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martes, 27 de octubre de 2015

APUNTES EN TORNO A LAS HIGUERAS DE CANARIAS-I



Conozca las higueras de Tenerife

Origen.

La higuera (Ficus carica L.) es un árbol que puede llegar a alcanzar 8 ó 10 m. De sus ramas y hojas se desprende un líquido lechoso, áspero, agrio y gomoso llamado látex, que por simple contacto con la piel puede producir reacciones alérgicas de carácter leve.


 La floración tiene lugar en dos períodos: uno en primavera, que da lugar a frutos de segunda cosecha (Higos) en verano; el otro en otoño que da los frutos de primera cosecha (Brevas) en la primavera del año siguiente.

En hallazgos arqueológicos se han recuperado semillas de higuera en dientes cariados de algunas momias guanches, lo que evidencia que los higos fueron un recurso en la alimentación de los antiguos pobladores prehispánicos de la isla de Tenerife (Gil, J. et. al., 2006).

Usos.

El higo seco, por su riqueza en azúcar es un alimento muy energético. Dependiendo de la variedad, se puede encontrar mayor o menor cantidad de vitaminas A, B, C y D. Por otra parte, el látex se ha utilizado en medicina tradicional para curar las verrugas.

Variedades de higueras en Tenerife.

A continuación se presenta un listado con las diferentes variedades que han sido descritas en la isla. Nota: adaptado de González-Rodríguez, A. y M. Grajal-Martín (2011); Gil, J. et. al. (2006). Al hacer clic en cada una aparece la ficha.

Bibliografía.

Gil, J.; A. gonzález; J. Morales; J. Perera y N. Castro. 2006. Las higueras canarias y su diversidad: bases orales y documentales para su estudio. Rincones del atlántico. 3:35.
Perdomo-Molina, A. 2007. La cultura material de los higos pasados en canarias. Rincones del atlántico. 4:1.
González-Rodríguez, A. y M. Grajal-Martín. 2011. Higueras de canarias: caracterización morfológica de variedades. ICIA. 128p.

dfran

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APUNTES EN TORNO A LAS HIGUERAS DE CANARIAS-II




20 variedades de higueras, el frutal más antiguo de Canarias.

El Cabildo adquiere para su conservación las 20 variedades de higueras que existen en Canarias. Ya llegaron la mitad de los 80 ejemplares que componen esta colección, que surge de un proyecto desarrollado conjuntamente con el ICIA.

 La Consejería de Agricultura Ganadería y Pesca del Cabildo de Fuerteventura, a través de un convenio de colaboración con el ICIA (Instituto Canario de Investigaciones Agrícolas) y la empresa Inca, se encuentra desarrollando un proyecto dirigido a conservar en los viveros de La Granja Agrícola y Experimental de Pozo Negro, una colección integrada por las 20 variedades de higuera (Ficus carica) que existen en Canarias.
 Llegaban los primeros ejemplares de diez variedades diferentes, mientras que un segundo envío con las siguientes diez variedades completará a finales de mes una colección compuesta de 80 plantas, cuatro de cada variedad.
 La consejera de Medio Ambiente, Agricultura, Ganadería y Pesca del Cabildo, Natalia Évora, acompañó a la técnico del Departamento de Fruticultura Tropical del ICIA, María José Grajal, que se desplazó hasta la Granja de Pozo Negro para materializar el primer envío.
 "Este proyecto es muy interesante porque nos va a permitir conservar en Fuerteventura el mapa genético de una especie que ha estado asociada históricamente a la agricultura de la isla. Además, una vez que tengamos el vivero acondicionado, nuestros técnicos podrán comenzar a reproducir los esquejes de las variedades más adecuadas a las condiciones de la Isla de cara a las campañas de venta a los agricultores y particulares", dijo Natalia Évora.
 Según explicó la técnico del ICIA, este convenio servirá para apoyar un proyecto que se viene desarrollando desde hace cinco años, el cual ha permitido censar y clasificar por variedades higueras de todas las Islas. "Es importante mantener una colección de esta especie en una isla como Fuerteventura, donde su cultivo viene de una larga tradición", explicó Grajal.

 Según los registros, la higuera es el frutal más antiguo de Canarias, y se conoce con seguridad que su fruto era consumido por los aborígenes desde antes de la Conquista.
 Características.
 La planta de la higuera (Ficus carica) se caracteriza por su baja necesidad hídrica, su rusticidad (robustez) y por su adaptación a las Islas Canarias en general y a Fuerteventura en particular. En cuanto a su fruto, el higo o sicono, es de gran versatilidad y se puede consumir en fresco y en seco.
Tomado de: Redacción BienMeSabe. Publicado en el número 323




APUNTES EN TORNO A LAS HIGUERAS DE CANARIAS-III




Hay un tema en el cual los campesinos de las distintas islas de Canarias no se ponen de acuerdo, nos estamos refiriendo a qué es lo que se entiende por higo y qué por breva. En los trabajos de campo que hemos podido desarrollar en diversas Islas, comprobamos cómo el concepto que en unas se tiene sobre el nombre del fruto de la higuera o brevera es distinto al de otras.
Pero empecemos por lo que nos une, para intentar aclarar luego lo que nos diferencia. Lo que sí es común en todas las Islas es considerar que las brevas son más grandes y alargadas que los higos. A partir de este hecho las discrepancias son grandes, y las discusiones interminables.

 Cuando en Tenerife o La Palma se habla de brevas, se están refiriendo a los frutos de un tipo de higuera que siempre dará brevas, se trataría del fruto de la Brevera o Brevala si son negras, o de aquellas variedades que presentan un fruto alargado blanco como la Brevera Bicariña o Tarajala. A las variedades que presentan el fruto más redondo y pequeño se les denomina higueras y sus frutos son siempre higos.

Sin embargo, en el resto del Archipiélago, y también en partes de la península Ibérica, este hecho no es así. Hay algunas variedades de higuera que tienen la característica de dar dos cosechas de fruta; una temprana, que pasa el invierno formándose en la planta y madura por el mes de mayo (estos son los llamados higos tempranos o soplones en Tenerife); y otra más tardía, que madura en pleno verano y es más abundante. Pues bien, en este tipo de higueras (que botánicamente se les llama bíferas frente a las uníferas que dan una sola cosecha) se denomina breva a la primera cosecha o doma, mientras que higos son los frutos que se corresponden con la cosecha más grande de pleno verano. Como vemos, el concepto es distinto pues en Tenerife y La Palma las brevas son brevas, con independencia de si es el fruto de la primera o la segunda cosecha.

 Por si la locura fuera poca, en El Hierro se usa también el nombre de higos locos, que en Tenerife hemos oído nombrar como disvariados, refiriéndose en este caso a una cosecha tardía y extraña de higos, la tercera, que se produce en las zonas de costa en determinados años, cuando las condiciones climáticas propician una maduración extra y anormal de fruta.

Esperemos haber colaborado a solucionar más de una disputa interinsular, aunque bien es verdad que en este caso, frente a otras disputas más absurdas, la sangre nunca llega al río, y unos buenos higos pasados y un buen vaso de vino, acaban siempre por hacer olvidar las discrepancias.

Antonio C. Perdomo Molina es Profesor Asociado de la ULL y Técnico de Germobanco Agrícola de la Macaronesia.

Este artículo ha sido previamente publicado en el número 41 de la revista El Baleo, editada por la Sociedad Cooperativa del Campo La Candelaria, en diciembre de 2006.
(Antonio C. Perdomo Molina. Publicado en el número 159 de BienMeSabe)

APUNTES EN TORNO A LAS HIGUERAS DE CANARIAS-IV



El municipio acogerá este mes las I Jornadas sobre la Penca y La Higuera

La idea es dignificar los elementos que configuran la historia reciente del Sur y sus gentes
La penca y la higuera jugaron un papel importantísimo en el desarrollo económico de la comarca sureña, y esa función que ha definido la historia más reciente de esta parte de la Isla es el objetivo de la celebración de las I Jornadas sobre la Penca y La Higuera de San Miguel de Abona, organizadas por el Ayuntamiento a través de la Concejalía de Cultura, y la Agencia de Extensión Agraria y Desarrollo Rural del Sur, en colaboración con el Área de Aguas, Agricultura, Ganadería y Pesca del Cabildo de Tenerife.

La iniciativa, que se desarrollará en el Museo Casa de El Capitán a partir del 30 de octubre y hasta el 3 de noviembre, tiene inscripción gratuita y contará con la participación de profesionales y expertos en la materia. El primer teniente de alcalde y concejal de Cultura, Valentín González, explica que estos dos elementos en torno a los que giran estas jornadas alcanzaron una importancia significativa en la economía de subsistencia que tuvo la zona sur, “por lo que la idea es dignificar aquellos elementos que han configurado la historia más reciente del Sur y de sus gentes”. Agrega que también hay que destacar la función social, comunicativa y lúdica de la penca y la higuera, utilizados para la realización y elaboración de juguetes en la zonas más desfavorecidas del Sur. Además, estas charlas se complementarán con una exposición en la que colabora el Ayuntamiento de Güímar y que versará sobre hornos de secado de frutas a través de miniaturas y paneles explicativos.

Respecto al contenido de las jornadas se hablará de las variedades de tuneras e higueras y su cultivo, el aprovechamiento tradicional de estos productos, la utilización de los hornos de secado, los usos y costumbres, talleres tradicionales con pencas, usos forrajeros y las posibilidades actuales y futuras de estos cultivos, entre otros temas.
(Tomado de: Redacción BienMeSabe / Ayto. San Miguel de Abona.Publicado en el número 127)

APUNTES EN TORNO A LAS HIGUERAS DE CANARIAS-V






Si consultamos a Gaspar Frutuoso en su Descripción de Canarias (Leal, 2004:34), éste nos dice: ... este rey Juan de Betancourt o Betancor sacaba buenas ganancias con el negocio de esclavos, cueros, sebo, miel, resina, orchilla, higos, sangre de drago e incluso otras cosas que mandaba a España desde aquellas islas (Canarias) ya conquistadas...
Vemos que este autor azoreano del siglo XV incluye entre los productos canarios anteriores a la conquista al higo, junto con el esclavo (el guanche como objeto), el cuero y el sebo sacados de la cabra y de la oveja, la miel sacada de la abeja endémica canaria, la resina o brea sacada del pino canario, el tinte de la orchilla, y finalmente la sangre de drago sacada de esta planta. Es decir, este autor pone en el mismo plano el higo canario con otros productos que se obtenían de animales o plantas autóctonas de las islas. Debemos colegir por ello que según este autor la higuera era un árbol que se encontraba en Canarias antes de la Conquista.
 Abreu Galindo, sin embargo, hablando de Gran Canaria nos dice: “Había en esta isla gran abundancia de higuerales, los cuales habían puesto los mallorquines, de los que habían traído para mantenimiento y provisión, que en pocos años se dieron; y, como los canarios gustaron de la fruta, dieron a plantarlas por toda la isla, y con el vicio se multiplicó. Y, como nacían silvestres, tenían la cáscara gruesa y dura, pero muy sabrosos; y haylos hoy en gran abundancia de estos (árboles) salvajes, en muchas partes de la isla. Cuando verdes, los llamaban a los higos arehormaze, y cuando maduros y dulces y pasados tehaunenen. Era principal mantenimiento de toda la isla. Guardábanlos después de pasados en grandes esportones como seras, que llamaban carianas; después los prensaban y hacían llanos, y los ensartaban en juncos y los colgaban y así guardaban todo el año. Otros los majaban y hacían grandes pellas y así los guardaban todo el año. Esta fruta no la hubo en otra isla, sino en esta de Gran Canana; y en ella los hubo desde que a ella aportaron y arribaron los mallorquines, que dieron la orden y traza de plantarlos”.
Bien, esta fuente de Abreu Galindo es la que ha llevado a pensar que la higuera no estaba en Canarias antes del siglo XIV. Pero vamos a matizar. El último párrafo que reza: «Esta fruta (el higo) no la hubo en otra isla, sino en Gran Canaria; y en ella los hubo desde que a ella aportaron y arribaron los mallorquines, que dieron orden y traza de plantarlos” no aparece en la traducción del manuscrito al inglés que hace el escocés George Glass, lo cual indica que es una interpolación después de mediados del siglo XVII, que es cuando Glass traduce. Todo ello demuestra que Abreu Galindo en su referencia a la introducción del higo, sólo se circunscribe a Gran Canaria, y no a las otras islas. Sin embargo, Leonardo Torriani, que asimismo habla de la presencia de los mallorquines en Gran Canaria, no hace ninguna referencia a la introducción de la higuera por los mismos en esta isla. Conviene saber que Abreu Galindo y Leonardo Torriani siguen una fuente común en su historia de la conquista de Canarias.
Ahora bien, vamos a demostrar por otros conductos que el higo estaba también en Gran Canaria antes de la llegada de los mallorquines. En el párrafo citado de Abreu Galindo vemos que los guanches de Gran Canaria poseen una terminología muy especializada para el higo: Arehormaze «higo verde», tehaunenen «higo maduro y pasado». Si analizamos éstos, observamos que, a diferencia de su traducción: «higo verde», «higo maduro», en que se repite la palabra «higo», los dos términos prehispánicos tienen distinto étimo, lo que, ligüísticamente hablando, no demuestra una traducción de una lengua europea, en este caso, el catalán mallorquín, sino que eran palabras auténticas y peculiares guanches, lo que nos lleva a pensar que el cultivo tenía en esta isla una tradición muy arraigada que difícilmente se puede explicar después de la llegada de los mallorquines a mediados del siglo XIV.
Por otra parte, una fuente anterior a la llegada de los mallorquines a Gran Canaria, ya habla del higo como planta autóctona de esta isla. Nos estamos refiriendo al célebre manuscrito autógrafo del conocido Boccacio de 1341 en el que se relata en latín el viaje de Nicoloso da Recco a Canarias. Este viaje evidencia y patentiza la presencia de la higuera en Canarias. Véase la traducción de algunos párrafos: «Costeando la isla (de Gran Canaria) para dar vuelta a ella, la encontraron mucho mejor cultivada por la parte del norte que por el mediodía. Vieron gran número de casas pequeñas, de higueras y otros árboles: palmas sin fruto, jardines con legumbres. Entonces se decidieron a saltar en tierra... Rotas, en fin, las puertas entraron en la mayor parte de estas habitaciones y no encontraron sino excelentes higos secos conservados en cestas de palma, tales como vemos los de Cesene... La isla les pareció muy poblada y bien cultivada; produce grano, trigo, frutas y principalmente higos...»
Sigue el manuscrito latino citado describiendo todas las islas del archipiélago. Finaliza el autor con el relato de la captura de naturales: «Cuando se les condujo a bordo (los naturales) comieron pan e higos y dieron a conocer gustarles el pan, aunque nunca lo habían probado; rehusaron absolutamente el vino y no quisieron beber sino agua».

Si analizamos este último párrafo observamos que se manifiesta y afirma que el canario conoce por primera vez el pan y el vino (apreciando aquél y rechazando éste); sin embargo, no se nos dice nada de la reacción del natural frente al higo (seco), lo que demuestra que éste ya lo conocía.
 Obsérvese además que este manuscrito habla de que conservaban los higos secos en cestas de palma, información que asimismo recoge Abreu Galindo; sin embargo, éste es más explícito: «Guardábanlos después de pasados en grandes esportones como seras, que llamaban carianas; después los prensaban y hacían llanos, y los ensartaban en juncos y los colgaban y guardaban». Es decir, este autor nos da incluso el término especifico del artefacto para guardar los higos: «cariana». Esta palabra, según George Glas, está relacionada con la palabra líbico bereber: «carian», con un significado parecido. Glas es aún más explícito (veáse la versión original y a continuación la traducción: «The Cananan plurals, as well as the Lybian, end in n, but our author has changed them; for instance, for Carian, Baskets, he has given us Carianas, because the Spanish plurals never terminate in n” (Los plurales canarios (guanches), así como los líbico-bereberes terminan en «n», pero nuestro autor (Abreu Galindo) los ha cambiado; por ejemplo. para «carian», «cestos» nos ha dado «carianas» porque los plurales españoles no terminan nunca en «n»). Cabe decir que el inglés, a diferencia del castellano, tiene algunos plurales, que, al igual que el líbico-bereber, terminan en «n»: children, women, men, oxen, y algún otro.
La presencia del higo en Canarias como algo autóctono está demostrada por otros escritores del siglo XIV Véase, por ejemplo, el historiador luso Gomes Eanes da Zurara o de Azurara: «Tienen trigo y cebada, pero carecen del ingenio para hacer pan; sólo hacen harina, la que comen con carne y manteca. Y tienen muchos higos, sangre de drago, dátiles, que no son buenos, y hierbas que comen; y asimismo ovejas, cabras y cerdos en abundancia». Véase Alvise da Cadamosto: «No tienen casas de paredes ni de paja; viven en grutas, en las cuevas de las montañas y se alimentan de cebada, de carne y de leche de cabra, las que tienen en abundancia, y de algunas frutas, especialmente de higos». Por otra parte, obsérvese que Cadamosto, como otros autores de la época, no menciona la oveja, probablemente porque la oveja rasa o pelibuey, única existente en las islas, al carecer de lana, fue confundida con una cabra.
La historia nos demuestra, a todas luces, que el higo era una fruta que estaba en Canarias antes de la llegada de los europeos. Asimismo lo hace la arqueología. Para terminar, vamos a demostrar que, además, la lengua canaria tradicional también lo hace: en La Palma a un tipo de higo se le conoce con el nombre de «higo gomero». A todas luces, este tipo de higo en La Palma procede de La Gomera, introducido en la isla bien en época prehispánica, bien en época posterior. De la misma manera que hablamos de «cabra majorera» o «cabra palmera» al referirnos a distintos tipos de ganado caprino prehispánico, podemos colegir que al referirnos a «higo gomero» nos estamos refiriendo a un tipo de higo endémico para diferenciarlo de otro tipo de higo importado como podría ser el blanco, bacoriño, cotio, bergazote, etc.
(Pedro Nolasco Leal Cruz. Publicado en el número 163 de BienMeSabe)

APUNTES EN TORNO A LAS HIGUERAS DE CANARIAS-VI





HIGUERA CANARIA, LA (TELDE)

Topónimo que recibe un caserío situado en la rampa septentrional del barranco Real de Telde, entre La Lombarda y Las Mesetas, al Suroeste de Los Caserones Altos, junto a la carretera de Telde a Santa Brígida  (GC-080).




De los frutales existentes antes de la conquista de las islas, destaca la higuera canaria. Sus frutos están presentes en los yacimientos arqueológicos y en las crónicas de la época. En las fuentes primarias del siglo XVI, para mencionar cualquier pared, camino, obra o casa construida por la población aborigen, al referirse a las mismas los protocolos las citan añadiendo el nexo del origen «de los canarios», o «del tiempo de los canarios». Así se mencionaban «cuevas de los canarios», «acequias de los canarios», «caminos del tiempo de los canarios», «paredes de los canarios», etc.

Con esta argumentación, algunas fuentes sostienen que el topónimo haría mención a la presencia de higueras que ya existían antes de la Conquista, de ahí el topónimo La Higuera Canaria. Las crónicas de los primeros exploradores que arribaron a las islas y las de aquellos que posteriormente documentaron su conquista, dejaron constancia de la presencia de higueras y de su aprovechamiento por parte de la población aborigen de la isla. En ellas, se menciona incluso la existencia de diferentes términos para distinguir los higos: arehormaze cuando la fruta se encontraba fresca y tehaunenen cuando ya estaba pasada.

En la actualidad los hallazgos arqueológicos han confirmado la veracidad de estas informaciones tempranas. En excavaciones realizadas recientemente en la isla, se han recuperado carbones y semillas de higueras cuya antigüedad llega a superar en algunos casos los 1.500 años. Excepcionalmente, se han recuperado semillas en los dientes cariados de algunas momias que demuestran, sin lugar a dudas, su ingesta. El volumen de tales hallazgos y los estudios sobre la dieta prehispánica, en la que se constatan elevados porcentajes de caries, indican que los higos fueron un recurso indispensable dentro de la alimentación de los aborígenes canarios.

Probablemente en este lugar se diera lo que se conoce como  “Gigera salvaje” o “higuera salvaje”, sustentando tal tesis en que «Asimismo, en Gran Canaria se ha registrado también idéntico término, en alusión a las higueras de los antiguos canarios. Estos antiguos registros resultan realmente interesantes, pues no abundan en los numerosos estudios realizados sobre la flora del Archipiélago Canario referencias claras a la presencia de formas silvestres de Ficus carica. Sin embargo, sí hemos localizado durante nuestras campañas de prospección ejemplares de higuera creciendo en lugares donde no existe la menor posibilidad de que fueran plantados por el hombre.

El estudio de las fuentes documentales y bibliográficas continúa aportándonos datos valiosos para la comprensión de lo que ha podido acontecer en Canarias en relación al cultivo de la higuera.

En este sentido, merece la pena reproducir un fragmento de un documento que data de 1523, apenas 27 años después de completada la conquista de la isla de Tenerife, donde se expone la sustitución mediante injerto de las higueras hasta ese momento radicadas en la propiedad:

[Juan de Castañeda, hortelano […] Se obliga a plantar en la heredad [se refiere a tierras situadas en el ‘término de Tegueste’, en la isla de Tenerife] 100 pies de almendros, 15 pies de morales y todos los que pueda de membrillos, duraznos y ciruelos; y a enxerir [injertar] todas las higueras que están puestas en la heredad; a cavar y podar la viña y arboleda, según hubiere menester…] (JAIME GIL, A. Y OTROS: "Las higueras canarias y su diversidad: Bases orales y documentales para su estudio", Revista Rincones del Atlántico, nº 3, 2006).

Algunas crónicas manifiestan que la higuera fue introducida por los mallorquines. Es el caso de Abreu Galindo: «Había en esta isla gran abundancia de higuerales, los cuales habían puesto los mallorquines, de los que habían traído para mantenimiento y provisión, que en pocos años se dieron; y, como los canarios gustaron de la fruta, dieron a plantarlas por toda la isla, y con el vicio se multiplicó. Y, como nacían silvestres, tenían la cáscara gruesa y dura, pero muy sabrosos; y haylos hoy en gran abundancia de estos (árboles) salvajes, en muchas partes de la isla.

Cuando verdes, los llamaban a los higos arehormaze, y cuando maduros y dulces y pasados tehaunenen. Era principal mantenimiento de toda la isla. Guardábanlos después de pasados en grandes esportones como seras, que llamaban carianas; después los prensaban y hacían llanos, y los ensartaban en juncos y los colgaban y así guardaban todo el año. Otros los majaban y hacían grandes pellas y así los guardaban todo el año. Esta fruta no la hubo en otra isla, sino en esta de Gran Canana; y en ella los hubo desde que a ella aportaron y arribaron los mallorquines, que dieron la orden y traza de plantarlos”.

Pero la fuente difiere de tal afirmación de Abreu y Galindo «La presencia del higo en Canarias como algo autóctono está demostrada por otros escritores del siglo XIV Véase, por ejemplo, el historiador luso Gomes Eanes da Zurara o de Azurara: [Tienen trigo y cebada, pero carecen del ingenio para hacer pan; sólo hacen harina, la que comen con carne y manteca. Y tienen muchos higos, sangre de drago, dátiles, que no son buenos, y hierbas que comen; y asimismo ovejas, cabras y cerdos en abundancia». Véase Alvise da Cadamosto: «No tienen casas de paredes ni de paja; viven en grutas, en las cuevas de las montañas y se alimentan de cebada, de carne y de leche de cabra, las que tienen en abundancia, y de algunas frutas, especialmente de higos]» (NOLASCO LEAL, P:"¿Fue la higuera introducida en Canarias en el siglo XIV por los mallorquines?", Revista Bienmesabe, nº 163, 2007).

Volviendo al topónimo teldense, las referencias documentales del siglo XVI nos dicen que las tierras próximas se destinaban al cañaveral, y los grandes propietarios de Telde tienen tierras en este lugar, como el cosechero de azúcar Bartolomé de Medina, que poseía suertes de cañas en Las Higueras y en otros lugares de Telde como en El Palmito de la Vega Mayor, en La Hoya de Xaraquemada, en La Fuente y en el Malpaís, propiedades que fueron heredadas por su mujer, Leonor González Camacho, quien vendió, en 1552, a su hija Ana González Camacho la suerte de La Higuera con dos horas de agua de la Vega de la Fuente.

El lugar conserva el topónimo, pero se ha hecho más famoso por las buenas naranjas que allí se dan lo que de alguna forma acreditaría el buen sustrato del habitat natural donde pudieron darse las higueras salvajes que formaba parte de la alimentación de los aborígenes canarios. Humberto Pérez)

APUNTES EN TORNO A LAS HIGUERAS DE CANARIAS-VII




Higueras e higos y tarahales

El manuscrito atribuido a Boccaccio que relata el viaje de Nicoloso da Recco a Canarias en 1341, deja constancia de la existencia de higueras en Gran Canaria por aquel entonces, antes por tanto de iniciarse las expediciones catalana-mallorquinas en 1342. Los estudios arqueológicos han confirmado la antigüedad de la presencia de la higuera tanto en Gran Canaria como en Tenerife.


Los higos de Gran Canaria, según Abreu Galindo, eran denominados arehormaze, cuando estaban verdes; y tehaunenen, cuando estaban maduros, dulces y pasados.

Un artículo titulado "Las higueras canarias y su diversidad: Bases orales y documentales para su estudio", cuyos autores son Jaime Gil, Antonio Javier González, Jacob Morales, José Perera y Neftalí Castro (en "Rincones del Atlántico"), recoge de fuentes documentales y de la tradición oral las distintas denominaciones de las higueras y los higos en Canarias, entre las que aparecen las siguientes:

- En la descripción de una hacienda agrícola de Tenerife en 1862 encuentran la siguiente denominación de higueras: tarajales. Entre los agricultores de Tenerife y La Gomera recogen las de tarajala, tarajana y tarajal. A principios del siglo XX el etnógrafo Bethencourt Alfonso postula que fueron higos de esta variedad los que conocieron los indígenas de Tenerife.

- En el Diccionario de Historia Natural de las Islas Canarias, de Viera y Clavijo, aparece la de azaharillos. Entre los agricultores de Gran Canaria recogen de la tradición oral una denominación similar: saharillo.

__________________

En la página 193 de "Les Touareg du Nord" (1864), de Henri Duveyrier, se dice lo siguiente:

"FICUS CARICA L.
Kerma (árabe); Ahar, Tâhart (temâhaq).
Después de la palmera datilera, la higuera es el árbol más cultivado por los Tuareg. No solamente se encuentran algunos ejemplares en cada huerto de los oasis, sino que todavía se cuentan por aquí y por allá, en las montañas, algunos vergeles exclusivamente poblados de higueras.

Las higos provenientes de estos cultivos son generalmente comidos frescos. Los higos secos proceden principalmente del litoral: sin embargo, me han dado proveniente de Miherô."
__________________
En la raíz de la denominación grancanaria del higo, saharillo, está ahar (higuera).
También podría encontrarse dicha raíz en arehormaze (-ehor-) e incluso tal vez en tehaunenen (-eha-) que cita Abreu, también para Gran Canaria. Más ajustado resulta el taharenemen que según José Agustín Álvarez Rixo (en torno a 1850) tenía el significado de higos pasos (por reproducción de la cita de Francisco Osorio Acevedo en su "Gran Diccionario Guanche").

En cuanto a las denominaciones tarajal o tarajala o tarajana, obtenidas de la tradición oral para higueras en Tenerife y La Gomera, de la que había ya pasado a un documento en 1862, la proximidad hay que referirla al otro vocablo semejante, tâhart.

En el caso de "tarajal" y "tarajales" parece clara la confusión con el nombre común de la tamarix canariense. El Tarajal es una playa de Ceuta y un barrio de Málaga (aunque el Diccionario de la R.A.E. recoge taray para la tamarix) lo que ha llevado a pensar que es un préstamo del árabe introducido en Canarias por los españoles, sin embargo a lo anterior se ha opuesto que en Le Canarien, la crónica de la expedición francesa de 1402, se cita tarhais (tarajal) y Baltarhayz (Valtarajal), por tanto antes de la llegada de los castellanos.
En la página 172 de "Les Touareg du Nord" (1864), de Henri Duveyrier, recoge para la tamarix articulata Vahl. el nombre de ethel (árabe) y el de tabarkat (temâhaq), lo mismo que para la tamarix gallica L. No obstante, de la tamarix articulata dice: "En la línea de Rhât a Ghadâmés, el límite norte de este arbusto está en Tahal." ¿Será tahal una antigua denominación tamahaq de la tamarix, próxima a nuestros tarhais o tarahal?

Por lo que se refiere a tarajana, decir que da nombre a un topónimo de La Gomera, La Tarajana (según se lee en el citado artículo sobre las higueras canarias), si bien ello no permite asegurar que no se trate de un vocablo con otro significado (obsérvese su casi identidad con el grancanario Tirajana) que incluso contribuyera a que prosperara tarajana como corrupción de un hipotético "taharan" o "taharana". Piénsese además que a sensu contrario existe el topónimo tinerfeño de Taharo (Rumeu de Armas, por cita de Francisco Osorio Acevedo en su "Gran Diccionario Guanche"), utilizado como referente en un repartimiento de tierras y aguas, "cabo de Taharo". 

APUNTES EN TORNO A LAS HIGUERAS DE CANARIAS-VIII





En San Miguel de Abona, Tenerife.
Si observamos el paisaje rural del Sur de Tenerife es fácil percatarse de la existencia de tuneras e higueras diseminadas por doquier. Estos son vestigios de una época en la que estos cultivos jugaron un papel muy importante en la economía insular, sobre todo a lo largo de los siglos XIX y XX.

La tunera es originaria de América y fue introducida en las Islas Canarias a raíz del descubrimiento de este continente. La higuera por contra es el único frutal que existía en Canarias antes de la conquista. Existen evidencias arqueológicas que demuestran que los higos de leche eran consumidos por los aborígenes canarios en la época de la preconquista.

Es a partir del primer tercio del siglo XIX cuando se inicia el cultivo en masa de la tunera en el sur de Tenerife. Son las Sociedades Económicas De Amigos del País las impulsoras de este proceso, movidas por el deseo de buscar en el cultivo de la cochinilla una alternativa para el desarrollo de la empobrecida economía insular. La cochinilla, utilizada como tinte natural para la industria textil, se recolectaba, se secaba al sol y se enviaba a destinos tan distantes como Inglaterra, el Extremo Oriente o los Estados Unidos de América.
Las economías de algunos municipios sureños como Granadilla de Abona, San Miguel de Abona o Guía de Isora experimentaron un auge muy importante al amparo del comercio de la grana. Esto fue así hasta el primer tercio del siglo XX, donde la aparición de los colorantes sintéticos provocó la caída de la cotización de la cochinilla en los mercados internacionales, llevando posteriormente al abandono de su explotación.

El secado de los frutos de la tunera y la higuera también fue muy importante para el sustento de la población insular en los años de mayores penurias y dificultades económicas. Así, los frutos se recolectaban en verano y eran consumidos frescos en el momento, o bien se secaban al sol o en hornos, los de la tunera previamente pelados, y se almacenaban para comerlos más tarde en invierno, cuando la escasez de alimentos era mayor.
Los frutos frecuentemente se utilizaban como moneda de cambio. Así, en el Sur de Tenerife, los higos pasados se daban en trueque a cambio de pescado de la zona, castañas o lechones procedentes del norte de la isla. En ocasiones, parte del pago a los peones de las fincas hacía con los frutos de la tunera.
El Área de Aguas y Agricultura del Cabildo Insular de Tenerife, consciente del importante papel que en el pasado jugó los cultivos de tunera y la higuera, organiza junto con el Ayuntamiento de San Miguel de Abona las "I Jornadas sobre la Tunera y la Higuera", las cuales tendrán lugar del próximo 30 de octubre al de noviembre en el salón de actos del museo Casa El Capitán de San Miguel de Abona.

 El objetivo de estas jornadas es doble. Por un lado rendir tributo a los agricultores que hicieron posible y mantuvieron estos cultivos, los cuales contribuyeron al sustento de personas y ganado durante mucho tiempo. Por otro, dar una visión de las posibilidades presentes y futuras de los mismos, de tal forma que estas sirvan con punto de encuentro de todas aquellas personas con las mismas inquietudes, para lograr crear un grupo de trabajo que estudie las posibilidades de transformación y comercialización de los diferentes productos que se pueden obtener tanto de la higuera como de la tunera.
(Redacción BienMeSabe / Desarrollo Rural. Publicado en el número 125)

APUNTES EN TORNO A LAS HIGUERAS DE CANARIAS-IX




La fruta pasada en el Norte de Lanzarote


Fueron los higos pasados un alimento básico en la dieta de los canarios desde los aborígenes hasta entrados los años 70 del siglo XX. En Lanzarote, suponen junto con los porretos  un sustento principal durante los meses de Noviembre y Diciembre  periodo de escasez alimentaria.


 Muchas son las variedades de higueras que se cultivaron dependiendo fundamentalmente del tipo de suelo, de las zonas climáticas y de la época de maduración. De entre las variedades que se dan en la zona norte destacan las siguientes: Brevera canaria, Colorada, Brevera fina, Blanca fina, Gomera blanca, Negra Conchinchina, Negra y Bigariña.

La higuera Bigariña prospera muy bien en los terrenos de polvillo (suelos de degradación de los malpaíses de las erupciones de Los Helechos y La Quemada) propios de la zona de Máguez. No siendo tan productiva en otros tipos de suelos más arcillosos.
La colorada es la primera que madura. Es óptima para las zonas de suelos pobres incluso en arenados sobre malpaíses y cotas de altitud más bajas.
La gomera se desarrolla mejor en las cotas altas y necesita sobre todo de tierras más fértiles.
La negra es la última que madura. La tradición oral le atribuye las propiedades de “traicionera y dañina” haciendo referencia a que en determinadas circunstancias puede provocar indigestión e incluso la muerte. Dice la copla  en relación a  esta higuera:

   ¡Malhaya la higuera negra
    que echa los higos menudos,
    malhaya la mujer joven
    que se casa con un viudo!

Los primeros higos, que maduran fuera de tiempo, les llaman higos locos y fructifican de forma aislada durante los meses de enero y febrero. También hay higos que llaman sanjuaneros, que  empiezan a  pintar cercanos a festividad de San Juan. Muy apreciados por ser los primeros, se utilizan principalmente para el consumo fresco.
En general el periodo de recolección de los higos se extiende principalmente entre los meses de Agosto y Septiembre.


Los higos maduros se ponían tendidos al sol sobre los paseros. Estructuras que se levantan en el campo, acondicionadas sobre paredes de limpieza (desripio) de los terrenos. Estas construcciones aireadas y soleadas son óptimas para un rápido secado de la fruta. Otras veces se ponen directamente sobre el suelo preparando previamente la zona con arenas gruesas.

Una vez recogidos de los paseros se llevaban a las casas y se dejaban refrescar extendidos sobre esteras de palma donde permanecían durante unos días. El siguiente paso era  sumergirlos en agua caliente para higienizarlos. Una vez hecho esto se volvía a poner unas horas al sol para quitar el exceso de humedad y con las manos mojadas en salmuera se iban seleccionando. Desechando en este proceso los mordidos y más feos para el consumo de los animales (cochinos, perros etc.) los mejores se empaquetaban y almacenaban en espuertas de palma. Cuenta la gente mayor que algunas de las familias más ricas utilizaban estos higos de desecho para pagar el sueldo a los peones a  su cargo.
Los higos se mantenían empaquetados hasta el día uno de Noviembre en el que era costumbre abrirlos, así como la demás fruta pasada: (porretos, pasas) y el vino. Esto no se realizaba antes por dos razones: Aprovechar al máximo la fruta fresca y por otra parte que los higos en  este momento estaban ya azucarados


Esa fecha era señalada para que los niños pobres salieran a pedir la limosna de los santos a casa de la gente más pudiente. Rezaban una oración por los difuntos  de la casa, a lo que la familia correspondía llenándoles los zurrones de higos pasados.
Una anécdota cuenta que en Máguez sobre los años 40 del siglo XX estaba una madre guardando los higos de forma cuidadosa ante la mirada atenta de su hijo de corta edad, que le pidió comer algunos. La madre se negó diciéndole “que los quería para el día de todos los santos“. Haciendo referencia a que era a partir de esa fecha en la que podían comerlos.
Llegó el día señalado y la madre que había salido al campo, vio desde lejos  una gran fila de niños en su puerta, cuando llegó su hijo había vaciado medio cajón de higos repartiéndolo entre los niños pobres.
-Pero madre ¿Uste no me dijo que los quería para el día de los santos?-sollozaba, mientras la madre se echaba manos a la cabeza, ya que en una hora había perdido la  comida de los meses venideros, aunque por otra alabando  en el buen corazón de su hijo.


Fuentes orales:

 Dorina Torres (Máguez), Antonio Betancor (Tabayesco), Guillermo Dorta (Ye), Claudina (Ye), Tomasa Perdomo (Máguez), Francisca Dorta (Máguez),Matías Niz (Máguez),Joaquín Melgarejo  (Haría),Pancho Dorta ( Örzola), entre otros... 
Bibliografía:
-Jaime Gil y Otros. Las higueras canarias y su diversidad. Rincones del Atlántico
-Águeda Mª González-Rodríguez y María José Grajal-Mart Higueras de Canarias Caracterización morfológica de variedades
-VV.AA:: La cultura del agua en Lanzarote, Cabildo Insular de Lanzarote, 2006.
-Antonio C. Perdomo Molina. Sobre paseros, pasiles, secaderos, tendales, tinglados y hornos: la cultura material de los higos pasados en Canarias. Rincones  del Atlántico

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Las higueras canarias y su diversidad: Bases orales y documentales para su estudio1

Las Islas Canarias constituyeron en tiempos clásicos una referencia para la expansión del Viejo Mundo en el Océano Atlántico, no sólo debido a su posición geográfica sino también a la circunstancia de encontrarse habitadas. De hecho, autores como Wolf o Thornton sitúan en este archipiélago el inicio del comercio de esclavos que durante los siglos posteriores se desarrollaría entre las costas africanas y América. Las crónicas de los primeros exploradores que arribaron a las Islas y las de aquellos que posteriormente documentaron su conquista, dejaron constancia de la presencia de higueras y de su aprovechamiento por parte de la población aborigen de Gran Canaria. En ellas, se menciona incluso la existencia de diferentes términos para distinguir los higos: arehormaze cuando la fruta se encontraba fresca y tehaunenen cuando ya estaba pasada. Hoy, los hallazgos arqueológicos han confirmado la veracidad de estas informaciones tempranas. En excavaciones realizadas en Tenerife y más recientemente en Gran Canaria se han recuperado carbones y semillas de higuera cuya antigüedad llega a superar en algunos casos los 1500 años. Excepcionalmente, se han recuperado semillas en los dientes cariados de algunas momias que demuestran, sin lugar a dudas, su ingesta. El volumen de tales hallazgos y los estudios sobre la dieta prehispánica, en la que se constatan elevados porcentajes de caries, indica que los higos fueron un recurso indispensable dentro de la alimentación de los antiguos canarios. 

Terminada la conquista de la isla de Tenerife en 1496, y con ella la de todo el Archipiélago, los higos continuaron desempeñando un papel destacado en la subsistencia de los nuevos grupos humanos que se iban estableciendo en el Archipiélago. Tal circunstancia, que se mantuvo prácticamente hasta el último tercio del siglo XX, quedó ampliamente registrada en multitud de documentos históricos y evidentemente en el paisaje rural. Hasta el momento, el estudio de toda esta documentación ha sido llevado a cabo principalmente por historiadores que han centrado sus trabajos de investigación en términos de economía agraria y por tanto muy poca atención han prestado a los aspectos más cotidianos de la existencia campesina. Sin embargo, desde un punto de vista etnobotánico documentos sencillos que hablan de los límites de una determinada propiedad, de los daños causados por animales en árboles frutales ajenos o de las producciones de una campaña agrícola, se tornan sumamente interesantes pues nos aportan información, no sólo sobre los aspectos socioculturales antaño relacionados con el cultivo de la higuera sino también acerca de la diversidad existente en el pasado.
Tener constancia documental de las variedades de higueras existentes hace siglos en un territorio, constituye una herramienta privilegiada a la hora de orientar con criterio futuras expediciones recolectoras. Es por ello que las referencias halladas en los archivos han sido contrastadas con aquellas recogidas directamente de los agricultores en las diferentes islas del Archipiélago Canario.
Las fuentes documentales y la tradición oral
Los documentos estudiados, en su mayoría, datan de los siglos XVIII y XIX y se encuentran depositados en cinco archivos ubicados en tres islas diferentes: Archivo Municipal de La Laguna, Archivo Histórico Provincial de Santa Cruz de Tenerife y Archivo de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife en la isla de Tenerife, Archivo Municipal de la Villa de Teguise en Lanzarote y Archivo del Museo Canario en Gran Canaria. También, aunque en menor medida, fueron consultados algunos documentos en archivos familiares, colecciones privadas y archivos parroquiales y judiciales. La naturaleza de los documentos elegidos para su estudio fue muy diversa, destacando por su interés y por el volumen y la calidad de la información obtenida de los mismos los siguientes: testamentos de labradores, descripciones de propiedades rurales, correspondencia mantenida entre los propietarios y los colonos de las haciendas agrícolas, pleitos judiciales entre agricultores por robos en las propiedades, cuadernos de contabilidad y administración de las haciendas, y contratos establecidos entre colonos y propietarios para la explotación de tierras de cultivo. La consulta de documentos fechados en los siglos XVI y XVII hubiera requerido un entrenamiento paleográfico intenso por parte de los autores, imposible de abordar por cuestiones de tiempo. Tal carencia se trató de paliar realizando una exhaustiva revisión de aquellas publicaciones dedicadas a la trascripción de viejos rotocolos notariales y acuerdos y ordenanzas de los antiguos órganos de gobierno de las diferentes islas. Por último, la consulta de otras fuentes bibliográficas y en especial la de una obra clásica de historia natural como es el Diccionario de Historia Natural de las Islas Canarias de Viera y Clavijo, cuya conclusión se piensa tuvo lugar en los primeros años del siglo XIX, nos ha aportado también información muy valiosa. 
Del total de documentos estudiados, aproximadamente 418, únicamente 35 contenían información sobre diversidad de cultivos en términos generales; de éstos, 13 albergaban referencias sobre 11 variedades de higueras. La revisión de las fuentes bibliográficas reveló la presencia de siete variedades, una de las cuales no advertimos en el estudio de las fuentes documentales. La consulta del Diccionario de Historia Natural de las Islas Canarias nos aportó tres nuevas referencias. De estas 15 denominaciones halladas, 12 aún son empleadas para designar variedades de higuera todavía en cultivo en el Archipiélago. La pervivencia en la actualidad de tales denominaciones se constató a través de la realización de múltiples entrevistas a agricultores de avanzada edad en las diferentes islas. Para ello se aprovecharon las diversas campañas recolectoras realizadas por los autores entre 1993 y la actualidad (ver tabla).
Variedades de higueras recogidas en las fuentes documentales y bibliográficas y su pervivencia actual en forma de nombres populares
1. “Bajasote”, “boujasote”, “bragasote” o “higuera de higos bergazotes”. Las tres primeras referencias datan del año 1622 y se encuentran en documentos referentes a la isla de La Gomera, donde aún persisten aunque un tanto corrompidas y cada vez más alejadas de la que pudo ser la denominación original: bourjassotte. Hemos obtenido de los agricultores de esta isla las denominaciones brujasote, brevasote, brujasota y bruja. La toponimia de La Gomera alberga igualmente varios accidentes geográficos designados popularmente con el nombre de esta higuera. En la isla de Lanzarote, al otro extremo del Archipiélago Canario, recogimos las denominaciones birasote y bergasota, más próximas a la denominación “bergazotes”aportada por Viera a principios del siglo XIX en su Diccionario de Historia Natural de las Islas Canarias.

2. “Higuera cotia”, “higuera de higos […] cotios”. “higuerales […] cotios”. El uso de los términos cotia, para designar una variedad de higuera, y cotio, para nombrar los higos que ésta produce, hallados en fuentes documentales y bibliográficas fechadas entre 1779 y 1903, se reduce en la actualidad a las islas de El Hierro y La Palma. En las islas de Tenerife y Gran Canaria consideramos más común el empleo de las denominaciones cota y coto, mientras en la isla de Lanzarote hemos oído a los agricultores la denominación gota. Las fuentes orales parecen confirmar las apreciaciones de Viera, quién a principios del siglo XIX consideraba que “cotios” y “bergazotes” no eran más que formas diferentes de nombrar una misma variedad de higo. Ninguno de los agricultores entrevistados en el Archipiélago, al enumerar las variedades de higueras por ellos conocidas, nombraron juntas las higueras cotia, cota o gota y brujasote, brevasote, brujasota, bruja, birasote o bergasota. El término cotia, para el cual la filóloga Carmen Díaz Alayón postula un origen portugués, aludiendo a la existencia de cierta “casta de figueira algarvia” también así denominada, aparece recogido en la toponimia de la isla de La Palma.
3. “Higuera nogal”, “higuerales […] nogales”. Hemos hallado esta variedad de higuera en un testamento fechado en 1729 en la isla de La Gomera, en el Diario de viaje a la isla de El Hierro en 1779 de Juan Antonio de Urtusáustegui, coronel de milicias en aquellos momentos y en la descripción realizada en 1862 de una hacienda agrícola de la isla de Tenerife. En las islas de El Hierro, La Gomera y Tenerife aún persiste el uso de la denominación nogal para referirse a una variedad de higuera muy común y en extremo apreciada, aunque hemos advertido el empleo de otras denominaciones para la misma higuera como son morada (en El Hierro), parda (en La Gomera) y gomera o mulata2 (en Tenerife).
4. “Breveras […] tarajales”. Hemos podido recoger esta denominación en la anteriormente citada descripción de una hacienda agrícola de la isla de Tenerife realizada en 1862, aunque en La Gomera, el topónimo La Tarajana, que señala un lugar situado al suroeste de Chipude, aparece bajo distintas variantes en las fuentes documentales al menos desde el año 1803. En las islas de Tenerife y La Gomera hemos recogido de los agricultores las denominaciones tarajala, tarajana y tarajal, todas muy cercanas a la denominación hallada en los archivos. A principios del siglo XX el etnógrafo Bethencourt Alfonso postuló que fueran higos de esta variedad los conocidos por la población prehispánica de la isla de Tenerife. Autores posteriores han ahondado en esta posibilidad aportando paralelos lingüísticos entre la voz tarajala y las denominaciones que supuestamente daban los aborígenes del Archipiélago a los frutos de la higuera y aquellas aún en uso en diferentes dialectos beréberes del norte de África.
5. “Brevas vicariñas”, “breveras […] bicariñas”, “guerta de la bicariña”, “higos bicariños”. Las referencias halladas en los archivos y publicaciones antiguas sobre la existencia en el pasado de esta variedad de higuera siempre hacen referencia a la isla de Tenerife. Sin embargo, tal denominación se encuentra en uso en gran parte del Archipiélago, aunque presentando en algunas islas ciertas variaciones con respecto a la recogida en los documentos de los siglos XVIII y XIX: bucareña en La Gomera, bigueriña y bigariña en Lanzarote, bicoriña y bigoriña en Gran Canaria y bacuriña en La Palma. Díaz Alayón ha apuntado el probable origen portugués de la denominación existente en La Palma, indicando, además, su presencia en la toponimia de dicha isla. 
6. “Higos negros”, “higuera negra”, “higuerales negros”. Hemos hallado esta variedad de higuera en diversos documentos fechados entre 1772 y 1859, todos referentes a la isla de Tenerife. En la isla de El Hierro hemos encontrado en documentos judiciales referencias de esta variedad; también aparece recogida en el anteriormente citado Diario de viaje a la isla de El Hierro en 1779 de Juan Antonio de Urtusáustegui. La denominación negra la hemos recogido en todas las islas del Archipiélago, casi siempre vinculada a una variedad de higuera tardía, no muy abundante en la actualidad, pero muy arraigada en la cultura popular. A los frutos de estas higueras, los higos negros, los agricultores les atribuyen propiedades medicinales o malignas, según la isla en que nos encontremos. En El Hierro, su presencia en el pasado ha quedado ampliamente plasmada en la toponimia de la Isla, y en Lanzarote, sencillas canciones populares maldicen lo pequeño de sus frutos: “Mal halla[da] la higuera negra /que echa los frutos menudos /mal halla[da] la mujer joven / que se casa con un viudo”.

7. “Higos blancos”, “higuera blanca”, “higuerales […] blancos”, “higueras blancas”. Las referencias sobre esta variedad fueron encontradas en documentos fechados entre 1769 y 1878, todos referentes a la Isla de Tenerife. Su existencia en el pasado en la isla de El Hierro quedó recogida en el Diario de viaje a la isla de El Hierro en 1779 de Juan Antonio de Urtusáustegui. La denominación blanca pervive en todas las islas del Archipiélago.
 8. “Higos […] azaharillos”. La única referencia hallada sobre la existencia en el pasado de esta variedad aparece en el Diccionario de Historia Natural de las Islas Canarias. Únicamente en la isla de Gran Canaria recogimos de los agricultores una denominación similar: saharillo.
9. “Higos mulatos”. Una única referencia correspondiente a la isla de Tenerife y fechada en 1877 ha podido ser recogida sobre esta variedad. La pervivencia actual de esta denominación sólo la hemos advertido en Tenerife y Gran Canaria.
10. “Higuera castellana”. Únicamente hemos advertido la existencia de esta variedad de higuera en un testamento fechado en la isla de La Gomera en 1729. Ningún agricultor de las Islas nos ha aportado actualmente la denominación castellana para designar una variedad de higuera, aunque sí es común en Canarias para designar variedades de otros cultivos como habas (Vicia faba), chícharos (Lathyrus sativus) y arvejas (Pisum sativum).
11. “Breveras blancas”. Denominación únicamente hallada en dos documentos fechados en la isla de Tenerife, donde hemos constatado su pervivencia. Fuera de Tenerife, sólo en la Isla de Lanzarote hemos recogido la denominación brevera blanca, aunque a muy pocos agricultores, sólo 2 de los 51 que fueron entrevistados.

12. “Brevera”, “brevera negra”, “higuerita breval”. La referencia documental más antigua donde aparece citada esta variedad de higuera data de 1645. Al margen de esta temprana referencia que sitúa esta variedad de higuera en la isla de La Gomera, hemos hallado otras más recientes referidas siempre a la isla de Tenerife. El término breval recogido en la temprana mención de 1645 aún es usado comúnmente por los agricultores de la isla de La Gomera. Los términos brevera y brevera negra han pervivido igualmente hasta nuestros días en la mayoría de las islas del Archipiélago.

13. “Higuera de higos hartabellacos”. Denominación recogida por Viera en su Diccionario de Historia Natural de las Islas Canarias y que sitúa en la isla de Gran Canaria. No la hemos hallado en ninguno de los documentos consultados, tampoco tenemos constancia de su empleo actual en los campos de las islas.
14. “Higuera boba”. Denominación recogida por Viera en su Diccionario de Historia Natural de las Islas Canarias y que vincula a la existencia antaño de cabrahígos, según se deduce de sus comentarios:
La higuera boba, cuyos higos blancos se caen sin llegar nunca a perfecta madurez, en lo que sólo se distingue de la higuera común. Ésta es la que los botánicos llaman Ficus caprificus. 
Hemos obtenido, hasta el momento, únicamente referencias orales sobre la presencia en la actualidad de esta denominación en Gran Canaria.
 15. “Gigera salvaje”, “higuera salvaje”. Hasta el momento hemos localizado dos registros que hacen referencia a la existencia de higueras salvajes en las Islas de Tenerife y La Gomera, apareciendo en ambos dichas higueras como puntos de referencia. En el documento fechado en la isla de Tenerife en 1523 la higuera salvaje actúa a modo de mojón que limita una propiedad que se pretende cercar, en el documento fechado en la isla de La Gomera en 1722 figura como elemento diferenciado del paisaje, inmediato a una propiedad legada por medio de un testamento. Asimismo, en Gran Canaria se ha registrado también idéntico término, en alusión a las higueras de los antiguos canarios. Estos antiguos registros resultan realmente interesantes, pues no abundan en los numerosos estudios realizados sobre la flora del Archipiélago Canario referencias claras a la presencia de formas silvestres de Ficus carica. Sin embargo, sí hemos localizado durante nuestras campañas de prospección ejemplares de higuera creciendo en lugares donde no existe la menor posibilidad de que fueran plantados por el hombre. El estudio de las fuentes documentales y bibliográficas continúa aportándonos datos valiosos para la comprensión de lo que ha podido acontecer en Canarias en relación al cultivo de la higuera. En este sentido, merece la pena reproducir un fragmento de un documento que data de 1523, apenas 27 años después de completada la conquista de la isla de Tenerife, donde se expone la sustitución mediante injerto de las higueras hasta ese momento radicadas en la propiedad:
Juan de Castañeda, hortelano […] Se obliga a plantar en la heredad [se refiere a tierras situadas en el ‘término de Tegueste’, en la isla de Tenerife] 100 pies de almendros, 15 pies de morales y todos los que pueda de membrillos, duraznos y ciruelos; y a enxerir [injertar] todas las higueras que están puestas en la heredad; a cavar y podar la viña y arboleda, según hubiere menester…

 Conclusiones

La gran diversidad presente en los cultivos tradicionales de Canarias ha sido recogida en trabajos fundamentalmente dedicados al estudio de aquellas especies llegadas a las islas tempranamente tras la conquista de América, como la papa (Solanum tuberosum subsp. andigena) y la batata (Ipomoea batatas). Sin embargo, muy poco interés se ha prestado a los cultivos del viejo mundo, no habiéndose desarrollado nunca campañas de recolección convenientemente orientadas. La fragmentación del territorio, la concentración de los centros de investigación en las islas centrales del Archipiélago, la carencia de trabajos etnobotánicos y el colapso de las antiguas estructuras sociales, agrícolas y culturales debido al boom turístico de las últimas décadas, dificultan aún hoy la realización de esta tarea pendiente.
La pervivencia en la actualidad de gran parte de las denominaciones halladas en los archivos y en la bibliografía, y que fueron empleadas siglos atrás para la designación de las diferentes variedades de higueras, nos permite considerar el estudio de las fuentes documentales como una herramienta útil a la hora de planificar con criterio futuras labores de recolección y estudio de las higueras de Canarias.
Agradecimientos

Agradecemos a los respectivos Cabildos Insulares de La Palma, Lanzarote y El Hierro el apoyo prestado para la realización de los trabajos de prospección en esas Islas. De igual manera queremos mostrar nuestra gratitud a Carlos E. Álvarez, Milagros Concepción, Kevin Doherty, Paul Doherty, Octavio Fernández, Ángeles Gil, Norberto Hernández, José David Hernández, Arnulio López, Ricardo Lorenzo, Alejandro Martín, Carlos S. Martín, Sigfredo Martín, Casto Martínez, Benito Ortiz y Marta Peña.



Notas

1.- El presente artículo constituye una adaptación del trabajo presentado por los autores en el III Simposio Internacional sobre la Higuera celebrado en mayo de 2005 en Vilamoura, Portugal. Por razones de espacio se han suprimido las múltiples referencias bibliográficas.
2.- Don Francisco María León y Falcón recogió en su Memoria sobre el estado de la agricultura en la Provincia de Canarias,1850, los términos gomera y mulata, indicando que son “… muy parecidas en el color pardo de sus hijos [higos] que ofrecen la ventaja, no solo de ser los mas dulces sino de que las higueras de esta clase suelen dar tres cosechas ó tandas de higos…”. Otras higueras citadas en dicha Memoria… son: azaharilla, negra, brigazote, blanca de invierno y negra de invierno. La localización de tales referencias con posterioridad a la redacción de la ponencia que da fundamento al presente artículo imposibilitó su consideración en el texto.
(Jaime Gil, Antonio Javier González, Jacob Morales, José Perera y Neftalí Castro, en Rincones del Atlántico)