismas, como plataforma logística desde donde controlar el continente, fuente de extracción de oro y esclavos entre otros valiosos recursos naturales, y posteriormente como base de aprovisionamiento de las armadas dirigidas al saqueo y sometimiento de América.
Concretamente Portugal insistió hasta que se hubo firmado el Tratado de Tordesillas en 1494 mediante el cual las dos potencias se repartían el saqueo de las nuevas tierras "descubiertas" para los embrutecidos europeos.
Durante la invasión de las islas pulularon recordados siniestros personajes de nefasta memoria, tales como Bethencourt, La Salle, Berneval, Herreras, Bobadilla, Rejón, Vera, Lugo etc., pero quizás el más sanguinario de todos estos fue Pedro de Vera, esclavista y masacrador de pueblos de quienes sus descendientes ideológicos en estas insulas, continúan honrando su criminal memoria dándole el nombre de tan diabólico personaje a calles y plazas de nuestras ciudades, situación sólo comprensible en los pueblos colonizados.
Se ha especulado mucho en torno a la invasión Española de las islas Canarias, naturalmente vista esta desde la óptica de los vencedores y sus comisarios culturales quienes han mitificado este hecho cruel y sangriento cubriéndolo además de una capa de barniz espiritual y supuestamente evangelizador, nada más lejos de la realidad, ya que durante la guerra los frailes de la Iglesia Católica cortaron tantas cabezas y esclavizaron a tantos guanches como los propios mercenarios seglares.
Quizás uno de los planteamientos más objetivos en torno a la invasión de Canarias sea el expuesto por la investigadora española Luisa Isabel Álvarez de Toledo de quien copiamos los siguientes párrafos: "Muerto Enrique IV en diciembre de 1474, Isabel declaró tierra de su conquista las islas de África y Guinea, en agosto de 1475. Al esgrimir la debilidad de Enrique IV, como causa de que el rey de Portugal, se hubiese apoderado del predio, hizo confeccionar albalá, que lo probase. Se conserva entre los papeles de Esteban Pérez Cabitos, en forma de copia autorizada de carta original, "escripta en pergamino de cuero", supuestamente sacada por Herrera, a 6 de marzo de 1470, en oficio de notario jerezano, eclesiástico por más señas. Olvidando el pasado inmediato, el falsario la fechó en Plasencia, a 6 de abril de 1468, cuando el rey estaba privado de autoridad, como prisionero de su hermano, Alfonso XII. Declara que sometido a la "subjestión e gran ynportunidad", de los condes portugueses de Tuguia y Villarreal, cometió la injusticia de darles las islas de Gran Canaria, Tenerife y La Palma, "en las mis mares de España", despojando a Diego de Herrera, al que trata de "noble caballero", sin haber merecido siquiera el "don". Las devolvió con todas las Canarias e islas adyacentes, como a "verdadero señor" de la "Mar Menor, en las partes de Bebería". Complicando la cuestión, el rey metió en danza al Papa, pidiendo el rey que "revoque e anule qualesquier letras e bullas, que en contrario de esta revocación sean", sin caer en que no tocaba pito en el entierro [1].
No estando "acabada" la conquista, por persistir los canarios en su "rebeldía", los Católicos buscaron capitán experimentado, encontrando a Pedro de Vera, caballero 24 de Jerez y disciplinado. Seguidor de Enrique IV y Juana, estando al servicio de Beltrán de la Cueva y Rodrigo Ponce, cambió de campo con el último, sin un gesto. Suponen los cronistas que Vera fue seleccionado, al encontrarse en las Canarias desterrado, por haber matado a Basurto, alcaide de Medina Sidonia. En verdad, el 4 de febrero de 1480, día en que se extendió el nombramiento, se encontraba en su casa de Jerez. "Acatando como la conquista" de las "Yslas de la Grand Canaria e Tenerife nos pertenesce", para que pudiese llevarla a cabo, sin tropezar con oposición, acumuló los cargos de alcaide de Villa Real de las Palmas, gobernador, capitán mayor y corregidor de Gran Canaria. Pedro de la Algaba [2] o quien la tuviese, le entregaría la fortaleza y los justicias sus varas, siguiendo "ynquisiciones". Descubiertos los culpables de "los escándalos e ruydos e diferencias", que cristalizaron en "divisyones", enfrentando a milites, caballeros y escuderos, los enredadores pararían en la cárcel, siguiendo juicios sumarísimos. Ejecutadas las penas de destierro y muerte, en orden cabildo y milicia, iniciaría la tarea de "sojuzgar" a los naturales de la isla, "a nuestra santa fe católica", "fasta la ganar e vos apoderar" [3], continuando en "Tenerife y la Palma", también en "poder de ynfieles" [4].
"Tras el fracaso de los intentos anteriores, en 1478 una expedición organizada por los Reyes Católicos desembarca el 24 de junio en la playa de la Isleta al mando de Juan Rejón y del deán Juan Bermúdez y establece un campamento denominado el Real de Las Palmas, junto al barranco de Guiniguada. En sus cercanías tuvo lugar el 28 de junio el primer enfrentamiento bélico con los guanches, donde los canarios sufrieron su primera derrota y se replegaron hacia el interior de la Isla. Sin embargo, pronto surgieron rivalidades entre los invasores Juan Rejón y el verdadero capitán de la conquista el clérigo Juan Bermúdez, lo que originó el nombramiento de Pedro de Algaba como nuevo gobernador y la posterior detención de Rejón, que sería enviado encadenado a Sevilla. Sin embargo, en 1479, Rejón tras verse libre de cargos gracias a las influencias que tenía en la corrupta Corte castellana regresa a Tamarant (Gran Canaria) donde toma la justicia por su mano al decapitar a Algaba. Ante estas circunstancias los Reyes Católicos designan como capitán de conquista a Pedro de Vera y Mendoza que llega a Gran Canaria en 1480."
Este engendro de los infiernos con apariencia humana conocido como Pedro de Vera y Mendoza, era natural de Jerez de la Frontera, señor del mayorazgo y casa de Vera, en Jerez, alcaide, alférez, alguacil, comendador de Santiago. Conquistador, gobernador y capitán general de las Islas Canarias por designación de los Reyes Católicos (1480-1489), esclavista y masacrador de canarios y gomeros, asesino, salteador de caminos, ladrón y secuestrador.
Falleció en Jerez en 1498. En esta ciudad había casado con Beatriz de Hinojosa, siendo los padres, entre otros, de:
A.- Francisco de Vera Hinojosa, caballero de Santiago. En Jerez de la Frontera, de donde era natural, este casó con Teresa Cabeza de Vaca y Figueroa. Padres, entre otros, de: Alvar Núñez Cabeza de Vaca, natural de Jerez. Conquistador de La Florida, segundo adelantado del Río de la Plata (1541-1544). Quien falleció soltero.
Veamos algunos pormenores de los preparativos para la armada de mercenarios levantada en Sevilla que habrían de acompañar a Pedro de Vera en su aventura en Tamarant, según la Iguala y composición de la capitulación firmada en Toledo en el mes febrero de 1480 por los doctores de Talavera, Villalón, y Lillo del Consejo, quienes firmaron en nombre de los reyes Isabel y Fernando con Alonso Quintanilla, contador mayor de cuentas del Consejo, y Pedro Fernández, capitán de la mar, sobre la armada que éstos preparan para Gran Canaria. El acuerdo mantiene los términos del memorial ya existente, fechado en Toledo el 24 de febrero de 1480, salvo en los 100.000 maravedis consignados para que un mercader llevase ropa y otras cosas menudas; éstos términos son: 200.000 maravedias de trigo y cebada, 250.000 maravedis del flete de los navíos de Pedro Fernández y de otros que se han de mandar, 36.000 maravedis para el capitán Pedro de Vera, 48.000 maravedis como sueldo de los veinte caballeros, 120.000 como sueldo de los cien vasallos de monte y 20.000 maravedis de los gastos hechos por Juan Rejón; estas sumas más las que irán apareciendo antes de la partida hacen 900.000 maravedis, de los que Alonso de Quintanilla pone 300.000 y Pedro Fernández 600.000, ofreciéndose a Pedro de Vera participar con la mitad de la parte correspondiente a Pedro Fernández, debiendo proveer los beneficiarios las gentes y navíos necesarios en un plazo de 10 años. Se concede que durante 10 años ni el Almirante ni sus lugartenientes lleven derecho algunos sobre las pesquerías y presas hechas en Gran Canaria, renunciando los reyes a los quintos sobre cueros, sebo, esclavos y armazón y sobre las presas hechas en las islas de infieles, salvo en la Mina de Oro, y comprometiéndose a impedir que Diego de Herrera haga presas en Gran Canaria y que concierte paces en Tenerife y La Palma. Como fácilmente se puede deducir, esta no fue una armada netamente "evangelizadora".
El 3 de febrero de 1480 el Consejo de Castilla había emitido orden al Almirante mayor de la mar y al guarda mayor de la saca del pan de la ciudad de Jerez de la Frontera y sus lugartenientes, así como a los del Puerto de Santa María y demás villas del señorío del arzobispado de Sevilla y del obispado de Cádiz, para que permitan al alcaide Pedro de Vera, veinticuatro de Jerez, o a quien su poder tuviere, sacar doscientos cahices de trigo y doscientos de cebada para la gente que va o está ya en la conquista de Gran Canaria y otros treinta cahices de trigo para y veinte de cebada para una fortaleza [el nombre está en blanco], bajo juramento de emplearlo para tal fin. Se ordena que dicha saca tenga prioridad sobre cualquier otra acordada. Con fecha 4 del mismo mes y año, el Consejo emite otra orden dirigida al consejo y vecinos de Sevilla para que levanten en la ciudad y su término cien ballesteros de monte que han de unirse a la gente de Pedro de Vera, gobernador y capitán de Gran Canaria, llevará a la conquista de dicha isla; los menci0onados ballesteros deberían presentarse con sus ballestas y almacén, y para su alimentación durante la campaña se les concede que tengan parte en las presas que consigan hacer en la isla, es decir, podían entrar a saco en la isla. Por esa misma fecha, los reyes católicos que eran pródigos concediendo prebendas siempre que éstas no les costasen dinero, estuvieron muy generoso con el nuevo capitán, especialmente cuando regalaban lo que no les pertenecía, así, mediante Real Cédula conceden a Pedro de Vera la gobernación y capitanía de la isla de Tamarant, "así por tierra como por mar" cuya conquista junto a la de Tenerife decían pertenecer al rey, y de la alcaldía de la fortaleza de la villa real de Las Palmas, recibiendo así mismo el cargo de corregidor, con autoridad para poder disponer de los distintos oficios. Por esta misma carta se ordena a Pedro de La Algaba, alcaide de dicha fortaleza, que entregue ésta al nuevo gobernador y se otorga a éste poder cumplido para que resuelva las diferencias entre los mercenarios de la invasión. En igual fecha por otro documento se autoriza Pedro de Vera, "como gobernador y capitán" de las islas de Canaria para repartir a las personas que vivan o quieran ir a vivir a Gran Canaria, los ejidos, dehesas y heredamientos de dicha isla, según lo que por sus méritos o estado hubieren menester, y para nombrar los oficios necesarios, ya sean anuales o vitalicios.
Como ejemplo de la corrupción que reinaba entre los altos funcionarios de la corte española, vemos como por un documento extendido por el Consejo de Castilla fechado en Toledo a 4 de febrero de 1480 se concede a un personaje cuyo nombre no figura en dicho documento "Notaría y escribanía de cámara en todos los lugares del reino y en las islas de Gran Canaria y Tenerife, y se ordena a las justicias del reino, y en especial a las de dichas islas, que se le guarden todos sus derechos", no deja de ser curioso que concedieran una Notaría en la isla de Chinech (Tenerife) doce años antes de ser invadida.
Es sobradamente conocido el interés que mostró la reina católica por dar un buen uso a los criminales convictos utilizándolos como elementos civilizadores y evangelizadores de las islas invadidas, tal como quedó recogido en un poder real expedido en Medina del Campo con fecha 10 de diciembre de 1480 a nombre de Juan de Torres, corregidor de las villas, valles y merindades de Trasmiera, Peña Melera, Valdebeseros, Peña Samago, Peña Rubia y val de los Herreros, para que en nombre de sus Altezas pueda "Prometer palabra y seguridad de perdón a los delincuentes de su jurisdicción y del marquesado de Santillana y tierras del conde de Castañeda, salvo los reos de traición, delito de falsa moneda, falsedad hecha en nombre de los reyes y saca de monedas de oro o plata, que fueran a servir a su costa en la conquista de Gran Canaria por especio de seis meses, contados desde el día en que se presentaren a Pedro de Vera, capitán y gobernador de dicha isla, y de Miguel de Moxica receptor de la misma. Se ordena a las justicias que no actúen contra las personas y bienes de quienes muestren la concordia hecha con Juan de Torres y fe de Pedro de Vera y Miguel de Moxica de haberla cumplido, pudiendo exigir únicamente la restitución de los bienes que hubieren tomado; y se ordena al chanciller y a los notarios que les libren cartas y sobre cartas de perdón que necesitasen, con obligación de ser perdonados por las justicias."
Hemos dicho más arriba que Pedro de Vera era un ladrón y secuestrador, y que andaba a sus anchas posiblemente escudado en los servicios que como mercenario había prestado a la monarquía española en las guerras mantenidas en tierras italianas. El código entre ladrones no ve bien el que unos ladrones sean robados por otros, y cuando esto sucede y no pueden tomar la revancha por su mano suelen acudir a la justicia como honestos ciudadanos agraviados, esto debió sucederle a Pedro de Vera con su expoliado y secuestrado Pedro de Vargas, según se desprende de un Documento del Registro General del Sello extractado por don Eduardo Aznar Vallejo y cuyo texto es el siguiente: " 1484 Agosto 20. Córdoba. Receptoría para que las justicias de Sevilla y Jerez de la Frontera y las del arzobispado de Sevilla y el obispado de Cádiz reciban los testimonios de los testigos presentados por Pedro de Vargas, alcaide de Gibraltar, los hijos de Bartolomé de Basurto. ya difunto, y Leonor Núñez, hija de Frey Alonso de Vadespino y de Leonor Núñez, hija del citado Bartolomé de Basurto, en el pleito que siguen ante el Consejo con Pedro de Vera, gobernador de las islas de Canaria, que acusa a Bartolomé de Basurto y Pedro de Vargas de haberle tomado del lugar de Marchinilla, término de Jimena,-villa de la que era alcaide-, en marzo de 1470 cierto número de puercos, bueyes y yeguas, más una recua de asnos cargados de trigo y vino, que tomó Martín Jiménez, alguacil de Medina Sidonia, por orden de Pedro de Vargas, y en julio de dicho año doscientos de trigo y cebada y las ropas de sus pastores, cantidades que les reclama, junto al valor de los partos y postpartos, sumando todo un cuento y ochocientos mil maravedís. Contra demanda García de Medina, procurador de Pedro de Vargas, presentó una información, alegando que sus defendidos habían actuado en caso lícito, que dichos bienes no eran de Pedro de Vera y que en caso de haber tomado algo de su propiedad, éste no podía reclamar por haberse obligado al duque don Juan, padre de don Enrique, duque de Medina Sidonia, a no hacerlo, y acusando a Pedro de Vera y a sus escuderos de haber prendido hace seis años a Pedro de Vargas, cuando se dirigía a la posada de Juan de Luna, por el camino de Asperilla, entre Gibraltar y Sevilla, dando muerte a Andrés de Sanabria y Juan de Grajales y tomando ciertos bienes de Pedro de Vargas y de sus criados Juan de Acenes y Andrés Martínez, bienes qué ha de restituirle junto a los cuatrocientos mil maravedís del rescate .El Consejo concede a ambas partes un plazo de setenta días para presentar sus pruebas. Alfonsus. Antonius. Andréas. Luis del Castillo".
Es manifiesto el interés mostrado por los historiadores oficiales y oficialistas en ocultar o minimizar el hecho de la captura y esclavización de los guanches y su posterior venta en los mercados de Valencia, Sevilla, Barcelona y Mallorca, como principal fuente de ingresos económicos para sustentar los gastos de la invasión, tanto de la corona española como de los mercenarios que participaron en la invasión y saqueo de las islas. Esta práctica fue mantenida en las islas desde Bethencourt hasta Alonso de Lugo, y a la que no fue ajena la iglesia católica quien también se benefició económicamente de esta inhumana actividad, aunque en algún momento determinados obispos protestaron ante la corono española por la venta de estos desgraciados, no lo hicieron tanto por el inhumano comercio en sí, sino por una cuestión de jurisdicción, cuestión esta en la que la iglesia siempre ha sido muy celosa, y por otra parte, suponía una pérdida de ingresos seguros pues los guanches supuestamente cristianizados pagaban los diezmos a la iglesia, lo que en el fondo suponía una especie de seguro ante los demás depredadores. Veamos algunos ejemplos de la venta de esclavos gomeros guanches por parte de Pedro de Vera de los que sobrevivieron a la masacre llevada a cabo por éste en la Gomera, con motivo del ajusticiamiento del verdugo Herrera, tema que por su amplitud y profundidad trataremos en otro artículo.
  • Miembro de la Asociación Sociocultural Kebehi Benchomo.
E. Mail. eduardobenchomo@gmail.com
Bibliografía:
Fray Bartolomé de Las Casas, Brevísima Relación de la Destrucción de Las Indias
Luisa Isabel Álvarez de Toledo, Duquesa de Medinasidonia)
África versus América
NOTAS:
(1) Información de Esteban Pérez Cabitos; Biblioteca de El Escorial. R.A. IV.
(2) Pedro de la Algaba y Juan Rejón estaban vivos  en 1480.
(3) SRGS. II. 1480. I
(4) SRGS. V. 1486. 194

miércoles, 24 de julio de 2013

HEROES DE PACOTILLA





DESMITIFICANDO

 BREVE BIOGRAFÍA DE DON ANTONIO GUTIÉRREZ GONZÁLEZ.
Un virrey español en canarias, achacoso y pusilamine


 
               Eduardo Pedro García Rodríguez
 
Don Antonio Miguel Gutiérrez González, fue bautizado el día quince de Mayo de 1729, fueron sus padres don José Gutiérrez, capitán del ejército real de España, y Doña Bernarda González Barona, siendo apadrinado por Don Juan González Barona y doña Ana Cano y Zamora, abuelos maternos, naturales de Aranda del Duero, en la iglesia de San Juan Bautista, tomó nombre quien en el transcurso del tiempo habría de ocupar el empleo de comandante general de las islas Canarias.
 
De la vida militar de Don Antonio Gutiérrez, pocos datos  nos han llegado, ya que su expediente militar no ha sido encontrado a pesar de los esfuerzos realizados por los investigadores de la figura de este general, destacando entre ellos Don Antonio Rumeu de Armas, Don Francisco Lanuza Cano, y más recientemente Don Pedro Ontoria Oquillas.
 
Siguiendo a éstos, daremos un resumen de los datos biográficos del general, remitiendo al lector que quiera saciar su curiosidad de manera más amplia a los autores mencionados.
 
Las primeras noticias sobre la vida militar de Gutiérrez las aporta él mismo, en un escrito dirigido al rey de España en 1748, en él, indica al soberano español que en el año de 1743 se encontraba en la guerra de Italia formando con su batallón donde al parecer ocupaba la plaza de subteniente, con 14 años de edad. El hecho de que ocupara una plaza de oficial a tan corta edad era habitual en los ejércitos del siglo XVIII, en que los hijosdalgo y los “hijos del cuerpo” iniciaban la carrera de las armas a muy tierna edad. Por el expediente de viudedad de su madre, se sabe –por un despacho firmado por Carlos IV– que en 15 de Diciembre de 1761, se nombra sargento mayor del regimiento de infantería de Mallorca, al capitán del mismo cuerpo Don Antonio Gutiérrez. En 1769 obtuvo la graduación de teniente coronel, manteniéndose desde esa fecha hasta 1775 como sargento mayor del regimiento de Mallorca, pues aún cuando en 1772 fue graduado coronel, continuó con el mismo empleo en el citado regimiento.
 
    En 1775 pasó destinado como teniente coronel al regimiento Inmemorial del Rey, a las órdenes del conde  Fernán Núñez, jefe del mismo. En 1777 fue nombrado coronel del regimiento de África, en cuyo destino sirvió durante  varios años. En 1781 ascendió a Brigadier, y siguió en el mismo destino. Fue nombrado Comandante Militar de la isla de Menorca y Gobernador de la Plaza de Mahón en 1784, cargo que ocupó hasta 1790 en que ascendió a Mariscal de Campo.
 
    En 1779/83, y según Don Pedro Ontoria Oquillas, Don Antonio Gutiérrez se encontraba en el bloqueo y sitio de la plaza de Gibraltar, bajos las órdenes del teniente general, comandante del bloqueo don Martín Álvarez de Sotomayor desde el principio hasta que se verifico la paz de Versalles de  1783.
 
    En 1790 el Rey de España Carlos IV le nombra comandante general (con atribuciones de virrey) de las islas Canarias, archipiélago compuesto de trece islas, siete mayores y seis menores, siendo en la actualidad una colonia española situada al noroeste de África, a menos de cien kilómetros de las costas de  Marruecos.
 
    El día 30 de Enero de 1791, el general Gutiérrez toma posesión del mando colonial del archipiélago, donde va a ser participe del único hecho militar conocido que le proporcionará cierta notoriedad en su carrera militar.
 
    En 1793 fue ascendido a teniente general de los reales ejércitos, continuando en su empleo de comandante general de las islas hasta su fallecimiento en  la plaza de Santa Cruz de Tenerife, el 14 de Mayo de 1799, cuando contaba 70 años de edad, abrumado por una salud precaria, ya que desde hacía años venía sufriendo de diferentes achaques, siendo el más crónico el de una parálisis que le afectaba al lado izquierdo del cuerpo y del cual no pudo recuperarse a pesar de los esfuerzos que para ello llevaron a cabo los doctores Don Juan García, (médico de cabecera), Don Pedro Godot, Don Diego Armstrong y el criollo lagunero Don Domingo Saviñón.
 
    En un empeño digno de mejor causa, algunos biógrafos de Don Antonio Gutiérrez, motivados por añoranzas imperialistas unos, impelidos por sus profesiones otros, y con entrega a determinados intereses los más, pretenden presentarnos la figura de Don Antonio como la de un personaje mítico, un héroe legendario, compitiendo estos biógrafos entre sí con cada publicación, tratando de superarse unos a otros en ensalzar la figura del general con adjetivos altisonantes, y atribuyéndole hechos de dudosa veracidad o que no están debidamente contrastados.
 
    Estos autores han formado un círculo bastante restringido, relegando o ignorando –cuando no despreciando- a otros que o bien  estuvieron próximos en el tiempo en que se produjeron los hechos, o escribieron sobre los mismos basándose en relatos de quienes los vivieron de cerca, e incluso, manejado fuentes documentales inéditas, que hasta nuestros tiempos habían permanecido ignoradas en los archivos familiares.
 
    Estos defensores y ensalzadores que poco a poco, han ido creando de la figura del general Gutiérrez, un personaje mítico o de ciencia-ficción, no han escatimado esfuerzos en su empeño por desacreditar, a quienes han escrito sobre los hechos que realmente acaecieron el 25 de julio, con honestidad, y sin estar al servicio de determinados intereses.
 
    Lamentamos no poder compartir algunos de los planteamientos expuestos por estos biógrafos, quienes además, a falta de mejores títulos, se empeñan en presentarnos a nuestro biografiado como castellano de pura cepa, como si  el hecho de  haber nacido en uno u otro lugar diera carta de nobleza. Sin embargo, estos autores se olvidan de acompañar este adjetivo con el de  cristiano viejo, fórmula que, por otra parte, era tan usada por la “santa inquisición” española. Los referidos autores se esfuerzan por presentarnos la figura de don Antonio Gutiérrez distorsionada y alejada de la realidad histórica, pretendiendo crear a un héroe de un hombre que, en todo caso, se limitó a cumplir con el deber que su cargo le exigía. El chauvinismo de los referidos autores va creando una tupida red de tela de araña en torno al personaje y sus supuestos hechos, de tal manera que, con el transcurso del tiempo se hace prácticamente imposible distinguir la verdad histórica de las invenciones creadas por algunos “fabricantes de hechos” y, por consiguiente, las generaciones venideras recibirán una historia adulterada creada conforme al dictado de los intereses de determinados estamentos dominantes.
 
    El respeto que nos merece la figura del general Gutiérrez, nos obliga a tratar en estas modestas líneas los hechos de armas conocidos en que intervino, con la mayor objetividad,  basándonos en  datos debidamente contrastados, en unos casos, y apoyándonos en autores de reconocido prestigio en otros.
 
    En un seminario dedicado al general, celebrado en la Universidad de La Laguna (1997), y denominado El General Gutiérrez y su Época, don José Cervera Pery disertó con una conferencia titulada «El Coronel Antonio Gutiérrez, un militar tinerfeño en la pugna de las Malvinas». El título no deja de ser sugerente. Nos da la impresión de que los biógrafos del general no contentos con la «acrisolada ascendencia castellana» del biografiado, pretenden convertírnoslo en tinerfeño, sin que sepamos que méritos pudo contraer don Antonio Gutiérrez para  aplicarle tan honroso gentilicio.
 
    De las posibles obras públicas en beneficio de la “Provincia” que hubiera podido llevar a cabo el general Gutiérrez nada sabemos, en cuanto al enfrentamiento con los ingleses en la plaza de Santa Cruz, nada extraordinario realizó, limitándose a cumplir  con su obligación de militar -creemos que no muy acertadamente-  como jefe responsable de la defensa de la misma.
 

ACCION EN LAS ISLAS FALKLAND O MALVINAS

 
    Las islas Malvinas escenario de una supuesta gesta de Don Antonio, se componen de dos islas mayores, denominadas La Soledad y Gran Malvina, además de unos 200 islotes, con una superficie total de 12.121 km .2, las islas mayores están divididas por un amplio canal. Estas islas están situadas en el estrecho de Magallanes, cerca del extremo meridional de América del Sur. Actualmente son una colonia británica, quien basa sus supuestos derechos de ocupación en la creencia de que el explorador inglés Jonh Davis, avistó las islas en 1592, y en el hecho de que en 1765 los británicos crearon un asentamiento en la Gran Malvina , al que llamaron Port Egmond. Un año antes, un grupo de colonos franceses, procedentes de Sain Malo  (de ahí su nombre de Malvinas), se  había establecido en un  asentamiento en la isla Soledad o Malvina Oriental.
 
    El interés mostrado por las potencias europeas por la posesión de éstas isla, fue debido a su situación geoestratégica (latitud 51º  41`S y 57º 51`O longitud) más que por los aspectos económicos. Las islas están unidas a la Patagonia, Argentina, por una meseta submarina elevada. La parte septentrional de la Soledad, dividida por dos profundos fiordos, está atravesada por una cadena de colinas conocidas como Wickham Heights, que alcaza los 705 metros en Monte Usborne. En el sur predominan las zonas pantanosas y los pastos. El clima de las islas es extremo, 2,8º en invierno y 8,3º en verano, y están azotadas continuamente por fuertes vientos que impiden el crecimiento de árboles, por lo que el único recurso exportable de las islas lo constituye la lana procedente de los grandes rebaños de ovejas. La mayor densidad de su población está ubicada en la actual capital puerto Stanley (1.329 habitantes de un total de 2.121, población total de las islas en 1991).
 
    En 1770 España compra a Francia los derechos sobre la parte francesa que había ocupado Boungaville en las islas Malvinas. En 1774 España decide expulsar a los ingleses de las islas, invocando para ello el tratado de Tordesillas y una bula del Papa Alejandro VI. El rey de Portugal Juan II y los castellano–aragonés, Isabel y Fernando, se repartían el nuevo mundo partiendo de una imaginaria línea de demarcación, corroborada en una reunión celebrada por representantes de ambos reinos el 4 de Mayo de 1493, y confirmada por las denominadas bulas Alejandrinas. La citada línea de demarcación discurría de norte a sur unas 100 leguas (aproximadamente 483 kilómetros) al oeste de las islas Azores y de las islas de Cabo Verde; todos los territorios al este de esta línea pertenecían a Portugal, mientras que los que quedaban al Oeste serían posesiones españolas.
 
    Portugal no quedó totalmente satisfecho con este acuerdo, por lo que promovió una nueva reunión para revisar el tratado, lo que condujo a la firma de un nuevo acuerdo denominado de Tordesillas el 7 de Junio de 1494 por el que se estableció una línea de demarcación, ratificada por el Papa Julio II, a 370 leguas (unos 1770 kilómetros) al Oeste de las islas de Cabo Verde. Como resultado de esta alteración, Brasil se convirtió en área de influencia entonces de soberanía portuguesa.
 
    La línea de demarcación y todos los acuerdos fundamentados en ella fueron abrogada en 1750 por el Tratado de Madrid, que puso fin a una disputa acerca de la frontera suroccidental de Brasil. Este Tratado fue, a su vez, anulado en 1761, por el Tratado de El Pardo. Las siguientes disputas entre ambos reinos se arreglaron con la firma en 1778, de un nuevo Tratado, también acordado en la localidad madrileña de El Pardo.
 
    Haciendo uso de su derecho de compra y amparándose en el tantas veces mencionado Tratado de Tordisillas, España decide, como ya hemos dicho, expulsar a los ingleses de la Gran Malvina , para ello cursa ordenes al Capitán general de Buenos Aires don Francisco de Paula y Bucarelli, que disponga lo preciso para conquistar la Gran Malvina.
 
    En Abril de 1770, se ordena que salga de Montevideo una división naval española, al frente de la cual va el capitán de navío Don Juan Ignacio de Madariaga, dicha división estaba integrada por cuatro fragatas y un chambequín (Industria, Bárbara, Catalina, Rosa y Andaluz).
 
    Formaba parte de la escuadra un contingente de soldados de artillería e infantería del Ejército, al frente del cual estaba el teniente coronel, habilitado de coronel Don Antonio Gutiérrez Barona. Según algún autor, la isla estaba guarnecida por tierra por un fuerte con ocho cañones y una torre con varias piezas de artillería, y la bahía por tres fragatas artilladas con más de 56 cañones, lástima que este autor no nos aclare el número de defensores con que contaba la isla ni como se “rindieron” las fragatas inglesas pues no nos consta que fuesen apresadas por los navíos españoles.
 
    Madariaga envía dos cartas a los ingleses, una dirigida al jefe de las fuerzas terrestres y otra al de las tres fragatas, que contienen una invitación para que se retiren de aquellas tierras y de su correspondiente espacio marítimo. Obtiene una repuesta negativa y arrogante, replicando que son los españoles los que deben retirarse de aquellas aguas. El 10 de Mayo de 1770, Madariaga reúne a sus mandos y ordena el desembarco, dando quince minutos a los ingleses para iniciar la evacuación. A los pocos disparos de intimidación realizados  sobre el fuerte, cuando Gutiérrez y sus hombres se disponen a poner píe en la Gran Malvina, los ingleses se rinden.
 
    De lo expuesto anteriormente fácilmente se deduce que la pretendida invasión de la Gran Malvina se convirtió en una simple demostración de fuerza, pero quizás quien mejor describe la supuesta hazaña de  don Antonio Gutiérrez, en la acción, es el escritor Canario don José Diego Díaz-llano Guigou, quien en un artículo publicado en un periódico de Santa Cruz de Tenerife, describe los hechos de la siguiente manera:
 
    «...Si las islas Falkland, archipiélago de reducidísima población, contaba en el año 1847 con 155 habitantes (hoy día no llegan a los 6.000), suponemos que en 1770, año en que la escuadra española -sin disparar un solo cartucho, puesto que la ínsula se rindió por intimidación- ocupó Port Egmond y expulsó a la pequeña guarnición británica allí existente, apenas habría cincuenta personas, por que fácilmente se deduce que pocos héroes pudieron generarse en aquella acción bélica, marcada por la ausencia de militares y civiles y en la que toda una escuadra conmina a unos pocos soldados a que dejen la isla de Malvina occidental.
 
    Por pura lógica, entendemos que en esa expedición nadie hizo méritos algunos para llevarse glorias, medallas o recompensas, por la simple razón de que ni tan siquiera hubo oportunidad para ello.
 
    Tímidamente nos atrevemos a decir que de haber recaído algún mérito en alguna persona, hubiera sido para el vicealmirante D. Juan Ignacio Madariaga, responsable de la flota. O en todo caso, darle parte de ese inexistente protagonismo al capitán general de Buenos Aires, D. Francisco Bucarelli, por haber mandado la repetida escuadra. O  compartirla con D. Fernando Ruvalcava, jefe de la expedición de reconocimiento que pateó una parte de la isla. Pero pregunto yo: si no hubo bombardeos, ni disparos, ni ataques ni enfrentamientos navales, ni combates en mar y tierra, ni nada de nada, y que cuando desembarcaron las tropas españolas los ingleses ya se habían rendido, entonces ¿dónde está el motivo, el mérito, el reconocimiento que justifique, y en que se basa el calificativo de “vencedor” de los ingleses en las Falkland, que los chauvinistas de Gutiérrez le quieren otorgar y además cuando su nombre no figura para nada en los libros de historia que tratan dicho evento?».
 
    No olvidar que el señor Gutiérrez era un simple subalterno y, por lo tanto, un mandado. No era el jefe de la expedición, ni el responsable de la misma. Fue uno más de los tantísimos expedicionarios que allí acudieron. Y eso es todo. No hay más que añadir.
 
EL ASEDIO DE MAHON
 
    La ciudad puerto y base naval de Mahón, es la capital de la isla de Menorca, una del archipiélago Balear. La isla tiene unos 702 kilómetros cuadrados de superficie, situada a 39º 53`N latitud y a 4º 15`E, longitud.
 
    La fundación de la ciudad se debe al general cartaginés Magón (205 a.C.) posteriormente fue ocupada por griegos, romanos (Portus Magonis), vándalos, bizantinos, aragoneses, árabes, mallorquines, ingleses, franceses y españoles. Desde la antigüedad Mahón ha sido considerada como el mejor puerto de las Baleares, de las diferentes culturas que por la isla han pasado, existe importantes vestigios, especialmente los pertenecientes a culturas megalíticas, Taulas, Navetas, Tofes, etc.
 
    En 1287 la isla fue conquistada por Alfonso III de Aragón (el liberal), entre 1298 y 1343 formó parte del reino de Mallorca, volviendo a manos aragonesas en el siglo XVIII. Durante la guerra de sucesión española, Menorca fue invadida por los ingleses; en 1756 fueron los franceses quienes se hicieron con el control de la isla, posteriormente fue de nuevo ocupada por los ingleses entre 1763 y 1783. Por el Tratado de Versalles (1783) la isla pasó a poder de España, que confirmó su control por el Tratado de Amiens (1802)
 
    Uno de los autores que más extensamente se ocupa de la “gesta” del 25 de Julio, en su obra Ataque y derrota de Nelson en Santa Cruz de Tenerife, que ha servido de fuente primordial para los historiadores que posteriormente se han ocupado del tema, Don Antonio Lanuza Cano, curiosamente al hablar de la vida militar de Don Antonio Gutiérrez (página 70) no hace mención de la participación de Gutiérrez en el asedio a la ciudad de Mahón, y sí a los hechos de Italia, Malvinas y Argel, pero nos dice que en 1784 fue nombrado comandante de la isla de Menorca y gobernador de la plaza de Mahón, sin mencionar su participación en el mencionado asedio.
 
     «...Antonio Gutiérrez, brigadier en 1781, forma parte de la expedición organizada para reconquistar Menorca, empresa para la que se pone en marcha un ejército compuesto por 70 buques y 10.000 hombres de desembarco, mandados por el duque de Crillón, general Luis de Balves, militar francés al servicio de España. Gutiérrez  forma parte de la expedición como experto en operaciones de desembarco... ».  Así se expresa un autor -por otra parte excelente militar- acérrimo admirador del general Gutiérrez según se desprende del contenido de su obra, nosotros nos preguntamos ¿en qué se basa este autor para afirmar rotundamente que Don Antonio Gutiérrez participó en el asedio a la ciudadela de Mahón y además como “experto en desembarcos?”. Lamentamos que el mencionado autor no  aporte ninguna cita documental en la que sostener sus afirmaciones.
 
    Como en el pasaje de las islas Falklan, nos permitimos entresacar algunas líneas del artículo ya mencionado del señor Díaz-llano, quien ilustra acertadamente, la supuesta intervención de don Antonio Gutiérrez González, en la toma de Mahón: «...Por lo tanto, estamos aún por que se descubra qué “relevante” papel desempeñó el repetido D. Antonio Gutiérrez en la conquista de Menorca, toda vez que su nombr,e y por más vueltas que se le ha dado, no aparece por ningún lado: ni en carta, ni en hoja de servicio, ni en parte de campaña alguno.
 
    El Rey de España, por aquel año de 1781, era Carlos III. El soberano conocedor de que sus mandos no eran muy fiables, confiaba mucho más en los franceses que en los suyos propios. De ahí, que sin dudarlo dos veces y haciendo caso a la propuesta que le había hecho el acreditado militar monsieur Louis des Balves de Berton de Crillón, encargó al francés la expedición contra Menorca, seguro del éxito que la misma, y bajo sus ordene, tendría... ».
 
    Como puede observarse, la visión que sobre nuestro biografiado tienen los diversos estudiosos que de él se han ocupado, es bastante divergente, dependiendo de los intereses que impulsen a unos u otros. Es indudable que, los que están animados -cuando no sometidos- a los intereses dominantes, se esfuerzan  por presentarnos la figura del general Gutiérrez, cómo la de un héroe mítico y legendario, quizás impelidos por la necesidad de crear una figura destacada dentro del ejército español, a quien se pueda atribuir una defensa a ultranza del suelo canario, éste tipo de mistificaciones es propio de las políticas coloniales practicadas desde siempre por las potencias europeas en sus colonias, pretendiendo con ello crear en el colonizado un sentimiento de gratitud hacía la presencia militar que le somete, aceptando inconscientemente, una protección paternalista nunca solicitada.
 
     En el ámbito de esta política de dominio, se hace uso, por parte del dominante, de  individuos naturales a quienes sitúan en lugares claves del entramado social de la colonia, y a quienes promueven social, política y económicamente, convirtiéndolos así en fieles servidores de los intereses del colonizador, consiguiendo en ocasiones que éstos lleguen a renunciar a sus orígenes nativos, cuando no, a renunciar a ellos seducidos por las prebendas que reciben del colonizador. Éste estimula así las ambiciones personales del colonizado a cambio de su fidelidad.
 
    Por otra parte, los autores que haciendo uso de su intelecto y raciocinio, pretenden narrar los hechos, con una visión objetiva, tanto de éstos como de las personas que en ellos han intervenido, sin rendir pleitesía y sin ser serviles aduladores del sistema imperante ni de sus fieles seguidores nativos, son perseguidos, calumniados y despreciados, no sólo por el sistema dominante -lo cual en cierta manera es comprensible- sino que lo hacen con mayor saña los canarios que actúan de fieles cancerberos del mismo.
 

LA TOMA DE ARGEL

 
    Hemos dejado para último lugar en estas breves notas sobre la figura de Don Antonio Gutiérrez, la intervención que éste tuvo en el desembarco de Argel, hecho que conocemos por un escrito del propio interesado, único documento que hace referencia a la participación de nuestro biografiado en dicha acción, pues al no haberse encontrado la tantas veces mencionada hoja de servicios, los investigadores no han podido aportar más detalles sobre la participación de Gutiérrez, afortunadamente, no a sucedido así con los continuos ascensos obtenidos por el  general durante su carrera militar, que han podido ser seguidos puntualmente gracias a las aportaciones de diversas fuentes documentales consultadas por los mencionados investigadores.
 
    Argel fue y -sigue siendo- el principal puerto del noroeste africano, situado a 36º 46´N. Y 3º  02`E. En el 1200 a .C.) Los fenicios que ya habían fundado establecimientos comerciales en la bahía de Argel, contaban con una factoría en la zona. Al finalizar las guerras Púnicas, (146 a .C.) la ciudad quedó integrada dentro del imperio romano, y pasó a llamarse Icosium, hasta que en 422 fue  conquistada por los vándalos  dirigidos por su rey Genserico. Más tarde cayó en poder de Bizancio, para en el 650 pasar a manos de árabes.
 
      La actual ciudad fue fundada por los Beréberes (Mazihgios), durante los siglos siguientes estuvo alternativamente en poder de árabes y Mazihgios, pueblo éste último que dirigidos por los árabes, ocuparon la península Ibérica y parte de la actual Francia. En 711, liderados por el mazihgio Tariq ibn Ziyad derrotaron al rey de los visigodos Rodrigo en la batalla de Guadalete, lo que supuso el fin del reinado visigodo en la Península Ibérica. El pueblo mazigio aportó a los habitantes de la actual España importantes conocimientos en arquitectura,  Ingeniería, literatura, medicina y filosofía, agricultura y en general todas las ciencias que, hicieron posible que en la Península Ibérica se alcanzara un desarrollo cultural y material, como jamás volverían  a obtener durante toda la baja edad media. Como legado de esta época aún existen en  España, infinidad de monumentos que se salvaron de la barbarie cristiana, además de una riquísima toponimia en su mayoría de origen mazigio, y que algunos autores pocos informados presumen que son de origen árabe, cuando realmente son relativamente  pocos los que tienen esa procedencia, predominando en la mayor parte de la Península Ibérica la toponimia de origen “beréber”.
 
    En 1510, los españoles conquistaron Argel, y fortificaron el islote que se extiende frente al puerto conocido como el Peñón. En 1518 los habitantes de Argel expulsaron a los españoles y proclamaron su inclusión dentro del Imperio otomano. Con los otomanos se crea la capital de la costa de Berbería (Amazike), alcanzando un notable desarrollo como puerto base de las flotas corsarias que, como defensa ante las continuas correrías de los europeos; Ingleses, franceses, españoles y portugueses, por las costas africanas, para la captura de esclavos, tanto negros como berberiscos, y la rapiña a que eran sometidos sus ciudades y poblados costeros, se vieron obligados a crear.
 
    Posteriormente, estas flotas alcanzaron el poderío suficiente para devolver las visitas a los reinos europeos y perturbar el comercio entre ellos e incluso, con el “nuevo Mundo”, manteniendo el dominio de esta parte del Océano durante más de trescientos años.
 
    España, país que nunca supo sostener una política amistosa con los países vecinos del continente africano, y que las únicas relaciones que mantenía con estos eran las de explotación de sus recursos humanos y materiales, se sentía herida en su orgullo imperial, por el continuo azote que suponía para su comercio marítimo el ataque de los navíos argelinos. Y como no hay peor cuña que la del mismo palo, en 1775 el rey de España decide llevar a cabo una “acción de castigo” contra el rey de Argel, por instigar éste -según la corona española -al sultán de Marruecos a sitiar las colonias españolas de Ceuta y Melilla. 
 
    Para este fin se organiza una fuerte expedición compuesta por 20.000 hombres, y como el rey español continua confiando poco en sus generales, cede el mando de la misma al general irlandés O´Reilly. El 7 de Julio llega la expedición a Argel, y con ella el coronel Gutiérrez.
 
    El plan de ataque ideado por el general O´Reilly y su estado mayor, resulta desastroso, como desastroso es el material artillero con que van equipados los expedicionarios, hecho que es frecuente en los ejércitos reales españoles de la época, que jamás contaron con un material bélico acorde con las empresas que se les ordenaba acometer, no sabemos si por falta de libramiento de los fondos adecuados o porque éstos no llegaban a cumplir sus fines, tras recorrer una amplia escala descendente de generales, jefes y oficiales, además de las correspondientes escalas burocráticas
 
    El ataque español es rechazado, sufriendo cuantiosas pérdidas, siendo un día de luto para la infantería española que deja en el campo de batalla 527 muertos y 2.000 heridos, entre ellos el coronel Gutiérrez, que sufrió heridas de consideración conforme el mismo afirma en un escrito dirigido al rey en solicitud de una gracia.
 
    En 1816 una armada coaligada de holandeses y británicos, consiguió destruir casi por completo a la flota argelina, pese a lo cual la ciudad continuó siendo una base de corsarios.
 
    Los franceses, cansados de la competencia de los corsarios argelinos, atacan a la ciudad en 1830 conquistándola, y para asegurarse la tranquilidad en la navegación de sus barcos, decide apoderarse del resto del país, al cual mantuvo como colonia hasta 1962, fecha en que, tras arduas luchas, el pueblo argelino conquistó su independencia.
 
    Del periodo de gobierno en Canarias de don Antonio Gutiérrez, pocos datos han llegado hasta nosotros, quizás por estar recogidos en las últimas páginas de su expediente militar que, como se ha dicho, no ha sido  encontrado hasta la fecha.
 
    Don Agustín Millares Torres, en su obra Historia General de las islas Canarias, en el volumen 4, página 98, nos ofrece una breve reseña de una visita realizada por el general a isla de Gran Canaria redactada en los términos siguientes: «Hallábase desde el 30 de Junio en Tenerife el mariscal de campo Don Antonio Gutiérrez, anciano de buena voluntad, incapaz de desempeñar en época tan borrascosa el difícil cargo de comandante general. Habíase trasladado en octubre a Las Palmas para tomar allí posesión de la presidencia del Real Acuerdo y revisar sus milicias, volviendo a Santa Cruz sin detenerse a examinar el ruinoso estado de las defensas de aquella antigua capital ni de poner a cubierto la isla de una repentina sorpresa».
 
    Don Antonio Rumeu de Armas, prolífero autor, y uno de los más significados investigadores canarios de los últimos tiempos, capaz, con su prosa, de describir el disparo de un cañón ocupando en ello cuatro folios, al tratar de la figura  de nuestro biografiado en su grandiosa obra Canarias y el Atlántico Piratería y Ataques Navales ocupa poco más de un folio sobre nuestro personaje, después de realizar una forzada defensa ante quienes tachan al general de “poco versado en asuntos de armas” y de ser “débil e irresoluto ante el peligro” o de “falta de serenidad en los críticos momentos de la lucha” además de estar poseído del “aturdimiento propio de un bisoño”. Termina nuestro Catedrático su defensa del general con las siguientes palabras:
 
    «...No quiere decir ello que rompamos lanzas por la pericia militar de Gutiérrez, cuya carrera militar es en parte todavía una incógnita,». Como vemos hasta este ilustre catedrático e historiador de acrisolada españolidad, mantiene sus reservas en cuanto a la pericia militar del general.
 
    El señor Lanuza Cano en su obra citada, al hablarnos de la vida doméstica y económica de Don Antonio Gutiérrez, nos dice que los ingresos percibidos por el general en concepto de sus sueldos y emolumentos sumaban la cantidad de unos 8.000 reales al mes, según consta en recibos que figuran en su testamento, los gastos fijos para el mantenimiento de su casa sumaban la cantidad de 12.000 reales mensuales, supone el mencionado autor que las propiedades que poseía el general en España, era suficientes para, con sus rentas, completar los reales que faltaban para mantener el tren de vida que llevaba Gutiérrez. Los bienes que Don Antonio poseía en España, no figuran relacionados en la trascripción que del testamento nos ofrece este autor, en contraposición con la detallada lista que de las pertenencias del fallecido general nos aporta, en que, incluye hasta el número de criados que atendían al general. Por considerarlo de interés para un mejor conocimiento de la vida doméstica de los poderosos de la época, transcribimos los nombres y situación de la servidumbre de Don Antonio, mantenía en su casa de la Santacrucera calle de San José número 27, viviendo bajo su mismo techo:
 
    Mayordomo, Juan Calveres; su esposa, Catalina de Frontera, y los hijos de este matrimonio, Nicolás, Juan y Tomasa. El sueldo de Calveres era de ocho pesos al mes.
 
Criados: Antonia Ramos, José Busaire, con su esposa, Antonia Catalá, y sus hijos, Francisco, José y Diego. José Busaire cobraba lo mismo que Calveres, Antonio Felipe, Andrés Chavez, Bernardo de Mesa y Juan Toledo. Ejercía el cargo de amanuense Matías de Diego. Sus sueldos eran: cuatro pesos y medio, dos pesos y medio, veintitrés reales de vellón, veinticuatro reales de vellón, al mes, respectivamente. El amanuense cobraba cuatro pesos, y el ayuda de cámara Antonio Puñan, cobraba cinco pesos mensuales. 
 
    No cabe duda que, tal como expone el Sr. Lanuza Cano, el general Gutiérrez vivía como un gran señor del siglo XVIII. Ignoramos como hemos dicho, la cuantía de las posesiones que Gutiérrez tenía en España, las cuales debían ser muy importantes para poder sostener con sus rentas el nivel de vida que disfrutaba el comandante, máxime si se tiene en cuenta que en su testamento pide que no se pida cuentas a su hermano Don Pedro, de la administración de sus vienes en España, además el general había librado, poco antes de su fallecimiento, importantes cantidades de dinero a su hermano en beneficio de sus sobrinos Don Francisco y Don Pedro Gutiérrez.
 
    Queremos creer que el señor Lanuza, peca de ingenuo al pensar que el general Gutiérrez hacía uso de su peculio personal para sustentar el nivel de vida que su cargo y la sociedad colonial en que se desenvolvía le exigía, pues -al fin y al cabo- era el representante del monarca español en la colonia.
 
    Los comandantes generales, como autoridades máximas en las islas, al margen de sus sueldos oficiales, gozaban de ciertas prerrogativas y permisiones que la tolerancia y la complicidad llegaron a institucionalizar, no siendo infrecuente que los comandantes generales, haciendo uso de la autoridad absoluta de que estaban revestidos por la metrópoli, fiscalizaran la economía de las islas, en nombre del rey de España pero casi siempre en beneficio propio.
 
    La presión económica ejercida por los capitanes generales era dirigida especialmente hacía el comercio de importación e exportación, principal fuentes de ingresos en las islas, esto motivó que  éstos fijaran su residencia en el puerto de Añazu (Santa Cruz) y no en su sede oficial en la ciudad capital de la isla (después de todo el país) La Laguna. La voracidad de estos y otros altos empleados no  tenía limites, de ello existen innumerables ejemplos recogidos en la historiografía insular, muchos de los abusos cometidos por estos empleados acabaron en determinadas ocasiones con la paciencia de los pueblos, dando lugar verdaderos alzamientos armados contra las actitudes tiránicas, los cuales -como es habitual en toda situación colonial- fueron brutalmente reprimidos aplicándoseles una represalia nada acorde con los hechos y, como siempre, sin tener en cuenta los motivos que los originaron.
 
    Fue común, en las épocas de que nos ocupamos, el gobierno despótico por parte de los comandantes generales, quienes grababan a su antojo aquellas actividades comerciales o de cualquier índole que pudieran reportarles pingüe beneficios, sin que en estas ocasiones entrasen a valorar en exceso la honestidad o el honor. Como ejemplo  aportamos una lista de cobros ilegales que se practicaba en el puerto de Santa Cruz por esa horda de voraces funcionarios enviados por la corte  y que sangraban a las islas.
 
    En las juntas del Consulado de Indias celebradas el 27 de abril y el 3 de julio de 1792, se expone que los dueños o administradores de las embarcaciones que van a América, en cada una de sus expediciones contribuyen, más o menos, según los informes obtenidos con las partidas siguientes:
 
   Al comandante general que da la licencia de zarpar,  100 pesos
   Al juez de arribada que expide el pasaporte, 100 pesos
   Al escribano de dicho juzgado, 40 pesos
   Al amanuense del escribano y otros subalternos, 20 pesos
   Por fianza de registro, 11 pesos
   Al guarda mayor de indias y a su hijo, 55 pesos
   Por reconocimiento de carena, fondeo o visita de suficiencia que hace el capitán de mar, 10 pesos
   Al calafate y carpintero que realizan  el reconocimiento, 5 pesos
   A la lancha que transporta a los anteriores, 5 pesos
   A dos guardas del juzgado de arribada, que al salir la embarcación se presentan a bordo so pretexto de          reconocer a la tripulación y pasajeros, 12 pesos
   Al escribano de arribada cuando la embarcación retorna de América, 10 pesos
 
    Las cantidades citadas ascienden a trescientos cincuenta y ocho pesos, a la que se agregan 200 pesos que se reparten entre el juez de arribada y su escribano por razón de las licencias de embarque que conceden a los pasajeros, de cuya clase van en cada embarcación entre unas y otras hasta el número de cuarenta contribuyendo cada uno con cinco pesos para obtener su respectiva licencia. Sobre el abuso de estas imposiciones, tan notorias y censurables no cesan de clamar privadamente los expedicionarios a las América. Varían dichas gabelas en la cantidad según el porte de los buques, condescendencia de sus dueños o administradores y otras circunstancias.
 
    Esta explotación ilegal se estuvo practicando hasta que los perjudicados pudieron hacerse oír en la corte española, y al fin en la junta del consulado de 30 de julio de 1793, se leyó una real orden de 12 de Junio del mismo año, por la que se mandaba al comandante general (Gutiérrez) y al juez de arribadas de las islas que cumplan la severa prohibición de cobrar en adelante a las embarcaciones que se despachen para América ninguno de los derechos que se habían introducido abusivamente y en contravención del Reglamento de comercio libre. Los altos empleados no sólo intervenían en el comercio legal, sino que además participaban en el de esclavos, contrabando, presas de corsarios y piratas, venta de empleos civiles y militares, y en general en cualquier actividad que les reportara dinero fácil y rápido valiéndose impunemente de métodos que hoy calificaríamos de prevaricación, uso de información privilegiada y cohecho.
 
    Como podemos ver, si el señor Lanuza hubiese tenido conocimiento de estos y otros pormenores de los empleados del rey Carlos IV en su colonia Canaria, habría comprendido que el general -así como otros anteriores y posteriores- no precisaban hacer uso de los réditos de sus posibles posesiones en España, para vivir «como grandes señores del siglo XVIII,» o de cualquier otro.
 
    Don Antonio Gutiérrez falleció en Santa Cruz de Tenerife, el 14 de mayo de 1799, y fue enterrado al día siguiente en la Parroquia de La Concepción de dicha ciudad.
 
 
Diciembre de 2011.
 
Ilustración:  
Don Antonio Miguel Gutiérrez, retrato de Don Luís de la Cruz, hecho en el Puerto de la Orotava en 1796.