miércoles, 4 de noviembre de 2015

AFRICA VERSUS AMERICA LA FUERZA DEL PARADIGMA






Luisa Isabel Álvarez de Toledo, Duquesa de MedinaSidonia

CAPITULO XXVI



LA REGULARIZACION DEL COMERCIO

 La regularización del comercio racasado el intento de centralizar el tráfico de la Berbería, Indias y Canarias, en la bahía de Cádiz, fondeadero peligroso con levante y poniente, a más de alejado de los mercados interiores, los Católicos copiaron el modelo portugués, de la "Casa da Mina", creando la "Casa de Indias", en Sevilla, que más tarde se llamaría de "la Contratación". Firmada la provisión en Alcalá de Henares, el 14 de enero de 1503, cuanto fuese o viniese de tierras, donde los monarcas tuviesen el quinto, transitaría por la institución, salvo presas hechas en la mar y naufragios, por pertenecer el quinto al Almirantazgo Mayor de Castilla. A través de la "Casa", que "por nuestro mandado se ha de hacer", se canalizó el tráfico de la fortaleza de Santa Cruz, la Mar Pequeña, "otras cualesquier partes de la Berbería" o Africa, Canarias, Islas de Indias, Cabo de Aguer y la ciudad de Tagaoz[1], no siendo mencionada Tierra Firme, por estar incluida en sus partes.

Como antaño los receptores de Guinea, expedirían licencias para comerciar, registrando las mercancías de salida y entrada, recaudando el quinto y repartiendo la "avería". Al participar la corona en el beneficio, pero no en el gasto, se repartía a tenor del valor estimado, a la exportación e importación privada, el costo de armadas, flotas, barcos de avisos, guarda de rutas y costas, descubrimientos, conquistas y fundación de poblaciones, a más de los que generase la institución, incluidos salarios. Bajo autoridad de los oficiales cuanto tocase a la navegación, ejecutarían embargos de navíos, pertrechos, vituallas y tripulantes, cuando los reyes lo ordenasen. En los territorios, sometidos a su jurisdicción, recaudaban parias y otros impuestos, organizaban factorías y rescates, negociaban arriendos, fundaban poblaciones, ordenaban conquistas, guerras de represalia y el tráfico de esclavos [2].

Dotados los Católicos de visión a corto plazo, no alcanzaron a comprender que cargar al comercio, con el costo de la conquista, conservación y explotación de Indias, daría al traste con el gremio de Sevilla. Los que hasta entonces navegaron al amparo de seguros privados, sin pagar más "avería" que la propia y las esporádicas, decretadas por la corona en situación especial, siendo su principal sobresalto los embargos, a partir de 1503 navegaron con margen beneficiario tan estrecho, que al menor incidente, desaparecían firmas solventes. Si en los principios del reinado de Felipe II, que impuso el sistema de flotas, se rechazaban navíos, por rebasar los que acudían la treintena por flota, a finales de siglo hubo año en que conseguir 14 velas, para las dos flotas, no fue sencillo, salvando la situación los "peruleros" o mercaderes oriundos de Indias, que compraban en Sevilla, para vender en su tierra. El origen de los galeones del oro, fletados por la corona, está en la quiebra del comercio español.

Integraron la primera cúpula de la Contratación, el doctor Sancho de Matienço, canónigo de Sevilla, nombrado tesorero; el jurado y fiel ejecutor Francisco Pinelo, desempeñó la función de factor, Ximeno de Briviesca, contador de la Armada de Indias, que fue lugarteniente, sumándose un escribano. Proyectado construir almacenes para las mercancías, "que se hubiesen de llevar" a las "islas, que se avían descubierto o se descubriesen y traer dellas", los reyes indicaron ubicación, en "las inmediaciones" de las Atarazanas de Sevilla, "a la parte que pareciese más conveniente"[3]. Por carta de 18 de marzo, los responsables de la Casa, replicaron que en torno a las dos Atarazanas sobraba suelo, porque se anegaba a la menor avenida. Conveniente evitar la pérdida de cuanto se almacenase, aconsejaron construir "a espaldas del Alcázar viejo", aprovechando el "cuerpo que disen de los Almirantes", donde no llegaba el agua. Quisieron los reyes hacer barcos para la Contratación, desaconsejándolo los oficiales: "habiendo en estos reinos grande abundancia de navíos"[4], en contra de la opinión de Palencia, que los supone escasos, sería más conveniente arrendarlos, por vía de embargo, "porque los mareantes no tratarán tan bien" lo ajeno, como lo propio, siendo de prever que dilapidasen bastimentos y pertrechos, prolongando los viajes sin remedio, por sobrar disculpas en la mar, para justificar retrasos [5].

Organizar el trato y rescates "en la tierra que descubrió Bastidas", las islas de las perlas y "las que agora descobrirá el almirante don Cristóbal", no planteaba problema. Pero de Santa Cruz, la Mar Pequeña, Cabo de Aguer y la Berbería, "no avemos alcançado bastante ynformación", al haber estado suspendido el trato. Esperaban que les informase el gobernador de Gran Canaria, Antonio de Torres, que venía de camino, pero se perdió con su barco, a la entrada de Cádiz [6]. Supieron que criado del difunto, residente en Santa Cruz, recibió paños, latas y "esbordates", para "proveer y esperimentar el trato", pero no sabían su nombre, ni dónde tenía los rescates, siendo una incógnita los gustos de la clientela, ya que sólo se llevaba cebada "y algunos otros mantenimientos". Intentaban ponerse en contacto con "un Cristóbal de la Puebla", residente en la Canaria, que asesoró a Torres. Complicado rentabilizar directamente el predio, los Católicos quisieron arrendar la Mar Pequeña. Los oficiales les desalentaron. Aunque se podía negociar "con mayor seguridad y a menos costa", que "antes que oviese dicha fortaleza", almacén y amparo para los mercaderes, "verdad es que por agora, no sentimos que esté en mucha estima"[7].

En abril de 1503 los reyes estancaron la orchilla, en las Canarias y las "partes de Africa.., comarcanas a las islas". Informados de que se "comenzó cierta contratación, de rescatar algunas mercaderías", en la ciudad de Tagaoz, ordenaron proteger al burgalés Diego de Castro, que tenía arrendada la del Cabo de Aguer, por la corona, a la espera de encontrar solución más rentable, estudiando si convenía arrendarla conjuntamente o "cada cosa por sí", teniendo en cuenta que al ser "yndustria y granjería" complicada, se perdería de entregarla a inexpertos. Los oficiales de la Contratación averiguarían las "mercaderías.., que serán provechosas para los dichos rescates y las que de allá se pueden traer, para esta dicha Casa", procurando que no escapase género rentable, al monopolio de la corona[8]. Se extendía a los minerales en general, en especial plata y oro, piedras preciosas, perlas, aljófar, tinturas y maderas, como "mou", brasil y "otras cosas de precio, que en qualquier manera pertenescen a nos", sumándose el índigo o pastel. Quien cargase o descargase para ultramar, sin registrar sus mercancías en la Casa, las perdería por "descamino" o contrabando, secuestradas en la "playa" de partida o arribada, haciendo "dello lo que por nos les es mandado". Percibido quinto y avería en especies o dinero, el mercader sería provisto de carta de finiquito, que le permitiría vender donde le pareciese. Recién inaugurado almacén y oficinas, a espaldas del Alcázar Viejo, el 30 de junio se reservó el muelle de las Muelas, al trato de la Contratación[9]. Estando en Gran Canaria como juez de residencia, Alonso de Escudero fue nombrado gobernador de "Canarias y alcaide de Santa Cruz de la Mar Pequeña", el 2 de mayo de 1503[10], quedando a su cargo los rescates, que "nos mandamos hacer en Bervería e la Mar Pequeña e la torre de Santa Cruz". Girada visita a los factores "e a las otras partes, donde viedes que cumple e fuere necesario de estar persona, para la dicha contratación"[11], se pondría en contacto con los encargados de la "Casa de las Yndias", que habían de proveerle de los que necesitase, recibiendo el oro y otras mercancías [12].

El último año que salieron carabelas de la foz del Barbate, con cereales, aceite y muestras de legumbres, como habas y garbanzos, para los "lugares de Allende del rey de Portugal", fue 1503. Mala la cosecha, para reunir los 6.000 cahíces de cebada y 11.581 de trigo contratados, Juan de Guzmán recurrió al mercado negro, pagando 110 y 120 maravedís por cahíz de trigo, tasado a 60. Terminada la temporada, el tráfico quedó circunscrito a Sevilla, sede de la Contratación. Protestó Juan de Guzmán, esgrimiendo el derecho de Sanlúcar, a comunicar con Berbería. Y la cuestión paró en los tribunales [13]. Emplazado por los jueces, el 11 de enero de 1504, sus abogados comparecieron, pertrechados de testimonios de mercaderes, andaluces y extranjeros, que aseguraban haber navegado desde Sanlúcar, a tierra de moros y donde mejor les parecía, a imitación de sus padres y abuelos, sin conocer más propietarios del almojarifazgo y aduana, que a un duque de Medina Sidonia. Los más ancianos recordaban haber departido en la playa, con don Juan "el Bueno", en torno a cuestiones de navegación y pesca[14], sin recordar periodo, en que se hubiese interrumpido el tráfico, con las Indias de Castilla, la Berbería o la "conquista" e "islas de Portugal"[15]. Era prueba de aquel comercio la prosperidad de una villa, plantada en término estrecho y corto en recursos, razones jurídicas y humanas, que no hubiesen sido atendidas, de no tropezar el real deseo, con los bajos del río.
Adquirida en Indias la costumbre de reunir las mercancías, en puertos confortables, se hizo innecesario remontar pasar barras, en busca de "minas" y rescates. Evidente que a mayor arqueo del navío, el beneficio por travesía, era superior, desaparecieron los cascos inferiores a las 100 toneladas, no tardando en alcanzar 150 y 200. Dificultoso remontar el Guadalquivir, para tales barcos, los monarcas hubieron de plegarse a una naturaleza, que no tenían el poder de cambiar. Al no tener más remedio, permitieron cargar y descargar para las "islas de Indias", Tierra Firme, Canarias y Berbería, en el puerto sanluqueño de Zanfanejos, instalando apéndice de la Contratación en Bonanza. Dotado de almacén y personal, tuvo por cabeza a Pedro de Añasco, al que trataba el duque de Medina de "mi especial amigo"[16]. Como cualquier mercader de la villa, Juan de Guzmán practicó el export - import. Anfreon Catano genovés, fue su factor en Çafy. Trocaba aceite, cereales y paños, enviados por los de Flandes, Bretaña e Inglaterra, por cueros, esclavos y algo de oro. Comerció con Cabo Verde, representándole un Alemán en Canarias. A más de paños mandaba acero, exportación prohibida a tierra de moros. De las islas llegaba madera de calidad, azúcar, compotas, vino de malvasía y a veces halcones [17].

El 4 de octubre de 1504, los Católicos encargaron al Guzmán la conquista de Cazaza, "que es en el reino de Fez", completando lo acordado en Tordesillas. Para animarle, le otorgaron el señorío de lugar, que no pasaba de arrabal de Melilla, con título de marqués[18]. Antes de morir, quizá temiendo por el porvenir de su hija, Isabel borró el pecado y delito de incesto, acudiendo al "propio motu", para devolver al Guzmán lo que le secuestró[19]. No habiendo perdido más que las Islas del Cabo de Aguer y Gibraltar, la reina no podía referirse a otra cosa. Fallecida Isabel en Medina del Campo, el 25 de noviembre de 1504, el Católico, en estrecha colaboración con el regente Cisneros, dio el primer paso hacia el despojo del indio caribe. Teniendo por costumbre lavarse bastante más que los españoles, fueron acusados de sucios, "sodomíticos" y caníbales. Condenados colectivamente, se les ofreció la oportunidad de escapar al cautiverio o la muerte, respondiendo a la invitación al bautismo, con muestras visibles de arrepentimiento y solicitud, expresada a "grandes voces". La causa de la drástica ley pudo ser necesidad de dinero, para la conquista de Nápoles.

Barruntándose que el padre no abandonaría el trono por las buenas, Juana nombró capitanes generales de confianza, que preparasen su arribada a Castilla. Designado el Conde de Lemos en Galicia, Juan de Guzmán lo fue en Andalucía, por real decreto de 25 de octubre de 1505. Bajo su autoridad el sur, hasta los confines de Granada, los Algarbes y el Mar Océano, la tuvo sobre cuanto navegase por sus aguas. Corriendo a su cargo levantar huestes y armadas, los receptores de la real hacienda, le darían los fondos que pidiese. "Desde agora" obedecerían los mandatos de Juana: los de "nuestro señor e padre... tenemos que sean de ningún valor e poder"[20]. Enterado Fernando de que la hija le quería fuera del reino, acordó con Cisneros dotarse de armada. Acudiendo a la iniciativa privada, ordenó encuesta que justificase la reanudación de los "saltos". La pregunta de si sería conveniente levantar el seguro, otorgado "a los moros de Bervería.., que están a noventa leguas de costa poco más o menos", de la Isla de Canaria, obtuvo respuesta afirmativa por unanimidad. El licenciado Aguayo atribuyó la prohibición a Lugo, que deseando paz, mientras levantaba las torres de Tagaoz y Nul, en el Cabo de Aguer, consiguió de los reyes seguro para los moros, en perjuicio de la corona y de las islas. Al remitir el flujo de esclavos, desertaron los mercaderes, el capital y los brazos, que labraban el campo. Disminuyó el quinto de la corona, fue perjudicado el Altísimo, que perdió muchas almas y a los propios negros, pues cautivos se dejaban bautizar, ganando la felicidad eterna, a cambio de una libertad, terrena y efímera. Y se achacó la decadencia de las islas a castigo, por privar de salvación a los de Berbería [21].

Reanudadas las cabalgadas, el rey tendría a su disposición barcos, caballos, armas y hombres, adiestrados en la guerra, sin desembolsar un maravedí, a más de desarrollarse el poblamiento de la Mar Pequeña, pues haciendo "la guerra" a los moros "en otras partes", muchos aceptarían pagar parias, a cambio de seguridad, acudiendo los naturales con su oro, sabiendo que no serían despojados ni maltratados. En cuanto a los castellanos, tendría en la torre de Santa Cruz, dotada de guarnición, protección para sus personas y mercancías, "sy todavya quisiesen aver el dicho rescate", pudiendo desembarcar y embarcar amparados, y los que practicasen la cabalgada "por caso que fuesen desbaratados, que se acogiesen a la dicha torre"[22]. El 2 de noviembre de 1505, sin aguardar el resultado de la encuesta, el Católico autorizó la guerra contra "los moros de Bervería, comarcanos a esta dicha ysla de Canaria, desde el cabo de Aguer, fasta el cabo de Boxedor"[23]. A la espera de que les convocase para la armada, que se formaría en 1506, quien tuviesen navío podría capturar "a los dichos moros de allende, desde el Río de Oro arriba hazia la parte de Meça, con tanto que desde el dicho Río de Oro abaxo, fasta la parte de Guinea, non puedan saltear"[24]. Mediado agosto Lope de Sosa, nuevo gobernador de Gran Canaria, recibió poderes para continuar la "contratación e rescate de Bervería e la Mar Pequeña e la Torre de Santa Cruz". Visitadas las factorías, haría inventario y relación, pidiendo a la Contratación mercancías, "que fuesen provechosas" en aquel mercado [25].

Juana desembarcó en La Coruña. Enterado Fernando de que el duque de Medina levantaba hueste, le dirigió larga carta, instándole a "derramarla" por inútil, pues sólo aguardaba a la hija para entregarle el reino, sin merma ni mácula [26]. Conocida la doblez del Aragonés, su amabilidad alarmó doblemente al destinatario. Considerando urgente hacerse con Gibraltar, para tener expedito el camino de la mar, exigió devolución al corregidor de Jerez, esgrimiendo el perdón de la reina difunta. Se negó a soltar la plaza y el de Medina pasó a los hechos. Dando gente a su yerno Pedro Girón [27], le mandó a conquistarla, en compañía de su primogénito, Enrique de Guzmán, que a sus once años, aportaba la fuerza moral de un nombre. Que Gonzalo de Olivares fuese alguacil mayor de Gibraltar, por el Duque de Medina, prueba el éxito de la jornada.

A la recuperación, siguió nueva posesión de las Islas del Cabo de Aguer. Apoderado Juan Bautista Genovés, desembarcó en Gurgarti, provincia de Tufani, el martes 19 de mayo de 1506. Reunidos los "cabeçeras e cabilas", "de mancomún e a voz de uno, han por bueno e firme e valedero, todo lo que en esta carta pusiere, escrito e firmado de sus nombres". Reconocieron al de Medina "por nuestro señor natural..., desde el día de la fecha desta carta", en nombre de los presentes "e de todas nuestras cabilas..", dándole "todo nuestro libre poder cumplido bastante, así como lo tenemos e avemos e Dios nos lo dio", para que "nos mandare y defienda... como a súbditos vasallos e pueda mandarnos e llamarnos". Recibirían a sus "criados" en "este su puerto", permitiéndole "facer una torre e fortaleza, a la manera que su señoría fuere servido", nombrando capitán o capitanes a los que darían "rehenes.., tantos quantos sea contenta la persona, que el tal cargo tenga, para facer la dicha torre", siendo devueltos los que de "nosotros toviese rescibidos", al término de los trabajos[28], prometiendo guardar la fortificación por el Guzmán y sus sucesores. Tras dar vasallaje, "para siempre jamás", confesaron veleidades recientes: si "en algún tiempo fue dada" su palabra "a algún capitán o algún caballero otro, que no sea por parte del dicho señor duque nuestro señor, que desde agora e para siempre jamás, la renunciamos e la damos por ninguna". A falta de escribano, legitimaron lo dicho, con su firma, los castellanos presentes [29].

El 28, Genovés estaba en Aytudel, reino de Cataleat. Le recibió Caçeyunt Otugugurin, señor de la villa[30], alformar mayor de la capital y "sus provincias", en el "reyno de Marruecos", al que pertenecían "la Ysla e términos e cabo de Mogodor", con Talgilt, Tiredi, Tetenezt, Catrecivi, cuatro cabilas de alárabes y otras cuatro, que tenían sus "alhaymas y mesquitas". Mencionados todos los títulos del Guzmán, incluido el novísimo de marqués de Cazaza, le llamaron "señor de Gibraltar", tratamiento de mayor enjundia, entre musulmanes, que el pomposo marquesado otorgado por los Católicos. Otugugurin le cedió el señorío de Aytudel, "con todas sus provincias" y pertenencias, en nombre propio y de sus descendientes, "segund que lo yo he e tengo e poseo e señoreo". Lo tendría el Guzmán "como cosa suya propia, comprada por sus dineros e avida por su justo valor e combeniencia". De por medio las posesiones de Manuel I y la Católica, el otorgante repitió cláusula insoslayable: "revoco qualquier o quales quier posesión o posesiones, que yo o mis antecesores o otro por mí o por ellos, aya dado e otorgado". Comparecieron los de la tierra, recibiendo Genovés, en nombre de "su señoría el conde", juramento de guardar lo dicho, por "Mahomat e por mi Alcorán e Alquabra". El acto se cerró según costumbre: puesto en una lanza "pendón colorado, con las armas e ynsinias de su señoría", corrieron la tierra al grito de "Niebla, Niebla", "en faz" del señor local y de "muchos moros de la dicha provincia". El alfaqueque Haçeyut, redactó la escritura "de mi letra", en presencia del escribano Alvaro de Vivero, siendo testigos Alonso de Ortega, vecino de Sevilla y Gonzalo Olivares, alguacil mayor de Gibraltar [31].

Acompañaron sendas cartas, escritas en árabe y no muy fielmente traducidas. Encierran declaraciones de principios, de evidente interés. Xoseín, hijo de Texixi, dio la paz al señor de la tierra, para "decirte secundariamente, que las provincias son tuyas, la patria tuia, las piedras tuias, las plantas y árboles tuios, el agua tuya y la tierra o territorio tuyo. Y te damos nuestras provincias para siempre jamás". En otra, los firmantes aludieron a "los moslemos, estantes en los reynos de Andalucía", para recordarles que debían "esperar todo lo que os a prometido Dios", soportando "infortunios o contratiempos", pues "somos de Dios y hemos de volver a él". Tras darse la paz, se dirigieron al Guzmán como Duque de Medina, "a quien Dios confunda en su religión", para reiterar "con juramento, que nuestras provincias son del duque.., pues sabemos que él puede venir en qualquier tiempo"[32].

Prohibido por Dios que recibiesen cristianos, "si es que saliesen de nuestros pueblos", "los que vengan de las descendencias o familias" de servidores del Guzmán, "o a todo aquel que sea descendiente de su prosapia", podrían instalarse en la comunidad a su albedrío: "trastornar, fabricar, abitar y comprar con su dinero", lo que mejor les pareciese, no innovando los "moslemos" cosa alguna de "nuestras ciudades.., ni aun el uso de las lociones sacras", sin consentimiento del señor. Sus puertos estarían abiertos a los "pasajeros, que estuviesen al servicios del duque.., a quienes mutuamente alimentaremos y nos alimentarán". Establecido compromiso en doble dirección, aludieron a guerra en ciernes: "nos bolveremos a la Andalucía, grandes y chicos y todo aquel que pueda, ya sea a pie y a caballo", absteniéndose de acudir "aquel que por fines particulares de este mundo, se quede". El "perjuro de entre nosotros o de entre ellos, haga Dios que destruia su casa o sea arruinada, por moslemo o cristiano". Para terminar, se aludió a las tres religiones: "la paz sobre el duque y sobre su prosapia y sobre todo aquel que huviese jurado, sea christiano o judío"[33]. Confundiendo los hechos, la historia oficial sitúa la conquista de Mogador, por Manuel I de Portugal, en 1506, añadiendo que construyó fortaleza e introdujo la caña dulce, como en Agadir, sin caer en que la Casa de Agadir, estaba en el Cabo de Aguer, es decir, en la isla de Magador, Mogodor o Mogolo.

Desobedeciendo a su hija, Fernando V fue en busca de la corte. No se produjo el emotivo encuentro con la reina, que recoge la leyenda, pero lo hubo, sin duda, con la gente de Cisneros y el propio Cardenal. Dejando sus intereses debidamente protegidos, Fernando pasó al reino de Aragón, siguiendo a Nápoles, donde recibió la noticia del óbito de Felipe de Habsburgo, víctima de "landre" o peste, acaecido en Burgos, el 15 de septiembre de 1506. Fernando regresó a uña de caballo, neutralizando a la hija, para reinar en su nombre. La reacción de los generales de Juana, fue violenta en Galicia y Andalucía. Borrando la usurpación, perpetrada por el Católico, los disturbios pasaron, en el norte, por pendencia de grandes con el Arzobispo de Santiago. Y en el sur por insubordinación del Guzmán. De escasez el año, se importó pan de Negroponte, invadiendo Sevilla "gran peste", curiosamente selectiva. Circunscrita a la capital, se llevó por delante lo más granado de la clase conversa [34].

Huyó Juan de Guzmán de "landre" y ciudad, por evitar que le alcanzase, contando Bernáldez que creyéndola pasada, regresó con hueste y fanfarria. Contagiado de inmediato, por no haber medido sus tiempos [35], el cronista le mata a 10 de julio de 1507, señalando que recibió comunión y extremaunción, lo que en tierra de cristianos, no era noticia. En verdad testó el 12 de aquel mes, siendo causa probable del error, reclusión previa a domicilio. Encabezó sus últimas voluntades, sin omitir título, como "señor de Gibraltar", abriendo el texto palabras singulares: "convertido a Dios nuestro señor, inclinado hasta el suelo los hinojos en tierra, confieso la santa fe católica.., anatematizando como anatematizo, de toda herejía y especie della, que se haia levantado o levantare, contra nuestra santa fe". Probable que le asistiese inquisidor, declaró "ansí mismo aver sido mucho pecador, ansí en mi mocedad como en todos los días de mi vida, en que puedo pecar". Y pidió los sacramentos, como buen reconciliado, ya que al hijo de la iglesia, se le administraban de oficio. Es probable que luciese sambenito de estameña, inventariado entre sus objetos personales. Quiso misas, por ser moda, pero insistió en que se "rezase" el Salterio, hasta el fin de los tiempos y sin interrupción. Nombrado su convento de Santiponce y otros varios, como posibles receptores de importante manda, legada a cambio, aventuró que de no encontrar orden, dispuesta a consagrarse a devoción dudosa, se fundase religión al efecto, con monasterio adjunto, generosamente dotado[36], última voluntad incumplida, por quiebra inesperada del difunto.

No olvidó mencionar los dineros, que le debía "el Adelantado" Alonso de Lugo y por extensión su esposa, Beatriz de Bobadilla, por los socorros que mandó a Canarias. Los cobrarían sus herederos, con el débito del Obispo Juan de Fonseca y de Gutierrez Tello. A continuación confesó su pecado: "yo he fecho tratar en Berbería con los moros, por razón de sostener la posesión que mi villa de Sanlúcar, tenía del dicho trato. E porque quizá en la manera de trato, havrá habido alguna manera de conciencia", sus letrados examinarían la cuestión, con el P. Maestro Francisco, "mi confesor", sin perjuicio de que el hijo continuase el negocio, por vías más o menos legales: "por quanto yo avía fecho una contratación con el Mariscal Hernán Darias Saavedra, sobre ciertas escrituras que diera, según lo hablé con el Padre Francisco, mi confesor, mando que lo que dijere el dicho mi padre maestro Francisco, e tratare e concertare, aquello se haga e se concierte e lo pague el dicho D. Enrique, mi hijo, porque le quede libremente la acción de las dichas escrituras. Y sea para él"[37].

Visto lo sucedido con Palos, temiendo que le dejasen sin puerto, para abastecer a sus vasallos ultramarinos, había acordada fundación de lugar, junto a Moguer, con rada expedita, a medias con los frailes de la Rábida. Enrique ejecutaría el proyecto con la comunidad [38], por ser el medio más seguro de mantener abierto el camino, de las Islas del Cabo de Aguer. De libre disposición el tesoro, acumulado en la fortaleza de Niebla, encargó su custodia a Juan de Baraona y Gonzalo Fernández, "oficial de mis libros". Harían juramento "de guardar el secreto de lo que allí hallaren", repartiéndolo en dos partes iguales: para el primogénito, nacido de Isabel de Velasco y para su viuda, Leonor de Guzmán, a la que dejaba con tres hijos por criar. El duque murió el 14 de julio [39]. Nadie dijo que la muerte no fuese natural, pero el cambio de fechas, introducido por Bernáldez, apunta que le ayudaron a despenarse, no siendo habitual que moribundo, sin
aspiraciones a santidad, aguarde el último suspiro en su agonía, "los hinojos en tierra", es decir, de rodillas.

Cuando se produjo el óbito, los 32 "esclavos de resgate", que "tomó" Pedro Suárez de Toledo, en el "Cabo de Aguerte" y los "bolbió... para los rescatar", navegaban en carabela del Guzmán, protegidos por 30 ballesteros [40]. Habiendo hecho su camino por la mar Fernando Caballero, con Rodrigo Bastidas, llevando "todas las cosas que se cargaron para las Indias", entre las que aparecen zapatos, "xervillas" y sillas de "xineta", se les buscó, para que rindiesen cuenta. Jacome Dinarte, vecino de Sanlúcar, aparece en la testamentaría, porque habría de darla del aceite, trigo, lienzo y otras mercancías, destinadas a los rescates de Canarias, a más de aportar relación de las tierras, ingenios y tributos en azúcar, que el difunto poseía en Gran Canaria y Tenerife. Los testamentarios se harían cargo de los "lyenços y paños y otras mercaderías", en poder de Pedro de Añasco, de la Casa de la Contratación, recibiendo partida de tejidos de Flandes, remitidos por los factores Diego de las Casas y Gonzalo García, con destino al truque. El jurado Pedro de Taryfa, daría relación de la cosecha del "almayx .., de lo que se truxo de las Yndias", sembrado en Vejer y del que tenía en los almacenes, así como de la grana y polvo de grana, que se cogió en Chiclana[41], en cuya costa y la de Conil, los Guzmanes introdujeron la chumbera, con cochinilla adjunta.

En la relación de menudencias del difunto, aparecen pedazos de oro "de alquimia", con "pedacitos" de oro auténtico, "vidrios verdes para contrafacer esmeraldas", piedras que "heran muestras para otras, que se avían de traer de Calicud", cuentas de vidrio azules, blancas y amarillas, destinadas al trueque, tres penachos de plumas de avestruz, quizá aditamento de los tres últimos señores de las Islas de Aguer, como otras tantas caperuzas y "cadenitas" de plumas de papagayo, procedentes de Indias. A la llave de hierro, "que diz que era de la puerta de Turtuma", acompañaban cuatro de "palo", como las usadas por los aztecas, al decir del P. Sahagún, o los moros de la alcazaba de Sale, en el siglo XVII[42]. Es posible que como las cinco cañahejas, "que son bordones", simbolizasen las cinco provincias del Cabo. De Guinea procedía pinchel, con cuatro lagartijas y colmillo de elefante. De Berbería, los "libros de ebrayco", que se trajeron del Çafy"[43], puerto del Sus.

Nada sabemos del contenido del tesoro de Niebla. Mal avenidas las partes, el reparto no estaba hecho en agosto del año siguiente, cuando el Católico llegó a Sevilla [44]. Enrique de Guzmán, el nuevo duque, fue llamado al Alcázar. Según Barrantes, Fernando quería deshacer su matrimonio con María Girón, para casarlo con Ana de Aragón, su nieta por vía natural. Ofendido Pedro Girón, hermano de María y marido de Mencía de Guzmán, hermana del Duque, quiso evitar la afrenta del repudio. Colándose en el Alcázar, rescató al cuñado, galopando juntos hasta la raya de Portugal, donde se pierde su huella, cuando menos en el archivo de la casa de Medina. Leve pista de casta de equinos, encamina al muchacho a Venezuela. Reputados los caballos Guzmanes, se dice que descienden de semental, originario de Marruecos, traído por caballero andaluz, en el siglo XVI[45]. El primer caballo nombrado, de los que formaban la cuadra de Juan de Guzmán, a su muerte, se llamó Marruecos. Nada tiene de extraño que exiliado el hijo, de Portugal siguiese al señorío de sus mayores, llevando su montura.

Sea como quiera, los sucesos que siguieron a la partida de los cuñados, apuntan más a huida de un preso, que a defección de un huésped. Admite el propio Barrantes, que Fernando secuestró las fortalezas del duque de Medina. Entregadas mansamente por sus alcaides, resistió Niebla, entrando las reales tropas por asalto. Los soldados acopiaron botín de oro y joyas, en el caserío y de los vecinos, apropiándose el rey de la fortaleza y el tesoro. Enrique de Guzmán reapareció en Morón, para morir a los 18 años, siendo huésped de la familia de su mujer, por curiosa coincidencia en 1513, al año siguiente de comprar Manuel I, la fortaleza de Santa Cruz del cabo de Guee, al caballero Sequeiras, quizá a título de exiliado político, repatriado contra su voluntad. Al no dejar descendencia el último Medina Sidonia, de la saga de los señores de Aguer, heredó la casa el hijo mayor de Leonor de Guzmán. Habiéndose esfumado Caballero y Bastidas, la duquesa viuda dio poder para rastrearlos en Indias, mencionando, entre otras villas, las de San Miguel y San Cristóbal. En tiempo de este duque y de su hermano, fueron muchos los servidores de la casa de Guzmán, que emigraron a Indias. Los más eligieron Venezuela, saliendo en 1528 el matrimonio Quaresma, mencionados en las Elegías de Juan Castellanos, como vecinos antiguos de Coro.


[1] R.A. doc. LX/LXII.

[2] R.A. doc. LXIII/ LXVI/LXII.

[3] R.A. doc. LXI. "Norte de la Contratación de la Indias Occidentales". José de Veitia. Ed. 1671.

[4] En 1582 eran tan escasos, que para formar la armada del Marqués de Santa Cruz, enviada a las Azores, se embargaron urcas mercantes extranjeras. Felipe II no construyó navíos, hasta que en 1589, mandó hacer 12 galeones en Vizcaya. Sería constructor Felipe III, falta endémica de transportes. [5] R.A. doc. LXI.
[6] Antonio de Torres, veedor de la Berbería desde el 20 de junio de 1500, alcaide de Santa Cruz de la Mar Pequeña, a partir del 21 de febrero de 1502 y gobernador de Gran Canaria, zarpó de ésta isla en el otoño de 1502. Llevaba las cuenta de Alonso Fernández de Lugo, del desembarco en Cabo de Aguer, a más del proceso incoado contra el escribano Gonzalo de Burgos. El barco se perdió, entrando en Cádiz, antes del 18 de marzo de 1503, no siendo de excluir que Francisco de Bobadilla, figurase entre los pasajeros. Incómodos para la historia oficial la biografía de Torres, sus periplos y la propia Gran Canaria, los historiadores omiten consultar una documentación, debidamente conserva, cuando menos hasta no hace mucho, inventando armada de 32 velas, imposible a tales alturas, con carga de 2.500 pasajeros, entre los que se incluye a Bartolomé de las Casas, embarcado como aspirante a poblador. Con precisión de falsario, la sacan de Cádiz a 13 de febrero de 1502, haciéndola arribar a La Española, el 5 de abril. De retorno embarcan a Francisco de Bobadilla, con 200.000 pesos de oro, apelando la tormenta, para ahogar a Antonio de Torres y Bobadilla, salvando siete u ocho barcos, que se dice condujo el piloto Francisco Roldán al refugio de Portobelo, en costa que estaba descubriendo Colón ("Historia de las Américas" VV.AA. Coordinador: Luis Navarro V Centenario 1991).
[7] R.A. doc. LXI. [8] R.A. doc. LXII.
[9] R.A. doc. LXIV/ LXV. [10] R.A. doc. LXIII.
[11] R.A. doc. LXIX.

[12] R.A. doc. LXIII/ LXVI/LXII.

[13] Bernáldez cap. CCIX. ADMS. 2431/2432.

[14] Simancas. Depósito de Medina Sidonia. ADMS. 4.6.1492. 11.1.1504. [15] ADMS. 925.
[16] Un Pedro de Añasco aparece citado en la crónica de Vázquez, "El Dorado". [17] ADMS 2432/931.
[18] Bernáldez cap. CLVI. SRGS X.1504.12. Avanzado el siglo XVI, los moros recuperaron Cazaza. El VI duque
de Medina Sidonia volvió a tomarla, renunciando a las tenencias de Melilla, por no cubrir el gasto.
[19] ADMS. 931. [20] Ibídem.
[21] R.A. doc. LXX/ LXXIV. [22] Ibídem.
[23] Ibídem.

[24] R.A. doc. LXXIII/ LXXV. Hubo un río Mesa en Nicaragua y otro en Venezuela. El posible que el Río de Oro, a que se refiere el Católico en este caso, sea el Orinoco.
[25] R.A. doc. LXXIII. [26] ADMS. 2395.
[27] Casado con Mencía de Guzmán. Enrique de Guzmán lo estaba con María Girón, hermana del Conde de Ureña.

[28] A su muerte en 1507, tenía 4 esclavos negros y una negra, 17 canarios, uno llamado Alí Gómez y una canaria. No consta el color de María de Allende y sus hijos (ADMS 931).
[29] Simancas. Depósito Medina Sidonia.

[30] Ibídem.

[31] Simancas. Depósito Medina Sidonia. En coletilla en árabe, firmaron: Xosair, hijo de Texixi, Mansur, hijo de Fetug, Lexase Xamad, el Seflus, Sais Abd el Umen, Simón hijo de Omar, el Zexani Said, hijo de Aysa, Said, hijo de Mohamed, el Neflus, Said, hijo de Hnein, Daid Hamad, prefecto, Xosein hijo de Bergus, Amón hijo de Mohamed el Soltán, Xoseín hijo de Mansur el Soltani.
[32] Simancas. Depósito Medina Sidonia [33] Simancas. Depósito Medina Sidonia [34] Bernáldez cap. CCIX
[35] ADMS. 931. [36] Ibídem.
[37] ADMS. 931. [38] Ibídem.
[39] Ibídem.

[40] ADMS. 931/2432. [41] ADMS. 931.
[42] ADMS. 2410.

[43] Entre lo "morisco", aparece talegón con cuatro talegones de tinturas, para dar color; talegones con "momos" o figurillas chicas y grandes, de oro, plata, cobre y plomo, a más de jaeces de caballo y ropa. De Indias: dos manojos de cascabeles; una cadeneta, un papagayo en hueso; una pelota grande, dos pares de faldillas de algodón; cinchas de algodón; tiradores, que deben ser hondas; calabaza de paja; cama, hamaca y tres nueces. De Guinea: dos atabales; tres azagayas, arcos y flechas; sabanas, bolsoncillos, tocas, piezas de lienzo de palma, blanco y "prieto" (ADMS. 931).
[44] ADMS. 931. [45] ADMS. 4259.


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