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martes, 4 de noviembre de 2014

LO QUE DICEN LAS FLORES

 


TESOROS DEL TERRUNO
Para mi vieja, para mi
idolatrada madre, dechado
de bondades y espejo
ante quien me recreo.
Soñaciones
Yo he visto en Nivaria, yo he visto en la “peña tinerfeña”, en sus jardines arautapalenses, en sus vergeles taorinos,  cosas, muchas cosas prodigiosas y…
En esa isla platónica, en esa roca ingente llamada “Columna del Cielo”, en mis ensueños yo he visto las flores reír, las flores llorar durante las noches, durante los días sin cesar.
Las flores, con sus perfumes, con tas aromas, saturan las brisas del “Mayo florido” y llenas de luz esplendente,  en aquellas hermosas mañanas del “mes de las florestas”, enamoran a las gratas tardes crepusculares, rindiendo recuerdos misteriosos a un sol que dejó de brillar, o a una noche lunera que llega apacible y acariciadora.
Pinceladas
Flores, luces y brisas, todo se presta a matizar, a llenar, a saturar los rincones  más escondidos de las selvas y prados isleños, dándoles vida, tonos y colores. Ellas forman un idílico y plácido  encanto que encanta su existir y todo y todas pintan, alumbran y lavan al deleitoso nido de mis gratas añoranzas, a la cuna de mi solar natal.
De los barrancos y quebradas, de las montañas y cumbres las sendas tortuosas, pintan, alumbran y lavan a porfía. También ellas se inspiran en formar el agradable camino de su lozánico alcázar, para en él depositar los íricos colores que, más tarde, donan a  cuantos admiradores del paisaje con alma de artistas los pretenden reproducir.
Acuarelas
Aquí están las flores. Luces y brisas, tonos y colores en radiante plenitud llenan el paisaje y se ven festejarles,
Las colinas y cuestas pobladas de verdor indescriptible, amigablemente descienden hasta tomar descanso, asiento, en la fresca y riente mansión del señorial “valle de les jardines” – formando por caprichosos e inclinados escarpes sobre el terreno ondulante que el Teide fundió – largas calzadas también se ven pavimentadas calles lucen, y en aristas y fajas tapizadas por aromáticas yerbas, el conjunto grandioso tiene brillor turquesino, brillar primavéral.  Es todo un grato pencil,
Blancas viviendas, casas blazonadas, calles estrechas y caminos largos, repartidos están a uno y otro lado del paradisíaco terruño. En todo ello, las aguas graciosas y mansas corren sin detener su marcha fructificadora; en todo y por todo, millares de aves y mariposas hacen el aleteo diurno y nocturno  sin parar, de un modo fantástico…
El rocío del alba púdica, la vaporosa escarcha qué precede a las heladas y perpetuas nieves, por doquier aroman y moran en santa paz. La tierra queda agradecida, y la lluvia a veces llega cariñosa, bajando en madejas de perlas  orientales desde el Etéreo, para darle mayor riqueza al paisaje gentil y de hermosura sin par que se ha descripto ya.
Armonías
Tranquilos duermen sus sueños de amor las “Cuatro manzanas de Oro del legendario jardín”, los cuatro pueblos que, con gracia mitológica, les representan  desparramados en el edén taorino,  pero guardado y defendido por el alado dragón que en visiones o utopía» los bardos cantaran pulsando sus lira» armoniosas
Aquellas chozas, aquellas viviendas, aquellos palacios, se ven llenos de portones y ventanales; y lucen en artísticos laberintos, preñados, enrramados, adornados de plantas o de matas variadas; todo, floreciendo y derramando sus savias, sus néctares, se convierte en ricas tintes que suben rientes hasta lo alto de las torres y campanarios, para luego, unidos a los ecos vibrantes de sus esquilas, repercutir cadenciosos allá en los bosques o entre las onda» del mar, siempre tejido en encajes de azul y plata, siempre entonando canciones y trobas a un adiós que no fina jamás.
“Y esto son tesoros del terruño y esto es lo que dicen las flores.”
Realidad
En matutinas y vesperales luces, yo he visto en Taoro, yo he visto en mi patria, las flores reír, cantar, llorar… y abriendo sus corolas de púrpura y oro, adormecen a otras flores, a otras, que doblan sus pétalos con turna gracia y gentileza.
Ellas son hermanas, ellas son legítimas hijas de “la madre tierra tinerfeña”, quien las engendró, quien las cría y protege de noche y día.
De la isla nivarina y nacidas por “Mayo florido”, crecen en los vergeles taorínos y en los jardines de Arautápala las flores. En ella, también muéren y al morir, dejan a otras flores sus vidas, sus gracias, sus fragancias…
Y mis sueños floridos no son ensueños, porque mis soñaciones se han convertido en la más grande realidad… Ella en un todo confirma que de Tenerife, en su incomparable valle de Arautápala, está el lugar  de descanso de los bienavénturados y así lo han cantado antiguos poetas, y así lo han escrito veraces historiados y viejas crónicas nos lo enseñan.
También mi vieja, por quien soy lo que soy, me lo ha contada, y sus palabras serán la creencia fiel que llevaré en el alma como artículo de fe, imborrable e imperecedero.
 El Barón de Imobach. Mayo de 1923.


Mi cantiga a un viejo rey

El ARBOL SANTO


¡Oh Terebinto! Eres el árbol de la noble estirpe bimbachina. El divino manantial de la peña de ensueños y leyendas milenarias, el de poéticas concejal, el que nacido en ¡a patria de Armiche, con tu néctar, apagarias en hora de angustia la sed a sus solitarios súbditos y luego… el prisionero principe Angerón, dándote a conocer a los hispanos conquistadores, a los que turbaron el reposo y la paz del solar de tu natalicio, por tan benéfica causa, titulándote ÁRBOL SANTO.
Parte de tu anciano tronco, talvez fuese convertido por promición divina, después de muerta la savia que te vivificara, en efigie sagrada; en estatua de la madre de Dios, de la Virgen y Señora de los Reyes, en el austero retrato que, en aquellos pasados tiempos de bienaventuranzas, luciría radiante hermosura entre las auras milagrosas, quedas y adormitadas, sobre el continuo goteo de tus preciadas lágrimas, sobre tus perfumadas aguas, o bien de tarde en tarde cubriendo cual manto celestial la Alberca Tesoro de ellas, en la piscina salutífera que baña el terruño amado que la tradición rememora y evoca mi sima enamorada por vez primera «EL SEPULCRO DE GAROE».
Francisco P. Montes de Oca García
Puerto de la Cruz, Noviembre 1921.



Caperucita Encarnada. (Versión canaria de este cuento clásico)


Érase una vez un fiscanguallo chica, menuda, chinija, llamada Caperucita Encarnada, desinquieta, más ensayada que una escopeta y con mucho tino para hablar, que nunca se metía en rebotallos ni rifirrafes, que no era faltona e iba arregladita como un tollo compuesto pues no le gustaba afrentar a su madre vistiendo como un pilfo.
Se emperretó en visitar a su viejita abuela que vivía en el monte y a quien ya se le estaba yendo el baifo porque la estaba abicando, y antes de que la espichara quería llevarle una cereta de tunos indios, una lecherita de beletén más una taleguita de gofio misturado, o sea, de trigo y millo que tanto le agradaba a la anciana señora.
Así es que arrancando la penca, la niña se adentró en el monte con cierto chirgo, pues sabía que el rabo de perinqué y totorata del lobo, confianzudo y de mal tabefe, la espiaba para trincarla y comérsela de enyesque acompañado de una pella de gofio y plátano, dos jareas, un lebrillo de arvejas, papitas arrugadas con mojo encarnado de la puta la madre y una botella de agua de San Roque con gas.
El lobo era un palanquín de aspecto revejido, flaco como una verguilla y un pejiguera siempre dispuesto a jeringar. Así es que en cuando vio a Caperucita se puso a dar esperridos como un mataperro para asustarla, pero Caperucita, enrroñada y con su pachorra de siempre, ante aquel cloquío lo miró de refilón y sin levantarle el gallo le dijo que el que iba a cobrar iba a ser él, que a ella nadie le cogía la camella……, haciéndole fos y continuando su camino sin atorrarse, lo que dejó al laja del lobo margullando en saliva y rezongando de amulamiento por no poder comérsela y empajarse.
El lobo, rascado y de mala tiempla, se acercó al chorro a refrescarse el totiso y el gaznate por no tener cerca un cafetín para un carajillo, y allí, sentado sobre una piedra, pegó la hebra consigo mismo mientras se comía las uñas hasta las raspas y con el pensamiento trataba a Caperucita de risquera, echona, cocorioco, erizo cachero, trasmallo y no sé cuántos piropos a cual más pior.
Emborregado, agoniado y con la matraquilla de querer comérsela, corrió desesperado a casa de la abuelita bajo un chipi-chipi que lo dejó entripado, medio enchumbado y renqueando de tanto correr.
Como era un poco tabaiba, aunque farol y malo como un aguaviva, estornudó cerca de la ventana, con lo cual al oírlo, abuela y nieta, que le escarmenaba el pelo a aquella, cogieron sendos teniques para darle un macanazo y acabar con el guineo ya que no podían verlo ni en pintura y que así se fuera escaldado de una vez por todas.
Los teniques salieron como voladores rabúos por la ventana yendo a caer con geito sobre el zarandajo del lobo que, escarranchado en el suelo, se comía una embozada de fresas para matar el hambre.
Como un sanana, enchapado de vergüenza y doblado como una alcayata salió de allí enfoguetado, mientras Caperucita y su abuelita (que se había olvidado que estaba con la quilla en el marisco y ya para la gueldera) se comieron un cucurucho de helado y cotufas con azúcar mientras llenaban la habitación de sopladeras de colores con belingo incluido. (Canarizame)



Ritual de curación de las lombrices



“Colócase al paciente boca abajo, se le unta la espalda con la sangre de la cresta de una gallina negra ó mejor un gallo y se le pasa rapando una navaja de barba hasta que al operador le parezca que ha echado sangre bastante, cuya sangre proviene de las cabeza de las lombrices cortadas; luego debe tomar una dosis de polvo de  santónico 3 gramos, echados en leche por la mañana en ayunas durante cuatro días.” (Extracto de A través de las Islas Canarias, de Cipriano de Arribas y Sánchez, 1900.)
Sin duda el ritual de los cortes es una suerte de subyugación al poder del Yerbero, un acto de fe, fe necesaria para curarse, porque su poder reside en sus manos, en su conocimiento, pero sobre todo es un “don” de Dios.
La inmensa superstición asociada o quizás provocada por la ignorancia de las gentes, unidas a un ritual que acrecienta por su espectacularidad el carácter mágico del tratamiento, hacen ignorar el hecho, de que el santónico está documentado como remedio para las lombrices, desde la época de los griegos, llegando a ser llamado, hierba mata lombrices.
Esa superstición hacía acudir a los Yerberos en busca de remedios, de alivio de sus males, originados en su ignorancia, por demonios o espíritus que los asolaban, el Yerbero cura su temor con un ritual, inutil y ridículo a nuestros ojos, y sana su cuerpo con los remedios que conoce; aunando en sus curas mágia y conocimientos ancestrales. Cura el alma y el cuerpo.
La medicina actual es mucho más eficiente en sus remedios farmacológicos para curar el cuerpo, pero dejan el alma, entendiendo el alma como la parte emocional, para el sicólogo o el siquiatra. Quizás deberían de aprender esta parte de los Yerberos. El “ritual” es tan importante como el remedio.
Aunque tampoco hay tanta diferencia, antes todo eran demonios, espíritus, hechizos, ahora son “virus que andan”.
Alejandro Carracedo Hernández
P.D.: Por supuesto no pido que los médicos realicen sacrificios ni cortes indiscrimanados, me refiero al hecho “mental” de cualquier cura.

1900.

Nuevo y eficaz rezado contra los hechizos

“Examinando de antemano los orines del paciente, embrujado ó hechizado, que conoce esta enfermedad, colocando boca abajo el frasco que los contiene y en la sombra que en el interior proyecta la tapa, cree ver la toca de la bruja hechicera y el Taumaturgo le enjareta el exorcismo:
(Nombre del afectado), criatura de Dios, yo te curo y ensalmo, de mal aire, mefítico, colado, pestilencial, pantanoso, de  ojos de brujos y hechiceros, magnéticos y endemoniados, de duendes, malefícios y males impuestos, susto, quebranto, fiebre, tabardillo, anima arrimada, costado y de cualquier dolencia que tengas en tu cuerpo, botándole donde se queme y no haga daño á nadie. Jesús en cruz murió y en cruz te curo yo, y así como estas palabras santas y verdades, se sirva quitar el mal que tenga (nombre del afectado) en su cuerpo.
Si el mal te entró por los piés y las manos te lo cure San Amaro; si por la barriga Santo Domingo; si por el corazón, la Santísima Madre de Dios; si por el estómago San Gregorio; si por la garganta San Blás; si por la cara Santa Clara; si por los quejos San Alejo; si por la boca Santa Polonia; si por la nariz Santa Beatriz; si por los ojos Santa Lucía; si por el cuerpo San Sebastián; si por la piel San Roque; si por la frente San Vicente; si por la cabeza San Juan Bautista; si por las articulaciones San Felipe Nery; si de de mordedura de perro Santa Quiteria; si de perro rabioso Ntra. Sra. de Baldejimena; si es lepra hechicera San Lázaro; si es por las espaldas, te lo sane Nuestro Señor Jesucristo que es quien todo lo puede; si mal no se quita suplicar á Santa Rita y si es imposible la cura á Santa Rosa de Lima. (Se reza por seís días seguidos y doce si ha pasado un viernes antes de empezar la cura, rezando tres credos cada vez).

Tres te lo dieron, tres te lo han de quitar, que son Padre, Hijo y Espíritu Santo, Amén Jesús; tres mil veces Jesús, José y María.”  (Extracto de A través de las Islas Canarias, de Cipriano de Arribas y Sánchez, 1900.)

lunes, 3 de noviembre de 2014

El oficio de Animero

1956.


Fallece don Agustín Alegría, último Animero de las Islas Canarias

Nuestras culturas latinoamericanas tienen una carga cultural, basada en el uso de curanderos para remediar males físicos, espirituales, tales como hueseros, yerberos, y curanderos de mal de ojo, hechizos, etc.

En las Islas Canarias en la vertiente norte de Tenerife, existió el antiguo oficio de Animero, era una persona sensible a la presencia de ánimas en pena y  espíritus malignos de origen humano, que producen efermedades, tales curanderos hispánicos de las islas Canarias tenían conocimientos mas cargados hacia el conocimiento espiritual Cristiano, en comparación de los curanderos americanos que basan sus conocimientos en milenios de tradición chamánica. El Animro Canario no cobraba, recibía una cooperación voluntaria.

A los animeros que nacían con este don, se les reconocía cuando el bebé lloraba en el vientre materno, tenía frecuentes abstracciones y conversaciones con seres incorpóreos, estas son características de un futuro animero con dones naturales, capaz de ver y hablar con las ánimas Benditas.

Según cuenta la tradición, en Canarias, cuando los médicos no podían curar ya a un enfermo, asistían con el animero, curaban tanto a niños o adultos moribundos, así como enfermos en general, lo que se comenta, es que las almas, según las creencias aceptadas, pueden acercarse a los vivos ya sea por una deuda incumplida en el caso de las ánimas benditas del purgatorio, o por una maldad provocada por un alma condenada dada su naturaleza maligna, siendo el último caso el mas peligroso, pues sus almas se habían degenerado, intentando causar el mal a la gente a la que se arrimaban, en este caso, el animero realizaba oraciones y rituales para desarrimar esa ánima.
En los ritos Canarios, el animero se ponía enfrente del enfermo y entablaba el diálogo con el ánima arrimada a la persona que atormentaba, despues de saber las intenciones del ánima y el porqué de su arrimo, el animero actuaba en consecuencia.
Se cuenta el caso de una señora en El Palmar, en Canarias, la tenían amarrada porque tenía ataques de furia y quería matar a toda la familia, y era un espíritu condenado que estaba resentida con ella, de los que se denominan vengativos, aunque venía a pedirle perdón, era de naturaleza maligna y se vengó con una circumdatio y obsesión demoniaca (no era posesión) le impedía comer, los mandaba a soltar el animero, dueño de la situación a través de su Fe y la oración, la familia no la querían soltar, porque temían que los matase, aparte de que le decían que no comía ni nada, pero el insistió y la soltaron, y les dijo que ahora iba a comer, le dieron una taza de leche, tenía el cordón de San Francisco encima, con la cual la santiguaron al principio del ritual, iba una o tres veces normalmente a ver al Animero y ya volvían curados a su casa.

Si el motivo del arrimo era una deuda o promesa no cumplida, le comunicaba el motivo a la persona afectada, y junto a una oración piadosa, se le pedía al espíritu o alma que se desarrimara, invitándola a seguir con su camino hacia la Luz, en cambio, si el ánima se arrimó con intensiones malignas, el animero tomaba acciones mas drásticas como el azote al espíritu con el cordón de San Francisco, la oración siempre estaba presente en este menester:

Casa de Jerusalém
donde Jesucristo entró
el mal al punto salió
entrando a la vez el bien

Yo pido a Jesucristo también
el mal se vaya de aquí
(Se dice el nombre de la persona)
que venga el bien para ti
por estas palabras Amén.   Se persignan todos.


Como parte de la cultura de Canarias, el Animero utilizaba un talismán, en bronce y plomo, con unos morivos zoomorfos semejantes a los que se encuentran en el arte rupestre aborígen, se lo colocaba encima de la cabeza para hablar con los espíritus
Otro caso fué el de una mujer que estuvo en cama 3 años, visitando médicos sin resultado alguno, y la llevaron donde el animero estaba, sin los familiares incrédulos para no interferir en la curación, y resultó que ella debía promesas, la llevaron a la casa en la noche, unas 3 veces, la mujer se levantó, y posteriormente se casó, el médico le decía que no se casara porque no iba a tener hijos, y tuvo 5 hijos.
En las Islas Canarias usaban el sacramental denominado Cordón de San Francisco, una cuerda con 5 nudos que se conseguían con monjas, curas y monjes de la orden Franciscana, o bendecida por cualquier párroco mediante una oración de exorcismo, para alejar a los malos espíritus que vejaban u obsesionaban a los enfermos. Actualmente en algunos rituales de Sanación Cristiana Católica, este cordón es azotado con gentileza sobre el enfermo en el caso de ser un ser condenado, o  se santigua con el al enfermo si es un ánima, rezando plegarias de intercesión a San Francisco de Asis:
Padre Nuestro, Ave María, Credo.

Padre Eterno, en nombre de Jesus, por intercesión de San Francisco de Asís, concédele a esta alma atormentada de sus males la salud.

Posteriormente se reza la oración de liberación de San Benito:
Oración en Latín

Crux Sacra Sit Mihi Lux
Non Draco Sit Mihi Dux
Vade Retro Satana
Numquam Suade Mihi Vana
Sunt Mala Quae Libas
Ipse Venena Bibas



Oración en Castellano.

Mi luz sea la Cruz Santa
No sea el demonio mi guia
¡Apartate Satanás!
Nunca sugieras cosas vanas
Pues maldad es lo que brindas
bebe tú mismo el veneno

Iván Hernández


domingo, 26 de octubre de 2014

LA PARODIA DEMOCRÁTICA ESPAÑOLA





Año 1991 CORTES GENERALES (España) IV Legislatura Comisiones. Núm. 104

DIARIO DE SESIONES DEL S E N A D O

COMlSlÓN DE PRESIDENCIA DEL GOBIERNO E INTERIOR

PRESIDENCIA DE DON JUAN ANTONIO AREVALO SANTIAGO

Sesión Informativa celebrada el lunes 28 de octubre de 1991

Orden del día:

- Comparecencia del señor Ministro del Interior, don José Luis Corcuera Cuesta, a petición del Grupo Parlamentario Mixto, para informar sobre los hechos ocurridos el 28 de mayo de 1991 en la Montaña de Muda, Isla de Fuerteventura (Las Palmas). (Núm. Exp. 71 1/000027.)

Se abre la sesión a las diecisiete horas y diez minutos.

El señor PRESIDENTE: Se abre la sesión.

El señor Letrado dará lectura a los nombres de los componentes de la Comisión para conocer la asistencia y sustituciones, en su caso.

Por el señor Letrado se procede a la comprobación de los señores Senadores presentes y representados.

El señor PRESIDENTE: Les ruego se abstengan de fumar para cumplir con las normas de la Mesa.

Vamos a iniciar la comparecencia del señor Ministro del Interior, a petición del Grupo Mixto, para informar sobre los hechos ocurridos el 28 de mayo de 1991 en la Montaña de Muda, isla de Fuerteventura (Las Palmas).

Tiene la palabra para intervenir y exponer la petición de comparecencia don Gerardo Mesa Noda.

El señor MESA NODA: Gracias, señor Presidente.

Buenas tardes, señor Ministro. Después de tanto tiempo de haber solicitado la comparecencia, parece que ha perdido un poco de actualidad el asunto.

Creo que la comparecencia que solicitaron mis compañeros era para que se explicaran los hechos que ocurrieron en la Montaña la Muda. Quizá antes de hablar de los hechos de la Montaña la Muda haya que hablar un poco de los antecedentes de estos hechos y de por qué ocurren estas cosas en la isla de Fuerteventura.

En principio tengo que decir que se trata de una isla, un territorio discontinuo y escaso, con una población también escasa, de unos 35.000 a 40.000 habitantes, cuyos recursos son la pesca, pesca de bajura, porque en las costas africanas ya casi no se puede pescar, una escasa agricultura debida a su escasez de agua y un 90 por ciento de turismo, población que en el referéndum de la OTAN votó mayoritariamente en contra. En 1975 se estableció allí el Tercio Don Juan de Austria, tercero de la Legión, con 3.500 legionarios para una población de la capital de 7.000 a 9.000 habitantes.

Como comprenderán, 3.500 personas uniformadas en un contexto de tan poca población distorsiona totalmente la población aunque fueran monjas, y no eran precisamente eso.

Empezaron a ocurrir los lamentables hechos de que se queja la mayoría de la población de Fuerteventura, como son el asesinato de un alcalde pedáneo en el pueblo de Guisguey; el asesinato de tres turistas; la muerte del Presidente del Cabildo en un coche casi robado por un legionario; el secuestro de un avión de Iberia en el año 1979; el intento de secuestro de otro avión en el año 1986, si mal no recuerdo, cuando este Tercio era el encargado de vigilar el aeropuerto, y a pesar de las quejas del jefe del aeropuerto, que decía que si habían secuestrado anteriormente un avión cómo era que los ponían a vigilar y a cuidar el aeropuerto un centinela fue el que intentó un segundo secuestro; un tercer secuestro de hace unos meses; robo de embarcaciones; robo en la población.

También había que decir que en la isla de Fuerteventura, una isla donde si hay algo escaso es el territorio, hay un campo de tiro de 47 millones de metros cuadrados, campo de tiro donde se hacen ejercicios y donde han caído con frecuencia bombas en las poblaciones de alrededores, en las carreteras, junto a pastores, junto a colegios; campo de tiro donde van a hacer ejercicios aviones que, después de hacer los ejercicios de tiro, pasan en vuelo rasante por las playas donde los turistas están bañándose y tomando el sol, turistas que son la principal fuente de riqueza de la isla en Fuerteventura.

Además del campo de tiro se han constatado ejercicios de tiro en la Isla de Lobos, en el Matorral; unos ornitólogos ingleses presentaron una queja ante el Ministro por haber sido sorprendidos por ejercicios de tiro en una zona donde no había ninguna indicación de que aquello fuera un campo de tiro. No solamente en el campo de tiro hay maniobras, sino en toda la isla, estropeando, quemando, asaltando casas de labor y sembrados, haciendo ejercicios y acampada incluso en cementerios alegando que eran puntos estratégicos, haciendo ejercicios de luchas callejeras en la zona del Castillo y en la zona de Ampuyenta con balas de fogueo e incluso con helicópteros persiguiendo a los soldados entre las casas; desembarcos de la Armada en las playas de Tarajalejo y en Costa de Calma, donde están los turistas, lanzando cargas de profundidad en zonas de pescas estacionales como es el atún.

Todos éstos son los hechos que la población esta 'constatando en la isla de Fuerteventura, y esto de la estación en la Montaña la Muda no es un hecho aislado, sino que hay que verlo dentro del contexto de la continua militarización a que está sometida la isla de Fuerteventura.

Pues bien, en este contexto, mientras que en la isla de Hierro se intenta establecer una estación para el tráfico aéreo civil y otra militar, y la población de Hierro se opone a la instalación militar, que no a la civil, en la isla de Fuerteventura se está construyendo una estación cívicomilitar no sé si para que no se pueda decir que no a una sin decir que no a la otra. El pueblo de La Matilla, que es donde está la Montaña la Muda, ya venía protestando y haciendo manifestaciones con anterioridad a este 28 de mayo de que hablamos, y me pidió que los apoyara en estas manifestaciones.

Efectivamente, la gente del pueblo de La Matilla y yo también nos pusimos ante las máquinas para evitar que aquella montaña fuera destrozada, ya que también hay unos yacimientos arqueológicos en la zona, pero no es solamente por los yacimientos arqueológicos, sino porque el pueblo y nosotros no sabemos hasta dónde va a llegar la militarización de la isla de Fuerteventura.

Estando en esta manifestación o en este bloqueo, si se quiere llamar así, de la construcción de esta base para antenas militares y civiles que dicen que se van a establecer allí, el capitán de la Policía de la Guardia Civil, que llegó allí con un piquete antidisturbios con cascos, con escudos, con «jeeps», como si se tratara de algún asalto,
me dijo: «Senador, retírese de aquí porque van a trabajar las máquinas. Si no se retira, lo vamos a retirar nosotros.» Yo le dije: «Muy bien, hagan lo que quieran.»

Entonces me cogieron en volandas, y mientras me Ilevaban, uno de los guardias civiles me dijo: «Camina, cabrón», y me dio con una porra en el pie derecho, dejándome cojo durante tres días. Fui al hospital y tengo un parte médico donde se explica la agresión sufrida. Pero no sólo fue un insulto y una agresión que a cualquier ciudadano me imagino que afectaría y que no habría ninguna forma de defender, sino que me transportaron a una zona pública, una pista, y cuando me dejaron allí el capitán me dijo:
«Fuera de aquí.» Yo le dije: «Estoy en un lugar público y  no hay nadie que me pueda decir que me vaya de un lugar de libre circulación.» El me dijo: «Si quiere presentar una
demanda, preséntela), y entre cuatro guardias civiles me cogieron como un saco y me lanzaron dentro de un «jeep», me sacaron de la zona y me dejaron libre.

Estos son los hechos. Me extraña que haya pasado tanto tiempo después de esto, no digo por mi condición de Senador, sino el simple hecho de cualquier ciudadano, y que no haya habido ninguna respuesta por parte del Ministerio del Interior.


Estos son sencillamente los hechos.

El señor PRESIDENTE: Muchas gracias, Senador Mesa,

Tiene la palabra el señor Ministro del Interior.

El señor MINISTRO DEL INTERIOR (Corchera Cuesta): Gracias, señor Presidente.

Señorías, la verdad es que probablemente el tiempo transcurrido y la tardanza, ajena totalmente a mi voluntad, porque es mi deseo comparecer cuando sus señorías lo entiendan conveniente, nos ha permitido hacer un repaso de las cosas que aparentemente han ocurrido en la isla desde el año 1979. Su Señoría dice que en 1979 hubo un intento de secuestro, nos ha hablado de la Legión, nos ha hablado del campo de tiro. No soy yo el interlocutor para hablar de esos temas. En cualquier caso, todo ese recorrido tiene poco que ver con lo que de la información practicada en relación con los hechos ocurridos yo tengo noticia, que paso a dar a sus señorías no sin antes llamar
la atención de todos ustedes respecto de lo normal que es que las Fuerzas de Seguridad, Policía, Guardia Civil, cuando tienen que solucionar un conflicto de orden público, se pongan cascos, lleven escudos, lleven material antidisturbios y, aunque a su señoría le parezca anormal que vayan en «jeep» en vez de ir andando, pues es lo más natural del mundo. Cuando se tiene que desplazar, la Guardia Civil supongo que también tiene el derecho de ir en un medio de locomoción.

Dicho esto, señor Presidente, señoras y señores Senadores, quisiera manifestar ante todo -y espero que no quede de ello duda alguna- mi máximo respeto por quienes ostentan la representación del pueblo y por las actuaciones que llevan a cabo en el ejercicio de esa función representativa, el mío y estoy seguro que el de todos los miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.

Comenzaré mi intervención haciendo una somera exposición de cómo se desarrollaron los incidentes ocurridos el día 28 de mayo -por cierto, poco antes de las elecciones municipales- en la isla de Fuerteventura, según la información que obra en mi poder, exponiendo, a continuación, mis conclusiones derivadas del análisis de esos hechos.
La oposición activa a las obras que el Ministerio de

Defensa pensaba realizar en la isla de Fuerteventura comenzó ya en el mes de julio de 1990. El Ministerio de Defensa decidió construir en la montaña denominada Hija de la Muda, en el pueblo de La Matilla, término municipal del Puerto del Rosario, Fuerteventura, una antena repetidora de comunicaciones. no muy diferente, por cierto, a otras antenas de comunicación privadas instaladas en la isla, con la peculiaridad, en este caso, de que ésta irá semienterrada por razones de seguridad y tendrá la misión de facilitar las comunicaciones de carácter aeronáutico en el archipiélago canario, tanto militares, para la correcta vigilancia del espacio aéreo, como para prestar servicio a la aviación civil, comunicando el radar civil secundario de la isla de Lanzarote con el centro de control de Gran Canaria.

Una demora en la realización de las citadas obras suponía, como puede deducirse claramente, un perjuicio, no sólo para la defensa aérea de Canarias, sino también para
el control y orientación del abundante tráfico aéreo civil del archipiélago.

Planteada así la necesidad de llevar a cabo esas obras y ante los primeros intentos de impedirlas, a finales de agosto de 1990 el abogado del Estado presentó denuncia ante el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número dos del Puerto del Rosario, por coacciones de un vecino de Matilla, dado que éste había bloqueado con un cable de acero y un muro de mampostería el acceso que conduce desde el pueblo a la cima de la montaña, impidiendo el inicio de los trabajos.

Dicho Juzgado, con fecha 14 de noviembre de 1990, dictó un auto mediante el cual requería al denunciado a que facilitase el paso a la montaña. En el auto se declara que la obra es totalmente legal, autorizando a la Administración del Estado para acceder libremente al terreno de su propiedad, situada en la montaña Hija de la Muda, a través del camino abierto por el cabildo insular que lleva a la cima, recabando el auxilio de la fuerza pública para remover los obstáculos que impidieran su realización.

Este auto, recurrido en reposición por el denunciado, fue desestimado con fecha 14 de enero de 1991.
A finales del mes de abril del presente año, al disponer la Administración de todos los requisitos legales, tales como licencia municipal, así como informe favorable de la Consejería de Política Territorial, y también de la de Cultura del Gobierno Autónomo de Canarias, en el sentido de que las obras no afectaban a ninguna zona arqueológica,
se decidió el inicio de las mismas.

El 3 de mayo de 1991, un grupo de personas pertenecientes a un colectivo denominado Plataforma por la Paz en Fuerteventura, a los que acompañaba su señoría, visitaron al Delegado insular del Gobierno en la isla para que intercediera ante los organismos oficiales con el fin de impedir la realización de las obras. Ante la respuesta de que tales obras, además de necesarias, contaban con todos los requisitos legales y que, por tanto, él no era quién para intervenir y mucho menos interferir su desarrollo, le advirtieron que ellos tratarían de impedirlas por todos los medios.

Los días 6, 7 y 8 de mayo tuvieron lugar los primeros incidentes al iniciarse las obras, oponiéndose a ello un grupo de personas -en la información de que dispongo encabezadas por el señor Senador Mesa Noda. La Guardia Civil presentó en el Juzgado de Instrucción número 2 del Puerto de Rosario el correspondiente atestado. No estamos en el 28, estamos en el 6, 7 y 8.

Los trabajos volvieron a iniciarse el día 27 de mayo, y de nuevo un grupo de unas 30 personas, entre las que se encontraba el señor Senador, impidieron que las máquinas excavadoras pudieran realizar su trabajo. Ese día fueron detenidas 12 personas, puestas a disposición judicial y dejadas en libertad tras prestar declaración.

El señor Mesa permaneció todo el tiempo -según me informan los miembros de la Guardia Civil- haciendo fotografías de las Fuerzas de Seguridad y pareciendo –o al menos ésa es la impresión que a ellos les causó- querer escuchar el contenido de las comunicaciones por radio que mantenían, siendo inútiles las amables invitaciones de la Guardia Civil para que se alejara.

Finalmente, el día 28 de mayo otro grupo de personas nuevamente encabezadas por el señor Senador, subieron a la montaña desde primeras horas de la mañana, se colocaron sentados en el suelo delante de las máquinas e impidieron el inicio de los trabajos. Ante tal actitud, el capitán que mandaba la fuerza intentó dialogar con los concentrados para que voluntariamente se retirasen del lugar y dejasen trabajar a los obreros, a lo que el señor Mesa Noda se negó verbalmente. La Guardia Civil se vio entonces obligada a retirar, sin ningún tipo de violencia, llevando por los brazos, ante su negativa a caminar, a alguno de los concentrados, incluido el señor Senador, que fueron introducidos en un vehículo y depositados a cierta distancia de las obras. El resto de las personas abandonaron el lugar voluntariamente. Señorías, se dio cuenta de estos hechos al Juzgado de Instrucción del Puerto del Rosario.

La valoración que les puedo hacer de los hechos me obliga a estimar que el señor Senador por Fuerteventura en ningún momento fue objeto de agresión física por parte de la Guardia Civil, ni ese día 28 de mayo, ni en los día anteriores, que fueron bastantes, como ya he dejado claro, dicho de otra forma, la Guardia Civil dio muestras, más de una vez y más de dos, de una gran prudencia.

Sin embargo, sé que su señoría alega haber sido herido con una porra en una pierna por uno de los guardias civiles. Estos extremos no han sido reconocidos por los agentes que le transportaban, ni tampoco fueron apreciados por el capitán que caminaba al lado del Senador. Sin embargo, puede haber ocurrido y, sin duda, tuvo que haber ocurrido, dadas las irregularidades del terreno e incluso el forcejeo que se pudo haber producido, que, o
bien por esas irregularidades del terreno o bien cualquier roce con los propios miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado, originara lo que el señor Senador ha relatado hace un momento.

También quiero manifestar, señorías, que considero que la actuación de la Guardia Civil no fue en ningún caso atentatoria contra el ejercicio de la libertad de expresión, ni en el caso de don Gerardo Mesa Noda al ejercicio de su función como representante de los ciudadanos de la isla y que tampoco vulneraron las prerrogativas inherentes a su condición de parlamentario. No creo en absoluto que pueda argumentarse que el señor Senador estuviera en aquel momento desarrollando una actividad en el cumplimiento de una función parlamentaria.

No parece que impedir la realización de unas obras totalmente legales y legítimas y que, además, redundan en el beneficio de la defensa y del tráfico aéreo del archipiélago canario sea precisamente una actividad desarrollada en cumplimiento de su función como parlamentario.

El señor Senador en ningún momento resultó detenido, sino simplemente apartado del lugar donde se encontraba, impidiendo el inicio de las obras, por lo que no considcro que se haya violado la inmunidad parlamentaria reconocida en el artículo 7 1 de la Constitución y en el 22 del Reglamento de esta Cámara. Creo que la dignidad que conlleva el ejercicio de la actividad parlamentaria debe ser objeto del máximo respeto por todos los ciudadanos y de modo especial por los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, pero también considero que quien ostenta esa representación debe cuidar extremadamente que sus actuaciones se mantengan en el marco del respeto a los agentes, en este caso de la Guardia Civil, a las elementales normas de convivencia y, por qué no, a la Ley.

Los miembros de la Guardia Civil, señorías, querrían haberle dicho al señor Senador lo siguiente: «A sus órdenes.- que es lo que debiera haber ocurrido-, señor Senador; esta concentración no es legal, le rogamos, si le parece bien, que aconseje a los manifestantes, si son amigos suyos, que se retiren pacíficamente, sin necesidad de nuestra intervención.» Ese hubiera sido el deseo de los miembros de la Guardia Civil.

La actitud no hizo posible esa voluntad.

No me cabe ninguna duda de que fue una situación desagradable para su señoría, pero también lo fue, y así me consta, para los miembros de la Guardia Civil, que no tuvieron más remedio que llevar a cabo su función.

Considero, por último, señorías, que la Guardia Civil actuó correctamente en el ejercicio de sus funciones y que en ningún momento atentó contra la dignidad parlamentaria de un miembro de esta Cámara, porque ni es posible hacerlo así, ni es voluntad de los miembros de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado.

Muchas gracias.

El señor PRESIDENTE: Muchas gracias, señor Ministro.

Para réplica, tiene la palabra el Senador Mesa Noda.

El señor MESA NODA: Gracias, señor Presidente.

Señor Ministro, cuando hablo de todos los antecedentes desde el año 1975 -no 1979- es simplemente para que usted y los miembros de esta Comisión comprendan por qué el pueblo de La Matilla se opone a la realización de estas obras.

Ya sé que son obras legales, pero es que en Fuerteventura legalmente se estableció la Legión, que ha asesinado a las personas de que hablaba antes -sí, asesinado-, que ha secuestrado al alcalde pedáneo, aunque usted diga que no, de un barrio de allí; que ha asesinado a dos turistas, a otro más que tiró dentro de un pozo, a un presidente de un cabildo, a un oficial, al que ametrallaron, y así podría seguir con un largo rosario de problemas que ha causado la Legión en Fuerteventura.

Con toda legalidad se estableció un campo de tiro de 47 millones de metros cuadrados allí; con toda legalidad, al parecer, se están haciendo ejercicios de tiro fuera del campo de tiro, sin que haya ninguna valla ni nada que indique que están realizando tiros; con toda legalidad, al parecer, están pasando las tanquetas y los convoyes por encima de los sembrados y aunque el Ministro de Defensa diga que en las reuniones de la UEO se habla de molestar lo menos posible a la población haciendo los menos ejercicios posibles en el campo, ya que hay modelos en ordenador para estudiar el movimiento de las tropas, allí, a pesar de haber ese campo de tiro y maniobras, se están haciendo también por toda la isla, y con toda legalidad estamos sufriendo continuas agresiones y continuas militarizaciones de la isla de Fuerteventura.

Entonces, el pueblo de La Matilla y mucha gente de Fuerteventura, cansado de todas estas legalidades, se oponen a la siguiente legalidad, que es la instalación de estos radares militares en la montaña de La Muda.

Y quiero decirles que en julio del año anterior no estuve en ninguna de esas manifestaciones y las oposiciones que allí se produjeron a la realización de las obras los días 6, 7 y 8 empezaron antes de que yo llegara; a mí me llamaron después para que me uniera a ellas. Y cuando detuvieron a esos doce, tampoco estaba yo presente; si no, a lo mejor me hubiran detenido a mí.

Respecto a lo de los «jeeps», estoy diciendo lo que ocurrió allí: nadie esperaba que no fueran con «jeeps», pero es la primera vez que en Fuerteventura aparecen guardias civiles con cascos y con toda esta parafernalia para disolver manifestaciones. Allí nunca ha hecho falta, ni tampoco en ese  momento hizo falta. Se veía que era para amedrentar a la población.

Y en ningún momento me he quejado de que nos hubiesen cogido en volandas a mí y a otros y que nos hubieran quitado de aquel sitio. Era la manera que tenía el pueblo -y yo, acompañándole- de protestar por tanta militarización de la isla. De lo que me quejo a usted es simplemente de las agresiones a mi persona; no a los demás, que no fueron agredidos, sino, efectivamente, cogidos en volandas y sacados de la zona. A mí, señor Ministro, lo crea usted o no -le puedo presentar varios testigos de que el hecho fue así-, me agredieron en una pierna por la espalda. Y si no, pregúntele al capitán, a ver por qué cuando me agredieron dijo: «Carmelo –seguramente habría un guardia que se llamaba Carmelo-, eso no.»

Después me evacuaron del camino que usted dice que abrió el cabildo, que es un camino público, y allí fue cuando el capitán me ordenó que me  retirara. Yo le contesté que estaba en una zona de libre circulación, en una zona pública. Entonces me metieron entre dos o cuatro guardias civiles en un «jeep», y las personas que entraron en él lo hicieron voluntariamente para acompañarme en la evacuación, porque tenían miedo de que me agredieran dentro.

De todo esto hay testigos, señor Ministro.

Yo no me quejo de que  me hayan sacado de aquella zona; entiendo que es legal. La legalidad a veces también causa problemas a la población, como estoy explicando.

Insisto, no me quejo de que me hayan evacuado, sino de que me hayan agredido y me hayan sacado de una zona de libre circulación. Por eso se le pidió que compareciera a los pocos días del suceso, y podría usted haber llamado y preguntado. No es que pida prerrogativas por ser Senador, ni mucho menos, pero lo que me hicieron no se debe hacer a ninguna persona. Y tampoco se lo hicieron a ninguna otra, sino que fueron a por mí; está claro.

El señor PRESIDENTE: Muchas gracias, Senador Mesa.

Tiene la palabra el señor Ministro del Interior.

El señor MINISTRO DEL INTERIOR (Corcuera Cuesta): Muchas gracias, señor Presidente.

La verdad, señoría, es que creo haber dejado claro cómo se tenían que haber producido los hechos, es decir, cómo las fuerzas actuantes se tenían que haber puesto a sus órdenes para que usted les ayudara a solucionar ese problema. Esto no pudo ser así por la sencilla razón de que usted no estaba por la labor, sino que estaba justamente por la labor de impedir a las Fuerzas de Seguridad que cumplieran con su obligación.

He de decirle, si me lo permite, que en su intervención vuelve a hablar en términos históricos, pero generalizando.

Usted habla de la Legión, y de sus palabras se puede desprender que es la Legión la que ha hecho algo, la que ha cometido una agresión. ¿No le parece a su señoría que para ser justos debería utilizar expresiones más prudentes, y hablar, por ejemplo, de algún miembro de la Legión que, por cierto, se puso a disposición de los jueces y estará cumpliendo la condena que le corresponda? Por otro lado, su señoría habla de la parafernalia; probablemente, tiene un concepto militarista de la vida. Usted se refiere a la parafernalia, porque la Guardia Civil va con casco y con material antidisturbios a resolver un conflicto de orden público, como ocurre en cualquier lugar del mundo, incluso en los países en los que su historia no está
ligada precisamente al armamentismo ni al militarismo, sino a no comprometerse con los bloques -como países de nuestro entorno-, en los que la policía va con cascos, porras y escudos. A usted eso le llama la atención y lo denomina parafernalia. Además, para su señoría está dentro de la más completa normalidad que durante los días 6,7 y 8 no todo el pueblo de La Matilla -porque con ese afán de generalizar parece que fueron todos, y no es así-, sino un número respetable -naturalmente- de ciudadanos, junto a los que su señoría se encontraba, impidiera la realización de unas obras, y no creo que su señoría
se encontrara en el ejercicio de su función parlamentaria.

De todas formas, en este punto estoy dispuesto a rectificar si la Cámara lo considera necesario y conveniente.

Lo mismo ocurrió los días 27 y 28, y ya en el año anterior. ¿Cómo se puede desprender, pues, que esa actuación policial haya sido incorrecta, cuando se ha aguantado en más de cinco ocasiones la interrupción de unas obras que tienen toda la cobertura legal?

Y vuelve su señoría a confundir los términos; tiene que ser, necesariamente, porque su intención es ésa, ya que mezcla la militarización con una torre de comunicación que en gran parte está enterrada, por lo que desde todos los puntos de vista molestará menos al medio ambiente que otras antenas de comunicación privadas que se han autorizado y que su señoría conoce perfectamente -porque, si mal no recuerdo, o si no estoy mal informado, es posible que las haya autorizado, por lo menos alguna, cuando estaba ocupando puestos de responsabilidad-, y que no tiene por función aspectos militares.

Por cierto, señoría, en algún lugar habrá que instalar un medio de comunicación para la defensa del espacio aéreo. Pero, además, en estas circunstancias se da la paradoja de que
esa torre tiene una función mixta: civil y militar.

No hubo agresión, señoría, o por lo menos no es ésa la información de que yo dispongo.

Es cierto que se pusieron impedimentos a las Fuerzas de Seguridad del Estado para que cumplieran con su función, y creo que usted estaba en la obligación de colaborar con ellas como representante legítimo del pueblo y de esta Cámara. No es normal que se interrumpan unas obras, sentándose en el suelo con otros, para obligar a las Fuerzas de Seguridad a actuar, cosa que no hicieron antes, y que no querrían haber hecho. Por eso le he dicho que me hubiera gustado que el Capitán se hubiera puesto a sus órdenes para que su señoría le hubiera ayudado a resolver algo que no tenía que haber ocurrido: coger a su señoría y a otros, y levantarles en volandas -lo cual quiere decir que estaba usted sentado, y no de pie- para llevarles a un «jeep» y alejarles del lugar. Y no pongo en duda que tuviera un hematoma en su pierna, pero por la irregularidad del terreno, o incluso puede que involuntariamente, se pudo producir el hecho que le originó esa molestias, que soy el primero en lamentar, señoría, pero siempre que nos pongamos de
acuerdo.

Si su señoría no acepta que no estaba allí con funciones de parlamentario, y que en ocasiones la función de la policía es restituir la legalidad, y que cuando tiene que hacerlo, primero lo hace por métodos no violentos, pero también la sociedad ha creado instrumentos para ejercer la represión, si no acepta eso, insisto, es difícil que podamos
avanzar.

Créame, señoría, yo no me sentiría muy orgulloso de esa actuación si en vez de ser usted, hubiera sido yo. No me sentiría nada orgullo interrumpiendo durante cinco días la ejecución de unas obras que tienen todas las atribuciones legales: desde las del municipio, por cierto, hasta las del Gobierno autónomo, e incluso informes respecto de si allí había restos arqueológicos; es decir, todas las bendiciones. Y habiéndose puesto otras antenas de carácter privado con anterioridad, uno tiene que llegar a la conclusión de que a veces las cosas no son como parecen, señoría. Y pregunto, ¿no tendría eso algo que ver con una campaña electoral tan próxima en el tiempo? ¿No tendría que ver una cosa con la otra? Algunos medios de comunicación, así se lo recordaron pero, en ese aspecto no voy a hacer juicios de valor, aunque insisto en que es posible que algo tuviera que ver.

Muchas gracias, señor Presidente.

El señor PRESIDENTE: Muchas gracias, señor Ministro.

¿Desea intervenir algún portavoz sobre este asunto?

Por el Grupo Mixto, tiene la palabra su portavoz, señor Cuevas.

 (Pausa.)

El señor CUEVAS GONZÁLEZ: Gracias, señor Presidente.

Señor Ministro, voy a reiterar las palabras de mi compañero de Grupo, en el sentido de que lamentamos la tardanza de su comparecencia.

Aunque nos haya dicho que se debe a cuestiones ajenas a su deseo, no nos ha explicado el motivo por el que ha tardado cinco meses en comparecer, Entiendo que su señoría y su gabinete técnico estén muy ocupados en la redacción de varias leyes, una de las cuales parece que va a tener como punto de partida actuaciones como la que hoy estamos debatiendo y sobre la que pedimos explicaciones.

Creo que el señor Ministro quiere desviar el tema, ya que no se trata de una agresión a un Senador, sino a un ciudadano. Con todos los respetos, señor Ministro, tengo que decirle que cuando escuchaba el informe que usted acaba de leer me parecía estar oyendo otro parecido olvidado ya hace bastante tiempo-, en el que se incluían la manifestación de UGT y un informe de la policía o de la Guardia Civil sobre unos ciudadanos, encabezados por el «rojo tal».

Y usted sí que hace juicios de intenciones, porque habla de la campaña electoral como si el Senador Mesa estuviera incluido como candidato en alguna lista electoral.

Creo que no puede hacer juicios de intenciones; los hechos son como son: el Senador Mesa fue agredido por la Guardia Civil cuando se oponía, en su calidad de Senador, o de ciudadano, a una cuestión que aquel pueblo reclamaba. Y me extraña que usted, en esta sala, haga una defensa a ultranza de la legalidad, como le corresponde, cuando hace pocos días ponía en cuestión a personas que determinan dicha legalidad. Por tanto, no se
puede hacer dos discursos, sino uno.

Entiendo que hay que respetar la legalidad, pero también la voluntad popular, y la de aquel pueblo es que no se militarice más aquella zona. Eso es así.

Usted no puede hacer juicio de intenciones cuando dice: el Senador Mesa no fue agredido, y se limita usted a un informe que le ha dado la Guardia Civil, propio de su
Ley de Seguridad Ciudadana. Ante un informe de la Guardia Civil y la palabra del Senador o cualquier ciudadano, para usted prevalece el informe de la Guardia Civil.

Yo le pediría a usted que se dirigiera al hospital de Fuerteventura, al doctor Del Toro, para que le remitiera el parte médico que él emitió el 28 de mayo de 1991 sobre las condiciones en que entró y lo que le había pasado al Senador. No me diga usted que pudieron ser causadas por irregularidades del terreno; no, fueron causadas por porras, porras como las que se han utilizado en Málaga para reprimir a los trabajadores de Interhorce o el otro día en Manilva para frenar el proceso de protesta en una cantera.

Y no quiero hacer una parodia de los guardias civiles o la Policía Nacional, a los cuales tenemos un gran respeto, tanto o más que usted, sobre todo a la Guardia Civil, porque desde Izquierda Unida-Iniciativa por Cataluña no hemos mandado todavía a ningún guardia civil al siquiátrico, y estoy esperando que ustedes manden la contestación a una pregunta escrita que les he hecho sobre el número de guardias civiles internados en siquiátricos para reconocimiento militar. Pero ése es otro tema, que espero, por su benevolencia y por el cumplimiento de sus obligaciones como Ministro, que me lo responda en otra ocasión.

Lo que le quiero decir, señor Ministro, es que usted no puede hacer valoraciones en función de lo que diga la Guardia Civil u otro estamento; debe usted tener otra información y sobre eso juzgar. Pero no venga usted a decir a esta Cámara que el señor Mesa estaba allí en un momento oportunista porque había unas elecciones municipales
y eso le daría votos. Creo que esta Cámara es más seria que todo eso para que usted culpe a un Senador de intentar hacer propaganda electoral a costa de sufrir agresiones y a costa de poner en mal sitio a la Guardia Civil.

Nada más y muchas gracias.


El señor PRESIDENTE: Muchas gracias, señor Cuevas.

Tiene la palabra el Senador Bajo Fanlo, portavoz del Grupo de Senadores Nacionalistas Vascos.

El señor BAJO FANLO: Muchas gracias, señor Presidente.

Muy brevemente, señor Ministro. Yo no quiero entrar a enjuiciar los hechos, porque creo que los hechos están ahí y los enjuiciará quien le corresponda. Únicamente quiero hacer constar algunas de las manifestaciones que ha hecho el señor Ministro.

Dice el señor Ministro que en ningún momento el señor Mesa fue objeto de agresión
por parte de las Fuerzas del Orden, porque ellos no lo reconocen. Me da la impresión, por lo menos a mí me lo parece, de que al señor Ministro le merecen más crédito las manifestaciones de los miembros de la Guardia Civil que las rnanifestaciones del señor Senador.

Ha hecho una manifestación que me parece que no era adecuada. Ha dicho que la intención del señor Senador era la de confundir. Mire, no era mi intención el haber intervenido, pero, francamente, desde mi condición de Senador le ruego al señor Ministro que considere si efectivamente se ha obrado adecuadamente o si se debía haber hecho una investigación de forma que los hechos hubieran podido ser más claros.

Para mí, señor Ministro, el señor Senador sigue teniendo más crédito que los miembros de la Guardia Civil, y usted perdone.

Muchas gracias.

El señor PRESIDENTE: Muchas gracias, Senador Bajo Fanlo.
Tiene la palabra el señor Ministro del Interior.

El señor MINISTRO DEL INTEKIOR (Corchera Cuesta): Gracias, señor Presidente.

Señor Senador, yo no mando a ningún guardia civil ni a nadie a ningún siquiátrico, a nadie. Ni hablo de «rojos». Yo formo y establezco mis conclusiones como creo conveniente, exactamente igual que usted. Yo no le digo a usted cómo tiene que llegar a establecer su conclusión.

Le ruego que el mismo respeto que yo le tengo a usted me lo tenga a mí. Llego a las conclusiones que llego por los métodos que creo más razonables. Yo no he dicho que me merezca más respeto ni una cosa ni la otra. He dicho que de la información de que dispongo, señoría, no se deduce agresión alguna. Pero si tuviera que elegir, que no creo que sea lo que quiera su señoría, no sé por qué tiene que prevalecer una opinión sobre otra, sobre todo si el criterio prevalente en su opinión es el de quien durante unos cuantos días está impidiendo que las Fuerzas de Seguridad cumplan con su obligación.

No parece que esos antecedentes sean el mejor argumento para dar crédito por encima de las demás personas; no pongo más crédito en uno que en otro. Me he limitado a relatar unos hechos, señoría. Y pudiera ocurrir, cosa normal en cualquier lugar, que para desalojar, después de muchos requerimientos para que se abandone una actitud ilegal, la policía hasta pegara algún porrazo, señoría, como a cualquier ciudadano. ¿O es que esas cosas sólo ocurren, si es que ocurren, en España?

Por tanto, como lo que se está pidiendo es responsabilidad política, señoría, si hay una agresión sin fundamento están los tribunales. Lo que se está pidiendo aquí es responsabilidad política por lo que se dice que es una actuación incorrecta de las  Fuerzas de Seguridad. Y yo digo que fue una actuación correcta basándome en la información de que dispongo, y ya no diría tanto de quien tiene que ser tratado con todo respeto, como todos los ciudadanos, en este caso más porque ostenta la representación del pueblo, ya no diría tanto que tuvo un comportamiento acorde con su función parlamentaria. A mí me parece que eso es bastante claro, porque probablemente si estuviéramos en presencia de cualquier otro ciudadano al que le ocurriera eso que aquí se llama agresión y que ha recibido un empujón de las Fuerzas de Seguridad en una manifestación o en el desalojo de un lugar, probablemente no estaríamos aquí, probablemente yo no estaría dando cuenta a sus señorías de esa actuación de las Fuerzas
de Seguridad. Estoy aquí porque, al parecer pretendidamente, se trató indebidamente a un Senador en relación con su dignidad de parlamentario, entiendo que en el ejercicio de su función, y, que yo sepa, el ejercicio de la función del Senador no es sentarse delante de las máquinas para impedir el trabajo. Eso es lo que he querido decir, señoría, y créame que pienso que eso es así. Pero no una vez, más veces. La Guardia Civil actúa después de cinco ocasiones en las que se interrumpen las obras, unas obras hechas con todos los requisitos legales. No quisiera yo entender que lo normal y la lógica del comportamiento ciudadano es impedir que unas obras que se tienen que hacer, primero, porque es necesario; segundo, porque tiene todos los requisitos de legalidad, incluida la municipal, no se deje hacer. No parece que ése sea el comportamiento normal.

Por tanto, no hago juicios de valor, señoría. Me he limitado a decir que las elecciones estaban cerca y que yo en política creo pocas veces en casualidades. Nada más.

Pero, juicio de valor por juicio de valor, su señoría ha hecho unos cuantos. Su señoría, que me dice a mí que tengo dificultades para hacer dos discursos, tiene unas enormes dificultades para hacer tres, que es más o menos los que ha hecho, y eso que no he tomado notas hasta el final, porque probablemente salieran cuatro.

No confundo, señoría. Fue algo tan normal como coger, con todo el respeto, a los ciudadanos que están sentados delante de unas máquinas que deben hacer unas obras, llevarles en volandas, introducirles en un <<jeep» y alejarles del lugar, no sólo al señor Senador, sino a más personas, y retirarlos de allí, y en el transcurso sí parece, porque conozco lo que su señoría ha dicho, que aparece un hematoma en la pierna del señor Senador.

Ustedes, señorías, saben que en supuestos de delitos flagrantes se puede detener a un miembro de la Cámara.

No se produjo detención alguna. Y, además, creo que lo hicieron bien las Fuerzas de Seguridad. Pero si lo que sus señorías me piden, como responsable político, es que políticamente acepte que la Guardia Civil... y no dudo que su señoría respeta muchísimo a la Guardia Civil. Les respeta muchísimo, pero cuando dicen cómo fueron los hechos, no les cree. No les cree. Señoría, claro que hay un parte médico, pero como los hay cuando hay que reprimir algo que no está de acuerdo con la legalidad. ¿Dónde no ocurre eso, señoría? Si mañana, en la Gran Vía, 30 ciudadanos quieren parar la circulación y lo hacen, ¿cuántas horas deben estar parando la circulación sin que intervengan las Fuerzas de Seguridad? ¿Una hora? ¿Dos horas? ¿Un día? ¿Dos días? ¿Cinco días? Si interviene la Guardia Civil o la policía, ¿no cree usted que existe el riesgo de que alguien pueda tener un hematoma? ¿Usted no cree que eso entra dentro de la lógica, aunque se procure, incluso, hacerlo de la mejor forma posible? ¿Cuántos días debe permitir la policía que se corte la Gran Vía en Madrid? ¿Cinco días? ¿Le parece a usted que ése es un período suficiente? ¿Un mes? ¿Cuántos días le parece normal?

Porque vuelvo a decirlo, si la Cámara mandara políticamente que cuando esas cosas ocurran no tienen que intervenir las Fuerzas de Seguridad, se lo contamos a los ciudadanos y que no intervengan.
Señoría, he dicho «encabezados», porque así me consta que ocurría, Sin ningún elemento peyorativo, que es lo que usted dice. ¿Qué dice usted de «rojos»? Yo he corrido un poquito delante de la policía y le puedo asegurar que me quejaba menos, ¿Qué me quiere usted decir con eso de que hago el informe como en aquellos tiempos en que se decía. «rojos»? Yo no he dicho «rojos», señoría. Además, yo tengo un concepto bastante claro de lo que es progresista o conservador. Y hay muchos colores aparentemente rojos que la verdad es que se pueden confundir con otros más tenues.

Eso es lo que ocurrió, según la información de que dispongo, señoría. No hago juicios de valor. Puede ocurrir.

Si hubiera algo que no fuera político o de exigencia de responsabilidad política, habría que haber ido al juez.

Es posible que hubiera que haber ido al juez, pero es probable que nos hubiéramos encontrado en presencia de una agresión de una autoridad del Estado a un servidor del Estado. Hay formas de agredir. Que desde una autoridad del Estado, como es un representante del pueblo se impida a un servidor del Estado cumplir con su deber. (Rumores.) Esa es otra forma de agredir. Es otra.

Es probable que bastante de eso ocurriera, señoría. Usted estuvo el día 6, el día 7, el día 8, el día 27 y el día 28. Cinco días. Antes usted fue al Delegado insular con unos ciudadanos que le hicieron saber que iban a tratar de impedir aquellas obras a toda costa. Eso tenía antecedentes.

Unas obras que ya se paralizaron el año anterior.

Y hay una decisión del juez diciendo que las obras son legales. Hay intervención del juez, hay intervención de la Administración municipal, del Gobierno autónomo. Son unas obras, por tanto, totalmente legales. Y un mandato del juez en el auto diciendo y mandatando a las Fuerzas de Seguridad que aseguren la celebración de esas obras.

Eso es lo que ha ocurrido.

Nunca tendré seguridad plena, señoría, de todas las cosas, porque no hay verdad única, blancos o negros: hay grises.

Los antecedentes que aquí se han producido, créame su señoría, me llevan, aun a costa de que pueda cometer algún error que pueda equivocarme, a pensar que ha habido una actitud sostenida de impedir el desarrollo de una función legal y del ejercicio de un servidor del Estado, de un miembro o miembros de la Guardia Civil a los que el Estado, los ciudadanos, han puesto ahí para que hagan eso, para eso les han puesto. Usted no tenía que haberse sentado allí. Usted no tenía que haber ido allí.

Usted no tenía que haber impedido la celebración de esas obras, usted. A no ser que usted tenga más derechos que los demás. Y yo creo que no. Usted no puede ir cinco días
a impedir el ejercicio de una obra que el juez ha mandatado que se haga. El juez, y que ha dicho a las Fuerzas de Seguridad que hagan lo necesario para cumplir ese mandato.

Usted no puede ir allí y usted no puede estar en esa actitud.
Antes le he dicho que yo en su lugar no me sentiría muy satisfecho. Políticamente, puedo decirlo, añadiendo, a continuación, que lo siento y que los primeros en sentirlo son los miembros de la Guardia Civil que se vieron precisados a tomar aquellas decisiones. No ocurrió nada durante todos los días anteriores. Nada. Se puso a disposición judicial el Último día, el día anterior, a doce les puso el juez en libertad y no pasó nada. La Guardia civil ha dado muestras de un trato, si me apuran, exquisito, durante muchos días. Y respecto de ellos, no ha habido un comportamiento similar, no lo ha habido, porque hay quien no les dejó cumplir con su obligación.

Nada más, señor Presidente.

El señor PRESIDENTE: Muchas gracias, señor Ministro.

Concluido el informe y debate sobre los hechos ocurridos en el mes de mayo de 1991 en la Montaña de Muda, isla de Fuerteventura (Las Palmas) y concluido el orden del día, señores Senadores, se levanta la sesión.

Eran las dieciocho horas y diez minutos