sábado, 15 de febrero de 2014

BARRANCO SANTO, DE ARAGÚY, DE SANTO O LOS SANTOS-2




Eduardo Pedro Garcia Rodriguez

  (1) El 22 de Noviembre de 1513, Gonzalo Yanez, portugués, zapatero de profesión solicita una data de tierras de cincuenta fanegadas, el adelantado le concede 40.la denominación dada al zapatero, como Gonzalianes tenía por objeto el distinguirlo de otro portugués de igual nombre, el cual fue persona de confianza del adelantado, del que obtuvo importantes datas en el Menceyato de Daute.

Veinte y siete años después, en 23 de Noviembre de 1540, aparece Gonzalianez en unión de un  tal Francisco Hernández, también portugués celebrando un contrato de arrendamiento por un año de unas tierras en el "Peñol", por 50 hanegas de trigo, pagaderas a la propietaria, Isabel de Lugo, (hija de Alonso Fernández de Lugo y de Juana Mesiére tercera esposa del Adelantado) viuda del licenciado Cristóbal de Valcárcel.

(2) La denominación de Barranco del Drago, viene dada por el extraordinario ejemplar de este árbol que está en la huerta del antiguo seminario, el de La Carnicería es debido a que la carnicería del mercado de La Laguna, estuvo ubicada al borde de este barranco, en un lugar próximo al actual mercado municipal. Barranco del Rey, creemos que este topónimo aplicado a este tramo del barranco de Aragúy, es debido al hecho de que en este lugar, se desarrolló uno de los episodios más triste de la conquista de la isla de Tenerife, como fue el acoso y muerte de Chimenchia, y con seguridad también la de su hermano, Kebehi Benchomo,"el rey grande de Taoro", durante la batalla de Aguere, como veremos a continuación.

EL LUGAR DE LABATALLA DE AGUERE


 En la segunda entrada del invasor Alonso de  Lugo y su ejercito de mercenarios, después de la derrota que estos habían sufrido en la batalla de Acentejo (Acentehun), tuvo lugar en la comarca de La Jardina, un segundo encuentro entre las tropas guanches y el ejecito invasor español, este se había desplazado amparándose en la oscuridad nocturna, desde el puerto de Añaza -Santa Cruz-, la noche del 13 de Noviembre de 1595. Al amanecer del día 14, se inició la batalla entre ambos ejércitos, durante varias horas se mantuvo indeciso el resultado de la misma, a pesar del armamento técnicamente superior de los españoles y del empleo de la caballería y perros especialmente adiestrados para la guerra, los cuales causaban verdaderos estragos entre  las tropas guanches, debido a la gran capacidad de maniobras que tenían en un terreno prácticamente llano. Decidió el resultado de la batalla a favor de los españoles la intervención del  converso Fernando de Guanarteme, quien abandonando el campamento de Añaza, donde el general Alonso de Lugo, le había dejado de retén, subió a La Laguna acompañado de sus huestes y interviniendo en la batalla inclinó esta en favor de los españoles. Mientras tanto, el mencey de Güímar, Añaterve, y sus tropas observaban la marcha de los acontecimientos desde la próxima montaña de la Mina, sin decidirse a intervenir a favor de un bando u otro, hasta que vio claramente que la victoria se decantaba a favor de los invasores, entonces se presentó en el campo de batalla auxiliando a los extranjeros, olvidando la traición de que había sido objeto por parte de éstos, en la entrada anterior, cuando con engaños, lograron embarcar en las naves de los conquistadores, a trescientos Gúímareros, los cuales fueron posteriormente vendidos como esclavos en los mercados de Valencia y Sevilla por el adelantado para rehacerse de las pérdidas sufridas en la derrota de Acentehun.

Los invasores cortaron la cabeza al gran caudillo guanche Benchomo

             En esta batalla, se distinguieron sobre manera el caudillo de los confederados Guanches, Kebehi Benchomo y su hermano Chimenchia. El suicidio ritual (que no otra cosa fue para los guanches la batalla de La Laguna) fue compartido por ambos hermanos tal como habían vivido unidos el uno al otro. Este designio se manifiesta incluso en el hecho de que hasta la fecha no se sabe cuál de los cadáveres correspondían a uno u otro hermano, y sí la cabeza de mandada a cortar por Alonso Fernández de Lugo, para ser enviada al campamento Guanche del Peñón, con el ánimo de intimidar a las tropas confederadas fue la de Benchomo o la de Chimenchia.

            Recogen los cronistas que Chimenchia, armado con una alabarda ganada en la batalla de Acentehun, se defendía valientemente del acoso de siete soldados de a caballo( A. de Viana dice que fueron cuatro), mal herido se fue replegando hacía las faldas de la montaña de Sejéyta,- hoy de San Roque, -por un paso que existente al final de la actual calle de molinos de agua, en su convergencia con el camino viejo de La Verdellada,- único sitio en el barranco de Aragúy, también conocido como de la Carnicería, del Drago, y del Rey, y en  la zona donde tuvo lugar la postrimería de la batalla es más conocido como barranco de La Jardina, como hemos expuesto anteriormente. Es en este punto de unión, en el centro del barranco, entre la calle  de molinos de agua y el inicio del camino viejo de la Verdellada,-en el barrio del  Timple- donde  se desarrolló el episodio de la persecución y muerte de Chimenchia, y de su hermano Kebehi Benchomo, a manos de un soldado de a caballo conocido como Martín Buendia, (creemos que el tal Martín Buendia, era un canario), éste le asestó un lanzazo que  acabó con la vida del ya mal herido Chimenchia, a pesar de la rendición que éste le ofrecía diciéndole en lengua Guanche, "Chucar guayot archimencey reste Bencomsanet vandet relac machet zahañe". que algunos autores traducen como: "no mates al noble hermano del gran Bencomo que se te rinde", nosotros dudamos mucho de la veracidad de esta traducción, y en un próximo trabajo esperamos dar nuestra interpretación de este pasaje.



             Al afirmar que el acoso y muerte de Chimenchia, se produjo a través  del paso que existe al píe de la montaña de Sejeita, lo hacemos basándonos en la orografía del terreno, el barranco  se estrecha considerablemente en el punto mencionado, formando un puente natural y donde convergen los caminos de la Verdellada, Molinos de agua y una antigua vereda que conduce hacía la cima de la montaña de San Roque, por la “Finca del Coronel”, esta vereda está flanqueada por unas casas construidas en los años sesenta del pasado siglo, ocupando la margen izquierda del barranco en la falda de la montaña de Sejéyta  o San Roque.

             A partir del mencionado paso, hacía aguas nacientes, el barranco se ensancha considerablemente, y las paredes se elevan unos seis u ocho metros en la margen izquierda, por la derecha, en la falda de la montaña de San Roque, la elevación es menor, pero la inclinación del terreno hace imposible el paso de caballos.

              En aguas vertiente, se produce un salto brusco de unos seis metros, y un ensanchamiento del cauce del barranco,  de unos diez o doce metros.

             En resumen, el único paso practicable para caballos, estaba en el lugar descrito, y tenía un ancho aproximado de unos tres metros, hoy ampliados como consecuencia de los rellenos sucesivos aportados por aluviones.



   La batalla de La Jardina, conocida como la batalla de Aguere, o de La Laguna ,(hay que tener en cuenta que, la zona abarcada por La Jardina, comprendía desde el actual lugar de Gracia hasta el nacimiento del barranco de Ganigue,-hoy del Hierro- en su nacimiento en las proximidades de Geneto, hasta los Rodeos o Chicayca y  Venhu,-Las Mercedes- y de  la  que la laguna,-Eguerew- era un abrevadero comunal para los rebaños, al que tenían acceso los ganados de todos los menceyatos de la isla, (además de unas connotaciones mágico-religiosas que veremos más adelante), nos plantea varias incógnitas, cabe preguntarse el porqué Kebehí Benchomo, siendo como era un excelente estratega militar, -virtud esta reconocida incluso por sus enemigos- decidió plantar  batalla a los conquistadores españoles, en un terreno prácticamente llano donde la caballería podía maniobrar  libremente, sabiendo que esta era el arma más poderosa del ejercito invasor, y la que más daño podía causar a las tropas de los confederados Guanches, como realmente así sucedió.



              Nosotros, pensamos que tuvieron que pesar en el ánimo de los confederados guanches, otras consideraciones al margen de las estrictamente militares o estratégicas, para tomar la decisión de enfrentarse al enemigo en  un paraje poco propicio para las tropas  confederadas, y ampliamente beneficioso para los invasores por la movilidad que podían dar a sus caballos en un terreno prácticamente llano.

              El hecho de que la zona de La Jardina, fuese "internacional", a la que tenían libre acceso personas y ganados, aún en épocas de guerra entre menceyatos, guerras por otra parte surgidas-casi siempre- por las apetencias de aguas y pastos de los diferentes bandos.



              No se recogen en  las crónicas escritas ni en la tamusni (crónicas de trasmisión oral), el que hubiese enfrentamiento entre los diferentes menceyatos de la isla, por la posesión de las aguas y pastos de La Jardina por el contrario, todos se beneficiaban en paz de los mismos.



Lo expuesto anteriormente, nos induce a creer que este lugar debía  tener una concepción mágico-religiosa para el pueblo guanche, y que era respetada por todos los menceyatos de la isla, hasta el punto de no pretender el dominio de la misma, ni siquiera los más próximos, como Tegueste, Anaga, Tacoronte o Güímar, renunciando a la posesión de este lugar rico en pastos y aguas, en un consenso nada fácil de alcanzar en una sociedad básicamente ganadera,  y que basaba su economía precisamente en la mayor disponibilidad de estos elementos. No cabe duda de que el respeto por este lugar debió estar motivado por un concepto religioso o mágico, o de ambos, emanado de  concepciones religiosas fuertemente arraigadas en el pueblo Guanche que hacían posible el que esta zona fuese común para todos.




 La sociedad Guanche,- como todas las sociedades espiritualmente avanzadas-,tenían una cosmogonía rica, y compleja,  con unos conceptos morales y espirituales muchos más elevados que, los europeos conquistadores, esta afirmación nuestra está ampliamente recogida y constatada entre los cronistas de la época, algunos de ellos clérigos, a pesar del egocristianismo y de la intolerancia religiosa de que hicieron gala, la cual  les llevó a la destrucción de parte la cultura del pueblo guanche, como es bien sabido con una cruz en una mano y en la otra una espada.





 


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