jueves, 30 de agosto de 2012



EFEMÉRIDES DE LA NACIÓN CANARIA UNA HISTORIA RESUMIDA DE CANARIAS

 

CAPITULO III: DE LA ANTIGÜEDAD AL SIGLO XV


1461 – 1470


Eduardo Pedro García Rodríguez


1461. (Aproximadamente). De la guerra que hizo Diego de Herrera a la isla de Canaria. Diego de Herrera, después de haber comprado las cuatro islas conquistadas por Juan de Letancurt, quiso seguir sus pasos. Empezó con gente forastera y con sus vasallos a asaltar a los canarios, los cuales, estando acostumbrados a la guerra contra diversas naciones, hasta al fin siempre salieron victoriosos. Entre muchas escaramuzas que tuvo con ellos, hubo una memorable, cerca de la villa de Tirahana, en la cual, además de haber perdido mucha gente, fue obligado a retirarse a la orilla del mar, en lugar fuerte.

Viendo él que, al unirse los canarios entre ellos, cada día se hacían más difíciles de vencer, procuró desunirlos, para que, asaltándolos un día aquí y otro día allá, pudiese conseguir la victoria a poco a poco y más fácilmente de este modo. Para ello, ordenó a Diego de Silva, hidalgo portugués que había llevado consigo a esta guerra, que con doscientos soldados escogidos fuese a asaltar la villa de Gáldar. Llegado Silva a Gáldar y trabado que hubo la batalla con los galdarenses, tuvo lo peor, de modo que lo obligaron a retirarse en un sitio cercado de piedra, donde peleaba desesperadamente, siendo aquélla su última defensa. Y estando allí, como vio en poco espacio de tiempo qué algunos de los suyos morían y otros quedaban heridos, astutamente pidió que hablase con el rey de los galdarenses y prometió rendirse bajo ciertas condiciones. El Guanarteme, que allí combatía en la primera fila de los suyos, suspendió la pelea y mandó que se retirasen algún tanto sus tropas; y acercándose a algunos pasos del lugar donde estaban atrincherados los cristianos, salió Silva en ademán de paz, y saludando al Guanarteme con modales lisonjeros, le habló después determinadamente, de este modo:

-No pienses, o Guanarteme, que el habernos retirado en este lugar, después del largo rato que dura la pelea entre vos y nosotros, se deba al temor de ser muertos por vos- otros, o apresados y puestos en servidumbre por vuestra turba. El valor de cualquiera que pugne para la fe cristiana, también entre vosotros es conocido por invencible. Y, para no daros ejemplos de naciones forasteras, por nosotros vencidas, por estar divididas de vosotros por el gran mar que impide que tengáis noticia de ellos, considerando que la gente que vive en las demás islas como ésta (que, cuando el aire es claro, veis bien en vuestro alrededor) también son como vosotros, fuertes, potentes y valerosos, y amigos de su vida pastoral y libre; y, sin embargo, han sido vencidos por nosotros y reducidos a nuestras costumbres y a nuestra fe; con lo cual están ahora en sumo contento y gloria. Sólo este fin nos ha empujado a surcar  tanto mar, casi descono-
cido, en medio de mil peligros y tempestades y (lo que quizá os parezca sin piedad) abandonar a nuestras mujeres e hijos y las amadas riberas de nuestra querida patria España.

Porque, si nos hubiésemos conformado tan solamente con las riquezas de nuestro país, no nos hubiéramos expuesto a tantos trabajos, para la salud y el beneficio vuestro. De modo que el hecho de perseguir vuestro verdadero bien y que viváis de igual modo que nosotros (que así nos lo ordena el Dios que vosotros adoráis en las cumbres de Amagro  y de Tirma) no debe considerarse por vosotros siniestramente tanto mas, que os preciáis de tener vuestro origen de nación nobilísima, y entre los demás que viven en las otras islas alrededor de ésta tenéis suma reputación y os respetan casi como a hermanos mayores. Decídete, pues, o Guanarteme (puesto, que entre las armas suele también tener
lugar la razón y el consejo de los enemigos) de ser nuestro amigo y de cerrar la paz de tal modo, que podamos retirarnos seguros y sin daño a nuestros alojamientos; que, de lo contrario, la necesidad, que no nos deja otra posibilidad, nos obligará a combatir, no con la intención que hasta aquí hemos teníamos de no ofenderos, sino para mataros cruelmente y usar cualquier fiereza en vuestras personas; y las armas que hasta ahora han sido piadosas con vosotros ya mojadas en la sangre, y los corazones de mis soldados, vencidos más por la rabia y por el afán de la victoriosa venganza, que por el deseo de la paz, esperan aquella decisión que a vosotros, más que a nosotros, convenga.

El Guanarteme, que había escuchado atentamente lo que Silva le había dicho, se acercó un poco más y, con ademán plácido y con sonora voz, para ser oído de todos, le contestó amistosamente de este modo: -Pensábamos nosotros, los canarios, por hallarnos tan alejados de vosotros y de vuestras tierras, en este breve ángulo del mundo, y rodeados por la rabia de las soberbísimas olas de tan vasto mar, como el de que nos vemos circundados, que podíamos vivir sin molestia por parte vuestra, que desde ya largo tiempo sois perturbadores de la quietud y del ocio en que con tanta paz y tranquilidad Soliamos vivir. También tenemos presente la memoria de tantas armadas que llegaron hasta nuestras orillas, de los hechos de guerra que con vosotros tuvimos, de tantos egregios canarios muertos, o llevados prisioneros por vosotros en partes muy lejanas; y, lo que sentimos más que todo hasta al día de hoy, es la muerte dolorosa de Artemis, nuestro rey, en guerra con vuestro capitán Juan de Letancurt valerosamente vencida. Quizá sean nuestras culpas, que el flaquear es natural de nosotros, los hombres, y muchas veces, en contra nuestra, hemos -incurrido en aquellos peca- dos  que nunca se han visto, ni siquiera entre las fieras más inhumanas. Así, en nuestras necesidades, en lugar de visitar al sagrado Tirma y de pedir la ayuda de Dios, hemos hecho muchas cosas que no eran dignas de nosotros, por lo cual hemos recibido gran castigo. De éste no es la menor parte el estar perturbados por vosotros; que si nos bastara el haberos aquyentado infinitas veces de nuestras costas y dado muerte, y muchas veces detenido como prisioneros como de vuestro obispo Diego López (lo sabéis, 520 esplendores de la luna  que es nuestro cautivo), podríamos hacer cuenta de que la ira de. Dios se ha aplacado contra nosotros. Pero, si el hecho es inevitable y contrario a nuestra paz, ¿quién puede oponerse a tanta fuerza? ¿Quién puede resistir a tanta necesidad?

Bien nos damos cuenta que lo que vos nos persuadís es bueno y justo y honrado y si el bien nuestro os mueve a soportar las penas y los peligros y las muertes que padeceis en la guerra que con nosotros hacéis con tanta adversidad, nosotros no os seremos ingratos por tanta merced; como antes lo habíamos demostrado a aquéllos que se han conducido con nosotros de modo que, en lugar de hacernos guerra y de llevar nuestras haciendas y la patria, usaron con nosotros de tanta paz y amistad, que participaron de nuestras riquezas y de nuestras mujeres. Dime, ¿quién, aun entre vosotros, puede soportar voluntariamente la pesada servidumbre? De libre, ¿llegar a ser esclavo? De rico, ¿po-
bre? De rey, ¿venir a ser vasallo? Nadie, creo, se hallaría, que no prefiera arriesgar y perder honrosa mente la propia vida, antes que verse privado de la dorada libertad y puesto en la miseria de la insoportable esclavitud. Esta deliberación es la que hemos tomado nosotros, canarios, de querer defender con la vida la patria y la libertad, antes que ser siervos vuestros y vivir debajo de vuestras leyes, aunque a algunos parezcan buenas; siendo así que nuestra libertad y conservación sólo consisten en mantener nuestras costumbres y nuestra fe; que cualquiera que haya nacido en ella piensa, por más que se equivoque, que es la mejor, o, por lo menos, que es la que más le cuadra.

¿Acaso podréis vosotros, forasteros, pocos y poco duchos en la aspereza de esta tierra, resistir a tanto número de valientes canarios? ¿No os acordáis de cuántas derrotas re- cibisteis de nosotros? De ayer a hoy no se habrán curado las heridas que sobre Tirahana os dio el rey. de Telde; y también están frescas todavía las que, hace un instante, recibisteis de nuestras manos, cuya sangre, todavía caliente, es testimonio de lo ocurrido. ¿Pensáis quizá escaparos hoy, con encerraros allá, entre paredes, a modo de ganado que espera el cuchillo? ¿Quizá os ayuden en la presente necesidad vuestros demás soldados, cansados y malheridos, que están lejos, a muchas millas de aquí? Hoy, sólo la muerte puede dar fin honroso a vuestros trabajos, si, combatiendo sin buscar huida, os dais a conocer por tan valientes como lo has dicho, a tanto número de soldados que viene conmigo.

Sin embargo, ¡oh Silva!, para que conozcas en cuánto peligro té has puesto con tu gente, te he dicho estas palabras; y, si también quieres conocer el valor y la generosidad de los canarios, danos seguridad de que harás paz con nosotros, dejándonos vivir libremente, como solíamos, y que embarcarás y te marcharás; que yo te dejaré ir seguro, sin ningún daño, a tus alojamientos, defendiendo con los míos tu retirada, para que no te vengan a ofender los demás ísleños. Quizá algún día, si me das crédito, te sea útil el recuerdo de esta benevolencia que deseo usar contigo, y alabes  valor y la amistad de un rústico rey de Gáldar, así como la decisión que tomes en esta necesidad, y que ves te conviene.

Asombrado Silva de que se hallase tanta generosidad en este rey enemigo, y vencido tanto en la cortesía como en las armas, aceptó con la mejor gana las condiciones y la
paz que el rey le ofrecía, y se dieron seguridades el uno al otro, de guardarla inviolablemente. Y, demostrando Silva que no había dado todavía al rey toda la satisfacción que merecía,  prometió rehenes, aunque lo hiciese todo para asegurarse el paso, lo mejor que pudiese.

Entonces el rey con mucha gente suya condujo a Silva al mar, donde se embarcó con todos los suyos, tanto los sanos como los heridos. De allí se fue a desembarcar frente  a Tirahana, donde se había fortificado Diego de Herrera, quien le esperaba, con los demás capitanes, que habían salido a correr la tierra por la parte de Levante, cogiendo y matando a cuantos canarios podían y viendo Herrera el poco resultado que se conseguía en esta guerra, y cuán fuertes y valientes eran los enemigos, para no verse repelido y totalmente rechazado de la isla, dejó los rehenes al rey de Gáldar y al rey de Telde, con quien hizo paces, con el pretexto de que en pocos días partiría con todos sus soldados, y que por aquel entonces no tenía comodidad de  navíos para poderlo hacer.

Mientras las cosas estaban así tranquilas, y corría año de 1461, fabricó secretamente una pequeña fortaleza encima del puerto de Gando, que era la parte más cómoda para la navegación con las demás islas. Acabándola de fortificar y de proveer con bastantes mantenimientos y gente, la dejó a cargo de un capitán suyo, y él pasó con Silva a Lan-zarote y a Fuerteventura, para proveerse con mayores fuerzas, para poder dar fin a esta guerra.

Hallándose de este modo fortificado el castellano, y con buenos soldados, como hombre que deseaba adquirir fama, empezó a romper las paces con los canarios, haciendo que los soldados saqueasen cuanto pudiesen. Los canarios, indignándose, de allí en adelante trataron de matar a los cristianos y destruir la fortaleza, dándose cuenta de cuánta desventaja les resultaba de su mantenimiento. Por ello, saliendo los cristianos, pocos días después, a saquear, fueron cogidos en medio por los enemigos, con mucho ganado, y fueron apresados y muertos todos. Ellos, sin mucho tardar, se vistieron con los trajes de los muertos, y con la presa se marcharon a la fortaleza: y engañados los de dentro, que creyeron que eran los suyos, a quienes esperaban, les abrieron la puerta, y fueron muertos por ellos, y la fortaleza derribada, la cual nunca más volvió a edificarse, y hasta el día de hoy se conservan sus ruinas en la orilla.

La estratagema de los canarios verdaderamente no se puede negar que es digna de nobilísima nación y se puede comparar (junto con muchas otras) con la que usó Sertorio, tribuno romano, en la guerra de España en tiempo de Didio pretor, cuando, al vencer él a los españoles conjurados, conquistó rápidamente la ciudad de Gella. De igual modo Aníbal cartaginés también conquistó muchas ciudades en Italia, sin combatir; como igualmente lo hizo Epaminon das tebano, para conquistar la célebre ciudad de los arcadios; Aristipo lacedemonio, para entrar en el castillo de Capadocia; y Timareo etolio, cuando mató a Carmedes, prefecto del rey Tolomeo, se vistió con traje y con sombrero macedonios, y en lugar de aquél ocupó el puerto de los samnios y que esta nación de Canaria haya sido siempre, desde tiempos antiguos, muy valerosa en la guerra y renombrada entre todas las demás que estuvieron en África y en la España que le estaba sometida, se demuestra en algunos libros antiguos que en ásperos versos cantan las guerras qué tuvo Carlo Magno con los moros. De éstos, como también de otros autores verídicos, tomó Ludovico Ariosto en el canto XIV de su Orlando, la descripción que hace del ejército del rey Agramonte, y cuando desfilan las gentes africanas, nota de este modo a las de Canaria:

Da Finaduro e l' altra squadra retta
che di Canaria viene e di Marocco;

Y tambien se puede creer que entre toda la gente Agramonte los canarios fueron de los más valientes y animosos, por haber sido designados para el asalto de París, donde se hallaron en la conquista de una puerta, junto con Bambirago, rey de Arcilla, y con Corinco de Mulga, y con otros, como más abajo dijo el Ariosto:

e Prussione,
il ricco re dell'lsole Beate.

(Leonardo Torriani; 1959: 122-129)

1461.
Fecha en la que los españoles se esforzaron por ob­tener con engaños lo que habían sido incapaces de conseguir por la fuerza de las armas.

En ese año, Diego de Herrera y el obispo del Rubicón llegaron con una flotilla a la costa de Gando (Gran Canaria) , en el sureste de la isla, y cuando los canarios, como de costumbre, se reunieron para rechazar la invasión, el obispo les informó que venían co­mo amigos y con la única intención de comerciar pacíficamen­te con ellos. Convencidos con esta declaración, les permitieron desembarcar sin armas e inmediatamente Diego de Herrera to­mó posesión formal de la isla en presencia de los nativos -quie­nes naturalmente no tenían ni idea de lo que significaba la ce­remonia-, el obispo y los otros filibusteros. Después, altamen­te satisfecho con este acto, regresó aLanzarote, sobre la que los españoles ya habían conseguido un completo dominio. Al año siguiente, el obispo, lleno del ardiente deseo de reunir dentro del redil de la iglesia romana a su disperso rebaño, fue a Gan­do con 300 hombres armados, que sin duda intentaban ayudar­le en su piadoso trabajo de conversión. Con gran irritación por su parte, los isleños persistieron en su absurda negativa de per­mitir que desembarcaran hombres armados y el obispo se vio obligado a regresar a Lanzarote. (En: A. B. Ellis, 1993. Ed. J.A.D.L.: 32.)

 1461 Junio 21. Diego López de Illescas, colono obispo de Rubicón, formaliza los que fueron llamados «pactos de paces» con algunos de los «bandos o reinos» de Chinech (Tenerife), que fueron firmados el 21 de junio de 1461 y viene  Fray Alfonso de Bolaños, de la secta franciscana (O.F.M). En virtud de estos compromisos o pactos (y otros que seguirán) los territorios sometidos a los régulos indígenas infieles eran considerados como "Reductos reservados exclusivamente a la evangelización pacífica, excluía toda intervenci6n violenta bajo pena de excomunión. Con esto, no sólo se adelanta la penetración cristiana previa a la conquista sino que se excluye ésta de los territorios de “evangelización”. Pactos que jamás fueron respetados por los invasores europeos.

1461 Agosto 12.
Diego García de Herrera desembarcó en la isla Tamaránt (Gran Canaria), y al acudir los canarios a obsequiarle, ordenó al escribano público Fernando de Párrega, que tomando esta cortesía por sumisión, diese fe de ella. En sus negociaciones con los indígenas recabó le permitiesen la construcción de una Torre en Gando, que como se sabe fue luego demolida por el Guayre Maninidra.

1461 Agosto 16. Diego López de Illescas, colono impuesto como obispo de Rubicón, formaliza «pactos de paces» con los «bandos o reinos» guanches  de Gáldar y Telde, en Tamaránt (Gran Canaria), que fueron firmados el 16 de agosto de 1461 por el obispo y por Diego García de Herrera, colono autoerigido en señor de las islas.

1462. Fray Rodrigo de Utrera, O.F.M., vicario general de la secta de los franciscanos establecidos de Canarias, con quien había tenido problemas Fray Alfonso de Bolaños  (favorecido éste por el obispo Diego López de Illescas), es destituido por el Papa Pío II por la bula Decet Apostolicam) de Roma, a 19 de enero de 1462.

1462. Las aportaciones económicas producidas por la indulgencia pontificia de 1462, que se renovó en 1472 mediante. La bula “Pastor aeternis” de Sixto IV, fueron reclamadas por los reyes de Castilla y Aragón para contribuir a la invasión y conquista de Tamaránt (Gran Canaria), donde participó activamente cortando tantas cabezas de guanches como los mercenarios civiles el obispo de Rubicón, Fr. Juan de Frías. Fue un primer ensayo para combinar evangelización y conquista armada, aunque el resultado dejó mucho que desear porque los conquistadores actuaron de manera brutal,  y muchos naturales considerados cautivos de “buena guerra” eran esclavizados, tanto por parte de los mercenarios castellanos como por el clero católico.

En definitiva, la continua influencia eclesiástica de la secta católica, legitimadora y misionera, fue un elemento esencial en el desarrollo del señorío feudal, como después también en la invasión y conquista conocida como realenga, y en el establecimiento de la ocupación castellana.

1462. Los franciscanos de Canarias (al frente Fray Alfonso de Bolaños) extienden su penetración “evangelizadora” a la costa de Guinea, en nuestro continente africano, ocupada por los portugueses. (La bula Pastor bonus) del 7 de octubre de 1462, los supone ya presentes «en la costa de Guinea»).

1462. Enrique IV de Castilla se casa con Juana, hermana de Alfonso V de Portugal; y, según. Barros, concede el “derecho” de conquista de las Islas Canarias a don Martinho Gonzalves de Taide, conde de Tauguía (Atauguía), por haberle traído la reina a Castilla,  aunque quedando las islas bajo la soberanía de Castilla. Así quedó resuelto diplomáticamente entre esos dos reinos europeos, por el  momento, el asunto de la invasión y saqueo de las islas que aún quedaban por conquistar.

1462. El jefe de la secta católica el Papa Pío II ratifica los privilegios concedidos por sus predecesores (Eugenio IV y Nicolás V) a la “evangelización” de las Islas Canarias; aprueba los «pactos de paces» que hiciesen los obispos con los guanches; prohíbe bajo excomunión la esclavización de los guanches de los bandos o reinos de paces; manda que se dé libertad a los que, de los mismos, hayan sido hechos esclavos; y concede amplias indulgencias a quienes cooperen en la redención de cautivos o ayuden a reprimir la depredación y esclavizaci6n de los guanches (Bula Pastor bonus, de Petreoli -Siena-, a 7 de octubre de 1.462). Así, de favorecer las invasiones y conquistas sangrientas con indulgencias de cruzada, se ha pasado a favorecer la “evangelización” pacífica con indulgencias similares.

1462. Fray Alfonso de Bolaños, de la secta de los franciscanos (O.F.M)., quien actúo como punta de lanza en la penetración cristiana en Chinet ( Tenerife), es nombrado vicario apostólico personal de Canarias -con facultades similares a las del Vicario general de Canarias- por el Papa Pío II, por la bula Ex assuetae pietatis intuitu, de Todi, a 12 de diciembre de 1.462; y pasa a Guinea con cuatro franciscanos .

1462. Diego García de Herrera va a Castilla, afines de 1462, a dar relación al rey castellano Enrique IV de que ha tomado posesión de «ciertas tierras e pesquerías». Se trata de la costa de nuestro continente desde el cabo Ajén (=Guee, Guel, Aguer, del Agua) hasta el cabo Boxidor (Boyatdor, Bojador), dentro de las cuales cae el río de la Mar Pequeña.

 1462 octubre 9.
Primeros intentos de penetración del catolicismo en el Archipiélago Canario según el clérigo católico e historiador José de Viera y Cavijo.

“Bula memorable que le dirigió Pío II

De este celo incansable de don Diego de Illescas, da claro testimonio la bula que el mismo Pío II le dirigió en Petreoli, villa del obis­pado de Sena, a 9 de octubre de 1462, «animán­dole a la fatiga, elogiando su solicitud y conce­diéndole diversos privilegios y gracias. Porque, habiendo sabido el papa cuan ardiente era la ca­ridad con que nuestro prelado se consagraba a la conversión y libertad de los naturales de las Cana­rias y Guinea y que, por la pobreza del país y de sus moradores, no querían avecindarse en él nin­gunos presbíteros ni otros eclesiásticos seculares, de manera que muchos cristianos se quedaban sin misa y morían sin sacramentos, quería su santidad que, mientras durase la obra de la conversión y aquella penuria de clérigos, se pudiese tomar su­ficiente número de religiosos de cualquier instituto, como fuesen de vida ejemplar, conducta y buena fama.

Igualmente el papa concedía al obispo y a to­das las personas constituidas en dignidad, a los canónigos de Rubicón, a los religiosos presbíteros y clérigos que residiesen en las islas ocupados en la conversión de los infieles, finalmente a todas las personas que, teniendo por esclavos algunos naturales de Canarias o Guinea, les diesen entera libertad o coadyuvasen de palabra o por obra a su redención; les concedía, digo, el privilegio de elegir confesor que les absolviese de casos reser­vados, como no fuesen a la silla apostólica, y de aplicarles una indulgencia plenaria en el artículo de la muerte. Pero al mismo tiempo delegaba a nuestro obispo y a los arzobispos de Sevilla y To­ledo, para que procediesen con censuras contra los piratas y otros cualesquiera cristianos que cau­tivasen por fuerza o fraude a los naturales de las Canarias y que los retuviesen o vendiesen como esclavos, precisando bajo de la misma excomu­nión a los contraventores a que dentro de 20 días después del monitorio les diesen libertad o los rescatasen.

Por otra parte lisonjeaba el papa la inclinación benéfica del obispo, favoreciendo a todos cuantos suministrasen a los naturales de nuestras islas, aun a los que no fuesen cristianos, cualesquiera gé­nero de alimentos, ropa, utensilios, agujas, ins­trumentos de arar y de cavar, excepto solamente armas prohibidas de hierro o palo. Quería tam­bién su santidad que don Diego de Illescas obli­gase con autoridad apostólica a los canónigos y dignidades de Rubicón que sin causa legítima re­sidiesen fuera del obispado más de un año, a que volviesen a su iglesia dentro de cierto término, convocándolos por edictos que se fijarían a las puertas de aquella catedral, privando a los con­tumaces de sus prebendas, subrogando en su lu­gar otras personas y promulgando los convenien­tes estatutos sobre esta materia.

Confirmaba la conservatoria y letras apostólicas de su predecesor Eugenio IV, dirigidas al obispo don Fernando Cálvelos, sobre la erección de la iglesia Rubicense en catedral; y sólo restringía la cáusula de que los regulares hubiesen de obtener las dignidades y canonjías, siendo notorio el in­conveniente de que" los buenos religiosos no que­rían dejar sus propias religiones, ni los presbíteros seculares abrazar la profesión monástica para pa­sar a tan pobres islas; así que todos los prebenda­dos deberían ser clérigos seculares en lo sucesivo. Y para que aquella santa iglesia fuese más distin­guida, recomendada con alguna indulgencia y frecuentada de la devoción de los fieles, concedía veinte años y veinte cuarentenas de perdón a los que, penitentes y confesados, la visitasen anual­mente en las vísperas y día de la Asunción de la Santísima Virgen. Esta misma gracia se ampliaba a una iglesia de cada isla que el obispo señalase, pero con la limitación de que la indulgencia sería de diez años y diez cuarentenas solamente.
Informado también Pío II de que nuestro obispo, arrebatado de su buen corazón, se iba a las islas que no estaban conquistadas y en com­pañía de algunos religiosos penetraba por el país de los infieles, haciendo con ellos pactos de con­federación y de paz, a fin de convertirlos, e in­formado igualmente de que muchos piratas, sal­teadores y perversos cristianos solían al mismo tiempo hacer grandes daños a los isleños, de modo que, ofendidos éstos, faltaban a los tratados de amistad y maltrataban a los piadosos misione­ros, declaraba que semejantes invasores incurri­rían desde luego en excomunión mayor reservada al sumo pontífice.
Finalmente el papa le concedía, en atención a sus sudores evangélicos, privilegio para que ni él ni sus sucesores estuviesen obligados a la visita ad ¡¡mina Apostolorum cada trienio, pues bastaría que lo hiciesen cada diez años; y que por este mismo término pudiese el señor Illescas dispensar a los naturales convertidos en el tercero y cuarto grado de consanguinidad y afinidad para contraer matrimonio, como también en el impedimento de pública honestidad. «Prosigue, pues (concluía el papa), obispo, hermano nuestro, en tus santas obras, con la misma prudencia y solicitud con que te has hecho aceptísimo a Dios, a Nos y a nuestros hermanos; pues, además del premio eterno, merecerás conseguir abundantemente la gracia de nuestra bendición apostólica».
Don Diego de Illescas prosiguió. Pero, al cabo de seis años, rendido al peso de la edad y del oficio, renunció el obispado en manos de Paulo II, quien, atendiendo paternalmente a su des­canso, le permitió que se retirase a España lleno de méritos, de trabajos y de virtudes, con una pensión sobre la mitra de la cuarta parte de sus rentas. Para seguridad de esta asignación expidió a su favor una bula, dada en Roma a 17 de marzo de 1468, a fin de que el obispo electo en su lugar y sus sucesores se la pagasen puntualmente, so pena de entredicho y aun de suspensión en caso de no querer cumpirlo. Las letras ejecutorias de estas penas fueron cometidas a los arzobispos de Toledo y de Sevilla, con fecha de 25 del mismo mes y año, que era el quinto del pontificado de Paulo II.

Si el ilustrísimo Dávila dice en sus Sinodales que don Diego de Illescas falleció en Rubicón, fue porque no tuvo noticia de esta renuncia ni de su retiro a la Europa; y, si añade que fue su inme­diato sucesor don fray Tomás Serrano, ha sido porque tampoco la tuvo de las elecciones que ya vamos a referir.” (José de Viera y Clavijo, 1987. T. 2: 231 y ss.)

1463. Enrique IV de Castilla, por Real Cédula del 10 de enero de 1463, concede proindiviso a Herrera y a su comendador mayor Gonzalo de Sayavedra, el señorío de las tierras de las que ha tomado posesión aquél. Concesión ratificada el 10 de agosto siguiente.

1463. Pedro de Meneses, conde de Vila Real, suplica al Papa Pío II autorización para conquistar las islas de Tamarant (Gran Canaria),  Chinech y Benahuare (Tenerife y La Palma) (concedidas por Enrique IV de Castilla) en vistas a convertir a los guanches a la fe cristiana. Eufemismo que oculta las verdaderas intenciones de estos aventureros, la de saquear y esclavizar a las poblaciones guanches.

1463. El Papa Pío II, el 13 de junio de 1463, concede a Pedro de Meneses la autorización pedida. Pero el fracaso del intento de conquista de Tánger la deja sin efecto.

1464. Al retirarse Herrera de las playas de Añazu, un fraile franciscano, llamado Macedo, solicitó y obtuvo permiso del obispo Il1escas para quedarse en Chinech (Tenerife) en compañía de Antón, guanche bautizado por el rito católico en Titoreygatra (Lanzarote) que había seguido a los españoles en su última expedición. Entonces tuvo Lugar, según refieren nuestros cronistas aparición en las playas de Güímar de una escultura en madera, que fue reconocida por el fraile y su neófito como la reproducción fiel de la imagen de la Candelaria.

Al saber Sancho de Herrera, hijo tercero del señor de las islas, tan peregrino hallazgo, y no queriendo que aquella joya estuviese en manos de una raza idólatra, emprendió una secreta excursión a las costas del sur de Tenerife y llegando sigilosamente a tierra se apoderó de la Virgen llevándola en triunfo a la iglesia parroquial de Fuerteventura, donde la colocó en sitio preferente, siendo el consuelo y la admiración de aquellos fieles. Pero la imagen, continúan diciendo nuestros cronistas, que no aprobaba aquella traslación, manifestaba su disgusto todas las mañanas volviendo el rostro a la pared; y tanto repitió esta demostración de desagrado que, al fin, el hijo de Herrera se vio en la necesidad de retomar con ella a Tenerife y dejarla en la humilde cueva que le servía de santuario.

No obstante los inútiles esfuerzos hechos por Diego de Herrera para conseguir algunas ventajas sobre los habitantes de Canaria y Tenerife parece que, últimamente, bajo el pretexto de cambiar productos, pudo obtener que en la playa de Gando se le permitiese levantar un almacén para albergar allí a los encargados de ese tráfico.

Este almacén fue poco a poco transformándose sin que lo advirtiesen los isleños en casa fuerte con buenos muros, fosos, saeteras y torreones y una guarnición numerosa para su defensa.

1464. Según la tamusni (tradición oral), Akaimo era segundo de los hijos del Gran Tinerfe. Fue mencey del Menceyato de Güímar. Estuvo presente en 1464, en la visita y el tratado de paz establecido por el esclavista Diego de Herrera. Parece, pero no se puede afirmar, que en el tiempo de su menceyato apareció la imagen de  Candelaria. En los contactos de 1464, los españoles le llaman «el rey de las lanzadas, que se llama el Rey de Güímar» .Fue padre de Añaterve, el Bueno, que fue su sucesor, y pactó con los invasores españoles.

1464. los colonos Inés y su marido procuraron realizar proyectos de expansión y conquista en las Islas, aunque cada vez era más evidente que el modelo señorial que ellos representaban no tenía capacidad para hacerlas, lo que impulsaba al rey de Castilla, Enrique IV (1454-1474) a ensayar nuevas soluciones, en una línea que contradecía los intereses castellanos, pero comprensible si se tiene presente la vincu-lación del rey a través de su segundo matrimonio con Juana de Portugal, y el carácter personalista de muchas decisiones regias en aquellos tiempos.

1464. Los intentos de expansión señorial europea en Canarias parecían tocar a su fin. Titoreygatra (Lanzarote),  Erbania (Fuerteventura), Esero (El Hierro) y la Gomera estaban sujetas a señorío, aunque los gomeros protagonizaron algunos alzamientos contra los tiranos -1478, 1484, 1488-, la última de las cuales causó la muerte de Fernán Peraza «el joven», hijo de Inés Peraza y Diego García de Herrera. Pero no había visos de que la conquista de Tanaránt (Gran Canaria), Chinet (Tenerife) y Benahuare (La Palma)  fuera posible en aquella situación. La guerra de sucesión castellana entre 1475 y 1479, a la muerte de Enrique IV, y el alineamiento de Alfonso V de Portugal al lado de su sobrina Juana contra los derechos al trono de Isabel I y Fernando V de Castilla pusieron de actualidad por última vez el largo conflicto entre ambos reinos sobre Canarias y la ruta de Guinea.

1464. El Papa de la secta católica  obliga a residir a los canónigos y dignidades y se restringe la cláusula de que deben ser regulares. Como consecuencia de la mejor y más intensa administración comienzan a aparecer los pleitos por el cobro de rentas entre los colonos obispos y señores. Los prelados, por su parte, comienzan a residir de forma más habitual en su diócesis.

1464. Los colonos Diego López de Illescas, obispo de Rubicón, y Diego García de Herrera, autodenominado señor de Canarias, firman «pactos de paces» y comercio con los régulos de los nuevos bandos o reinos de Chinech (Tenerife), el -21 de junio de 1464. Herrera siguiendo las costumbres europeas de la época, hace simulacro de toma posesión de la isla, desplazando piedras y rompiendo ramas de árboles, lo que causó hilaridad entre los guanches. Los guanches le permitieron construir un torreón y casa de contratación en Añazu n Chinech (actual Santa Cruz de Tenerife) pero los intentos de esclavización en algunos menceyatos, las rapiñas y violencias posteriores llevadas a cabo por los bandoleros de Herrera movieron a los guanches a demoler el torreón y Herrera tuvo que retirarse de la isla derrotado.



Capitulo XXVI-IV


Capitulo XXVI-IV

Eduardo Pedro García Rodríguez

Titoreygatra (Lanzarote)
Cuevas naturales


Como queda dicho el habitat más generalizado en el archipiélago era la cueva, tanto natural como construida por la mano del hombre.

 En Lanzarote igual que en Fuerteventura, sin embargo, el hábitat predominante fueron los poblados en superficie, al ser la orografía de estas  islas prácticamente llanas con escasez de cuevas naturales. Los grupos sociales estaban constituido por una extensa familia que vivía dispersa en pequeños poblados formados por cuevas naturales y cabañas, también aprovecharon en ocasiones  los tubos volcánicos. Los lugares de habitación, estaban agrupados en auchones o aldeas, tenían unas características muy peculiares que les diferenciaba de las del resto del archipiélago. Por ejemplo: la cueva de los Maxos (Majos), que forma parte del conjunto del poblado de Zonzamas, su interior fue agrandado por obras de los habitantes primigenios y dividido con muros de piedra.

En Lanzarote las cuevas están a menudo situadas en amplias corrientes de lava y que había que descender por una especie de pozo extremadamente largo. Esta disposición se imitaba en la construcción de las viviendas artificiales. En Tahiche he visto una bonita muestra, consistente en una casa que tenía el aspecto de un grueso montón de piedras amontonadas en forma cúbica. Las de fuera estaban alineadas, mientras que las otras habían sido colocadas sin orden, aparte de las que rodeaban la vivienda propiamente dicha. Esta se componía de tres pequeñas salas circulares, una a cielo abierto, dispuestas en triángulo y comunicadas por galerías cubiertas. Para penetrar había que escalar el montículo y descender por la especie de pozo que formaba la pequeña sala sin techumbre. Las casas de Tahiche ofrecen otra particularidad: están medio enterradas en el suelo El montón de piedras apenas representa la mitad; de la altura total de la vivienda. El resto fue excavado en la tierra y rodeado de un muro de piedras secas que protegía de los derrubamientos. (R. Verneau, 1981)

Pero en ciertas localidades, las cuevas no eran suficientes para la población, que entonces tenía que construir viviendas de superficie. Para esto se excavaba primero en la tierra un agujero profundo y se cubría su perímetro con un muro de piedras secas el cual sobresalía del nivel del suelo un metro o metro y medio. Una vez el muro llegaba a la altura deseada se cubría la vivienda por medio de grandes lozas dispuestas en bóveda.

Finalmente se revestía toda la construcción de tierra y se tenía una verdadera cueva en un lugar donde antes no existía. Una rampa, preservada de desprendimientos por dos muros laterales, daba acceso a esta vivienda.

La vivienda pre-colonial reutilizada por los grupos populares urbanos y rurales fue otro tipo de construcción habitual en ciertas áreas y zonas donde la presencia de los habitantes precoloniales debió de ser importante aún después de la invasión y colonización normando-castellana.

En Lanzarote, como en otras islas del archipiélago, se registra un uso cotidiano de las antiguas viviendas de los maxos hasta los inicios del siglo XVIII. Éstas, como la cueva, eran demandadas por los sectores populares ante su escaso precio, amplias dimensiones y la calidad de su construcción, la cual llegaba a superar en elaboración y solidez a un considerable porcentaje de las casas terreras construidas en ese momento de arquitectura colonial. Los núcleos donde se reutilizó con mayor asiduidad estas viviendas -en algunos casos llegaron a representar más del 15 % del total de casas habitadas del lugar.

Por otro lado, la propuesta de reconstrucción del hábitat en función de paradigmas territoriales y, sobre todo, a partir de los referidos a los recursos potenciales, tendrán una serie de variables correctoras en función del período cultural y del contexto socioeconómico y político que opere sobre el territorio. Así, elementos como las relaciones de producción (propiedad, mecanismos de explotación de los recursos, etc.), tipo de cultivos, limitaciones tecnológicas, etc. van a condicionar diferentes respuestas humanas a similares condicionantes naturales y, a su vez, la realidad material de cada período, si podemos realizar una aproximación suficiente, nos darán importantes pistas sobre el tipo de aprovechamiento del territorio. (José de León Hernández)

Construcciones de superficie


Los cronistas de la invasión de Titoreygatra comandada por los piratas y tratantes en esclavos Jean de Bethencourt y Gadifer de la Salle, los frailes franciscanos  Pedro Bontier y Juan Le Verrier, no pudieron menos que asombrarse de las especiales características de las viviendas de los maxos, y ello a pesar de que provenían de una civilización tecnológicamente más avanzada, pero que en algunos aspectos distaba mucho de poseer los conocimientos espirituales y morales y astrológicos que dominaba el primigenio pueblo canario en general.

Es una constante en el colonialismo el tratar de justificar el sometimiento de otros pueblos escudándose en una supuesta inferioridad cultural de los sometidos, en el caso de Canarias el sistema colonial viene insistiendo desde hace siglos en que nuestros ancestros se encontraban tecnológicamente en estadio similar a la era neolítica.

Es conveniente recordar que las cronologías empleadas son siempre relativas, teniendo en cuenta las zonas geográficas a las que se aplican; así, mientras en la península ibérica en el siglo XV, y en los territorios que hoy conforman Francia,  muchos reinos estaban anclados en un estadio cultural similar al de la prehistoria,  y otros  pueblos que encontremos ojeando la historia de aquellos países estaban en lo que llamaremos “protohistoria” (= Periodo de una cultura de la que, no teniendo vestigios escritos, conocemos datos mediante otras civilizaciones que sí gozan de escritura.). De todos modos es fácil encontrar, en la misma península ibérica, sociedades que conviven en estadios muy diferentes de desarrollo, en Canarias la escritura ancestral aún pervive y está presente en el soporte perenne de las piedras a la espera de un moderno Chapollion.

Los primeros cronistas y estudiosos  nos han trasmitido sus impresiones en torno a los Aspectos arquitectónicos de los maxo, veamos algunas referencias: Vivían en “casas hondas” hechas de piedra constituidas por tres pequeñas salas redondas (una de ellas al aire libre), dispuestas en triángulo y comunicadas entre sí mediante galerías cubiertas.

La isla de Lanzarote está a cuatro leguas de la isla de Fuerteventura… Por el lado hacia Erbania tiene muy buen puerto para galeras. Allí vienen tantos lobos marinos, que parece milagro, y cada año se podrían sacar de provecho, de las pieles y de las grasas, 500 doblas de oro o más. Y en cuanto a la isla de Lanzarote, que se llama en su lengua Tytheroygatra. Tiene gran cantidad de aldeas y casas hermosas, y solía estar bien poblada, pero los españoles y otros corsarios del mar los han cautivado varias veces y llevado en esclavitud hasta que quedaron pocas gentes… (Le Canarien, 1980: 169).

[…] Cuando Asche vio llegar la hora para hacer prender al rey, envió decir a Gadifer que viniese y que el rey estaba en una de sus casas en un poblado cerca de Arrecife, y tenía consigo cincuenta de sus hombres; entonces partió Gadifer enseguida, con 20 de sus compañeros consigo, que fue en víspera de Santa Catalina mil cuatrocientos dos;  y marchó toda la noche y llegó sobre ellos antes del amanecer, cuando todos ellos estaban en una casa y tenían consejo contra nosotros; entonces trató de caer sobre ellos, pero defendieron la entrada de la casa e hicieron gran resistencia e hirieron a varios de los nuestros; y salieron cinco de los que habían estado en la muerte de nuestros compañeros, de los cuales cuatro fueron malamente heridos, uno por una espada por enmedio del cuerpo y los otros dos por flechas. (Le Canarien, 1980: 118)
Tuvieron los mahoreros casas y moradas, aunque gran parte de ellos vivían en cuevas de las montañas, hechas por la naturaleza en numero infinito.  (L. Toriani, 1959:41)

Vivían en cuevas y casas por ellos construidas, de piedras secas. Los matrimonios eran como en Gran Canaria. Antes de casarse la cebaban con leche y gofio para que fuese digna de sus esposos. Solían ofrecer las primicias al rey, siendo noble el hijo que se considerase suyo. (Cipriano de Arribas y Sánchez, 1993)
[…] sus habitaciones son casas de piedra sola, húbolas muy grandes y redondas, las entrada  muy pequeñas, donde hacían sus sacrificios, ofrecían leche, manteca, menos carne  esta fiesta ó sacrificio llamaban Efequenes, de todos los frutos á modo de limosna recogen cierta porción, mas no en forma de diezmo, quemaban en el sacrificio, y por el humo derecho ó ladeado juzgaban la forma de mal o bien… (Tomás Marín de Cubas, [1694]  1993: 103-6)

Se trata de las llamadas “casa hondas”, denominadas así porque el piso se halla excavado en la tierra, de modo que la mitad o más de la habitación quedaría bajo el nivel del suelo. Junto a estas, algunos tubos volcánicos eran utilizados como estancias, casi siempre de manera ocasional.
Existían en Lanzarote numerosas viviendas de este género, a las que se da el nombre de casas hondas. Generalmente están agrupadas en cierta cantidad sobre un mismo punto.

Aparte de estas cabañas, unas veces medio subterráneas, otras ocultas bajo tierra, existían en Lanzarote, casas construidas por completo sobre el suelo, de las que se ven todavía vestigios. Se componen de muros de piedras secas formados a menudo de bloques enormes, con nichos en su espesor.

Presentan formas cuadradas, rectangulares y, lo más frecuente, circulares o elípticas. El techo se hacía con troncos de árboles colocados de través que sostenían ramajes, hojas y paja y que se cubría, a veces, con tierra o piedras llanas. Estaban agrupadas en aldeas y alineadas, con frecuencia, de manera que dejaban entre ellas una especie de callejones estrechos.

Las casas mayores podían alojar una veintena de personas. Bontier y Le Verrier también nos hablan de edificios sólidamente construidos; de una especie de fortalezas que designan con el nombre de palacios y que servían de alojamiento a los personajes  del norte de  la isla.

Los principales asentamientos maxos estaban localizados con el área central de la isla, conocida como “El Jable”. Destaca el yacimiento de Zonzamas, uno de los mayores poblados guanches del archipiélago, residencia del último rey de Lanzarote, y que continuó siendo habitado bastante después de finalizar la conquista. Otras zonas arqueológicas destacadas son la llamada La Gran Aldea (hoy Teguise), Ajey (actualmente San Bartolomé) o el Lomo de San Andrés.

La arquitectura pre-colonial de los maxos a través de la arqueología
Se hallan en Lanzarote tres cosas grandes. La primera es un corral que le cerca muchas piedras á medio círculo, cada una de grandísima magnitud, y una esta apartada algo lejos que hace forma de silla, la segunda son seis pilas i muy altas y redondas, la mayor llevará hasta cincuenta arrobas de tercera es una célebre cueva que tiene tres mil pasos de hueco y muy ancha dos puertas, la una es agujero redondo metido en un hoyo para dentro, primero van los píes juntos arrastrando y sólo una persona, y a y grandes sótanos, aposentos, hoyos ó mazmorras, es menester llevar tea ú otras de grande luz en el techo, tiene esculpido como de mucha antigüedad un Cristo Crucificado, algunos quieren que sean rajas y grutas al natural dícenlo comúnmente que es de hechura de Crucifijo: la otra puerta es una cueva común, larga y oscura y en su remate es muy alta donde tiene la entrada algo angosta, y es menester escalera de mano ó cuerda para subir á ella, de dos picas. (Tomás Marín de Cubas, [1694] 1993: 103-6)


En el municipio de Teguise se encuentra el valle de Zonzamas, rico en muestras del pasado precolonial, las condiciones naturales de la llanura central lanzaroteña, hicieron de ella un lugar propicio para la agricultura y, en especial, para el cultivo de la cebada, base de la dieta de los maxos, siendo uno de de los núcleos poblacionales más importantes de los que hallaron los piratas normandos a su llegada a la Isla.
 En 1418 el colono Maciot de Bethencourt se asentó en  la actual Teguise desbordando los límites edificados del poblado maxo de la “Gran Aldea”, transformándola en el primer núcleo urbano colonial de Canarias. Situada a en la base de una atalaya privilegiada que le permite divisar una buena porción de la isla. Estando  resguardada de los vientos reinantes (alisios) por los complejos de Famara, Guatifay y Guanapay,  su altitud favorece el suministro de aguas para personas, ganado, y el riego de unas tierras muy aptas para el cultivo.
Uno de los yacimientos arqueológicos de mayor interés en Lanzarote, es el de Zonzamas, que fue hábitat del anteúltimo rey maxo antes de la invasión y conquista. Parcialmente excavado en la actualidead, este yacimiento presenta una serie de construcciones singulares, dentro del panorama arqueológico canario.

Allí se han encontrado piezas de alto grado de depuración estética, como la figura llamada “Estatuilla Sedente de Zonzamas”, de la que se cree es una representación fenicia de la diosa egipcia Tueris, de la que trataremos más adelante.

Este yacimiento presenta una serie de construcciones de las más significativas dentro del panorama arqueológico canario, las mismas ofrecen una uniformidad arquitectónica, una muralla de grandes piedras rodea parte del poblado, en las ruinas del castillo de Zonzanas, se encuentran fragmentos de bloques pétreos de 1,70 por 1,20 metros. Cabe preguntarse cómo los maxos pudieron llegar a mover y amontonar tales bloques, también hay edificaciones semienterradas o casas hondas como queda dicho. Tiene especial significación un recinto rectangular semi subterráneo, que se divide en nueve compartimentos, colocados a lados de un pasillo central y que, descartándose su utilización como vivienda, pudo tener alguna función destacada sencillamente sorprendente para la época y que aún hoy no los arqueólogos no se han puesto de acuerdo sobre para que se utilizaba. Otros recintos presentan, asimismo, estructuras de finalidad desconocida hasta el momento.

El poblado, una vez consumada la invasión y conquistada la isla, seguiría siendo habitado, según se desprende de los resultados de las excavaciones realizadas, donde se han determinado materiales maxos en el nivel inferior mientras que en los superiores aparecen asociados a otros de origen europeo.
Sobre este yacimiento Berthelot recoge: “En cuanto a las construcciones megalíticas, colocamos primero, entre las antigüedades canarias de esa edad, a las ruinas ciclópeas que existen todavía en las islas de Lanzarote y Fuerteventura; las primeras son las del castillo de Zonzamas, enorme muralla que debió abarcar un espacio bastante considerable en el centro de la isla, en el que grandes bloques de piedra bruta indican un recinto circular en parte destruido y cuya disposición, aunque imponente, no tiene nada de artístico. Sin embargo, estas aglomeraciones de rocas han debido costar muchos esfuerzos para acarrearlas desde las montañas vecinas en una planicie devastada por los volcanes para levantarlas a continuación con un cierto orden, las unas encima de las otras, hasta una altura de cuatro a cinco metros” [1](Sabin Berthelot….)
Fiquinineo
En el antiguo poblado maxo de Fiquinineo, en Teguise,  Lanzarote, Las excavaciones han dado como resultado importantes hallazgos arqueológicos, demostrando la confluencia de la cultura de los maxos de un enorme valor cultural, este  enclave, es uno de los más importantes de la isla por sus altos valores históricos y patrimoniales.

Es uno de los yacimientos con restos precoloniales más relevantes de los que hay en Lanzarote, casi equiparable en cuanto a su valor arqueológico y patrimonial con el de Zonzamas; Asimismo, gracias a las excavaciones efectuadas, se conoce que se trata de un asentamiento maxo que, a raíz de la invasión y conquista normanda, es ocupado por la población morisca traída como esclava a Lanzarote. Leonardo Torriani en el siglo XVI señala su presencia en la cartografía que efectúa de Lanzarote.
Igualmente, Pascual Madoz, en 1982, afirma que el pueblo fue enterrado hacia mitad del siglo XIX por una tormenta de jable y que sus habitantes descienden de la población esclava morisca. Por su parte Verneau se refiere a este enclave como un pueblo habitado por las sacerdotisas de Venus.
Yacimiento de Buenavista

[…] Habitáculo n° I, además de un elemento lítico con superficies pulimentadas de características similares a los registrados en el otro habitáculo; en este caso destaca la presencia de un fragmento de objeto metálico, elaborado en cobre.

Por lo que a la estructura arquitectónica se refiere, hay que señalar que junto a los habitáculos, tanto por el extremo Oeste como por el Sur, se desarrollan a su vez sendas estancias cuadrangulares que, dadas las limitaciones económicas con que afrontamos la campaña, su total excava­ción debió posponerse para e siguiente año… Al finalizar los trabajos de campo se pudo comprobar que ni la actividad erosiva ni la intervención antrópica habían modificado sustancialmente e aspecto original que debió presentar el asentamiento; de hecho, el abandono del lugar en el siglo IV a.n.e. nos legó unas estructuras bastante bien conservadas pertenecientes al, por ahora, asentamiento más antiguo de Lanzarote en el que se dejaron ¡n situ elementos materiales significativos de cara a conocer determinados aspectos culturales correspondientes a las primeras formaciones humanas asentadas en la isla.

La campaña de 2006 también nos permitió constatar a lo largo de una amplia superficie de 20 m2 que el yacimiento posee una secuencia estratigráfica estable, con ciertas diferencias según se trate del exterior o el interior de la estructura, aspecto de gran importancia de cara a la interpretación arqueológica del lugar, máxime si tenemos en cuenta la parquedad con que ese tipo de elementos se ha mostrado en muchas de las intervenciones arqueológicas desarrolladas hasta ahora en Lanzarote.

De ese modo, la exca­vación de Buenavista permite delimitar una nueva estratigrafía en la isla que se suma a las registradas previamente en El Bebedero (Atoche et al., 1989) y en la Caldereta deTinache (Atoche et al., 2007), cuya aparición resulta de indudable importancia de cara no sólo a la adecuada interpretación diacrónica de los hechos arqueológicos acaecidos en el sitio sino también porque nos permite cotejar y ampliar las secuencias proporcionadas por otros yaci­mientos insulares. (Pablo Atoche et al., 2009)

Tinache

[…] Desde la perspectiva arqueológica, el sitio de la Caldereta de Tinache fue inventariado en la Carta Arqueológica de Lanzarote (1994) con el número de identificación 69/6/0244, caracterizándose como un asentamiento al aire libre con patrón de localización en el interior de una pequeña caldera (Atoche, 1996), espacio donde el yacimiento se distribuía en torno al depó­sito de agua (mareta) que estacionalmente aún inunda el interior de la cal­dera, fenómeno que ha contribuido a colmatarla con finos sedimentos de carácter aluvial… (Pablo Atoche Peña et al., 2007:18)

Aguar domésticos

La cultura material es rica en cerámica elaborada sin torno, cuchillos de obsidiana, morteros y tahonas de piedra y objetos fabricados con huesos, así como adornos personales a base de piedras, material óseo y macalogico.

Los antiguos maxos adornaban sus hogares con muebles, aunque de carácter bastante rudimentario. ¿Cómo era este mobiliario?

El mobiliario de las viviendas de las islas occidentales era elemental y formado de piedra. No se conoce ningún mueble de madera. De madera conocemos los cayados, bastones y armas arrojadizas, así como algunas vasijas al estilo de las de cerámica.
Como en las demás islas la loza es de greda seca al sol, su alimento cebada tostada molida á tahoníllo de mano cernida por criba menuda de agujeros…, y llaman la tierra para sembrar á la primera lluvia aran con cuernos de cabrón, sus granos de cebada que las mujeres cogen, la espiga majan, aventan con las manos y palos, tuestan y muelen, y ellos así son grandísimos haraganes. (Tomás Marín de Cubas, [1694]  1993: 103-6)

En torno al hogar, en la parte más iluminada y exterior de la cueva o casa, solían colocar varios asientos de lajas. También se suelen encontrar en un lugar más recogido de la cueva o casa en forma de círculo. Como mesa se utilizaba una gran laja, colocada sobre un amontonamiento de piedras. Para colocar las vasijas y otros utensilios, a modo de estantería, se aprovechaban las repisas naturales de la cueva, y los nichos fabricados ex profeso en las viviendas de superficie.

Las camas estaban formadas por un murete de piedra seca en la parte de la cabeza, de los pies y de un costado, siendo el otro, la pared. El espacio para tumbarse iba relleno de una primera capa de “cascajo” o piedra menuda, que se recubría de una segunda capa de hierbas secas, las sábanas eran pieles de cabras u ovejas adobadas y las mantas del mismo material pero con pelo. Los asientos tanto en el interior como en el exterior de las viviendas se cubrían de pieles o esteras de palma.

En el yacimiento arqueológico de El Bebedero también se han encontrado vasos decorados con relieves e incisiones, fragmentos de metales como el bronce, el hierro y cobre o collares de pasta vítrea piezas de cristal en total). Nuevamente El Bebedero remite a las usanzas del pueblo imazighen por la semejanza de sus objetos cerámicos con los hallados en el norte del continente.

Estatuaria


En  Lanzarote  adoraban  a  un  “ídolo”  en  forma  de  figura  humana  y  tenían  un  recinto o casa que hacia las veces de templo, donde hacían sacrificios de leche  y manteca. Hasta el momento se conoce un ídolo de piedra con representación  humana (procedente de Los Valles) y otro antropomorfo de Tejia. Encontramos  placas  trapezoidales  con motivos  triangulares y  otros, de esta placas nos ocuparemos más extensamente en el capitulo dedicado a la Diosa Tanit. 
Llama la atención el hallazgo de figurillas líticas de tipo antropomorfo y zoomorfo asociados a rituales de la ancestral religión de los maxos, interpretados curiosamente por los idolatras cristianos en términos peyorativos como ídolos.

Destaca entre éstos la estatuilla el llamado Ídolo de Zomzamas, que guarda similitudes estilísticas con ciertas esculturas fenicias y púnicas, descubierto y dado a conocer por el Dr. Pablo Atoche. Los efequenes, por su parte, eran templos en forma circular en los que se hacían rituales y ofrendas. También se han vinculado con ciertos ritos a las llamadas “queseras”, conjuntos de acanaladuras artificiales sobre la toba volcánica que podrían haber servido para el derramamiento de leche y otros productos.

Una gran escultura de bulto redondo que representa un carnero o un cerdo (Balbín et al. 1987: 31) que, aunque esquemática y deteriorada, se podría relacionar con las bichas béticas, y una gran piedra rectangular con una gran espiral grabada, o mejor una estela solar, de 1,50 m de altura, ambos en Zonzamas, relacionados con el culto al paredro divino Baal Hammón / Tanit (Balbín et al. 1995). Escaraboides egiptizantes elaborados en calcedonia hallados en Lanzarote y Fuerteventura (Atoche et al. 1999).
Recientemente ha podido precisarse que un objeto conocido desde los años ochenta, tras las excavaciones de Inés Dug en el yacimiento de Zonzamas, no es otra cosa que una representación de la diosa egipcia Tueris Así lo creen M.C.: Pérez Diez (González Antón, R. et ali, 1995: 31), y Leo Dubal, quien ve en ello, cuanto menos, una obra “egiptizante” (Dubal, L., comunicación per­sonal). De igual modo, desde el punto de vista estilístico, esta pieza se emparenta con otras representaciones de diosas entronizadas (mujeres encintas o diosas en cintas) de influencia egipcia, ampliamente repartidas por el Occidente púnico, datables, al menos en Cartago, en el siglo VII a.C. Los prototipos siciliotas de estas últimas suelen presentar varias vueltas de collar en su pecho (Fernandez, J.H., 1992: 100; Lancel, S., 1994: 71). (Pablo Atoche Peña)

La Diosa Tueris de Titeroygatra (Lanazarote) es representada sentada sobre sus talones con las rodillas dobladas, los brazos sobre éstas, y la cabeza rematada por un tocado o corona rehundida. Mayoritariamente ha sido interpretada como una figura femenina.


El nombre egipcio de Tueris es Tauro (Ta-urt) helenizado como Tueris y significa “La grande”.

Diosa de la fertilidad. Estaba vinculada al nacimiento, era protectora de las embarazadas y favorecía la abundancia de leche materna. A menudo recibe el nombre de Ojo de Ra, como hija suya y madre de Osiris e Isis. Según Plutarco era concubina de Seth (que también puede aparecer en forma de hipopótamo macho), sin embargo Tueris se unió a las fuerzas de Horus en la batalla contra Seth. También era una diosa celeste que llevaba el título de "Misteriosa del horizonte", representada por una estrella situada en el hemisferio norte del cielo.

Se representaba con grandes pechos, cabeza de hipopótamo o de mujer, cola de cocodrilo y patas de león; su piel era de color negro y  llevaba un tocado con cuernos y el disco solar.[2] Su figura aparece en las camas y en los vasos para poner leche. Entre sus atributos se encuentra una antorcha, cuya llama exorciza a los demonios peligrosos. Se le adoraba entre las comunidades obreras del área tebana. Centro de culto en Egipto fueron Karnak, Heliopolis, Gebel Silsileh, Abu Simbel y Redesiyeh.

Construcciones cultuales


Los santuarios de los maxos guardaban cierto paralelismo con los fenicios de Lixus, tal como recoge el investigador Rodrigo Balbín en un extenso y documentado trabajo del cual copiamos algunos párrafos para mejor inteligencia del posible lector:

“Estos santuarios, se caracterizaban en gran parte por su ubicación al aire libre, por la presencia de árboles, por un fuego, en el caso de los de Melqart, al que se mimaba con especial interés, y por la presencia de ofrendas, ofrecidas para obtener beneficios y tranquilizar a la divinidad, irritable y no siempre protectora. Estos lugares, descritos como exteriores y no necesita­dos expresamente de imágenes de la divinidad superior, poseían muchas veces círculos de piedra, poco monumentales, como probablemente el de Lixus y con seguridad el descrito en el Cabo San Vicente portugués, área característica de los Zinete europeos.

Este sistema pertenece claramente al ámbito feno-púnico, y de él debió ser tomada en el mundo beréber, permaneciendo en uso al menos hasta época cristiana. Nuestro atún fue colocado al aire libre en un círculo de piedra dentro de una colada volcánica próxima al Teide Viejo, en un ambiente forestal y cerca de otras ofrendas, entre las que se encuentran ánforas de asignación claramente púnica, y objetos de madera y piel.”(Rodrigo Balbín Behrmann, 1995:13)
[…] húbolas muy grandes y redondas, las entrada  muy pequeñas, donde hacían sus sacrificios, ofrecían leche, manteca, menos carne  esta fiesta ó sacrificio llamaban Efequenes, de todos los frutos á modo de limosna recogen cierta porción, mas no en forma de diezmo, quemaban en el sacrificio, y por el humo derecho ó ladeado juzgaban la forma de mal o bien…  (Tomás Marín de Cubas, [1694] 1993: 103-6)

También se citan edificios de piedra destinados a cultos idólatras: “Tienen templos donde hacen sus sacrificios” (Crónica de la Conquista, op. cit. p. 138.). Viera confirma estos datos basado en el padre Espinosa y Abreu Galindo. Estos templos, que llamaban efequenes, eran circulares; dos muros con céntricos formaban un doble recinto; estaban situados, la mayoría de tas veces, en lugares elevados. Las ofrendas consistían en manteca y libaciones de leche de cabra (Viera, Noticias, tomo I, p. 167).

Adoraban, un ídolo de forma humana, pero no se sabe quien era, lo tenían en una casa como templo, donde hacían congregación, la cual estaba rodeada por dos paredes, que en­tre si formaban un pasillo, con dos pequeñas puer6t5as, una fuera y la otra en medio; y allí como en un laberinto, en­traban a sacrificar leche y manteca. Algunos otros preten­den que  entre estos bárbaros hubo otras clases idolatría, de las cuales la verdad es que no se tiene ninguna seguri­dad. (L. Torriani, 1959:41)

Tenían casas particulares, donde se congregaban  hacían sus devociones, que llamaban efequenes, las cuáles eran redondas y  de dos paredes de piedra; y entre pared y pared hueco. Tenía entrada de se servía aquella concavidad. Eran muy fuertes, y las entradas pe­queñas. Allí ofrecían leche y manteca. No pagaban diezmo, ni sabían que cosa era. (Abreu Galindo, 1977:57)

 Los Santuarios  (construcciones megalíticas) denominados Efeken. Así mismo, están los templos de “El Oratorio de los Cabocos” en Tiagua, Teguise. Y la “Iglesia de los Maxos” en el “Mal país grande” de Tiscamanita; y el “Oratorio de los maxos”, en “Mal País chiquito”, en la parte de Ayoze.
Junto a estos, aparecen gran cantidad de lugares sacralizados, así como síntomas de un culto a elementos de la naturaleza, como montañas y acuíferos.
Son rudísimos, pertinaces en su secta, tienen templos donde hacen sacrificios con humo de cosas que queman, como no con carne, sino cebada, dátiles, asisten hombres y mujeres. La parte llana de esta isla es lo mas cercano á África, a doce leguas francesas. Es falta de agua y recogen de lluvia como en las otras… (Tomás Marín de Cubas, [1694]  1993: 103-6) En cuanto al mundo de las creencias de los maxos, se trata de un pueblo monoteísta, tal y como se expresan de algunas crónicas y corroboran estudios arqueológicos recientes efectuados por los más destacados especialistas de las Universidades de España en Canarias, los cuales destacan la presencia de signos y símbolos de la Diosa Tanit en la Isla Titoreygatra (Lanzarote), los cuales además abundan en el resto de las islas, en el capitulo correspondiente trataremos ampliamente de la simbología de la Diosa Tanit.

Queseras


Uno de los elementos que presenta mayor singularidad dentro de las técnicas constructivas de Titeroygatra (Lanzarote), lo suponen las denominadas “queseras”, que en la actualidad sigue constituyendo un enigma su utilidad y significado.

Esas construcciones están realizadas en una superficie plana, labrando en la roca basáltica, una serie de canales alargados, más o menos paralelos, de varios metros de largo y que, a su vez, presentan algunas pequeñas divisiones internas.

Son varias las construcciones de este tipo localizadas hasta la actualidad, la primera en ser estudiada es la del poblado de Zonzamas, la cual esta asociada a un yacimiento de grabados rupestres de siluetas de pie o podomorfos similares a los de Montaña Tindaya en la vecina Isla Erbani o Fuerteventura. Así mismo, al suroeste de la quesera, existen tres afloramientos basálticos con grabados geométricos y escaleriformes. [3]

Otro yacimiento de similares características está ubicado en el mal país de La Corona, en las proximidades de los Jameos del Agua, cerca de un poblado de casas hondas.

Existen referencias de otra “quesera” en San Bartolomé, que afloró al ser excavados los cimientos de una casa, y que como otros tantos yacimientos arqueológicos fue destruida.

Maretas


La Isla de Lanzarote es falta de agua, que no hay otra sino la que llueve, la cual recuden en maretas o charcos grandes hechos a mano, de piedras. Tambien recogen en pozos, y la guardan para sustentarse, y a sus ganados. También hay algunas fuentes, pero de poco agua… (Abreu Galindo, 1977:58)
Lanzarote es una de la islas más secas de Canarias, pues es una de las dos más orientales y próximas al continente africano, por lo que Torriani (1592/1978: 10) comenta que en “Lanzarote (...) no hay agua, más de la que llueve”. Igualmente, Abreu (1590-1632/1977: 58) menciona que “Lanzarote es falta de agua, que no hay otra sino la que llueve, la cual recogen en maretas o charcos grandes hechos a mano, de piedras”. Para estos estanques o maretas, según V. Fernandes (1506-07/1998: 80) “los habitantes han hecho unos conductos entre las sierras para llevar el agua a un lugar parecido a un estanque, en el que se recoge toda el agua de esas sierras”. Igualmente, según López de Ulloa (1646/1978: 262), “Esta Isla es pequeña y muy falta de agua. En tal manera, que de las lluvias y cisternas en maretas y charcos se proben para beber en el discurso del año la gente y todo género de ganados”.

En la época previa a la invasión y conquista tenemos referencias de la existencia de varias maretas en las inmediaciones de algunos de los principales poblados aborígenes de la isla (Cabrera, 1989: 27) como La Gran Aldea (Teguise), dos en Zonzamas (Teguise), Fiquinineo (Teguise), Muñique (Teguise) y Teseguite (Teguise), todas próximas a la capital del reino maxo en Zonzamas. Además, se localizan en torno al primer asentamiento europeo en Lanzarote entre ca. 1302-1332, el castillo del genovés Lanzarotto Malocello (de la Salle, 1404-19/1980: 34), situado en la montaña de Guanapay de 408 m. s. n. m., que domina el actual casco urbano de Teguise. En su interior se hallaba la antigua gran mareta de Teguise, en terrenos que actualmente están parcialmente ocupados por una escuela de E. G. B. (Hernández Delgado, 1989: 9). La Gran Mareta de Teguise fue mejorada por Sancho de Herrera y finalmente reconstruida por Agustín de Herrera y Rojas. Tenía entonces 40 m. de largo y 9,2 m. de profundidad (Hernández Delgado, 1989: 2), con una capacidad entre 39,7 y 50,2 millones de litros de agua. (Alfredo Mederos Martín y Gabriel Escribano Cobo, 2002)


Tinache se caracteriza como un asentamiento al aire libre con patrón de localización en el interior de una pequeña caldera espacio donde el yacimiento se distribuía en torno al depó­sito de agua (mareta) que estacionalmente aún inunda el interior de la cal­dera.








[1] Como curiosidad reproducimos una nota de Sabin Berthelot: “Hay que destacar que cuando los cananeos, en su emigración, llegaron a Palestina, el país estaba ocupado por tribus trogloditas de la raza de Refaim que opusieron fuerte resistencia y entre los cuales se cita a los Zomzamin o Zomzin, denominaciones que encontramos análogas a la de Zonzamas de Canarias, nombre del rey de Lanzarote y del castillo de Zonzamas, ruinas ciclópeas que acabamos de indicar. Esta coincidencia es tanto más curiosa cuanto que los trogloditas de la raza de Refaim están señalados en la tradición bíblica como hombres de talla gigantesca y fuerza sobrehumana. No es menos singular, por otra parte, encontrar nombres de pueblos del occidente asiático y antiguas costumbres hebreas en el mismo archipiélago.” (Sabin Berthelot)

[2] Los teónimos de la Diosa Sol, entre los amazigh se explican por lo acontecido en el periodo de los carros, que entre los egipcios se llama Amon-Ra, entre los guanches de Tenerife Magek y entre los fenicios Ba'al Hammon. Y la Sol es un elemento fundamental en la religión y creencias preislámicas de los Amazigh, (hogueras solsticiales bereberes), aunque también lo fue de otros pueblos del Oriente Medio, debido a lo cual distintas oraciones del Islam coinciden con la salida y la puesta de la Sol, precisamente para eclipsar los cultos solares preislámicos. No por casualidad, Alejandro Magno fue al actual oasis de Siwa (Egipto) para ser investido divinamente en ese oráculo líbico donde estaba la fuente de la Sol.

[3] Los grabado escaleriformes son unos de los numerosos signos representativos de la Diosa Tanit.