viernes, 28 de febrero de 2014

CAPÍTULO XLVII-IX



EFEMERIDES CANARIAS
UNA HISTORIA RESUMIDA DE CANARIAS
PERÍODO COLONIAL, DÉCADA 1861-1870

CAPÍTULO XLVII-IX



Eduardo Pedro García Rodríguez

1869 Octubre 21.
Los acontecimientos de la metrópoli obligaron al gobierno a declarar la suspensión de las garantías constitucionales. Llegó esta orden a Santa Cruz el 21 de octubre de 1869, produciendo gran regocijo en las autoridades coloniales civil y militar, que de esta manera encontraban un medio legal de concluir con la prensa republicana y de vengarse de los que se habían constituido sus adversarios, así políticos como personales.

El primer uso que Estrada hizo de sus facultades dictatoriales fue destituir a dos empleados subalternos de la secretaría municipal, que se hallaban afiliados al partido democrático. Pero no pretendía sobre oscuros empleados ensayar sus fuerzas. Otras eran las intenciones de este gobernador, y así, después de meditarlo mucho, determinó separar de sus cargos a los diputados provinciales por Santa Cruz, Las Palmas y la isla de La Palma, que lo eran entonces don Ildefonso La Roche, don Eufemiano Jurado y don Luis Benítez de Lugo, sin otra fórmula que la de he tenido a bien. Del mismo modo disolvió todos los casinos, tertulias y sociedades donde germinaba el espíritu innovador, y mandó que cesaran en su publicación los periódicos de la capital La Federación y El. Eco del Comercio, La Asociación de La Orotava, El País, El Federal y El Eco de la Gran Canaria de Las Palmas su situación geográfica no podían influir en los movimientos revolucionarios de metrópoli, ni perturbar en modo alguno la marcha del gobierno, fue reprobada por las personas sensatas, que censuraron agriamente el poco tacto político de Estrada. Al propio tiempo, y para agravar más el estado de la colonia, acordó el capitán general reunir la guarnición y apoderarse de los puntos estratégicos de la capital, como si se tratase de ahogar en sangre una gran conspiración. Menudeaban las conferencias entre el gobernador y el general y todo anunciaba algún acontecimiento de fatales consecuencias para la juventud isleña. Y, en efecto, así sucedió. En la mañana del 23, se supo en Santa Cruz que la goleta de guerra Caridad, surta en aquel puerto, tenía orden de prepararse a levar anclas en dirección a Fernando Póo, conduciendo a algunos deportados políticos; viaje que, al fin, no pudo verificarse porque el comandante del buque exigía un crédito extraordinario que no era fácil obtener en aquellos momentos. Ello fue que, deseando las autoridades coloniales el sacrificio de algunas víctimas que hicieran creer al gobierno en una sublevación sofocada por su celo y acertadas disposiciones, dispuso elegir a los criollos don Bernabé Rodríguez, don Patricio de la Guardia, don Claudio Sarmiento, don Darío Cullen, don Antonio Daroca y don Miguel Villalba Hervás, como personas más caracterizadas dentro del partido democrático de aquella población, a quienes se les hizo saber aquella tarde que por la noche serían deportados a la vecina isla de Gran Canaria.

Este atropello, que nada justificaba, encontró severos censores hasta en el partido conservador, siendo general la consternación de todos los isleños que veían inaugurarse una serie de desafueros, sin garantía alguna para proteger la seguridad individual. Los venerables párrocos de la Concepción y San Francisco se creyeron obligados a interceder por los proscriptos y sus familias, sin que lograsen modificar las órdenes de Estrada, que aquella misma noche hizo embarcar en el buque de cabotaje Estrella, con rumbo a Las Palmas, cinco de las personas designadas, porque a última hora no se encontró a don Bernabé Rodríguez, que era el primero de la lista. Llegados a la mañana siguiente estos cinco deportados al muelle de Las Palmas, se les condujo a los patios del subgobierno y allí les fue notificado que su destierro se verificaría en diferentes poblaciones, bajo la inspección y vigilancia de sus respectivos alcaldes. En virtud de esta disposición fueron destinados a Lanzarote don Claudio Sarmiento y don Antonio Daroca; a Puerto de Cabras, don Patricio de la Guardia y don Miguel Villalba Hervás, y a Telde don Darío Cullen.

El 24 hubo una nueva víctima en Santa Cruz: el joven oficial y entusiasta republicano don Rafael Calzadilla, uno de los redactores de La Federación, fue conducido al castillo de Paso Alto e incomunicado de orden del general, quien le desterró a la isla del Hierro, trasladándole luego a la de La Palma hasta que aquél obtuvo su licencia absoluta.

Continuando el 25 sus atropellos, el gobernador desterró al diputado don Eufemiano Jurado al Puerto de La Cruz y luego al pueblo de Garachico, sin otro delito que sus conocidas ideas democráticas. Con satisfacción consignaremos que en todas las poblaciones en donde el capricho de Estrada condujo a los proscriptos, encontraron éstos manifestaciones de afecto y simpatía, no sólo entre sus amigos, sino entre sus adversarios políticos.

Los ayuntamientos de procedencia revolucionaria fueron destituidos por el gobernador, sustituyéndolos con concejales afectos al partido reaccionario, buscando dóciles instrumentos para las futuras elecciones y dejando libre la diputación provincial de todo elemento perturbador.

Aunque la prensa liberal había enmudecido en Canarias, los periódicos de oposición, en Madrid, aprovechándose de una conducta política tan imprudente como ilegal, clamaban un día y otro día contra las autoridades coloniales de esta colonia, pidiendo su destitución. El gobierno, al fin, considerando peligrosa una lucha que podía comprometer el éxito de las elecciones, acordó trasladar a Estrada a la provincia de Huelva, para donde se embarcó el 9 de diciembre acompañándole a bordo el general Serrano. Cuéntase que al dejar la capital el aborrecido gobernador, se le dio por el pueblo que llenaba la explanada del muelle una espantosa silba, sin que se oyera el menor grito subversivo, cuya silba fue aún más estrepitosa al regreso de su amigo el general.

Diferente fue el recibimiento con que los desterrados fueron acogidos al volver a Santa
Cruz. Hubo en aquella ocasión entusiastas aclamaciones, vivas, músicas y cohetes. El vapor correo América, que el 21 de diciembre llevó la noticia del restablecimiento de las garantías constitucionales, fue el encargado de conducir a los desterrados a Santa Cruz, después de una solemne y fraternal despedida en el teatro de Las Palmas organizada por sus amigos políticos.

Así terminó el mando de Estrada en estas islas, que calificaríamos de ridícula estupidez si aquellos actos no hubiesen hecho derramar abundantes lágrimas a las inocentes familias de los perseguidos, que creyeron iban a ser conducidos a países lejanos de donde pocas veces se vuelve. (A. millares, t.5,1997)

1870. Juan Bethencourt Alfonso realiza los primeros estudios arqueológicos en la isla de la Gomera en las localidades de Valle Gran Rey, Chipude y Alajeró.

1870-?. Es generalmente sabido, la tradicional tendencia en la agricultura canaria, de dedicar sus tierras, casi exclusivamente a monocultivo. Aunque esto ha sucedido en varias épocas de su historia, queremos referirnos a los años posteriores de la mitad del siglo pasado, y concretamente en la jurisdicción de Arehukas (Arucas).
 
En esta época los campos aruquenses habían sido plantados de tuneras, donde proliferaba la cochinilla insecto este muy apreciado en los mercados europeos por el buen tinte que de él se extraía. Todo iba sobre ruedas y la economía de la región estaba calificada de boyante. Pero el descubrimiento de las anilinas alemanas, hizo bajar la demanda. Esto, unido a un exceso de producción que se hacía innecesaria, determinaron el paulatino hundimiento de los cultivadores, que ya pensaron seriamente en dedicar sus terrenos a algo más productivo.
 
Caña de azúcar y tabaco fueron las dos posibilidades que se barajaron. Hechas las pertinentes pruebas y consultados los entendidos de Cuba y Londres, se llegó a la conclusión de que era más idóneo el cultivo de la caña.
 
Mientras, los agricultores seguían en un mar de dudas y sin dedicarse a aceptarlo. Pero poco a poco, una campaña de prensa abogando por ello, realizada por el insigne aruquense, corresponsal de El Liberal, Don Rafael Ponce y Armas, fue introduciendo la idea en ellos.
 
Unos de los promotores, que se había pronunciado en favor de dicho cultivo desde el primer momento, fue Don Alfonso Gourié Álvarez Conde, con extensos terrenos en Arucas, en los que tenía la firme intención de plantar caña.
 
Dióse cuenta también, del enorme beneficio que para la región suponía, que dicha caña se procesase en nuestro término municipal. Y concibió la idea de montar el correspondiente ingenio. Para ello intentó formar una sociedad, entre los agricultores, y juntos todos, afrontar los enormes gastos que dicha instalación llevaba implícitos.
Pero no encontró la colaboración ansiada. Sólo, otro propietario del término, Don Bruno González Castellano, a la sazón Alcalde de Arucas, se prestó a subvencionar una tercera parte de los gastos de la empresa.

Con esto, se decidió Don Alfonso a solicitar de la casa Duncan Stewart & Co. de Glasgow, Escocia, a través de Don Juan Ladeveze, comerciante francés radicado en Winiwuada (Las Palmas), el envío de la maquinaria necesaria para la fabricación de azúcar y destilería anexa.
 
En las postrimerías de 1883, llegaban a bordo del Fitz Clarece, barco de 1.200 toneladas de registro bruto, y desembarcados en el viejo muelle de La Luz, todos los elementos para el montaje de la fábrica, que había de llamarse por su ubicación de San Pedro de Arehukas (Arucas).
 
De grandioso se calificó el espectáculo de traída de los componentes mecánicos, máxime por el volumen y peso de las enormes calderas, para cuyo paso hubieron de apuntalarse los puentes del trayecto en prevención de hundimiento.
 
En los seis primeros meses de 1884, fueron siendo ensambladas las distintas piezas que conformaban el complejo industrial. El pueblo vivía intensamente aquellos momentos, esperanzados y entusiasmados por lo que suponía, con lógica, gran remedio para la maltrecha economía de la región.
 
No fue ajena la corporación de entonces al sentir popular, ya que en sesión del 25 de mayo de 1884, acordó celebrar, con cargo al presupuesto municipal, unos lucidos festejos en honor del acontecimiento que se esperaba.

Probada la fábrica, se concretó, como día de su inauguración, la del 9 de agosto, sábado, de aquel año, fecha que quedaría impresa para siempre, en la historia de Arehukas (Arucas) de manera imborrable.
 
Desde días antes de la fecha concertada, se fueron engalanando calles y plazas y particularmente la calle principal y su prolongación hasta la Fábrica. Proliferaron los arcos, de afiligranada construcción, en honor de los artífices que habían hecho posible el resurgir de la agricultura. Llegado el fausto día, se lanzaron las campanas al vuelo, mientras multitud de voladores atronaban al espacio.
 
A las tres y media de la tarde, tal y como estaba previsto, dieron comienzo los actos de la inauguración. Empezóse con la bendición y bautismo de la maquinaria, por el en aquel entonces párroco de la Villa, D. Teótimo Darias. Actuó de padrino en tan gran acontecimiento, el Excmo. Sr. Conde de la Vega Grande y como testigos, representantes municipales y el pueblo mismo.
 
Terminada la ceremonia, se puso en marcha el complejo industrial, moliéndose varios quintales de caña que se habían preparado al efecto, siendo su producto posteriormente donado al Hospital de San Martín.
 
A continuación dieron comienzo los festejos populares, donde el pueblo manifestó su entusiasmo. Se organizó un nutrido paseo, animado por la banda de música, que infatigable continuó amenizando la velada hasta avanzada la noche, en que una exhibición de fuegos de artificio, puso fin a los actos de dicho día.
 
Al siguiente domingo, las fiestas continuaron con igual regocijo. Fue el día que escogió la Corporación Municipal para honrar a D. Alfonso, entregándole una certificación, bellamente enmarcada, en la que se expresaba la satisfacción y gratitud, tanto del Cuerpo como del pueblo a quien representaban, por el enorme beneficio que reportaba a todos, la instalación de la industria azucarera en la región.
 
También le fue entregado un precioso cuaderno, conteniendo un himno, que había sido compuesto por el profesor y Director de la Banda D. Antonio Manchado, con letra del historiador D. Agustín Millares, para solemnizar el acontecimiento
 
A partir de 1885, fue cuando en realidad, comenzó la Fábrica de San Pedro su producción. Pronto empezó a adquirir fama y sus azúcares a ser demandados por los mercados peninsulares que la distribuían para su consumición.
 
Luego se presentaron algunos inconvenientes. El principal de ellos la disposición del Gobierno que consideraba el producto como de procedencia extranjera, por lo que tenía que pagar un excesivo canon a las aduanas peninsulares, lo que imposibilitaba su comercialización.

Tras varios años de gestión, en varios organismos, fue solventada la situación por medio del egregio teldense, D. Fernando de León y Castillo, quien abogó ante el Gobierno al que pertenecía, haciéndoles ver lo erróneo de tal disposición.
 
En aquellos mismos años, y por la excelente calidad del azúcar producida, le fue concedida a la Fábrica de San Pedro, tras el oportuno expediente, el Título de Proveedores de la Real Casa, que llevaba implícito el derecho a uso del Escudo de Armas Reales.

El auge económico conseguido, fue factor determinante, para que el nueve de agosto de 1.894, le fuese concedido a Arucas el título de Ciudad.
 
La producción de azúcar en la Fábrica continuó luego, ininterrumpidamente hasta el año 1920.

La destilería de San Pedro
 
Aunque hasta ahora nos hemos referido a la Fábrica de San Pedro como azucarera, ésta, desde el principio tenía instalada una destilería anexa, con un alambique capaz de trabajar nueve mil litros de jugos fermentados, en las veinticuatro horas.
Carecemos de datos sobre la producción de ron de entonces, aunque suponemos que ésta fue ínfima, ya que no hay conocimiento sobre su comercialización.
De lo que si hay constancia es, que en 1.909, los propietarios de la Fábrica adquirieron un nuevo alambique, sistema Guillaume, de una aceptable capacidad de trabajo y que les fue suministrado por la Casa Egrot y Grangé de París.
 
A partir de esta fecha se siguió, con fines comerciales, la destilación de ron.
En 1912, ingresó en la fábrica, como Tenedor de Libros, un hombre que estaba llamado a cambiar, de manera insospechadamente positiva, el curso de la historia de la misma.
Fue éste, D. Alfredo Martín Reyes, que se interesó vivamente por el proceso de elaboración del ron, iniciándose en sus secretos y adquiriendo un cúmulo de experiencias, que habría de aplicar más tarde, cuando la producción estuvo bajo su dirección.

Hacia 1920, como antes dijimos, diversos factores que habían influido negativamente en el devenir de la Fábrica, obligaran a que ésta paralizase sus actividades. Atribúyese como causa principal de ello, el auge y mayor rentabilidad del plátano, que se impuso en los terrenos, eliminando el cultivo de la caña.
 
D. Alfredo, que residía con su familia en una vivienda anexa a la industria, no perdió con ésta su contacto. En su mente se forjaron planes, para volver a poner la vieja Destilería en funcionamiento.

Unos años más tarde, después de haber sido nombrado Apoderado del copropietario de la misma, D. Laureano de Armas Gourié, se le presenta la ocasión de tratar sobre ello.

Luego gestiona la compra de su maquinaria, inspeccionándola y poniéndola en condiciones de buen funcionamiento. Seguidamente forma una sociedad, manteniendo el nombre de Destilerías de San Pedro, y emprende decidido la fabricación de ron, cuyos secretos de elaboración, como apuntábamos anteriormente, conocía hasta lo más recóndito.

En 1942, dos años después de haber sido formada, la sociedad se disuelve, adquiriendo D. Alfredo de los accionistas, las correspondientes partes.
 
Partiendo de la vieja maquinaria como base, su primer objetivo fue adquirir los locales en que ésta esta ubicada, ya que hasta el momento los había tenido en arriendo.
Trabajador incansable, emplea el fruto de sus esfuerzos en ir anexionando los predios colindantes, con el pensamiento puesto en una lógica expansión de la industria en el futuro.

Transcurren los años, Destilerías San Pedro alcanza general fama y la calidad de sus productos por todos reconocida. D. Alfredo había ido consiguiendo el consolidar su patrimonio.

Fue particular motivo de preocupación para D. Alfredo, el pensar que a su desaparición, todo se disgregase. Por otro lado, era su intención hacer a su esposa e hijos partícipes de la empresa y que aunados, se responsabilizasen en una tarea común.
 
De acuerdo a todos, dieron forma legal a lo pretendido, y sustituyeron el viejo nombre de Destilerías San Pedro por el de Destilerías Arehucas. Con esta nueva concepción de la empresa, legalizada en marzo de 1965, quedó nombrado como su presidente D. Alfredo. Este, con el entusiasmo que le caracterizaba, encaminó su atención a conservar para su industria el prestigio conseguido, y aumentar éste, bajo el nuevo nombre que para ésta había adoptado.
 
Con esta nueva imagen, su producción se ganó rápidamente el mercado, llevando ello implícito, un aumento progresivo de la empresa a todos los niveles.

Sin haber cubierto sus objetivos, aunque puestas firmemente las bases para la consecución de los mismos, fallece D. Alfredo el 17 de junio de 1967.
 
La noticia de su muerte causó profundo sentimiento en todos los esbatimentos sociales, ya que estaba reputado como hombre caballeroso, emprendedor y una de las primeras figuras, como industrial, del Archipiélago.
 
En su memoria, el Ayuntamiento de Winiwuada (Las Palmas) acordó rotular con su nombre, una calle en la zona industrial de Miller Bajo, en sesión del 26 de septiembre de 1968, quedando así constancia de su buen hacer para la posteridad.

Sus sucesores, que habían asimilado sus experiencias y recomendaciones, continuaron adelante con la empresa, consiguiendo que el nombre de ésta y de nuestra ciudad, sea conocido en los más insospechados lugares del mundo.
 
Por otro lado, su anagrama está presente, de manera altruista, en infinidad de manifestaciones tanto culturales y deportivas, como benéfico-sociales, que se celebran en nuestra región.

Hay otros aspectos menos conocidos de las actividades, que al margen de lo comercial Destilerías Arehucas ha venido realizando a lo largo de los años. Ello es su gestión directa en pro de lo cultural, deportivo, benéfico-social, etc. Su patrocinio, subvenciones y aportaciones a la cultura en edición de libros, actos académicos, organización de exposiciones y conciertos, etc.; a lo deportivo con sus contribuciones en efectivo, en material, en vestuarios, en deportes; en lo social y popular, con su consuetudinaria cooperación en fiestas y actos lúdicos en todas las localidades de nuestra región.

Ha creado algo muy singular, como lo es su Bodega de Personalidades, en cuyas barricas, sin perder la función propia de ellas, han ido estampando su firma, próceres de todas las ramas; política, ciencias, letras, arte, deportes, etc. de las que destacan las de los Reyes españoles Juan Carlos y Sofía, formándose así una concepcional colección de autógrafos.
Otro gran logro por lo que de interés supone para nuestro acervo histórico-artístico, ha sido la restauración de la vieja ermita de San Pedro. Adquirida por la entidad en 1971, se determinó restaurarla en 1975, partiendo de sus cuatro escuálidas paredes. Se construyó su artesonado y tejado, y se la dotó incluso de un grandioso y magnífico Tríptico, fiel reproducción del antiguo que había poseído su homónima, derruida hacia 1718, en la localidad aruquense de La Goleta.

Reciente proyecto de esta entidad ha sido la creación de un Museo Regional, orientado hacia lo histórico y artesanal. En él tienen cabida toda una serie de objetos, maquinarias y aparatos, que prestaron sus servicios en otros tiempos; colecciones de fotografías retrospectivas de Arucas; de personalidades que la han visitado; muestras artesanales de la región; diplomas, placas, trofeos, etc.., que le han sido concedidos en sus ciento trece años de historia.

Esta es en síntesis, la historia de la génesis de un producto canario, el ron, y parte del devenir de la entidad, Destilerías Arehucas, que posibilitó su consecución en toda su acepción, y que ha sido a lo largo de más de un siglo, uno de los pilares en que se ha sustentado parte de nuestra economía regional, prestigiando a Canarias y a la ciudad de cuyo primitivo nombre, Arehucas, hiciera su divisa.

1870. En Eguerew (La Laguna). Se coloca la fuente de mármol en la Plaza de Abajo o del Adelantado, traída desde Marsella (Francia).
1870. Esta década  puede considerarse, desde el punto de vista de la implantación y del desarrollo de la masonería en la colonia canaria, ciertamente prodigiosa por dos razones: En primer término por la erección de talleres masónicos en cuatro de las siete islas principales del Archipiélago, y, en segundo lugar, por el numero y calidad de los masones que los integran.
Lo primero que debe tenerse en cuenta es que la inmensa mayoría de estas logias pertenecieron a la obediencia del Gran Oriente Lusitano Unido, con sede en Lisboa. Se trata de una obediencia o potencia masónica foránea que, no obstante, tuvo una gran importancia en la metrópoli entre 1869 y 1878. La explicación de este fenómeno radica en las carencias de las que, a la sazón, adolecía la masonería metropolitana, y, de ahí, la necesidad que tuvieron los masones de la época de buscar el amparo legal de la organización o potencia masónica más próxima para su reconocimiento nacional e internacional, mediante la obtención de la preceptiva Carta Patente o Carta Constitutiva.
La revolución en la metrópoli de septiembre de 1868 sentó, pues, las bases de una apertura política que permitió subsistir a los talleres, legalizados oficialmente, sin embargo, como sociedades culturales, hasta el definitivo reconocimiento legal, obtenido a comienzos de 1889, de una obediencia española, el Grande Oriente Nacional de España, mediante su inscripción en el Registro de Asociaciones del Gobierno.
Así pues, la primera logia que se fundo en Canarias durante esta época, fue la grancanaria Afortunada, a la que el Grande Oriente Lusitano Unido anotó en su registro con él numero 36. Esta logia fue instalada el 14 de mayo de 1870. Además, el taller publico su propio órgano de prensa, La Afortunada, uno de los mejores ejemplos de periodismo masónico en Canarias.
1870. Los pedidos de cochinilla desde las fábricas inglesas comienzan a bajar hasta que desaparecen por completo, la causa fue la obtención de tintes sintéticos que se producían cerca de las factorías textiles y la consiguiente substitución de unos por otros. Comienza entonces la crisis de la cochinilla y vuelve el hambre y la pobreza a las islas que ya están bastante pobladas. Ocurre en pleno periodo de cambios en el gobierno de la metrópoli. Las cosas políticamente estaban más calmadas, pero desde 1875 hasta 1880 la exportación de la cochinilla prácticamente no existió, el vino tampoco tenia el mismo mercado, había bajado mucho, la oligarquía y el caciquismo predominaban en las islas y este no era ambiente propicio para la supervivencia de los que se habían quedado sin nada o casi nada, así que se abrió un nuevo periodo de gran emigración.

1870. Surge en Chinech (Tenerife)  la primera asociación de trabajadores. Ciertamente, las organizaciones de trabajadores o no existían o eran desconocidas; sólo al calor del momento político favorable de la I República en la metrópoli aparecen las Asociaciones de Trabajadores tanto primero en Añazu (Santa Cruz) y posteriormente  en Winiwuada (Las Palmas) en 1871, ambas con unos cientos de asociados. Pero aunque en un primer momento parecieron tener un carácter de sindicalismo reivindicativo y de clase incluso relacionado con la AIT, luego se apagan en los primeros años de la Restauración en la metrópoli y languidecen como asociaciones de carácter mutualista. También la jerarquía eclesiástica y la oligarquía colonial impulsarán los Círculos Católicos de Obreros (el primero en Winiwuda (Las Palmas) en 1873 y otro posterior en Eguerew (La Laguna), para contrarrestar la posible influencia de las anteriores entre las masas, pero su peso era escaso. La ausencia de un proletariado industrial sigue siendo una característica determinante, lógico dada la ausencia de industria: sólo la tabaquera cuenta con una docena de establecimientos de una centena de trabajadores, las pesquerías son significativas; en ambas se hace notar un importante componente de mano de obra femenina. A ellos ya los trabajadores portuarios se debe el exiguo proletariado no agrícola canario, aunque en Chinet (Tenerife) la mayor parte de los trabajadores portuarios estaba compuesta de asalariados y pequeños propietarios campesinos.

1870 Mayo 8. El español duque de Montpensier escribe una carta al criollo canario y abogado López Botas, agradeciendo la asistencia del letrado canario a la consulta por él solicitada y los prudentes consejos que le dió. Ese hecho está referido al duelo que mantuvieron el propio duque, casado con la infanta Luisa Fernanda, y el infante Enrique de Borbón, a resultas del cual falleció este último. El duque aspiraba al trono de la mterópoli a lo que se oponía el infante Enrique, quien llegó al insulto y a las injurias que provocaron el trágico duelo. López Botas asesoró en su momento a Antonio de Orleans, duque de Montpensier, y este lo agradeció con la misiva de referencia.

1870 Octubre 28.  Bajo la obediencia de Grande Oriente Lusitano Unido, concedió sus auspicios en Añazu n Chinech (Santa Cruz de Tenerife) a un nuevo taller, la logia Teide, con el número 53, presidió la asamblea fundacional, un veterano de la masonería, el tinerfeño José Sierra, cuyo grado 32º del Rito Escocés Antiguo y Aceptado le había sido conferido, el 16 de marzo de 1865, por una logia de Santiago de Cuba.
En los inicios de 1874, se dieron los pasos necesarios para levantar columnas de la logia Taoro, que fue registrada por el Grande Oriente Lusitano Unido con el número 90.
También en este mismo año de 1874 se solicito Carta Patente a Lisboa, para legalizar en Eguerew (La Laguna) el taller Nueva Era con el número 93, cuyo documento les fue concedido a finales de noviembre de ese mismo año.

 Imagen: Taller de procesado de la cochinilla (FEDAC)

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