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domingo, 15 de junio de 2014

L O S C O N D E N A D O S D E L A T I E R R A-XVI





F R A N T Z  F A N O N. 

I I I . D E S V E N T U R A S D E L A CO N C I E N C I A
N A C I O N A L



CO N C L U S I Ó N

Compañeros:  hay  que  decidir  desde  ahora  un  cambio  de ruta. La gran noche en la que estuvimos sumergidos, hay que sacudirla y  salir de  ella.  El  nuevo  día que  ya se  apunta debe encontrarnos firmes, alertas y resueltos.
Debemos olvidar los sueños, abandonar nuestras viejas creencias y nuestras amistades de antes. No perdamos el tiempo en estériles letanías o en mimetismos nauseabundos. Dejemos a esa Europa que no deja de hablar del hombre al mismo tiempo que  lo  asesina  dondequiera  que  lo  encuentra,  en  todas  las esquinas de sus propias calles, en todos los rincones del mundo.

Hace siglos que Europa ha detenido el progreso de los demás hombres y los ha sometido a sus designios y a su gloria; hace siglos que, en nombre de una pretendida "aventura espiritual" ahoga a casi toda la humanidad. Véanla ahora oscilar entre la desintegración atómica y la desintegración espiritual.

Y   sin   embargo,   en   su   interior,   en   el   plano   de   las realizaciones puede decirse que ha triunfado en todo.

Europa ha asumido la dirección del mundo con ardor, con
cinismo y con violencia. Y vean cómo se extiende y se multiplica la sombra de sus monumentos. Cada movimiento de Europa ha hecho  estallar  los  límites  del  espacio  y  los  del  pensamiento. Europa   ha   rechazado   toda   humildad,   toda   modestia,   pero también toda solicitud, toda ternura.

No  se  ha  mostrado  parsimoniosa  sino  con  el  hombre,
mezquina, carnicera, homicida sino con el hombre.
Entonces,  hermanos  ¿cómo  no  comprender  que  tenemos algo mejor que hacer que seguir a esa Europa?

Esa Europa que nunca ha dejado de hablar del hombre, que nunca ha dejado de proclamar que sólo le preocupaba el hombre, ahora  sabemos  con  qué  sufrimientos  ha  pagado  la  humanidad cada una de las victorias de su espíritu.

Compañeros,      el      juego      europeo      ha      terminado definitivamente, hay que encontrar otra cosa. Podemos hacer cualquier cosa ahora a condición de no imitar a Europa, a condición de no dejarnos obsesionar por el deseo de alcanzar a Europa.

Europa ha adquirido tal velocidad, loca y desordenada, que escapa ahora a todo conductor, a toda razón y va con un vértigo terrible hacia un abismo del que vale más alejarse lo más pronto posible.

Es verdad, sin embargo, que necesitamos un modelo, esquemas, ejemplos. Para muchos de nosotros, el modelo europeo es el más exaltante. Pero en las páginas anteriores hemos visto los chascos a que nos conducía esta imitación. Las realizaciones europeas, la técnica europea, el estilo europeo, deben dejar de tentarnos y de desequilibrarnos.

Cuando busco al hombre en la técnica y el estilo europeos, veo una sucesión de negaciones del hombre, una avalancha de asesinatos.

La   condición   humana,   los   proyectos   del   hombre,   la colaboración entre los hombres en tareas que acrecienten la totalidad   del   hombre   son   problemas   nuevos   que   exigen verdaderos inventos.

Decidamos  no  imitar  a  Europa  y  orientemos  nuestros músculos y nuestros cerebros en una dirección nueva. Tratemos de inventar al hombre total que Europa ha sido incapaz de hacer triunfar.

Hace dos siglos, una antigua colonia europea decidió imitar a Europa. Lo logró hasta tal punto que los Estados Unidos de América se han convertido en un monstruo donde las taras, las enfermedades   y   la  inhumanidad   de   Europa   han   alcanzado terribles dimensiones.

Compañeros: ¿no tenemos otra cosa que hacer sino crear una tercera Europa? Occidente ha querido ser una aventura del Espíritu. Y en nombre del Espíritu, del espíritu europeo por supuesto, Europa ha justificado sus crímenes y ha legitimado la esclavitud en la que mantiene a las cuatro quintas partes de la humanidad.

Sí,  el  espíritu  europeo  ha  tenido  singulares  fundamentos.

Toda la reflexión europea se ha desarrollado en sitios cada vez más desérticos, cada vez más escarpados. Así se adquirió la costumbre de encontrar allí cada vez menos al hombre.

Un diálogo permanente consigo mismo, un narcisismo cada vez más obsceno, no han dejado de preparar el terreno a un cuasidelirio, donde el trabajo cerebral se convierte en un sufrimiento, donde las realidades no son ya las del hombre vivo, que trabaja y se fabrica a sí mismo, sino palabras, diversos conjuntos de palabras, las tensiones surgidas de los significados contenidos en las palabras. Ha habido europeos, sin embargo, que han invitado a los trabajadores europeos a romper ese narcisismo y a romper con ese irrealismo.

En general, los trabajadores europeos no han respondido a esas llamadas. Porque los trabajadores también se han creído partícipes en la aventura prodigiosa del Espíritu europeo.

Todos   los   elementos   de   una   solución   de   los   grandes problemas de la humanidad han existido, en distintos momentos, en el pensamiento de Europa. Pero los actos de los hombres europeos no han respondido a la misión que les correspondía y que consistía en pesar violentamente sobre esos elementos, en modificar su aspecto, su ser, en cambiarlos, en llevar, finalmente, el problema del hombre a un nivel incomparablemente superior.

Ahora asistimos a un estancamiento de Europa. Huyamos, compañeros, de ese movimiento inmóvil en que la dialéctica se ha transformado poco a poco en lógica del equilibrio. Hay que reformular el problema del hombre. Hay que reformular el problema de la realidad cerebral, de la masa cerebral de toda la humanidad cuyas conexiones hay que multiplicar, cuyas redes hay que diversificar y cuyos mensajes hay que rehumanizar.

Hermanos, tenemos demasiado trabajo para divertirnos con
los juegos de retaguardia. Europa ha hecho lo que tenía que hacer y,  en  suma,  lo  ha  hecho  bien;  dejemos  de  acusarla,  pero digámosle firmemente que no debe seguir haciendo tanto ruido. Ya no tenemos que temerla, dejemos, pues, de envidiarla.

El Tercer Mundo está ahora frente a Europa como una masa colosal cuyo proyecto debe ser tratar de resolver los problemas a los cuales esa Europa no ha sabido aportar soluciones.

Pero entonces no hay que hablar de rendimientos, de intensificación,   de   ritmo.   No,   no   se   trata  de   volver  a  la Naturaleza. Se trata concretamente de no llevar a los hombres por direcciones que los mutilen, de no imponer al cerebro ritmos que rápidamente lo menoscaban y lo perturban. Con el pretexto de alcanzar a Europa no hay que forzar al hombre, que arrancarlo de sí mismo, de su intimidad, no hay que quebrarlo, no hay que matarlo.

No, no queremos alcanzar a nadie. Pero queremos marchar constantemente, de noche y de día, en compañía del hombre, de todos los hombres. Se trata de no alargar la caravana porque entonces  cada  fila  apenas  percibe  a  la  que  la  precede  y  los hombres que no se reconocen ya, se encuentran cada vez menos, se hablan cada vez menos.

Se trata, para el Tercer Mundo, de reiniciar una historia del hombre que tome en cuenta al mismo tiempo las tesis, algunas veces prodigiosas, sostenidas por Europa, pero también los crímenes de Europa, el más odioso de los cuales habrá sido, en el seno   del   hombre,   el   descuartizamiento   patológico   de   sus funciones y la desintegración de su unidad; dentro del marco de una colectividad la ruptura, la estratificación, las tensiones sangrientas alimentadas por las clases; en la inmensa escala de la humanidad, por último, los odios raciales, la esclavitud, la explotación y, sobre todo, el genocidio no sangriento que representa la exclusión de mil quinientos millones de hombres.

No  rindamos,   pues,   compañeros,   un   tributo   a  Europa creando Estados, instituciones y sociedades inspirados en ella.

La humanidad espera algo más de nosotros que esa imitación
caricaturesca y en general obscena.

Si queremos transformar a África en una nueva Europa, a América   en   una   nueva   Europa,   confiemos   entonces   a   los europeos los destinos de nuestros países. Sabrán hacerlo mejor que los mejor dotados de nosotros.

Pero si queremos que la humanidad avance con audacia, si queremos  elevarla  a un  nivel  distinto  del  que  le  ha  impuesto Europa, entonces hay que inventar, hay que descubrir.

Si queremos responder a la esperanza de nuestros pueblos, no hay que fijarse sólo en Europa.

Además, si queremos responder a la esperanza en los europeos,  no  hay  que  reflejar  una  imagen,  aun  ideal,  de  su sociedad y de su pensamiento, por los que sienten de cuando en cuando una inmensa náusea.
Por Europa, por nosotros mismos y por la humanidad, compañeros,  hay  que  cambiar  de  piel,  desarrollar  un pensamiento nuevo, tratar de crear un hombre nuevo.



I N D I C E


P R E F A C I O ..................................          . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 5

I . L A V I O L E N C I A ............................................              . . . . . . . . . 2 5
LA VIOLENCIA EN EL CONTEXTO INTERNACIONAL. 74

I I . G R A N D E Z A Y D E B I L I D A D E S D E L E S P O N T A N E Í S M O ........................................            . . . . . . . . . . . . 8 4

I I I . D E S V E N T U R A S D E L A C O N C I E N C I A N A C I O N A L
.......................................................................                      . . . . . . . . 1 1 8

I V . S O B R E L A C U L T U R A N A C I O N A L .............    . . . . . . . . 1 6 4
FUNDAMENTOS RECÍPROCOS DE LA CULTURA NACIONAL Y LAS LUCHAS DE LIBERACIÓN..............190

V . G U E R R A C O L O N I A L Y T R A S T O R N O S M E N T A L E S
.......................................................................                      . . . . . . . . 2 0 0
SERIE A..................................................................................204
SERIE Β...................................................................................217
SERIE C: MODIFICACIONES AFECTIVO- INTELECTUALES Y TRASTORNOS MENTALES
DESPUÉS DE LA TORTURA.............................................226
SERIE D.  TRASTORNOS PSICOSOMÁTICOS................235
LA IMPULSIVIDAD CRIMINAL DEL NORAFRICANO EN LA GUERRA DE
LIBERACIÓN NACIONAL..............................................................238

C O N C L U S I Ó N .....................................................                 . . . . 2 5 3



Notas:
2 Véase capítulo V, "Guerra colonial y trastornos mentales".

3   Friedrich Engels  Anti-Dühring, 2ª parte, capítulo III: “Théorie de la violence”. Editions Sociales, p. 199. Hay edición en español.

4  Puede suceder que el dirigente preso sea la expresión auténtica de las masas colonizadas.   En ese caso, el colonialismo va a aprovechar su detención para tratar de lanzar nuevos dirigentes.

5  Es evidente que esa limpieza hasta el vacío destruye lo que se pretendía salvar.  Es lo que señala Sartre cuando dice: "En suma, por el hecho mismo de repetirlas [las ideas racistas] se revela que la unión simultánea de todos contra los indígenas es irrealizable, que no es sino recurrencia cíclica y

que, además, esa unión no podría hacerse como agrupación activa sino para la matanza de todos los colonizados, tentación perpetua y absurda del colono que equivale, si por otra parte fuera realizable, a suprimir de un sólo golpe la colonización misma." Critique de la raison dialectique, p.precisa de la violencia una significación profética. Es bueno recordar una página decisiva de su tragedia, donde el Rebelde (¡cosa extraña!) se explica:

6  Aimé Césaire, "Les Armes Miraculeuses" (Et les chiens se taissaient), pp.
133-137, Gallimard.

9  En el contexto internacional actual, el capitalismo no ejerce el bloqueo económico  contra  las  colonias  africanas  o  asiáticas  únicamente.  Los Estados Unidos, con la operación anticastrista, abren en el Continente americano un nuevo capítulo de la historia de la liberación laboriosa del hombre. América Latina, formada por países independientes con representación en la ONU y con moneda propia, debería constituir una lección para África. Esas antiguas colonias, desde su liberación, sufren en medio del terror y la privación la ley de bronce del capitalismo occidental. La liberación de África, el desarrollo de la conciencia de los hombres han permitido a los pueblos latinoamericanos romper con la vieja danza de las dictaduras, en que se sucedían iguales regímenes. Castro toma el poder en Cuba y lo entrega al pueblo. Esta herejía es resentida como una calamidad nacional por los yanquis y los Estados Unidos organizan brigadas contrarrevolucionarias, fabrican un gobierno  provisional,  incendian  las cosechas de caña, deciden por último estrangular despiadadamente al pueblo  cubano.  Pero  va  a  ser  difícil.  El  pueblo  cubano  sufrirá,  pero vencerá. El presidente brasileño Janio Quadros, en una declaración de importancia histórica, acaba de afirmar que su país defenderá por todos los medios  la  Revolución  cubana.  También  los  Estados  Unidos  van  a retroceder quizá un día ante la voluntad de los pueblos. Ese día lo festejaremos, porque será un día decisivo para los hombres y las mujeres del mundo entero. El dólar que, en resumidas cuentas, no está garantizado sino por los esclavos repartidos por todo el globo, en los pozos de petróleo del Medio Oriente, las minas del Perú o del Congo, las plantaciones de la United Fruit o de Firestone, dejará de dominar entonces con todo su poder a esos esclavos que lo han creado y que siguen alimentándolo, con la cabeza y el vientre vacíos, con su propia sustancia.

10  Ciertos países favorecidos por una numerosa población europea llegan a la independencia con construcciones y avenidas y tienen tendencia a olvidar  al  país  que está detrás, miserable y  hambriento.    Ironía de la suerte: por una especie de silencio cómplice, hacen  como si sus ciudades fueran contemporáneas de la independencia.
11   Y es verdad que Alemania no reparó íntegramente los crímenes de guerra. Las  indemnizaciones  impuestas  a  la  nación  vencida  no  fueron reclamadas en su totalidad, porque las naciones afectadas incluyeron a Alemania en su sistema defensivo, anticomunista. Es esta preocupación permanente  la  que  anima  a  los  países  colonialistas  cuando  tratan  de obtener de sus antiguas colonias, a falta de la inclusión en el sistema occidental, bases militares y esclavos. Han decidido, de común acuerdo, olvidar sus reivindicaciones en nombre de la estrategia de la OTAN, en nombre del mundo libre. Y hemos visto cómo Alemania ha recibido, en oleadas sucesivas, dólares y máquinas. Una Alemania recuperada, fuerte y poderosa, era una necesidad para el campo occidental. El interés bien entendido de la Europa llamada libre exigía una Alemania próspera, reconstruida y capaz de servir de primera fortaleza frente a las eventuales hordas   rojas,   Alemania   ha   aprovechado   maravillosamente   la   crisis europea. Los Estados Unidos y los demás Estados europeos sienten una legítima amargura frente a esa Alemania, ayer de rodillas, que les opone ahora en el mercado económico una competencia implacable.

12  "Distinguir radicalmente la edificación del socialismo, en Europa, de las 'relaciones con el Tercer Mundo' (como si no tuviéramos con éste sino relaciones de exteriorización) es, conscientemente o no, favorecer la herencia  colonial  por  encima  de  la  liberación  de  los  países subdesarrollados, querer construir un socialismo de lujo sobre los frutos de la rapiña imperial —como, dentro de una pandilla, se repartiría más o menos equitativamente el botín, sin dejar de distribuir algo a los pobres en forma  de  buenas  obras,  olvidando  que  es  a  ellos  a  quienes  se  les  ha robado." Marcel Péju, "Mourir pour De Gaulle?"   Artículo aparecido en Temps Modernes, Nº 175-176,  oct.-nov.  de   1960.

13 Mamadou-Dia,  Nations africaines et solidarité mondiale, PUF, p.  140.
14 Mamadou-Dia, op.  cit.

15   Le  leader  politique  considéré  comme  le  représentant  d'une  culture. Comunicación al segundo Congreso de Escritores y Artistas Negros, Roma,
1959.
16 René Depestre, Face a la nuit.

17 René Depestre, Face a la nuit

18 René Char, Partage formée.

19   En la última  distribución de premios en  Dakar, el presidente de la República Senegalesa, Leopold Senghor, decidió incluir en los programas el estudio del concepto de negritud.  Si la preocupación manifestada por el Presidente de la República de Senegal es de carácter histórico, hay que estar  de  acuerdo  con  él.    Si,  por  el  contrario,  se  trata  de  fabricar conciencias negras, es simplemente dar la espalda a la historia, que ya ha dado constancia de la desaparición de la mayoría de los negros.

20 Aquí   mencionamos   algunos   casos   de  necesario, que esta guerra colonial es original incluso en la patología que produce.

21  Las circunstancias de aparición de esos trastornos son interesantes por más de una razón.  Varios meses después de la independencia de su país, había conocido a algunos ciudadanos de la antigua nación colonialista.  Le habían parecido simpáticos.   Esos hombres y mujeres saludaban la independencia obtenida y rendían homenaje sin reservas al valor de los patriotas en la lucha de liberación nacional.  Aquel militante experimentó entonces una especie de vértigo.   Se preguntó con angustia si entre las víctimas de la bomba no habría personas semejantes a sus interlocutores. Cierto que el café atacado era un reducto de racistas notables, pero nada impedía que cualquier otro entrara para tomar algo.  Desde el día en que tuvo ese primer vértigo, el hombre trató de evitar pensar en los acontecimientos pasados.   Pero, paradójicamente, unos días antes de la fecha crítica, aparecieron los primeros trastornos.   Desde entonces se repiten regularmente.

Ese militante, que en ningún momento pensaba en renegar de su acción pasada sabía claramente el precio que su persona había tenido que pagar por la independencia nacional. Casos límites como éste plantean el problema de la responsabilidad en el marco revolucionario.
Las observaciones que citamos aquí cubren el periodo que va de 1954 a 1959. Algunos de los enfermos fueron tratados en Argelia, en centros hospitalarios o como clientela particular. Los demás fueron tratados en las instalaciones sanitarias del Ejército de Liberación Nacional.


SERIE A

Reunimos aquí cinco casos. Se trata de argelinos o europeos que presentaron, después de sucesos muy parecidos, trastornos mentales de tipo reaccional.

Caso Nº 1. Impotencia en un argelino como consecuencia de la violación de su mujer.

B… es un hombre de 26 años. Nos lo envía el Servicio Sanitario del  Frente  de  Liberación  Nacional  porque  padece  jaquecas rebeldes e insomnio. Ex chofer de taxi, ha militado desde la edad de 18 años en los partidos nacionalistas. A partir de 1955 es miembro de una célula del F.L.N.. En varias ocasiones utiliza su automóvil para el transporte de propaganda y de actuantes políticos.  Ante  la agravación  de  la represión,  el  F.L.N.  decide llevar la guerra a los centros urbanos. B... debe conducir entonces



En otras palabras, nuestros actos no dejan de perseguirnos jamás.   Su apariencia, su orden, sus motivaciones pueden perfectamente modificarse de manera profunda a posteriori.  No es una de las menores trampas que nos tiende la Historia y sus múltiples determinaciones.   Pero ¿podemos escapar al vértigo? ¿Quién podría sostener que el vértigo no asedia toda existencia?


22   Después del examen médico-legal que puso en evidencia el carácter patológico del acto, el procedimiento judicial iniciado por el Estado Mayor del A.L.N.  se interrumpió.

asombrosa esa mujer con el vientre abierto. Por poco científico que  esto  pueda  parecer,  pensamos  que  sólo  el  tiempo  podrá aportar alguna mejoría a la personalidad desintegrada del joven.

23  Esta observación nos sitúa frente a un sistema coherente que no deja nada intacto.  El verdugo que ama a los pájaros o goza en calma de una sinfonía o de una sonata, no es sino una etapa.   Posteriormente, no hay más que una existencia que se inscribe totalmente  en el plano de un sadismo radical y absoluto.

24   Rivét es una aldea que, a partir de cierto día del año 1956, se hizo célebre en la región de Algérois. Una noche, la aldea fue invadida por milicianos franceses que, después de sacar de sus camas a cuarenta hombres, los asesinaron.

25  En el curso del año 1955, los casos de este tipo fueron muy numerosos en Argelia. Desgraciadamente no todos los enfermos tuvieron la oportunidad de llegar al hospital.

26  Este tipo de tortura provoca gran número de muertes. Después de esos lavados a alta presión, en efecto, la mucosa intestinal sufre lesiones múltiples que provocan microperforaciones intestinales. Las embolias gaseosas y las peritonitis son entonces muy frecuentes.

27  Hablamos evidentemente de argelinos que, sabiendo algo, no han confesado  bajo  la  tortura  puesto  que  es sabido  que  todo  argelino  que confiesa es asesinado poco después.

28  El cuerpo médico debe relevarse día y noche al lado del enfermo en una labor de explicación. Es evidente que la fórmula "forcemos un poco al enfermo" no puede ser válidamente utilizada  aquí.
29  Esta tortura preventiva se convierte, en algunas regiones, en "represión
preventiva".  Fue así como en Rivet, cuando reinaba la calma, los colonos, para no ser tomados desprevenidos (las regiones cercanas comenzaban a agitarse) decidieron suprimir pura y simplemente a los miembros eventuales del F.L.N.; más de cuarenta argelinos fueron asesinados en un solo día arrancan las manos, que les estalla la cabeza, que se tragan la lengua.

30  En realidad, no es nada extraño. El conflicto no es sino el resultado de la evolución dinámica de la personalidad, donde no podría haber un "cuerpo extraño". Digamos más bien que se trata de un cuerpo mal integrado.

a) Estereotipos verbales:

El  enfermo  repite  continuamente  frases  como:  "No  dije nada. Tienen que creerme, no he hablado." Estas frases estereotipadas van acompañadas de una angustia permanente. El enfermo ignora efectivamente, con frecuencia, si han podido arrancarle   informes.   La   culpabilidad   respecto   de   la   causa defendida y de los hermanos cuyos nombres y direcciones haya podido   revelar   pesa   aquí   de   manera   dramática.   Ninguna afirmación puede restablecer la calma en esas conciencias destrozadas.

b) Percepción intelectual o sensorial opacada:

El enfermo no puede afirmar la existencia de un objeto percibido. Asimila un razonamiento, pero de manera indiferenciada. No distingue, fundamentalmente, lo verdadero de lo falso. Todo es verdadero y todo es falso a la vez.

c) Fobia a las entrevistas personales:

Este miedo se deriva de la impresión aguda de que, en cualquier momento, podrá ser interrogado de nuevo.

d) Inhibición:

El enfermo está a la defensiva: registra palabra por palabra la pregunta que se le hace, elabora palabra por palabra la respuesta proyectada. De ahí la impresión de cuasi-inhibición, con disminución de actividad psíquica, interrupción de las frases, retrocesos, etc...
Es claro que estos enfermos se niegan obstinadamente a cualquier inyección intravenosa.


31  Citaremos también el caso de los psiquiatras pertenecientes a los grupos "Presencia francesa" que, designados para examinar a un prisionero, tenían la costumbre de proclamar, desde el primer contacto, su gran amistad con el  abogado  defensor  y  de  afirmar  que  entre  ambos  (el  abogado  y  él) sacarían de allí al prisionero.  Todos los prisioneros examinados en estas condiciones fueron guillotinados.   Estos psiquiatras se jactaban frente a nosotros de esa manera elegante de vencer las "resistencias".

32   Es sabido que en los Estados Unidos se ha desarrollado una corriente psicosociológica.  Los exponentes de esta escuela piensan que el drama del individuo contemporáneo está contenido en el hecho de que ya no desempeña un papel, que el mecanismo social lo limita a no ser sino una rueda.   De ahí la terapéutica propuesta para permitir al hombre que represente determinados papeles en una verdadera actividad lúdica.   Se representa cualquier papel, se cambia inclusive de papel en un mismo día, es posible ponerse simbólicamente en el lugar de cualquiera.   Los psiquiatras de las fábricas en los Estados Unidos hacen prodigios, según parece, con la psicoterapia de grupo de los obreros.   Se les permite, en efecto, identificarse a determinados héroes.  La tensión de las relaciones entre patronos y obreros disminuye  considerablemente.


33   Esta designación que expresa una concepción idealista es abandonada progresivamente.  En efecto, la terminología córticovisceral heredada de los trabajos soviéticos —sobre todo de Pavlov— tiene al menos la ventaja de poner al cerebro en su lugar, es decir, de considerarlo como la matriz donde se elabora precisamente el psiquismo.
34    Cuanto  más  nos  elevamos  en  el  plano  neurológico,  menos  se  es
extrapiramidal.  Como se ve, todo parecía concordar.


35  Resulta superfluo añadir que no se trata de una contracción histérica.
36 Es sabido, en efecto, que el Islam obliga a no consumir carne sin asegurarse antes que el animal ha sido vaciado de su sangre. Por eso las reses son degolladas.

37 Profesor A. Porot, Annales Médico-Psychologiques, 1918.
38  En boca del Decano de los Jueces de una Cámara de Argel esta agresividad del argelino se traduce por su amor a la "fantasía". "Toda esta revuelta —decía en 1955—, es un error considerarla política. ¡Cada cierto tiempo  tiene  que salir  ese amor a  la  barahunda  que sienten!" Para el etnólogo, establecer una serie de test y de juegos proyectivos susceptibles de canalizar los instintos agresivos globales del indígena habría podido, en 1955-1956, detener la revolución en los Aurès.

39  Carothers, "Psychologie normale et pathologique de l'Africain", Études
Ethno-Psychwtriques. Masson.
40 Op. cit.,  p.  176
41  Op. cit., p.  178

42   Es claro que, además, esa identificación a la imagen producida por el europeo era muy ambivalente.   El europeo, en efecto, parecía rendir un homenaje —igualmente ambivalente— al argelino violento, apasionado, brutal, celoso, soberbio, orgulloso que juega con su vida por un detalle o por una palabra, etc.  Señalemos de paso que en las confrontaciones con el francés de Francia, los europeos de Argelia tienden cada vez más a identificarse con esta imagen del argelino por oposición al francés.
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Este libro se comenzó a imprimir en los
T alle res  Gráficos   Kolectivo    “Últi mo R ecu rso ” Rosario, enero de 2007.
Y continuará…

































































































sábado, 14 de junio de 2014

L O S C O N D E N A D O S D E L A T I E R R A-XV




F R A N T Z  F A N O N. 

I I I . D E S V E N T U R A S D E L A CO N C I E N C I A
N A C I O N A L


LA IMPULSIVIDAD CRIMINAL DEL NORAFRICANO EN LA GUERRA DE LIBERACIÓN NACIONAL




No solamente hay que combatir por la libertad del pueblo. También hay que volver a enseñar a ese pueblo y a uno mismo, durante todo el tiempo de la lucha, la dimensión del hombre. Hay que remontar los caminos de la historia, de la historia del hombre condenado por los hombres y provocar, hacer posible el reencuentro con su pueblo y con los demás hombres.

En realidad, el militante que se ha entregado a una lucha armada, a una lucha nacional, tiene la intención de conocer todas las degradaciones infligidas al hombre por la opresión colonial. El militante tiene a veces la impresión fatigosa de que tiene que conducir a todo su pueblo, sacarlo del pozo, de la caverna. El militante percibe con frecuencia que no sólo tiene que rechazar a las fuerzas enemigas, sino también los núcleos de desesperación cristalizados en el cuerpo del colonizado. El periodo de opresión es doloroso, pero la lucha, al rehabilitar al hombre oprimido desarrolla un proceso de reintegración extremadamente fecundo y decisivo. La lucha victoriosa de un pueblo no sólo consagra el triunfo de sus derechos. Procura además a ese pueblo densidad, coherencia, homogeneidad. Porque el colonialismo no ha hecho sino despersonalizar al colonizado. Esta despersonalización es resentida igualmente en el plano colectivo al nivel de las estructuras   sociales.   El   pueblo   colonizado   se   ve   reducido entonces a un conjunto de individuos que no se fundan, sino en la presencia del colonizador.

La lucha de un pueblo por su liberación lo conduce, según las circunstancias, a rechazar o a hacer estallar las supuestas verdades instaladas en su conciencia por la administración civil colonial, la ocupación militar, la explotación económica. Y sólo la lucha puede exorcizar realmente esas mentiras sobre el hombre que inferiorizan y literalmente mutilan a los más conscientes de nosotros.
Cuántas veces, en París o en Aix, en Argel o en Basse-Terre hemos visto a algunos colonizados protestar con violencia de la supuesta pereza del negro, del argelino, del vietnamita. Y, sin embargo, ¿no es cierto que en un régimen colonial, un fellah dedicado ardorosamente al trabajo, un negro que rechazara el descanso serían simplemente individuos patológicos? La pereza del colonizado es el sabotaje consciente a la máquina colonial; es, en el plano biológico, un sistema de autoprotección notable y, en todo caso, se trata de un retraso indudable infligido a la puesta a punto del ocupante en la totalidad del país.

La   resistencia   de   selvas   y   pantanos   a   la   penetraciónextranjera es aliada natural del colonizado. Habría que comprenderlo y dejar de argüir y afirmar que el negro es un gran trabajador y el bicot un roturador excepcional. En el régimen colonial, la verdad del bicot, la verdad del negro es no mover ni el dedo meñique, no ayudar al opresor a aprovecharse mejor de su presa. El deber del colonizado que todavía no ha madurado su conciencia política ni ha decidido rechazar la opresión es hacer que le arranquen literalmente el menor gesto. Es una manifestación muy concreta de la no cooperación, en todo caso, de una cooperación mínima.

Estas observaciones que se aplican a las relaciones del colonizado y del trabajo podrían aplicarse igualmente al respeto del colonizado por las leyes del opresor, al pago regular de los impuestos, a las relaciones del colonizado con el sistema colonial. En el régimen colonial, la gratitud, la sinceridad, el honor son palabras vacías. En los últimos años he tenido ocasión de comprobar un hecho clásico: el honor, la dignidad, el respeto a la palabra dada no pueden manifestarse, sino dentro del marco de una homogeneidad nacional e internacional. Cuando usted y sus semejantes han sido liquidados como perros, no les queda más que utilizar todos los medios para restablecer su peso como hombres. Hay que pesar entonces lo más posible sobre el cuerpo del torturador para que el espíritu extraviado en alguna parte recupere por fin su dimensión universal. En estos últimos años, he tenido oportunidad de presenciar en la Argelia combatiente cómo el honor, la entrega de sí, el amor a la vida, el desprecio de la muerte podían revestir formas extraordinarias. No, no se trata de   cantar   elogios   a   los   combatientes.   Se   trata   de   una comprobación trivial que los más furibundos colonialistas no han podido dejar de hacer: el combatiente argelino tiene una manera singular de pelear y de morir y ninguna referencia al Islam o al Paraíso Prometido pueden explicar esa generosidad de sí cuando se trata de proteger al pueblo o de salvar a los hermanos. Y ese silencio  aplastante  —el  cuerpo  grita  por  supuesto—,  y  ese silencio que aplasta al torturador. Encontramos aquí la vieja ley que  impide  a  cierto  elemento  de  la  existencia  permanecer inmóvil cuando la nación se pone en marcha, cuando el hombre reivindica y afirma al mismo tiempo su humanidad ilimitada.

Entre las características del pueblo argelino que había establecido el colonialismo nos detendremos en su pavorosa criminalidad. Antes de 1954, los magistrados, policías, abogados, periodistas, médicos legistas convenían de manera unánime en que la criminalidad del argelino era un problema. El argelino, se afirmaba, es un criminal nato. Se elaboró una teoría, se aportaron pruebas  científicas.  Esta  teoría  fue  objeto,  durante  más  de  20 años, de enseñanza universitaria. Estudiantes argelinos de medicina recibieron esa enseñanza y poco a poco, imperceptiblemente, después de adaptarse al colonialismo, las élites se adaptaron a las taras naturales del pueblo argelino. Perezosos natos, mentirosos natos, ladrones natos, criminales natos.

Nos proponemos exponer aquí esta teoría oficial, recordar sus bases concretas y su argumentación científica. Después recogeremos los hechos y trataremos de reinterpretarlos.

El argelino mata frecuentemente. Es un hecho, dirán los magistrados, que las cuatro quintas partes de los procesos instruidos se refieren, a golpes y heridas. La tasa de criminalidad en Argelia es una de las más importantes, de las más elevadas del mundo, afirman. No hay pequeños delincuentes. Cuando el argelino, y esto se aplica a todos los norafricanos, se pone fuera de la ley siempre lo hace al máximo.

El argelino mata salvajemente. Y, en primer lugar, el arma preferida es el cuchillo. Los magistrados "que conocen el país" se han formado una pequeña filosofía acerca de esto. Los habitantes de Kabylia, por ejemplo, prefieren la pistola o el fusil. Los árabes de la llanura tienen predilección por el cuchillo. Algunos magistrados se preguntan si el argelino necesita ver sangre. El argelino, dirán, necesita sentir el calor de la sangre, bañarse en la sangre   de   la  víctima.   Esos  magistrados,  esos  policías,  esos médicos, disertan muy seriamente sobre las relaciones del alma musulmana con la sangre.36  Cierto número de magistrados llegan a decir que para el argelino matar a un hombre es, antes que nada, degollarlo. El salvajismo del argelino se manifiesta sobre, todo por la multiplicidad de las heridas, la inutilidad de algunas infligidas después de la muerte. Las autopsias establecen indudablemente esto: el asesino da la impresión, por la gravedad semejante de todas las heridas infligidas, que ha querido matar un número incalculable de veces.

El argelino mata por nada. Con frecuencia magistrados y policías se desconciertan ante los motivos del asesinato: un gesto, una alusión, una expresión ambigua, un altercado en torno a un olivo poseído en común, una res que se aventura dentro de la octava parte de una hectárea... Frente al asesinato, algunas veces frente al doble o triple asesinato, la causa buscada, el motivo que se espera justifique y funde esos asesinatos, resulta de una trivialidad desesperante. De ahí la impresión frecuente de que el grupo social oculta los verdaderos motivos.

Por último, el robo practicado por un argelino se realiza siempre  con  fractura,  acompañada  o  no  de  asesinato,  pero siempre con agresión contra el propietario.

Todos  estos  elementos  reunidos  en  haz  en  torno  a  la criminalidad  argelina  han  parecido  ser  suficientes  para especificar  el  hecho  y  para  elaborar  un  intento  de sistematización.

Observaciones semejantes aunque menos ricas se "hicieron en Túnez y en Marruecos y cada vez se habló más de la criminalidad norafricana. Durante más de 30 años, bajo la dirección constante del profesor Porot, profesor de psiquiatría en la   Facultad   de   Argel,   varios   equipos   van   a   precisar   las modalidades de expresión de esta criminalidad y a proponer una interpretación sociológica, funcional, anatómica.

Utilizaremos aquí los principales trabajos dedicados a esta cuestión por la escuela psiquiátrica de la Facultad de Argel. Las conclusiones de las investigaciones realizadas durante más de 20 años fueron objeto, recordémoslo, de magistrales cursos en la cátedra de psiquiatría.

Así  fue  como  los  médicos  argelinos  diplomados  en  la Facultad de Argel tuvieron que oír y aprender que el argelino es un criminal nato. Me acuerdo de uno de nosotros que exponía muy seriamente esas teorías aprendidas. Y añadía: "Es duro de tragar, pero está científicamente probado."

El norafricano es un criminal, su instinto, predatorio es conocido, su agresividad masiva es perceptible a simple vista. El norafricano gusta de los extremos; por eso jamás se le puede tener íntegramente confianza. Hoy el mayor amigo, mañana el mayor enemigo. Impermeable a los matices, el cartesianismo le es fundamentalmente ajeno, el sentido del equilibrio, de la ponderación, de la medida, tropieza con sus inclinaciones más íntimas.   El   norafricano   es   un   violento,   hereditariamente violento. Hay en él una imposibilidad de disciplinar, de canalizar sus impulsos. Sí, el argelino es un impulsivo nato.

Pero, se precisa, esa impulsividad es fuertemente agresiva y generalmente  homicida.  Es  así  como  se  explica  el comportamiento no ortodoxo del melancólico argelino. Los psiquiatras franceses de Argelia se han encontrado frente a un problema difícil. Estaban acostumbrados, frente a un enfermo de melancolía,  a  temer  el  suicidio.  Pero  el  melancólico  argelino mata. Esta enfermedad de la conciencia moral que va siempre acompañada de autoacusación y de tendencias autodestructivas reviste en el argelino formas heterodestructivas. El argelino melancólico no se suicida. Mata. Es la melancolía homicida bien estudiada por el profesor Porot en la tesis de su discípulo Monserrat.

¿Cómo explica la escuela argelina esta anomalía? Primero, dice la escuela de Argel, matarse es volver sobre sí mismo, contemplarse, practicar la introspección. Pero el argelino es rebelde a la vida interior.  No hay vida interior en el norafricano. El norafricano, por el contrario, se desembaraza, de sus preocupaciones lanzándose sobre lo que lo rodea. No analiza. Como la melancolía es por definición una enfermedad de la conciencia moral, es claro que el argelino no puede padecer sino seudomelancolías,   puesto   que   tanto   la   precariedad   de   su conciencia como la fragilidad de su sentimiento moral son bien conocidas. Esta incapacidad del argelino para analizar una situación, para organizar un panorama mental se comprende perfectamente   si   nos   referimos   a   los   dos   tipos   de   causas propuestas por los autores franceses.

Y, en primer lugar, respecto de las aptitudes intelectuales. El argelino es un gran débil mental. Si se quiere comprender bien este hecho, hay que recordar la semiología establecida por la escuela de Argel. El indígena, se dice, presenta las siguientes características:

— ninguna o escasa emotividad;
— crédulo y sugestionable al extremo,
— terquedad tenaz;
  puerilismo  mental,  sin  el  espíritu  curioso  del  niño
occidental;
— facilidad de los accidentes y las reacciones pitiáticas.37

El argelino no percibe el conjunto. Las cuestiones que se plantea se refieren siempre a los detalles y excluyen toda síntesis. Puntilloso, aferrado a los objetos, perdido en el detalle, insensible a la idea, rebelde a los conceptos. La expresión verbal se reduce al mínimo. El gesto siempre impulsivo y agresivo. Incapaz de interpretar el detalle a partir del conjunto, el argelino absolutiza el elemento y toma la parte por el todo. Así habrá reacciones globales frente a incitaciones parcelarias, a insignificancias tales como una higuera, un gesto, un carnero que ha penetrado en su terreno. La agresividad congénita busca caminos, se contenta con el menor pretexto. Es una agresividad en estado puro.38

Abandonando la fase descriptiva, la escuela de Argel aborda el plano explicativo. Es en 1935, en el Congreso de Alienistas y Neurólogos de lengua francesa que se celebraba en Bruselas, cuando el profesor Porot debía definir las bases científicas de su teoría. Discutiendo el informe de Baruk sobre la histeria, decía que el "indígena norafricano, cuyas actividades superiores y corticales están poco evolucionadas, es un ser primitivo cuya vida en esencia vegetativa e instintiva está regida sobre todo por su diencéfalo".  Para  medir  bien  la  importancia  de  este descubrimiento del profesor Porot hay que recordar que la característica de la especie humana, cuando se la compara con los demás vertebrados, es la corticalización. El diencéfalo es una de las partes más primitivas del cerebro y el hombre es, principalmente,  el  vertebrado  en  el  que  domina  la  corteza cerebral.

Para el profesor Porot, la vida del indígena norafricano está dominada por las instancias diencefálicas. Esto equivale a decir que el indígena norafricano está, en cierto sentido, privado de corteza cerebral. El profesor Porot no evita esta contradicción y en abril de 1939 en Sud Médical et Chirurgical precisa, en colaboración con su discípulo Sutter, actualmente profesor de psiquiatría en Argel: "El primitivismo no es una falta de madurez, una interrupción en el desarrollo del psiquismo intelectual. Es una  condición  social  llegada  al  término  de  su  evolución,  se adapta de manera lógica a una vida diferente de la nuestra." Finalmente, los profesores abordan la base misma de la doctrina: "ese primitivismo no es sólo una manera resultante de una educación especial, tiene cimientos mucho más profundos y hasta pensamos  que  pueda  tener  su  sustrato  en  una  disposición particular de la arquitectónica, al menos de la jerarquización dinámica de los centros nerviosos". Como se ve, la impulsividad del argelino, la frecuencia y los caracteres de sus asesinatos, sus constantes tendencias a la delincuencia, su primitivismo no son un azar. Estamos en presencia de un comportamiento coherente, de una vida coherente científicamente explicable, el argelino no tiene corteza cerebral o, para ser más precisos, en él predomina, como en los vertebrados inferiores, el diencéfalo. Las funciones corticales,   si   existen,   son   muy   frágiles,   prácticamente   no integradas  a  la  dinámica  de  la  existencia.  No  hay,  pues,  ni misterio ni paradoja. La reticencia del colonizador para confiar una responsabilidad al indígena no es racismo ni paternalismo, sino simplemente una apreciación científica de las posibilidades biológicamente limitadas del colonizado.

Terminemos esta revisión refiriéndonos a una conclusión, sobre el África en general, del doctor Carothers, experto de la Organización Mundial de la Salud. Este experto internacional ha reunido en un libro publicado en 195439  lo esencial de sus observaciones.

El  doctor  Carothers  practicaba  en  el  África  central  y oriental, pero sus conclusiones coinciden con las de las escuelas norafricana. Para el experto internacional, en efecto, "el africano utiliza muy poco sus lóbulos frontales. Todas las particularidades de   la   psiquiatría   africana   pueden   atribuirse   a   una   pereza frontal".40

Para  darse  a  entender,  el  doctor  Carothers  establece  una comparación muy viva. Así advierte que el africano normal es un europeo lobotomizado. Es sabido que la escuela anglosajona había creído encontrar una terapéutica radical de ciertas formas graves de enfermedades mentales practicando la exclusión de una parte importante del cerebro. Los grandes trastornos de la personalidad comprobados han conducido después a abandonar este método. Según   el   doctor   Carothers,   la   similitud   existente   entre   el indígena africano normal y el lobotomizado europeo es notable.

El doctor Carothers, después de estudiar los trabajos de los distintos investigadores que ejercen en África, nos propone una conclusión  que  funda  una  concepción  unitaria  del  africano. "Éstos son —escribe— los datos de casos que no se refieren a las categorías europeas. Han sido recogidos en las diferentes regiones del África oriental, occidental, meridional y en general cada uno de los autores tenían poco o ningún conocimiento de los trabajos de los demás. La similitud esencial de esos trabajos es, pues, absolutamente notable."41


Señalemos antes de terminar que el doctor Carothers definía la rebelión de los Mau-Mau como la expresión de un complejo inconsciente de frustración, cuya repetición podría evitarse científicamente  mediante  adaptaciones  psicológicas espectaculares.

Así, pues, un comportamiento inhabitual: la frecuencia de la criminalidad del argelino, la trivialidad de los motivos descubiertos, el carácter homicida y siempre muy sanguinario de las peleas, planteaba un problema a los observadores. La explicación propuesta, que se ha convertido en materia de enseñanza parece ser, en última instancia, la siguiente: la disposición de las estructuras cerebrales del norafricano explica a la vez la pereza del indígena, su incapacidad intelectual y social y su impulsividad cuasianimal. La impulsividad criminal del norafricano es la transcripción al orden del comportamiento de cierta disposición del sistema nervioso. Es una reacción neurológicamente comprensible, inscrita en la naturaleza de las cosas, de la cosa biológicamente organizada. La no integración de los lóbulos frontales en la dinámica cerebral explica la pereza, los crímenes, los robos, las violaciones, la mentira. Y la conclusión me la dio un subprefecto —ahora prefecto—: "A esos seres naturales —decía—, que obedecen ciegamente las leyes de la naturaleza, hay que oponer cuadros estrictos e implacables. Hay que domesticar a la naturaleza, no convencerla." Disciplinar, domesticar, reducir y ahora pacificar son los vocablos más utilizados  por  los  colonialistas  en  los  territorios  ocupados.  Si hemos expuesto largamente las teorías de los hombres de ciencia colonialistas, ha sido menos para mostrar su pobreza y su absurdo que  para  abordar  un  problema  teórico  y  práctico extremadamente importante. De hecho, entre las cuestiones que se planteaban a la Revolución, entre los temas que podían ser debatidos en el plano de la explicación política y la desmistificación, la criminalidad  argelina no representaba sino un  subsector.  Pero  precisamente  las  entrevistas  que  tuvieron lugar en torno a este tema fueron hasta tal punto fecundas que nos permitieron profundizar y destacar mejor la noción de liberación  individual  y  social.  Cuando  en  la  práctica revolucionaria  se  aborda  ante  los  cuadros  y  los  militantes  la cuestión de la criminalidad argelina; cuando se expone el número promedio de crímenes, de delitos, de robos del periodo anterior a la Revolución; cuando se explica que la fisonomía de un crimen, la frecuencia de los delitos se producen en función de las relaciones existentes entre los hombres y las mujeres, entre los hombres y el Estado y que todos comprenden; cuando se asiste a simple vista a la dislocación de la noción de argelino o de norafricano criminal por vocación, noción que estaba igualmente fijada en la conciencia del argelino porque, en definitiva, "somos coléricos,  pendencieros,  malos,  así  es…"  entonces    puede decirse que la Revolución progresa.

El problema teórico importante es que en todo momento y en todas partes hay que hacer explícito, desmistificar, suprimir el insulto al hombre que es en sí. No hay que esperar que la nación produzca nuevos hombres. No hay que esperar que, en perpetua renovación revolucionaria, los nombres se transformen insensiblemente. Es verdad que estos dos procesos son importantes, pero hay que ayudar a la conciencia. La práctica revolucionaria si quiere ser globalmente liberadora y excepcionalmente fecunda, exige que nada de insólito subsista. Se siente con singular fuerza la necesidad de totalizar el acontecimiento, de llevar todo consigo, de reglamentar todo, de ser responsable de todo. La conciencia no se niega entonces a volver  atrás,  a  marcar  el  paso  si  es  necesario.  Por  eso  en  la marcha de una unidad de combate sobre el terreno, el final de una emboscada no significa el descanso, sino el momento de caminar también un poco la conciencia, porque todo debe ir a la par.

Sí,   espontáneamente   el   argelino   daba   la   razón   a   los magistrados y los policías.42  Ha habido que tomar, pues, esa criminalidad  argelina  vivida  en  el  plano  del  narcisismo  como manifestación de la auténtica virilidad y replantear el problema en el plano de la historia colonial. Por ejemplo, demostrar que la criminalidad  de  los  argelinos  en  Francia  difiere fundamentalmente de la criminalidad de los argelinos sometidos a la explotación directamente colonial.

Una segunda cosa debía llamar nuestra atención: en Argelia, la criminalidad argelina se desarrolla prácticamente en círculo cerrado. Los argelinos se robaban entre sí, se desgarraban entre sí, se mataban entre sí. En Argelia, el argelino apenas atacaba a los franceses y evitaba las peleas con franceses. En Francia, por el contrario, el emigrado creará una criminalidad intersocial, entre los distintos grupos.

En  Francia,  la criminalidad  argelina  disminuye.  Se  dirige sobre todo a los franceses y los móviles son radicalmente nuevos. Una paradoja nos ha ayudado considerablemente a desmistificar a los militantes: desde 1954 se comprueba una cuasidesaparición de los delitos comunes. Ya no hay disputas, ya no hay detalles insignificantes que provoquen la muerte de un hombre. Ya no hay cóleras explosivas porque el vecino haya visto la frente de mi mujer o su hombro izquierdo. La lucha nacional parece haber canalizado todas las cóleras, haber nacionalizado todos los movimientos afectivos o emocionales. Los jueces y los abogados franceses ya lo habían comprobado, pero hacía falta que el militante cobrara conciencia de ello, había que hacerle conocer las razones.

Queda la explicación.

¿Había  que  decir  que  la  guerra,  terreno  privilegiado  de expresión de una agresividad por fin socializada, canaliza hacia el ocupante los gestos congénitamente criminales? Es una comprobación trivial que las grandes sacudidas sociales disminuyen la frecuencia de la delincuencia y los trastornos mentales. Podía explicarse perfectamente esta regresión de la criminalidad argelina, así, por la existencia de una guerra que rompía a Argelia en dos, rechazando del lado enemigo la maquinaria judicial y administrativa.

Pero, en las regiones del Magreb ya liberadas, este mismo fenómeno señalado en el curso de las luchas de liberación se mantiene y se precisa con la independencia. Parece, pues, que el contexto colonial es lo bastante original como para autorizar una reinterpretación de la criminalidad. Es lo que hemos hecho para los combatientes. Ahora todo el mundo sabe, entre nosotros, que la criminalidad no es consecuencia del carácter nato del argelino ni  de  la  organización  de  su  sistema  nervioso.  La  guerra  de Argelia, las guerras de liberación nacional hacen surgir a los verdaderos protagonistas. En la situación colonial, como se ha demostrado, los indígenas viven entre ellos. Tienden a servirse recíprocamente de pantalla. Cada cual oculta al otro el enemigo nacional. Y cuando, fatigado después de una dura jornada de dieciséis horas, el colonizado se desploma en su estera y un niño, del otro lado de la cortina, llora y no lo deja dormir, como por azar, es un pequeño argelino. Cuando va a pedirle un poco de sémola o un poco de aceite al dueño de la tienda de comestibles al que ya debe algunos cientos de francos y le niegan el favor, se llena de un enorme odio y un enorme deseo de matar y el dueño de la tienda es un argelino. Cuando, después de haberlo evitado durante varias semanas, se encuentra un día acorralado por el caíd que le reclama "impuestos" ni  siquiera tiene el placer de odiar al  administrador europeo; ahí  está el  caid que atrae ese odio, y es un argelino.

Expuesto a tentativas de asesinato cotidianas: hambre, expulsión del cuarto que no ha pagado, el seno maternal seco, niños esqueléticos, las obras cerradas, los desempleados que pululan alrededor del gerente como cuervos, el indígena llega a ver a su semejante como un enemigo implacable. Si se desgarra los pies desnudos sobre una gruesa piedra en medio del camino es un indígena quien la ha puesto y cuando se dispone a recoger sus pocas uvas, resulta que los hijos de X..., por la noche, se las han comido.  Sí,  en  la  etapa  colonial  en  Argelia  y  en  todas  partes pueden hacerse muchas cosas por un kilo de sémola. Es posible matar a varias personas. Hace falta imaginación para comprender estas cosas. ¡Oh memoria! En los campos de concentración los hombres se han matado por un pedazo de pan. Me acuerdo de una escena horrible.  Era en Oran en 1944.  Del campo  donde esperábamos ser embarcados, los militares lanzaban pedazos de pan a pequeños argelinos que se los disputaban con rabia y odio. Los veterinarios podrían explicar estos fenómenos recordando el famoso peck-order que se produce en los corrales. El maíz que es distribuido es objeto, efectivamente, de una competencia implacable.  Algunas  aves,  las  más  fuertes,  devoran  todos  los granos mientras que otras menos agresivas adelgazan a ojos vista. Toda colonia tiende a convertirse en un inmenso corral, un inmenso campo de concentración, donde la única ley es la del cuchillo.

En Argelia todo ha cambiado con la guerra de Liberación Nacional. Las reservas enteras de una familia o de una metcha pueden ser ofrecidas en una sola noche a una compañía que viene de paso. El único burro de la familia puede ser prestado para asegurar  el  transporte  de  un  herido.  Y  cuando,  varios  días después, el propietario se entera de la muerte de su animal ametrallado por un avión no se lanzará en imprecaciones y amenazas.   No   hablará   de   la   muerte   de   su   animal,   pero preguntará, inquieto, si el herido está sano y salvo.

En el régimen colonial, cualquier cosa puede hacerse por un kilo de pan o un miserable borrego... Las relaciones del hombre con la materia, con el mundo, con la historia, son en la etapa colonial relaciones con los alimentos. Para un colonizado en un contexto de opresión como el de Argelia, vivir no es encamar valores, inscribirse en el desarrollo coherente y fecundo de un mundo. Vivir es no morir. Existir es mantener la vida. Cada dátil es una victoria. No un resultado de la labor realizada, sino una victoria  concebida  como  triunfo  de  la  vida.  Así  sustraer  los dátiles, permitir que el borrego se coma la hierba del vecino no son una negación de la propiedad de los demás, la transgresión de una ley o una falta de respeto. Son tentativas de asesinato. Hay que haber visto en Kabylia a hombres y mujeres ir a buscar tierra durante semanas al fondo del valle y subirla en pequeñas canastas para comprender que un robo es una tentativa de asesinato y no un gesto inamistoso o ilegal. Es que la única perspectiva es ese estómago  cada vez  más  reducido,  cada vez menos  exigente  es cierto, pero que, de cualquier manera, hay que llenar. ¿A quién dirigirse? El francés está en la llanura con los policías, el ejército y los tanques. En la montaña sólo hay argelinos. Allá arriba el cielo con sus promesas de ultratumba, allá abajo los franceses con sus promesas bien concretas de prisión, de golpes, de ejecuciones.

Forzosamente,  se  recae  sobre    mismo.  Aquí  se  descubre  el núcleo  de  ese  odio  a    mismo  que  caracteriza  los  conflictos raciales en las sociedades segregadas.

La criminalidad del argelino, su impulsividad, la violencia de   sus   asesinatos   no   son,   pues,   la   consecuencia   de   una organización del sistema nervioso ni de una originalidad de carácter, sino el producto directo de la situación colonial. Que los combatientes argelinos hayan discutido este problema,  que no hayan temido poner en duda las creencias que el colonialismo les había inculcado, que hayan comprendido que cada cual era la pantalla del otro y que, en realidad, cada uno se suicidaba al lanzarse sobre el otro, debía tener una importancia primordial en la conciencia revolucionaria. Una vez más, el objetivo del colonizado que lucha es provocar el final de la dominación. Pero igualmente debe velar por la liquidación de todas las mentiras introducidas  en  su  cuerpo  por  la  opresión.  En  un  régimen colonial, tal como existía en Argelia, las ideas profesadas por el colonialismo  no  influían  sólo  en  la  minoría  europea,  sino también en el argelino. La liberación total es la que concierne a todos los sectores de la personalidad. La emboscada o los cuerpo a cuerpo, la tortura o la matanza de sus hermanos arraigan la determinación de vencer, renuevan el subconsciente y alimentan la imaginación. Cuando la nación se impulsa definitivamente, el hombre nuevo no es un producto a posteriori de esa nación, sino que coexiste con ella, se desarrolla con ella, triunfa con ella. Esta exigencia dialéctica explica la reticencia ante las colonizaciones adaptadas y las reformas de fachada. La independencia no es una palabra que deba exorcizarse, sino una condición indispensable para la existencia de hombres y mujeres realmente liberados, es decir, dueños de todos los medios materiales que hacen posible la transformación radical de la sociedad.