domingo, 11 de agosto de 2013

CAPITULO XIV-XIII




EFEMÉRIDES DE  LA NACIÓN CANARIA


UNA HISTORIA RESUMIDA DE CANARIAS

ÉPOCA COLONIAL: SIGLO XVII


DECADA 1581-1590


CAPITULO XIV-XIII




Guayre Adarguma Anez’ Ram n Yghasen

1600. Un temporal destruye el primer puerto de Añazu n Chinech (Santa Cruz de Tenerife), llamado así por los invasores por el madero cruciforme que los castellanos traían consigo en el momento de la conquista de la Isla (1494), se encontraba al norte de la playa de Añazu o de la Carnicería. Cuatro años más tarde se construiría otro muelle en un saliente junto a la Caleta de Blas Díaz, efectuándose, durante más de un siglo, toda la actividad mercantil por el lugar que hoy ocupa el Cabildo Insular.

La única entrada a Añazu (Santa Cruz) para los que llegaban por primera vez a la isla resultaba en extremo pintoresca. El muelle era pequeñito, -ya que sólo llegaba a donde hoy empieza a perfilarse el espigón de la nueva dársena comercial- , y en él había algunas instalaciones notables. Una de ellas, la marquesina, y otra, el "pescante". Que era una especie de grúa pequeña, montada sobre un tambor de la muralla, frente a la marquesina, y que servía para elevar desde las falúas y depositar sobre el muelle los equipajes y cargas menores. Las escaleras de acceso desde el mar al muelle se llamaban "platillos". Los primeros estaban en la misma zona de atraque de las falúas, los segundos un poco más allá. Y era prueba de natación para los bañistas de la "playa de Ruiz" llegar hasta ellos, como luego se verá. También estaban sobre el muelle los Almacenes de Ruiz, de la familia Ruiz Arteaga, sobre la playa de su nombre, de la que acabo de hablar, y enfrente los tinglados del tranvía, para depositar las cargas transportadas por él; la Comandancia de Marina, en un curioso edificio de traza mozárabe, la Pescadería y, a continuación, el Castillo de San Cristóbal, con las construcciones bajas del Cuerpo de Guardia o El Principal, como se le llamaba corrientemente.
El Castillo de San Cristóbal era una construcción curiosa, que estuvo en pie hasta el año veintitantos, en que fue derribado para formar, sobre el solar, la actual Plaza del Cabildo.
1600. Un temporal arrasó con todo lo que quedaba del muelle de Añazu n Chinech (Santa Cruz de Tenerife). Ya en los primeros años del s XVII se encarga la construcción de un nuevo muelle en otro lugar. Esta vez se designó la peña que cerraba la Caleta de Blas Díaz, excavando unos escalones en la misma roca para facilitar el acceso de personas y mercancías. El muelle se había trasladado desde la playa a la Caleta. Con grandes dificultades este muelle prestó servicio durante todo el s. XVII en medio de un litoral ingrato y de una fábrica que no ofrecía muchas garantías. Los trasvases de mercancías y pasajeros continuaban realizándose con gran dificultad.
1600. Siendo Gobernador General virrey de esta colonia y Presidente de la Real Audiencia el General  Luís de la Cueva y Benavides, por convenir así al mejor servicio del Rey de la metrópoli y al suyo propio, dispuso se construyeran en las playas del Puerto de San Marcos de Icod, Chinet (Tenerife) varias fragatas y bergantines de guerra, y escogió para ello este lugar de Icod por la seguridad de su bahía y la abundancia de maderas en sus bosques. Estos eran riquísimos. de arboleda y encontrábanse muy cerca de la población. A unos mil metros, aproximadamente de la última casa habitada, está el paraje en que se cortaron las maderas, que transportadas a la playa de San Marcos, sirvieron de materiales al enjambre de Maestros de ribera, calafates y demás gente de la industria de construcciones navales que trajo de la Isla de Tamaránt (Gran Canaria) el General Benavides, durando la fábrica de las embarcaciones guerreras casi un año, en cuyo tiempo permaneció alojada en el Lugar de Icod de los Vinos la gente de guerra y de Arte que se ocupó en estas faenas.

El paraje en que se hizo la corta, quedó limpio de pinos y se roturó después, plantándolo de viñas y dedicándolo a la siembra de frutos, pero ha conservado hasta la fecha el nombre de Corta de la Naos

1600. Los colonos y criollos establecidos en Canarias cuando no pueden robarlos comercian con pueblos del continente en territorio situado entre el sur del río Senegal y Angola, incluyendo en el mismo el archipiélago de Cabo Verde, que era colonia portuguesa.

El comercio con Cabo Verde convirtió a Canarias en un puerto importante en el tráfico a gran escala. Así, navíos procedentes de la Península Ibérica tomaban las islas como base de sus operaciones.

El elemento sustancial de este tráfico, eminentemente esclavista aun cuando se conseguían otros artículos como cueros, ámbar, sebo y sal, era el vino isleño, y debió de ser bastante importante para llamar la atención del juez castellano de Indias, y por supuesto de los historiadores de la colonia. El procedimiento más usual en este trato consistía en la participación individual del cargador, que si la ocasión era propicia se asociaba a otros compañeros.

La asiduidad de este comercio se refleja en los datos que poseemos. Entre 1600 y 1625, sólo desde Tamaránt (Gran Canaria), se registra la salida de 24 navíos, casi uno por año; esto indica la regularidad del tráfico y la rentabilidad de este comercio que daba salida a buena parte de los frutos isleños. El beneficio sería aún mayor si tomamos en cuenta el fraude y el contrabando a que tan aficionados eran los colonos y criollos y que de forma continuada estuvieron presentes y que tanto preocuparon a la Casa de la Contratación en la metrópoli al objeto de evitar que en el tornaviaje desde Cabo Verde los navíos con origen en los puertos de Chinet (Tenerife) y Tanmaránt (Gran Canaria) derrotasen a las colonias españolas en América, razón por la cual se obligaba a los maestres a efectuar una fianza en el momento de efectuar el registro.

El mercado de Cabo Verde ofrecía un centro exportador de esclavos pero conllevaba un sistema impositivo muy pesado del cual los colonos y criollos canarios escaparon mientras pudieron. Por ello el colono en canaria prefirió la vía del rescate directo sin intermediarios en la costa de Guinea. Así, desde muy pronto, los colonos establecidos en las islas intervendrán en el comercio de esclavos con Guinea para llevarlos directamente a las colonias españolas en la Antillas, tal como luego harían los ingleses, especialmente John Hawkins, recurriendo para ello, en ocasiones, a los pilotos portugueses.

La intensidad de las expediciones de asalto de los colonos canarios a Guinea se centra en la segunda mitad del siglo XVI; en este período de tiempo al menos hasta 1587, partieron de las islas con destino a Guinea 47 expediciones. No obstante, en fechas anteriores existió un comercio clandestino entre Guinea y Canarias y la propia Península Ibérica, no excesivamente conocido, pero que nos sitúa en precedentes claros con respecto al tráfico esclavista de los españoles en el atlántico. Andalucía dio la pauta en este sentido en Canarias se siguió como norma, aunque la intervención real castellana intentó limitar y cortar este tráfico que ere monopolio de Portugal, pero fue difícil. (Manuel Lobo Cabrera-Elisa Torres Santana; 1991)

1600.
[…] Lógico hubiera sido que, al perder Inglaterra uno de sus mercados de abastecimiento con la Guerra de los Siete Años, se produjera un incremento en la demanda de nuestros vinos para suplir a los franceses. Pero no fue así. El inicio del reinado de Carlos III, bajo el signo de una política exterior encaminada a la signatura del tercer Pacto de Familia, tuvo perjudiciales repercusiones para la economía insular. A fines de 1660, una embarcación española cargada de orchilla es confiscada en el puerto de Londres, en virtud de una disposición de su gobierno que declaró a las islas integradas en el continente americano y, por la cual, sólo bajo pabellón inglés podía navegarse hacia la metrópoli. ¿No era entonces previsible que, nuestro gobierno, amenazara con suprimir la presencia de barcos y comerciantes ingleses en Canarias si, formando parte de América, les estaba prohibido todo contacto con sus respectivas colonias en dicho hemisferio? El conde de Fuentes, que pidió su expulsión, hizo la sugerencia de que tan sólo se admitiese en el Archipiélago la entrada de aquellas mercancías que navegaran en buques canarios o españoles. Y, en otro orden de cosas, igualmente señaló la conve niencia de constituir una compañía, similar a la ya existente en Madera, para dar salida a las exportaciones orchilleras y vitícolas. Por esos años, la orchilla era un producto que daba mayores beneficios que el vino, alcanzando cotizaciones de 90 libras, superiores a la de Madera. Entre otras ventajas de la compañía, se citan el fomento de la construcción naval en Canarias y las más elevadas recaudaciones de la Real Hacienda.

Si el tercer Pacto de Familia trajo otra vez la guerra y produjo el período de máxima depresión en las relaciones anglo-canarias, la firma de la paz en París no vino a representar reanimación alguna al respecto.

El 21 de noviembre de 1764, el síndico personero don Lorenzo Salazar y Frías, ante un cabildo extraordinario reunido en La Laguna, lee una representación sobre la misérrima realidad de la isla frente a la anterior centuria. Sin proponer soluciones, se limita a constatar que, careciendo de industria propia y obligados a cubrir necesidades de pri- mer orden mediante la importación, el mercado interno no podía significar mucho para la prosperidad de las capas dominantes. Este llamamiento agónico y la amplia discusión que le sigue, terminaron únicamente con el acuerdo de enviar como representantes ante el rey, para seguir combatiendo por romper el cerco que bloqueaba el mercado exterior, a los marqueses de la Villa de San Andrés y de Villanueva del Prado.

Por tales requerimientos, el6 de mayo de 1765 confía Grimaldi al embajador en Londres, príncipe de Masserano, la misión de conseguir el libre transporte de nuestros vinos a las colonias inglesas, sin escatimar esfuerzo alguno. Desde el 30 de agosto de ese año hasta el 14 de abril de 1769 en que se le da una respuesta negativa, el príncipe presionó sobre los distintos secretarios de Estado y elaboró varias memorias. En una de
ellas, presentada al Parlamento, merece destacarse la protesta que formula por el nuevo impuesto de cuatro libras por cada pipa embarcada en Inglaterra con rumbo a las colonias, destinado a mantener fuerzas militares y defensas contra eventuales ataques.

Masserano, cuando informó a Grimaldi de su fracaso, le señala como razón de fondo el temor inglés de que los franceses, aliados de España, hicieran pasar sus géneros clandestinamente por la puerta que se abriera para Canarias. (Antonio Bethencourt Massieu, en: Millares Torres, 1997:145-6)

1600 Octubre 17.
Por Real Célula, el Rey señalaba 5.500.000 maravedís para fortificar la isla Tamaránt (Gran Canaria), ordenando que el dinero se guardase en un arca de tres llaves que tendrían respectivamente el Gobernador colonial de la isla, y los empleados de la metrópoli el Veedor de la gente de guerra y el Pagador, estableciendo a favor de la isla un derecho de prelación en las construcciones con respecto a las demás, por haber sufrido la última invasión, señalando además el orden de preferencia que era, primero reparación del Castillo de Santa Ana, segundo atrincheramiento de la playa, tercero construcción del Castillo de San Francisco y cuarto amurallamiento de la ciudad, todo de acuerdo con los planos de Leonardo Turriano.

En 1601 llegó a la ciudad D. Gerónimo de Valderrama y Tovar, y siguiendo los planos del Ingeniero de S.M. Comendador Mayor de San Juan de Jerusalén Fray Tiburcio Spanochi, se abrieron los cimientos del Castillo del Rey o de San Francisco del Risco y se levantaron con más solidez la Torre de Santa Ana, Castillo de la Luz y Muralla Norte hasta el Castillo de Mata; D. Luís de Mendoza y Salazar que tomó posesión del mando en 1607 continuó la fortificación de la montaña de San Francisco y construyó en el extremo izquierdo de la explanada la batería que se llamó de la Plataforma o Punta de Diamante. (En: José María Pinto y de la Rosa. 1996)

1600 Octubre 17.
En la segunda mitad del siglo XVI estuvo en el archipiélago el ilustre Ingeniero Militar Leonardo Turriano quien propuso introducir algunas modificaciones en el Castillo de San Cristóbal, y  por Real Cédula de 17 de Octubre de 1600 se ordenaba se llevasen éstas a cabo y se edificara un castillo en Paso Alto y otro en Puerto de Caballos, así como una Torre en el Puerto de la Orotava y otra en San Pedro de Daute. En el archivo del antiguo Cabildo de la isla se hallan una serie de documentos relacionados con las fortificaciones que se copian y nos ha facilitado el Doctor D. Leopoldo de la Rosa Olivera.

En el archivo de Acialcázar existen unos extractos de las actas  del Cabildo de esta isla de Tenerife, del que tomamos los datos  que se copian. En el archivo de la Comandancia de Ingenieros de Canarias se conserva un documento en cuyo encabezamiento se lee: «Sacado de los libros de la Alhóndiga de Chasna...» con interesantes noticias relativas a la isla y que se así como otro que expone en  donde se describen los lugares, atalayas, etc., de esta isla. (José María Pinto de la Rosa, 1996)










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