jueves, 19 de marzo de 2015

DOCUMENTOS RELATIVOS A LA HISTORIA COLONIAL DE CANARIAS-VIII



Recopilados por Eduardo Pedro García Rodríguez

GUIZE Y AYOZE REYES DE FUERTEVENTURA

 “Está dividida esta isla de Fuerteventura en dos reinos,  uno desde donde está la villa hasta Jandía y la pared de  ella y el rey desta parte se llamó Ayoze y el otro desde la  villa hasta Corralejo, y este se llamó Guize. Y partía  estos dos señoríos una pared de piedra que va de mar a  mar, cuatro leguas”  Abreu p. 60.
Abreu Galindo escribió su texto a principios del siglo XVII y sin  embargo parecía tener claro la exacta delimitación de los dos reinos de la isla. Es decir, el reino de Guize se extendía desde de  la villa de Betancuria hasta Corralejo y el de Ayoze desde  Betancuria hasta Jandía y “la pared de ella”.


No obstante hay un pasaje en Le Canarien que ha dado lugar  a equívocos históricos puesto que hablando de Jandía se dice “y  hay allí una gran pared de piedra que atraviesa el país entero, de  una orilla a otra”. Se ha querido concluir que esa era la pared  divisoria de los dos reinos, pero con ese texto parece evidente que  sólo se puede deducir que Jandía , ya desde principios del siglo XV,  también tenía una gran pared de piedra, que bien podía servir  exclusivamente para controlar los accesos y salida del ganado a  la península. Más si tenemos en cuenta otra pasaje del mismo “Le  Canarien” en el que se dice exactamente “y también tienen hacia el  centro del país un muro de piedra muy grande, que en aquel punto  se extiende por todo lo ancho del país, de un mar a otro”
Por tanto la pared divisoria de ambos reinos, tal como nos  decía Abreu, debía de estar en el centro de la isla, y a pesar de la  fuerte centralización administrativa en Betancuria después de la  conquista, en la realidad, la división política-territorial de los  aborígenes de la isla se mantuvo durante gran parte del Antiguo
Régimen, puesto que en las Actas del Cabildo hasta bien entrado el  siglo XVII, se recogen numerosas referencias, al bando de Guize o  al bando de Ayoze. Veamos algún ejemplo:  “25 agosto de 1617. Villa de Betancuria
“Acordaron que Lucas Melián, con un escribano,  vaya a la banda de Ayose y se informe de las personas  que tiene perros de ganado y los mande ahorcar, por el  daño que resulta a los vecinos y criadores. Y lo mismo  acuda a la banda de Guise el Regidor Martín Fabricio y  haga la misma diligencia” (49)
Menos el nombramiento del Alcalde Mayor, que era la  máxima autoridad de la isla tras el señor feudal, todos los demás  cargos nombrados por el Cabildo (veedores, regidores, personeros  etc.) se hacían para el territorio de cada uno de los antiguos reinos  indígenas. Incluso en las en Actas del Cabildo se nos aporta su  exacta división territorial, puesto que en el 20 de febrero de 1612  se dice “que se divide Ayose de Guise por el Barranco de la Torre  a la Peña Horadada” , límite territorial que coincide con lo aportado  por Abreu Galindo cuando señala que la divisoria de ambas reinos  se establecía a partir de la villa, capital de Betancuria. En la  actualidad la Peña Horadada se corresponde con la playa del  Jurado al norte de Ajuí.
Otra curiosidad al respecto de la división territorial se  entresaca de los protocolos notariales cuando nos presentan a  principios del siglo XVI el contrato de guarda de los garañones o de  asnos para procrear de los cabreros que se renovaban el día de  San Juan. Cobraban según el bando en que estuviesen,  decretándose que en el bando de Guise el pastor cobraba una  cabra por cada cuatro garañones que cuidara mientras que si era  en el bando de Ayoze, se quedaba con una cabra por cada cinco.
Delimitada la extensión de ambos reinos de los majos de la  isla, los textos históricos nos documentan la situación continua de  enfrentamiento entre ellos. Así en “Le Canarien” se dice “hay en  aquella isla de Erbania dos reyes, que pelearon largo tiempo entre  ambos, en cuya guerra hubo por varias veces muchos muertos,  tanto que están muy debilitados”.
Parece, por los datos históricos que manejamos que existía  casi una situación de guerra civil permanente. Pero también  sospechamos que debió de ser coyuntural , de momentos muy  cercanos a la llegada de los franceses puesto que el hecho de que  Tibiabin y Tamonante ,que eran madre e hija, tuvieran influencia  sobre ambos reyes hace pensar en un tronco familiar común a  todos ellos, y por tanto una sola entidad política en toda la isla.
En cualquier caso el registro histórico también nos documenta  encuentros pacíficos entre ambos reyes como se desprende de los  datos aportado por Betencourt Alfonso en el siglo XIX quien pudo  recoger las siguientes anécdotas:
“AYOZE
Soberano del reino de Jandía en la época de la invasión de Juan de  Bethencourt, año de 1402.
Son legendarios sus hechos de armas contra el famoso rey de  Maxorata y el valor que mostró al ser invadido por los europeos.
Cuéntase que era muy ágil y de “grandes pulsos” recordándose  algunas anécdotas propias de aquellos tiempos heroicos, en que se tenía a gala preparar las ocasiones unos a otros para ponerse a prueba en valor y potencia muscular.
Refieren que teniendo anunciada el rey Guize una visita de  Ayoze, al llegar éste no bien penetraron en el auchón real y se  sentaron entre los magnates, Guize le presentó un zurrón con gofio  y un queso de año de cuatro libras duro como risco, que a su  presencia partió con las manos sin aparente esfuerzo en dos  pedazos, diciéndole con la mayor naturalidad: -Sé que traes hambre  y mientras nos cuentas tu viaje prepárate un sobao-.
Ayoze cogió como al descuido los dos trozos de queso, testigos  elocuentes de las enormes fuerzas del que los partió con las  manos, los metió en el zurrón, llenó éste de aire y cuando lo  atravesó sobre el muslo para sobarlo, con calculada indiferencia  hizo a Guize una pregunta que lo obligó a hablar como un minuto.
Al terminar el de Maxorata observó a Ayoze:  -Antes de empezar mi relato razón es que comamos; y así diciendo  alargó el zurrón a Guize con el sobao hecho “más blando que   manteca”-
Nadie replicó; allí no había pasado nada: pero todos miraban con  asombro a aquellos dos Hércules. Tal era el temple de los reyes.
Guize
Último soberano de Maxorata, fue famoso guerrero y digno émulo  del rey de Jandía. También refiere la tradición la visita que le  devolvió a Ayoze. Advertido éste, recibiolo presentándole a pulso  con una sola mano el brazo tendido, un tabajoste de dos asas con
20 cuartillos de leche, diciéndole: “-Bebe, que traerás sed del  camino, y no la derrames porque no tengo más-”  Cogió Guize el tabajoste tal cual se lo presentaron, pero no bien  empezó a beber se le echó encima un perro furioso amaestrado.
No interrumpió su faena, sino que siguió bebiendo, pues mientras  sostuvo el tabajoste con la mano derecha, sujetó al perro por el  cuello con la izquierda. Cuando concluyó, a la par que entregaba  con aire distraído la vasija de ordeño caía muerto el perro a sus  pies; reanudándose la conversación como si nada hubiese  acontecido”.
Terminada la conquista por los franceses en 1405, se fundó  la capital de la isla en Betancuria cuyo nombre derivó del  conquistador francés. Y una de las primeras tareas de Jean de  Betencourt fue la fundación de una capilla religiosa donde se colocó  una imagen de una Virgen que probablemente es la que con el  discurrir de los siglos es especialmente venerada en la isla como la  imagen de Nuestra Señora de la Peña.
“Al día siguiente dicho señor marchó a Valtarajes, y allí,  festejando su bienvenida, fue bautizado un niño canario  que él apadrinó y le impuso el nombre de Jean. Hizo  entrega a la capilla de vestiduras, una imagen de
Nuestra Señora, ornamentos de iglesia, un misal muy  bello y dos campanas pequeñas, ambas del máximo  peso, y dispuso que la capilla se llamase Nuestra  Señora de Béthencourt”.
También en Betancuria se procedió a efectuar repartimientos  de tierras y a ambos reyes se les dio situación territorial muy  ventajosa como se cita en “Le Canarien”
“Acudieron a presencia del señor Béthencourt los dos  reyes de la isla de Fuerteventura que habían sido  bautizados, e igualmente les concedió sitio y terreno  como pedían, otorgando a cada uno cuatrocientos  acres de arbolado y tierras y quedaron muy contentos  de su decisión. Dicho señor instaló a los  gentileshombres de su tierra en las fortalezas, de  manera que todos quedaron complacidos...”
La reorganización del territorio se hizo contando con los  naturales que participaban activamente en las tareas agrícolas y en  la construcción de edificios y de iglesias. Así vanagloriando al  conquistador Maciot de Béthencourt en el Le Canarien se cita:
“...se hace querer por poderosos y humildes, y  sobre todo por los naturales de las islas. Los del país  (Roberto Hernández Bautista )


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