domingo, 26 de febrero de 2012

UN GUANCHE PRIMER ESCRIBANO DE VILAFLOR

Juan Delgado, escribano de Vilaflor
Poco tiempo después de finalizada la conquista, el Adelantado ordenó crear cuatro oficios de escribanía, que se estimaron suficientes para atender las nece­sidades de la isla. Aunque los escribanos residían en La Laguna, se traslada­ban a cualquier otro lugar donde se les requiriera.
Posteriormente, el número se fue ampliando de acuerdo con el crecimiento de la población.

En un principio, los escribanos eran designados por el Rey, el Adelantado o el Concejo, si bien la aprobación definitiva sólo era atributo del Monarca. La solicitud del nombramiento la realizaba el interesado, argumentando el falle­cimiento del titular. Sin embargo, era frecuente la transmisión del oficio por renuncia de éste, proponiendo el nombre del próximo titular, tras la acredita­ción de que sobrevivía veinte días después de su renuncia. El Cabildo estu­diaba la documentación y, caso de acordar la admisión, se procedía al examen del aspirante para verificar su competencia y, si resultaba apto, éste realizaba el preceptivo juramento. Seguidamente, el Concejo lo tramitaba al Rey para su confirmación dentro del plazo de seis meses.

La necesidad de escribano público en el sector del Sur, donde se encon­traba integrada la villa de Adeje, se hizo cada vez más perentoria. Según rela­tos de testigos, la población iba en aumento en estos lugares", especialmente en Vilaflor, donde vivían alrededor de 1.000 personas. Obviamente, entendemos que se refería a la totalidad del término de Chasna. En esta localidad y en Adeje exis­tía alcalde pedáneo y alguacil, nombrados por el gobernador de la isla.

Los vecinos de Vilaflor, Abona y Adeje acudían a La Orotava, Los Realejos o Garachico para poder legalizar sus asuntos. Los de Vilaflor no tenían más reme­dio que hacer el largo recorrido hasta Los Realejos y La Orotava, bien atrave­sando Las Cañadas del Teide, bien a través del Camino de Carrasco, pasando por Ifonche, para llegar hasta Adeje y tomar el de Aponte, que les conducía has­ta Garachico e Icod. Finalmente, disponían de otra ruta alternativa, cual era la del camino de Garachico que, partiendo de Vilaflor, subía por la montaña de Teresme hasta Tijoco de Arriba y Arguayo, a cuya altura enlazaba con el Camino de Aponte. En cualquier caso, suponía una penosa marcha, alrededor de 45 Kilómetros. En invierno, el trayecto por Las Cañadas se encontraba frecuente­mente interrumpido a consecuencia de la nieve. Los vecinos de Adeje, por su parte, se trasladaban hasta Garachico por el camino de Ponte o Aponte.

En esa época, ejercían en Garachico esta profesión tres escribanos, en La Orotava dos y en Los Realejos otros dos. Cuando, desde estos lugares, algu­no de ellos se veía obligado a dirigirse a las citadas localidades del Sur, los honorarios se incrementaban de manera significativa. Por otra parte, era fre­cuente que no pudieran llegar a tiempo para la ejecución de causas urgentes, como era el caso de los testamentos.

Estos tres factores, incremento de la población, las largas distancias y el encarecimiento de las diligencias notariales, indujeron al gobernador de la isla a dirigirse al Rey, el 14 de julio del año 1564, suplicándole que se nom­brara un escribano público que atendiera los problemas de los territorios de Chasna, Abona y Adeje. En una Real Cédula del 6 de octubre del mismo año, la Corona solicitó información. No sabemos el por qué, pero el hecho es que ésta se verificó veinte años después ante el gobernador y justicia mayor, don Lázaro Moreno de León. Convocó éste a una serie de testigos, vecinos de los citados lugares.

Uno de los testigos fue Francisco de Medrano, quien dijo que tales tér­minos se iban poblando cada vez más, en especial el lugar de Vilaflor, donde se calculaban 200 vecinos y contaba, al igual que el de Adeje, con alcalde y alguacil. Estimaba la distancia a La Orotava y a Los Realejos en cinco leguas.

Hacía hincapié en que, especialmente durante el invierno, los escribanos no podí­an pasar a Vilaflor debido a las nevadas y que los vecinos que les trasportaban habían de recibir salarios elevados. Otro informador fue Mateo Alvarez de Sepúlveda, vecino de Abona, quien corroboró las declaraciones del anterior y dijo que la distancia que separaba Adeje de Los Realejos era de nueve leguas. Intervino también Pedro Soler, vecino de Vilaflor y regidor de la isla. Testificó que Vilaflor disponía de alcalde y alguacil, que en todo este territorio no exis­tía escribano público ni privado y que las dificultades de transporte ocasiona­ba el que muchas personas murieran sin poder hacer testamento.

Sin embargo, no hemos encontrado referencias de que tal concesión se hiciera efectiva hasta cincuenta años después. Existen evidencias de que el primer escribano de Vilaflor fue Diego Martín de Barrios, que ocupó tal car­go en el año 1614 y lo desempeñó hasta 1618. Esta Escribanía abarcó los lugares de Vilaflor, Arico, Granadilla y Adeje, que constituyeron para el futu­ro la jurisdicción territorial de la zona.

En el año 1628 fue nombrado don Andrés Hernández Pinto. El 20 de enero de este año, a propuesta del Ayuntamiento de la isla, fue confirmado por el Rey mediante carta extendida en la ciudad de El Pardo.

El día 3 de mayo de 1647, el capitán don Juan Delgado presentó un escrito dirigido al Ayuntamiento de la isla en el que solicitaba la plaza de escribano público, por renuncia de don Andrés Hernández Pinto. Contaba 30 años de edad cuando el Ayuntamiento le concedió el nombramiento.
Algo después, por Cédula Real del 30 de septiembre, se ratificó y apro­bó su elección como escribano de número. Seguidamente relatamos algu­nos pormenores.

El 23 de junio de 1647 "el capitán Juan Delgado vesino del termino de Adexe desta ysla presento ante Vuess estos recaudos y renunsiasion que mi hiso Andrés Hernández Pinto escribano de Billa Flor, Adexe y La Granadilla del dicho ofisio y testimonio del titulo real".

En el expediente figura el testimonio de una Carta Real de fecha 20 de enero de 1628 que prueba que en tal fecha se dio nombramiento de escriba­no de esta jurisdicción a Andrés Hernández Pinto. La mandó redactar don Sebastián Antonio de Contreras y Mitarte, secretario del Rey, por mandato de éste. Consta también el escrito de renuncia de este escribano, de fecha 1 de marzo de 1647, en favor de la persona de Juan Delgado, por estimar que reunía las condiciones idóneas para desempeñar tal cargo, recabando de la Corona confirmación del nombramiento de éste. Fue extendido por el escri­bano del Realejo de Abajo.

Sigue luego la petición de Juan Delgado, de fecha 13 de mayo de 1647, aduciendo que hace la solicitud motivado por la renuncia de Andrés Hernández Pinto a favor de su persona. Resalta que ha sido "persona de buena vida. Hijo legitimo de legitimo matrimonio de Bartolomé Delgado y Catalina Luzardo nativos los dos desta ysla".

Existe evidencia de las declaraciones verificadas en La Laguna por los testigos Baltasar Suárez, Francisco Ruano Barrera y Antonio Delgado, los dos primeros vecinos de La Laguna y el último "de las partes de Chasna" y pariente del aspirante. Coincidieron con las manifestaciones de Juan Delgado, corroborando que éste contaba con más de treinta años de edad, que era cris­tiano, que no descendía de raza mora ni judía y que su familia jamás había sido condenada por el Santo Oficio. Informaron que Juan Delgado era hijo legítimo del último matrimonio de Bartolomé Delgado y Catalina Luzardo "su última mujer".

Según lo legislado, Juan Delgado tomó posesión dentro de los seis meses siguientes a la citada fecha. Ocupó esta plaza hasta el año 1649. Su sucesor fue Lorenzo Díaz Delgado, que la desempeñó desde 1649 hasta 1674. El últi­mo escribano de Vilaflor fue Domingo Ruiz Mora, del que se conservan docu­mentos datados entre 1826 hasta 1849.


Extraído de: Pedro de las Casas
Introducción a la Historia de Adeje
ACT. Cabildo Insular de Tenerife, 1997.
ISBN.: 84-87340-70-9.


sábado, 25 de febrero de 2012

CAPITULO IV (I)


Eduardo Pedro García Rodríguez
7.- LA HUELLA DE LOS FENICIOS EN CANARIAS A TRAVES DE LA DIOSA TANIT

Las continuas relaciones de los fenicios con las culturas más desarrolladas de su tiempo, motivó que éstos movidos por el interés de los cuantiosos beneficios económicos que les proporcionaban las operaciones comerciales   asumiesen como propias algunas de las deidades más representativas de los pueblos con los que mantenían contactos mercantiles de manera prolongada.

Al mismo tiempo, influían en éstos para imponer el culto a algunas de sus deidades, como una manera más de afianzar las relaciones políticas y comerciales con los pueblos de su área de influencia. Quizás la cultura religiosa que más influyó en los fenicios, fue la egipcia debido a que estos los asentaron en la franja de terreno que posteriormente se denominó Fenicia. En este aspecto, compartimos el planteamiento que sobre el tema expone el profesor D. Ramón Corzo, en su libro Los Fenicios Señores del Mar, de quien tomamos los siguientes párrafos: <<Como en otros muchos aspectos de su cultura y su historia, en la religión fenicia se da la circunstancia lamentable de no poseer ninguna versión directa de los muchos textos originales sobre la mitología y liturgia a los que hacen referencia los autores griegos y romanos. Los viejos tratados fenicios son citados como fuente de muchos comentaristas, pero ni siquiera los extractos de Eusebio de Cesaréa de la historia fenicia de Filón de Biblos, que éste había redactado a la vista de documentos fenicios muy antiguos, se pueden manejar con seguridad, dadas las interpolaciones e interpretaciones introducidas por los transmisores; existen excesivas  asimilaciones a la religión helenística que impiden comprender  la relación con las creencias primitivas, trasmitidas por los textos de Ugarit, del  segundo milenio antes de Cristo.>>

Las fuentes contemporáneas de los fenicios históricos se reducen a breves textos epigráficos  con muchos nombres de divinidades y algunos títulos y calificativos; con estos datos resulta imposible componer un tratado coherente sobre religión fenicia, aunque se pueda sistematizar la evolución cronológica y geográfica de los cultos.

El concepto general de las creencias religiosas fenicias es de un politeísmo absoluto de integración plena de lo sobre natural en lo cotidiano; la variedad de los dioses fenicios permite afirmar que cualquier fenómeno natural, cualquier actividad humana o cualquier actividad vital se relacionaba con un principio sobrenatural, en forma de divinidad de mayor o menor rango, o simplemente era digno de culto. El mantenimiento de estas tradiciones de extrema religiosidad tiene su mejor documento en las citas de los altares existentes en el templo de Hércules de Cádiz (Gadir) en época romana imperial, donde continuaban vigentes los cultos a  principios  inmateriales insólitos en otros lugares.

Al narrar la visita de Apolonio de Tiana a este santuario, Philóstrato menciona junto a los altares del Heracles Tirio (Melkar) y del Hércules griego (Herakles) otro excepcional en que se rendía culto a la muerte, algo que los gaditanos eran los únicos hombres que lo celebraban. Habla también Philóstrato  de un altar a la vejez en el que, según Aeliano, se honraba a la edad llena de experiencia, y por testimonio de ambos autores conocemos otro altar dedicado a la pobreza, con el que los gaditanos pretendían que ésta le fuera soportable, y otro dedicado al Arte, como consuelo a la pobreza; añade Aeliano  un altar dedicado al Año y otro al Mes, como medida larga y corta del tiempo. Aunque también la religión griega llegó a rendir culto a conceptos abstractos, los altares del templo gaditano permiten reconocer algunos de los principios filosóficos que abrían sido objeto de los tratados fenicios sobre la materia

En el panteón fenicio se destaca un dios supremo, una especie de padre de los restantes dioses al que se denomina él, y que puede aparecer en múltiples acepciones como dios Principal.  de una región o de una ciudad. Además, cada ciudad tiene su propio conjunto de divinidades que integran una especial corporación a la que se denomina, por ejemplo, asamblea de los santos dioses o familia de los hijos divinos; en general, o cada uno en su consideración especifica, son seres benéficos  que protegen y favorecen a los creyentes.

Aparte de los dioses de cada ciudad, los hay también de montañas y de bosques o de principios celestes, y protectores de actividades concretas como la guerra, en la que invoca preferentemente a Reshef, o la artesanía, puesta bajo la protección de Chusor. Muchas acepciones coinciden con los viejos nombres cananeos que aparecen en los textos de Ugarit, pero no es posible determinar si conservaron su mismo carácter y personalidad, puesto que las diferenciaciones esenciales se establecen entre los dioses que considera propios e independientes.”Es bien sabido que para los fenicios, el culto a sus dioses protectores, estaba estrechamente relacionado con el aspecto económico.”  En sus templos, todos los actos del culto estaban reglamentados y regidos por unas tarifas (como en algunas religiones actuales), en un texto de Baal   Saphon, de Cartago, encontrado en Marsella, establecía que por cada buey sacrificado, fuese como oferta de paz o de pecado, el sacerdote recibiría diez piezas de plata, y si se trataba de oferta de pecado, percibiría además trescientas libras de carne, esta tarifa se aplicaba además a corderos y cabras, excepto  a las aves y animales menores, estos eran devueltos a los oferentes, así se conseguía que los menos pudientes participasen en los sacrificios del culto. Otro capitulo de los ingresos del templo lo constituía la practica de la prostitución sagrada, la cual se efectuaba en beneficio de los sacerdotes del templo.  Está documentado que existían dos tipos de prostitutas al servicio de la deidad, unas eran una especie de sacerdotisas que recibían la protección de los sacerdotes, y que estaban especialmente dedicadas a la diosa Tanit, las cuales ejercían el llamado oficio más antiguo del mundo, a cambio de la protección mencionada, recuérdese que el sacerdote encargado del culto en la fundación de Cartago, se hizo acompañar nada menos que de ochenta prostitutas sagradas. El otro tipo, estaba compuesto por damas de las clases dominantes, las cuales debían practicar la prostitución sagrada una vez en su vida en beneficio del culto, éstas esperaban en la explanada del templo, dentro de sus lujosos carruajes, la llegada de algún extranjero que requiriese sus servicios, como es de suponer, las más agraciadas tenían que esperar un tiempo menor para cumplir con su obligación,  las menos dotadas físicamente la espera para ser  seleccionadas se podía prolongar durante meses e incluso años hasta que algún viajero se apiadaba y las libraba de tan prolongada espera. Cabe suponer que el hecho de que estas mujeres de las clases pudientes, sólo se prostituían con viajeros extranjeros, fuese impuesto para evitar el que esta infidelidad coyuntural, fuese llevada a cabo entre conciudadanos, los cuales tendrían que convivir en un espacio relativamente limitado, evitando así situaciones ciertamente embarazosas.

La adopción por parte de los fenicios, de una buena parte de los dioses egipcios, queda ampliamente demostrada por la similitud  entre los panteones de ambas culturas, existiendo además  un sincretismo con  algunos dioses griegos y romanos como veremos más adelante.

El sincretismo de símbolos fenicios y egipcios esta ampliamente documentada en la ciudad de Biblos desde el milenio segundo antes de Cristo. Todas las manifestaciones artísticas de este periodo dependen de los  repertorios egipcios, en las monedas helenísticas de la ciudad, la pareja  Baalat y el, se caracteriza por la representación de él, como el dios egipcio Ra. Otra divinidad local de Biblos era el dios Baal Addir, el dios juvenil, el señor potente, que realiza todos los años el ciclo de la muerte y renacimiento, también vinculado con ritos de fertilidad de la tierra y con las cosechas agrícolas, es un dios que divide su tiempo entre  el infierno y las cosechas, esta estrechamente relacionado con el Plutón africano, adorado en Cartago, y con el Adonis griego, ya que Adonis es la transcripción  griega del vocablo fenicio adon  (señor), empleado tanto para las divinidades como para personajes masculinos.  El equivalente egipcio de Baal Addir, es el dios Min. Antigua deidad de la fertilidad. Se le representa itifálico y con una ceñida envoltura  que le da una apariencia momíforme. Las fiestas en las que su imagen era transportada en procesión, anunciaban  la época de las cosechas. Se cultivaban  para él lechugas, cuya savia blancuzca se suponía que tenía propiedades afrodisiacas. Adorado en Coptos y en ajmin, era también protector de los caminos que conducían  del Valle del Nilo a las costas del Mar Rojo.

La colonización Tiria  impuso el culto de Melkart (rey de la ciudad), en sus asentamientos  tanto del mediterráneo como en el atlántico, entre ellos destacan los templos de Chipre, Malta, Utica, Cartago, Lixus y Gadir. Melkart fue la deidad que encontró mejor similitud entre los dioses griego, ya que desde antiguo se le identificó con Herakles, y ambas personalidades aparecieron siempre fundidas. A su carácter de dios principal de Cartago, se le une la de hijo de un dios superior (Zeus o Urano según las versiones griegas), y de una diosa Astral coincidente con Astarté; (Tanit) es, además, protector en la guerra y en la navegación y señor de la tempestad. Es también un dios de la fertilidad, que muere y renace cada año,  una réplica del Osiris  egipcio. Osiris, es un dios muerto y dios de los muertos, hermano y esposo de Isis. Sólo comienza a existir realmente después de su asesinato, llevado a cabo por Set. No  se sabe casi nada  de él  antes de su muerte. Cuando se dice que Osiris está vivo, siempre es por referencia a su resurrección. Esta tiene lugar en el Más allá y no en este mundo, que le está definitivamente vetado. Los ritos que permiten su resurrección aseguran al rey y después a todos los difuntos, un destino idéntico al suyo después de la muerte.

Astarté, (Tanit) diosa Astral es en realidad un préstamo “asiático” al panteón egipcio. A.H. Gardiner, en su trabajo The Royal Canon of Turín, 1959, col. I. Nos ofrece la traducción de un papiro que narra los entresijos de la llegada de la Diosa Astarté a Egipto, lamentablemente, dicho papiro está incompleto pero a pesar de ello nos da una visión bastante acertada de cómo veían los sacerdotes la incorporación de la Diosa al panteón egipcio.

<< Los dioses de Egipto, por razones que ignoramos, se encuentran expuestos a Yam, dios del mar. Este, de carácter irascible, tiene intenciones hegemónicas y, para gran perjuicio de ellos, decide imponerles un tributo. Si no obedecen, Yam les amenaza con hacerles prisioneros a todos. Parece ser que dispone de los medios para llevar a cabo la amenaza, y los dioses, pocos deseosos de medirse con  este intruso tan poderoso, que por otra parte no saben como afrontar, deciden transigir y acceden a su petición. Renenutet, diosa de las cosechas, es la encargada de llevarle lo que reclama. Pero estos dones no le bastan. No sabiendo que hacer, los dioses envían un mensajero a Astarté, Este va, si lo hemos entendido bien a ver a los “asiáticos”. Cuando el mensajero llega ante la casa de diosa, la interpela por la ventana del cuarto en el que ella duerme. En ese instante el relato la denomina <<hija de Ptah>>, que en este texto, hace las veces de demiurgo. Astarté acepta ayudar a los dioses y, sin transición alguna, la vemos paseándose por una playa cantando y riendo. Sin embargo, el viaje hasta ese lugar ha debido de ser largo y penoso, pues se especifica que lleva las sandalias agujereadas y el vestido desgarrado. A pesar de esta ropa, de la que se apiada, Yam, fascinado, se enamora de inmediato de ella y promete poner fin a sus exigencias si se le permite casarse con la diosa. Mientras tanto, los agradecidos dioses acogen  Astarté en el seno de la Enneada y con una pompa digna de las figuras más importantes del panteón. Pero es necesario hacer el aguar de la novia; y Yam, que decididamente no sabe mantener su palabra, vuelve a manifestar su desmedida afición por los regalos, obligando a Nut, diosa del cielo, a sacrificar su collar de perlas y a Geb, dios de la tierra, su anillo; objetos que después se pesan con sumo cuidado en una balanza. El final del relato está muy mutilado, pero pueden sacarse dos hechos significativos. Yam, continua practicado su demagogia y ahora amenaza con sumergir la tierra y las montañas. Tal ves, lo único que quiera es convertirse en soberano de todos los dioses. Por último se nos dice que aparece Set, para combatir contra él. A Set se le conoce muy bien por haber dominado ya en una ocasión las aguas desencadenadas, por lo cual es probable que acabe venciendo al presuntuoso y restablezca la paz dentro de la sociedad divina>>.

Los reyes fenicios solían adoptar los atributos de autoridad sagrada comunes a las monarquías orientales;  el sistema de gobierno de las ciudades fenicias tenían siempre a su frente un rey, al estilo y con las atribuciones habituales en los países del Próximo Oriente, aún en los momentos de dependencia de otras naciones. En Tiro, en el periodo de sumisión a los Babilonios y tras la muerte de Baal II (564 cha.), se estableció un gobierno electivo compuesto por sufetes, (jueces) este tipo de gobierno se mantuvo un corto periodo de tiempo hasta que los persas permitieron la reposición de la monarquía hereditaria. El rey fenicio es también sumo sacerdote del dios tutelar de la ciudad, siendo frecuente que anteponga este título al de la realeza aceptando así un origen teocrático de la autoridad justificando de esta manera su poder. Ithobaal de Tiro, Tabnit de Sidón y Eshmunazar de Sidón se denominan sacerdotes de Astarté, al igual que Osbaal de Biblos aparece como sacerdote de la señora.

El sarcófago de Tabnit, contiene una amplia relación sucesoria del sacerdocio y la monarquía, y en la que ambas funciones están representadas en una misma persona.


Como ya hemos indicado, el dios principal en las ciudades fenicias era Baal, si bien la ciudad de Tiro, tenía un dios protector de la misma llamado Melcarte, Mele Qart, éste dios es el equivalente fenicio de Hércules, cuyo culto fue introducido en la ciudad,  por Hiran.


Los cambios políticos originados en mediterráneo, con la derrota en la batalla de Himera por parte de los fenicios, en el año 480 a.d.n.e.., el desastre sufrido por los persas a mano de los griegos en el mismo año, y el declive del poderío de los etruscos, originaron importantes cambios en la ciudad de Cartago, hasta entonces había estado gobernada por la monarquía de los Magonides, con los cambios políticos se efectuaron los religiosos, a partir de entonces la diosa Tanit, tuvo la supremacía en la ciudad de Cartago, y por consiguiente en el resto del mundo fenicio, pasando a un segundo plano las deidades  que  hasta el momento habían sido el centro de la adoración de los fieles, entre ellas, Baal Hammon.

A partir de ese momento la diosa Tanit, TNT en púnico, comenzó a presidir los tofet denominándosele Tanit Pené Ba`al (TNT PN B`L), que ha sido traducido como “Tanit rostro de Baal”. Como hemos visto más arriba la Diosa Tanit fue asumida por el panteón egipcio, y  es trasmitida a los cartagineses por los libios, quienes indudablemente la adoptaron durante el periodo en que éstos gobernaron Egipto. De todos modos esta Diosa pudo haber tenido su origen en otras deidades que recibían culto en  la franja sirio Palestina y fueron relacionadas con Baal en la mitología ugarítica. Siendo expandido su culto por todo el Mediterráneo Occidental, consiguiendo una especial implantación en Cartago a partir del siglo V,  a.d.n.e.

En todo caso, la Diosa Tanit reúne todas las características de una diosa madre, común a todos los pueblos ribereños de la cuenta mediterránea. Quizás la representación más hermosa que de esta diosa existe, es la que aparece sobre la tapa de un sarcófago descubierto por Delattie, en la necrópolis de Santa Mónica, (datada en el siglo IV a.d.n.e.. actualmente depositada en el Museo Nacional de Arqueología de Túnez.)

Para los libios era Diosa lunar, del cielo la tierra y los muertos, virgen pero esposa de Saturno y por  tanto Madre.

Los pueblos mazigios veneraron a la Diosa Tanit bajo la denominación de Tinnit, que quiere decir ‘lo que es dicho’ y por extensión ‘oráculo’ (del género femenino en mazigio). Nombre púnico éste de la Diosa semítica –la Astarté de los griegos-. Diosa de la aurora y del crepúsculo, lo era también de la guerra. Pero la más importante advocación de Tinnit fue la de  Diosa del amor. En Tugga (Tunicia) se ha encontrado un santuario consagrado a esta divinidad. Esta función religiosa, de contacto con la divinidad, se manifiesta  también, entre las mujeres, en su calidad de profetisas. Procopio, señalaba que a los hombres no les estaba permitido formular oráculos, los contraventores eran condenados a  la horca. Sólo las mujeres las que, como resultado de determinados ritos, eran poseídas, (prostitución sagrada) y tras el fornicar, colocándose hojas verdes en el sexo vaticinaban el futuro. En Canarias, el paralelismo de estas prácticas, quizás lo encontremos en el baile del pámpano roto, (Tamarant) que se bailaba de la siguiente manera: poniéndose la mujer en cuclillas, se levantaba la falda por encima de la cintura, y se cubría el sexo con tres hojas de yamera, el hombre, durante el baile debía intentar penetrarla por detrás perforando las hojas de yamera con el pene,   en el baile del “gorgojito” (Chinech) el procedimiento era similar. 

7.1 LA DIOSA FENECIA TANIT EN CANARIAS


Como hemos apuntado en otro lugar, el paso o asentamiento de los fenicios de Cartago por las islas Canarias, es un hecho histórico que en las últimas décadas está siendo tratado por conocidos especialistas en historia y arqueología canaria, y va saliendo del campo meramente especulativo para ir recuperando los fundamentos de realidad histórica que siempre tuvo, pero que un sistema cultural teledirigido, ha procurado mantener como un mito, restando así posibilidades a la recuperación de las ancestrales raíces culturales de pueblo canario.

Una ves más, es la escritura impresa en las piedras por nuestros antepasados la que nos aporta interesantes datos sobre el conocimiento de la Diosa Tanit en nuestras islas. Son múltiples los yacimientos de petroglifos localizados en diferentes puntos de nuestra geografía en los que aparecen representada una variada iconografía de la deidad cartaginesa por excelencia, Tanit, o Astarte, la Señora, la Diosa- Madre, la Diosa Chaxiraxi etc., que por estos y otros nombres fue conocida del pueblo mazigio canario.

Como dato curioso, recogemos el aportado por el doctor don Juan Bethencourt Alfonso quien nos dice  que: <<En determinado día del año, los guanches de Anaga se trasladaban hasta La Punta de Rasca, (Arona, Chinech) donde sacrificaban un niño al mar.>> Debemos resaltar que hasta principios del año 2001, en uno de los poblados existentes en La Rasca, (Los Goros) existía un horno “ciego” de figura tronco cónica, a cuya boca se accedía por una escalera de caracol que ceñía la construcción con peldaños de piedras toscamente labradas, posiblemente era un ara de sacrificio donde se ofrecían las ofrendas.  Este monumento que había resistido  a los elementos naturales durante cientos o quizás miles de años, sucumbió una mañana bajo el empuje de una pala mecánica, dirigida por el insensible, voraz e insaciable apetito de las empresas urbanizadoras, que impunemente están destruyendo nuestro patrimonio arqueológico y cultural, día a día. El mismo autor no habla del descubrimiento en la misma localidad de Arona, de seis ánforas que contenían los esqueletos de seis niños, este tipo de enterramiento entronca con las prácticas cartaginesas del tofet.

La presencia conjunta o por separado de Baal Hammón y Tanit, podemos atestiguarla en diferentes islas aunque con distinta intensidad ya que la diosa, como veremos, lo hace con mayor frecuencia. Para ambos dioses, las muestras pueden ser representaciones primarias (mano abierta, soliforme, triángulo con barra y círculo, etc.) o secundarias (palmera, ídolo botella, peces, escaleras, cruces, etc.) lo que unido a otras actividades culturales nos reflejan su existencia. (Mª  del C. del Arco Aguilar, et al. 2000: 45.)

Las representaciones de la diosa Tanit, tanto en el continente como en las islas de Taknara, son numerosas, estas van variando conforme a los ciclos culturales y aún dentro de éstos, y en función del tipo de protección que se espera obtener de la deidad, aunque siempre conserva determinados símbolos que o bien se combinan entre sí, o aparecen en todas la representaciones de la diosa. En Taknara, los más frecuentes son: en la isla de Chinech, el signo de la Diosa Tanit más extendido es el triángulo. En la isla de Titoreygatra está localizado uno de los signos más frecuentes de la diosa, un triángulo en cuyo vértice superior descansa una barra horizontal que puede tener sus extremos levantados, y sobre ésta un circulo o disco que representa a la Luna, ( en otras representaciones figura la Luna en cuarto creciente) en este tipo de signo e incluso algún dibujo antropomorfo que en la parte superior en lugar del círculo presenta un triángulo, como es el caso del grabado de una piedra en el camino de la mina. (Eguerew, Chinech) Representaciones de este tipo las encontramos entre otros lugares en el pozo de la Cruz, San Marcial del Rubicón, (Titeroygatra) acompañada de inscripciones neopúnicas.
(Tejera Gaspar & Eduardo Aznar, 1989: 228) Así mismo, se encuentra en una de las cuevas situadas en la parte trasera  del conjunto cultual de cuatro puertas, (Telde, Tamarant) estas cuevas fueron convertidas en habitacionales con posterioridad a la invasión y conquista. También está representada en forma de ídolo, como expone Jiménez Sánchez, (Jiménes & del Arco, 1984: 67) restos del tronco, brazos, y cabeza con especificación de cabellera en la parte trasera, esta en forma de ondas, símbolo con que los antiguos egipcios representaban el agua.

A la derecha de éstas líneas, signos representativos de la deidad correspondientes a estelas de Cartago. Los grabados son similares a los representados en el pozo de San Marcial (Lanzarote) que además tienen representación del signo solar, o “roseta”,  de ocho radios o puntas pertenecientes a unas estelas del tofet de Salambó en Cartago.

La denominada “cabeza de Tacande” localizada en la isla de Benahuare, en El Paso, e la pared de una “Morra”. En la imagen de la derecha, obsérvese las inscripciones.


<<VIRGEN DE LOS PINOS>>. Imagen venerada hoy en día por los lugareños y pastores en Arico, (El Bueno), Chinech. Obsérvese la similitud con las representaciones de Tanit. La imagen se compone de un montón de piedras volcánicas amontonadas y colocadas en forma triangular, enjalbegadas de blanco y en ocasiones de ocre rojo, sobre un piso de toba. Básicamente es un betilo representación de la Diosa Tanit.  (Foto del Autor.)

A la derecha Betilo representativo de la Diosa localizado en las Cuevas de Chinguaro, lugar que fue utilizado por los guanches como primer santuario de la Diosa Chaxiraxi, durante más de sesenta años. Estas cuevas también eran morada o Auchón de los Menceyes del Valle Sagrado de Güímar. En la isla de Chinech (Tenerife) existen varias cuevas que contienen este tipo de Betilos, una de las más significativas se encuentra en el Barranco de La Raya, en el Menceyato de Icod, este tipo de representación de la Diosa merece que le dediquemos un estudio más amplio, por ello- si la Diosa lo permite- en un futuro próximo nos dedicaremos a ello. (No se insertan fotografías por dificultades)


LAHUELLA DE TANIT

Son innumerables los yacimientos de grabados rupestres que representan algunos de los signos atributos de la Diosa Tanit, además de los expuestos anteriormente, queremos mostrar algunas imágenes de los símbolos exténtendidos por las islas. Para la isla de Chinech hemos seleccionado una serie que aunque bastante corta entre otras razones por una cuestión de espacio, no obstante puede darnos una idea del riquísimo legado rupestre dedicado a la Diosa Tanit en sus diversas atribuciones.

viernes, 24 de febrero de 2012

512 AÑOS DEL VIAJE AL SENO DE MAGEK DEL ESPIRITU LIBRE DEL MENCEY BENTOR

No puede morir jamás quien de esclavo se libera.

Muertos durante la Batalla de Aguere, el Mencey Benchomo y su hermano Chimenchia-Tinguaro, el Tagoror de los menceyatos enfrentados a los invasores y el pueblo de Taoro nombró al hijo primogénito de Benchomo, Bentor o Ventor, como nuevo Mencey y líder.
Este, se negó a rendirse ante las tropas castellanas, pese a la sangría que la batalla había representado para el ejército guanche diezmado por la denominada “modorra” causada por el envenenamiento de las fuentes de agua por parte de los invasores españoles.
Retirándose estratégicamente los Tabores guanches establecieron su Real del Peñón (Tacoronte), donde a las pocas horas se hallaban reunidas todas las fuerzas útiles.
Como explica la declaración de los testigos aportada en la información de Margarita Guanarteme (1526), hija del converso y traidor Thenesor Semidan (Fernando Guanarteme) que indica como en dicha acción de Aguere "mataron al Rey Grande que se llamaba el Rey Venitomo de Taoro, y don Alonso de Lugo envió a Fernando Guanarteme para que se viera con el rey Ventor, hijo de Venitomo, para requerirle se diese volviendo con la respuesta que el nuevo rey no se quería dar…"
Según recoge Bethencourt Alfonso: “En este campamento y en la misma noche o al siguiente día de la batalla de La Laguna, pues las tradiciones únicamente dicen a las pocas horas, la nobleza del reino de Taoro en cumplimiento de sus costumbres legendarias convocó el Beñesmer y proclamó mencey de Taoro a Benytomo, hijo primogénito del Rey Grande y achimencey que era del Araotava. Después de su exaltación al trono fue nombrado por Acaymo y Beneharo, jefe de la Liga.

Era Benytomo (Bentor) hombre de grandes alientos y guerrero valeroso, pero sin aquellos prestigios ni supremo don de mando de su padre, único entre los guanches capaz de salvar a la patria mientras alentara.

Cuéntase que en el primer tagoror o consejo celebrado por los reyes y grandes de los tres Estados bajo la jefatura de Benytomo, acordaron aleccionados por la batalla de la laguna no presentar ni aceptar combate alguno donde jugara la caballería, ni llevar las añepas reales ni enseñas a los campos de batalla, ni abandonar como solían sus posiciones para atacar cuando eran provocados por los españoles.

Noticioso el general Lugo de la situación del ejército guanche, después de ordenar quedara custodiando el Real de Gracia la mitad del cuerpo auxiliar güimarero con una compañía de los invasores, movió sus fuerzas en dirección del enemigo acampado en el Peñón.

Llegados los castellanos hicieron alto en orden de batalla y envió el Adelantado a D. Fernando Guanarteme con un mensaje para el rey Benytomo, “a le requerir que se diése e tornáse cristiano e que le faría toda la cortesía que quisiése...”, cuya respuesta negativa como ya dijimos, motivó un segundo mensaje con el mismo Guanarteme y Pedro Mayor, llevando la cabeza de Bencomo clavada en una pica, para decirle de parte del general: “Que aquella cabeza le sirviése de escarmiento, pues si no se sujetaba al Rey de España con otro tanto le amenazaba”; a lo que contestó Benytomo: “Diréis a vuestro capitán que esta cabeza no me espanta, que donde quedó el cuerpo la pueden poner; y que cada cual mire por la suya”.

Entonces los españoles empezaron a provocarlos al combate y los guanches a ellos, actitud que sostuvieron como cosa de dos horas, pero sin abandonar ninguno de los ejércitos sus respectivos campos; hasta que de pronto el tiempo que estaba de invierno comenzó a llover a cántaros, y los españoles dejando la cabeza de Bencomo contramarcharon el mismo día al Real de Santa Cruz para establecer sus cuarteles de invierno.” (Bethencourt Alfonso 1997 t.III:127)

La resistencia de los Tabores guanches era cada día más débil debido a la terrible epidemia provocada por el envenenamiento de las aguas que hacía cada vez más difícil hacer frente a las hordas invasoras, las cuales al no consumir las aguas envenenadas ya que los auxiliares isleños conocían perfectamente las fuentes que dejaron sin empozoñar, indujeron a algunos notables a pactar con los invasores.

Cuando el 25 de Julio de 1496 descubrieron nuestros ancestros en el campamento del Realejo lo tramado por la nobleza, se alzaron furiosos desautorizando a los menceyes y tratándolos de traidores y cobardes e injuriando a los personajes de mayores prestigios; replegándose a los altos de Tigaiga aleccionando a sus  tagoros, con objeto de salvaguardar sus medios de vida y de mantener viva la llama de la independencia, el pueblo siguió combatiendo a los castellanos,  efectuando ataques de guerrilla aleccionados por el clero guanche de los Kankus y Babilones, con los que continuamente hostigaron a los invasores.  Mientras, un sector de la nobleza y notables  aceptaron las condiciones impuestas por los mercenarios invasores antes que consentir la merma de sus privilegios.

El elevado espíritu y profundo amor a la Matria y a la libertad de que estaba dotado el penúltimo gran Mencey de Chinech (Tenerife) Bentor, le indujeron a reprobar la actitud de entrega y sumisión a los extranjeros adoptadas por los notables de la liga, así, decidió ser heraldo ante los espíritus de nuestros ancestros llevando personalmente las noticias de las desgracias que afligían a la Matria y los tiempos de esclavitud que se avecinaban y, desde los altos de Tigaiga inició su espíritu libre el viaje hacía el seno de Magek, donde desde un espacio atemporal cuida con los demás espíritus de los ancestros de  que los actuales canarios recuperemos a la Matria mancillada devolviéndole la libertad que un día le fue arrebatada por la insaciable sed de rapiña de una horda de bárbaros europeos.

Eduardo Pedro García Rodríguez.  Chinech julio de 2008.

Fuentes consultadas:

Juan Bethencourt Alfonso
Historia del Pueblo Guanche. Tomo III, págs. 127-138-160.

UN GUANCHE PRIMER ALCALDE MAYOR EN EL SEÑORÍO DE ADEJE



 JUAN DELGADO, PRIMER ALCALDE MAYOR DE ADEJE

Pedro de las Casas Alonso
[…] La condición de señorío incluía, como hemos anotado, potestad para que el señor de la localidad, con total independencia del resto de las instituciones de la isla, designara alcalde y le otorgara poder y facultad para administrar jus­ticia. Seguramente, por sus destacadas cualidades personales, el cargo recayó en la persona de Juan Delgado, a quien debemos reconocer como el primer alcalde mayor de la villa de Adeje. Con auténtico entusiasmo, hemos investi­gado sobre este hombre. Comencemos por su procedencia.
Es difícil establecer una conexión entre el patronímico Delgado de nues­tro primer alcalde y las numerosas personas arribadas a la isla con igual ape­llido. Entre estas últimas, sacamos a relucir algunas.
De las datas concedidas por el Adelantado deducimos que hubo un Diego Delgado, criado de Fernández de Lugo, que cooperó en la conquista de Tenerife. Procedía de Gran Canaria y el 14 de abril de 1499 le fueron adjudicados unos terrenos en el Barranco del Realejo y algo después, el 11 de enero de 1503, otros en La Orotava (data 1.854-19).
Existió también un Pedro Delgado, igualmente de Gran Canaria, a quien el 22 de enero de 1501 le correspondió "un manantial en Taoro" (data 903-171) y el 17 de febrero de 1508 unas tierras en Acentejo (data 476-53).
En otros escritos se alude a un tal Juan Delgado de las Islas. El 14 de junio de 1502 le concedieron propiedades en Tegueste (data 1372-10) y el 17 de marzo de 1517 unas tierras en Benijo (Taganana) (data 1310-8). Era ori­ginario de Fuerteventura e hijo de Luís Sánchez y de Catalina Chimida. Tuvo un hermano, Andrés Sánchez, con el que compartió una data en Güímar, con­cedida el 28 de julio de 1499, que incluía tres fanegas de tierras. Casó con María Berriel, hija del conquistador Juan Berriel. Dispuso testamento el 18 de abril de 1552.
Parece ser que este Juan Delgado de las Islas pertenecía a una rama dife­rente a la de otro Juan Delgado, natural de Gran Canaria, que ya había falle­cido en 1513 y que se cita como padre de Agustín Delgado (data 1605-11). Es probable que se trate del mismo Juan Delgado, vecino de esta isla, que en unión de Antón de Los Olivos y de los conquistadores Francisco Malpica, Pedro de Luce, Diego de Santaylla y Rodrigo de Borgyllos solicitó la concesión de tie­rras en Güímar el 29 de diciembre de 1500, "porque nosotros queremos tra­bajar en ella... que vuestra merced nos la mande dar, pues sabe como nos lo havemos servido en esta conquista... "(data 851-29).
Destacó igualmente un Cristóbal Delgado, natural de Gran Canaria (data 1278-2), a quien el 25 de diciembre de 1516 le adjudicaron ciertas tierras en Icod. Colaboró en la conquista de Tenerife y en la de La Palma.
Parece razonable cuestionar la vinculación genética de estos Delgado con la genealogía de nuestro alcalde mayor, don Juan Delgado. Algunas pruebas testimoniales evidencian el asentamiento de los Delgado citados en el sector Norte de la isla. Las patentes dificultades existentes en fechas próximas pos­teriores a la conquista para mantener intercambios humanos con los territo­rios del Sur contradice cualquier tipo de parentesco con nuestro biografiado. Lo corrobora además, la lectura de algunos documentos. Sin duda, el apelli­do Delgado que existió en Adeje es obvio que tuvo otra procedencia. Para com­probarlo, debemos retroceder algunos años y detenernos en ciertos testimo­nios.

Remotamente, nos encontramos con un Juan Delgado que se menciona en varias datas. Una de ellas corresponde al 21 de mayo de 1519 y dice así: "A vos Juan Delgado, primo del Rey que fue de Adexe e como a vecino desta dicha isla, 50 fanegas de tierra de secano en las cabezadas del Palmar que son en la cumbre arriba de Mascan, que se dice a fuer de guanche Ayynayn (cabezada en El Palmar, Buenavista) e de la otra parte una montaña que se dice Cechingana e de la otra parte Arodan e de la otra parte el Chaguyto" (todas ellas en El Palmar). (Data 1191-20).

El 7 de diciembre de 1534, Juan de Bonilla, vecino de Masca, presen­tó ante el escribano Rodrigo Fernández el documento de una data, emitida el 1 de enero de 1518, en la que consta que "Juan Delgado vecino. Digo yo Alonso Dias vecino de Tenerife, hijo del Rey de Adexes, que por cuanto yo vos so en cargo a vos Juan Delgado vecino della ysla de Tenerife, mi primo, de cier­tos maravedíes y ansy mesmo por otros cargos que de vos tengo de buenas hobrras       y nos plaze de vos dar a vos el dicho Juan Delgado seys fanegas de tierras poco más o menos que nosotros tenemos en el barranco de Masca en la Madre del Agua que se dice Ceque..." (data 1214-43).

Berthelot, por su parte, alude a don Diego, mencey de Adeje y Pedro su hijo, así como Juan Delgado, su primo.

Otro documento, ya citado en otro lugar de esta obra, que hace referencia al testamento de Diego Díaz, hijo de don Diego Rey de Adeje, extendido el 20 de agosto de 1519, menciona igualmente a Juan Delgado como primo suyo.

Evidentemente se trata del primer Juan Delgado, en Adeje, que genea­lógicamente mantenemos que está vinculado con nuestro alcalde mayor. En los testimonios referidos resaltan los nombres de Alonso, Pedro y Diego. Recordemos (véase el capítulo V) que se refiere, efectivamente, a tres de los cinco hijos de don Diego rey de Adeje, antes Pelinor y luego don Diego Díaz, patronímico que tomó la familia tras el bautizo. Desconocemos el nombre del personaje del que adquirieron tal apellido, pero posiblemente se trate de algún participante en la conquista que luego les apadrinó. Si el último mencey de Adeje y sus descendientes tomaron el sobrenombre Díaz, es obvio que la rama del hermano de aquél adquirió el de Delgado. Pues bien, en los tres documentos se nombra a Juan Delgado como primo de los tres citados hijos de Pelinor. Quiere decir, pues, que fue hijo de un hermano de éste, si bien su nombre no lo hemos podido identificar. Parece incuestionable, en definitiva, el origen guanche del apellido Delgado que radicó en Adeje.

Es presumible que este primer Juan Delgado, el Viejo, fuera un hombre preciado y respetado por los demás. El contenido del documento de su primo don Alonso, así como la confianza depositada en él por parte de su prima María de Adeje, al nombrarle tutor de sus hijos, así lo sugieren. Es probable que al fallecer el último mencey de Adeje, el viejo Juan Delgado pasara a ser un autén­tico patriarca de esta familia.

Juan Delgado, el alcalde, nació en el año 1617. Esta fecha la hemos dedu­cido de la de 38 años que contaba nuestro biografiado en el año 1655, según consta en testimonio del escribano Mateo del Hoyo, verificado con ocasión de la toma de declaración a aquél para precisar el deslinde de la villa de Adeje. Creemos que el viejo Juan Delgado, sea su antepasado más remoto que cono­cemos por ahora. Entre él y nuestro alcalde habían transcurrido alrededor de ciento veinte años.

El primer alcalde de la villa de Adeje debió destacar entre los pobladores de esta localidad por sus dotes personales. Los documentos que hemos consul­tado indican que poseía unos conocimientos superiores a los de sus paisanos.

Era hijo legítimo de Bartolomé Delgado y de Catalina Luzardo, de los que sabemos habían nacido en esta isla. Por el momento, no hemos tenido la fortuna de localizar las pruebas documentales que corroboren la sucesión gene­alógica, posiblemente representada por dos generaciones, entre Juan Delgado el Viejo y Bartolomé Delgado, padre de nuestro alcalde Casó con Margarita de Llerena, hija de Bárbara González de Llerena y de Hernando de Ibaute, quienes celebraron su ceremonia matrimonial en 1586.

Eran sucesores directos de Andrés de Llerena, hijo, y de la también guanche Margarita González. A su vez, este Andrés de Llerena fue hijo de Andrés de Güímar y de María Díaz. La mujer de nuestro alcalde, Margarita de Llerena, resulta, pues, ser descendiente de la rama familiar de María Díaz, también conocida por María de Lugo o María de Adeje y Andrés de Güírnar, con quien casó en segundas nup­cias. Doña María era hija de don Diego de Adeje, último mencey (Ver descen­dencia de María Díaz o María de Adeje en el capítulo IV de este libro). Falleció en 1513. Margarita, mujer de Juan Delgado, murió en 1656, un año después del nombramiento de su marido como alcalde de la Villa de Adeje. Sospechamos que transcurrió poco tiempo entre la defunción de uno y otro. Para la iglesia de Vilaflor donó, en 1636, el altar de San Juan Bautista, con asiento, arrimo y sepul­tura. Testó en dicha localidad ante Lorenzo Díaz Delgado.

Es interesante recalcar que María de Adeje y su marido Andrés de Llerena o de Güímar fueron los primeros propietarios del territorio de Tijoco y Taucho, donde curiosamente después residió nuestro alcalde.

De su matrimonio tuvo la siguiente descendencia: el alférez Juan Delgado, Gonzalo Delgado, Fernando Baute, Bartolomé Delgado Llarena, (clérigo sub-diácono), Bárbara Llarena y dos monjas.

Extendió testamento en Vilaflor en el año 1656 y falleció poco tiempo después, ya que, en un protocolo de Lorenzo Díaz Delgado, escribano de Vilaflor, del año 1667, figuran tres de sus hijos, el alférez Juan Delgado, Gonzalo Delgado y Hernando de Baute "hijos legítimos del capitán Juan Delgado, difunto, veci­no que fue de la dicha villa”. Escaso, pues, fue el tiempo que desempeñó el cargo de alcalde mayor. Murió a la edad de 39 ó 40 años. Ignoramos quién fue el sucesor en la alcaldía, ya que el nombramiento dependía directamente del señor de la villa.

Podemos, pues, afirmar que el primer Ayuntamiento de Adeje estuvo repre­sentado por una familia descendiente de guanches que primitivamente pobla­ron la localidad de Adeje. Hoy, 325 años después de su muerte, desearíamos colocar este epitafio sobre su inédita tumba: "A Juan Delgado, primer alcalde mayor de la villa de Adeje, con el nostálgico reconocimiento de sus paisanos del siglo XX. Descansa en paz".

Es presumible que algunos de sus descendientes continuaran habitando en la villa de Adeje. Así, tenemos constancia de que en el año 1745 vivía en Tijoco un José Delgado, sin duda perteneciente a esta rama de los Delgado".

Con anterioridad a su nombramiento de alcalde, además de capitán de las milicias, Juan Delgado ocupó el cargo de escribano en la escribanía de Vilaflor.



UN HERMANO DE DON DIEGO DE ADEJE (PELINOR)
 
 
BARTOLOME DELGADO
Catalina Luzardo
 
JUAN DELGADO EL VIEJO
 
                                               


JUAN DELGADO
Margarita Llerena
 
 




JUAN DELGADO

GONZALO DELGADO

FERNANDO BAUTE

BARTOLOMÉ DELGADO
BÁRBARA LLARENA
DOS MONJAS


Investidura de Juan Delgado como alcalde mayor
La concesión del señorío a la localidad de Adeje comportaba la facultad del señor para nombrar a su antojo el alcalde de la villa, así como cesarlo en el momento que lo estimara conveniente "con causa o sin ella".
Hasta la fecha que nos ocupa, año 1655, desempeñaba el cargo de alcal­de pedáneo de la localidad un vecino del pueblo llamado Juan Toribio. Con anterioridad a éste lo había sido Andrés de Bethencourt y un tal Simón Sánchez su alguacil. Ninguno de estos dos últimos nombres figuran en el padrón del año 1655, por lo que hemos de admitir que no residían en Adeje, pero tal cir­cunstancia tiene fácil explicación. En efecto, el nombramiento de estos alcal­des pedáneos era facultad de los corregidores, en su calidad de Justicia Mayor. A los candidatos no se les exigía condiciones particulares. La duración del car­go no se limitaba en el tiempo, por lo que se podía permanecer ejerciendo tal función tanto tiempo como el corregidor pudiera desarrollar la suya y no era obligado que morara en la localidad. A partir de 1752 se reformó la normati­va y se exigió que el alcalde fuera vecino de la localidad correspondiente y que el corregidor propusiese una terna a la Real Audiencia, siendo ésta la que decidía la designación. En el censo de esa fecha, que el lector podrá consul­tar en el capítulo de Anexos, hemos constatado que Juan Toribio vivía en Teresme y que, en unión de su familia, era el único vecino del paraje.
El mismo día del nombramiento de Juan Delgado, el juez comisionado, don José de Luna, mandó que se notificara al citado alcalde pedáneo su cese en tal función, mediante acta levantada por el escribano Mateo del Hoyo. Fueron testigos de tal requerimiento el licenciado Juan García del Castillo, cura de la villa, y los vecinos Juan Rodríguez y Pedro García. Los dos primeros eran veci­nos de Adeje y, el tercero, de Taucho.
Era el día 10 de julio del año 1655. Situado ante la puerta de la iglesia parroquial de Adeje, el capitán don Jerónimo de Ponte Ponte y Pagés, en repre­sentación de su hermano don Juan Bautista, pidió al licenciado don José de Luna y Peralta, que representaba al capitán general, le diese posesión de la jurisdicción civil y criminal y concediese el título de Villa a la localidad de Adeje. Se daba así cumplimiento a lo decretado por S.M. el rey don Felipe IV. Confirmada la posesión, le fue entregada a don Jerónimo la vara de la real justicia.
A continuación, amparado por la facultad y potestad que acababa de reci­bir, dijo que daba el nombramiento de alcalde mayor y juez ordinario de la villa de Adeje al capitán Juan Delgado, vecino de la misma "para que use y exersa la dicha jurisdicción y conosca de todas las causas siviles y criminales en primera ynstancia asi las que estén pendientes como las que sucedieran en adelante en la forma y manera que su Magestad lo manda por su Real Cédula... y su merced el dicho juez mando que todos tengan del dicho capitán Juan Delgado por tal alcalde mayor de esta villa de Adeje y no le perturben el exercicio de la dicha jurisdicción después que haya aceptado y echo el juramento que debe". Fueron testigos de este acto, el párroco de la Iglesia, don Juan García del Castillo, los vecinos Melchor Alfonso, Pedro García, Francisco Ramos, Cristóbal Gutiérrez, Juan Rodríguez Gil, Simón de Llerena y otros más que se hallaban presentes. Actuó como escribano Mateo del Hoyo.

Según hemos comprobado, Juan Delgado vivía en Tijoco y contaba 38 años. Situado ante el juez comisionado y en presencia del escribano, manifestó que aceptaba el nombramiento de alcalde mayor y juez ordinario de la villa de Adeje, a propuesta de don Juan Bautista de Ponte, señor de la jurisdicción civil y criminal de esta villa. Tomó juramento al siguiente día, haciéndolo por Dios y por la Cruz. Prometió "usar bien y ejercer el dicho oficio como su Majestad lo manda por sus leyes reales y por cédula y privilegio y excempcion desta dicha villa...." El juez le entregó la vara de la justicia.

El día 11, dando cumplimiento a la Real Cédula de su Majestad, se con­cedió el título de villa a la localidad de Adeje, la cual debía ser titulada como tal, por escrito o de palabra, bajo pena de sancion de quinientos ducados, Se ordenó que ambos acontecimientos se hicieran públicos. Por no exis­tir pregonero en Adeje, se cumplió dicho mandato fijando un pasquín en una de las esquinas de la iglesia parroquial. Era domingo. Se escogió un buen momen­to, puesto que eran alrededor de las nueve de la mañana, poco antes de que entraran a la Iglesia los asistentes a la misa de precepto. Fueron testigos Pedro García, Juan Rodríguez y otros vecinos de Adeje que se hallaban en el lugar.

Fue una fecha históricamente relevante, para la, a partir de entonces, nomi­nada villa de Adeje, aquella del 11 de julio del año 1655.”

Extraído del libro de Pedro de las Casas
Introducción a la Historia de Adeje
ACT. Cabildo Insular de Tenerife, 1997.
ISBN.: 84-87340-70-9.