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miércoles, 20 de mayo de 2015

LA IGLESIA DEL PUEBLO GUANCHE (IPG), AL PUEBLO CANARIO, ANTE EL 24 DE MAYO DE 2015




Con motivo de la convocatoria en Canarias de elecciones llamadas autonómicas, para el día 24 de mayo de 2015, la IPG desea dirigirse al pueblo canario para hacer pública su posición al respecto.
            La IPG es una comunidad actual de hombres y mujeres que mantienen sus creencias ancestrales en la Diosa Madre Universal, concretada como CHAXIRAXI en el Archipiélago Canario.
            Nuestra comunidad espiritual apuesta por los valores de la civilización canaria, por la regeneración espiritual, religiosa moral y material de nuestra matria y el mundo, por la vida, la familia, la educación, la dignificación del trabajo, y por la unidad histórica, territorial y social de la Nación Canaria.
            Somos conscientes de la gravísima situación que sufren muchas personas y familias en nuestra tierra, por motivo de un sistema colonial que perdura desde el siglo XV. Ante esa situación  y frente a la convocatoria electoral, observamos la dualidad de orientaciones políticas entre algunos de nuestros hermanos, que apuestan bien por la participación electoral o por la abstención.
            Los primeros argumentan la oportunidad de ir avanzando e ir ocupando representación en algunas de las diversas instituciones municipales, insulares o nacionales, mientras que los segundos afirman que la no participación, el no votar, supone la deslegitimación del régimen colonial.
            La IPG no se mantiene al margen de dicha dualidad, ni rehúye pronunciarse respecto a la misma, pero la posición de la IPG no puede ser beligerante, parcial o divisionista, muy al contrario, animamos a los seguidores de cada una de ambas posturas al respeto, al afecto y a la comprensión del otro.
            Rogamos a nuestra Diosa Madre CHAXIRAXI para que nos ilumine, nos otorgue sabiduría y nos guíe hacia la meta común, que es la abolición de la opresión del pueblo canario y la consecución de su plena liberación.
            Asimismo, confiamos en que la Diosa Madre nos cubra con su manto protector, que nos permita afrontar con éxito las adversidades a las que estamos expuestos.
                                   Faykanato de Chinech, 14 de Mayo de 2015


lunes, 27 de abril de 2015

Gabinete de Crisis (Buzanada)


(Obra en 7 actos, estrenada en Buzanada, 20 de junio de 2010)

(Protagonista principal Benigna, 50 años descuidada y tacaña. Su marido, Cipriano, tiene el sonotone averiado, que no arreglan para no gastar)
Acto 1
(Benigna haciendo cuentas)
Entra La Boba: ¡¡Llegó la crisis!!
BENIGNA: ¿Qué crisis ni coño crisis? La crisis… ¿Quién es esa?
BOBA: No sé. Yo sé que en la venta de Candelaria todo el mundo está hablando de la crisis. Pero yo no sé quién es.
BENIGNA: Será alguna cantante.
BOBA: Puei ser ¿Y es guapa?
BENIGNA: Yo qué sé, pos no te digo que yo no sé quién es.
BOBA: Pos yo pensé que usté la conocía.
BENIGNA: Voy a conocer, voy a conocer, con lo liada que estoy yo voy a conocer a nadie. ¿Te dijeron si es de aquí? Nada, nada, déjame seguir aquí con mis cuentas no me líes con esas mujeres de la tele que esas a mi no me dan nada.
BOBA: Pos adiós, seña Benigna, ya le contaré cuando sepa algo más de esa crisis.
(Benigna sigue con las cuentas. Pos sí, que hay perritas, con esto nos da pa comprar un catre nuevo y hasta pa darnos un viaje. Ves, por no dejar ir al Cipriano a la cantina mira como se ahorra. Y el traje, que se aguante, que igual por las fiestas le compro una camisa, hombre, que la del año pasado todavía está buena. Un catre, ¿pa qué quiero yo un catre? pal uso que uno le da, que asegún te acuestas te levantas ¿pa qué quiero yo otro catre?)

(Se retira. Sale a comprar)

Acto 2

MERYLINDA: Buenos días, seña Benigna. ¿A dónde va tan dispuesta?
BENIGNA: ¿A dónde voy a ir? A la venta. Aquí en este pueblo sólo se va a la venta y a la misa. Una mujer casada, por no decir viuda (en voz baja), como yo, a dónde va a ir.
MERYLINDA: Oh, pues qué sé yo, podría ir a la butig esa nueva que han puesto a ver si hay algo ageitadito para usted, o a pasiar, que usted todavía está bien nueva y más que sea pa que la miren.
BENIGNA. ¡Por Dios! Los diablos te lleven, a quién se le ocurre pensar eso, una mujer casada y respetosa como yo. Dios mío y la Virgen de….
MERYLINDA: Bueno, seña Benigna, no se ponga usted así, que es sólo una broma, que hay que darle alegría a la vida, todo no es trabajar y rezar, que luego llega una crisis de esas y se va todo al garete.
BENIGNA: Pos adiós, me voy a ca` Candelaria a ver si arreglo algo para mi Cipriano.
MERYLINDA: Ya usted ve, eso sí que es importante, al marido hay que tenerlo a bien, más que sea por las penitas del corazón que le quitan a uno de vez en cuando (con malicia).
(Benigna se va, pensando: ¿Quién será esa Cristina, esa Crisanta, qué sé yo, algo de crisig es? ¿Y cómo sabe esa que ya mi Crisanto no me jace nada. Esto lo tengo que arreglar yo)

Acto 3

(Cipriano sentado en un sillón echándose un vaso de vino. Se queja de la crisis, del dinero, de que no oye nada. Como esto siga así vamos a tener que volver a trabajar en las galerías)

CIPRIANO: Ajá ¿y a dónde vienes tú asín, de esas manera? Que pareces un carnero emplumado, yo nunca te había visto de esa manera.
BENIGNA: Pos yo vengo de la butishsh esa que han puesto nueva.
CIPRIANO: Mía tu…
BENIGNA: Pero bueno, te gusta… o no te gusta?
CIPRIANO: Pos más bien no, ¿tú no has oído aquello de que aunque la mona se vista de seda…?
(Benigna sale detrás de él amenazándolo con darle un escobazo por malcriado y se queda rezongando: voy a hablar con el cura, yo no me quedo tan tranquila, vaya a saber si ya Cipriano no se fija en mí por culpa de la crisis esa...)

Acto 4

(Visita del Sr. Cura)

CURA: Buenos días Benigna, la paz esté contigo. ¿Qué te pasa que se te ve algo disgustada?
BENIGNA: Y con usted Padre. Pos sí, estoy disgustada porque tengo una duda y no sé a quién preguntarle.
CURA: Pues fíjate, que si es una duda del alma y yo puedo contestarte estaré gustoso de hacerlo. Ahora, si es una pregunta más banal no sé si estaré al día, porque con estos tiempos que corren…
BENIGNA: Pues Padre, que yo llevo tiempo notando que mi Cipriano no…no…nada. ¿Usted me entiende? Y como me he enterado que hay una tal Cristina, rubia, a saber de dónde vino, que tiene a todos los hombres de este pueblo locos perdidos, yo he pensado que igual es que ya no tiene interés por mí.
CURA: Mujer, pues no sabía nada de esa persona, como ya la gente ha perdido el hábito de confesar y hace días que no voy por la Venta de Candelaria, no estoy al tanto. ¿Y de dónde es? (El cura muestra interés)
BENIGNA: Pues yo no sé, padre, sólo sé que me trae de cabeza.
CURA: Bueno, Benigna, de todas maneras, al esposo hay que quererlo hasta que las muerte os separe y quizá te falte un poquito de geitiito para engatusarlo como cuando se enamoró de ti. Tu entiende que el fuego hay que tenerlo siempre encendido porque sinó… ya tu sabes. El huerto siempre tiene que estar regadito.
BENIGNA: Pues será eso Padre, habrá que volver a entonarse una un poco. Muchas gracias Padre y a ver si la Virgen de… me da un poco de luz para arreglar las cosas.
CURA: De acuerdo Benigna, aunque yo te sugiero que no te advoques a la Virgen para esa obra, que al fin y al cabo…hay que guardar un poco de recato. Si puede ser a otro ser celestial pues mejor. Nada, queda en paz y ya nos vemos.

BENIGNA. Gracias Padre, gracias por su bendito consejo.

Acto 5

(Benigna en su patio trastiando, otra vez bien arreglada y entran Boba y Merylinda. Benigna no les da mucha importancia y sigue con lo que está. Comentan que Benigna no invita ni a café, pero la van a fastidiar un poco)

BOBA Y MERYLINDA: Hola Seña Benigna, ¿cómo anda?
BENIGNA: Pos cómo voy a andar, con los pies. Bien te gusta sacarme de mis casillas. Y ustedes ¿Qué buena nueva les trae por esta humilde casa?
MERYLINDA: Pues nada, aquí que venimos del centro cultural, que el alcalde acaba de dar unas noticias, a ver si nos sacamos de encima esta crisis.
BENIGNA: ¿Cómo es eso? ¿Y qué dice el alcalde? ¿Qué noticias son esas?
MERYLINDA: Según el alcalde, para meter esto a camino, la gente tiene que controlar más lo que come, los hombres tienen que ir menos a la cantina y por lo visto hay que ponerse otra vez a coger cochinilla
BENIGNA. ¿A coger cochinilla? Válgame Dios ¿y qué tiene que ver una cosa con la otra?
MERYLINDA: Pues no sé, eso dice el alcalde, y usted sabe que él es bien estudiado y busca lo mejor pal pueblo. Por algo será. Nada, no la molestamos más, que seguro que está muy ocupada con sus cuentas, como usted no tiene problema de crisis. ¡Ay!, por allá abajo parece que huele a café, vámonos Boba. Adiós Seña Benigna.
BENIGNA: Adiós. Que les aproveche el café.
(Benigna se queda refunfuñando: esta fisgona, ¿cómo sabe ella que el Cipriano me tiene a dos velas? Esto hay que arreglarlo, pues si el alcalde dice que hay que coger cochinilla, coger cochinilla.)

Acto 6

(El marido bebiéndose la taza leche y entra Benigna preparada para coger cochinilla, con todos los atarecos)

CIPRIANO: Ajá ¿y a dónde vas hoy preparada pa`coger cochinilla? Si ya hace tiempo eso está todo seco?
BENIGNA: Ay, Ay Virgen de…. ¡Que está todo seco! ¡que está todo seco! Bien me lo decía el padre, que si el jardín no se riega. A mi me da algo. Ay Ay, me falta el aire. Cipriano, búscame el jalador del aire, que voy a estirar la pata.
(Cipriano va a ayudar a su mujer sin mucha sangre, y cuando se acerca a subir del suelo, ella lo agarra y lo aperruña. Hay un estropicio de sillas y telas, se les tapa)

Acto 7

(Benigna camina muy presumida por la calle y se encuentra con Merylinda)

MERYLINDA: Buenos días, Seña Benigna. (triste)
BENIGNA: Buenos días, Merylinda. (sonriente)
MERYLINDA: Aquí andamos, a ver qué sacamos, porque parece que con lo que dice el alcalde no funciona porque la cosa sigue igual, y aquí no hay quien levante nada.
(Benigna sonríe con malicia)
BENIGNA: Usted dirá lo que quiera pero a mí la cochinilla bien que me ha venido. (Se gira hacia el público). Como a mí me fue bien, doy el consejo: pa ti y para todas aquellas que me están viendo, y que parece que están pasando penas, cuando llegue una crisis de esas, si no sirve pa una cosa sirve pa otra, asín es que si el huertito ya se está secando,

¡TODO EL MUNDO A COGER COCHINILLA!

Juan Antonio Jorge Peraza


domingo, 12 de abril de 2015

EVANGELIO ESENIO-III- UNO DE LOS APOCRIFOS



Y había entre los enfermos uno que a quien Satán atormentaba más que a ningún otro. Su cuerpo estaba enjuto como un esqueleto de piel amarilla como una hoja seca. Estaba ya tan débil que ni siquiera a gatas podía arrastrarse hasta Jesús, y sólo de lejos pudo gritarle: "Maestro apiádate de mí, pues nunca ha sufrido ningún hombre, ni siquiera desde el principio del mundo como yo sufro. Sé que has sido en verdad enviado por Dios, y sé que si lo deseas puedes expulsar inmediatamente a Satán de mi cuerpo. ¿No obedecen los ángeles de Dios al mensajero de Dios? Ven, Maestro expulsa ahora a Satán de mí, pues se enfurece colérico en mi interior y doloroso es su tormento".


Y Jesús le respondió: "Satán te atormenta tanto porque ya has ayunado muchos días y no pagas su tributo. No le alimentas todas las abominaciones con las que hasta ahora profanabas el templo de tu espíritu. Atormentas a Satán con el hambre, y por eso en cólera te atormenta él a ti a su vez. No temas, pues te digo que Satán será destruido antes de que tu cuerpo sea destruido; pues mientras ayunas y oras, los ángeles de Dios protegen tu cuerpo para que el poder de Satán no te destruya. Y la ira de Satán impotente es impotente contra los ángeles de Dios".

Entonces acudieron todos juntos a Jesús, y con grandes voces suplicaron diciendo: "Maestro, compadécete de él, pues sufre más que todos nosotros, y si no expulsas enseguida a Satán de su cuerpo tememos que no sobrevivirá hasta mañana".

Y Jesús les replicó: Grande es la fe de ustedes. Sea según lo desean y pronto verán, cara a cara, el horrible semblante de Satán y el poder del Hijo del Hombre. Pues expulsaré de ti al poderoso Satán por medio de la fortaleza del inocente cordero de Dios, la criatura más débil de Señor. Porque el espíritu santo de Dios hace más poderoso al más débil que al más fuerte.                                                                                                           .

Y Jesús ordeñó una oveja que estaba pastando la hierba. Y puso la leche sobre la arena caldeada por el sol, diciendo: "He aquí que el poder del Ángel del agua ha penetrado en esta leche. Y ahora penetrará también en ella el poder del ángel de la luz del sol".
Y la leche se calentó con la fuerza del sol.

"Y ahora los ángeles del agua y del sol se unirán al ángel de aire".

Y he aquí que el vapor de la leche caliente empezó a elevarse lentamente por el aire.
"Ven y aspira por la boca la fuerza de los ángeles del agua, de la luz del sol y del aire, para que éste penetre en tu cuerpo y expulse de él a Satán".

Y el enfermo a quien Satán tanto atormentaba aspira a su interior profundamente aquel vapor blanquecino que ascendía.

"Satán abandonará inmediatamente tu cuerpo, ya que llevas tres días sin comer y no halla alimento alguno dentro de ti. Saldrá de ti para satisfacer su hambre con leche caliente y humeante, pues este alimento es de su agrado. Olerá su aroma y no será capaz de resistir el hambre que lleva atormentándole desde hace tres días. Pero el Hijo del Hombre destruirá su cuerpo para que no atormente a nadie más".

Entonces el cuerpo del hombre se estremeció con una convulsión y pareció como si fuese a vomitar, pero no podía. El hombre abría la boca en busca de aire, pues se le recortaba la respiración. Y se desmayó en el regazo de Jesús.

"Ahora Satán abandona su cuerpo. Véanle". Y Jesús señaló la boca abierta del hombre enfermo.

Y entonces vieron todos con asombro y terror cómo surgía Satán de su boca en forma de un gusano abominable, en busca la leche humeante. Entonces Jesús tomó dos piedras angulosas con sus manos y aplastó la cabeza de Satán y extrajo del cuerpo del enfermo todo el cuerpo del monstruo, que era casi tan largo como el hombre. Una vez que hubo salido aquel abominable gusano de la garganta del enfermo, éste recuperó de inmediato el aliento, y entonces cesaron todos sus dolores. Y los demás miraban con terror el abominable cuerpo de Satán.

"Mira qué bestia abominable has llevado y alimentado en tu propio cuerpo durante tantos años. La he expulsado de ti y matado para que nunca más te atormente. Da gracias a Dios por haberte liberado sus ángeles, y no peques más, no vaya a retomar otra vez Satán a tu cuerpo. Que tu cuerpo sea en adelante un templo dedicado a tu Dios".

Y todos permanecían asombrados por sus palabras y su poder. Y dijeron: "Maestro,-verdaderamente eres el mejor mensajero de Dios, y conoces todos los secretos.                    

"Y ustedes-les replicó Jesús-sean verdaderos hijos de Dios para participar también de su poder y del conocimiento de todos los secretos. Pues la sabiduría y el poder solamente pueden provenir del amor a Dios. Amen, pues, al Padre Celestial y a la Madre Terrenal de ustedes con todo el corazón de ustedes y con todo el espíritu. Y sírvanles para que Sus ángeles les sirvan también a ustedes. Sacrifiquen todos sus actos a Dios. Y no alimenten a Satán, pueá la retribución del pecado es la muerte. Mientras que en Dios se halla la recompensa del bien, su amor, es cual es conocimiento y el poder de la vida eterna".

Y todos se arrodillaron para dar gracias a Dios por su amor.

Y Jesús partió, diciendo: "Vendré de nuevo junto a quienes persistan en la oración y el ayuno hasta el séptimo día. La paz sea con ustedes. El hombre enfermo de quien había expulsado Jesús a Satán se puso en pie, pues la fuerza de la vida había regresado a él. Respiró profundamente y sus ojos se esclarecieron, pues todo dolor le había abandonado. Y arrojándose al suelo donde Jesús había estado, besó la huella de sus pies y lloró.

Y era en el lecho de un río donde muchos enfermos y ayunaban y oraban con los ángeles de Dios durante siete días y siete noches. Y cuando fue su recompensa, pues seguían las palabras de Jesús. Y al acabar el séptimo día todos sus dolores les abandonaron. Y cuando el sol se levantó sobre el horizonte de la tierra, vieron que Jesús venía a hacia ellos desde la montaña, con el resplandor del sol naciente alrededor de su cabeza.

"La paz sea con ustedes".

Y ellos no dijeron una palabra, sino que sólo se postraron ante él y tocaron el borde de su vestidura en agradecimiento por su curación.

"No me den las gracias a mí, sino a la Madre Terrenal, la cual les envió a sus ángeles sanadores. Vayan y no pequen más, para que nunca vuelvan a conocer la enfermedad. Y dejen que los ángeles sean sus guardianes".

Pero ellos le contestaron: "¿Adonde iremos, Maestro? Pues en ti están las palabras de la vida eterna. Dinos cuáles son los pecados que debemos evitar, para que nunca conozcamos la enfermedad.

Jesús respondió: "Así sea según la fe de ustedes", y se sentó entre ellos diciendo:

"Fue dicho a aquellos de los antiguos tiempos: "Honra a tu Padre celestial y a tu Madre Terrenal y cumple sus mandamientos, para que tus días sean cuantiosos sobre la tierra". Y luego se les dio el siguiente mandamiento: "No matarás", pues Dios da a todos la vida, y lo que Dios ha dado no debe el hombre arrebatarlo. Pues en verdad les digo que de una misma madre procede cuanto vive sobre la tierra. Por tanto quien mata, mata a su hermano. Y de él se alejará la Madre Terrenal y le retirará sus pechos vivificadores. Y se apartarán de él sus ángeles y Satán tendrá su morada en su cuerpo. Y la carne de los animales muertos en su cuerpo se convertirá en su propia tumba. Pues en verdad les digo que quien se mata así mismo, y quien come la carne de animales muertos come del cuerpo de la muerte. Pues cada gota de su sangre se convierte en la suya en veneno; su respiración en la suya en hedor; su carne en la suya en forúnculos; sus huesos en los suyos en yeso; sus intestinos en los suyos en descomposición; sus ojos en los suyos en costras; sus oídos en los suyos en ceras: Y su muerte será la suya propia. Pues solamente en el servicio del Padre Celestial son sus deudas de siete años perdonadas en siete días.

Mientras que Satán no les perdona nada, deben pagarle todo. Ojo por ojo diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, vida por vida, muerte por muerte. Pues el coste del pecado es la muerte. No maten ni coman la carne de sus presas, no sea que se conviertan en esclavos de Satán. Pues ése es el camino de los sufrimientos y conduce a la muerte. Sino hagan la voluntad de Dios, de modo que sus ángeles les sirvan a ustedes en el camino de la vida. Obedezcan, por tanto, las palabras de Dios: "Miren, les he dado toda la hierba que lleva semilla, sobre la faz de la tierra, y todo árbol en que se halla el fruto de una semilla, y a toda ave del cielo, y a todo lo que se arrastra sobre la tierra, donde se halla el aliento de la vida, doy toda hierba verde como alimento. También la leche de todo lo que se mueve y que vive sobre la tierra será el alimento de ustedes. Al igual que a ellos les he dado toda hierba verde, así le doy a ustedes su leche.

Pero no comerán la carne, ni la sangre que la aviva. Y en verdad demandaré la sangre de ustedes que brota con fuerza, y la sangre de ustedes en la que se halla el alma. Demandaré todos los animales asesinados y las almas de todos los hombres asesinados. Pues yo el Señor tu Dios soy un Dios fuerte y celoso castigando la iniquidad de los padres sobre sus hijos hasta la tercera y cuarta generación de aquellos quienes me odian, y mostrando misericordia hacia los millares de aquellos que me aman y cumplen mis mandamientos.

Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón con toda tu alma y con todas tus fuerzas; éste es el primer y más grande mandamiento. Y el segundo es según éste: "Ama a tu prójimo como a ti mismo". No hay mandamiento más grande que éstos".

Y tras estas palabras todos permanecieron en silencio, excepto uno que voceo: ¿Qué debo hacer, Maestro, si veo que una bestia salvaje ataca a mi hermano en el bosque? ¿Debo dejar perecer a mi hermano o matar a la bestia salvaje? ¿No transgrediría así la ley?
Y Jesús les respondió: "Fue dicho a aquellos de ¡os antiguos tiempos: "Todo los animales que se mueven sobre la tierra, todos los peces del mar y todas las aves del cielo, han sido puestos bajo el poder de ustedes". En verdad les digo que de todas las criaturas que viven sobre la tierra, sólo el hombre creó Dios a su imagen. Por ello, los animales son para el hombre, y no el hombre para los animales. No transgredirás, por tanto, la ley si matas al animal salvaje para salvar a tu hermano. Pues en verdad te digo que el hombre es más que el animal. Pero quien mata al animal sin causa alguna, si que éste le ataque, por el deseo de matar, o por su carne, o porque se oculta, o incluso por sus colmillos, malvada es la acción que comete, pues él mismo se convierte en bestia salvaje. Y por tanto su fin ha de ser también como el de los animales salvajes".

Y otro dijo entonces: "Moisés, el más grande de Israel, consintió a nuestros antepasados comer la carne de animales limpios, y sólo prohibió la carne de los animales impuros. ¿Porqué entonces, nos prohíbe la carne de todos los animales? ¿Qué ley viene de Dios, la de Moisés o la tuya?

Y Jesús respondió: "Dios dio a través de Moisés, diez mandamientos a los antepasados de ustedes. "Estos mandamientos son duros", dijeron los antepasados de ustedes y no pudieron cumplirlos. Cuando Moisés vio esto, tuvo compasión de sus gentes y no quiso que se perdiesen. Y les dio entonces diez veces diez mandamientos, menos duros, para que los siguiesen. En verdad les digo que si los antepasados de ustedes hubiesen sido capaces de seguir los diez mandamientos de Dios, Moisés no habría tenido nunca necesidad de sus diez veces diez mandamientos. Pues aquel cuyos pies son fuertes como la montaña de Sión, no necesita muletas; mientras que aquel cuyos miembros flaquean, llega más lejos con muletas que sin ellas. Y Moisés dijo al Señor: "Mi corazón está lleno de tristeza, pues mi pueblo se perderá. Porque no tienen conocimiento, ni son capaces de comprender tus mandamientos. Son como niños pequeños que no pueden entender aún las palabras de su padre.

Consiente, Señor, que les dé otras leyes, para que no se pierdan. Si ellos no pueden estar contigo, Señor, que al menos no estén contra ti; que puedan mantenerse a sí mismos, y cuando haya llegado el momento y estén maduros para tus palabras, revélales tus leyes". Por eso rompió Moisés las dos tablas de piedra donde estaban escritos los diez mandamientos, y les dio en su lugar diez veces diez. Y de estas diez veces diez, los escribas y los fariseos han hecho cien veces diez mandamientos. Y han puesto insoportables cargas sobre los hombros de ustedes, que ni ellos mismos sobrellevan. Pues cuando más cercanos a Dios están los mandamientos, menos necesitamos; y cuanto más lejanos se hallan de Dios, más necesitamos entonces. Por eso innumerables son las leyes de los fariseos y de los escribas, siete son las leyes del Hijo del Hombre tres las de los ángeles; y una la de Dios.

"Por eso yo solamente les enseño las leyes que puedan comprender para que se conviertan en hombres y sigan las siete leyes del Hijo del Hombre. Entonces les revelarán también los ángeles sus leyes, para que el espíritu santo de Dios descienda sobre ustedes y les guíe hacia su ley".

Y todos estaban asombrados de su sabiduría, y le pedían: "continúa Maestro, y enséñanos todas las leyes que podemos recibir".

Y Jesús continúo: "Dios ordenó a los antepasados de ustedes: "No matarás" Pero su corazón estaba endurecido y mataron. Entonces, Moisés deseó que por lo menos no matasen hombres, y les permitió matar a los animales. Y entonces el corazón de los antepasados de ustedes se endureció más aún, y mataron a hombres y animales por igual. Más yo les digo: No maten ni a hombre ni a animales, ni siquiera el alimento que lleven a sus bocas.

Pues si comen alimento vivo, él mismo les vivificará: pero si matan el alimento de ustedes, la comida muerta les matará también a ustedes. Pues la vida viene sólo de la vida, y de la muerte viene siempre la muerte. Porque todo cuanto mata los cuerpos de ustedes mata también a sus almas. Y sus cuerpos se convierten en lo que son sus alimentos, igual que los espíritu de ustedes se convierten en lo que son sus pensamientos. Por tanto, no coman nada que el fuego, el hielo o el agua haya destruido. Pues los alimentos quemados, helados o descompuestos quemarán, helarán y corromperán también sus cuerpos, No sean como el loco agricultor que sembró en su campo semillas cocinadas, heladas y descompuestas. Y llegó el otoño y sus campos no dieron nada. Y grande fue su aflicción. Sino sean como aquel agricultor que sembró en su campo semilla viva, y cuyo campo dio espigas vivas de trigo, pagándole el céntuplo por las semillas que plantó. Pues en verdad les digo, vivan sólo del fuego de la vida, y no preparen "sus alimentos con el fuego de la muerte, que mata sus alimentos, sus cuerpos y también sus almas.

"Maestro ¿dónde se halla el ruego de la vida?, Preguntaron algunos de ellos. "En ustedes, en su sangre y en sus cuerpos.

"Es el fuego que arde fuera del cuerpo de ustedes, que es más caliente que la sangre de ustedes. Con ese fuego de muerte cocinan los alimentos de ustedes en sus hogares y en los campos de ustedes. En verdad les digo que es el mismo que destruye los alimentos de ustedes y el cuerpo de ustedes como el fuego de la maldad que destroza los pensamientos y el espíritu de ustedes. Pues el cuerpo de ustedes es lo que comen, y el espíritu es lo piensan. No coman nada por tanto, que haya matado un fuego más fuerte que el fuego de la vida. Preparen pues y coman toda las fruías de los árboles todas las hierbas de los campos y toda leche de los animales buena para comer. Pues todas estas cosas las ha nutrido y madurado el fuego de la vida, todas son dones de los Ángeles de nuestra Madre Terrenal. Mas no coman nada a lo que sólo el fuego de la muerte haya dado sabor, pues tal es de Satán".
"¿Cómo deberíamos cocer sin fuego el pan nuestro de cada día, Maestro?, preguntaron algunos con desconcierto.

"Dejad que los ángeles de Dios preparen el pan de ustedes. Humedezcan el trigo para que el ángel del agua lo penetre. Pónganlo entonces al aire para que el ángel del aire lo abrace también. Y déjenlo de la mañana a la tarde bajo el sol, para que el ángel de la luz del sol descienda sobre él. Y la bendición de los tres ángeles hará pronto que el germen de la vida brote en el trigo de ustedes. Muelan después el grano y hagan finas obleas, como hicieron los antepasados de ustedes cuando partieron de Egipto, la morada de la esclavitud. Pónganlas de nuevo bajo en cuanto aparezca y, cuando se halle en lo más alto de los cielos denles la vuelta para que el ángel de la luz del sol las abrace también por el lado, y déjenlas así hasta que el sol se ponga. Pues los ángeles del agua, del aire y de la luz del sol alimentaron y maduraron el trigo en el campo, y ellos deben igualmente preparar también el pan de ustedes. Y el mismo sol que, con fuego de la vida, hizo que el trigo creciese y madurase, debe cocer el pan de ustedes con el mismo fuego. Pues el fuego del sol da vida al trigo, al pan y al cuerpo. Pero el fuego de la muerte mala el trigo, el pan y el cuerpo. Y los ángeles vivos del Dios Vivo solamente sirven a los hombres vivos. Pues Dios es el Dios de lo vivo y no el Dios de lo muerto.

"Coman, pues, siempre de la mesa de Dios: los frutos de los árboles, el grano y las hierbas del campo, la leche de los animales, y la miel de las abejas. Pues todo más allá de esto es de Satán y por los caminos del pecado y la enfermedad conduce hacia la muerte. Mientras que los alimentos que coman de la abundante mesa de Dios dan fortaleza y juventud al cuerpo de ustedes, y nunca conocerán la enfermedad Pues la mesa de Dios alimentó a Matusalén, el viejo, y en verdad les digo que si viven igual como él vivió, también el Dios de lo vivo les dará una larga vida sobre la tierra como la suya".

"Pues en verdad les digo que el Dios de lo vivo es más rico que todos los ricos de la tierra y su abundante mesa es más rica que las más ricas de las mesas de festín de todos los ricos de la tierra. Coman pues, durante todas sus vidas en la mesa de nuestra Madre Terrenal, y nunca conocerán la necesidad. Y cuando coman en su mesa, coman todo tal como se halla en la mesas de la Madre Terrenal. No cocinen ni mezclen todas las cosas unas con otras, o los intestinos de ustedes se convertirán en ciénagas humeantes. Pues en verdad les digo que esto es abominable a los ojos del Señor.".

"Y no sean como el sirviente avaricioso que comía siempre de la mesa de su señor la ración de otros. Y todo lo devoraba y lo mezclaba en su glotonería. Y viendo aquello, su señor se encolerizó con él y le expulsó de su mesa. Y cuando todos acabaron su comida, mezcló cuanto quedó en la mesa y llamó al glotón sirviente, y le dijo: "Toma y come esto junto a los cerdos, pues tu lugar está entre ellos, y no en mi mesa".

"Ténganlo en cuenta por tanto, y no profanen con todo tipo de abominaciones el templo del cuerpo de ustedes. Conténtense con dos o tres tipos de alimentos que siempre encontrará en la mesa de nuestra Madre Terrenal. Y no deseen devorar todo cuanto vean en derredor de ustedes. Pues en verdad les digo que si mezclan en sus cuerpos todo tipo de alimentos, entonces cesará la paz en el cuerpo de ustedes y se desatará en ustedes una guerra interminable. Y se aniquilará nuestros cuerpos como los hogares y los reinos que divididos entre sí aseguran su propia destrucción. Pues el Dios de ustedes es el Dios de la paz, y nunca ayuda a la división. No levanten, pues, contra ustedes su cólera de Dios, para que no vaya a expulsarles de su mesa y se vean obligados a ir ala mesa de Satán, donde el fuego de los pecados, de las enfermedades, y de la muerte corromperá los cuerpos de ustedes".

"Y cuando coman, no coman hasta no poder más, huyan de las tentaciones de Satán y escuchen la voz de los ángeles de Dios. Pues Satán y su poder les tentarán siempre a que coman más y más. Pero vivan por el espíritu y resistan los deseos del cuerpo. Y que el ayuno de ustedes complazca siempre a los ángeles de Dios. Así que tomen- cuenta de cuanto hayan comido cuando se sientan saciados y coman siempre menos de una tercera parte de ello-.

"Que el peso del alimento diario que consuman, no sea menos de una mina, pero hay que vigilar que no exceda de dos. Entonces les servirán siempre los ángeles de Dios, y nunca caerán en la esclavitud de Satán y de sus enfermedades. No obstaculicen la obra de los ángeles en el cuerpo de ustedes comiendo demasiado a menudo. Pues en verdad les digo que quien come más de dos veces diarias hace en él la obra de Satán. Y los ángeles de Dios abandonan su cuerpo y pronto toma Satán posesión de él. Coma sólo cuando el sol esté en lo más alto de los cielos, y de nuevo cuando se ponga. Y nunca conocerán enfermedad, pues ello haya aprobación a los ojos del Señor. Y si desean que los ángeles se complazcan en el cuerpo de ustedes y que Satán les evite de lejos, siéntense sólo una vez al día en la mesa de Dios. Y entonces serán numerosos sus días sobre la tierra, pues esto es grato a los ojos del Señor. Coman siempre cuando sea servida ante ustedes la mesa de Dios. Pues en verdad les digo que Dios sabe bien lo que el cuerpo de ustedes necesita y cuando lo necesita.

"Con la llegada del mes de fyar coman cebada; con el mes de Sivan coman trigo, la más perfecta de la hierbas que dan semilla. Y el pan de cada día de ustedes sea hecho de trigo, para que el Señor cuide del cuerpo de ustedes. Con el mes de Tummuz coman la uva acida, para que el cuerpo de ustedes adelgace y Satán lo abandone. En el mes de Elul, recojan la uva para que su jugo les sirva de bebida. En el mes de Marcheshvan recojan la uva dulce, endulzada y seca por el ángel de la luz del sol, para que aumente el cuerpo de ustedes y los ángeles del Señor moren en ellos. Deben comer los higos jugosos en los meses de Ab y de Shebat, y los que sobren que el ángel de la luz del sol se los guarde. Cómanlos con las almendras durante todos los meses en que los árboles no dan frutos. Y las hierbas que brotan después de la lluvia, cómanlas durante el mes de Thebet, para purificar la sangre de ustedes de todos los pecados. Y en el mismo mes empiecen a beber la leche de sus animales que producen leche, para que ellos alimenten al hombre con su leche. Pues en verdad les digo que felices son aquellos que comen sólo en la mesa de Dios, y renuncian a todas las abominaciones de Satán. No coman alimentos impuros traídos de países lejanos, sino coman siempre cuanto produzcan los árboles de ustedes. Pues el Dios de ustedes sabe bien lo que es necesario, y dónde y cuando. Y Él da a todos los pueblos de todos los reinos los alimentos mejores para cada uno de ellos. No coman como los paganos, que se atiborran con prisa, profanando sus cuerpos con todo tipo de abominaciones.
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"Pues el poder de los ángeles de Dios penetra en ustedes con el alimento vivo que el Señor les proporciona de su mesa real. Y cuando coman tengan sobre ustedes al ángel del aire, y bajo de ustedes el ángel del agua. Respiren larga y profundamente en todas sus comidas para que el ángel del aire bendiga sus alimentos. Y masticado bien con sus dientes para que se vuelva agua y que el ángel del agua lo convierta dentro del cuerpo de ustedes en sangre. Y coman lentamente, como si fuese una oración que hacen al Señor. Pues en Verdad les digo que el poder de Dios penetra en ustedes si comen de tal modo en sus mesas. Mientras que Satán convierte en ciénagas humeantes el cuerpo de aquel a quien no descienden los ángeles del aire y del agua en sus comidas. Y el Señor no le permite permanecer por más tiempo en su mesa, Pues la mesa del Señor es como un altar, y quien come en la mesa de Dios se halla en un templo. Pues en verdad les digo que el cuerpo de los Hijos del Hombre se convierte en un templo, y sus entrañas en un altar, si cumplen los mandamientos de Dios. Por tanto, no pongan nada sobre el altar del Señor cuando el espíritu de ustedes esté irritado, ni piensen de alguien con ira en el templo de Dios. Y entren solamente en el santuario del Señor cuando sientan en ustedes la llamada de sus ángeles, pues cuanto coman con tristeza, o con ira, o si deseo se convierte en veneno en el cuerpo de ustedes. Pues el aliento de Satán lo corrompe todo.

Pongan con alegría sus ofrendas sobre el altar de sus cuerpos, y dejen que todos sus malos pensamientos se alejen de ustedes al recibir en sus cuerpos el poder de Dios proveniente de su mesa. Y nunca se sienten a la mesa de Dios antes de que ángel de él les llame por medio del ángel del apetito.

"Regocíjense, pues, siempre con los ángeles de Dios en su mesa real, pues esto complace al corazón del Señor. Y la vida de ustedes será larga sobre la tierra, pues el más valioso de los sirvientes de Dios les servirá todos los días: el ángel de la alegría.

"Y no olviden que cada séptimo día es santo y está consagrado a Dios. Durante seis días alimenten sus cuerpos con los dones de la Madre Terrenal, más el séptimo día santifiquen sus cuerpos para el Padres Celestial de ustedes. Y en el séptimo día no coman ningún alimento terrenal, sino vivan tan sólo de las palabras del Señor en el reino del Padre Celestial. Y en el séptimo día dejen que los ángeles de Dios levanten el reino de los cielos en el cuerpo de ustedes, ya que trabajaron durante seis días en el reino de la Madre Terrenal. Y no dejen que ningún alimento entorpezca la obra de los ángeles en el cuerpo de ustedes a lo largo del séptimo día. Y Dios les concederá larga vida sobre la tierra, para que tengan vida eterna en el reino de los cielos. Pues en verdad les digo que si no conocen más enfermedades sobre la tierra, vivirán por siempre en el reino de los cielos".

"Y Dios les enviará cada mañana el ángel de la luz del sol para que despierten de su sueño. Obedezcan, por tanto, la llamada del Padre Celestial de ustedes y no permanezcan ociosos en sus lechos, pues los ángeles del aire y del agua ya les aguardan afuera. Y trabajen durante todo el día con los ángeles de la Madre Terrenal para que lleguen a conocerlos a ellos y a sus obras cada vez más y mejor. Pero cuando el sol se ponga y el Padre Celestial les mande su ángel más preciado, el sueño, vayan a descansar y permanezcan toda la noche con el ángel del sueño. Y entonces les enviará el Padre Celestial de ustedes sus ángeles desconocidos para que permanezcan junto a ustedes a lo largo de la noche. Y los ángeles. Y los ángeles desconocidos del Padre Celestial les enseñarán muchas cosas sobre el reino de Dios, así como los ángeles que conocen ustedes de la Madre Terrenal los instruyen en las cosas de su reino. Pues en verdad les digo que serán cada noche los invitados del reino del Padre Celestial de ustedes si cumplen sus mandamientos. Y cuando se despierten por la mañana, sentirán en ustedes el poder de los ángeles desconocidos. Y el Padre Celestial de ustedes se los enviará cada noche para que enriquezcan el espíritu de ustedes, igual que la Madre Terrenal les envía sus ángeles para que construyan el cuerpo de ustedes. Pues en verdad les digo que si durante el día les acoge en sus brazos su Madre Terrenal, y si durante la noche les respira su beso el Padre Celestial, entonces los Hijos de los Hombres se convertirán en hijos de Dios".

"Resistan de día y de noche las tentaciones de Satán. No se despierten de noche ni duerman de día, para que no les abandonen los ángeles de Dios".

"Ni tampoco se deleiten con ninguna bebida, ni en ningún humo de Satán, que les despertarán por la noche y les harán dormir de día. Pues en verdad les digo que todas las bebidas y humos de Satán son abominaciones a los ojos del Dios de ustedes".

"No cometan putaísmo, ni de día ni de noche, pues el putañero es como un árbol cuya savia se va del tronco. Árbol que se secará antes de tiempo y no llegará a dar fruto. Por tanto, no putañeen para que Satán no seque el cuerpo de ustedes y el Señor haga infructuosa la semilla de ustedes".

"Eviten cuanto esté demasiado caliente o demasiado frío. Pues es la voluntad de la Madre Terrenal de ustedes que ni el calor ni el frío dañen el cuerpo de ustedes. Y no dejen que el cuerpo de ustedes estén más calientes o más fríos del mandamiento de la Madre Terrenal, entonces en cuantos sus cuerpos se vuelvan demasiado calientes les enviará el ángel del frescor para que les refresque, y en cuanto el cuerpo de ustedes esté demasiado frío les enviará el ángel del calor para calentarles de nuevo". haya aprobación a los ojos del Señor. Y si desean que los ángeles se complazcan en el cuerpo de ustedes y que Satán les evite de lejos, siéntense sólo una vez al día en la mesa de Dios. Y entonces serán numerosos sus días sobre la tierra, pues esto es grato a los ojos del Señor. Coman siempre cuando sea servida ante ustedes la mesa de Dios. Pues en verdad les digo que Dios sabe bien lo que el cuerpo de ustedes necesita y cuando lo necesita.

"Sigan el ejemplo de todos los ángeles del Padre Celestial y de la Madre Terrenal, que trabajan día y noche sin cesar en los reinos de los cielos y de la tierra. Por tanto, reciban también en ustedes mismos a los más poderosos de todos los ángeles de Dios, los ángeles de los actos, y trabajen juntos sobre el reino de Dios. Sigan el ejemplo del agua cuando corre, del viento al soplar, del sol naciente y poniente, de las plantas y los árboles en su crecer, de los animales cuando corren y retozan, de la luna creciente y menguante, de las estrellas en su ir y venir; todas estas cosas se mueven y realizan sus tareas. Porque cuanto tiene vida se mueve, y sólo lo que está muerto permanece quieto. Y Dios es Dios de lo vivo, y Satán el de lo muerto. Sirvan, pues, al Dios Vivo, para que el movimiento eterno de la vida les mantengan y para que escapen de la eterna inmovilidad de la muerte.

Trabajen pues, sin cesar para levantar el reino de Dios, de modo que no sean arrojados al reino de Satán. Pues una alegría eterna abunda en el reino vivo de Dios, mientras que una quieta tristeza oscurece el reino de la muerte de Satán. Sean pues verdaderos hijos de su Madre Terrenal y del Padre Celestial, para que no caigan en esclavos de Satán. Y la Madre Terrenal y el Padre Celestial les enviarán sus ángeles para que les enseñen, les amen y les sirvan. Y sus ángeles escribirán los mandamientos de Dios en la cabeza de ustedes, en el corazón y en las manos de ustedes, para que conozcan, sientan y cumplan los mandamientos de Dios".
"Y oren todos los días al Padre Celestial y a su Madre Terrenal, para que el alma de ustedes se vuelva tan perfecta como el santo espíritu del Padre Celestial de ustedes, y para que el cuerpo de ustedes se vuelva tan perfecto como el de la Madre Terrenal. Pues si entienden, sienten y cumplen los mandamientos, entonces todo cuanto ustedes pidan a su Padre Cetestial y a su Madre Terrenal les será concedido. Porque la sabiduría, el amor y el poder de Dios está por encima de todo".

"Oren, por tanto, del siguiente modo a su Padre Celestial:

"Padre nuestro que estás en los cielos, bendito sea Tu Nombre.
                       
Venga a nosotros Tu Reino. Hágase Tu Voluntad como en los cielos así en la tierra. El pan nuestro de cada día dánoslo hoy. Y perdona nuestras deudas, así como nosotros Perdonamos a nuestros deudores. Y no nos conduzcas a la tentación sino líbranos del Maligno. Pues tuyo es el reino, el poder y la gloria por siempre- Amén.

"Y oren del siguiente modo a la Madre Terrenal: "Madre nuestra que está en la tierra, bendito sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino y hágase tu voluntad en nosotros así como en ti se hace. Igual que envía cada día a tus ángeles, envíalos también a nosotros. Perdónanos nuestros pecados, porque todos los expiamos en ti. No nos conduzcas a la enfermedad sino líbranos del mal, pues tuya es la tierra, el cuerpo y la salud. Amén".

Y todos rezaron juntos a Jesús al Padre Celestial y a la Madre Terrenal.

Y después Jesús les habló así: "Igual que el cuerpo de ustedes ha renacido por medio de los ángeles de la Madre Terrenal, que el espíritu de ustedes renazca de igual modo por medio de los ángeles del Padre Celestial.

Conviértanse, pues. En verdaderos Hijos del Padre Celestial y de la Madre de ustedes, y en verdaderos hermanos de los Hijos de los Hombres. Hasta ahora estuvieron en guerra con necesita.

El Padre y con la Madre y con los Hermanos de ustedes. Y han servido a Satán. Vivan a partir de hoy en paz con el Padre Celestial, con la Madre Terrenal y con los Hermanos de ustedes, los Hijos de los Hombres. Y luchen únicamente en contra de Satán, para que no les robe la paz de ustedes. Al cuerpo de ustedes doy la paz de la Madre Terrenal, y la paz del Padre Celestial al espíritu de ustedes. Y que la paz de ambos reine entre los Hijos de los Hombre.

¡Vengan a mi cuantos se sientan hastiados y cuantos padezcan Los conflictos y las aflicciones! Pues mi paz les fortalecerá y confortará. Porque mi paz rebosa dicha. Por eso les saludo siempre de este modo: la paz sea con ustedes! Salúdense siempre por tanto entre ustedes de igual manera, para que al cuerpo de ustedes descienda la paz de la Madre Terrenal y al espíritu de ustedes la paz del Padre Celestial. Y entonces hallarán la paz también entre ustedes, pues el reino de Dios estará en el interior de ustedes. Y ahora regresen entre sus Hermanos, con quienes hasta ahora estaban en guerra, y denles a ellos la paz de ustedes. Pues felices son quienes luchan por la paz, porque hallarán la paz de Dios. Vayan y no pequen más. Y den a todos la paz de ustedes igual que yo les he dado la mía. Pues mi paz es la Dios. La paz sea con ustedes.

Y les dejó.

Y su paz descendió sobre ellos; y con el ángel del amor en sus corazones, con la sabiduría de la ley en sus cabezas y con el poder del renacimiento en sus manos, se dispersaron entre los Hijos de los Hombres para llevar la luz de la paz a aquellos que luchaban en la oscuridad.

Y se separaron, deseándose unos a otros: "LA PAZ SEA CONTIGO".


EVANGELIO ESENIO-II- UNO DE LOS APOCRIFOS



"Después del ángel del aire, busquen el ángel del agua. Quítense el calzado y las ropas y dejen que el ángel del agua abrace todos sus cuerpos. Entregúense por entero a sus acogedores brazos y, así como el aire penetra en la respiración de ustedes, el agua que el agua penetre también en sus cuerpos. En verdad les digo que el ángel del agua expulsará de sus cuerpos toda inmundicia que los mancille por fuera y por dentro. Y toda cosa sucia y maloliente fluirá fuera de ustedes, igual que la suciedad de las vestiduras, lavadas en el agua, se va y se pierde en la comente del río. En verdad les digo que sagrado es el ángel del agua que limpia cuanto está sucio y que confiere a todas las cosas malolientes un olor agradable. Ningún hombre a quien no deje pasar el ángel del agua podrá acudir ante la faz de Dios. En verdad que todo debe nacer de nuevo del agua y de la verdad, pues el cuerpo de ustedes se baña en el río de la vida terrenal y el espíritu de ustedes se baña en el río de la vida eterna. Pues recibe la sangre de nuestra Madre Terrenal y la verdad de nuestro Padre Celestial". 

"Pero no piensen que es suficiente que el ángel del agua les abrace sólo externamente. En verdad les digo que la inmundicia interna es, con mucho, mayor que la externa. Y quien se limpia por fuera permaneciendo sucio en su interior, es como las tumbas bellamente pintadas por fuera, pero llenas por dentro de todo tipo de inmundicias y de abominaciones horribles. Por ello, en verdad les digo, que dejen que el ángel del agua les bautice también por dentro, para que les libre de todos los antiguos pecados y para que así mismos internamente sean tan puros como la espuma del río jugueteando a la luz del sol".

"Busquen, por tanto, una gran calabaza con el cuello de la longitud de un hombre; extraigan su interior y llénenla con agua del río caldeada por el sol. Cuélguenla de la rama de un árbol, arrodíllense en el suelo ante el ángel del agua y hagan que el extremo del tallo de la calabaza penetre en las partes de ocultas de ustedes, para que el agua fluya a través de todos sus intestinos. Luego descansen arrodillándose en el suelo ante el ángel del agua oren a Dios vivo para que les perdonen todos sus antiguos pecados; y oren también al ángel del agua para que libere los cuerpos de ustedes de toda inmundicia y enfermedad. Dejen entonces que el agua salga del cuerpo de ustedes, para que se lleve de su interior todas las cosas sucias y fétidas de Satán. Y verán con sus ojos y olerán con las narices de ustedes todas las abominaciones e inmundicias que mancillan el templo de los cuerpos de ustedes; igual que todos los pecados que residían en el cuerpo, atormentándolos con todo tipo de dolores. En verdad les digo que el bautismo con agua les libera de todo esto. Renueven el bautismo con agua todos los días durante el ayuno hasta el día que vean que el agua que expulsan es tan pura como la espuma del río, Entreguen entonces el cuerpo a la corriente del río y, una vez en los brazos del ángel del agua, den gracias al Dios vivo por haberles librado de los pecados de ustedes. Y este bautismo sagrado por el ángel del agua es el renacimiento a la nueva vida. Pues los ojos de ustedes verán a partir de entonces y los oídos oirán. No pequéis más, por tanto, después del bautismo, para que los ángeles del aire y del agua habiten eternamente en ustedes y les sirvan para siempre".

"Y si queda después dentro de ustedes algunos de sus antiguos pecados e inmundicias, busquen al ángel de la luz del sol. Quítense el calzado y las ropas y dejen que el ángel de la luz del sol abrace todo el cuerpo de ustedes. Respiren entonces larga y profundamente para que el ángel de la luz del sol les penetre. Y el ángel de la luz del sol expulsará del cuerpo de ustedes toda cosa fétida y sucia que lo mancille por fuera y por dentro. Y así saldrá de ustedes toda cosa sucia y fétida del mismo modo que la oscuridad de la noche se disipa ante la luminosidad del sol naciente. Pues en verdad les digo que sagrado es el ángel de la luz del sol, quien limpia toda inmundicia y confiere a lo maloliente un olor agradable. Nadie a quien no deje pasar el ángel de la luz del sol podrá acudir ante la faz de Dios. En verdad que todo debe nacer de nuevo del sol de la Madre Terrenal, y el espíritu de ustedes se baria en la luz del sol de la Madre Terrenal, y el espíritu de ustedes se baria en la luz del sol de la verdad del Padre Celestial.

"Los ángeles del aire, del agua, y de la luz del sol son hermanos. Les fueron entregados al Hijo del Hombre para que le sirviesen y para que él pudiera ir siempre de uno a otro.
"Sagrado es así mismo, su brazo. Son hijos indivisibles de la Madre Terrenal, así que no separen ustedes aquello a quienes la tierra y el cielo han unido. Dejen que estos tres ángeles hermanos les envuelva cada día y habiten en ustedes durante todo el ayuno.

"Pues en verdad les digo que el poder de los demonios, todos los echados e inmundicias, huirán con presteza de aquel cuerpo que sea abrazado por estos tres Ángeles. Del mismo modo que los ladrones huyen de una casa abandonada al llegar el dueño de ésta, uno por la puerta, otro por la ventana y un tercero por el tejado, cada uno por donde se encuentra y por donde puede, así mismo huirán del cuerpo de ustedes todos los demonios del mal, todos los antiguos pecados y toda las inmundicias y enfermedades que profanan el templo que es el cuerpo de ustedes. Cuando los ángeles de la Madre Terrenal entras en los cuerpos de ustedes, de modo que los señores del templo lo poseen nuevamente, entonces huirán con presteza todos los malos olores a través de la respiración de ustedes y de la piel de ustedes, y las aguas corrompidas saldrán por la boca, por la piel y por las partes ocultas y secretas. Y todas estas cosas las verán con los propios ojos de ustedes, las olerán con la nariz de ustedes y las tocarán con sus manos. Y cuando todos los pecados e inmundicias hayan abandonado el cuerpo de ustedes, la sangre se les volverá tan pura como la sangre de nuestra Madre Terrenal y como la espuma del río jugueteando a la luz del sol. Y el aliento se les volverá tan puro como el aliento de las flores perfumadas, y la carne tan pura como la carne de los frutos que enrojecen sobre las ramas de los árboles; la luz de sus ojos tan clara y luminosa como el brillo del sol que resplandece en el cielo azul. Y entonces les servirán todos los ángeles de la Madre Terrenal. Y la respiración, la sangre y la carne serán una con la respiración, la sangre y la carne de la Madre Terrenal para que el espíritu de ustedes se haga también uno con el espíritu del Padre Celestial. Pues en verdad nadie puede llegar al Padre Celestial sino a través de la Diosa Terrenal. Del mismo modo que un niño recién nacido no puede entender la enseñanza de su padre mientras su madre \e haya primero amamantado, bañado, cuidado, dormido y alimentado. Mientras el niño es pequeño, su lugar está junto a su madre y a ella debe obedecer. Cuando el niño ya ha crecido, su padre le lleva a trabajar al campo a su lado, y el niño regresa junto a su madre solamente cuando llega la hora de la comida y de la cena. Y entonces el padre le enseña, para que se adiestre en los trabajos de su padre. Y cuando el padre ve que su hijo entiende su enseñaza y hace bien su trabajo, le da todas las posesiones para que éstas pertenezcan a su amado hijo y para que éste continúe la obra de su padre, En verdad les digo que feliz es el hijo que acepta el consejo de su madre y lo sigue. Cien veces más feliz en el hijo que acepta y sigue también el consejo de su padre, pues se les dijo, "Honra a tu padre y a tu madre". Pero yo les digo, Hijos del Hombre: Honren a su Madre Terrenal y guarden todas sus leyes, para que sean largos los días de ustedes en esta tierra, y honren a su padre celestial para que sea de ustedes en los cielos la vida eterna. Pues el Padre Celestial es un centenar de veces más grande que todos los padres por sangre y descendencia, y mayor es la Madre Terrenal que todas las madres por el cuerpo. Y más querido es el Hijo del Hombre a los ojos de su Padre Celestial y de su Madre Terrenal que lo son los niños a los ojos de sus padres por sangre y por descendencia y de sus padres por el cuerpo. Y más sabias son la palabra y la Ley del Padre Celestial y de la Madre Terrenal que las palabras y la voluntad de todos los padres por sangre y por descendencia, y de todas las madres por el cuerpo. Y también de más valor es la herencia del Padre Celestial y de la Madre Terrenal, el reino eterno de la vida eterna y celestial, que todas las herencias de los padres de ustedes por sangre y por descendencia, y de las madres por el cuerpo".

"Y sus verdaderos hermanos son todos aquellos que hacen la voluntad del Padre Celestial y de la Madre Terrenal, y no la de sus hermanos de sangre. En verdad les digo que sus verdaderos hermanos en la voluntad del Padre Celestial y de la Madre Terrenal se amarán un millar de veces más que sus hermanos de sangre. Pues desde los días de Caín y Abel, cuando los hermanos de sangre trasgredieron la voluntad de Dios, no existe una verdadera fraternidad por la sangre. Y los hermanos actúan entre sí como extraños. Por ello les digo, amen a sus verdaderos hermanos en la voluntad de Dios un millar de veces más que a los hermanos de sangre".

Pues el Padre Celestial es amor.

Pues la Madre Terrenal es amor.

Pues el Hijo del Hombre es amor.

"Por el amor el Padre Celestial y la Madre Terrenal y el Hijo del Hombre se hacen uno. Pues el espíritu del Hijo del Hombre fue creado del espíritu del Padre Celestial, y su cuerpo del cuerpo de la Madre Terrenal. Háganse por tanto, perfectos como perfecto son el espíritu del Padre Celestial y el cuerpo de la Madre Terrenal. Y amen así al Padre Celestial, igual que Él ama el espíritu de ustedes. Y amen así a la Madre Terrenal, igual que ella ama el cuerpo de ustedes. Y amen así a sus verdaderos hermanos, igual que el Padre Celestial y la Madre Terrenal les aman. Y entonces les dará el Padre Celestial su santo espíritu, y la Madre Terrenal les dará a ustedes su cuerpo santo. Y entonces los Hijos de los Hombres se darán amor unos a otros como verdaderos hermanos, el amor que recibieron de su Padre Celestial y de la Madre Terrenal; y todos se convertirán en consoladores unos de otros. Y habrá amor y alegría sobre la tierra. Y será entonces la tierra como los cielos, y vendrá el reino de Dios. Y entonces vendrá el Hijo del Hombre en toda su gloria, para heredar el reino de Dios. Pues los Hijos de los Hombres dividirán su divina herencia, el reino de Dios. Pues los Hijos del Hombre viven en el Padre Celestial y en la Madre Terrenal, y el Padre Celestial y la Madre Terrenal viven en ellos. Y entonces con el reino de Dios llegará el fin de los tiempos. Pues el amor del Padre Celestial da vida eterna a todo lo que está en el reino de Dios. Pues el amor es eterno. El amor es más fuerte que la Muerte".

"Aunque hable con las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, mis palabras son como el sonido del latón o como el tintineo de un platillo. Aunque diga lo que ha de venir y conozca todos los secretos y toda la sabiduría; y aunque tenga una fe tan fuerte como la tormenta que mueve las montañas de su sitio, si no tengo amor no soy nada. Y aunque dé todos mis bienes para alimentar al pobre y le ofrezca todo el fuego que he recibido de mi Padre, si no tengo amor no hallaré en ello provecho alguno. El amor es paciente y el amor es amable. El amor no es envidioso, no hace el mal, no conoce el orgullo; no es rudo ni egoísta. Es ecuánime, no cree en la malicia; no se regocija en la injusticia, sino que se deleita en la justicia. El amor lo defiende todo, el amor lo cree todo, el amor lo espera todo, y el amor lo soporta todo; nunca se agota; pero en cuanto a las lenguas, cesarán, y en cuanto al conocimiento, se desvanecerá. Pues poseemos en parte la verdad y en parte el error, más cuando venga la plenitud de la perfección, lo parcial será aniquilado. Cuando el hombre era niño hablaba como un niño, entendía como un niño, pensaba como un niño; pero cuando se hizo hombre abandonó las cosas de los niños. Porque nosotros vemos ahora a través de un cristal y a través de dichos oscuros. Ahora conocemos parcialmente, más cuando hayamos acudido ante el rostro de Dios, ya no conoceremos en parte, pues nosotros mismos seremos enseriados por Él, Y ahora nos quedan tres cosas: la fe, la esperanza y el amor, pero la más grande de ellas es el amor. «Y ahora les hablo en la lengua viva del Dios Vivo, por medio del santo espíritu de nuestro Padre Celestial. No hay aún ninguno entre ustedes que pueda entender todo cuanto les digo. Quien les comenta las escrituras les hablan en una lengua muerta de hombres muertos, a través de su cuerpo enfermo y mortal. Por lo tanto a él le pueden entender todos los hombres, pues todos los hombres están enfermos y todos están en la muerte. Nadie ve la luz de la vida. El ciego guía a los ciegos en el oscuro sendero de los pecados, las enfermedades y los sufrimientos, y al final se precipitan todos en la fosa de la muerte".

"Yo les he sido enviado por mi Padre para que haga brillar la luz de la vida entre ustedes. La luz se ilumina así misma y a la oscuridad, más la oscuridad se conoce sólo así misma y no conoce la luz. Aún tengo que decirles muchas cosas, más aún no pueden comprenderlas. Pues los ojos de ustedes están acostumbrados a la oscuridad, y la plena Luz del Padre Celestial les cegaría. Por eso no pueden entender aún cuanto les hablo acerca del Padre Celestial quien me envió a ustedes. Sigan pues primero sólo las leyes de la Madre Terrenal, de quien ya les he contado. Y cuando sus ángeles hayan lavado y renovado los cuerpos de ustedes y fortalecido los ojos de ustedes, serán capaces de soportar la luz de nuestro Padre Celestial. Cuando sean capaces de contemplar el brillo del sol del mediodía con los ojos fijos, podrán entonces mirar la luz cegadora del Padre Celestial, la cual es un millar de veces más brillante que el brillo de un millar de soles. Más ¿cómo podrían ustedes mirar la Luz cegadora del Padre Celestial, si no pueden soportar siquiera la luz del sol radiante? Créanme, el sol es como una llama de una vela comparado con el sol de la verdad del Padre Celestial. No tengan, por tanto, sino fe y esperanza y amor. En verdad les digo que no desearán la recompensa de ustedes. Si creen en mis palabras creerán en quien me envió, que es el señor de todos y para quien todas las cosas son posibles. Pues lo que resulta imposible con los hombres, es posible con Dios. Si creen en los árboles de la Madre Terrenal y cumplen sus leyes, la fe de ustedes les sostendrá y nunca conocerán la enfermedad. Tengan esperanza también en el amor de su padre celestial, pues quien confía en él no será nunca defraudado ni tampoco conocerá a la muerte.

"Ámense los unos a los otros, pues Dios es amor, y así sabrán los ángeles que  ustedes van por su camino. Y entonces acudirán todos los ángeles ante el rostro de ustedes y les servirán. Y Satán partirá del cuerpo de ustedes con todos SUS pecados, enfermedades e inmundicias. Vayan, renuncien a los pecados de ustedes; arrepiéntanse ustedes mismos; y bautícense ustedes mismos; para que nazcan de nuevo y no pequen más.

Entonces Jesús se levantó. Pero todos los demás permanecieron sentados, pues cada hombre sentía el poder de sus palabras. Y entonces apareció la luna llena entre las nubes desgarradas y envolvió a Jesús en su resplandor. De sus cabellos ascendían destellos, y permaneció erguido entre ellos en la luz de la luna, como si flotase en el aire. Y nadie se movió, ni tampoco se oyó la voz de nadie. Y nadie supo cuánto tiempo había pasado, pues el tiempo parecía parado.

Entonces Jesús tendió sus manos hacia ellos y dijo: "la paz con ustedes". Y de este modo, partió como la brisa que mece las hojas de los árboles.

Y aún durante un buen rato permaneció la compañía sentada sin moverse, y luego fueron saliendo del silencio, uno tras otro, como tras un largo sueño. Pero nadie deseaba irse, como si las palabras de quien les había dejado aún sonasen en sus oídos. Y permanecieron sentados como si escuchasen alguna música maravillosa.

Pero al fin uno dijo, como si estuviera algo atemorizado: "¡Que bien se está aquí!" Otro dijo: "¡Ojalá esta noche no acabara nunca!" Y otros: "¡Ojalá pudiera estar entre nosotros para siempre!" "De verdad que es el mensajero de Dios, pues puso la esperanza en nuestros corazones". Y nadie deseba irse a su casa diciendo: "Yo no voy a casa, donde todo es oscuro y triste. ¿Porqué hemos de ir a casa donde nadie nos quiere?"                                      :
Y de este modo hablaron, pues casi todos ellos eran pobres, cojos, ciegos, lisiados, vagabundos, gente sin hogar despreciadas en su desdicha, que sólo habían nacido para ser motivo de lástima en las casas donde durante apenas vinos días encontrasen refugio. Incluso que tenían tanto casa como familia dijeron: 'También nosotros nos quedamos con ustedes'. Pues todos sentían que las palabras de Quien se había ido unían a la pequeña compañía con hilos invisibles. Y todos sentían que habían nacido de nuevo. Veían ante sí un nujndo luminoso, incluso cuando la luna se ocultó en las nubes. Y en los corazones de todos se abrieron flores maravillosas, de una belleza maravillosa: las flores de la alegría".

Y cuando los brillantes rayos del sol aparecieron sobre el horizonte, todos sintieron que aquel era el sol del reino de Dios que venía. Y con semblantes alegres se adelantaron a los ángeles de Dios. Y muchos sucios y enfermos siguieron las palabras de Jesús y buscaron las orillas de las corrientes murmurantes. Se descalzaron y desvistieron, ayunaron y entregaron sus cuerpos a los ángeles del aire, del agua y de la luz del sol. Y los ángeles de la Madre Terrenal les abrazaron y poseyeron sus cuerpos por dentro y por fuera. Y todos ellos vieron cómo todos los males, pecados e inmundicias les abandonaban rápidamente.

Y el aliento de algunos se volvió tan fétido como el olor que sueltan los intestinos, y a algunos les fluían babas y de sus partes intimas surgió un vómito maloliente y sucio. Todas estas inmundicias salieron por sus bocas. En algunos por la nariz, y en otros por los ojos y los oídos. Y a muchos les vino por todo su cuerpo un sudor apestoso y abominable por toda su piel. Y en muchos de sus miembros se abrieron forúnculos grandes y calientes, de los que salían inmundicias malolientes, y de sus cuerpos fluía orina en abundancia y en muchos su orina no estaba sino seca y se volvía tan espesa como la miel de las abejas; la de los otros era casi roja y dura casi como la arena de los ríos. Muchos lanzaban fétidos pedos de sus intestinos, semejantes al aliento de los demonios. Y su hedor se hizo tan grande que nadie podía soportarlo.

Y cuando se bautizaron a sí mismos, el ángel del agua penetró en sus cuerpos, y de ellos salieron todas las abominaciones e inmundicias de sus antiguos pecados, y semejante a un río que descendiese de una montaña, salieron a borbotones de sus cuerpos gran cantidad de abominaciones duras y blandas. Y la tierra donde cayeron sus aguas quedó contaminada, y tan grande era el hedor que nadie podía permanecer en aquel lugar. Y los demonios abandonaron sus intestinos en forma de numerosos gusanos que se retorcían en el lodo de sus inmundicias internas. Y después que el ángel del agua les hubo expulsado de los intestinos de los Hijos del Hombre, se retorcieron en el suelo con ira impotente. Y entonces descendió sobre ellos el poder del ángel de la luz del sol, y allí perecieron en sus desesperadas convulsiones, pisoteados bajo los pies del ángel de la luz del sol. Y todos se estremecieron aterrorizados al mirar aquellas abominaciones de Satán, de quienes les habían salvado los ángeles. Y dieron gracias a Dios por haberles enviado sus ángeles para liberarles.

Y había algunos atormentados por grandes dolores que no parecían querer abandonarles; y no sabiendo qué hacer, decidieron enviar alguno de ellos a Jesús, pues deseaban mucho tenerle entre ellos.

Y cuando dos hubieron ido en su busca, vieron al mismo Jesús acercándose por la orilla del río. Y sus corazones se llenaron de esperanza y de alegría cuando oyeron su saludo: "La paz sea con ustedes". Y muchas eran las preguntas que deseaban hacerle, más en su sorpresa no podían empezar, pues nada acudía a sus mentes. Les dijo entonces Jesús: "He venido porque me necesitan". Y uno gritó1. "Maestro, verdaderamente te necesitamos. Ven y líbranos de nuestros sufrimientos". -Y Jesús les habló en parábolas-: 'Sois el hijo pródigo, quien durante muchos años comió y bebió, y pasó sus días con sus amigos en el desenfreno y la lascivia. Y cada semana, sin que su padre lo supiese, contraía nuevas deudas, malgastando cuanto tenía en pocos días. Y los prestamistas siempre les prestaban, pues su padre poseía grandes riquezas y siempre pagaba pacientemente las deudas de su hijo. Y ¿n vano amonestaba a su hijo con buenas palabras, porque nunca escuchaba las advertencias de su padre, quien le suplicaba en vano que renunciase a sus vicios sin fin, y que fuera a sus campos a vigilar el trabajo de sus sirvientes. Y el hijo le prometía siempre todo si pagaba sus antiguas deudas, más al día siguiente empezaba de nuevo. Y durante más de siete años el hijo continuó en su vida licenciosa. Pero, al fin, su padre perdió la paciencia y no pagó más a los prestamistas las deudas de su hijo. 'Si sigo pagándolas siempre-dijo- no acabarán los pecados de mi hijo'. Entonces, los prestamistas, que se vieron engañados, en su cólera se llevaron al hijo como esclavo, para que con su trabajo diario pagase el dinero que había tomado prestado. Y entonces se acabó el comer, el beber y todos los excesos diarios. De la mañana a la noche mojaba los campos con el sudor de su frente, y con el trabajo desacostumbrado todos sus miembros le dolían. Y vivía de pan seco, no teniendo más que sus propias lágrimas para humedecerlo. Al tercer día había sufrido tanto por el calor y el cansancio, que le dijo a su dueño: 'No puedo trabajar más porque me duelen todos mis miembros. ¿Por cuánto tiempo más me atormentarás?' 'Hasta el día en que por el trabajo de tus manos me hayas pagado tus deudas, y cuando hayan pasado siete años serás libre'. Y el hijo desesperado respondió llorando'. 'Pero si no puedo soportarlo ni siquiera durante siete días Apiádate de mí, pues todos mis miembros me duelen y me abrazan'. Y el malvado acreedor le gritó: ¡Sigue con tu trabajo! Si pudiste dedicar tus días y tus noches al desenfreno durante siete años, tendrás que trabajar ahora durante siete años. No te perdonaré hasta que me hayas pagado todas tus deudas hasta el último dracma'. Y el hijo regresó desesperado a los campos, con sus miembros atormentados por el dolor, para seguir con su trabajo. Ya difícilmente podía tenerse en pie debido al cansancio y a los dolores, cuando llegó el séptimo día, el día del Sabat, en el cual nadie trabaja en el campo. Reunió el hijo entonces el resto de sus fuerzas y se arrastró hasta la casa de su padre. Y echándose a los pies de su padre le dijo: 'Padre, créeme por última vez y perdóname todas mis ofensas contra tí. Te juro que nunca más volveré a vivir desenfrenadamente y te obedeceré en todo. Libérame de las manos de mi opresor. Padre, mírame y contempla mis miembros enfermos y no endurezcas tu corazón'. Entonces brotaron lágrimas de los ojos del padre, que tomando a su hijo en brazos dijo: Alegrémonos, porque hoy se me ha dado una gran alegría, pues he recuperado a mi amado hijo que estaba perdido'. Le vistió con sus mejores ropas, y durante todo el día hicieron fiesta y a la mañana siguiente dio a su hijo una bolsa de plata para que pagase a sus acreedores cuanto les debía. Y cuando su hijo regresó, le dijo: 'Ya ves, hijo mío, lo fácil que es con una vida desenfrenada contraer deudas por siete años, pero es difícil pagarlas con el trabajo de siete años'. 'Padre, es verdaderamente duro pagarlas incluso durante sólo siete días'. Y el padre le advirtió, diciéndole: 'Sólo por esta vez se te a permitido pagar tus deudas en siete días en lugar de siete años, el resto se está perdonado. Pero cuida de no contraer más deudas en el tiempo venidero. Pues en verdad te digo que nadie más que tu padre perdona tus deudas por ser su hijo. Porque de haber sido con cualquier otro, habrías tenido que trabajar duramente durante siete años, como está ordenado en nuestras leyes'. Padre, a partir de ahora seré tu hijo amante y obediente, y nunca más contraeré deudas, pues sé que pagarlas es duro.

Y fue al campo de su padre y todos los días vigilaba el trabajo de los labradores de su padre. Y nunca les hizo trabajar demasiado duro, pues recordaba su propio trabajo pesado. Y pasaron los años y las posesiones de su padre aumentaron más y más bajo su mano, pues su tarea contaba con la bendición de su padre. Y lentamente devolvió a su padre diez veces más de cuanto había derrochado durante aquellos siete años. Y cuando el padre vio que el hijo trataba bien a sus sirvientes y a todas sus posesiones, le dijo: Hijo mío, veo que mis posesiones están en buenas manos. Te doy todo mi ganado, mi casa, mis tierras y mis tesoros. Que todo esto sea tu herencia; continúa aumentándola para que goce en ti'. Y cuando el hijo hubo recibido la herencia de su padre, perdonó las deudas a todos sus deudores que no podían pagarle; pues no olvidó que su deuda había sido también perdonada cuando no podía pagarla. Y Dios le bendijo con una vida larga, con muchos hijos y con muchas riquezas, pues era amable con todos sus sirvientes y con todo su ganado'.

Jesús se volvió entonces al pueblo enfermo y dijo: "Les hablo en parábolas para que entiendan mejor la palabra de Dios. Los siete años de comer y beber y de vida desenfrenada son los pecados del pasado. El malvado acreedor es Satán. Las deudas son las enfermedades. El trabajo son los dolores. El hijo pródigo son ustedes mismos. El pago de las deudas es la expulsión de ustedes de los demonios y de las enfermedades y la curación de los cuerpos de ustedes. La bolas de plata recibida del padre es el poder liberador de los ángeles. El padre es Dios. Los sirvientes del padre son los ángeles. El campo del padre es el mundo, que se convierte en el reino de los cielos si los Hijos del Hombre trabajan en él junto a los ángeles del Padre Celestial. Pues yo les digo que es mejor que el hijo obedezca a su padre y vigile a los sirvientes de su padre en el campo, a que se convierta en deudor del malvado acreedor, y fatigarse y sudar en la servidumbre para restituir todas sus deudas. De igual modo, es mejor que los Hijos del Hombre obedezcan también las leyes de su Padre Celestial y que trabajen con sus ángeles en su reino, a convertirse en deudores de Satán, el señor de la muerte, de todos los pecados y de todas las enfermedades, a sufrir con dolores y sudor hasta haber reparado todos sus pecados. En verdad les digo, que grandes y muchos son los pecados de ustedes. Durante muchos años han cedido a las tentaciones de Satán. Han sido glotones, intestinos, semejantes al aliento de los demonios. Y su hedor se hizo tan graarie que nadie podía soportarlo.  
                                                                              
Y cuando se bautizaron a sí mismos, el ángel del agua penetró en sus cuerpos, y de ellos salieron todas las abominaciones e inmundicias de sus antiguos pecados, y semejante a un río que descendiese de una montaña, salieron a borbotones de sus cuerpos gran cantidad de abominaciones duras y blandas. Y la tierra donde cayeron sus aguas quedó contaminada, y tan grande era el hedor que nadie podía permanecer en aquel lugar. Y los demonios abandonaron sus intestinos en forma de numerosos gusanos que se retorcían en el lodo de sus inmundicias internas. Y después que el ángel del agua les hubo expulsado de los intestinos de los Hijos del Hombre, se retorcieron en el suelo con ira impotente. Y entonces descendió sobre ellos el poder del ángel de la luz del so\, y allí perecieron en sus desesperadas convulsiones, pisoteados bajo los pies del ángel de la luz del sol. Y todos se estremecieron aterrorizados al mirar aquellas abominaciones de Satán, de quienes les habían salvado los ángeles. Y dieron gracias a Dios por haberles enviado sus ángeles para liberarles.

Y había algunos atormentados por grandes dolores que no parecían querer abandonarles; y no sabiendo qué hacer, decidieron enviar alguno de ellos a Jesús, pues deseaban mucho tenerle entre ellos.

Y cuando dos hubieron ido en su busca, vieron al mismo Jesús acercándose por la orilla del río. Y sus corazones se llenaron de esperanza y de alegría cuando oyeron su saludo: "La paz sea con ustedes", Y muchas eran las preguntas que deseaban hacerle, más en su sorpresa no podían empezar, pues nada acudía a sus mentes. Les dijo entonces Jesús: "He venido porque me necesitan". Y uno gritó: "Maestro, verdaderamente te necesitamos. Ven y líbranos de nuestros sufrimientos". -Y Jesús les habló en parábolas-: 'Sois el hijo-pródigo, quien durante muchos años comió y bebió, y pasó sus días con sus amigos en el désenfreno y la lascivia. Y cada semana, sin que su padre lo supiese, contraía nuevas deudas, malgastando cuanto tenía en pocos días. Y los prestamistas siempre les prestaban, pues su padre poseía grandes riquezas y siempre pagaba pacientemente las deudas de su hijo. Y 'en vano amonestaba a su hijo con buenas palabras, porque nunca escuchaba las advertencias de su padre, quien le suplicaba en vano que renunciase a sus vicios sin fin, y que fuera a sus campos a vigilar el trabajo de sus sirvientes. Y el hijo le prometía siempre todo si pagaba sus antiguas deudas, más al día siguiente empezaba de nuevo. Y durante más de siete años el hijo continuó en su vida licenciosa. Pero, al fin, su padre perdió la paciencia y no pagó más a los prestamistas las deudas de su hijo. 'Si sigo pagándolas siempre-dijo- no acabarán los pecados de mi hijo'. Entonces, los prestamistas, que se vieron engañados, en su cólera se llevaron al hijo como esclavo, para que con su trabajo diario pagase el dinero que había tomado prestado. Y entonces se acabó el comer, el beber y todos los excesos diarios. De la mañana a la noche mojaba los campos con el sudor de su frente, y con el trabajo desacostumbrado todos sus miembros le dolían. Y vivía de pan seco, no teniendo más que sus propias lágrimas para humedecerlo. Al tercer día había sufrido tanto por el calor y el cansancio, que le dijo a su dueño: 'No puedo trabajar más porque me duelen todos mis miembros. ¿Por cuánto tiempo más me atormentarás?' 'Hasta el día en que por el trabajo de tus manos me hayas pagado tus deudas, y cuando hayan pasado siete años serás libre'. Y el hijo desesperado respondió llorando: ' ¡Pero si no puedo soportarlo ni siquiera durante siete días Apiádate de mí, pues todos mis miembros me duelen y me abrazan'. Y el malvado acreedor le gritó: ¡Sigue con tu trabajo! Si pudiste dedicar tus días y tus noches al desenfreno durante siete años, tendrás que trabajar ahora durante siete años. No te perdonaré hasta que me hayas pagado todas tus deudas hasta el último dracma'. Y el hijo regresó desesperado a los campos, con sus miembros atormentados por el dolor, para seguir con su trabajo. Ya difícilmente podía tenerse en pie debido al cansancio y a los dolores, cuando llegó el séptimo día, el día del Sabat, en el cual nadie trabaja en el campo. Reunió el hijo entonces el resto de sus fuerzas y se arrastró hasta la casa de su padre. Y echándose a los pies de su padre le dijo: 'Padre, créeme por última vez y perdóname todas mis ofensas contra ti. Te juro que nunca más volveré a vivir desenfrenadamente y te obedeceré en todo. Libérame de las manos de mi opresor. Padre, mírame y contempla mis miembros enfermos y no endurezcas tu corazón'. Entonces brotaron lágrimas de los ojos del padre, que tomando a su hijo en brazos dijo: Alegrémonos, porque hoy se me ha dado una gran alegría, pues he recuperado a mi amado hijo que estaba perdido'. Le vistió con sus mejores ropas, y durante todo el día hicieron fiesta y a la mañana siguiente dio a su hijo una bolsa de plata para que pagase a sus acreedores cuanto les debía. Y cuando su hijo regresó, le dijo: 'Ya ves, hijo mío, lo fácil que es con una vida desenfrenada contraer deudas por siete años, pero es difícil pagarlas con el trabajo de siete años'. 'Padre, es verdaderamente duro pagarlas incluso durante sólo siete días'. Y el padre le advirtió, diciéndole: 'Sólo por esta vez se te a permitido pagar tus deudas en siete días en lugar de siete años, el resto se está perdonado. Pero cuida de no contraer más deudas en el tiempo venidero. Pues en verdad te digo que nadie más que tu padre perdona tus deudas por ser su hijo. Porque de haber sido con cualquier otro, habrías tenido que trabajar duramente durante siete años, como está ordenado en nuestras leyes'. Padre, a partir de ahora seré tu hijo amante y obediente, y nunca más contraeré deudas, pues sé que pagarlas es duro.

Y fue al campo de su padre y todos los días vigilaba el trabajo de los labradores de su padre. Y nunca les hizo trabajar demasiado duro, pues recordaba su propio trabajo pesado. Y pasaron los años y las posesiones de su padre aumentaron más y más bajo su mano, pues su tarea contaba con la bendición de su padre. Y lentamente devolvió a su padre diez veces! más de cuanto había derrochado durante aquellos siete años. Y cuando el padre vio que el hijo trataba bien a sus sirvientes y a todas sus posesiones, le dijo: Hijo mío, veo que mis posesiones están en buenas manos. Te doy todo mi ganado, mi casa, mis tierras y mis tesoros. Que todo esto sea tu herencia; continúa aumentándola para que goce en ti'. Y cuando el hijo hubo recibido la herencia de su padre, perdonó las deudas a todos sus deudores que no podían pagarle; pues no olvidó que su deuda había sido también perdonada cuando no podía pagarla. Y Dios le bendijo con una vida larga, con muchos hijos y con muchas riquezas, pues era amable con todos sus sirvientes y con todo su ganado'.

Jesús se volvió entonces al pueblo enfermo y dijo: "Les hablo en parábolas para que entiendan mejor la palabra de Dios. Los siete años de comer y beber y de vida desenfrenada son los pecados del pasado. El malvado acreedor es Satán. Las deudas son las enfermedades. El trabajo son los dolores. El hijo pródigo son ustedes mismos. El pago de las deudas es la expulsión de ustedes de los demonios y de las enfermedades y la curación de los cuerpos de ustedes. La bolas de plata recibida del padre es el poder liberador de los ángeles. El padre es Dios. Los sirvientes del padre son los ángeles. El campo del padre es el mundo, que se convierte en el reino de los cielos si los Hijos del Hombre trabajan en él junto a los ángeles del Padre Celestial. Pues yo les digo que es mejor que el hijo obedezca a su padre y vigile a los sirvientes de su padre en el campo, a que se convierta en deudor del malvado acreedor, y fatigarse y sudar en la servidumbre para restituir todas sus deudas. De igual modo, es mejor que los Hijos del Hombre obedezcan también las leyes de su Padre Celestial y que trabajen con sus ángeles en su reino, a convertirse en deudores de Satán, el señor de la muerte, de todos los pecados y de todas las enfermedades, a sufrir con dolores y sudor hasta haber reparado todos sus pecados. En verdad les digo, que grandes y muchos son los pecados de ustedes. Durante muchos años han cedido a las tentaciones de Satán. Han sido glotones, bebedores y putañeros, y sus antiguas deudas se han multiplicado. Y ahora deben repararlas, y el pago es duro y difícil. No se impacienten por tanto al tercer día, como el hijo pródigo, sino esperen pacientemente al séptimo día, que está santificado por Dios, y entonces acudan con corazón humilde y obediente ante el rostro de nuestro Padre Celestial, para que les perdonen sus pecados y todas sus antiguas deudas. En verdad les digo que su Padre Celestial les ama infinitamente, pues también él les permite pagar en siete días las deudas de siete años. Quienes le deban los pecados y enfermedades de siete años, pero le paguen honestamente y perseveren hasta el séptimo día, a ellos perdonará nuestro Padre Celestial las deudas de los siete años completos".

"¿Y si hemos pecado durante siete veces siete años?", Preguntó un hombre enfermo que sufría horriblemente. "Incluso en ese caso el Padre Celestial les perdonará todas las deudas de ustedes en siete veces siete días.

"Felices son aquellos que perseveran hasta el fin, pues los demonios de Satán escriben todas sus malas acciones en un libro, el libro del cuerpo de ustedes y del espíritu de ustedes. En verdad les digo que no hay una sola acción pecaminosa, hasta desde el principio del mundo, que no sea escrita ante nuestro Padre Celestial. Pues ustedes pueden escapar a las leyes hechas por los reyes, pero a las leyes del Padre Celestial, a esas no puede escapar ninguno de los Hijos del Hombre. Y cuando acudan ante el rostro de Dios, los demonios de Satán hacen de testigos en contra de ustedes por medio de los actos de ustedes, y Dios ve los pecados de ustedes escritos el libro del cuerpo de ustedes y en el espíritu de ustedes, y su corazón está triste. Mas si se arrepienten de los pecados de ustedes y buscan los ángeles de Dios por medio del ayuno y de la oración, entonces, por cada día que sigan ajamando y orando, los ángeles de Dios borran un año de las malas acciones de ustedes del libro del cuerpo y del espíritu de ustedes. Y cuando la última página ha sido también borrada y limpiada de todos los pecados de ustedes, se encontrarán ante la faz de Dios, y Dios se alegra en su corazón y les perdona a ustedes todos los pecados. Y les libera de las garras de Satán y del sufrimiento; los hace entrar en su casa y ordena a todos sus sirvientes, y a todos sus ángeles, que les sirvan a ustedes. Les da larga vida, y nunca más conocerán la enfermedad. Y si en adelante, en lugar de pecar, pasan sus días haciendo buenas acciones, entonces escribirán ios ángeles de Dios todas sus buenas acciones en el libro del cuerpo y del espíritu de ustedes. En verdad les digo que ninguna acción buena queda sin ser escrita ante Dios, y así ocurre desde el principio del mundo. Pues de los reyes de ustedes y de los gobernadores pueden esperar en vano la recompensa de ustedes, más nunca se hará de esperar las acciones buenas de ustedes su premio de Dios.

"Y cuando acudan ante el rostro de Dios, sus ángeles atestiguan a favor de ustedes por medio de las buenas acciones. Y Dios ve las buenas acciones de ustedes escritas en los cuerpos y en los espíritus de ustedes, y se alegra en su corazón. Bendice el cuerpo y el espíritu de ustedes, y todas las acciones de ustedes, y les da en herencia su reino terrenal y celestial, para que en él tengan la vida eterna. Feliz es aquel que puede entrar en el reino de Dios, pues nunca conocerá la muerte.
Y un gran silencio se hizo tras sus palabras. Y quines se sentían desanimados obtuvieron nueva fuerza de sus palabras, y continuaron ayunando y orando. Y quien había hablado primero exclamó: "Perseveraré hasta el séptimo día". Y el segundo igualmente dijo: "Yo también perseveraré durante siete veces el séptimo día".

Jesús les respondió: "Felices son aquellos que perseveran hasta el fin, pues heredarán la tierra.

Y había entre ellos muchos enfermos atormentados por fuertes dolores, y se arrastraron con dificultad hasta los pies de Jesús. Pues no podían ya caminar sobre sus pies. Dijeron: "Maestro, el dolor nos atormenta intensamente; dinos que haremos". Y mostraron a Jesús sus pies, cuyos huesos estaban retorcidos y nudosos y dijeron:
"Ni el ángel del aire ni el del agua, ni el de la luz del sol han disminuido nuestros dolores, a pesar de habernos bautizado nosotros mismos y de haber ayunado y orado y seguido tus palabras en todo".

"En verdad les digo que los huesos de ustedes sanarán. No desesperen, pero no busquen la curación sino en el sanador de los huesos, el ángel de la tierra. Pues de ella salieron los huesos de ustedes, y a ella retomarán".

Y señaló con su mano donde la corriente de agua y el calor del sol habían ablandado la tierra dando un barro arcilloso, en el borde del agua. "Hundan sus pies en el fango, para que el abrazo del ángel de la tierra extraiga de los huesos de ustedes toda inmundicia y toda enfermedad Y verán como Satán y los dolores de ustedes huyen del abrazo del ángel de la tierra. Así desaparecerán las nudosidades de los huesos de ustedes, y se enderezarán, y todos sus dolores desaparecerán".

Los enfermos siguieron sus palabras, pues sabían que se curarían.


Y había también otros enfermos que sufrían mucho con sus dolores, a pesar de lo cual persistían en su ayuno. Y sus fuerzas se agotaban, y un calor extremo les atormentaba. Y cuando se levantaban de su lecho para ir donde Jesús, les empezaba a dar vueltas la cabeza, como si un viento radicado les azotase, y tantas veces como trataban de ponerse en pie cayendo nuevamente al suelo. Entonces, Jesús acudió a ellos y les dijo: "Sufren porque Satán y sus enfermedades atormentan los cuerpos de ustedes. Más no teman, pues su poder sobre ustedes terminará pronto. Porque Sabíán es como un vecino colérico que penetró en la casa de su vecino mientras éste estaba ausente, pretendiendo llevarse sus bienes a su propia casa, y regresó a ésta corriendo. Pero alguien avisó al otro que su enemigo estaba saqueando su casa, y regresó a ésta corriendo. Y cuando el malvado vecino, tras haber reunido cuanto le había apetecido, vio de lejos al dueño de la casa que regresaba a toda prisa, se encolerizó por no poder llevarse todo y se puso a romper y estropear cuanto allí había, para destruirlo todo. Así aunque aquellas cosas no pudieran ser suyas, tampoco las tendría el otro. Pero el dueño de la casa llegó inmediatamente y, antes de que el malvado vecino consiguiese su propósito, le asió y le echó de la casa: En verdad les digo que de igual modo penetró Satán en los cuerpos de ustedes, que son la morada de Dios. Y tomó en su poder cuanto deseó robar: la respiración, la sangre, los huesos, la carne, los intestinos, los ojos y los oídos de ustedes. Más por medio del ayuno y de la oración de ustedes, han llamado al nuevo señor del cuerpo del cuerpo de ustedes y a sus ángeles. Y ahora Satán ve que el verdadero señor del cuerpo de ustedes vuelve y que es el fin de su poder. Por ello, en su cólera, reúne una vez más sus fuerzas para destruir el cuerpo de ustedes antes de la llegada del señor. Por eso Satán les atormenta con tanto dolor, pues siente que su fin ha llegado. Más no dejen que sus corazones se estremezcan, pues pronto aparecerán los ángeles de Dios para ocupar nuevamente sus lugares y volver a consagrarlos como templos de Dios. Y asirán a Satán y le expulsarán de los cuerpos de ustedes, junto con todas sus enfermedades y todas sus inmundicias. Felices serán ustedes pues, pues recibirán la recompensa de su constancia nunca más conocerán enfermedad".