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lunes, 7 de julio de 2014

Reflexiones históricas de la Emigración Canaria III




1863 diciembre 19.
Poco más de 150 años tiene este escrito, en el que se alerta de la situación precaria de la realidad de Lanzarote, con la persistente sequía que mataba; de la realidad de la miseria vivida allí; de su despoblamiento; del inconveniente de la ilegalidad del emigrante (¿les suena de algo?); de la desidia política ante el panorama...
 Con la serie Reflexiones históricas de la Emigración Canaria la revista digital de Cultura Canaria BienMeSabe.org quiere animar a la reflexión actual con textos, igualmente reflexivos, relacionados con la histórica emigración de canarias y canarios a lo largo del tiempo, especialmente la del siglo XIX a América. La intención, así, no es otra que despertar la conciencia histórica, como solemos hacerlo en estas páginas, con una perspectiva crítica vivificada desde el presente para dar con posibles y mejoradas respuestas en nuestro futuro próximo o lejano. Porque a nadie se le escapa la famosa fuga de cerebros (mejor llamar fuga de personas directamente) de jóvenes y no tan jóvenes de Canarias a otras partes del mundo actual que no encuentran un lugar propicio en esta tierra para crear su vida desde el pueblo y la familia que les ha visto crecer.
 No añadiremos reflexiones teóricas ni históricas de bulto, sino las necesarias para presentar diversos textos que hablan por sí solos, y en un lenguaje (en algunos casos adaptado a nuestra norma lingüística actual) directo que se entiende sin mayor dificultad; no sólo por la accesibilidad más o menos clara del registro utilizado, sino más bien y sobre todo por las posibles analogías con el presente que nos duele y que lloramos en buena medida. Algunas de las afirmaciones que podrán leer, en este y en posteriores rescates, se presentarán ante nuestra conciencia como asombrosas actualísimas ideas que en nuestros días también expresamos ante estos fenómenos humanos que se suceden en el mundo insular. En este sentido, se tornan valiosísimos estos escritos hoy históricos pero que fueron tembloroso presente, tantas veces doloroso, en el instante en que fueron dados a la luz en nuestros medios de información del XIX.
 Emigración
Dícese, y por lo tanto no salimos garantes de la exactitud de la noticia, que de la isla de Lanzarote han empezado a ser trasladados, en buques extranjeros y españoles, a Montevideo y Buenos Aires, algunos de nuestros paisanos a quienes la miseria, en unos, y el deseo de probar fortuna, en otros, obligan a abandonar el suelo patrio.
 El cumplimiento de las leyes vigentes, el estado de revolución en que casi siempre se hallan las repúblicas hispano-americanas, lo mal que se acostumbra mirar en esos países a los canarios pobres, las tropelías y asesinatos de que han sido víctimas allí, en donde se les hace creer que van a adquirir en poco tiempo grandes capitales, cuando por lo regular no hallan sino la miseria y la muerte, sirviendo a la vez de monopolio a las personas que, cuidando solo de aumentar sus intereses particulares, en nada o en poco tienen la dignidad del hombre ni el amor patrio; nos obligan a alzar nuestra humilde voz, llamando la atención de las Autoridades superiores de la Provincia sobre los desfavorables comentarios que han llegado hasta nuestra redacción. Allí lejos de las autoridades superiores, a las que hoy nos dirijimos, podrían quizás repetirse las escenas tristísimas y degradantes para nuestro país, que presenciamos no hace muchos años, cuando las expediciones para América estaban en boga entre nosotros; esas expediciones que recordamos con disgusto, porque a la vez de diezmar las islas y ser conducir [conducidas] a tierras lejanas sin amparo y sin saber para qué, familias enteras, daban una pobre idea de la dignidad e ilustración de las Canarias.
Y no se crea que tratamos ni remotamente de coartar la libertad individual, no. Consideramos sagrado el innegable derecho que asiste al hombre para trasladarse cuando quiera al país en que más le agrade fijar su residencia: nuestra conciencia y nuestros principios defienden ese derecho y detestamos, por lo tanto, todo lo que a él se oponga. Pero sí pedimos que esas expediciones se hagan con orden, en buques españoles que llenen los requisitos que las leyes determinan y que no se verifiquen por medios ilegales, empleándose argumentos seductores y haciéndose concebir a nuestros compatriotas esperanzas que luego desaparecen ante una horrible y amarga realidad: no quisiéramos, en fin, que el monopolio fuese el móvil de esas expediciones.
 Por otra parte, la emigración que amenaza dejar despoblados los pueblos y campos de Lanzarote, tiene un origen tan triste como desfavorable para la Nación: la escasez de agua que se viene experimentando en esa desdichada isla, que se ve abandonada a su propia desgracia, que en vano alza su voz demandando auxilio y protección. La falta de agua que convierte en páramos aquellos fértiles terrenos, hasta el doloroso extremo de verse privados sus habitantes de la puramente necesaria para las principales necesidades de la vida, ha llevado la miseria, el desaliento y a veces la desesperación, al interior de aquella roca del Atlántico, abandonada, al parecer, hasta por la Providencia.  ¿Qué extraño es, por lo tanto, que nuestros hermanos abandonen aquel suelo que sólo les brinda la muerte, después de largos años de sufrimiento y de miseria...?
 Las autoridades superiores administrativas de la Provincia y la prensa, siendo el eco del grito del infortunio que sin cesar arroja en su fatalidad la isla de Lanzarote, han hecho más que públicas las desgracias que agobian esa parte del territorio canario, demandando del Gobierno de la Nación la justa y humanitaria protección de que carece esa desventurada isla; pero todo ha sido en vano hasta hoy. Mañana cuando se trate, si es que algún día llega a pensarse en la salvación de Lanzarote, de la protección que ahora se le niega, vendrá tarde esa protección: la isla estará ya inhabitada y sobre la Nación pesará una responsabilidad grave y una acusasión terrible.
 ¡Dios oiga al fin el quejido que en su agonía exhala Lanzarote, ya que no alcanza un eco en el corazón de aquellos hombres que están llamados a salvarla del estado miserable en que se encuentra!
 (El Guanche, nº 415, 19 de dciembre de 1863. Este medio se puede consultar en la fundamental página de la ULPGC Jable. Archivo de Prensa Digital)
(Reflexiones históricas de la Emigración Canaria (III): El Guanche,1863.
El Guanche/ Redacción BienMeSabe. Publicado en el número 519 )





Reflexiones 2




1839 octubre 20.
Hace 174 años, el periódico de la capital tinerfeña El Conservador volvía a dar vueltas al tema de la emigración de los habitantes de las Islas, aportando datos bastante significativos, sobre este hecho, de la primera mitad del siglo XIX, así como causas y motivos.
 Con la serie Reflexiones históricas de la Emigración Canaria la revista digital de Cultura Canaria BienMeSabe.org quiere animar a la reflexión actual con textos, igualmente reflexivos, relacionados con la histórica emigración de canarias y canarios a lo largo del tiempo, especialmente la del siglo XIX a América. La intención, así, no es otra que despertar la conciencia histórica, como solemos hacerlo en estas páginas, con una perspectiva crítica vivificada desde el presente para dar con posibles y mejoradas respuestas en nuestro futuro próximo o lejano. Porque a nadie se le escapa la famosa fuga de cerebros (mejor llamar fuga de personas directamente) de jóvenes y no tan jóvenes de Canarias a otras partes del mundo actual que no encuentran un lugar propicio en esta tierra para crear su vida desde el pueblo y la familia que les ha visto crecer.
 No añadiremos reflexiones teóricas ni históricas de bulto, sino las necesarias para presentar diversos textos que hablan por sí solos, y en un lenguaje (en algunos casos adaptado a nuestra norma lingüística actual) directo que se entiende sin mayor dificultad; no sólo por la accesibilidad más o menos clara del registro utilizado, sino más bien y sobre todo por las posibles analogías con el presente que nos duele y que lloramos en buena medida. Algunas de las afirmaciones que podrán leer, en este y en posteriores rescates, se presentarán ante nuestra conciencia como asombrosas actualísimas ideas que en nuestros días también expresamos ante estos fenómenos humanos que se suceden en el mundo insular. En este sentido, se tornan valiosísimos estos escritos hoy históricos pero que fueron tembloroso presente, tantas veces doloroso, en el instante en que fueron dados a la luz en nuestros medios de información del XIX.
Santa Cruz 20 de Octubre de 1839
Sabemos que el Gobierno de S. M., movido por diversas exposiciones, ha decretado y hecho las más estrechas prevenciones a todas las Autoridades de la Provincia, para evitar o contener la emigración de los naturales de estas Islas, y como esta disposición debemos calificarla de un perjuicio trascendental, justo será que, para conseguir su modificación, dediquemos algunas columnas de nuestro periódico.

Es un principio reconocido por los mejores economistas que la población es siempre proporcionada a los medios de subsistencia, y aunque la opinión de estos Sabios no fuera bastante para convencernos, la experiencia, como se demostrará, ha de comprobar aún más aquel axioma.
 Diversas observaciones practicadas con el objeto de preparar este trabajo, han dado por resultado que en general la emigración es hoy mayor en cada una de las Islas que forman esta Provincia por el orden siguiente: Fuerteventura, Lanzarote, Tenerife, Canaria [Gran Canaria], Hierro, Palma y Gomera, guardando la proporción general de 1 por 103 almas.
 Vamos pues a examinar ahora cuál ha sido y es su población; el aumento que ésta ha tenido en los 35 años desde 1802 a 1837; y si los medios de subsistencia guardan la misma proporción, reservándonos para otra ocasión continuar estas observaciones con más datos.

La población general de las Islas ha sido y es aproximadamente la que sigue.

Año de 1802.................................... 184.516 almas
1837..................................... 243.234
 Vemos pues la progresión ascendente de la población y ella nos concede naturalmente a deducir la necesidad de la emigración, necesidad tan imperiosa que no hay poder que la evite, mucho más cuando todos los días escasean los medios de ocupación y subsistencia.
 No es preciso que nos remontemos a épocas lejanas para comprobar este extremo, pues en nuestros años y tiempos muy recientes lo hallamos justificado. Entre los diversos artículos que constituían la principal riqueza del país, la barrilla, el vino y el aguardiente eran los de mayor utilidad; pero sea que los extranjeros hayan podido surtir sus mercados con los de otros países, más cómodos en su precio, o que en los suyos hayan aclimatado la producción, ello es que cuando no hace muchos años la barrilla se vendía en las Islas a 150 rs. vn. quintal, y el vino a 1.200 pipa, hoy la primera escasamente se beneficia a 22 rs. 17 mrs. vn. y el segundo a 400.

Hemos hallado ya una causa, pero no la única pues es y muy grande la escasez de producciones agrícolas que por efecto de la sequedad de los inviernos se ha experimentado y que ha reducido islas enteras a la mayor miseria. Juzgamos también como una de mucha influencia lo poco repartida que se halla la propiedad, exclusiva en alguna de las Canarias de un corto número de familias; así es que la parte más numerosa de su población, que ocupa sólo el lugar de jornaleros o medianeros, no hayan recompensa alguna en sus trabajos y tienen por necesidad que buscar en otros países un jornal que, aunque adquirido a fuerza del sudor de su rostro, les proporciona alimento y aun permite hacer pequeños ahorros.
 Es pues una necesidad absoluta la emigración, y el quererla contener es desconocer los principios naturales, único móvil que induce a ella. Bien cierto será que cuando los isleños hallen en su país medios de subsistencia, no se expondrá a buscarla en otra parte, corriendo los peligros de una larga navegación y los trabajos a ella consiguientes. Búsqueseles ocupación, ya empleándolos en la construcción de caminos aquí tan malos y escasos; ya destinándolos a la explotación de aguas, tan abundantes en casi todas las Islas, que por descuido se pierden en las entrañas de la tierra y cuya falta no contribuye poco a nuestra miseria; ya protegiendo nuestra agricultura tan descuidada, y entonces se evitará la emigración. De otro modo, sin conseguir el objeto, no se alcanza más que proporcionar medios de especulación a ciertas clases, que prevalidas de los obstáculos hacen más lucrativas sus expediciones.
 Preciso es también que tratemos, aunque ligeramente, algo acerca del medio adoptado por el Gobierno para contener como dice la emigración. Por Real Orden del 16 de abril último se previno que todo capitán de buque que quisiese llevar pasajeros a nuestros puertos de Las Antillas deba precisamente depositar la cantidad de 400.000 rs. vn. en metálico. El Gobierno ignora que aquí hay muy pocos que puedan depositar esta exorbitante suma, siendo muchos los buques de estas Islas empleados en el transporte de pasajeros a América; y ¿qué sería de nuestra pobre marina mercantil si tal orden fuese exactamente cumplida? Estaría ya arruinada, porque ni hay abundancia de producciones que extraer, ni consumos considerables para importar: sería este el último golpe que sepultaría en la miseria del país, que sólo de este modo puede equilibrarse y que aún reporta bienes que quizá no han estado al alcance de los que quisieron alarmar al Gobierno con falsas suposiciones. Uno sólo de estos emigrados que retorne a las Islas trae a ellas más riqueza que la que pueden producir 100 si se evitase, y este hecho lo reconocemos por experiencia y vemos siempre que llega algún buque de nuestras Américas.
 El Excmo. Sr. Gefe Político ha representado a S. M. acerca del particular y la Diputación Provincial tenemos entendido tratar de hacerlo. Estas exposiciones deben ser apoyadas por los Diputados de la Provincia, pues son de un interés considerable a su felicidad, trabajando por conseguir que en vez de ser entorpecida la emigración, se libre a estos naturales de ciertas trabas que en el tiempo se indicarán.
 (El Conservador, nº 18, 20 de octubre de 1839. Este medio se puede consultar en la fundamental página de la ULPGC Jable. Archivo de Prensa Digital)
(El Conservador/ Redacción BienMeSabe. Publicado en el número 474 )


Reflexiones históricas de la Emigración Canaria (I) El Atlante. 1838.





1838 enero 25.
Hace 175 años, el 25 de enero de 1838, el periódico tinerfeño El Atlante publicaba un texto que respondía a la pregunta ¿La emigración para las Américas es un bien o es un mal para estas Islas? Hoy nos preguntamos algo parecido cuando los jóvenes han de partir en busca de mejor vida...
 Con la serie Reflexiones históricas de la Emigración Canaria la revista digital de Cultura Canaria BienMeSabe.org quiere animar a la reflexión actual con textos, igualmente reflexivos, relacionados con la histórica emigración de canarias y canarios a lo largo del tiempo, especialmente la del siglo XIX a América. La intención, así, no es otra que despertar la conciencia histórica, como solemos hacerlo en estas páginas, con una perspectiva crítica vivificada desde el presente para dar con posibles y mejoradas respuestas en nuestro futuro próximo o lejano. Porque a nadie se le escapa la famosa fuga de cerebros (mejor llamar fuga de personas directamente) de jóvenes y no tan jóvenes de Canarias a otras partes del mundo actual que no encuentran un lugar propicio en esta tierra para crear su vida desde el pueblo y la familia que les ha visto crecer.
 No añadiremos reflexiones teóricas ni históricas de bulto, sino las necesarias para presentar diversos textos que hablan por sí solos, y en un lenguaje (en algunos casos adaptado a nuestra norma lingüística actual) directo que se entiende sin mayor dificultad; no sólo por la accesibilidad más o menos clara del registro utilizado, sino más bien y sobre todo por las posibles analogías con el presente que nos duele y que lloramos en buena medida. Algunas de las afirmaciones que podrán leer, en este y en posteriores rescates, se presentarán ante nuestra conciencia como asombrosas actualísimas ideas que en nuestros días también expresamos ante estos fenómenos humanos que se suceden en el mundo insular. En este sentido, se tornan valiosísimos estos escritos hoy históricos pero que fueron tembloroso presente, tantas veces doloroso, en el instante en que fueron dados a la luz en nuestros medios de información del XIX.
 Quedémonos, pues, con el primero de ellos y juzguen ustedes mismos.
 ¿La emigración para las Américas es un bien o es un mal para estas Islas?
He aquí una de las varias cuestiones importantes que pueden ofrecerse a la administración de estas islas, y que se ha sostenido, ya en pro ya en contra, aunque no considerada en todas sus relaciones y consecuencias.

Hasta ahora, no se ha decidido por la legislación si se tiene como un bien o como un mal y de aquí la incertidumbre y contradicciones que se notan en las órdenes que rigen en esta materia, y producen un mal positivo; ya lo sea o no la emigración, porque si lo es, mal hecho permitirá, y si no lo es, mal hecho ponerle trabas.

Importa, pues, que esta cuestión se decida de una vez, y ya sea la emigración sancionada, ya reprobada, fije la administración sus principios sobre ella.

Los nuestros son conformes con los que entendemos establece el derecho natural; y con ellos consideramos hallarse en armonía los principios económicos y administrativos; pero no lisongeándonos nuestro amor propio, antes desconfiando del juicio que hemos podido formar en esta cuestión; menos que exponer nuestras ideas sobre esta materia, nos proponemos hoy sólo dar publicidad a algunos datos que hemos recogido, y pueden servir para la más fácil resolución de tan importante problema, permitiéndonos alguna que otra reflexión al enunciar aquellos hechos.
 La emigración para las Américas ha sido desde el descubrimiento de aquellas regiones no solo permitida a estos naturales, mas estimulada también, pues además de las reclutas que se hacían en islas, para pasar á la conquista, posteriormente en tiempo de los registros era obligación de los buques que se registraban para las toneladas que se concedieron al comercio de islas, llevar gratuitamente, a aquellas posesiones, cierto número de familias, con el objeto de poblarlas; y la historia nos conserva la noticia de muchos pueblos formados todos de isleños, y a los cuales se dieron nombres de estas islas.
 Esta emigración siguió efectuándose constantemente, y aunque debió ser mucho menor, después de cortadas las comunicaciones con las posesiones de América, consta de los registros que hemos tenido a la vista que desde el año 1818 al de 1836 inclusive emigraron 10.905 personas, a saber 8.696 varones y 2.210 hembras; y si se toman en cuenta las emigradas furtivamente y estimándolas en 5 por ciento, resultará que las personas emigradas en el periodo de los 19 años dichos, llegan al número de 11.451; que da por término medio 602 personas en cada año.
 Según los estados del movimiento de la población en los años 1834 y 1835, la comparación de los nacidos y finados en dichos años da en el primero un exceso de 3.921 nacidos, y el segundo de 3.871; de donde se ve que la emigración no ha excedido de un sexto de la población aumentada; y aunque en los años anteriores a la independencia de las Américas debió ser mayor, nunca llegó ni en mucho al aumento que la población tenía anualmente, como se demuestra por los censos, que dan un aumento constante y progresivo en la población de las islas.

Estos datos dejan incontestablemente demostrado que la emigración no es, comparada con el aumento que la población tiene, tan excesiva como ha pretendido abultarse; y que a pesar de ella, el país ha experimentado un progreso en su población, como los más favorecidos en esta parte.

Por estos hechos se prueba igualmente que ni el cultivo de la tierra ha podido experimentar decadencia por la falta de brazos, ni el precio de los jornales subir por aquella misma falta, supuesto que la población, lejos de haber disminuido, ha aumentado; y en efecto, así se observa, en cuanto a lo primero por la conocida extensión que progresivamente se ha dado a la agricultura, reduciendo a cultivo todos los años nuevos terrenos; y en cuanto a lo segundo, por la baja que sucesivamente ha sufrido el precio de los jornales, demostrada por el menor valor de todas las producciones.
 Si, pues, la emigración a América no ha producido hasta el día los males que se abultan, no deben temerse las ocasiones en adelante; antes continuando como debe continuar el aumento de la población (porque las mismas causas producen siempre los mismos efectos), llegará el caso en que aquella emigración sea una necesidad precisa para estas islas; pues lo es para todo país que no puede proporcionar trabajo, ni por consiguiente alimentar, a todos sus habitantes.
 Hasta aquí hemos considerado solo los hechos que prueban no ser un mal la emigración; otros hay que demuestran que es un bien, y su notoriedad hace bastante citarlos. En efecto, nadie podrá poner en duda que una gran parte de las fortunas que existen en islas han sido adquiridas en América, o por sus actuales poseedores o por sus antepasados; que los pueblos que más progresan son aquellos que cuentan con mayor número de emigrados en América, porque sus familias reciben continuos socorros, cuyo numerario sirve para fomentar el trabajo, fuente única de riqueza; retornando por último a su patria muchos de estos emigrados a invertir en ella los capitales que adquirieron en su emigración; que la juventud pereciera en la ociosidad por falta de destino  en esta islas, si no fuera a buscarlo en las regiones de América; y, por último, que cuantos aumentos han tenido estas islas a las riquezas importadas de aquellos países fueron debidos.
 En vista de tales hechos, creemos que nuestro juicio en esta cuestión no es muy aventurado; sin embargo, desconfiamos siempre de él como hemos dicho, y nos limitamos a excitar el patriotismo de las personas encargadas de la administración pública, para que una vez se fijen las ideas sobre esta
materia pues, aunque nos consta que el gobierno político, y la Diputación Provincial, se hallan trabajando sobre esta grave materia, es muy urgente que ya por el poder legislativo, ya por el gobierno, se dicten las reglas que hayan de seguirse en estas islas, en una parte de su administración, que como en otras muchas exigen sus particulares circunstancias, preceptos arreglados a las necesidades que ellas crean, y nada tienen de común con las de las provincias peninsulares; cesando la incertidumbre que hay en el día, y con ella las graves extorsiones y perjuicios que produce.
 (El Atlante, nº 25, 25 de enero de 1838. Este medio se puede consultar en la fundamental página de la ULPGC Jable. Archivo de Prensa Digital)
(El Atlante/ Redacción BienMeSabe.Publicado en el número 466 )


La emigración en masa 1880-1930.




1932.
En total, entre 1898 y 1932, se produjeron unas 70.000 salidas de Canarias hacia Cuba, lo que, a la vista de los 458.000 escasos habitantes que tenía el Archipiélago en 1920, magnifica el volumen del trasiego de población.

La emigración canaria a América se convirtió, tal y como ocurriera previamente con la europea-occidental, en un fenómeno de masas a partir del último cuarto del siglo XIX, características que mantuvo hasta la tercera década del siglo XX. Como el destino mayoritario era Cuba, los rasgos propios de esta etapa no se hicieron bien visibles hasta después del parón provocado por la guerra de emancipación de la isla antillana, en cuyos bandos contendientes se involucraron los emigrados isleños.
El “desastre” del 98, que tantas fracturas causó en la sociedad española a todos los niveles, pasó prácticamente inadvertido en el migratorio, dado que sólo se dejó notar en una transitoria inflexión. Es más, fue a partir de entonces cuando el éxodo alcanzó, y con enorme diferencia, sus cotas más altas, por más que las relaciones bilaterales entre Cuba y España no se normalizaran hasta mediados de la tercera década del siglo XX, precisamente, cuando el proceso ya estaba en plena regresión.
Las razones que hacen explicables la afluencia isleña al Caribe eran de carácter económico. De un lado estaba Cuba, que demandaba fuerza de trabajo, tanto para las labores de reconstrucción del país como para el desarrollo de la producción azucarera. De otro, Canarias, que necesitaba dar salida a sus excedentes de brazos en una época marcada por la renovación del sector exterior con el cultivo del plátano, el tomate y la papa temprana. Las recientes mejoras de la navegación transoceánica se encargaron de crear la infraestructura comunicativa precisa para efectuar los trasvases de población entre las dos orillas del Atlántico.
El marco legislativo
En respuesta a sus desiguales necesidades, los respectivos gobiernos tejieron un armazón jurídico que resultó, en su complementariedad, sumamente eficaz para articular el comúnmente deseado flujo migratorio. En el polo de atracción, la naciente república de Cuba puso de inmediato en vigor una ley que, inspirada en criterios nacionalistas, pretendía atraer población blanca, especialmente española y, sobre todo, canaria. Por su parte, España aprobó una legislación sumamente permisiva en especial con la ley de 21 de diciembre de 1907, que reconocía la libertad de emigrar a todos los ciudadanos, exceptuando tan sólo a los jóvenes en el año que ingresaban en el servicio militar, a los soldados en activo, y a los individuos encausados por problemas judiciales.
La dinámica de la emigración
Sobre tales bases, y al ritmo que marcaban los factores de atracción en Cuba y de expulsión en Canarias, se articuló una emigración “temporal” con períodos de estancia muy desiguales, aunque predominantemente entre los cuatro y los siete años, que poco a poco sedimentó una colonia canaria en la isla antillana. Como el destino mayoritario eran los ingenios y centrales azucareros, las salidas y los retornos se agolpaban al inicio y al término de las zafras, esto es, en los meses otoñales y primaverales, lo que a algún observador incauto le ha hecho hablar, sin reparar en el hecho de que los que iban y venían no eran los mismos todos los años, de una emigración “golondrina”.
Por debajo de la economía incidían otros factores de diversa índole, los cuales hacen explicables las variantes geográficas y sectoriales que resultan incomprensibles a la luz de la coyuntura económica. Tal era el caso de los enganchadores que, como el agente de la Cuban American Sugar Company, Arturo Roca Mandillo, instigaban a los indecisos a partir con toda suerte de argucias. Otros mecanismos eran espontáneos, como la llamada privación relativa, esto es, la mayor propensión a emigrar que surgía en los lugares donde se habían introducido diferencias económicas recientes. Entre la casuística restante, especial interés por generar un segmento diferenciado, aunque muy minoritario, tuvieron las redes migratorias, esto es, los lazos humanos tejidos entre los dos polos del flujo migratorio.
En algunos casos, el dinamizador del proceso fue un individuo, caso de Federico Almeida Cauvin, uno de los escasísimos emigrados que consiguió, en el último tercio del siglo XIX, hacer fortuna, el cual impulsó una corriente inmigratoria familiar desde su tierra natal, el norte de Gran Canaria, hacia los centrales que tenía en Santiago de Cuba. En otros casos, como ocurriera en la llamada capital canaria de Cuba, Cabaiguán, las redes migratorias eran plurales y atraían familias de lugares diversos del archipiélago para cultivar tabaco. Estos colectivos de emigrados se caracterizaban por contener un alto componente femenino, practicar una acusada endogamia, estar menos integrados en el país de acogida y conservar en mayor medida los patrones culturales propios.
El perfil del emigrante
Pero, como dijimos, la tipología mayoritaria del isleño que emigró a Cuba fue la de un joven menor de veinte años, soltero y con baja cualificación laboral, que recaló en los centrales e ingenios azucareros de las zonas más inhóspitas de la isla. Junto a la motivación económica, la partida al amparo de la ley antes del año del llamamiento a filas para eludir el servicio militar fue el otro factor coadyuvante del proceso, por lo que las altas cifras supuestas sobre la emigración clandestina por los autores que equiparan los prófugos con las salidas ilegales del archipiélago carecen de fundamento.
El segmento que optó por las repúblicas continentales
Junto al masivo contingente que se estableció en Cuba, cifrado en un 80% del total, el 20% restante recaló, bien directamente o por reemigración desde la isla antillana, en las otras repúblicas americanas. Los rasgos dominantes del colectivo eran la procedencia de las áreas urbanizadas del Archipiélago, el componente familiar, el nivel de cualificación más alto y la mayor propensión a hacer definitiva la expatriación. En los años veinte, estos destinos habían alcanzado la pujanza suficiente como para hacer florecer sendas asociaciones canarias en Buenos Aires y Montevideo.
La cuantificación del éxodo
El apogeo de la emigración aconteció en la I Guerra Mundial y la posguerra, cuando la altísima cotización del azúcar en Cuba coincidió con una espantosa crisis en Canarias, lo que se tradujo en un número de salidas, contando las clandestinas, superior a las 40.000. Fue en aquella coyuntura cuando, a consecuencia de un temporal y las penurias de la navegación de la época, naufragó el ‘Valbanera’ en aguas próximas a La Habana con varios centenares de canarios a bordo. Por entonces, casi unas tres cuartas partes de los jóvenes isleños comprendidos entre los 15 y los 20 años estaban emigrados en Cuba.
La afluencia a la isla antillana se paró en seco tras el hundimiento del sector azucarero en 1920, lo que unido a la paulatina recuperación de la economía canaria hizo que a partir de entonces los retornos predominaran, salvo en 1924, sobre las salidas. El punto final llegó en el otoño de 1932, cuando entró en vigor la exigencia de un depósito en metálico para poder entrar al país que, a la postre, cercenó los últimos coletazos de la secular afluencia. En total, entre 1898 y 1932, se produjeron unas 70.000 salidas de Canarias hacia Cuba, lo que, a la vista de los 458.000 escasos habitantes que tenía el Archipiélago en 1920, magnifica el volumen del trasiego de población.
Las consecuencias de la emigración
A la hora de hacer un balance de los hechos estudiados, debemos tener presente que los ahorros más cuantiosos, los conseguidos durante la Danza de los millones, se esfumaron tras del desmoronamiento del sector azucarero en 1920 y la subsiguiente moratoria bancaria. El beneficio para el Archipiélago, pues, se redujo a un goteo atomizado de circulante que, en el mejor de los casos, consolidó la pequeña propiedad agraria. Y ello, a un costo humano y afectivo descomunal. Por otra parte, la minoría isleña que consiguió montar un negocio en Cuba aguantó el temporal mientras pudo aglutinada en torno a la Asociación Canaria. Esta burguesía afrontó la crisis con la esperanza de que la situación cambiara algún día para poder enajenar sus propiedades a precios razonables, por lo que quedó atrapada allende los mares, donde, años más tarde, asistió a la revolución castrista y, luego, readaptó su quehacer a un entorno social antagónico al que le había instado a emigrar.
Porque el gran beneficiado de la emigración canaria a Cuba no fue otro que el capital norteamericano invertido en el sector azucarero, a cuyo redil fueron a parar, a través de los circuitos del capitalismo, las plusvalías generadas por los esforzados isleños.

(Julio Antonio Yanez Mesa, 2007, en Revista Canarii)

(Julio Antonio Yanes Mesa es historiador y profesor titular de la Universidad de La Laguna)

.La emigración canaria en Cuba. Consecuencias económicas y socioculturales.




1999 febrero 24.
Actualmente la cooperación canario cubana muestra como logros en este renglón la producción cooperada de "Punch cigarritos" pertenece a la Compañía de Tabacos Isleños (COTAIS), una asociación económica entre la Compañía Tabacos Isleños S.A. (CITA) y la Unión de Empresas del Tabaco de Cuba que se constituyó oficialmente el 24 de febrero de 1999 y está ubicada en Tenerife. La socia cubana situada en el municipio habanero de El Cerro, requirió una inversión de 300.000 dólares para su reconversión tecnológica. COTAIS cuenta con un capital inicial de tres millones de dólares aportados por ambas partes.


 Introducción

El tema de la emigración es uno de los más recurrentes en la literatura contemporánea. El proceso de globalización de la economía mundial ha contribuido sensiblemente al rompimiento relativo de las barreras nacionales, favoreciendo el “libre” movimiento de personas desde lugares muy distantes. Todo esto facilitado por un desarrollo sin precedentes del transporte, las telecomunicaciones, los servicios financieros y el turismo, entre otros.

La migración temporal o total o en transición de la una a la otra obedece a motivos tan variados como las personas que protagonizan el movimiento migratorio. No obstante los motivos económicos y familiares resultan ser los de más peso. En el factor económico, que es esencial se insiste en que la desigualdad económica de las naciones, es una causa esencial de los movimientos migratorios: esta se manifiesta como diferencias internacionales de salarios y de ingresos, y por tanto de niveles de vida motivo esencial; aunque no deben olvidarse otras causas importantes como son los desastres naturales, las guerras, las epidemias, entre otras.
La emigración es un tema muy actual y, al mismo tiempo, es un tema muy antiguo. El mundo actual tal y como o vemos hoy, es el resultado del movimiento migratorio desde las primeras civilizaciones y asentamientos humanos hasta conformar el mapa político global en la actualidad buscando siempre mejores condiciones de vida. El continente americano no esta exento de esta tendencia. En si mismo es resultado de un movimiento migratorio primero de aborígenes, después de españoles y mas tarde portugués, ingles, francés, etc. No es desacertado decir que la cultura americana han tenido una influencia decisiva las migraciones, que al asentarse y unirse con la nativa dieron origen a lo que hoy es el ser latinoamericano.


Cuba a diferencia de la América Latina, se caracteriza por una débil influencia indígena y una mayor influencia negra española y china en su conformación cultural y más débilmente influencia caribeña francesa e inglesa. A raíz del aniversario en los 90s del encuentro entre las cultural se volvió en toda la América Latina el debate sobre el choque, encuentro o desencuentro de culturas. Más allá de la polémica en la cual no nos vamos adentrar porque nos parece suficientemente aclarada, lo que si fue importante es el replanteamiento del aporte mutuo de las mismas a la identidad y el desarrollo nacional. En esa dirección en América Latina y en Cuba en particular se reactivaron las publicaciones y estudios sobre la influencia de las emigraciones en la cultura cubana, fundamentalmente las menos estudiadas, las influencias china y canaria.
El objetivo de esta ponencia es valorar la influencia de la emigración canaria desde los puntos de vista económico y sociocultural en Cuba, tomando como referencia su presencia en la zona central. Para lograr el mismo se han revisado numerosos materiales antiguos y recientes; publicados e inéditos sobre el tema los cuales han arrojado luz sobre un tema insuficientemente estudiado. El presente se inscribe en un conjunto de esfuerzos que han sido promovidos por la Asociación Canaria de Cuba (ACC) en su sede Central; que estimula las actividades de extensión desde la Universidad y otros centros incentivando la investigación, el conocimiento y entendimiento mutuos, y el intercambio cultural y las acciones solidarias. Un segundo objetivo, y no menos importante es determinar temas para nuevos trabajos y estimular los estudios sobre el tema general de la emigración y su impacto cultural.
La emigración canaria. Historia.
Existen evidencias de que en el segundo viaje de Colon a América con él viajaron canarios, que seguramente aprovecharon la escala que hizo su expedición en el archipiélago. Se sabe con seguridad de 35 pasajeros que viajaron de las Islas Canarias a La Habana en 1686 , a bordo del velero Nuestra Señora de Guadalupe y San Juan (del 3 Mar 1686 al 12 Jun. 1683). En la segunda mitad del siglo XVI se habla de 65 personas que emigran legalmente. Las investigaciones de Miriam Rivera dan fe de este primer viaje y de una lista de veleros que hacían la ruta entre las Islas Canarias, Puerto Rico y Cuba en los años 1756-1773. Estas investigaciones de archivo arrojan luz sobre la antigüedad de la presencia de canarios en el nuevo mundo y en Cuba.
Los canarios participarían en la conquista como expertos guías. Entre 1492 y 1506 al menos 12 de las mayores expediciones hacen escala en La Gomera o Tenerife. Entre ellas las de los mayores nombres de la conquista como Colón, Ojeda, Vespuccio, Pedrarias, La Cosa, Yáñez u Ovando. Las Canarias tienen el privilegio de comerciar con Indias desde los comienzos de la colonización del Nuevo Mundo. Una Real Orden de 1511 simplemente especifica que los canarios parten solamente con la autorización del capitán del navío
Numerosos factores favorecieron la estabilidad y el crecimiento de la corriente migratoria en primer lugar, la crisis económica en Canarias; la política de la corona española de promover la migración voluntaria e involuntaria. La emigración forzada (involuntaria) se realizo mediante el mandato del Tributo de Sangre (Real Cédula del 25 de mayo de 1678), en virtud de la cual por cada 100 T de M que se exportaran al nuevo continente, debían enviarse 5 familias. La voluntaria se estimulo mediante La Real Célula del 11 de abril 1688, que responsabilizaba a Cuba y Puerto Rico a facilitarles tierras a las familias que emigraban. No puede desdeñarse los rumores y la certeza sobre la existencia de oro, y la aspiración de mejoría económica en un continente poco poblado, aun sin explotar que, supuestamente, ofrecía posibilidades para todos.
La emigración se extendió en oleadas sucesivas ascendentes hasta la mitad del siglo XIX. En el censo de 1846 se contabilizaron 45.814 canarios en Cuba. A partir de mediados de siglo se verifica una disminución en la corriente migratoria canaria a la isla, que se reactivo a finales de la década del 60, periodo en el cual las autoridades españolas contabilizaban unos 60 000 isleños aquí. La emigración ascendente que fue paralizada por la guerra de independencia y se mantuvo deprimida hasta la segunda década del siglo XX, en esta etapa (1868-1913 aproximadamente) la tendencia fue a la inversa (retorno). Es posible que la nueva oleada haya tenido que ver con la amenaza inminente de la Primera Guerra Mundial.
La emigración española y canaria tienen sus diferencias muy específicas: los españoles vinieron como colonos y les fueron entregadas tierras en encomienda. En ese momento histórico las Islas Canarias eran colonia española, esto decidió su destino: los naturales de las Islas Canarias o isleños, se destinaron como mano de obra para las plantaciones de caña de azúcar y de tabaco y tuvieron suerte al no ser considerados oficialmente esclavos. Aun así fueron superexplotados en las plantaciones de caña, tabaco, obras en condiciones de la más onerosa servidumbre.
Las provincias centrales de Cuba fueron objeto de la inmigración canaria en el siglo XVII. Los canarios o isleños se asentaron en el centro y están vinculados con la fundación de sus principales poblados como Sagua la Grande, fundada en el 1812 por el colono de origen canario Don Juan Caballero, Santa Clara, Camajuaní, San Juan de los Remedios, Vueltas, Santo Domingo, El Hoyo en Manicaragua , entre otras. Los canarios venían preferentemente de Gran Canaria, Tenerife y La Palma.
La fundación de Placetas data del 24 de marzo del 1847 en la Iglesia del Copey, y fue promovida por habitantes de Remedios y sus alrededores que trataban de moverse más al interior del territorio buscando mejores tierras para el tabaco y más seguridad de los ataques de corsarios y piratas. En el asentamiento el 63,9 % de los pobladores provenían de Canarias, de Tenerife el 39,8%; La Palma 27,0 %; La Gomera 19,8%; Gran Canaria 12,8%. Las actividades económicas a las que se dedicaron fueron: labores agrícolas: 44,2%; Amas de Casa 26,6%; Comercio 11,5%; y soldados el 8,8%, entre otras. Esta composición confirma el criterio prevaleciente entre los estudiosos del tema acerca de la procedencia humilde y rural, y el carácter familiar de la emigración canaria. Es interesante el detalle de que los canarios se asentaban preferentemente en las zonas rurales y no en las cabeceras de provincias donde predominaba la emigración peninsular, de aquí se desprende que las influencias económicas y socioculturales canarias se vean mas marcadamente en las zonas rurales y en la cultura campesina en Cuba.

Sagua fue fundada el 8 de diciembre de 1812. A finales del siglo XVIII, Sagua la Grande era solo un caserío incipiente conocido como Embarcadero, ubicado a orillas del río. Don Juan Caballero, colono de origen canario fundó la ciudad en 1812 con la celebración de una misa en una ermita rústica, construida para ese propósito.

Cabaiguán en el periodo que va entre 1830 y 1850 se incrementa la llegada de isleños a Cuba, la construcción del ferrocarril demandó mano de obra adicional para estas labores. Casi un millar de canarios participaron en la construcción del primer tramo Habana-Bejucal. La historia de la fundación de Cabaiguán(1894), conocido como la capital canaria de Cuba esta relacionada con las inmigraciones de las siete Islas, ocurridas desde el pasado siglo, y que se fortalecen a partir de 1902 paralelamente con la construcción del ferrocarril central. Cabaiguán que nació de un minúsculo caserío del fenecido partido de Neiva, que en 1861 contaba sólo con 25 habitantes y ya en 1919, tenía una población de 4,361 personas.
La historia de la ciudad cabecera Santa Clara, desde su fundación el 16 de julio de 1689, esta vinculada con la emigración canaria y sus primeros descendientes. Es el resultado de la migración hacia el sur de canarios que ya antes se habían asentado en Remedios y Camajuaní y buscaban mayor protección con respecto a los ataques de corsarios y piratas y otros pillajes relacionados con el comercio de contrabando. En Santa Clara se asentó un grupo considerable de canarios nativos de Aguimes (Gran Canaria), de estos quedan aún descendientes.
Los isleños al asentarse, se dedicaron a la agricultura y la manufactura tabacalera y de norte a sur, tras mejores condiciones naturales para el tabaco, se fueron moviendo y asentándose hasta llegar las montañas de Macizo del Escambray, donde hicieron un importante asentamiento en El Hoyo, en el actual municipio de Manicaragua. En la misma medida en que se extendía la demanda de tabaco, se estimulaba la oferta esta situación mejoró sensiblemente la situación económica de los canarios, incluso se formaron elites mercantiles isleñas que se integraron dentro de los estratos altos de la sociedad cubana.
Viendo en el tabaco una vía de enriquecimiento, España monopolizó el comercio del tabaco, para lo cual estableció en 1634 el estanco de este producto para Castilla y León, régimen que en 1707 se amplió a todos los territorios de la corona. Esta medida unilateral afecto los intereses de los trabajadores canarios que se sublevaron junto a los tabacaleros sucesivamente en el 1717, 1720 y 1723. Los isleños se incorporaron a la Guerra del 68 unas veces se alistaron en el Ejercito Español y otras del lado de las fuerzas mambisas.
Factores importantes fueron la rebelión de esclavos en Haití; la liberalización de la trata de esclavos en 1789; y la profunda crisis económica en Canarias; estos crearon condiciones favorables para su introducción masiva de la mano de obra africana. En el período que va de entre 1783 y 1791 se incrementaron vegas y vegueros, no obstante para finales de la década los que cultivaban las tierras a censo y por arrendamiento se vieron obligadas a abandonarlas y desplazarse hacia zonas más alejadas y de menos interés para el gobierno español. Se extendía triunfante la producción azucarera sobre la base de la explotación extensiva e intensiva de la mano de obra esclava que precisaba extensas plantaciones.
El inicio del siglo XIX fue beneficioso para los inmigrantes, dado el conflicto bélico en Venezuela (1814) la corriente migratoria se dirigió hacia Cuba y Puerto Rico. Los canarios y sus descendientes siguen extendiéndose hacia el Occidente.
Entre 1835 y 1850 Macías Hernández considera que al menos 50.000 isleños emigraron, de los que casi un tercio se dirigen a Cuba. Si el censo de 1846 recogía la presencia de 19.759 canarios en la Isla, el de 1862 los eleva a 45.814
Un incentivo adicional, pero no menos importante fue la crisis de las relaciones esclavistas y la extensión paulatina en Cuba de las relaciones capitalistas de producción. Esto generaba una demanda adicional de mano de obra asalariada:
La extinción definitiva de la esclavitud fue en 1886. Se calcula entre 50 y 60.000 el total de los emigrantes isleños en la segunda mitad del XIX. La zafra de 1887 fue la primera que se hizo totalmente con asalariados.
Guerras participación
El inicio de la Guerra de Independencia determinó el descenso en la corriente emigratoria canaria a partir de mediados de siglo. Los flujos se reavivaron a finales de los setenta. En el 1872 se funda la Asociación Canaria de Protección y Beneficencia Agrícola como un primer y loable intento de organización y asistencia mutua. En la región central se fundo en el 1881 la Sociedad de Inmigración Española, por José Martínez Fortín y Erlés y otras personalidades del Partido de Remedios. El propósito de la SIE fue estimular la inmigración canaria directamente hacia la zona central por el puerto de Caibarién para ser utilizados como mano de obra para las labores agrícolas, en sustitución de la mano de obra negra sobre todo para el tabaco, aunque también trabajaron en ingenios y sitios agrícolas. Solo en el 1883 desembarcaron por Caibarién 6 expediciones con 1500 inmigrantes .
Los canarios se incorporaron a las Guerras de Independencia unos del lado del ejercito español donde se destacaron el general Ignacio Pérez Galdós, grancanario y el Cabo de Infantería Higinio Lugo Torres, tacorontero y el Batallón de Guerrilleros de Canarias. Del lado de los mambises combatieron por la libertad de Cuba numerosos isleños, llegaron a generales cuatro canarios: Julián Santana, Manuel Suárez Delgado, Jacinto Hernández Vargas y Matías Vega Alemán. El héroe nacional de Cuba y descendiente de canaria; José Martí cayó el 19 de mayo de 1995 en plena gesta libertadora.
Frustrada la independencia con la ocupación militar norteamericana (1898) se vivieron en Canarias momentos de incertidumbre y decepción. Se declara en ese año el Estado de Guerra, ante la amenaza del presidente norteamericano de ocuparla conjuntamente con Baleares. Los isleños recibían sus militares repatriados de Cuba que habían luchado con el Ejército Español. Se sintió con mucha fuerza la repercusión de la guerra hispano cubano- norteamericana, se temía un desembarco yanqui en el archipiélago y por la suerte de las familias canarias asentadas en Cuba. La repercusión que la guerra hispano-cubano-norteamericana tuvo en Canarias puede constatase en la prensa de la época que a pesar de el enfoque triunfalista que caracterizó el tratamiento del tema del conflicto bélico en cuestión; nos permite ver su importancia para la opinión publica en las Islas.

Siglo XX
Una vez establecida la Republica en Cuba, se restableció el flujo migratorio, que recibió un impulso en la segunda década. La eliminación de todas las trabas que supuso la dominación española; la reconstrucción y reanimación económicas que supone la salida de toda guerra; la inversión de capital norteamericano provocaron una reactivación de la economía cubana y una demanda creciente de fuerza de trabajo:
En el bienio 1913-1914 Cuba acogía entre el 84,9 por 100 y el 87,3 por 100 de los emigrantes salidos por el puerto de Las Palmas, entre el 87 y el 87,2 por 100 de los que parten de Tenerife y entre el 99,2 y el 99,9 de los que embarcan en Santa Cruz de La Palma. De los 4.677 pasajeros considerados como emigrantes que parten en 1914 de Canarias, un 40,5 por 100 lo hacen del puerto de Tenerife, un 31,6 por 100 de Las Palmas y un 27,9 de La Palma. Para 1915 la cifra se elevaba a 6.713 pasajeros, pero los porcentajes habían variado: un 38,4 por 100 tienen como punto de embarque Tenerife, un 44 por 100 Las Palmas y un 17,6 por 100 La Palma.
Otros factores a considerar fueron en el plano internacional, la amenaza y posterior realidad de la Primera Guerra Mundial (1914-1918); los altos precios del azúcar en el mercado mundial; la elevada cotización del peso cubano que se equiparaba en esa etapa al dólar norteamericano, patrón internacional; las diferencias salariales entre trabajadores en Canarias y en Cuba; el incentivo a la producción agrícola azucarera por los precios altos en el mercado mundial; y no azucarera por el fomento en Cuba de nuevos cultivos de exportación (plátanos, tomates y papas). Estos propiciaron una emigración de trabajadores temporales, preferentemente varones que intentaron hacer un pequeño capital en Cuba, para más tarde invertirlo en Canarias.
La coyuntura alcista de los precios del azúcar, que produjo una demanda de mano de obra adicional, y estimuló la emigración española y canaria, se interrumpió bruscamente en el año 1921 los precios del azúcar en el mercado norteamericano se derrumbaron de 22 centavos la libra a 3,75 centavos. Españoles e isleños se vieron obligados a regresar a casa, produciéndose algunos disturbios y protestas por el trato despiadado por parte de las autoridades de inmigración.
Es muy probable, por tanto, que fuese Canarias una de las regiones españolas más afectadas por la repatriación de la "quiebra cubano" del año 1921, estimándose según cifras oficiales como retornados en dicho año la de 3.416 y que continuará en 1922 con 2.411 repatriados más.
A mediados de la década del 20 se vivió en Cuba una cierta recuperación. No obstante en el 29 se sintieron en la economía cubana fuertemente los efectos del crac del 1929. En Cuba comenzaba una crisis estructural y permanente que evidenciaba los límites de crecimiento para un país dependiente y subdesarrollado. Si bien el "quiebra cubano" fue coyuntural, las consecuencias de la crisis del 29 fueron tan graves que determinaron la retirada de los trabajadores temporales y que un 70 % de los inmigrantes decidiera su retorno, quedándose en Cuba solo un 30% de la población canaria que en ese momento radicaba en Cuba. Este 30% (que a partir de ahora seria el 100%) en su inmensa mayoría, ya asentados con descendientes cubanos y con cierta estabilidad económica: eran pequeños propietarios vegueros, tabaqueros o colonos cañeros; en menor medida comerciantes y de otros oficios.
Los inmigrantes canarios tendieron a la unidad y la colaboración mutuas. El 11 de noviembre de 1906 se funda la Asociación Canaria con objetivos de asistencia sanitaria, instrucción, recreo. El asociacionismo canario resulto un pilar importante para la ayuda y la estabilidad de la ya comunidad canaria en Cuba. La asociación promovió la construcción de centros sanitarios y estimulo un importante movimiento periodístico. Una parte minoritaria de éstos dio lugar en los 20 a la creación del Partido Nacionalista Canario y su órgano de expresión “El Guanche”. Los descendientes de canarios como parte ya del pueblo cubano asumieron su identidad sin perder lo más esencial de las tradiciones canarias que se transmitían de generación en generación.
Debido a esta asunción se hacen muy difíciles la investigación sobre la historia de los inmigrantes canarios y sus familias en la etapa que va de la década del 30 hasta nuestros días. Ya que, una vez controlados los flujos y estabilizarse la comunidad canaria, “aplatanarse”y mezclarse, su historia se funde con la del pueblo cubano. Lucha de clases; Revolución; emigración de algunos perjudicados por las medidas de la Revolución en los años 60; relaciones y vínculos familiares normales; derrumbe del campo socialista y periodo especial en Cuba; estímulo al turismo en Cuba que coincide con un desarrollo ya importante en las Islas Canarias; reactivación por esta vía los lazos que anteriormente solo eran diplomáticos y familiares. Los noventa en Cuba crea un ambiente propicio para el estrechamiento de estos vínculos y, como parte de esto la reactivación de los viajes y del flujo migratorio esta vez primando de Cuba hacia las Islas Canarias, por encontrase estas en la actualidad en una situación económica mejor y mas estable. Las nuevas tecnologías de la computación y las telecomunicaciones han facilitado la reactivación de los vínculos.
En la actualidad se estima que existen más tres mil naturales del archipiélago; muchos de los cuales son varones, mayores y conservan la nacionalidad española, por razones sentimentales y patrióticas, pues emigrar no significa una renuncia al sentimiento nacional, por tanto las intenciones de regresar no se abandonan y, porque los gobiernos español de Cuba y cubano posteriormente no les exigieron la naturalización como condición para el trabajo y la tenencia de propiedad. Los naturales cuentan con un aproximado de 600000 descendientes.
La asociación Nacional Canaria de Cuba "Leonor Pérez " se fundó en el año 1993 por el descendiente de canarios Carmelo González Acosta y cuenta con más de 45000 asociados. La Asociación Nacional Canaria de Cuba "Leonor Pérez " de Villa Clara cuenta con 2182 asociados entre naturales y descendientes (hijos, nietos y bisnietos), de los cuales 32 son naturales, la mayoría aún en plenitud de sus facultades. Esta dirigida por Jorge Luis Abreu Sáez.
Efectos económicos y socioculturales de la inmigración canaria en Cuba
En siglos de inmigración canaria y sus descendientes han sido diversos los efectos socioeconómicos, los cuales pueden resumirse en los siguientes puntos:
Desarrollo de la agricultura de la caña y el tabaco:
Los inmigrantes canarios se establecieron preferentemente como agricultores y mínimamente en la minería y el comercio. Paulatinamente los isleños se fueron moviendo de las labores de la caña hacia el cultivo y las atenciones al tabaco, esta costumbre la aprendieron de los nativos tainos. Desde prácticamente el descubrimiento de las Américas los propios españoles dan cuenta de la costumbre indígena de fumar tabacos

‘Hallaron los dos cristianos por el camino mucha gente que atravesaba a sus pueblos, mugeres y hombres, con un tizón en la mano, (y) yervas para tomar sus sahumerios que acostumbravan.”

El tabaco es originario del continente americano. Los indígenas del Caribe fumaban el tabaco valiéndose de una caña en forma de pipa llamada tobago, de donde deriva el nombre actual. Los canarios aprendieron rápidamente a cultivar las "hojas secas que desprendían una peculiar fragancia" y torcer los tabacos. Hay referencia de una carta escrita por el canario Demetrio Pela (1541), quien decía haber aprendido el cultivo de la maravillosa solanácea del aborigen Erio Xil Panduca en los inicios de la colonia . Primero para el consumo propio, de residentes, marineros y; al ver la demanda creciente al extenderse el consumo a España se estimularon al aumento de las Vegas, extendiendo su cultivo por todo el país hasta encontrar la excelencia natural en la zona de Vuelta Abajo. Pinar de Río.
En el mapa de las zonas tabacaleras en Cuba puede observarse la relación existente entre las zonas tabacaleras y las zonas de asentamiento preferente de canarios. Por ejemplo en la zona central, la producción tabacalera fue tan grande que España estableció dos Factorías allí una vez ordenado el Estanco del tabaco: una en Remedios y otra en Trinidad. Los canarios influyeron decisivamente en el surgimiento y extensión de la producción tabacalera en Cuba, cuyo producto es famoso a nivel mundial y, además incursionaron con éxito en la economía de subsistencia, el comercio, la artesanía y los negocios de imprenta y litografía.
Se estima que el trabajo de inmigrantes canarios y sus descendientes (campesinos) levantaba el 70% de la cosecha azucarera y el 90 % de la tabacalera y que, como productores agrícolas perfeccionaron esta actividad con múltiples innovaciones tecnológicas. Lograron, por ejemplo la aclimatación de cultivos mediterráneos al trópico. Se conoce que el canario Francisco Alonso Jiménez fue divulgador y defensor de las experiencias del sabio cubano Álvaro Reinoso sobre el cultivo de la cana y llevarlos a la práctica, haciéndoles aportes que hoy están vigentes, en 1953 publicó “El cultivo de la cana de azúcar en Cuba”. Asimismo el canario Francisco Frías Jacott (1809-1877) Conde de Pozos Dulces, figura relevante en la agricultura cubana recomendó en sus investigaciones la de separar de la industria azucarera la parte agrícola: aporte todavía vigente y con resultados satisfactorios. Se reconoce también el aporte de los isleños a las técnicas de cultivo del plátano y tomate.
Los historiadores reconocen el aporte canario a la industria alfarera, al comercio en todos los sentidos desde el de exportación e importación hasta el detallista. La historia de la construcción del ferrocarril y los viales en general no puede dejar de incluir a los picapedreros (rajoneros) hombres fuertes y laboriosos de origen canario.
Desarrollo del turismo: en el contexto de la Reforma Económica de los años 90 en Cuba, uno de los programas aprobados fue el de desarrollo del turismo. Esto atrajo la atención de empresarios canarios, la primera empresa mixta entre Cuba y Canarias fue inaugurada en 1988 por iniciativa del empresario canario Enrique Martinón. Hasta el 2000 los Melia eran cuatro, todos construidos sobre la base de inversiones en cartera con participación de capital canario. En el 2000 Román Rodríguez, presidente de la Comunidad Autónoma de Islas Canarias, España; visito Cuba y se promovieron la cooperación mutua, centrada en el sector del turismo.
Actualmente la cooperación canario cubana muestra como logros en este renglón la producción cooperada de "Punch cigarritos" pertenece a la Compañía de Tabacos Isleños (COTAIS), una asociación económica entre la Compañía Tabacos Isleños S.A. (CITA) y la Unión de Empresas del Tabaco de Cuba que se constituyó oficialmente el 24 de febrero de 1999 y está ubicada en Tenerife. La socia cubana situada en el municipio habanero de El Cerro, requirió una inversión de 300.000 dólares para su reconversión tecnológica. COTAIS cuenta con un capital inicial de tres millones de dólares aportados por ambas partes.
La cooperación económica canario-cubana con una tendencia ascendente abarca preferentemente las áreas del turismo, la producción de tabaco y la agricultura.

Remesas mutuas. La actividad preferentemente agrícola y comercial de los inmigrantes canarios le permitió enviar, con cierta regularidad remesas a sus familiares permanentemente, pagar sus deudas y promover viajes en ambas direcciones. Esta tendencia se mantuvo hasta la primera mitad del Siglo XX.
A partir de la década del 90 el desarrollo alcanzado por España en general y el Archipiélago Canario en particular ha propiciado que, ante la crisis económica en Cuba provocada por la caída del campo socialista entre otros factores; se produzca un aumento del envío de remesas de las Islas Canarias a Cuba. El desarrollo del turismo, la importantisima actividad de la Asociación Canaria de Cuba y de otras instituciones cubanas y canarias a favor de la identificación reunificación familiar, provocó el reencuentro por esta razón, la promoción de viajes y la reactivación del envío de remesas familiares de Canarias a Cuba.
Los aportes socioculturales son sin duda los más extensos, generalizados y significativos. Se encuentra en primer lugar, su contribución a la fundación de la mayoría de las Villas y asentamientos a lo largo de toda la Isla, sobre todo a la fundación de un número considerable de asentamientos rurales. En segundo, desde el punto de vista de la estructura socio clasista de la sociedad hay que tener en cuenta que la clase campesina cubana es preferentemente de origen canario. En tercer lugar, los canarios han dejado una impronta muy importante en la oralidad, y las tradiciones del pueblo cubano.
El especialista en el tema Luis Alfaro lo resume:
Por solo citar algunos ejemplos que ilustran lo anterior recordemos que el padre de nuestros estudiosos del folklore, Samuel Feijóo, en su Mitología cubana (1985) cita un total de 9 mitos que hacen referencia a las Islas. Por su parte, Lydia Cabrera en su libro magistral El monte (1954) narra acontecimientos acerca de un matrimonio de una mujer africana con un isleño, que demuestra la interinfluencia étnica entre canarios y africanos. Y Germán de Granda, hace más de 20 años, consideró la brujería isleña como un componente etnocultural de los sectores más humildes de la sociedad cubana. En tanto que María del Carmen Victori ha planteado que el cuento de exageraciones es una vertiente narrativa que puede considerarse como un aporte isleño a la cultura oral popular.

Alfaro considera que los soportes fundamentales que han favorecido estas coincidencias son la presencia y vitalidad de los rasgos propios de la identidad cultural canaria en las regiones investigadas; la continuada inmigración y los contactos interrumpidos entre Canarias y Cuba y conservación de la memoria histórica de los hablantes.
Los inmigrantes al llegar a Cuba y asentarse trajeron consigo y conservaron sus devociones tradicionales, por ejemplo el culto a la Virgen de la Candelaria, surgido en Tenerife en el siglo XIV, inspiró la construcción de una ermita en Guanabacoa. Los propios canarios fueron quienes, en el siglo XVIII, la convirtieron en la hermosa iglesia de Santo Domingo. Aun en Cuba se recuerda el Día de la Candelaria y persiste la costumbre popular de cortarse las puntas del pelo para favorecer su crecimiento.

La influencia canaria en la cultura cubana actual es muy notable. A ella se debe la pronunciación peculiar del castellano en Cuba, y la preferencia por formas poéticas como la décima campesina. La improvisación, el punto guijarro o "repentismo", que son la raíz del punto cubano y el son y de toda la música popular cubana en la actualidad. Otro elemento importante es la permanencia de las fiestas campesinas o guateques y las famosas parrandas o Charangas. En la zona central se conserva esta tradición con mucha fuerza, son conocidas internacionalmente las parrandas de Remedios, Vueltas y Camajuaní.

Puede resumirse que la emigración canaria en Cuba ha tenido consecuencias considerables de signo positivo desde los puntos de vista económico y sociocultural. El impacto sociocultural es el más importante por los sensibles aportes de la emigración canaria a la conformación de la identidad nacional del pueblo cubano. La mayoría de los canarios que emigraron eran de extracción humilde, campesina lo que les impidió hacer aportes económicos de volumen más significativo. Es importante la contribución canaria al desarrollo actual del turismo en Cuba que va mas allá del dinero, es un aporte cultural ya que abarca las técnicas, el conocimiento y las nuevas formas de organización del trabajo y, lo que es mas importante la solidaridad con Cuba en tiempos de bloqueo y la demostración de que es posible negociar y comerciar con los cubanos en condiciones mutuamente ventajosas.
Sobre la influencia canaria en Cuba Fidel Castro, descendiente de canarios por la línea materna, señala:
Desde esas volcánicas ínsulas, en momentos tan pretéritos como cuando ocurre el primer viaje del Gran Almirante Cristóbal Colón, llegaron hasta aquí oleadas sucesivas de sus hijos para aportar esfuerzos y cultura al surgimiento de la nacionalidad criolla.
El canario fue por excelencia el más humilde de los inmigrantes. El no marchó a Cuba en plan de opresor o explotador, vino a trabajar y a luchar a nuestro lado, ayudó a forjar el país con su laboriosidad proverbial, sufrió con nosotros, combatió, creó una familia, y se dignificó también, al fin, junto a todo el pueblo en la Patria libre y revolucionaria de hoy.

De los canarios heredó nuestro campesinado, principalmente, su seriedad, su honradez, su sentido del honor y también su rebeldía. Todavía hoy, en nuestras tareas actuales, esos valores nos ayudan a librar y a ganar batallas de importancia”
(MSc. Teresa Machado Hernández.  teresa@uclv.edu.cu MSc. Ariel Lemes Batista , lemes@uclv.edu.cu Universidad Central de las Villas. Cuba  2006)


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domingo, 6 de julio de 2014

I Congreso Mundial de Emigración Canaria, con asistentes de 30 países





1982 octubre 3.

Fue inaugurado en la isla de la Gomera el I Congreso Mundial de Emigración Canaria, que reúne a alrededor de 250 delegados procedentes de una treintena de países de los cinco continentes. Bajo la presidencia de honor del rey don Juan Carlos, los emigrantes canarios analizarán, por primera vez, su situación económica, social y política.Este congreso se desarrollará, además de en la citada isla, en las de Tenerife, Gran Canaria y Lanzarote, donde será clausurado el próximo día 10. A lo largo del mismo serán discutidas ponencias relativas a los derechos políticos del emigrante, relaciones de éste con el archipiélago, posibilidades comerciales entre las islas y los países de acogida de los emigrantes, la universidad, la tercera edad, el retorno, etc.
La idea de esta reunión surgió entre los hogares canarios de Venezuela, país donde residen más de 300.000 canarios y del que acude a esta cita la mayor representación, más de 150 delegados. El Congreso ha sido financiado con el apoyo económico de los cabildos, ayuntamientos, Federación Canaria de Cajas de Ahorro, Instituto Español de Emigración y otras entidades.



Una comisión organizadora en Venezuela y dos comités ejecutivos en las provincias canarias han hecho realidad la puesta en marcha de este congreso, al que han sido invitados, de manera especial, prestigiosos canarios que residen en el exterior, como los médicos Juan Negrín y Alfonso Chiscano, y los profesores Juan Marichal, de la Universidad de Harvard (Estados Unidos); Gonzalo Castro Fariñas, de la Universidad central de Venezuela, y Carlos Pestana, de la Universidad de San Antonio de Tejas, entre otros.
Junto a las sesiones de trabajo se realizarán actos folklóricos y culturales, en los que participarán grupos como Los Sabandeños, en cuya discografía han prestado atención al mundo del emigrante. En distintos puntos del archipiélago se celebrarán ofrendas florales ante el monumento a Simón Bolívar. En Tenerife, donde proseguirán los actos el lunes, martes y miércoles, ha sido montada una exposición bibliográfica dedicada específicamente a libros canarios en la sede del congreso, el parque cultural Viera y Clavijo. Entre las obras que se muestran destaca una sobre la emigración canaria a América durante el siglo XIX, el más importante estudio publicado sobre el tema, cuyo autor, Julio Hernández Grarcía, historiador y profesor de la Universidad de La Laguna, acaba de editar otro libro, Los canarios en la gestación de la república de Venezuela (1831-1863).
La revista Rumbos, publicada por el Círculo de Estudios Sociales de Canarias, dedica también su último número, de manera monográfica, a la emigración, con motivo de este congreso, que continuará en Las Palmas los días 7, 8 y 9, hasta ser clausurado el día 10 en los Jameos del Agua, en la isla de Lanzarote.
El sábado se celebró en el teatro Guimerá de Santa Cruz de Tenerife un acto de preapertura de este congreso, en el que fue designado presidente del mismo Antonio Sosa, que había desempeñado hasta ahora el mismo cargo en la comisión organizadora de Venezuela. Asimismo, fue elegido secretario general del congreso Juan Quintero, quien abogó por la dignificación de la palabra emigrante. Esta sesión preinaugural, finalizó con el juramento por parte de todos los delegados asistentes de cumplir con fidelidad los acuerdos que se adopten en el Congreso. A continuación, en el parque cultural Viera y Clavijo, en la capital de la isla, se procedió a izar las banderas de todos los países representados. (Carmelo Martín)

LA EMIGRACIÓN CANARIA A AMÉRICA A TRAVÉS DE LA HISTORIA.






Manuel Hernández González


EL SIGLO XVI.
La conquista y colonización de las Canarias centrales corre paralela al Descubrimiento de América. El descubrimiento y la colonización de las Antillas por Colón convirtió a las Canarias en un escenario privilegiado, en un laboratorio experimental. Plantas asiáticas como la caña de azúcar y la platanera desde ellas serían llevadas a Indias. Técnicos canarios trabajarán en el primer ingenio del Nuevo Continente en Santo Domingo. El ñame africano penetrará desde bien pronto en el ámbito caribeño. Lo mismo ocurrirá con el cerdo, la cabra, el perro y la oveja, que, conducidos desde las Islas, se esparcirán por las Antillas. Las Canarias fueron, por tanto, un intermediario en la difusión de plantas y animales en ambos lados del océano. La papa se aclimatará rápidamente y se conocen desde bien pronto exportaciones hacia Europa. En una fecha tan temprana como 1567 ya eran enviadas a Flandes. En unión del millo transformará la agricultura isleña convirtiéndose en la alimentación por excelencia de las clases bajas de la sociedad. Por su posición y la acción de los vientos alisios se convirtió en el paso obligado para las Indias.
Los canarios participarían en la conquista como expertos guías. Entre 1492 y 1506 al menos 12 de las mayores expediciones hacen escala en La Gomera o Tenerife. Entre ellas las de los mayores nombres de la conquista como Colón, Ojeda, Vespuccio, Pedrarias, La Cosa, Yáñez u Ovando. Las Canarias tienen el privilegio de comerciar con Indias desde los comienzos de la colonización del Nuevo Mundo. Una Real Orden de 1511 simplemente especifica que los canarios parten solamente con la autorización del capitán del navío.
De esa forma, canarios o residentes en Canarias se convierten en parte integrante de las expediciones de conquista y colonización, como la de Pedro de Mendoza en la fundación de Buenos Aires en 1535 o la de Pedro Fernández de Lugo para la conquista de Santa Marta en Colombia y otras. Sin embargo no podemos hablar de emigración canaria en sentido estricto, pero sí como una base para el traslado al Nuevo Mundo sin  los severos controles del monopolio sevillano. En el siglo XVI Santo Domingo primero y La Habana después son los principales destinos canarios. De forma lenta se irá desarrollando un movimiento migratorio de comerciantes y de agricultores.
LA EMIGRACIÓN A VENEZUELA EN LOS  SIGLOS XVII Y XVIII. 
A partir de 1670  a emigración presenta un carácter masivo y familiar. Tras un siglo y medio de crecimiento se dan síntomas de crisis. La falta de salida del vidueño canario, un vino blanco de mesa, tras la emancipación de Portugal en 1640, cuyas colonias eran su mercado preferente, arrastra a numerosas familias isleñas, particularmente de Tenerife hacia tierras venezolanas y cubanas.  Se habla de sobrepoblación, La elite canaria, acusada de basarse su régimen privilegiado de comercio con América en el contrabando de productos europeos, comienza a hablar de llevar a familias canarias a los territorios vacíos del Caribe para evitar la pérdida de tal tráfico mercantil. La ocupación de Jamaica por los ingleses, la del oeste de Santo Domingo por los franceses y la de las Guayanas lleva a la Corona a plantearse esa alternativa para evitar la ocupación de parte de Venezuela o de las Antillas mayores. Se pacta con la Corona la Real Cédula de 1678 por la que debían ser trasladadas a tales lugares por los navieros canarios 50 familias por cada mil toneladas de comercio a cambio de no pagar el impuesto de avería. Sin embargo el objetivo era la obtención de una compañía privilegiada que nunca llegará. Hasta el Reglamento del comercio canario-americano de  1718 la Corona no asume los costes reales de ese traslado y  fundación de nuevos pueblos. Por ello serían generalmente particulares canarios o peninsulares a cambio de privilegios los promotores de tales iniciativas pobladoras, aunque el grueso de los emigrantes a Cuba y Venezuela lo hará por su propia cuenta.
La irrupción del cacao como producto de exportación y la pacificación y el control de Los Llanos favorecen la instalación definitiva de familias canarias en la región central de Venezuela. En la Caracas y La Guaira de fines del siglo XVII comienza a establecerse una importante colonia. Se calcula que representan entonces más de un 90% de los casamientos de inmigrantes blancos y un 16% del total, número que es mucho mayor si se tiene en cuenta que la gran mayoría se casaron y tuvieron hijos antes de emigrar. La agricultura de subsistencia y la ganadería les lleva a fundar pueblos en los altos del Valle de Caracas como Los Teques, Macarao, San Antonio de los Altos o La Vega. Frutales como el membrillero o el duraznero y cultivos como el maíz o la yuca los esparcen por doquier. Extienden el culto de la Candelaria en todos los rincones. Pero no sólo contribuyen a la agricultura, constituyen la mayor parte de los pulperos o mercaderes. Su presencia se encuentra desde la cúspide con gobernadores como Ponte y Hoyo o Bethencourt y Castro hasta artesanos mulatos y esclavos, de servicio o de plantación. Hasta en las bellas artes se puede hablar de una auténtica escuela canaria que pone su sello en la escultura, la pintura o la fundición.
Pueblo enteros de Tenerife como Buenavista, El Sauzal o Vilaflor se vacían, pero no sólo en el Valle de Caracas, en el Yaracuy fundan San Felipe e impulsan una agricultura cacaotera realizada mayoritariamente por hombres libres. En Los Llanos fundan la punta de lanza para la colonización San Carlos Cojedes, que culminarán más tarde con la de Calabozo, abriendo el camino a la penetración exterior, que culminará en la segunda mitad del XVIII. En Aragua se extienden
por La Victoria y Maracay. Desde San Sebastián de Los Reyes se proyectan hacia Villa de Cura y San Juan de Los Morros. En Barlovento inician como pequeños cultivadores de cacao la colonización de Curiepe y Panaquire, que completarán en la segunda mitad del XVIII con la del Guapo y Río Chico. Otro tanto cabe decir en Barquisimeto y Guanare. En Maracaibo milicianos y familias son desplazadas para colonizar su interior. Pero sólo es efectiva cuando un empresario particular emprende con ellas la de Perijá. En Oriente son llevados a Cumaná y Cumanacoa, pero se quedan allí porque fracasa su colonización interior. Sólo al del Concepción del Pao es exitosa. Otro tanto ocurre con Upata, que abandonar tras ser incendiada por ataques británicos. Sólo en la segunda mitad del XVIII podemos hablar de una expansión colonizadora más efectiva.
Ese auge, con el tráfico con México y el contrabando como punta de lanza, choca bien pronto con la Corona que crea para contrarrestarlo la Compañía Guipuzcoana. Los canarios se sienten golpeados por su control  que perjudica esencialmente a los pequeños cultivadores. La rebelión estalla en 1741 en San Felipe Yaracuy y tiene su expresión más señera en 1749 con la del herreño Juan Francisco de León. Su derrota es la advertencia más seria a los campesinos que ven cerrada su conversión en hacendados. La colonización interior es su única alternativa. Es la época en que predomina la emigración de varones en Los Llanos o Oriente para roturar nuevas tierras como Chaguaramas, Ospino o San Jaime en Los Llanos o Nueva Palencia  o la Piragua en el Oriente.
El éxito de la colonización interior lleva de nuevo a fines del siglo XVIII, en vísperas de la independencia, al renacimiento de la emigración familiar. El café es su aliciente. La independencia,  consecuencia ineludible del vacío que supuso la invasión napoleónica, fue antes que nada una guerra social en la que canarios de la élite y del pueblo llano se expresaron como venezolanos, porque para ellos eran criollos. Si bien al principio todos los espectros sociales la apoyaron, su carácter oligárquico mostró la desafección de las clases bajas que simpatizaron con la contrarrevolución. Pero con los llaneros al mando de Páez volvieron de nuevo a la causa independentista, como el conjunto de las clases bajas venezolanas.
LA EMIGRACIÓN A CUBA EN LOS SIGLOS XVII Y XVIII.  
La emigración canaria se difunde desde el último tercio del siglo XVII en la provincia de La Habana y en menor medida en la región central de la isla. Gracias al tabaco, transforman la economía insular y marcan el comienzo de una etapa de crecimiento económico marcada por las exportaciones. En 1693 con familias canarias nació Matanzas. Los canarios no se dedicaron exclusivamente al cultivo del tabaco, explotaron pequeños huertos para abastecer de maloja (alimento para el ganado) o de vegetales. Un volumen significativo del pequeño comercio estaba en sus manos. El tráfico con Canarias fue el punto de partida para la formación de elites mercantiles isleñas que se integraron dentro de los estratos altos de la sociedad cubana. Sin embargo la mayoría  lucha por acceder a la tierra y por obstaculizar el desarrollo de los privilegios señoriales de los terratenientes cubanos, como los de Bejucal en 1713 o Nuestra Señora del Rosario en 1731. Jalón esencial en esa lucha sería Santiago de las Vegas, constituida en villa  señoriales en 1775, tras un  dilatado pleito. La Corona quiso monopolizar el tabaco a través del monopolio estatal. En 1717 se estableció el Estanco, frente al que se opusieron los vegueros con motines. La represión alcanzó su punto culminante en 1723. 11 serían fusilados y más de 50 muertos.
La emigración de varones será la predominante en la segunda mitad del XVIII por las mayores dificultades de acceso a la tierra y la menor rentabilidad del cultivo del tabaco. La liberalización de la trata de esclavos en 1789 depara su introducción masiva, favorecida por la rebelión de los esclavos en Haití. Este cambio cualitativo coincide con una grave crisis económica en Canarias. Aunque entre 1783 y 1791 creció sin cesar el número de vegueros, la situación cambió radicalmente. Los que cultivaban las tierras a censo y por arrendamiento se vieron obligadas a dejarlas y a dirigirse hacia zonas más alejadas como Pinar del Río, que se convertirá en la célebre Vuelta Abajo, el centro tabaquero por excelencia. Los hatos se transformaron en plantaciones. El choque entre hacendados y cultivadores se hizo evidente en Güines y San Antonio de los Baños. Una parte considerable de los cultivadores serían expulsados de sus tierras, para ser sustituidos por mano de obra esclava en las nuevas plantaciones azucareras.
LA EMIGRACIÓN A SANTO DOMINGO EN LA ÉPOCA COLONIAL. 

Además del SE del país, el primer jalón de la política pobladora dominicana fue la fundación en las afueras de Santo Domingo de San Carlos de Tenerife en 1684. Aunque al principio tuvieron dificultades, fueron afectados por las epidemias y tuvieron que cambiar su ubicación, prosperó como centro abastecedor de productos agrícolas a la capital. Desde 1690 en que 25 familias fueron agregadas a la población de la segunda ciudad del país, Santiago en el fértil valle norteño del Cibao,  los canarios se dirigirán hacia la región fronteriza y septentrional del país, auspiciados por la política gubernamental de servir de freno a la ocupación francesa y estimulados por las ventajas de las ventas de ganados y tabaco en el Santo Domingo Francés. Eje cardinal de la expansión en la región fronteriza fue la fundación con familias canarias de la villa de Hincha en 1704. Años había tenido lugar la de Banica. Vertebró en torno a sí el dinamismo de una región cuya base de crecimiento era precisamente ese intercambio. La demanda de ganado se convirtió en el mayor incitador a su crecimiento. A ella se le uniría en 1733 la de San Juan de la Maguana con hateros próximos, vecinos de Azua e isleños dispersos. Conjuntamente con el impulso poblador de Hincha se inicia la del valle del Cibao. En la década de los treinta fue de tal calibre que su principal ciudad, Santiago, llegó a contar con una compañía de milicias isleñas. Esa colonización interior favoreció la formación de un campesinado blanco o mulato claro en áreas de intenso predominio isleño como La Vega o Moca, los llamados monteros, símbolos rurales de la nacionalidad dominicana.
A partir de 1730 su despegue económico se ve por fin estimulado por la Corona que decide invertir gruesas sumas para la colonización con canarios de áreas vacías Financia buena parte de los pasajes de las familias, puesto que otra parte corre a cargo de los navieros, que debían de transportar gratuitamente cincuenta por cada mil toneladas desde 1678, y la totalidad del costo de su instalación. Ya no se emigra por urgencia rumbo a lo desconocido emigrantes sin vínculos en Indias, de áreas e islas sin tales tradiciones. Se divisa mejores posibilidades de futuro. Familias jóvenes, mujeres desarraigadas con hijos inician esa aventura. Su eje será Puerto Plata y Montecristi en el norte y la Península de Samaná en el NE. La frontera siguió creciendo con el reforzamiento de Azua, la fundación de Neiba Las Caobas, Dajabon y San Rafael de la Angostura  En 1768 tiene lugar en el sur de la de Baní,  un auténtico paréntesis étnico en un sur de predominio mulato. Su extraordinario impacto se puede apreciar en su vertiginoso crecimiento entre 1740 y 1760 que llega a doblar su población, que pasa de los 25-30.000 habitantes a los 52-55.000, con un mayor énfasis en las áreas de colonización canaria. La media de miembros por familia era de 6´25. Su alta tasa de natalidad explica que alcanzase los 100.000 habitantes a comienzos de los 90.
LA EMIGRACIÓN A PUERTO RICO EN LA ÉPOCA COLONIAL. 

El primer poblamiento canario de fines del siglo XVII es Río Piedras con 20 familias trasladadas por Juan Fernández Franco de Medina a cambio del Gobierno de la isla. Entre 1720 y 1730 fueron trasladadas por la Corona financiado en parte su traslado con el pago de los pasaje por los navieros 176 familias con un total de 882 personas. Originó un cambio radical en la demografía insular. En 1729 alcanzó 4.570 habitantes y en 1750 14.027.
Se distribuyen en los primeros arribos por el actual Humacao, pero el establecimiento inicial de 1722 fracasa. Mayor proyección alcanzan los asentados por Loíza, Bayamón y el Toa. Esa creciente concentración posibilita la fundación en 1745 de Toa Baja, seguida en 1751 por el de la Alta. En ambos es decisiva la participación colonizadora de los canarios hasta el punto de se le da el culto a la Candelaria y se realiza, como ha pervivido hasta la actualidad ,la representación de la aparición de la Virgen a los primitivos habitantes de las islas. Otra región en que fue notorio su influjo fue la de la costa oeste desde Aguada a Cabo Rojo. En 1729 por Mayagüez, Añasco y Rincón se establecieron también. Fundaron una ermita en Mayagüez a la Candelaria y otra en Rincón en honor a Santa Rosa. En Añasco se dio carácter de parroquia a la vieja ermita de San Antonio Abad. Aunque no fueron llevados por la acción gubernamental, nuevos grupos  se asentaron. Constituyen el factor de mayor importancia dentro de su extraordinario desarrollo. Casi se triplica en 1799, cuando alcanza las 153.232 almas. De las 28 poblaciones nuevas que se fundan en ella entre 1714 y 1797, no menos de 19 deben su origen al esfuerzo colonizador de los hijos de Canarias. En la primera mitad del siglo XIX nuevos aportes canarios, que darán pie a nuevas poblaciones, como Naguabo en la vertiente occidental de la isla, demostrarán el papel que jugaron en la transición del trabajo esclavo al asalariado en una isla en la que la trata esclavista nunca alcanzó los niveles de Cuba. Los canarios se convirtieron desde la tercera década del XIX en pioneros del trabajo libre en la caña de azúcar, hasta tal punto que fue prohibida la difusión de tan exitosa experiencia.

LA EMIGRACIÓN A LOS ESTADOS UNIDOS EN EL SIGLO XVIII.  
En 1740 la Corona decide crear la Compañía de La Habana para impulsar el comercio entre Cuba y la metrópoli. Se obligaba a transportar 50 familias a la Florida. En 1757 fueron trasladadas 375 personas. En años sucesivos hasta 1761 su número llegaría a 711. En 1763, como consecuencia de la Guerra con Inglaterra, Florida pasó a manos británicas. La mayor parte de los canarios, aunque no todos, decidieron trasladarse a Cuba, donde se establecieron en el occidente de la isla.

La Corona desde fines del siglo XVII se interesó por la colonización de Texas. Entre 1724 1733 137 familias  salieron con ese destino. Pero, al arribar a La Habana, decidieron establecerse en Cuba. Sí próspero, sin embargo, con 64 personas la fundación de San Antonio en 1731. Éstos se constituyen como su oligarquía, canalizando en su provecho el regadío, lo que les originó conflictos con las misiones allí establecidas. Apoyaron tanto la independencia de Méjico como al República de Texas, muriendo algunos de ellos en la defensa del Álamo frente a las tropas mejicanas.  

La Corona decide poblar Luisiana, ocupada por los españoles desde 1763 Entre 1777 y 1783, años de aguda crisis en las islas, agravada por la paralización del comercio como consecuencia de la Revolución Norteamericana, se embarcan con ese objetivo sobre 4.000 canarios, de los cuales arribaran definitivamente a ese territorio norteamericano en torno a los 2.000, porque  la mitad desertaron en Venezuela y Cuba. Constituyeron cuatro poblaciones que tuvieron una vida plagada de dificultades. Sólo prosperó San Bernardo, donde siguieron manteniendo la cultura y el habla canaria hasta nuestros días y Valenzuela, donde se mezclaron con los franceses. La mayoría se trasladó hacia la Florida Occidental y Baton Rouge, la capital de Luisiana, donde una parte de la localidad continuó con el nombre de “Spanish Town” durante el siglo XIX.

LA EMIGRACIÓN A URUGUAY EN LOS SIGLOS XVIII Y XIX.  
El Río de la Plata había sido un territorio escasamente colonizado por España. La obsesión española por evitar el contrabando y la evasión de metales preciosos había conducido a su precario poblamiento. Pero el avance portugués sobre Uruguay con la fundación de la colonia de Sacramento en 1680 llevó a la Corona española a potenciar la emigración de canarios como forma de cumplir el papel de frontera viva frente a la expansión portuguesa.
Fruto de esa política sería el envío de dos expediciones de 25 y 30 familias canarias que, en unión de unas pocas procedentes de Buenos Aires, darían pie a la fundación de Montevideo. Una vez más se trataba de compaginar los intereses de las élites canarias, con la consecución de la posibilidad de comerciar libremente con el Río de la Plata, con la política poblacionista de la Corona. Pobladores a cambio de comercio. Mas los recelos y las presiones llevaron a la inmediata paralización de ese intercambio en 1729. Pudo más en la balanza el miedo al contrabando que ese tráfico ocasionaría y los intereses monopolistas de la burguesía gaditana que la necesidad de impulsar la colonización de un territorio vacío y amenazado como era el uruguayo, por lo que desde ese año cesaron terminantemente las expediciones y con ellas el poblamiento español se vio seriamente afectado.
Los pobladores canarios formaron en Montevideo un ayuntamiento Pero no fueron beneficiados de forma proporcional a su número en el reparto de la propiedad de la tierra. Peninsulares o bonaerenses acaparaban grandes latifundios ganaderos y obstaculizaban la difusión de la pequeña propiedad agrícola.
Desde los primeros años del siglo XIX, un comerciante santacrucero establecido en Arrecife, Francisco Aguilar, fletó una expedición de 200 lanzaroteños rumbo a Montevideo. Con ella comenzó un período de intensa emigración desde Lanzarote y Fuerteventura hacia ese destino, no interrumpida por los avatares bélicos por los que atravesó la naciente República. Una expatriación que fue denunciada por las pésimas condiciones de la travesía y la explotación de los pasajeros que tuvo algunas trágicas consecuencias, como sucedió con la realizada por los hermanos Morales en 1836. Cegados por la codicia y la ignorancia contrataron más plazas que las que podían caber en la nave, por lo que faltaron los víveres y se llegó por el hambre hasta comer carne humana.
Esta emigración se convirtió, pues, en un lucrativo negocio tanto para amplios sectores de las clases dominantes canarias como para ciertos empresarios uruguayos. Tales expediciones fueron monopolizadas por dos poderosos empresarios de Montevideo: Juan María Pérez y Samuel Fisher, que no se limitaban sólo a negociar el transporte de colonos sino que poseían tierras propias a las que ataban a los pasajeros por las deudas del pasaje o las adquirían en ventajosas concesiones al Estado para destinarlas a proyectos de colonización. Una estadística de la época cifra la inmigración canaria al Uruguay entre 1835 y 1845 en torno a las 8.200 personas, lo que constituía un 17% de todos los inmigrantes y el 65% de los españoles. Fue una inmigración que transformó intensamente el interior del país, con un destino preferentemente agrícola. Con el estallido de la Guerra Grande en Uruguay, la situación de los canarios se agravó. Se suprimió la exención del servicio militar y se les obligó a alistarse en la Guardia Nacional a los comprendidos entre los 14 y los 45 años. Se dieron casos de niños de 12 años de edad que figuraron en primera línea de combate.
Entre 1877 y 1900 la emigración hacia el Uruguay continuó, pero no tuvo ya el relieve de la etapa anterior. Se calcula en 5.749 el número de inmigrantes que permanecieron de forma definitiva en la República Oriental. Por otro lado, entre las nuevas arribadas destaca el año crítico de 1878 en el que llegaron 2.951. Los saldos fueron negativos a partir de ese año con la crisis que afectó al Río de la Plata y la quiebra de la Banca Baring Brothers con fuertes inversiones en la región.
Los canarios contribuyeron al desarrollo agrario del país entre 1830 y 1880. Se dedicaron al cultivo de la tierra en los departamentos de Montevideo, San José, Maldonado y Colonia. Pese a ello se ocuparon también en empleos urbanos, como el comercio, o la artesanía, aunque el campo fue su actividad fundamental. En un país en el que la fiebre ganadera lo ocupaba todo, los isleños expandieron la agricultura. Tal influencia alcanzó en las áreas agrarias tales como Canalones, Colonia, San José y Soria, que hoy en día a los habitantes del primero de los distritos se les sigue llamando canarios y por extensión se les denomina a los de la zona agrícola del sur del país y a toda la población rural. Los cereales fueron su cultivo mayoritario, actividad en la que estaban adiestrados los lanzaroteños y majoreros por ser su actividad esencial. Tal especialización convirtió en voz común la expresión de que los uruguayos no sabían plantar sino comer carne y fueron los isleños los que les arrendaron las tierras y comenzaron a cultivar trigo y maíz. Al realizarse la trilla mediante el trabajo colectivo entre los vecinos, nació una costumbre la compañía, nacida de la solidaridad colectiva entre los paisanos. Esa endogamia de grupo no sólo jugó un papel importante en la producción, sino en los casamientos. Las relaciones de convivencia y parentesco entre los canarios permiten su supervivencia como tales, manteniendo vivos los lazos culturales y familiares a través del tiempo en las zonas rurales del país.
LA EMIGRACIÓN A VENEZUELA EN EL SIGLO XIX.  
En 1831 el Presidente Páez llama a los canarios en exclusiva a poblar los fértiles campos venezolanos como sustitutos de los esclavos. Una corriente migratoria de familias canarias se estableció  especialmente en los años 40. Su influencia fue tan decisiva que jugaron un papel crucial en la Guerra Federal. Tras la paz vivió su época dorada en el Gobierno de Guzmán Blanco. El auge cafetalero y la crisis bélica cubana la favorecieron en una etapa de grave depresión en Canarias tras el crac de la cochinilla. La trascendencia de ese contingente fue tal que entre 1874 y 1888 de los 20.827 inmigrantes registrados 14.403 eran isleños. En el último decenio del siglo, a pesar de la crisis cafetalera desde 1893, siguieron acudiendo para huir del servicio militar por la Guerra en Cuba. Serán los años en que Secundino Delgado publique El Guanche.
LA EMIGRACIÓN A CUBA EN EL SIGLO XIX.  
Tras la crisis del viñedo en  1814 la migración se centró únicamente en Cuba y Puerto Rico, dado el conflicto bélico reinante en Venezuela. Son años de intensa migración en la que los canarios se dedican en la provincia de La Habana al abastecimiento interno o como mayorales de las plantaciones azucareras. Se extienden por el occidente y el centro de la isla y en menor medida por el oriente, dedicado esencialmente al cultivo del tabaco. Desde los cuarenta del  XIX se asiste a un proceso de paulatina sustitución de la mano de obra esclava por asalariados agrícolas  La política gubernamental rechazaba la colonización blanca. Veía en el predominio numérico de la esclavitud un freno a las tendencias independentistas. En el marco de la Guerra de los Diez Años (1868-1878), la emigración canaria era considerada por los autonomistas y separatistas cubanos como diferenciada de la peninsular, lo que llevó a contraponerla y potenciarla  La fórmula habitual de la emigración era la contrata. La complicidad y el fraude presiden la actuación de las clases dominantes canarias. La extinción definitiva de la esclavitud fue en 1886. Se calcula entre 50 y 60.000 el total de los emigrantes isleños en la segunda mitad del XIX. La zafra de 1887 fue la primera que se hizo totalmente con asalariados. Los conflictos bélicos hicieron que no fluyera el número de canarios deseados a pesar del crac de la cochinilla desde 1875.
LA EMIGRACIÓN A CUBA EN LAS TRES PRIMERAS DÉCACADAS DEL SIGLO XX. 
La emigración canaria a Cuba tras la independencia y la reactivación económica que le siguió con la inversión de capitales norteamericanos, brindaba a la isla campesinos experimentados en compaginar todo tipo de labores agrícolas. Será una migración con un alto porcentaje de varones y de retornados, que invertían sus ahorros en Canarias, favoreciendo la división de la gran propiedad especialmente en los altos de los pueblos. Las diferencias salariales entre un lado y otro y la llevada cotización del peso cubano estimularon ese retorno en una época de bonanza en las islas con la reactivación económica gracias a los nuevos cultivos de exportación (plátanos, tomates y papas). Se intensificó a partir de 1910, y especialmente entre 1915-20 por las graves consecuencias de la Primera Guerra Mundial. El bienestar económico cubano llega a su cenit por esos años. Pero en 1921 se originó un impresionante derrumbe. Hubo una cierta recuperación económica entre 1923-24,  pero el crac del 29 trajo consigo el hundimiento definitivo de la migración.
Una parte de la emigración se canalizó hacia el tabaco en Pinar del Río y la región central de la isla y otra hacia la caña de azúcar en Oriente. Un 30% se quedó definitivamente en la isla, mientras que el resto retornó. Eran éstos últimos fundamentalmente varones jóvenes empleados en las labores de las zafras tabaqueras o cañeras, en el cultivo de frutales o en la venta ambulante. Los que se quedaban en su mayoría eran cultivadores de tabaco o colonos cañeros que traían a sus familias o se casaban con hijas de canarios. En las vegas se iniciaban como trabajadores a  la parte de los beneficios. Con sus ahorros en épocas de bonanza compraban luego propiedades, asentándose definitivamente en ellas, como era característico de la zona de Sancti Spiritus donde los bajos precios de los terrenos hasta entonces montuosos favoreció el asentamiento de la población en esa región, donde la presencia canaria era muy numerosa.  La deserción del servicio militar, sobre todo en los momentos álgidos de la Guerra de Marruecos, fue también otro de sus alicientes. Uno de sus rasgos característicos fue el asociacionismo canario creando delegaciones de la Asociación canaria por toda la isla. Dieron pie a centros sanitarios y a un importante movimiento periodístico. Una parte minoritaria de éstos dio lugar en los 20 a la creación del Partido Nacionalista Canario y s u órgano de expresión “El Guanche”.
LA EMIGRACIÓN RECIENTE A VENEZUELA.  
La emigración a Venezuela volvió a reactivarse a raíz del crac del 29, que cerró las puertas a la migración de Cuba. Con la Guerra Civil Española un grave período de crisis y autarquía se abrió sobre las islas, del que no se saldría hasta los años sesenta. Pero entre 1936 y 1946 la migración estuvo prácticamente interrumpida. Se limitó a algunos prófugos políticos. Pero desde el año 1948, ante las serias dificultades que impuso la España franquista a la migración con trámites penosos y costosísimos, nació la llamada época de los barcos fantasmas. En ella la flota pesquera canaria se destino al traslado de inmigrantes clandestinos  en tales barcos de vela . Entre ese año y 1952 se calcula que la efectuarían unos 8.000. Fue sin duda uno de los episodios más dramáticos y épicos del afán de los canarios por llevar a la Nueva Arcadia Prometida, en las que navíos con una disponibilidad máxima de 50 personas llegaron a transportar 286. Fue tal el escándalo y la repercusión que tuvo en Venezuela que Pérez Jiménez presionó a Franco para reducir el 19 de agosto de 1950 los trámites migratorios. Nació así la época de las puertas abiertas . Se calcula que entre 1951 y 1958 entraron en el país más de 60.000. Con la caída de Pérez Jiménez se abre la de de la reconstrucción familiar. Las mujeres pasan a ser el 60% de los emigrantes. La última etapa dorada de esta migración serán los años 70. La crisis del 73 en Canarias y la última época dorada del petróleo con su subida constante que permitió triplicar el presupuesto y nacionalizarlo, llevó a numerosos inmigrantes, generalmente jóvenes, parientes de los ya establecidos, a arraigar allí.
La contribución de los canarios a la modernización venezolana fue decisiva en el ámbito de la agricultura. Sectores como el tomate, el plátano, la cebolla o la papa le deben a ellos en buena medida su activo protagonismo. Regiones como las de Barquisimeto, Valle de Pascua, Orituco o Coro vieron reformadas sus estructuras agrarias con la apertura de pozos y la generalización del regadío. Pero no fueron sólo agricultores, también jugaron un papel en la industria, el comercio y el sector financiero. En la distribución al por mayor de productos agrícolas su hegemonía en mercados como el de Coche fue nítida.
(Manuel Hernández González,
Profesor Titular de Historia de América Universidad de La Laguna)

BIBLIOGRAFÍA.     
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