lunes, 2 de febrero de 2015

EL MENCEYATO DE TEGUESTE



APUNTES PARA SU HISTORIA


Capitulo XI-V



Emigración de teguesteros. Siglos xviii, xix y xx

Los siglos del Antiguo Régimen se sucedieron en Tegueste. La regularidad de la vida sólo era rota por dos amenazas: la piratería y la infección de distintas pestes. La lejanía del mar protegió a Tegueste relativamente de ambos peligros, todavía constituyen una expresión paradójica del afortunado destino del pueblo. También fue habitual en aquellos siglos el constante trasiego de gentes que abandonaban su tierra para partir hacia América en busca del pan y la sal que en su matria le era negado y por tanto, un futuro más próspero. Tegueste también fue,  tierra de emigrantes.

No es extraño que, al margen de las exigencias impuestas mediante el llamado tributo de sangre, por el que se obligaba a la emigración, con fines colonizadores, de cinco familias por cada 100 toneladas de producto a exportar hacia América, también hubiese personas que se plantearan buscar oportunidades para mejorar su situación personal y familiar a través de la emigración. El tributo de sangre fue abolido en 1778, pero la situación en Tegueste siguió siendo de una pobreza generalizada.

Emigración no fue sinónimo de mejora. Hubo quien experimentó una mejoría en su situación pero también quien vio frustradas sus expectativas.

Por esa razón, la frase “ausente en Indias no hace caso de su mujer” podría responder en algunos casos a una situación distinta al olvido de la familia y  quizás debiera decirse “no puede hacer caso de su mujer”, pues las Indias no constituyeron para todos el paraíso prometido. El total de registros en los que se indica la ausencia de la persona es de 29, pero con la indicación expresa de ausente en Indias hay.

“Fueron canarios, conocidos como “isleños”, los que hicieron posible el surgimiento de comunidades en varias zonas de América. De aquellos emigrantes existen descendientes en diversos lugares de América del Norte. Fue La Louisiana el destino señalado para José, hijo de Manuela Arsola, uno de los teguesteros recogidos en el censo de 1779.

Uno de los aspectos menos conocido y nada estudiado en la historia del municipio de Tegueste, es el fenómeno de la emigración. Si observamos con un poco de detenimiento cualquier hecho importante del pasado municipal, actas de plenos del ayuntamiento, construcción de infraestructuras, fiestas, cambio de propiedad de la tierra, donaciones a la iglesia,… suponen una estrecha vinculación con los procesos de la emigración.

El Archivo Municipal de Tegueste conserva entre sus muchos contenidos, una serie de documentos muy interesantes para entender el desarrollo del municipio como lo conocemos en la actualidad. Algunos de estos documentos, son los conocidos como “comendaticias”. Esta tipología de documentos son muy comunes sobre todo en el siglo XIX y principios del XX, y podemos describirlos, como el registro de un acto administrativo tendente a especificar el permiso de embarque, generalmente hacia América. Estos documentos unidos a los padrones municipales, actas de plenos, listados para cobros de contribución,… suponen un importante registro documental que nos permitirán en un futuro completar el mapa de la emigración histórica del municipio, sobre todo en los siglos XIX y XX, a partir de la constitución de Tegueste como municipio, tras el Decreto de las Cortes de Cádiz de 18122.

Para etapas anteriores, el Archivo Histórico Provincial y el Archivo Municipal de La Laguna, juegan un papel importante en los registros de salidas de inmigrantes. Otro archivo que nos puede aportar datos significativos es el Diocesano, a través de los llamados expedientes de soltería.

Pero esta ingente cantidad de documentación carece de una sistematización completa, que no nos permite aún realizar estudios estadísticos exhaustivos. Además, las series de comendaticias se encuentran incompletas. Con el cambio de siglo la gestión de los permisos de embarque se realizan en el registro civil, ya más avanzado el siglo en las
oficinas creadas al respecto en Santa Cruz de Tenerife y en las que por distintas razones se ha perdido gran cantidad de información.

¿Por qué esta documentación es interesante para entender la historia de nuestro municipio?

Ya desde la fundación del pueblo de Tegueste en los albores del siglo XVI, gran parte de la Comarca se reparte a conquistadores y colonos, en propiedades de considerable extensión, a 75 propietarios (ver cuadro) de tierras de secano y donde domina la gran propiedad. Se impone en muchos casos el sistema de Mayorazgo, esto condiciona en gran parte el desarrollo y evolución de las grandes propiedades que se mantienen en el tiempo. La cercanía a la capital San Cristóbal de La Laguna, hizo que muchos propietarios se convirtieran en absentistas, arrendando todas o partes de sus propiedades a gentes sin tierras, que se convirtieron en medianeros y jornaleros.

Todo este sustrato inicial pervivió hasta casi comienzos del siglo XX, y fue precisamente el proceso migratorio el que contribuyó de forma decisiva en el cambio de rumbo de esta situación endémica. El tradicional latifundismo de Tegueste se irá rompiendo con la llegada de capitales de la emigración. Sin embargo, este proceso no podemos verlo como un hecho puntual, sino que podríamos decir que es consustancial al propio desarrollo social del municipio y produce por su propia dinámica un
cambio de la estructura de la propiedad lenta pero significativa. Durante los primeros siglos tras la conquista de Tenerife el desarrollo económico de Tegueste entró dentro de la dinámica general de los ciclos económicos de Canarias. La ausencia de ingenios azucareros en la zona, determinaron una inclinación hacia la ganadería inicialmente como reserva de mesta, y las actividades de huerta y cerealeras. La viña, presente desde los inicios de la fundación del pueblo, jugó un importante papel hacia finales del siglo XVI, participando de lleno en el comercio de malvasía. Esta actividad marcó en gran parte el desarrollo económico del municipio, hasta finales del XVIII. Su importancia y extensión fueron creciendo en este periodo contribuyendo a asentar población en la zona.

La crisis del vino en las islas marcó un punto de inflexión en el crecimiento de la población y a la tradicional salida de contingentes de población hacia América en busca de mejoras económicas, o través del conocido como “impuesto de sangre”, se sumó el intento de la corona española de reconquistar América, en estos momentos la participación de los canarios es muy activa en la fundación de nuevas ciudades y pueblos, Montevideo, San Antonio de Texas, San Bernardo en la Luisiana, y numerosos pueblos en toda América, en el caso de Tegueste hemos recogido el alistamiento de 4 familias que participarán como reclutas en el Batallón de Luisiana en 1778.

En estas fechas debieron ser bastantes los teguesteros que decidieron poner rumbo a América, los grandes latifundios dedicados al cultivo de vino de exportación debieron provocar una auténtica crisis laboral en la comarca.

El siglo XIX. Sudor, caña y tabaco.

La primera mitad del siglo XIX supone el debilitamiento de la Corona hispana, y un pequeño freno de la emigración. La invasión napoleónica y la ausencia de un gobierno fuerte dieron pie el inicio de las guerras de independencia en todo el continente americano. Las zonas con un control más férreo de la metrópoli, como el caso de Las Antillas, seguirán recibiendo contingentes de población canaria, mucha de ella de
forma clandestina.

Tegueste pasa a formar parte de los Ayuntamientos constitucionales en 1837. En las actas del nuevo Consistorio, recogidas en el Boletín del Archivo Municipal, de Tegueste, podemos observar varios aspectos que motivan la salida masiva de jornaleros.

Las actas del ayuntamiento reflejan la tremenda pobreza que existe en el pueblo, la dependencia del cultivo del vino y aguardiente como únicos productos de comercio.

Observamos también el inicio de reparto de tierras baldías de propios, como un intento
de fijar población. Todas estas necesidades no permiten recoger de forma sistemática los movimientos migratorios, como ocurrirá a partir de 1842, coincidiendo con la llegada del nuevo párroco Antonio Pereira Pacheco y Ruiz.

“…En el padrón hecho este año resulta que Tegueste tiene 1307 almas y 289 vecinos repartidos en cuatro pagos, a saber 190 varones y 223 hembras en Tegueste el viejo; 172 varones y 197 hembras en Pedro Alvarez, 86 varones y 98 hembras en Tegueste el nuevo, 156 varones y 195 hembras en el Portezuelo. El número de los varones en este pueblo lo disminuye considerablemente la emigración anual de sus naturales a las Américas donde muchos mueren a influjo del clima y muchos se establecen para no volver, mayormente cuando los terrenos de Tegueste en la mayor parte son de propietarios forasteros y sus vecinos arrendatarios o medianeros de éstos, razón porque no puede nunca prosperar este pueblo,……..”

En la segunda mitad del siglo XIX Canarias tras la gran crisis que supuso el fin del ciclo del vino, comienza su remontada económica con el cultivo de un parásito traído de México, la cochinilla, utilizado como tinte natural, que tendrá una importante producción en todo el Archipiélago. En Tegueste se cultivarán en estas fechas muchas tuneras, pero esta bonanza económica, no se traducirá en mejoras para la población sin tierras9. Es precisamente en esos años cuando la emigración toma un cariz más generalizado. Podemos observar en las tablas del anexo, un notable incremento del número de emigrantes, principalmente a Cuba y Venezuela, para este periodo y en relación a las comendaticias estudiadas, comentar como advierte Julio Hernández González en su tesis, que por el mal estado en que se encontraba el archivo han desaparecido muchas de ellas.

Por ello hemos utilizado información complementaria a través de los padrones de la época y alguna información oral. Aún así somos conscientes de la dificultad de poder registrar todas las migraciones realizadas en ese siglo y en el siguiente, ya que además ya desde esa época existía una fuerte emigración clandestina.

Aun así podemos comprobar un incremento de emigrantes a Venezuela, la nueva república tras su independencia de España, necesitaba mano de obra, sobre todo europea. A mediados del siglo XIX, decía el político argentino Juan Bautista Alberdi en una visita a París: “Gobernar es poblar”, resumiendo así los intereses de la mayoría de los países iberoamericanos.

Y por otro lado la generalización de la emigración a Cuba, todavía bajo dominio español que necesitaba de mano de obra y de población que refuerce su españolidad.

Al final de este periodo nos encontramos con las guerras de independencia de Cuba y Filipinas, donde algunos teguesteros tuvieron participación activa como soldados. Juan Rodríguez Cabrera y el marido de Tomasa Hernández Abreu11. Asimismo, también aparecen en el mismo documento 4 teguesteros movilizados en la Guerra de Filipinas: Victoriano Santana Hernández, Luciano Pérez González, Máximo Hernández González
y Juan Rodríguez Rodríguez. A éstos habría que añadir a Hermenegildo Perera González, localizado a través de información oral y del que no hemos encontrado registro en la documentación del Archivo Municipal.

El siglo XX. De la emigración masiva a Cuba a la crisis venezolana

Desde las últimas décadas del siglo XIX, y ya generalizado al menos para la isla de Cuba, la abolición del sistema esclavista, propicia un cambio en las relaciones de producción entre los propietarios de la Perla del Caribe y los emigrantes13. El cambio del sistema esclavista al asalariado, produjo con la revalorización de la moneda cubana tras la independencia de España y el boom de la industria de la caña, el establecimiento de contratos de trabajo, incluso pagando los costes del viaje, por parte de las principales plantaciones de la isla.

La sociedad teguestera cambia profundamente en las primeras décadas del siglo XX. La notable emigración a Cuba en esos años, esencialmente masculina y con un alto porcentaje de retornados que se benefician de la elevada cotización de la moneda cubana y la gran expansión económica por la que atraviesa la Isla, accede con tales capitales a la propiedad de la tierra. Se origina de esa forma en creciente
minifundismo y una mayor redistribución de las parcelas.

Para este periodo es importante la documentación localizada en el Registro Civil de Tegueste, donde nos encontramos con un listado de peticiones de licencias para embarque de menores a la república de Cuba, Argentina y a las Américas en general. Dicha documentación refleja un importante número de menores que se lanzan a la aventura americana, siguiendo en muchos casos a otros familiares, y en otros casos por iniciativa propia. Para el periodo hemos seguido consultando los padrones municipales que nos siguen proporcionando datos interesantes.

El alto nivel de emigrados de forma clandestina nos impide evaluar unas cifras fiables para el periodo. La información oral nos aporta una ingente cantidad de datos.

Esta etapa, que podemos llevarla hasta la entrada de Fidel Castro en 1959, marca el verdadero despegue de la figura del indiano enriquecido, a efectos de la secular situación de arrendatarios y jornaleros del municipio, la compra de tierras con las divisas sobre todo de Cuba cambia el panorama del régimen de la propiedad en el municipio.

Toda la impronta de la emigración y sus principales acontecimientos quedan reflejados en la memoria popular. Un elemento tan característico como la Librea es un fiel reflejo de estos movimientos migratorios: Los indianos recién llegados dejan su sello también en las fiestas patronales. González Díaz en su A través de Tenerife de 1923. Nos habla de la librea.”….El capitán de la tropa lleva inverosímiles adornos indumentarios y camina militarmente con gran prosopopeya.

Su cargo honorífico es hereditario, muy apetecible entre sus congéneres y muy espectacular, los suyos lo envidian”. Por lo general “ha estado en Cuba y esta circunstancia acrece su predicamento”. Los trajes milicianos se han desdibujado y huelen ya a exotismo tropical y a carnaval. El capitán es el indiano que ha acumulado algo de dinero en la Perla de las Antillas.

La construcción del depósito, abrevadero y chorro de la Placeta o Calvario tampoco se podría entender sin los dineros de Cuba: Pedro Melián, vecino de La Habana, residente en La Laguna, dona una tubería de hierro galvanizado para conducir el agua de abasto público desde los nacientes de La Mocanera y La Ladrillada hasta El Calvario, a cambio que se le conceda del sobrante una pequeña cantidad para surtir una casa que posee en Tegueste. Se acuerda colocar en el Calvario una loza de mármol con el nombre del donante y fecha de donación como muestra de agradecimiento. El agua se ha de conducir……

En esos años y en las labores diarias del campo, era frecuente oír a los teguesteros cantar guajiras, puntos cubanos y habaneras, así hemos recogido de la ya fallecida Natividad Rodríguez Díaz (entrevista, 1997), del barrio de Las Canteras, una décima que cantaba su padre Alejandro Rodríguez Rodríguez de Pedro Alvarez, emigrado a Cuba en varias ocasiones a principios de siglo XX: Alelelo y alelelo si yo me llego a casar
con la experiencia que tengo a mi mujer la mantengo

sin comer y sin cenar.
Si me pide de almorzar
yo le doy una cosa poca,
y si ella me pide ropa
le daré una camisita
con un pujo de levisias
y a palos la vuelvo loca.

Los ejemplos podrían ser muchos, pero dado lo limitado de la extensión de este artículo, creemos suficientes los ya mencionados.

Conclusiones

Uno de los aspectos menos estudiados de la historia de Tegueste son los procesos migratorios de sus habitantes. Las fuentes para su estudio aparecen incompletas y dispersas en distintos archivos, en función de la cronología que se estudie, lo que no permite un estudio estadístico fiable, para evaluar el proceso de una forma sistemática.

La propiedad de la tierra y en su defecto su no posesión, es el principal motor de salida de contingentes, sobre todo a Cuba y Venezuela, principales destinos de los teguesteros durante casi dos centurias.

Los cambios sustanciales en la propiedad de la tierra, pasando de un latifundismo generalizado explotado por jornaleros y medianeros, a un cada vez más numeroso minifundismo, que a partir de los años 30 caracterizará el desarrollo económico y social del municipio.

A partir de los años 40 con la crisis del sector azucarero cubano y sobre todo con la revolución castrista, el tradicional emigrante teguestero a Cuba se dirige hacia la Venezuela, la “octava isla”, y en menor medida a los países europeos (Alemania, Suiza, Holanda,…) que superada la crisis de la 2º Guerra Mundial demandaban gran cantidad de mano de obra.” (Tomás Rodríguez Rodríguez, 2011).

Personajes notables de Tegueste

“La falta de educación en la juventud, origen de muchos males, ha privado a Tegueste de numerar entre sus hijos hombres célebres como cuentan otros pueblos, ni era fácil que un lugar de arrendatarios y pocos propietarios sin ideas pudiesen proporcionar a sus hijos carrera, enviándolos a los estudios del Seminario de Canaria o a los de latinidad de La Laguna, pues por lo demás el benéfico Creador no ha negado el don de las ciencias a estos infelices. La misma miseria en que nacen, y de que no pueden salir, les ha obligado en todos tiempos a correr para Caracas y La Habana, donde sin letras ni artes, no han podido hacer más carrera que seguir la de la labranza y hacer en las Américas un papel ridículo, creyendo aquellos habitantes que todos los canarios están en igual grado de instrucción y conocimiento en las artes. Así es que en ellas ningún hijo de Tegueste la podido figurar en Caracas y La Habana, puntos de su refugio”. (A. Pereira Pacheco, 2001).

Sobre el Padre del Prebendado Pacheco

Del expediente de soltería instruido a petición de don Juan Pereira Pacheco en 1776, para contraer matrimonio con doña Rosalía de Acosta, que se conserva en el legajo de aquel año, en el Archivo del Obispado de Tenerife, constan los siguientes datos de su nacimiento y juventud, tanto de su declaración, como de las de los testigos de depusieron: Juan Francisco Pereira Pacheco nació en Santiago de Compostela y recibió el bautismo en la parroquia de Santa Susana y San Fructuoso, el 28 de febrero de 1750; sus padres, don Antonio Pereira y doña Benita Pacheco, vecinos de Granada y de peregrinación a la tumba del Apóstol, vivían en la ciudad complutense, en la calle Nueva. Al poco tiempo regresa la familia a Granada, y cuando Juan Francisco contaba sólo nueve años, sus padres lo envían a Málaga, donde debía embarcar para Cádiz, pero el navío en que viajaba no pudo hacer esta escala, a consecuencia de un temporal, y ha de seguir hasta San Sebastián de Guipúzcoa, ciudad donde permaneció mes y medio. El bergantín era de la Compañía de Caracas y hubo de hacerse a la vela para La Guaira, puerto en que permaneció 49 días, de los que sólo en uno saltó a tierra Pereira. Regresó de América en el mismo navío, que andaba en corso, y al pasar por el estrecho de Gibraltar fue apresado por dos corsarios ingleses, que lo desembarcaron en Lisboa. En esta capital estuvo cerca de un mes, hasta que, por mediación de un comerciante, fue devuelto a Granada con sus padres.

Enviado de nuevo a Cádiz, hacia el 1765, cuando contaba 15 de edad, tres años después, a fines del 1768, embarca para Canarias, donde entra al servicio, como escribiente, del coronel don Juan Bautista de Franchi, administrador general de Rentas Reales y juez superintendente de Contrabandos, y con igual cometido pasó luego al del capitán don Pedro Nicolás de Sotomayor, con quien estuvo viviendo en las islas de La Palma, Gran Canaria y Tenerife.

En 1774 residía en La Orotava, y allí dio promesa de matrimonio a Isabel María del Pino, con la que no llegó a casar, por haber fallecido el 16 de octubre de aquel año, cuando sólo contaba con 14 de edad. Dos años más tarde casaría con doña Rosalía Ruiz de Acosta, con la que había de tener al futuro prebendado don Antonio Pereira Pacheco y Ruiz.
Antonio Pereira Pacheco y Ruiz

Criollo nacido en La Laguna un 12 de junio de  1790, donde cursó estudios eclesiásticos, fue eclesiástico y clérigo tonsurado.

Durante su vida realizó multitud de viajes entre los que destaca su residencia en Las Palmas, donde terminó sus estudios eclesiásticos y asistió a la academia de pintura de D. José Osovary, en 1805 fue nombrado Familiar del Canónigo Maestrescuela y luego Arcediano de la catedral de Las Palmas.
Familiar del obispo Don Luís Gonzaga de la Encina, le acompañó en su viaje al Perú.
Por oposición obtuvo el 10 de julio de 1812 el cargo de Capellán Mayor de aquel obispado peruano, en el que desempeñó un papel importantísimo al regular, en un manuscrito que se conserva, el orden, ceremonial y obligaciones del sacristán de dicha catedral.
Nombrado sacristán mayor y beneficiado de la catedral de Arequipa (1812-1816), fue el más fiel y más activo colaborador del obispo, de cuya actividad pastoral es inseparable la personalidad de Pereira. Se mantuvo en dichos cargos hasta el fallecimiento del Obispo De la Encina, y acogido en calidad de capellán del Virrey Abascal, retornando junto con éste a España.
Goza de una merecida nombradía en el Perú por haber dejado escrita una “Noticia de......Arequipa”, muy celebrada por la vivacidad de sus informaciones y la gracia de las laminas que la ilustran. De este manuscrito ofreció una copia el Cabildo Insular de Tenerife a la Biblioteca Nacional del Perú en 1946.     
En 1818 se halla de nuevo en su Patria, Tenerife, donde fue Racionero y Secretario Capitular de su recién creada catedral, cargo del que dimite en 1824 para incorporarse como Párroco de Teguestede donde cargo que ejercio desde 1842 hasta  28 de abril de 1858, año en que murió.
Como Cura-párroco, impulsor de la cultura y el desarrollo de Tegueste, con la primera alfabetización de los teguesteros, y que además impulsó la construcción de su ayuntamiento, cementerio y casa mortuoria, marcando su labor un hito en los años cuarenta del siglo XIX,
Trabajador incansable, nos dejó un legado de obras que documentan la mayoría de los acontecimientos que le tocó vivir.
La bibliografía de sus obras es muy extensa; pero pocos son sus trabajos que se han publicado. Excelente pendolista y dibujante, ha copiado numerosos escritos canarios de autores de épocas anteriores; ha dibujado planos y perspectivas de templos y naves, ha escrito la descripción de su viaje a Arequipa y la vida del Obispo De la Encina, con un sin numero de trabajos de diversas índoles, conservados en las bibliotecas canarias.
Antonio Pereira Pacheco y Ruiz, vecino de Tegueste

“La documentación generada por un Ayuntamiento, como por cualquier administración pública, nos puede parecer fría y distante; desde luego no tiene la cercanía de, por ejemplo, las cartas personales donde encontramos a un Prebendado más campechano y no falto de sentido del humor. Los documentos del Archivo Municipal sobre la vida de este párroco reflejan sobre todo su condición de cura ilustrado. Una letra preciosista, impecable e inconfundible (que todo un virrey de Perú había solicitado para pasar a limpio la historia de su gobierno) y los discursos sobre educación, nos indican que estamos ante un hombre culto; los croquis y planos, ante un dibujante aceptable; el interés que demuestra por las obras públicas, la pobreza y miseria del campesino…, ante una persona, en fin, dueña de un espíritu dinámico.

Sin embargo, entre la oficialidad de los documentos del Archivo Municipal, datos tan fríos como los estadísticos nos permiten entrever aspectos de su vida doméstica, cotidiana, de su vida como simple vecino del Pueblo, o como simple contribuyente, porque la relación del Prebendado con Tegueste es anterior a su condición de vecino y párroco. En efecto, en los documentos de la contribución rústica y urbana, aparece como propietario de terrenos en el Pueblo desde mucho antes. En 1830 tenía tierras de cereales, arbolado y huerta, que le produjeron 5 fanegas de papas inverneras, un costal y medio de papas veraneras y doce reales de plata por higos tunos, producción que estaba gravada por una misa cantada que se pagaba al cura del lugar, por una renta anual al Conde del Valle de Salazar y por un cuarterón de aceite a la fábrica de San Marcos.

Desde 1828 había comprado a la fábrica parroquial de Tegueste un trozo de terreno lindante al sur con el barranco de las Tapias. Es en este terreno donde se ubicará su primera vivienda en Tegueste, que aún en 1845 se estaba acabando de construir. En 1835 había comprado a Pedro Enríquez, con la pensión de 50 reales de vellón al Conde del Valle de Salazar, una botija de aceite anual a la fábrica de la parroquia y 10 reales de vellón de limosna de una misa cantada a San Marcos, un cercado de tierra con 8 fanegadas, incluso el solar de una casa terrera de teja vana, la mayor parte de riscos con nopales y tuneras y lo demás de mala calidad, lindante con el Camino que iba a Pedro Álvarez y con el barranco de las Tapias. A José Cáceres le compra en 1841 un pedazo de tierra de pan sembrar y huerta, con dos casas terreras muy arruinadas que las reedifica, en un terreno adyacente al que compró en 1828, y que lindan con la Plaza de la Ermita de San Francisco de Paula. Siendo ya párroco del Pueblo, aparte del de las Tapias, declara el terreno de la Plaza de San Marcos del que vende 7 brazas para mejoramiento del aspecto público.

Un año después del inicio de su labor como párroco, seguía sin cobrar su primera renta como cura, situación que se repite al siguiente año. En su queja ante el Ayuntamiento por el retraso del pago, compara su situación a la de un jornalero, que vive de su sueldo, ejemplo que debió parecerle acertado en un pueblo donde la mayoría de los feligreses eran medianeros y jornaleros:  (…) El Párroco es un jornalero, que depende de la renta que le dan por el trabajo diario, y así como a cada jornalero que llama el dueño de una propiedad le satisface su trabajo concluido éste, y no le pide espera de un año ni de un día, así al Párroco se le debe pagar con puntualidad; debiendo considerar el Ilustrísimo Ayuntamiento y el Pueblo, que para mantenerse un Párroco sacrificando los pocos o muchos bienes propios que tenga, no necesita llevar sobre sí el pesado y fatigable ministerio Parroquial, en el que muchas veces peligra nuestra vida con la asistencia a los enfermos, pasamos malos ratos de sol y de agua para asistirlos cuando y a cualquier hora del día o de la noche nos llaman, tenemos que mantener una vestia para este mismo servicio, que de otro modo no necesitaríamos, y que nos vemos precisados a dejar alguna limosna al enfermo que vemos sumido de miseria sin auxilio para sobrellevar su estado lastimoso; todo lo que no puede hacer un Párroco si se le niega la corta renta que para esto le está señalada (…) El Párroco y Ministros de una Iglesia tienen que vestir con el decoro y decencia que pide la celebración de tan altas funciones, y todo esto, y otros gastos bien conocidos en su estado, exige que se les atiendan al pago de sus rentas con puntualidad.

Así ruego al Ilustrísimo Ayuntamiento no se haga insensible a cumplir con una obligación tan estrecha (…).

Si mi genio de condescendencia y consideraciones con el pueblo y con el Ilustrísimo
Ayuntamiento no me hubieran impelido a sufrir demora contra mi propia susistencia y
necesidades, y hubiera tomado la determinación de representación al Ilustrísimo Señor
diocesano, y por su medio al Señor Yntendente, claro está que el Ilustrísimo Ayuntamiento de este Pueblo hubiera recibido los apercibimiento que han sufrido otros (…)

Es cuanto menos sorprendente que este hombre culto, que había viajado por la Península Ibérica y América, alma mater de reuniones y tertulias ilustradas, acostumbrado a la alta sociedad, amigo de marqueses y virreyes, prebendado de la recién creada Diócesis nivariense, se acomodase a una parroquia pobre. El mismo señala que en Tegueste buscaba mejor clima que los fríos laguneros y la paz de un pueblo: lo primero no dudamos que lo encontrara, lo segundo no tanto, porque, desde luego, muy tranquilo no debió vivir en Tegueste. Su casa, dice, se parece a una fonda por la cantidad de visitas que recibe, y atendiendo a los datos ofrecidos por los padrones municipales de la época, por el elevado número de personas que llega a albergar bajo su techo. Aparte de gente del servicio, aparecen en diferentes años, bajo el nombre de recogidos, un anciano de 88 años, el padre de una criada de 98 y dos mujeres de 72 y 50 años. Además, entre el padrón de 1851 y 1852 hay un cambio significativo en el número de habitantes de su casa: en el primer año aparece conviviendo sólo con su criada pero en el asiento siguiente del mismo padrón, es decir como casa aparte, aparece una familia entera formada por una mujer soltera de 63 años, y una pareja joven con dos hijos pequeños; familia que en el padrón del año siguiente aparece empadronada en la casa del Prebendado. En fin, un ir y venir de criados, ahijados y recogidos que nos permiten suponer, más allá de los objetivos datos ofrecidos por los padrones, indicios de una filantropía concreta e inmediata en el carácter del Prebendado, pues la filantropía abstracta y general se le supone consustancial a todo aquel intelectual hijo de la Ilustración. Residentes en la casa del Prebendado 1848-185744 1848: Teresa Solinto, viuda, ahijada, 44 años Josefa, criada, soltera, 43 años Cristóbal N, viudo, 88 años Félix Rodríguez, criado, soltero, 19 años 1849: Josefa Cristóbal, padre de Josefa, 98 años (sic) 1850: Josefa 43 “…, mi casa de Tegueste ha sido una Fonda de las Cuatro Naciones”. Correspondencia del Prebendado con Álvarez Rijo. (María Jesús Luís Yanes y Juan Elesmí de León Santana, 2010).

Carta del Prebendado dirigida al Ayuntamiento sobre la necesidad
urgente de construir un cementerio (1842)

Muy Ilustre Señor
Desde el momento mismo en que me hice cargo del ministerio Parroquial de este Pueblo, vi con el mayor disgusto el desaseo y desigualdad del piso de la Iglesia, que pro varios respectos pide pronto remedio. Pero mal podré yo dedicarme a repararlo aun cuando se me proporcionen medios, mientras tanto no deje de enterrarse dentro de ella, y se vean cumplidas las distintas órdenes antiguas y modernas relativas a la construcción de cementerios, tan sabiamente dispuestos, tanto para el mejor aseo de la Casa del Señor, cuanto para la salud pública de los Parroquianos; y si en otros ha sido esta medida adoptada como indispensable, en ninguno la creo de mayor necesidad que en el de Tegueste por varias razones que no se ocultan a Vuestra Señoría.

Todos saben que aunque esta Iglesia tiene tres naves, en la Llamada de las Ánimas no se entierra nadie, porque siendo su piso de risco, no se pueden profundizar los sepulcros; la del centro o nave mayor se ha procurado reservarla todo lo posible para
conservar algo más decente su piso y que puedan en ella estar los fieles con menos incomodidad; y la tercera denominada de N. S. Del Rosario, que es la que más se usa para los enterramientos, tampoco admite su piso se profundicen los sepulcros, quedando por consiguiente los cuerpos a la flor de la tierra sin ponerles cal por la pobreza de los vecinos; y como por no haber sepulturero, éstos mismos abren y cierran las sepulturas, se ven éstas mal enladrilladas, formando un piso desigual, molesto y peligroso para andar, y mal visto a los ojos de todos. Estas razones y otras que omito por notorias y no ser difuso, me obligan a dirigirme a Vuestras Señorías para que tomándolas en consideración se dignen dictar cuantas disposiciones estén a su alcance para que conciliando el aseo y decoro del Templo, con el cumplimiento de las órdenes superiores, logre este vecindario este bien que apetece y desea con ansia.

Dios guarde a Vuestras Señorías muchos años. Tegueste. Septiembre , 2 de 1842.
Antonio Pereira Pacheco y Ruiz. A.MT. Sign. 163-2. (María Jesús Luis Yanes/Juan Elesmí de León Santana. 2011)

Carta del Prebendado al Ayuntamiento sobre necesidad de concluir las obras del cementerio por quedar sólo cinco sepulturas en el templo (1850)

Muy Ilustre Señor
Cuando recibí por el correo la Real Orden del 12 de Mayo último, inserta en el Boletín de 30 del mismo, que me dirigió el Señor Jefe Superior Político para su conocimiento y observancia, oficié a Vuestra Señoría con fecha 23 de Junio, también último, protestando no fuese de mi responsabilidad los perjuicios que podían ocasionarse de no cumplir con la Ley que prohíbe los enterramientos en las Iglesias, y el estar parada la obra del Cementerio que mandó el señor Jefe Político en 5 de Julio de 1848 no se levantase mano hasta conseguir su conclusión. El Ilustre Ayuntamiento ni tuvo a bien contestarme, ni dar la menor disposición al objeto. Volví a inculcar acerca de este importante asunto el día 6 de Enero del presenta año, cuando en la Misa Conventual leí al Pueblo la Circular del 21 de Diciembre en que dispone Su Majestad nuevamente no se lleven a la Iglesia los cadáveres, encargando estrechamente a los Alcaldes cumplan sin molestar a los Párrocos con los que les manda. Tampoco ha surtido ningún efecto esta disposición soberana.

Mas hoy me hallo en el caso de hacer presente a Vuestra Señoría que ya no quedan en la Parroquia más que cinco sepulcros en que se pueda dar sepultura, y como puede acontecer haya en la Primavera un ramo de calenturas o tercianas en que en pocos días fallezcan seis personas, y no haya donde enterrarla sexta, antes de verme en este evento, suplico a Vuestra Señoría lo tome en consideración , y no extrañe que si advierto la apatía que hasta aquí, dé parte a las Autoridades Civiles y Eclesiásticas para que me digan con tiempo donde ago los enterramientos.

Si actualmente no hay fondos de la contribución aprobada pro el Señor Jefe Superior Político para la construcción del Cementerio, disponga Vuestra Señoría lo que han hecho otros Pueblos, esto es, que se forme una cerca de cualquiera material, o de zarcas, lo bastante para que los animales no saquen los cuerpos, para que permita bendecirlo, en el caso de no querer hacerlo por sí, por ser ésta una bendición reservada por el ceremonial a los señores Obispos, y de este modo ir haciendo en él los enterramientos hasta que haya con qué concluirlo.

Dios guarde a Vuestra Señoría muchos años. Tegueste, Marzo 1º de 1850. Antonio Pereira Pacheco y Ruiz. A.MT. Sign. 163-2 (sign. antigua 154) (María Jesús Luís Yanes/Juan Elesmí de León Santana. 2011).
El 28 de diciembre de 1850 fue admitido como miembro de la Real Academia Canaria de Bellas Artes.
Millares Carló ofrece en su bibliografía abajo reseñada la lista completa de obras de Pereira Pacheco de las que se tiene noticia. Resumimos sus títulos (pueden verse por extenso en dicha obra):
a) Manuscritos:
·                     Usos y costumbres de la ciudad de La Laguna (1809).
·                     "Destino de criaturas" I: Diarios de sus viajes marítimos y terrestres (1806 1810).
·                     Descripción del vocán de Arequipa (Ms. 1810).
·                     Extracto de las obligaciones del Sacristan mayor de la catedral de Arequipa (1812).
·                     Relación de la llegada del grancanario Pedro María Galdós a Arequipa (1813).
·                     Diario de la visita pastoral del obispo Encina en su obispado (1814).
·                     Honras de Arequipa a su gobernador intendente muerto por los insurrectos (1815).
·                     Descripción del pueblo de Caima extramuros de Arequipa (1816).
·                     Noticia de la ... ciudad de Arequipa ... Tomo I (Ms. aut. 1816).
·                     Relación de los méritos y vida de don Luis de la Encina (Ms. 95 pp, 1816).
·                     "Destino de criaturas" II: Diarios de sus viajes marítimos y terrestres (1810-1817).
·                     "Destino de criaturas" III: Diarios de sus viajes marítimos y terrestres (1818-1819).
·                     Historia de la erección de la catedral de La Laguna.
·                     Descripción del volcán que reventó en Lanzarote en 1824.
·                     Constituciones para el Colegio de la Sagrada Familia a erigir en La Laguna (1826).
·                     Descripción del cementerio de La Mantanza (1828).
·                     Demostraciones públicas de La Laguna por la proclamación de Isabel II (1833).
·                     Comisión del obispo y cabildo de Tenerife para sostener en la corte su catedral (1837).
·                     Observaciones sobre el ceremonial de la catedral de Sevilla (1838).
·                     Agudezas andaluzas presenciadas por Pereira en Sevilla (1838).
·                     Ruinas ocasionadas en Tenerife por el aluvión del 7 de noviembre de 1826.
·                     Agudezas, chistes y sandeces de algunos canarios (1844).
·                     Historia de Tegueste (1855).
·                     Biografía del canónigo Isidro Quintero.
·                     Colección de escudos de armas de algunos apellidos de pobladores de Canarias.
·                     Continuación de los escritores canarios, apéndice a la obra de Viera.
·                     Descripción latina de un monstruo dado a luz en Arequipa en 1802.
·                     Descripción de Tiabaya, curato de Arequipa, con láminas.
·                     Continuación del catálogo de obispos de Canarias formado por Viera.
·                     Colección de retratos de canarios ilustres, con sus biografías.
·                     Novena del glorioso San Marcos, patrón de Tegueste.
·                     Panegíricos varios.
·                     Noticias de varios canarios ilustres de los que no hay retratos.
b) Impresos:
·                     Noticia del entierro de don Pedro Bencomo, primer deán de la cat. de Tenerife (1831).
·                     Oración funebre por la traslación de los restos del deán Bencomo a la catedral (1833).
·                     Oración fúnebre por don Vicente Román, obispo de Dan=Sara auxiliar de Canarias y comisionado apostólico y regio para la erección de la catedral de La Laguna (1835).
·                     Novena a Ntra. Sra. de Los Remedios, patrona de la cat. de La Laguna (1837).
·                     Noticia del traslado de los restos de don Cristóbal Bencomo, obispo de Heraclea, maestro y confesor de Fernando VII, desde la cat. de Sevilla a la de La Laguna (1838).
·                     Vida y virtudes de D. Cristóbal Bencomo, ob. de Heraclea natural de La Laguna (1839).
·                     Descripción artística e histórica de la catedral de La Laguna (1840).
·                     Discurso a los feligreses de Tegueste por su párroco, al bendecir su cementerio (1851).
·                     Relación de dibujos de Pereira, publicada por M. Marrero y E.González (s.a.).


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