martes, 18 de agosto de 2015

EFEMÉRIDES DE LA NACIÓN CANARIA



UNA HISTORIA RESUMIDA DE CANARIAS
PERIODO COLONIAL 1501-1600
DECADA 1551-1560

CAPITULO IX-VII




Eduardo Pedro García Rodríguez


1553 Enero 30.
Carta del Príncipe al Cabildo de Tenerife en que expresa que á causa de los navíos armados que tienen en la mar los franceses y de otros de los infieles para causar daños en los territorios de S.M. especialmente en estas islas, convenía en ellas estar prevenidos para lo que pudiera ofrecer acudiendo á socorrer á la isla de Canaria, si fuese atacada, ó á cualquiera otra comarcana en igual caso, en Madrid á 30 de Enero de 1553, folio 162.

1553 abril 17.

PETICIÓN  DE JUAN BATISTA AMORETO DE TIERRAS EN EL BARRANCO DE AGUIMES,  EN   LOS MONDRAGONES.
Las Palmas. 
“…Muy  magnificos  señores,  Juan  Batista Amoreto  beso  las manos  de vuestras señorias y les suplica le hagan  merçed  de seys hanegadas  de sen- bradura  que son en el barranco  de Agüimes en Los Mondragones  dentro  de la serca que al presente esta hecha, que lindan por la cabesada de arriba con tierra  de Juan Martin  de Bilbao e por  abaxo tierras  de Sancho  Martin  de Cadiz e por  los lados de arriba  tierras de Bartolome  de Tovilleja y Anton Arnao y por abaxo tierras de Martin de Mireles, las quales estan hiermas  e las quiere aprovechar  para el bien y serviçio de su magestad, pide y suplica a vuestras señorias le manden  dar titulo y mercéd dellas para que sean suya para siempre jamas y en ello le hagan merçed  cuyo magnifico ayuntamien- to nuestro  señor aumente.

En cabildo XVII dias de Abril de IVDLIII  años.
E por  los dichos  señores  gobernador y regidores  vista dixeron  que daban  e dieron  al dicho  Juan Batista Amoreto  las dichas  tierras  que pide e donde  las pide sin perjuizio  de terçero  e con las condiçiones de las tier- ras de sequero  e que las aproveche  dentro de año e que se le de titulo  del- las.” .”   (Rafael Sánchez Valerón y Felipe Enrique  Martín Santiago. Génesis y desarrollo del Ingenio durante el siglo XVI)


1553 Mayo 26. El criollo Bartolomé Cairasco de Figueroa recibe su nombramiento como canónigo de la Catedral de Canarias, cuando tenía solamente quince años de edad. Su primera misa del rito de la secta católica la celebraría en Agaete en el año de 1572. Pero Cairasco pasó a nuestra historia colonial como poeta y escritor, autor de «Templo Militante», dedicado al príncipe de Asturias, y «Vida de Jesús», entre otras, y tradujo la «Jerusalen libertada», de Torcuato Tasso. Durante la invasión holandesa de Van der Doez, gestionó y logró que respetara el edificio de la Catedral, aunque fue saqueada. Numerosos edificios importantes fueron destruidos antes de que las milicias canarias lograran expulsarlos de la isla. Durante la alcaldía de Felipe Massieu, se encargó su busto en mármol de Carrara que se colocó en la plaza que lleva el nombre de Cairasco.

1553 junio 2.
SOBRE UN CAMINO POR DONDE  TRAEN LEÑA PARA EL INGENIO.  Las Palmas. 
“Muy magnificos señores, Martin de Mireles vezino desta ysla en la çibdad de Telde beso las manos de vuestras señorias y les suplico me hagan merçed  de dar un pedaço  de tierras de sequero  en el termino  de Agüimes en que podra aver doze cayzes de tierra montuosas  que no se an labrado ni edificado que fuiyan por linderos un camino que sale de Agüimes por detrás del pueblo  que es por donde  se suven y traen lena para el yngenio y desde el dicho camino  para abaxo por la alda de huna  montana  que esta tras del dicho pueblo  todo quanto  pudiere  cavalgar una asequia que se puede  sacar para las regar y por alli abaxo azia la mar, asta donde  alcansare, qui por la parte de abaxo tiene por lindero el barranquillo  que sale del Ancon y tierras de mi el dicho Martin de Myreles, las quales les pido para las edificar y labrar y en ello vuesa señoria ara seviçio a Dios nuestro  señor y a mi merçed quiyo muy magnifico ayuntamiento Dios nuestro  señor aumente  por largos tienpos.

E  por  los  dichos  señores  gobernador e  regidores  vista dixeron  que davan  e dieron  al dicho  Martyn  de  Myreles dos  cafizes sin  perjuizio  de terçero e con la condiçion  sy otro tuviese titulo o lo mostrase dellas no sea del por que ya esta servido. E asy se lo mandaron asentar e que de ello se le de titulo  e con que las aproveche  dentro  de año e dia e con las otras condiçiones  con que se le dan las dichas tierras de sequero.”  (Rafael Sánchez Valerón y Felipe Enrique  Martín Santiago. Génesis y desarrollo del Ingenio durante el siglo XVI)

1553 Junio 16.
Don Carlos y doña Juana ordenaban a los gobernadores, a petición del mensajero Juan de la Rosa, que no pusiesen obstáculos a la marcha de los navíos que vinieran a comerciar a las islas Canarias.

En orden al comercio exterior, merecen también ser mencionadas las Reales cédulas de 18 de noviembre de 1547 y 7 de septiembre de 1549, por las que se autorizaba el comercio de vinos con el extranjero, lo que quizás, pruebe que hasta entonces estaba prohibida su exportación para atender al mercado de las Indias, cosa que ahora no pr-eocupaba, dado el portentoso desarrollo de los viñedos. De todas maneras, el comercio de vinos con los países europeos es anterior a esta fecha, y de ser cierta la prohibición, éste se realizó de manera clandestina.

Un documento del Archivo de Indias concerniente al año 1541: el informe enviado a la Casa de Contratación por el maestre Francisco Sánchez, llegado a Santa Cruz de La Palma el 2 de septiembre, nos revela cómo se hallaban en aquel momento cargando vinos varios navíos franceses, y cómo, tuvo relación de que otras ocho embarcaciones realizaban igual faena en Gran Canaria. (En: A. Rumeu de Armas, 1991)

1553 Julio, durante el transcurso de la Campaña de Lorena entre Francia y España, un famoso corsario galo de nombre Sombreuil, conocido en las crónicas Españolas como  Pie de Palo, al frente de 11 buques y unos 500 hombres se dirigió hacia las costas Canarias.

La fama que había adquirido el Puerto de Tedote n Benahuare (Santa Cruz de La Palma) por su comercio con América y los Puertos de Flandes, los ricos productos y el caudal de sus principales habitantes, atrajeron las miradas y el interés del atrevido Corsario. Un día del mes de Julio, fondeo su flotilla ante la ciudad, lanzo algunos cañonazos y desembarco sin oposición en aquellas playas por haber huido la población hacia las alturas cercanas y carecer la plaza de defensas adecuadas y aun de artillería.
Durante diez días "Pata de palo" asola y destruye cuanto encuentra a su paso. Se produjo la pérdida total de toda la documentación municipal y notarial que se había generado hasta ese momento, creando un gran vacío histórico. Escribe Rumeu: "pronto imponentes columnas de humo anunciaron a sus moradores que huían despavoridos, que la ciudad era destruida por el fuego en sus monumentos más notables. La iglesia parroquial de El Salvador, los conventos, ermitas, casas consistoriales, Casa del Adelantado, archivos públicos, y buen número de casas particulares fueron pasto de las llamas. Las pérdidas por el incendio se evaluaron después de la evacuación en 300.000 ducados".
Al día siguiente, recuperados los hawaras del pánico inicial, se reunieron en las alturas que rodeaban la capital las Milicias y de forma resuelta atacaron a los franceses aun ocupados en el saqueo de la población. No teniendo ya Pie de Palo mayor interés, dio la orden de retirada hacia sus barcos, no sin antes perder algunos hombres en el combate.

Este ataque hizo ver a la Corona de la metrópoli lo desprotegido que se hallaba el Tercer Puerto del Imperio en la colonia en volumen de comercio tras Amberes y Sevilla, sin una guarnición ni fortaleza importante que lo guardara. Al año siguiente llegaron a la Isla, arcabuces, alabardas y picas, junto con otros pertrechos y alguna artillería. Se estableció una guarnición fija de Milicias con 60 soldados y se concluyo la construcción del Baluarte de Santa Catalina, contribuyendo la corona española con la mitad de los gastos presupuestados. Asimismo se anularon las contribuciones durante 10 años para con su importe reedificar las Casas del Cabildo y otros edificios principales.

Los años que siguieron, si bien no se produjeron grandes ataques, si fue constante el apresamiento de naves o la interrupción del tráfico marítimo. Los Hugonotes de la Rochela sobre todo, acudían a las costas Canarias con la esperanza de apresar a los barcos que con ricos cargamentos provenían del Golfo de Méjico rumbo a Cádiz o Sevilla.

1553 Julio 8.  Domingo ocho dias del mes de julio del año de mill y quinientos y cinquenta y tres bautize yo a.... hijo de benito domingnes y de ana min su legitima muger fueron padrinos juo Rodrigues y po yanes fueron madrinas leonor Rodrigues y catalina alfonso y porqe es de edad lo firme de mi nombre pedro min [rúbrica] 
  [Acta 2ª]:
 1553 Julio 8. domingo ocho dias del mes de julio del ano sobre dicho bautize yo po min a maria hija de fernando y de ana lopz su legitima muger fueron padrinos po yanes y jno gutierres fueron madrinas leonor Rodrigues y frnca Rodrigues y lo firme de mi nombre 
  pedro min [rúbrica] 
  [Acta 3ª]
  1553 Julio 9.   lunes nueve dias del mes de lulio ano sobre dicho fue bautizado po hijo de etvigo sales y de ysabel hernandes su legitima muger fueron padrinos po rrodrigues y juo rrodrigues y maria gutierres y marina perdomo fueron madrinas y lo firme de mi nombre pero min [rúbrica]

1553 julio 21.

El ataque pirata de Pata de Palo a Santa Cruz de La Palma

François LeClerc, normando de nacimiento, era un viejo conocido de los mares de la época. Había tomado parte en numerosas expediciones a las Indias, donde había adquirido singular nombre y prestigio. Su apodo de Pata de Palo lo adquirió en 1549 mientras luchaba con los ingleses en la batalla de Guernsey, donde perdió una de sus piernas y quedó malherido en el brazo, a pesar de lo cual siguió al servicio del rey de Francia, quien le premió por sus servicios a la corona en 1551 concediéndole un privilegio de nobleza. En 1553, el rey le dio la orden de emprender una expedición a las Antillas, concediéndole el mando una flota real para que hiciera daño a las posesiones españolas al otro lado del océano.
Corría el mes de Julio de 1553. La flota de navíos franceses, compuestos por 6 navíos gruesos, cuatro pataches (una embarcación ligera de guerra) y 800 hombres de desembarco (a lo que había que sumarle la tripulación), capitaneados por el mencionado capitán François LeClerc, volvía de las Antillas Españolas tras unos meses de pillaje en los que nadie había podido hacerle frente. Su destino final era Francia, pero no quería llegar a casa sin antes parar en las, por aquel entonces, ricas y florecientes Islas Canarias, con el fin de hacer una buena presa final y volver a casa con buen sabor de boca.
A la altura del cabo de Aguer, frente a las actuales costas marroquíes, LeClerc descubrió una flota genovesa que navegaba con las bodegas repletas de azúcar. Algunos navíos pudieron escapar de las garras del francés, que huyeron regresando a Canarias, pero la mayor de las naves, una enorme carraca, fue capturada con todo su cargamento. Este barco vino a aumentar las fuerzas del corsario francés, pues era mayor que sus galeones y estaba artillada con 30 magníficos cañones. Así, con las fuerzas aumentadas, la flota enemiga giró en dirección a las islas, quizá en persecución de los navíos mercantes huídos, presentándose primeramente frente a las costas de Fuerteventura, en las que buscó abrigo, pero con el Puerto de La Luz, en Las Palmas, en mente. El rumor popular había avisado de que el corsario francés venía en busca de unas urcas flamencas, así que nadie se extrañó cuando una mañana apareció la flota enemiga frente al puerto grancanario. Descubierto por las atalayas de La Isleta, todas las compañías de la isla se congregaron en la caleta de Santa Catalina al mando de su capitán General y su Gobernador de la Isla. Sin embargo, los fuertes vientos reinantes impidieron el desembarco, pese al continuado esfuerzo de los corsarios durante más de diez días.
Hartos, decidieron poner rumbo hacia Tenerife, desembarcando primero en las cosas de Adeje, donde apenas consiguieron nada al estar aquella zona muy despoblada, y posteriormente acechando el puerto de Garachico, por aquel tiempo muy famoso por su riqueza y activo comercio. No obstante, no se sabe muy bien por qué, los piratas ignoraron aquel puerto, y tomaron rumbo noroeste, presentándose de improviso en la bahía de Santa Cruz de La Palma.

El Ataque

Santa Cruz de La Palma era, por aquel entonces, una ciudad muy rica y opulenta, y el puerto preferido para el comercio con las Indias. Era el tercer puerto en importancia del Imperio Español y parada obligada de todo barco mercante que se preciara. Sus vinos y azúcares le habían dado singular fama y renombre, viéndose muy pronto poblada por ricos comerciantes de Flandes, Portugal y Francia, y su puerto estaba concurridísimo de navíos flamencos y genoveses.
Lamentablemente, la ciudad se encontraba indefensa, pues más allá de la pequeña torre de San Miguel, que protegía el desembarcadero del puerto, el resto de la costa se encontraba abierta a un posible desembarco, fácil de realizar por los extremos de la bahía.
El viernes 21 de Julio de 1553, hacia el mediodía, la armada francesa de LeClerc se presentó ante la bahía de Santa Cruz de La Palma en son de guerra, disparando sus cañones. Los palmeros acudieron al puerto con sus armas, aunque confiados de que en el peor de los casos, aquellos piratas iban a la captura de las urcas y carabelas cargadas de azúcar que había venido huyendo desde el cabo de Aguer y que había buscado refugio en el puerto palmero.
Cuál fue sus sorpresa cuando vieron a los piratas llenar las lanchas de desembarco de numerosa infantería cubierta de morrión y coselete, y llevando arcabuces y lanzas. Las barcas, protegidas por los disparos de la flota, y llevando como general a Jacques de Sores, despiadado segundo de LeClerc, sorprendieron a los defensores con una rara maniobra, torciendo su rumbo cuando se acercaban al embarcadero donde estaban los isleños apostados y dirigiéndose al extremo noreste de la población, en la actual Explanada, cerca del Barco de La Virgen, o barrio del Cabo por aquel entonces.
La maniobra y posterior desembarco y toma de puntos estratégicos, todo realizado con gran rapidez, dejaba ver que los franceses estaban asesorados por un buen conocedor del terreno, que no era otro que un comerciante francés cuyo nombre se ignora y que había residido por largo tiempo en la ciudad.
Los 300 arcabuceros y 200 piqueros apenas encontraron resistencia por parte de los palmeros. Desordenados y confusos, faltos de un jefe militar que les llevase a la lucha y gobernados por un letrado inexperto, el Licenciado Arguijo (Que para que se hagan una idea de este personaje, del comandante Jacques de Sores solo atinó a decir “que era un hombre muy valiente y diestro”). cada cual se buscó la vida por su cuenta, mirando por sus propiedades y bienes lo mejor que pudieron. La evacuación de la ciudad fue un completo desastre, y fueron cautivas muchas familias de la primera nobleza de la isla.
En apenas media hora Santa Cruz de La Palma había pasado a manos de los soldados franceses, comandados por un François LeClerc que nunca quiso bajar de su barco, desde donde se dedicó a dictar las órdenes del saqueo y destrucción de la ciudad.
Dicha destrucción fue llevada a cabo por Sores con su pericia acostumbrada. No hubo casa que no sintiese su garra, en especial las casas de Dios, las cuales profanó sin despeinarse, pues Jacques de Sores era un ferviente hugonote y tenía un especial odio a lo católico. Pronto las columnas de humo se elevaron sobre las que hasta hacía unos instantes eran magníficas casas de mercaderes y suntuosas iglesias y edificios civiles. La iglesia del Salvador, los conventos, ermitas, Casas Consistoriales, casa del Adelantado, archivos públicos y un buen número de casas particulares fueron pasto de las llamas. Los siguientes días los emplearon los soldados en registrar casa por casa, con la idea de que el pillaje aumentase sin descanso. La riqueza de La Palma era famosa por aquel entonces, y sus moradores apenas pudieron cargar con alguna alhaja de valor en su huída al monte. El montante total de las pérdidas, entre edificios, dinero y joyas, se calcula en torno a los 800.000 ducados de la época. Una salvajada, si me permiten la expresión.
El Licenciado Arguijo, pasados los días, estableció su cuartel general en Tazacorte y envió apremiantes demandas de auxilio al gobernador de Tenerife, sin decidirse por su cuenta a realizar un contraataque con los hombres que había reunido al otro lado de la isla, entre huidos y habitantes de otras partes de la isla, por, entre otras cosas, los ruegos de los familiares de los cautivos que temían represalias hacia los suyos. Por su parte, los franceses no tenían intención de abandonar la ciudad salvo que pagaran un rescate por ella, que habían valorado en 30.000 ducados. Por supuesto, Arguijo no era capaz de reunir tan elevada suma, por lo que decidió ni tan siquiera contestar a LeClerc y Sores.
Llegaron a juntarse un grupo de 1000 hombres en Tazacorte dispuestos a iniciar el ataque a Santa Cruz de La Palma, pero fueron detenidos y obligados a dispersarse por el teniente local hasta que no fueran liberadas diversas familias locales.

La expulsión de los Franceses. ¿Verdad o Leyenda?

Y aquí es donde la historia gana encanto, cuando llega la hora de que los franceses se marchen de la ciudad que han reducido a cenizas. La versión oficial dice que el 30 de Julio, con el ofrecimiento de 5.000 ducados que habían reunido las familias pudientes refugiadas en Tazacorte, y confiado Jacques de Sores en que había agotado los recursos y posibilidades de la isla, decidió abandonarla con sus hombres, no sin antes prender fuego a lo poco que quedaba en pie. Se embarcaron hacia rumbo desconocido, con las bodegas llenas del botín capturado y llevándose cautivas a numerosas familias isleñas.
Hasta aquí la versión oficial. Pero la tradición oral tiene una mejor, con tintes de leyenda, que a los palmeros nos gusta creer, y es la siguiente:

En Garafía, teniendo noticias de la invasión francesa, se unieron un grupo de vecinos capitaneados por Baltasar Martín, pastor local de gran altura y valentía, que los llevó a través del camino de la cumbre hasta la capital. Baltasar Martín tenía un lema: “La bala pasa, pero el palo envasa”, dando a entender que la bala puede esquivarse, pero que el golpe contundente siempre acierta. Y vaya si acertó. Los piratas franceses, embriagados por el vino y en pleno éxtasis del saqueo, se vieron sorprendidos por un ejército de rudos garafianos a los que se habían sumado parte de los capitalinos huidos. Los arcabuces, lentos de cargar, poco pudieron hacer contra las lanzas pastoriles y los garrotes de los locales que arremetieron contra ellos. Los invasores, desconcertados y asustados, huyeron como pudieron hacia las lanchas de desembarco y desde ellas a los navíos, para no volver jamás a las costas palmeras.
El célebre Baltasar Martín, perdida la característica montera y ensangrentado por la refriega, se dirigió entonces al convento de San Francisco, con el fin de dar gracias a La Virgen de Los Dolores por el triunfo logrado. Pero cual fue su desgracia cuando, desde lo alto del tejado del convento, un fraile, confundiéndolo con un francés que tras la derrota trataba de acogerse a sagrado, le acertó con un ladrillazo en la cabeza, matándolo en el acto.
Así moría el héroe local que había expulsado a los piratas: De un ladrillazo confundido.
Verdad o leyenda, la tradición popular dice que el caudillo garafiano descansa en la misma puerta del convento que nunca logró traspasar, y son muchos los rincones de la isla que recuerdan a este personaje, real o ficticio, en forma de calles, plazas e incluso estatuas.
Esta es la historia del primer ataque pirata a Santa Cruz de La Palma. Posteriormente, la ciudad se recuperó y volvió a su esplendor anterior, y el recuerdo de la masacre obligó a los gobernadores a construir múltiples defensas a lo largo de la costa santacrucera en años venideros, que sirvieron para defenderse e incluso humillar otros ataques enemigos, como el de Francis Drake en 1585, pero esa, palmerófilos míos, es otra historia.
Fuente: Adaptación libre del relato de Antonio Rumeu de Armas en Canarias y El Atlántico, Piratería y ataques navales.
(Tomado de:


No hay comentarios:

Publicar un comentario