Arriba,
en lo más alto de la isla de Benahuare (La Palma ), a 2.426 metros de altura, hoy se alza los
más modernos observatorios de la astrofísica mundial junto a espirales,
meandros, inscripciones en piedra relacionadas con misterios del sol, la luna y
las estrellas enmarcados dentro de los ritos de los antiguos prehispánicos. La
tradición continúa y hoy otros hombres siguen rastreando el cielo. Para los
palmeros el Roque de los Muchachos siempre ha sido un lugar mágico, en el que,
desde hace siglos, diferentes culturas encontraron la ubicación idónea para
comprender los misterios del universo.
En
tiempos precoloniales, en la cumbre del Roque de los Muchachos existía una
construcción de piedras superpuestas, Tagoro en lengua awuara, alrededor de la
cual se reunían los habitantes de la isla para discutir sobre política y
justicia, al tiempo que observaban las estrellas, ya que contaban los días por
la luna, a la que veneraban igual que al sol. El misterio ronda también la llamada
Fuente Nueva, situada justo bajo el observatorio Isaac Newton, a 2.300 metros
de altitud, de la que el agua mana y deja de brotar coincidiendo con el flujo y
reflujo de las mareas, circunstancia que las gentes del lugar atribuyeron a los
designios de sus dioses
Las
voces del pueblo palmero cuentan que en ese lugar el diablo, celoso de la
felicidad del alma y el cuerpo, construyó en una sola noche una pared que
incomunicara el antiguo camino que unía las localidades de Santa Cruz de La Palma y Garafía. Murrallón
pétreo que se alza altanero y provocador y más parece haber sido hecho por mano
de hombre que por fuerza telúrica. Al atardecer, los rayos del sol actúan sobre
el tono verdoso de esta pared volcánica y producen reflejos amarillos en los
rostros de los caminantes que se paran junto a ella, lo que ha contribuido a
que los palmeros sigan atribuyendo al diablo actuaciones malignas en el lugar.
Pero la leyenda que adorna la historia de La Palma no acaba aquí, los viejos de la isla
cuentan que un mancebo del distrito de Tagaragre tenía amores no consentidos
con una doncella del distrito de Aceró, hoy parque nacional de la Caldera de Taburiente, y
que una noche, cuando iban a tener un encuentro de amores, se vieron
sorprendidos por la pared de Roberto, nombre con que en La Palma se conoce al diablo,
que impedía su encuentro.
El
joven apasionado y deseoso de amar, quiso atravesar la pared y, al no
conseguirlo, gritó por dos veces "¡Va el alma por pasar!" y, tras un
instante de silencio, volvió a clamar "¡Va el alma y el cuerpo por
pasar!". En ese momento, de la tierra fluyeron materiales ardiendo y llamas
infernales y el mancebo atravesó la pared en una incandescente bola de fuego,
rodando al abismo. La doncella que provocó la intrépida acción del joven amaneció
muerta y los pastores la enterraron en el Roque de los Muchachos, donde sobre
su tumba, brotaron pensamientos de la cumbre o Viola Palmensis, planta que,
según la tradición y la leyenda, copió el color azul de los ojos de la joven.
La pared a la que se refiere esta leyenda puede verse hoy partida en dos
mitades y, si seguimos creyendo a la voz del pueblo, el hueco que las separa,
por el que discurre un camino, fue creado por el mancebo en su deseo de llegar
hasta su amante.
María Victoria Hernández
María Victoria Hernández
La
leyenda aquí expuesta está extraída de la web del patronato de turismo de La Palma
:http://www.lapalmaturismo.com/
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