miércoles, 18 de marzo de 2015

La molienda de la vida


Los distintos utensilios, mecanismos y tecnologías destinadas a la molienda (generalmente de de cereales, aunque también de legumbres u otras semillas) y su conversión en diferentes tipos de harinas han constituido durante milenios un aspecto esencial para garantizar la supervivencia de las sociedades humanas; tan antiguos como el descubrimiento por el ser humano de antes del neolítico de la riqueza nutricional de determinados granos.

Son varias las razones por las que es necesario moler los granos. La primera de ellas es de tipo nutricional, dado que mediante la molienda los elementos nutricionales se hacen más fácilmente digeribles. Por otro lado, la conservación, puesto que la harina es más sencilla de conservar que el grano sin procesar. Y finalmente, con las harinas se amplía mucho el espectro de preparaciones culinarias que es posible realizar.
En Gran Canaria los útiles relacionados con la molienda del grano se remontan a la primera ocupación de las islas. No en vano la producción cerealística de trigo y cebada era la base económica y nutricional de las poblaciones prehispánicas. En aquellos tiempos se empleaban básicamente dos útiles para la producción de harinas o gofio: el molino naviforme y el molino de mano.
El primero, el más sencillo, no es más que una piedra alongada y cóncava en la que se depositaban pequeñas porciones del grano que se molían a mano frotándolo repetidamente con otra piedra que encajaba en la concavidad.
El segundo consiste en dos muelas, una inferior fijar y otra superior que se hacía rotar en torno a un simple eje mediante un palo. El grano se iba introduciendo poco a poco por el orificio del eje y la rotación lo hacía pasar entre ambas muelas hasta salir por los bordes ya convertido en harina.
El molino de mano pervivió en los entorno domésticos hasta hace poco tiempo para el procesado doméstico y cotidiano de pequeñas cantidades de grano.
Tras la conquista y colonización europea de las islas se introdujeron otras tecnologías más adecuadas para la transformación de grandes volúmenes, molinos impulsados mediante distintos tipos de fuerza, como la animal (los llamados “molinos de sangre”), la hidráulica, la eólica y, más recientemente, motores de combustión y finalmente electricidad.
Quizá de todo ellos merezcan un tratamiento especial en Gran Canaria los molinos hidráulicos.
A falta de caudales naturales constantes con la fuerza suficiente como para hacer rotar las pesadas muelas, el agua era canalizada mediante las acequias y acueductos hacia el “cubo”, una inmensa columna hueca que al llenarse y por simple gravedad hacia aumentar enormemente la presión del agua, que era liberada mediante una orificio en su base (el “bocín”), lo que a su vez proporcionaba la fuerza necesaria para activar un complejo mecanismo de rotación continua de la muela superior.
No podemos obviar tampoco la importancia que en la sociedad tradicional tenían los molinos no sólo para proporcionar la base de la alimentación, sino como puntos de encuentro e intercambio social mientras cada uno esperaba a que se moliese la porción de grano que había llevado a procesar.

En definitiva, el devenir humano siempre ha estado (y en algunas sociedades, aún lo está) íntimamente ligado a las tecnologías de procesado del grano, base durante milenios de la alimentación y, por lo tanto, de la supervivencia. (estodotuyo)

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