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lunes, 22 de junio de 2015


ACHU N MAGEK, 15 ACHANO N TALLIT TAYNAY TAGWANCET
En el Solsticio de Verano la Sol entra en Cáncer,  al igual que todos los cambios de estación han sido celebrados por las culturas más antigua y avanzadas espiritualmente de todo el mundo, más tarde el advenimiento de cierta confesión religiosa de las denominadas mayoritarias adoptó estas celebraciones para ejercer una conversión más eficiente al nuevo orden religioso que dominaría la historia por siglos, rebautizándola como San Juan Bautista, o lo que conocemos como la Noche de San Juan, la noche del Fuego, que está plagada de tradiciones usurpadas a otras confesiones mucho mas antiguas.
La celebración del solsticio de verano como tal data de 5000 años antes de la era occidental actual a raíz de la permanente observación de la bóveda celeste por parte de sabios astrónomos. Nuestros ancestros guanches definían este acontecimiento referente la Sol como una puerta de entrada a otra dimensión, la Sol mermaba día a día porque penetraba en la dimensión del espíritu de los hombres, primero lucía en el exterior para después lucir en el interior. El espíritu  se recoge sobre sí mismo para asimilar las experiencias vividas que la Sol interior ilumina.


En la noche más cósmica del año, la del solsticio de verano, la atmósfera está cargada de un aliento Divino.
El rito principal consiste en encender una Hoguera Sagrada para “dar más fuerza la Sol”, nuestra Diosa Magek.
Pero simbólicamente, el fuego es el elemento purificador por excelencia y el que nos puede ayudar a quemar y desprendernos de todo lo que queremos dejar atrás en nuestra vida.

Tradicionalmente era y es un momento de purificación, donde se suele saltar sobre la Hoguera Sagrada el caldero para conseguir un objetivo, protección, fertilidad, salud, etc., o se quemaban símbolos de aquello de lo cual uno desea purificarse.

El Fuego Sagrado  representa el apogeo de la energía; el fin de la oscuridad, de la esterilidad, y el comienzo de la época más fértil, donde todo se renueva. Es la abundancia, la belleza de la tierra y el poder de la Luz.

Es un tiempo especial para mirar internamente a las semillas que hemos plantado tanto en el plano espiritual como en le material durante los meses previos y para retomar los proyectos que se han dejado pendientes.

Aquí sugieren diferentes ritos y purificaciones personales y del hogar, pero hagamos lo que hagamos, merece la pena compartir en comunidad hermanos en la fe-la familia, amigos- el meridiano anual que representa Magek.

Un tiempo de celebrar el final del año creciente y el comienzo del año menguante, en preparación de la cosecha por venir.

Tal como recoge el criollo canario y médico tíldense Marín de Cubas: “Contaban su año llamado Acano por lunaciones de veintinueve soles desde el día que aparecía nueva; empezaban por el estío cuando el sol entra en cáncer, a veintiuno de junio en adelante la primera conjunción, y por nueve días continuos hacían grandes bailes y convites, y casamientos, habiendo cogido sus sementeras”

Al respecto los arqueo astrónomos César Esteban y Montserrat Delgado Cabrera, aunque vistos desde una óptica euro centrista recogen:
“En la última década se han llevado a cabo distintos estudios arqueo astronómicos en yacimientos aborígenes canarios que demuestran la importancia de ciertos elementos astronómicos en la simbología religiosa y en el ritual de la antigua cultura prehispánica (Aveni y Cuenca, 1992-1993-1994; Belmonte et al. 1994, 2001; Belmonte, 1999, Belmonte y Hoskin, 2002; Esteban, 1997, 2000; Esteban et al., 2002). Las posiciones singulares del movimiento anual solar sobre la bóveda celeste: solsticios y equinoccios, parecen ser los elementos más constatados. Así, encontramos marcadores de estos eventos solares basados en diferentes estrategias:

a) la disposición relativa de elementos artificiales de los propios yacimientos permite una orientación hacia ortos u ocasos del Sol en solsticios y equinoccios, así como la producción de juegos de luz y sombra;

b) los ortos u ocasos solares en dichos momentos del año se producen sobre ele- mentos llamativos del horizonte que rodea al yacimiento o incluso sobre otros yacimientos conectados visualmente;
c) los elementos del yacimiento (como grabados rupestres o tumbas de necrópolis)
se encuentran orientados sistemáticamente a dichos eventos astronómicos.

Se han encontrado relaciones astronómicas en todas las islas del Archipiélago que se han estudiado con cierta profundidad, principalmente en Gran Canaria, Tenerife, Fuerteventura y Lanzarote, lo que sugiere que la importancia del culto solar era algo común en todas o en la mayor parte de las sociedades insulares. Estos marcadores astronómicos podrían ser utilizados como elementos en el propio ritual (hierofanías), como herramientas para establecer un calendario y/o para predecir el momento en que se producían  las distintas festividades con vistas a la preparación y anuncio de su celebración.

Por otra parte, las crónicas históricas escritas coinciden en la gran importancia de los cultos astrales en la religión de los aborígenes canarios. Son varios los autores que han llevado a cabo el análisis de dicha documentación (Tejera Gaspar, 1992: 11-18; Jiménez González, 1994; Belmonte et al., 1994; Barrios, 1997). De estos estudios parece clara la existencia de un calendario aborigen lunisolar, basado en la observación de la posición del Sol y las fases de la Luna, aunque existen diferencias en las crónicas sobre el momento preciso del inicio del año, algunos cronistas indican la luna nueva posterior al solsticio de verano, mientras que otros lo sitúan en la luna nueva posterior al equinoccio de primavera.”
Por su parte el doctor en Prehistoria por la Universidad de La Laguna José Juan Jiménez,” …afirma que las sociedades nativas del archipiélago contaban con una especie de “puerta estelar abierta” en el firmamento que les permitía la observación de elementos astrales para implicarlos con hitos orográficos.
En esos lugares edificaban santuarios y puntos de observación, adoratorios, templos e incluso necrópolis,  y los relacionaban con los astros, los elementos estelares, el territorio, la topografía y el paisaje, destacando montañas, degolladas, acantilados, volcanes, sierras, roques, pitones e, incluso, algunas de las islas vecinas.
Detalla Jiménez como ejemplo que “la salida y la puesta del sol y de la luna se establecían en enclaves arqueotopográficos observados reiteradamente, para luego transmitir este conocimiento por medio de su tradición oral a lo largo del tiempo”.
De esta manera se extraen propuestas innovadoras sobre los astros, los calendarios, los dioses y el tiempo, y en Canarias existen fuentes arqueológicas y documentales que aportan informaciones sobre la capacidad indígena para la adaptación, la reproducción y supervivencia.”
Y continúa:
“Los elementos astronómicos servían para organizar el calendario, ya que ortos y el ocaso se repiten de forma cíclica y, por lo tanto, ayudan a contar el tiempo, para organizar el proceso productivo y reproductivo de personas, animales y plantas”.
Del desarrollo del modelo de calendario se puede inferir el tipo de actividad productiva de las sociedades antiguas, pues cuando las construcciones u otros elementos estructurales están orientados al solsticio de invierno suelen predominar las prácticas ganaderas, mientras que si se combinan el equinoccio de primavera y el solsticio de verano, posiblemente exista un modelo organizativo agropecuario, que hay que confirmar a través de los registros arqueológicos disponibles.
Puede afirmarse, según el experto, que las propias sociedades se organizaban incluso a nivel religioso a tenor de los resultados recabados de la observación astral, pues en cada caso las deidades eran vinculadas a elementos astronómicos concretos.
Por eso, “los primeros dioses fueron enunciados en el firmamento y su existencia les anunciaba a través de su luminosidad”.

Como sabemos  en nuestro entorno archipielagico y dada la cultura etnocentrista europea impuesta, Solsticio deriva del latín “solstitium”: “Sol” (el astro) y “stitum” (detención) y marca el día en el que el poder de la Sol comienza a decrecer y los días se hacen más cortos hasta alcanzar el punto más bajo de su carrera anual el 22 de diciembre, el solsticio de invierno.

En nuestro continente entre los imazighen (beréberes) norte de Marruecos y de Argelia, se celebra la fiesta del Ansara el 24 de junio. Encienden hogueras en las plazas de los pueblos, en lugares que consideran que necesitan una purificación. Arrojan al fuego hierbas medicinales. Ahúman después sus principales utensilios, herramientas y objetos personales. Consideran que el humo de las hogueras protege los campos cultivados y mata los virus y las malas energías. Seguidamente saltan siete veces por encima de las brasas, purifican también el interior de las casas y los enfermos con ramas encendidas para ahuyentar los malos espíritus e inmunizarse el cuerpo. Esta tradición procede de la cultura preslámica porque se basa en el calendario solar.
De todo ellos se desprende el sentido Divino de la fuerzas de la naturaleza. Suelen recolectarse en estos días del solsticio diversas plantas medicinales porque se ha comprobado que su poder curativo se multiplica considerablemente. Se recogen diversas variedades, como: Salvia morisca, Ortigón, Vinagrera, Tomillo salvaje, Hinojo, Loro-Laurel, Incienso moro, leña buena o leña   santa, cornical, Algaritofe, Gibalbera, Drago, etc. etc. Esas propiedades medicinales aumentan gracias a la especial radiación de la Sol en el solsticio y también a la exhalación del vapor de agua llamado Flos-coeli (flor Celeste), también llamando Flor de Agua, que se forma al amanecer, es el rocío solsticial.
En conclusión, el solsticio de verano es una combinación de alegres celebraciones y la toma de conciencia de que la rueda ha alcanzado su punto álgido y ahora se encamina de nuevo hacia la oscuridad. Es hora de reunir a los seres queridos y celebrar en comunidad en honor de Magek, bajo el Manto Protector de Luz de Nuestra Diosa Madre Chaxiraxi”


miércoles, 25 de marzo de 2015

Tamazight I Nociones de tamazight insular (guanche )

 


 

 

 

 

 

 

Introduccion

Saludos

Burlas

El cuerpo

Interjecciones

Consignas

Alfabeto tifinagh

 

Fuente:

www.Mundoguanche.com

:::I. La lengua:::


Las antiguas fuentes escritas que recogieron los contactos entre europeos e isleños, sin información ni medios suficientes para hacer una descripción precisa, dibujaron un panorama idiomático de apariencia contradictoria. Por una parte, dieron cuenta de las dificultades que obstaculizaban el entendimiento entre las diferentes hablas isleñas, insistiendo en que se trataba de lenguas que no poseían nada en común. Sin embargo, también advirtieron la repetición de muchos nombres de lugar (topónimos) y mencionaron varios casos en que algún nativo de una isla era utilizado como intérprete en otra distinta. Pero ambas circunstancias reflejaban una parte de la realidad.
Los primeros habitantes del archipiélago canario hablaron el mismo idioma que, desde hace más de tres mil años, sirve como vehículo de comunicación en gran parte de la mitad septentrional del continente africano. Desde el mar Mediterráneo hasta la línea sur del Sahara y desde Egipto hasta la cordillera del Atlas (o, en su día, hasta las Islas Canarias), la comunidad étnica más antigua de las que pueblan el norte de África se expresa en una lengua común que recibe el nombre de tamazight o, en español, amazighe (aunque todavía es frecuente el uso de otra denominación, bereber, de origen peyorativo).
Sin duda, un territorio tan enorme y diverso ha condicionado la proliferación de estrategias de adaptación y modos de vida particulares entre los distintos grupos que componen el amplio mosaico amazighe, lo que ha generado también abundantes diferencias dialectales. Sin embargo, no se trata de un fenómeno ligado sólo a la influencia de las condiciones naturales. A este proceso han contribuido otros factores sociales y culturales, el más importante de los cuales quizá sea que estos pueblos han cultivado una tradición más oral que escrita. Pese a conocer la escritura y emplearla en ámbitos lúdicos y ceremoniales, la oralidad ha ocupado siempre un plano mucho más activo en todas las instancias y manifestaciones de esta cultura norteafricana. Así, junto a una estructura lingüística relativamente uniforme, la lengua amazighe ha desarrollado numerosos dialectos y hablas a lo largo de la historia, hasta el punto de hacer muy difícil en ocasiones la comprensión mutua entre algunas de sus variedades.
En una escala por supuesto menor, esta situación que podríamos calificar como de unidad plural se trasladó también al Archipiélago. A cada una de las islas llegaron, por lo menos, dos de los muchos dialectos continentales. Ahora bien, las últimas investigaciones apuntan a que uno de estos dos flujos fue siempre el mismo, el conjunto de hablas que hoy conocemos como dialecto tuareg o meridional, pero cuyo origen se sitúa en la región libio-tunecina. El otro flujo presenta más variaciones según las islas, pero destaca el aporte de las hablas localizadas en la actualidad en el centro y sureste de Marruecos.
Y aquí convivieron ambas influencias durante cientos de años, sin una comunicación interinsular estrecha y sin contacto con sus respectivas comarcas continentales. Una doble dialectización (continental e insular) que marcó la personalidad de la lengua amazighe en Canarias.

:::Así se saludaban:::

En la historia del África amazighe, pocas influencias han causado un impacto tan amplio y profundo como la arabización iniciada en el siglo VII. Con anterioridad, fenicios, griegos o romanos ya habían cruzado improntas con aquellas poblaciones. Incluso, sus antepasados libios o mashwash también se relacionaron con pueblos del Oriente Próximo. Pero la colonización islámica introduciría cambios determinantes en la composición de su tejido cultural. La lengua árabe fue impuesta como instrumento de cohesión ideológica y política en las sociedades conquistadas, por lo que el idioma original, la tamazight, ha quedado progresivamente relegado a una vida más doméstica. Muchas costumbres y tradiciones ancestrales también se han visto alteradas o han desaparecido bajo el peso de esta nueva realidad.
En las últimas décadas, un creciente proceso de afirmación cultural intenta desarrollar y, en su caso, restablecer la identidad amazighe de esas poblaciones. Para ello, se practican algunos esfuerzos en el sentido de avanzar hacia la creación de formas idiomáticas comunes (coiné), pero su extraordinaria riqueza dialectal no siempre facilita una intercomprensión plena. Además, la política de arabización lingüística de la mayoría de los gobiernos del área, y en ocasiones incluso la abierta represión social, dificultan aún más esa estrategia reivindicativa.
Aunque apenas proporciona un reflejo anecdótico, un ejemplo de este empeño se observa en la rápida difusión de la voz meridional ahul, pronunciada azul en otros dialectos, como expresión de ‘saludo’. Inclusive en Canarias, donde no se ha documentado en las fuentes antiguas, también ha adquirido cierto arraigo. Con todo, un historiador a menudo muy bien informado, el médico teldense Tomás Marín de Cubas (1643-1704), recogió en el siglo XVII unos enunciados propios de la isla de Gran Canaria. El fragmento en cuestión se puede encontrar en su Historia de las Siete Yslas de Canaria (1694), más concretamente en el capítulo XVIII del libro II, dedicado a la «Naturaleza, costumbres y exercicios de los canarios»: «[...] entrando en las Casas ô Cuebas saludan diciendo Tamaragua, y respondia Sansofi, que significa aqui biene el huesped, pues sea bien venido» [fol. 78r].
El testimonio no puede ser más preciso, tanto en su forma como en su significado. Hoy, la restitución científica puntualizaría las fórmulas del siguiente modo:
(a) tamaragua = da_marag, ‘aquí (está) el huésped (o vecino)’;
(b) sansofi = ssan_sufi, ‘para el que sea lo mejor’.
Respalda esta información de Marín, por lo menos en parte, un documento de gran valor redactado en la centuria anterior. En el capítulo LIX de su Descrittione et historia del regno de l’sole Canarie (1590), el ingeniero italiano Leonardo Torriani (ca. 1560-1628) copió un par de endechas compuestas en aquel amazighe insular del siglo XVI. En una de ellas, precisamente en la que atribuye a la isla de Gran Canaria, registra el concepto maragà [fol. 82r]. Su traducción, que recoge no tanto la literalidad como el sentido general de esos cantos, aporta una aproximación muy razonable: ‘bien venido’. Ya sabemos, por Marín y por el análisis interdialectal, que su campo semántico real se relaciona con la ‘vecindad’, pero de nuevo aquí aparece en un contexto de salutación: «Aicà maragà», es decir, ‘¡Oh! A ti, el huésped’.
Así, pues, como impone este tema, parece oportuno despedirse en esta ocasión con tihulawen aggôtnen, es decir, ‘muchos saludos’.

:::Burlas y algo más:::

Hay quien dice que uno no llega a dominar por completo una lengua hasta que es capaz de producir juegos de palabras e insultos creativos. Moverse en el doble sentido y serpentear por las sinuosidades conceptuales y sociales del lenguaje requiere imaginación y, por supuesto, cierta inclinación humorística. De los antiguos isleños, sabemos que, cuando menos, practicaban la sinonimia, ya que «para / una cosa usaban de mas de dos, y tres bocablos diferentes» [Marín 1694: 81v-82r], donde a menudo borbotean las asociaciones de ideas que acabarán en muchos casos por añadir acepciones a los términos.
De la ironía al sarcasmo, de la burla ingeniosa a la mofa insultante, hay una frontera muy tenue que sólo transita indemne quien conjuga el tacto y el talento. Por desgracia, nuestro conocimiento de las antiguas hablas isleñas no permite aquilatar como es debido todos los requiebros sociolingüísticos empleados entonces, aunque esta rara habilidad poética sigue resonando en las Islas.
A continuación, veremos algunas voces antiguas y otras vivas en la tradición oral, entre las que hay nombres de personas y adjetivos no siempre compasivos, que proporcionan una muestra interesante de este epígrafe tan curioso de nuestra cultura ancestral.

Y, como parece lógico, no podemos por menos que empezar precisamente con la noción principal que ocupa estas líneas: ‘broma burlesca, tomadura de pelo’, que la sociedad herreña ha conservado a través de la voz choca (chok, ‘menosprecio’), todavía vigente en el agonizante dialecto zenaga del sur mauritano.
Por lo general, estas expansiones adquieren un desarrollo más o menos subido de tono y se deslizan hacia comportamientos poco decorosos en una ‘juerga’ o ‘borrachera’, es decir, lo que aún en La Palma se conoce como fuleque (fulleq, ‘indecencia’). El enunciado, habitual en cabilio y en el ámbito tuareg, alude tanto a inconveniencias verbales (‘hablar sin discernimiento’) como de conducta (‘descortesía’).
Pero sólo algunas personas se manejan de forma tan inapropiada, ‘personas de mal comportamiento’, que tampoco rumian muchos escrúpulos a la hora de inmiscuirse en los asuntos ajenos. A este personaje ‘entrometido’, hombre o mujer, se le endosa aún el calificativo sarpeta, construido sobre el verbo serreb (‘deslizarse, colarse’) y el sufijo despectivo hispánico –eta.

Pero es preciso tener ‘poca seriedad y calidad humana’ para actuar así, es decir, ser un chifichafe (šifšaf) o ‘idiota’. Aunque, puestos a elegir sinónimos, disponemos de otras expresiones. Por ejemplo, el nombre de un guerrero de Benytomo que, según el poeta Antonio de Viana [1604, VIII: 153v], atendía por Badel, pese a que no sabemos si esto fue porque era ‘débil de espíritu’, ‘bueno para nada’, ‘idiota’ o ‘enfermo mental’. Apelativo sin duda nada benigno, igual que el adjetivo guarnaco, también a veces substantivado, que se aplica al ‘tonto, bobo’ o, en su literalidad (war_naq), al sujeto ‘falto de dicción, torpe al hablar’.
Ahora bien, si se trata de insultar sin ambages, resulta obligado acudir a la documentación normanda que, en la conjura protagonizada por Afche (Afššeš, ‘caprichoso’) contra Guadarfia (Wadarfi, ‘liberado’), nos desvela un improperio muy contundente:
Pasados algunos días, llegó Afche al castillo de Rubicón y acordaron que sería rey a condición de que recibiera el bautismo junto con todos sus partidarios. Cuando el Rey [Guadarfia] lo vio llegar, lo miró muy despectivamente diciéndole: “Fore troncquenay”, esto es “Malvado traidor” [LC (d. 1494: 23r) 2003: 236].
Sólo que el desprecio toma un tinte aún más notorio en su forma original, ya que no se dirige directamente al noble sedicioso ni adopta un tono tan literario como sugiere la traducción francesa: fore [furay] torom kennay deja claro a los europeos que ‘la sarna han traído [con] ustedes’.
Así, en esta misma línea desprovista de sentimentalismos, nada como usar un vocablo femenino para ridiculizar a un varón. Un efecto que, salvo contadas excepciones, se consigue mediante el valor diminutivo conferido a este género. Quizá el caso más representativo sea el de Temiaba, «hombre de poco anímo», según dijo de él Abreu [ca. 1590, III, 3]. Este jefe cantonal de Tagaragre (hoy Barlovento, en La Palma) recibió un adjetivo verbal (tem-awwad-t) que, con mucha piedad, cabría traducir por ‘pusilánime’, pero que en realidad se conformó sobre la misma base que maguada, esto es, ‘mujer temerosa’ (literalmente).
Con algo menos de crueldad, aunque no sin retintín, el ‘hombre cobarde, poco decidido y miedoso’ es motejado todavía en Gran Canaria de mané, más propio del ‘animal dócil o amaestrado’. Una fórmula algo más decorosa, en cualquier caso, que el chirgo o chirguete (chizzget) que se le atribuye al pobre timorato que ha relajado el control de su esfínter y un escatológico reguero delata su mortal humanidad.
Para terminar, repararemos en dos figuras universales, presentes en todas las sociedades de cualquier época. De una parte, tenemos al raquero o ‘tacaño, avaro’, que se inscribe, paradojas del lenguaje, en uno de los campos semánticos más fértiles de la lengua amazighe, el del ‘calor’, la ‘sequedad’, la ‘dureza’ y, cómo no, la ‘severidad’ (qqar, regh). Y, además, no hemos de olvidar al ‘glotón’ o taburnaque (taburnaqqey), que describe más exactamente a la ‘persona gruesa y de ojos hinchados’.

:::Las voces del cuerpo:::

El estado de los conocimientos lingüísticos acerca de las hablas ínsuloamazighes aún no permite dar cuenta de toda su nomenclatura anatómica. Disponemos de un caudal de voces más o menos numeroso para lo que cabría esperar, aunque entre el material que todavía queda por investigar aguardan sin duda muchos otros vocablos que han de completar esas denominaciones corporales. Este artículo, por tanto, seguirá abierto por mucho tiempo y esperamos que poco a poco nuestros pacientes modelos, Guetón y Texenery, recuperen la memoria y nos enseñen algo más sobre las piezas que integran nuestro organismo.
Los cronistas antiguos no dejaron un catálogo específico sobre esta materia. La mayoría de las palabras aparecen en compuestos o fueron aplicadas a situaciones y objetos con los que guardaban alguna correspondencia, como se verá en la explicación que vamos a mostrar en la veintena de asientos que hemos podido reunir.
OSAMENTA
taghissa. s. f. sing. Esqueleto. || Pese a que el análisis no termina de ser concluyente, pues la vocal inicial del registro documental induce a la duda, la mejor referencia para el ‘conjunto óseo del cuerpo humano’ ha llegado hasta nosotros con la memoria de una guanchita de 6 años, Itahisa, vendida como esclava en Valencia.
CABEZA
axfe. s. m. sing. Cabeza. || En muchos dialectos, y también en Canarias, la pronunciación corriente del fonema posterior, tanto en su versión sorda (x) como sonora (gh), se relaja hasta casi desaparecer, por lo que la dicción más frecuente se convierte en afe. Así ocurría, por ejemplo, con el nombre del famoso jefe canario Gumidafe (gummad´_axfe, ‘jorobado’), que remite a una ‘cabeza desviada, torcida o fuera de su posición natural’.
keyye. s. m. sing. Cráneo. || Los paralelos continentales todavía vigentes muestran este concepto en femenino (takeyya), aplicado también al ‘vértice o parte más elevada de la cabeza’. Nuestro insulismo figura en el nombre de un jefe gomero, Aberbequeye (aberwwi_keyye, ‘cráneo hundido’), por lo que el uso del masculino, si atendemos a la relación que la lengua amazighe establece entre el género y el tamaño, lleva a pensar que este buen hombre no debía tener una cabeza precisamente pequeña.
kanar. s. m. sing. Frente. || Aunque haya llegado a nosotros con el uso figurado de ‘vanguardia’ o ‘valientes’, que tal parece ser el sentido del etnónimo canario (kanar-at), su significado primario alude a la ‘frente grande’ (como corresponde al valor aumentativo del masculino). Pero si esta hipótesis fuera incorrecta, disponemos también del nesónimo Tenerife (tener_efey), donde contamos con una variante abreviada [N•R], ahora en femenino, que además se repite en el antropónimo de un afamado guerrero teldense, Nayra (nara), armado sobre otra variante que se vuelve a inclinar por la acción de ‘guiar’ o ‘estar al frente’.
timmi. s. f. sing. Ceja, ceño. || El topónimo herreño Timijiraque nos proporciona una de las acepciones de este lexema [M•(Y)], quizá la que presenta una aplicación más humana. Porque el Time (timmäy) o ‘eminencia orográfica’, que podemos encontrar aún en la geografía de La Palma y Gran Canaria, se acomoda mejor a la ‘frente o frontal de una montaña’.
urgan. s. m. pl. Bordes de los párpados. || La toponimia gomera ha conservado este elemento del rostro como denominación de una degollada, Hurgan, algo que también sucede con algún valle continental (Ûrgan, en el Adrar).
ted´t (f.), pl. allen (m.). s. Ojo(s). || Gracias a que este órgano de la visión se asemeja también a una ‘fuente’, es decir, en ambos casos se trata de un ‘agujero por el que mana un líquido’, la toponimia ha preservado los dos números de esta designación. Tedeta, un manantial ubicado en Vallehermoso (La Gomera), Olen, otro venero más en Mirca (La Palma) y algunos barrancos llamados Alen en Tenerife y La Palma, confirman incluso la conexión semántica entre el ‘ojo’ y la ‘fuente’ (común también en otras lenguas, como el árabe).
gurmad´. adj. m. col. Orejas (pequeñas). || De momento, no es posible presentar una denominación concreta. Sólo hemos localizado este adjetivo, que distingue unas ‘orejas cortas (en animales) o pequeñas (en personas)’.
tinzer, pl. tinzar. s. f. Nariz. || Una vez más, la toponimia, muy tributaria en todo el mundo amazighe de las figuras anatómicas, nos brinda nuevos ingredientes corporales. Tíncer, en Tenerife, y el valle de Tiniçara, en La Palma, añaden a nuestra lista el singular y plural de este apéndice cartilaginoso.
timit. s. f. dim. Boca pequeña. || El pueblo sureño de Chimiche (Timitt), en Tenerife, nos permite restituir la forma amazighe más común para esta cavidad, imi, pl. imawen.
tazirga. s. f. Muela(s). || El nombre de la intérprete palmera María Tazirga proporciona el nombre de esta pieza dental, aunque no hallamos todavía suficientes elementos de juicio para concretar su número.
geya. s. m. sing. Mandíbula, pómulo, mejilla, moflete. || Un popular héroe gomero Gralhegueya (gdal_x_geyya, ‘protege la mandíbula’), nos traslada un espacio lateral de la cara que no alcanzamos a definir con exactitud.
amar, f. tamart. s. Mentón, barba. || La montaña palmera de Tamarajoya (tamart_taghya, ‘barba espesa’), las tierras gomeras de Tamargada (tamart_gadaw, ‘barbilla bermeja’) o el macizo mahorero de Famara (f-amar-a, ‘gran mentón’) recogen ambos géneros de la prominencia inferior del cráneo.
Para rematar la descripción, tal vez resulte oportuno agregar las ‘cabelleras’, que no sólo eran signo de ‘nobleza’:
tizikkizt. s. f. col. Cabellera. || Con la típica palatalización tinerfeña de la dental inicial, chizikkizt, y la marca estatutaria (a)ši prefijada, es fácil reconocer aquí la ‘calidad opulenta’ que caracterizaba al estamento dominante en la sociedad isleña.
kebegh. s. m. sing. Título de dignidad reservado al jefe principal. || Símbolo de ‘fertilidad’ y ‘nobleza’, esta ‘cabellera abundante’ constituía el tratamiento más distinguido para el mencey.
nazd´. s. m. sing. Pelo, cabello. || El nombre de un muchacho, Nast, vendido en Valencia nos ofrece una versión más de los filamentos pilosos que crecen entre los poros de la piel.
TRONCO
iguma. s. m. pl. Fig. Espaldas, torso. || La poderosa envergadura del valiente canario Adargoma (addar_guma, ‘espaldas de risco’) quedó perfectamente reflejada en un compuesto que retuvo, junto a la versión más frecuente de ‘montaña’ o ‘risco’ (addar), el ‘pivote’ o ‘tronco (de árbol)’ que algunos dialectos continentales señalan con la voz agum, pl. iguma o igumen.
aruré, arerú. s. m. sing. Espalda. (2) Región lumbar. || Como sucede en Marruecos, Níger o Malí, estas dos variantes gomeras del aruru ‘dorsal’ también tomaron asiento en la toponimia para significar una ‘colina o loma fuertes’, ‘montaña’, etc.
tuffut, tfufayt. s. f. dim. sing. Seno pequeño. (2) Pezón. || Expresiones para denotar ‘hinchazones o bultos’ que semejan un seno de tamaño reducido menudean todavía en el habla isleña. Voces como chipote, chufo, tufo o totufo nos regalan la posibilidad de restituir un primario ufuf, pl. uffwan, ya en masculino, para indicar un ‘pecho, teta o mama’ de mayor dimensión. Porque la cotufa (o ‘palomita de maíz’) y el chichofe, una ‘marca en forma de verruga que se le hace a las cabras’, retuvieron mejor la imagen del extremo que sobresale en los pechos.
tasa. s. f. sing. Hígado. (2) Boca del estómago, plexo solar. (3) Fig. Corazón. || El noble guerrero canario Atazaicate (a-tasa_ikahat, ‘gran corazón’) nos confirma una información sociolingüística muy interesante. En la cultura amazighe, tanto continental como insular, el ‘hígado’ o las ‘vísceras’ sirven para hacer referencia al ‘centro de los sentimientos más fuertes’, como el ‘coraje’ o el ‘amor materno’.
tabûtat. s. f. sing. Ombligo. || Otra niña guanche vendida en Valencia como esclava, Chabuta, nos brinda la versión más segura para esta cicatriz del vientre.
sonfa. s. m. sing. Fig. Ombligo. || Sólo documentada en un registro (zonfa) muy tardío, a comienzos del siglo XIX, tenemos también esta otra representación del ‘agujero’ que deja en nuestro cuerpo el corte del cordón umbilical.
tafurast. n. vb. f. sing. Vulva, vagina. || La ‘abertura o grieta’ externa del aparato genital femenino fue designada en Tenerife con el mismo vocablo (tafuriaste) que el ‘tambor’, al fin y al cabo un ‘cilindro hueco cubierto con una piel estirada por una o las dos bases’.
firgan. p. p. m. sing. Pene. || El ‘tallo o nervio central de la chumbera’, ‘cualquier palo largo’ y una ‘persona alta y flaca’, que todas estas referencias toma el participio pirgan, pírgano, pirgua, pirguan o pírguano, también derivan del verbo ‘levantar’, base de esta denominación mahorera del miembro viril.
EXTREMIDADES bizza. s. m. sing. Pene. || Aun deformada en la voz pisallo, el habla de Tenerife mantuvo esta designación genital, aunque con aplicación no tanto para los hombres como para los animales.
zirik. s. m. sing. Fig. Pene de los niños. || Una ‘cuerda fina o cuerdecilla’ aporta aquí la imagen infantil del órgano genital masculino, vertida en Tenerife como sirica.
ey. s. m. sing. Brazo. || Una vez que hubo quedado manco, Mayantigo, jefe de la comarca palmera de Adirane, recibió el nombre que reflejaba su nueva situación física: su ‘medio brazo’ le confirió el apodo Aganeye (azgan_ey).
fus. s. m. sing. Mano. || El ‘mayorazgo’ o ‘primer heredero’ que recoge la fórmula canaria punapal (fus_nafal, ‘llevado de la mano’) nos revela la típica expresión panamazighe para esta extremidad.
ñoño. s. m. sing. Dedo del pie. Ú. m. en pl. || ¿A quién no le han pisado alguna vez los 'dátiles'? Pues, en Gran Canaria, La Palma y Tenerife, se conservó este 'hueso de dátil' o innew, bien conocido en el habla de los ayt Ayyache, en la zona septentrional del Marruecos central. Por extensión, en Gran Canaria se adjudicó también al 'pie grande' y en La Palma, a la 'persona con una mandíbula inferior más saliente que la superior'. La variante tinerfeña ñáñigo, hoy ya con poco uso, insiste en esa reduplicación del tema, nnew-nnew, acaso como expresión de un sentido colectivo.
chícano. s. m. sing. Músculo desarrollado. (2) Hueso largo. || También pronunciado chíscane, chíscano o chízcano, este šikan alude en realidad a la ‘pierna’.
Pero, como es natural, parece obligado completar esta descripción de la maquinaria humana con la pertinente alusión al principal combustible vital:
ddem, pl. idamman. s. m. Sangre. || Por dos vías tenemos bien acreditado este concepto, casi siempre usado a través del valor genérico de su plural y como representación del ‘parentesco’: Attidamana (atti_idamman, ‘transmite la herencia’), el nombre de la isleña que unificó la jefatura canaria, y en el segundo verso de la célebre endecha cantada también en aquella isla (May-ik gwere, dem-a 'ši h´anyi, lit. ‘tu madre está muerta; la sangre ha dado el cuello’).

 :::Interjecciones tenaces:::


Salvo alguna expresión muy bien documentada en las fuentes escritas pero ya desusada, queda un curioso surtido de interjecciones que, unas más que otras, todavía se reconocen en el habla corriente. Habría que realizar encuestas sociolingüísticas exhaustivas para determinar su vigencia actual, aunque es seguro que cierto menosprecio esnobista, muy extendido en las últimas décadas, ha restringido la circulación popular de estas manifestaciones tan coloquiales. Claro que, en honor a la verdad, los cambios profundos experimentados en los modos de vida también han contribuido a ese decaimiento. Un fenómeno, sin embargo, alimentado con denuedo por una ideología dominante que potencia la extraversión y recluye la canariedad en el tipismo folclórico macerado por la dictadura franquista. Porque, muy permeable a la presión del poder y las influencias externas, lejos de cultivar una consciencia plena de la formidable riqueza y diversidad de su identidad cultural, la población isleña parece afrontar el futuro inmediato con la misma escasa autoestima social y política que ha signado su historia.

Con todo, diversos colectivos se muestran dispuestos a imprimir cierto aliento revitalizador a algunas de las fórmulas más antiguas. Equipos de luchas y juegos autóctonos, por ejemplo, se manejan ya en ese horizonte.
hai tu catanaja. interj. GC. ant. Var. ay tu catana, haita haita datana. Expresión de ánimo en el combate, que se dirigían los guerreros entre sí para estimular su arrojo. Una oración exclamativa en su conjunto (xay tu katanah), cuyo primer ingrediente (xay) aporta además una interjección expresiva: ‘¡ea, hombre, aumenta los honores!’.
Ahora bien, más difícil resulta aceptar que la forma datana sea otra cosa que una simple corrupción gráfica de catana-ja. No obstante, es cierto que podría tener un sentido propio, bien como locución adverbial o bien como nombre verbal, pero la información que aducen las fuentes no apoya esta opción.
achi. exclam. Tf. ant. desus. Expresión de elogio y alegría. Documentada en una frase de alabanza que rindieron los guerreros de Taoro a Benytomo, este ašik o ‘¡viva!’ subsiste en cabilio para indicar: ‘¡qué bonito, afortunado, favorable, feliz, dichoso!’.
gama. interj. GC. ant. desus. Basta. Expresión que, repetida, daba por finalizado un combate (ritual, lúdico, etc.). Forma imperativa todavía presente en hablas marroquíes y cabilias, donde extiende su campo semántico hacia el hecho de ‘esforzarse en vano’, ‘rehusar’ o ‘estar colmado’.
Muy cerca de esta significación, se ha querido situar alguna vez el enunciado «y jode (el mago)». Por descontado, evoca de inmediato una fórmula de súplica cordial, ihôd (‘se lo ruego’), bien atestiguada en la tãhãggart. Pero la ascendencia indoeuropea del verbo joder, en cualquiera de sus dos acepciones habituales en español, encaja perfectamente con el contexto sociolingüístico del uso isleño de esta manifestación de fastidio.
Otras interjecciones también se oyen en el español ibérico o americano, aunque no siempre cae dentro de lo posible concretar el sentido de las eventuales influencias.
¡ajó! interj. Voz que se usa para hacer reír a los niños de pocos meses, al mismo tiempo que se les acaricia en la barbilla. Empleada también en España, pensamos que deriva del substantivo (axo) ‘leche’, perfectamente acreditado en el amazighe insular y continental.
¡ey! interj. Se emplea para llamar la atención a alguien. Conocida en Cuba, acepta una explicación solvente a través de las interjecciones continentales he (‘¡toma, mira!’) y hêy (‘¡eh!’, con el sentido de llamada).
¡fo! interj. expr. Var. ¡fos! Indica asco o desagrado cuando se percibe mal olor. Difundida por Portugal, Galicia, España y América, se suele remontar su etimología a las interjecciones grecolatinas fey, fufae y fu. Sin embargo, los antecedentes amazighes no son menos notorios: effô, effu. Un ámbito de coincidencias que quizá se deba al contacto desarrollado antiguamente por estas tres culturas en el norte de África.
¡gua! interj. Go, LP y Tf. Se emplea para expresar temor, admiración, sorpresa o desdén. Suponemos que su empleo en América se debe a la emigración canaria, pues la exclamación (wah !, awwah !) cuenta con una sólida representación en las hablas del Marruecos central y de Argelia.
¡hao! interj. desus. Var. ¡jao! Voz empleada para llamar a alguien. También fuera de uso en España, es poco probable que tenga un origen distinto del nombre verbal ghaw, que en la lengua amazighe expresa un ‘grito’.
Pero todavía disponemos de una media docena de vocablos genuinamente ínsuloamazighes, algunos de los cuales disfrutan de un vigor admirable.
chije. m. LP. Var. chis. Golpe de un boliche disparado contra otro. Acreditada en cabilio, se trata de una interjección (šših !) que se grita cuando se obtiene un resultado satisfactorio: ‘¡bien hecho!’.
¡güi! interj. LP. Se emplea para expresar admiración. Otra exclamación (ewîn !) presente con igual sentido en la tãhãggart, que puede traducirse por ‘¡perfecto!’.
¡hati (ahi)! interj. GC. Var. jati (ahi). Voz utilizada para llamar a alguien. ¡Alto ahí! ¡Espere! Como es natural, sólo el primer elemento de esta locución se relaciona con la exclamación hit´, que ya mencionamos para explicar la variante herreña chita.
¡jachi! interj. LP. Voz para animar a los animales de labranza a que aceleren la marcha, que se corresponde con el verbo èhèz (‘darse prisa, apresurarse’).
¡jeles! interj. Go (desus.) y Lz. ant. ¡Corre! ¡Huye! ¡Salta! Voz que usan los pastores para dirigir el ganado. Compuesta del imperativo hel (‘corre, dirígete hacia’) y el adverbio de lugar es, el verbo de esta proposición interjectiva queda perfectamente atestiguado a partir del célebre apóstrofe dirigido por Ibaya a Hernán Peraza cuando éste iba a ser prendido por los alzados gomeros.
¡jucia! interj. GC, LP y Tf. Var. ¡joce!, ¡jocio!, ¡juicia!, ¡jusia!, ¡ucia! Voz empleada para ahuyentar a los animales. Casi siempre invocada para eludir el acoso de las moscas, es la forma imperativa del verbo ‘espantar, alejar, ahuyentar’.
tuei. interj. GC. Voz que se usa para llamar al perro. Una expresión muy oportuna, por cuanto este nombre verbal ordena al animal que dé la ‘vuelta’.
Ya amasado y horneado este artículo, recibimos de Artenteyfak, un colaborador habitual de nuestro foro, otros dos verbos en situación interjectiva y todavía vigentes en el habla de Gran Canaria. Ambos le fueron facilitados en conversaciones muy recientes con informantes que atestiguan su uso en el cuadrante noroccidental de la Isla; para mayor concreción, las zonas de Juncalillo (Gáldar) y Artenara, en el primer caso, y de Valleseco, en el segundo.
¡güí, jaira! interj. GC. Locución para ordenar a la cabra que se mueva, aunque este imperativo (gguggi), aún presente en la Cabilia argelina, exige del animal un propósito más preciso: ‘agruparse’.
pasta. interj. GC. Voz dirigida a la vaca para que el animal permita a su dueño echarle de comer. En realidad, se trata de una expresión tranquilizadora (fast), que le reclama ‘silencio' o 'calma’.


::: Consignas :::

-Canario defiende tu Tierra, Canario Lucha por tu Tierra = Kannari, areg tmurt-nnek 
-Canario defiende tu cultura = Kannari, areg idels-nnek
-Gofio, trabajo, cultura y libertad = gofio [gufuw], wel, idels t-tilelli
-Contra el fascismo [siempre] = mgal tifaz’ist [akk-ass]
-Contra la dictadura [siempre] = mgal tasnareft [akk-ass]
-Contra el imperialismo [siempre] = mgal tamnukda [akk-ass]
-Contra la reacción [siempre] = mgal tasedmirt [akk-ass]
-Jovenes antifascistas = ikšišen mgal tifaz’ist
-independentista/independentistas = Amezzarug, pl. imezzurag / tamezzarugt, pl. timezzuragt
-Ser canario un orgullo = Taggayt n kanarat d asemmâd´
-Conoce la lengua de tus antepasados = Ssen awal n imzwar-nnek
-No al pendón de la conquista = Uhu ejwel n ebbaz´
-Alternativa Popular Canaria = Amlellay Agherfan n Isekenen n Tkanaren
-Sindicato de Estudiantes Canario: Anmalu Inalmaden Ikanaren
-¡Viva Canarias! = ¡Ašik Isekenen n Tkanaren!
-alzados = inekaren
-Ningún pueblo celebra su derrota = usar aγrèf yurar d idla-nnes
-22 de octubre, día de la bandera nacional canaria = (snat tèmerwîn d sîn) aldamarâw n wanbêr, ass n ttsanjaq n tènwat tekanart
-Bandera tricolor = ttsanjaq d-amêdet n tifatin
-La tierra de mis antepasados no se vende = Tamurt n imzwar-inu ut tènuzzu
-Local sociocultural = axxam n taššurt d yidles


::: Alfabeto Líbico y Guanche :::




sábado, 28 de febrero de 2015

Si pudiera nacer



(Sindo Saavedra)



Antes de nacer moría / En el vientre miserable / Antes de morir gritaba… / ¡Quiero conocerte madre!
Y la madre respondía / No tengo p´alimentarte / Esta tierra que labramos / Es como tierra de nadie, / Seca y rota por el sol / Como la piel de tu padre; / Es poco lo que produce / Y no pagan lo que vale.
Si yo pudiera nacer / Haría justicia madre, / Quitando al que tanto tiene / Para darle al que le falte.

Y la madre respondía / Mirando a nada y al aire; / Duérmete canario mío, / En mi vientre miserable. / Si te pudiera pasar / A un vientre rico y sin hambre, / Verías la luz dorada, / Llegarías a ser alguien.
Aunque no podré nacer / Yo soy sangre de tu sangre / Quiero ser solo de ti, / Pero no seré de nadie.

Y la madre respondía; / ¡Cómo me duele tu cárcel! / Es tan poco mi sustento / Que no llega hasta tu carne, / Mi piel apenas se estira / Lo que debiera estirarse. / Lo más triste es que otros tiren / Lo que yo quisiera darte.
Ya todo se vuelve hiel, / Siento que me falta el aire. / Antes de nacer me muero. / ¡Quién hará justicia madre!


miércoles, 10 de septiembre de 2014

Un ex agente del CESID tira de la manta y destapa la corrupción judicial, policial y política en Canarias



Imagínese que la prensa canaria publicara la siguiente noticia; "Desarticulada una red de pedófilos y pederastas en una conocida casa de Agaete y que entre los detenidos se encuentran Jerónimo Saavedra Acevedo (Ex ministro de Administraciones Públicas y ex Presidente del Gobierno de Canarias), Ramón Olarte Cullén  (procurador de los tribunales y hermano de Lorenzo Olarte, ex presidente de Canarias), Francisco Javier Guerra Manrique de Lara (ex fiscal jefe de la audiencia territorial de Canarias) y una veintena de peridistas, abogados, médicos, empresarios y políticos.  Que los menores eran traídos en coches oficiales de la PMM desde los centros "Manuel Sosa" y "Suarez Naranjo" de la localidad de Galdar."

O imagínese que la prensa publica que "ha sido detenido el Magistrado Presidente de la Audiencia Provincial de Las Palmas Antonio Castro Feliciano por "malversación de caudales públicos, narcotrafico y blanqueo de capitales, (...) por quedarse con mas de 2.000kg de cocaina, 6.000kg de hachis y joyas incautadas a delincuentes así como más de un centenar de delitos por malversación y cohecho".

Todos estos "datos" están saliendo a la luz, de su propio puño y letra, en la introducción al libro "Matar a la Araña" y en el blog de Ramón Francisco Arnau de la Nuez, ex agente del CESID español, conocido en La Casa como la Araña, nacido en Las Palmas de Gran Canaria en 1963 y recluido actualmente en el Centro Penitenciario de Alta Seguridad de Segovia a pesar de que ya ha cumplido su condena desde hace más de tres meses (el pasado 10 de Junio) y único preso en España al que no se le ha aplicado la excarcelación por cumplimiento de condena tras la anulación de la Doctrina Parot por parte del Tribunal de Justicia Europeo.

No es la primera vez que oigo rumores sobre el nivel de corrupción judicial, policial y política en Canarias. Todos sabemos que el Parlamento de Canarias y los Tribunales de Injusticia son un lupanar. Un conocido empresario fallecido no hace mucho y que llego a ser presidente de la Cámara de Comercio de las Palmas, además de conocido narcotraficante, se jacto en alguna ocasión públicamente de los jueces que mantenía "en nómina". Tampoco es la primera vez que oigo rumores de las orgías con menores por parte de jueces, abogados, políticos y empresarios. Pero si es la primera vez que encuentro tantos datos como los que facilita Ramón Francisco Arnau de la Nuez, la Araña, que tirado de la manta ha publicado durante las últimas semanas declaraciones incendiarias.
"Cuando en la sociedad se conocen públicamente casos de asesinatos, homicidios, violaciones, narcotráfico, pedofília, robos y toda clase de delitos, siempre se piensa en delincuentes, pero aquí los delincuentes son; Diputados, Senadores, Magistrados, Jueces, Fiscales, Abogados, Empresarios, políticos de todos los estamentos, funcionarios públicos, policías y todos los oligarcas de Canarias."

El estamento más corrupto de Canarias son los tribunales (el segundo las Universidades). Unos tribunales llenos de jueces españoles y fiscales que tienen que seguir las directrices del Fiscal General del Estado, ya que el cuerpo de fiscales es cuasi militar, jerárquico y ha de cumplirse a rajatabla las directrices que emanan de nivel jerárquico superior. Jueces nombrados a dedo por el Gobierno mediante el cuarto turno y un sin fin de arbitrariedades y abusos del que usa la ley fraudulentamente para proteger sus crímenes y destruir a sus enemigos políticos. La justicia es un arma colonial.
Especialmente reveladores son estos cuatro artículos sobre la corrupción judicial, policial y política en Canarias (primera parte, segunda, tercera y cuarta) en donde detalla con abundantes nombres y apellidos como ha funcionado la mafia de la justicia española en Canarias durante las ultimas décadas.  

"El Jefe o Capo de la Mafia Judicial en Canarias es Antonio Castro Feliciano, ex-presidente del Tribunal Superior de Justicia en Canarias(...) Tiene montada una maquinaria perfecta de corrupción en el seno de la Sede del T.S.J.C ; en todos los Juzgados; sean estos de instrucción; de primera instancia; de los contenciosos; o del tipo que sean; la máxima es: “Paga y te será favorable la sentencia; no pagues y te morirás en vida”. Sus acólitos; los que forman su cohorte de serviles; colaboradores; y sumisos aprendices para mafiosos van desde el Fiscal Superior de la Comunidad Autónoma; Vicente Garrido García; pasando por el Fiscal Jefe Provincial de las Palmas; Miguel-Angel Parramón i Bregolat; alias “Caballo-loco” luego están los segundones: los Magistrados, Jueces de sus Juzgados de Instrucción: Maria-Victoria Rosell Aguilar “La Protegida”; Alberto Puebla Contreras “El Jesuita”; Francisco García García-Sotóca; “El ordenanza”; Tomás Martín “El conseguidor”; y sus respectivos/as Secretarios/as Judiciales; el principal de ellos “Miguel el del Nº 7”; mediante una planificación de los mas concupiscente “obedecerán al Capo” : Conceden libertades provisionales a presos mediante el pago correspondiente de “una bula” archivan causas penales, desaparecen pruebas incriminatorias o el mismísimo sumario o sus diligencias previas o procedimientos abreviados; todo va en función “de la tasa”; ni que decir tengo, que en todas estas prácticas se sumen abogados, procuradores; y peritos previamente “bendecidos por Castrotta”, y es a través de estos despachos donde se apañan las soluciones."
Arnau también hace mención a la desaparición del caso Yeremi y de Sara Morales afirmando;
"hasta un total de “24 denuncias” –(todas documentadas)-desaparecieron “misteriosamente” en esos juzgados; y siempre les llegaban a la jueza María-Victoria Rosell Aguilar, la titular de Instrucción Nº 8 de Las Palmas; esto no era “una casualidad”; desde luego que NO; lo que ocurre es que ella “NO PODIA PERMITIR” que nadie conociese el contenido de mi denuncia; y en esto la apoyaron los Magistrados-Jueces de Instrucción de Las Palmas Números: 1; 2; 3; 4; 5; 6 y 7 –(es decir “TODOS”)- con especial cuidado los Jueces Alberto Puebla –(el de Instrucción Nº 1 que “casualmente” es el que lleva el caso de Sara Morales); el de Instrucción Nº 7; Miguel-Ángel Parramón i Bregolat –(hoy bien gratificado con su cargo como Presidente de la Sección Primera de la Audiencia Provincial de Las Palmas “en pago a su colaboración y a su silencio”; y Tomas Martín –(Juez de Instrucción Nº 3 y sustituto del Nº 5 por plaza vacante )- que es “el ex marido de la Jueza Rosell” vayan ustedes “atando cabos”….; que aún no he terminado.

7º) La Juez María-Victoria Rosell tiene una pareja –(de tantas como ha tenido; pero eso no viene al caso)-; que es, ni mas ni menos que Carlos Sosa –(Director del diario digital Canariasahora.com)- el “hijo” del Carlos Sosa “Pedófilo y pederasta” Director del Colegio Jaime Balmes al que el mafioso del Magistrado Castro Feliciano –( entonces Presidente del Tribunal Superior de Justicia de Canarias)- llevaba “mas de 30 años” solucionándole “su problema” es decir; archivándole más de 200 causas judiciales por Corrupción/Abuso de Menores y Pedofilia –(de sus alumnos)- : ¿Van haciéndose ya una idea “más clara” de por dónde van los tiros de las misteriosas desapariciones de mis denuncias…..?

8º) Cuando yo descubrí “Solito y sin ayuda de nadie”; a uno de los secuestradores y asesinos de Sara y Yeremi; denuncie los hechos al juzgado. Al día siguiente estaba dentro del despacho del juez Alberto Puebla Contreras, a solas con él y con su Fiscal –(un marimoñas que “no quería” que yo declarase)- y custodiando la puerta del despacho del juez; con una cara “de muerto” el Comisario Juan-Luis López Regalado; quien antes de entrar me dijo: ¡¡ Cuidadito con lo que le vas a contar ahí dentro al Juez eh…!! – (si no suena esto a una amenaza; creo que se parece muchísimo: ¿No creen ustedes….?)-.

9º) Ya dentro del despacho del Juez Puebla yo “le desvelo” dos cosas “que solo podría conocer el asesino”; una era lo de esa mancha que Yeremi tenía en el pecho; y la otra era algo “mas intimo” de Sara, que no reproduciré aquí “por respeto” a sus familiares y también por ética y moral apropiadas al caso.

En definitiva una persona que ha trabajado para el Ministerio del Interior, para los Servicios Secretos, que ha sido miembro de los GAL y que conoce perfectamente las cloacas del Estado. Pero las revelaciones de "la Araña" no se quedan ahí, reta a Maria Dolores de Cospedal a que explique porque le ayudó a escaparse de la prisión de Teruel y a cambio de que,... un asunto que tiene que ver con la obtención de pruebas de la financiación ilegal de Coalición Canaria para usarla como arma política y quitarlos del gobierno para dejar a Repsol via libre en el expolio de los recursos naturales canarios. 

También reta a Rajoy a que explique el "trato" al que llegó el sábado 25 de Marzo de 2014 en Las Palmas de Gran Canaria, con Paulino Rivero (CC), Jose Miguel Perez (PSOE) y Jose Manuel Soria a cambio de mantenerle preso.
La Araña también arremete contra periodistas, ... Chavanel, Marisol Ayala, Teresa Cárdenes y otros, así como contra la controlada y nada independiente "prensa canaria", es decir La Provincia, Canarias7, etc... También anécdotas insulares como la que ocurrió al que fuera presidente del Cabildo de Gran Canaria y Embajador de España,  el cacique Matias Vega Guerra, que una noche "solicitó de urgencia la asistencia médica de Gonzalez-Roca para que le sacara una botella del culo que al metersela cogió aire y no habia manera de sacarsela" o de una conocida marquesa " muy rarita que se quedo enganchada a su perro mientras "jugaba" con el y como hubo de llevarles en coche cubierto, a los dos "marquesa y perro", con una manta de cachemira". 

Leyendo la información publicada por Arnau no puedo sino comparar la situación de la corrupción en Canarias con la enorme corrupción de la administración civil y militar en Cuba cuando era una colonia española tal y como que describe Alfonso W Quiroz del Baruch College y Graduate Center del City University of New York (CUNY), en su paper "CORRUPCIÓN, BUROCRACIA COLONIAL Y VETERANOS SEPARATISTAS EN CUBA, 1868-1910". 


También me viene a la memoria el articulo de Antonio Cubillo sobre como el Estado español uso los puertos canarios para el tráfico ilegal de armas a Irán durante los años 80. El articulo dice "En Francia, en 1988, se publicó un interesantísimo libro, en Ediciones Gallimard, por dos periodistas de investigación, Walter de Bock y Jean-Charles Deniau, titulado, "Des Armes pour l´Iran ", donde se descubría todo el tráfico de armas y los negocios sucios que llevaban a cabo las empresas del Cártel en los conflictos armados. Precisamente los nombres de los puertos canarios de Tenerife y Las Palmas aparecen en casi todos los capítulos, con las implicaciones y colaboración de las autoridades coloniales y Junta de Obras del Puerto canarios de la época, del PSOE, por cierto, al corriente de todo este nefasto tráfico."

Un sistema colonial es un sistema mafioso basado en la explotación y la injusticia, es un sistema extractivo que concentra poder y riqueza en pocas manos ilegitimamente y costa de las oportunidades de la población, y mucho más si se es colonia de un país extremadamente corrupto como España. Es un régimen que se basa en el intervencionismo y la burocracia para coartar las libertades comerciales y otorgar favores a los sumisos y leales. Por eso perdimos los Puertos Francos. Un régimen que recuerda a los Hell Angels y otras bandas mafiosas en las que para adquirir la condición de miembro tienes que violar, matar o delinquir y cometer atrocidades, quedando asegurada de esta forma tu lealtad al grupo.

Yo teniendo la información que tengo sobre Canarias y entendiendo la perversidad del sistema como lo entiendo creo al Sr. Ramón Francisco Arnau de la Nuez e invito a todos a que visiten su blog. Es más, creo que lo que está desvelando Arnau no es todo lo que sabe.

Lo que tenemos que preguntarnos es que tipo de sociedad estamos construyendo y que tipo de sociedad queremos dejar a nuestros hijos.


(Tomado del Blog Mencey Macro, lunes, 8 de septiembre de 2014)



viernes, 5 de septiembre de 2014

CANARIAS ESTA DE LUTO


Ha muerto el conmatriota Paco Díaz. Que el seno de Magec lo acoja.
Murió Paco Díaz
Murió Paco Díaz,
¡lloren las islas!
Vengan todos y lloren,
también los pastores;
vengan a su entierro,
con sus mantas y garrotes.
Murió Paco Díaz,
¡lloren las islas!
El periodismo esté de luto,
imítelo algún colega;
tome el testigo alguno,
y defienda a esta tierra.
Murió Paco Díaz,
¡lloren las islas!
Siga otro este poema:
las lágrimas no me dejan
seguir tras sus huellas,
que es mucho lo sembrado
por el fiel amigo-hermano,
en defensa de esta tierra…
Murió Paco Díaz,
¡lloren las islas!
Descansen algunos,
de sus denuncias y letras;
valiente como ninguno,
defensor de su tierra.
Murió paco Díaz,
¡lloren las islas!
Un abrazo fuerte
seguro habrá dado,
ahora a Pepito Guedes,
por siempre a su lado.
Murió Paco Díaz,
¡lloren las islas!
Que junto al Pastor,
de pastores modelo;
siempre la llevó a su pecho,
a María Auxiliadora amó.
Murió Paco Díaz.
¡lloren las islas!
El Padre Báez.


lunes, 1 de septiembre de 2014

MALTRATO DE LA POLICIA COLONIAL A UNA MANIFESTANTE



Desde Tuzdin queremos denunciar el maltrato sufrido sobre nuestra redactora, Elba Martín, por parte de la policia colonial Española durante la concentración contra las prospecciones el viernes 29 de agosto de 2014 en las proximidades a la gasolinera Repsol ubicada próxima al centro comercial Alcampo en Aguere, Tenerife.
Nuestra compañera, que acudió a secundar la manifestación así como a hacer un reportaje fotográfico para nuestra revista.
Los manifestantes tenían prohibido acercarse a menos de 25 metros de la gasolinera y por eso en todo momento se respetó dicho protocolo.
Un joven cruzó la calle para realizar fotos, en ningún momento en acto reivindicativo ni de protesta. Al ser observado por un agente, se le acercó para pedirle la documentación. Un amigo del fotógrafo cruzó también para dejarle claro al policía que no hacía ningún mal por hacer fotos. Como el policía no atendía a razones, nuestra compañera cruzó para defender la libertad de expresión del joven fotógrafo. En ese momento, y según nos contó nuestra compañera, "llegó un policía por detrás y empezó a empujarme hasta llevarme al otro lado, junto a los manifestantes, a base de empujones y allí me pidió el DNI, a lo que me negué pues no había infringido ninguna ley".
Otra compañera, Yeya Gutiérrez, al ver cómo se llevaban a nuestra colaboradora, también cruzó la calle para defenderla intentando que no la empujasen de malas maneras.
"Pasado unos cinco minutos después del altercado yo estaba tomando fotos, el policía creyó que era a el y me arrebató la cámara cociéndome fuertemente del brazo derecho diciéndome que estaba detenida. Yo me resistí y empecé a forcejear con él para que me soltase hasta que llegaron mas agentes y me arrastraron a empujones. Luego me llevaron a los furgones, me golpeo contra el muro repetidas veces, mientras forcejeaba. Me quitaron el bolso a la fuerza y luego mi monedero para sacar mi documentación y mientras eso ocurría seguía tirándome contra el muro debido a mi resistencia a entregar mis objetos personales. Luego se me decomiso la cámara y volvimos a forcejear. A continuación cogió las esposas y mi brazo derecho me dobló hacia detrás de mi espalda y yo empecé a forcejear de nuevo y gritar auxilio para que oyeran los coches que estaban aparcados mirando.

Pero mientras todo esto ocurría, no hacían sino amenazarme con llevarme presa y empezó de nuevo un forcejeo. Luego volvió a empujarme en medio del forcejeo ya que no me dejaba que me metieran en el furgón. Al fina el policía, al comprobar que no habían fotos suyas, me la devolvió y decidieron romper la denuncia allí mismo. Como al final me dejó libre no he querido denunciarlo, pero se portó muy mal ya que me golpeo repetidas veces y me humillo, me degrado y me ofendió. No pudo ponerme las esposas , ya que luché tanto que no atinaba a colocarla pues no tenia refuerzos y yo no paraba de luchar y empujarlo a él mientras el me empujaba a mi. Logró meterme la muñeca derecha en las esposas pero yo de un taponazo la saque y se cayo por que no le dio tiempo de cerrarla".
Esperemos que este mal trago que pasó nuestra compañera no vuelva a repetirse


viernes, 22 de agosto de 2014

MEDIO SIGLO CONTIGO

Mi compañera y yo cumplimos 50 años de unión y, como es lógico, nos tomaremos 20 días para tomar fuerzas para los próximos 50.Volveré al terminar este free time.Le he hecho un regalo que comparto a continuación.


A Juana por aguantarme 50 años sin excesivas protestas.

MEDIO SIGLO CONTIGO

Quiero más ver un simple destello
de amor
iluminando tus pupilas
que la luz fugaz
de todas la Perseidas
cruzando el Universo
Deseo mucho más
esa sonrisa entrevista
que precede a un beso
que la hermosura deslumbrante
del atardecer de verano
en el oriente de Gomera
Prefiero más tu hermosa
y serena dignidad
que las púrpuras y oropeles
que el mundo regala
a sus mimado elegidos
Pero, sobre todo, amo más
las ternuras que se revelan
en las tardes dulces y tranquilas
en que compartimos
sin palabras
pasado, presente, futuro
pensamientos, momentos, alegrías
y tristezas que medio siglo
de comunión
han creado y cimentado
para siempre

Francisco Javier Glez. Gomera, agosto 2014


miércoles, 20 de agosto de 2014

NO LO VEO ASI

No lo veo así. Mi trabajo no consiste en demostrar que alguien miente (no les digo nada en cuanto a pronunciarme sobre el estado mental de nadie).
En la práctica científica, uno presenta las fuentes y elabora los análisis de manera sistemática, explícita y uniforme, facilitando así la información necesaria para que cualquiera pueda verificar el objeto de estudio, los procedimientos y los resultados sin necesidad de hacer actos de fe. Porque la ciencia es un método de conocimiento, no una religión. Y si uno no está en condiciones de probar sus afirmaciones, lo honesto será exponerlas como conjeturas u opiniones, deslindando bien los campos con las hipótesis y teorías científicas para evitar confusiones.
Que hay malos profesionales en la ciencia e incluso manipuladores (personales e institucionales) al servicio de diversos y obscuros intereses: seguro, como en cualquier oficio, y en una colonia todas las cautelas están justificadas. Pero quemar cultivos y hasta renunciar a la agricultura porque existan transgénicos, en fin...
La charlatanería, mejor o peor encubierta, sólo requiere dos condiciones para desarrollarse: la indecencia del falsario y la ignorancia de la víctima... Reírle las gracias o no pertenece al arbitrio de cada cual, aunque no vendría mal considerar también el daño que se haga a terceros (asunto muy serio, me parece, si hablamos de la integridad de personas o... la identidad de un pueblo).
Diccionario Ínsuloamaziq


sábado, 9 de agosto de 2014

El desarrollo histórico de la población canaria: la evolución del régimen demográfico antiguo (1520-1940)

1960.



INTRODUCCIÓN Y FUENTES

El presente trabajo no es más que una contribución al planteamiento de un modelo demográfico canario antiguo. Las hipótesis provisionales de este modelos son: un crecimiento acumulado secular basado en una natalidad elevada, que roza en sus valores medio s de larga duración los límites fisiológicos, y una mortalidad ordinaria alta, propia de los regímenes demográficos primitivos, pero donde las grandes catástrofes de mortalidad no parece que sean comparables ni en frecuencia ni en intensidad a las del occidente europeo. Si establecemos la natalidad en torno a 40-45% como media, y la mortalidad en 30 %o, resta un 10’0-15’0%o  de crecimiento vegetativo. Ello, obviamente, produce una expansión poblacional notable a largo plazo, que se contrarresta únicamente por la casi ininterrumpida emigración a América.

Lo llamativo, no obstante, de este modelo de crecimiento demográfico radica, posiblemente, en su larga duración y en su lenta y tardía evolución hacia la “transición demográfica”. Hasta 1930-1940 aproximadamente no comienza a manifestarse de una forma clara y dedicada el cambio, y ello únicamente en la mortalidad, con la reducción de la mortalidad ordinaria y la definitiva y total desaparición de la catastrófica. Sin embargo, estas hipótesis son provisionales, hasta el momento en que trabajos que están cursos de elaboración se finalicen.

Las fuentes utilizadas son, fundamentalmente, por un lado, los archivos parroquiales, que en Canarias ofrecen serios problemas de fiabilidad en lo que se refiere a una completa inscripción de bautismos y entierros, y, por otro, los recuentos de vecinos y censos de población, más o menos abundantes, pero de una inseguridad también digna de mención, especialmente hasta el XCIII. Nuestro análisis, pues, lo basamos obligatoriamente en una muestra de parroquias (9 en total), y en datos publicados por el I.N.RE. desde 1885, de valor desigual.

I. EL DESARROLLO DE LA POBLACIÓN CANARIA (1520-1940)

La información disponible para cuantificar la evolución de los efectivos poblacionales del archipiélago canario y sus islas es relativamente abundante a lo largo de estos siglos. No obstante ello, la fiabilidad y el valor de las fuentes son desiguales, toda vez que hasta 1857, año en que se realiza por vez primera un censo de población moderno, oficial y estadístico en España, todos los recuentos demográficos (anteriores) o bien tienen un carácter fiscal o bien se deben a la iniciativa religiosa. Rara vez la realización de un recuento era imputable a la preocupación del gobierno en conocer la realidad demográfica, económica y social del territorio. Todo ello se traduce en una deficiencia grande de los efectivos poblacionales, que unas veces pecan por defecto y otras por exceso. Hay que añadir además el hecho frecuentísimo en los siglos XVI, XVII y XVIII de que los recuentos hagan referencia al número de vecinos y no al de almas o habitante, lo cual plantea el problema de la aplicación de un correcto coeficiente, Pese a todo, es posible hoy hacer una evolución de la población absoluta de Canarias desde el siglo XVI, con el lógico margen de error derivado de la precariedad de las fuentes, y siempre teniendo muy presente que muchos fenómenos de detalle, recesos demográficos, estancamientos, etc., se deben achacar, en muchas ocasiones, a la escasa fiabilidad de los recuentos de vecinos y/o al empleo de coeficientes no correctos.

La etapa de estudio es larga, pues abarca nada menos que casi cuatro siglos y medio de evolución y de historia demográficas. Un hecho que llama poderosamente la atención de los investigadores, historiadores, demógrafos, geógrafos, etc., lo constituye el fuerte crecimiento de la población canaria y desde el siglo XVI (1). Tema este precisamente debatido porque el acelerado desarrollo poblacional del Archipiélago canario se halla inserto en un modelo demográfico antiguo, caracterizado por la alta mortalidad ordinaria y por la sucesiva aparición cíclica de crisis de subsistencia y de hambre, estrechamente unida siempre (muchas veces como causa) a la mortalidad catastrófica derivada de epidemias y pandemias de todo orden. Añadamos que una variable fundamental del modelo canario era la secular corriente emigratoria a América, que tantos efectivos drenó a la población del Archipiélago.

Por todo ello, resulta difícil explicar y comprender por qué el Archipiélago se ha visto sometido desde tan temprano a un ritmo de crecimiento que puede ser atípico en el contexto del occidente europeo del que Canarias pasó a formar parte desde la conquista.

Lo que parece que no puede discutirse hoy es la existencia de este desarrollo demográfico, aunque pueda aducirse, y casi siempre con razón, que la escasa fiabilidad de las fuentes constituye un handicap de cara a evaluar y medir con exactitud y rigor la importancia del fenómeno y sus etapas.

En el trend secular, el destacado crecimiento poblacional canario es indudable, toda vez que en tres siglos y medio, desde principio del XVI, finaliza y ala conquista e iniciada firmemente la colonización, hasta mediados del XIX el Archipiélago multiplicó sus efectivos por 9’5, esto es, por cada poblador del XVI había casi 10 en el XIX.

Tal vez los habitantes de principios de aquel siglo estén infravalorados, en no se sabe que proporción, pero pensamos que el resultado no cambiaría gran cosa la afirmación precedente, porque la multiplicación de efectivos sería de cualquier forma evidente e importante.

Por otro lado, preciso es añadir que el crecimiento demográfico no es un hecho reciente, del siglo XX, aunque sea en  esta etapa de la historia canaria cuando se produzca la explosión, sino que data ya de épocas anteriores, en particular del XIX, y en menor medida de los tres siglos anteriores.

El primer dato cuantitativo que poseemos se remonta a 1520, año en que las Islas registraban aproximadamente unos 25.000 pobladores, cifra seguramente algo baja. La información es realmente escasa para el XVI, y, la existente, no muy fiable. En 1585 (2), Canarias contaba con 7.741 vecinos, lo cual da, aplicando un coeficiente moderado de 4’5, un total de 34.834 habitantes. En 65 años, la población ganaría en consecuencia unos 10.000 habitantes, cifra no muy importante si tenemos en cuenta que en el XVI la inmigración tuvo que ser notable. La tasa media de crecimiento acumulado es de sólo
0’51, algo baja probablemente por la razón antes apuntada (3), pero ligeramente más elevada, de todas maneras, que la peninsular entre 1541-1594, que fue de 0’3%(4). Este mayor crecimiento canario se debe a la inmigración lógica porque el Archipiélago se hallaba aún en fase de colonización y repoblación.

El siguiente dato global de población es ya de muy avanzado el seiscientos, de 1680, año en que las Islas contaban con 101.967 habitantes; en 95 años la población casi se triplicó, creciendo a un ritmo acumulado anual de nada menos que 1’1%. A tenor de este dato, es obvio que no puede plantearse para el siglo XVII canario la depresión que caracteriza a otros espacios del territorio peninsular y europeo.

Con todo, la tasa de incremento canaria parece algo exagerada, lo cual es achacable probablemente a la posible infravaloración de la población a fines del XVI. En cualquier caso, lo incuestionable es el desarrollo poblacional del Archipiélago, su fase alcista, frente a la depresión peninsular, que hizo descender el número de personas de 8.485.000 en 1591-1594 a 7.500.000 en 1717, con un índice de crecimiento acumulado de –0’1
(5).

Las razones del diferente comportamiento canario durante esta centuria ya se han mencionado en otro sitio (6), pero conviene recordarlos. En primer lugar, la colonización continuaba intensamente en todas las islas, avanzando hacia las zonas de medianías en las centrales (las de realengo), La Palma, Gran Canaria y Tenerife, con el consiguiente desarrollo de los cultivos de subsistencia y abastecimiento del mercado interior; en las de señoría, Lanzarote, Fuerteventura, La Gomera y El Hierro, es precisamente durante este siglo cuando se produce el despegue repoblador o demográfico, con tasas de incremento superiores siempre a la media del Archipiélago. En segundo lugar, no hay que olvidar que la economía canaria en el XVII estaba en un
momento de auge, por el desarrollo de la vid y del comercio del vino y por los inicios de la agricultura de abastecimiento del mercado interior y de  subsistencia (cereales, cultivos de huerta, etc.), enriquecida ahora con los productos claves en el mercado insular, las papas y el millo. Por último, la peste negra, de incidencia tan negativa y nefasta en la Península, no parece que fuera tan virulenta en Canarias.

La información cuantitativa disponible para el siglo XVIII es más abundante, ofreciendo a la par una relativa mayor fiabilidad. En efecto, muchos son los recuentos que se realizaron en el setecientos, casi todos ellos de valor desigual. En su tendencia secular la población continúa su crecimiento aunque, si son medianamente seguras las fuentes, en una tónica de más moderación que en la centuria anterior.

En 1688 (7) el Archipiélago contaba con 105.375 habitantes, y a principios del XIX sumaba 194.516 personas, lo cual supone un incremento de 0’54% acumulado, ligeramente superior al peninsular entre 1717 y 1797 (0’43%). No se trata en absoluto de un desarrollo despreciable, aún cuando se constata una cierta ralentización de la expansión demográfica, ligada fundamentalmente a un muy posible descenso de la inmigración (la colonización ya estaba muy avanzada) y a la crisis del comercio del vino. De otro lado, no hay que olvidar los efectos negativos que ocasionaron las levas (reclutamientos forzosos para las guerras de España) y el denominado “derecho de familias” o “contribución de sangre”, aparte la emigración ligada a los ciclos de crisis agraria y malas cosechas, que debieron frenar, al menos ligeramente, el crecimiento de la población absoluta.

Descender del análisis de tendencia a la consideración de los diferentes ciclos y coyunturas en la evolución de la población, no es posible por el objetivo de este reducido artículo, pese a la existencia de datos cuantitativos. Sí es preciso, por el contrario, contemplar el comportamiento de las islas desagregadamente, toda vez que cada una de ellas, aun cuando formara parte de una estructura económica y social general a Canarias, jugaba un rol determinado dentro de la formación social precapitalista (8).

En líneas generales, puede afirmarse que son las islas occidentales, en particular Tenerife, las responsables del “moderado” incremento de la población regional; sus índices de crecimiento son inferiores a la media del Archipiélago, salvo La Palma, mientras que las orientales (Gran Canaria, Lanzarote y Fuerteventura) ofrecen tasas superiores a dicha media (Vid. Cuadro I).


CUADRO 1

Las tasas de crecimiento de las islas en el siglo XVIII

1688           1802              % Gran Canaria                                     22.154        55.093        0’80
Lanzarote                                            4.483        16.160         1’1
Fuerteventura                                      3.912        12.451         1’0
La Palma                                           14.342        28.824        0’61
La Gomera                                          4.661          7.915        0’46
Tenerife                                             51.867        70.067        0’26
El Hierro                                             3.956          4.006        0’01
Archipiélago                                   105.375      194.516        0’54

Fuente: Elaboración propia.

La crisis vitícola, más grave en las islas occidentales por la mayor dedicación al cultivo del viñedo, se traduce en un estancamiento notable de Tenerife y El Hierro, y en menor medida de La Gomera, durante todo el siglo XVIII.

El siglo XIX significa a escala del Archipiélago un ligero aumento del crecimiento demográfico con respecto al setecientos. En 1900 la población canaria ascendía ya a
358.564 habitantes, incrementándose desde 1802 a razón de 0’63 anual acumulado (9). Hay que mencionar como factores explicativos del alza demográfica, de un lado, la coyuntura favorable ligada a la introducción del a cochinilla y su esplendoroso comercio hasta la década de 1870, en que la caída de los precios en los mercados internacionales, por la competencia de las anilinas, determinó un ciclo de estancamiento poblacional de
10 a 15 años de duración; de otro lado, la mejoría de la situación económica general, que trajo consigo la reducción de las crisis de subsistencia y la casi desaparición de la mortalidad catastrófica desde 1851. En efecto, desde 1857, año de la realización del primer censo oficial de población, hasta 1900, Canarias vio incrementar sus efectivos a un ritmo de 1’0% anual. Es el inicio de un despegue demográfico, que en pocos años, cuando la mortalidad ordinaria comience a descender, acabará en una auténtica explosión.

Ya en el siglo XX, en sólo 40 años la población casi duplica, al pasar de 358.564 habitantes en 1900 a 680.294 en 1940, lo que supone una tasa media anual de nada menos que 1’6, el doble que la media del Estado. Trátase ya ineluctablemente de un crecimiento espectacular, de una auténtica explosión demográfica, que tiene como base la desaparición de la mortalidad catastrófica y las crisis de hambre, así como el comienzo del descenso de la mortalidad ordinaria y el sostenimiento de la alta natalidad en su tendencia secular (10).

A escala insular, la introducción del plátano y del tomate, después de la crisis de la cochinilla, y su posterior desarrollo, así como el auge portuario de las dos islas
centrales, en particular Gran Canaria, determinan un comportamiento diferencial ante el crecimiento poblacional. Gran Canaria más que duplica sus efectivos, beneficiada no sólo por los excedentes de su dinámica natural, sino también por los aportes de emigrantes de sus islas periféricas, en particular Fuerteventura cuya población en el mencionado período sólo aumenta en 0’3% anual.

El capitalismo creó unos desajustes espaciales, en el sentido de que el desarrollo de la agricultura de exportación se produjo primeramente en las fachadas de barlovento de las tres islas centrales y, en menor medida, en los barrancos con disponibilidades hídricas
de La Gomera, quedando gran parte del espacio cultivable del Archipiélago dedicado a la agricultura de subsistencia y abastecimiento del mercado insular. Ello generó un trasvase de población (del “ejército de reserva de mano de obra”) de las zonas no “beneficiadas” por el plátano y el tomate hacia las que sí habían experimentado su introducción y desarrollo.

El diferente ritmo de crecimiento no sólo a escala de islas sino incluso dentro de cada una de ellas, es la consecuencia lógica de este fenómeno, que acabará por general una auténtica disparidad y desequilibrio espaciales a partir de 1950-1960, cuando a él se añadan los efectos del desarrollo turístico.

0, 1964, pp. 299-414; ROSELLO VERGER, V.M.: “Dinámica de la población en las Canarias Orientales”, en Aportación española al XXI Congreso Geográfico Internacional. Madrid, 1968, pp. 185-218; QUIROS LINARES. F.: La población de La Laguna (1837-1960), Instituto de Estudios Canarios, Universidad de La Laguna, 1971,
126 pp.; CODERCH FIGUEROA, M.: Evolución de la población de La Laguna entre
1750-1860. I.E.C., Universidad de La Laguna, 1975, 128 pp.; BURRIEL DE ORUETA, E.LL: Evolución moderna de la población canaria. Aula de Cultura del Cabildo de Tenerife, Sta. Cruz de Tenerife, 1975; MARTÍN RUIZ, J.F.: El N. W. de Gran Canaria: un estudio de demografía histórica (1485-1860). Plan Cultural. Excma. Mancomunidad de Cabildos de Las Palmas, 1978, 212 pp., y DIAZ HERNÁNDEZ. R.:Evolución de la población del municipio de Arucas desde 1850 a 1975. Plan Cultural, Excma. Mancomunidad de Cabildos de Las Palmas, 1979, 225 pp.

(2) Véase el artículo de FERNÁNDEZ MARTÍN, L.: “Aspectos económicos, administrativos y humanos de la Diócesis de Canarias en la segunda mitad del XVI”, Anuario de Estudios Atlánticos, Nº 21 (1975), Madrid. Las Palmas, pp. 95-130.

(3) Es posible que el coeficiente aplicado sea algo bajo. Un índice 5 daría 38.705 habitantes.
(1) SÁNCHEZ FALCON, E.: “Evolución demográfica de Las Palmas”, A.E.A., nº 1

(4) Vid. NADAL, J.: La población española. Siglos XVI a XX. Ariel, Barcelona, 1971, p. 16.

(5) NADAL, J.: op. cit, p. 16.

(6) MARTÍN RUIZ, J. F.: op. cit, p. 58.

(7) SÁNCHEZ HERRERO, J.: “La población de las islas Canarias en la segunda mitad del siglo XVII (1676-1688)”, A.E.A., Nº 21 (1975), pp. 237-415.

(8) Igual podría aseverarse de los diferentes espacios de cada isla, fundamentalmente de las 3 de realengo: el N. Frente al S., la costa frente a las medianías, etc.

(9) El ritmo de crecimiento canario es ligeramente superior, al peninsular, que fue de
0’55% entre 1797 y 1900.

(10) A partir de 1940, con el decidido e irreversible descenso de la mortalidad ordinaria y la natalidad sostenida a niveles altos, el crecimiento de la población canaria rozará los índices de las regiones subdesarrolladas y de los países del Tercer Mundo. En 1975, el monto de habitantes del Archipiélago se duplicó holgadamente con respecto a 1940, aumentando a un ritmo medio anual de 2’1%.

II. LOS FACTORES DEL CRECIMIENTO DEMOGRÁFICO

En la larga etapa de estudio, el saldo vegetativo (diferencia entre natalidad y mortalidad) es indiscutiblemente el factor primordial del importante desarrollo poblacional experimentado por el archipiélago canario. Empero, la importancia o contribución de la dinámica natural de la población ha variado a lo largo del tiempo, no sólo en su tendencia de larga duración sino también a nivel de coyunturas y ciclos.

Presumiblemente, el crecimiento natural aportaría menos a la expansión demográfica en los siglos XVI y XVII que en el XVIII y XIX, porque en aquellos la inmigración debió tener una importancia grande, difícil de calibrar, por otro lado.

De esta manera, la población del XVI y XVII creció no sólo  a expensas del saldo vegetativo sino también por los aportes externos, procedentes de la península y del extranjero. A partir del XVIII, la inmigración se redujo sensiblemente, y los únicos efectivos que se sumaron a la población procedían de la dinámica natural. A ello hay que añadir que ya a partir del XVII la emigración (fuera “voluntaria” o forzosa) comenzó a frenar el crecimiento real.

1. El saldo vegetativo

No poseemos datos fiables para los siglos XVI y XVII; para el XVIII y XIX disponemos de una muestra de 9 parroquias, distribuidas entre Tenerife y Gran Canaria (11), y a partir de 1885 contamos con el total de Canarias.

En líneas generales, puede admitirse que los datos son deficientes por dos razones fundamentales. La primera radica en el subregistro de bautismos, sobre todo, de niños que mueren antes de bautizarse, con lo cual muchas veces la natalidad se halla infravalorada; la segunda, por la evidente subinscripción de defunciones, en particular de párvulos. El problema que se plantea radica en que es muy difícil, prácticamente imposible, evaluar, tanto en el caso de los bautismos como en las defunciones, el porcentaje de error, variando éste de unas parroquias a otras.

Desde principios del XVIII hasta la primera mitad del XX, el crecimiento vegetativo ha ido aumentando, conforme descendían las crisis de subsistencia y de hambre, de un
lado, y las fluctuaciones anuales de la mortalidad, de otro. De esta forma, en sus valores medios el crecimiento vegetativo debió ser para la primera mitad del XIX de 1’0% aproximadamente, resultante de una natalidad media de 40%o y de una mortalidad en torno a 30%o. Un caso bastante ilustrativo lo proporciona la parroquia de Agüimes, con un saldo vegetativo de 0’9 % entre 1700 y 1750 (12).

La segunda mitad del XVIII (así como todo el XIX) asiste a un ligero aumento del crecimiento natural, consecuencia de una natalidad relativamente más alta y del descenso de las crisis de mortalidad. En la primera mitad del XX (ya con datos del conjunto del Archipiélago), con el comienzo del descenso de la mortalidad aumenta el saldo natural porque la natalidad se mantiene en la tendencia (13).
1.1. La natalidad y fecundidad. Unos índices siempre elevados

El hecho más sobresaliente de la natalidad es su escasa o nula evolución desde el siglo XVII o XVIII hasta bien entrado el siglo XX, manteniéndose, pues, siempre muy elevada en su trend secular. Podemos aseverar que en valores medios de larga duración ésta no bajó casi nunca de 40%o , pudiendo incluso ser superior, en torno a 45%o

Para los siglos XVI y XVII disponemos de escasos datos. En la ciudad de Las Palmas las tasas de natalidad parecen contradictorias, y aunque en la primera mitad del XVI la media podía oscilar entre 38 y 40%o, y en la segunda mitad rondaba el índice por 45 por mil, bastante aceptable (14). En la más baja natalidad de la primera mitad de la centuria quizás influya la posible disimetría de los sexos, favorable a los varones por la mayor inmigración masculina. En la segunda mitad, restablecido el equilibrio de los sexos, la natalidad aumentaría. En el XVII, la natalidad se mantuvo en una tendencia similar, superior a 40%o (15).

A partir de 1700 es posible ya estudiar la natalidad, no sólo en sus valores medios sino haciendo incluso hincapié en sus fluctuaciones anuales. De la muestra de parroquias se puede deducir que la natalidad media osciló en la primera mitad del XVIII entre 39 y
45%o (16), no demasiado elevada por la frecuencia de crisis de subsistencia y de mortalidad. Las fluctuaciones anuales de los nacimientos son por lo demás bastante notables, como corresponde a una sociedad precapitalista: las desviaciones típicas oscilan entre 7 y 11.

En la segunda mitad del XVIII, el trend secular de la natalidad sigue siendo, sustancialmente, el mismo; incluso en algunas parroquias parece que se produce un ligero aumento, en función del descenso relativo de las hambrunas y crisis de mortalidad. Motivo por el que las fluctuaciones anuales de las tasas brutas de natalidad se hacen menores, como indican las desviaciones típicas en torno a 4-6. Este mismo hecho, consecuencia de la relativa mejoría económica, redunda en el aumento de los valores medios de la natalidad.

A lo largo del XIX la natalidad continúa siempre elevada, entre 40-45%o como media de las parroquias. Los datos obtenidos del Registro Civil, creado en 1871, dan valores más bajos (en torno a 30%o) por el subregistro de nacimientos, lo cual determina que hasta 1940 aproximadamente la natalidad se infravalore en el Archipiélago. En efecto, la natalidad calcula a partir de los datos publicados por el I.N.E. se sitúa en índices nunca superiores a 31%o en los primeros 40 años del XX (17). Fuera de toda duda, estos valores son totalmente inaceptables, pudiendo constituir en realidad un mínimo
pero nunca un máximo. Hasta 1930-1940 no se puede hablar de tasas inferiores a 35%o, excepto en los años de crisis de la 1ª Guerra Mundial y la Guerra Civil, siendo inclusive en algunos municipios rurales superior a 40%o (18).

In sensu latu, no puede hablarse de grandes cambios en la natalidad. Su comportamiento sigue siendo típico de un modelo demográfico primitivo, donde no se produce ningún control de los nacimientos, al menos efectivo, dentro del matrimonio. Habrá que esperar todavía a la década de los 60 para que comience a manifestarse una ligera tendencia al descenso de la natalidad, en particular en las zonas urbanas.

La alta fecundidad continúa secularmente, corrobora a la elevada natalidad. Escasos datos poseemos para los siglos XVIII y XIX, pero todo parece indicar que no se han producido cambios relevantes y significativos hasta 1950-1960. A principios del XIX la fecundidad general en la isla de Gran Canaria se situaba en 174’3 %o dato que, pese a ser quizás algo elevado, se puede hacer extensible, con un margen de error
relativamente pequeño, a todas las Islas (19). A mediados de dicha centuria la tasa de fecundidad general del Archipiélago es ligeramente más baja y tal vez más lógica, hallándose cerca de 140%o.

En la primera mitad del siglo XX se hace difícil medir con rigor la fecundidad general de Canarias por el evidente subregistro de nacimientos, pero los datos que poseemos apuntan a un sostenimiento en la tendencia. Hacia 1930 la tasa de fecundidad de Las Palmas capital ascendía a la 144’6%o reduciéndose en 1940 en un 13%o (20). No puede hablarse de un cambio relevante en la fecundidad, porque la reducción, aunque existe,
no es importante.

Todavía en 1940 la provincia de Santa Cruz de Tenerife registra una tasa bruta de reproducción de 1’8 (21). El comportamiento tradicional de las parejas es indudable, lo cual se traduce en una gran amplitud de las familias. En 1920 más de la mitad de las mujeres no solteras que han rebasado su ciclo fecundo tuvieron más de 4 hijos, pero de cada 100 mujeres 17 procrearon más de 9. Hacia 1940 la situación no había experimentado prácticamente cambio alguno, puesto que la mitad de los matrimonios que ya han superado su vida fértil constituía familia numerosa, con más de cuatro hijos.

Hasta esta fecha, pues, no es lícito hablar de inicios de transición demográfica en la fecundidad. Incluso puede afirmarse que el cambio en el comportamiento de las parejas comenzó a esbozarse mucho más tarde, hacia 1960-1965, con un retraso respecto a la península de más de medio siglo (22).

Las causas de este mantenimiento tardía de la alta natalidad y del hecho diferencial canario con respecto a otros espacios del Estado español (no sólo de esta variable, sino incluso de otras demográficas y económicas), son varias pero estrechamente relacionadas entre sí. En primer lugar, hay que señalar el secular bajísimo nivel cultural de la población, que no se planteó la necesidad de planificar la familia, y si lo hizo no conocía los métodos adecuados y eficaces.

Por otro lado, la ausencia de industrialización en el desarrollo económico canario a lo largo de su historia contemporánea imposibilitó la formación de una burguesía industrial, clase social que primero practicó el control de los nacimientos. Por último, el peso de la población agraria es igualmente un factor importante en el sostenimiento de
la natalidad, por cuanto el coste de los hijos es menor porque éstos viven de los productos de subsistencia, y, además, muy tempranamente se incorporan como población activa o como ayuda familiar a la explotación campesina.
(11) Son las siguientes: Agaete, Gáldar, Guía, Arucqas, Agüimes, Las Palmas, Santa
Brígida, La Laguna y Los Realejos.

(12) Este saldo vegetativo es el resultado de una natalidad de 40’1%o y una mortalidad de 31’3%o.

(13) Canarias registró de esta manera un saldo vegetativo de 1’0% en 1896-1905; 1’7%
en 1926-1935 y 1’8% en 1946-1955.

(14) Elaboración propia a partir de datos de SÁNCHEZ FALCON, E.: art.cit. y
SÁNCHEZ HERRERO, J.: art.cit.

(15) Tan solo Los Realejos registran una media para idéntico período de 31’4%o, seguramente por un fuerte subregistro de bautismo. Vid ALVAREZ ALONSO, A. Y LUGO BENITEZ, M.: “Evolución demográfica de Los Realejos”, trabajo inédito.
(16) Las tasas fueron de 46%o en el decenio de 1676-1685 y 41%o durante 1684-1693. (17) El impacto en la economía canaria de la 1ª Guerra Mundial, produjo una caída de la
natalidad que se situó, entre 1914-1919 en menos de 25%o.

(18) El municipio de Arucas registraba en 1921-1930 una tasa bruta de natalidad de
39’6%o. Vid DIAZ HERNÁNDEZ, R.: op.cit., p.46. Por otra parte, en el municipio de
Guía (Gran Canaria) la tasa media de los primeros 30 años es de nada menos que
42’7%o (datos de bautismos procedentes de los archivos parroquiales). Véase, MARTÍN RUIZ, J.F.: Desarrollo demográfico y emigración en el N.W. de Gran Canaria, 70 pp. En prensa.

(19) Esta tasa de fecundidad general corresponde a una natalidad bruta de 40%o. Si a ello añadimos que la sex ratio del intervalo 25-39 años es de 70 varones por cada 100 mujeres, explicable por la superemigración masculina, y la del grupo 40-49 de 77’3, no hay razones fundadas para desechar dicha tasa.

(20) BURRIEL DE ORUETA, E.L. y MARTÍN RUIZ, J.F.: “Evolución demográfica de Las Palmas”, en Actas del III Coloquio de Historia Canario-Americana, en prensa. Véase p. 7. El cálculo se ha realizado a partir de los bautismos de las parroquias, toda vez que los nacimientos en el R.C. son deficitarios por la gran subinscripción.

(21) Este índice es una media del período 1936-1940, que se ve plenamente afectado
por la caída de los nacimientos producida durante la guerra civil. Se trata por lo tanto de una tasa algo subestimada.

(22) En 1970 el índice de fecundidad del archipiélago canario es de 110%o, similar al del conjunto del Estado a principios de siglo.
1.2. La mortalidad

A la hora de estudiar la mortalidad, el problema fundamental que se plantea, y de difícil resolución, es el claro subregistro de las defunciones, en particular de los niños con días de vida o con escasos meses. Ello se traduce en tasas de mortalidad inaceptables, por bajas, para los siglos XVIII, XIX y primeras décadas del XX. Incluso la misma mortalidad infantil se infravalora en una proporción a veces importante, pero difícil de precisar de cualquier forma.

Por otro lado, parece muy probable que esta subinscripción, que afectó sobre todo a los párvulos, no es generalizable a todas las épocas. En algunas poblaciones las tasas de mortalidad, tanto general como infantil, son bastante aceptables en relación al momento histórico y al modelo demográfico antiguo. No ocurre así en otras parroquias, donde los índices brutos de mortalidad apenas alcanzan los valores de 20%o en pleno siglo XVIII, época en que los países más avanzados del occidente europeo registraban tasas más elevadas. Algo similar ocurre también en la mortalidad infantil.

1.2.1. La evolución de la mortalidad general. Su descenso secular.

Tal vez el rasgo más llamativo y característico de la mortalidad radique en el mantenimiento secular de sus altos índices y en su tardío descenso. El hecho incuestionable es que a lo largo de más de tres siglos aquella evolucionó poco en líneas generales, toda vez que a finales del XIX los índices son similares a los del siglo XVII o XVIII. Los escasos cambios que se operan se reducen al descenso de las fluctuaciones anuales de las defunciones, fenómeno manifiesto en muchas parroquias del
Archipiélago. Este hecho hallase ligado a la paulatina reducción de las hambrunas y crisis de subsistencia, a lo cual coadyuvó decisivamente la introducción, y extensión a partir del XVIII, de nuevos cultivos tales como el maíz y la papa, que pronto se convirtieron en alimentos básicos de las clases sociales más desasistidas de la población.

A ello habría que añadir también un cierto cambio, relativo y discutible al mismo tiempo, en la incidencia de las diferentes epidemias sobre la población. Este hecho se debe no sólo al probable descenso de la viruela per se las epidemias, sino también y sobre todo a las mejoras alimentarias, higiénicas y técnicas en general (transportes, comunicaciones, etc.) del Archipiélago.

Puede afirmarse como hipótesis más verosímil que las tasas brutas de mortalidad, en promedios de larga duración, debieron estar establecidas en torno o ligeramente por encima de 30%o hasta principios del siglo XX. Es, no obstante, un tema bastante complejo porque sólo algunas parroquias llegan a esa cifra. En otras, por el contrario,
los índices no alcanzan este valor, situándose por encima de 21-22%o; hecho que resulta inaceptable en un régimen demográfico primitivo, caracterizado por las malas condiciones higiénicas, sanitarias y alimentarias.

Ello se agrava además por las abismales diferencias de clases que definen la formación social canaria. Por otro lado, precisamente en las parroquias que arrojan bajas tasas de mortalidad para la época, se registran índices de natalidad normales, superiores a 40 y
45%o (propios de un modelo demográfico no transformado), resultando como consecuencia de ello saldos vegetativos superiores en valores medios a 2’0%. Un
crecimiento natural de esta índole no lo puede soportar una sociedad preindustrial como la canaria de los siglos XVIII y XIX, ni siquiera barajando la hipótesis de una fortísima emigración sostenida en la tendencia como respuesta.

¿Y cómo explicar una baja mortalidad en un régimen de fuertes fluctuaciones anuales, de periódicas crisis de hambre y epidemia, de predominio de las causas exógenas de defunción y donde las muertes infantiles significan en muchos períodos la mitad del total de óbitos? En un modelo así caracterizado la tasa bruta de mortalidad no puede ser inferior como mínimo a 30%o (23).

Ahora bien, estos valores medios ocultan fortísimas fluctuaciones anuales, ocasionadas por la mortalidad catastrófica debida a las crisis de subsistencia (hambres) y a las epidemias, combinándose en muchas ocasiones ambas; aquéllas como causa al debilitar el organismo humano y éstas como efecto (24). En estos años malos las tasas podían sobrepasar el valor de 50%o, pudiendo llegar a 70 u 80%o.

Estas condiciones de mortalidad se pueden hacer extensibles hasta 1920 aproximadamente, año en que afectó al Archipiélago la gripe española. La mortalidad catastrófica ha ido cediendo lentamente desde las últimas décadas del ochocientos, pudiéndose considerar erradicada con la mencionada pandemia gripal, mientras que la ordinaria comienza su descenso secular en las primeras décadas de nuestro siglo. Hacia
1900 el índice de Canarias es de 20’1%o muy probablemente inferior a la realidad por la subinscripción de óbitos en el Registro Civil.

Entre 1920 y 1945-1950 se puede establecer el inicio de la transición de cambio de una mortalidad tradicional, típica de un modelo demográfico antiguo (grave y frecuentes crisis de hambre, alta mortalidad infantil, predominio de las causas exógenas de defunción), a una mortalidad de tipo más moderno. A mediados de esta centuria el índice bruto se redujo con respecto a las primeras décadas en casi la mitad. Pese a ser importante el descenso, se trata todavía de los inicios de la transición, de un esbozo del cambio, porque las condiciones de vida, el nivel sanitario y asistencial no se han modificado sustancialmente (27).

b) La permanencia tardía de la alta mortalidad infantil

De acuerdo con los estudios hasta ahora realizados y con los datos disponibles, la mortalidad infantil de Canarias en el modelo demográfico primitivo debió oscilar entre
200 y 250%o, pudiendo alcanzar 300%o en años de grandes mortandades (28). De esta manera, de cada 10 niños nacidos, 2 ó 3 no llegaban a cumplir su primer año de vida.

Esta situación de mala alimentación y bajo nivel sanitario e higiénico se va a prolongar tardíamente, pues todavía a principios de la década de los 40 la tasa de mortalidad infantil de la provincia de Santa Cruz de Tenerife, ascendía a l22%o. Las condiciones asistenciales son todavía bastante precarias y deficientes, pero no sólo para los niños sino también para los adultos.
c) La alta mortalidad a todas las edades: el lento aumento de la esperanza de vida

En una sociedad con grandes y numerosas deficiencias estructurales, el fuerte riesgo de morirse afectaba a todas las personas, niños y adultos, mujeres y
hombres. Y ello ocurría no sólo en los siglos XVII y XVIII sino también en la primera mitad del XX.

La evolución sufrida a lo largo de 3 ó 4 siglos no es desde luego muy importante. Los niños que superaban el año de vida tenían todavía que enfrentarse a duras
pruebas para sobrevivir, porque hasta finales del siglo XIX (e incluso principios del XX) la tasa de mortalidad en el intervalo 1-4 años podía llegar a 30%o. Y desde los 6 hasta los 15 años los riesgos, por infecciones, hambre, etc., no desaparecían del todo, aunque disminuían (29). Un salto bastante grande se produce a partir de los 16 años por la incidencia de la tan temida y nada poética tu- berculosis pulmonar, que se cobraba numerosas víctimas preferentemente en las clases sociales más insolventes. Hasta los 50-60 años la mortalidad se estabilizaba, aumentando bruscamente sobre todo a partir de los 60 años en que se vuelve a alcanzar el nivel del grupo 1-4.

La supermortalidad masculina es un hecho habitual y general a todas las sociedades, pero la deficiente organización sanitaria y asistencial hasta bien avanzada nuestra centuria determinaba que entre los 20 y 39 años, período más fértil de la mujer, la mortalidad fuera mayor en el sexo femenino que en el mascu- lino, por las enfermedades puerperales y los accidentes en el parto.

Bajo estas paupérrimas condiciones, la esperanza de vida era baja, más que la media del Estado, y aumentó muy lentamente. Según nuestros cálculos, la esperanza de vida al nacer rondaba los 40 años en la segunda mitad del XIX, menos en los varones (37 años) que en las mujeres (43’3 años), por la supermortalidad masculina. Hasta 1920-1930 el aumento fue muy lento y escaso, toda vez que la ciudad de Las Palmas daba en 1930 una esperanza de vida al nacer de 43’7 años, dato que sintetiza muy bien la escasa evolución de la mortalidad y como ésta se mantuvo elevada hasta fechas bastante tardías.

d) El predominio de las causas exógenas de defunción

Las principales causas de mortalidad se debían al riesgo externo o exógeno, en particular de índole infeccioso, tanto en los niños como en los adultos. De acuerdo con los datos disponibles, hacia 1870-1880 más de 2/3 de las muertes se producían por causas exógenas, especialmente del aparato respiratorio y digestivo, pero uno de cada 10 óbitos se debía a la desnutrición: dato suficientemente significativo y revelador de las malísimas condiciones de vida de la sociedad canaria del siglo
XIX.

Esta situación no cambió gran cosa en el primer tercio de la actual centuria, dado que hacia 1920 casi la mitad de las muertes de Canarias tenían por causa enfermedades infectocontagiosas. Las diarreas y enteritis, especialmente estivales, son las principales causas de las muertes infantiles: de cada 2 niños difuntos menores de 1 año, uno se debía a ellas. Un hecho sintomático del atraso socioeconómico y sanitario del Archipiélago es que hacia 1915 aún no se había erradicado la viruela totalmente, produciendo el 2’4% de las defunciones infantiles.

Quedan todavía bastantes años para que de un régimen tradicional, con predominio de causas exógenas, se pase a una situación moderna con preponderancia de los riesgos de mortalidad endógenos.



2. Los movimientos migratorios

A nuestro entender, los movimientos migratorios nunca han constituido un factor primordial en el desarrollo demográfico canario, a excepción de los siglos XVI y XVII en que los aportes externos contribuyeron de una forma decisiva al
crecimiento poblacional.

Por su parte, la emigración, sobre todo transoceánica, importante desde fines del seiscientos, ha jugado un papel clave en la historia demográfica (y también económica y social) del Archipiélago, en cuanto que ha reducido el crecimiento real de la población recortando los saldos vegetativos.

Estudiar las corrientes migratorias es una tarea muy ardua, en particular en los siglos XVII y XVIII, en los que las monografías existentes son parciales y se reducen casi única y exclusivamente a la emigración. El siglo XIX cuenta ya con más estudios monográficos, aunque las fuentes utilizadas no permiten evaluar el monto de emigrantes a América (30).

2.1.     Los saldos migratorios

Hasta mediados del XIX resulta difícil calcular y estimar la migración neta global de las Islas, puesto que el método de la población teórico potencial, partiendo de fuentes a veces muy deficientes, puede conducir a claras distorsiones. No obstante, los trabajos hasta ahora llevados a cabo permiten concluir que en muchas parroquias canarias desde finales del XVII los saldos migratorios fueron negativos en numerosos periodos, esto es, el balance entre entradas y salidas beneficiaba a las últimas (31). Nada extraño es, porque las fuentes no hacen otra cosa que hablar de una continua emigración a América, tanto legal como clandestina; es muy probable que las salidas aproximadamente desde 1680, en que comienzan a marchar canarios para "poblar" las Indias (derecho de familias), superaran ya a las entradas.

Sea como fuere, lo cierto es que poco a poco la inmigración se fue reduciendo cuantitativamente, aunque conservando al mismo tiempo una importancia cualitativa muy grande, mientras que la emigración a ultramar será un rasgo clave de la historia social y económica canaria.

2.1.1.   La inmigración

Ya se ha señalado cómo ésta jugó un papel clave en el crecimiento demográfico en la etapa de la colonización y repoblación de las Islas después de la conquista. No se puede cuantificar el número de inmigrantes pero sí se conoce su procedencia. En gran parte eran castellanos (andaluces, extremeños, etc.), que se repartieron las mejores tierras y dominaron todas las esferas del gobierno del Archipiélago dando lugar a los señoríos. Los hay también extranjeros, integrados por italianos, que son propietarios de ingenios, flamencos, portugueses, judíos y esclavos negros y moriscos (32).

A partir del XVII los aportes externos disminuyeron, subsistiendo desde el XVIII una minoría peninsular y extranjera que desempeñó un rol muy importante en la sociedad, economía y política de Canarias, por cuanto se erigieron en grandes propietarios de la tierra, comerciantes de renombre y se repartieron todos los altos cargos, civiles, militares y eclesiásticos.

Casi a mediados del novecientos, del total de inmigrantes de la ciudad de Las Palmas, sólo el 4’7% eran peninsulares, pero ocupaban altos cargos de la Administración, Ejército e Iglesia; siendo también los artesanos más cualificados (33). Proporción
similar poseen los extranjeros, destacando sobre todo los ingleses, que son comerciantes que vienen acompañados de su familia (34).

Desde la segunda mitad del XIX, la importancia de las minorías peninsulares y extranjeras aumenta algo cuantitativamente, aunque éstos siguen jugando el mismo papel que antaño. Sólo hay que añadir como a partir de 1930 comienza a detectarse un grupo de lengua árabe, ligado al comercio ambulante (35), al cual se unirá más tarde el de hindúes, cuando el desarrollo turístico amplíe el mercado de su comercio (36).

2.1.2.   La emigración

En líneas generales, puede admitirse que ha sido continua en Canarias casi desde su misma conquista, si bien tuvo que aumentar bastante a partir de la segunda mitad del seiscientos. En el siglo XVIII está estudiada sólo parcialmente, pero se sabe que tuvo cierta importancia y que se dirigió a Venezuela, países del Río de la Plata y América Central fundamentalmente (37).

Durante el siglo XIX la emigración a ultramar pudo incluso aumentar, especialmente en su segunda mitad, después de la crisis de la cochinilla. A título de ejemplo, entre 1826 y
1853 salieron más de 6.566 canarios (38), y en el quinquenio 1857-1861 lo hicieron nada menos que 10.335 personas (39). Con la crisis de la cochinilla, el número de salidas tuvo que acelerarse de una forma sustancial, descendiendo posteriormente entre
1890 y 1910.

CUADRO 2

Saldos migratorios de Canarias desde 1901 hasta 1950

Crecimiento
Real
Saldo
Vegetativo
Migración
Neta
1901-1910                                           85.452        45.791      39.661
1911-1920                                           13.647        42.487     -28.840
1921-1930                                           97.465        63.436      33.978
1931-1940                                         125.166      104.315      20.851
1941-1950                                         113.034      136.106     -23.072

Fuente: I.N.E. Elaboración propia.




El impacto en la economía canaria de la 1ª Guerra Mundial determinó una emigración muy importante, igual que el hambre y la represión de la posguerra.

En general, podemos caracterizar este éxodo como una emigración de la miseria (40), compuesta por proletarios agrícolas, pequeños campesinos, analfabetos casi todos, y jóvenes entre 15 y 25 años, prófugos del servicio militar.
(23) Es éste uno de los grandes problemas que se le plantea a la investigación demográfica en Canarias. Tal vez sólo la reconstrucción familiar en una muestra de parroquias bien distribuidas en el Archipiélago pueda esclarecer de alguna forma esta cuestión.

(24) En las coyunturas de frecuentes ciclos de hambre y epidemia, las desviaciones típicas son elevadas. La primera mitad del XVIII, que conoció 3 ó 4 crisis graves de mortalidad, es una etapa de fortísimas fluctuaciones anuales de las tasas de mortalidad como indican desviaciones típicas a veces superiores a 15%o. En la 2ª mitad de esta centuria las crisis se redujeron, estableciéndose las desviaciones estándar en torno a 7-8. En la primera mitad del XIX se produjo un recrudecimiento, volviendo a aumentar éstas, para descender posteriormente con la paulatina desaparición, ya definitiva, de las crisis de mortalidad debidas a hambres y epidemias.

(25) La seguridad social y la introducción de la penicilina fueron logros de indudable eficacia en la reducción de la mortalidad. Con el aumento del nivel de vida y la mejora general de las estructuras económicas y sanitarias, la mortalidad ha ido descendiendo desde 1950, de tal forma que el índice medio de 1966-1975 era ya de sólo 6’4, fuertemente exagerado por la juventud de la población.

(26) La vacuna contra la viruela comenzó a utilizarse a fines del siglo XVIII.

(27) En años de mortalidad normal, aproximadamente 1/3 del total de defunciones correspondía a niños o párvulos, pero esta proporción podía incluso ascender a la mitad en periodos de hambre y crisis.

(28) La mortalidad a estas edades era todavía de un 2-3%o.

(29) BURRIEL DE ORUETA, E.L. y MARTIN RUIZ, J.F.: art.cit.

(30) Véase HERNANDEZ, J.: La emigración canaria a Cuba en el siglo XIX. Tesis doctoral inédita, y ALBELO MARTIN, M.C.: La emigración de Canarias a América entre 1826 y 1853. Memoria de licenciatura, inédita, 464 pp. más apéndice.

(31) Así, por ejemplo, en el NW. de Gran Canaria: MARTIN RUIZ, J.F.: El NW. de Gran Canaria: un estudio de demografía histórica (1485-1860); y en La Laguna: CODERCH FIGUEROA, NI.: op.cit. Desde 1900 hemos calculado la migración neta de Canarias, registrándose saldos positivos en los momentos de expansión económica, y negativos en los periodos de crisis y hambre (1911-1920 y 1940-1950).

(32) Véase las obras de: AZNAR VALLEJO, E.: organización económica inicial de las Islas Canarias a raíz de la Conquista. Dos tomos. Memoria de Licenciatura inédita. La Laguna, 1975; LADERO QUESADA, M.A.: Los primeros europeos en Canarias (siglos XIV y XV). Colección Guagua, Las Palmas de G. Canaria, 1979, 45 pp.

(33) MARTIN RUIZ, J.F. y otros: "Estructura demográfica de Las Palmas en la primera mitad del XIX". En prensa, en Actas del III Coloquio de Historia Canario-americano, celebrado en Las Palmas, octubre, 1978, 30 pp., p. 7.

(34) Ibídem.

(35) QUIROS LINARES, F.: op.cit, p. 38.

(36) A partir de 1960 la importancia relativa de los extranjeros aumenta bastante, sumándose un grupo relativamente numeroso de alemanes, daneses, y nórdicos en general que ocupan puestos claves en las compañías transnacionales.

(37) Vid MORALES PADRON, F.: "Colonos canarios en Indias", en Anuario de Estudias Americanos, Sevilla, (1952); y ROSA OLIVERA, L. DE LA.: "La emigración canaria a Venezuela en los siglos XVII y XVIII" XVIII". A.E.A., N° 22. Madrid-Las Palmas (1976), pp. 617-631. Para la emigración en el XVII, puede consultarse también el artículo de DIAZ TRECHUELO, L.: "La despoblación de la «Isla de Canaria» y la emigración ilegal a Indias (1621-1625)". En actas de I Coloquio de Historia Canario-Americano (1976). Ediciones del Excmo. Cabildo Insular de Gran Canaria, Las Palmas, 1977, pp. 295-314. En el siglo XVI, la emigración a ultramar ha sido estudiada por Analola Borges: "Las primeras emigraciones a Indias desde las Islas Orientales (Lanzarote, Fuerteventura, G. Canaria)". En actas del II Coloquio de Historia Canario-Americano (1977). Ediciones del Excmo. Cabildo Insular de Gran Canaria, Las Palmas, 1979, Tomo I, pp. 25-59.

(38) ALBELO MARTIN, M.C.: op.cit., p. 80

(39) Pedro de OLIVE. Diccionario estadístico -administrativo de las Islas Canarias, Barcelona, 1865, p. 224.

(40) MARTIN RUIZ, J. F.: El NW, de Gran Canaria: un estudio..., p. 130.
III. LA ESTRUCTURA DE LA POBLACION

1. La composición por edad, sexo y estado civil

El régimen demográfico primitivo, caracterizado por una natalidad elevada, mantenida en su tendencia secular, y una mortalidad alta, de descenso tardío (a partir de 1920), determina una juventud de la población sin variación notable hasta 1940. Por otro lado, la emigración a América, fundamentalmente masculina, disloca la relación de los sexos.

l.l . Los tres grandes grupos de edad y la sex ratio

La juventud demográfica no ha experimentado prácticamente ningún cambio desde el siglo XVIII hasta bien entrado el XX. En 1787, año en que se realizó el Censo de Floridablanca, el grupo de 0-14 años significa en Canarias orientales el 40’1%, mientras que el grupo de 50 años y más sólo el 12’2%. A mediados del XIX, casi la mitad de la población del Archipiélago tenía menos de 20 años (45%), representando los ancianos (60 y más años) el 7’7% (41). El índice de vejez resultante (0’17) es bajísimo, propio de una población muy joven. Hacia 1920 el porcentaje de ancianos ascendía únicamente a
8’0, con un incremento inapreciable en 60 años.

La emigración, prácticamente ininterrumpida, provocó una dislocación de los sexos. A mediados del XIX la sex ratio del archipiélago era de 83’5 varones por cada 100 mujeres, dato que revela por sí solo la intensidad del éxodo canario a América.

1.2. Las pirámides de edad

Las pirámides de edad constituyen una buena síntesis de la estructura por edad y sexo de una población. El análisis lo vamos a realizar desde 1769 hasta 1940. A escala general del Archipiélago no se aprecia una evolución destacada hasta 1940, año en que el ligero descenso de la mortalidad desde 1920 determina un cierto relleno del perfil de la pirámide.

Las pirámides, típicas del régimen demográfico antiguo (alta natalidad y elevada mortalidad), ofrecen una forma de acento circunflejo. La base es amplia por la elevada natalidad, y su cúspide estrecha por la mortalidad alta. El escalonamiento es más rápido de lado masculino que de lado femenino, no sólo por la mayor mortalidad de aquel
sexo, sino también por la superemigración de los hombres.

1.2.1. Las pirámides históricas (1769-1802)

La amplitud de los intervalos de los censos no estadísticos no permite un análisis detallado. Sólo es posible obtener conclusiones de carácter general. Todas tienen en común su amplia base, que denota la elevada natalidad de todo el siglo XVIII, y su cumbre estrecha por la alta mortalidad. El escalonamiento es muy rápido por el gran número de defunciones a todas las edades y en particular de 0 a 6 años, pero éste es más acelerado de lado masculino que femenino, por la mayor mortalidad de aquel sexo. A la disimetría de las pirámides desde los 16 años contribuye de una forma decisiva la gran emigración de los varones a América.
Por lo que respecto al estado civil, la amplitud de los intervalos no deja ver bien el fenómeno pero, en líneas generales, se puede observar una relativa tardía edad de entrada al matrimonio, y la importancia del celibato definitivo, mayor en Tenerife que en Gran Canaria, probablemente por la mayor emigración de aquella isla.

1.2.2. Las pirámides estadísticas

La pirámide de 1860 presenta una base amplia, consecuencia de la natalidad elevada de la primera mitad del XIX, aunque el grupo de 0 años, por la subinscripción normal de las sociedades de bajo nivel de instrucción, se encuentra algo estrechado. Hasta los 15 años la disimetría de los sexos favorece a los varones, por el hecho conocido de que nacen más niños que niñas, a razón de 110 varones por cada 100 mujeres. Pero la supermortalidad masculina y el hecho de que la emigración afecta más a los hombres, determinan que la relación de masculinidad se invierta a partir de los 15 años.

En efecto, las cohortes masculinas de 16-20 y 21-25 están mordidas por los efectos de la emigración. Las muescas se manifiestan también de lado femenino, aunque con menor importancia. De esta forma, a partir de los 26 años la pirámide se va recortando por la mortalidad que comienza a aumentar ya a esta edad, y por la emigración producida años antes. Por ello, el escalonamiento se manifiesta más rápidamente de lado masculino que femenino.

La pirámide de 1887 no varía sustancialmente con respecto a la de 1860. Su base es ancha, y el escalonamiento es rápido hacia la cúspide, pero el aumento de la emigración a América, consecuente a la crisis de la cochinilla, recorta de una forma espectacular a partir de los 16 años el lado masculino. El escalón entre el histograma de los 11-15 años y el de los 16-20 es muy grande, pero hasta los 50 años la emigración está haciendo no- tar sus efectos de un modo dramático. Tal es así, que entre los 16 y los 50 años no se produce de lado masculino descenso alguno.

En cambio, en el lado femenino dicho descenso es normal y sólo se ve interrumpido por la acumulación de efectivos en los intervalos pares por la atracción hacia las cifras acabadas en cero en las poblaciones con un gran nivel de analfabetismo.

La estructura por edad, sexo y estado civil confirma la coyuntura de crisis introducida por la caída de los precios de la cochinilla. La edad al matrimoniar es bastante tardía: en el intervalo 16-20 no hay ningún varón casado y sólo una pequeña proporción de mujeres. En la cohorte 21-25 los varones casados son escasos, mientras que aproximadamente 1/3 de las mujeres han contraído nupcias. En el grupo 26-30 se puede observar como poco más de la mitad de ambos sexos han entrado en matrimonio. La coyuntura crítica, y sobre todo la gran emigración masculina a América, determinan un celibato femenino definitivo bastante importante.

La supermortalidad masculina se manifiesta en la aparición de la viudedad femenina a unas edades todavía jóvenes, en la cohorte 26-30.

La pirámide de población correspondiente a 1900 continúa siendo la propia de un régimen demográfico primitivo, de alta natalidad y elevada mortalidad, pero matizada por una fuerte emigración masculina a ultramar.

En cuanto al estado civil, prácticamente no ha variado nada con respecto a 1887. La edad de entrada al matrimonio sigue siendo bastante tardía' aunque tal vez un poco menos que antaño, y el celibato definitivo continúa siendo elevado. La de
1910 manifiesta casi idénticas características que la pirámide de 1900. Su base ancha denota que la natalidad no ha descendido, mientras que el fuerte
escalonamiento viene dado por la alta mortalidad y la disimetría de los sexos por la sobreemigración y supermortalidad masculinas.

La pirámide de 1920, realizada después de la primera gran contienda mundial, manifiesta en su base los efectos de la crisis que ella originó en Canarias. La natalidad descendió de una forma alarmante especialmente desde 1915 a 1919. La cohorte de 0-4 años, correspondiente a los niños que nacieron entre 1916 y 1920, presenta una muesca notable. Es quizás la única diferencia que la separa de las anteriores. Porque a partir de los 10 años el escalonamiento hacia la cúspide de la pirámide sigue siendo rápido, y más de lado masculino que femenino, por idénticas causas que en épocas pasadas.

En 1930, la pirámide refleja el auge económico de los 20. Su base, sobre todo en los dos primeros intervalos quinquenales (0-4 y 5-9, aunque éste último se encuentra desagregado en años de edad) se ha vuelto a ensanchar, pero la cohorte de 0-4 años ya es ligeramente menos amplia que en el siglo pasado. De los 11 a los 14 años se nota la muesca producida por el déficit de nacimientos durante la época crítica de la lª Guerra Mundial.

La década de los 20 corresponde a un ciclo de crecimiento económico general: roturación de tierras para las plantaciones de plátanos y tomates, auge portuario, etc. Como consecuencia de ello, los movimientos migratorios interiores aumentan (desde las zonas altas a la costa) y desciende paralelamente la emigración transoceánica. Ello se traduce de un modo palpable en la morfología de la pirámide de 1930. El escalón que se producía en épocas pasadas entre las cohortes 11-15 y 16-20, sobre todo de lado masculino, ya no se manifiesta en ésta.

El escalonamiento parece acentuarse algo, sobre todo en el lado de los varones, a partir de los 26 años; ello se debe no sólo al ligero aumento, lógico en esa época, de la mortalidad a partir de los 26-30 años, sino especialmente al hecho de que las cohortes adultas masculinas están mordidas, mermadas, por la emigración de 10 y 20 años antes.

La pirámide de 1940, presenta un contorno mucho más homogéneo, pero básicamente con los caracteres propios de un modelo demográfico de alta natalidad y mortalidad ya en descenso. La Guerra Civil de 1936-1939 produjo un déficit de nacimientos, que se manifiesta en la muesca de 0-4 años. A niveles de detalle, es tal vez el fenómeno más resaltable. La ligera muesca, en ambos sexos, del grupo 20-24 años es debida al descenso de nacimientos de la 1ª Guerra Mundial. El descenso hacia la cúspide es más moderado, porque la mortalidad ha comenzado su cambio secular, y la natalidad, aunque sigue elevada, ha soportado varios ciclos de crisis.

Por todo ello, la base es algo más estrecha y el perfil se encuentra ligeramente más lleno porque la mortalidad ha ido descendiendo a todas las edades, con el aumento lógico de la esperanza de vida. La cumbre es consecuentemente algo más amplia, pero ello no significa, ni mucho menos, que haya un inicio de envejecimiento.

Esta pirámide marca, por tanto, los primeros momentos de la transición demográfica, que avanzará de una forma decidida entre 1940 y 1960.

2. El nivel cultural

La información de que disponemos es bastante escasa, toda vez que sólo es viable conocer la instrucción elemental de la población, en definitiva el nivel de analfabetismo. Y ello sólo es posible desde la segunda mitad del siglo XIX, con la aparición de los primeros censos modernos. Profundizar en los diferentes grados de cultura y en la cualificación de la población es casi imposible hasta mediados de la actual centuria.

Podemos afirmar que, salvo raras excepciones, Canarias en el XIX y primera mitad del XX es la región, no sólo de la península sino de todo el occidente europeo, con más bajo nivel cultural. Porque hacia 1860, descontando a los niños menores de 11 años, de cada 10 personas sólo 1 sabía leer y escribir. Por cada 100 adultos, había 82 que no sabían leer, cuando la media europea estaba en esa época en torno a 45-50% (42).

Hacia 1920 es cuando se inicia el avance frente al analfabetismo, de tal forma que diez años más tarde la tasa se ha reducido considerablemente, situándose en 48’5 por cien. La tendencia al descenso se acelera en los años de la República, gracias a la política de escolarización y reducción del analfabetismo en las edades jóvenes (43). En 1940, los analfabetos adultos (10 años y más) se han reducido a 1/3 del total.

Con todo, el nivel de instrucción elemental continúa siendo en Canarias más bajo
que la media del Estado, ya que las tasas de analfabetismo canarias superan a ésta en más del 43%. En la década de la posguerra civil, la tasa sigue decreciendo pero se aprecia una ralentización por la crisis económica y social que la dictadura trajo consigo, y por el cambio de la acertada política educativa que la República había aplicado. Hacia 1950 el índice de analfabetismo se establecía en 22’7%, superior todavía a la media española (17’3%).

3. La estructura de la población activa

Hasta casi mediados de la actual centuria la sociedad canaria permanece anclada en unas estructuras de producción preindustriales, al margen de los cambios y transformaciones que se operan en los países europeos. El retraso en el cambio es evidente, al igual que ocurre con otros indicadores socioeconómicos; pero de nuevo “el hecho diferencial canario” se manifiesta en que del predominio absoluto de las actividades agrarias sobre las restantes ramas del proceso productivo, se pasará a la preponderancia ineluctable del sector de servicios. Del mundo preindustrial, caracterizado por el peso desmesurado de la población agraria y por unas relaciones
sociales anquilosadas, al subdesarrollo: la desagrarización se produce en favor del sector terciario (que se inflaciona de actividades marginales desde 1950-1960) y en detrimento del desarrollo planificado de las actividades industriales (44).

Vamos a estudiar la evolución del sistema tradicional hasta 1940, porque a partir de
1950, y sobre todo, desde 1960, se hacen patentes los primeros síntomas de una transformación que se consolidará hacia 1970.

3.1. Las tasas de actividad

La actividad general de la población canaria ha permanecido prácticamente invariable desde el siglo XIX hasta mediados del XX (45). En 1860 la población activa del Archipiélago asciende a 42’9%, similar a la de Las Palmas y La Laguna (46); porcentaje que debe hallarse inflado por la inclusión de profesiones marginales en el proceso de producción. Muchos propietarios difícilmente pueden ser considerados activos, toda vez que por poseer grandes o medias explotaciones agrícolas, viven de sus rentas y plusvalías. Otras profesiones, en particular las relativas al clero, son muy imprecisas y ambiguas. Todo ello hace que la tasa de actividad sea de 4 ó 5 enteros superior a la realidad.

A principios de siglo, el índice se sitúa en 38’1%, y hacia 1940 Canarias orientales registraba un porcentaje de 39’5. La situación permanece, pues, estable, en función de las escasas variaciones de la estructura preindustrial: el predominio agrario, con una tardía edad de salida del trabajo, como ya veremos, determina el mantenimiento de un alto índice en el momento en que en otras regiones más desarrolladas del Estado tendían a disminuir por la creciente escolarización en las edades jóvenes y el adelanto de la jubilación (47).

3.2. La distribución sectorial de la población activa. El predominio secular de las actividades agrarias

La preponderancia a lo largo del tiempo del sector agrario es incuestionable, aunque se puede apreciar una ligera variación desde el siglo XVIII hasta mediados del XX (48).

Hasta mediados de aquél, según el Censo de Floridablanca de 1787 (49), en la isla de Gran Canaria la población agraria ascendía a dos terceras partes del total de activos; a mediados de la siguiente centuria, el sector primario de Canarias continúa en la misma tendencia, representando el 70%, formado en sus dos terceras partes por jornaleros del campo. Proporción que debía ser similar en todas las islas y espacios del Archipiélago, con la sola excepción de algunas zonas “urbanas”, como Las Palmas, donde las actividades marginales (criados, pequeños comerciantes, etc., concentrados fundamentalmente en Vegueta y Triana, residencia de las clases sociales más poderosas) habían inflacionado el sector terciario (50).

A principios de siglo, la situación no ha variado en absoluto, toda vez que las actividades agrarias seguían ocupando aproximadamente al 70%. En los primeros cuarenta años de la actual centuria, el sector primario experimenta un retroceso comparativo ciertamente no desdeñable, ya que pasa a ocupar a algo más de la mitad de la población activa. Descenso que obedece a la multiplicación de los servicios de
la Administración (división provincial), al desarrollo de los transportes y de los trabajos portuarios, así como a otros factores de índole varia.

Lo más significativo del proceso, y lo más grave de cara al desarrollo armónico de la economía canaria, es que este fenómeno no ha redundado en un gran crecimiento del sector industrial, sino que, sobre todo, ha posibilitado el esbozo ya a escala del Archipiélago de una terciarización precoz de la población activa, que se agravará y adquirirá carta de naturaleza dos décadas más tarde, cuando la desagrarización comience su descenso secular muy aceleradamente (crisis agraria, impacto del turismo, etc.).

Hasta principios de siglo, el sector secundario, integrado por artesanos y pequeñas industrias alimenticias fundamentalmente, apenas representa una décima parte de la población activa, síntoma inequívoco de la ausencia total del proceso industrializador en el desarrollo económico canario. En los primeros decenios de la centuria actual, la industria se diversifica algo, apareciendo ya núcleos del sector químico, de las artes gráficas, etc., pero continúan siendo más importantes los subsectores tradicionales: construcción, madera y alimentos. Hacia 1940, su importancia relativa ha crecido respecto al siglo pasado, representando aproximadamente el 19% en Canarias orientales (5 enteros por debajo de la media del Estado), pero el terciario es nada menos que casi la tercera parte de la población ocupada (6 enteros por encima de la media de España). Dato evidente y palpable de caso atípico de Canarias en el desarrollo económico. Y esto no es más que el esbozo, el inicio, de un “hecho diferencial” que se agravará posteriormente, sobre todo a partir de 1960.

3.3. La edad de entrada y salida en actividad

El bajo nivel cultural y de desarrollo de la formación social canaria es tan grande, que a principios de siglo el 2’6% de los niños varones menores de 12 años realizaban ya un trabajo, especialmente en la agricultura y ganadería (“ayuda familiar”) (51). En el intervalo de 12 a 19 años entraba en actividad el 93’6 de los varones, dándose casi un pleno empleo en todas las edades, incluso a partir de tos 60 años (96’5%) por la permanencia en el campo, y en parte por la vuelta a él de la población anciana, que ejercerá ya tareas marginales y de “ayuda familiar”.

CUADRO 3


Tasas de actividad por edad de Canarias en 1900

Grupos de edades
Sector primario
Varones total
Mujeres total
12                       2’6                        2’6                       0’46
12-19                 76’1                      93’6                      17’1
20-39                 64’5                      98’9                      17’1
40-59                 76’7                      99’0                      20’7
60 y más            84’7                      96’5                      26’7

Fuente: Censo de 1900. Elaboración propia.
La edad de salida se produce, por tanto, muy tardíamente, ante la ausencia de seguridad social, de jubilación forzosa, etc. Por lo que respecta al trabajo de la mujer, las tasas son muy bajas a todas las edades, por su escasa incorporación al mundo laboral, aumentando a partir del momento en que se produce la viudedad. Su trabajo se realiza sobre todo en la agricultura, en el artesanado y en el servicio doméstico.
(41) Los grupos, impuestos por los intervalos de cada censo, no son iguales; pero a simple vista se ve que no hay prácticamente evolución alguna.

(42) CIPOLLA, C.: Educación y desarrollo en Occidente. Ariel, Barcelona, 1969, 168 pp. Cfr. p. 89.

(43) Vid. BURRIEL DE ORUETA, E.L. y MARTIN Ruiz, J.F.: art. cit.

(44) Vid. QUIROS LINARES, F.: op.cit., pp. 75-77. La teoría de la terciarización prematura de la población activa puede verse en Amando de MIGUEL: Manual de estructura social de España. Editorial Tecnos, Madrid, pp. 590.

(45) En 1787 el Censo de Floridablanca proporciona una clasificación
socioprofesional de la población, pero hemos preferido desecharla por la gran cantidad de imprecisiones que posee.

(46) Cfr. MARTIN Ruiz. J.F. y otros: art.cit., p. 17, y QUIROS LINARES, F.: op.cit., p. 75.

(47) Véase Salustiano del CAMPO, Análisis de la población de España. Ariel, Barcelona, 1972, pp. 192. Cjr. p. 95.

(48) La información sobre la estructura profesional en los siglos XVI y XVII es casi inexistente; tan sólo se puede obtener algún dato del trabajo de LOBO CABRERA, M.: "El trabajo asalariado en Gran Canaria (1522-1536)". Revista El Museo Canario, XXXVI-XXXVII: 1975-1976. Las Palmas de G. Canaria, pp. 37-62, asimismo publicado en el Tomo III de esta Historia General (pp. 139-154) e intitulado “El trabajo asalariado en Gran Canaria hasta 1536”.

(49) JIMENEZ DE GREGORIO, F.: “La población de las Islas Canarias en la
segunda mitad del siglo XVIII”, A.E.A., Madrid-Las Palmas (1968), Nº 14, pp.
127-175.

( 5 0 ) V i d , M A R T I N RUIZ J. F. y otros: “Estructura demográfica de Las
Palmas...”,


( 5 1 ) Sólo el 1 5 % de estos nulos estaban escolarizados en 1900, lo cual da idea del deficiente y bajísimo nivel de desarrollo de Canarias. Pero de los 12 a los 19 años sólo el 5’7% permanecía asistiendo a clases; únicamente el 1’2% de ellos recibía enseñanza de 2ª clase, de facultad y carreras especiales.