sábado, 26 de julio de 2014

JOSE PLACIDO SANSÓN


1875 febrero 25.
A causa de una pleuro-neumonía doble, falleció en Madrid  José Plácido Sansón y Grandy. No otorgó testamento y fue sepultado en la Sacramental de San Lorenzo.

GALERÍA CANARIA DE RETRATOS: JOSÉ PLÁCIDO SANSÓN Y GRANDY [1815-1875]

            Entre los viejos papeles de la biblioteca de un amigo, sujeto muy aficionado a las cosas de la tierra canaria, hallé la autobiografía inédita de José Plácido Sansón, la cual quiero reproducir en este libro. La obra de referencia, escrita de puño y letra de José Plácido, forma un grueso volumen con el título de Apuntes biográficos. De este curioso manuscrito reproduzco los apuntes que abarcan hasta el año 1846, año en que termina la forma autobiográfica del libro. Desde el año 1846 en adelante Sansón adopta en su obra la forma de diario. Con estas líneas comienza Sebastián Padrón Acosta el capítulo dedicado a José Plácido Sansón Grandy en su obra Poetas canarios de los siglos XIX y XX, publicada después del fallecimiento del autor [1], en edición al cuidado del profesor Sebastián de la Nuez Caballero.
¡Cuántas veces nos habremos preguntado quién sería el feliz propietario del grueso volumen! Con los escasos medios de reproducción de originales de que disponía el culto investigador y la premura a que se veía obligado para entregar a tiempo estos trabajos, inicialmente elaborados como guiones radiofónicos, ¡cuántas enjundiosas lagunas quedarán por estudiar, si es que aún se conserva el citado manuscrito autobiográfico!

La mayor parte de la obra de nuestros escritores decimonónicos permanece en el olvido. Sus rostros y biografías nos son, frecuentemente, desconocidos. La abulia, el abandono y, particularmente, el miedo al contagio de la terrible tuberculosis pulmonar, el mal del siglo que padecieron tantos de ellos, o sus familiares más cercanos hasta bien entrada la centuria siguiente, hicieron que desapareciera una parte cuantiosa de la documentación, que fue entregada preventivamente a las llamas, por consejo de los facultativos como medida higiénica para evitar la propagación de la enfermedad. Los médicos, ante la creencia común de la pervivencia de los microbios en el papel y la ropa, llegaron a divulgar en la prensa estadísticas que cuantificaban las posibilidades de transmisión calculando el riesgo por centímetros cuadrados de superficie que hubiera estado en contacto con el paciente. Libros y manuscritos fueron las víctimas predilectas de esta universal hoguera, especialmente si el enfermo de tisis compartía la costumbre generalizada de humedecer el índice con saliva para pasar las hojas.

 Al incluir en esta Galería el retrato de Andrés Avelino de Orihuela [2], anunciábamos como próxima la publicación de los de José Plácido Sansón y Grandy y Ricardo Murphy y Meade, únicos poetas canarios que figuran en su Tesoro de los poetas españoles y americanos del siglo XIX; escogida colección sobre las composiciones más selectas que se han escrito en verso castellano desde el año 1800, impreso en Madrid en 1849.
    Lamentablemente, la lámina litografiada que representa a José Plácido Sansón y Grandy de busto, carece de los méritos que destacábamos en la espléndida estampa que Vallejo y Galeazo realizara de Orihuela. Todo lo que en aquella es maestría y soltura, es en ésta apocamiento y titubeo de principiante. Unas iniciales ilegibles, situadas a la derecha de la imagen, ocultan el nombre del inexperto operario que la realizó, a quien no nos atrevemos a llamar artista. Fue estampada en la Imprenta Bertants, rue Cadet 11, de París. El interés de esta rara pieza estriba precisamente en ser el único retrato conocido hasta ahora del escritor.

***
 La familia Sansón se estableció en la isla de Tenerife a comienzos del siglo XVIII en la persona del alférez de milicias Cristóbal Plácido Sansón, hijo de Olivier Sansón y Marguerite Legoux, ambos originarios del puerto bretón de Saint Malo, que casó en la parroquia de Nuestra Señora de la Concepción de La Orotava, el día 22 de agosto de 1706, con María González Velázquez de Abreu, y fueron terceros abuelos de José Plácido.

José Plácido Froilano Sansón y Grandy, nació el día cuatro y fue bautizado el trece de agosto de 1815 [3], en la parroquia Matriz de Nuestra Señora de la Concepción de Santa Cruz de Tenerife, llevándolo a la pila doña Ángela Caviedes de Grandy, natural de Sevilla, sin duda pariente suya. Su padre, don José Bernardo Sansón Díaz y Freire, regidor decano del ayuntamiento de la citada villa, ostentó la vara de alcalde accidentalmente en 1814, resultando electo para desempeñar dicho cargo en 1818 y 1827 [4]. Don José Sansón, honrado y celoso patricio, pospuso siempre el interés individual al público; desempeñó varias veces la alcaldía, y no descansó hasta que vio adoptado su plan de traer a Santa Cruz las aguas del monte de Aguirre, para lo cual fue necesario cortar el risco. Con este motivo se captó el aprecio del general don Francisco Tomás Morales. Experimentó grandes disgustos, se quedó casi ciego, enfermó de perlesía, y después de arrastrar una existencia de imbécil (¡Él que tan claro entendimiento había poseído!) por espacio de algunos años, falleció el de 1844, olvidado de los amigos… La muerte de mi padre influyó horriblemente en mi mala estrella posterior. ¡Me faltó el apoyo de sus relaciones y de su larga experiencia del mundo! [5].

Don José Sansón había casado en dos ocasiones. La primera, con doña Juana de Grandy y del Castillo, de estirpe italiana [6] y la segunda, con una prima pobre de ésta, doña Magdalena del Castillo y de la Cruz, para lo cual hubo de incoarse un expediente de dispensa por afinidad lícita en segundo grado.

Del matrimonio con doña Juana de Grandy nacieron cuatro hijos, entre ellos el poeta. Del segundo tan sólo una, Mariana Sansón, que emigró a Cuba y vivió en La Habana casada con el canario Roberto Henderson.

No hemos pretendido realizar un estudio biográfico del poeta [7], pero añadiremos que contrajo nupcias el día 20 de mayo 1834, sin el consentimiento de su padre, con su prima María de la Concepción Sansón y Plassón [8], con la que tuvo cuatro hijos. Dos de los varones se llamaron Plácido y, el otro, Andrés. Plácido Sansón y Sansón, el primero de este nombre, falleció a los diecinueve meses de su nacimiento en diciembre de 1835. Andrés murió tísico a los veinticuatro años de edad cuando estudiaba ingeniería. De la hembra, a la que llamaban familiarmente Concha, carecemos de noticias.

Licenciado en Jurisprudencia en 1842, se incorporó al Ilustre Colegio de Abogados de Santa Cruz de Tenerife en 1844 y fue su secretario al año siguiente.

Fiscal interino de Hacienda, fue aprobada su interinidad el 20 de noviembre de 1844. Nombrado en propiedad el 10 de abril de 1848, cesó en 1851.

Oficial de la clase de segundos del Ministerio de la Gobernación en diciembre de 1862, cesó de nuevo por pase a otro destino el 31 de abril de 1869.

Secretario del Gobierno  Civil de Madrid el primero de abril de 1869, fue cesado el 21 de abril de 1871.

Oficial de la clase de segundos de Gobernación el 6 de julio de 1871, quedó cesante por reforma el 4 de agosto inmediato.

Inspector de Hacienda de primera clase el 12 de agosto de 1871, cesó el 13 de marzo del año siguiente. Repuesto el 25 de junio del mismo año, volvió a cesar el 30 de abril de 1873.

Miembro del Cuerpo de Letrados del Ministerio de Hacienda el 11 de abril de 1873, cesó el 8 de noviembre  del mismo año.

Jefe de letrados de la Dirección General del Tesoro el 14 de febrero de 1874.

José Plácido Sansón y Grandy falleció en Madrid, en el piso segundo del número 100 de la calle Mayor, a las once de la noche del día 25 de febrero de 1875, a causa de una pleuro-neumonía doble. No otorgó testamento y fue sepultado en la Sacramental de San Lorenzo.

***

La amistad que unió a Sansón y Orihuela tuvo su inicio en Canarias y, más tarde, se consolidó en la Corte, donde Orihuela hizo de introductor del novel escritor tinerfeño en el ambiente literario madrileño. El propio Sansón da cuenta del camino seguido por esta relación en el siguiente texto publicado en El Museo Canario [9]:

            Emprendí la marcha a Madrid, mi sueño dorado de tanto tiempo. ¡Cuán pronto debía ver desvanecerse aquellas ilusiones!
            Después de instalarme en la calle del Olivo, mi primera salida fue a casa de B…
Hablamos largamente. Me trazó un rápido, pero verídico bosquejo de la Corte, de sus literatos, de las carreras, de los negocios; en fin, comenzó a desbaratar los risueños cálculos de mi fantasía.
            En seguida busqué a Orihuela. Fui a casa del editor del Tesoro de poetas españoles y americanos, y le dejé una tarjeta para aquel con las señas de mi habitación.
            Al otro día vino a verme Orihuela, el cual reanimó mis esperanzas.
            El estaba tronado.   
            A propósito diré unas cuantas palabras de este amigo.
Conocí por vez primera a Orihuela (Andrés Avelino) en Canarias, habiéndole conducido a Santa Cruz de Tenerife el mismo buque que condujo a Patricio Murphy, hermano gemelo de Ricardo. Allí me leyó algunas poesías defectuosísimas. Joven de talento, faltábale sin embargo instrucción, y en Cuba no se había cuidado de aprender la gramática castellana.
            Embarcose a poco para la Península, donde iba a terminar su carrera de jurisprudencia.
            Desde Madrid me escribió, diciéndome que estaba decidido a quemar todos sus versos y a empezar de nuevo, pues conocía el ningún valor de sus trabajos anteriores.
            Relacionose perfectamente, y, una vez recibido el grado, se volvió a La Habana.
            Principió entonces su vida aventurera.
            Allí publicó, en compañía de Teodoro Guerrero, un periódico satírico, El Quita Pesares.
Se casó, y en breve se separó de su mujer, yéndose a los Estados Unidos. Por aquel tiempo creo estuvo también en Veracruz, al frente de un periódico.
            Dotado de una movilidad de carácter extremada, se cansó pronto de Veracruz y de Nueva York, y dirigió el rumbo a España, fijándose últimamente en Madrid.
            Disfrutaba, a su llegada, algunas comodidades; pero, incapaz de economizar, mientras tuvo dinero se dio trato de príncipe. Gastó así, hasta quedarse sin un ochavo.
            Ha empezado varias cosas, y casi todas las ha dejado sin concluir; entre ellas el Tesoro.
            Orihuela me hizo conocer a los literatos y poetas residentes en Madrid. Me presentó a Rubí, Ventura de la Vega, Hartzembusch, Aguilera, García Gutiérrez, Príncipe, Florentino Sanz, Suárez Bravo, Valladares y Garriga, Cañete, Guerra y Orba (D. Aureliano), Gálvez Armandi, Cea, Retes, Barrantes, Diana, Canovas del Castillo, Núñez de Arce, Orgaz, García de Quevedo, Tabuérniga (marqués de), Delmonte, Arnao, etc., etc.

En 1851, encontrándose privado de medios de subsistencia, y sin asomos de obtenerlos, escribió a La Habana; le enviaron unos cuartos, y con este pequeño socorro emprendió la marcha a París. Llevaba, en dos tomos manuscritos, varias poesías de vates españoles y americanos, y con ellos bajo el brazo, acudió a casa de un librero (Mr. Albert), le hizo proposiciones, que fueron aceptadas, y pudo establecerse en aquella capital.

            Pero Orihuela era incapaz de perseverar en la misma situación mucho tiempo. Sólo se publicaron dos tomos de la colección de poetas españoles y americanos del siglo XIX.

            En el segundo figuramos Ricardo Murphy y yo, con notas biográficas y retratos.


Bibliografía de José Plácido Sansón:
           
Ensayo crítico de las obras de Doña María Mercedes Letona de Corral. Imprenta de El Atlante. Santa Cruz de Tenerife. 1838.

            Ensayos literarios. Tomo I. Poesías. 1841. Tomo II. Tragedias. 1841. Tomo III. Poesía. 1841. Imprenta de La Amistad. Santa Cruz de Tenerife.
           
La Familia. Madrid. 1854.
            Ecos del Teide.
            Flores del Alma.
            Anacaona. Tragedia en cinco actos y en prosa.
            Aben-Hamet. Tragedia en tres actos.
            Atreo y Tieste. Tragedia en cinco actos.
            La Noche de San Bartolomé. Drama.
            Zaluca. Drama.
            Rodrigo. Drama.
            Elvira. Drama.
            Una mujer. Drama.
            Hernán Peraza. Drama.
            Tarde y a tiempo. Drama.
            Víctima y Juez. Drama
            Pobre ciego. Comedia.
            Al borde del precipicio. Comedia en prosa.
            Tres para Una. Zarzuela.
            Elvira. Ópera.
            Jimena. Cuadro lírico-dramático.
            Amor conyugal. Cuadro lírico-dramático.
            Herida en el corazón. Novela. 1872.

            Traducciones del inglés:
            Mary Eva.
            Maga de la Montaña.
            Hipatía y Calixta.

            Traducciones del francés:
            Drama del 93, de Dumas.
            Los Miserables. [Fragmento] de Hugo.
(Tomado de: Carlos Gaviño de Franchy en: Gaviño de Franchy Editores)


 NOTAS
[1] PADRÓN ACOSTA, Sebastián: Poetas canarios de los siglos XIX y XX. Edición, prólogo y notas por Sebastián de la Nuez Caballero. Santa Cruz de Tenerife: Aula de Cultura de Tenerife, 1978.
[2] GAVIÑO DE FRANCHY, Carlos: «Galería Canaria de Retratos. Andrés Avelino de Orihuela». Noticias. Número 12. El Museo Canario: Las Palmas de Gran Canaria, 2004.
[3] La Iglesia Católica celebra la festividad del noble patricio gallego San Froilán el día cinco de octubre, el siguiente al del nacimiento del poeta. El presbítero don Antonio Final puso al neófito bajo su protección. Libro XVI, f. 41v. Archivo de la parroquia de Nuestra Señora de la Concepción de Santa Cruz de Tenerife. Parroquia de Nuestra Señora de la Concepción de Santa Cruz de Tenerife, Libro XV, f. 41v.
Padrón Acosta, o sus transcriptores, confundieron la fecha del nacimiento de Sansón en Poetas Canarios de los siglos XIX y XX, donde se lee: 4 de octubre de 1815, p. 10, data que sin embargo figura correctamente en la obra del mismo autor, Retablo Canario del siglo XIX, p. 233.
[4] CIORANESCU, Alejandro. Historia de Santa Cruz de Tenerife. Santa Cruz de Tenerife: Caja General de Ahorros de Canarias, 1998.
[5] Apunte manuscrito del archivo de don Sebastián Padrón Acosta en el que se anotan, dispersos, datos procedentes de los Apuntes biográficos, algunos de los cuales -como los aquí citados- no fueron utilizados en los estudios que dedicó el investigador a la figura de José Plácido Sansón [6]. Doña Juana de Grandy del Castillo [Santa Cruz de Tenerife, 1789-1822] fue fruto del segundo matrimonio del diputado de Abastos don Carlos de Grandy, natural de Venecia, e hijo de don Francisco de Grandy y doña María de la Concepción Calzabara, con doña Rita del Castillo, quien a su vez lo era de don Matías Antonio del Castillo y doña María del Patrocinio Rodríguez. Esta familia nada tenía que ver con otros Grandy radicados en Santa Cruz de Tenerife en la primera mitad del siglo XVIII, descendientes de don Anastasio de Grandy de la Rosa, oriundo de Cádiz, donde había nacido en 1723.
[7] Para la biografía de José Plácido Sansón, vide: PADRÓN ACOSTA, Sebastián. Poetas canarios de los siglos XIX y XX. Edición, prólogo y  notas por Sebastián de la Nuez Caballero. Santa Cruz de Tenerife: Aula de Cultura de Tenerife, 1978.
_____________________. Retablo Canario del siglo XIX. Edición, notas e índices por Marcos G. Martínez. Santa Cruz de Tenerife: Aula de Cultura de Tenerife, 1968.
_____________________. «Lo que escribió de Prim el poeta tinerfeño Plácido Sansón. El Día. Santa Cruz de Tenerife, 21 de octubre de 1944.
SANSÓN GRANDY, José Plácido. «De Canarias a Cádiz. Fragmento de mi libro de memoria». El Museo Canario. Santa Cruz de Tenerife, 27 de mayo de 1868.
________________________. «Apuntes». El Museo Canario. Santa Cruz de Tenerife, 12 de junio de 1868.
________________________. «A propósito de don José Zorrilla. Fragmento de un libro inédito». El Museo Canario. Santa Cruz de Tenerife, 27 de junio de 1868.
________________________. «Apuntes. Fracmento (sic) de mi libro de memoria». El Museo Canario. Santa Cruz de Tenerife, 12 de agosto de 1868.
VV. AA. Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana. Espasa-Calpe: Bilbao-Madrid-Barcelona, 1926.
VIZCAYA CÁRPENTER, Antonio. Tipografía Canaria. Santa Cruz de Tenerife: Instituto de Estudios Canarios, 1964, p. 66.
[8] Expediente de dispensa de parentesco. Legajo número 1038. Documento 28. Archivo Histórico Diocesano de San Cristóbal de La Laguna. Quiero expresar mi agradecimiento a don Miguel Ángel Navarro Mederos, director del archivo, y a la conservadora doña Carmen Luz Hernández González, por cuantas facilidades me ofrecieron a la hora de consultar la documentación relativa a Sansón que se custodia en el mismo. Doña María de la Concepción Sansón y Plasson, fue hija del capitán de Milicias don Rafael Sansón y de doña Catalina Plasson. Libro XII, f. 31v. Parroquia de Nuestra Señora de la Concepción de Santa Cruz de Tenerife.
Plácido Sansón y Sansón, nació el 2 y fue bautizado el 7 de enero de 1839, en la parroquia de la Concepción de Santa Cruz de Tenerife, con los nombres de Plácido, Rafael, Isidoro del Santísimo.
[8 bis] Registro Civil del distrito de Palacio. Libro XX, f. 339, núm 326.
Defunción de María de la Concepción Sansón y Plasson. Registro Civil de Madrid, distrito de la Universidad. Libro XVI de Defunciones, f. 63. Fue inscrito a las 4 de la tarde del día 3 de enero de 1876 y se encontraba domiciliada en la Ronda del Conde Duque, núm. 11. Murió a las 6 de la tarde del día 2 anterior a consecuencia de una dolencia pulmonar. Como su marido, no otorgó testamento.
[9] SANSÓN GRANDY, José Plácido. «De Canarias a Cádiz. Las corridas de toros. Sevilla. Mi llegada a Madrid. Orihuela. Fragmento de mi libro de memoria». El Museo Canario. Numero 20. Santa Cruz de Tenerife, 27 de mayo de 1868.


JOAQUIN GONZALEZ ESPINOSA



1955 julio 15.
Se produce el  fallecimiento en Santa Cruz de Tenerife, de Joaquín González Espinosa.

Joaquín González Espinosa:
La leyenda del progreso

Para Carlos Benítez Izquierdo y Manuel Martín Martínez-Ball,
entrañables amigos.

Los enteros postales, una suerte de cartas sin sobre, impresos por el Estado, con bajo precio de circulación, fueron introducidos en el correo español en 1873 y constituyeron el origen de las tarjetas postales que hoy conocemos.

Portadoras de mensajes cortos, carecían en un principio de otra ilustración que no fuera el timbre. En el periodo de tiempo comprendido entre 1898 y 1907 comenzaron a usarse  modelos que incluían una lámina en el anverso, mientras se reservaba la otra cara para el sello y los datos del destinatario. La ocurrencia, según algunos, parece que se debió a un hostelero suizo que ilustró sus tarjetas con vistas de los Alpes, mientras que otros afirman que tuvo su origen en Francia durante la guerra con Prusia.

Pero en estas primeras tarjetas, conocidas como clásicas por los coleccionistas, era preciso manuscribir el texto sobre la estampa, de forma que se estropeaba la vista o el motivo y se hacía difícil su lectura por lo que, desde 1907, se impuso dividir el reverso en dos, compartiendo una misma cara del cartón la misiva y la dirección del receptor [1]. 

Para la impresión de estas hermosas tarjetas postales, cuyas medidas rondaban siempre los 9 x 14 cm, se recurrió a las técnicas de reproducción artística punteras en aquel momento, y entre todas ellas resultó ser la que produjo resultados más eficaces la cromolitografía.

Las imágenes procedían de fotografías monocromas y eran litografiadas por un artesano que, en la mayoría de los casos, interpretaba la luz y su consecuencia, el color, a su antojo. Un taller de Leipzig, por mencionar una ciudad en la que los hubo muy afamados, producía millares de ellas todos lo días sin tener en cuenta la procedencia de las mismas, ya fueran de los cálidos y luminosos trópicos o de las heladas tundras nórdicas. Esto, no obstante, dotó a las tarjetas postales anteriores a los años 1910-1915, de una belleza casi individual que las convierte en pequeñas obras de arte.

Y si el color no resultaba fiel a la realidad tampoco lo eran las localizaciones e incluso la integridad física de lo representado. Circuló una tarjeta, frecuente en las colecciones canarias, que supuestamente reproduce el aspecto de la torre de la iglesia de Nuestra Señora de la Concepción de Santa Cruz de Tenerife, a la que le fue añadida una cúpula que nunca tuvo y figura en su descripción como «Catedral de Tenerife». Otras muestran paisajes de las islas con rótulos equívocos, y aún algunas lo hacen incorporando vistas de las islas de Madeira y Azores, atribuidas a nuestro archipiélago.

El fotógrafo al que debemos probablemente un mayor número de tarjetas postales pertenecientes al periodo clásico, realizadas con la técnica de la cromolitografía y firmadas con su nombre, fue el portugués Jordâo da Luz Perestrello [2]. Con estudios abiertos en Santa Cruz y Las Palmas, Perestrello alcanzó a formar un Álbum de Canarias que compilaba cincuenta y dos fotografías, en el que, según Carmelo Vega, se incluía una serie de fotografías muy interesantes sobre «industrias canarias» (secaderos de pescado, plataneras, plantaciones de caña) y sobre la vida cotidiana en los campos canarios (aguadoras, lavanderas, etc.). Buena parte de estas fotografías, si no todas, fueron transformadas en postales al cromo en los talleres germanos [3].

Tras la primera gran guerra europea y la consiguiente paralización de los obradores en los que se estampaba la mayor parte de las postales cromolitografiadas relativas a nuestro archipiélago, esta técnica cayó en desuso.

Cinco años antes, en 1909, don Ángel Custodio Romero había litografiado una composición a medio camino entre la realidad fotográfica y la manera pictórica impresionista que representaba la erupción del volcán Chinyero. Los tímidos intentos del taller que este artista había fundado en Santa Cruz de Tenerife -la Litografía Romero-  por prolongar la utilización de la cromolitografía aplicada a la realización de tarjetas postales no parecen haber dado resultados. La rareza de esta pieza en el mercado actual nos obliga a pensar que formó parte de una edición limitada, que produjo escasas secuelas.


La tarjeta postal fotográfica

En el transcurso de la segunda década del siglo xx se impuso la fotografía monocroma como vehículo para la edición seriada de tarjetas postales. En realidad, se trataba de un recurso que ya había sido usado con frecuencia anteriormente. Hacía mucho tiempo que los estudios fotográficos comerciaban con vistas, reproducciones de obras de arte, tipos curiosos y galerías de retratos que incluían los de la realeza, representantes eximios de la iglesia, las artes y las ciencias o la milicia, por citar sólo algunos, frecuentemente positivados en los formatos carte de visite y cabinet, sin excluir las grandes ampliaciones fijadas sobre cartón que ofrecían estampas de los principales monumentos de ciudades emblemáticas –París, Londres, Roma, Madrid o Venecia- o diversos aspectos de eventos de gran trascendencia como sucedió con las Exposiciones Universales celebradas en la segunda mitad de la décimo novena centuria. Pero carecían de una función postal y en caso de ser enviadas por correo tenían que circular en sus correspondientes sobres.

Tras la primera Guerra Mundial y el cierre de los citados talleres europeos especializados en la estampación de cromolitografías, a los que recurrían habitualmente los fotógrafos isleños para editar sus tarjetas, se vieron éstos en la necesidad de confeccionar por sí mismos las reproducciones en el archipiélago. Utilizaron para ello los últimos adelantos que les brindaba la técnica fotomecánica.

La necesidad de proveer el mercado de tarjetas postales con colecciones de factura reciente estuvo en estrecha relación con el despertar de la incipiente industria turística canaria. Los vapores trasatlánticos –principalmente británicos y alemanes- aportaban un número cada vez mayor de viajeros a las islas que, después de un largo periodo de penosa incuria, comenzaban a disponer de modernos y cómodos alojamientos. No se trataba ya, pues, del turismo terapéutico exclusivamente vinculado a la prescripción facultativa, sino a un amplio colectivo de ociosos excursionistas deseosos de llevar consigo un recuerdo de los lugares visitados o de comunicar su novedosa experiencia a familiares y amigos.

Las corporaciones de gobierno insular –muy especialmente los cabildos de Gran Canaria y Tenerife, constituidos en 1913- promovieron la publicación de guías turísticas, álbumes y portafolios con abundantes láminas, e incluso convocaron el primer concurso de guiones cinematográficos con la finalizad de producir una película que exaltara las bellezas del país [4].


Postal Exprés

En 1922 inició su actividad profesional en Santa Cruz de Tenerife Postal Express, estudio fotográfico fundado y dirigido por su propietario, Joaquín González Espinosa, que constituye el paradigma de las empresas dedicadas a la edición de tarjetas postales fotográficas en Canarias en las décadas posteriores a dicha fecha, sin olvidar la labor de otras de indudable importancia como fueron F. Baena [Ernesto Fernando Baena], Fotografía Alemana [Friedrich Curt Herrmann] o Foto Central [Otto Auer], que compartieron su prestigio y rivalizaron de forma estimulante con el objetivo de alcanzar el beneplácito de la clientela del momento [5].

Joaquín González Espinosa -conocido por sus contemporáneos con el diminutivo afectuoso de Quino-  poseedor de un excelente sentido comercial, amplió el habitual cometido de un gabinete fotográfico proporcionando a sus clientes, además de los servicios propios de una galería de su naturaleza, marcos diversos, molduras y portarretratos, espejos e incluso muebles, con la novedosa posibilidad de que las adquisiciones realizadas en su casa fueran pagadas a plazos [6].

Quizás no haya habido en Canarias otra industria fotográfica con un fondo más amplio en tarjetas postales con vistas del país. Las series que lo componen, positivadas principalmente en dos formatos de 13 x 18 cm y 9 x 14 cm, desarrollan un recorrido visual por tres de las siete islas del archipiélago que proporciona instantáneas de todo cuanto era digno de ser observado, reproducido y vendido a los viajeros. Numeradas y firmadas con la marca de la empresa gran parte de estas secuencias ¾otras tan sólo con el anagrama de su nombre y primer apellido¾ las postales fotográficas de Quino son hoy un referente paisajístico de conjunto sin igual que muestra episodios, como es el caso de las doce vistas que hizo de Lanzarote, que se cuentan entre las primeras imágenes de calidad conservadas de aquella isla [7].


Nació Joaquín González Espinosa en Santa Cruz de Tenerife, en el número 12 de la calle de Las Flores, a las cuatro de la mañana del día 26 de octubre de 1892 [8]. Fueron sus padres don Francisco González Currá, del comercio, representante en la isla de la Compañía Fabril Singer, de la que fue gerente y que popularizó, también por medio de la venta a plazos, las primeras máquinas domésticas de coser [9], y doña Dolores Espinosa Sánchez naturales, respectivamente, de Jerez de la Frontera y San Fernando en la provincia de Cádiz.

Debió estudiar el bachillerato en su ciudad natal y quizá Comercio, como tantos otros muchachos de la clase media acomodada del Santa Cruz de su época, pero ya desde muy pronto lo encontramos inmerso en la edición de excelentes tarjetas postales fotográficas.

En 1921, un año antes de la fecha proporcionada por el mismo González Espinosa como fundacional del taller –a pesar que en algunos anuncios de prensa figure 1923 como data inicial- la guía Ténériffe et son port, publicada por lo señores Hardisson Hermanos incluye diecinueve reproducciones de tarjetas suyas firmadas, de las veintisiete que figuran en la publicación y albergamos la razonable duda de que las ocho restantes fueran también de su mano.

En realidad habría que situar los inicios de su actividad fotográfica en torno a los años 1910-1912, de acuerdo con las evidencias con que actualmente contamos. Tenemos a la vista una imagen, quizás de las primeras que realizó, en la que un jovencísimo Joaquín González Espinosa posa ufano ante la vieja casona que albergaba el “Sanatorium” de Güímar. No aparenta haber cumplido la veintena de años. Forma parte de una serie constituida, probablemente, por una docena de postales relativas todas ellas a dicha villa, de las que hemos visto ejemplares que llevan aquella última fecha [9 bis]. Un retrato de don Servando Hernández-Bueno y Hernández, montado sobre un cartón en el que figura: J. González Espinosa. Tenerife, en seco, fue dedicado el 13 de agosto de 1913. Todo ello nos hace pensar que comenzó a trabajar como fotógrafo a comienzos de la segunda década del siglo pasado, sin descartar que lo fuera ambulante, con modestas incursiones en el negocio de la tarjeta postal, que culminó con la apertura del estudio de la calle del Doctor Allart número 18 en 1922 y, un año más tarde, la adquisición de la galería fotográfica de Rafael Vidal, situada en el 21 de la de Cruz Verde [10].

En este primer estudio de Doctor Allart -vía que aún alternaba su antiguo nombre de calle del Sol con el nuevo que homenajeaba al anciano médico, cónsul de Bélgica, fallecido en Santa Cruz de Tenerife en 1906- el taller ofrecía a sus clientes: Ampliaciones. En la casa de Joaquín González Espinosa, calle del Sol, 18, se halla instalado un centro de insuperables ampliaciones fotográficas; existiendo además un gran surtido en marcos, porta-retratos, láminas, preciosas colecciones de postales con vistas del país, todo ello capaz de satisfacer cualquier gusto [11].
Seis años más tarde, cuando la empresa disfrutaba de un merecido prestigio, sufrió un duro revés al perder la moderna maquinaria de que disponía y la totalidad del archivo de negativos en un incendio que redujo a cenizas sus instalaciones, cuya descripción hizo la prensa en estos términos:



El incendio de esta madrugada

            Hacia las 2 de esta madrugada algunas personas que transitaban por la calle Alfonso xiii vieron que la casa número 48 de dicha vía estaba ardiendo por su parte trasera. En esa casa don Joaquín González Espinosa tenía instalado un depósito de muebles de lujo, en parte de los cuartos bajos y su taller de fotografía “Postal Exprés”, en los altos, y los Pósitos se hallaban situados en la parte que da a la calle.

            Varios muchachos penetraron en el edificio y salvaron la documentación de los Pósitos, que fue amontonada en la acera del Cabildo Insular y luego depositada en este centro.

            El fuego adquirió tan enormes proporciones, que se temió se propagara a los edificios colindantes. La voracidad del fuego impidió que se salvaran los enseres del depósito de muebles y de la fotografía del señor González Espinosa. El hecho de faltar agua por haber sido cortado el servicio en las primeras horas de la noche impidió el funcionamiento de las bombas, las cuales entraron en movimiento porco antes de las tres, funcionando la bomba del servicio de incendios municipal que se colocó en la parte trasera de la Mancomunidad, por el callejón de Juan Padrón, y la del Parque de Artillería en el patio de las oficinas de Intendencia, sita en el número 44 de la misma calle, utilizándose el agua de los aljibes.

            A las 4 de la madrugada el siniestro había sido sofocado, quedando todo reducido a cenizas y escombros, pues la calidad y cantidad de los enseres contenidos contribuyeron a que el incendio tomara grandísimo incremento.

            En el lugar del suceso se personaron todas las autoridades y fuerzas de Artillería, Infantería, Ingenieros y Guardia Civil y agentes de Vigilancia, Seguridad y Guardia Municipal.

            La casa incendiada era propiedad de don Inocencio Fernández del Castillo y se hallaba asegurada en la Compañía London Assurance, que representa en esta plaza los señores Molowny.

            En la parte baja de la casa el señor González Espinosa tenía depositado gran numero de lotes de muebles hallándose todas las habitaciones abarrotadas. Era tal la cantidad de muebles que había recibido en estos últimos días que los estaba llevando a un “garage”.

            En el piso alto tenía el estudio fotográfico “Postal Exprés”, con varias máquinas y aparatos, algunos de los cuales había recibido últimamente del Extranjero.

Tenía asegurada la fotografía y todas las existencia de muebles en la Compañía de “Assurance Generale”, que representa en esta plaza don Hugo Davidson.

            El seguro, que comprendía varias pólizas, elévase a unas 80.000 pesetas.
            Los muebles que ardieron en el incendio eran en su mayoría de elaboración fina, entre ellos varios juegos de alcoba, mesas de comedor y escritorio, y gran cantidad de sillas, muchas de las cuales habían depositado ayer mismo en la casa incendiada.

            En el taller fotográfico tenía el señor González Espinosa seis máquinas, de bastante costo, además de las ampliadoras y todo el material para cuadro de ampliación.

            En una habitación guardaba todos los clichés y millares de álbumes y fotografías de propaganda del país, en las que venía trabajando durante los últimos días, para entregarlos al Cabildo Insular.

            Se ignora las causas del incendio, que fue descubierto cuando había adquirido gran fortaleza y prendido en las habitaciones altas del interior [12].

            Para esas fechas, el fotógrafo había ampliado notablemente su actividad mercantil y diversificado su negocio, y lo que en un principio fue comercio de marcos y molduras se transformó en tienda de muebles de lujo, de los que algunos eran importados y otros realizados en talleres propios de ebanistería.

            En 1930 y bajo los rótulos de Muebles Quino, Muebles Postal Exprés y, Postal Exprés, la floreciente industria contaba con varios establecimientos situados en la capital tinerfeña: El primitivo de doctor Allart 18, que suponemos fue reconstruido de nueva planta; oficinas en Teobaldo Power 19; almacenes en Santa Rosalía 75 y exposición en el número 46 de la calle Alfonso xiii, con sucursales en Puerto de la Cruz, Icod, Güímar y San Miguel. Para el reparto de las mercancías se contaba con un moderno camión que publicitaba en el techo el nombre de la empresa [13].

            Cuatro años más tarde, en 1934, los locales de Muebles Quino se encontraban en la calle Fermín Galán, 83 y Postal Exprés, en Santa Rosalía, 75 [14] que fueron, al parecer, sus últimas localizaciones.

Tras la Guerra Civil de los españoles, en 1944, en el periódico La Tarde se hacía referencia a Muebles Quino que es en Tenerife –lo fue siempre- signo de distinción y garantía. Muebles Quino es la casa que está acreditada, prestigiada, conocidísima en toda la provincia. Su sistema de ventas a plazos, que data ya de muchos años fue favorable a mucha parte de la clientela con que esta casa ha contado y sigue contando. Porque Muebles Quino, que garantiza todos sus trabajos, responde con seriedad y su solvencia a las ventas que realiza, teniendo siempre el lema de la economía. […] Fabricación del país e importada […]. Disponiendo, como dispone de coches dedicados a mudanzas en toda la isla. Muebles Quino lleva a cualquier sitio lo que el cliente haya escogido en una de sus exposiciones: Plaza de Weyler en esta capital y Sol y Ortega, 46, en La Laguna. Muebles Quino es hoy propiedad de don Ezequiel Santaella Cayol, al frente de cuyo negocio, como gerente apoderado se encuentra don Vicente Pérez Méndez.
La colección de postales

Las postales editadas por Joaquín González Espinosa captaron espléndidas vistas e instantáneas fotográficas de tres de las islas del archipiélago: Tenerife, Gran Canaria y Lanzarote.

Un inventario provisional, realizado a partir de las piezas conservadas en algunas de las más completas colecciones privadas de Canarias e Inglaterra, nos proporcionaría las siguientes cifras:

Lanzarote:

Doce postales en formato 9 x 13 cm.

Algunas de ellas muestran un dentado en el lado derecho, lo que nos hace suponer que formaron parte de un cuadernillo que se comercializaría completo. Se encuentran tituladas y firmadas en el ángulo inferior izquierdo con las iniciales J G, entrelazadas, dentro de un círculo en el que figuran otras tres letras I. F. M., cuyo significado desconocemos.

Tenerife:
Constituyen el grueso de la colección.

En tamaño 9 x 14 cm, con el rótulo de Postal Exprés y numeradas, hemos localizado ciento catorce y otras ochenta y ocho que carecen de numeración.

Firmadas J. G. ciento cuarenta y seis, numeradas del 1 al 112, pero con dígitos que se duplican y triplican, más sesenta y nueve sin numerar.

Del tamaño 13 x 18 cm y sin numeración, ciento cincuenta postales.

Gran Canaria:

Cincuenta vistas, que en realidad son cincuenta y una, porque una de ellas repite número, más otras siete sin numerar, en tamaño 9 x 14 cm.

La mayor parte de la tarjetas editas en este último tamaño, cuentan con un banda en blanco en el lado izquierdo, si se trata de fotografías horizontales, y en el inferior, sin por el contrario tienen formato vertical. Es evidente que los clichés no respondían al tamaño estándar normalizado para correos.

Algunas de las series firmadas como Postal Exprés no muestran una calidad comparable a las que suponemos anteriores en el tiempo, que lo están con sus iniciales.

Como ya dijimos, muchas de estas postales fueron reproducidas en guías y álbumes fotográficos que informaban de las bellezas del país.

El primero de ellos fue el ya citado Ténérife et son port. Hommage de MM. Hardisson Frères. 1921. 62 pp., en el que se insertó un estado pleglado con un mapa del puerto.

La Guía de Tenerife, publicada por Excmo. Cabildo Insular de Tenerife y el Instituto Nacional de Expansión Económica. Barcelona 1927. El libro, de 231 páginas, cuenta con setenta y tres fotografías, de las que cuarenta y nueve son obra indudable de Joaquín González Espinosa. Al parecer se editó en cuatro idiomas.

La Brown’s Madeira, Canary Islands and Azores. Fourteenth and revised Edition. London, Marsahll ltd., 1932, de A. Samler Brown, contiene cuatro fotografías suyas de las diecisiete que se refieren a Canarias. El resto son de Fotografía Alemana [4]; Lucio de Aguilar [1]; Sociedad de Turismo [1]; Jordâo Perestrello [4] y Charles Medrington [3].

Y por último, un excelente portafolio editado por el Cabildo de Tenerife, en la década de 1930, en las Industrias Gráficas Seix y Barral Hnos., S. A. de Barcelona, que contiene cuarenta láminas y carece de todo tipo de referencias y textos, salvo el pie de imprenta en contracubierta. A pesar de que fueron cuidadosamente borradas las firmas de las fotografías, en tres de ellas aparece el nombre de J. González Espinosa y, en otra, el de F. Baena. En la cubierta figura el escudo del Cabildo y la palabra Tenerife, en relieve y pan de oro.
La lista de colaboraciones fotográficas en revistas ilustradas y periódicos locales se haría interminable.
El hombre
Joaquín González Espinosa fue uno de esos individuos en los que resulta difícil delimitar donde acaba el artista y comienza el industrial y hombre de negocios. Le tocó vivir una época en la que aún no se apreciaba a la fotografía como una actitud independiente y esencial, sino más bien como una derivación artesanal, mecánica, de la actividades artísticas cuya finalidad eran la representación de la naturaleza y su centro: el hombre.

No conocemos ningún retrato suyo sobresaliente que pudiera compararse, siquiera, con alguno de entre los menos interesantes de los realizados por Adalberto Benítez, por citar tan sólo a uno de sus contemporáneos. Pero el conjunto de su obra como paisajista, en el que destacan una serie de episodios urbanos de innegable interés, resulta de una calidad más que estimable.

A la hora de fotografiar la arquitectura insular dejó clara su predilección por las construcciones de nueva planta, edificios que constituían un motivo de satisfacción para los isleños en momentos en que el progreso era entendido como superación en comodidad e higiene de los viejos testimonios del legado monumental y doméstico de las islas.

No parecen interesarle demasiado los estereotipos de lo que hasta entonces y luego se consideró típico;  iglesias y castillos, antiguas viviendas y patios canarios, aunque destacó algunos aspectos de las labores agrícolas, particularmente el cultivo, recolección y empaquetado de tomates y plátanos. Su objetivo enfocó con preferencia los hoteles de reciente factura, los muelles y su productiva faena diaria, las vías recientemente abiertas, el tráfico de modernos vehículos de motor, y en fin, todo aquello que significara, según su propio criterio y el de la mayoría de sus contemporáneos, progreso.



Esta actitud se vio respaldada por la opinión de muchos de los integrantes de la generación de intelectuales inmediatamente posterior a la suya, que no dudaron en manifestar su falta de interés por las ancestrales casonas solariegas de La Orotava en la revista gaceta de arte. Es cierto, no obstante, que la arquitectura que González Espinosa destacó en sus producciones, debe situarse dentro de un eclecticismo anterior al racionalismo defendido por Westerdahl y sus amigos, y que éste también fue un estilo –particularmente algunas de las variantes tardías del modernismo que aquí lo integran- denostado por ellos, al considerarlo, en palabras de Salvador Dalí que hicieron suyas, arquitectura comestible, a causa del exceso de ornamentación superflua que recordaba a las tartas de merengue.

Hijo de republicano, entusiasta de los deportes – particularmente el fútbol y el automovilismo- y la modernidad, mantuvo una posición conservadora en lo político, actitud que lo llevó a darse de alta como somatén armado en febrero de 1927 [15] y vestir el uniforme del cuerpo.
Familia y fallecimiento
Joaquín González Espinosa casó, en la parroquia de Nuestra Señora de la Concepción de La Laguna, el 17 de diciembre de 1931, con María Rosa Echevarría González [16], hija de don Gumersindo Echevarría Ruiz de Arriaga, escritor y reportero de guerra, fallecido en 1914, y de doña Carmen González [17].

Durante un periodo de declive de su actividad profesional, que se había reducido prácticamente a retratar a millares de emigrantes necesitados de un pasaporte en su estudio de la plaza de Weyler, se produjo su fallecimiento en Santa Cruz de Tenerife, el día 15 de julio de 1955 [18].

La prensa publicó la siguiente nota necrológica:

El fotógrafo Quino

            En la pasada semana dejó de existir en esta capital el reputado fotógrafo don Joaquín González Espinosa (Quino), que gozaba de gran popularidad y simpatía en nuestra isla.

            Su industria fotográfica fue hace varios años una de las más importante del Archipiélago, dedicando especial atención a los paisajes de la capital y de la isla, de lo que queda constancia en sus bellas estampas de los lugares más sugestivos y evocadores de Tenerife.

            Fue uno de los socios fundadores del Tenerife y un entusiasta de los deportes en nuestra ciudad.

            Persona laboriosa y de laudables iniciativas, la muerte le ha sorprendido cuando se proponía nuevamente dar el mayor impulso a sus actividades profesionales […].  (Tomado de: Carlos Gaviño de Franchy en: Gaviño de Franchy Editores)

Notas
[1] Sobre la historia de la tarjeta postal ilustrada en España, vide: Carreras Candi, Francisco: Las tarjetas postales en España. Barcelona, 1903; Teixidor Cadenas, Carlos: La tarjeta postal en España. Espasa Calpe. Madrid, 1999 y Carrasco Marqués, Martín: Las tarjetas postales ilustradas de España circuladas en el siglo xix. Edifil S. A., 2004.
[2] Teixidor Cadenas, Carlos: op. cit.
[3] Vega de la Rosa, Carmelo: La isla mirada. Tenerife y la fotografía [1839-1939]. 2 tomos. Centro de Fotografía “Isla de Tenerife”. Santa Cruz de Tenerife, 1995 y 1997.
[4] Cioranescu: Alejandro: Historia del Cabildo Insular de Tenerife [1913-1988]. Aula de Cultura de Tenerife. Excmo. Cabildo Insular de Tenerife. Santa Cruz de Tenerife, 1988; Ramírez Muñoz, Manuel: El Cabildo de Gran Canaria y sus presidentes. Ediciones del Cabildo Insular de Gran Canaria. Madrid, 2003.
[5] El Progreso. Santa Cruz de Tenerife, 13 de mayo de 1930.
[6] Hoy. Santa Cruz de Tenerife, 7 de octubre de 1934.
[7] La Prensa. Santa Cruz de Tenerife, 25 de septiembre de 1923.
[8] Registro Civil de Santa Cruz de Tenerife. Sección Primera. Tomo xxxiv, f. 222, número 427. Fueron abuelos paternos de Joaquín González Espinosa, don Francisco González Clavijo y doña Gertrudis Currá Sánchez, oriundos de Ubrique y Jerez de la Frontera y, maternos, don Cristóbal Espinosa Coca y doña Catalina Sánchez Barea, naturales asimismo de Alcalá de los Gazules y Bencocás, todos en la citada provincia de Cádiz. Joaquín González Espinosa fue bautizado en la parroquia de San Francisco de Asís el 26 de octubre de 1892. Libro ix, f. 167.
[9] Don Francisco González Currá, ejerció como cajero de la sección Caja de Ahorros de la Sociedad de Socorros Mutuos y Enseñanza Gratuita La Benéfica, establecida en Santa Cruz de Tenerife [Vide: Diario de Tenerife. Santa Cruz de Tenerife, 21 de enero de 1896] y fue presidente del Centro de Dependientes del Comercio y de la Industria [Unión Conservadora. Santa Cruz de Tenerife, 24 de diciembre de 1902].
Representante en Tenerife de la Compañía Fabril Singer [Cronista de Tenerife. Santa Cruz de Tenerife, 2 de marzo de 1903] y directivo de “La Tinerfeña”, empresa propietaria de la plaza de Toros [El Tiempo. Santa Cruz de Tenerife, 31 de enero de 1904].
Candidato con el número 7 al Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife en la terna del partido republicano presidida por Andrés Orozco Batista [El Progreso. Santa Cruz de Tenerife, 8 de noviembre de 1917], en las elecciones celebradas el 11 de noviembre de dicho año [El Progreso. Santa Cruz de Tenerife, 12 de noviembre de 1917] resultó elegido concejal y, alcalde, don Esteban Mandillo y Tejera.
Concejal republicano y regidor de Abastos el 18 de enero del año siguiente. Vocal de la Junta Local de Primera Enseñanza. Inspector de los Mercados Públicos. Teniente de alcalde accidental en 1919 y de nuevo concejal en 1920, durante el mandato de don Antonio Van de Walle Pinto.
Falleció don Francisco González Currá en Santa Cruz de Tenerife, el día 25 de abril de 1944, dejando de su matrimonio con doña Dolores Espinosa cinco hijos llamados Francisco, Gertrudis, Joaquín, Julio y Emilio González Espinosa [El Día. Santa Cruz de Tenerife, primero de mayo de 1944.
[9 bis] Véase Hernández Mora, Arístides [1880-1974]: La verdad de mi locura. Voces sin eco e inútil camino. Llanoazur ediciones. Tenerife, 2007.
[10] El Progreso. Santa Cruz de Tenerife, 22 de marzo de 1922 y Gaceta de Tenerife. Santa Cruz de Tenerife, 26 de octubre de 1923.
[11] La Mañana. Santa Cruz de Tenerife, 24 de mayo de 1922.
[12] El Progreso. Santa Cruz de Tenerife, 3 de abril de 1929.
[13] El Progreso. Santa Cruz de Tenerife, 13 de mayo de 1930 y Hoy. Santa Cruz de Tenerife, 30 de noviembre de 1932. El camión que figura en la fotografía que insertamos era un Ford, modelo T, matriculado el 4 de julio de 1925 con las placas TE- 2998 que pasó, en 1926, con el obligado cambio de siglas, a tener la TF-1522. Debo estos datos a mi buen amigo don Eduardo Cruz, incansable investigador de la historia del automovilismo en Tenerife.
[14] Hoy. Santa Cruz de Tenerife, 2 de octubre de 1934.
[15] El Somatén de Canarias. Santa Cruz de Tenerife, 1 de marzo de 1927.
[16] Libro XXVI de Matrimonios. Parroquia de Nuestra Señora de la Concepción. San Cristóbal de La Laguna.
[17] Gumersindo Echevarría se estableció en La Laguna en fecha cercana a 1901, cuando se encontraba alistado, en calidad de trompeta, en la primera batería de montaña de guarnición en dicha ciudad. Con otros jóvenes, entre los que se encontraban Porfirio Arroyo Barreto –más tarde abogado-, José y Tomás Capote, José de La Rosa, Guillermo Mac Kay, Rogelio Suárez y Guillermo Ibáñez estrenaron con éxito un cuadro dramático y un monólogo titulados El Obrero y La Taberna, obras del primero, en el Teatro Viana de la ciudad de los Adelantados, en febrero de dicho año, a beneficio de las familias pobres de Lanzarote y Fuerteventura.
Al parecer luego fue miembro de la Guardia Civil. Información oral de doña Dolores González Bermúdez.
Véase Siglo xx. San Cristóbal de La Laguna, 15 de febrero de 1901 y El Obrero. Santa Cruz de Tenerife, 23 de marzo del mismo año.
Con María Bermúdez del Pino, natural de Ingenio en Gran Canaria, tuvo Joaquón González Espinosa tres hijos llamados Dolores, Joaquín y Mercedes González Bermúdez quienes, tras el temprano fallecimiento de su madre, fueron criados por el matrimonio. Información oral de doña Dolores González Bermúdez, que heredó de su padre el apelativo por el que era conocido y es frecuentemente llamada Loly Quino, a quien agradezco los datos y el material gráfico proporcionados para la realización de este trabajo.
[18] Registro Civil de Santa Cruz de Tenerife. Tomo 124, pag. 255, sección 3ª






Alonso Palencia, un autor peninsular que participó como Cronista oficial en la conquista de Gran Canaria entre 1478-1480, afirmó lo siguiente al referirse al escaso éxito de la empresa:

"Ni el hombre de fe más encendida ha podido convertir a los canarios a la
verdadera religión, ni con las razones más convincentes, ni con la continua afabilidad de trato; antes por lo contrario, dieron cruel muerte a muchos de los que lo intentaron, después de haberlos acogido con fingida amabilidad.


Únicamente la perseverancia en una guerra futura era para los nuestros la sola esperanza de someter a Canaria" [1993 (s. XV): 476].

viernes, 25 de julio de 2014

FRANCISCO FERNÁNDEZ BETHENCOURT-II

1916 abril 2. (II)
 A las once de la noche del día 2 de abril de 1916 falleció Francisco Fernández de Béthencourt en su domicilio del paseo de la Castellana de Madrid.




Francisco Fernández de Béthencourt (y II).


Apuntes para una biografía de Francisco Fernández de Béthencourt [1850-1916] (y II)

la Real Academia de la Historia

La propuesta de Béthencourt para académico correspondiente de la Real de Historia, por Canarias, la firmaron los numerarios don Pedro Sabau, don Juan Facundo Riaño y don Vicente de la Fuente el 28 de febrero de 1879, y fue admitido, como ya se dijo, el 12 de abril del mismo año. Se le propuso por primera vez para numerario por los señores Rodríguez Villa, Asensio, Maldonado y Catalina García, el 15 de noviembre de 1898, para cubrir la vacante de don Vicente Barrantes, que fue retirada. Por segunda vez fue propuesto, el 25 de mayo de 1900, para ocupar la Medalla número 14 vacante por fallecimiento de don Celestino Pujol en 1891, pues aunque fue elegido en dicha vacante el marqués de Hoyos, éste no llegó a tomar posesión de la misma. Esta segunda propuesta figura avalada por los numerarios señores Sánchez Moguel, marqués de Laurencín, Rodríguez Villa y Catalina García, siendo elegido en junta de primero de junio de 1900. Tomó posesión de su plaza en otra pública, del 29 de  junio del mismo año, disertando sobre La Genealogía y la Heráldica en la Historia contestándole, en nombre de la corporación, el marqués de Laurencín.

La prensa insular reaccionó de inmediato publicitando los méritos del ilustre paisano:

El 30 del próximo pasado se celebró en este docto cuerpo la recepción de nuestro paisano D. Francisco Fernández de Bethencourt.
El discurso leído por este señor, ha versado sobre el tema «La genealogía y la heráldica en la Historia», y en él se hace extensa relación de cuantos trabajos realizó en estos importantes ramos del saber el erudito y sabio historiador D. Luis de Salazar y Castro.
Recuerda el Sr. Bethencourt la serie de inexactitudes que sobre la descendencia de las familias nobles de España habían forjado los heraldos oficiales, atentos únicamente a halagar la variedad de los personajes que les favorecían, inexactitudes que fueron rectificadas por Salazar, y de qué manera, cuando él apareció, se acabó el absurdo reinado de la obscuridad y confusión, para que brillara clara y esplendente la luz de la verdad.
El trabajo leído es una obra maestra de erudición, que da palpable y precisas pruebas de los grandes y profundos conocimientos que en esta ciencia posee el nuevo académico.
D. Francisco R. de Uhagón ha contestado al Sr. Bethencourt, saludándole en nombre de la Corporación.
El acto, que resultó solemne y brillante, fue presenciado por gran número de distinguidas damas y conocidas personalidades [22].

Nuevo académico. Don Francisco F. Béthencourt

El 29 de Junio celebró junta pública y solemne la Real Academia de la Historia para dar posesión de plaza de número al académico electo Excmo. Sr. D. Francisco Fernández de Béthencourt.
Bethencourt es un literato conocidísimo en la sociedad aristocrática de Madrid. La especialidad de sus estudios y prodigiosa memoria le hacen estar enterado de los orígenes enlaces, historia y vicisitudes de todas las Casas de la grandeza española de los títulos del reino y de la nobleza no titulada y bajo su apariencia de hombre de mundo correctísimo, distinguido, simpático, se oculta un archivo que puede competir con el de Simancas.
—Diga usted, Bethencourt-— le suelen decir con frecuencia. —Ese Fulano que se casa con Fulana, ¿de que familia es?
Y en seguida, sin preparación ninguna, Bethencourt contesta, no sólo citando los nombres de los abuelos, sino haciendo su historia y precisando la fecha de sus matrimonios y de los nacimientos de sus nietos.
Su labor literaria, dentro siempre de su especialidad, es la de un benedictino que, en vez de estar encerrado en una celda, vive en medio del mundo.
Su primera obra, publicada hace más de veintidós años, fue El nobiliario y blasón de Canarias, diccionario histórico de la provincia, que se compone de siete tomos.
Por esta o b r a fue nombrado miembro correspondiente de la Corporación que el viernes le recibe en su seno.
De 1880 a 1890 publicó los once tomos de los Anales de la nobleza de España, obra utilísima de consulta, citada en litigios ante los Tribunales, hojeada en las redacciones de periódicos siempre que muere algún individuo de la nobleza, y en casos de bodas y de bautizos, algo, en fin, como el Almanaque Gotha de la nobleza de España.
El insigne y nunca bastante llorado Cánovas del Castillo, que apreciaba mucho los trabajos de Bethencourt, le afilió á la política conservadora, a la que le llevaban sus inclinaciones, y el ilustre genealogista fue diputado a Cortes por Canarias.
Pero a pesar de que es un orador muy correcto, ni la política ni el Parlamento le sedujeron, y volvió pronto a su labor favorita, consagrándose a su obra magna; la Historia Genealógica y Heráldica de la Monarquía Española, Casa Real y Grandeza de España.
Ya ha publicado dos tomos en folio, de 700 páginas; tiene en prensa el tercero, que se publicará el próximo otoño, y la obra completa se compondrá de diez a doce volúmenes.
Además de estos trabajos, Bethencourt ha escrito multitud de artículos en revistas y periódicos nacionales y extranjeros. Es presidente de honor y delegado general del Consejo Heráldico de Francia; miembro honorario de la Académica Heráldica italiana, de la Academia Imperial y Real Adler, de Viena, y de otras muchas Corporaciones.
Del Heraldo de Madrid [23].

Elogios a un escritor español
El Sr. Béthencourt juzgado en el extranjero

Con el título de “Un erudito español de raza francesa” ha publicado Le Courrier des Ardennes un artículo de Mr. Paul Pellot, una de las primeras autoridades de Francia en asuntos de heráldica, consagrado al distinguido escritor y académico de la Historia, cuyas obras le han conquistado ya una verdadera reputación.
“D. Francisco Fernández de Béthencourt –dice Mr. Pellot- ex diputado, gentilhombre de S. M. C., descendiente de una antigua familia que, ilustre ya en nuestro país, se ha cubierto de gloria por los descubirmientos marítimos con que ha enriquecido a España.
El Sr. Béthencourt ha llegado a ser una especialidad de la genealogía y de la heráldica, sujetándose a los datos de la más rigurosa crítica histórica.
Su magistral obra Historia genealogica y heráldica de la Monarquía Española está hecha con arreglo a ese procedimiento.
Por esto es por lo que el gran maestro de la heráldica francesa, el vizconde de Poli, presidente del Consejo Heráldico de Francia, le ha prodigado elogios merecidísimos.
“No se puede con más propiedad –dice este último- comparar la espléndida publicación del príncipe de los heráldicos españoles más que con la obra del Padre Anselmo Historia genealógica de la Casa de Francia y de los grandes dignatarios de la Corona. Pero la obra del Sr. Béthencourt está más estudiada, es más erudita todavia”.
Mr. Pellot expone luego el plan seguido en su obra por el Sr. Béthencourt, y consigna, al dar cuenta del ingreso de dicho señor en la Real Academia de la Historia, que el discrso que leyó en tan solemne acto lo acaba de traducir Mr. Garran d’Allard, un hispanófilo muy distnguido.
“Dije al principio –termina el articulo de Mr. Pellot- que el Sr. Béthencourt es de antigua raza francesa. Por esto se vanagloria de ser un fiel amigo de Francia, constituyendo la mejor prueba el titulo de presidente de honor que le ha concedido el Consejo Heráldico de Francia. Con una gran generosidad que no será bastante elogiada, ha regalado dos tomos de su Historia a la Sociedad Científica y Literaria de Alas (establecimiento de utilidad pública). Por último, se ha dignado aceptar recientemente la dedicatoria de mi humilde trabajo sobre el abate N. Neveux, el eminente médico naturalista, cuyas maravillosas obras son la admiración del mundo entero” [24].

 El flamante académico fue constantemente requerido para representar a las Canarias en cuantos actos relacionados con la historia de las mismas tuvieron lugar en la capital, a partir de esas fechas. Así, en 1903, quedó constituida la comisión para la erección de una estatua al general O’Donnell en Madrid que tendría la siguiente composición:
Presidentes honorarios, Excmos. Señores Ministro de la Guerra y Duque de Tetuán; Presidente efectivo, Excmo. Sr. D. Emilio March; Vocales, Excmos. Sres. D. José March, D. Enrique Bargés, Marqués del Muni, Duque de Híjar, Marqués de Casa-Laiglesia, Marqués de Villasegura, Conde
de Velascoaín, D. Juan Montilla, D. Francisco Fernández de Béthencourt, D. Antonio Domínguez Alfonso, D. Lorenzo García Beltrán, D. Tomás García Guerra, D. Pedro Poggio, D. Juan Alonso y D. Ramón Antequera; Secretarios, D. Eduardo Tarquis y D. Manuel Delgado Barreto [25].


1913. La última visita a las Islas

La noche del 4 de septiembre intervino en la “Gran velada sacro-literario-musical Constantiniana”, con la que celebró la ciudad de La Laguna la inauguración de la nueva catedral. La prensa informó proporcionando datos sobre el recibimiento que se había hecho a Fernández de Béthencourt y ensalzando su trayectoria intelectual:

El Sr. Fernández de Béthencourt

En las primeras horas de la mañana de ayer llegó a esta capital a bordo del vapor «Ardeola» nuestro ilustre paisano, el académico de la Historia, Excmo. Sr. D. Francisco Fernández de Bethencour.
Numerosos amigos acudieron al muelle con objeto da recibirle.
Entre ellos podemos recordar a los Sres. Ascanio (D. Ramón) Beyro (D. Santiago), Arroyo (D. Andrés), Estevanes (D. Patricio), Ponte (D. Antonio) y otras distinguidas personalidades de La Laguna.
El Sr. Bethencourt marchó para la vecina ciudad, en el segundo tranvía.
Reciba el ilustre tinerfeño nuestro más respetuoso saludo.
Hombre de ideas conservadoras es el Sr. Fernández de Bethencourt uno de los historiógrafos más notables con que actualmente cuenta España.
Su labor investigatoria recia, maciza y concienzuda lo ha llevado al sillón de la Real Academia quizás con más títulos y méritos que ningún otro.
Su vida se puede afirmar que ha transcurrido entre los estantes de las bibliotecas, leyendo libros y repasando viejos archivos y, documentos de todas clases, al igual que aquel gran maestro de saber llamado D. Marcelino Menéndez y Pelayo.
Hombre de ideas conservadoras y de ferviente fe católica, ha retraído siempre entrar de lleno en la política, no obstante ser modesto por naturaleza prefiere la labor ardua y silenciosa de aportar datos para la Historia.
Es, además, D. Francisco Fernández de Bethencourt, escritor castizo y de altos vuelos.
Todas sus producciones literarias han obtenido de la crítica los más elevados encomios. Colabora en la «Época» y en diversas ocasiones sus artículos han tenido inmensa resonancia por la autoridad que acompaña a su pluma.
Su trabajo titulado «Ausente in parte incerta» fue un valiente comentario, un apóstrofe digno y enérgico puesto a una tremenda injusticia de la República Portuguesa.
Su último discurso, descontando el de anoche, lo pronunció en el salón de la Academia de la Historia, ante los reyes que presidían, el 25 de Mayo de este año. Versó sobre «La embajada del Conde Gondomar a Inglaterra en I6I3»y lo hizo como contestación al académico entrante, Excmo Sr. Marqués de Villa-Urrutia, Embajador de España en París.
Todos los asistentes felicitaron al Sr. Bethencourt, especialmente los augustos monarcas, por su documentadísima oración llena de sabiduría y de verdad histórica.
El libro «Príncipes y Caballeros» debido también al preclaro paisano contiene capítulos de un extraordinario interés.
Estos son los rasgos más salientes de la ciclópea labor del Sr. Fernández de Bethencourt este anciano robusto, erguido aun, de plateados cabellos, que nos visita y que abandona el gabinete de estudio para ver a Tenerife, que tiene la inmensa suerte de ser su patria chica.
 [26].

Una vez tuvo lugar el solemne acto, en el que fue escuchado con admiracion el académico, la prensa unánime calificó de magistral la intervención de Fernández de Béthencourt, particularmente el diario conservador La Región, que en su edición del sábado 16 de septiembre se deshacia en elogios hacia el transterrado, considerando su intervención como discurso imponderable:

Conocíamos al ilustre Académico, Sr. Fernández de Bethencourt, por referencias que teníamos de tan distinguida personalidad; le conocíamos por sus obras literarias, por lo mucho y bueno que de él hemos leído, y aquellas impresiones que hasta nosotros habían llegado, con referencia al hijo ilustre de la tierra canaria, quedaron plenamente confirmadas con su discurso en la velada Sacro literario-musical que tuvo efecto, con todo el éxito que nuestros lectores conocen, en la noche del jueves último.
La prosa reposada, galana, llana y rebosante de naturalidad con que el Sr. Fernández de Bethencourt, deleitó al numeroso auditorio que el jueves llenaba por completo las naves de la Catedral, atestiguan como documento fehaciente el preclaro talento, la vasta cultura del Académico que hoy nos honra con su presencia en Tenerife.
Pigmeos de las letras, ignorantes en materia histórica y sin cultura suficiente para criticar la figura excelsa del Sr. Fernández de Béthencourt, tan sólo nos está permitido expresar en palabra tosca y en juicio deficiente, el deleite, la satisfacción que en nuestro espíritu produjo el discurso del gran erudito, del sabio historiógrafo. Aquel lenguaje no era el lenguaje académico que versa sobre disquisiciones profundas; aquellos párrafos del magistral discurso, no eran la prosa árida de la ciencia que habla al entendimiento, pero que no conmueve el espíritu; eran estrofas de la más inspirada poesía: la conversación familiar que sacude el alma, emocionándola gratamente con recuerdos del terruño y con rasgos y anécdotas de tiempos que el señor Fernández de Bethencourt no puede olvidar, porque son los tiempos de la juventud, los tiempos en que las huellas marcadas sobre el espíritu joven, perduran a través de los años y se conservan tan frescas como en el mismo momento en que la naturaleza y el azar las imprimieron.
El Sr. Fernández de Bethencourt, encantó al auditorio, porque despojó su trabajo de los ribetes científicos, para hablar al alma del pueblo canario, para mover su fibra más sensible, para hablar del amor a la patria, de las mujeres de su tiempo, de la hermosura de las islas Afortunadas y de la madre España.
Muchas cuartillas representan el discurso del ilustre Académico y gloria del terruño canario; pero por muchas que hubieran sido, por interminables que fueran, no llegarían a cansar nunca, porque en ellas van unidos la galanura de un estilo
brillante, el mismo fondo del asunto que despierta el mayor interés y la pronunciación dulce, el aspecto simpático que predomina en el físico del culto historiador y que viene a ser como un rasgo de una elocuencia exterior que encanta, que subyuga.
No tenemos palabras con que expresar la emoción grata que en nuestro ánimo produjo el Sr. Fernández de Bethencourt, pero crea el distinguido huésped que hoy reside entre nosotros, que ese mutismo en que nos encerramos, que esa actitud inexpresiva con que procedemos, es también un rasgo elocuente del agrado inefable con que hemos escuchado al canario que no es de Tenerife, que no es de Gran Canaria, que no es de Lanzarote, que no es de ninguna isla ni de ninguno de sus pueblos, sino canario a secas.
Salud, docto Académico de la historia, y vida, mucha vida, para seguir enriqueciendo los archivos de las bibliotecas nacionales con el conocimiento de hechos y de hombres pertenecientes a la gloriosa España [27].

A pesar de no haber sido anunciada su presencia en el programa de actos, don Manuel de Ossuna, presidente del Ateneo de La Laguna, logró que Fernández de Béthencourt paticipara en la Fiesta de Arte que celebró dicha entidad en el Teatro Viana, la noche del 11 de septiembre, donde de nuevo fue aplaudidísimo.
El 19 por la noche embarcó en Santa Cruz rumbo a la Península. En la mañana de ese día, se produjo el fallecimiento en la misma ciudad de don Rosendo García Ramos y Bretillard, quien había dedicado gran parte de su vida al estudio de la historia local.


En la Real de la Lengua

Al dorso: Esta postal representa a los “Inmortales” después de la comida que dio a la Academia D. Antonio Maura. El que está delante de mí es Echegaray; los otros son Hinojosa, Cotarelo, Pión, Álvarez Quintero, Jacinto Benavente, Carracido, Rodríguez Marín, Vázquez de Mella, Sellés, Saralegui, Conmelerán, Navarro Reverter, Menéndez Pidal, Cortázar, Leopoldo Cano. Muchos recuerdos cariñosos. Vuestro siempre. Paco. Madrid, 19 Feb. 1914

Como ya dejamos dicho al principio de estos apuntes, tan sólo dos canarios han logrado pertenecer a un tiempo a las reales academias de la Lengua y de la Historia: Antonio Porlier, primer marqués de Bajamar y Francisco Fernández de Béthencourt. Se da la curiosa circunstancia de que ambos ocuparon en la Real de la Lengua el mismo sillón designado con la letra K: de 1790 a 1813, el primero, y entre 1914 y 1916, nuestro personaje.

Se produjo su ingreso el 27 de noviembre de 1913 y tomó posesión efectiva de su plaza el 10 de mayo de 1914. Una vez más, la prensa local elogió al paisano cuya carrera en las letras culminaba al ser acogido por la más alta institución a la que puede aspirar un literato:

Academia Española
Recepción del Señor Fernández de Béthencourt

Por los periódicos llegados de la península en el último correo nos enteramos de varios detalles interesantísimos de la solemne recepción del nuevo académico de la Española de la Lengua, nuestro ilustre paisano el Sr. Fernández de Béthencourt, que confirman lo que nos había telegrafiado nuestra activa agencia.
Honró el acto con su presencia la infanta doña Paz, y presidió el señor Maura, a cuyos lados se sentaron el nuncio de Su Santidad, los obispos de Madrid-Alcalá y Sión, el director de la Academia de la Historia, padre Fita, y los Sres. Cotarelo y Commelerán.
En el estrado se hallaban muchos académicos, entre ellos la condesa de Pardo Bazán.
Entre el público, lo mas granado de la aristocracia y una brillantísima representación del mundo político. El Sr. Fernández de Bethencourt comenzó así su discurso.
«Sí; lo deseaba con toda mi alma, señorea académicos. Era ya mi sola aspiración la que vuestros generosos votos han colmado, libre enteramente como Dios y las circunstancia me hicieron, de todo otro linaje de ambiciones. Sin que la menor codicia de los honores ni de las distinciones me tiente, ajeno a toda sugestión de personal encumbramiento, desligado de todo lo que la vida pública confiere,
siempre entre libros, pergaminos y papeles, sólo soñaba con que me abrierais algún día las puertas de esta casa, dándome la única recompensa que pudiera halagarme y satisfacerme. No es un afectado menosprecio de lo que otorga pródigamente a los que se le consagran la Política, merecedora de mis mayores respetos cuando la ejercen gravemente íntegros y austeros varones, no más que al servicio del Rey y de la Patria desinteresada y noblemente consagrados; ni es desdén ridículo e injustificado de los mismos honores, recuerdo, cuando se atribuyen en justicia, de grandes sacrificios, de grandes trabajos y de especiales merecimientos, y que en tamaño grado enaltecen al que los lleva cuando tiene la conciencia de que los conquistara en buena lid; es, simplemente, que, entregado yo toda la vida ya no corta, al culto apasionado de las Letras, las he puesto sobre todo y antes que todo, consagrándome, va para largos años, sola y exclusivamente a su servicio reconociéndolas y acatándolas como a mis altísimas soberanas, únicas de las que con algún derecho podría atreverme a solicitar mercedes y favores.»
Después de expresar su gratitud a la Academia por haberle llamado a su seno, hizo una interesante relación de los varones ilustres que en el transcurso de dos siglos, habían ocupado la silla académica que le ha correspondido.
Entró seguidamente el nuevo académico de la Lengua en el tema de su discurso, «Las letras y los grandes», y sentó la afirmación de que la nobleza española ha sido contra lo que vulgarmente se dice, amiga del saber y de las letras.
Recordó el Sr. Fernández de Béthencourt la intervención brillantísima que la nobleza española tuvo en otras épocas en la milicia, en el arte, y en la literatura y en tantas otras manifestaciones de la inteligencia y de la actividad y comentando con sincera tristeza la inacción en que ahora vive, decía:
«Yo quiero creer que no es nuestra nobleza un cadáver, a quien sólo Jesucristo pudiera resucitar como a Lázaro, sino simplemente uno que duerme y a quien el ruido de afuera, que crece cada día, ha de despertar y sacudir en cualquier momento.»
El discurso del Sr. Fernández de Béthencourt, fue muy aplaudido.
Contestó al recipiendario, con un discurso muy notable, el Sr. Cotarelo, quien ensalzó la personalidad del erudito historiador cuya gran obra Historia genealógica de la Monarquía española sería suficiente para labrar una reputación de saber y de trabajo.
Inmediatamente se procedió a la distribución de los premios de la fundación de San Gaspar, y, levantada la sesión, la infanta Doña Paz y el distinguido público felicitaron al nuevo académico.
Reciba también nuestro estimado amigo nuestra sincera y entusiasta felicitación, y quiera Dios que durante muchos años continúe honrando a su patria con los frutos de su preclaro ingenio.


Fallecimiento

Poco habría de disfrutar de su reciente nombramiento el flamante académico de la Lengua. Con motivo del ingreso en la de la Historia del general Martín Arrúe, Béthencourt fue comisionado para recibirlo y pronunciar el habitual discurso de contestacion. En el uso de la palabra se sintió enfermo y tuvo que ser llevado a su casa. Los rotativos insulares narraron el suceso:

El señor Fernández de Béthencourt está gravísimo
Se ha verificado en la Real Academia de la Historia la recepción del General Martín Arrúe, quien leyó su discurso que versó sobre la guerra de África en 1860.
Presidió el acto el ilustre Director de la Corporación y sabio jesuita Padre Fidel Fita, tomando asiento a su lado los Ministros Sres. Ugarte, Burgos y Echagüe, el Nuncio de Su Santidad, todos los Sres. Académicos y lo más selecto de la milicia, de política y la intelectualidad española.
Llevaba la representación de la Academia para recibir al nuevo miembro de ella, su ilustre Censor y preclaro hijo de Canarias Sr. Fernández de Bethencourt, quien a poco de comenzar a leer su brillantísimo discurso, se vio de improviso obligado a suspender la lectura víctima de un inesperado desvanecimiento, que enseguida le hizo caer.
Reconocido el ilustre enfermo se le apreció por los médicos un ataque cerebral diagnosticado de gravísimo.
Inmediatamente se le trasladó a su domicilio que está siendo muy visitado.
La impresión que ha causado este desgraciado accidente es grandísima, por lo culminante de las circunstancias en que tuvo lugar y por el gran afecto y reputación de que goza el ilustre Académico [29].

El Sr. Fernández Béthencourt
La prensa madrileña se ocupa en términos muy expresivos del accidente ocurrido a nuestro ilustre paisano.
La Época escribe:
«Como es sabido, el Sr. Béthencourt goza en ésta generales simpatías, siendo muy estimado por sus dotes personales, tanto como por sus trabajos de historiador. Cuantas personas concurren a los salones, en los que de continuo se ve al respetable académico de la Española y de la Historia, se interesan vivamente por su salud.
Las circunstancias en que ocurrió el triste accidente, cuando en esta última Corporación se celebraba solemnemente la recepción del general Martín Arrúe, han dado mayor relieve al doloroso suceso.
Estaba el Sr. Béthencourt acabando de leer su discurso de contestación al distinguido general. Los oyentes creyeron advertir alguna vacilación en el admirable lector, que luego apresuró de un modo extraño la lectura. Sin duda, era que el ilustre académico se dio cuenta de los primeros síntomas de su dolencia.
Al terminar la última página del notable discurso, el Sr. Béthencourt cayó como desplomado en el sillón que antes ocupaba. El Padre Fita levantó inmediatamente la sesión.
El paciente fue trasladado a un salón contiguo y colocado en un diván.
Allí fue reconocido por dos médicos que se encontraban en la Academia, quienes apreciaron que el Sr. Béthencourt sufría un fuerte ataque de hemiplejía.
Se le prestaron los más urgentes auxilios que podían dársele en aquellas circunstancias, y entre la consternación de todos los asistentes, se adoptaron las medidas precisas para que el enfermo pudiera ser conducido a su domicilio.
El obispo de Madrid Alcalá, que asistía a la recepción, y que se halla unido por vínculos de gran afecto con el Sr. Fernández de Béthencourt, prestó su carruaje para que en él fuera transportado.
Con las debidas precauciones se efectuó el traslado, y los médicos, que ya aguardaban en el domicilio del paciente, pudieron, por desgracia, comprobar que el ataque proseguía su curso con extraordinaria violencia y que invadía todo el lado izquierdo.
A la casa del Sr. Béthencourt comenzaron a acudir numerosas personas de la sociedad, hombres políticos, académicos y otros para informarse de su estado.
El sobrino del enfermo, D. Juan, que sufrió dolorosa impresión al enterarse del suceso, no podía atender a las numerosas personalidades que acudieron a la casa del Paseo de la Castellana.
Los auxilios de la ciencia produjeron algún resultado en las primeras horas, aliviándose el enfermo. Desgraciadamente, a las tres de la madrugada le repitió el ataque, aunque no con tanta violencia.
Después reaccionó, y esta mañana se encontraba el ilustre académico algo mejorado.
De todo corazón lamentamos la desgracia que aflige al Sr. Béthencourt, y hacemos sinceros votos por que se acentúe la mejoría y recobre pronto la salud [30].

 A las once de la noche del día 2 de abril de 1916 falleció Francisco Fernández de Béthencourt en su domicilio del paseo de la Castellana de Madrid. Desde el accidente sufrido en la Academia de la Historia, vivía muriendo —en palabras de un compañero suyo en la redacción de La Época— pues aunque este verano pudo aún hacer su cura de aguas en Mondariz, la enfermedad le atenazaba y le impedía trabajar, ya que no pudo obscurecer aquella prodigiosa memoria suya […]. Su vida en estos último tiempos ha sido de martirio. La marquesa de Bolaños, el marqués de Laurencín, los sobrinos de Béthencourt y algunos otros amigos, iban a hacerle compañía, atenuando con ello su tortura. La muerte, piadosa, ha puesto ahora término a ese martirio del gran trabajador [31].

Fue sepultado en el cementerio de San Justo y el duelo estuvo presidido por el obispo de Madrid-Alcalá, el director de la Academia Española, don Antonio Maura y, en nombre del director de la de la Historia, por su secretario señor Pérez de Guzmán y Gallo. Acompañaron el féretro sus sobrinos don Antonio Domínguez y Fernández de Béthencourt, don Diego de los Ríos y don José Orozco y entre los amigos, una larga lista en la que figuran los condes de Romilla, Cedillo y Laiglesia, el barón de la Vega de Hoz y los señores don José de Roda y don Emilio Cotarelo.

El humilde nicho en el que se guardan sus cenizas es, a nuestro juicio, un lugar poco apropiado como mausoleo de uno de los canarios de mayor renombre literario de su época. Con un sencillo monumento en la plaza de la iglesia en la que recibió el bautismo y el traslado de sus restos a la misma, se rehabilitarían tantos años de injusto abandono y desidia. 

Recurrimos de nuevo a la prensa para conocer, de primera mano, el relato de su fallecimiento:

Fernández de Bethencourt
Anteayer a las 11 de la noche ha fallecido en Madrid nuestro distinguido paisano  don Francisco Fernández de Bethencourt, Académico de la Lengua y de la Historia, ex- Diputado y ex-Senador por esta provincia, literato eminente, historiador y genealogista de indiscutible mérito.
Desde hace más de un año mortal enfermedad aquejaba al canario ilustre, cuya muerte, según nos comunica nuestra Agencia, ha sido sentidísima en la Corte, donde sus revelantes dotes le habían concedido lugar preeminente en el campo de las Letras.
El señor Fernández de Bethencourt, como recordarán nuestros lectores, vino a Tenerife en septiembre de 1913 después de treinta años de ausencia, y tomó parte en la memorable velada celebrada en la Santa Iglesia Catedral con motivo de la inauguración de este Templo, leyendo un notabilísimo discurso rebosante de patriotismo y amor al país que le vio nacer.
Descanse en paz el esclarecido paisano, honra del país canario [32].

Fernández de Béthencourt
De nuestro colega madrileño Diario Universal.
«Anoche a las once, falleció en Madrid, a consecuencia del ataque de hemiplejia que súbitamente lo acometió, hace aproximadamente un año, en una sesión de la Academia de la Historia, el erudito escritor D. Francisco Fernández de Béthencourt.
La muerte de este hombre sabio y bueno, en quien como en pocos se daban hermanados el poder de una gran inteligencia y las virtudes de un gran corazón, ha causado impresión dolorosísima.
Fernández de Béthencourt era un escritor que había conquistado su alto prestigio con una labor incesante y honrada, a la cual una vocación verdadera lo impulsó desde los primeros años de su juventud.
Son innumerables los trabajos, todos de singular mérito, que deja esparcidos en libros, revistas y diarios, revelando en todos ellos su talento y su cultura portentosos.
Destacóse principalmente en el cultivo de los estudios históricos, en los cuales su selecta y erudita labor de investigación encontró, aun en campos muy espigados anteriormente, frutos inapreciables para la reconstitución de nuestro pasado nacional.
Su obra más conocida es la Historia genealógica de la Casa Real y de la nobleza españolas, obra que dejó sin terminar, desgraciadamente, y de la cual llevaba publicados ocho tomos.
Había nacido el Sr. Fernández de Béthencourt en el archipiélago canario, y pertenecía a una de las familias más distinguidas de aquellas islas.
Contaba setenta años de edad.
Era miembro de la Historia desde hace más de treinta años; en esta Corporación trabajó con celo y entusiasmo incesantes, elevando su nombre en muchas ocasiones con notables discursos que quedan como modelo de su género, como aquellos en que contestara a los de ingreso en la Academia del duque de T'Serclaes y del marqués de Villa-Urrutia.
Pertenecía también el Sr. Fernández de Béthencourt a la Academia de la Lengua; había sido diputado a Cortes, era gentilhombre del Rey con ejercicio, y estaba en posesión de varias condecoraciones nacionales y extranjeras.
Deja entre los que lo trataron un recuerdo imborrable de amistad, porque fue siempre leal, caballeroso, enamorado de su patria y entusiasta de su Rey, y de maneras afables y corteses.
Nos asociamos muy sinceramente al dolor general por la pérdida del esclarecido publicista, y especialmente al que embarga a su distinguida familia» [33].

Concluimos, anunciando un próximo trabajo sobre las dos ediciones del Nobiliario y Blasón de Canarias.
(Tomado de: Carlos Gaviño de Franchy en: Gaviño de Franchy Editores)

Obras

—Recuerdos y esperanzas. Poemas que a la augusta familia de Borbón dedican las señoras de Tenerife y su autor Francisco Fernandez de Bethencourt. Santa Cruz de Tenerife. Imprenta Isleña de Francisco Hernandez, 1872.
—La Virgen de Candelaria. Romance tradicional. Santa Cruz de Tenerife. Santa Cruz de Tenerife. Imprenta Isleña. Francisco C. Hernández. 1874.
—Apuntes para el elogio de Miguel de Cervantes. Discurso leido en la Sesión Extraordinaria del Gabinete Instructivo en el Aniversario de aquel insigne Ingenio, por D. Francisco Fernández de Béthencourt. Imprenta de Sebastián Ramos a cargo de Manuel Álvarez. Santa Cuz de Tenerife, 1874.
—A los Socios del Gabinete Instructivo de Santa Cruz de Tenerife. Composición leída por el Sr. D. Fracisco Fernández de Bethencourt, al tener lugar la elección de Junta Directiva para el año 1875. Imprenta de J. Benítez y Compañía. Santa Cruz de Tenerife, 1875.
—Nobiliario y Blasón de Canarias. Diccionario histórico, biográfico, genealógico y heráldico de la Provincia. Editado en siete tomos entre 1878 y 1886. Los primeros dos tomos se estamparon en la Imprenta Isleña de Francisco C. Hernández, en Santa Cruz de Tenerife; el tercero en la de la Viuda de Ayoldi, Valencia; el cuarto de nuevo en la la Isleña; el quinto en la de Manuel G. Hernández; el sexto en la tipografía M. Minuesa y el séptimo en la Imprenta de Marcelino Burgase, estos cuatro últimos en Madrid.
—Anales de la Nobleza de España. Primera serie. Imprenta J. García. Once tomos. Madrid, 1880-1890.
—Les Ordres de Chevalerie en Espagne. Traduction française faite avec l'autorisation de l'auteur par Louis de Sarran-d'Altard. Lofolye Frères. Vannes. ¿1901?
— Anuario de la Nobleza de España. Segunda serie. 5 vols. Imprentas de Fortanet y J. Ratés. Madrid, 1908-1917.
—La Genealogía y la Heráldica en la Historia, discurso leído ante la Real Academia de la Historia en la recepción pública de don Francisco Fernández de Béthencourt el 29 de junio de 1900, Madrid, 1900.
—La Corona y la nobleza de España. Imprenta de M. Romero. Madrid, 1903.
—Para cuatro amigos. Varios discursos, muchos artículos y hasta algunos versos. Tipografía de E. Teodoro. Madrid, 1903.
—“Los Battemberg”. La Época. Madrid, 1 de febrero de 1906.
—“A El Correo Español”. La Época. Madrid, 19 de febrero de 1906.
—“Los Hauke”. La Época. Madrid, 22 de marzo de 1906.
— Discursos leídos ante la Real Academia de la Historia en la recepción pública del Excmo. Señor D. Camilo G. de Polavieja y del Castillo, Marqués de Polavieja el 28 de enero de 1912. Establecimiento Tipográfico de Jaime Ratés Martín. Madrid, 1912.
—Príncipes y caballeros. Cincuenta artículos. Prólogo de la infanta doña Paz de Borbón, princesa de Baviera. Librería de Francisco Beltrán. Madrid, 1913.
—Discurso leído en la Iglesia Catedral de Tenerife con motivo de la inauguración de la misma, por... Don Francisco Fernández de Béthencourt... el día 4 de Septiembre de 1913... Tipografía Católica. Santa Cruz de Tenerife, 1913.
—Los Grandes y las Letras. Discurso leído en contestacion al de don Emilo Cotarelo y Mori, en la Real Academia Española. Establecimiento Tipográfico de Jaime Ratés Martín. Madrid, 1914.
—Historia Genealógica y Heráldica de la Monarquía Española, Casa Real y Grandes de España. Imprentas de E. Teodoro y J. Ratés. 1897-1920. 10 vols.


Notas
[22] La Región Canaria. Laguna de Tenerife, 7 de julio de 1900.
[23] La Región Canaria. Laguna de Tenerife, 12 de julio de 1900.
[24] La Época. Madrid, 30 de enero de 1901.
[25] La Región Canaria, Santa Cruz de Tenerife, 9 de enero de 1902.
[26] La Región. Santa Cruz de Tenerife, 5 de septiembre de 1913.
[27] La Opinión. Santa Cruz de Tenerife, 18 de septiembre de 1913.
[28] Gaceta de Tenerife. Santa Cruz de Tenerife, 20 de mayo de 1914.
[29] Gaceta de Tenerife. Santa Cruz de Tenerife, 23 de diciembre de 1914.
[30] Gaceta de Tenerife. Santa Cruz de Tenerife, 3 de marzo de 1915.
[31] La Época. Madrid, 3 de abril de 1916.
[32] Gaceta de Tenerife. Santa Cruz de Tenerife, 4 de abril de 1916.
[33] La Opinión. Santa Cruz de Tenerife, 12 de abril de 1916.

Bibliografía:
—Guimerá López, C.: “Francisco Fernández de Béthencourt, un esclarecido genealogista nobiliaro [1850-1916]. Hidalguía. Núm. 285. Madrid, marzo-abril de 2001.
—Hernández Suárez, M.: Contribución a la historia de la imprenta en Canarias. Excma. Manomunidad de Cabildos de Las Palmas. Plan cultural. Madrid, 1977.
—Ossuna van den Heede, M.: “Anales de la Nobleza de España, por Francisco Fernández de Béthencourt”. Revista de Canarias. Números 60 y 61. La Laguna, 23 de mayo y 8 de junio de 1881.
—Padrón Acosta, S.: Poetas canarios de los siglos xix y xx. Edicion, prólogo y notas por Sebastián de la Nuez. Biblioteca de autores canarios. Aula de Cultura de Tenerife. Instituto de Estudios Canarios. Santa Cruz de  Tenerife, 1978, pp. 235-245.
—Peraza de Ayala y Rodrigo-Vallabriga, J.: “Introducción”, en Fernández de Béthencourt, F., et alt: Nobiliario de Canarias. Tomo i, pp. li-liii.
—Spínola Grimaldi, F.: “Crítica de la obra del Señor Fernández de Béthencourt Historia Genealógica y Heráldica de la Monarquía Española”. Imprenta José Perales. Madrid, 1900.
—“La obra del Señor Béthencourt”. Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos. Madrid, 1904.
—Revista de Historia y Genealogía Española, V, Madrid, 1916.
—Vizcaya Cárpenter, A.: Tipografía canaria. Descripción bibliográfica de las obras editadas en las Islas Canarias desde la introducción de la imprenta hasta el año 1900. Instituto de Estudios Canarios. Cabildo Insular de Tenerife. Santa Cuz de Tenerife, 1964.