martes, 21 de octubre de 2014

RETAZOS DE CULTURA GUANCHE


Según el Dr. D. Juan Bethencourt Alfonso en: Historia del Pueblo Guanche
Tomo II, Edición Anotada por Manuel A. Fariña González.

Es indudable que en la historiografía canaria existe un antes y un después de la publicación de la magna obra de D. Juan Bethencourt. La sociedad canaria tiene una deuda de gratitud contraída con el librero y editor D. Francisco Lemus, quien asumió el  riesgo económico de su publicación.

Recopilación de E. P. G. R.




PROPIEDAD Y TRIBUTOS
—Cómputo de reses. (Censo). Es tradicional que los propietarios de ganados pagaban un canon anualmente. Una cabeza por cada cierto número o una cría por tantas que nacieran, aunque no he podido averiguar la cifra exacta. Lo que sí se sabe es que por cada res que mataban le daban, un cuarto de carne en La Orotava y un octavo en Güímar, al mencey (Güímar).

—Marcas. Aún se conservan algunas marcas del ganado, desde el tiempo de los guanches (Arafo).

—Zurrón. Cubierta externa del feto del cabrito. Las cabras se los comen si las dejan, pero se los quitan porque les entra diarrea.

—Propiedad del ganado. Todo era del rey como dueño absoluto, por más que cada uno tenía lo suyo. El reparto de la tierra lo hacía el rey, así como señalaba las vueltas del ganado y los puntos de abrevaderos (Barranco Hondo).

—Tributo de reses. Afirma la tradición de que los vasallos pagaban al año una contribución de reses al mencey, proporcionada y fija según el número de cabezas de ganado que cada uno tenía; y que por cada res que se matara había de dar al rey un cuarto de carne. No he podido averiguar si sucedía lo mismo con la cebada, creses, mocanes, mariscos, etc.; cosa que parece natural a menos que la guardia permanente que tenía no fuera dedicada a la labranza y recolección de los frutos, etc., dichos, cuando las necesidades del servicio no los retenía (Güímar).

4. RECOLECCIÓN TERRESTRE:

—Aderno. Este fruto, como del tamaño de un garbanzo, del árbol del mismo nombre, es un frutito parecido a la crese aunque algo mayor.

Éste lo comían fresco y no hacían gofio de él.

—Angoja. (¿Es un mato?). Se come el tallo, cuando es tierno, algo hueco como caña, crudo. Es sabroso; pero amarga la cascara por fuera que tiene como leche.
—Berros. En los manantiales (guisado y crudo).
—Cardo alcancil. El tallo es dulce.

—Creces. Fruto del haya, de sabor rispido, y que, después de seco, lo tuestan y hacen gofio como era costumbre entre los guanches (Tacoronte).

Este frutito del haya, las comían frescas, pasadas y hechas gofio.

Cuando frescas son de sabor astringente. Las pasaban, como reserva para el invierno. Para esto las tendían al sol hasta secarse, removiéndolas de vez en cuando.

Como los higos crían azúcar. Las comían con la pepita.

—Helécho. No las helecheras machos, que destinan a adornar.

Sacaban la raíz; lavaban; después picaban; luego las tostaban y molían para hacer gofio o mejor harina, a fin de confeccionar últimamente las tortas.
—Pan de Helécho. Lo hacían de la raíz del helécho.

—Juncos. Los cogían en el Barranco del Infierno, la Madre del Agua, etc. Los mojaban y luego los ponían a secar. Para usarlos hay que ponerlos antes de remojo. Hay una variedad más delgado, que es el mejor.

Se cogen cuando están granados. Los mojan y ponen al sol para orearlos, y así que están oreados, los dejan curtir a la sombra para que resulten más fuertes.

Los recogían también en el risco de los Juncos, en Teño.

—Licores. Era para los grandes (adultos). Lo sacaban del mocan. Los ponían de remojo en un tarro, luego los secaban etc., hasta tres veces, y luego sacaban el licor.
—La sáquita, fruto del tamaño y color de la guinda; de él sacaban los guanches el licor de sáquita (Taganana).

    Madroños. Era la fruta predilecta del rey de Güímar. En el barranco de Badajoz, hay aún muchos madroñeras por el pico de Acre.
     
Parece había (establecida) por el Estado una época en que disponía comerlos, para evitar calenturas.

Son como del tamaño de nueces, de figura y con semilla como la del tomate, y del color y con piquitos como la cresta de gallo.

Hay que comerlos maduros y muy en sazón para evitar calenturas.
No pueden pasarse porque se pudren.

—Miel de mocan. La hacían muy bien.

—Norza. (Raíz). La produce una planta parecida a la pantana de Guinea, muere todos los años y vuelve a nacer la rama. La raíz es de 1 a 2 cuartas, cumplida, parecida a una batata larga y del grueso de un duro más o menos. El color, cuando se parte, es blanco, más blanca que la papa; pica en crudo, de sabor soso y la comen asada. La rama se da en otoño; es lo primero que revienta en las primeras aguas. Es buen pasto. Hay mucha en la costa húmeda y sombría, no muy enterrada.

—Repasaya. (Yerba). Comen los tallos tiernos, es sabrosa y fresca. Hay tallos como de dos dedos de grueso: es maciza y jugoso el tallo. Comen hasta el tronco.

—Tabaiba dulce. Fabrican la tabaiba practicando hendiduras en los tallos del arbusto tabaiba dulce para recoger la leche en unos ganiguitos que colocan al efecto (Arona).

—Tacorontía. La raíz es algo redonda, como una cuarta de largo y una muñeca de grueso. Da una rama parecida a la norza.

—Taragontía. Comían y comen la cebolla, que son como el puño. En crudo pican mucho.

Estas cebollas calaban la tierra como un jeme.
Así que las cogían, cavándolas, les quitaban la cubierta o tela mas externa, y después de picarlas muy menudo, las tendían al sol para secarlas. Luego las molían para fabricar la harina.

Cuando querían hacer las tortas de taragontía, sobaban la harina en agua como el pan, para darles seguidamente la forma de tortas y meterlas al tostador u horno.

Estas tortas recuerdan el gusto de la papa.

5. CAZA:

—Caza de aves. Con lazos de cuerdas de juncos o de correas, mando trampas con lajas, y con redes de juncos que por las noches colocaban con el mayor silencio a la entrada de las cuevas donde dormían las aves. Después de colocadas, entraban uno o dos con luces dando gritos para espantarlas y cogerlas al enredarse (Granadilla).

También hay la tradición de que los guanches preparaban con leche de cardón y de tabaiba una pasta llamada hoy liria (liga) ] cazar aves. Con esta pasta untaban pajitas de cerrillos que abandonaban a las orillas de los bebederos o charcas.

También cazaban las aves a pedradas (Barranco Hondo, Candelaria).
—Caza de pardelas (sistema utilizado en el siglo xix pero entronca directamente con épocas más antiguas):

Conocidas, en los riscos, sus casas que llaman cubiles,  son de boca lo más ancha de una tercia, pues no entran en cueva boca mayor; a ciertas (horas) del día, unos palitos que sirven para saber por la noche si está o no dentro, según estén caídos o de  pie. Si están dentro (que por lo regular no hay más de una o dos) emplean dos procedimientos. Uno, hacer fuego en la boca de entrada con tea, y obligar con el humo a que salga la pardela (a veces, se r lian); y las cogen con las manos; y otro, consiste en untar una i con leche de cardón y tabaiba, que se entra en el agujero y le empieza  a pinchar y dar vueltas, hasta que las sacan pegadas de la caña, cacería se hace de 9 a 10 de la noche (Tacoronte).

En Mayo y Junio es la época de coger las pardelas en las cuevas.

6. PESCA:

—Aparejos: Pescaban con anzuelos formados naturalmente la madera y la liña era de juncos.

Los anzuelos los hacían de leña blanca.
Con los juncos hacían cuerdas, redes y hondas.

Hacían correas muy finas de las tripas y otras más bastas de la piel de cabra.

El aparejo lo hacían con cuerda de junco a la que ataban el anzuelo.

Cuerdas o cabos los hacían de juncos hasta para fondear barcos (Hasta hace unos 60 años los utilizaban en el cabotaje).
Los anzuelos los hacían de leña blanca, pescaban con estos anzuelos y liñas hechas de correas.

Hacían anzuelos de espinas (de pescado) y de huesos, así como de los cuernos de las cabras.

—Apatuscos. Pescaban con anzuelos de leña blanca y liñas hechas de correas. También dicen hacían como redes o pandorgas con trenzas de pieles de cabra (Chasna, Vilaflor).
—Fisgas. Las hacían de leña blanca, con las que arponeaban al pez de noche metiéndose en el mar con hachos encendidos para encandilarlos. Sólo tiene uno o dos espichas, con barbada. Para coger cangrejos, pulpos, etc.

—De fisgón. Con una vara de 3 ó 4 varas, llevando fija por un extremo un trozo de tabaiba seca; sobre cuyo pedazo espetan hacia el centro tres espichas de leña blanca de ájeme, que terminan abiertos. ¿Para coger sólo los erizos?
—Pincho de caña. De caña o de otro material, de tamaño similar a \afisga pero sin barbada, y se utilizaba para coger pulpos.

—Redes. Las hacían de junco a manera de gueldera. Hasta el año 60 del siglo pasado, Francisco Javier, de las Socas en San Miguel, pescaba con una. También las pandorgas o redes las hacían con trenzas de correas de cuero de cabra.

—Técnicas de pesca: Embarbascar y pesca en corrales. En La Gomera, como en Tenerife, embarbascaban los charcos con leche de cardón y de tabaiba salvaje.

Entre los charcos en donde embarbascaban conocemos los siguientes: el Charco de La Caleta, el del Becerro, y el de Diego Hernández, en Adeje; el del Vidrio, del Clavito, del Cardoso, de Punta Negra, de la Carrera y el de la Laja de Gregorio, en la jurisdicción de Guía; Charco del Marqués, Charco de los de Adeje, de la Carnada, del Cabezo, del Lino, de las Gallinas y de los del Valle, en el pueblo de Arona; Charco en Abaes, en la caleta del Ganado, en la caleta del Agua, y en la caleta del Cagao, del antiguo reino de Abona. (Unos estaban destinados a embarbascar y otros a pescar en corrales, o a ambos usos indistintamente).

La pesca por medio de corrales consistía, como lo indica su nombre, en hacer en ciertos puntos de la ribera corrales de piedra se como 1 a 1 1/2 metros de alto, con la boca mirando hacia la parte mar por donde acostumbra a recalar el pez.

Cuando comienza a descabezar el mar, es decir, al iniciarse el flujo o descenso de la marea, uno o más hombres se arrojan al mar lenciosamente y tapian con ahulagas etc., la puerta, y dan comienzo los gritos, palos, etc., para ajoriar al pez hacia el charco y no se sal
Embarbascaban los charcos descubiertos a marea baja poniéndoles leche de cardón (¿trozos?), a fin de coger después los peces aturdidos cuando entraban a marea alta.

Embarbascaban los charcos i leche de cardón, como es tradición en el charco de las Lisas, en 1 Cristianos; y para esto tenían que preparar las paredes nadando y  más tarde al pez para que no se escapara por la puerta   cuando comienza a vaciar (Arona).

Pescar de charco. Esto lo hacen de noche, 1 ó 2 veces al me en los puntos que se prestan de la ribera, que asemejan a una herrad o pequeño golfo, disposición natural que ha de tener el charco o que pueda dar artificialmente con pared seca; dejándoles una boca una vara de ancho, sin que llegue al suelo.

Estos charcos a pleamar, como en el Tablero, la Laja, la Rom etc., en Tacoronte, pueden ofrecer una altura de 2 a 4 varas; a donde acostumbra ir el pez a descansar, en cardume o aisladamente.

Cuando comienza la marea baja, un pescador se dirige silencie mente provisto de la estiva o séase de un haz de arbustos, con que t la boca al charco.

Tan pronto la tapa, varios provistos de hachos de tea se ponía junto a la estiva para espantar a gritos los peces, para que no ganei mar; y cuando ya éste no entra en el charco, arrojan raspas o (¿i pas?) o sea musgos del mar empapados en leche de cardón, para acer mecer al pez, que cogen con fija o a la mano o con cestos. No ent de ordinario (en el agua) por la acción irritante de la leche, especialmente sobre las partes genitales (Tacoronte).

Pescaban de este modo:

1.° Por medio de anzuelos que ataban al extremo de una cuerdade juncos.
2° Arponando (arponeando) al pescado con fisgas de leña blanca, entrando de noche a las orillas del mar con luces cendidas para encandilarlos.

3.° Embarbascando charcos, es decir, poniendo leche de cardón charcos descubiertos a la manera baja, a fin de recoger después los que quedaban aturdidos cuando entraban con la alta marea.

4.° Con redes de juncos a manera de gueldera (Granadilla).

Marisquerías y Pesquerías

—Húrgaos (Burgados} curados. Procuraban mariscar el burgao así que comienza a descabezar el mar o vaciar, porque no estando adherido a la roca es más fácil cogerlo a la mano, en tal abundancia a veces, que un hombre podía reunir hasta una fanega en una sola marea.

Tres almudes de húrgaos con concha, puede rendir un almud de húrgaos curados. El burgao real lo reputaban por más sabroso que el arrechante. Comidos con exceso y bebiendo agua encima, provocan diarreas.

Para mondarlos los pasaban por agua hirviendo, siendo tanto más fácil extraerlos cuanto más pronto lo sometían al agua caliente. Cuando el burgao estaba destinado a ser comido en el acto, le sacaban la carne al primer hervor porque con la carne sale el rabo; pero como este rabo entra en putrefacción al poco tiempo, poniendo en peligro la conservación del marisco, y desaparece cuando se hierve más tiempo, prolongaban la ebullición para prepararlo en conserva o sea el burgao curado.

Después lo tendían al sol hasta secarlo; luego cogían puñados y los estregaban entre las manos para que perdieran el opérculo o escamilla, pasando enseguida a la entretenida maniobra de mondarlos valiéndose de una espina de pescado. Ya mondados los húrgaos, de nuevo los tendían al sol hasta que estuvieran bien secos, y así curados, los guardaban durante meses.

—Hígado de Quelmes. Acabado de extraerlo del pez se lo comían crudo amasado con gofio, a modo de ratera. Lo comían así para purgarse.

—Hígado de Vieja. Guisados los comían revueltos con gofio y en caldos.

—Lapas. Además de comerlas crudas, recién cogidas, ¿y guisadas?, las conservaban por muchos meses por el procedimiento que hoy se llama de lapa curada.

Existían sitios muy abundantes de lapas, al extremo que en las dos mareas del día dos personas podían coger una fanega —una delante desprendiéndolas con arrejada de madera y otra detrás recogiéndolas— que rendían 4 almudes de lapas curadas.

Aprovechaban ciertas épocas del año las grandes mareas para organizar la cogida colectiva del marisco bajo la dirección del Estado y preparar esta reserva alimenticia con destino a los depósitos públicos. Por esto se encuentran aún los restos, en enormes cantidades, en varios puntos. A medida que los mariscadores se apoderaban del marisco, otros los transportaban a determinados lugares; donde habían encargados de separar la carne de la concha para curarla.

Dos procedimientos empleban para separar la pulpa:

—Se reducía el uno a introducir, por 8010 segundos en una vasija con agua hirviendo, cestitos llenos de lapas. En el acto queda separada la carne de la concha. Por este procedimiento la lapa se pone dura y pierde sabor.

—Por el otro sistema es más engorrosa la operación pero conserva el marisco mejor sus propiedades de gusto, aunque en ambos casos quedan como cuero. Consistía en mondar la lapa a la mano, una tras otra, valiéndose de una cascara de lapa a guisa de palanca. Así que tenían como dos tercios de una cesta, ponían dentro de ésta unos cuantos calladitos o pequeños cantos rodados, y metida en un charco del mar, pisoteaba las lapas un hombre hasta dejarlas limpias haciéndolas perder la parte negra del vientre, que es lo que da mal gusto y hace daño.

Preparadas las lapas por uno u otro procedimiento las tendían sobre lajas del mar, unas cuantas horas, hasta que estando bien secas las engraneraban metidas en especies de espuertas, balayas o taños.

—Manió. Lo solían hacer con los meros grandes y gordos. Después de cogidos los dejaban sin aliñar hasta que daban señales de haber entrado en descomposición. No bien olían mal, le quitaban la cabeza, menudo y espinazo y lo guisaban hasta que desaparecía toda la carne.

Lo comían con gofio escaldado y bebían el caldo.
—Pescado jareado. Jareaban la vieja, cazones, morenas, etc. El cazón, que era como el bacalao de los guanches, les duraba seis, ocho y más meses.

Abrían el pescado por el vientre de la cabeza a la cola, limpiaban y lañaban con sajas profundas a lo largo, que rellenaban de sal. Luego lo cerraban y apilaban dentro de cestos hasta el siguiente día, en que lo lavaban perfectamente en el mar y después lo tendían sobre las lajas noche y día hasta que estuviera en condiciones de ser guardado. Cuidaban meter piedrecitas entre las lañas más hondas, para que secara bien.

El pescado jareado quedaba tieso, duro y seco como madera; y lo conservaban muchísimo tiempo.

Cuando lo mojaba la garúa (llovizna) lo consumían antes (Lan-zarote).

—Pescado salado. Ha sorprendido a algunos cómo la industria de la salazón del pescado, tal como la realizan en la actualidad nuestros costeros en la costa fronteriza de África, nació desde los primeros días de la conquista en el Archipiélago; por no parar mientes en que la referida industria existía entre nuestros aborígenes, aunque en escala más reducida y con medios primitivos y rudimentarios. Por manera que el fenómeno inexplicable se redujo a una sencilla transformación, al cambio de la tahona, la naca y féines por cuchillos de acero; a los artefactos y aparejos de juncos, correas, orijama, hueso y leñablanca por otros metálicos; a los troncos de tabaiba fondeados con pótalas de piedra, a los charcos intoxicados con el jugo de euphorbias y al jilme-ro, por buques, lanchas y pescadores de alta mar.

De modo que los procedimientos en la salazón del pescado de hoy son los mismos que ayer con ligerísimas diferencias —que ya existían entre las islas— aunque con un cambio radical en los medios empleados y en la magnitud de la industria.
Para la salazón del pescado esperaban a Marzo y Abril, que es el tiempo de la arribada del pescado emigrante.

7. RECOLECCIÓN MARINA:

—Mariscar. Como a unos sesenta metros de la desembocadura del barranco de la Síbora, próximo al pueblo de Los Silos se halla la Baja del Barranco; a donde se dirigían a nado los guanches de aquel tagoro a pescar y a coger mariscos.

También iban los pescadores nadando desde tierra firme a la Baja de Acentejo, a la de Adeje, y a los Roques de Anaga; como así mismo salvaban a nado una distancia de uno a uno y medio kilómetros, que puede haber entre la Punta de Guamojete a Las Vueltillas, en las riberas de Barranco Hondo en Candelaria.

Se sabe iban a mariscar a la cueva de Roma, en el Risco de Los Cristinos, que no es accesible por tierra sino arrojándose al mar por el Tancón, para ganar la cueva, donde abunda y es muy sabroso el marisco. La cueva está separada del Tancón más de 50 metros, habiendo por dicho lugar un mar de mucho fondo (Arona).

—Salinas. Como no escapó a la república guanchinesca el venero de riqueza que le ofrecía el mar bajo diferentes puntos de vista estableció la administración comunal con la misma severidad reglamentaria que los demás ramos de la vida nacional, para explotarla ordenadamente con el mayor provecho.
Contaba para esto con personal adiestrado en los tagoros costeños, sometidos a la más rigurosa vigilancia de hombres inteligentes que disponían todas las operaciones según los tiempos, las estaciones, épocas de recaladas, recolección de sal, conservas, salazón, etc. Los rendimientos que obtenían del mar contribuían poderosamente al mantenimiento de la república, sin embargo de los medios rudimentarios y aparejos groseros de que podían echar mano. ¡Verdad es que nuestras riberas eran abundantísimas en peces y mariscos! Según la tradición, en algunos reinos había épocas en que a pesar de consumir todos bastante pescado, depositaban cantidades de consideración, en estado de conserva, en los almacenes públicos.

Recogían la sal del mar y salaban las carnes para conservarlas (Güímar).

Aprovechaban el marisco pasado (lapas y húrgaos).

—Viveros. (Donde guardan las bogas para carnada, dentro del agua). Hacen cestos de corteza de cardón y leña blanca. Estos duran y pueden utilizarse para muchos fines.
No así los fabricados con tabaiba dulce, que no sirven para viveros, porque al secarse se estallan (Arona).



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