¡Y pensar que con un sueño damos fin al pesar del corazón y a
los mil naturales conflictos que constituyen la herencia de la carne! ¡He aquí
un término devotamente apetecible! ¡Morir…, dormir! ¡Dormir!… ¡Tal vez soñar!
¡Sí, ahí está el obstáculo! ¡Porque es forzoso que nos detenga el considerar
qué sueños pueden sobrevenir en aquel sueño de la muerte, cuando nos hayamos librado del torbellino de la vida! ¡He aquí la reflexión
que da existencia tan larga al infortunio! Porque ¿quién aguantaría los
ultrajes y desdenes del mundo, la injuria del opresor, la afrenta del soberbio,
las congojas del amor desairado, las tardanzas de la justicia, las insolencias
del poder y las vejaciones que el paciente mérito recibe del hombre indigno, cuando
uno mismo podría procurar su reposo con un simple estilete? ¿Quién querría
llevar tan duras cargas, gemir y sudar bajo el peso de una vida afanosa, si no
fuera por el temor de un algo, después de la muerte, esa ignorada región cuyos
confines no vuelve a traspasar viajero alguno, temor que confunde nuestra
voluntad y nos impulsa a soportar aquellos males que nos afligen, antes que
lanzarnos a otros que desconocemos?"
Texto: William Shakespeare, "Hamlet" (Fragmento)
Texto: William Shakespeare, "Hamlet" (Fragmento)
Maria Gómez Díaz
Mayo de 2014.
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