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jueves, 30 de enero de 2014

ACHIMENCEYATO DE AGUAHUCO: CASTELLANIZADO COMO PUNTA DEL HIDALGO POBRE





 
TOMADO DEL LIBRO: EL MENCEYATO DE TEGUESTE: APUNTES PARA SU HISTORIA


(Capitulo II para esta separata)


Eduardo Pedro García Rodríguez



Monumentos

Monumento natural Los  Dos Hermanos.

Es un  roque natural cuya cúspide esta dividida en dos, y es objetos de una leyenda que es recurrente con ligeras variantes en Europa y en varios países americanos especialmente en aquellos de habla castellana, de las varias versiones que circulan para nuestro roque, hemos seleccionado la adaptación de la escritora Esther Medina”

“Se encontraban como cada día, en la playa de Troche. Era el único lugar donde podían conocerse sin que nada ni nadie pudiese molestarlos. Se miraban, se hablaban con los ojos. Era tan puro aquel amor que se alimentaba de palabras y caricias. Se contaban historias de sus vidas, de cuando eran niños. Una tarde de verano se empezaron a sentir más atraídos que nunca. Sus cuerpos, calientes por el sol y húmedos por el agua salada, se unieron en un beso largo, cálido y cargado de amor y deseo. Se tocaron, se sintieron, nunca se habían atrevido a ir más allá de las caricias. Aquella tarde fue diferente. Sus cuerpos estaban tan unidos que parecían sólo uno. No se sabía dónde empezaba ella y dónde acababa él. Hicieron el amor, se quisieron, se amaron sobre la arena mojada. Terminaron abrazados en silencio, disfrutando de la soledad del lugar. Y fue entonces cuando se contaron una vieja historia que los hizo llorar y desear con todas sus fuerzas no haberse conocido jamás.
Aquella historia cuenta que dos niños, cuando eran pequeños, se quedaron huérfanos, y las familias encargadas de su cuidado le contaron a cada uno que tenía a otro hermano, y que si algún día se encontraban, sabrían de su parentesco uniendo las dos mitades de un pañuelo. Los enamorados, al comprobar que sus pañuelos coincidían, desgarradamente se miraron y se cogieron de las manos. Sintieron tanto sufrimiento que subieron llorando a lo alto del risco y abrazados se lanzaron al vacío, al mar furioso que los esperaba ansiosamente. En ese momento se nubló el cielo y la montaña se dividió en dos.

Desde entonces, desde ese día, aquel lugar es conocido como; Risco de Los Dos Hermanos de La Punta del Hidalgo, que todavía hoy mantienen viva la leyenda de los amantes, que siendo hermanos, decidieron morir juntos antes que vivir separados. (Esther Medina)
Poema a la leyenda de Los Dos Hermanos

                                                 Ay, piedra partida en dos,
Risco de los dos Hermanos!
tragedia oscura que cuentan
los viejos a los muchachos.
Historia de boca en boca;
historia de amor y llanto.
El cayó donde la mar;
Ella, al fondo del barranco.
Un rayo los separó,
para siempre de un zarpazo.
Ellos subieron al monte
pues pronto se enamoraron,
bellos de luz y de noche,
en un beso ya amarrados,
sin saber que eran sus sangres
hijas de un mismo regazo.
La roca después habló
y eso fue comentado,
y hasta el abismo llegó
la noticia de este caso.
Hasta los Roques de Anaga
llegó la voz del picacho
lo supo la playa negra.
No hubo dios que no supiera
este hecho desgraciado.
Así es la historia que cuentan
a los niños los ancianos,
historia que escuché un día
en la Punta del Hidalgo.
¡Hay piedra partida en dos,
Risco de los dos Hermanos!
¡El cayó donde la mar!
¡Ella, al fondo del barranco!

Aguacada  Monumento natural
Aguacada (De *awa-ăkadāw > awakada, m. sing. ‘el peñón, la roca’.)
*-āw > -aø, caída en final absoluto después de vocal larga plena.
1. Tf. Top. Roque en la Punta del Hidalgo. Expr. t.: Guacada. (Ignacio Reyes García)
Mirador de San Mateo
Bajo la Punta del Hidalgo se encuentra este mirador. Los bancos muchas veces están ocupados por lugareños jubilados que echan el rato en este lugar privilegiado y  que explicaran  a los visitantes con gusto, todo lo que puedes ver desde aquí.  


Desde el mirador todo es  inmenso: el mar, las montañas del Parque Natural de Anaga, la Playa del Troche. El colorido de las casas también ayuda a convertir este lugar en un sitio donde sentarte y dejar volar tu imaginación. Desde aquí también se puede contemplar el risco de dos hermanos. Desde aquí nos sentiremos más cerca de la Punta del Hidalgo. Es una de las zonas más bonitas y pintorescas de Tenerife por su contraste con el mar, los escarpados acantilados que desafían al bravo Océano Atlántico y por su llanura costera de origen volcánico.
Actualmente el mirador, cuyas dimensiones y equipamiento son suficientes, se  aprovecha toda la superficie como mirador, mediante unas instalaciones ubicadas en una plataforma elevada a 1,90 metros del rasante de la carretera, lo que permite la visión en cualquier circunstancia y, que permite un aprovechamiento máximo de la instalación, mediante la habilitación de un recinto cerrado y versátil que se encuentra en la parte baja de la plataforma, donde se realizan actividades vinculadas con el mirador.
Camping de Punta del Hidalgo

El cámping municipal de Punta del Hidalgo esta abierto al publico en temporada de verano, últimamente se han llevado a cabo diversas mejoras para prepararlo para recibir a los campistas que, todos los veranos, llenan esta instalación. Funciona desde julio de forma ininterrumpida, hasta el mes septiembre.

El camping municipal se encuentra ubicado en una de las zonas costeras del municipio, Punta del Hidalgo, a 20 metros del mar. Tiene una extensión de 24.000 metros cuadrados, dividida en dos zonas: la superior con 15 parcelas (sólo para tiendas de acampada) y la inferior, con 63 parcelas (para caravanas, autocaravanas y casetas). En total, el recinto tiene una capacidad aproximada para unas 300 personas.

El camping se gestiona directamente por el Ayuntamiento de La Laguna,  a través de la Concejalía de Servicios Municipales. Está abierto al público durante todos los fines de semana, puentes y, ya diariamente, en los meses de verano.

El camping complementa la oferta turística de Punta del Hidalgo, junto a otros atractivos de esta localidad lagunera como puedan ser el Charco del Arenisco, el paseo marítimo o los senderos hacia el Parque Rural de Anaga.
Faro de Punta del Hidalgo
Su arquitectura es modernista y difícil de describir: posee una torre blanca, de estructura compacta, con varios prismas menores anexados. Data del año 1992, su foco se encuentra situado a 52 metros de altura y su alcance es de 16 millas náuticas (próximo a los 30 kilómetros). Llegaremos a su emplazamiento circulando por la carretera TF – 13, procedente de San Cristóbal de La Laguna, atravesaremos las localidades de Tejina y Bajamar, llegando a al altura del kilómetro 18; bajaremos por el campo de fútbol y tomaremos una pista de tierra, conocida como el Camino de la Costa, hacia la Iglesia de San Juanito. No está amurado, pero si están cerrados sus accesos interiores. Posición: N 28º 34.588´- W 016º 19.726´.
Punta del Hidalgo, tierra de grandes folkloristas
Es la localidad de nacimiento de Sebastián Ramos, "el puntero", exponente de la música tradicional canaria.

Olga Ramos


Es una destacada interprete del folklore y canción canaria nacida en 1932 en Punta del Hidalgo, siendo hija del, también intérprete de folclore, Manuel Ramos, y sobrina de Sebastián Ramos “El Puntero”. Precisamente es su familia quien la alienta a iniciarse en el mundo   musical. Sobresaliente  interprete del Arrorró, siendo la de Olga Ramos una de las más conocidas interpretaciones de esta nana canaria.  Formó parte de la Masa Coral Tinerfeña, de la Agrupación Folklorica Real Hespéride y del Cuarteto Acaymo, del que también formaba parte Dacio Ferrera, realizando varias giras   internacionales. Edita dos discos  de larga duración como Olga Ramos y los Zebenzui. Tras la experiencia  con Los Zebezuí continúa actuando, bien en solitario colaborando con distintos artistas canarios, o bien formando parte de proyectos como la Parranda de Cantadores. Es madre del cantante José Manuel Ramos.
Con fecha 3 de enero de 2012, el Cabildo de Tenerife propone la candidatura  de Olga Ramos a los Premios Canarias 2012 en la modalidad de de Cultura Popular.

El acuerdo fue tomado por unanimidad en la sesión plenaria, celebrada bajo la presidencia de su titular, Ricardo Melchior.

El Cabildo considera que Olga Ramos se hace merecedora a ese reconocimiento “por su amplia trayectoria en la música popular, caracterizada por la una actitud de modestia pero con un estilo propio y una calidad incontestable que la convierten en espejo para nuevas generaciones”.

Olga Ramos lleva toda su vida haciendo música popular y pertenece a la familia Ramos, con una amplia trayectoria en el folclore canario, donde desde su más tierna infancia adquirió un estilo heredado de su padre, Manuel Ramos, y sobre todo de su tío, Sebastián Ramos, conocido como “El Puntero”.

Es considerada como ejemplo de humildad y de constancia, que ha sabido transmitir a sus hijos. Precisamente en 2012, año en el que se entrega esta nueva edición de los Premios Canarias, esta dama de la canción popular cumplirá 80 años y continúa en activo.

Chago Melian


Cantante, profundo conocedor de la cultura guanche y sobresaliente artista plástico.
CHAGO MELIAN

Nacido en “Punta del Hidalgo, Tenerife, lugar que sin duda ha inspirado algunos de los temas más vendidos de su producción discográfica. Es sin lugar a dudas uno de los mejores solistas canarios de todos los tiempos.
Ganó en 1979 la final del programa de TVE “Gente Joven”, compartiendo escenario con su banda de entonces” Aguacada”. Muchas puertas se abrieron entonces a nivel internacional, oportunidades que dieron lugar a grandes éxitos en el exterior, aunque manteniendo siempre su lugar de residencia e inspiración, lugar al que Santiago Melián no renuncia, Tenerife.
Desde el año 1979 hasta ahora ha compartido escenario con grandes de la canción como Juan Pardo, Albano, Dyango, Paloma San Basilio, Los Panchos, Elsa Baeza , Sergio y Estibalíz , Los Tres Reyes , Los Tres Ases, Rocío Durcal, Emilio José, Rosario, Celia Cruz, Oscar D´León etc. etc.
Cuenta en su haber con seis discos de gran calado y éxito contrastado:
Anaga – 1991
Su Canción – 1994
Sentimientos – 2000
Desde el Corazón – 2003
Al Emigrante – 2005
Mis Colores – 2007
Desde el año 94 hasta la actualidad Santiago Melián ha repetido casi anualmente giras en Sudamérica recorriendo países como Argentina, Venezuela, Uruguay, Miami, donde ha ofrecido conciertos multitudinarios, recorriendo las principales ciudades de cada uno de estos ellos.
Siempre presente en todos los grandes eventos que se realizan en Canarias y fuera de ella, valga poner como ejemplo el macro-concierto “Amanecer Latino” en el que alrededor de 200.000 personas corearon sus canciones.
En su afán de crear y mejorar continuamente su trabajo artístico y puesta en escena, creó un gran espectáculo que recorrió todo el Archipiélago, acompañado de su banda en esos momentos “Mirlo Blanco”, “Luna Big Band”, “Miembro de la Orquesta Sinfónica de Tenerife” y  “Coral Mª Auxiliadora de Arafo”, más de 90 personas en escena.
Importantes son sin duda sus numerosas apariciones en Radio y Televisión, y estrechas colaboraciones en discos de otros importantes artistas, como es el caso de Los Sabandeños.
Sin duda el sueño cumplido de este gran intérprete, era el reto de grabar con la Orquesta Sinfónica de Tenerife, una experiencia que solo una voz de gran calidad podía realizar. El éxito de esta grabación rompió todas las previsiones, llegando a alcanzar las 25.000 copias vendidas solo en Canarias y contando con una repercusión nacional y unas cifras de ventas nada despreciable 5.000 discos.
Estamos sin duda ante uno de los intérpretes más importantes de canarias de todos los tiempos. Nos traslada a un mundo lleno de sentimientos y color, que como el mismo dice: “Yo cuando pinto canto y cuando canto pinto. (Tomado de la página oficial de Chago Melian)



Los Sabandeños


Se trata del grupo de folklore canario más famoso y de más calidad en la historia de la Isla, siendo además el grupo canario más reconocido a nivel internacional. Así pues, si bien no todos sus componentes son naturales del municipio, es preciso citarlos dentro de este apartado, en la medida que comenzaron su actividad en la localidad de Punta del Hidalgo, en donde hoy hay una escultura que lo reafirma. Comenzaron su actividad en 1966, teniendo una prolífica carrera en donde han grabado más de 50 discos y han tocado tanto en el Archipiélago como en otros puntos de la geografía nacional, realizado además exitosos conciertos en Bélgica, Italia, Portugal, Estados Unidos, México, República Dominicana, Puerto Rico, Cuba, Venezuela, Brasil, Uruguay, Argentina, Colombia. Sus discos, con más de 2.000.000 de copias vendidas, han sido editados en muchos de estos países, además de Japón.

Su primera etapa discográfica en Columbia incluyó hasta 1983 un total de 17 discos de larga duración, de los que destacaron los tres volúmenes de Antología de Folklore Canario, La Cantata del Mencey Loco, de gran impacto sociocultural, Seguidillas del Salinero, Misa Sabandeña, Sentencias del Tata Viejo, Guanche, Cantos Canarios, La Rebelión de los Gomeros, Canarios en la Independencia de Latinoamérica.
Tras la aparición en años sucesivos de seis nuevos trabajos en el sello discográfico canario Manzana, Los Sabandeños inician en 1990 una etapa que aborda más de lleno el género bolero y que se traduce en la grabación, en el sello Zafiro, de tres trabajos discográficos de gran repercusión: A la luz de la luna, Íntimamente, y Amor y Carnaval.
En su última etapa discográfica, de nuevo con Manzana, Producciones Discográficas, aparecen proyectos monográficos de gran éxito, que reúnen todos los estilos que el grupo ha cultivado a lo largo de su trayectoria musical. Trabajos como Canario, Atlántida, Bolero, Mar, Gardel, o 19 nombres de mujer han llegado a ser Doble Disco de Oro y Platino y han contado con colaboradores de la talla de Alfredo Kraus, Eduardo Falú, Daniel Viglietti, Mario Benedetti, Francisco Rabal, Olga Guillot, Silvio Rodríguez, Alberto Cortez, Soledad Bravo, Luis Eduardo Aute, Mercedes Sosa, entre otros.
En 1995, El País-Aguilar edita su biografía “Los Sabandeños: El Canto de las Afortunadas”. También en ese año son propuestos para el Premio Príncipe de Asturias de las Artes, con masivo apoyo popular e institucional.

A lo largo de su historia han participado en numerosos festivales, conciertos y recitales de gran renombre, tanto en el ámbito nacional como en aquellos países que han visitado. Cabe citar su memorable participación en el Festival de Cosquín, (Córdoba, Argentina), en enero de 1986; en el Amanecer Latino, de la Playa de Las Teresitas, Tenerife; en Festival “Son Latinos”, de Los Cristianos, Tenerife donde actuaron ante más de trescientas mil (300.000) personas, o el efectuado en Miami en mayo de 1995. En febrero de 1996 actúan en El Palau de La Música de Barcelona, que retransmitió TVE y se recogió en un CD llamado 30 Años cantándole al Mundo - Concierto del Palau. Más recientemente, ofrecieron un concierto la Expo’98 de Lisboa y participaron en el Festival Internacional de Boleros “Beny Moré”, en La Habana y Cienfuegos, Cuba; o los efectuados en Cartagena de Indias, Colombia en el año 2.005 con motivo del hermanamiento de dicha Ciudad con la de San Cristóbal de La Laguna.

Los Sabandeños continúan hoy mirando al futuro. Durante los años 2007 y 2008 se han sucedido las giras y conciertos multitudinarios, en diversas ciudades, tanto en la península ibérica, en otros países (como Chile) y, como no, en Canarias. Caben destacar el concierto ofrecido en la Expo de Zaragoza (agosto de 2008), al que acudieron unas 15.000 personas. También han editado varios trabajos discográficos que recogen lo mejor de su repertorio en estos más de 40 años. El disco de 2008, "Personajes" es un homenaje a varios personajes de diversos países, en el que se incluyen colaboraciones con músicos como Caco Senante, Pedro Guerra, Carlos Aguirre, etc.
El 2009 editaron "Lo que da la parra" y durante ese mismo año, su disco "Te canto un bolero", en colaboración con María Dolores Pradera, obtuvo una nominación a los Grammy Latinos, en la categoría "Mejor álbum tropical tradicional".
Como proyecto más inmediato, Los Sabandeños se encuentran en proceso de preparación de lo que será su nuevo trabajo discográfico y espectáculo de directo, que tendrá como título "Amoríos"
Como aspecto a destacar, sus integrantes usan como capa la tradicional Manta esperancera, un atuendo de abrigo típico de los campesinos tinerfeños, aunque de origen inglés su confección. Recientemente, una parte del conjunto se ha escindido por distintas desavenencias, para fundar el grupo Atlantes.
Población y equipamientos

La población de Punta del Hidalgo en 2007 ha sido estimada1 en 2.327 habitantes, cifra que representa el 1,61% de la total municipal de La Laguna. En relación a los núcleos individualizados en este trabajo2, Punta del Hidalgo se encuadraría en el grupo de los de menor población, todos entre 2.000 y 3.000 habitantes, y en el que, además, estarían Bajamar, Guamasa, El Rodeo y Los Baldíos.

Las semejanzas entre los núcleos de este grupo, no obstante, son meramente cuantitativas, ya que la distribución de la población en los correspondientes ámbitos territoriales es muy distinta. Así, mientras en La Punta y Bajamar puede hablarse de caseríos suficientemente concentrados (puede definirse un perímetro urbano en cuyo interior la proporción de áreas no urbanizadas es relativamente poco significativa), no ocurre lo mismo en Guamasa y mucho menos en El Rodeo o en Los Baldíos, en los que la edificación aparece excesivamente dispersa en un ámbito territorial extenso. Así, respecto a la superficie de los núcleos delimitados en este trabajo, comprobamos que la densidad bruta de Punta del Hidalgo es de 34 hab/Ha, relativamente similar a la de Bajamar (30 hab/Ha) y muy distante, en cambio, de la de los otros núcleos citados, similares en población pero de mucho más escaso grado de concentración urbanizadora (16, 6 y 7 hab/Ha para Guamasa, El Rodeo y Los Baldíos, respectivamente).

Evolución demográfica. La población de Punta del Hidalgo ha mantenido un crecimiento sostenido desde mediados del siglo XIX (primeros datos disponibles) hasta la fecha.

Hasta la década de los setenta, la tasa anual se mantenía en cifras bajas (en torno al 0,5%); durante los setenta y los ochenta se aprecia un incremento significativo del índice anual, con un valor medio en torno al 1,1%, de forma que, hacia finales de los ochenta el núcleo alcanza un máximo demográfico (sobre los 2.100 habitantes). La década de los noventa, sin embargo, supuso un ligero retroceso poblacional, si bien los márgenes son tan pequeños que, dada la relativa fiabilidad de los datos, mejor sería calificar el periodo como de estancamiento. En los años transcurridos de este siglo se ha
producido un repunte del crecimiento, intensificándose en los últimos años; así, la tasa media interanual del último trienio es del 3,23%. Este ritmo de crecimiento reciente es muy alto y sensiblemente superior no sólo a la media municipal del último trienio (1,68%), sino incluso a la del conjunto insular (2,10%). En todo caso, la pequeña dimensión demográfica del núcleo impide que de estas cifras se obtengan conclusiones relevantes y mucho menos se proyecten tendencias fiables de evolución futura.

Características de la población.

Las principales notas caracterizadoras de la población de Punta del Hidalgo son las siguientes:

a) Una estructura de edades propia de las sociedades occidentales, donde predomina una base pequeña resultado de los bajos niveles de natalidad que se vienen arrastrando hace dos décadas, y un segmento de habitantes envejecidos que se incrementa paulatinamente resultado del descenso de la tasa de mortalidad. En este sentido, hay que tener presente que esta tendencia se ha visto favorecida por la aportación que suponen los jubilados europeos (alemanes principalmente) que han fijado desde hace décadas su residencia en la zona. Los segmentos de edad cuantitativamente mejor representados son los comprendidos entre los 30 y 49 años, los cuales responden al baby boom habido en España en los años 60. Sin embargo, la situación descrita se ha matizado considerablemente resultado de la aportación de efectivos jóvenes hecha por los inmigrantes en la última década.

b) El análisis de los datos de lugar de nacimiento, muestra que La Punta presenta una alta proporción de población local, ya que el 85% son originarios de Tenerife, frente al 69% y el 80% que son, respectivamente, los valores medios del conjunto insular y del municipio; además, la población nacida en el municipio representa el 58% de la total de Punta del Hidalgo, frente al 44,5% y 32,5%. También es significativo el porcentaje de residentes nacidos en el extranjero (15%), similar, aunque algo inferior, al insular (16,7%) pero bastante superior al municipal (9,53%).

c) La tasa de paro en Punta del Hidalgo se sitúa en torno al 10% de la población activa, valor superior a la media municipal (8,46%). De otra parte, el porcentaje de pensionistas en el núcleo es de los más elevados en el municipio. Por último, la cualificación profesional de los residentes en Punta del Hidalgo ofrece un perfil poco especializado, con un peso significativo de trabajadores de explotaciones agrarias (6,66%) y operarios sin cualificar no agrarios (8,29%).

Los datos de población provienen de la información estadística del Padrón Municipal de Habitantes (INE) desagregados a nivel de sección censal. La población de cada uno de los núcleos se ha estimado sumando la facilitada por el INE para las secciones cuya extensión queda incluida totalmente en el perímetro del núcleo más la parte proporcional de las secciones parcialmente incluidas. La proporcionalidad se ha calculado atendiendo al número de edificaciones de la sección dentro y fuera del núcleo.

Usos y actividades. Equipamientos

Caracterización general

En el núcleo de Punta del Hidalgo, el uso principal y el predominante en todas las zonas es el residencial. La superficie construida con uso residencial representa el 75,80% de la total del núcleo de La Punta, valor bastante más alto de la media municipal (69%). Así pues, es claro que el núcleo tiene un marcado carácter residencial en su conjunto.

Distribución espacial

En el plano adjunto IA.01.PH.12. usos existentes, se puede apreciar la distribución de los usos pormenorizados a lo largo del núcleo. A partir del carácter claramente residencial del núcleo, cabe distinguir una limitada diversidad funcional por las distintas áreas que lo componen:

a) En los núcleos tradicionales de El Carmen, La Hoya y Homicián, la casi totalidad del uso de las edificaciones es residencial, predominando las unifamiliares o bifamiliares (pequeños edificios de dos viviendas, normalmente una en cada planta). En el extremo norte de la Hoya, junto a las piscinas y el inicio del paseo marítimo, hay una cierta concentración de restaurantes.

b) En la zona de Tesesinte se localizan los únicos inmuebles de uso turístico-alojativo, así como también las escasas parcelas de uso dotacional con las que cuenta La Punta.

Los usos residenciales, también mayoritarios, se distribuyen en unifamiliares y colectivos de acuerdo a las tipologías de las distintas promociones que se han ido construyendo; así, hay viviendas unifamiliares en ciudad jardín en el espacio central, mientras que entre las más recientes se cuentan promociones de adosados; de igual forma, los edificios de colectiva más antiguos corresponden a tipologías de bloque abierto y en cambio, entre los más recientes, se observa una configuración de manzana cerrada con espacio libre central.

c) En las edificaciones dispuestas a los márgenes de la TF-13, además de los usos residenciales predominantes, aparecen los escasos usos comerciales del núcleo; se trata de pequeño comercio (alimentación, vestido, calzado, farmacia, etc), para dar servicio a la población local.

d) En los espacios C del núcleo así como en parcelas vacantes, especialmente en el área de La Punta, existen cultivos, lo que muestra la continuidad
del uso agrícola del entorno al interior del núcleo, sobre suelos a la espera de incorporarse efectivamente a la ciudad.

Equipamientos
Los equipamientos y espacios libres de Punta del Hidalgo se concentran casi en su totalidad en el extremo norte del área urbana de Tesesinte. Los equipamientos existentes son principalmente asistenciales, deportivos y educativos, siendo de reciente ejecución la mayoría de ellos, por lo que se encuentran en buen estado de conservación. La distribución de las dotaciones no es en absoluto homogénea, existiendo grandes diferencias entre las distintas áreas del núcleo:

a) Las Piscinas de La Punta junto a su Paseo Marítimo, suponen un reclamo para los habitantes de la comarca y para los turistas de la zona.

b) El barrio de El Carmen sólo cuenta con un pequeño espacio libre junto a la ermita.
c) En La Hoya se encuentra parte del Paseo Marítimo y una pequeña plaza. Cuenta además con el Varadero del Roquete, utilizado para la pesca.

d) En Tesesinte existe una gran concentración de equipamientos y espacios libres sobre todo en este sector norte. Estos son equipamientos deportivos y de esparcimiento (campo de fútbol, polideportivo, skatepark y camping), equipamientos sociales y asistenciales (centro sociocultural, centro tercera edad y consultorio) y equipamientos educativos (colegio público infantil). También se registran en este sector espacios libres de reciente creación. En la urbanización original destaca la Piscina de La Punta y la Avenida Marítima, a las que están vinculados tanto hoteles y apartamentos, como restaurantes y comercios.

e) En el área de La Punta sólo se puede contabilizar la Iglesia de San Mateo y la plaza vinculada a la misma, situadas en el comienzo de esta área en su extremo oeste, así como una pequeña plaza al final de la carretera. En esta plaza se sitúa una oficina de información turística.

f) El Homicián carece totalmente de equipamientos y espacios libres.

Imagenes:
Fuente en Los Batanes
Monumento a Sebastián Ramos “El Puntero”. Fotografía de: Galomp
Olga Ramos y su hijo José Manuel Ramos, imagen tomada de BienMesabe.
Los Sabandeños en La Punta, al fondo El Roque Dos Hermanos.





















lunes, 30 de diciembre de 2013

ACHIMENCEYATO DE AGUAHUCO-I




CASTELLANIZADO COMO  PUNTA DEL HIDALGO POBRE

TOMADO DEL LIBRO: EL MENCEYATO DE TEGUESTE:
APUNTES PARA SU HISTORIA

Capitulo I-I
 
(para esta separata)


 
Eduardo Pedro García Rodríguez
 

  Aguahuco (Punta del Hidalgo)

Gentilicio: puntero/as
Es una localidad costera de la isla perteneciente al Menceyato de Tegueste, es el extremo de tierra más adentrado en el mar de toda la isla Chinech (Tenerife).
En la época precolonial fue un señorío independiente de los demás excepto con el de Tegueste con el que mantenía cierta dependencia, posiblemente por relaciones de parentesco.
La relación histórica documental de este Achimenceyato trasmitida por las crónicas e historiadores es ciertamente limitada, casi siempre basada más en leyendas y tradiciones que en hechos históricos contrastados.
El primer Achimencey de la zona fue Aguahuco, hijo de una mujer cucaha  de Tinerfe el Grande y que fue administrador de este territorio por designio de su padre. Según cronistas de la época, Zebenzuí, hijo del primer Achimencey, fue el señor de Adaar en tiempos de la invasión y conquista española. De su actuación en la defensa de la isla, hay testimonios de los documentos que narran la historia de la conquista de Chinech (Tenerife) como consecuencia de su participación activa en las batallas que protagonizó junto a Benchomo, Tinguaro, Acaymo  como Sigoñe (Capitán) de Tegueste II.
Se distinguió especialmente en la batalla de La Matanza de Acentejo y de forma notoria en la de Las Pañuelas en Tegueste.
Posiblemente el nombre guanche del Achimenceyato fuese Adaar, siendo conocido después por los invasores por el patronímico de su  regente.
Entre las tradiciones recogidas por los historiadores figura esta sugerente narración:
“Desde los tiempos de Alonso Fernández de Lugo, Zebenzuí fue perseguido y marginado debido a sus “pillajes y robos de ganado a los conquistadores”, que empleaba en alimentar a su pueblo, recluido en el cerco de aislamiento dictado por el Adelantado, en la Cordillera de Anaga, y que pasaron a la historia como los “insumisos de Anaga”.
De estas leyendas quizás la más asumida se la recogida por  el criollo,  clérigo católico e historiador José de Viera y Clavijo, quien  nos legó el siguiente relato en torno a la figura de  Sebenzui:
“Además de los nueve hijos legítimos que dejó el Gran Tinerfe, tuvo otro bastardo que se llamó Aguahuco; éste no tomó para si el titulo de mencey, como los otros, sino el de achimencey, que es decir el ‘hidalgo pobre’, contentándose con un pequeño territorio situado a la parte del Norte de la isla que todavía retiene el nombre de Punta del Hidalgo.
Zebenzui su hijo, fue un bárbaro ilustre que llevó el heroísmo de la simple naturaleza hasta un punto excesivo. Sirvióle el valor de mejor patrimonio que el que había heredado, pues, pagados los reyes sus pa­rientes de las acciones atrevidas que ejecutaba, solían regalarlo a compe­tencia, especialmente Beneharo de Anaga, que apreciaba los hechos en que tenía parte la osadía. Pero los vasallos de estos mismos príncipes que le admiraban habían concebido un odio mortal contra Zebensuí, al experimentar que les tiranizaba sus familias y les robaba sus ganados.
Ya estos pobres pastores estaban cansados de murmurar en secreto de aquellas opresiones, cuando penetrados de su amargura se presentaron algunos en el tagóror del rey Benchomo de Taoro, implorando su pode­rosa protección a favor de sus cabañas y sus crías. Benchomo, sintiendo estos excesos de un deudo a quien era preciso contener sin deshonrarle, tomó una resolución que nos pone de manifiesto su carácter, dándonos una idea de la agradable simplicidad de aquellos hombres.
Cierto día muy de mañana salió de su palacio de Taoro solo y como de incógnito y, llegando repentinamente a la cueva de Zebensuí, le halló acabando de comer un cabritillo que él mismo había asado por sus ma­nos. La inopinada visita de semejante personaje no pudo menos de tur­bar al Hidalgo Pobre, pero se aumentó su sorpresa cuando oyó de la boca del mencey las más severas reprensiones sobre su violenta conduc­ta. “Yo, Quebehi (respondió el Hidalgo), me siento tan fuera de mí al ver la honra que me haces entrándote en este pobre albergue y al oír tus reconvenciones, que no sé qué me haga. ¿Llevarás a bien que salga a buscar alguna cosa para prepararte la comida?” Benchomo, detenién­dole entonces por el brazo y fijando en él unos ojos llenos de fuego y de majestad, le dijo así: “Detente, Zebensui, y no pienses darme de comer de lo ajeno. Ten juicio y advierte que el príncipe no puede sus­tentarse de la sangre de los vasallos infelices, a quienes debe mirar siem­pre con entrañas de padre. Dame gofio y agua, y éste será para mi el banquete más delicioso”.
Zebensui le presentó el gofio y el agua (sin sal, porque no la tenía) y, habiéndolo amasado Benchomo, empezó a comerlo diciendo: “Primo Zebensui, ¡oh, si tú conocieses cuán sabroso es este manjar, cuando está amasado con unas manos limpias y se come sin humedecerlo en lágri­mas de los pobres! Los tiernos cabritillos, los gruesos recentales, cocidos en leche, pero arrancados con injusticia y execración del calor de las madres y del seno de los pastores indefensos, sin hacerte más rico, te harán a la verdad muy abominable y digno de todas mis iras”.
Estas últimas palabras ya las pronunció el rey estando en la misma puerta de la gruta y, habiéndose salido al instante, marchó a paso redo­blado para Taoro, por una senda irregular. Zebensuí, que había quedado atónito y como petrificado de este suceso, volvió tan tarde en sí que, cuando quiso seguirle para echarse a sus pies, no pudo alcanzarle, por más que llegó hasta Tegueste. Refirió al rey de este país cuánto acababa de sucederle con Benchomo y le suplicó fuese su mediador para deseno­jarle y saliese por fiador de su arrepentimiento. Tegueste no sólo le dio la palabra, sino que le hizo mayoral de todos sus ganados, que eran tan numerosos, que los guardaban cien pastores.” (Viera y Clavijo)
Aspectos arqueológicos en torno al Achimenceyato
El Achimenceyato de Aguahuco es extraordinariamente rico en vestigios arqueológicos de la ancestral cultura guanche, destacando sobre manera los yacimientos de grabados rupestres, cazoletas y canalillos usados por nuestros ancestros en rituales de petición de lluvias, culto a la fertilidad humana y animal así como en acciones de gracias dirigidas a las Divinidades.
“La Historia antigua de Tenerife ha estado amparada en diversos paradigmas.
De ellos destacan particularmente los difusionistas, evolucionistas unilineales y empiristas, reforzados con la aportación raciológica de la antropología física tradicional.
 Estas perspectivas coincidieron en determinar la existencia de una cultura arcaizante, reiterativa y frugal en sus manifestaciones socioculturales, privando a la cultura indígena de las variables evolutivas secuenciales que entrañaban su desarrollo, al considerarse el estatismo de su trayectoria sociohistórica y, por consiguiente, la carencia de dinamismo.
 La cultura guanche se contemplaba materialmente fosilizada, a tenor de las escasas innovaciones de un registro ergológico repetitivo, poco sustancioso y, a la par, carente de monumentalidad.
La articulación sustantiva del marco teórico enunciado influenció, de forma muy particular, las manifestaciones rupestres, que fueron obviadas y, en ocasiones, desestimadas, por considerar que una cultura con un grado de desarrollo semejante no podía contar con este tipo de representaciones. Por lo tanto, no existía la necesidad de buscar lo que se suponía no podía existir. Es un hecho palpable que, con la excepción de la presunta inscrip­ción de Anaga poco más sustancioso se encuentra en la bibliografía arqueo­lógica de Tenerife hasta los años ochenta del presente siglo (Siglo xx).
No deja de ser significativo que el establecimiento de comparaciones con las culturas de La Palma, El Hierro o Gran Canaria, reafirmase la correspondencia entre la aparente ausencia de estaciones rupestres en Tenerife y el pretendido bagaje cultural de sus antiguos habitantes. Lo que no parecía obvio para las islas citadas, cuyo ambiente rupestre era mucho más conocido y a las que, en cierta medida, se atribuía un grado más avanzado de evolución sociocultural.
 Además, las analogías etnográficas expresadas desde el evolucionismo unilineal y su paralelismo con prácticas de la sociedad rural tradicional de Tenerife, de cara a la confirmación presencial del modo de vida rústico y pastoril de las sociedades actuales respecto al mundo “guanchinesco”, determinaron pervivencias culturales que reforzaban la unidireccionalidad del hombre y la cultura en el pasado arqueológico y en el presente etno­gráfico.
En este marco de referencia teórico y conceptual pueden articularse y resumirse tanto el armazón crono-contextual heredado, como sus expli­caciones sustanciales. De esta forma, las representaciones rupestres indí­genas podían trasladarse a un ambiente subacrual tildadas de queseras (lugares presumiblemente utilizados para realizar quesos), garabatos de niños y mayores, pasatiempos, y marcas de pastores practicadas con cu­chillos, que se afilarían utilizando las rocas próximas a los supuestos para­deros pastoriles, cuya utilización habría pervivido desde época prehispánica.
 La descontextualización de la arqueología tinerfeña, carente —en esos momentos— de bases científicas innovadoras en la teoría general del conocimiento humano, promovieron la visión de los petroglifos como inscripciones etnográficas o de la postconquista europea, descartándose su validación prehistórica. Y —con posterioridad— deteniendo el reloj extenso de la cultura en un único segmento de su devenir: el prehispánico.
 Por todo ello, fue en los años ochenta de la presente centuria cuando algunos aficionados y arqueólogos profesionales comunicaron y publicaron el descubrimiento de estaciones rupestres en lugares concretos de Tenerife. No obstante, a tenor de los criterios teóricos y metodológicos heredados, así como razones de localización y accesibilidad, fueron los motivos figu­rativos de las estaciones de Santa María del Mar y Aripe, los que merecieron la atención de las publicaciones en revistas especializadas o en las páginas de los periódicos locales.
 Se trataba de motivos que llamaban la atención (barcos europeos bajo medievales) y permitían el establecimiento de analogías cognoscibles (gue­rreros líbicos, caballos, cápridos,...), relacionadas —en parte— con el he­terogéneo horizonte cultural norteafricano o con la etapa inicial de la conquista. Mientras, los grabados líbico-bereberes saltaban a las páginas de los noticieros con apreciaciones descriptivas comparadas.
 La unicidad de estos hallazgos provocó discrepancias respecto a su adscripción sociocultural entre algunos investigadores, que les adjudicaban parentescos totalmente ajenos a los guanches. Por contra, la amplia temática geométrica representada en esas y otras estaciones rupestres de la isla, no mereció la atención debida por la recurrencia del marco teórico heredado del evolucionismo unidireccional y la imposibilidad de establecer compa­raciones interculturales con motivos tan universales y “sencillos”, como es el caso de los cruciformes, los trazos lineales y los reticulados.
 Además, el mimetismo interinsular vía La Palma hacía posible la acep­tación o patente antigüedad de las técnicas de piqueteado frente al concurso de las incisiones, aparentemente más modernas. Se sobreentendía, así, el criterio de antigüedad/modernidad en función de las técnicas de realización, dada la imposibilidad de datar con cronología absoluta los paneles objeto de curiosidad. En cualquier caso, el piqueteado no solía prodigarse en los sitios arqueológicos tinerfeños, lo que reforzaba las opiniones dominantes.
  Para los más entusiastas, el rescate puntual mencionado posibilitó el advenimiento de motivos hasta entonces desconocidos para la mayoría del mundo arqueológico, celebrándose la incorporación de Tenerife a elemen­tos culturales como la escritura líbica o la figuración zoomorfa, antropomorfa y de embarcaciones, en consonancia con lo ocurrido en otras islas del Archipiélago Canario.
 Si los signos alfabéticos indígenas y las representaciones humanas y animales dejaron de permanecer tras una perceptible cortina de olvido, el hallazgo de lugares asociados al culto religioso pretérito se consideraba, mayormente, privativo de la cultura de Gran Canaria, objeto de una com­plejidad sociocultural más tangible en sus repertorios ergológicos y monu­mentales. O lo que es igual, el primitivismo prehistórico de Tenerife difí­cilmente podría acceder a la elaboración de recintos culturales, tallados en la roca, para unas actividades que el empirismo al uso no le concedía ni reconocía a través del registro de su cultura material. El tiempo y los hallazgos se han encargado de desmentir tal aserto.
 A continuación trataremos la problemática de los soportes, las técnicas de ejecución, la temática representada, el encuadre cronológico, la pátina y la liquenología, la seriación, sistematización y periodización, la adscripción sociocultural, y las analogías comparadas. Por último, se recoge una síntesis con las principales conclusiones, y la bibliografía.
  Tipo de soporte y localización
Los soportes donde se encuentran las expresiones rupestres de Tenerife son fundamentalmente pétreos y están ubicados en las proximidades de emplazamientos prominentes, elevados, y dotados de cierto aislamiento y segregación espacial, como montañas, roques y pitones. En algunas oca­siones, pueden estar situados sobre coladas volcánicas superficiales de diversa extensión, mientras en otros casos existen rocas individualizadas de variado volumen.
En cuanto a su naturaleza geológica, a un nivel más concreto, podemos hablar de soportes basálticos en los que destacan los materiales fonolíticos, augítico-olivínicos y los paquetes de toba volcánica. A veces, en estos contextos tobáceos coinciden las manifestaciones rupestres con canalillos, cazoletas y orificios tallados en la roca, de configuración morfotécnica similar, aunque con una menor extensión, a los recintos que en Gran Canaria reciben la denominación genérica de “almogaren”.” (José Juan Jiménez González, 1996).
Los trabajos de investigación sobre los mismos llevados a cabo por científicos de la Universidad de La Laguna y del Museo de la naturaleza y el hombre del Cabildo de Tenerife son cuantiosos, por ello, no vamos a incidir en los mismos, nos limitaremos a señalar brevemente algunos particulares, extractados de un  interesante trabajo publicado por el investigador de la Universidad de La Laguna don José Perera López:
“El presente trabajo es fruto del descubrimiento casual de una estación de grabados rupestres por parte de Moisés González Pérez que nos comunicó el hallazgo y Pablo Vinuesa Fleischmann. Más tarde, Rubén Marünez Carmona localizó otra estación a cierta distancia de la primera. Nuestra labor, por tanto, ha consistido en el estudio de los grabados y su contexto, ayudándonos a ello Benito Darías Delgado
  Dado el expolio sistemático de que han sido y son objeto los yacimientos precoloniales canarios, preferimos, como medida de seguridad, no dar la localización exacta del enclave. La dificultad de acceso y su desconocimiento han sido los factores que han posibilitado la conservación de la localidad y no quisiéramos que por nuestra causa tuviésemos que lamentar el deterioro de ésta.
  …el yacimiento puede subdividirse en tres grupos: dos estaciones de grabados y una de restos de construcciones. Por su localización relativa hemos denominado a las primeras “estación occidental” y “estación oriental”; de ellas, la occidental es la más importante ateniéndonos al número y variedad de grabados. Respecto a las construcciones, nos limitamos a hacer un croquis y una descripción de las mismas. Su posible carácter aborigen plantea serias dudas y sería necesario un trabajo de investigación más profundo que excede a nuestras posibilidades.
  Localización del yacimiento
El conjunto arqueológico estudiado se halla enclavado en un pequeño rellano deno­minado " La Pedrera ", situado en la cara Norte de un roque que se localiza en la zona costera de Tenerife. Se trata de un paisaje extremadamente abrupto, en el que alternan profundos barrancos con escarpadas montañas. Así, aunque el yacimiento se encuen­tra a 175 metros sobre el nivel del mar, se halla a pocas decenas de metros del mismo en línea recta, pudiéndose decir que está en el borde de un acantilado marino.
 
Hemos contabilizado un total de 22 figuras que, tipológicamente, dividimos en 6 categorías. Éstas van desde los antropomorfos hasta los abstractos pasando, posible­mente, por los zoomorfos.
La ordenación de los grabados no parece seguir un orden prefijado salvo en el caso de los antropomorfos femeninos que presentan una aparente alineación en sentido Este-Oeste.
 Finalmente, cabe señalar que aunque estudiamos 22 figuras, los grabados presentes en la estación podrían superar este número; el problema está en que existe toda una serie de formas en las que es muy difícil determinar si nos encontramos ante grabados o simples rehundimientos naturales. Por esta razón, hemos preferido ser conservado­res y analizar solamente aquello que parece claramente ser una creación humana.
Grupo de los antropomorfos femeninos
Englobamos en este apartado cuatro grabados más o menos acabados cuyo denomi­nador general parecen ser la representación esquemática de mujeres embarazadas.
Curiosamente dan la impresión de que se encuentran orientadas en dirección Este, punto cardinal hacia el que apuntan las "cabezas", y alineadas en “fila india” también en sentido Oeste-Este. Son las figuras más llamativas del conjunto, especialmente por el tamaño que alcanzan.
1.- Grabado en el que se ha excavado un surco continuo mediante picado y sin abrasionar; el canal conseguido se estrangula en su extremo oriental a modo de “8”, dejando aisladas dos "islas" de roca con formas toscamente elípticas y de dimensiones desigua­les: la oriental, a la que denominaremos "cabeza", considerablemente más pequeña que la occidental, a la que denominamos “torso y vientre”. En los extremos occidenta­les de las “islas” hay sendas penetraciones del surco que se orienta en dirección más o menos Oeste-Este; a la que aparece en la “cabeza” llamaremos “boca” y a la que se inserta en el “vientre” denominaremos “vagina”.
Las dimensiones de la figura así formada son de unos 59 centímetros de distancia re los puntos más distantes, es decir, del vientre a la cabeza. Esta medida se puede componer en unos 41 centímetros que alcanza el conjunto vientre-torso, unos 14 centímetros la cabeza y los 3,5 del “cuello”. En cuanto al ancho del grabado, el timo se alcanza en el torso con 28,8 centímetros , la cabeza posee 12,3 centímetros anchura mayor y el cuello en torno a los 7 centímetros . La anchura del surco varía; alrededor de los 1 -2 centímetros . La boca tiene unas dimensiones que van desde los 2,5 largo a los 1- 2 centímetros de ancho. La vagina tiene una longitud mayor de 3,5 centímetros y un ancho mínimo de 0,3 centímetros hasta 1,5 centímetros de abertura (tima. En general la profundidad del surco se mantiene constante en toda la figura, alcanzando un valor medio de 1,5 centímetros . Fijar la orientación del grabado resulta tanto subjetivo; si tomamos la cabeza como vértice de flecha respecto al resto del cuerpo la dirección que nos indicaría sería más o menos Oeste-Este. También hay que tener en cuenta que la plancha de tosca sobre la que se inserta la figura está inclinada hacia el Oeste, de tal manera que la cabeza queda realzada respecto al resto del motivo. El estado de conservación es bueno y no parece que hubiese intención por parte de autores de completar el esquema con la realización de “brazos” y “piernas”. (José Perera López, 1992).
Cueva Las Goteras situada en la localidad de Punta Hidalgo, cueva sepulcra1 colectiva: hallazgo de cráneos. (Diego Cuscoy, L. 1968)     
Un reciente hallazgo del incansable “pateador” e inquieto  investigador de nuestra orografía Javier Miranda ha aportado un nuevo elemento arqueológico a la extensa nómina de yacimientos existentes en el Achimenceyato de Aguahuco o La Punta del Hidalgo, dicho yacimiento a sido dado a conocer mediante la prensa local, en un articulo firmado por Blanca Salazar el 27 de enero de 2011.
Dicho yacimiento esta compuesto por un Santuario guanche compuesto entre otros elemento de un falo rocoso, de metro y medio de altura, situado el centro ceremonial guanche descubierto por Javier Miranda gracias a la tradición oral, se encuentran cerca de Punta del Hidalgo, el falo esta asociado a canalillos y cazoletas, además de un grabado rupestre que parece ser un reloj solar.
El yacimiento está enclavado en un lugar identificado a través de la tradición oral como Cuevas Encantadas, en el barranco de las Cuevas Ciegas. El entorno natural que le pone marco es de por sí espectacular, por el abrupto y bello paisaje y por las enormes paredes verticales que conforman el escarpado barranco que rodea a este centro vinculado a rituales ancestrales. Javier enfatiza también que las cuevas tienen unas formas realmente llamativas y que dada su altura y estratégica ubicación, desde ellas hay unas vistas sublimes del barranco y del amplio cielo que las custodia.
Aunque lo que más destaca del lugar es “su impresionante sonoridad”. “La acústica es casi sobrenatural”, según narra su descubridor.  De hecho fue ese impactante efecto sonoro lo que perduró a través de los siglos a través de la tradición oral hasta llegar a oídos de Javier Miranda. Y fue su gran interés sobre los litófonos guanches lo que le guió hasta el citado yacimiento.
Nos dice Javier Hernández: “Un amigo me contó hace tiempo que su abuelo, que había fallecido hacía 15 años, a su vez contaba que sus abuelos de jóvenes tenían costumbre de ir ciertos días del año a un lugar cercano a Punta del Hidalgo para tocar con unas lajas” en una zona de cuevas de gran sonoridad. Añade que ese longevo señor también decía “que sus abuelos descendían de los guanches”,  “hacía las cuentas en guanche”. 
Este anciano analfabeto de la cultura europea, prosigue Javier, dominaba el sistema numérico norteafricano, que gira en torno a términos como Arba (número cuatro), Versaras, Citara o Guasiriguay.
Pero para su satisfacción y la de sus acompañantes, se topó con otros vestigios precolonial relevantes. Cita entre ellos huecos en una pared de roca “que por dentro de la cueva tienen forma circular y por fuera tienen forma rectangular, algo muy complejo de hacer que tiene que ser obra de un tallador, aunque algunos siempre han querido contar que los guanches sólo eran unos salvajes que cuidaban cabras”. Cita también una piedra circular con un hueco al centro y hendiduras radiales que bien podría ser un reloj solar, ya que se asemeja a otros relojes guanches catalogados en Tenerife (alguno de los cuales permaneció en uso hasta hace apenas un siglo). Así como “una media luna excavada en el suelo”. (Blanca Salazar, 2011).
Territorio, actuales núcleos poblaciones pertenecientes al Achimenceyato de Aguahuco.


Los Batanes
 
Según no indica el historiador Ángel Ignacio Eff-Darwich Peña en su libro 500 años de historia del pago de Los Batanes:
“Para este periodo cronológico no se puede identificar a El Batán como una entidad con carácter propio. Esto solo se hará ostensible acabada la conquista, una vez que tras los repartos hechos entre los conquistadores, se favorezca el asentamiento de un reducido grupo humano  para la explotación de sus recursos.
La documentación de las primeras décadas del siglo XVI reco­ge diferentes topónimos para el actual barranco del Río, dentro de cuyos límites se asienta nuestro pago: Tedex, Tedix, Tedixe, Tedixa o Tedexa. Sin embargo, un análisis detallado de los mismos, pone en   evidencia que todos ellos son corrupciones de una sola palabra aborigen cuyo significado nos es desconocido.  
A la llegada de los invasores españoles, la isla parece haber estado dividida en nueve circunscripciones políticas guanches Menceyatos. Los mismos eran entidades territoriales autónomas, con unos órganos de poder propios y ocupando un espacio geográfico perfectamente delimitado. Su trazado era vertical, acotando varios pisos altitudinales desde la costa hasta la cumbre, lo cual permitía al grupo humano explotar los recursos naturales característicos de cada área.
Todo indica que los bordes entre los diferentes menceyatos es­tuvieron constituidos por diversos accidentes geográficos, entre los cuales ocupan un lugar privilegiado los barrancos. Ahora bien, es importante señalar que dichos límites distan mucho de poderse con­siderar auténticas fronteras tal y como las entendemos en la actuali­dad, ya que su carácter permeable permitía el intercambio de mate­rias primas y conocimientos técnicos entre los diferentes menceyatos, amén de estar abiertas a la movilidad de la población autóctona en determinadas festividades guanches.
Pocos han sido los historiadores que se han interesado en fijar sobre el terreno el trazado de los bordes entre los diferentes menceyatos. Bethencourt Afonso a finales del siglo XIX y Diego Luís Cuscoy en pleno siglo XX, han considerado que el barranco del Río constituía parte del límite que separaba a dos de los mas poderosos menceyatos guanches: Anaga y Tegueste. Ambos dieron un trazado muy similar a dicho borde: arrancando desde la parte oriental de la desembocadura del barranco del Río en la Punta del Hidalgo, subiría por el mismo hasta el monte de Las Mercedes, llegando a San Roque a través del Lomo Largo, siguiendo por el barranco de las Carnicerías hasta La Cuesta. Desde aquí seguiría su curso hasta llegar al mar.
Sin oponerse a esta primera línea de interpretación, diversos autores han señalado la posible existencia de una entidad “política” menor encajada entre los menceyatos de Tegueste y Anaga, dentro de cuyos límites estaría el Barranco del Río: el Achimenceyato de La Punta del Hidalgo. Según Núñez de la Peña, al repartirse los hijos del Gran Tinerfe sus posesiones, Aguahuco, hijo bastardo de este, tuvo en suerte la Punta del Hidalgo, término especialmente pobre a decir del cronista. A la llegada de los conquistadores, Zebenzuí sería el señor del Achimenceyato destacado, no solo por su valor, sino porque “...era grande robador de ganado ageno, que a los de Anaga destruía por estar allí cerca, y a los pastores de los términos comarcanos...”.Poste­riormente, autores como Viera y Clavijo, Sabino Berthelot o Eugenio de Sainte Marie, retomarían las tesis de Núñez de la Peña, asumien­do como cierta la posible existencia de dicha entidad aborigen.
Fue el ya mencionado Juan de Bethencourt Afonso quien, basándose en fuentes orales, es el primero que intenta darle unos lími­tes bien definidos al achimenceyato. Según dicho autor, los mismos serían: “...al Norte con el mar, al Sur las espaldas de los montes de Las Mer­cedes, el Drago, etc.. aguas vertientes; al Este el barranco de las Casas-Ba­jas que lo separa de Valleseco y una región riscosa hasta el valle de Chinamada; al Oeste el barranco de Las Palmas que lo limitaba con Tegueste...”.
Mas recientemente, Hernández Marrero ha hecho notar, siguiendo las datas de repartimiento, la difícil adscripción del área de la Punta del Hidalgo a un menceyato concreto.
Las datas repartidas en el menceyato de Anaga no sobrepasan, en dirección a Tegueste el barranco de Taborno, por otro el límite oriental de este último menceyato desaparece de la documentación en el barranco de Juan Perdomo y la montaña de Tejina. Ello nos deja una amplia zona que abarca desde la Mesa de Tejina hasta la Punta del Hidalgo y desde la costa hasta la cumbre, encajada entre Tegueste y Anaga, cuya adscripción “política” no estaría clara. No es una situación única: Arico, Acentejo, Agache, Higan, Chasna o Geneto son casos similares. Para dicho autor:
“...Estas "regiones intermedias" pudieron haber sido unidades terri­toriales en proceso de segmentación y lo consolidación de un territorio más amplio o menceyato, como el de Anaga, Güimar o Tegueste. Señalando cierta individualidad en el territorio, mostrada por un topónimo común, creemos que éstas no alcanzaron a ser entidades políticas independientes o menceyatos, o por lo menos no lo eran a la llegada de los europeos...”.
En el caso concreto de La Punta del Hidalgo; ¿cuáles serían los límites de esta “región intermedia”?. En la costa, el topónimo Punta del Hidalgo despeja cualquier posible duda sobre su ubicación a estas cotas, constituyendo probablemente el lugar donde se asentaría de manera permanente la población guanche. No ocurre lo mismo a  medida que ascendemos, ya que aparentemente desaparece cualquier referencia al mismo. Reducir los límites del Achimenceyato a  las zonas costeras nos parece absurdo ya que, no solo se opondría frontalmente con lo que llevamos señalado, en cuanto a que las unidades políticas aborígenes se articulan de costa a cumbre, sino que   además mermaría considerablemente las posibilidades de abastecimiento del ganado aborigen, reducido en la práctica a alimentarse de la vegetación costera. Dentro de esta línea de interpretación, creemos que buena parte del barranco del Río, o por lo menos desde su desembocadura hasta el actual área de El Batán, se incluiría dentro de esta “entidad territorial”. Podemos aducir algunos testimonios escri­tos que avalarían tal hipótesis. En un arrendamiento de 1530 se ha­bla explícitamente de dicho barranco como del “...barranco de la Madalena que primero se llamaba de agua del Hidalgo...”. Dicho topónimo se repite en otra documentación contemporánea consulta­da, lo cual podría sugerir su inclusión dentro del Achimenceyato.
En un barranco paralelo al nuestro, denominado por la documentación “barranco del Hidalgo”, Gonzalo de Córdoba se con­cierta en 1537, con Gonzalo González para que este le construya un molino de cubo y rodezno dentro de su propiedad.[1][1] Si estos topónimos posteriores a la conquista reflejaran la realidad territorial guanche anterior, sería evidente que el Achimenceyato se extende­ría, al igual que ocurre con otras entidades territoriales guanches, de costa a cumbre.
 
Continua en la pagina siguiente.
 
GLOSARIO:
Aguahuco (Punta del Hidalgo)
Cuca
Tinerfe
Zebenzuí
Adaar
Chinech (Tenerife)
Benchomo
Tinguaro
Acaymo   
Sigoñe
Anaga
Beneharo
Taoro
Aripe
Almogaren
Arba (número cuatro)
Versaras
Citara
Guasiriguay
Tedex, Tedix, Tedixe, Tedixa o Tedexa
Arico
Acentejo
Agache
Higan
Chasna
Geneto
Güimar
Tegueste
Batanes
 
 
 
Capítulos anteriores:  
 





[1][1] El batán es una maquina destinada a transformar unos tejidos abiertos en otros más tupidos. Funcionaban por la fuerza de una corriente de agua que hace mover una rueda hidraulica, que activa los mazos que posteriormente golpeaban los tejidos hasta compactarlos. Estas máquinas, estuvieron en funcionamiento hasta finales del siglo XIX.