Mostrando entradas con la etiqueta TOPONIMIA Y ANTROPONIMIA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta TOPONIMIA Y ANTROPONIMIA. Mostrar todas las entradas

miércoles, 4 de noviembre de 2015

AFRICA VERSUS AMERICA LA FUERZA DEL PARADIGMA






Luisa Isabel Álvarez de Toledo, Duquesa de MedinaSidonia

CAPITULO XXVI



LA REGULARIZACION DEL COMERCIO

 La regularización del comercio racasado el intento de centralizar el tráfico de la Berbería, Indias y Canarias, en la bahía de Cádiz, fondeadero peligroso con levante y poniente, a más de alejado de los mercados interiores, los Católicos copiaron el modelo portugués, de la "Casa da Mina", creando la "Casa de Indias", en Sevilla, que más tarde se llamaría de "la Contratación". Firmada la provisión en Alcalá de Henares, el 14 de enero de 1503, cuanto fuese o viniese de tierras, donde los monarcas tuviesen el quinto, transitaría por la institución, salvo presas hechas en la mar y naufragios, por pertenecer el quinto al Almirantazgo Mayor de Castilla. A través de la "Casa", que "por nuestro mandado se ha de hacer", se canalizó el tráfico de la fortaleza de Santa Cruz, la Mar Pequeña, "otras cualesquier partes de la Berbería" o Africa, Canarias, Islas de Indias, Cabo de Aguer y la ciudad de Tagaoz[1], no siendo mencionada Tierra Firme, por estar incluida en sus partes.

Como antaño los receptores de Guinea, expedirían licencias para comerciar, registrando las mercancías de salida y entrada, recaudando el quinto y repartiendo la "avería". Al participar la corona en el beneficio, pero no en el gasto, se repartía a tenor del valor estimado, a la exportación e importación privada, el costo de armadas, flotas, barcos de avisos, guarda de rutas y costas, descubrimientos, conquistas y fundación de poblaciones, a más de los que generase la institución, incluidos salarios. Bajo autoridad de los oficiales cuanto tocase a la navegación, ejecutarían embargos de navíos, pertrechos, vituallas y tripulantes, cuando los reyes lo ordenasen. En los territorios, sometidos a su jurisdicción, recaudaban parias y otros impuestos, organizaban factorías y rescates, negociaban arriendos, fundaban poblaciones, ordenaban conquistas, guerras de represalia y el tráfico de esclavos [2].

Dotados los Católicos de visión a corto plazo, no alcanzaron a comprender que cargar al comercio, con el costo de la conquista, conservación y explotación de Indias, daría al traste con el gremio de Sevilla. Los que hasta entonces navegaron al amparo de seguros privados, sin pagar más "avería" que la propia y las esporádicas, decretadas por la corona en situación especial, siendo su principal sobresalto los embargos, a partir de 1503 navegaron con margen beneficiario tan estrecho, que al menor incidente, desaparecían firmas solventes. Si en los principios del reinado de Felipe II, que impuso el sistema de flotas, se rechazaban navíos, por rebasar los que acudían la treintena por flota, a finales de siglo hubo año en que conseguir 14 velas, para las dos flotas, no fue sencillo, salvando la situación los "peruleros" o mercaderes oriundos de Indias, que compraban en Sevilla, para vender en su tierra. El origen de los galeones del oro, fletados por la corona, está en la quiebra del comercio español.

Integraron la primera cúpula de la Contratación, el doctor Sancho de Matienço, canónigo de Sevilla, nombrado tesorero; el jurado y fiel ejecutor Francisco Pinelo, desempeñó la función de factor, Ximeno de Briviesca, contador de la Armada de Indias, que fue lugarteniente, sumándose un escribano. Proyectado construir almacenes para las mercancías, "que se hubiesen de llevar" a las "islas, que se avían descubierto o se descubriesen y traer dellas", los reyes indicaron ubicación, en "las inmediaciones" de las Atarazanas de Sevilla, "a la parte que pareciese más conveniente"[3]. Por carta de 18 de marzo, los responsables de la Casa, replicaron que en torno a las dos Atarazanas sobraba suelo, porque se anegaba a la menor avenida. Conveniente evitar la pérdida de cuanto se almacenase, aconsejaron construir "a espaldas del Alcázar viejo", aprovechando el "cuerpo que disen de los Almirantes", donde no llegaba el agua. Quisieron los reyes hacer barcos para la Contratación, desaconsejándolo los oficiales: "habiendo en estos reinos grande abundancia de navíos"[4], en contra de la opinión de Palencia, que los supone escasos, sería más conveniente arrendarlos, por vía de embargo, "porque los mareantes no tratarán tan bien" lo ajeno, como lo propio, siendo de prever que dilapidasen bastimentos y pertrechos, prolongando los viajes sin remedio, por sobrar disculpas en la mar, para justificar retrasos [5].

Organizar el trato y rescates "en la tierra que descubrió Bastidas", las islas de las perlas y "las que agora descobrirá el almirante don Cristóbal", no planteaba problema. Pero de Santa Cruz, la Mar Pequeña, Cabo de Aguer y la Berbería, "no avemos alcançado bastante ynformación", al haber estado suspendido el trato. Esperaban que les informase el gobernador de Gran Canaria, Antonio de Torres, que venía de camino, pero se perdió con su barco, a la entrada de Cádiz [6]. Supieron que criado del difunto, residente en Santa Cruz, recibió paños, latas y "esbordates", para "proveer y esperimentar el trato", pero no sabían su nombre, ni dónde tenía los rescates, siendo una incógnita los gustos de la clientela, ya que sólo se llevaba cebada "y algunos otros mantenimientos". Intentaban ponerse en contacto con "un Cristóbal de la Puebla", residente en la Canaria, que asesoró a Torres. Complicado rentabilizar directamente el predio, los Católicos quisieron arrendar la Mar Pequeña. Los oficiales les desalentaron. Aunque se podía negociar "con mayor seguridad y a menos costa", que "antes que oviese dicha fortaleza", almacén y amparo para los mercaderes, "verdad es que por agora, no sentimos que esté en mucha estima"[7].

En abril de 1503 los reyes estancaron la orchilla, en las Canarias y las "partes de Africa.., comarcanas a las islas". Informados de que se "comenzó cierta contratación, de rescatar algunas mercaderías", en la ciudad de Tagaoz, ordenaron proteger al burgalés Diego de Castro, que tenía arrendada la del Cabo de Aguer, por la corona, a la espera de encontrar solución más rentable, estudiando si convenía arrendarla conjuntamente o "cada cosa por sí", teniendo en cuenta que al ser "yndustria y granjería" complicada, se perdería de entregarla a inexpertos. Los oficiales de la Contratación averiguarían las "mercaderías.., que serán provechosas para los dichos rescates y las que de allá se pueden traer, para esta dicha Casa", procurando que no escapase género rentable, al monopolio de la corona[8]. Se extendía a los minerales en general, en especial plata y oro, piedras preciosas, perlas, aljófar, tinturas y maderas, como "mou", brasil y "otras cosas de precio, que en qualquier manera pertenescen a nos", sumándose el índigo o pastel. Quien cargase o descargase para ultramar, sin registrar sus mercancías en la Casa, las perdería por "descamino" o contrabando, secuestradas en la "playa" de partida o arribada, haciendo "dello lo que por nos les es mandado". Percibido quinto y avería en especies o dinero, el mercader sería provisto de carta de finiquito, que le permitiría vender donde le pareciese. Recién inaugurado almacén y oficinas, a espaldas del Alcázar Viejo, el 30 de junio se reservó el muelle de las Muelas, al trato de la Contratación[9]. Estando en Gran Canaria como juez de residencia, Alonso de Escudero fue nombrado gobernador de "Canarias y alcaide de Santa Cruz de la Mar Pequeña", el 2 de mayo de 1503[10], quedando a su cargo los rescates, que "nos mandamos hacer en Bervería e la Mar Pequeña e la torre de Santa Cruz". Girada visita a los factores "e a las otras partes, donde viedes que cumple e fuere necesario de estar persona, para la dicha contratación"[11], se pondría en contacto con los encargados de la "Casa de las Yndias", que habían de proveerle de los que necesitase, recibiendo el oro y otras mercancías [12].

El último año que salieron carabelas de la foz del Barbate, con cereales, aceite y muestras de legumbres, como habas y garbanzos, para los "lugares de Allende del rey de Portugal", fue 1503. Mala la cosecha, para reunir los 6.000 cahíces de cebada y 11.581 de trigo contratados, Juan de Guzmán recurrió al mercado negro, pagando 110 y 120 maravedís por cahíz de trigo, tasado a 60. Terminada la temporada, el tráfico quedó circunscrito a Sevilla, sede de la Contratación. Protestó Juan de Guzmán, esgrimiendo el derecho de Sanlúcar, a comunicar con Berbería. Y la cuestión paró en los tribunales [13]. Emplazado por los jueces, el 11 de enero de 1504, sus abogados comparecieron, pertrechados de testimonios de mercaderes, andaluces y extranjeros, que aseguraban haber navegado desde Sanlúcar, a tierra de moros y donde mejor les parecía, a imitación de sus padres y abuelos, sin conocer más propietarios del almojarifazgo y aduana, que a un duque de Medina Sidonia. Los más ancianos recordaban haber departido en la playa, con don Juan "el Bueno", en torno a cuestiones de navegación y pesca[14], sin recordar periodo, en que se hubiese interrumpido el tráfico, con las Indias de Castilla, la Berbería o la "conquista" e "islas de Portugal"[15]. Era prueba de aquel comercio la prosperidad de una villa, plantada en término estrecho y corto en recursos, razones jurídicas y humanas, que no hubiesen sido atendidas, de no tropezar el real deseo, con los bajos del río.
Adquirida en Indias la costumbre de reunir las mercancías, en puertos confortables, se hizo innecesario remontar pasar barras, en busca de "minas" y rescates. Evidente que a mayor arqueo del navío, el beneficio por travesía, era superior, desaparecieron los cascos inferiores a las 100 toneladas, no tardando en alcanzar 150 y 200. Dificultoso remontar el Guadalquivir, para tales barcos, los monarcas hubieron de plegarse a una naturaleza, que no tenían el poder de cambiar. Al no tener más remedio, permitieron cargar y descargar para las "islas de Indias", Tierra Firme, Canarias y Berbería, en el puerto sanluqueño de Zanfanejos, instalando apéndice de la Contratación en Bonanza. Dotado de almacén y personal, tuvo por cabeza a Pedro de Añasco, al que trataba el duque de Medina de "mi especial amigo"[16]. Como cualquier mercader de la villa, Juan de Guzmán practicó el export - import. Anfreon Catano genovés, fue su factor en Çafy. Trocaba aceite, cereales y paños, enviados por los de Flandes, Bretaña e Inglaterra, por cueros, esclavos y algo de oro. Comerció con Cabo Verde, representándole un Alemán en Canarias. A más de paños mandaba acero, exportación prohibida a tierra de moros. De las islas llegaba madera de calidad, azúcar, compotas, vino de malvasía y a veces halcones [17].

El 4 de octubre de 1504, los Católicos encargaron al Guzmán la conquista de Cazaza, "que es en el reino de Fez", completando lo acordado en Tordesillas. Para animarle, le otorgaron el señorío de lugar, que no pasaba de arrabal de Melilla, con título de marqués[18]. Antes de morir, quizá temiendo por el porvenir de su hija, Isabel borró el pecado y delito de incesto, acudiendo al "propio motu", para devolver al Guzmán lo que le secuestró[19]. No habiendo perdido más que las Islas del Cabo de Aguer y Gibraltar, la reina no podía referirse a otra cosa. Fallecida Isabel en Medina del Campo, el 25 de noviembre de 1504, el Católico, en estrecha colaboración con el regente Cisneros, dio el primer paso hacia el despojo del indio caribe. Teniendo por costumbre lavarse bastante más que los españoles, fueron acusados de sucios, "sodomíticos" y caníbales. Condenados colectivamente, se les ofreció la oportunidad de escapar al cautiverio o la muerte, respondiendo a la invitación al bautismo, con muestras visibles de arrepentimiento y solicitud, expresada a "grandes voces". La causa de la drástica ley pudo ser necesidad de dinero, para la conquista de Nápoles.

Barruntándose que el padre no abandonaría el trono por las buenas, Juana nombró capitanes generales de confianza, que preparasen su arribada a Castilla. Designado el Conde de Lemos en Galicia, Juan de Guzmán lo fue en Andalucía, por real decreto de 25 de octubre de 1505. Bajo su autoridad el sur, hasta los confines de Granada, los Algarbes y el Mar Océano, la tuvo sobre cuanto navegase por sus aguas. Corriendo a su cargo levantar huestes y armadas, los receptores de la real hacienda, le darían los fondos que pidiese. "Desde agora" obedecerían los mandatos de Juana: los de "nuestro señor e padre... tenemos que sean de ningún valor e poder"[20]. Enterado Fernando de que la hija le quería fuera del reino, acordó con Cisneros dotarse de armada. Acudiendo a la iniciativa privada, ordenó encuesta que justificase la reanudación de los "saltos". La pregunta de si sería conveniente levantar el seguro, otorgado "a los moros de Bervería.., que están a noventa leguas de costa poco más o menos", de la Isla de Canaria, obtuvo respuesta afirmativa por unanimidad. El licenciado Aguayo atribuyó la prohibición a Lugo, que deseando paz, mientras levantaba las torres de Tagaoz y Nul, en el Cabo de Aguer, consiguió de los reyes seguro para los moros, en perjuicio de la corona y de las islas. Al remitir el flujo de esclavos, desertaron los mercaderes, el capital y los brazos, que labraban el campo. Disminuyó el quinto de la corona, fue perjudicado el Altísimo, que perdió muchas almas y a los propios negros, pues cautivos se dejaban bautizar, ganando la felicidad eterna, a cambio de una libertad, terrena y efímera. Y se achacó la decadencia de las islas a castigo, por privar de salvación a los de Berbería [21].

Reanudadas las cabalgadas, el rey tendría a su disposición barcos, caballos, armas y hombres, adiestrados en la guerra, sin desembolsar un maravedí, a más de desarrollarse el poblamiento de la Mar Pequeña, pues haciendo "la guerra" a los moros "en otras partes", muchos aceptarían pagar parias, a cambio de seguridad, acudiendo los naturales con su oro, sabiendo que no serían despojados ni maltratados. En cuanto a los castellanos, tendría en la torre de Santa Cruz, dotada de guarnición, protección para sus personas y mercancías, "sy todavya quisiesen aver el dicho rescate", pudiendo desembarcar y embarcar amparados, y los que practicasen la cabalgada "por caso que fuesen desbaratados, que se acogiesen a la dicha torre"[22]. El 2 de noviembre de 1505, sin aguardar el resultado de la encuesta, el Católico autorizó la guerra contra "los moros de Bervería, comarcanos a esta dicha ysla de Canaria, desde el cabo de Aguer, fasta el cabo de Boxedor"[23]. A la espera de que les convocase para la armada, que se formaría en 1506, quien tuviesen navío podría capturar "a los dichos moros de allende, desde el Río de Oro arriba hazia la parte de Meça, con tanto que desde el dicho Río de Oro abaxo, fasta la parte de Guinea, non puedan saltear"[24]. Mediado agosto Lope de Sosa, nuevo gobernador de Gran Canaria, recibió poderes para continuar la "contratación e rescate de Bervería e la Mar Pequeña e la Torre de Santa Cruz". Visitadas las factorías, haría inventario y relación, pidiendo a la Contratación mercancías, "que fuesen provechosas" en aquel mercado [25].

Juana desembarcó en La Coruña. Enterado Fernando de que el duque de Medina levantaba hueste, le dirigió larga carta, instándole a "derramarla" por inútil, pues sólo aguardaba a la hija para entregarle el reino, sin merma ni mácula [26]. Conocida la doblez del Aragonés, su amabilidad alarmó doblemente al destinatario. Considerando urgente hacerse con Gibraltar, para tener expedito el camino de la mar, exigió devolución al corregidor de Jerez, esgrimiendo el perdón de la reina difunta. Se negó a soltar la plaza y el de Medina pasó a los hechos. Dando gente a su yerno Pedro Girón [27], le mandó a conquistarla, en compañía de su primogénito, Enrique de Guzmán, que a sus once años, aportaba la fuerza moral de un nombre. Que Gonzalo de Olivares fuese alguacil mayor de Gibraltar, por el Duque de Medina, prueba el éxito de la jornada.

A la recuperación, siguió nueva posesión de las Islas del Cabo de Aguer. Apoderado Juan Bautista Genovés, desembarcó en Gurgarti, provincia de Tufani, el martes 19 de mayo de 1506. Reunidos los "cabeçeras e cabilas", "de mancomún e a voz de uno, han por bueno e firme e valedero, todo lo que en esta carta pusiere, escrito e firmado de sus nombres". Reconocieron al de Medina "por nuestro señor natural..., desde el día de la fecha desta carta", en nombre de los presentes "e de todas nuestras cabilas..", dándole "todo nuestro libre poder cumplido bastante, así como lo tenemos e avemos e Dios nos lo dio", para que "nos mandare y defienda... como a súbditos vasallos e pueda mandarnos e llamarnos". Recibirían a sus "criados" en "este su puerto", permitiéndole "facer una torre e fortaleza, a la manera que su señoría fuere servido", nombrando capitán o capitanes a los que darían "rehenes.., tantos quantos sea contenta la persona, que el tal cargo tenga, para facer la dicha torre", siendo devueltos los que de "nosotros toviese rescibidos", al término de los trabajos[28], prometiendo guardar la fortificación por el Guzmán y sus sucesores. Tras dar vasallaje, "para siempre jamás", confesaron veleidades recientes: si "en algún tiempo fue dada" su palabra "a algún capitán o algún caballero otro, que no sea por parte del dicho señor duque nuestro señor, que desde agora e para siempre jamás, la renunciamos e la damos por ninguna". A falta de escribano, legitimaron lo dicho, con su firma, los castellanos presentes [29].

El 28, Genovés estaba en Aytudel, reino de Cataleat. Le recibió Caçeyunt Otugugurin, señor de la villa[30], alformar mayor de la capital y "sus provincias", en el "reyno de Marruecos", al que pertenecían "la Ysla e términos e cabo de Mogodor", con Talgilt, Tiredi, Tetenezt, Catrecivi, cuatro cabilas de alárabes y otras cuatro, que tenían sus "alhaymas y mesquitas". Mencionados todos los títulos del Guzmán, incluido el novísimo de marqués de Cazaza, le llamaron "señor de Gibraltar", tratamiento de mayor enjundia, entre musulmanes, que el pomposo marquesado otorgado por los Católicos. Otugugurin le cedió el señorío de Aytudel, "con todas sus provincias" y pertenencias, en nombre propio y de sus descendientes, "segund que lo yo he e tengo e poseo e señoreo". Lo tendría el Guzmán "como cosa suya propia, comprada por sus dineros e avida por su justo valor e combeniencia". De por medio las posesiones de Manuel I y la Católica, el otorgante repitió cláusula insoslayable: "revoco qualquier o quales quier posesión o posesiones, que yo o mis antecesores o otro por mí o por ellos, aya dado e otorgado". Comparecieron los de la tierra, recibiendo Genovés, en nombre de "su señoría el conde", juramento de guardar lo dicho, por "Mahomat e por mi Alcorán e Alquabra". El acto se cerró según costumbre: puesto en una lanza "pendón colorado, con las armas e ynsinias de su señoría", corrieron la tierra al grito de "Niebla, Niebla", "en faz" del señor local y de "muchos moros de la dicha provincia". El alfaqueque Haçeyut, redactó la escritura "de mi letra", en presencia del escribano Alvaro de Vivero, siendo testigos Alonso de Ortega, vecino de Sevilla y Gonzalo Olivares, alguacil mayor de Gibraltar [31].

Acompañaron sendas cartas, escritas en árabe y no muy fielmente traducidas. Encierran declaraciones de principios, de evidente interés. Xoseín, hijo de Texixi, dio la paz al señor de la tierra, para "decirte secundariamente, que las provincias son tuyas, la patria tuia, las piedras tuias, las plantas y árboles tuios, el agua tuya y la tierra o territorio tuyo. Y te damos nuestras provincias para siempre jamás". En otra, los firmantes aludieron a "los moslemos, estantes en los reynos de Andalucía", para recordarles que debían "esperar todo lo que os a prometido Dios", soportando "infortunios o contratiempos", pues "somos de Dios y hemos de volver a él". Tras darse la paz, se dirigieron al Guzmán como Duque de Medina, "a quien Dios confunda en su religión", para reiterar "con juramento, que nuestras provincias son del duque.., pues sabemos que él puede venir en qualquier tiempo"[32].

Prohibido por Dios que recibiesen cristianos, "si es que saliesen de nuestros pueblos", "los que vengan de las descendencias o familias" de servidores del Guzmán, "o a todo aquel que sea descendiente de su prosapia", podrían instalarse en la comunidad a su albedrío: "trastornar, fabricar, abitar y comprar con su dinero", lo que mejor les pareciese, no innovando los "moslemos" cosa alguna de "nuestras ciudades.., ni aun el uso de las lociones sacras", sin consentimiento del señor. Sus puertos estarían abiertos a los "pasajeros, que estuviesen al servicios del duque.., a quienes mutuamente alimentaremos y nos alimentarán". Establecido compromiso en doble dirección, aludieron a guerra en ciernes: "nos bolveremos a la Andalucía, grandes y chicos y todo aquel que pueda, ya sea a pie y a caballo", absteniéndose de acudir "aquel que por fines particulares de este mundo, se quede". El "perjuro de entre nosotros o de entre ellos, haga Dios que destruia su casa o sea arruinada, por moslemo o cristiano". Para terminar, se aludió a las tres religiones: "la paz sobre el duque y sobre su prosapia y sobre todo aquel que huviese jurado, sea christiano o judío"[33]. Confundiendo los hechos, la historia oficial sitúa la conquista de Mogador, por Manuel I de Portugal, en 1506, añadiendo que construyó fortaleza e introdujo la caña dulce, como en Agadir, sin caer en que la Casa de Agadir, estaba en el Cabo de Aguer, es decir, en la isla de Magador, Mogodor o Mogolo.

Desobedeciendo a su hija, Fernando V fue en busca de la corte. No se produjo el emotivo encuentro con la reina, que recoge la leyenda, pero lo hubo, sin duda, con la gente de Cisneros y el propio Cardenal. Dejando sus intereses debidamente protegidos, Fernando pasó al reino de Aragón, siguiendo a Nápoles, donde recibió la noticia del óbito de Felipe de Habsburgo, víctima de "landre" o peste, acaecido en Burgos, el 15 de septiembre de 1506. Fernando regresó a uña de caballo, neutralizando a la hija, para reinar en su nombre. La reacción de los generales de Juana, fue violenta en Galicia y Andalucía. Borrando la usurpación, perpetrada por el Católico, los disturbios pasaron, en el norte, por pendencia de grandes con el Arzobispo de Santiago. Y en el sur por insubordinación del Guzmán. De escasez el año, se importó pan de Negroponte, invadiendo Sevilla "gran peste", curiosamente selectiva. Circunscrita a la capital, se llevó por delante lo más granado de la clase conversa [34].

Huyó Juan de Guzmán de "landre" y ciudad, por evitar que le alcanzase, contando Bernáldez que creyéndola pasada, regresó con hueste y fanfarria. Contagiado de inmediato, por no haber medido sus tiempos [35], el cronista le mata a 10 de julio de 1507, señalando que recibió comunión y extremaunción, lo que en tierra de cristianos, no era noticia. En verdad testó el 12 de aquel mes, siendo causa probable del error, reclusión previa a domicilio. Encabezó sus últimas voluntades, sin omitir título, como "señor de Gibraltar", abriendo el texto palabras singulares: "convertido a Dios nuestro señor, inclinado hasta el suelo los hinojos en tierra, confieso la santa fe católica.., anatematizando como anatematizo, de toda herejía y especie della, que se haia levantado o levantare, contra nuestra santa fe". Probable que le asistiese inquisidor, declaró "ansí mismo aver sido mucho pecador, ansí en mi mocedad como en todos los días de mi vida, en que puedo pecar". Y pidió los sacramentos, como buen reconciliado, ya que al hijo de la iglesia, se le administraban de oficio. Es probable que luciese sambenito de estameña, inventariado entre sus objetos personales. Quiso misas, por ser moda, pero insistió en que se "rezase" el Salterio, hasta el fin de los tiempos y sin interrupción. Nombrado su convento de Santiponce y otros varios, como posibles receptores de importante manda, legada a cambio, aventuró que de no encontrar orden, dispuesta a consagrarse a devoción dudosa, se fundase religión al efecto, con monasterio adjunto, generosamente dotado[36], última voluntad incumplida, por quiebra inesperada del difunto.

No olvidó mencionar los dineros, que le debía "el Adelantado" Alonso de Lugo y por extensión su esposa, Beatriz de Bobadilla, por los socorros que mandó a Canarias. Los cobrarían sus herederos, con el débito del Obispo Juan de Fonseca y de Gutierrez Tello. A continuación confesó su pecado: "yo he fecho tratar en Berbería con los moros, por razón de sostener la posesión que mi villa de Sanlúcar, tenía del dicho trato. E porque quizá en la manera de trato, havrá habido alguna manera de conciencia", sus letrados examinarían la cuestión, con el P. Maestro Francisco, "mi confesor", sin perjuicio de que el hijo continuase el negocio, por vías más o menos legales: "por quanto yo avía fecho una contratación con el Mariscal Hernán Darias Saavedra, sobre ciertas escrituras que diera, según lo hablé con el Padre Francisco, mi confesor, mando que lo que dijere el dicho mi padre maestro Francisco, e tratare e concertare, aquello se haga e se concierte e lo pague el dicho D. Enrique, mi hijo, porque le quede libremente la acción de las dichas escrituras. Y sea para él"[37].

Visto lo sucedido con Palos, temiendo que le dejasen sin puerto, para abastecer a sus vasallos ultramarinos, había acordada fundación de lugar, junto a Moguer, con rada expedita, a medias con los frailes de la Rábida. Enrique ejecutaría el proyecto con la comunidad [38], por ser el medio más seguro de mantener abierto el camino, de las Islas del Cabo de Aguer. De libre disposición el tesoro, acumulado en la fortaleza de Niebla, encargó su custodia a Juan de Baraona y Gonzalo Fernández, "oficial de mis libros". Harían juramento "de guardar el secreto de lo que allí hallaren", repartiéndolo en dos partes iguales: para el primogénito, nacido de Isabel de Velasco y para su viuda, Leonor de Guzmán, a la que dejaba con tres hijos por criar. El duque murió el 14 de julio [39]. Nadie dijo que la muerte no fuese natural, pero el cambio de fechas, introducido por Bernáldez, apunta que le ayudaron a despenarse, no siendo habitual que moribundo, sin
aspiraciones a santidad, aguarde el último suspiro en su agonía, "los hinojos en tierra", es decir, de rodillas.

Cuando se produjo el óbito, los 32 "esclavos de resgate", que "tomó" Pedro Suárez de Toledo, en el "Cabo de Aguerte" y los "bolbió... para los rescatar", navegaban en carabela del Guzmán, protegidos por 30 ballesteros [40]. Habiendo hecho su camino por la mar Fernando Caballero, con Rodrigo Bastidas, llevando "todas las cosas que se cargaron para las Indias", entre las que aparecen zapatos, "xervillas" y sillas de "xineta", se les buscó, para que rindiesen cuenta. Jacome Dinarte, vecino de Sanlúcar, aparece en la testamentaría, porque habría de darla del aceite, trigo, lienzo y otras mercancías, destinadas a los rescates de Canarias, a más de aportar relación de las tierras, ingenios y tributos en azúcar, que el difunto poseía en Gran Canaria y Tenerife. Los testamentarios se harían cargo de los "lyenços y paños y otras mercaderías", en poder de Pedro de Añasco, de la Casa de la Contratación, recibiendo partida de tejidos de Flandes, remitidos por los factores Diego de las Casas y Gonzalo García, con destino al truque. El jurado Pedro de Taryfa, daría relación de la cosecha del "almayx .., de lo que se truxo de las Yndias", sembrado en Vejer y del que tenía en los almacenes, así como de la grana y polvo de grana, que se cogió en Chiclana[41], en cuya costa y la de Conil, los Guzmanes introdujeron la chumbera, con cochinilla adjunta.

En la relación de menudencias del difunto, aparecen pedazos de oro "de alquimia", con "pedacitos" de oro auténtico, "vidrios verdes para contrafacer esmeraldas", piedras que "heran muestras para otras, que se avían de traer de Calicud", cuentas de vidrio azules, blancas y amarillas, destinadas al trueque, tres penachos de plumas de avestruz, quizá aditamento de los tres últimos señores de las Islas de Aguer, como otras tantas caperuzas y "cadenitas" de plumas de papagayo, procedentes de Indias. A la llave de hierro, "que diz que era de la puerta de Turtuma", acompañaban cuatro de "palo", como las usadas por los aztecas, al decir del P. Sahagún, o los moros de la alcazaba de Sale, en el siglo XVII[42]. Es posible que como las cinco cañahejas, "que son bordones", simbolizasen las cinco provincias del Cabo. De Guinea procedía pinchel, con cuatro lagartijas y colmillo de elefante. De Berbería, los "libros de ebrayco", que se trajeron del Çafy"[43], puerto del Sus.

Nada sabemos del contenido del tesoro de Niebla. Mal avenidas las partes, el reparto no estaba hecho en agosto del año siguiente, cuando el Católico llegó a Sevilla [44]. Enrique de Guzmán, el nuevo duque, fue llamado al Alcázar. Según Barrantes, Fernando quería deshacer su matrimonio con María Girón, para casarlo con Ana de Aragón, su nieta por vía natural. Ofendido Pedro Girón, hermano de María y marido de Mencía de Guzmán, hermana del Duque, quiso evitar la afrenta del repudio. Colándose en el Alcázar, rescató al cuñado, galopando juntos hasta la raya de Portugal, donde se pierde su huella, cuando menos en el archivo de la casa de Medina. Leve pista de casta de equinos, encamina al muchacho a Venezuela. Reputados los caballos Guzmanes, se dice que descienden de semental, originario de Marruecos, traído por caballero andaluz, en el siglo XVI[45]. El primer caballo nombrado, de los que formaban la cuadra de Juan de Guzmán, a su muerte, se llamó Marruecos. Nada tiene de extraño que exiliado el hijo, de Portugal siguiese al señorío de sus mayores, llevando su montura.

Sea como quiera, los sucesos que siguieron a la partida de los cuñados, apuntan más a huida de un preso, que a defección de un huésped. Admite el propio Barrantes, que Fernando secuestró las fortalezas del duque de Medina. Entregadas mansamente por sus alcaides, resistió Niebla, entrando las reales tropas por asalto. Los soldados acopiaron botín de oro y joyas, en el caserío y de los vecinos, apropiándose el rey de la fortaleza y el tesoro. Enrique de Guzmán reapareció en Morón, para morir a los 18 años, siendo huésped de la familia de su mujer, por curiosa coincidencia en 1513, al año siguiente de comprar Manuel I, la fortaleza de Santa Cruz del cabo de Guee, al caballero Sequeiras, quizá a título de exiliado político, repatriado contra su voluntad. Al no dejar descendencia el último Medina Sidonia, de la saga de los señores de Aguer, heredó la casa el hijo mayor de Leonor de Guzmán. Habiéndose esfumado Caballero y Bastidas, la duquesa viuda dio poder para rastrearlos en Indias, mencionando, entre otras villas, las de San Miguel y San Cristóbal. En tiempo de este duque y de su hermano, fueron muchos los servidores de la casa de Guzmán, que emigraron a Indias. Los más eligieron Venezuela, saliendo en 1528 el matrimonio Quaresma, mencionados en las Elegías de Juan Castellanos, como vecinos antiguos de Coro.


[1] R.A. doc. LX/LXII.

[2] R.A. doc. LXIII/ LXVI/LXII.

[3] R.A. doc. LXI. "Norte de la Contratación de la Indias Occidentales". José de Veitia. Ed. 1671.

[4] En 1582 eran tan escasos, que para formar la armada del Marqués de Santa Cruz, enviada a las Azores, se embargaron urcas mercantes extranjeras. Felipe II no construyó navíos, hasta que en 1589, mandó hacer 12 galeones en Vizcaya. Sería constructor Felipe III, falta endémica de transportes. [5] R.A. doc. LXI.
[6] Antonio de Torres, veedor de la Berbería desde el 20 de junio de 1500, alcaide de Santa Cruz de la Mar Pequeña, a partir del 21 de febrero de 1502 y gobernador de Gran Canaria, zarpó de ésta isla en el otoño de 1502. Llevaba las cuenta de Alonso Fernández de Lugo, del desembarco en Cabo de Aguer, a más del proceso incoado contra el escribano Gonzalo de Burgos. El barco se perdió, entrando en Cádiz, antes del 18 de marzo de 1503, no siendo de excluir que Francisco de Bobadilla, figurase entre los pasajeros. Incómodos para la historia oficial la biografía de Torres, sus periplos y la propia Gran Canaria, los historiadores omiten consultar una documentación, debidamente conserva, cuando menos hasta no hace mucho, inventando armada de 32 velas, imposible a tales alturas, con carga de 2.500 pasajeros, entre los que se incluye a Bartolomé de las Casas, embarcado como aspirante a poblador. Con precisión de falsario, la sacan de Cádiz a 13 de febrero de 1502, haciéndola arribar a La Española, el 5 de abril. De retorno embarcan a Francisco de Bobadilla, con 200.000 pesos de oro, apelando la tormenta, para ahogar a Antonio de Torres y Bobadilla, salvando siete u ocho barcos, que se dice condujo el piloto Francisco Roldán al refugio de Portobelo, en costa que estaba descubriendo Colón ("Historia de las Américas" VV.AA. Coordinador: Luis Navarro V Centenario 1991).
[7] R.A. doc. LXI. [8] R.A. doc. LXII.
[9] R.A. doc. LXIV/ LXV. [10] R.A. doc. LXIII.
[11] R.A. doc. LXIX.

[12] R.A. doc. LXIII/ LXVI/LXII.

[13] Bernáldez cap. CCIX. ADMS. 2431/2432.

[14] Simancas. Depósito de Medina Sidonia. ADMS. 4.6.1492. 11.1.1504. [15] ADMS. 925.
[16] Un Pedro de Añasco aparece citado en la crónica de Vázquez, "El Dorado". [17] ADMS 2432/931.
[18] Bernáldez cap. CLVI. SRGS X.1504.12. Avanzado el siglo XVI, los moros recuperaron Cazaza. El VI duque
de Medina Sidonia volvió a tomarla, renunciando a las tenencias de Melilla, por no cubrir el gasto.
[19] ADMS. 931. [20] Ibídem.
[21] R.A. doc. LXX/ LXXIV. [22] Ibídem.
[23] Ibídem.

[24] R.A. doc. LXXIII/ LXXV. Hubo un río Mesa en Nicaragua y otro en Venezuela. El posible que el Río de Oro, a que se refiere el Católico en este caso, sea el Orinoco.
[25] R.A. doc. LXXIII. [26] ADMS. 2395.
[27] Casado con Mencía de Guzmán. Enrique de Guzmán lo estaba con María Girón, hermana del Conde de Ureña.

[28] A su muerte en 1507, tenía 4 esclavos negros y una negra, 17 canarios, uno llamado Alí Gómez y una canaria. No consta el color de María de Allende y sus hijos (ADMS 931).
[29] Simancas. Depósito Medina Sidonia.

[30] Ibídem.

[31] Simancas. Depósito Medina Sidonia. En coletilla en árabe, firmaron: Xosair, hijo de Texixi, Mansur, hijo de Fetug, Lexase Xamad, el Seflus, Sais Abd el Umen, Simón hijo de Omar, el Zexani Said, hijo de Aysa, Said, hijo de Mohamed, el Neflus, Said, hijo de Hnein, Daid Hamad, prefecto, Xosein hijo de Bergus, Amón hijo de Mohamed el Soltán, Xoseín hijo de Mansur el Soltani.
[32] Simancas. Depósito Medina Sidonia [33] Simancas. Depósito Medina Sidonia [34] Bernáldez cap. CCIX
[35] ADMS. 931. [36] Ibídem.
[37] ADMS. 931. [38] Ibídem.
[39] Ibídem.

[40] ADMS. 931/2432. [41] ADMS. 931.
[42] ADMS. 2410.

[43] Entre lo "morisco", aparece talegón con cuatro talegones de tinturas, para dar color; talegones con "momos" o figurillas chicas y grandes, de oro, plata, cobre y plomo, a más de jaeces de caballo y ropa. De Indias: dos manojos de cascabeles; una cadeneta, un papagayo en hueso; una pelota grande, dos pares de faldillas de algodón; cinchas de algodón; tiradores, que deben ser hondas; calabaza de paja; cama, hamaca y tres nueces. De Guinea: dos atabales; tres azagayas, arcos y flechas; sabanas, bolsoncillos, tocas, piezas de lienzo de palma, blanco y "prieto" (ADMS. 931).
[44] ADMS. 931. [45] ADMS. 4259.


martes, 21 de julio de 2015

Nombres De Lugares De La Gomera Procedentes De Los Antiguos Gomeros



Don Gregorio Chil y Naranjo

 Don Gregorio Chil y Naranjo fue médico, historiador y antropólogo nacido en Telde en 1831, fallecido en Las Palmas de Gran Canaria en 1901. Entre sus muchos méritos, está el de haber sido uno de los primeros canarios en participar activamente en reuniones de alto nivel científico fuera de las islas. Chil y Naranjo, en las páginas 123 y siguientes de sus "Estudios históricos, climatologicos y patolegicos de las islas Canarias", publicó una lista de las palabras pertenecientes a la lengua de los antiguos habitantes de La Gomera que él y otros autores insulares reunieron.


Posteriormente, la Revista de Historia, en los años cuarenta del pasado siglo, consiguió aumentar la referida lista con casi dos centenares de vocablos más. Muchas de las palabras que a continuación insertamos han desaparecido y sólo se encuentran en documentos antiguos; aunque muchas se usan en el lenguaje corriente; y otras—las menos—han sido cambiadas por nombres españoles, tal sucede con el risco de Tapultaste, en Alajeró, que hoy se llama del Paso, y con la montaña del Calvario, cuya denominación primitiva fue Tagaragunche.


A
Acanache, nombre de una roca en Vallehermoso
Acicel Aceicele,  llano  en  el  lugar de Ipala
Adara, vega en Arguayoda
Adarí, vega en Araguerode
Agenigues, localidad
Agén, cerca del Palmar en Hermigua
Aguelisma, véase Galisma
Aguerode, localidad en Alajeró
Ajojar Ajujar, localidad
Alarijo, cuesta en Ipala
Almacla, cañada en Chipude
Amonugue, barranco en Arure

Ancules, risco en Hermigua
Angulame, localidad
Arahigal o Arajigal, cerca de la ermita de la Concepción en San Sebastian
Arajijar, localidad
Aragalán, hoy Agalán, en Alajeró
Araguigal, localidad
Aramaqué, valle y barranco en Hermigua
Aragunduy, localidad
Arapaini,  Arapainis o Arapainise, nombre de un lugar en Chipude
Arapogage, degollada de
Aray, cerca de Lo de Juana, en Hermigua
Archeje, risco en Hermigua

Archihiguerche, cuevas de
Archiprenque  (en uso), terreno pobre y sin cultivar
Argaga, valle de Vallehermoso, muy cerca de Valle Gran Rey
Arguamida, cerca de Araguerode
Arguayoda, lomada en Alajeró
Arguerigule, ancones de
Argumane, Llano en Chipude
Arenene, en Alajeró
Arepeal o Arepeale, coto en Chipude
Areñure Ariñule, torrente de
Artabobo, localidad en Alajeró
Artamache, lomada en Alajeró
Artapubacha  o Artapagache, lomada de
Asaode, localidad en Alajeró

B
Basambique, lomada en Alajeró
Bentagume, cerca del rogue de Vallehermoso
Budien, en Chipude, fuente de

C
Cabuco, trozo de leña para el fuego
Cuajunote, nombre de persona
Curdan, localidad
Chasjuigue, charco en Hermigua
Cheali, en Chipude
Chejelas o Chejeles, fuente de
Chegueleche o Tejeleche, risco en Alojera
Chejerque, localidad
Chelé, en Chipude
Chenerepil, risco en Agulo
Chesele, localidad
Chejenigue, localidad
Chigaday, localidad
Chigaragüe, localidad, en Alajeró
Chijeremen o Chijereman, localidad
Chijilala, en Arguayoda
Chijirdana, en Alojera
Chijerque, localidad
Chiminale, en Santiago, moradas de
Chinchigue, en Iguala, fuente de
Chinguinal, localidad
Chiguique, en Chipude
Chiminal, localidad
Chinguay, en Alajeró
Chinique  (en uso), una de las tres piedras en que descansa la olla
Chirao, en Chipude, ancón de

Chive, localidad
Choquera, los chupones de la higuera
Chupa, en Chipude, lomada de

E
Epeleche, localidad
Equine, en Chipude
Etime (en uso), la orilla de las laderas

G
Guariñen, costa de
Garajona, en Arure
Garanduy, fuente de
Gaycagüe, en Geleica, barranco de
Gecechime, cerca de Jerduñe
Geleica, cerca de Gerian
Gerdoque, en Ayamosna
Gerraporque, en Alojera
Guachipe, ancón de
Guahuquen Guajuquen, en Enchereda
Guajilapa, en Hermigua
Guanicode, en Imada
Guanejar, cerca de los Dardos
Guanemear o  Guanemeare, ancon de
Guanjique, cerca de Aguajilva
Guañé punta de la lomada de Los Llanos
Guará, localidad
Guaragana, en Araguerode, cerco de
Guarnaga, cumbres que rodean una parte de Hermigua
Guaro, en Chipude, charco de
Gueleludas, en Chipude, canada de
Guino, en Vallehermoso, Ilano de

H
Higanaga, cerca  de  las  Negrinas, cueva de
Husegan, en Alojera, degollada de

I
Iberdoque, cerca de Machal
Igualero, localidad, en Chipude
Imaguar,   cerca  de  Arguamul,  fortaleza de
Ingaselocalidad
Irguase, en Erque
Isaglie, rogue de
Izque, valle de

J
Jamagit, cabezo de
 Jaragán, localidad
Jelima,  en Vallehermoso,  monte  de
Jacochime, en Arure, cueva de
Jaupulas, lomada de

Juercan  (en uso), la pelota de tela unida al palo para tostar el gofio

L
Lajapule, localidad
Lajero,  en Hermigua
Lautajo, localidad
Lereica, en Taguluche
Ligagao, en Chipude, lomada de
Linaganes, en Alojera

M
Mairen, en Hermigua
Majara, cerco de
Malicas, en Alajeró
Matehare, en la lomada de Juan Barba
Mazambique, en Alajeró, lomada de
Minguana, localidad
Murmujay, en el barranco de Iguala

Ñ
Ñoca (en uso), el que no tiene dedos

P
Paigen o Paigien, en  Salamanca,  charco de
Palochirme, en Alajeró
Parearure, en el monte de Hermigua
Pirguan,   nervio   central  de  la  hoja  de palma.
Polaguajine, localidad Quise, caserío

S
Sataratá, en Chipude, barranco de
Seperse, localidad
Sofape, en Arure, cerca de Arepeale

T
Tacalcuse, en San Sebastián
Tacoronte, en Alajeró
Tabaibe, en Alajeró
Tagamiche o Tagamirche, en los campos de Las Nieves.
Tagonache  o  Tajonaje,  en  Alajeró,  barranco de
Taguluche, localidad
Tagumerche, en Arure, montana de
Tajamuhí, localidad
Tajaqué, en Hermigua, monte de
Tamadanche, fuente de
Tamadiste, en el barranco de Lepe
Tamahuche, localidad
Tamarajanche, en Chipude
Tamunergue, en Arguayoda, alto de
Tapacoche, en la Villa, cañada de
Tapahuga, en Santiago, playa de
Tapasuche,  en  Manteca, roquillo de
Taparucha, pequeñ relieve de roca
Tapopay, en Alajeró
Tapultaste, en Alajeró, risco de
Tarascunche, rogue de
Tardano,'en Chipude
Tajalague, escoban de la palma
Tauchon,  en Arguayoda, cañada de
Tedije o Tedijo, en la lomada de Punta Gorda, dehesa de
Tegomade, dehesa de
Teguerguenche, en Valle Gran Rey, risco de
Teguejeques, en  Salamanca
Tejeguana, en Juel
Tejeque, localidad
Tejeleche, montaña en Taguluche
Tejerigüete, cueva en Arure
Tenche, en ladera de
Terenche, en Chipude, barranquillo de
Teselinde, localidad
Tevervite, en Alajeró, lomada de
Texegena, cuevas de
Tingue, en Chipude, roquillo de
Todare, en Araguerode, cerco de

U
Ujape, en Arure, punta de

Y
Yayure, localidad



Tomado de: R: Cultura del pueblo guanche

lunes, 1 de junio de 2015

:::Anago:::


Anago. m. Lz. Vehemente.
A los pocos meses de llegar a la isla de Lanzarote, el conquistador normando Bertín de Berneval encabezó un golpe de mano contra los responsables de la expedición, Jean de Béthencourt y Gadifer de La Salle. El relato de este episodio, entre otros hechos y datos curiosos, nos proporciona algunos nombres personales. En las dos versiones de Le Canarien, primera crónica de la conquista europea, se menciona a un isleño que escapó ileso de aquella conjura. El manuscrito fechado en torno a 1420 anota la forma Anago para este antropónimo, pero el datado después de 1494 introduce una pequeña variación: Auago.
No es la única divergencia de este tipo que figura en la fuente francesa y tampoco hay motivo para pensar que se trate de otra cosa que simples erratas, aunque sabemos que en la cultura amazighe siempre ha sido corriente que una persona lleve más de un nombre a lo largo de su vida. Sin embargo, llama la atención que esos posibles errores no sólo tengan sentido, sino que, como en este caso, los valores semánticos anden muy próximos.
Así, vemos que Anago (anagaw) nos muestra a un ‘hombre que ruge’, mientras que Auago (aggag), nombre con amplia tradición en el mundo amazighe, señala al ‘vehemente’ o, de forma más literal, ‘el trueno’.
Autor: Ignacio Reyes En: Revista Mundo Guanche.

:::Daida:::

Daida. LP. Cordero recién nacido y lactante.
La fuente, una lista de isleños bautizados en Sevilla durante la primera mitad del siglo XV, no proporciona ni el género ni la edad de la persona que recibió este nombre. Además, su formulación no contiene un índice específico, hecho que a menudo ocurre con los masculinos. Pero, como termina en –a, la costumbre actual, inspirada en la gramática española, lo asigna a las mujeres. En todo caso, la duda morfológica no posee mucha trascendencia sociolingüística, pues es fácil encontrar en cualquier idioma algunos antropónimos que no se corresponden con el género de sus portadores. Con frecuencia, en la lengua amazighe estos cambios quieren destacar alguna cualidad del sujeto, buscando incluso potenciarla o disminuirla.
Autor: Ignacio Reyes En: Revista Mundo Guanche.



:::Mídeno / Vidina::: :::Magens:::

Magens. f. LP. Delgada.
El día 28 de enero de 1494, el tratante levantino Pedro Martínez presentó en el mercado esclavista de Valencia a esta cautiva de 30 años, natural de La Palma, que había adquirido en el Puerto de Santa María (Cádiz). Por la cantidad de 26 libras y 5 sólidos consiguió rematar la venta.
Entre las diversas fórmulas que se pudieron haber elegido para reflejar la ‘delgadez’ de esta mujer, la creatividad isleña nos ha regalado una secuencia muy curiosa. El enunciado, Maghens, cuya estructura se repite en algún otro antropónimo auarita, prefija la partícula comparativa m (‘como, igual que, a la manera de, lo mismo que’) al substantivo aghens (‘aguja’). Porque éste es el significado primario de la raíz [Gh•N•S], esa que encontramos también en nuestros taghinastes, ajinajos y otros ejemplares botánicos de la familia Echium, antes de quedar asociada a los tintes y la cosmética.
Autor: Ignacio Reyes En: Revista Mundo Guanche.

 

Mídeno / Vidina. m. GC. Humanos.
En fecha bastante tardía, aunque siempre con el crédito que merecen los informes procedentes de la casa condal de la Vega Grande, uno de estos descendientes de Thenezort Semidán, el historiador canario Pedro Agustín del Castillo (1737), atribuyó el apellido Mídeno al guanarteme conocido como Guayasen, al que «por su píadoso corazon llamaron el bueno» los conquistadores. También se refiere a una sobrina (o quizá hija) de éste con el nombre de Tenesoya Vidina o Vidiña, secuestrada en Bañaderos por agentes de Inés Peraza, llevada a Lanzarote, casada con Maciot Perdomo de Béthencourt e integrada sin mucha contrariedad en la sociedad colonial.
En ambos casos, se trata del mismo nombre de familia, un substantivo masculino plural, alterado por la introducción de los morfemas castellanos de género (-o/-a), pues la curiosa alternancia de bilabiales registrada en la consonante inicial (m-/b-) se repite también en hablas amazighes del Sahara argelino. Pero lo extraordinario de verdad en este midden o bidden (mīdĭd-ăn) tiene que ver con su significado.
En singular, äles, ya hemos visto alguna vez esta voz en el apóstrofe que dirige la gomera Ibaya a Hernán Peraza cuando los isleños se disponían a prenderlo. Adjudica el concepto a su primo Hautacuperche, el «hombre legítimo» que, protegido por la divinidad, era responsable de ejecutar las resoluciones más críticas para la colectividad. Porque esta expresión, que remite en primera instancia a la ‘virilidad’, refleja también un valor diacrítico o diferenciador en la ‘condición humana’, desarrollado más tarde para designar a los ‘extranjeros’.
Sin embargo, no debe causar mucha extrañeza que un grupo de la sociedad se apropie esa ‘humanidad legítima’, como si hubiera alguna que no lo fuera. Para entender esto, que sucede en otras muchas culturas, conviene recordar que, en formaciones segmentarias como las que caracterizan la sociedad amazighe, el linaje se instituye como el depositario tanto de los bienes materiales (indivisibles) como de una personalidad social y moral, es decir, constituye una consciencia colectiva que suministra al sujeto una identidad en el mundo. Y, en este caso, hablamos de una familia muy peculiar, la estirpe guanartémica, aquella que había logrado imponerse como referencia de un poder que concebía ya en términos políticos.
Autor: Ignacio Reyes En: Revista Mundo Guanche

:::Huertaya:::

Huertaya. f. Tf. Desarraigada.
Uno de los episodios más tristes que generó el proceso del conquista y colonización europeas del Archipiélago fue el comercio de seres humanos. Personas de cualquier edad o sexo sufrieron la degradación del cautiverio y venta en los mercados esclavistas, un excelente negocio por entonces, que muy pronto estableció también en Canarias una de sus mejores plazas atlánticas.
Pieza siempre codiciada fueron los niños y adolescentes, más vulnerables frente a la alienación del trabajo esclavo, así como más permeables ante la aculturación. Dos instancias de una estrategia deshumanizadora nada sutil, cuyos únicos objetivos eran el lucro y la obtención de mano de obra barata.
En la transición del siglo XV al XVI, Valencia se erigió en el principal destino de los isleños sometidos a este tráfico. El 20 de mayo de 1497, el mercader catalán Pedro Moner presentó para su venta a tres niñas guanches de 9, 10 y 12 años, un grupo que le había enviado desde Andalucía el también tratante Pedro Benavent. El nombre de la mayor de ellas, Huertaya, parece evocar la terrible experiencia de aquel desgarro, pues Wer-tayyat nos habla de una persona ‘sin arraigo’.
Autor: Ignacio Reyes En: Revista Mundo Guanche.

:::Gralhegueya:::

Gralhegueya. m. Go. Protege la mandíbula.
La fortaleza y el valor fueron cualidades muy respetadas por los antiguos isleños. Las duras condiciones de vida en las Islas exigían mucho de sus habitantes y ciertos episodios dieron gran fama a sus protagonistas. Esto ocurrió, según narraban los antiguos cantares, con Gralhegueya, un gomero «de grande cuerpo y fuerza», que demostró su arrojo en una circunstancia muy comprometida. Mientras mariscaba con otros compañeros en un roque cercano a la costa, subió la marea y quedaron aislados, bajo la amenazadora presencia de un grupo de marrajos (cierto tipo de tiburones que transitan nuestras aguas en sus migraciones). Pero Gralhegueya se lanzó al mar, se abrazó a uno de los escualos y, dando vueltas y violentos coletazos, ambos se precipitaron hacia el fondo. El fragor de la lucha espantó al resto de los marrajos y los gomeros pudieron regresar a tierra, también nuestro personaje, una vez que se hubo separado de su contendiente marino.
Aunque ya la peculiar composición de su nombre merecía quedar en la memoria insular. El curioso antropónimo, Gdal-x-geya (en notación más precisa), refleja que este héroe gomero debía exhibir algún llamativo ‘protector (gdal) sobre (xf) la mandíbula, mejilla o pómulo (geya)’, una circunstancia que no sería muy frecuente.
Autor: Ignacio Reyes En: Revista Mundo Guanche.


:::Antropónimos ínsuloamazighes:::


A continuación, ofrecemos una relación de nombres de persona pertenecientes a la tradición amazighe (guanche) de Canarias. La serie contiene voces atestiguadas desde los puntos de vista histórico y lingüístico, aunque se ha reducido a los que presentan una pronunciación y un significado que no quedan muy fuera de lugar en el actual panorama sociocultural del Archipiélago.


FEMENINOS
Aniagua, Hañagua, se correponde con el Anya continental = melodía (= Carmen).
Aregoma = pronuncia epigramas o sentencia (mujer sabia).
Attagares = he aquí la helada, invierno.
Atteneri = he aquí la joven bella.
Attidamman = transmite la herencia.
Cataysa = bella margarita.
Daida = cordero (= Raquel 'oveja').
Dasil = huella, paso.
Faina = nuestra luz.
Gazmir(a) = juncal.
Guayanfanta = orgullosa.
Mati = danzarina (un poco alocada).
Magens = delgada.
Ramagua = trueno, rayo.
Tamonante = la que sabe leer (sabia).
Tasarte = rebeldía, dignidad.
Tenesoya = nadadora.
Texenery = muñeca (se pronuncia: teshenneri).
Tinabuna = bonita y buena.
Tinguafaya = escaladora.
Tinisuaga = ruborosa.
MASCULINOS
Altaja = valiente, distinguido.
Amanhui = guerrero, combatiente (‘matador’).
Anaterbe, Añaterbe = rápido, ágil.
Ancor = el que se levanta.
Atanausú, Tanausú = razona bien.
Autinmar = recibe agradecimiento.
Azuquaje = moreno.
Bediesta = esbelto.
Belicar = robusto.
Benamaz = captura, empuña.
Benamer = jubiloso.
Bentagume = habla en voz baja.
Bentejuí = vocifera o alerta.
Benytomo = anhela.
Bruco = delgado.
Dagentire, Egentire = estrella blanca.
Derque = fuerte.
Ehedey = reúne, ata, liga (adivino).
Eiunche = inteligente, clarividente (adivino).
Guanarame = explorador.
Guanhaben = luchador (en lucha canaria).
Guayasen = protector.
Gueton = largo y delgado.
Mahán = Terco.
Mahy = cazador.
Maxerco = respetuoso (x = j).
Mazegue = adivino.
Míguan = medita (adivino).
Ossinissa = razona con justicia.
Piste = calla.
Redo = piensa.
Tasarte = rebeldía, dignidad.
Unche = inteligente, clarividente (adivino).
Unchipe = gran clarividente.
Yone = dice (adivino).
Yose, Ayose = llega.
Yruya = abierto.
Zonzamas = rostro alegre.
Zuguiro, Huguiro = primero.
© Aghiwen n Awal t Tezne Imazighen – Tasertit Amadal Esekenamazigh (2006)
© Facultad de Lengua y Cultura Amazighes – Sociedad Mundo Guanche (2006)

Autor: Ignacio Reyes En: Revista Mundo Guanche.

domingo, 2 de octubre de 2011

DE APELLIDOS CANARIOS Y EUROPEOS EN EL MECEYATO DE GÜÍMAR ISLA CHINECH (TENERIFE) SIGLOS XV AL XIX





Eduardo Pedro García Rodríguez

El canario en general históricamente ha venido demostrando una capacidad intelectual y moral superior a la media europea, este hecho incuestionable, ha venido siendo recogido y testificado por los propios cronistas e historiadores europeos desde los primeros tiempos de la invasión y ocupación de nuestra Matria por hordas de normandos, portugueses, castellanos, mallorquines y aragoneses, y a partir de los años sesenta del pasado siglo por la más intensa, virulenta, brutal y abrumadora de los españoles.

La superior capacidad intelectual del canario en relación con las bárbaras hordas  colonizadoras ha venido quedando de manifiesto desde los albores de la invasión, la extraordinaria capacidad de entendimiento y compresión de nuestros antepasados les permitió no sólo sobrevivir como pueblo, sino que supieron asumir y adaptar a sus propios intereses los postulados de la cultura invasora, así tenemos que desde  las primeras generaciones a partir de la invasión, los canarios hemos destacado en los oficios y empleos propios del sistema impuesto, ocupando puestos relevantes en la secta católica, en las letras, las artes, el ejercito y administración colonial e incluso en la metrópoli.

Como ejemplo podemos citar el caso de Deriman: Hijo de Benytomo o Bentor, y nieto del gran caudillo Benchomo, luego llamado Cristóbal Hernández de Taoro, quien retomó el nombre de su abuelo como apellido (Cristóbal Bencomo). Estudió en Sevilla (España) donde siguió la carrera de vocero (abogado), escribió una historia  del pueblo guanche de la que existieron tres ejemplares manuscritos hoy perdidos. O la aptitud adoptada frente a los colonizadores por los canarios de Tamaránt (Gran Canaria) para rehusar ir de saqueo a nuestro continente bajo las ordenes de los invasores, el 5 de Julio de 1514  cuando: “ los vecinos de Gran Canaria se reunieron en San Cristóbal, para apoderar a los canarii Michel González y Juan Cabello, que habían de comparecer ante la reina y su consejo, denunciando en nombre de los "hombres y mujeres" de las Canarias, la frecuencia con que les obligaban a ir "en tropa de guerra", a la "mar y tierra de Castilla" o provincias de Indias, "e así a otras partes cualesquiera...", siendo exentos de servir por privilegios, ganados en la conquista de las islas "e tierra de moros". Murieron tantos, que la población mermó, a más de arruinarse, pues estando los varones continuamente ausentes, no podían velar "por sus mujeres, casas e hijos e faciendas". Siendo deseo confesado de los reyes, que prosperasen las Canarias, "no es bien sacar a los vecinos de las islas, más antes traellos para la dicha población", preservando su forma "de vivir e trato, que es muy bueno" a más de mantenerse firmes en la "Santa Fe Católica".

Acusando de racismo al rey, pero racistas a su manera, recordaron a la corona la obligación de protegerlos en "su ventura", "de manera que no se entienda que por tener nombres de canarios, pierdan nuestras personas, que no tienen que facer con los naturales de las otras islas, es a saber guanches e palmeses e gomeros, llevándoles como les llevamos muchas ventajas en todo, e hablamos e somos habidos por propios castellanos". Tras protestar de su lealtad a Dios y al rey, advirtieron la intención de pleitear, defendiendo sus derechos. (Luisa Álvarez de Toledo, 2005)

Por otra parte, es significativo que el primer título de nobleza expedido por Castilla en esta colonia, lo fuera a una familia canaria, los Negrín-Armas, con gran desconcierto para los aventureros invasores algunos de los cuales hacían gala de una supuesta nobleza de origen.

Esta capacidad mimética o de adaptación del canario propia sólo de los pueblos más inteligentes y capacitados, se manifiesta en los tiempos actuales, por ejemplo, ¿quien no tiene un pariente o amigo que haya estado uno o varios años emigrados en Cuba, Venezuela o cualquier otro país americano? Pues bien estos emigrados dado su gran capacidad de adaptación, asumen de inmediato la cultura del país donde han emigrado en sus diferentes niveles, sus modos y costumbre, el tono característico de la manera de hablar etc., hasta el punto de que cuando regresan a la Matria, en los primeros momentos cuesta distinguir en él a un canario, además suele traer consigo y implantar entre nosotros aspectos culturales, musicales y costumbristas. Similar aptitud adopta cuando emigra a países europeos, tales como Alemania, Suecia, Francia o España.

Como es bien sabido, a nuestros ancestro se les obligó a asumir el cristianismo y se les impuso nombres europeos, posteriormente la inquisición española en Canarias se cuidó de que las nuevas generaciones no sólo no portaran nombres guanches, sino que además se les adoctrino para que renegaran de sus orígenes, creando incluso un censo secreto de las familias guanches de las islas, así una población que ostentaban nombres tan sonoros como: Abenaura, Abenchara, Acerina, Adasat, Anagua, Arecida, Aremoga, Chaxiraxi, Chimaye, Collarapa, Dácil, Dafra, Daida, Daniasa, Arminda, Meagens, Moneyba, Tassa, Tassat, Talegaza, Tazirga, Tegina, Tegueyga, Teguise, Tenercina, Tenesoya. Abian, Abtejo, Adargota, Aday, Adargoma, Adxoña, Afur, Aguahuco, Aguaberque, Uramas o Doramas, Chimenchia, Benchomo, Bentor, Bentejuí, Archinife, Akaymo, etc., les fueron sustituidos por otros como: Petra, María, Josefa, Ana, Luisa, Diego, Antonio, Alonso, Jorge, Bernardo, Eduardo, Felipe, etc.

Es ciertamente lamentable que los nombres de nuestros ancestros estén hoy prácticamente erradicados en nuestra Matria mientras se conservan con orgullo en América donde son frecuentes los apellidos Garachico, Orotava, Tahoro, Chaurero, Teida, Tejina etc.

Así, con la desaparición oficial de los antropónimos originarios canarios, algunos seudosintelectuales de servicio e incluso algunos investigadores de salón al servicio del sistema colonial quieren hacer creer que la etnia guanche ha desaparecido, cuando en realidad constituye la parte mayoritaria de la población actual “disfrazada” con nombres europeos.

Como sabiamente expone mi amigo Rodolfo en su comentario a un insustancial artículo en el que su poco documentado autor (26-11-07) ponía en duda la presencia continuada y mayoritaria de la etnia de los antiguos canarios en la población actual:

“La demencia senil más peligrosa es la que se anticipa en edad joven o madura. El menosprecio a sus mayores, a sus antepasados, a sus ancestros, les hace delirar despreciándose a sí mismos.

Preguntemos a nuestros padres y abuelos que concepto tienen ellos de sus progenitores, de sus antepasados... Quienes desprecian a la vejentud se desprecian a sí mismos. ¿Que esperan recibir de sus hijos y nietos dentro de no tantos años? ¡Quizás despreciarán la cordura de los apátridas y bendecirán la locura de los patriotas!”

Para quienes desconocen o prefieren desconocer que los guanches actuales somos el fruto de un proceso de adaptación y evolución – que no de mestizaje como algunos interesados propugnan -dentro de la sociedad impuesta, nos vamos a permitir reproducir algunos textos tomados de la ingente obra que el investigador don Octavio Rodríguez Delgado dedica al sacerdote de la iglesia católica Dr. D. Agustín Díaz Núñez, descendiente directo de  la nobleza guanche del bando de Güimar en la isla Chinet (Tenerife).

“Su ascendencia por línea paterna es de origen guanche y se extendió por las comarcas de Güímar y Abona. Entre los miembros más próximos a la ascendencia que nos ocupa destacaron, entre otros: Don Salvador González Natural, fundador del Valle de San Lorenzo; don Marcos González del Castillo, capitán de Milicias; Lcdo., don Salvador González, cura de Granadilla; Lcdo. don Francisco González "Natural", beneficiado de Adeje y capellán de Arico; don Aparicio González Natural, capitán de Milicias; don Diego de Linares, alférez de Milicias; don Salvador González Mexías, alcalde de Arico; don Diego Delgado Mexía, clérigo tonsurado; don Salvador Delgado, alférez de Milicias; don Juan Delgado Trinidad, alférez de Milicias; don Manuel Pérez Delgado, ayudante de Milicias; don Juan Delgado de Medina, alférez de Milicias; don Luís Díaz de Medina, alférez de Milicias; don Cristóbal Pérez Elías, mayordomo de la Hermandad del Rosario; don Hilario Pérez Elías, mayordomo de la Hermandad del Rosario; don Pedro Pérez Elías, síndico personero y  varias veces alcalde de Fasnia; don Bernardo Pérez Elías, mayordomo de las Hermandades del Rosario y del Santísimo Sacramento; don Joaquín Pérez Elías, mayordomo de la Hermandad del Santísimo Sacramento; don Domingo Pérez Elías, mayordomo de la Hermandad del Rosario; don Tomás Romero Otazo, patrón de barco; don Pedro Díaz Montijo, agrimensor y fiel de fechos; don Segundo Díaz Rodríguez, sargento de Milicias; don Vicente Díaz Montijo, alcalde, síndico personero, fiel de fechos y notario público; tc.”

Esta familia la encabeza don Alonso González, un guanche tinerfeño de la nobleza indígena de Güímar, que disfrutó de considerables propiedades para su época. Comenzó usando el apellidó "González", para luego dividirse en cuatro ramas principales: la que continuó usando el antedicho apellido, que se extendió sobre todo por la comarca de Chasna, y las  que usaron en primer lugar los de "Delgado", "Pérez" o "Díaz", asentadas en el Valle de Güímar. Casi todas ellas se entrecruzaron con otras familias de origen guanche y, salvo, excepciones, sólo tardíamente recibieron sangre procedente de colonizadores.

Su hijo don Salvador González, Natural fue fundador del Valle de San Lorenzo y en su descendencia, extendida por toda la Comarca de Chasna (Arona, Vilaflor, San Miguel de Abona, Granadilla y Arico), sobresalieron muchos de sus miembros, que ocuparon puestos destacados en la Milicia, en la Iglesia y en los Ayuntamientos. Su bisnieta doña Margarita de Llerena se casó con el capitán don Juan Delgado, de la familia real guanche de Adeje, dejando ilustre descendencia en dicha localidad, de Fasnia y Güímar.

La rama de apellido Díaz no surgió hasta la cuarta generación, siendo el primero que lo llevó el alférez don Luís Díaz, cuya descendencia se mantuvo siempre en el municipio de Güímar. En la sexta generación fijaron su rama principal en el Pago de El Escobonal (también conocido por entonces como Agache -o Chimaje), y a partir de ella tomaron el apellido de Montijo (o Montijos) que usaron en solitario o sumaron al Díaz, tal como llegó al Dr. don Agustín Díaz Núñez, conocido en su infancia como don Agustín Montijos, o a su padre que siempre fue conocido como don Vicente Díaz Montijo; una calle de este importante barrio continúa siendo conocida aún como "Lomo de Montijo".

En esta última rama, que es la que nos ocupa, sobresalieron muchos de sus componentes, que alcanzaron plazas de oficiales en las Milicias Canarias, siguieron la carrera eclesiástica., tanto el clero secular como regular, o desempeñaron cargos de prestigio, como notarios públicos, agrimensores, alcaldes o personeros.

Alonso González “natural”
Este guanche tinerfeño, de los hidalgos del Bando de Güímar, contrajo matrimonio hacia 1519 con doña Catalina Gaspar "Natural", también de origen guanche e hija de don Gaspar Hernández (o Fernández) "el Guanche"57 y de doña Catalina Francisca (o Francesa). Algunos, genealogistas asimilaron a don Gaspar con el Mencey Adxoña de Abona, ya doña Catalina con una hija del Mencey Bencomo de Taoro, pero no hemos encontrado en ningún archivo una sola prueba que confirme dicha afirmación; antes bien, es casi seguro que don Gaspar no "fue el Rey de Abona, pues éste falleció antes de 1510, mientras que don Gaspar vivió muchos años más; además, algunos documentos parecen hacerlo proceder del bando de Anaga. Lo que sí parece evidente es el origen guanche de ambos.

Don Alonso llevó al matrimonio 100 cabezas de ganado cabruno y el vestido, mientras que doña Catalina no llevó sino algunas alhajas de casa.

Durante su vida en Común multiplicaron más de 1.000 cabezas de ganado caprino, mayor y menor, y 6 ó 7 esclavos, "entre machos y hembras",

Además del propio, don Alonso tenía a renta 150 cabras mayores, junto a don Bastián y don Rodrigo Guillén, que eran de doña Luisa A1onso, "natural", según se desprende del testamento de ésta, otorgado ante don Alonso Gutiérrez el 24 de noviembre de 1521; en el mismo aclaraba que "Alonso González, yerno de Gaspar el guanche", le debía 8 reales. Asimismo le debía 7 reales y medio a su suegro don Gaspar Fernández, de un bancal que pagó a don Jun Pacho, según Consta en el testamento de don Gaspar, otorgado el 14 de agosto de 1521 en las casas de su morada en la ciudad de La Laguna, por el que nombró a don A1onso Como su albacea.

Don Alonso González "Natural" murió en el Valle de Güímar y recibió sepultura en el Convento de Candelaria. Después de su fallecimiento se hizo partición de los bienes que había dejado entre sus hijos y esposa, ante el escribano público don Bartolomé Joven; dichos bienes se apreciaron en 600 doblas, la mitad de las cuales Correspondían a doña Catalina.

Una vez viuda, hacia 1558 doña Catalina contrajo segundas nupcias con don Rodrigo Pérez, también aborigen, Con quien se avecindó en Adeje; no tuvieron sucesión.

Después de este nuevo enlace donó a su hijo Juan Gaspar dos cuevas, dos hornos y una fanega de tierra en Chacaica (Güímar), Como agradecimiento por lo bien que se había portado con ella. Testó ante el escribano público del Valle de Güímar don Sancho de Urtarte el 6 de septiembre de 157958.

Don Alonso y doña Catalina procrearon 10 hijos:

1.- Do Antón González
Natural de Tenerife, poseía ganado y tierras en Agache, donde vendió a la viuda de Luís Velásquez 8 cahíces de tierras, cuatro de él y otros cuatro de sus hermanos Francisco y Salvador, mediante carta de venta otorgada ante el escribano público don Francisco Márquez.

A la muerte de don Alonso González, su madre le pidió que guardase las cabras que a la sazón poseían y que no fuesen al término de La Orotava, a cambio de lo cual le dio todas las hembras que nacieron entre octubre y la Navidad del primer año, encargo que no había aceptado su hermano Miguel.

Casó con doña Juana Hernández y murió en plena juventud, hacia 1565. Le sobrevivió su esposa, quien contrajo segundas nupcias con don Diego de Torres y falleció hacia 1571.

Don Antón y doña Juana tuvieron dos hijos de su matrimonio, de cuyas personas y bienes fue curador don Francisco González, Natural, hermano de don Antón, a quien la tutela le fue dicernida en octubre de 1565 por la justicia de esta isla, ante el escribano público de la isla don Simón de Açoca; por bienes de los dichos menores su tutor recibió un término de ganado y 2 cahíces de tierra en Agache. Tras la muerte de doña Juana Hernández entraron en poder de don Francisco González, como bienes de ambos menores, lo siguiente: 27 cabras parideras, una cabrilla de  más de un año, un cabrón padre, cinco reses vacunas, dos vacas de más de cuatro años, dos bueyes de cuatro años para arriba y un becerro de un año.

A) Don Martín Minuto
Murió antes que su abuela, quien heredó de él unas 60 doblas, parte  de ellas en ganado salvaje.

A) Doña Catalina Alonso
Casada en 1579 con don Sebastián Rodríguez, hijo de don Rodrigo Hernández, natural de Tenerife y vecino de Candelaria; su tío y curador don Francisco González Natural dio poder para dicho casamiento "en el valle y heredamiento de San Juan de Güímar", ante el escribano real don Sancho de Urtarte, el 5 de febrero de dicho año, pues era necesario para pedir la dispensa de parentesco, sobre la que hizo información el vicario don Juan de Cabrera por orden del obispo de las Islas don Cristóbal Vela.

El lunes 29 de febrero de 1580 su mencionado tutor don Francisco González dio un poder especial a favor de don Sebastián Rodríguez, para “cobrar cualquier mrs., pan, trigo, cebada, centeno, ganados, miel y otras cosas que a Catalina Alonso le sean debidas”; dicho poder fue otorgado en “el valle y heredamiento de Güímar” ante el escribano real don Sancho de Urtarte, del que fueron testigos don Alonso de Xerez Gardona, don Juan Albertos y don Juan Alonso "el Mozo", vecinos y estantes.

El 20 de junio de 1583 don Sebastián Rodríguez, "natural de Tenerife, morador en el pueblo de N. Sra. de Candelaria", dio poder general y especial a su hermano don Agustín Rodríguez, presente, "para que pueda vender todas las tierras limpias y montuosas que le pertenecen en esta isla, viña, colmenas, pan, trigo, cebada, centeno,
ganado ovejunos, cabrunos, vacas, bueyes, puercas, asnos, caballos, yeguas y bestias mulares, y para cobrar cualquier mrs., que le sean debidos y para representarlo en los pleitos"; dicho poder fue otorgado en el valle y heredamiento de Güímar ante el escribano Urtarte.

2.- Don Melchor
Falleció sin descendencia antes que su madre, por lo que ésta heredó de él 120 cabrillas.

3.- Don Miguel González
A la muerte de su padre, doña Catalina Gaspar le pidió que guardase las cabras que a la sazón poseían y que no fuesen al término de La Orotava, a cambio de lo cual le daría todas las hembras que naciesen entre octubre y la Navidad del primer año; pero don Miguel no se atrevió a aceptar la propuesta.

También murió sin sucesión antes que su madre, y ésta heredó de él una marca de ganado.

4.- Doña Margarita González (Guzmán)
Después del fallecimiento de su padre contrajo matrimonio con don Andrés de Llarena, hijo de don Andrés de Llerena 59, guanche principal del Bando de Güímar, y de doña María de Lugo, hija del Mencey Pelinor de Adeje (bautizado como don Diego ). Su madre le prometió y le dio como dote más de 100 doblas, en 1 esclavo llamado Gonzalo y en otras cosas, la mitad de lo cual procedía de los bienes de don Alonso González y la otra de los de doña Catalina Gaspar. Don Andrés de Llarena "el Menor" testó ante don Baltasar de Anchieta (1561-1562) y ya había muerto en septiembre de 1579, al testar su suegra.

Según una escritura de tutela otorgada ante don Juan del Castillo en marzo de 1563 se le conocen seis hijos:
A) Don Andrés de Llarena
E) Don Alonso
C) Don Miguel
D) Don Diego
E) Doña Catalina González. Fue dotada en 1580 cuando iba a contraer matrimonio con don Juan de Betancor.
F) Doña Bárbara (o Bárbola) (González) de Llerena. Fue dotada en 1586, al casarse con don Hernando de Ibaute. De este matrimonio fue hija: Doña Margarita de Llerena, casada con el capitán don Juan Delgado 60 de Adeje, escribano público de Chasna y alcalde mayor de Adeje, que en 1636 compró el altar de San Juan Bautista, con asiento, arrimo y sepultura, y otorgó testamento en Vllaflor en 1656 ante don Lorenzo Díaz Delgado; fueron ascendientes de la ilustre familia Delgado- Trinidad.

5.-Don Alonso González “natural”

Casó con doña María de Regla "Natural", hija de don Juan de Regla (nieto del Mencey Pelinor de Adeje) y de doña Lucía Delgado (o de Vera). Fueron vecinos de Tijoco.

Recibió 60 cabrillas a cuenta de los bienes de su padre. Y, tras la muerte de su hermano Melchor, su madre le dio 20 cabrillas, de las 120 que había heredado de aquel.

En agosto de 1583 vendió en el pueblo de Garachico al mercader don Antonio Hernández, que vivía en lcod de los Trigos, un pedazo de tierra de unas 18 o 20 fanegas de medida de cordel, "lindante con el camino que va a Adeje por las medianías de la parte de abajo, y por arriba con tierras que posee Juan Martín, vº., de Icode de los Vinos, con el barranco de Tijoco y con tierras de los herederos de Andrés de Llerena, sobre las cuales hay un tributo al quitar de principal de 30 doblas, por precio de 120 doblas"; la escritura de venta fue otorgada ante el escribano público y real don Juan de
Gordejuela, y en ella don Alonso estableció que fuese aprobada por sus hijos don Marcos González y doña Catalina Gaspar. Por este motivo, el 25 de ese mismo mes ambos hijos aprobaron la citada escritura de venta, "según como Alonso González la hizo y otorgó" y dieron poder a don Antonio Hernández para tomar la posesión de dichas tierras; así consta en documento otorgado en " el valle y heredamiento de San Juan de Güímar" ante el escribano real don Sancho de Urtarte. Como curiosidad, don Alonso González figuraba por entonces como "morador en Tijoco en Tenerife, vº., del
Pueblo de Garachico" y su esposa doña María de Regla ya estaba "difunta".

Cuatro de sus hijos (don Marcos, doña Luisa, doña Catalina y doña Águeda) otorgaron una escritura en 1629 ante el escribano público de Chasna don Andrés Hernández Pinto. Conocemos nueve hijos:

A) Doña Catalina Gaspar
E) Don Tomás
C) Don Lucas González
D) Doña María
E) Don Gaspar
F) Doña Águeda Delgado
G) Don Marcos González
H) Doña Leonor
I) Doña Luisa Delgado

6.- Don Francisco González, natural (o González Criador)

Figura en todos los documentos como "natural de Tenerife" y heredó de sus padres numerosas propiedades en Agache. En marzo de 1568 contrajo matrimonio con doña María Rodríguez, hija de don Rodrigo Hernández "Natural"61, apodado "el Gordo"; como dote la contrayente trajo 100 doblas, más ajuar y menajes de casa .valorados en 40 doblas, y una burra parida; mientras que él llevó un colmenar, con más de 30 colmenas, un término de ganado salvaje y cantidad de tierras, todo en Agache. La pareja se estableció en el pueblo de Candelaria.

Tras la muerte de su hermano Antón, en octubre de 1565 la justicia de esta isla nombró a don Francisco "tutor y curador de la personas y bienes" de sus sobrinos don Martín y doña Catalina, hijos de aquel; dicha tutela le fue concedida ante don Simón de Açoca, escribano público de la isla (en cuyo oficio le sucedió primero don Blas del Castillo y luego don Juan de Carminatis). En virtud de este encargo, hacia 1570 prestó 50 doblas, de a 500 maravedís cada una de moneda de Canaria, a su suegro don Rodrigo Hernández, morador en el pueblo de Candelaria. Asimismo, en 1572 prestó dinero a otras personas: 179 reales nuevos a don Rodrigo Pérez, natural de Tenerife y morador en Adeje; 130 reales nuevos a don Luís Alonso, de la misma naturaleza y morador en Candelaria; 90 reales nuevos a doña María Hernández, de igual naturaleza y vecindad, viuda de don Gaspar Rodríguez. Las cuatro obligaciones de devolución de las res pectivas cantidades fueron otorgadas el 18 de julio de 1574 en "el pueblo de N. Sra. de Candelaria, estando en las casas de la morada de Francisco González", ante el "escribano de S.M." don Sancho de Urtarte y los siguientes testigos: don Hernán Pérez, escribano de comisión, don Juan Alonso y don Manuel Estévez, vecinos y estantes en dicho lugar; en dichos documentos se establecía que la devolución de las referidas canti-
dades debía efectuarse en un año, a partir de esa misma fecha, por tanto antes del 18 de julio de 1575.

El 7 de agosto de 1573 don Francisco otorgó un contrato de compraventa ante el mencionado escribano don Sancho de Urtarte, mediante el cual compraba unas casas a don Luís Pérez y su esposa doña Beatriz Rodríguez, moradores en el Valle de Güímar, por un valor de 60 doblas de a 500 maravedís cada una de moneda de Canaria; y se obligó a pagárselas en 24 fanegas de trigo, a 11 reales cada una, y el resto en dinero de
contado, cantidad que se dio por liquidada en escritura otorgada el 16 de enero de 1574, ante el mismo escribano.

En 1573 se hizo y libró un albalá de conformidad entre don Francisco González y don Remando Díaz, éste morador en el pueblo de La Orotava, por el que nuestro biografiado había de dar a don Remando 15 cabras y 8 cabrillas; " las cabras de edad de 2 años arriba hasta 4 y no mas ni menos, y las cabrillas de año arriba, buenas y mansas tales que fuesen de recibir a vista de criadores; que no sean tuertas, ni tiñosas ni cojas ni de una teta",  que las debía entregar en Guananchizo, que era en la cumbre del pueblo de  La Orotava; a cambio el 28 de septiembre de dicho año don Remando le había dado una marca de ganado salvaje en el citado término de Guananchizo, como paga y remuneración de las reses, de lo que fueron testigos don Blas Álvarez, cajero, don Pedro de Sosa y don Damián Dabrantes. El viernes 12 de febrero de 1574 otorgaron una escritura ante don Sancho de Urtarte, en el valle y heredamiento de Güímar, declarando hacer dicho trueque y cambio.

También compró a don Mateo de Aday y su esposa doña Damiana Hernández otra "casa terrera cubierta de teja, sita en el pueblo de N. Sra. de Candelaria, de 25 pies de cumplido y 18 de ancho, con 1 corral que está en la parte de arriba de la casa, con sus cimientos, lindante con  solar que se dio a Pedro Pablos de Párraga, vo. difunto, que después lo vendió a Juan Rodríguez, labrador; natural, vº., por un precio de 42 doblas de a 500 maravedís cada una de moneda de Canaria, tal como figura en la escritura de venta otorgada por don Mateo y su esposa el 24 de junio de 1574 en el "valle y heredamiento de Güímar" ante don Sancho de Urtarte. Con esa misma fecha don Francisco González otorgó una escritura de obligación en el mismo lugar y ante el citado escribano, en la que actuaron como testigos don Pedro de Alarcón Medrano, don Juan Gaspar y don Melchor Hernández, vecinos: Francisco González, criador; natural, morador en el pueblo de N. Sra. de Candelaria,  hijo de Alonso González,  difunto. Dice que Matheos de Aday y Damiana Hernández, su mujer; vs., presentes, le han vendido una casa terrera cubierta de teja, con su corral, en el pueblo de N. Sra. de Candelaria, por 42 doblas de a 500 mrs. de moneda de canaria, según carta de venta. Aunque en la carta de venta se dieron por pagados, la verdad le resta 17 doblas de a 500 mrs., cada una de moneda de canaria, las cuales las pagará a plazo contenido en esta escritura. Por la presente se obliga a pagar a Matheos y a su mujer las 17 doblas en agosto de 1574, en esta isla en dineros de contado. [fol.235]. En fin, amenazamos con continuar…

Eguerew, diciembre de 2007.

Fuentes consultadas:
Luisa Isabel Álvarez de Toledo
Duquesa de Medinasidonia
África-Versus América, 2005.
En: www.webislam.com/?idl=203 - 36k

Octavio Rodríguez Delgado
El Dr. Don Agustín Díaz Núñez
Su vida, su familia y su obra (2 tomos)
Edicion: Caja Rural de Tenerife, Cabildo Insular de Tenerife, Cajacanarias.
ISBN: 84-7985-046-9. Santa Cruz de Tenerife, 1996.