martes, 18 de febrero de 2014

CAPÍTULO XLVI-VIII




EFEMERIDES CANARIAS
UNA HISTORIA RESUMIDA DE CANARIAS
PERÍODO COLONIAL, DÉCADA 1851-1860

CAPÍTULO XLVI-VIII


Eduardo Pedro García Rodríguez


1858 Enero. La fragata francesa Wisnou, empujada por un fuerte viento del Este, rompió las amarras y encalló en las playas de la bahía de Añazu; finalmente se hundió: aunque parte de la tripulación se salvó en las lanchas,  hubo que lamentar ocho muertos.

1858 Enero10. Se funda el Casino de artesanos de Eguerew (La Laguna), denominado "El Porvenir".

1858 Enero 27
Aunque fracasó,  el proyecto de división de la colonia en 1856, no por eso los diputados por Canaria, don Cristóbal del Castillo y don Jacinto de León, dejaron de continuar sus gestiones con el deseo siempre de obtener una independencia completa para los intereses de la isla que representaban.

Al fin, vieron coronados sus esfuerzos por el ministerio presidido por don Francisco Javier Istúriz, quien por medio del real decreto de 27 de enero de 1858 restablecía la división bajo las siguientes bases:

"Artículo Iº: Se restablece mi real decreto de 17 de marzo de 1852, por el cual se dividió en dos distritos administrativos la provincia de Canarias.

Artículo 2º: Se restablecen igualmente las disposiciones que se adoptaron para la ejecución y cumplimiento del expresado real decreto".

Esta noticia produjo en Las Palmas el mismo general entusiasmo que en 1852, y en Tenerife una indignación que se fundó en la situación anómala creada respecto a las demás provincias de la monarquía.

Esta segunda tentativa de división, por más loable que fuera, adolecía del mismo vicio que la primera, es decir, que no había obtenido la sanción previa de las Cortes. Era un remedio más o menos hábil, pero no una solución. Creóse un subgobierno en Las Palmas, para cuyo empleo fue nombrado el que lo había sido de Tenerife don Francisco
Belmonte, con ciertas atribuciones especiales que facilitaran la tramitación de los asuntos de localidad. (A. Millares, t.5.1997)

1859.
Informa la Comandancia de Ingenieros de Canarias sobre la defensa de la isla y propone fortificar los puertos de Santa Cruz y La Orotava por mar y tierra, y hace presente que la ciudad de La Laguna es el punto que debe servir primero como centro y reunión de las fuerzas que guarnecen la isla, para atender, ya  a Santa Cruz, distante de ella legua y media, ya a La Orotava que está a unas cinco, y estar además en situación de rechazar los diferentes amagos que por los pequeños fondeaderos y por las calas pudiera intentar un enemigo; en segundo lugar, dicha ciudad debe servir de punto de retirada de las tropas que después de sostener el ataque en alguno de aquellos puntos y no pudiendo impedir un desembarco, continuasen allí la defensa de la isla con más ventajas que en la costa.

Inspirado en este criterio fue sin duda por lo que, a comienzos del siglo XX, se ordenó a la Comandancia de Ingenieros se redactase un proyecto de construcción de un  Establecimiento de Intendencia para la fabricación de varios productos alimenticios en La Laguna, tratándose incluso de la adquisición de los terrenos en el camino de Las  Mercedes antes de llegar al lugar conocido por La Cancela. También se ordenó se construyese en dicha ciudad el Parque de Artillería y se estudió un Proyecto para cons- truir en los alrededores de la Cruz de Piedra un cuartel para las tropas de Caballería; posteriormente, terminada la guerra civil (1936-1939), al decidirse la demolición del Castillo de San Pedro en Santa Cruz, alojamiento de las Tropas de Ingenieros, se tuvo la
idea de construir el nuevo alojamiento de estas Tropas en La Laguna, pero por no facilitar los solares necesarios al efecto el Excmo. Ayuntamiento de la ciudad, si bien se construyó en el término municipal lo fue en el lugar denominado La Cuesta. En el año
1950 se ha hecho la expropiación de parte de los terrenos para la construcción del nuevo Parque de Artillería en el lugar conocido por La Glorieta en la carretera de Tejina, cuyo emplazamiento ha sido aprobado por la Superioridad así como el Programa de nece- sidades de la obra.

En una plaza de guerra como Santa Cruz, no deben radicar servicios e instalaciones militares que quedaran bajo la acción de que corone la Ciudad con motivo de que los ingleses quisieron invadir la isla.

Viera y Clavijo al tratar de este asunto dice que el Comandante General Dávila y Guzmán reparó varias fortificaciones, construyó nuevas trincheras y reductos, «...y trató de levantar sobre el risco de San Roque una fantástica Ciudadela que coronase la ciudad de La Laguna...» lo que era una medida acertadísima a pesar del calificativo de Viera, pues La Laguna, por su situación, distancia a que se halla del mar, carreteras y caminos que de ella parten, etc., etc., es el reducto de la isla y la ciudad militar por excelencia, centro y residencia que debería ser de todas las instalaciones militares, salvo como es lógico de las correspondientes a la defensa marítima, sin olvidar que las plazas marítimas suelen siempre tomarse por tierra.

En una plaza de guerra como Santa Cruz, no deben radicar servicios e instalaciones militares que quedaran bajo la acción de Registro de la Propiedad de La Laguna ellO de Febrero de 1899 al folio 119 vt del tomo 64, libro 34 de dicho Ayuntamiento, finca n°2.191, inscripción 4a, con una extensión de 3.930,00 m2., y linda al N. con la prolongación del callejón de la Ruda a empalmar con el camino de Las Mercedes; al S. con la plaza de San Francisco, al E. con la tapia que lo separa de la huerta que fue del convento franciscano y al     O. con la prolongación de la calle de los Alamos en dirección al camino de Las Mercedes.

Posteriormente se ha ampliado esta superficie a 5. 12.0,00 m2., tomando parte de este camino, y está la huerta toda cercada a excepción del lindero Este que se apoya en la tapia que lo separa de la huerta que fue del convento franciscano, adquirida después por D. José Palazón y más tarde por el Ejército para ampliación del Cuartel de Artillería.

En este solar se construyó la Residencia de verano de S.E. con una superficie de 700,00 m2., en el extremo Sur, compuesta de cuatro crujías, dos laterales que corren de Sur a Norte, otra de fachada doble y otra intermedia, resultando en esta disposición un patio delantero y otro posterior rodeados ambos de galerías en forma de claustro; el proyecto fue aprobado por R.O. de 9 de Junio de 1899 y se terminó la obra en 1901.

1859. Se produce un incendio el Andén (Vallehermoso) isla de La Gomera.

1859 Marzo 30.
En la Historia manuscrita del Puerto del Arrecife, al tratar de los volcanes, se hallan noticias del de 1730, las cuales vendrían bien reuniéndolas aquí. -Asimismo, en el Num.° 3, del periódico titulado «El Guanche», del 30, de marzo de 1859, se halla un comunicado de la isla de Lanzarote suscrito por Dn. Juan Nepomuceno Montesdeoca, referente, a que el pueblo de Tinajo, habiendo sido amenazado por un torrente de lava ardiendo el año 1730, sus vecinos fueron en procesión con una imagen de la Virgen de Dolores hasta donde pu­dieron acercarse a la lava, fijaron allí una Cruz, y ofrecieron si Dios les libraba de aquella destrucción edificar una ermita a N.a Sra. de los Dolores en aquel paraje, lo cual cumplieron, por que su enemigo les respetó parando su carrera. -Otro tanto sucedió en el volcán de 1824, que se desvió de Tinajo, a pesar que por la inclinación del te­rreno se temía lo destruyese. El primer punto de esta descripción se halla en el archivo de la parroquia de dicho lugar, pero escrita al principio del corriente siglo 19, por algún curioso que no quiso pare­ciese esta piadosa tradición. La ermita a pesar de la devoción se fue arruinando últimamente, en términos, que la Sta. Imagen la llevaron a la parroquia. El año 1851, reedificóse su pequeño templo a solici­tud especial de D". Francisco Frías y el 18 de novc. de 1858, fue tras­ladado a su ermita con gran pompa, y predicó Dn. Telesforo Saavedra, canónigo de Tenerife, siendo preciso colocar la cátedra por fue­ra de la puerta a causa del gran concurso.

Por agosto del año 1814; el que escribe durmió sobre la lava junto a dicha pequeña ermita en compañía del mismo Dn. Agustín Cabrera (cuyas cartas preceden en este cuaderno) y otros jóvenes, yendo de diversión desde Tinajo a la Geria, bien ajeno del milagro, ni de las calamidades que pesaron sobre aquel propio terreno en los años que la erupción los cubría. (José A. Álvarez Rixo, 1982: 230-232)


1859 Abril 3. Viene al mundo en Mazo, Benahuare. Juan Pérez Díaz. Perteneciente a una familia de destacados políticos coloniales locales. Fallecería, en Añazu n Chinet (Santa Cruz de Tenerife), el 22 de abril de 1908. Su padre, Blas Pérez Sánchez, al igual que sus tíos paternos Alonso y José Antonio, ocuparía la Alcaldía de Mazo en varias ocasiones.
Su primo hermano Alonso Pérez Díaz, de quien fue padrino de bautismo católico con fecha 11 de julio de 1876, se convertiría en líder de los republicanos de Benahuare (La Palma), y su hijo, Blas Pérez González (1898-1978), fue ministro de la Gobernación en España durante con el gobierno de la dictadura fascista del general  Franco de septiembre de 1942 a febrero de 1957. Por su parte, Juan Pérez Díaz, licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad española de Sevilla, fue responsable en Mazo, en los años ochenta y noventa del siglo XIX, del servicio de atención domiciliaria a los pobres y ocuparía el cargo de director sanitario del puerto de Tedote n Benauare (Santa Cruz de La Palma). Vinculado al mundo de la masonería insular, destacaría por altruismo en el desarrollo de su labor como médico. Su decidida actuación durante la epidemia de fiebre amarilla que sufrió Benahuare (La Palma) en 1888, fue recompensada por el colonialismo español con la concesión de la Cruz de Segunda Clase de la Orden Civil de Beneficencia.
1859 Julio 16.
El Ingeniero D. Salvador Clavijo informó nuevamente en relación con las fortificaciones de Canarias, en cumplimiento de lo dispuesto en la R.O. de 7 de Mayo del mismo año, y entre otros extremos dice así: «...Más, haciéndome cargo después de la defensa general de Tenerife, formulaba cuáles deberían ser las defensas de los puertos de Sta Cruz y la Orotava, fortificados en el día y que ofrecen verdaderos puntos de ataque que pueden conducir al interior de la isla para asegurar su posición. En este pensamiento se considera la ciudad de La Laguna como el punto céntrico de la isla, que debe servir primero como centro de reunión de las fuerzas que la guarnecen, para atender; y á á Sta Cruz distante de ella legua y media, y á al Puerto de la Orotava, que dista cinco aproximadamente, y estar además en situación de rechazar los diferentes amagos que por los pequeños fondeaderos y por las calas que la costa ofrece, pudiera intentar el enemigo. En segundo lugar dicha ciudad debería servir como punto de retirada á las tropas que después de sostener el ataque en alguno de aquellos puntos, no pudiesen impedir un desembarco en fuerza, para continuar allí la defensa de la isla con más ventajas que se hubiera hecho en la costa... Las defensas de La Laguna deben reducirse, á mi juicio, á un extenso fuerte ó ciudadela sobre la altura, llamada de S. Roque al N. de la población y muy próxima á ella. La extensión de esta obra deberá ser tal que pueda contener sobre dos mil hombres, á favor suyo puede también defender la población cerrando momentáneamente sus avenidas y disponiendo convenientemente alguna de sus casas exteriores...» Está fechado el informe en Santa Cruz de Tenerife el 16 de Julio de 1859 y dirigido al Excmo. Sr. Ingeniero general, acompañándose además plano de la fortificación propuesta en la altura de San Roque. (José María Pinto de la Rosa, 1996)
1859 Noviembre 16. Junto a esta primacía, Gáldar en el siglo  XIX ostentó la capitalidad de la mitad nor-occidental de Tamaránt (Gran Canaria), elevándose su antigua Alcaldía de Mar a categoría de Ayudantía por Real Orden del 16 de noviembre de 1859, con jurisdicción en la costa desde Arucas a Mogán.
1860. Históricamente, la colonia española del Archipiélago Canario, debido a su escasa vinculación económica con la metrópoli y a la limitación del espacio físico insular, agravado en el caso de Canarias por la fragmentación y dispersión del territorio en diferentes unidades geográficas separadas unas de otras por el mar, se ha visto abocado al desarrollo de una economía caracterizada en su esencia por una fuerte dependencia exterior, centrada en la exportación, especialmente de cultivos agrícolas.
El interés de los distintos estados del occidente europeo por los archipiélagos atlánticos en el siglo XIX está relacionado con la carrera colonial de las distintas potencias europeas que se discuten su posición hegemónica en los sistemas de tráfico trasatlántico y en la expansión colonial que en unos pocos años debía someter a la soberanía de Europa toda Africa y una parte de la península de Indochina. Durante la segunda mitad del siglo XIX y primera del XX, el crecimiento económico de las Islas Canarias va a estar en su gran mayoría controlado por las compañías navieras inglesas establecidas en el Archipiélago (Fyffes Ltd., Elder Dempster Co. Ltd., Yeoward Bros...). La Banca, los seguros, las sociedades que realizan la infraestructura de las principales ciudades canarias son de capital europeo que aprovechan para sus inversiones en las islas el sistema de Puertos Francos implantado en 1852 apoyado unánimemente por los sectores dominantes isleños.

La influencia económica y cultural ejercida fundamentalmente por los ingleses sobre las islas durante este periodo de tiempo, denominado por algunos historiadores como la etapa de las «Canary Islands» (1860 a 1914), el cual va a entrar de lleno en la órbita de la economía del imperialismo británico, fue tan importante que incluso llegó a hablarse de una «britanización del Archipiélago», Es decir, la intensificación de los intercambios comerciales y las crecientes relaciones culturales mantenidas por el Archipiélago con países europeos como Inglaterra, Alemania, Francia u Holanda, propiciadas en gran medida por el expansionismo ultramarino europeo de finales del siglo XIX que hizo de las islas una escala obligada de los navíos a vapor que surcaban el océano Atlántico rumbo a las otras colonias, convirtió a sus puertos en importantes estacionamientos de suministros de carbón y éstos conocieron un floreciente tráfico marítimo comercial controlado por capital extranjero no español.

La colonia de Canarias conoció unos años de crecimiento económico, pero su marcada dependencia exterior no siempre posibilitaría su desarrollo económico y social. La distribución de la riqueza generada por este crecimiento tuvo una desigual distribución entre las islas y los distintos sectores sociales criollos dominantes. La fragilidad de este sistema económico es grande, tal como se verá en las graves crisis internacionales del siglo XX y muy particularmente durante la Primera y Segunda Guerra Mundial.

El Archipiélago Canario, cuyas relaciones con la metrópoli se reducían casi exclusivamente a conexiones de índole política y fiscales, a pesar de su no injerencia en los conflictos bélicos, va a sufrir los impactos de las contiendas de una forma bastante negativa al provocar en las islas una de tantas situaciones de gran inestabilidad económica y social. (María Teresa Noreña et al. 1991)
1860. El suministro de carbón para los buques de vapor en el puerto de Añazu (Santa Cruz) fue importante. Se trataba de un producto de importación y de libre comercio. La iniciativa de la organización del suministro se permitió al comercio particular. Varias compañías de importación y exportación se formaron o establecieron en Santa Cruz. En 1881 existían en la ciudad cuatro depósitos a la orilla del mar, organizados para poder suministrar con un ritmo de 30 toneladas por hora. El carbón se cargaba en lanchas, en cuatro muelles, de los cuales tres pertenecían a los depósitos particulares, y luego un vaporcito de 20 toneladas arrastraba las lanchas hasta ponerlos al flanco de los navíos: de este modo se habían suministrado en 1880 un total de 115 vapores, con 10.075 toneladas de carbón.
La primera compañía establecida en la colonia para el suministro de carbón parece haber sido la compañía Bruce, Hamilton, Davidson, Lebrun y Compañía, autorizada en 1850 a poner tinglados en la playa próxima a la batería de San Pedro, bajo las restricciones determinadas por la real orden de 13 de febrero de 1845. Estas restricciones eran importantes: por aprovechar la playa, la empresa corría el riesgo de verse obligada a abandonarla a requerimiento del gobernador militar de la plaza, sin ninguna indemnización. Y fue exactamente lo que pasó en 1876, cuando los Hamilton tuvieron que transferir su tinglado a Valleseco. A pesar de este peligro, los depósitos de carbón para el suministro de escala se multiplicaron rápidamente: Virgilio Ghirlanda (1851), Juan Cumella (1857), Hermanos Cory (1862), Davidson (1868), Juan Croft (1891), Inocencio Fernández del Castillo (1891), y varios más, cuya fecha de instalación se ignora. En 1881 existían cuatro carboneras, tres de ellas con su muelle y con una capacidad de suministros de 30 toneladas por hora.
1860. El italiano Angelo Parodi crea en la playa de la Cantera isla de La Gomera una factoría de salazón de Atún.
1860.
Se utilizaban líneas de vías férreas para transportar, en vagones (carros con ruedas para vía) tirados por animales o empujados por los propios trabajadores, carbón y otras mercancías que se descargaban en los embarcaderos y llegaban a los almacenes construidos en la zona portuaria. (Fuente: Rafael Cedrés – análisis de fotografías, entrevistas y datos sueltos en documentos).


1860. La presencia, sobre todo de criollos de la colonia canaria, en las costas del continente le sirvió a España, cuatro siglos después, para reclamar a Marruecos antiguas reivindicaciones territoriales frente a las islas, que más tarde cristalizaron en la concesión de Sidi Ifni y Sáhara Occidental. Fue a raíz del tratado de Tetuán (1860) cuando se inicia el proceso de localización de la antigua fortaleza de Santa Cruz de la Mar Pequeña, sucediéndose las expediciones y campañas en su búsqueda. En ellas intervinieron eminentes militares y políticos españoles, como Jorge Juan, Fernández Duro y Alcalá Galiano, así como algunos  ilustres criollos, el notario de Arrecife Antonio María Manrique, abuelo del recordado artista lanzaroteño César Manrique y el médico y etnógrafo tinerfeño Juan Bethencourt Alfonso, autor, entre otras, de la gran obra "Historia del Pueblo Guanche".

Estos dos destacados canarios contribuyeron, con sus datos de Puerto Cansado recogidos "in situ" y los planos aportados (1882), a corregir el error de otros autores que, de manera interesada, habían localizado Santa Cruz de la Mar Pequeña en Sidi Ifni.

A pesar de todas estas vicisitudes e incidentes, los canarios siguieron frecuentando las costas continentales, faenando en las pesquerías del extenso litoral comprendido entre el Cabo Guir y Cabo Bojador, en los primeros siglos postconquista, hasta ampliarlas a las ricas aguas tropicales de Cabo Blanco y Banco de Arguín.
1860 Abril 27. El título de Duque de Tetuán es concedido, según Real Decreto al criollo Leopoldo O´Donnell y Jorris, I Conde de Lucena, por  la Reina  Isabel II.
1860 Mayo 2.
El mando militar en la colponia concede la autorización para instalar los 650 metros de vía férrea entre el puerto y la cantera de “San Pedro” por las que circularán los carros (vagonetas de pequeño tamaño) tirados por animales que transportarán las piedras para la ampliación del puerto de Santa Cruz. El ancho de estas vías era de 1.220 milímetros.
(Fuente: libro: Historia del Puerto de Santa Cruz de Tenerife – Alejandro Cioranescu).
Imagen tomada de: http://www.patriciaensaturno.com/category/libros-del-universo/








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