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martes, 15 de octubre de 2013

HERMANO PEDRO DE BENTANCUR






1626 Marzo 21.

Eduardo Pedro García Rodríguez

Nace quien andando el tiempo sería el Santo de la secta católica Hermano Pedro de San José de Betancur en el municipio de Vilaflor de Chasna, en el sur de Chinech (Tenerife.) Hijo de Amador de la Rosa y de Ana García, toma no obstante su apellido, muy, probablemente de su tatarabuelo, Juan de Betancur, o de su padrino de bautismo práctica muy habitual en aquellos años. Es el primer santo católico en la iglesia de esta confesión en Guatemala, que no santo canario como pretenden algunos, pues fue canonizado como santo de Guatemala no de Canarias.

El joven Pedro era un hombre creyente y de intenso fervor religioso. Es posible que aprendiese a leer y escribir con los agustinos del convento de Vilaflor. De los primeros testigos de su causa, conocemos que padeció una gravísima enfermedad en su infancia, y que encomendándose a San Amaro, de quien era muy devoto, terminó por curarse y recobrar la salud.

No era hombre ilustrado, la tradición lo pinta como afable, dulce en el trato, tendente al bien, de mucha de fe y amor a Dios. Los años que transcurren hasta 1649, año en que se embarca para América, discurren en esta zona sur de la isla, desde la cumbre hasta la costa, y viceversa, cuidando las cabras del Mayorazgo de  la familia Soler. Esta familia era propietaria de unas cuevas en el barranco de Los Saltaderos (próximo al actual Aeropuerto Reina Sofia).

Con la edad de 23 años emigró a -América, y se estableció primero en Cuba y
luego se trasladó a Guatemala.
Apenas desembarcado en el Nuevo Mundo, una grave enfermedad lo puso en contacto directo con los más pobres y desheredados. Recuperada inesperadamente la salud, quiso consagrar su vida a Dios realizando los estudios eclesiásticos pero, al no poder hacerlo, profesó como terciario en el Convento de San Francisco, en la actual La Antigua Guatemala, con un bien determinado programa de revivir la experiencia de Jesús de Nazaret en la humildad, la pobreza, la penitencia y el servicio a los pobres.
En un primer momento realizó su programa como custodio y sacristán de la Ermita del Santo Calvario, cercana al convento franciscano, que se convierte en el centro irradiador de su caridad. Visitó hospitales, cárceles, las casas de los pobres; los emigrantes sin trabajo, los adolescentes descarriados, sin instrucción y ya entregados a los vicios, para quienes logró realizar una primera fundación para acoger a los pequeños vagabundos blancos, mestizos y negros. Atendió la instrucción religiosa y civil con criterios todavía hoy calificados como modernos.
Construyó un oratorio, una escuela, una enfermería, una posada para sacerdotes que se encontraban de paso por la ciudad y para estudiantes universitarios, necesitados de alojamiento seguro y económico. Recordando la pobreza de la primera posada de Jesús en la tierra, llamó a su obra «Belén».
Otros terciarios lo imitaron, compartiendo con el Beato penitencia, oración y actividad caritativa: la vida comunitaria tomó forma cuando el Beato escribió un reglamento, que fue adoptado también por las mujeres que atendían a la educación de los niños; estaba surgiendo aquello que más tarde debería tener su desarrollo natural: la Orden de los Bethlemitas y de las Bethlemitas, aún cuando éstas sólo obtuvieron el reconocimiento de la Santa Sede más tarde.
El Beato Hermano Pedro se adelantó a los tiempos con métodos pedagógicos nuevos y estableció servicios sociales no imaginables en su época, como el hospital para convalecientes. Sus escritos espirituales son de una agudeza y profundidad inigualables.
Tomó lo hábitos de la orden terciaria de los franciscanos.

Recorría las calles de Santiago de Los Caballeros, provisto de una campanilla al encuentro de los pobres, enfermos y necesitados. Su casita de Belén fue el primer establecimiento hospitalario para convalecientes, allí permanecían hasta su total recuperación. También servía de oratorio y escuela.

Fundó en 1653 la orden Betlehemita.

Allí murió con fama de santo en el año 1667, a los 41 años de edad.

Ya en año 1771, 1a secta de la iglesia católica reconoció las virtudes del pastor chasnero.

El Papa Juan pablo II lo beatificó el 22 de junio de 1980, y lo canonizó el 30 de julio de 2002 en Guatemala. Su fiesta católica se celebra el 24 de abril.

El culto al Hermano Pedro en Tenerife.

En cuanto al culto al Hermano Pedro en Tenerife no se sabe si fue simultáneo o posterior a Guatemala. Los primeros datos se refieren al año 1700, aproximadamente 20 años después de su muerte cuando se inició el proceso de canonización y varios testigos de la isla declararon en la causa.

La primera cita la encontramos en Viera y Clavijo, hacia el año 1712 donde por decreto del 8 de abril. el Cabildo General de acuerdo con el obispo Don Juan Ruiz Simón, solicita al prefecto general de los Betlehemitas dos religiosos para atender el Hospital de San Sebastián de La Laguna. Religiosos que que en número de tres llegaron a las isla en 1722 y terminaron marchándose en el año 1724 por desacuerdos con las autoridades.
Muere apenas a los 41 años el que en vida era llamado «Madre de Guatemala». A más de tres siglos de distancia, la memoria del «hombre que fue caridad» es sentida grandemente, viva y concreta, en su nativa Tenerife, en Guatemala y en todos los lugares donde se conoce su obra. El Hermano Pedro fue Beatificado solemnemente por Vuestra Santidad el 22 de junio de 1980, en un acontecimiento de incalculable valor pastoral y eclesial para Guatemala y para toda América.
La cueva.
A lo largo de los siglos la cueva del Hermano Pedro ha sido visitada por muchas personas como lugar de culto y devoción al frailecito de los pobres, en ella los pastores y visitantes acostumbraban a dejar cajetillas de cigarrillos velas y otras cosas de las cuales se servían los traseuntes, los cuales a su vez a la menor oportunidad reponían con creces los artículos tomados. Esto fue así hasta que la iglesia de la secta católica tomó cartas en el asunto a raíz de la canonización de Pedro Bentacurt. A partir de entonces la cueva la han convertido en un santuario con cura fijo, y aquellos objetos que los visitantes aportaban espontáneamente, hoy están controlados por el clero católico el cual fiel a sus tradiciones mercantilistas ha puesto precio a lo que antes era gratuito.
En la costa del término municipal de Granadilla de Abona, entre lo que hoy es San Isidro y El Médano, a unos 420 m de la cabecera oriental del Aeropuerto Reina Sofia, enclavado en un barranco conocido con el nombre de Los Saltaderos o Los Balos, se halla "La Cueva del Hermano Pedro".

Se trata de dos cuevas anexas, una pequeña que cumplía las funciones de cueva habitación y la otra, más grande, que era el corral. En la actualidad el corral se dedica a
las ofrendas, y en la habitación hay una imagen del Hermano Pedro y algunos cuadros
de su iconografia. Próximo a éstas hay un Ere.

Después de años de abandono y olvido el lugar donde se halla la cueva ha sido objeto de muchas mejoras siempre acordes al entorno. Últimamente con la colaboración de AENA.

Asimismo se han acondicionado las carreteras de acceso.

La primera mención que encontramos respecto a la cueva se refiere a su biógrafo San José de la Concepción en su obra: Historia Betlemítica. Vida exemplar y admirable del Venerable Siervo de Dios Pedro de San Joseph de Betancur, fundador del regular instituto de Bethlehen, Sevilla (1723) (De la rosa Olivera, Leopoldo).


lunes, 23 de septiembre de 2013

EL FACTOR NAVARRO





Eduardo Pedro García Rodríguez


1717. El siglo XVIII principió en las Islas Canarias con atrevidas sublevaciones populares, extrañas á los hábitos tranquilos y morigerados del Archipiélago, y  su proverbial respeto y sumisión á las leyes coloniales.

Si estudiamos los acontecimientos que precedieron y siguieron luego á esos alzamientos veremos que en el fondo, no eran movidas por el pueblo, ignorante entonces, y sometido á las influencias de los poderosos criollos propietarios del país, de quien era humilde juguete; los nobles eran, pues, los autores verdaderos de aquellas asonadas, en las que ellos veían, unas veces la satisfacción de sus venganzas personales, y otras el descrédito de las autoridades, que se oponían á sus ocultas especulaciones, ó hacían sombra al poder dictatorial.

Sin embargo, el pueblo pagó, como siempre, su necia credulidad, y vió presos y ahorcados a sus hijos, por asuntos que no entendía, y de cuyo resultado bueno ó malo, ningún beneficio inmediato podía recoger.

Había llegado en agosto de 1717  a Añazu n Chinech ( Santa Cruz de Tenerife) D. Diego Navarro, empleado que mandaba el Gobierno de la metrópoli para estancar en aquella parte de la colonia, la venta del tabaco, que hasta aquel año era de libre circulación, sin estar sujetos su cultivo y comercio a traba alguna. Semejante novedad, que tantos intereses lastimaba, produjo una gran perturbación en todas las clases, siendo el empleado del Gobierno de la metrópoli, blanco de todos los odios, y víctima de la impopularidad, que sus órdenes provocaban, aun cuando no emanaran de él, sino de sus superiores.

Creyeronse ofendidos con la jurisdicción que Navarro ejercía, el Capitán General D. Ventura de Landaeta, y el Sr. Obispo D. Lucas Conejero, gran jurista y amigo de controversias, sintiéndose, además, lastimado el Clero, cuyas iglesias y conventos fueron objeto de escrupulosas pesquisas, para averiguar si se ocultaba en ellos contrabando.

Estos elementos diversos, pero dirigidos todos al mismo fin, fueron agrupándose lentamente, y preparando su explosión, hasta que estalló la mina, amotinándose el Pueblo en la Laguna, y atacando las casas del odiado Factor o Juez: de tabacos, cuya vida y la de su familia, corrió grave peligro, salvándose solo por  la fingida protección, que le dispensó el General, quien acudió solícito con algunas tropas y oficiales, hijos de las primeras familias criollas del país, y apaciguó fácilmente el tumulto.

El atribulado Factor se embarcó en un buque francés, preparado por el mismo General, después de ver saqueados y quemados sus papeles, á ciencia y paciencia de las Autoridades, que hubieran podido fácilmente protegerle.

lunes, 15 de julio de 2013

TEJINA DE TEGUESTE-VI



TOMADO DEL LIBRO: EL MENCEYATO DE TEGUESTE: APUNTES PARA SU HISTORIA

Eduardo Pedro García Rodríguez


CAPITULO VI-VI

TEJINA DE TEGUESTE


Viene de la página anterior.
Área de atención
En la planta alta se localizan las consultas de Medicina General, Pediatría, Matronas, siete de enfermería y una de trabajadora social. También contará con un despacho de salud pública, veterinaria y farmacia.
La nueva instalación estará dotada de biblioteca, aseos adaptados, sala de juntas y archivos. Los sótanos albergarán los aparcamientos, el almacén, así como el grupo electrógeno y el cuarto de accesorios.
Tejina cuenta con una Residencia geriátrica de carácter privado, la Residencia de Mayores Amma Tejina.
Ha sido diseñada hasta el último detalle para facilitar la vida cotidiana a los residentes, con amplios espacios luminosos, mobiliario ergonómico y unas cuidadas instalaciones.
La residencia se estructura en diversas unidades de convivencia. Las habitaciones, con baño completo y adaptado, se pueden decorar al gusto del usuario y cuentan con un completo equipamiento: camas articuladas eléctricas, prácticos armarios con cerradura, teléfono y toma de televisión.
El Centro Sociosanitario de Tejina
Para personas mayores  cuenta con capacidad para 75 plazas residenciales y 30 de Centro de Día. Dispone de una  superficie de más de 4.300 metros cuadrados cedidos por el Ayuntamiento de La Laguna y distribuidos en tres plantas. El Centro se estructura en distintas unidades de convivencia con comedor propio, sala de estar, baño geriátrico y sala de visitas. Además, el centro cuenta con una unidad específica para la atención a personas con demencia severa y Alzheimer. Las habitaciones, individuales o dobles, con baño completo y adaptado, tienen como mínimo 20 metros cuadrados y cuentan con un completo equipamiento: camas articuladas eléctricas, prácticos armarios con cerradura, teléfono y toma de televisión.
Los residentes están atendidos en todo momento por un equipo de 50 profesionales, entre médicos, personal de enfermería, auxiliares, psicólogos, fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales, trabajadores sociales, monitores de tiempo libre y profesionales de atención directa, entre otros. Además del alojamiento y la atención diurna, el centro ofrece también a sus residentes atención médica y de enfermería, terapia ocupacional, atención psicológica, fisioterapia de mantenimiento, trabajo social y animación, biblioteca, cafetería, capilla, lavandería, salón de actos, gimnasio, podología y peluquería y una zona de juegos infantiles, para que los mayores puedan disfrutar en compañía de sus nietos entre otros muchos servicios. 
Espacio lúdico natural
Las charcas de Tejina y Bajamar, se han convertido con el paso de los años en un lugar muy frecuentado por los ornitólogos, en especial en fechas invernales. En estos meses, miles de aves migratorias eligen estos antiguos depósitos de agua, hoy auténticos ecosistemas en miniatura, para aparearse o hacer escala en el camino hacia tierras más calidas. Pero no sólo los amantes de las aves pasean por sus orillas: a diario, resulta frecuente encontrar en la zona a turistas, familias o curiosos que han reparado en la existencia de este lugar.
De hecho, están junto a la carretera TF-13, la que conduce del centro de la ciudad a Punta del Hidalgo. Una de las charcas, probablemente la mayor, linda por uno de sus lados con el asfalto. Hasta hace poco permanecía oculta gracias a una pared de cañaverales, utilizada por las aves para anidar a salvo entre las ramas, pero en octubre de 2008 esta vegetación  fue talada para restaurar un canal de riego. Ahora, nuevos brotes de caña intentan recuperar el terreno que les fue arrebatado.
Precisamente éste es otro de los problemas que afecta a esta charca. En ocasiones, su caudal se ha visto reducido casi totalmente debido a la extracción de agua hacia las fincas colindantes: en una de las ocasiones quedó a la vista una tubería usada posiblemente para tal fin, sin contar la basura que yacía en el fondo.
El Cabildo de Tenerife declaró a las charcas de Tejina y Bajamar, en su Plan Insular de Biodiversidad, como “área potencial a proteger”. Asimismo, planteaba la declaración “de refugios de caza y debida señalización”. En la actualidad, no hay en la zona cartel alguno avisando de cualquiera de estos aspectos.
Jover
Camino de la Costa se llega hasta Jover. La alteración de la vegetación puede ser brutal en pocos kilómetros. Para llegar a Jover primero hay que atravesar una carretera bordeada de plataneras, luego los plátanos dan lugar a los pinos hasta llegar a una costa impresionante. La roca negra no da lugar a dudas de que nos encontramos en zona volcánica. En el Teide se hallan todos los tipos de lava que hay en el mundo. El azul del mar rompe con fuerza en la roca negra y las abundantes algas salen a flote cuando la marea baja y  entonces todo el aire se impregna de ellas. El paisaje es verde porque en esta zona de Tenerife llueve y a veces hasta hace frío por eso todos los colores del arco iris están presentes. El amarillo intenso de las algas, el azul profundo del mar, la espuma blanca de las olas, los plátanos verdes de las laderas. Si te gusta pescar este el lugar idóneo, siempre con licencia en mano por supuesto.
En Jover el agua ha golpeado la roca negra hasta crear un remanso, una piscina profunda, amplia y natural donde lo único que han puesto los hombres ha sido el pasamanos y rampa para facilitar el acceso al interior. El agua es tan azul y transparente que parece una piscina olímpica excavada en la roca. Sus visitantes son todos autóctonos. Se hace pie en los lados y en el centro cubre entero. El agua es salada, por supuesto, y tiene propiedades curativas debido a que proviene directamente del contacto con las algas. Podemos completar nuestro baño duchándonos con agua dulce, al salir de la piscina hay unos caños con agua proveniente de la montaña. También podemos dar un agradable paseo por toda la zona siempre mirando el mar.

La escolaridad en Tejina

La escritora María José Ruiz Guadalberto Hernández, en su libro ya citado aporta unos interesantes datos relativos a la escolaridad en Tejina en las últimas décadas del siglo XIX.

“Resultan de especial relevancia los datos encontrados sobre escolaridad y elecciones en Tejina. En 1882, hay elecciones a diputados provinciales, se establecen cinco colegios electorales (ninguno de ellos con más de 800 elec­tores) localizándose el quinto en la casa donde se halla la escuela de niñas de Tejina. Al año siguiente, en las elecciones municipales de las que salió elegido alcalde de La Laguna D. Domingo Bello y concejal de Tejina D. Domingo R. del Castillo, se hace referencia a la imposibilidad de actuar como secretarios de algunos electores del colegio 5a por no saber leer y/o escribir.

El Auxiliar, en 1891, publica como requisito para crear una escuela pú­blica de niños y niñas que el núcleo poblacional determinado tenga como mínimo 500 habitantes. Según la Comisión Local de Instrucción Primaria del Ayuntamiento de La Laguna, aunque sin establecimiento, la primera es­cuela se creó en Tejina en el año 1850, acordándose asignar maestro al cura párroco D. Juan Espinosa, a quien el 30 de diciembre del año 1851 le libran 400 reales de vellón para sufragar sus gastos, así como los derivados de la instalación. En el año 1880, a petición de varios vecinos del pago, se crea una escuela de niñas y se nombra a Dª Concepción Espinosa y Paráis como maestra, premiada con exención de impuestos durante algunos meses por haber empezado a desarrollar su labor docente de forma gratuita siete meses antes de su nombramiento.” (María José Ruiz Guadalberto Hernández)
Cuenta con dos colegios de Educación Primaria, el Colegio Princesa Tejina y el colegio San Bartolomé, un instituto, el IES Antonio González.
En septiembre de 2003 comenzó a funcionar el nuevo edificio del instituto de Educación Secundaria de Tejina.

El nuevo IES Tejina, cuya primera fase fue presupuestada en casi 3 millones de euros, cuenta con 22 aulas polivalente y 14 específicas, de éstas últimas 3 son de tecnología, 3 de dibujo, 2 de música, 3 de informática y 3 laboratorios. Incluye también la vivienda del conserje.

En cuanto a las instalaciones deportivas la Dirección General de Infraestructura Educativa, con cargo a un presupuesto Ram aportó  60.000 euros, para acometer la reforma de las dos canchas deportivas y el gimnasio del antiguo centro, así como su conexión con el nuevo aulario.

El proyecto de construcción de la segunda y última fase Incluye la demolición del viejo edificio, que se ejecutará en los meses de verano para evitar posibles problemas al buen funcionamiento del centro.
 
Cuenta, además, la construcción de talleres para impartir en ellos los ciclos formativos de la nueva Formación Profesional y el pabellón cubierto de deportes. Esta última instalación tendrá un acceso independiente hacia la vía que une Tejina con Valle Guerra, con el objeto de facilitar su uso fuera del horario lectivo, para personas ajenas al centro.

Dispone, además, la construcción de talleres para impartir en ellos los ciclos formativos de la nueva Formación Profesional y el pabellón cubierto de deportes.

El Centro de Formación de Personas Adultas de Tejina
Está formado por un conjunto de personas: Alumnos y Docentes que han decidido emprender la tarea común de dar vida a un proyecto formativo comunitario para las personas Adultas del Nord Este de Tenerife que, partiendo de las necesidades y demandas de la Comunidad, está enmarcado en las líneas de la Dirección General de Promoción Educativa, de la Consejería de Educación del Gobierno Autónomo de Canarias. 
Si bien en la Comarca Natural que nos ocupa: Guamasa, Valle de Guerra, Tejina, Bajamar, Punta del Hidalgo, Tegueste y Las Montañas de Anaga, existió de forma esporádica ciertas clases de Alfabetización y de preparación para el Certificado de Escolaridad y el Graduado Escolar, es en el año 1990 cuando se abre un aula de Educación de Adultos en Tejina, dependiente del Centro de Educación de Adultos (CEA) San Cristóbal, resultando la respuesta de la población altamente positiva: 100 alumnos matriculados en las clases que se imparten en horarios de mañana, tarde y noche, tanto en el ámbito de Formación Instrumental como Sociocultural.
El Centro de Educación de Adultos de Tejina, como tal, surge en el año 1992 como respuesta a una hipótesis que se había planteado desde el Centro de Educación de Adultos de San Cristóbal de La Laguna, y que era: "Es necesario abrir un Centro de Educación de Adultos en esta Comarca"
 El 9 de diciembre 2004 el pleno del Ayuntamiento de Aguere aprobó por unanimidad crear una tutoría de jóvenes “que diera respuesta a los que residen en las zonas de Tejina, Valle de Guerra, Bajamar y Punta del Hidalgo que no se gradúan en Educación Secundaria Obligatoria o que abandonan el sistema educativo”.
Estas tutorías tienen como objetivo la atención a jóvenes desescolarizados, socialmente desfavorecidos, que por razones de índole familiar, social o educativa no han cursado una escolaridad adecuada, encontrándose sin una formación básica para poder proseguir estudios y sin capacitación laboral para incorporarse a la vida activa, sufriendo por ello un serio riesgo de exclusión social. Intención que fue trasladada a la consejería de Educación del Gobierno de Canarias, con fecha  21 de diciembre de 2004.
Con todo ello, se pretendía sacar de la situación de exclusión social a los jóvenes y encauzarlos hacia un mejor futuro.
Actividad musical
Existe constancia de que en 1899 se creara en Tejina la primera banda de música ("banda filarmónica”), dirigida por el músico lagunero D. Fernando Rodríguez Díaz, coincidiendo con la celebración de las fiestas patronales de  aquel  año. Prueba de ello es la siguiente nota de prensa:
 “…la tradicional fiesta de San Bartolomé (…) promete estar bastante concurrida, no solo por los renombrados festejos que en dicho día se verifican sino por el entusiasmo que ha producido el debut de la banda de aficionados que allí se ha organizado (…). En la noche de la víspera de la fiesta a más de la correspondiente librea y comedia al aire libre, ejecutará la banda escogidas piezas en la plaza, quemándose vistosos fuegos artificiales”.
Agrupación musical San Sebastián de Tejina
Fue el año 1926, cuando los lugareños Pancho y Valentín González Toledo presenciando un baile tocado por la orquesta Nivaria en Arafo, les surgió la idea de formar una banda de música en Tejina. Francisco González González, que sería el primer presidente de la banda, se encargó de buscar los métodos y libros de solfeo necesario para instruir a los músicos y a la primera persona que los dirigió, Alfonso de León Pérez. Gracias a la ayuda de Tomás González Rivero, consiguieron los instrumentos en una subasta que organizó la banda del Regimiento de Infantería de Tenerife.
El 20 de enero de 1927 la banda de Tejina tiene su primera actuación en la procesión tocando "La Fraternidad" en honor a San Sebastián, hecho que marcaría el nombre del grupo, pasando a llamarse Banda de Música San Sebastián de Tejina. Desde este momento, salvo la época de la guerra civil, en que la banda estuvo desorganizada por el ingreso a filas de muchos de sus componentes, la banda ha persistido hasta hoy,
En 1956, gracias a la iniciativa de Francisco González González, a su hijo Guillermo González, a Raúl Hernández Rodríguez y a Manuel González González, Tejina es la primera población de la isla donde se crea una Extensión del Conservatorio de Música de Santa Cruz de Tenerife.
En 1951, Felipe González del Castillo quería dejar un recuerdo suyo en el pueblo. De esta forma se puso en contacto con Juan González González, Vicente García Molina y con Vicente Méndez, acordando donar un solar para albergar a los agricultores “Círculo de Agricultores” y que la banda de música hiciera otro piso para sus ensayos.
Este proyecto tendría su plasmación una vez muerte su promotor.
En el año 1966 se abrió una segunda etapa para

viernes, 28 de junio de 2013

COLONOS Y CRIOLLOS ESCLAVISTAS





Eduardo Pedro García Rodríguez

1579. La prohibición de saltar en Berbería se mantuvo, hasta que desaparecido D. Sebastián en Alcazarquivir, el rey español Felipe II tuvo la corona de Portugal en la mano. En atención a los criollos canarios, pero sobre todo a sus rentas, el 27 de enero de 1579 permitió a los de Gran Canaria, sacar las dos armadas anuales de costumbre, para capturar azanegues y alárabes. No podrían hacerlo en la conquista de Portugal, ni en la costa de Hamete, pero si de "San Bartolomé abaxo", por ser los naturales "contrarios" al Xarife". Propietarios los alárabes de muchos "esclavos negros", tantos que "demás de los que se les pueden tomar, dan otros por sus rescates", ofrecían la comodidad de vivir desperdigados por los campos, alimentándose de la leche de un ganado, que apacentaban en prados costeros, facilitando su captura. "Gente desarmada" y sin barcos, que no sabían "defenderse ni tener con que", "ir a entrar" en Berbería, para capturarles, no implicaba riesgo ni "escándalo". (L. Alv. Toledo)
1579 Enero 27.
En 1579 el rey de España Felipe II volvió a autorizar las cabalgadas en Berbería por Real cédula, pero limitándola en cuanto al número, pues sólo podían llevarse a cabo dos entradas al año, y en cuanto al espacio geográfico, ya que habían de verificarse desde San Bartolomé abajo, en territorio que no era de la soberanía de Xarife ni poblado por sus vaallos.

Con esta autorización parece estar relacionado el concierto que hizo, en 1581, en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, doña María de la O Múxica y Berrera (viuda del señor de la isla de Fuerteventura Gonzalo Arias de Saavedra Cabrera) con el gobernador don Martín de Benavides para hacer entrada en África, llevando 150 hombres de armas en los buques que fueran necesarios y confiando la expedición a los cuidados de su hijo don Gonzalo.

Estipulaban en el documento, que al efecto se redactó y firmó, que la flotilla había de estar preparada para hacerse a la vela en el mes de junio de 1582, trasladándose desde el puerto de las Isletas a los de Fuerteventura, que se hallasen más cercanos a las costas de Berbería. Las presas que en las correrías se hiciesen, "ansi moros e moras como otras cualesquier cosas, ansi ganados e alimañas, como oro, plata, ámbar, alcatifes e otras cosas que se ovieren e tomaren", habían de conducirse a Las Palmas, en cuya ciudad se haría la conveniente división y entrega.

La causa primordial que movía todas estas incursiones y entradas era el comercio de esclavos para el trabajo de los ingenios azucareros y otras faena industriales y agrícolas, pues los negros procedentes de Guinea alcanzaban tal alto precio en las Canarias que su adquisición se hacía difícil para los labradores y terratenientes criollos.

El resultado de la proyectada expedición de 1582, como los de otras posteriores que pudieran llevarse acabo, lo ignoramos por completo. (En: A. Rumeu de Armas, 1991)



domingo, 12 de febrero de 2012

MISCELANEA DE HISTORIA DE CANARIAS (XVII) -VIII


NOTAS AL DIARIO DE LAS HERMANAS CASALON (XIV)


12, ALZAMIENTOS  MOTINES  Y REPRESIÓNES EN CANARIAS (IV)

Viene de la entrega anterior.


   El pliego de descargo de los vecinos es presentado por el procurador Benítez  Xuarez, quien como es natural solicita la libre absolución de los procesados. Benítez argumenta que los vecinos no acudieron a la “asonada” que se dice, sino como unos del Pueblo y que están exonerados de dicho delito, ya que fueron convocados en nombre del rey, no siendo extraño este tipo de convocatoria en una localidad como Agüimes donde constantemente hay moros en la costa, después se mantuvieron reunidos en son de defensa natural, y prontitud en acudir en defensa de su rey y su monarquía. El procurador Benítez Xuarez continua argumentando la defensa para concluir de la siguiente manera: <<Es poco honorable la actitud de D. Francisco Amoreto Manrique, quien va contra el espíritu y la letra de una Real Cedula otorgada por los reyes D. Fernando, Doña Juana y D. Felipe para Canarias, prohibiendo vender ingenios y heredamientos a personas poderosas, Real Cedula conservada en el Libro Rojo de la ciudad>>. Termina el defensor con el siguiente resumen:  la algarada fue una reunión en defensa de la tierra, ya que los de Agüimes carecían de fuerzas como demuestran los hechos, de una parte, y de otra presenta como un peligro social el excesivo poder que iba adquiriendo Amoreto, con el progresivo ensanchamiento de sus propiedades. Peligro social, sí, pero también peligro para la tranquilidad de la isla.      González de Barcia como juez especial del caso eleva a la Sala la causa sustanciada.

Don Francisco Amoreto Manrique había mediante procurador elevado un escrito en el que se expresaba más como fiscal que como parte. El mismo solicita que los inculpados sean estrictamente castigados con el fin de dejar grabado en la memoria popular las consecuencias de ir contra los poderosos, aplicando un castigo extremo. Después de teorizar sobre la actitud de los reos y tratar de desvanecer la defensa de los mismos termina pidiendo la pena de horca para algunos de los encausados, y la condena a galeras y azotes en público para otros.

              La Sala de la Audiencia se reúne en el palacio episcopal residencia en la ciudad del Capitán General y presidente nato de la misma, el 5 de enero de 1719, bajo la forma de real acuerdo. Forman la misma además del regente Lucas Martínez de la Fuente, recién llegado a las islas; el oidor decano, Diego Tolosa, corresponsable en parte de los hechos y afecto al sargento mayor, y Alejandro González de Barcia.

             El fiscal expuso sus conclusiones calificando el delito de motín, solicitando en consecuencia las penas que para este delito se aplicaba en Castilla: la horca, galeras y  azote en público. Dureza en las penas indudablemente fomentadas por Tolosa, quien desde un principio había tomado partido en contra de los campesinos y no desaprovechaba ocasión para seguir las indicaciones de su mentor Amoreto.

             Don José Antonio de Chaves Ossorio, en esta sesión mostró un alto grado de inteligencia frente al contumaz pueblo, demostrando una mayor sensibilidad que el resto de los jueces, valorando con clarividencia lo que, aquel pueblo era capaz de acometer.

            En su intervención el general expuso que él por su profesión, esta habituado a imponer castigos ejemplares. Pero ante la extensión del conflicto, era aconsejable no imponer penas de tal calibre, inéditas para los isleños, y que podría implicar el rebrote del conflicto con más violencia, lo que acarrearía ímprobos  inconvenientes. Esto le obligaba a ser benevolente. Continuó el general  esgrimiendo razones en apoyo de sus planteamientos. Los insulares no estaban habituados a contemplar ejecuciones públicas, y la proximidad de los sucesos últimos no habían permitido sosegar los ánimos. Además, por otro lado los de Agüimes cuentan con el apoyo y la simpatía de otros pueblos comarcanos, y la ciudad de Las Palmas estaba llena de parientes de los presos. Por otra parte, las autoridades no contaban con fuerzas armadas suficientes, pues los milicianos son pocos y escasamente instruidos, abundando entre ellos simpatizantes de los alzados.

              Sabiendo que su sucesor está en Cádiz, esperando poder embarcar hacía las islas, Chavez, quiere incluir en su currículum la pacificación de la isla por ello no duda en desmarcarse tímidamente de determinadas influencias y expone que: “aunque el rigor viene recomendado por algunos importantes personajes – en clara alusión a  Amoreto -, encuentra preferible aplicar al caso un capítulo de sus intrusiones secretas, instrucciones que recibió de la Corte, en vísperas de emprender el viaje. Se le ordena por el mismo y en forma taxativa que <<siempre que pudiera peligrar el cumplimiento de la justicia, aunque fuera interesada la Real Hacienda, que se sobreseyera en ello asta mejor ocasión>>. Otros factores que pesan en la decisión del general son “lo remirado, pobreza y clamor de los campesinos que se sentían despojados” “ y no haviendo armas para el resguardo de la execución”.  Sobre  base de lo expuesto Chaves pasó a recomendar una serie de penas más benignas, pero dejando una puerta abierta para que más adelante pudieran aplicarse castigos mayores, y dejando a Amoreto en posesión de las Tierras, quedando al tiempo abierta la vía de reclamación a Cámara de Castilla.

              Sobre las tres de la tarde se procedió a la votación de los diferentes dictámenes, y las penas quedaron graduadas de la siguiente manera: Condenados al presidio de Ceuta, Juan Lozano, 10 años, Juan Álvarez Ortiz, 8 años, Mateo Suárez, 8 años, Medina Quevedo, 8 años, Lorenzo Rodríguez, 4 años. Condenados a destierro: Juan Perera, 10 años, Diego Romero, 8 años, Francisco Melían, 8 años, Bartolomé Díaz, 8 años, Francisco Quintana, 8 años, Melchor Álvarez, 4 años, Juan Ortega, 4 años, Juan Ávila, 2 años. Quedaron a disposición del Consejo: Francisco Pérez Miraval, Luis Romero, Jorge Rodríguez, Francisco Vizcaíno, Salvador Artiles, Luis Alvarado, Andrés Romero, José Alonso y Torres Travieso. Fueron absueltos: Salvador Fernández, Manuel de Mesa, Juan Mauricio, Juan Quintana Miraval y Baltasar Gutiérrez.

              Las sentencias se redactaron y formalizaron en la mañana del día de reyes, publicándose ese mismo día, los cargos se rebajaron de motín a tumulto. Los oidores aceptaron la aplicación de estas penas “benignas” a condición de que el general Chaves Ossorio explicara su motivación al rey y al consejo de Castilla. Además fueron condenados mancomunadamente incluso los absueltos al pago de las costas del proceso, indemnizar a la real hacienda por los gastos ocasionados por el viaje del general y su séquito, gastos de cárcel, querellas de Amoreto y del alcalde real etc. Además a los absueltos se les prohibía regresar a sus pueblos sin licencia de la Audiencia. Los condenados quedarían bajo la custodia del capitán general en Tenerife, en espera de que el rey confirmara o modificara las penas. El capitán general incumplió la promesa hecha a los Agüimenses de que serían exonerados de las costas del proceso, a pesar del reconocimiento por parte del propio general de extrema pobreza de los vecinos.

             En la tarde del día seis un escribano público lee en la cárcel las sentencias a los reos, acto seguido y cumpliendo ordenes del Capitán General el sargento mayor de la plaza D. Salvador Cayetano Manrique, recibe a los presos y los conduce a la playa de la Caleta, bajo una fuerte escolta, el traslado de la cuerda de presos se efectuó sin el menor problema siendo embarcados y asegurados en el navío que había traído al general Chaves  desde Tenerife. El bajel quedo arranchado y presto para hizar velas, operación que habría de llevarse a cabo a la mañana siguiente debido a unas molestias experimentadas por el general Chaves, quien pernoctó en el Palacio Episcopal.

            En cuanto llegó a Agüimes la noticia de las penas impuestas y del embarque de los presos, comenzaron las escenas de dolor y rabia por parte de las mujeres y parientes de los condenados, la indignación del vecindario fue en aumento. La gente se fue concentrando hasta alcanzar un determinado número de personas, y se pusieron en camino hacia Las Palmas. A primeras horas de la mañana en la portadilla de los Reyes estaban congregadas unas sesenta personas, mujeres y hombres. Desde aquí se dirigieron a la Plaza Mayor para solicitar del Capitán General la puesta en libertad de los presos, de lo contrario, pedían ser también encarcelados como coparticipes de los hechos por los que habían sido condenados los presos. Los manifestantes entraron en el patio del palacio episcopal gritando y pidiendo al Capitán General la puesta en libertad de los embarcados. Chaves Osorio que estaba reponiéndose de una gripe y preparando su regreso a Tenerife, al oír el vocerío se puso la casaca sobre los hombros y bajo a enfrentarse con los vecinos, pues pensó que lo más práctico era atajarlos a toda prisa.
             Una vez frente a los manifestantes les encrespó  duramente tratando de imponer su autoridad, al no impresionar con esta actitud, ni conseguir apaciguar las súplicas de los allí reunidos- muchos de los cuales imploraban rodilla en tierra por sus parientes-, Chaves Ossorio desenvainó su espadín y con la bizarría, y arrojo y valor propios de un general de los Reales Ejércitos, arremetió contra las mujeres y hombres desarmados haciéndoles retroceder por la plaza hasta el atrio de la Catedral.

            Atraídos por el tumulto, hicieron acto de presencia en la Plaza, el resto de las autoridades: Regente, el oidor González de Barcia, el inquisidor D. Juan Eusebio Campomanes acompañado de ministros e insignias, el Cabildo insular con su corregidor, D. Damián Jacinto Guerrero, y varios funcionarios eclesiásticos, todos ellos como un solo hombre, arroparon al valiente general.

            Conforme trascurría el tiempo el número de los congregados iba en aumento, por todas las calles  se aproximaban gentes que engrosaban el grupo inicial, ya no sólo eran los campesinos los interesados en el asunto, sino que otros sectores de la población, incluso la urbana participaba  en el mismo extendiéndose la protesta por toda la isla, según relación del Ayuntamiento <<se extendió al estar lleno de resentimiento popular las demás vecindades, haciendo común la causa de lo que sucedía era por un particular, que siendo poderoso aspiraba a opulento, en contrapeso del daño de tantos pobres y de utilidad Pública, que en su concepto se consideraba interesada toda la Isla en la Participación de los granos, carnes y pastos para sus ganados que de dicha tierras se producen y alimentan a menos precio que anexenarse Dichas tierras>>.

              El general se retira al palacio del Obispo, informado de que gentes procedentes de diferentes puntos de la isla se están concentrando en la ciudad, se prepara para hacer uso de las fuerzas armadas para tratar de reducir el motín, dispone que las fuerzas del presidio ocupen las bocacalles que dan acceso a la plaza y manda sacar cinco piezas de artillería que estaban depositadas en el Cabildo, emplazándolas en lugares estratégicos. Los sublevados en número superior a los ochocientos, y que iba en aumento, tenían rodeado todo el perímetro de la plaza y sus alrededores haciendo constar que no dejarían embarcar al general sin que antes soltase a los presos.

             En la Plaza de Santa Ana, estuvo a punto de ocurrir un choque sangriento que nadie deseaba, ante la postura inflexible de ambos contendientes, el general Chaves Ossorio amenazó con hacer fuego si los alzados no se disolvían inmediatamente, la tensión alcanzó tal grado que para evitar una masacre, el cabildo eclesiástico se interpuso a toda prisa con hábitos de coro, las comunidades de Dominicos, Franciscanos, Agustinos y los jesuitas del colegio, todos en procesión, así como el ayuntamiento y otras autoridades, quienes trataban de convencer a los sublevados para que abandonaran la ciudad.

             Ante la posibilidad de un derramamiento de sangre innecesario, los amotinados optan por evacuar la plaza por salidas opuestas ocupando de inmediato todos los pasos que van al puerto sin permitir pasar a nadie y reconociendo a las mujeres “tapadas”, ante la posibilidad de que el general intentara huir disfrazado. La ciudad es tomada por los sublevados quienes empiezan a mostrar sus arcabuces y picas, mientras afirmaban que todos eran Agüimes, el alzamiento estaba en marcha.

Desalojada la plaza por los manifestantes, los frailes y otros pacificadores se entrevistan con el Capitán General para exponerle a su excelencia cual era su punto de vista sobre la situación, asegurarle su adhesión y recomendarle que desista del uso de las armas, ya que los milicianos que pudieran ser reunidos no eran de confianza, por tanto a la vista de la situación la única salida que quedaba era la de soltar a los presos.

             El general rechaza de plano la propuesta, pues liberar a los presos supone reconocer la rendición. En cambio propuso a los frailes que actuasen una vez más, como mediadores, asegurándoles que los presos iban de su mano y confiasen en que serían tratado benéficamente, ya que él <<no había venido a Canarias para dejar la autoridad real por los suelos>> pues <<la mayor ruina de la Ciudad y las Islas sería liberar a los presos, entregándoles bajo violencia>>. Chaves encargó a los frailes un último intento de pacificación de los amotinados, la misión de los clérigos fue un fracaso, los alzados continuaban aumentando, temiéndose que causaran daños y robos.

             Ante la tormenta que se avecinaba, su excelencia convoca consejo. Fueron citados, D. Francisco Matos, Coronel del Regimiento de Las Palmas; D.  Fernando del Castillo Olivares, del de Telde y Agüimes, y D. Diego Lezcano del de La Laguna, que formaba parte de su séquito, La junta tuvo lugar en presencia de la Audiencia e inquisidor.

El planteamiento que el general hace a los jefes militares es duro y directo, en el caso de no atacar con sus fuerzas a los sublevados, serán considerados cómplices de los mismos.

              Los coroneles de Gran Canaria, se mostraron decididos a cumplir estrictamente con las órdenes recibidas, pero hacen ver al general que eluden las responsabilidades derivadas, pues están seguros de que sus hombres desobedecerán, colocándose al lado de los alzados, siendo entonces las consecuencias imprevisibles. Sólo cabía una salida liberar a los presos <<por constarles que cada instante era mayor el número de los tumultuados, por habérseles agregados todos los de las Villas inmediatas, y seguiría toda la isla>> Chaves aceptó lo expuesto a condición de que lo hicieran por escrito, echo así el general se guardó el escrito.

              Al fin el general escribió la orden de puesta en libertad de los prisioneros, sabida la noticia, los sublevados se fueron acercando a la marina, ayudando a botar las lanchas para el desembarco de los detenidos, ayudando en ello hasta las mujeres, desembarcados éstos se les ofreció un refresco en la misma playa y posteriormente se trasladaron a la Villa.

            Conseguida esta primera victoria, los Agüimense consideraron que debían recuperar su dignidad mancillada por los poderosos y por la justicia, aún les quedaban dos reivindicaciones por plantear, la primera recuperar las insignias y cajas depositadas en casa del corregidor y la segunda conseguir una mayor seguridad para los ex reos, haciendo quemar en la plaza pública los autos obrados por los jueces especiales y el proceso que se conservaba en la Audiencia.

             El domingo 8 de enero al amanecer ante la portadilla del camino de conduce a Telde y la placilla de los Reyes hicieron presencia los hombres del regimiento de Telde que venían en formación, según decían cumpliendo ordenes de su coronel, les acompañaban un numeroso grupo de vecinos que habían hecho noche por fuera de la portada.

             La presencia del Regimiento de las milicias de Telde en la ciudad de Las Palmas, creó un clima de confusión pues ni aun los mismos actores llegaron a ponerse de acuerdo, siendo confusas las explicaciones: según el corregidor venían llamados por su Coronel para mantener el orden, e incluso venían con su coronel al frente según el general Chaves, y para el cabildo fueron llamados por el propio Capitán General para someter por la fuerza de las armas a los amotinados, pero éstos manifestaron públicamente –según los testigos -, que no harían tal cosa, que si fuese contra Moros o enemigos del Rey estaban pronto, pero nunca tomarían las armas contra vecinos.

            Aunque el Coronel hizo los mayores esfuerzos, siendo unos y otros del mismo Regimiento y siendo además el coronel suegro de Amoreto. Milicianos y vecinos acordaron entrar en la ciudad y como primera medida optaron por ir a reclamar las banderas armas y cajas al corregidor, aunque fuese por la vía de las fuerzas, momento en que el Coronel D. Fernando Castillo Olivares dejó la formación. Abandonaron la plaza de Santa Ana y en tropel se dirigieron a la casa del corregidor, y  exigieron de éste la inmediata entrega de las banderas, cajas y armas, quien las entregó sin resistencia temiendo por su vida, porque así lo tenía prevenido llegado el caso.

              Ya en posesión de las insignias recuperadas se dirigieron a la Plaza Mayor. Habían aumentado en el intervalo los efectivos del grupo inicial. Mientras tanto, el Capitán General estaba más confuso que el día anterior. Sin embargo trató de imponer su maltrecha autoridad publicando un bando en el que declaraba incurso en delito de alta traición a toda persona que se manifestase como amotinado, a la vez distribuía las escasas tropas procedentes del presidio, y convocaba a los milicianos para que acudieran con sus armas a la Plaza de Santa Ana, para ponerse a las ordenes de la suprema autoridad, es decir a sus ordenes.

              Una vez más, el Capitán General recoge los frutos de su política  de engaños y desprecio hacía el pueblo, se ve obligado a reconocer que se encuentra desasistido y más que desasistido abandonado. Los coroneles le reiteraron una vez más que los hombres de los Regimientos se pasarían a los sublevados. El llamamiento del bando tampoco tuvo el resultado deseado, presentándose con las armas solamente los ministros de  los  Tribunales y algunos notables, entre todos no pasaban de la treintena, los cuales acudieron sin exceso de entusiasmo según reconoció el propio general.

              Es evidente que la desasistencia en que se vio el Capitán General, no tiene otra explicación, que no sea la sociológica. La casi totalidad de la población, sin matizaciones de clases, estaban a favor de los vecinos de Agüimes. Esta reacción por parte de la sociedad fue motivada por la extrema opresión a que estaba sometido el pueblo canario por parte de la corona y sus representantes en las islas, apoyados por una clase local minoritaria pero dominante y privilegiada que se esforzaba en mantener la situación de absoluta dependencia, asegurando así, sus intereses de casta, y tratando de conseguir el dominio absoluto de la tierra, y por consiguiente de los medios de producción. El poder de esta minoría estaba cimentado sobre la base de una población semi-esclava y de siervos que era explotada sin ningún tipo de concesiones, ello explica claramente el porqué aquellos campesinos que disfrutaban de un trozo de tierra, por pobre que fuese,  estuviesen dispuesto a juzgarse la vida con tal de conservarlo, ya que en la mayoría de los casos constituían el único medio de subsistencia de sus familias.

             Con la concentración de los alzados en la Plaza de Santa Ana, estuvo a punto por segunda vez, el producirse un enfrentamiento armado, consientes de ello el clero, se apresuró a sacar en procesión al Santísimo y a la Virgen del Rosario, acompañando a las mismas todas la ordenes religiosas establecidas en la ciudad. La iglesia se aprovechaba una vez más de la profunda religiosidad de los isleños, para salir en defensa de los intereses de los poderosos, que en el fondo eran los suyos.

             Ante la presencia de las procesiones, milicias y vecinos optan por retirarse de la plaza e inician su camino hacía Telde. La retirada fue calculada, pensada y recelosa, pues se temía una reacción violenta por parte de la autoridad vejada y vencida en toda regla. El general Chaves decidió permanecer unos días más en Las Palmas, para dar la imagen de normalidad, aunque no las tenía todas consigo, e incluso en algún momento llegó a temer un brote independentista como el mismo deja entrever en algunas de sus manifestaciones <<El no determinarse por ahora salir de ella (Gran Canaria) es porque en semejante demostración no se despeche la isla y piense en algún Dueño, que no debemos creer, del sumo amor y fidelidad que tienen a V.M.;
Pero si prudentemente recelar; como afirmar no poder en la constitución presente administrar justicia>>.

            Ante los insistentes rumores de que el Capitán General Chaves Osorio, había jurado pasar a cuchillo a todos los sublevados, y creyendo éstos que efectivamente, trataría de llevar a cabo su amenaza, desistieron de continuar camino a Telde y Agüimes, acampando en un despoblado a medio camino entre Las Palmas y Telde, en las proximidades de Jinámar, juramentándose todos en morir en defensas de sus vidas.

            Se mantuvieron el  improvisado campamento durante dos días, hasta que tuvieron conocimiento del embarque del capitán general rumbo a Tenerife, en la mañana del 11 de enero, no sin antes haber dejado sosegada a la Audiencia, donde algunos de sus miembros, entre ellos Diego de Tolosa y el fiscal Francisco Román Meléndez, principales instigadores del proceso, pretendían llevar a cabo una huida hacía adelante tratando de trasladar a Tenerife la sede de la Audiencia, propósito que no consiguieron debido a la firme oposición del regente Martínez de la Fuente.

             Después de algunos avatares y manteniéndose los vecinos en una tensa calma, en Castilla se continúan moviendo las piezas de la partida, por parte de Amoreto y sus adeptos, sin que los vecinos se queden a la saga. En carta reservada, despachada por el propio Felipe V dirigida al regente de la Audiencia Martínez de la Fuente, y despachada en Madrid el 26 de Septiembre de 1719, el monarca ordena textualmente al regente que <<olvide procesos y sentencias anteriores y que mantenga a los tumultuados en pacífica posesión de las tierras en litigio, a fin de no producir nuevas alteraciones del orden público. Al tiempo que para poder decidir en justicia, se le mande a averigüe de manera secreta la cantidad, calidad y precio justo de las tierras rematadas; revise la licitación por si hubiera existido fraude, colisión o simple equivocación; si Amoreto a la sombra del remate, se hubiera introducido en otras tierras realengas; que clase de agravios pudo haber inferido a los vecinos de Agüimes; así como si los pastos que quedan para los ganados de los pueblos próximos son suficientes para su crianza. Y, finalmente, que estudie si la oferta realizada por los vecinos para realizar una nueva licitación encierra una seguridad plena>>.

             Por fin el consejo de Castilla, con fecha 3 de noviembre de 1725 pronuncia sentencia ejecutiva. Las tierras de Sardina y Llano del Polvo eran adjudicadas al vecindario de Agüímes, con las mismas condiciones y facultades contenidas en la real Cédula que le fue extendida a Amoreto. A este le fue reintegrado el importe de su remate.

             Los vecinos tuvieron que sortear diversas situaciones para mantener el disfrute de sus tierras, pero eso es un tema que trataremos más adelante.

 

OTROS ALZAMIENTOS Y MOTINES


Año 1655. Como consecuencia de las epidemias sufridas, las muertes habían sido considerables, por lo que los campos de cultivo estaban prácticamente abandonados. En esta tesitura se encontraban las islas cuando el rey de España, ordena una leva en la colonia de Canarias para incrementar sus tercios. Ante la desolada situación de las islas, el Cabildo de Tenerife interpone súplica ante el capitán general Alonso Dávila de Guzmán, (uno de los capitanes generales más corruptos que han gobernado en Canarias) rogando la suspensión de la misma, pidiendo que se realice con carácter voluntario, a lo que se niega el general. Este ordena a los capitanes que apresen cada uno a 8 hombres. Al punto los hombres jóvenes imitando a sus antepasados se alzan a los montes, escondiéndose en cuevas del interior. A pesar del alzamiento las tropas de ocupación consiguen apresar y encarcelar a 1.200 hombres, ayudadas por la burguesía local la cual estaba exenta de la leva forzosa amparada por sus privilegios, mediante los cuales sus hijos quedaban libres de esta imposición, mostrando así a la corona española, la fidelidad debida a cambio del  mantenimiento de sus prerrogativas. Enterado Felipe IV de la deplorable situación porque atravesaban las islas ordena suspender la leva, aún así, son enviados por el capitán general de manera forzada 700 de los desgraciados que habían sido apresados y encarcelados.

Año 1655: Chasna-Tenerife.   El Mayorazgo de la casa Soler, intenta apoderarse del pueblo de Vilaflor, arguyendo que dicha villa se encontraba dentro de las tierras del Mayorazgo. La actitud de la casa Soler provocó que los vecinos del pueblo y de la comarca se alzaran contra los detentadores del Mayorazgo.


Año 1666: Garachico-Tenerife. El intento por parte de un grupo de comerciantes ingleses de crear un monopolio para la comercialización de los vinos de Tenerife, originó un revuelo en la oligarquía isleña, en el que se vieron involucrados los intereses de los terratenientes y los del clero secular y regular, detentadores de la mayor parte de las tierras dedicadas al cultivo de la vid, quienes veían peligrar su mayor fuentes de ingresos si tenían que comerciar únicamente con los ingleses, quienes además marcarían los precios de los caldos. Los ánimos populares se fueron caldeando soliviantados desde los púlpitos de las  iglesias y desde los conventos además de las maniobras de los políticos locales y desde el propio Cabildo de la isla. El conflicto del vino mantuvo en tensión durante bastante tiempo a la sociedad tinerfeña, desembocando en uno de los momentos de tensión en la algarada denominada “el derrame del vino”. Este tuvo lugar en el puerto de Garachico, en la madrugada del 3 de julio. Un grupo compuesto de unas cuatrocientas personas integrado  por frailes y seglares irrumpen por la fuerza en tres bodegas de la localidad y derraman 54 pipas de vino de Malvasía, posteriormente, llevan a cabo igual acción en la Caleta de Interián, donde derraman 41 pipas pertenecientes todas a comerciantes ingleses que se le suponen vinculados con la Compañía inglesa, y que estaban preparadas para ser embarcadas en navíos ingleses con destino a Londres.

Año 1668: La Laguna, Tenerife. Como hemos dicho en otra parte, los empleados de la Metrópoli, aprovechaban su destino en Canarias para extraer de ellas el máximo de beneficio propio posible, siendo los funcionarios de más alto rango los primeros en emplear estas prácticas de enriquecimiento ilícito. Uno de estos funcionarios fue el capitán general Varona, quien deja entre los canarios una excelente escuela de despotismo, corrupción y cohecho. Amparándose en su condición de máxima autoridad, no dudó en conceder privilegios especiales a  comerciantes ingleses a cambio de sustanciosas sumas de dinero. Así acaeció que estando la isla extremadamente escasa de granos y en plena hambruna, el general autoriza a los mercaderes ingleses para que exporten cereales. El malestar entre las clases populares es notorio, y aunque el Cabildo recurre ante la corona las decisiones del general no obtiene repuestas sastifactorias. Así unas ves más, el pueblo se ve obligado a luchar por su supervivencia ante el despiadado despojo de que es victima por parte de los poderosos y tiránicos funcionarios españoles. As í el 24 de mayo de 1688, una multitud de desconocidos prenden fuego a la casa del general Varona. Las investigaciones de las autoridades locales tendentes a averiguar quienes fueron los autores del asalto, fueron (supuestamente) infructuosas, no pudiendo en esta ocasión la justicia reprimir a los responsables.

Año 1696: Chasna. Vilaflor, Tenerife. Oposición a las pretensiones de  la casa Soler, que intenta apoderarse de las tierras baldías incorporándolas al Mayorazgo.

Año 1699: En enero, los gomeros retoman el gran reto histórico que aún tienen pendiente y, se sublevan unas ves más contra la tiranía de los señores de la isla.

Año 1711: La Laguna-Tenerife. La isla sufre una de las frecuentes hambrunas que a azotan a las clases populares. En estas situaciones los mercaderes sin escrúpulos, que solían serlo casi todos, no renunciaban a obtener beneficios aunque fuese a costa del sufrimiento el pueblo. Al parecer unos comerciantes franceses trataban de embarcar  con destino a su país unos barriles de harina simulando que contenían vino, enterado el pueblo se amotinó deteniendo la caravana a su paso por La Laguna. El capitán general don Felipe Chacón que como casi todos los capitanes generales eran protectores de los mercaderes – principal fuente de los ingresos extras - acudió en ayuda del convoy; pero como la necesidad extrema convierte en héroes a los más pusilánimes, el general se encontró con una multitud dispuesta a hacerle frente. Ante la firme actitud de los sublevados, el general se retiró a su residencia, presentado poco tiempo después su renuncia al empleo. Es digno de destacar que éste fue uno de los pocos motines que no fue reprimido sangrientamente por las fuerzas de ocupación.          

Año 1714: Lanzarote. Se encontraba por estas islas el visitador y oidor de la Audiencia de Sevilla, don Saturnino Daoix, cuando por orden del capitán general don Ventura de Landaeta, inicia una visita de inspección a la isla de Lanzarote, para ver el estado de las armas acompañado por   el coronel don Francisco Jacinto de León. Éste jefe tuvo enfrentamientos con el síndico personero don Domingo Hernández Fajardo, como consecuencia de los mismos el coronel mandó a encarcelar en el castillo al personero. Apenas enterados del suceso la isla se levantó en armas contra el coronel y el oidor. Desde los más remotos pueblos acudieron gentes armadas con sus respectivos capitanes al frente. Ante las amenazas de los sublevados de quemar los expedientes y tomar otras medidas más drásticas, visitador y  coronel optaron por soltar al preso, siendo expulsados de la isla los promotores del encarcelamiento, sin que jamás se tomara represalia directa sobre los amotinados.          

Año 1715:  Icod, Tenerife. El Alcalde real en un manifiesto abuso de poder, en una de sus rondas nocturnas decide registrar las casas de varios vecinos, la repuesta de éstos fue la de apalear al alcalde quien resultó herido de consideración. Como consecuencia de las arbitriaridades del alcalde alzáronse más de ochocientas personas, el tumulto alcanzó tales proporciones que a pesar de la intervención del corregidor éste no consiguió apaciguar los ánimos, por lo cual fue precisa la intervención del capitán general  don Ventura Landaeta, acompañado del fiscal de la Audiencia. La intervención de estos personajes tampoco sirvió para que los amotinados abandonasen su actitud de resistencia, hasta que por fin llegaron a un acuerdo, expulsando al tiránico Alcalde del pueblo y de la comarca, sin que los sublevados sufrieran represión, gracias a la firme resolución que tenían de resistir a cualquier tipo de imposición por parte de las autoridades.                    

Año 1718: Tenerife. La alta rentabilidad  que siempre ha proporcionado esta finca propiedad del estado español, situada al Noroeste del Continente y llamada islas Canarias, ha inducido a algunos altos funcionarios a comprar la administración de las mismas al estado. Uno de los compradores fue el capitán general D.Fernando Chacón Medina y Salazar. Este funcionario compró la gobernación de las islas por 4.000 ducados, en forma de donativo, expidiéndosele en consecuencia real título por cédula del 20 de enero de 1709. Siendo  sustituido en el mando por D. Ventura de Landaeta, quien llegó al puerto de La Luz a principios de marzo de 1713, dejando una lamentable memoria de su gobierno en las islas.

Pero como una desgracia nunca se presenta sola, en agosto de 1717, la Metrópoli en su afán por obtener el máximo de rentabilidad de su finca atlántica, decide monopolizar el tabaco, para ello obsequia a las islas con el envío de un funcionario encargado de poner en marcha la operación. Así llega a Tenerife el factor D. Diego Navarro, provisto de su título y seguido de una tribu de parientes que pronto caerían sobre la isla como una plaga de hambrientas langostas. Las severas medidas fiscalizadoras tendentes a conseguir el máximo beneficio se dictaron con gran lujo de arbitrario despotismo. De inmediato la oligarquía y el clero formaron frente común contra las desmedidas atribuciones del factor, medidas que también alcanzaban al pueblo llano que cultivaba algunas plantas de tabaco. El pueblo instigado por el clero tanto seglar como secular, y por la oligarquía, perseguía Navarro con  piedras y petardos que lanzaban contra su casa y con carteles que aparecía en las esquinas de Santa Cruz, lugar donde había fijado su residencia. Con el miedo incrustado en su cuerpo, el factor decide trasladarse a La Laguna, tratando de ponerse allí al abrigo de toda persecución bajo el amparo del Ayuntamiento y del Capitán general.

En al noche del 18 de enero de 1718, en cuyas primeras horas circulo la noticia de que se acercaba a La Laguna gran cantidad de gentes en son de algarada dando gritos de libertad y blandiendo picas, azadas y garrotes. El general Landaeta y el corregidor
D. Jaime Jerónimo de Villanueva, que con sospecha de lo que iba a ocurrir  rondaban por las calles, no encontrándose según decían con fuerzas para resistir al motín, se llevaron  a Navarro a la casa del general y a su atribulada familia a la del marqués de Villanueva del Prado, dejando que la amotinada columna invadiera libremente la ciudad, allanando las oficinas del funcionario quemando los papeles, apoderándose de las campanas de los templos y tocando a rebato, consiguiendo de este modo que Landaeta ofreciese a los sublevados el trasladar al factor Navarro a Santa Cruz con la promesa de embarcarlo en una nave francesa que se hallaba en el puerto. Esta transacción que indudablemente debió estar pactada con anterioridad por las autoridades y los dirigentes de los sublevados, se llevó a cabo en la forma acordada pasando así  Navarro a engrosar la lista de los funcionarios expulsados de la isla por sus propios correligionarios, quedando los alzados sin el castigo que las autoridades tenían previsto para estas acciones, ya que motín estuvo promovido por las mismas.

Febrero de 2012.