lunes, 30 de junio de 2014

MARIA ROSA ALONSO



 

1909 diciembre 28

Nace en Tacoronte-Tenerife María Rosa Alonso, escritora, investigadora y ensayista

María Rosa Alonso nació en Tacoronte (Tenerife) el 28 de diciembre de 1909. Ha sido profesora, investigadora y ensayista. Con el pseudónimo de María Luisa Villalba firmó sus primeras colaboraciones periodísticas en diversos medios de Tenerife. Estudió Filología Española en la Universidad de Madrid, donde fue alumna de Ortega y Gasset, García Morente, José Gaos y Américo Castro, y donde se licenció y más tarde (1948) se doctoró. Fue miembro fundador del Instituto de Estudios Canarios, entidad de la que fue promotora en 1932. Profesora de la Facultad de Filosofía y Letras en la Universidad de La Laguna (1942-1953). En este último año renunció a su cargo de profesora adjunta y se trasladó a Venezuela. María Rosa Alonso fue profesora de la Facultad de Humanidades en la Universidad de Los Andes (1958-1968) y subdirectora de la revista Humanidades de dicha universidad. Regresó a España ya jubilada y vino a vivir a Tenerife definitivamente en 1998. Ha cultivado la prosa narrativa y de evocación lírica. Además de innumerables artículos en revistas especializadas de España e Hispanoamérica, ha sido asidua colaboradora de la prensa del Archipiélago.
Falleció el 27 de Mayo de 2011 a los 101 años de edad. La escritora era hermana del periodista Elfidio Alonso Rodríguez y tía de Elfidio Alonso Quintero, exalcalde de La Laguna, director del grupo folclórico Los Sabandeños y también periodista.

Una vida fuera de casa
María Rosa Alonso estudia la enseñanza secundaria en el Instituto de La Laguna (el llamado Instituto de Canarias) entre 1921 y 1927. En el verano de 1927 aprueba en la Facultad de Derecho de la Universidad de La Laguna las asignaturas del primer curso, que entonces era común con Filosofía y Letras. Su intención es ir a estudiar la carrera de Filosofía y Letras a Madrid, pero no puede realizar entonces ese proyecto. Durante el curso 1927-1928 asiste de oyente, en la Facultad de Derecho, a las clases de Literatura Española del catedrático Ángel Valbuena Prat. En 1930, cuando cuenta sólo 20 años, comienza a colaborar en los diarios de Tenerife La Tarde, La Prensa y Hoy. Empieza, así, desde tan temprana fecha, la práctica de un tipo de escritura que mantendría de modo regular durante toda su vida y que a ella misma le ha gustado denominar periodismo cultural, invocando una expresión del periodista Leoncio Rodríguez. Aquellas primicias en la prensa insular, ya en vísperas republicanas, son, según el estudioso Miguel Martinón Cejas, como breves ensayos sobre temas de literatura y arte abordados desde la óptica insular definida por Valbuena, Agustín Espinosa, Juan Manuel Trujillo y los otros jóvenes redactores de la revista La Rosa de los Vientos; esto es, desde una exigencia de contemporaneidad y universalidad pero al mismo tiempo empeñada en señalar la existencia de una tradición cultural en Canarias. Frente al regionalismo decimonónico aún vigente y militante, los jóvenes intelectuales canarios propugnan una visión moderna de la insularidad inspirada por la necesaria actitud universalista y apoyada en el rigor universitario. En su libro San Borondón, signo de Tenerife recoge estos artículos, en los que está presente su interés por los estudios canarios. En 1932 propone la creación del Instituto de Estudios Canarios, en el seno de la Universidad de La Laguna, y participa en su fundación.


Desde octubre de 1933 hasta junio de 1936 estudia los tres cursos de que constaba entonces la licenciatura en Filología Románica en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Madrid. En julio de 1936 María Rosa Alonso se encuentra en Tenerife, disfrutando de las vacaciones de verano, cuando se produce el alzamiento militar contra la República y comienza la guerra civil. Empiezan para la joven escritora unos años de obligada pausa en su carrera universitaria. Quedaban sí interrumpidos sus estudios universitarios, aunque no sus actividades literarias. En enero de 1937 termina la redacción del libro En Tenerife, una poetisa: Victorina Bridoux y Mazzini (1835-1862), que se publica en 1940. En este estudio, María Rosa Alonso evoca las circunstancias y el ambiente social de Santa Cruz de Tenerife durante los años 1852 a 1862. A finales de 1937 termina de escribir Un rincón tinerfeño: La Punta del Hidalgo (que se edita en 1944). En 1939 le llega a María Rosa Alonso un primer reconocimiento de su atención a los estudios insulares, al ser nombrada miembro de El Museo Canario, de Las Palmas de Gran Canaria.

Terminada la guerra y tras larguísima espera, puede, por fin, trasladarse a Madrid en 1941 para realizar el examen final de carrera, con el que logra concluir los estudios de la Licenciatura en Filosofía y Letras. De vuelta a Canarias, en 1942, imparte clases en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de La Laguna, en donde investiga, escribe y sigue publicando. Prepara su tesis doctoral con los profesores Dámaso Alonso y Entrambasaguas, doctorándose en 1948. Un año antes, gana por oposición la adjuntía de Literatura en la Universidad de La Laguna, plaza que desempeña hasta 1953.

Problemas políticos le obligaron a abandonar la docencia en La Laguna y, en octubre de 1953, emigra a Venezuela. Se instala en Caracas y aquí reparte su tiempo dando clases privadas, escribiendo en la prensa e investigando. En 1958, es designada profesora de Filología Española en la Universidad de los Andes, en Mérida, Venezuela, en donde impartió clases hasta el año 1967. En 1968 regresa a Madrid, donde continúa con sus trabajos de investigación, y en 1998 fija suresidencia definitivamente en Tenerife.
(La Opinión de Tenerife, 28 de mayo de 2011)

María Rosa Alonso, escritora rebelde y centenaria

Se pasó la vida estudiando. Fue una de las primeras universitarias canarias, y ayer murió en Tenerife, donde nació hace 101 años. María Rosa Alonso fue una ciudadana rebelde, una mujer de una memoria prodigiosa que conservó hasta después de su centenario.

Lúcida siempre, creía, hace algunos meses, que no valía la pena el cuerpo si la mente no lo acompañaba, y consideró que ya, como estaba, era excesivo andar por estos mundos. “¡Ya sobro, amigo mío!”. Irónica consigo misma y con los otros, era de una temible lucidez, y de una escritura tersa y culta, que le sirvió para escribir ensayos, perfiles y novelas. Su largo estudio sobre el poema de Viana, crucial en la historia lírica de las islas, y su novela Otra vez forman parte de lo mejor que ha dejado.

María Rosa Alonso cruzó con rabia el tránsito de la dictadura, que en gran parte vivió en el exilio en América, y regresó a España a incorporarse a una generación de librepensadores que se aglutinaban en las orillas de Ortega y Gasset y, después, de Julián Marías. Dedicó muchísimo esfuerzo a estudiar los ancestros de la poesía de su tierra, pero no se instaló en las torres de marfil de los estudiosos; ni en Madrid ni en la isla, a la que volvió para estar con su hermano Elfidio y con su sobrino, Elfidio Alonso, periodista y musicólogo, líder de Los Sabandeños. María Rosa Alonso dejó la militancia civil a favor de una discusión abierta y disconforme con todo lo que se movía o con todo lo que no se movía.

Como su hermano Elfidio, que murió casi centenario también hace unos años en Tenerife y que fue director de Abc cuando este periódico fue incautado por la República en la guerra, su luz fue republicana, y la ansiedad democrática que vivió siempre se colmó a medias a partir de la transición. Pues siguió manteniendo una aguerrida conciencia crítica que Javier Marías, el hijo de su amigo, subrayaba hace poco aquí señalando una frase de la escritora ahora fallecida: “… Con tanto idiota y sinvergüenza como anda suelto por ahí…”

Miembro, pues, en palabras del joven Marías, de “una generación bien entera”, supuso un faro para sus alumnos y también para sus compañeros, desde los tiempos de la universidad. Rafael Fernández, profesor canario que comisarió una muestra sobre su trayectoria, destacó en su centenario que “fue la primera en defender que la universidad, además de ocuparse de conocimientos universales, debía atender también a las raíces, a lo que sucede dentro de la sociedad a la que sirve.

Cuando llegó al centenario, el Gobierno de Canarias impulsó el conocimiento de su personalidad, generó esa exposición sobre su obra y encargó la reedición de sus libros, que llevó a cabo la editora Olga Álvarez de Armas, responsable también de un documental sobre esta mujer de voz singular y potente.
(Juan Cruz - El País, 28 de mayo de 2011)

Mis viejas

El mundo está lleno de ancianas benévolas y muy listas en las que casi nadie se fija y a las que no se hace caso, cuando deberíamos hacérselo mucho cuantos tuviéramos alguna a mano. No por compasión, ni por “hacerles compañía” en sus frecuentes soledades, sino más bien para que nos la hagan ellas, y nos enseñen, y nos quieran -ah, qué bien quieren las viejas, tan sabia y discretamente-, y nos transmitan su ironía amable y su gran contento de andar aún por esta vida, disfrutándola, pese a que la vida les devuelva ya tan poco. (Tomado de: www. Isla de Tenerife Vivela)



JUAN QINTANA "EL CLACA"





1918.
Nace en La Atalaya Santa Maria de Guía,  Gran Canaria, Juan Quintan “El Claca”

Alfredo Ayala: Mi último encuentro con Juan Quintana “El Claca”

Juan Quintana “el Claca”, fue uno de los grandes cantadores de las islas. Su estilo, inconfundible; sus letras, repletas de sabor isleño… yo lo conocí hace muchos años… era un hombre arrogante, dispuesto… Distintas fueron las ocasiones en que lo invité a Tenderete y siempre tuve por respuesta un sí. Para él todo era llano, nunca había problemas…

En distintas conversaciones que tuvimos él se declaró fiel seguidor de Dacio Ferreras “el Mencey del canto”… tener la oportunidad de escuchar un hombre que canta así, es todo un lujo, me dijo… también me gusta mucho otro jovencito Héctor González… Pero ya no se canta como antes… los estilos se han perdido y se hacen muchas florituras cuando se cantan, isas, folías o malagueñas…

Yo nací en Guía, de Gran Canaria y desde que era un rabujilla estuve alrededor de los tomates, con mr. Leaconck…

Contaba poco más de nueve años, cuando empecé a cantar. Bueno, me invitaban a cantar y yo siempre estaba a la orden… pero mi primera rondalla fue la Guayarmina… en aquél entonces, yo trabajaba en las plataneras, como casi todos los de la zona. Muchos ensayos hice en la azotea de la casa de Chanito el practicante y desde entonces estuve con la Guayarmina sobre los 20 años… después, pasé por otros grupos “Los hijos de la noche”, “Princesa Tenesoya” y los “Cebolleros”… a partir de ahí, ya me quedé por libre y entonces cantaba con quien me llamara…

Recuerdo una tarde con el amigo Sergio Correa, decidimos montar una breve parrandita y acudir hasta la residencia donde estaba El Claca. Nos reunimos unos cuantos que creíamos suficiente y decidimos, sin previo aviso, ir en busca del Claca con la intención de recoger su voz, sus coplas, sus penas y alegrías. Pero cuando llegamos no pudo ser, porque Juan Quintana, estaba delicadito y se mareaba. Hubo otros intentos pero siempre fueron fallidos…

Yo, la verdad, estaba preocupado. No tener en la Bodega de Julián a una voz señera y con estilo puro de la zona del norte de la isla de Gran Canaria, era, para mí casi un delito. Puse todo mi empeño en ello, pero la realidad y el deseo no suelen caminar juntos.

Pero uno que tiene amigos y gente preocupada por lo nuestro, así que tiré de ellos. Hablé con Misael Jordán y llegamos al acuerdo de que lo llevara a Guía, en la misma plaza para que me hiciera alguna isa, folía o lo que él quisiera. Pero tampoco fue posible.

Un día ya casi con la esperanza perdida, montamos nuestra Bodega de Julián al final de la calle larga, frente al casino y la plaza del casco urbano. Venían a cantar como solistas Mary Nati Saavedra, Carmen Estévez, dos pequeños de la zona, una parrandita de la familia Falcón cuya voz principal era Rita Falcón y el grupo Facaracas que dirige Misael Jordán… y Misael, me trajo a Juan Quintana el Claca.

Allí estuvimos hablando de tiempos idos. Él de ideas fijas me dijo: yo voy a dedicarle una de las coplas a la directora del centro donde me estoy quedando…

Juan, usted haga lo que quiera…

Y me llevó a parte: Ayala, por qué no cambias la hora del programa para que no coincida con Tenderete…y añadió: “no ves que yo si veo uno no puedo ver el otro”, le contesté con una amplia sonrisa… (La Bodega de Julián y Tenderete, por esos tiempos, se emitían a la misma hora)

Recuerdo, aquellos ojos de pillo, cuando cantaba la copla que ahora mismo no tengo claro si era de él o de Dacio Ferreras:

Quisiera ser capirote
Para posarme en tu higuera
Una pata en cado gajo
Y el pico siempre en la breva

Pero sus coplas, sus folías marcadas, quedan en el recuerdo de quienes tuvimos la ocasión y la oportunidad de escucharlo…. El claca, un cantador irrepetible del que queremos recordar estas coplas:

Tengo un pedazo de tierra
Con lo que el gofio aseguro
Cuatro jairas me dan leche
Y a mí, que me importa el mundo

Tengo un croto en el zaguán
Y una palmera en el patio
En azotea un rosal
Y una cabra en el traspatio

Ya me estoy poniendo viejo
Ya se me acaba el vivir
Ya se me arruga el pellejo
Y me meo sin sentir
Anoche fui a cangrejiar
y no cogí sino clacas
si tú las quieres mi niña
yo te las dejo en tu casa.
Cuando creé el programa concurso “Parrandiando” se me ocurrió levantar el rincón de nuestra gente para rendir homenaje público a cuantas personas se habían distinguido en defensa o en divulgar nuestras costumbres y tradiciones; nuestros cantos y baile… y así traje a los estudios de Doblediez, lugar donde se hacía el programa, a la hija del Claca, María Quintana. Ella nos recordó curiosidades de su padre y nos relató esta anécdota:

“Dice que de joven, un día se fue El Claca a cantar una serenata a una chica que estaba en una casa, detrás de una ventana, y estaba todo oscuro. Al parecer la chica tenía un novio Guardia Civil. El Claca y sus amigos le cantaron, la chica se asustó y se tropezó, y se vio desde debajo de la ventana como se le caía algo al suelo y se le rompía. El Claca y sus amigos se fueron corriendo nada más oír el estruendo, pensando muertos de miedo, que al día siguiente la Guardia Civil iría tras ellos.  (Tomado de: Majorero.es)

 


TOMAS DE IRIARTE





1791 septiembre 17.
Fallece en Madrid (España) Tomas de Iriarte, escritor.

    Tomás de Iriarte nace en el puerto de La Orotava –actual Puerto de la Cruz– (Tenerife) un 18 de septiembre de 1750. Desciende de una familia de militares navarros afincados en Tenerife. Aprendió sus primeras letras en un convento de La Orotava, y a lo largo de sus años de infancia y juventud se adiestra en la traducción de los clásicos, y adquiere algunos conocimientos musicales, así como de poesía, arte que desarrolló muy precozmente.

    Con catorce años fue llamado a Madrid por un tío suyo, Juan de Iriarte (1702-1771), hombre culto y políglota, bibliotecario mayor de la Biblioteca Real y primer traductor de la Secretaría de Estado, que llegaría a ser miembro de las academias de la Lengua y de Bellas Artes. En la capital Tomás aprende, entre otras cosas, griego, latín, francés, inglés, música, retórica y arte poética. Con sólo dieciocho años se le encarga la traducción y adaptación de algunas obras escritas en otras lenguas, sobre todo en francés. Poco después, con el propósito de crear un nuevo tipo de teatro, de acuerdo con las ideas de la Ilustración, Iriarte compone una obra titulada Hacer que hacemos, pero las presiones de algunos personajes apegados a la tradición impidieron que llegara a representarse. Iriarte, lejos de desmoralizarse, trató de llevar a cabo sus afanes renovadores al ámbito del periodismo. A Tomás le habían encomendado la dirección de un periódico mensual llamado Mercurio Histórico y Político. Al asumir esa tarea, el fabulista tinerfeño introdujo una serie de novedades, como la incorporación de noticias de mayor actualidad.
    A Tomás de Iriarte también le preocupaba la mala calidad de los sermones que se pronunciaban. Por este motivo, compuso una pieza titulada Los literatos en Cuaresma en la que ponía en boca de los tertulianos de la Fonda de San Sebastián, en la que se reunía Iriarte y sus amigos una serie de discursos, imitados de los de los oradores clásicos.
    En 1777, con la intención de proporcionar a los cultivadores de la poesía un conjunto de normas de referencia, se vuelca en la traducción de la Epístola ad Pisones de Horacio, más conocida como el Arte poética. Hizo este trabajo con tanto interés que, si el texto original latino tenía una extensión de unos quinientos versos, su versión alcanzaba mil sesenta y cinco, lo que provocó que algunos críticos la consideraran excesivamente extensa, difusa y redundante.
    Otro trabajo que gozó de muy buena acogida en el extranjero fue su estudio sobre La Música que, a pesar de su gran calidad, recibió, a igual que Arte poética, el rechazo de sus compatriotas.
    Tras la exitosa publicación, en 1782, de las célebres Fábulas literarias, con las que algunos personajes se dieron por aludidos, y a pesar de las negativas del autor en este sentido, no tardaron en aparecer textos injuriosos y descalificantes, tales como El asno erudito, de Forner o las opiniones del también fabulista Samaniego. Tomás de Iriarte les respondió con un texto titulado Para casos tales suelen tener los maestros oficiales, al que intentó replicar, a su vez, Forner con Los gramáticos: Historia chinesca, donde no sólo atacaba a Tomás, sino a toda la familia Iriarte; sin embargo, las influencias que estos tenían en la Corte sirvieron para paralizar dicha edición.

    Las Fábulas literarias de Iriarte se imprimieron a comienzos de 1772 y consistían en una colección de sesenta y siete fábulas en verso. Posteriormente, tras su muerte, se le añadirán otras nueve más que había dejado sin concluir.

    En cuanto a la originalidad de Iriarte, está claro que él no fue el inventor del género de la fábula, pero no cabe duda de que aportó novedades de gran importancia al mismo. Por un lado, desplazó el papel primordial hasta entonces de la “moraleja”, a un segundo lugar, para darle un mayor protagonismo a la anécdota que se narraba. Por otra parte, las Fábulas literarias eran completamente nuevas, ya que no se basaban en otras fábulas precedentes, como hacía la mayor parte de los fabulistas, que rehacían las fábulas clásicas, o les daban un carácter distinto, sino que Iriarte las compuso por completo. Además, el hecho de que su temática fuera predominantemente filológica, es decir, que trataban sobre la lengua y la literatura, les concede un carácter completamente original.
    Siempre atento al tema educativo, Iriarte compuso también dos piezas teatrales con el objetivo de hacer reflexionar a quienes las vieran sobre la importancia de una adecuada formación para los jóvenes: El señorito mimado (1787) y La señorita malcriada (1788).

    Enfermo de gota y hastiado por tantas hostilidades, Tomás de Iriarte falleció el 17 de septiembre de 1791.

Significación y alcance de la obra de Tomás de Iriarte

Tomás de Iriarte constituye una de las figuras más destacadas de la segunda mitad del siglo XVIII español. Llama la atención el desconocimiento que, aún hoy, existe sobre él y sobre sus obras, en general. Resulta paradójico que, quien tanto hizo por elevar el nivel cultural de la sociedad de su época, sea sólo conocido hoy por su Fábulas literarias. Cierto es que éstas son, quizás, lo más llamativo de su producción, pero Iriarte se esforzó por aportar aires nuevos a otras muchas vertientes del panorama literario, desde el periodismo, pasando por el teatro y la teoría poética hasta la oratoria y las artes musicales. De esta manera, puede decirse que queda mucho todavía por investigar y conocer de la obra de Tomás de Iriarte.

    En cuanto a su papel social, no cabe duda que fue el prototipo de hombre ilustrado, con grandes intereses culturales, que abarcaron numerosas facetas. Quizá, su cualidad más sobresaliente fue su preocupación por mejorar todos y cada uno de los ámbitos literarios en que se movió y tuvo algún tipo de actividad.

    La publicación de las Fábulas supuso todo un acontecimiento en el mundillo social y cultural de la época. La creencia, bastante difundida, de que en ellas se aludía, de forma más o menos velada, a escritores y figuras destacadas de entonces, hizo que, aguijoneados por la curiosidad, todos quisieran tener un ejemplar de las mismas, para investigar quiénes eran los retratados. Pero, como quiera que Iriarte conocía a la perfección el panorama en el que se movía, puso, al principio de todas las fábulas, la que tituló “El elefante y otros animales”, donde refutaba de antemano las posibles acusaciones que pudieran hacerle, tratando de darles a sus Fábulas un sentido general. (Tomado de: www. Isla de Tenerife Vivela)


La obra de Tomás de Iriarte:
Fábulas literarias. Imprenta Real, Madrid, 1782.; Fábulas literarias. Con un ensayo de Alejandro Cioranescu. Goya Ediciones, Santa Cruz de Tenerife, 1951.; El señorito mimado; La señorita malcriada. Edición, introducción y notas de Russell P. Sebold. Castalia, Madrid, 1976.; Fábulas literarias. Islas Canarias. Viceconsejería de Cultura y Deportes, 1989.; Fábulas literarias. Edición de Ángel L. Prieto de Paula, Cátedra, Madrid, 1988.; Fábulas literarias. Edición de Emilio Palacios Fernández, Debolsillo, Barcelona, 2004.

Bibliografía:
Cotarelo, E.: Iriarte y su época. Sucesores de Rivadeneyra, Madrid, 1897; Fernández Hernández, R.: Los Iriarte. Antología. Edirca, Las Palmas de Gran Canaria, 1992.; Salas Salgado, F.: La “ARS Poética” de Horacio en la versión de Tomás de Iriarte: justificación de método del traductor. Servicio de Publicaciones de la Universidad de La Laguna, La Laguna, 2002.; Subirá, J.: El compositor Iriarte (1750-1791) y el cultivo español del melólogo (melodrama). II Tomos, CSIC Instituto Español de Musicología, Barcelona, 1949-1950.

 

JUAN JOSE RODRIGUEZ SÁNCHEZ



 

1951 julio 29.

  Juan José Rodríguez Sánchez nace en Mogán. Siendo el mayor de siete hermanos de una humilde familia, que como la mayoría de las mismas de la época vivían de la agricultura, y que cuando sus padres faltaron fue el cabeza de una familia muy unida.

Juanjo nunca quiso abandonar sus fincas y la agricultura, disfrutando en sus ratos libres de sus mangueros, aguacateros y sobre todo de su jardín, que era su pasión.

A los 18 años comenzó a dar sus primeros pasos en el folklore, constituyéndose en su otra pasión. Siendo muy amante del rescate de todo lo que tuviera que ver con las tradiciones.

Su primera actuación la realizó en Mogán al acabar el curso impartido por la Sección Femenina, que en aquella época visitaba los pueblos.

En 1969 junto al grupo que se estaba formando, con raíces en la sección femenina, realiza su segunda actuación en público en la Romería Ofrenda a la Virgen del Pino de Teror. Tradición que continuó hasta su último año de vida.

A partir de ahí, continúa trabajando para las Fiestas de San Antonio, pidiendo por las casas del Municipio el dinero que sufragase el gasto de las fiestas a través de una Comisión Parroquial.

En 1976, fue el promotor de invitar a los grupos folklóricos que actuaban en “El Pueblo Canario” para que actuasen en las Fiestas de San Antonio, a fin de dar a conocer las tradiciones y el folklore en Mogán, el cual era desconocido por muchos en nuestra zona, cosa que él quería potenciar.

En estas fechas, es cuando se empieza a trabajar en la idea de crear una agrupación folclórica en Mogán, porque tocadores y bailadores existieron en sus tiempos sin formar grupos estables, excepto el grupo Los Mocanes.

Un grupo de entusiastas, entre los que se encontraba Juan José, invita a Sindo Saavedra para que impartiese un curso de bailes tradicionales, pagándole el grupo de su bolsillo la pensión en casa de Josefita González.

Sería interminable contar la historia cultural de nuestro Municipio de Mogán, pero siempre habría que hacerlo a través de la figura de Juan José, Cofundador y Presidente durante muchos años de la Agrupación Folklórica-Cultural El Mocán, que ha representado al municipio en diferentes partes del mundo.

Días antes de fallecer estuvo actuando, con un papel protagonista, en una obra de teatro y bailando sus Folías y sus muy queridas Malagueñas, en las Fiestas del Carmen en Arguineguín.

Siempre participó sin ánimo de lucro en todas las actividades realizadas en nuestro pueblo.

Fue el impulsor del rescate del Auto Sacramental de Reyes, el cual se continúa celebrando desde el año 1976. Acto que se celebra en la iglesia de Mogán todos los días 5 de enero. En estas actuaciones siempre han colaborado miembros del Mocán. Juanjo estuvo representado durante todo este tiempo el papel que, con anterioridad, representaron su bisabuelo, su abuelo y su padre.

Como miembro de la Asociación de Belenistas de Gran Canaria participó durante muchos años en los Congresos Nacionales de Belenistas. Asimismo fue el responsable de la elaboración del tradicional Belén de Mogán y participante activo, desde su creación, en el Belén Viviente de Veneguera.
Cada año rescataba un par de villancicos para tocarlos en la Misa de Nochebuena y en el Tradicional Encuentro de Villancicos que se realiza todos los años en el municipio.

Desde el seno de El Mocán surge la idea de la Romería de San Antonio El Chico. Años atrás, ya se realizaban pequeñas ofrendas dentro de la Iglesia con niños, a los que Juanjo preparaba sus ropas y sus cestas de frutos. Siendo, en su estilo, hoy en día una de las mejores romerías de canarias.
Esos, que fueron niños, hoy en día, son padres de familia y están inculcando a sus hijos las mismas tradiciones que ellos aprendieron desde niños con Juanjo.
Todos los años visitaba el Municipio de Tegueste, en Tenerife, para el día de su Romería ver las carretas y recoger ideas que fueran válidas para mejorar nuestra Romería, ya que en nuestra isla no existían grandes tradiciones romeras, excepto Teror, Guía y Gáldar.
Diseñador y responsable, junto con Emilio García, de la carreta representativa del municipio de Mogán en las Romerías de Teror.
Fue un gran artesano de la palma, desplazándose en varias ocasiones a la ciudad de Elche para especializarse en ramos labrados de Semana Santa. Participando, además, como artesano en una de las Ferias más importantes de Canarias, la de Pinolere en la Orotava de Tenerife y en la de Infecar en Las Palmas de Gran Canaria. Transmitió sus conocimientos junto con Nicolás Afonso, de Veneguera, a todos los vecinos que quisieron aprenderlo. Era costumbre, llegadas las fechas del Domingo de Ramos, ver a un grupo de personas en torno a Juan José y a Nicolás, aprendiendo y elaborando los ramos de palma que luego se sacaban en la procesión de La Burrita.
Miembro activo y actor del Grupo de Teatro del Club de la 3ª Edad San Antonio con actuaciones en diferentes localidades de las islas. Además, autor de las letras y miembro de la Murga de la Asociación de Vecinos Valle de Mogán-Cruz del Siglo.

Participó en la idea de adquirir un nuevo trono para San Antonio. Realizando la colecta del dinero necesario; asimismo, se desplazó hasta un pueblo de Toledo, para supervisar los trabajos de elaboración de dicho trono. Pagando de su bolsillo su billete y el del cura que lo acompañó.
Era quien más sabía de imágenes procesionales de Semana Santa de la Parroquia, ya que conocía todos los trucos de montaje, ropas, etc...
Desde niño asistía a la Misa de madrugada, de mano de su abuela, en consecuencia ningún rito de la Iglesia ni oración le era desconocida. No tenía necesidad de consultar a ningún libro o anciano, porque él de corrido recitaba hasta las más antiguas.

Buen conocedor de la flora autóctona y ornamental, a las que cuidaba con esmero en los parques del Municipio. En años de calor, o en los días del gran incendio hace dos años, regaba de madrugada para que no se secaran las rosas o se perdieran las plantas por el calor.

Fue promotor, junto con Emilio García, de la reconstrucción del Molino Quemado, pagando de su bolsillo el trabajo de los artesanos y de los carpinteros sin saber si algún día podrían recuperar lo gastado. Hoy en día el molino es Patrimonio Histórico de Gran Canaria.

Sería necesario que cada uno de sus amigos y compañeros, que fueron muchos, dijeran una anécdota sobre él. Así se entendería el por qué el día de su entierro todos y cada uno de los asistentes iban contándose unos a otros sus vivencias.
Sus compañeros de trabajo, hablarían de su amor a las plantas y la maestría para podar, plantar y hacerlas crecer, porque ponía todo su amor.
Sus compañeros del Mocán contarían, entre otras anécdotas, que cuando fueron a Alemania al pedir las llaves en la recepción del hotel le llevaron dos cervezas. O cómo se enfadaba si viendo un tenderete veía alguna mamarrachada en el vestuario, o de la vez que se le trabó un justillo en los botones de su chaleco y hubo que parar el baile, o como tenía preparado para después de los ensayos un pica-pica, o, o, o muchos años de mucho amor que puso en el folklore.
¿Y si fueran sus compañeros de viaje? Mil historias de su viaje a Jerusalén, o a medio mundo del que pudo disfrutar viajando.
Su familia, ¿qué podría decir del que quedó como cabeza de familia cuando faltaron sus padres?.

Los que le acompañaron en su enfermedad, dirían que nunca tuvo un ¡ay! ni una queja, sólo su gran sonrisa.
Todos y cada uno de los párrocos de San Antonio, hablarían de su dedicación a su Iglesia y a los niños a los que daba catequesis. Fue, además, miembro del Consejo de Liturgia y de la Junta Económica de la Parroquia.
¿Y sus vecinos? Su manera de dar los buenos días y la puerta abierta de su casa, con un puesto en la mesa y una cama para descansar para quien lo necesitara.
Fue una gran persona, nunca supo decir no y siempre ofreció su sonrisa que contagiaba a cualquiera. Su familia, sus amigos y todos los vecinos del Municipio, todos los que le conocieron, se sienten orgullosos de poder contar su historia con él.
Nos dejó un gran legado que debemos continuar potenciando, para que la cultura de nuestro pueblo continúe en aumento, y así su esfuerzo no quede en el olvido.

Días antes de fallecer dedicó grandes sonrisas a todos sus seres queridos. Dejó mucha paz, porque él murió en paz con el mundo y con él mismo.
Gracias Juanjo, porque fuiste un ejemplo de lucha para todos.
Gracias por hacer este homenaje, demostrando así que su labor se está reconociendo.

El pasado mes de julio en las fiestas de San Antonio el pueblo de Mogan la rindió un homenaje y se inauguro una escultura en la plaza del pueblo a Juan José.
 (Publicado por vicen diaz personajes populares)

NICOLAS RODRIGUEZ MOLINA (COLACHO)



 

1948 marzo 3.

Nace Nicolás Rodríguez Molina (Colacho)

D. Nicolás Rodríguez Molina, un nombre unido indiscutiblemente a la historia musical y a las más arraigadas tradiciones de un pueblo, Gáldar,  como muchos le han denominado, es memoria viva de la historia musical de Gáldar.
Nicolas Rodríguez Molina, Colacho, como es conocido por la inmensa mayoría, por todos los rincones no sólo de Gáldar sino de nuestro archipiélago canario, nace el 3 de Marzo de 1948 en la calle Plaza de Santiago Nº2 de Galdar, junto al ayuntamiento.

Ya en sus primeros años se inicia en el aprendizaje musical cuando de niño asiste a la escuela de Merceditas Delgado y aprende las canciones de la época,  también en las sesiones en la iglesia, donde la profesora de solfeo, Amorcito Molina, lo inicia en la música religiosa, formando en Colacho su primera base musical, intensificándose luego cuando entra en el Colegio Cardenal Cisneros e ingresa en el Orfeón de dicho colegio. El Orfeón Cardenal Cisneros, el coro de la sección femenina, su grupo de baile y el coro parroquial de Gáldar son recordados de su primera etapa.

La niñez va dando paso a los primeros años de juventud e igualmente la música sigue vinculada a Colacho, los amigos y las tan habituales parrandas de esta época dan paso a la creación del Trío Romaní, habituales de esta época en las tardes de domingo sobre el escenario de La Graduada, en los siempre recordados Festivales de Música, grabados para siempre en la memoria de toda una generación de galdenses.

Pronto descubre  Colacho lo que sería luego su pasión; el folklore canario, por el que se desviviría con el transcurso del tiempo y con el que marcaría ya para siempre su vinculación a la historia de la música mas tradicional de Galdar. Acontecimiento éste que viene de la mano de la figura de un insigne folklorista galdense, Maestro Ignacio, persona a la que se le debe en buena parte la conservación y transmisión de la música y el folklore del municipio,  Maestro Ignacio acerca a Colacho al folklore canario para convertirlo desde entonces y para siempre en una faceta inseparable de su vida, adquiere por esta época su primera guitarra, que compra a Maestro Eustaquio y le acompañará durante innumerables momentos, conservándola aún como un valioso recuerdo.

Con el habitual desenfado de la época estudiantil y también  coincidiendo  con la servicio militar,  surgen los primeros contactos con las murgas, el carnaval, las tunas estudiantiles, parrandas, etc. La Coral Polifónica del Noroeste, el Dúo con Pepe Ojeda, los festivales del Fernando Guanarteme, el grupo musical los Pikemans, la Tuna de la Escuela de Magisterio, Parranda del Ejército,  son algunos de los colectivos en los que se integra Colacho. Su contacto con el carnaval también le lleva a que años más tarde, impulse la creación de la Murga Los Espalmatoria, la comparsa Reina Arminda y la Agrupación Lírica de Gáldar “Algáldar” que forma en 1985 y que  aún se mantiene en la actualidad. Fue pregonero del Carnaval  galdense a mediados de la década de los ochenta.

Colacho es de esos parranderos  incombustibles del archipiélago prueba de ello es que ha participado en la inmensa mayoría de las romerías mas destacadas de nuestras islas, así como de los actos celebrados a nivel Insular como bajadas, encuentros, etc que se celebran con motivo de la fiestas patronales de cada una  de las islas. Su amor por la parranda lo lleva a fundar en el año 2000 la Parranda de Gáldar  “Lo Nuestro” donde están siempre prestos para cualquier romería y taifa para la sean requeridos a nivel regional.


También es destacable su vinculación a la Coral Polifónica de Galdar, si no hubiese sido por su gestión y dedicación en la misma, la Coral Polifonica de Gáldar no existiría, destacable también la labor realizada con los coros infantiles que lo llevan a fundar el coro infantil “Cantar es alegría”, donde han pasado por sus manos miles de niños.


Hace algunos años se plantea la posibilidad de fundar una federación de folklore a nivel regional la cual después de varias vicisitudes para su creación logra fundar la denominada  federación autónoma de folklore de Canarias “7 islas”  y ser el presidente.

Tras culminar sus estudios en la Escuela de Magisterio, en las Palmas de Gran Canaria posteriormente desarrolla su profesión, impartiendo clases en los colegios de El Polvorín y el Calvo Sotelo en la capital Gran Canaria y en el colegio de San Isidro, Sardina del Norte y el IES Roque Amagro en el municipio de Galdar, jubilandose, después de ejercer durante 35 años, como profesor de EGB, especialista en Educación Física y Ciencias Sociales.

En esta faceta profesional destaca el magnífico trabajo en el deporte, sobre todo en el deporte escolar, en el balonmano femenino y en el Voleibol gestionado el equipo masculino en la división de honor, o su incansable dedicación al cuidado del Medio Ambiente donde ha sido un claro ejemplo para muchos.

Pero sin duda alguna la fecha que quedará grabada para siempre en la historia del folklore de Gáldar y en la memoria de Colacho, recordada  por él con una especial emoción, es la del 18 de diciembre de 1970 cuando en un teatro municipal repleto aplaudían la presentación oficial del que pasaría a ser el grupo emblema del municipio de Gáldar, “Los Cebolleros”

Ilusión que se comenzaba a forjar en ese mismo verano del 70, con un Colacho llegado de la mili, que comparte charla con los amigos en la plaza de Santiago  centrada en una actuación de las fiestas mayores de ese año, la del grupo Los Sabandeños que marcó un antes y un después, para varios jóvenes galdenses con talento musical. 

Fue en ese verano cuando germinó la creación de Los Cebolleros con una primera aparición en la Romería del Pino de ese año, vestidos con lo que ya sería la indumentaria característica del grupo: camisa blanca, pantalón y chaleco negro, manteniendo la tradición de Los Viejos de Gáldar y  de un pueblo humilde y trabajador.

Los Cebolleros le da la oportunidad a Colacho de continuar su senda musical por el folklore después que comenzara en su juventud de la mano de Maestro Ignacio con canciones que habían quedado prendadas desde joven en su corazón la isa de la primavera o un bolero para Galdar , el folklore y su grupo Los Cebolleros formarán ya  parte para siempre de su vida.  Dirigiendo esta formación hasta nuestro días, Colacho  satisface muchas de sus inagotables e insaciables inquietudes; labores de rescate de piezas emblemáticas del folklore de Galdar, divulgación del folklore heredado de folkloristas y colectivos emblemáticos del municipio como pudieron ser Antonio Martin, Juan Gutierrez, Los Hijos de La Noche, Los Viejos de Gáldar, La parranda de Rojas etc,  difusión de la música popular de Gáldar como El Caracol y también incluyendo en el repertorio de Los Cebolleros  piezas de autor  de raíz folklórica,  como La Magua y el Canario de Antonio Padrón Los Lavaderos de Sebastian Monzón etc…  muchas de las cuales forman hoy parte del rico patrimonio musical del municipio y son reflejo de la idiosincrasia de este municipio, numerosos festivales, actuaciones y viajes llevando el folklore más auténtico y tradicional de su Gáldar natal por distintos escenarios y rincones del mundo, Estados Unidos, Marruecos, Portugal, la península  Ibérica y una gran parte de nuestro archipiélago, la posibilidad de conservar este rico legado del folklore en numerosas grabaciones discográficas, etc, etc. 

Ya 44 años trabajando infatigablemente por una pasión por la conservación, divulgación y transmisión de la música folklorica como expresión espontánea de un pueblo  y dando a conocer el folklore galdense fuera de sus fronteras, enriqueciendo su acervo cultural, convirtiéndose también el G.F. Los Cebolleros en el grupo emblemático del folklore tradicional de Galdar por antonomasia.

También Colacho ha podido dar rienda a su faceta creativa como compositor, con su aportación de letras a numerosísimas piezas de nuestro folklore y de la misa cebollera. 

No podemos olvidar en su trayectoria su dedicación al trabajo con los niños, destacando la  labor en los colegios Cuermeja y Virgen del Carmen en La Aldea, y en los centros de San Isidro, Barrial, Los Quintana, La Montaña, Jesús Sacramentado, Sardina del Norte, Fernando Guanarteme, Antonio Padrón, IES Roque Amagro y IES Saulo Torón en Gáldar,  su pasión musical que también supo inculcar a su hijos siendo el mayo Nestor uno de los folklorista mas destacados de la historia del grupo Cebolleros llegando incluso a dirigirlo en un lustro y Mario un gran tocador de guitarra y un oido prodifioso.  

Aunque aún no podido ver cumplido una ilusión y un sueño que durante toda su vida le ha acompañado “La escuela de folklore de Gáldar”, lejos de la renuncia, Colacho aún lucha por hacerla realidad. 

Esto solo sería una sintexis de toda la labor realizada por Colacho  en su faceta como folklorista pero cabría reseñar que esta devoción ha transcendido a su faceta humana  pues todo aquel que lo conoce sabe como brota por los poros de su piel esta pasión por la música, el folklore, las raíces y las tradiciones de su pueblo, desarrollada con una vocación y ansia incansable luchando por  la música y el folklore ha contribuido a enriquecer el patrimonio cultural de su Galdar natal y siendo en la actualidad el icono mas popular del folklore galdense.
En el año 2009 recibe en reconocimiento del Excmo. Ayto. de Galdar por su labor en el folklore y ese mismo día recibe la distinción como miembro de honor del G.F. Los Cebolleros y en el año 2011 es la federación de agrupaciones folkloricas de Gran Canaria quien también hace reconocimiento a su labor.

En la historia del folklore galdense Colacho ocupará un lugar privilegiado junto a aquellos otros que le precedieron en la historia del municipio, Los viejos de Galdar, Maestro Ignacio Rodríguez, Juan Quintana  “El Claca”, D. José Mª Gil,  Antonio Martín, Juan  Gutiérrez, Santiago Machin, Maruchi Macías entre otros que han logrado dar un lugar destacado a la riqueza musical más ancestral de este municipio. Recientemente  y aunque no es oficial ya se rumorea  y cada día va cogiendo más fuerza la intención de la corporación municipal de reconocer su labor, sin duda alguna, Galdar saldará una deuda histórica con este emblemático folklorista cuando sea  gratificada su dedicación con la  declaración de  Hijo Predilecto de Gáldar a D.Nicolás Rodriguéz Molina, “Colacho”. (Publicado por vicen diaz personajes populares)

LUIS RODRIGUEZ FIGUEROA





1936 agosto 21.

Luís Rodríguez Figueroa (Puerto de la Cruz, Tenerife, 1875- 21-8 1936)

El jueves 16 de julio de 1936, D. Luís embarcó en el “Villa de Madrid” con  destino a Cádiz, desde donde pensaba seguir viaje a la capital de España para reincorporarse a sus tareas parlamentarias. El 21 llegó el barco al puerto andaluz, el capitán puso en conocimiento de Rodríguez Figueroa los acontecimientos que se estaban produciendo en el país y le aconsejó que no desembarcara, pero éste no sólo lo hizo sino que acudió a informarse al Gobierno Civil, que ya estaba en poder de fuerzas de la Legión. Fue apresado, devuelto a Tenerife en los primeros días de agosto y asesinado —según todas las versiones arrojado al mar— el 21 de agosto de 1936.  Algunos han contado que al oponer resistencia a sus asesinos, le fue atravesada una mano de un bayonetazo antes de tirarlo por la borda. Días después también sería asesinado su hijo Guetón. Su casa de La Laguna había sido asaltada y saqueada, sus libros quemados, sus bienes expoliados y sus restantes hijos, unos detenidos y otros fuera de las islas. Un caso de destrucción familiar no insólito en la época, donde numerosas familias obreras sufrieron igual destino, pero sí peculiar por la posición social de sus víctimas, integrantes cualificados de la burguesía isleña.
1936.
Escritor y politico

    Luís Rodríguez de la Sierra Figueroa nació en Puerto de la Cruz, Tenerife, en noviembre de 1875. La acomodada situación económica de su familia –clase media típica de la ciudad portuaria– permitió a sus padres, Luís Francisco Rodríguez de la Sierra y Emilia Figueroa Morales, enviarlo a estudiar la carrera de Derecho a Granada. Al finalizar sus estudios, hacia 1896, regresó a su localidad natal, donde continuó perfilando su faceta literaria y política. No obstante, Rodríguez Figueroa, inquieto y capacitado para buscar experiencias foráneas de vida, permaneció durante bastante tiempo en distintas ciudades del continente europeo, donde sus vivencias marcaron también una reflexión lúcida que influye de manera decisiva en su posterior actividad social y política.

Perfil ideológico y trayectoria política

    El marco temporal que nos convoca lleva a establecer una fácil conexión con el regeneracionismo literario español del 98, sumido en la crisis definitiva del poder colonial en América. Rodríguez Figueroa, en línea directa con la pauta ideológica e intelectual de esta época, refleja su preocupación por el momento histórico, al tiempo que reflexiona en busca de explicaciones a la situación social y política. El caciquismo, tan presente en la realidad local isleña, es el rasgo caracterizador de un mal estructural que deprime a la sociedad en un crónico estancamiento. El proceso analítico termina por identificar al sistema monárquico de linajes como eje de la crisis general. Así, en un contexto ilustrado y sociopolítico óptimo, Rodríguez Figueroa definió desde muy joven su opción política republicana, aunque con los matices isleños inevitables, de los que hablaremos más adelante.

    El esquema bipartidista vigente tras la Restauración monárquica dejó la única perspectiva real de transformación sociopolítica en manos del Partido Republicano. La alternancia pactista de liberales y conservadores en el gobierno sostenía un conjunto de anomalías, que son producto del ejercicio de un anquilosado orden político, corrupto y mediatizado en su esencia por el poder fáctico del ejército y de los sectores más conservadores de la Iglesia. La administración gubernamental está incapacitada para resolver de forma rápida y ventajosa la situación de los servicios públicos, la industria, la mano de obra y los conflictos obreros nacientes. Como solución al bloqueo institucional, cultural y de gestión, Rodríguez Figueroa acogió el ideal de un sistema social que permitiera llevar a sus órganos de gobierno a los individuos en función de sus capacidades técnicas y humanas, y no regido por un criterio tradicional de nacimiento. Un modelo que debía satisfacer las demandas de justicia social y dé culminación a la soberanía del poder civil, en un auténtico marco de acción democrática.

    Una vez detectado el problema estructural, Rodríguez Figueroa se decidió a contribuir efectivamente a la erradicación de las situaciones anómalas de la vida política del municipio. El encuadre sociopolítico y el prestigio por la defensa de la causa de los débiles (campesinos y obreros), tanto en el ámbito profesional como en el literario, posibilitaron su entrada en la gestión municipal, tras ser elegido concejal en dos procesos electorales, para los bienios consecutivos de 1912-13 y 1914-15. El nuevo edil no desaprovechó la oportunidad de preguntar, intervenir, presentar planes y resoluciones, en lo que fue una oposición activa e incesante a los intereses oligárquicos de la localidad, representados en la figura del alcalde y la mayoría de los cargos electos.
    Para el siguiente bienio de 1916-17, Rodríguez Figueroa tuvo en mente otro conjunto de prioridades, que le llevaron a trasladar la residencia familiar a Santa Cruz de Tenerife, hacia el año 1918. Ubicado su despacho en la calle Numancia de la capital tinerfeña, continuó ejerciendo el oficio de las leyes. De cualquier forma, el cambio no limitó su carrera política. Muy al contrario, fue elegido concejal del Ayuntamiento santacrucero en la convocatoria electoral de febrero de 1920. La ciudad capitalina, contexto bien diferente al medio rural generalizado de la Isla, dio al republicanismo la mayoría absoluta en la corporación, siendo Rodríguez Figueroa el segundo concejal más votado. La actividad política anterior en el Ayuntamiento de Puerto de la Cruz tiene así una continuidad clara y coherente. Sin embargo, la santacrucera será su última experiencia municipal, pues no estuvo presente en la candidatura republicana de las siguientes elecciones de 1922.

    En la década de los años veinte, en plena posguerra de la I Guerra Mundial, Rodríguez Figueroa continuó desplegando su actividad incansable de viajero, abogado, escritor y poeta. La dictadura militar de Primo de Rivera probablemente actuó de incentivo a sus convicciones políticas liberales de Izquierda Republicana, aunque con las peculiaridades del republicanismo isleño. Hay coincidencia en localizar el mal estructural de España en el caciquismo y la monarquía, pero su análisis, así como el del resto de pensadores canarios divergentes, distingue en uno y otro bando a dos grupos con orígenes distintos: la oligarquía caciquil y la monárquica proveniente de los colonizadores, y la población oprimida como descendientes de los isleños conquistados. Este factor debilita la adscripción simple de estos canarios al “regeneracionismo español” o a una pretendida literatura “romántica tardía”. Hay demasiado de isleño en Rodríguez Figueroa como para olvidar que en el extenso marco de la cultura hispanoamericana se mueven variantes culturales definidas y que tampoco han desaparecido íntegramente las culturas previas. Los pensadores y escritores canarios, tras la pérdida de las últimas colonias en 1898, no aceptaron sin más la base depresiva de los regeneracionistas, porque su óptica étnica, histórica y geográfica no era coincidente. Por esto, en referencia a la guerra cubana de independencia, examina la saña discursiva española contra “unos hermanos que tenían derecho natural y humano de insurreccionarse”.

    Estos tiempos contemplan seriamente la posibilidad de romper la visión estatal uniforme, y los discursos nacionalistas y regionalistas encuentran espacio en la agenda de la política contemporánea. Ante el arraigo de los proyectos vasco, catalán y gallego, y con la figura esencial anterior de Secundino Delgado, Canarias atisba la posibilidad histórica de decidir por sí misma las políticas más convenientes a su realidad. Rodríguez Figueroa asumió que los intereses materiales isleños y la situación estratégica reclaman una intervención propia y diversa. El discurso contrapone la unidad solidaria de las Islas a la persistencia de las pautas disgregadoras y personales marcadas por los caciques, que encuentran en el Estado central el soporte fundamental de su hegemonía. La seguridad, firmeza y aspiración de los planteamientos variaron con el tiempo pero, mientras los grupos de poder se refugiaban en un conservadurismo ciego, estas mentes inquietas trabajaron en la elaboración de un discurso y proyecto autónomo canario. Uno de los encuentros artísticos promovidos por el Ateneo de La Laguna  (diciembre de 1917) incluyó la “Primera Conferencia sobre Renovación de la Política Insular”, en la que Rodríguez Figueroa realiza un análisis causal de la realidad crítica isleña y aporta un conjunto de soluciones, que confluyen en la solución política autónoma de Canarias.
    En 1929, el Partido Republicano Radical sufrió una escisión, de la que nace el Partido Republicano Radical Socialista, que Rodríguez Figueroa contribuyó a establecer en Tenerife. Con esta formación da la bienvenida a la República en 1931, y será el candidato de su organización política, que junto al Partido Socialista Obrero Español y Acción Republicana, presentará una plancha común, con el nombre de Bloque de Izquierdas. Sin embargo, no fue hasta el proceso electoral de febrero de 1936 cuando Rodríguez Figueroa experimente efectivamente la política de Estado. En concreto, su candidatura personal, bajo la rúbrica de Izquierda Republicana, y dentro del Frente Popular de Izquierdas, logró la segunda mayor votación. Luis Rodríguez Figueroa fue elegido Diputado por la circunscripción de Santa Cruz de Tenerife, en las últimas elecciones republicanas.

    La nueva etapa abierta en su vida no tuvo solución de continuidad, toda vez que los grupos de poder isleños sentenciaron su muerte, en el preciso instante en que puso su capacidad de análisis y conocimientos legales al servicio de la justicia humana y social. Hasta los grandes propietarios de La Gomera supieron de su compromiso con el oprimido, cuando fue uno de los abogados defensores de los gomeros y gomeras de Hermigua, encausados militarmente por pedir trabajo mediante una huelga general (junio de 1934).

    El pronunciamiento militar facilitó el momento de confusión propicio para hacerlo desaparecer entre brumas de versiones oficiales y extraoficiales. El 14 de julio, el Diputado de Izquierda Republicana, Luis Rodríguez Figueroa, embarcó en el vapor Isla de Tenerife, con dirección a Cádiz, para continuar viaje por carretera hasta Madrid, donde se reincorporaría a las tareas parlamentarias. Sin embargo, a su llegada, los insurrectos ya habían tomado el control de la ciudad gaditana, y procedieron a su apresamiento, tan pronto fue identificado. A partir de aquí, y a día de hoy, siguen siendo variables las informaciones. Lo cierto es que la familia no volvió a verlo desde su partida de la Isla. Las diferentes versiones apuntan a que permaneció en distintas prisiones, hasta que fue trasladado a Tenerife y eliminado en el mes octubre. Su hijo Guetón fue también capturado, encarcelado y asesinado. El resto de la familia sufrió la expulsión de su casa lagunera, que fue saqueada y expropiada por el régimen franquista.
Represión pos mortem, por masón
 El Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo del nuevo régimen prestó una extraordinaria atención a los antecedentes masónicos de Luis Rodríguez Figueroa. La Institución franquista exprimió el delito todo lo que pudo y el proceso se prolongó de forma absurda, por estar ya muerto el procesado.

    Luis Rodríguez Figueroa había solicitado, el 16 de diciembre de 1897, su admisión a la logia Añaza, nº 125 de Santa Cruz de Tenerife, perteneciente en aquellas fechas a la obediencia del Grande Oriente Ibérico. Inmediatamente, los “hermanos aplomadores” procedieron a indagar sobre su conducta pública y privada, llegando a una decisión positiva, en la que se destacaron entre otros aspectos “sus relevantes prendas morales y su educación exquisita”, así como “su aplicación al estudio y [el ser] cariñoso para la familia y amigos”. Diez días después fue iniciado y adoptó el nombre simbólico de Tirteo, fiel a su admiración por el mundo clásico. Al año siguiente (23 de noviembre), se le exaltó al grado 2º, para finalmente alcanzar el grado 3º (maestro masón) el 10 de enero de 1902. La nueva obediencia del Grande Oriente Español extiende el correspondiente certificado el 17 de noviembre de 1903. En el verano de 1910 causó baja de la logia por falta de asistencia y pago.

    A pesar de que las máximas autoridades franquistas no alcanzaron a “concretar la personalidad masónica” más allá de lo expuesto, el hecho de que no había presentado la preceptiva “declaración de retractación” y de que no compareciera a la citación judicial del 2 de junio de 1943, a las diez y media de la mañana (estaba muerto) fue suficiente para que el juzgado nº 3 del Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo instruyera el sumario 206/1943 (tras años de investigación) y sentenciara, el 21 de enero de 1944, a la pena de doce años y un día de prisión menor al “procesado rebelde”, Luis Rodríguez Figueroa, simbólico Tirteo, por un “delito consumado de masonería”. El procesado quedaba además inhabilitado de forma absoluta y perpetua para “el ejercicio de cualquier cargo del estado, corporaciones públicas u oficiales, entidades subvencionadas, empresas concesionarias, gerencias y consejos de administración de empresas privadas, así como cargos de confianza, mando y dirección de los mismos”.

    Ignorancia, incompetencia o perfecta y calculada intencionalidad de extender la guerra en el tiempo, hizo que la familia fuera víctima prolongada de la represión pos mortem. En pleno conflicto bélico sufrieron el expolio y la expropiación de la casa familiar; en enero de 1938, la Comisión Provincial de Incautación de Bienes de Santa Cruz de Tenerife sancionó a Rodríguez Figueroa con quinientas mil pesetas; el juzgado nº 3 “notifica” a Luis Rodríguez Figueroa por telegrama la citación judicial del 2 de junio; el 18 de junio, su hija Rosalva se dirige al citado juzgado e informa que su padre está desaparecido desde el 14 de julio de 1936; ese mismo día, el Gobierno Civil ordena la conducción del “recluso” a “una de las prisiones de esa capital” (Madrid), a disposición del juzgado especial… La acción legal contra Rodríguez Figueroa puede ser considerada indefinida, pues las autoridades franquistas no reconocieron nunca su muerte. El “paradero desconocido”, reiterado en la documentación judicial a lo largo de los años, eternizó al inculpado en rebeldía.
Actividad literaria
    La incansable actividad social de Luis Rodríguez Figueroa fue paralela a una prolífica e intensa producción literaria: poesía, narrativa, escritos políticos, mitológicos, legales… La mayor parte de sus escritos, abundantes y dispersos, fue vertida en diversas publicaciones y colaboraciones periodísticas. Desde finales del siglo XIX, colaboró con artículos y poesías en distintos periódicos como El Ideal, Iriarte o El Regionalista y, de forma particular, en La Palestra, fundado en 1899. En la década de los veinte del siglo XX, fue singular su presencia escrita en La Prensa y La Tarde. De cualquier forma, todo giró en torno a unos jóvenes escritores, con importantes inquietudes y, sobre todo, posibilidades de acceso educativo y cultural, que procuraban transmitir las esencias más liberales del pensamiento. Con frecuencia, Rodríguez Figueroa empleaba el seudónimo Guillón Barrús, cuya rúbrica se hizo popular en sus valientes artículos sobre política y crítica literaria y social, y que en lo sucesivo alternó con el nombre propio.

    La crítica literaria captó también la atención de Rodriguez Figueroa. Con paralela precocidad al periodismo, aportó producción y reflexión a revistas literarias como Vida Nueva, Gente Nueva y Hespérides. Ante todo, es de reseñar la revista Castalia, fundada por Ildefonso Maffiote –ilustre escritor tinerfeño de la época– y él mismo, en el año 1917. Este semanario tuvo la participación de los más destacados poetas de Canarias, desde Manuel Verdugo a Tomás Morales, y publicó los primeros versos de Agustín Espinosa. Desde esta tribuna, y desde cualquiera que escribía, tuvo un ímpetu distinguido por poner en contacto a escritores de distintas islas y, cuando era posible, de procedencias exteriores. Las tertulias, encuentros y reuniones suponían el aprovechamiento de cualquier actividad a favor de un mayor conocimiento, intercambio y difusión de la labor creativa de otros canarios, y de tendencias de pensamiento de rango universal.

    Rodríguez Figueroa no sólo dejó constancia periodística, poética y crítica de la labor literaria; más aún, experimentó también en el terreno de la narrativa. La obra El Cacique, escrita en los últimos años del siglo XIX y publicada en 1901, es un documento que ha atraído a analistas literarios e historiadores. Lo escrito sobre ella suele destacar la debilidad e inconsistencia técnica de la novela. Sin embargo, el potencial histórico informativo del documento se inserta en los más actuales debates de las principales universidades del mundo sobre teoría de la historia y novela histórica, y todo apunta a la confirmación de su valor histórico informativo.

    El Cacique, firmada por el batallador Guillón Barrús, nos cuenta una más que probable historia de los alrededores de Puerto de la Cruz, entonces pequeño pueblo rural y costero. Rodríguez Figueroa ofrece un análisis de la sociedad caciquil de su entorno, en el que se contraponen claramente dos grupos sociales isleños, representados por el cacique/alcalde, “que llevaba en sus venas el influjo violento del bando conquistador, la desmedida satiriasis de los aventureros castellanos… viciado por los tradicionalismos de abolengo y soterrado en los más bajos niveles del espíritu”, y el medianero de una pequeña finca, del que “se decía que era uno de los poquísimos descendientes de los guanches que supervivieron a la conquista del terruño”, portador de las mejores virtudes humanas. En síntesis evidente, uno simboliza la oligarquía reaccionaria y conservadora y el otro a la mayoría indefensa y oprimida de la población, para añadir un tercer personaje que, al modo del propio autor, se erige en protector legal de los segundos. Por supuesto, éste es republicano y expresa los atropellos del cacique, mediante un sentido definido y comprometido de la justicia humana y social.

    En 1915, sale a la luz una novela a escote, Máxima culpa, firmada conjuntamente por Rodríguez Figueroa y los escritores tinerfeños más conocidos del momento, habituales contertulios y colaboradores de la revista Castalia: Domingo Cabrera Cruz, Diego Crosa, Ramón Gil Roldán, Ildefonso Maffiote, Leoncio Rodríguez, Manuel Verdugo y otros. Las obras señaladas fueron sus dos únicas incursiones conocidas en el ámbito novelístico.

    Como adelantamos, la poesía, junto al periodismo en forma de artículos constituyen el hilo conductor de su producción literaria. Los inicios poéticos de Preludios (1898) trazan la trayectoria lírica a seguir, tanto desde el punto de vista formal como temático. Los poemas de índole personal y afectivo presentan, como era de esperar, el dominio de la lírica amorosa, que permanecerá a lo largo de su actividad poética. Esta lírica amorosa inicial será la misma raíz de la que surjan los temas dedicados a la tierra, al sentir popular y a la exaltación emocionada del paisaje canario y de las pervivencias pre-coloniales. No olvidemos que Rodríguez Figueroa, perfectamente al día de la intelectualidad del momento, conoció con gran probabilidad los trabajos etnográficos de Bethencourt Alfonso, los escritos de Nicolás Estévanez y la sinceridad literaria de Secundino Delgado, hasta entonces inédita en la historia canaria. Sin duda, de esta segunda tendencia nace la permanente inquietud del poeta por la temática social, primero en defensa de los derechos del ser humano y de los marginados sociales, y posteriormente con una positiva actitud transformadora de una sociedad injusta, que produjo una poesía marcadamente cívica y política. Expectativas éstas que contaron con una notable base inspirada en la antigua civilización helénica, localizada en estos inicios poéticos (Venus Adorata, 1902) y en numerosos matices de la vida de Rodríguez Figueroa, fundador de la clasicista y mitológica revista Castalia.

    Los primeros años del siglo XX coinciden con un intenso peregrinaje del autor por las Islas y fuera de ellas. El enriquecimiento de tales experiencias está reflejado literariamente en un mayor dominio de la expresión y perfeccionamiento del lenguaje (importancia del modernismo hispanoamericano), que no supone en absoluto una ruptura de las tendencias anunciadas en los comienzos. Su fecundidad literaria encontró alimento inagotable en un impecable espíritu combativo, que le permitió componer odas elocuentes de contenido ideológico, histórico y/o legendario. El Ateneo de La Laguna fue marco recurrente de numerosas fiestas y encuentros de arte, celebrados desde el primer cuarto de siglo. Destaca la fiesta de Los Menceyes, del 12 de septiembre de 1919, con la intervención de conferenciantes liberales canarios y, por supuesto, del habitual círculo poético del momento: Diego Crosa, J.M. Tabares Bartlett, Domingo J. Manrique, J. Hernández Amador, Manuel Verdugo, Ramón Gil Roldán, etc. Rodríguez Figueroa recita uno de los más significativos poemas de esta generación “El Mencey de Arautapala”. Junto a “El Hombre de la Tribu”, constituye la inmejorable aportación lírica del portuense al anhelo de estos intelectuales de superar la fragmentación insular y vertebrar un futuro autónomo, a partir de elementos de identidad e historia comunes.

    En opinión de algunos autores, lo señalado anteriormente imposibilita la mera adscripción de estos pensadores y escritores isleños al movimiento regeneracionista español. Los máximos exponentes del 98 estaban atenazados por la historia imperial y el problema contemporáneo de España. Sin embargo, los canarios fueron libres en cierta manera de abrazar con plenitud el movimiento universal del modernismo, y recoger su más pura esencia peregrinante, universal y cosmopolita. Este grupo isleño no puede ser tampoco etiquetado, sin más, de “tardío” respecto al romanticismo europeo. Los románticos europeos soñaban un mundo lejano a su realidad, frecuentemente medieval, no compartido por canarios y americanos, puesto que éstos tenían otras referencias históricas y, sobre todo, vivían de por sí en tierras imaginadas exóticas por los europeos. No es conveniente que modernismo y regeneracionismo sean entendidos como la misma cosa. El primero fijó en todas las jóvenes literaturas criollas de la lengua castellana la imagen nueva de la nacionalidad literaria de sus pueblos. El contemporáneo Nicolás Estévanez lo distinguió bien, al leer los versos de Rodríguez Figueroa y afirmar que “es el poeta de lo porvenir, pues se ríe de las antiguallas”. En otra parte, sentenció: “El modernismo lírico ha llegado al Puerto de la Cruz”.

    La música del mar pone soporte y ambiente a las nostalgias del amor y a los nuevos poemas incluidos en Nazir (1925). Se considera éste el fin de una época bien definida en la creación poética de Rodríguez Figueroa. Bien sea la muerte de su esposa por esos años, bien la intensificación de la vida política y del conflicto social, lo cierto es que el poeta volcará sus ímpetus creativos, presentes ya en los inicios, en la poesía civil o política. Su última obra publicada como libro, Las Banderas de la Democracia (1935), acumula la experiencia de una larga carrera y práctica del derecho, la política y la literatura, marcada de forma decisiva por sus convicciones progresistas. Así se presentan gran parte de los sonetos dedicados a los hitos históricos, motores de  transformaciones sociales, como la democracia y la lucha por la implantación de los derechos humanos (entonces, aún del hombre). Una reflexión lírica sobre la historia y la teoría de las ideas democráticas y revolucionarias, desde la época clásica, pasando por la revolución francesa y la rusa, esta última obviamente de mayor actualidad. Se trata de un canto al proceso histórico del establecimiento de la democracia, pleno de pasión social y política, de convicciones profundas y de confianza en el triunfo de la justicia y de las libertades públicas. En efecto, Las Banderas de la Democracia marcan una línea evidente respecto a Nazir, protagonizada por el resurgir de la dimensión socialmente más combativa del poeta, a escasa distancia temporal de su trágica desaparición física.
(Tomado de: www. Isla de Tenerife Vivela)