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martes, 3 de noviembre de 2015

HOY COMO AYER



1807. Un viajero establecido durante una larga temporada en las islas, dejo escrita sus observaciones en torno al comportamiento de los españoles en la colonia Canaria, uno de sus apuntes recoge lo siguiente: “Es tal la bandada de animales voraces que España vomita cada cuatro o cinco años sobre estas desgraciadas islas que, de una catástrofe a otra, no les da tiempo para recuperarse. Aquí vienen a enriquecerse comandantes generales, corregidores y alcaldes, y a cambio dejan ejemplos de la inmoralidad y de la corrupción, que poco a poco se extiende a las otras autoridades del país.


 Es cuando menos descorazonador el comprobar que a pesar de haber transcurrido dos siglos desde que el observador viajero escribiera sus notas, en esta colonia no ha cambiado nada, al contrario, hoy a seis años de empezado  siglo XXI, la corrupción en las clases política dependientes y serviles es tan manifiesta que la población tiene asumido como un hecho natural la prevaricación, la extorsión y cualquier clase de corruptela entre los políticos y funcionarios impuestos en la colonia por la Metrópoli como los naturales de la colonia, agravados si cabe, por los nuevos intereses económicos, políticos y geo-estratégicos de la Comunidad Económica Europea, la OTAN y el imperialismo norteamericano quienes pretenden crear desde estas islas una punta de lanza de penetración para el dominio y saqueo una vez más de nuestro

viernes, 30 de octubre de 2015

La visita de George Glas a La Gomera (Siglo XVIII)





George Glas fue un médico y marino inglés que a finales del siglo XVIII quiso establecer una factoría en el puerto de Mar Pequeña, en las costas occidentales de África, con el propósito de intercambiar productos ingleses y europeos por los de la zona. Intentando comerciar también en Canarias, se desplaza en una lancha desde la costa africana a Lanzarote, pero siendo detenido el 29 de noviembre de 1764 le decomisan la mercancía, le encarcelan e incomunican en el Castillo de la isla. Permaneció encerrado durante todo un año hasta que fue liberado, gracias a la intervención de su país. Ya de regreso a Inglaterra, unos piratas se adueñan del barco, matan a la tripulación y a Glas, y arrojan al mar a su mujer e hija, que también viajaban con él en la nave.

Ese mismo año, antes de los hechos mencionados, George Glas había publicado una obra sobre las Islas Canarias titulada “A Description of the Canary Islands”, editada por R. and J. Dodsley, en Pall-mall, y por T. Drham, en Londres.
La Villa, 1776La Villa, 1776
“La Gomera se encuentra al suroeste de Punta de Teno, en Tenerife, a 6 leguas de distancia. La localidad principal está situada cerca de la orilla del mar, en el fondo de una bahía, que está refugiada de todos los vientos, salvo de los sureste. Aquí usted puede llegar con su barco a una distancia conveniente desde la orilla, de cinco a quince  brazas, pero como la tierra, el viento sopla con frecuencia, así que es un necesario  amarrar bien el barco, de otra forma se estará en peligro de ser sacado de la bahía. El mar está, en general en calma, los barcos pueden desembarcar en la playa sin peligro. En la parte norte de la bahía hay una cala, donde los barcos de cualquier tipo pueden transportar sus mercancías cerca de la orilla  (un alto acantilado perpendicular), y también para limpiar o reparar. Cuando los barcos no pueden atracar en la playa, a causa del oleaje, pueden hacerlo en esta cala, que se accede por  un camino, a lo largo de un acantilado, hasta la ciudad, pero es estrecho para  dos personas: cerca del final de este camino hay una puerta, que siempre está cerrada después del atardecer o por la noche, entonces, ningún  hombre puede pasar por ese camino.
Muy cerca de la playa comienza la principal calle de la ciudad, y desde allí se dirige al interior La ciudad que se llama La Villa de Palmas, es decir, la Ciudad de las Palmas, por el número de palmeras que crecen allí. Tiene una iglesia y el convento de frailes, con cerca de ciento cincuenta casas privadas, la mayoría de las cuales son sin embargo de tipo medio o pequeñas. Esto se suple con la buena agua que disponen;  los habitantes la extraen de los pozos por toda la ciudad. En el invierno, un arroyo grande, de las montañas, desemboca en el puerto. En la zona sur de la desembocadura de este arroyo hay  una torre redonda, que fue construida por Don Miguel Peraza, el primer Conde de la Gomera, y en la parte superior del acantilado perpendicular, en el norte de la buena cala, hay una ermita, y una batería de unas pocas piezas de artillería de cañón para defender el puerto. Como he perdido los diarios de viaje, no puedo dar detalles para localizar este excelente puerto, pero sí puedo decir que es el mejor que recuerdo, la tierra que forma el punto norte de la bahía es el punto más al sur de la zona oriental  de La Gomera que se puede ser hallar  desde Punta de Teno, en Tenerife. Esa tierra, cuando uno está al norte de la misma, a alrededor de una legua, tiene una gran semejanza a Ram-Head cerca de Plymouth (Inglaterra).Cuando uno se dirige a esta bahía es necesario ir a este punto, puesto que el viento de tierra es demasiado común, por esta razón es mejor que se venga con la brisa del mar, que por lo general comienza a soplar sobre el mediodía. El mejor lugar para un barco se encuentra aquí, donde se puede tener una vista completa a lo largo de la calle principal de la ciudad, y de toda la playa: es necesario eso sí amarrar el barco lo mejor posible, por los remolinos de vientos que se forman en la bahía.
La Gomera, aunque no tan poblada como La Palma, es una isla considerable, con muchos riachuelos de sus escarpadas montañas y el agua de los valles estrechos, en resumen, en todas las zonas el agua pueden ser  encontrada si se excava en sus tierras a unos cinco o seis pies de profundidad. Entre las fuentes que abundan aquí, los siguientes son las más preferidas, a saber: Chemele, Tegoay, y la Fuente del Conde.  Ningún pino crece aquí, pero muchos otros tipos de árboles, particularmente mocanes, barbusanos, sabinas, adernos, viñátigos, palmeras, con un gran número de unos árboles que producen gran cantidad de goma, de ahí el nombre de la isla.
Los productos de esta isla son de mucho más fama que los de Tenerife, Canaria o Palma. Los nativos por lo general tienen suficiente maíz para su subsistencia, y la importaciones es escasa. En este aspecto La Gomera se parece a  Canaria [Gran Canaria].teniendo casi todo lo necesario, y por lo tanto vive sin la  necesidad de depender del exterior: tiene suficiente millo, vino, frutas, miel, ganado y aves  en gran abundancia, se podría estimular en La Gomera para desarrollar la industria, los nativos podrían  manufacturar suficiente lana y materias primas: piedras, cal, maderas, y cualquier otro material apto para la construcción, excepto el hierro.
El vino de La Gomera, en general, es débil, pobre, e intenso, por lo tanto no apto para exportación, su color es parecido al agua  y débil como una cerveza pobre. Yo mismo compré unas docenas de botellas de vino para llevar a Londres, donde las mostré a la gente como curiosidad; pero a ellos no les gustó el vino porque al inglés no le grada el vino débil, sus sabores y gustos son siempre muy delicados. Los comerciantes de vino en Francia, España, Portugal, y otros lugares, conocen esto que he comentado, tenga cuidado en  mezclar el brandy, incluso con los vinos más extraños que llegan a  Inglaterra.
Además de los animales comunes del resto de las islas, aquí hay un montón de ciervos, que fueron traídos originalmente desde Berbería. Más mulas se crían en La Gomera que en cualquiera de las otras islas pero yo no recuerdo haber visto los camellos aquí. Ni culebras ni serpientes existen en Canarias, excepto en La Gomera [Lisas gomeras], pero no tenga ninguna razón de creer,  por cualquier cosa que pudiera aprender, que son venenosas o puedan hacer daño”.
George Glas, Historia del descubrimiento y Conquista de las Islas Canarias. 1767.
Publicado en: https://www.facebook.com/notes/451567638200358/

Sintesis del motín gomero de 1690



Frente a las múltiples citas y relatos con que han sido atendidos otros conflictos, el producido en La Gomera en 1690 apenas si ha sido mencionado en nuestra historiografía. El primero en aludir acerca del mismo, con un pequeño error en la data, es Viera y Clavijo, quien ape­nas en dos líneas nombra de pasada la existencia de una sublevación aludiendo a la generosidad indulgente de don Juan Bautista de Herrera para con sus infieles vasallos, en la linea de una apasionada defensa del régimen señorial y de los panegíricos que el historiador ilustrado gene­ralmente dispensa a la Casa condal en su obra’.

 Más explícito, e igual­mente paladín de la causa señorial, es Darías y Padrón, que en su tra­bajo acerca de los Herrera describe en unas pocas líneas el motín, a pesar de que en su fondo inédito de manuscritos y apuntes mecanogra­fiados —en ocasiones con errores de transcripción— demuestra que conocía prácticamente toda la documentación disponible sobre el suceso.
Curiosamente, se silencia el motín en la “sucinta cronología” que la reedición “actualizada” de la historia de Millares Torres dedica a los conflictos sociales canarios”.
La documentación utilizada por nosotros arranca del 27 de octubre de 1690, cuando el conde don Juan Bautista de Herrera, tras haberse enterado del intento de asesinato preparado en la noche del 15 de ese mes en el valle de Hermigua contra el alcalde mayor de la isla —el alfé­rez Sebastián Pérez Montañés— por parte de un grupo de hombres enmascarados, decide iniciar causa de proceso para averiguar la iden­tidad de los amotinados y de sus cómplices en La Gomera y Tenerife, procediendo a la toma de declaraciones a protagonistas, sospechosos y personas citadas en las deposiciones de testigos, con la presencia ini­cial del propio alférez y del ayudante Lucas Fernández Martel, escri­bano público y del Cabildo, y notario del Santo Oficio y público del Obispado.
El conde se halló presente en las diligencias e interrogatorios de los primeros días, tomando parte activa y adoptando decisiones acerca del desarrollo del proceso. La información se limita íntegramente a las citadas actuaciones judiciales, que se dilatan durante tres años, no sólo por la demora habitual en la sentencia por parte de la Real Audiencia de Canarias, a donde se remiten los autos, sino —como se observará más adelante— por las nuevas pruebas, procedentes de decla­raciones tardías y arrepentidas en algún caso, con diferentes datos que implican a personajes que hasta ese momento habían salido con buen pie de las testificaciones, y como resultado se realizan diligencias incluso después de una primera sentencia de febrero de 1693.
El móvil de los revoltosos y causa única aparente de la acción era lograr la renuncia a su oficio por Pérez Montañés, quien con anterio­ridad había recibido advertencias en esa dirección, haciéndole llegar un amenazador papel sin firma, hasta obtener coactivamente los amotina­dos mediante una acción de fuerza su propósito la dimisión del alcalde ante escribano. Pero el movimiento no se detiene en esa iniciativa, pues la actividad del depuesto gobernador y de los colaboradores señoriales en la capital de la isla amenazaban con hacer abortar a posteríorí sus objetivos. (Extraído de Historia el Motín gomero de 1690. José Miguel Rodríguez Yanes)

miércoles, 28 de octubre de 2015

El ocaso de los Lugo






Según Luisa Isabel Álvarez de Toledo, duquesa de Medinasidonia



Los canarios recordaban la toma de posesión de Vutata, por López Sánchez de Valenzuela, como "concierto con los moros extranjeros", que "se deshizo" por fortuna, pues hubiese terminado con la trata. La suspendería Alonso Fernández de Lugo, poniendo gente de guerra en los desembarcaderos, que "firiendo" y matando a los que "saltaban"[1], arruinó al archipiélago. En los tiempos en que Pedro de Vera hacía la guerra en "Berbería", "avya mucha gente e muchos dineros", porque "trayan... grandes presas de esclavos, de que la renta e quinto de su alteza hera crecida e aumentada e los vecinos desta ysla muy aprovechados", no decreciendo la riqueza en la paz, por ser grande el beneficio, obtenido en las cabalgadas, del que participaban monasterios, iglesias, ermitas y obras pías, al manifestarse los tratantes generosos, con las casas de Dios, al regreso de expediciones, no exentas de riesgo[2]. La práctica fomentaba la construcción naval, abundando "continuamente" barcos, armas, caballos y gente entrenada en la guerra, al ser necesaria para los "armazones", de lo cual disponía la corona, sin desembolsar un maravedí, en la preparación de sus armadas [3]. Pero al cesar el flujo de cautivos, mercaderes y capitales emigraron. Desaparecieron los barcos, los campos quedaron en barbecho, se desmoralizó la población y siguió la violencia: "non se ha visto en estas yslas syno muertes de onbres e destrymiento de haciendas", con "vertimiento de sangre", yendo todo visiblemente "a menos"[4].

El licenciado Aguayo, que pese a su profesión, de estar permitida la cacería, "hubiera hecho un navío y hubiese ido a saltear moros", [5], encontró a Lugo en las calles Granada, concluyendo que fue a la corte por propia iniciativa, con intención de engañar a los reyes, consiguiendo patentes para dar seguro a los moros, que se hiciesen vasallos de Castilla, buscando comercializar rebeldes, en su exclusivo provecho[6]. En realidad fue llamado, porque no habiendo surtido efecto el vasallaje, que dieron los de Vutata, los Católicos le eligieron, para que obligase a los naturales, a respetar su palabra, pagando las debidas parias. Nombrado a 2 de octubre de 1499, gobernador de la Berbería, del Cabo de Aguer al de Bojador y Capitán de la Mar Pequeña [7], con autoridad para prometer seguridad a los moros, que aceptando por señores a los reyes, cumpliesen el compromiso adjunto de abonar impuestos. Nombrado Antonio de Torres veedor en "las partes de Berbería", por junio de 1500, se inició la campaña en el Cabo de Bojador, que culminó en la batalla de Saca [8], junto a Río de Oro.

Programado continuarla en el Cabo de Aguer, al no haber navíos, a causa de la prohibición de asomar a la Berbería y los modos del gobernador, los monarcas los atrajeron, por cédula de 23 de mayo de 1501. Acusando a Fernández de Lugo de haber cerrado el tráfico, por propia iniciativa, derogaron la real orden precedente, abriendo la tierra, sin limitación alguna[9]. Pregonada la novedad[10], muchos se pusieron en camino de inmediato, temiendo que los monarcas se arrepintiesen. Navegaban a 12 de junio, cuando una segunda provisión cambió su destino, mandando que todos los barcos, que "están o estovieren en la pesquería, en la parte de la Mar Pequeña e de las yslas de la Grand Canaria e Tenerife e La Palma", acudiesen con sus tripulaciones, donde mandase Alonso de Lugo, "capitán de la tierra de la Mar Pequeña", o Antonio de Torres, veedor, encargado de los "rescates", que se hiciesen en la Mar Pequeña y la Berbería. Y de "rescebir... por nos e en nuestro nombre e para nos", las conchas de las tres Canarias mayores, que serían asentadas en los libros de Juan de Arines, escribano "de las cosas" de Berbería[11]. "Complidero" al real servicio y al "bien, paz e sosiego desas dichas islas", que no se supiese en el escenario de la hazaña colombina, lo que estaba sucediendo en el territorio donde guerreaba Lugo y viceversa, los naturales quedaron aparcados, en su lugar de residencia: ningún moro "de Africa, de la parte de la Bebería", sería recibido en Gran Canaria e islas adyacentes. Quedando condenado a esclavitud perpetua, "para nos", el alárabe que apareciese en puerto de Castilla,[12].

A 29 de octubre 1501, Antonio de Torres firmó acuerdo con Mateo Viña, entonces regidor en Tenerife, por el que éste se comprometió a cosechar las "conchas" de las tres Canarias, a medias con la corona: "lo que en ellas se ganare, sacando el costo, que vos deis la metad de la ganancia para sus altezas e la otra metad para vos"[13], estando en puertas el descubrimiento de Veragua, que los depreciaría definitivamente, el 22 de noviembre, en que Colón volvió a la real gracia, Torres tomaba posesión de Santa Cruz de la Mar Pequeña. Nombrado alcaide el 21 de febrero de 1502[14], cambió de empleo, reemplazando a López Sánchez de Valenzuela, sin perjuicio de que hasta el 6 de abril,
no aparezca documentado, como "gobernador de las yslas de Canaria"[15]. Culpable Beatriz de Bobadilla, por ser reliquia informada del pasado, Torres atendió reales órdenes, poniéndola en situación de abandonar cumplió el encargo de hacerle imposible la abandonar las islas. Aprovechando que la suegra pretendía la tutela de los nietos, para gobernar Hierro y Gomera, ausente el marido en el Cabo de Aguer, le infundió el miedo reverencial, que había de llevarla a incurrir en error definitivo. Manejando con maestría la vox populi, le hizo creer que cierto malhechor conocido, que apareció por la isla, estaba pagado por la Peraza, para raptarle a Guillén. Al tener la señora de la Gomera autoridad jurisdiccional, que parece haberse extendido a Gran Canaria, hizo dar "cabo" al tal, sin que los jueces de la corona, moviesen un dedo para impedirlo. Pero consumada la ejecución, se echaron encima de Beatriz, acusándola de haber matado a un inocente, impulsada por falsos temores. Incoado el proceso, hubo de abandonar las islas, en compañía de sus hijos, para seguir a los jueces, que caminaban con la corte [16].

"Antonio de Torres..., al presente governador en esta isla de Gran Canaria", se ocupó igualmente de Gonzalo de Burgos, escribano de la isla, informado de la toma de posesión de Vutata, en nombre de la Católica y de muchas cosas más. Por entonces en Tagaoz, "que está en aquella Berbería", quizá con Alonso de Lugo, su colega Juan de Arines se trasladó a la capital del Cabo de Aguer, para conseguir testimonios de "moros y judíos", que permitiesen entregarlo al Santo Oficio. Ultimado el expediente, Arines lo dio a un tal Ximón, "mancebo" genovés, que embarcaba con destino a Gran Canaria, para que lo entregase a Torres. Llegado a Villa Real de las Palmas y cumplido el encargo, quiso brillar en reunión de amigos, en casa de Valenzuela. Leído el infolio durante el viaje recitó las acusaciones, acumuladas contra Burgos. La indiscreción llegó a oídos de inquisidor sevillano, que terminada visita por Tenerife, Palma, Hierro y Gomera, se detuvo en Gran Canaria. Escandalizado por la campaña, escribió a los inquisidores de Sevilla, para advertirles de la calumnia, entregando la carta a mercader burgalés[17], que zarpó hacia la Península, cuando Torres preparaba viaje para el 20 de septiembre de 1502, con intención de velarse con su mujer y "la traer a esta isla"[18], llevando el proceso contra Gonzalo de Burgos y las cuentas que dio Alonso de Lugo, de la guerra en Berbería. El 12 de enero de 1503, estando el conquistador en su casa de San Cristóbal, capital de Tenerife, los reyes premiaron la conquista de la isla y San Miguel de la Palma, "con vuestros propios bienes e cabdal", con título de Adelantado de las Islas de Canaria, transmisible a sus descendientes, por línea de primogenitura [19].

Fundada la Casa de la Contratación a 14 de enero, el comercio de las Islas Canarias, con el de Santa Cruz y la Mar Pequeña, quedó bajo su jurisdicción, siendo declarada la orchilla regalía real, al haberse extinguido la concesión a Gutierre de Cárdenas, por muerte del titular[20]. Aguardaban los oficiales de la Casa al gobernador, para recabar información sobre unos pagos, de los que tenían escasas noticias, pero en carta de 18 de marzo, hubieron de lamentar su muerte, ahogado a le estada de Cádiz, con el proceso de Gonzalo de Burgos y las cuentas de Lugo, al perderse la carabela [21]. Presente Alonso de Escudero en Gran Canaria, como juez de residencia, fue nombrado alcaide de Santa Cruz y "gobernador de las Yslas de Canarias", el 4 de julio de 1503[22]. A su cargo los rescates que "nos mandamos hacer, en Bervería e la Mar Pequeña e la torre de Santa Cruz"[23]. No le dio tiempo a visitar fortaleza y factorías, ordenando el caos que quedó a la muerte de Torres. Fallecido el 14 de junio de 1504, le sucedió Lope de Sosa [24]. Continuaron los rescates y el comercio bajo la jurisdicción de la Casa de Contratación, pero se introdujo en las Canarias el sistema fiscal de Castilla, para distinguir las "islas" de las Indias colombinas. Suprimido el quinto, el gobernador cobró sus emolumentos de la renta del "tres por ciento e tercias, de la Ysla de Canaria", que recaudaba Alonso Fernández de Córdoba [25].

Fallecida Isabel en 1504, no teniendo Fernando intención de renunciar a las rentas de Castilla, ni el Cardenal Cisneros, regente del reino, de consentir que un Habsburgo, cambiase las costumbres, ignorando los beneficios del Santo Oficio, acordaron dotarse de armada, por lo que pudiese suceder. Deseando eludir la inversión, so pretexto de atender a voz popular, ignorada cuando disiente de la real voluntad, pero acogida si abunda, el Católico acordó levantar la prohibición de practicar la cabalgada, previa encuesta entre canarios y andaluces, a cargo de López de Sosa. Unánimes, afirmaron que de reanudarse los "saltos... a los moros de Bervería, comarcanos a esta dicha ysla de Canaria, desde el cabo de Aguer fasta el cabo de Boxedor"[26], saldrían beneficiadas hasta las víctimas, pues a cambio de perder el cuerpo en el trabajo, ganarían paraíso eterno para el alma. Mediado agosto, el gobernador fue apoderado, para organizar la "contratación e rescate de Bervería e la Mar Pequeña e la Torre de Santa Cruz"[27].

Nombrando su teniente a Juan Fernández Portugués, arrendó el barco de Ginés de Cabrera, con el fin de asegurar la comunicación con Gran Canaria. Juan de Arines, provisto de moneda de la isla, cuyo vellón o cobre, "vale el quarto menos" que el de Castilla, se encargó de comprar bastimentos y almacén donde guardarlos, en las inmediaciones de la torre [28].

Sin esperar el resultado de la encuesta, Fernando ordenó iniciar la guerra contra el moro.

En tanto les convocaban para la armada, que habría de formar en 1506, harían presas en mar y tierra, "segund e como las leyes de mis reynos lo disponen", pudiendo "saltear a los dichos moros de allende desde el Río de Oro arriba, hazia la parte de Meça.., con tanto que desde el dicho Río de Oro abaxo, fasta la parte de Guinea, non puedan saltear". No queriendo que les desanimase el temor, a que las piezas fuesen secuestradas por la Iglesia, el monarca las aseguró: "fago çiertos e sanos los bienes e esclavos" que tomasen, "como cosa avida e ganada en buena guerra", sin más carga que el quinto de la corona[29]. Al año siguiente no se formó la armada, pero se completó la "reformación" administrativa de Gran Canaria, Tenerife y Palma, por mano del licenciado Ortiz de Zárate. Desembarcado en Villa Real, revisaba los padrones de "repartimientos", desde la primera conquista, cuando se cruzó cuñada de Juan de Arines, entonces escribano del cabildo. Formalizadas las relaciones por matrimonio, los contra parientes se asociaron. Inventariada la tierra de los pobres como sobrante, la expropiaron sin indemnización, repartiéndola a genoveses, excluidos por real orden del regalo, pero sobre todo a sí mismos, adjudicándose la mejor y mayor parte. Indignados López Sánchez de Valenzuela y el licenciado Aguayo, denunciaron el atropello: "robaron la dicha isla.., lo qual ha quedado sin castigo, a causa de estar la dicha isla en ultramar, e no se poder venir a quexar los vecinos della"[30]. Pero donde el rey se apropia de la pólvora del pueblo, nadie es castigado por apropiársela.

En el tratado de Cintra, tercero y último de los que podríamos llamar "americanos", aparecen dos torres de Santa Cruz: la "que está en la Mar Pequeña", entre Lanzarote y Gran Canaria, que quedó a la corona de Castilla [31] y "la torrecilla de Santa Cruz, que está en la mar, cerca de las Canarias", que según el secretario Almazán, "no es nada ni la tomaría yo, si me la diesen dada". Adjudicada a Portugal [32] y fronteriza, marcaría el "límite y demarcación, de la conquista del dicho reyno de Fez", con la de Castilla. Problemático "aquel castillo de doña Inés", que fue su residencia, "por el daño de las armas y otras cosas defendidas, que por aquí pasan a los moros, que allí van a contratar"[33], en lugar de mandar derrocarlo o expropiarlo, lo que hubiese hecho su colega, Manuel I se comportó civilmente: "las partes a quien perteneciere", podrían elegir entre recibir "satisfacción... de lo que valiere" torre y término, cobrando "como fuere justo". O "poseer e tener" ambas cosas, "de mano de dicho rey de Portugal, como nuevo señor de la dicha tierra"[34]. Optó Inés por lo segundo, quedando a Portugal las "islas" de Gomera y Hierro, por estar a "Barlovento de Paria". Puerto Cruz, población industrial y reciente, pudiera ser la Santa Cruz de la Peraza. O el Puerto Hierro, que aparece al este de Paria.

Fracasado definitivamente el intento de ampliar las Indias hasta el río Marañón, o cuando menos hasta el Amazonas, Fernando abrió al veda de Lugo. El 27 de junio de 1511, ordenó al gobernador de Gran Canaria, tomarle residencia. Sin hacer alusión a sus cargos en Berbería y la Mar Pequeña, fue acusado de hacer la guerra en Saca y Tagaoz, por propia iniciativa, sin haber pagado a los de Tenerife, "cosa alguna". A la deuda se sumó la contraída, "cuando fue a la isla de la Gomera, Lanzarote y Fuerteventura, para ayudar e favorecer" a persona innominada, pues el espacio quedó en blanco [35]. Que ejerciese como señor en la primera, siendo las otras dos de la Peraza, permite suponer que el Católico se refería a territorios de la real conquista.

Intuyendo Lugo la campaña contra su persona, siendo conocida la estirpe hispana, por su afición a la intriga y la caza de brujas, preparó su defensa a golpe de poderes. Omitiendo los cargos de Berbería y la Mar Pequeña, por haberlos omitido el rey, encabezó con los de Adelantado de las Islas de Canaria, gobernador y justicia mayor de Tenerife y San Miguel de la Palma. El 8 de julio, en San Cristóbal, lo otorgó en favor del bachiller Alonso Belmonte, para husmear en los protocolos de Juan de Arines, escribano del Cabildo en Gran Canaria, Juan d'Araoz, titular de Tenerife y de cuantos hubiese en las islas, a la caza de documentos, tocantes a la jornada de Tagaoz, puerto de la Berbería, de los que sacaría copias autorizadas, reconstruyendo en lo posible el infolio, que se anegó con Antonio de Torres, para presentarlas al gobernador de Gran Canaria, que "dise ser juez de comysión", dando respuesta al "mandamiento citatorio" que corría, en especial sobre "cierto trigo, que diz fue sacado para la Berberya", en tiempo de hambre en Gran Canaria[36], lo cual se hizo por real orden, con destino a la gente de guerra, que iba al Cabo de Aguer. A 8 de octubre apoderó a su primogénito, Pedro Fernández de Lugo. Como el bachiller, registraría los protocolos de escribanos,
a más de representarle en todos los pleitos, que se "muevan contra él", suplicando "a Su Alteza", por vía judicial, que pagase lo que adelantó para la armada de Berbería, "que es en las partes de allende, asy en el Cabo d' Aguer como en el puerto de Saca y en las otras partes", escenario de su campaña[37]. El 13 del mismo mes, completó la panoplia: Andrés Suárez Gallinato cobraría las deudas a su favor, en especial lo mucho que le debía la corona, pudiendo extender cartas de pago e invertir las sumas recibidas, en Tenerife y San Miguel de la Palma, comprando para Lugo inmuebles, heredamientos, cañaverales, aguas, ingenios y azúcares[38].

Estaba el Adelantado enfrascado en su defensa, frente a la corona, cuando se presentó en Tenerife el bachiller de La Coba. Considerando insuficiente el censo sobre la heredad de Graxere, Francisco de Riberol y su hijo, habían conseguido mandamiento, para embargar los bienes del Adelantado. Presintiendo la miseria, contó su vida a 17 de octubre de 1511, ante el escribano Sebastián Paez: siendo "la persona que es e aviendo ganado estas islas con derramamiento de su sangre.., recibiría mucha afrenta, trayéndole sus bienes en almoneda pública", deshonor que salpicaría a la corona, pues le distinguió con dos gobiernos hereditarios y un adelantamiento, a más de deberle dinero sobrado, para salir del aprieto. Como prueba esgrimió carta de pago y reconocimiento de deuda, por 200.000 maravedís, en que fueron valorados los esclavos, comprados y no pagados por los Católicos, a los que sumó 300.000, en buena moneda de Castilla, por sus emolumentos cómo gobernador. Queriendo molestar, pues no podía ignorar que Dña. Juana estaba retirada, pidió a "la reina" que solicitase información: "Su Alteza no consentiría que esto poco que le quedava, se lo acabasen de llevar mercaderes en logros, por aver ido dos o tres viajes a Castilla, a servir a su Alteza y porque el otorgamiento que avía fecho en Castilla, por el dicho Francisco Riberol", se debió al deseo de no retrasar "el propósito, que tenía e tobo, de pasar... a Africa", gastando "mucho de su hazienda para ir en la dicha armada y pasaje"[39]. Fallecido Alonso Fernández de Lugo entre esta fecha y 1513, no parece que los pleitos continuasen, hostigando al hijo.

En este punto se enreda el devenir de los canarios. Ingente la conquista emprendida, pues se trataba de sojuzgar el sur de un continente, que conservó el viejo nombre de "Africa", por disimular que también se conocía como Indias, sirvieron en diferentes campañas, a las que aluden ciertos testigos, en el pleito de Diego Colón. Visto que el "descubridor" no sabía hacer la guerra, los Católicos "an enviado mucha gente armada... que sojuzgase la tierra... por fuerza", al mando de cierto "gobernador", cuyo nombre se omite: "después" de que el Almirante poblase, "se a ganado e poblado la Tierra Firme, a costa del rey e de SS.AA.", ratificando Arias Pérez, hijo de Martín Alonso Pinzón: "por las armadas quel rey a enbiado a la dicha Tierra Firme, se ha sojuzgado e tomado e ganado e así es notorio"[40]. Juan Castellanos, en su inacabable romance, recuerda al primogénito del Adelantado, que fue, simultáneamente, residente en San Cristóbal, capital de Tenerife, teniente de alcaide de Santa Cruz de la Mar Pequeña y conquistador del Nuevo Reino de Granada:

"Un don Pedro de Lugo los envía para hacer una jornada larga: son hombres de valor en Berbería"

A 5 de julio de 1514, los vecinos de Gran Canaria se reunieron en San Cristóbal[41], para apoderar a Michel González y Juan Cabello, que habían de comparecer ante la reina y su consejo, denunciando en nombre de los "hombres y mujeres" de las Canarias, la frecuencia con que les obligaban a ir "en tropa de guerra", a la "mar y tierra de Castilla" o provincias de Indias, "e así a otras partes cualesquiera...", siendo exentos de servir por privilegios, ganados en la conquista de las islas "e tierra de moros". Murieron tantos, que la población mermó, a más de arruinarse, pues estando los varones continuamente ausentes, no podían velar "por sus mujeres, casas e hijos e faciendas". Siendo deseo confesado de los reyes, que prosperasen las Canarias, "no es bien sacar a los vecinos de las islas, más antes traellos para la dicha población", preservando su forma "de vivir e trato, que es muy bueno" a más de mantenerse firmes en la "Santa Fe Católica". Acusando de racismo al rey, pero racistas a su manera, recordaron a la corona la obligación de protegerlos en "su ventura", "de manera que no se entienda que por tener nombres de canarios, pierdan nuestras personas, que no tienen que facer con los naturales de las otras islas, es a saber guanches e palmeses e gomeros, llevándoles como les llevamos muchas ventajas en todo, e hablamos e somos habidos por propios castellanos". Tras protestar de su lealtad a Dios y al rey, advirtieron la intención de pleitear, defendiendo sus derechos [42].

Fernando respondió, por vía indirecta, el 16 de enero de 1515. Dirigiéndose a los justicias del reino en general y al Concejo y notables de "las Islas de Gran Canaria", en particular, recordó que los canarios "ayudaron" a ganar "la Gomera y La Palma y Tenerife", sin mencionar la conquista de la isla principal. Poniendo de relieve su condición de "muy pacíficos e liberales e bien mandados", asentó su falta de peligrosidad, antes de acusarles de haber chivateado a sus superiores, quejándose porque "reciben muchos daños e son muy fatigados de vos, los dichos gobernadores e personas poderosas, que teneys mando en las dichas yslas", pues "no mandan nin llaman a otra gente, syno a los naturales de la dicha villa, e les fazen salir de sus casas e la dicha ysla, como a los que son naturales de las otras yslas de Tenerife e la Palma y la Gomera". Tras admitir que "ay mucha diferencia dellos a los naturales de las otras yslas, en la manera de su bibir e trato e conversación", el rey apuntó la solución: para "que non tengan razón de se quexar más sobrello.., vos mando a todos e a cada uno de vos que... tratéys e fagays tratar bien a los vesinos e naturales de la dicha ysla de Grand Canaria, como a otros vecinos de las dichas yslas cristianos viejos, que moran e están en ellas", pues "a cabsa de ser muy fatigados e muchos dellos muertos, diz que no ay más de çient honbres, naturales de Canaria, en todas las dichas Yslas"[43].

En las crónicas y la documentación, encontramos Lugos, Herreras y Sosas, haciendo carrera en Indias. Y un Gordejuela en Tenerife, visitando donadío, entre los ríos Abades y Abona, porque en la segunda mitad del siglo XVI, un duque de Medina Sidonia, quiso continuar el proyecto de regadío, iniciado por el abuelo[44]. Cifrados los canarios naturales en un centenar, por el Católico, cabe que exportados al oriente Atlántico, llevasen consigo un topónimo, que convenía borrar de Indias, con sus recuerdos, acento, escasos documentos, imágenes, muebles, caña dulce, cochinilla, tabaco y plataneras. Según su tradición, los canarios proceden de un "Africa", que estaba al sur del Atlas, como los zenetas. Sus islotes se llaman Graciosa, Montaña Clara, Lobos y Alegranza. Y las poblaciones Telder, Galdar, S. Nicolás, S. Bartolomé, Santa Cruz y Las Palmas. Pero su gótico está lejos de los acentos de románico tardío, que se adivinan en la catedral de Santo Domingo, apuntando a esa prolongación, que tuvo el viejo estilo, en una península, reacia a incorporar las formas del Renacimiento. Como la mayoría de los edificios de las islas, con cierta vetustez, la casa donde supuestamente se alojó Colón, en San Sebastián de la Gomera, es vivienda señorial, del tiempo de Carlos V.

Imposible datar el torreón desmochado, que se atribuye a los primeros Peraza, para llenar una tradición, indocumentada y vacía, se acude al pifómetro de la fantasía popular. En Santa Cruz de la Palma, parecen haber sido construidos los templos más señeros de las islas, como la ermita de Ntra. Señora de las Nieves, del siglo XVI, que alberga virgen del XIV, Y en la iglesia de San Juan Bautista de Telde, en Gran Canaria, retablo de finales del siglo XV, a más de Cristo de mazorcas de maíz, atribuido a los indios tarascos mejicanos, datado en el XVI. En Ageate está la ermita, cuya fundación se atribuye al Fernández de Lugo. De la obra primitiva, conserva el ábside. Las huellas
documentales que quedaron del conquistador, no indican momento de su vida, en que estuviese para fundaciones. La datación de Santa María de la Guía, en Gran Canaria, entre 1496 y 1509, como la de iglesia en Realejo, de Tenerife, que se ubica en 1498. No están ni mucho menos refrendadas, siendo en cambio innegable que en Abona no hay río ni aparece el Abades. El sur de la isla es sequeral, sin indicio de pasado más húmedo. Se dice que el Castillo de la Luz, de las Palmas de Gran Canaria, fue construido en el XV, como edificio de Taguise, que se supone palacio de una reina Ico. En Playa Blanca de Lanzarote, identifican ruina de fortificación, con el domicilio de Jean de Bethancourt.

De no haber aprendido que el archipiélago conocido por Canarias, es el que visitó Ulises, cuando las islas se llamaron Fortunadas, prestaríamos mayor atención al anacronismo arquitectónico. Y a decisión que adoptó Carlos I, en 1519. Estando la torre de Santa Cruz y la Mar Pequeña "lexos e muy apartada del lugar, donde está e reside" el gobernador Gran Canaria, la alcaidía fue separada del gobierno de la isla, encargándose Pedro Fernández de Lugo, gobernador de Tenerife por muerte de padre, de tomar cuentas, al alcaide saliente, siendo designado lugarteniente porque al residir en San Cristóbal podría "mejor gobernarla, por caer en comarca de vuestra casa"[45]. En aquel mismo año, Lugo inició la conquista del Nuevo Reino de Granada.

(Luisa Isabel Álvarez de Toledo, Duquesa de Medina Sidonia
África versus América. La Fuerza del Paradigma)

[1] R.A. doc. XXXV/ XXXVI. [2] R.A. doc. LXX/LXXIV.
[3] Ibídem. [4] Ibídem. [5] Ibídem. [6] Ibídem.
[7] R.A. doc. XXXV/ XLVI.

[8] R.A. doc. LIII/LXVIII. La batalla se menciona en concesión de cuatro fanegas de tierra inferior y dos aptas para poner caña dulce, en "Taoro", término de "Araotava", a Constanza Fernández, hija de Pedro de Manynydra, natural de Gran Canaria, veterano de la conquista de Tenerife, muerto en Saca. Citado por la historia oficial como aborigen españolizado, que combatió en Palma y Tenerife. No se menciona el hecho de Saca, ni su muerte. Fechado el documento a 20 de noviembre de 1503, por error de transcripción, se menciona a la reina Dña. Juana.

[9] R.A. doc. LXXIV. [10] R.A. doc. XLV.
[11] R.A. doc. XLVII/XLVIII. [12] R.A. doc. LI.
[13] R.A. doc. LIV/ LV. Desaparecidos los múrices de la documentación, entre las pertenencias del duque de Medina Sidonia, muerto en 1507, aparece "pieza de nácar de una concha de la Mina, en que está el ofrescimiento de los reyes" (ADMS. 913).
[14] R.A. doc. LVI/LVII. [15] R.A. doc. LXIII. [16] R.A. Apéndice.
[17] R.A. doc. LVIII. [18] R.A. doc. LXI.
[19] R.A. doc. LIX.
[20] R.A. doc. LXII En 1494 Gutierre de Cárdenas denunció que "muchas personas", con factores y mayordomos en Canarias, sacaban orchilla "escondidamente", perjudicando su monopolio (SRGS. II.1494.24/30).

[21] R.A. doc. LXI. Según la historia oficial, Torres zarpó de Cádiz el 13 de febrero de 1502. Habiendo arribado a La Española el 5 de abril, se ahogó en el Caribe al regreso. No citan fuente documental ("Historia de las Américas" VV.AA. Coordinador: Luis Navarro V Centenario 1991).
[22] R.A. doc. LXIII.

[23] R.A. doc. LXIII/LXVI/LXII.

[24] R.A. doc. LXIX. Según Fernández de Oviedo, López de Sosa era Cordobés. Casado con Isabel de Bobadilla, lo presenta como gobernador de Castilla del Oro. Hombre de gran experiencia, en las "cosas de su gobernación", tomó residencia a Pedrarias. Cuando Oviedo llegó a Puerto de Juan, en el Darién, por junio de 1520, esperaba encontrarle en Yaguana, pero había muerto, quedando un hijo: Juan Alonso de Sosa (F.O. T III. Págs. 251/252 259/261/266).
[25] R.A. doc. LXIX.

[26] R.A. doc. LXX/ LXXIV. [27] R.A. doc. LXXII.
[28] R.A. doc. LXXI.

[29] R.A. doc. LXXIII/ LXXV. [30] R.A. doc. XCII.
[31] R.A. doc. XCI.

[32] R.A. doc. LXXXV. [33] R.A. doc. LXXXII. [34] R.A. doc. XCI.
[35] R.A. doc. CI. [36] R.A. doc. CII. [37] R.A. doc. CIII.
[38] R.A. doc. CIV.

[39] R.A. doc. CVI.
[40] Bernáldez cap. CXXXI. Diario y cartas de Colón. Atribuido a Bartolomé de Las Casas. P.C. T. VIII. T. IV.

[41] Entre los firmantes, aparecen Fernando de León y Fernando Guadarteme. [42] R.A. doc. CX.
[43] R.A. doc. CXI. [44] ADMS 2478.
[45] R.A. doc. LXXI/CXIV/CXVII/CXXXIII/CXXII



Gallegos en La Gomera en 1386




En igual forma han conservado nuestros historiadores la memoria del arribo de otras dos embarcaciones europeas a estas islas, a fines del siglo XIV y en tiempo de la guerra que sostuvo don Juan el I de Castilla contra el rey de Portugal y el duque de Láncaster.
La isla de La Gomera, según los vestigios que se hallaron, cuando llegó el caso de su última reducción, había sido sin duda el teatro de estas visitas; pero se discurre sobre la materia con alguna diversidad.

 Unos dicen que, entre los caballeros de Galicia que siguieron el partido de Láncaster, se distinguió mucho don Fernando de Ormel, conde de Ureña o de Andeiro, natural de La Coruña y padre de don Juan el I de Portugal asesinó dentro de la casa de la reina doña Leonor. Este oficial, pues, que recorría con una pequeña escuadra en 1386, las costas occidentales de España, penetró, azotado de una tormenta, en una de sus carabelas, hasta nuestras islas y surgió en la de La Gomera.
Otros quieren que esta nave perteneciese a un don Fernando de Castro, también gallego, quien, desembarcando por el Puerto de Hipare, tuvo una sangrienta refriega con una escuadrilla de isleños mandados por el hermano del rey Amalahuige, en la que dicho príncipe quedó muerto atravesado de un pasador.
Añaden que, habiendo recibido aquel monarca esta noticia, puso toda la tierra en armas y marchó en busca de los invasores, a quienes atacó tan vigorosamente, que les precisó a atrincherarse en el ventajoso puerto que llaman de Argodey, donde los tuvo bloqueados dos días, al cabo de los cuales, como se viesen forzados del hambre y la sed, se rindieron a discreción.
El P. Abreu Galindo, que escribía este suceso, nos da una idea favorable de la clemencia de aquel príncipe bárbaro, asegurando que trató a todos los prisioneros, no como a homicidas de su hermano y perturbadores de sus dominios, sino como a unos extranjeros rendidos que hacían mucho honor a sus armas, regalándoles y dándoles unos ejemplos de humanidad que después no se imitaron bien. Don Fernando de Ormel, o de Castro, respetando los favores y las fuerzas del vencedor, le presentó algunos vestidos, espadas y broqueles que estimó en mucho; pero sin duda fue un presente incomparablemente más rico el de haberle dado su propio nombre en el baustismo y empezado a plantar la verdadera religión en aquella tierra, con tal suceso, que, cuando don Fernando obtuvo licencia para retornar a la Europa, le suplicó Amalahuige tuviese a bien dejar en la isla el capellán, a fin de que catequizase y bautizase a sus pueblos.
Es tradición que el venerable clérigo consumó la carrera de su apostolado poco después (sobreviviendo pocos días a la ausencia de su patrono). (Viera y Clavijo) (Imagen: Angel Pinto)

lunes, 28 de septiembre de 2015

GUANCHES MEXTURADOS





1568, Siendo inquisidor en la colonia de Canarias Ortiz de Funes, se pidió de nuevo por la Suprema de Sevilla de la Inquisición española una nota de los canarios convertidos y entonces, consultando los escasos antecedentes que aún se conservaban, se encontró copia de la carta dirigida por Tribaldos a la Inquisición de Sevilla, acompañando el expresado padrón, en cuya carta decía que en aquel año (1504) había en el Archipiélago 1.200 familias canarias «fuera de otras muchas -añadía-, que estaban mexturadas con ellas, pues con los conquistadores vinieron muy pocas mugeres y éstas casadas, por lo que la mayor porción de los conquistadores casaron con las desta tierra, habiendo también principalmente en las islas de Lanzarote y Fuerteventura muchos moriscos y descendientes de ellos». En este notabilísimo documento se añade que, los isleños descendientes de canarios, ocultaban cuidadosamente su filiación por las razones que antes hemos expuesto. (Ver efemérides de 1504)


El célebre cronista Núñez de la Peña, que, tanto se dedicó a escudriñar las oscuras y enmarañadas alianzas de nuestros principales conquistadores y sobre cuyo asunto dejó tan curiosas noticias, nos asegura que no siempre se debía dar crédito al apellido para deducir por él si la persona era descendiente español, porque sucedía entonces que no sólo cada hijo tomaba el que entre los de sus abuelos le parecía más sonoro y brillante, sino que los mismos canarios y esclavos moriscos, al ser bautizados, adoptaban los nombres y apellidos de sus señores y padrinos. Había además, añade, otra costumbre impuesta con frecuencia por los fundadores de vinculaciones y mayorazgos para perpetuar sus nombres y apellidos, y era la de obligar al sucesor de sus bienes a abandonar el que tuviese y adoptar el que la fundación le imponía. A este propósito, el mismo cronista nos refiere un ejemplo curioso del estas suplantaciones. Al ocuparse del vínculo fundado por el licenciado Andrés Xuarez Gallinato, pone al pie de su árbol genealógico estas curiosas palabras: «El capitán Andrés Xuarez Gallinato de Fonseca, regidor, que antes se llamó Pedro de Ponte, casó con doña Isabel Abarca de las Cuevas, hija de Luis Benítez del Hoyo y de Elvira de Vergara». Váyase luego a adivinar
que Andrés Xuares Gallinato se había llamado en otro tiempo Pedro de Ponte.

Demostrado queda, pues, que la raza indígena no desapareció nunca del suelo afortunado y que sus rasgos más característicos se descubren todavía en una parte muy considerable de la población actual, especialmente en aquellas comarcas apartadas de las costas donde las fusiones con extraños elementos se repiten con menos frecuencia.

Estas islas han obedecido a la ley fisiológica del movimiento ascensional de la especie.

Los adelantos de la civilización, perfeccionando las razas, tienden a nivelarlas, y cuando a ellos son refractarias sufren la absorción completa de la una por la otra. Obedeciendo dicha ley vemos el tipo primitivo, representante de la Edad de Piedra, tender a elevarse al contacto de la raza semítica que lo compenetra, y ésta a su vez, con su tipo mixto, producto de aquella fusión, envolverse en las corrientes del progreso al recibir en su seno los elementos vivificadores de la raza ibérica.

De aquí ha resultado una población morigerada, laboriosa e inteligente que ha dado a
La metrópoli hombres eminentes en todos los ramos del saber humano.



domingo, 2 de agosto de 2015

TESTAMENTO DE DOÑA CATALINA FERNÁNDEZ GUANARTEME, HIJA DE FERNANDO GUANARTEME, EXISTENTE EN EL ARCHIVO HISTÓRICO PROVINCIAL DE LAS PALMAS “JOAQUÍN BLANCO”.

1526 abril 10.
Catalina Hernández Guanarteme falleció en la villa de Agüimes en el mes de febrero de 1526, en casa de su sobrina doña Catalina Garra de Urúspuru Guanarteme. Su tercer marido, Blas Rodríguez, cumpliendo el mandato dado por su fallecida mujer, registra su última voluntad en la Villa de Gáldar, el 10 de abril de 1526, ante el escribano Alonso de Sanclemente.

DOCUMENTOS PARA LA HISTORIA DE CANARIAS.

Catalina Hernández Guanarteme falleció en la villa de Agüímes en el mes de febrero de 1526, en casa de su sobrina doña Catalina Garra de Urúspuru Guanarteme. Su tercer marido, Blas Rodríguez, cumpliendo el mandato dado por su fallecida mujer, registra su última voluntad en la Villa de Gáldar, el 10 de abril de 1526, ante el escribano Alonso de Sanclemente.

El testamento efectuado en el año de 1526 refleja claramente los cambios que se han producido con la conquista de Gran Canaria, finalizada oficialmente el 29 de abril de 1483. Por lo que es un documento de valor significativo.

La imposición y aceptación de una nueva religión, adquiriendo la princesa canarii un amplio conocimiento y devoción. Las costumbres cristianas, ante el temor al purgatorio, se manifiestan en el número de misas y obras pías que recoge el testamento. Al mismo tiempo, acudiendo a los escribanos de la Villa de Agüímes y de Gáldar, reconocen los procedimientos implantados por la nueva administración, dándole el valor legal que tendrían en la sociedad colonial postconquista.

En el protocolo notarial se refleja el rango que ostentó su padre, Tenesor Semidán, bautizado como Fernando Guanarteme: “hija de don Hernando de Guanarteme, rey que fue desta ysla de la Gran Canaria, que es ansimismo difunto”.

El sincretismo de ambas culturas puede verse en los matrimonios de Catalina Fernández Guanarteme, casada por tres veces sin haber sido viuda de ninguno de ellos. A su muerte y estando casado con Blas Rodríguez, también le sobreviven sus ex-maridos, el castellano Pedro de Vega y el vasco Adán de Acedo, por lo que algunos investigadores ven ante la facilidad de casarse y descasarse el respeto a las costumbres aborígenes, en parte, por el rango de hija del Guanarteme y la potestad que tenía para contraer varios matrimonios, a lo que debía contribuir también la sociedad matrilineal que existió en Gran Canaria en época aborigen.

Árbol Genealógico de la Familia Semidán Canarii






1526 abril 10 Gáldar.

Sepan quantos esta carta de testamento vieren como yo… (roto)… que so de la villa de Agáldar, que es en esta isla de Gran canaria, en nombre y en Vds. e ansy como procurador testamentario que soy de Catalina Hernándes Guanarteme, mi muger, difunta que Dios aya, hija de don Hernando de Guanarteme, rey que fue desta ysla de la Gran Canaria, que es ansimismo difunto, por virtud de la carta de poder que della tengo que pasó en la villa de Agüímes que es en esta dicha ysla ante Juan Berriel, escribano público de la dicha villa en domingo diez e syete días del mes de hebrero deste presente año de mill e quinientos e veynte a seys años que está e queda en mi poder, otorgo e conosco que fago e ordeno el testamento e última e postrimera voluntad de la dicha Catalina Hernándes, mi muger, segund que ella conmigo lo platicó e acordó en la manera siguiente: mando primeramente el anima de la dicha catalina Hernándes, mi muger, a Dios nuestro señor que la crió e redimió por su preçiosa sangre e tan caranmente la quiso comprar la quiera llevar a su santísima gloria celestial e reynar con los sus santos e ruego e pido por merced a la gloriosa virgen Santa María, su madre, ella que es madre de misericordia e de piedad e nunca cese de rogar por los pecadores quiera ser rogadora e intercesora al su muy glorioso hijo nuestro señor Ihesuxpisto por el anima de la dicha Catalina Hernándes, mi muger, que la quiera llevar a la su santysima gloria e mando el cuerpo de la dicha mi muger a la tierra de donde fue formado que a ella sea reducida e declaro que por quanto la dicha Catalina Hernándes, mi muger, falleció en la dicha villa de Agüímes,delmalde pestilencia de que estava herida e está enterrada en la hermita de señor San Sebastián de la villa de Agüímes, e ella se mandó enterrar en ella e yo de su nombre le declaro e nombro que su sepultura donde al presente está enterrada e mando que le digan por su anima en la iglesia de señor santiago de Agáldar desta villa de Gáldar donde hera tal parroquiana una misa de enterramiento cantada con su vigilia e letanía e nueve días e cabo de nueve días e cabo de año ofrenda de su pan e vinoe çera e se pague por lo dicho de los bienes de la dicha Catalina Hernándes lo acostumbrado;y otrosy mando que se diga por el ánima de la dicha Catalina Hernándes, mi muger, rn el monasterio de Sant Antonio de la orden de señor san francisco que está en la villa de Agáldar e por los frayles del un tryntenario de misas abierto e que se pague por los derechos de los bienes de la dicha Catalina Fernándes; e mando asymismo en el dicho nombre que se dé en limosna por el anima de la dicha Catalina Hernándes a la obra de de la iglesia de la dicha villa de Agüímes donde está enterrada medio real de plata e a la obra de la iglesia de santiago de Gáldar e a Nuestra señora de Guía e a la obra del monasterio de Sant Antonio de Papua de Gáldar e …(roto)… Sebastián e al hospital de san pedro martir e a Nuestra Señora de la Vega e a Santa Lucía e a San Antón e a Santiago que son en el término de Gáldar a cada una seys maravedis. E mando que se dé en limosna por el anima de la dicha mi muger e de sus bienes a la redención de los cautivos xpistianos …(roto)… en tierra de moros e a la Santa Cruzada medio real de plata.

E declaro en nombre de la dicha mi muger como su procurador testamentario que durante el …(roto)… en como hezimos e …(roto)… por neçesidad que tuvimos hezimos e çelebramos escritura …(roto)… de dos doblas …(roto)… obligamos …(roto)… tributo. Mando …(roto)… de sus bienes e de …(roto)… villa de Gáldar …(roto)… E asimismo durante …(roto)… Catalina Hernándes hezimos e obligamos las debdas siguientes e devemos …(roto)… a Nuestra señora de Guía mill e çiento e quinze maravedís e a las animas del purgatorio …(roto)… ciento e treinta e çinco maravedís e a Nuestra Señora de Guadalupe quatroçientos e setenta maravedís en limosnas que para las dichas iglesias avemos cojido, e durante nuestro matrimonio lo gastamos en nuestra provisión e mantenimiento, e a Lorenzo Ryberol mill e noveçientos e sesenta maravedís de ropa quedel compramos por un contrato público que dellole hezimos, e a Lazaro Ortis una dobla de oro que prestó a la dicha mi muger, e a Ynés de Mayorga quatro reales nuevos que la dicha mi muger en su vida, e a Juan Perdomo tres hanegas de trigo, e a Gonzalo Dias, travajador, una dobla de oro que enprestó a la dicha mi muger en su vida, e a Ynés de Mayorga quatro reales nuevos que quela dicha mi muger le devía, e a Juan Perdomo tres hanegas de trigo, e a Gonzalo Dias, travajador, una dobla de oro que enprestó a la dicha mi muger en su vida, mando que todas las dichas debdas sean pagadas de montón, e asimismo declaro que no tengo memoria si de alguna cosa la dicha mi muger es en cargo a alguna persona, pero mando por descargo de su anima e conciencia que sy alguna persona viniere jurando que ella le es en cargo de fasta çient maravedís jurandolo o dando testigos dello que lesean pagados de los bienes de la dicha mi muger.

E para cumplir este dicho testamento en el dicho nombre dexo por albaceas de la dicha mi muger para que cumplan lo en este testamento contenido a Juan de Vargas, vezino de esta dicha villa nuestro padre e señor e amigoe a Bastiona Mayor, hija legitima de la dicha mi muger, e a mi el dicho Blás Rodríguez, su marido,a todo tres juntamente e a cada uno de ellos por sy ynsolidun a los cuales ruego e pido por merced por amor de Dios nuestro señor lo quieran açebtar porque éldepare de lo que faga por ellos e los apodero en el dicho nonbre en todos sus bienes para que puedanvender e …(roto)… tanto dellos quantos basten para que cumplir e pagar este dicho mi testamento e las mandas e cláusulas en él contenidas e conplido e pagado lo suso dicho mando en el dicho nombre que todo lo que fincare e remanesçiere de los bienes de la dicha mi muger los ayan y ereden la dicha Bastiona Mayor e María Azado e Violante Azedo e Juan e Pedro, hijos legitimos de la dicha mi muger e de mi e de otros sus primeros maridos, igualmente e tanto uno syn fraude alguno e revoco en el dicho nonbre e doy por ninguno todos e cualesquier testamentos e mandas e codeçillos que la dicha Catalina Hernándes, mi muger, hasta oy tengo …(roto)… fecho, los quales quieroe mando en el dicho nonbreque no valgan ni fagan fe en juicio ni fuera del salvo este el qual valga por testamento e codeçillo de la dicha mi muger e sus postrimera voluntd …(roto)… de verdad otorgué la presenteque es fecha la carta en la villade Gáldar que es en la ysla de la Gran Canaria diez días del mes de abril año del nacimiento de nuestro Salvador Ihesuxpisto de mill e quinientos e veynte e seys años.- Testigos que fueron presentes Juan Perdomo, e lazaro Ortiz, alguacil, e Lope de Sequera e Gonzalo Díase Gonzalo Vaez, vecinos de la dicha villa, e el dicho Blás Rodríguez lo firmó de su nombre aquí,- Blás Rodríguez.

En lunes syete de mayo de IUDXXVI años [1526]
En este día Blás Rodríguez, vezino desta villa, hizo ynventario de los bienes …(roto)… Falta el folio siguiente.


FUENTE:

Manuel Lobo Cabrera. Transcripción publicada en el Boletín Millares Carlo, volumen I, número 1, junio de 1980, pp 139-148.
(Felipe Enrique Martín Santiago,  Publicado en el número 210 de BienMeSabe)
Testamento de la hija de Tenesor Semidán
Felipe Enrique Martín Santiago es Profesor y Miembro del Centro de Interpretación e Investigación Etnográfico e Histórico del CEO Tunte.


jueves, 16 de julio de 2015

BEATRIZ DE BOBADILLA (1462-1501) Y LA REBELIÓN DE LOS GOMEROS


 
Eduardo Pedro García Rodríguez *
   
La figura de Beatriz de Bobadilla y Ossorio (Bobadilla, diminutivo de Bobada, "lugar de pasto o paso de bueyes" (del latín bos bovis, buey). Durante la Edad Media fue un nombre de uso común) fue un fiel reflejo de la sociedad colonizadora europea en Canarias durante los siglos XV y posteriores. “Mujer despiadada, cruel, sanguinaria, ambiciosa, ladrona y ninfómana” calificativos a los que habría que añadir los de envenenadora, comerciante en seres humanos y Señora de horca y cuchillo. Nacida en Medina del Campo, Castilla, en 1462 y descendiente de mercenarios y esclavistas dados en denominar de noble linaje, Beatriz llegó a la corte castellano-aragonesa a los 17 años como dama de honor de la reina Isabel I, de Castilla. Casi inmediatamente se produjo su enredo amoroso con el rey Fernando de Aragón. Recogen las crónicas que:

«A su paso por la corte había sorprendido sus intencionadas excentricidades. Sobre todo su afición a las vestiduras metálicas: Era la única en usar “toneletes” de bronce delgado a lo largo de los muslos. Los “toneletes”, alguna vez de moda en la escandalosa corte borgoñona, tenían la cualidad de alzar y pronunciar el perfil de las nalgas apretadas (en el caso de la excitante Beatriz) con un pantaloncito de pana negra. Desde la mística Juana de Arcos el fetichismo de «la virgen blindada y amazona» excitaba la imaginación de los adolescentes principescos... Beatriz de Bobadilla, siempre extravagante, en una armadura de acero azulado con casco y visera bajada, pero con una inquietante bragadura de terciopelo rojo en la entrepiernas. Como naturalmente no podía caminar, la transportaban en un carrito del que tiraban dos disparatados enanos húngaros vestidos a la usanza marinera... «En un acceso de celos, Isabel I, obligó a Beatriz a casarse con Hernán Peraza y a partir como adelantados a la feroz conquista de aquella base oceánica que -se sabía- estaba todavía humeante, ya que era una de las últimas obras de Dios... Como se dijo Isabel castigó a Beatriz con el beneficio del adelantazgo y el matrimonio con el asesino Peraza por celos tardíos. Porque ya Fernando había saciado en ella uno de sus últimos fantasmones eróticos: poseerla cuando estaba encerrada a llave dentro de la armadura de acero, a través de la bragadura de terciopelo rojo y mostrándole cínicamente la llave entre los orificios de la visera...» (Los perros del Paraíso, págs., 126 y 127.)
Pero no fue Fernando de Aragón el primero ni único amante de la precoz meretriz, también lo fue entre otros de Rodrigo Téllez de Girón, maestre de Calatrava, quien a pesar de estar sometido a voto de castidad, exigido por la regla monacal del Cister se las entendía muy bien con tan egregia dama.
Beatriz de Bobadilla también mantuvo arrebatados encuentros amorosos con el aventurero masacrador de pueblos y esclavista Cristóforo Colombo, quien quedó tan prendado de las artes amatorias de esta cortesana que incluso en su primer viaje de “descubrimiento” simuló averías en algunas de sus naves para poder disfrutar de algunos días de apasionado encuentro con su amada, además de dejar algunos pasajeros judíos en las islas, los cuales viajaban de contrabando huyendo de España hacía Canarias.
 
Otro de los amantes de Beatriz lo fue de Alonso Carrillo, señor de Caracena, personaje relevante en la corrupta corte de los Reyes Católicos, y de quien Beneharo De Anaga cita una anécdota recogida por Antonio Rumeu de Armas, en Anuario de Estudios Atlánticos, núm, 31, pág, 446.: “Era costumbre entre aquellos salvajes europeos perdonar la vida a un condenado a quien una prostituta lo aceptara por marido, indirecta que le suelta a la “ninfónoma” un rufián  de nombre Alonso Carrillo, anteriormente citado como amante de la misma, íntimo amigo de la “dama” y demás cortesanos, quien conducido a prisión por una noche según orden del rey, al día siguiente cuando acude a uno de los salones de palacio repleto de mangantes de ambos sexos, la morbosa Bobadilla intenta divertirse a costa de su prisión de esta manera: «Señor Alonso, a mí me dio mucha pena esta desgracia vuestra, ya que todos los que os conocen, pensaban que el Rey iba mandaros ahorcar». Rápidamente le respondió Alonso: «Señora, yo también tuve ese miedo, pero tenía la esperanza de que ibais a pedirme por esposo». Otro de los amantes de tan egregia dama lo fue el  paje Gonzalo Fernández de Oviedo. Después de casada con Hernán Peraza, según recoge el autor anteriormente citado: “Intimó con toda aquella chusma de soldadesca que tenía a su servicio en el refugio conocido por Torre del Conde en el barranco de Chejelipe en La Gomera ; con los mercenarios españoles que recalaban en el lugar para asesinar o esclavizar guanches, beneficiándose también y como es lógico de algunos de éstos últimos, ya que sexualmente y así lo demostró, no era nada racista” (Beneharo de Anaga, 1988:36)
 
Durante esos días llegó a la corte española Hernán de Peraza, gobernador de la Gomera , para explicar la muerte de Juan Rejón, comandante de una flota que había sido enviada desde Castilla para invadir y conquistar la Palma y Tenerife. Rejón había sido asesinado por uno de los vasallos de Peraza tras desembarcar en la Gomera. Isabel ordenó a Peraza que se presentara ante ella. Muchos, incluyendo el poderoso duque de Medina Sidonia, intercedieron por Hernán. La reina fue magnánima y le perdonó con una doble condición: 1) que ayudara en la conquista de Gran Canaria, aportando tropas de la Gomera ; y 2) que se casara con la hermosa Beatriz de Bobadilla. El matrimonio con la Bobadilla sólo puede entenderse como "castigo" si tenemos en cuenta que sus relaciones con el rey eran conocidas en la corte. Inmediatamente después de celebrarse la boda, Hernán y Beatriz partieron para la Gomera , donde poco después habría de nacer su primer hijo criollo, Guillén. En noviembre de 1498.
 
Hernán de Peraza fue ajusticiado por los guanches gomeros, quienes no podían soportar más su gobierno tiránico y su extraordinaria crueldad.
 
La Cueva de Guahedum, Guaheme,  Guadejume o de Yballa, que por todos estos nombres la conocen los habitantes de la zona y los pastores gomeros, está situada en el bando de Hipalán, en el entorno existen numerosas cuevas de habitación y sepulcrales, la cueva como otras muchas fue reutilizada en épocas recientes como corrales para ganado, la pared que en la actualidad cierra su entrada fue construida en los años cuarenta del pasado siglo XX, en la misma existe una placa en recuerdo de los hechos ocurridos en 1488, cuando el pueblo gomero decidió sacudirse la pesada bota de un tiranuelo enfermo mental y sin escrúpulos. La placa fue colocada por el colectivo independentista canario Amilcar Cabral.
 
La tamusni, que es el medio de trasmisión de la memoria popular y mediante la cual se trasmite de generación en generación la historia viva del pueblo canario, nos lleva a que cada 25 de noviembre el pueblo gomero tiene por costumbre de engalanar con hojas de palma la entrada de la cueva,  para conmemorar los hechos que aquí tuvieron lugar en 1488. Distorsionados por las referencias de los Cronistas, que los relacionan a partir de su particular visión cultural, y recreados por la tradición popular (Coplas de Hupalupo), la realidad es mucho más compleja, que una simple historia de violaciones y honores mancillados. Ya los investigadores Canarios, el doctor don Juan Bethencourt Alfonso y el profesor don Juan Álvarez Delgado supieron intuir el uno y clarificar el otro, su auténtico significado.
 
Dentro de la organización social del pueblo gomero, existía una institución que guarda total paralelismo con otra existente en el mundo imazighen (bereber) continental, relativa a los llamados «pactos o alianzas por colactación». Mediante este pacto Hernán Peraza estaba unido  con los bandos de Amulagua e Hipalán, y precisamente a este último pertenecía la joven sacerdotisa Yballa. Dicho pacto o alianza se realizaba mediante un ritual, consistente en beber leche en un gánigo mediante ciertas ceremonias. Al mantener relaciones (posiblemente forzadas) Hernán Peraza, con una mujer de su propio bando, considerada según dicha alianza como su hermana, «estaba faltando, no sólo al compromiso consuetudinario de la exogamia, deshonrando a los bandos que lo habían acogido como hermano de sangre, sino rompiendo además el pacto establecido.» (Jaume Pausas)
 
No fue este hecho solamente el que motivó la rebelión de los gomeros, al mismo se debe añadir el gobierno despótico que realizaba el impuesto y cornúpeta señor sobre la isla, sino que además se dedicó, en contra de lo pactado, y para saciar su sed de rapiña, a hacer razzias esclavistas entre “sus siervos” lo que determinaría la conjura, en la que  participaron los notables de los cantones ofendidos y dirigidos por Hupalupa, anciano “hombre mascota” encargado de vigilar el cumplimiento del pacto. Se decidió que Hautacuperche matara al traidor Hernán Peraza, aprovechando una de las frecuentes visitas del sanguinario tirano a la cueva donde se encontraba Yballa, en Guahedum. Con su muerte, los gomeros alzados «decían en lengua guanche: -Ya el gánigo de Guahedum se quebró», en señal de que el pacto se había roto.
 
Sublevada la isla una ves más en justa defensa contra los colonos invasores, con los gomeros sitiando a la señora Beatriz de Bobadilla en la Torre de los Peraza o del Conde, fue enviado a  la isla por los reyes católicos Pedro de Vera, cruel y nefasto personaje masacrador de pueblos, que daría lugar a uno de los más sangrientos y repugnantes episodios llevados a cabo por la barbarie de la “civilizada” España en la invasión y conquista de Canarias.
 
Beatriz y su suegra Inés Peraza pidieron ayuda a los mercenarios castellanos que estaban enfrascados en  la invasión de Tamarant (Gran Canaria) y, como no podía ser menos en un ser tan execrable, se dedicó a continuas venganzas. El intento de masacre total del pueblo guanche de La Gomera por parte de los verdugos sin entrañas Pedro de Vera y Beatriz de Bobadilla está profusamente recogido en la bibliografía canaria, no obstante queremos recoger la visión que del suceso nos ofrece la investigadora Luisa Isabel Álvarez de Toledo con su habitual estilo de desparpajo, pero con documentos oficiales de la época a la vista: «Pasivo Pedro de Vera, Beatriz permaneció sitiada "mucho tiempo, hasta que Inés, que estaba en Sevilla, hizo llegar la noticia a la corte. Mal ejemplo toda revolución popular triunfante, a 4 de marzo de 1489, los reyes ordenaron a Vera rescatar a "nuestra criada", señora de Gomera y Fierro, como tutriz de sus hijos. Aunque no lo necesitase, ampararía de paso a la Peraza , que "posee por suyas ciertas yslas, que son de las yslas de Canaria", para que sus vasallos "no se sustraigan a su obediencia". El gobernador se comportó, a la manera oficial de la época: "en vengança de la dicha muerte", hizo matar "a muchos vecinos de la Isla.. , y las mujeres, muchachos y niños y niñas cautivaron". Tras haber "tomado e prendido a todos los vecinos... e a sus mujeres e fijos", se repartió el lote con Beatriz: "metiolos en una nao e en sus navíos...
 
Varios de ellos perecieron y otros fueron vendidos.., dados e enajenados en nuestros reinos e señoríos e otros fuera dellos".  
 
Cobrados 1.000 castellanos en oro y 500 quintales de orchilla, a dos castellanos quintal, por el gasto, Vera se reservó ambas partidas, dando "cautivos en pago de su sueldo", a "los escuderos e maestres de navíos e otras gentes, que fueron en lo suso dicho". Valorado el gomero o gomera, entre 7.500 y 10.500 maravedís, el obispo de la secta católica de Canarias y Málaga, que residía en la ciudad andaluza, quedó a cargo de la distribución, no olvidando el gobernador obsequiar a Isabel, con un camello y 9 esclavas y al Príncipe D. Juan, con tres cajas de conservas y una grande de azúcar.
 
En julio de 1490, corrió que los gomeros, reducidos a esclavitud, tras la muerte de Fernán de Peraza, que eran cristianos, no habiendo intervenido en el ajusticiamiento, por tratarse de mujeres y niños. Falso lo primero pero cierto lo último, fueron declarados no "ganados en buena guerra", quedando en entredicho su captura. El Consejo retiró los libros a Vera, ordenando repesca de cautivos. Iniciada en septiembre, la dirigió el mismo obispo, que los había comercializado. Dejaron los recuperados de padecer, bajo la férula del comprador, para sufrir en "poder de personas", que los "criasen" y adoctrinasen, a cambio de trabajo, pero al ser declarados libres los naturales "de la ysla de la Gomera , que es en la Gran Canaria ", la precisión semántica permitió a parientes de cautivos, víctimas de la guerra de Vera, presentarse en la corte, que estaba en Córdoba, para reclamar la libertad de los suyos. Entre los demandantes apareció un Juan de Guzmán, sobrino de Juana Canaria, reclamando la libertad de la tía, esclava desde hacía 11 años. Citado Vera como vendedor, compareció su hijo Fernando, presentando por fiador a Gonzalo de Burgos, escribano en Gran Canaria. Pidió un cuarto plazo de 8 meses, que le fue concedido, por no pedirlo "maliciosamente", al estar los testigos realmente "muy lejos".
 
Especialista la monarquía castellano-aragonesa en el arte de destruir individuos, molestos o desafectos, acumulando pleitos sobre su persona, los acopió Pedro de Vera. En puertas su cese, le fue exigido la cuadratura del círculo: "por una parte", habría de depositar "todos los maravedís que montan los dichos canarios, e por otra... facer sequestración de sus bienes". Evidente que ejecutado lo segundo, no tendría posibilidad de cumplir lo primero, los monarcas entraron en razón, mandando sobreseer "dichas nuestras cartas, desbaratándolas y no haciendo cosa alguna, en virtud a ellas". Aliviado el gobernador, se complicó la situación de Beatriz de Bobadilla. Las dificultades que planteaba separar las Canarias de señorío de las realengas, aconsejaban eliminarla. Se consiguió, creando el clima adecuado. Un Francisco Martínez, al regreso de la pesquería de cazones de Guinea, entró en Gomera para hacer aguaje. Traía barco nuevo de 20 toneladas, comprado en 26.500 maravedís, del que se enamoró Beatriz. Imprudente negarle el capricho, Martínez aceptó como parte de pago dos esclavas, valoradas en ocho y nueve mil maravedís. Embargadas por el obispo, demandó a la Bobadilla. A esta primera causa, siguieron otras. Sintiéndose justificado, el fiscal exigió a la Bobadilla depósito de 500.000 maravedís, para garantizar restitución, a los compradores de gomeros.»
Pero como entre truhanes anda el juego y a los reyes les urgía el acelerar la invasión y conquista de las islas denominadas por ellos de realengo con vistas a tener una plataforma en pleno dominio para las previstas invasiones de saqueo de África y las Indias, les convenía evitar enfrentamientos abiertos con el clero y los autoproclamados señores de las islas ya invadidas, quienes además venían mostrando ciertas inclinaciones hacía las ofertas de Portugal. Por ello, dictaron una serie de cartas aparentemente dirigidas a la protección de los guanches esclavizados pero que después en la práctica no pasaban de ser papel mojado en manos de los corruptos funcionarios. Veamos algunos de estos documentos del Registro General del Sello tomados de los extractos publicados por Eduardo Aznar Vallejo.
130. 1489. Marzo 4. Medina del Campo (f.76). Orden a Pedro de Vera, gobernador de Gran Canaria, para que ponga a doña Inés Peraza, viuda de Diego de Herrera, en posesión de las de Canaria que le pertenecen y para que le preste todo favor y ayuda para castigar a los vecinos de una de dichas islas que se han levantado, matando a su hijo Fernando Peraza. El Rey y la Reina. Ávila.
131. 1489 Marzo 4. Medina del Campo (f.300). Orden a Pedro de Vera, gobernador de Gran Canaria, para que ampare a Beatriz de Bobadilla, viuda de Fernando Peraza, como tutora de sus hijos, en la posesión de las islas de la Gomera y el Hierro, que pertenecían al dicho Fernando Peraza por donación de su madre doña Inés Peraza. El Rey y la Reina. Ávila.
161. 1490 Agosto 27, Córdoba (f.363). Comisión a los obispos de Málaga y Canaria para que pongan en libertad, por su condición de cristianos, a las mujeres y niños cautivados en la Gomera y vendidos como esclavos, en Castilla y Aragón, por Pedro de Vera, gobernador de Gran Canaria, y Beatriz de Bobadilla, viuda de Fernando Peraza, en venganza por la muerte de éste, por cuyo motivo mataron además a muchos vecinos. Dichos canarios deben ser confiados a personas que lo críen y adoctrinen, llevando un registro de los liberados, de sus antiguos compradores y de los precios pagados por ellos, para poder actuar contra los compradores. Para cumplir tal comisión se les otorga poder cumplido. Decanus hispalensis. Johannes. Antonius. Didacus. Mármol.
162. 1490 (s.d.). Córdoba (f.50). Orden a Pedro de Vique, vecino de Jerez de la Frontera , para que informe a quienes y a qué precio vendió los esclavos y esclavas que Pedro de Vera, gobernador de Gran Canaria, trajo de la Gomera , y a los que vendió por doña Beatriz de Bobadilla, emplazándole para que presente ante el Consejo los libros y escrituras que sobre ellos tuviere. Don Álvaro. Deán de Sevilla. Andréas. Antonius. Didacus. Castillo.
172. 1490 Octubre 30 (s.i.). (f. 202). Orden a Francisco de          Mercado, para que devuelva a Juan del Castillo, escribano de cámara, 1.100 maravedís que le llevó por una esclava gomera, llamada Juana, que compró en Málaga, según parece por una fe de Pedro de Madrid, escribano del Consejo de dicha ciudad. Don álvaro. Decanus hispalensis. Johannes. Didacus.
173. 1490 (s.d.) Córdoba (f.237). Iniciativa a las justicias del reino, para que conozcan en la demanda presentada por Juan Ruiz de Requena, vecino de Córdoba, que reclama a Coronado y Campos, criados de Beatriz de Bobadilla, viuda de Fernan Peraza, 6.750 maravedís que le pagó por un esclavo llamado Miguel, ya que éste le fue tomado por mandado de Sus Altezas por ser cristiano y libre.
174. 1490 Noviembre 4. Córdoba (f.74). Orden a Gonzalo de Córdoba, escribano de Cámara, para que ponga en libertad, por su condición de cristianos a las mujeres y niños cautivados en la Gomera , y vendidos como esclavos en los reinos de Castilla y Aragón por Pedro de Vera, gobernador de Gran Canaria y Beatriz de Bobadilla, viuda de Fernando Peraza, señor de la Gomera , en venganza por la muerte de éste por cuyo motivo mataron además a muchos vecinos, y los entregue a los obispos de Málaga y Canaria para que cumplan las disposiciones reales, informándoles de quienes fueron los compradores y a que precio para que puedan ser compensados. Para cumplir su misión se le otorga poder cumplido y se ordena a las justicias que le presten todo favor y ayuda.
190. 1490 Diciembre 23. Sevilla (f.252). Iniciativa al gobernador de las islas de Gran Canaria, para que dé cumplimiento de justicia a Fernand Martínez de Alza, vecino de Palos, que pide la restitución de 2 esclavas canarias de 10 años o su valor en metálico, evaluado en 8 o 9 mil maravedís. Dichas esclavas le fueron dadas a cambio de un barco de 20 toneles, que le tomó a la fuerza doña Beatriz de Bobadilla, viuda de Fernán Peraza, cuando estando en la pesca de cazones llegó a la Gomera a tomar agua y bastimentos, y ahora han sido tomadas por el obispo de Canaria, por ser cristianas y libres. Suscriptores: Don álvaro. Don Juan. Johannes. Andreas. Gundisalvus. Castillo.
Son decenas los documentos existentes en el Registro del Sello, relativos a los gomeros esclavizados por Pedro de Vera y Beatriz de Bobadilla pero por razones de espacio nos hemos limitado a reproducir unos pocos ejemplos. A 6 de junio de 1492, quedó cerrado el tema de los gomeros. Admitido por los miembros del corrupto Consejo que los gomeros mataron a Fernán, para "perseverar" en sus errores de fe, es decir, para continuar manteniendo sus ancestrales ritos, extremos  que indudablemente quedaron recogidos en el dicho pacto de colacción, se acordó que nunca fueron cristianos, a pesar de que todos ellos figuraban en las escrituras de venta con nombres cristianos, siendo sobreseídas las cartas, dictadas contra Beatriz de Bobadilla, por ser lícito el tráfico de infieles.
Beatriz de Bobadilla casó en segundas nupcias en la isla de La Gomera , en el verano de 1498, con el mercenario y esclavista Alonso Fernández de Lugo, de triste memoria en la islas Canarias, dos ejemplares humanos de igual naturaleza y almas ruines pero gemelas.
Según recoge el historiador canario don Tomás Marín de Cubas, quien lo toma del manuscrito de Frai Juan Abreu Galindo Historia de las siete islas de Canaria,  “Después que el Adelantado hubo conquistado las islas de La Palma y Tenerife, se vino a la Gomera á visitar á Da. Beatriz de Bobadilla que solía algunas veces a estarse allí, á tiempo sucedió que un vecino llamado Francisco Núñez de Castañeda habló con alguna demasía del crédito de su Señora; Sabiendo ella, le mandó una noche vinieses á su presencia y reprendido mandó preso, y que aprisa de confesarse y al punto hizo ahorcar de una viga de la sala, y á la mañana mandó colgar de una palma que está en la plaza de enfrente de la torre.”
“En estas cosas divulgadas sobre el crédito, trató luego la Señora el casamiento con el Adelantado Lugo y pasáronse a vivir á Tenerife dejando en la Gomera á Hernán Muñóz que gobernase sus cosas, dándoles de ellas aviso; ciertos vasallos gomeros avisaban á su Señora cómo su cuñado Sancho de Herrera y Peraza, que había llevado a mal el segundo casamiento, intentaba con Muñoz  alzarse con La Gomera , siendo ya Señor de Lanzarote y Fuerteventura.
Luego que la Señora creyó esto se pasó secretamente en La Gomera con 30 hombres y llamó al Gobernador Muñoz y díjole que era un traidor; respondió con su inocencia ser salvado de todo, y admirado del mal informe habló por sí mismo libremente, y ella no satisfecha ó fuese por la demasía, sin más información que su enojo, aquella noche luego le mandó ahorcar en la plaza y se volvió á Tenerife dejando mandado que se diese sepultura del lado de su marido Hernán Peraza.”
“Siendo muchas las extorsiones y agravios que esta Señora hacía á sus vasallos, pasaron á España estas quejas y la viuda de Muñoz, mándasele parecer á la Señora Beatriz á que alegase de su justicia, y ella confiada en los favores del Rey D. Fernando y su Señora la Reina , pasó a España aunque se lo estorbaba bastante su marido Alonso de Lugo, de que enviase persona por sí ó que esperase otra coyuntura, más ella se fue deprisa, llegó a Medina del Campo donde estaba la Reina , fue de todos bien recibida y de verla muy alegres, dio su descargo y salíanles nuevas acusaciones y demandas, y un día, sin poderse saber la causa amaneció de repente muerta Doña Beatriz de Bobadilla; hizo por ella mucho sentimiento su Señora Doña Isabel; dejó a su hijo Guillén Peraza de Las Casas en la tutela de Alonso de Lugo, y pasando el tiempo de la edad de catorce años, pedía la posesión de sus dos Islas, Gomera y Hierro, y haciéndole de muy mal el devolvérselas Alonso de Lugo, graves excusas diciendo que era muy niño.”(Tomás Marín de Cubas. [1694]1993:199-201]
Recogen algunos historiadores que la reina Isabel al ver en la Corte a su desterrada y odiada rival en los afectos del rey Fernando y deseando de una vez por todas acabar con la insolencia de Beatriz de Bobadilla, ordenó envenenarla, dándose la paradoja de que la Bobadilla muriese por instrumento de una de sus armas preferidas, el veneno.
*Asociación Sociocultural Kebehi Benchomo.