viernes, 30 de agosto de 2013

CAPITULO XV-XVIII



EFEMÉRIDES DE  LA NACIÓN CANARIA


UNA HISTORIA RESUMIDA DE CANARIAS

ÉPOCA COLONIAL: SIGLO XVII


DECADA 1601-1700


CAPITULO XV-XVIII




Guayre Adarguma Anez’ Ram n Yghasen


1606.
Entre esta fecha  y 1650, el comercio de España con América desciende en un 60% (Lynch, II, 19).

1606. Pasa la flota de Nueva España "entre" la isla de Titoreygatra (Lanazarote) y la Berbería, para evitar un encuentro con 9 barcos de Holanda, que merodeaban por aguas de Benahuare (La Palma). (L.Al. Toledo).
1606.
Una epidemia de peste bubónica azotó a la villa y puerto de Garachico en Tenerife, durante cinco años, el fanatismo religioso en aquellas fechas inducía a creer que las enfermedades se producían como castigo divino por sus continuos pecados, por ello trataban de desagraviar a la divinidad con rogativas y promesas, así surgió el modesto templo católico ermita de San Roque la cual se encuentra en la entrada de la Villa por la carretera que baja desde Icod de los Vinos. Fue reedificado en 1736. Luce doble espadaña en su fachada y alberga la imagen de San Roque.
1606.
Autores criollos canarios que han escrito sobre la colonia, según el clérigo católico e historiador José de Viera y Clavijo.

“Ceverio de Vera (Juan). Presbítero, natural de la Gran Canaria y (según don Pedro de Castillo) canónigo de su catedral, era bisnieto del célebre conquistador de esta isla Pedro de Vera. Ha­biendo pasado a la América, se hizo soldado, por no degenerar de sus mayores; pero a los 40 años de edad abrazó el estado eclesiástico, que le pareció más seguro y se ordenó sacerdote. De la América pasó a España y de España a Roma, donde fue acólito del papa Clemente VIII. Aun en Roma no paró mucho tiempo. El deseo de visitar los Santos Lugares le sacó de Italia y con la ben­dición del pontífice marchó a la Palestina. Allí lo anduvo todo, lo vio todo y de vuelta escribió su libro intitulado Viaje de la Tierra Santa. Descrip­ción de Jerusalén y del santo monte Líbano, con relación de cosas maravillosas, así de las provin­cias de Levante, como de las Indias de Occidente, con un itinerario para los peregrinos, etc. En Ma­drid, por Luís Sánchez, 1597, en octavo.

También escribió un Diálogo contra las come­dias que hoy se usan por España, dedicado a don Alfonso Moscoso, obispo de Málaga, impreso en la misma ciudad, año de 1605.

Finalmente, después de haber rodado el mundo, murió en Lisboa, año de 1606, con fama y olor de santidad. Se puede ver a Jorge Cardoso en su Agiologio Lusitano, día 20 de abril.” (José de Viera y Clavijo, 1978 T. 2: 406 y ss.)

1606.
Muere en Lisboa Juan de Ceverio Vera, criollo descendiente del despiadado carnicero Pedro de Vera. Presbítero, natural de Las Palmas y canónigo de su catedral. Era biznieto de Pedro de Vera. Escribió Viage a la tierra santa.

Descripción del santo sepulcro. Madrid, 1597. Un diálogo contra las comedias que hoy se usan por España. Impreso también en Madrid, 1605.
Murió en Lisboa en 1606.

Juan de Ciberio (o Ceverio) Vera recibió el bautismo por el rito católico el 9 de enero de 1550 en Las Palmas.

En el capítulo I de su Viaje de la Tierra Santa, nos narra su propia biografía: "Yo nací
-escribe- en la Gran Canaria, la qual isla ganó mi bisabuelo el Gobernador Pedro de Vera, para los Reyes Católicos, y desde allí muy moço, passé a las Indias, de donde me sacó la Magestad de Dios nuestro Señor,y pasados los quarenta años de mi vida, tráxome de secular estado indigno a la dignidad de Sacerdote.

Repartí mis pocos bienes con mis muchos hermanos pobres; vivi en España ocho años...
passados los cincuenta, vine a Roma; admitióme por su acólito la Santidad de Clemente
VIII... Pedí licencia al Summo Pontífice, el qual, encargándome que le encomendasse a
Dios en aquellos santos lugares, con alegre rostro me la dio, y por no hallar compañeros, solo, con vestido pardo, dexando mi ropa en San Adriano, convento de frayles españoles de Nuestra Señora de la Merced, comencé mi viaje". Juan Ceverio de Vera falleció en Lisboa en 1600.
Bibliografía:

I. Viage de la Tierra Sancta, que hizo Joan Ceuerio de Vera presbítero y achólito de Sanctidad de Clemente VIII, desde la ciudad de Roma a la sancta de Jerusalem en el año 1595. Con vn Itinerario para los peregrinos. -En Roma, en Casa de Nicolás Mucio, 1596.- 8 hs. + 270 pp. + I h. 2. Viaje de la Tierra Santa.- En Madrid, por Luís Sánchez, afio 1597.- 8 hs. + 170 hs. 3. Viaje de la Tierra Santa.- Pamplona, por Mathias Mares. A costa de Hernando de Espinal, mercader de libros: Año de 1598.- 8 hs. + 137 hs. foliadas. 4. Viaje de la Tierra Santa.- En Pamplona, por Nicolás de Assiayn, 1613.- 8 hs. +147 hs. foliadas. 5. Viaje de la Tierra Santa.- Edición, introducción y notas por Concepción Martínez Figueroa y Elías Serra Ráfols.- La Laguna, Universidad de La Laguna. Instituto de Estudios Canarios, 1964.- XXIV + F 202 pp. + I h.  6. Soneto en elogio de Juan de Castellanos.- Figura entre los preliminares de la Segunda parte de las Elegías de varones ilustres de Indias (Madrid, Biblioteca de Autores Españoles de Rivadeneyra, 1847), tomo IV, p. 180. 7. Diálogo contra las comedias que hoy se usan en España.- Málaga 1605. Obra citada por Nicolás Antonio y que no ha logrado ver ningún bibliógrafo moderno.

1606 febrero 9.
Las viejas secas son consideradas “comida de pobres” las vende a 4 el cuarto y, por ser comida de pobres, el Cabildo quiere inter­venir el precio, pero no se atreve, para no enajenar el comercio extranjero.

Solicitud de pescadores de Santa Cruz, para que se les admita aumentar el precio del pescado, 1622 (LL: P.V/1). Precio del pescado salado fijado en 4 cuartos la libra, ”según la práctica inmemorial” (Cab. 10/6.1716).

1606 marzo 16.
El juez de Indias señala al Consejo que los navíos de permiso no pueden cargar en el plazo demasiado corto entre la lle­gada del aviso y la salida de la flota, y que hasta entonces los había despachado des­pués de la flota, por no obligarles a salir cargados a medias. La real cédula 16/3.1606 declara este procedimiento contrario a las ordenanzas y lo prohíbe para en adelante.

1606 mayo 27.
En las islas menores, Lanzarote, Fuerteventura y La Gomera, no fue la actividad más grande en materia de fortificación. Ya hemos repetido en diversas ocasiones cómo al extraordinario impulso dado por Felipe II a las fortificaciones militares del Archipiélago, sucede una larga etapa de paralización, no reviviendo aquél hasta que una nueva casa, la de Borbón, pareció renovar con su sangre el cuerpo anquilosado de la ar­caica administración española.

Apenas si algunas islas supieron conservar lo ya construido y edi­ficado; mas esto no cabría afirmarlo de la isla de Lanzarote, cuyas dos fortalezas, la del puerto de Arrecife y el castillo de Santa Bárbara o Guanapay, estuvieron arruinadas o semiabandonadas durante toda la primera mitad del siglo xvi.

En tiempos de la marquesa viuda, doña Mariana Enríquez y Manri­que de la Vega, fue la fortaleza de Guanapay desmantelada por su va­sallo, el escribano Francisco Amado, cumpliendo órdenes de esta señora, y su artillería, seis gruesos cañones (entre los que se encontraba el famo­so "barraco"), entregados al regente de la Audiencia, don Antonio Arias —no se puede precisar si en préstamo, arriendo o venta—, para artillar los castillos de Las Palmas después del saqueo de Van der Does en 1599.

El desmantelamiento de la fortaleza sería causa, más adelante, de la desgracia del escribano Amado, pues aquella omnipotente señora, en des­avenencias con éste, quiso achacar toda la culpa de tan  impremeditada resolución al escribano cuando vinieron urgentes avisos de Madrid exi­giendo-cuentas...

En efecto, el 27 de mayo de 1606, expidió Felipe III una Real cédula en Madrid, en la que recordando a los señores de Lanzarote "como se había concedido el derecho de quintos de todo lo que carga y navega pa>m fortificar la isla, les hacía ver el estado de indefensión en que la tenían desde que las fortalezas habían quedado arruinadas, al tomarlas Morato Arráez en 1586, no obstante haberlas corrido ya cinco veces los moros, llevándose cautivos más de mil cristianos y tener que andar los natura­les escondiéndose por no haber seguridad en ninguna parte".

La consecuencia de esta terminante orden, en la que Felipe III recor­daba a la marquesa de Lanzarote la obligación en que estaba de fortifi­car la isla, tuvo como resultado el que la marquesa viuda y tutora dis­pusiese algunos reparos en el castillo de Guanapay y tratase de recuperar los seis cañones prestados, arrendados o vendidos al Cabildo de Gran Ca­naria.

La duda no existe con respecto al préstamo en 1599, ya que consta positivamente que la entrega se hizo tan «solo para aquel verano; pero algún contrato con la marquesa viuda debió terciar en los años interme­dios, cuando al reclamar ésta en 1607 los seis cañones mencionados, el Cabildo se resistió a devolvérselos. Ello trajo consigo un larguísimo pleito ante la Audiencia, que dio comienzo en 1618 y no fue fallado hasta 1686, aunque ignoramos a quién de las partes dio la razón la sen­tencia.

En cuanto a la isla, de Fuerte ventura, su situación fue la misma que la de su vecina Lanzarote. No hay más diferencia que ésta no contaba con castillos arruinados e inservibles.

Lo más destacado en esta etapa fue el viaje que, para estudiar los problemas concernientes a su fortificación, efectuó el ingeniero Próspero Casóla, en julio de 1595, que dio como fruto su conocido "Parecer sobre la fortificación de Fuerteventura", que se conserva en el Archivo de Si­mancas.

Próspero Casóla aboga en este informe abiertamente por la prohibi­ción de las "entradas" en Berbería, que sólo servían para promover re­presalias, dando lugar a que los moros, mientras los hombres realizaban la incursión en África, cautivasen a sus propias mujeres e hijas en la isla, esperándolos luego en alguna caleta para apresarlos. Añadía que el re­sultado no podía ser más lamentable, ya que se había poblado la isla de moriscos, pues había por aquella fecha "más de 1.500 cabezas de moris­cos, hijos de moros penitenciados y sambenitados, con lo cual huyen a otras islas o a Indias los conquistadores y pobladores descendientes de españoles y franceses". Por otra parte, estos moriscos sólo servían, a jui­cio de Casóla, para poner en peligro la seguridad de la isla, haciendo de espías y adalidades e incitando al Xarife a hacer "entradas" en las Cana­rias, "como ocurrió hace poco—añade—cuando vino Xabal Arráez, que vendieron a los cristianos y descubrieron sus dineros".

Después de estas consideraciones ds carácter general, que no afectan a la médula del problema, pasa Casóla a estudiar las cuestiones relativas a la fortificación de la isla, estando de acuerdo con sus antecesores—Agus­tín Amodeo, Tomás de Cangas, Bartolomé Díaz, maestro mayor de Ca­narias, Leonardo Turriano y don Luis de la Cueva y Benavides—en la urgente necesidad de construir un fuerte espacioso capaz para 3.000 per­sonas, emplazable en "el llano situado sobre el lugar" de Santa María de Betancuria, y que debería ser costeado por el marqués de Lanzarote, "que es señor de once dozavos de dicha isla, ayudando S. M.".

Señalaba también Casóla en su "Parecer..." la importancia estratégi­ca que tiene la montaña de Cardona, "que está a una legua del mar adon­de está el Puerto de la Pared, qua es muy seguro para las galeras, con mucha agua del barranco de Tamaratilla, y de mucha carne, porque en esta agua bebe la mayor cantidad de ganado manso que hay en la isla".

Esta montaña, situada a siete leguas de Santa María de Betancuria, ofre­cía así un magnífico refugio a los piratas, que podían estar en ella de presidio el tiempo que quisieren. Por estas razones la señalaba Casóla por si  se juzgaba  conveniente  atender también  a  la fortificación de ella.

En cuanto a la is!a de La Gomera, carecemos del más pequeño por­menor referente a sus fortificaciones en la primera mitad del siglo xvn. (A. Rumeu de Armas, t.3. 1991:109 y ss.).

1606 julio.

Peste en Chinech (Tenerife)

“Apenas comenzaban a respirar las islas de la persecución de sus enemigos exterio­res, cuando volvió a encenderse en sus entrañas las chispas de una peste que, habiendo empezado en Tenerife, por el puerto de Garachico [1601], adonde habían surgido dos navios españoles in­festados, llegó hasta los Realejos, saltó al puerto de Santa Cruz y aun trascendió a las islas de Ca­naria, Fuerteventura y Lanzarote. Si la ciudad de La Laguna y otros pueblos se preservaron, lo de­bieron a la atención y providencias de aquel mismo ayuntamiento, que había velado sobre la común seguridad.

Con la noticia de que el monasterio de Santa Clara de Garachico era el más enfermo, se dis­puso el modo de sacar las religiosas que estaban sanas; se prohibió todo trato y comunicación con aquellos vecinos que habitaban desde Tigaiga hasta los Silos; y, habiéndose entendido que se introducían en la ciudad algunos transgresores, sin preceder examen, se puso pena de la vida y se plantaron a la entrada tres horcas. Quemábanse las ropas de los que morían del contagio; señalá­banse degredos para los eclesiásticos y seglares; y hacíanse largas limosnas de los propios a los des­validos; pagábanse espías para impedir el comer­cio de los lugares sospechosos; obligábase a que los médicos los visitasen; y todo se debía a la constante actividad que formaba entonces el ca­rácter de aquel ayuntamiento, el cual, como pri­vativamente encargado de la salud pública de la isla, con inhibición de la Audiencia, apenas en­tendía que había algún leve recelo de infección nombraba diputados de sanidad que la precavie­sen con el mayor escrúpulo. Duró el mal hasta julio de 1606, en que el puerto de Garachico pa­reció enteramente sano, por lo que se hicieron fiestas generales y se dieron acciones de gracias en los templos.” (José de Viera y Clavijo, 1978, t.2:78 y ss.)

1606 octubre 27.
En Cabildo colonial de Tenerife se recibe testimonio de Luís de Sanmartín, alcaide de Santa Cruz, quien expone en Cabildo que el juez hace bien su oficio y los maestres de navíos están molestos con él porque no deja embarcar mercancías prohibidas

El juez de Indias de Tenerife
“Para remedio de todos los males, el Consejo de Indias había in­ventado la figura del juez de Indias, panacea que no sirve ni más ni menos que todas las panaceas. Su modelo había sido el juzgado marí­timo de Cádiz, creado en 1537, bajo la dependencia de la Casa de la Contratación. Naturalmente, debía de ser letrado: antes de proce­der a su nombramiento, se estilaba consultar acerca de su persona a la Junta de Guerra. Su misión era la de velar por el cumplimiento de las disposiciones legales, de las órdenes emanadas del Consejo de In­dias, y principalmente por el justo reparto de las toneladas de permi­sión. Se consideraba sometido a la Casa de la Contratación, a la que debía comunicar periódicamente las salidas de navios canarios de per­misión. Solían nombrarse por períodos de cuatro años y su salario era al principio de 10.000 mrs.

Por razones que se ignoran, posiblemente por una de esas igno­rancias de la geografía isleña, que eran frecuentes en la administración central, al primer juez de Indias en Canarias, nombrado en 1564, se le mandó que residiese en Santa Cruz de la Palma. Las islas de Tenerife y Gran Canaria protestaron, tanto contra el principio de la intervención del comercio como contra el lugar de residencia; en 1566 recibieron una media satisfacción, al haberse nombrado un juez para cada una de las tres islas realengas. El principal objetivo de su creación o, si acaso no se había pensado en ello, el principal resultado fue el incremento de la vigilancia que hasta entonces la Casa de la Contratación sólo ha­bía ejercido a distancia.
La nueva institución no dio satisfacción, pero el Consejo de Indias tardó mucho en dejarse convencer de su inutilidad. El juez superinten­dente licenciado Pedro Gómez de Rivero fue mandado para estudiar la situación y la actuación de los jueces (1652 - 1656), y su informe resul­tó tan desfavorable como severo. Al año siguiente se decidió la unifica­ción de los tres juzgados de Indias en uno solo, con un juez superinten­dente residente en Tenerife y dos subdelegados en Gran Canaria y en La Palma. Se le quitó al juez la competencia tan largo tiempo aplicada sin razón al comercio de Brasil, Cabo Verde y Angola y sobre las arribadas forzosas; se abandonó el sistema del nombramiento por tiempo limitado y se fijó el nuevo salario del juez en 1.200 ducados anuales. En 29 de enero de 1708, Pedro Casabuena fue nombrado juez superintendente con título de perpetuidad y por juro de heredad, con sueldo de 300.000 mrs. y con facultad para poder vincular el nombramiento en su casa. El cargo fue suprimido en 1804; pero muchas de sus atribuciones hacía tiempo que habían sido usurpadas por otras autoridades, tales como la Intendencia, la Aduana o el Consulado.
El lugar de residencia del juez de Indias en Tenerife fue motivo de largos debates. El Cabildo pretendía hacer de Santa Cruz el puerto exclusivo del tráfico indiano; pero la realidad era diferente, porque Garachico exportaba mayor cantidad de vinos a Indias, de la que salía por Santa Cruz. El juez prefería, por lo tanto, residir en Garachico, y aparentemente tenía razón. También tenía el Cabildo sus razones para protestar: no tanto por ser Santa Cruz, como proclamaba, «el princi­pal desta isla y de los mejores y más seguros que ay en todas estas is­las», como porque se había gastado mucho dinero en su fortificación y ahora «los navíos están muy seguros debaxo de la guarda de la fortalesa». A pesar de ello, el juez se niega a trasladarse de Garachico y, peor todavía, obliga a los navíos que llegan a Santa Cruz a que pasen a Ga­rachico para su despacho, «donde les hase comprar vinos e otros frutos de la tierra y los desvía que no compren en esta cibdad, e que los mer­caderes y personas que vienen a comprarlos, como an de ser despacha­dos por el dicho juez, no osan resistirle». Hubo protestas, requirimientos, informaciones y testimonios e incluso vino orden real para que el juez pasase a residir en Santa Cruz: pero, según parece, la mis­ma orden real tenía menos atractivos que los encantos de Garachico, nueva Circe que siguió teniendo avasallados a muchos jueces.
Cuando el tráfico de Santa Cruz empezó a tomar más cuerpo, los jueces prefirieron la residencia de Santa Cruz. Al Cabildo tampoco le cayó bien este cambio, porque sospechaba que era para aprovecharse más que para velar por los intereses del comercio, y volvió a intimarles que vinieran a residir en La Laguna. En Garachico sólo quedaba un teniente o juez subdelegado. En Santa Cruz, aun en tiempos en que los jueces no tuvieron residencia fija, hubo un juzgado de Indias, con su guarda mayor y con su escribano de registros. En 1756, cuando el alcalde de Santa Cruz afirma en justicia que su lugar, además de ser residencia de muchas autoridades, lo es también del juez de Indias, el Cabildo protesta y manda hacer información para probar que todos los jueces residían en La Laguna, hasta el nombramiento de Pedro Casabuena (1708), por estar él casado con una santacrucera. No cabe duda de que fue así; pero el Cabildo no dice nada del trabajo que le había costado para conseguir que los jueces residiesen en la ciudad.

Las principales obligaciones del juez eran el reparto del registro y su envío periódico a Sevilla, la visita de los navíos y la represión de los fraudes. El reparto consiste en la formación de la lista de cosecheros autorizados a enviar vinos a Indias, dentro del cupo anual de la permi­sión. La composición de la lista no depende más que del juez. Por ser muy reducido el cupo, la admisión da lugar a una especie de oposicio­nes muy reñidas en que no hay más méritos que el de saberse ganar la simpatía o el interés del juez.

La relación de los navíos salidos y de las mercancías embarcadas con destino a Indias bajo el régimen de permisión debía enviarse a la Casa de la Contratación cada año y, a partir de 1566, cada cuatro me­ses. Hasta 1564, este envío había sido obligación del Cabildo que parece haber cumplido con suficiente regularidad, por el miedo que tenía de perder la permisión. Los jueces fueron bastante menos ri­gurosos y alguno de ellos nunca se ha molestado en mandar a Sevilla relación alguna, durante los años de su cargo.
La visita de los navíos que están preparando su salida tiene por ob­jeto la inspección de la carga, para evitar los embarques clandestinos o no autorizados. En principio se debe hacer una sola vez, por el juez en per­sona o por algún delegado; pero como el casco de cada navío está lleno de rincones misteriosos y de escondrijos fáciles de disimular y como, por otra parte, cada visita se paga conforme a un arancel, el juez decretó des­de 1586 que una sola visita no era suficiente y procedió a inspeccionar cada barco tres veces. El Cabildo solicitó la intervención del rey, para que no hubiera tantas, porque resultaban demasiado gravosas al comercio, Los jueces que vinieron después mejoraron la marca, porque en 1610 el Cabildo se habría dado por satisfecho, si no hubiese más de tres visitas.

La primera visita se hace por el juez, acompañado de un escriba­no que toma la razón, de un carpintero de ribera que comprueba si el navío es de fábrica nacional, un piloto que examina si el navío está en condiciones para navegar, un alguacil que certifica que no hay ningu­na carga a bordo; cada uno de estos oficiales cobra por arancel. La se­gunda se podría llamar visita de rutina, porque no es más que una confirmación de la anterior. La tercera visita se hace cuando el buque está ya cargado, con la mercancía estibada y los pasajeros a bordo, para averiguar si se han introducido mercancías prohibidas o pasajeros clandestinos. Entonces es cuando se formaliza el registro por escrito: una copia del mismo queda en posesión del maestre, quien la entrega­rá a su llegada al oficial visitador de Indias, y otra se debe remitir, si se remite, a la Casa de la Contratación. En estas condiciones, con la mercancía estibada, el fraude es relativamente fácil; cuando el juez quiere hacer bien las cosas, no espera tanto y presencia desde tierra to­do el embarque, examinando todo cuanto se sube a bordo.
Si cumplen con su cometido, los jueces de India hacen buena la­bor, en el sentido policiaco y fiscalizador. Lo malo es que son ellos los primeros que necesitan policía y fiscal. Los famélicos catarriberas que consiguen un nombramiento, no tienen más preocupación que la de aprovechar al máximo los cuatro años del cargo, porque saben que después vendrán otras vacas flacas. Es verdad que al principio el salario era reducido, con lo cual no se conseguía sino aumentar la tenta­ción; pero la recíproca no era exacta, porque el aumento del salario no eliminó los fraudes y los atropellos.

El Cabildo de Tenerife se halla casi constantemente en guerra abierta con ellos; y es fácil que se produzcan también conflictos con los gobernadores y los capitanes generales, unas veces porque los jue­ces tienden a invadir jurisdicciones que no les compiten y otras, por­que los capitanes generales sufren las mismas tentaciones y el lugar es estrecho para los dos. Toda generalización es inicua y condena a los justos sin haberlos escuchado —porque no cabe duda de que también hubo de haber justos—. Pero bien podemos imitar al Consejo de In­dias, que los acusa oficialmente de incumplimiento del deber, de car­gas irregulares o excesivas, de falta de cobro de los impuestos debidos y amenaza con la privación del oficio y con rigurosos castigos; y al ha­blar de este modo, se dirige sin excepción a todos los jueces de Indias en Canarias, a quienes bien debía de conocer.” (Alejandro Ciuranescu, Historia de Santa Cruz, 1998.t.11: 100 y ss.)

1607.
No salió la flota, pero el juez de Indias de Tenerife dejó salir tres navíos, “los mayores que havían”, con pretexto de mandar aviso (Cedularío, II, 26).

1607.
Fueron detenidos en la isla de El Hierro dos flamencos de nombres harto desfigurados: Félix Campos; natural de Emdem, y Juan Elbrau, considerados como piratas.
Parece ser que navegaban en un navío holandés, de Amsterdam, propiedad de un tal Joan Nicolás, y que después de haber acometido a un navío francés pequeño, viéronse algunos de los tripulantes holandeses separados por el temporal de su bu­que cuando ocupaban el bajel apresado.

Faltos de agua se acercaron a la isla de El Hierro, con propósito de adquirirla a cambio de pescado; mas encallando el batel, no quedó a los piratas otro recurso que entregarse a las autoridades.

Trasladados a Las Palmas fueron procesados por la Inquisición, cuya causa nos informa de los datos reseñados. (M. C.: Inquisición, signatura II-3.)

1606 Junio 8.
Algunos vecinos, principalmente de Icod en el siglo XVII, mandaban en sus testamentos que se dijeran misas a San Juan Evangelista, como el presbítero Rodrigo Navarro el cual declaró en el que hizo el 8 de junio del año 1606 que había comprado una casa baja junto a la suya donde vivía entonces Gonzalo Rodríguez, quien se había tomado el trabajo de cuidarle la hacienda y le había prestado otros buenos servicios y que en atención a estos méritos quería que la casa fuera suya solamente que él y sus herederos pagasen anualmente cuatro doblas a los beneficiados de la iglesia de San Marcos porque cantaran vísperas y misa a San Juan en su día y trajeran un predicador que lo alabase. (Espinosa de los Monteros y Moas, 2006).


jueves, 29 de agosto de 2013

12 productos “cáncer” creados por Monsanto






Para muchos es “paranoico” e incluso “caricaturesco” señalar a la Corporación Monsanto como el “Imperio del Mal”. Sin embargo una breve revisión histórica expone como sembró y cosechó miseria durante el transcurso de un siglo con productos tóxicos como el Aspartamo, DDT, PCB, la hormona de Crecimiento Bovino, Sacarina, entre otros. Algunos de estos elementos tóxicos como el RoundUp y el Agente Naranja han causado generaciones de niños con malformaciones y problemas de cáncer.
Cuando usted reflexiona por un momento sobre los productos desarrollados por Monsanto, ¿qué encuentra? Esta es una lista certificada por organismos legales mundiales, describiendo 12 creaciones que Monsanto lanzó al mercado:
1. Sacarina. John Francisco Queeny fundó “Monsanto Chemical Works”, con el objetivo de producir sacarina para Coca-Cola. Estudios realizados durante la década de 1970 mostraron que este químico produce cáncer en ratas y otros mamíferos de prueba. Sin embargo, tras descubrir que causa el mismo efecto en humanos, Monsanto sobornó a médicos e instituciones para seguir comercializandola.
2. PCBs. Durante la década de 1920, Monsanto comenzó a expandir su producción química mediante bifenilos policlorados (PCB), para producir fluidos refrigerantes de transformadores eléctricos y motores. Cincuenta años después, la EPA publicó un informe citando a los PCBs como causantes de cáncer en animales, con pruebas adicionales indicando que produce cáncer en seres humanos. Casi 30 años después los PCBs fueron prohibidos en EE.UU., este químico sigue apareciendo en la sangre de las mujeres embarazadas, como se informó en un estudio de 2011. En muchas áreas de Argentina se sigue utilizando PCBs.
3. Poliestireno. En 1941, Monsanto comenzó a enfocarse en plásticos y el poliestireno sintético, que todavía es ampliamente utilizado para envasar alimentos. El poliestireno fue clasificado quinto en la lista de 1980 de la EPA, donde se enumeran productos químicos cuya producción genera los residuos más peligrosos. Al estar en los envases de comida ingerimos poliestireno (efecto de migración), que causa depresión, cáncer y daños a los nervios. Los vasos y recipientes hechos de este material sintético son difíciles de reciclar. Deben ser derretidos utilizando un equipo adecuado que la mayoría de los centros de reciclaje no poseen. Dentro de 1000 años, la bandeja de carne que usted compró en Carrefour o Wall-Mart seguirá existiendo en alguna parte del planeta. Es fatal para la vida marina: Flota en la superficie del océano, se descompone en pequeñas esferas que los animales comen. Las tortugas de mar, por ejemplo, pierden su capacidad de sumergirse y mueren de hambre.
4. Bomba Atómica y armas nucleares. Poco después de ser adquirida por Thomas and Hochwalt Laboratories, la corporación Monsanto se convirtió en una división de su Central Research Department. Entre 1943 y 1945, este departamento coordinó esfuerzos de producción clave con Manhattan Project. Lea sobre el mayor accidente industrial de Norteamérica.
5. DDT. En 1944, Monsanto empezó a fabricar el insecticida DDT, con la excusa de combatir a los mosquitos “transmisores de malaria”. En 1972, el DDT fue prohibido en EE.UU. – Sus efectos adversos para la salud humana incluyen infertilidad, fallos en el desarrollo, destrucción del sistema inmunológico, muerte. El DDT impide al andrógeno unirse con su receptor, bloqueando, por lo tanto, al andrógeno para conducir un normal desarrollo sexual, dando lugar a anormalidades. Durante un experimento llevado a cabo en el Mar Caspio (Mediterráneo), el DDT a una concentración de 1 ppb redujo la población de peces hasta un 50%. El transporte atmosférico de largo de esta sustancia afecta actualmente a todos los seres vivos del planeta. Fue detectado en el aire del Ártico, terreno, hielo y nieve y virtualmente en todos los niveles de la cadena alimentaria mundial. Los sedimentos del fondo en lagos y los lechos de los ríos actúan como reservas para el DDT y sus metabolitos. Todos los bebés humanos nacen con DDT en la sangre.
6. Dioxinas. En 1945, Monsanto comenzó a promover el uso de pesticidas químicos en la agricultura con la fabricación del herbicida 2,4,5-T (uno de los precursores de agente naranja), que contiene dioxina. Las dioxinas son un grupo de compuestos químicamente relacionados que se conocen como los “Doce del patíbulo” – Son contaminantes ambientales persistentes que se acumulan en la cadena alimentaria, principalmente en el tejido adiposo de los animales. Durante décadas, desde que fue desarrollado por primera vez, Monsanto fue acusada de encubrimiento o no informar sobre la contaminación por dioxinas en una amplia gama de sus productos.
7. Agente Naranja. Durante la década de 1960, Monsanto fue el principal fabricante de Agente Naranja, un herbicida / defoliante utilizado como arma química en la guerra de Vietnam. La fórmula de Monsanto tenía niveles de dioxinas mucho mayores que el Agente Naranja producido por Dow Chemicals, el otro fabricante (por lo que Monsanto fue el acusado clave en la demanda presentada por veteranos de la guerra en los Estados Unidos). Como resultado del uso de Agente Naranja, Vietnam estima que más de 400.000 personas fueron asesinadas o mutiladas, 500.000 niños nacieron con defectos de nacimiento, y un máximo de 1 millón de personas quedaron discapacitadas o sufrieron problemas de salud, por no hablar de los efectos a largo plazo que lesionaron a más de 3 millones de soldados americanos y sus descendientes. Memos internos de Monsanto muestran que la corporación conocía perfectamente los problemas de contaminación por dioxinas del Agente Naranja cuando vendió el producto al gobierno de EE.UU. (para su uso en Vietnam). Sin embargo, la “Justicia” norteamericana permitió a Monsanto y Dow apelar y recibir protección financiera por parte del gobierno, ignorando a los veteranos que buscan una compensación por haber sido expuestos al Agente Naranja.
Recién en el año 2012, 50 años más tarde del rociamiento con Agente Naranja, comenzaron algunos esfuerzos por limpiarlo. Mientras tanto, el legado de Monsanto para las generaciones futuras se traduce nacimientos de niños deformes, que continuarán durante las próximas décadas. ¿Piensa que no puede suceder aquí? Varios cultivos argentinos son modificados genéticamente para resistir un herbicida hecho con el principal componente del Agente Naranja (2,4-D), con el fin de luchar contra las “súper malas hierbas” desarrolladas por el RoundUp. Estos químicos persisten en los alimentos hasta llegar a las góndolas del supermercado y más tarde a su estomago.
8. Abono a base de petróleo. En 1955, Monsanto empezó con la fabricación de “fertilizantes” a base de petróleo, luego de comprar una refinería petrolera. Los “fertilizantes” a base de petróleo matan microorganismos benéficos del suelo esterilizando la tierra y creando dependencia, es como una adicción a los sustitutos artificiales. Dado el creciente precio del petroleo no parece una opción demasiado económica ni prospera…
9. RoundUp. Durante la década de 1970 Monsanto fundó su división Agricultural Chemicals, para producir herbicidas, y uno en particular: RoundUp (glifosato). La propaganda de Monsanto es que puede erradicar “las malezas” un día para el otro. Por supuesto los agricultores lo adoptaron de inmediato. La utilización de este químico aumentó cuando Monsanto introdujo las semillas “RoundUp Ready” (resistentes al glifosato), lo que permite a los agricultores a saturar el campo con herbicidas sin matar estos cultivos (transgénicos). Monsanto es una corporación muy poderosa, como lo demostró recientemente haciendo firmar a Obama un Acta de Protección para sus crímenes. Y aunque el glifosato inicialmente fue aprobado por organismos reguladores de todo el mundo, y es ampliamente utilizado en Argentina y Estados Unidos, más tarde fue prácticamente erradicado de Europa. El RoundUp fue hallado en muestras de aguas subterránea, así como en el suelo, y el mar, e incluso en las corrientes de aire y las lluvias. Pero por sobre todo en alimentos.
Es el causante de la desaparición de abejas, y produce malformaciones, infertilidad, cáncer y destrucción del sistema inmunológico. Los estudios independientes demostraron efectos sobre la salud consistentemente negativos que van desde tumores y función orgánica alterada, hasta muerte por intoxicación. El RoundUp es Agente Naranja con distinto nombre.
10. El aspartame (NutraSweet / Equal). Fue descubierto accidentalmente durante una investigación sobre hormonas gastrointestinales. Se trata de un producto químico dulce que en primera instancia, mató a un mono bebé y dejó a otros 5 dañados gravemente (sobre un total de 7 monos), en un ensayo clínico realizado para que la FDA apruebe el Aspartame. ¡Y la FDA lo hizo! (1974). En 1985, Monsanto adquirió la empresa que fabricaba aspartame (GD Searle) y comenzó a comercializar el producto rebautizándolo NutraSweet. Veinte años más tarde, el Departamento de Salud y Servicios Humanos de los EE.UU. publicó un informe que enumera 94 problemas de salud causados por el aspartamo. (Vea un vídeo rápido aquí.).
11. Hormona de Crecimiento Bovino (rBGH). Esta hormona modificada genéticamente fue desarrollada por Monsanto para ser inyectada en las vacas lecheras y aumentar la producción de leche cuando no hay escasez de leche. Las vacas sometidas a rBGH sufren un dolor insoportable debido a la inflamación de las ubres, y mastitis. El pus de la infección resultante entra en el suministro de leche que requiere el uso de antibióticos adicionales. La leche rBGH produce cáncer de mama, cáncer de colon, y cáncer de próstata en seres humanos.
12. Cultivos Genéticamente Modificados OGM / GMO / GM. A principios de la década de 1990, Monsanto comenzó el “empalme” de genes de maíz, algodón, soja y canola. Utilizó ADN de fuentes extrañas para lograr dos características principalmente: Un pesticida generado internamente, y resistencia al herbicida RoundUp de Monsanto. En otras palabras, las plantas envenenan y matan a los insectos y mamíferos que las devoran, y, resisten el agroquimico (pariente del Agente Naranja) RoundUp que persiste en ellas incluso tras su procesamiento hasta llegar al consumidor.
Por supuesto la transgenesis se ha extendido. Papas, frutillas, manzanas, tomates, lechuga, tabaco, peras, sandías. TODO tiene su versión OGM.
Pese a las décadas de propaganda diciendo que los cultivos genéticamente modificados podrían alimentar al mundo, que tendrían más nutrientes, resistencia a la sequía, o mayor rendimiento, ninguna de esas promesas se cumplió. Los cultivos GM no alimentan al mundo, causan cáncer. No tienen más nutrientes, de hecho no alcanzan ni un 10 % de los nutrientes de los cultivos orgánicos. No resisten a la sequía. No brindan mayor rendimiento sino menor rendimiento, mientras encarecen la producción. La mayoría de las ganancias de Monsanto provienen de las semillas diseñadas para tolerar el RoundUp, este diseño transforma a los “alimentos” en armas mortales para la humanidad. Los ingresos de Monsanto aumentan constantemente ya que los agricultores se ven obligados a usar más y más químicos debido a la proliferación de super malezas que evolucionan desarrollando resistencia al RoundUp.
Monsanto y los medios de comunicación masivos ocultan que el Amaranto orgánico era el verdadero alimento proyectado para la humanidad del futuro. Cura el cáncer, lo previene, es el cereal más nutritivo del planeta y fue la primera planta en germinar en el espacio. Tal es así que los astronautas de la NASA utilizan amaranto para mantenerse saludables y no soja.
Al igual que durante los primeros días de los PCB, el DDT, o el Agente Naranja, Monsanto ha engañado y sobornado con éxito a los organismos públicos y reguladores generales implantando la creencia de que el RoundUp y los cultivos modificados genéticamente son beneficiosos y “seguros”.
Sin embargo Monsanto tuvo que ordenar a Obama que firmara una Ley en salvaguarda de la corporación para defenderse de las denuncias y demandas producto de 100 años de nuevos estudios que demuestran los efectos negativos e impactos ambientales de los OGM. Monsanto ataca dichos estudios científicos mediante medios de comunicación masivos controlados, denigrando e ignorando a las organizaciones independientes, y científicos honestos. Pero además, Monsanto cuenta con asociaciones industriales, blogs, científicos sobornados, “ciencia independiente” falsa y todo tipo de herramientas que a su vez, los mismos medios de comunicación corruptos patrocinan, sumado a cientos de miles de artículos de relaciones públicas “privadas” realizados por empresas que con frecuencia fueron fundadas, son financiadas y mantenidas por Monsanto.
Desafortunadamente, muy pocos de nosotros tomamos el tiempo para localizar a los miembros fundadores, y las relaciones de estas fuentes no válidas con Monsanto. (Leer más en esta página en inglés).
La FDA respalda enfáticamente a Monsanto, ya que comparte funcionarios con Monsanto mediante el fenómeno “Puertas Giratorias”. En el siguiente gráfico elaborado por Millones contra Monsanto puede ver algunos ex vicepresidentes de Monsanto y abogados de la firma que más tarde ocuparon cargos en la FDA. Y no se olvide de Clarence Thomas, el ex abogado de Monsanto, que siendo juez de la Corte Suprema de Justicia, falló a favor de Monsanto en cada caso presentado.
El viento y las abejas transportan mutaciones genéticas de Monsanto a la naturaleza salvaje, comprometiendo el ecosistema global. Muy pronto todas las plantas serán transgénicas.
13. Un producto extra para este informe: Las semillas Terminator. A finales de 1990, Monsanto desarrolló tecnología para producir granos estériles incapaces de germinar. Estas “semillas Terminator” obligarían a los agricultores a comprar nuevas semillas de Monsanto cada año, en lugar de guardar y reutilizar las semillas de sus cosechas como lo hicieron durante siglos. Afortunadamente, esta tecnología fracasa en al mercado. Por lo cual Monsanto decidió exigir a los agricultores la firma de un contrato de acuerdo para que no re-utilicen ni vendan las semillas, lo que les obliga a comprar nuevas semillas y se antepone a la necesidad de un “gen terminator”. El fracaso parcial de las semillas terminator es una suerte para nosotros … ya que también eran susceptibles a polinización cruzada y podrían haber contaminado cultivos y bosques en todo el mundo. Lo cual no significa que este objetivo siga en los planes de Monsanto.
¿Cómo se traduce el legado de Monsanto para la humanidad?
Entre el 85% y el 90% de los alimentos que usted consume cada día tiene OGMs y tóxicos químicos de Monsanto, y residuos de RoundUp. (Las cifras en esa fuente están desactualizadas)
¿Cómo logra Monsanto su impunidad? Según la Asociación de Consumidores Orgánicos en un documento del año 2011, “Hay una correlación directa entre el suministro de alimentos genéticamente modificados y los $ 2,000,000,000,000 de dólares que el gobierno de EE.UU. gasta anualmente en atención médica, es decir, una epidemia de enfermedades crónicas relacionadas con la dieta y un vinculo comercial con los laboratorios de fármacos y vacunas.
En lugar de frutos sanos, verduras, granos y animales alimentados con hierba natural, las granjas industriales de Estados Unidos y Argentina producen un exceso de comida chatarra de ingeniería genética para ocasionar enfermedades cardíacas derrame cerebral, diabetes y cáncer, con el respaldo de subsidios agrícolas, mientras que los agricultores orgánicos no reciben dichas subvenciones.
La historia de Monsanto refleja un cuadro persistente de sustancias químicas tóxicas, demandas, y ciencia manipulada. ¿Es este el tipo de entidad que queremos para controlar el suministro de alimentos de nuestro mundo?
Monsanto no está sola. Otras empresas del “Big Six” incluyen a: Pioneer Hi-Bred International (filial de DuPont), Syngenta AG, Dow Agrosciences (filial de Dow Chemical), BASF (que es una compañía química que expande rápidamente su división de biotecnología) y Bayer CropScience (filial de Bayer).
Tomado de: El Ciudadano.cl.

CONTINUAN LAS ACCIONES DEPREDADORAS DE LOS CRIOLLOS CANARIOS EN ELCONTINENTE






Eduardo Pedro García Rodríguez

1605 diciembre 16. Se manda informar si es útil a los vecinos colonos de Tenerife hacer en­tradas en Berbería. Se acuerda informar positivamente, por el aumento de las reales rentas, el bien de los vecinos y de las almas convertidas a la fe (Cab. 16/12. 1605). Al haberse publicado mientras tanto la paz con Marruecos, se acuerda solicitar sólo el rescate pacífico (Cab. II, 20/2.1606). Iguales gestiones en 1610 (LL: D.XI1I/10).


Relaciones de los colonos de Canarias con el continente
“La distancia que separa las Canarias de la costa continental (africana) es tan re­ducida, que no resultaría fácil vivir de espaldas al continente. La tierra firme inmediata constituye para Canarias una zona vital, para su pes­ca, para sus comunicaciones, para su tráfico tanto como para su defen­sa y tranquilidad. Las concepciones económicas que dominaban en los albores del mercantilismo, así como la desorganización política y eco­nómica de la costa vecina, brindaban a los europeos las tentaciones de un comercio de aventura. Los portugueses, y luego los españoles, lo­graron asegurarse unas bases entre comerciales y militares en toda la extensión de la costa que va de Oran a la Mina. La ocupación, siquiera parcial, de la zona que hace frente al archipiélago canario fue casi con­temporánea de la conquista de las grandes islas; sin emoareo, qué en esta misma zona donde resultó más difícil mantenerse.

Una de las razones de sus dificultades y de sus fracasos fue el mis­mo objeto potencial de su tráfico. África prometía oro, marfil y algu­nos productos semielaborados que no carecían de interés, tales como el cuero, la miel o la cera; por otra parte, África representaba un im­portante mercado potencial para el trigo canario y para las manufactu­ras europeas, para las cuales la navegación canaria parecía el vehículo predestinado. Sin embargo, el principal aliciente del comercio africano de aventura era el esclavo. No hubiera podido ser de otro modo, una vez agotado el banco de esclavos que, en una primera época, había ofrecido el archipiélago canario recientemente invadido y conquistado.
Esta vez, todas las condiciones se hallaban reunidas. En la economía negra, el hombre era la mercancía que menos costaba, y en la mora, la que más fácilmente se podía conseguir. Las islas estaban bien situadas para beneficiarse, y no dejaron de aprovechar su posición geográfica para esta finalidad. El tráfico de esclavos fue muy activo en Canarias, con Berbería, con Guinea y más tarde, en colaboración con los portugueses, en Angola. La venta de esclavos era el remedio de muchas escaseces; si no fue todavía más activa, fue sobre todo por las muchas trabas que se le ponían desde Madrid. Hasta 1640, mientras se pudo contar con la colaboración de los marineros de Portugal, la intervención de las islas en la trata fue consi­derable: Santa Cruz fue centro de iniciativas mercantiles de este tipo, a la vez que mercado internacional de esclavos, abastecido por los canarios al igual que por los portugueses; luego, a partir de mediados del siglo XVII, los proveedores Rieron sobre todo ingleses y holandeses.
En el siglo XVI, Berbería fue para los canarios una tierra de promi­sión: por lo menos, les dio la falsa impresión de serlo. Los contactos con la costa mora fueron de dos tipos, que a menudo se confunden o coinciden en la misma empresa. Por un lado, el comercio está interesado en el verdadero comercio, en los cambios que ofrece el mercado africa­no, a veces en condiciones muy ventajosas los moros no son sola­mente clientes en potencia, sino que sirven también de intermediarios y de agentes comerciales para los cambios con África negra, de donde se sacan el oro y los esclavos, a cambio de telas y de baratijas. Por otro la­do, resulta a menudo más provechoso esclavizar a los mismos moros, en lugar de comprarles los esclavos: en este caso, la expedición comercial se convierte fácilmente en aventura militar o, como dicen, en cabalgada.
La verdad es que la correría resulta más fácil, quizá más agrada­ble, y goza de mejor consideración que el simple trato comercial. Para poderse dedicar a este último, el mercader debe pasar por el examen del Santo Oficio, tanto a la ida como al regreso; y es frecuente que se vea procesado por tratos con los moros, cuando no con las moras, que es peor, porque, como es de todos sabido, son paganos y enemigos de nuestra fe. En cambio, si se aplica a cautivarlos, el mercader se con­vierte en héroe y sus hazañas le dan lustre además de dinero.
Qué clase de hazañas eran aquéllas, lo dice con ejemplos uno de los más activos promotores de cabalgadas, Juan de Alcázar Morales, ve­cino de Fuerteventura. Una vez, «entrando en el río de Teguía contra tres moros muy valientes que, como se le fueran por un paso y de caba­llo, no pudiesen entrar por el río, se bajó el dicho Juan de Alcázar de Morales por el río y pasó y se combatió con los tres moros y hirió a dos de ellos y los prendió a todos tres. Y así mesmo alcanzó en otra jornada a dos hermanos moros y, combatiéndose con ellos, les tiró un tajo con el espada y le echó las tripas de fuera, y al otro cortó de raíz el brazo, y los traxo presos ambos». En otra expedición, acaudillada por Fernand Arias de Saavedra, dieron los españoles con una cueva y «como no osasen en­trar los demás, él entró solo desnudo con un puñal en la cinta, y sacó por la greña uno a uno cinco moros que estavan dentro de los dichos herguenes, escondidos en la dicha cueva». En otros términos, aquellos moros eran campesinos pacíficos, que se dejaban sorprender casi tan in­defensos como los negros. Tan seguros estaban los caballeros expedicio­narios de volver con buena presa, que a veces la vendían de antemano.

También es verdad que la primera modalidad de contacto, el co­mercio pacífico y, por decirlo así, clásico, daba a menudo malos resul­tados: siempre cabía la posibilidad de que fuese el comerciante español quien se quedaba prisionero. Santa Cruz de Mar Pequeña había sido fundado precisamente para servir de protección al tráfico. Pero la acti­tud de ambas partes no hacía más que aumentar las desconfianzas, y el establecimiento de relaciones normales se hacía cada vez más difícil. El principio de la cabalgada contra los moros no sólo había quedado legalmente admitido, sino que fue estimulado y en cierto modo subven­cionado, por haber abandonado la corona a los habitantes de Tenerife el derecho del quinto, que tenía sobre todas las presas.

De 1508 a 1560, las expediciones de «rescate» a Berbería son muy frecuentes. Desde Las Palmas «todos los años se hazen armadas y entradas en la Berbería», y lo mismo se puede decir de Santa Cruz. De este último puerto, algunas veces salen dos expediciones al mismo tiempo. Las actividades de algunos caudillos son impresionantes. A don Agustín de Herrera, futuro marqués de Lanzarote, se le atribuyen unas 14 expediciones entre 1556 y 1569, es decir una cada año. Luis de Aday aprovechó su posición privilegiada de alcaide de Santa Cruz de Mar Pequeña, para multiplicar los rescates, que pagó al fin y al ca­bo con su propia libertad. La historia de las expediciones de rescate a que han salido de Santa Cruz, ocuparía todo un libro.

Pero si es cierto que cualquier comercio representa una suma de riesgos, el de los rescates o cabalgadas es un riesgo mucho mayor que los acostumbrados. No cabe duda, v cualquier comerciante lo sabe, que el mayor riesgo llama la mayor ganancia; pero también se sabe que todos los juegos de azar son peligrosos. Los moros del continente africano no tardaron en contestar al desafío y rápidamente, en lugar de conformarse con defenderse, pasaron a la ofensiva. La segunda par­te del siglo XVI está llena de piraterías moriscas, que asolaron práctica­mente la isla de Lanzarote y ocasionaron grandes daños en las demás. A lo largo del siglo siguiente, la amenaza se instaló con carácter per­manente. Los piratas moriscos entraban casi todos los años en aguas canarias, detenían a los pescadores, atacaban los navíos, ejecutaban rá­pidos desembarcos e incursiones en las islas. Los cautivos canarios en tierras de África llegaron a ser numerosos. Como las condiciones de vida no eran muy diferente y las perspectivas de libertad eran pocas, muchos se quedaron, y algunos renegaron de su fe. El vecindario de Santa Cruz fue uno de los que mayor tributo de sangre pagó a África musulmana.
Por otra parte, las expediciones a la costa de África tropezaban con la vigilancia y la oposición enconada de los portugueses. La coro­na de Portugal había obtenido el reconocimiento por tratado de sus derechos exclusivos sobre aquella zona de la costa, y los conflictos de jurisdicción fueron frecuentes, desde el siglo XV. Los intereses encon­trados de las dos naciones fueron causa de continuas desavenencias, represalias y pleitos. Finalmente, el rey de Portugal consiguió en 1564 la licencia del rey de España, para delegar en el licenciado Esquivel las funciones de juez de todas las expediciones canarias a Berbería y Guinea. La organización de las cabalgadas, que hasta entonces había sido relativamente libre, recibía de este modo un golpe, que no ha­bía de ser el último: una real cédula de 14 de febrero de 1572 prohibió definitivamente las incursiones y cerró la puerta del mercado de es­clavos magrebí.
Durante algún tiempo, el Cabildo de Tenerife abrigó la esperanza de poder reanudar aquellas actividades, que a él se le antojaban prove­chosas a la vez que perfectamente justificadas desde el punto de vista de la fe. A pesar de la tendencia a la paz, o quizá con la intención de aprovecharla, solicitó la renovación del trato con Berbería, siquiera con el título de rescate pacífico. Pero la política española había cambiado. Mucho más tarde, cuando algunos refugiados franceses, de los hugonotes desterrados por Luís XIV, propusieron poblar y defender el fuerte de Santa Cruz de Mar Pequeña, el proyecto fue rechazado por el gobierno de Madrid: quizá en la negativa había tenido alguna influencia la consideración de la condición de herejes de quienes ofre­cían de aquel modo sus servicios.

Consideradas en su conjunto, las relaciones con Berbería presen­tan un falso aspecto militar y guerrero, que podría inducir a pensar que tienen poco que ver con el comercio. Es, sin embargo, una abertu­ra violenta de mercados, y en aquella época la intervención de la vio­lencia no era nada rara. Es verdad que puede parecer curioso un comer­cio que se practica con las armas en la mano, pero también sería un error confundir la piratería con el arte militar. Durante largos siglos, la navegación en general se ha asociado y en gran parte se ha confundido con la aventura y con la piratería. La que ejercieron los colonos canarios en la costa de África pudo representar algunas ventajas momentáneas e indi­viduales: al fin y al cabo, sus resultados fueron desastrosos.
A las rapiñas africanas, que provocaron la reacción mora, se debe la pobreza y el estado de abandono histórico de las dos islas orientales, Lanzarote y Fuerteventura, las víctimas preferidas de las invasiones. Mientras hubo en ellas esclavos moros, huyeron los vecinos, para evitar la promiscuidad y la contaminación; y al inversarse la corriente, la población cristiana se vio diezmada a su vez por las incursiones ber­beriscas. A ellas se deben las frecuentes visitas de piratas africanos en aguas canarias, y las condiciones precarias, cuando no angustiosas, de la necesaria convivencia con el continente vecino. Ellas fueron, en fin, el espléndido modelo de la piratería inglesa, que hizo aquí su aprendi­zaje, en íntima colaboración con los piratas tinerfeños.

A pesar de todo, las perspectivas de la aventura congeniaban con la falta de sustancia y de constancia del comercio canario. La trata fue, durante más de un siglo, un oficio muy lucrativo. A partir de fines del siglo XVI y hasta 1640, los esclavos fueron principalmente bantúes de Angola. La explotación de esta zona fue activa sobre todo a partir de 1587, cuando dos vecinos de Lisboa consiguieron el monopolio o el arrendamiento de la trata, pagando a la corona once contos, y a partir de 1594 unos 25 contos al año, a título de renta. Como Portugal no era todavía productor de vinos y no tenía mucho que exportar, el tráfico se organizó sobre la base de una cooperación luso - canaria, que siguió siendo estrecha a lo largo de toda esta época. El sistema era siempre el mismo. El navío portugués venía a embarcar vino canario en una de las islas, pero preferentemente en Santa Cruz, y se lo llevaba a Loanda, donde su venta o trueque proporcionaba los fondos necesa­rios para la compra de esclavos. Los esclavos se embarcaban luego en el mismo navío, con destino legal y declarado al Brasil. A menudo llegaban a su destino, porque los esclavos se vendían bien en Brasil; pero no faltan los casos en que el destino real del cargamento era la Tierra Firme o Nueva España.
El mismo sistema de compraventa se aplicaba, con igual éxito, en el comercio con esclavos de Guinea. Este tráfico triangular producía buenas utilidades a los cosecheros tinerfeños, que no sólo vendían así sus vinos, sino que participaban también en las ganancias de la trata.
Este comercio quedó arruinado en 1640, menos por la secesión portu­guesa que por la ocupación holandesa de Angola de 1641 a 1648.

En el siglo XVIII se producen en Santa Cruz dos intentos de activa­ción de la trata. Aunque no se diga nada al respecto en la poca docu­mentación que sobre ella conocemos, es de suponer que la expedición a Fernando Po y Anobón, en 1779 - 1782, respondía principalmente a esta preocupación. Su organización y ejecución habían sido encargadas al juez de Indias en Tenerife, Bartolomé Casabuena y Guerra. Quizá este proyecto, que no dio los resultados inmediatos que se podían espe­rar, era el mismo que estaba estudiando en 1784 el marqués de Branciforte, por especial encargo del conde de Floridablanca.
Se trataba, en las ideas del ministro, de organizar un comercio es­pañol de esclavos, para proveer de mano de obra las colonias españolas de América y regularizar aquel mercado, que se hallaba en manos de extranjeros. Brancifbrte formó un proyecto, que sometió al examen del gobierno de la metrópoli. Se preveía la fundación de una factoría que debía esta­blecerse en la costa africana o, si esto no fuese posible, en el acuerdo con alguna nación extranjera interesada en el asunto. Se consideraba suficiente un capital inicial de 50.000 pesos, dividido por acciones. Con una parte de aquel dinero se compraría un buque de fábrica francesa o canaria, capaz para 300 y hasta 400 negros. La zona óptima para buscar la “mercancía” le parecía ser la situada más allá del río Senegal, entre los 15° y los 5°: allí calculaba que se podía hacer el lleno de la carga en menos de dos meses, además de la posibilidad de conseguir oro en polvo, marfil y goma. Parecía preferible dotar el barco con una tripulación canaria, que era mejor que otras para tales misiones: de ha­ber reclutado entre gente del Norte, su número hubiera debido ser dos veces mayor. No se podría decir que Branciforte no había tomado en serio su encargo. No consta que su proyecto haya merecido alguna atención particular en la corte.

Mientras tanto, las relaciones con Marruecos seguían rumbos mucho más pacíficos. En la primera mitad del siglo xviii, los contac­tos comerciales no habían sido frecuentes ni importantes: pero existía por lo menos una corriente comercial, que podía ir desarrollándose sin inconveniente. Como aun no existían tratados entre los dos paí­ses, se hacía necesaria la autorización del Consejo de Castilla cada vez que se debían traer de Berbería los productos juzgados indispensa­bles, principalmente el trigo en períodos de carestía y la cera, de que la zona continental vecina era gran productora. Como en el siglo anterior, subsistían las dificultades de contacto, que salvaban a menu­do comerciantes ingleses, o franceses establecidos en Santa Cruz, que tenían correspondencia con otros franceses residentes en Berbería. La libertad de comercio con Marruecos fue decretada en 1766, y las aduanas de Santa Cruz y de La Palma fueron habilitadas inmediata­mente para este comercio. Como los años de 1768 a 1772 fueron todos malos para la agricultura, aquel nuevo comercio resultó provi­dencial para Canarias: se pudieron importar grandes cantidades de tri­go de Mogador —con el inconveniente de tener que pagarlo en di­nero contante, porque a los moros no les interesaba la malvasía como moneda de cambio.” (Alejandro Ciuranescu, Historia de Santa Cruz, 1998.t.11: 58 y ss.).