sábado, 6 de octubre de 2012

CAPITULO III: DE LA ANTIGÜEDAD AL SIGLO XV.




EFEMÉRIDES DE LA NACIÓN CANARIA UNA HISTORIA RESUMIDA DE CANARIAS

 

CAPITULO III: DE LA ANTIGÜEDAD AL SIGLO XV.


1491 - 1500

 

Eduardo Pedro García Rodríguez



1496.
La etapa precolonial en el pago de Los Batanes, La Laguna Tenerife.
“Para este periodo cronológico no se puede identificar a El Batán como una entidad con carácter propio. Esto solo se hará ostensible acabada la conquista, una vez que tras los repartos hechos entre los conquistadores, se favorezca el asentamiento de un reducido grupo humano para la explotación de sus recursos.
La documentación de las primeras décadas del siglo XVI reco­ge diferentes topónimos para el actual barranco del Río, dentro de cuyos límites se asienta nuestro pago: Tedex, Tedix, Tedixe, Tedixa o Tedexa. Sin embargo, un análisis detallado de los mismos, pone en evidencia que todos ellos son corrupciones de una sola palabra abo­rigen cuyo significado nos es desconocido.
A la llegada de los españoles, la isla parece haber estado divi­dida en nueve circunscripciones políticas aborígenes denominadas Menceyatos. Los mismos eran entidades territoriales autónomas, con unos órganos de poder propios y ocupando un espacio geográfico perfectamente delimitado. Su trazado era vertical, acotando varios
pisos altííudinales desde la costa hasta la cumbre, lo cual permitía al grupo humano explotar los recursos naturales característicos de cada área.
Todo indica que los bordes entre los diferentes menceyatos es­tuvieron constituidos por diversos accidentes geográficos, entre los cuales ocupan un lugar privilegiado los barrancos. Ahora bien, es importante señalar que dichos límites distan mucho de poderse con­siderar auténticas fronteras tal y como las entendemos en la actuali­dad, ya que su carácter permeable permitía el intercambio de mate-rías primas y conocimientos técnicos entre los diferentes menceyatos, amén de estar abiertas a la movilidad de la población autóctona en determinadas festividades aborígenes.
Pocos han sido los historiadores que se han interesado en fijar sobre el terreno el trazado de los bordes entre los diferentes menceyatos. Bethencourt Afonso a finales del siglo XIX y Diego Cuscoy en pleno siglo XX, han considerado que el barranco del Río constituía parte del límite que separaba a dos de los mas poderosos menceyatos aborígenes: Anaga y Tegueste. Ambos dieron un traza­do muy similar a dicho borde: arrancando desde la parte oriental de la desembocadura del barranco del Río en la Punta del Hidalgo, subiría por el mismo hasta el monte de Las Mercedes, llegando a San Roque a través del Lomo Largo, siguiendo por el barranco de las Carnicerías hasta La Cuesta. Desde aquí seguiría su curso hasta llejar al mar.
Sin oponerse a esta primera línea de interpretación, diversos autores han señalado la posible existencia de una entidad "política" menor encajada entre los menceyatos de Tegueste y Anaga, dentro de cuyos límites estaría el Barranco del Río: el Achimenceyato de La Punía del Hidalgo. Según Núñez de la Peña, al repartirse los hijos del Gran Tinerfe sus posesiones, Aguahuco, hijo bastardo de este, tuvo en suerte la Punta del Hidalgo, término especialmente pobre a decir del cronista. A la llegada de los conquistadores, Zebenzuí sería el señor del Achimenceyato destacado, no solo por su valor, sino porque "...era grande robador de ganado ageno, que a los de Anaga destruía por estar allí cerca, y a los pastores de los términos comarcanos...". Poste­riormente, autores como Viera y Clavijo, Sabino Berthelot o Eugenio de Sainte Marie, retomarían las tesis de Nuñez de la Peña, asumien­do como cierta la posible existencia de dicha entidad aborigen.
Fue el ya mencionado Juan de Bethencourt Afonso quien, ba­sándose en fuentes orales, es el primero que intenta darle unos lími­tes bien definidos al achimenceyato. Según dicho autor, los mismos serían:

"...al Norte con el mar, al Sur las espaldas de los montes de Las Mer­cedes, el Drago, etc.. aguas vertientes; al Este el barranco de las Casas-Ba­jas que lo separa de Valleseco y una región riscosa hasta el valle de Chinamada; al Oeste el barranco de Las Palmas que lo limitaba con Tegueste...".

Mas recientemente, Hernández Marrero ha hecho notar, si­guiendo las datas de repartimiento, la difícil adscripción del área de la Punta del Hidalgo a un menceyato en concreto. Sí por un lado, las datas repartidas en el menceyato de Anaga no sobrepasan, en dirección a Tegueste el barranco de Taborno, por otro el límite oriental de  este último menceyato desaparece de la documentación en el barranco de Juan Perdomo y la montaña de Tejina. Ello nos deja una amplia zona que abarca desde la Mesa de Tejina hasta la Punta del Hidalgo y desde la costa hasta la cumbre, encajada entre Tegueste y Anaga, cuya adscripción "política" no estaría clara. No es una situación única: Arico, Acentejo, Agache, Higan, Chasna o Geneto son casos similares. Para dicho autor:
"...Estas "regiones intermedias" pudieron haber sido unidades terri­toriales en proceso de segmentación y/o consolidación de un territorio más amplio o menceyato, como el de Anega, Güimar o Tegueste. Señalando cierta individualidad en el territorio, mostrada por un topónimo común, creemos que éstas no alcanzaron a ser entidades políticas independientes o menceyatos, o por lo menos no lo eran a la llegada de los europeos..“.
En el caso concreto de La Punta del Hidalgo; ¿cuáles serían los límites de esta "región intermedia"?. En la cosía, el topónimo Punta del Hidalgo despeja cualquier posible duda sobre su ubicación a estas cotas, constituyendo probablemente el lugar donde se asentaría de manera permanente la población aborigen. No ocurre lo mismo a medida que ascendemos, ya que aparentemente desaparece cualquier referencia al mismo. Reducir los límites del Achimenceyato a las zonas costeras nos parece absurdo ya que, no solo se opondría frontalmente con lo que llevamos señalado, en cuanto a que las unidades políticas aborígenes se articulan de costa a cumbre, sino que además mermaría considerablemente las posibilidades de abastecimiento del ganado aborigen, reducido en la práctica a alimentarse de la vegetación costera. Dentro de esta línea de interpretación, creemos  que buena parte del barranco del Río, o por lo menos desde su desembocadura hasta el actual área de El Batán, se incluiría dentro de esta entidad territorial.

Podemos aducir algunos testimonios escritos que avalarían tal hipótesis. En un arrendamiento de 1530 se ha­bla explícitamente de dicho barranco como del "...barranco de la Madalena que primero se llamaba de agua del Hidalgo...". Dicho topónimo se repite en otra documentación contemporánea consulta­da, lo cual podría sugerir su inclusión dentro del Achimenceyato. Igualmente, en un barranco paralelo al nuestro, denominado por la documentación "barranco del Hidalgo", Gonzalo de Córdoba se con­cierta en 1537, con Gonzalo González para que este le construya un molino de cubo y rodezno dentro de su propiedad. Si estos topónimos posteriores a la conquista reflejaran la realidad territorial aborigen anterior, sería evidente que el Achimenceyato se extende­ría, al igual que ocurre con otras entidades territoriales aborígenes, de costa a cumbre.
A partir de estas consideraciones y a pesar de la escasez de datos, pueden realizarse algunas precisiones relativas a la forma en que se organizó la explotación del barranco dentro del modelo eco­nómico aborigen. A nivel general, es importante señalar que la eco­nomía guanche se basaba fundamentalmente en la ganadería, con una subsidiaria y muy rudimentaria agricultura de secano.

Según Diego Cuscoy y Lorenzo Perera, en Anaga debió desa­rrollarse una ganadería específica, similar a la practicada en Teño, que han denominado Regional. Las condiciones geográficas del macizo, donde se dan una brusca elevación del suelo, se suceden numerosos y angostos barrancos de gran pendiente, existe una fuerte humedad a lo largo de todo el año y donde hay un manto vegetal especialmente rico, permitían a los aborígenes el desarrollo de una ganadería trashumante de ganado menor, especialmente cabras y ovejas, que no implicaba traslados estacionales a otras áreas de la isla en busca de pastos frescos. En sus desplazamientos, ganados y pas­tores seguirían rutas forzosamente cortas y ascendentes, de limitado desarrollo vertical, ya que no sobrepasarían la zona de medianías, que les permitía un aprovechamiento racional de los pastos de los distintos pisos de vegetación del macizo anaguense.
El registro de especies forrajeras consumibles por dicho gana­do es amplio, dado que, como ya hemos señalado, los límites del Achimenceyato afectarían a diversos pisos de vegetación, propor­cionando suficientes nutrientes para su cabaña ganadera. Desde la costa hasta los 300 metros de altura, el ganado aprovecharía la vege­tación xerófíla costera, con especies tales como la tisaiga, el cornical, la vinagrera, amén de diversos tipos de arbustos. El cauce del barran­co proporcionaría al pastor indígena un curso de agua permanente y pasto fresco y abundante en sus márgenes, siendo el único camino natural que le permitiría subir hasta las medianías. En ellas, entre los 300 y 500 metros, abundaban los arbustos perennnes que permiten ramonear al ganado. El bosque de laurisilva, presente de forma im­portante a partir de los 500-600 metros, formaría una imponente barrera natural que marcaría el limite ascencional del ganado en busca de pasto.

Por último, debemos señalar que estos diferentes pisos bioclimáticos permitirían a los guanches llevar a cabo otras activida­des complementarias, tales como la recolección de frutos silvestres o la fabricación de diversos artefactos derivados de la madera.” (Angel Ignacio Eff-Darwich Peña, 2005: 17 y ss.)

1496. A su cargo elegir el sitio, donde levantar la torre Alonso Fajardo fue a "ver la tierra", en la carabela de Rodrigo de Lisbona, indicando los 23.895 maravedís, pagados por el flete, cerca de dos meses de ocupación. Fue a S. Bartolomé, "puerto de la Mar Pequeña", para "fablar con Diego de Cabrera", vecino de Lanzarote y factor de la Peraza. Invitado a ocuparse, con su carabela, "en fazer las pazes e contratación con los alárabes" o "moros", abandonó a su señora, sirviendo a la corona desde el 20 de septiembre de 1496, hasta febrero del año siguiente, recibiendo vasallajes, concertando parias y organizando rescates, con 12.023 maravedís al mes. Iniciada la obra, cambió de ocupación, sirviendo de transporte en Santa Cruz, durante 7 meses, hasta que le "tomaron los franceses" el barco, "en Lançarote", en el marco de la guerra, por el control de Guinea. Ofuscada muy lógicamente la Peraza, por la invasión de su señorío, dos peones de Lanzarote, contratados en los principios de la obra, se dieron de baja a los quince días, pretextando enfermedad, a todas luces diplomática. Obligado Fajardo a procurarse forasteros, mandó el barco del escribano Cristóbal de la Puebla, a la Gomera, en busca de albañiles. Breve la travesía, costó 5.000 maravedís. Los más de los 24 peones, con salario de 33 maravedís, tenían apellido portugués, siendo canarios un Galdar y un Hierro. Se importaron herreros, carpinteros, serradores, caleros y canteros, ocupando el cargo de lavandera María la Morisca, a 17 maravedís diarios. Empezada la obra el domingo 28 de agosto, el grueso del personal fue licenciado a 5 de diciembre, tras 69 días de trabajo ininterrumpido. Terminada.

Escueta la población castellana, residente en la rada, Fajardo trajo especialistas y materiales de Gran Canaria, trabajando algunos in situ. En los hornos de la "isla" se coció la primera cal, labrando la madera el mercader Gonzalo Segura, que mandó para ensamblar las piezas de la "cepa" de la torre. La barca de cuatro remos, destinada a cargar y descargar los navíos, llegó de Sevilla con 12 redes de torre, tres serones de cinta y un chinchorro. El segundo se hizo en Guiniwada (Villa Real de Las Palmas), aprovechando carcasa, varada en la aldea de San Nicolás. Para abastecer el plato de la gente, se contrataron dos pescadores, en 1.125 maravedís al mes, comprando Fajardo, con cargo a la "avería", radicada en Sevilla, uno de los barcos en que viajó. Debía ser menor, pues lo dieron por 3.370 maravedís. Insuficientes las embarcaciones aportadas voluntariamente, para el trasiego de materiales, se recurrió al embargo. A 7 de julio, Rodrigo Quintero hubo de dejar el transporte de azúcar, para servir a la corona. Su carabela se perdió en la barra de Santa Cruz, el 16 de noviembre. (L. Al.Toledo)

Los ecuderos y peones que habían participado en la primera entrada y mástarde en la construcción y defensa de las torres, cuando la fase inicial del segundo desembarco, reclaman su sueldos al capitán conquistador Alonso de Lugo Carta de comisión  Alonso Fajardo, gobernador de Gran Canaria, para que les administre «entero complimiento de justicia» (inédito)

1496.
El asentamiento de colonos europeos en el Menceyato de Daute y más concretamente el lugar de Garachico data de 1496.

Según recoge el historiador Juan G. Martines: “En fecha en la que el Adelantado Fernández de Lugo cedió amplias zonas de terreno en el lugar, a tres banqueros genoveses Cristóbal de Ponte, Viña e Interian, pueden considerarse como fundadores de la Villa de hoy, quienes prosperaron rápidamente sobre todo por el cultivo de la caña de azúcar y su exportación, junto a la de los vinos de Icod, por la excelente caleta de su puerto.

El primer templo fue la iglesia de San Pedro, que probablemente existiera antes de 1500; erigida en parroquia en 1514 por el obispo Arce. Le sigue en antigüedad, que no en importancia, la de Santa Ana, cuya edificación se inicia en 1530.

También en el siglo XVI se fundan conventos de franciscanos, dominicos y agustinos, estos últimos con colegio.

Tuvo un destacado desarrollo económico en la antigüedad dado por el trabajo en los ingenios y el movimiento del puerto, para cuya defensa se levantó un castillo. Fue la capital comercial de Tenerife, hasta que en 1706, la erupción de l volcán de Las Arenas Negras o Garachico, única de las seis erupciones históricas ocurridas en la isla, destruyó gran parte de los terrenos agrícolas y su puerto, de gran importancia comercial, terminando con la prosperidad del lugar.

En 1773, elegido por los vecinos, tuvo su primer alcalde mayor.

Este bello lugar guarda en sus calles, casonas, conventos e iglesias mucha historia de ahí que cuente con un increíble patrimonio cultural y artístico que la convierte en una de las localidades más interesantes a la hora de visitar en la isla de Tenerife. Garachico ha sido declarado Bien de Interés Cultural en 1994 por el Gobierno de Canarias y está pendiente de su declaración por la Unesco como Patrimonio Cultural de la Humanidad. La Villa posee La Medalla de Oro de las Bellas Artes, concedida en 1980, así como otras distinciones y premios de categoría nacional.

La Villa y Puerto de Garachico fue fundada en 1499 por el genovés Cristóbal de Ponte. En seguida alcanzó notoriedad y riqueza debido en gran parte a su puerto. Prosperá rápidamente y las familias más poderosas se instalan aquí y construyen fantásticas casas y mansiones. Debido a la creciente oleada de piratería se construyó en 1575 el castillo fortaleza de San Miguel.

Castillo de San Miguel. Es una fortaleza de planta cuadrada, cuya fecha de fundación debe considerarse la del 25 de Julio de 1575, cuando la Real Cédula de Felipe II autorizó al alcalde del lugar y más tarde regidor de Tenerife, Fabián Viña Negrón, a llevar a cabo los trabajos de construcción.

La puerta de entrada muestra diferentes escudos: en la zona central, como blasón principal y de mejor talla de todo el conjunto, aparecen las armas heráldicas del emperador Carlos I de España y V de Alemania, usadas también por su hijo Felipe II.
El interior acoge ocasionalmente exposiciones de arte y presenta dos habitaciones espaciosas, cubiertas con bóvedas de medio cañón.

El conquistador Fernández de Lugo declaró a Garachico capital de Daute (nombre con el que se conoció el menceyato que los aborígenes dieron a la comarca de El Tanque, Los Silos, Buenavista y Garachico) a principios del siglo XVI. Con la erupción del volcán de Trevejo en 1706 la floreciente actividad mercantil entró en declive. El auge de los puertos de La Orotava y de Santa Cruz, hicieron que Garchico perdiese importancia como referencia portuaria y mercantil.Pero Garachico siempre ha sido famoso por su puerto, sus casas, sus vinos dulces, sus cultivos y por lo variado de su territorio. Conventos, Iglesias y palacios... destacan el viejo castillo de San Miguel, junto a la piscina natural del Caletón, verdadera maravilla de la naturaleza. La piscina natural de El Caletón está formada por las caprichosas formas que el magma del volcán Trevejo dejó en su contacto con el agua del mar. Esta piscina natural es un lugar realmente sorprendente para el turista que puede bañarse rodeado de un entorno magnífico.Otro punto de interés es el convento y la iglesia de San Francisco. Destacan las balconadas y el depurado trabajo de gárgolas y columnas. La iglesia presenta una fachada elegante y austera y planta de cruz latina. La capilla mayor posee un artesonado mudéjar; en el retablo mayor podemos ver la imagen de Nuestra Señora de la Luz, una de las tallas más antiguas de Garachico, encontrada en 1525 en las costas del sur de la Isla por un pescador. Actualmente es la Casa de la Cultura y alberga la Biblioteca Municipal, el Archivo Municipal, el Museo de Ciencias Naturales, el Museo de la Historia Local y sala de exposiciones.

Si queremos descansar un rato o simplemente queremos charlar con los amables vecinos de Garachico la plaza de Juan Gonzáeles de la Torre es nuestro lugar. El parque de la antigua Puerta de Tierra tiene como antesala la plaza de Juan González de la Torre. Este parque conserva la estructura pétrea que tenía como fin controlar a los pasajeros y mercancías que entraban y salían por el puerto. Su antigüedad se remonta a los inicios del puerto de Garachico. En los jardines existe un viejo Lagar que pertenece a la hacienda de San Juan Degollado, y se ha creado el llamado Rincón de los Poetas con un busto de Rafael Alberti.

El Convento de Santo Domingo de Guzmán se encuentra situado sobre un altozano, viniendo desde Icod de los Vinos. Sobresalen los siete balcones del segundo cuerpo, que descansan sobre ménsulas de forma bulbosa. La entrada del convento nos conduce a las instalaciones actuales, que acogen al Hospital Residencia de Ancianos. La iglesia se construyó sobre la primitiva ermita de San Sebastián y fue respetada por la erupción volcánica de 1706 debido a su situación. La capilla ha sido acondicionada como Auditorio municipal y Museo de Arte Contemporáneo.

La Iglesia de Santa Anta se corresponde a la segunda década del siglo XVIII. La fachada, de gran elegancia, combina elementos platerescos y renacentistas. En la Capilla Mayor se exponen: un magnífico crucificado de Martín de Andújar que representan a San Joaquín y a Santa Ana. En la parte superior del retablo del Cristo de la Misericordia aparecen tres pinturas del siglo XVII atribuidas a Murillo. Destacan además el retablo de la Capilla del Santísimo con una imagen de San Francisco, de principios del XVII; la Pila Bautismal perteneciente al barroco, del siglo XVII, y una custodia procesional del siglo XVI procedente del convento de Santa Clara.

Este es un pequeño resumen de otros monumentos que no debemos perdernos en Garachico: Convento de las Concepcionistas. Tiene un monumental retablo barroco de la primera mitad del siglo XVIII, en cuya hornacina central destaca la imagen de la Concepción (siglo XIX). También tiene una talla de San Diego de Alcalá, obra andaluza del siglo XVII. Convento de Santo Domingo. Corresponde a la primera mitad del siglo XVII y en su fachada se pueden ver originales elementos platerescos. Su iglesia sirvió como cementerio en el pasado. Iglesia de San Pedro. Edificada a finales del siglo XV, conserva una talla de La Concepción (escuela flamenca del siglo XVII) y una magnífica lámpara de plata. Ermita de San Roque. Data de finales del XVI y reedificada en el XVIII, tiene una talla de Las Mercedes del siglo XVIII. Asilo de ancianos. Ubicado en la plaza de Santo Domingo. Fue un convento dominico y tiene una imagen de Santo Domingo de Guzmán.

Garachico es la joya de la isla. ¿Por qué? Hay muchas y variadas razones. Aparte de ser un increíble compendio de monumentos, religiosos y civiles, y tradiciones (como la romería de San Roque), sus gentes son hospitalarias y nos abren sus puertas con los brazos abiertos. Disfrutaremos de la tranquilidad, paz y sosiego que se respira en toda la comarca. Podemos refrescarnos en un entorno sin igual: las piscinas naturales del Caletón. Si nos gusta la pesca disponemos de sitios adecuados como La Puntilla, La Gaviota, La Crucita, El Jurado... ¿no les apetece todavía visitar este hermoso lugar? Ustedes se lo pierden. (Juan G. Martínez. Gulliveria. Diciembre 2005.)

1496. El territorio de Icod constituyó el menceyato de Icoden, rigiéndole en el momento de la invasión y conquista Belicar, que asímismo sometido, le fue impuesto bautismo por el rito católico, bautizado con el nombre de Blás Martín. Residía en las cuevas de Artaos, (Sanguiñal) las que fueron donadas con dos fanegas de tierra al canario conquistador Pablo Martín Buendía, como consta en el título 16 de Mayo de 1503, folios 40 y 48 y libro 21 original, cuaderno 18 folios 18 y 35.

1496. Una vez pactada las denominadas paces de Los Realejos, Pelinor creyó estar a salvo de los desmanes de los invasores ya que él había contribuido a la invasión aliándose con los mismos. Poco tiempo tardó en darse cuenta de error y del poco honor que daban los invasores a sus compromisos aunque estos hubiesen sido contraídos en nombre de su dios. Su menceyato fue uno de los primeros en ser victima de la insaciable sed de rapiña del mercenario esclavista Alonso de Lugo y su horda de mercenarios. Según Arribas. “Fué Adeje no solo uno de tantos Menceyatos que se formaron con motivo de la rebelión que mermó a Tinerfe el grande su poder omnímodo sino el centro mismo de éste. Quedó el gran Tinerfe reducido á este menceyato, pues su cuarto hijo Albitocazpeyel fué el único que no se rebeló, por lo que heredó pacíficamente el territorio; sucedióle su hijo Pelinor, que bautizado se llamó Diego de Adeje, siendo su padrino Don Diego de Muros, obispo de Canarias.

Fué por los españoles muy considerado y no por eso dejó de tener que ir á Berbería con sus parientes más cercanos, donde parece que murió. Su mujer apadrinada por el dicho Obispo tomó el nombre de Catalina Murillo.

Hubo repartos de tierras y además se le concedió Don y el escudo siguiente de armas: "En campo de oro dos palmas verdes cruzadas con una corona encima, de oro; aliado derecho una R y al siniestro una D; en la parte media del escudo dos rejas abiertas por medio y en cada lado tres ovejas blancas por la parte de adentro y al pié dos lobos blancos con collares rojos". Hubieron los hijos siguientes:

12 Fernando Díaz (alias Alonso) fue uno de los que confirieron poder para no ir á Berbería por ante Vallejo en 1512 fólio 715; siguió un pleito contra el Adelantado sobre la pertenencia de 200 cabras, que se tranzó. Véase para saber de esta familia, un documento de la partición de bienes entre sus hijos, ante Antón Martín en Garachico el año 1533 en 15 de Septiembre, como así mismo el testimonio de 1541 ante el referido escribano.

22 hijo fué María de Lugo, tomando el apellido de su padrino el Adelantado, á la que dotó; casó primero con  Diego de Adeje su tío y en segundas nupcias con Andrés de Llarena, indígena de Güimar. Fueron hijos del D. Diego referido; 12 Alonso Díaz Llarena. -22 Márcos Díaz. -32 Fernán Pérez. - 42 Diego Díaz. -52 Juan de Regla que casó con Luisa Delgado. -62 Isabel Pérez que casó con Juan Doramas e1 2º. -Hijos del segundo matrimonio ósea de Andres Llarena; 12 Andrés de Llarena e12, casó con Margarita González. - 22 María Diaz, casó con Juan Gaspar. 3er hijo fue Isabel Díaz y Pérez y fueron hijos; 12 Juan Díaz. -22 Estéban. -32 Alonso, casó con María Trujillo. -Anna Roquesa, casada con Pedro Hernández. -52 Ángela Gómez. -62 Melchora Bonilla. -72 Julián Gómez. -82 Isabel Díaz, monja en Garachico.

Los nobles y plebeyos del distrito de Adeje separadamente con fecha 8 de Enero de 1511 dirigen al Adelantado la siguiente petición firmada por Andrés de Güimar, D. Pedro, y D. Alonso, hijos del Mencey de Adeje, Francisco de Aponte, Alonso de Bonilla, Fernando de Ossorio y Juan Delgado, indígenas. Solicítase que en atención á haberse mandado por pregón que todos vengan á vivir á poblado en el término de seis meses y digan donde oyen misa, se revoque la orden, por ser corto el plazo y tener mujeres é hijos, ó se amplíe; y pidiendo además que en atención á que en Icod y Daute todo el territorio son heredades, se les señale la antigua corte de Adeje por residencia. El
original existe en el oficio 1º  de cabildo. Otra solicitud se halla así mismo en dicho año dirigida al consistorio de Tenerife por Guanches y Gomeros, en el que se expresan todos los guanches que hay en la isla y donde oyen misa; y apelan porque de Adeje pocas veces pueden venir por impedírselo sus ganados. (B. de la S.E.A. del P.)” (Cipriano de Arribas y Sánchez; 1993)

1496. Según Arribas en la época de la invasión europea de la isla Chinech (Tenerife): “El Mencey de Abona, tenía su residencia habitual en Vilaflor en el territorio de Adjoña. Ocupó este reino el tercer hijo de Tinerfe llamado Adguajoña, sucediéndole á su muerte su hijo Adjoña, que luego bautizado llamóse Gaspar Hemández y su mujer Catalina Francisca zapata. Recibió sus correspondientes repartos. Pasó á combatir á Berbería. Hubieron los hijos siguientes:

11 Juan Gaspar, casó en primeras con Maria Díaz y en segundas con María Benítez. -21 Catalina Gaspar casó en primeras con Alonso González y en segundas con Rodrigo Pérez. -3º Anna Hemández, -41 Elvira Hernández casó con Juan Romano. -51 Juana Hernández entenada del Rey. Adjoña volvió de Berbería falleciendo en Candelaria donde residía.” (Cipriano de Arribas y Sánchez; 1993)

1496.
Los Reyes Católicos pusieron fin al proceso de conquista de las Islas Canarias en 1496. Ese proceso había comenzado dos siglos antes como parte de la expansión catalana y mallorquina por el mar durante el siglo XIV, que había llevado a navegantes de esas tierras, junto a marineros italianos, a las islas Canarias; no persiguieron su conquista al no encontrar interés económico suficiente para hacerlo.
El verdadero proceso de conquista lo inició el francés Juan de Béthencourt en 1402, y se prolongó durante todo el siglo XV por la dura resistencia de sus habitantes.
Los habitantes de la isla eran los guanches, pueblo sedentario, que a la llegada de los navegantes europeos se encontraban a un nivel de cultura poco avanzado, pues no conocían los metales. Vivían fundamentalmente de la ganadería.
La conquista y organización de Canarias se presenta como un ensayo de lo que después sería la conquista de América. Los habitantes fueron obligados a convertirse al cristianismo, se produjo el mestizaje con la población aborigen y se destruyó casi completamente la cultura guanche. Aunque no se puede hablar de desaparición de la población aborigen, si parece que hubo un descenso considerable, probablemente de más de la mitad, provocado por las enfermedades que llevaron los europeos, desconocidas en las Canarias, y por la esclavitud a la que se vieron sometidos por los colonizadores castellanos, a pesar de las prohibiciones de los reyes y del Papa. A falta de mano de obra, los colonizadores importaron esclavos del Norte de África, que fueron los que luego se mezclaron con la población de la isla.
“Hemos cogido y muerto gran cantidad de ellos y hemos cogido mujeres y niños..., y la intención es, si no hallamos otro remedio, que matemos a los hombres del país...; y conservaremos a las mujeres y niños y los haremos bautizar y viviremos como ellos, hasta que Dios disponga de otra manera.”
Gadifer de la Salle (1340–1415), soldado francés de origen normando que intervino en la conquista de Canarias junto a Juan de Bethencourt.
Fue en las Islas Canarias donde Colón hizo la escala que le condujo a las islas del Caribe. De Palos de la Frontera pasó en Gran Canaria, y salió de la Gomera camino a las Indias.
La exploración y conquista de las islas Canarias fue una parte de la expansión europea en los siglos XIV y XV. Podemos distinguir dos fases en dicho proceso:
1496. El Mencey de Daute que gobernaba este distrito al tiempo de la conquista se llamaba Romén, después del bautismo Diego Ibaute, el que casó con Barbola García en primera nupcias y en segundas con Juana González la hidalga natural de la punta de Anaga y fueron sus hijos: 1º Luís Ibaute y 2º Gonzalo Ibaute que casó con Francisca Delgado.

El Romén testó ante Sebastián Pérez en 1516 fólio 740. El Luís murió soltero y el Gonzalo testó ante Miguel García en 1528 fólio 347 y dejó los hijos siguientes: 1º Catalina González que casó con Juan Afonso. -2º Juana González que casó con Francisco Díaz. -31 Cristóbal González casado con Inés Delgado. -41 Isabel González que casó con Bartolomé Hernández. 51 Francisco González.

1496. La Villa de La Orotava en Chinech constituía parte del Menceyato de Taoro, uno de los nueve reinos guanches en que se encontraba dividida la isla de Chinech (Tenerife) hasta 1496, año en que los castellanos dieron por finalizado el proceso de invasión y conquista de la isla. A partir de entonces el esclavista y conquistador Alonso Fernández de Lugo inició el reparto de tierras y aguas como botín de guerra entre los mercenarios beneficiarios de la invasión y conquista así como entre  colonos y mercaderes que habían prestado el dinero para la opración, hecho que originó múltiples conflictos, dados los intereses creados en torno a un territorio caracterizado por la fertilidad de sus suelos y por la abundancia de sus aguas.

Al igual que sucediera en las islas de Tamaránt (Gran Canaria) y Benahuare (La Palma), en el caso del reparto de las tierras usurpadas de Taoro se sucedieron ante la Corte de Castilla y Aragón la las reclamaciones por parte de gran cantidad de beneficiarios de los despojos del botín de guerra, que denunciaban las irregularidades en la distribución establecida por el Adelantado.
1496. Nombrado gobernador de Gran Canaria, Lope Sánchez de Valenzuela pasó por la "isla" para recoger a García de Burgos, nombrado escribano de las "cosas de Berbería" y a María de Almunycar, interprete, quizá la morisca que fue lavandera en la Torre de Santa Cruz de la Mar Pequeña, en 1496. Habiendo ofrecido el "reino de Vutata", en el Cabo de Aguer, vasallaje a la Católica, fueron a recibirlo en Tagaoz. (L.A. Toledo)
1496. Sucede en el obispado de Canarias  don Diego de Muros, natural de la villa de Muros de Noya, en Galicia (España), de la cual tomó el apellido, siendo deán de Compostela al ser elevado a la dignidad de obispo de Canarias. Cuando llegó a Wniniwada (Las Palmas) se hallaba ya conquistada la isla de Chinet (Tenerife,) en cuyo repartimiento se le asignaron ciertos terrenos que luego donó a las iglesias de la Concepción de Eguerew (La Laguna,) Puerto de Añazu (Santa Cruz) y Santiago del Realejo.

Su primera diligencia fue celebrar sínodo en su Catedral, siendo el primero que tenía lugar en la colonia desde la creación de la diócesis.

Las constituciones aprobadas dan una idea exacta del estado moral de la colonia en aquella época y llevan la fecha de 23 de octubre de 1497. Mandábase en ellas abrir en cada parroquia libros de bautismos, expresando en cada asiento el día, mes y año, los nombres del bautizado y los de sus padres, abuelos y padrinos. Fundado en la poca gente que había en las islas y en la necesidad de disminuir los impedimentos de pa-rentesco espiritual, se ordenaba que sólo asistiesen como padrinos una persona de cada sexo.

Se prohibían los desórdenes que llevaba consigo el derecho de asilo en los templos, y se prevenía a los párrocos, so pena de 4 florines de oro del cuño de Aragón, que remitiesen anualmente al obispo un padrón de los vecinos de su feligresía, Con nota expresiva. de los que habían cumplido con el precepto pascual y de los que no lo hubiesen hecho,; para lanzar a estos últimos del seno de la Iglesia como excomulgados. Disponíase, además, fijar en cada parroquia un pergamino en el cual estuviesen escritos para ins-trucción de los fieles los artículos de la fe, los sacramentos y mandamientos, los siete pecados mortales, las obras de misericordia, las virtudes cardinales y teológales, los dones del Espíritu Santo, los cinco sentidos y los casos reservados al obispo, que eran: homicidio voluntario, perjurio en juicio, procurar aborto, matrimonio clandestino, retención de diezmos y primicias y sentencia de excomunión.

En otra constitución, ordenaba que el cura de cada parroquia o su sustituto tuviese en su iglesia otro clérigo o sacristán docto que enseñase a los niños a leer, escribir y contar y les explicase la doctrina cristiana, la obediencia a sus padres y el ejercicio de las buenas costumbres, amonestando a los vecinos con la obligación en que estaban de enviar a sus hijos a la iglesia para recibir en ella esta instrucción primaria.

Prohibíase a los presbíteros, diáconos y subdiáconos y a los clérigos de órdenes menores llevar coletos, debiendo usar el cabello redondo hasta media oreja, hábito muy modesto y ropas ni muy cortas ni coloradas, ni verde claro, ni zapatos blancos, ni borceguíes, salvo con zapatos encima, ni cintos dorados, ni plateados, ni seda, excepto en los forros de los capirotes. No se permitía a los mismos llevar luto por nadie, ni dejarse crecer la barba más de un mes, y se les prevenía, inclusos canónigos y racioneros, aparte de sí las concubinas públicas.

Firman estas constituciones el mismo don Diego de Muros, bajo la rúbrica de Obispo Canariense y Rubicense, y los canónigos Pedro López y Alfonso Samarinas, autorizándolas el notario eclesiástico Alfonso de Esquivel.

Al año siguiente vemos al infatigable prelado dar principio a su visita pastoral, empezando por el Cabildo y siguiendo por Telde y Agüimes, cuyo señorío defendió con notable entereza de las invasiones de la jurisdicción real; trasladándose luego a Tenerife, recorriendo sus nacientes pueblos, deteniéndose algún tiempo en La Laguna y creando algunas iglesias parroquiales en sus principales centros de población.

Imagen: Cueva del Lino, Batán de Abajo. Tomada de: www.nuestraisla.com/

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