lunes, 13 de agosto de 2012

CAPITULO XIV



CAPITULO XIV



Tamaránt (Gran Canaria):


La vivienda ha sido una de las primeras ocupaciones de los seres humanos que, desde nuestros orígenes, hemos mostrado una clara tendencia a vivir en grupos con el fin de aumentar nuestra seguridad, organizar la explotación del medio y satisfacer nuestras necesidades sociales.
El uso de cuevas naturales o artificiales así como casas está pues en relación directa con factores medioambientales como el relieve, el clima, los materiales disponibles, la red de comunicaciones, y también culturales, como el número de componentes de un grupo y sus actividades. Es en la vivienda donde, tal vez, mejor podamos apreciar la utilización de los recursos del medio y  la diversidad tecnológica que consistía en el empleo de la piedra y la madera, las pieles, los huesos de animales, las fibras, el fuego, etc.

Desde el punto de vista utilitario encontramos las siguientes aplicaciones: como habitación o morada permanente o transitoria de ciertos grupos humanos; como lugares funerarios donde el hombre ha enterrado a sus muertos, y como santuarios o locales de culto ligados a las manifestaciones espirituales de la humanidad. Bajo estos tres aspectos las cuevas han jugado un importante papel en la vida humana desde los primeros tiempos del hombre hasta nuestros días.

Como hemos expuesto en otra parte de este trabajo, desde el punto de vista morfológico hay que distinguir entre: cuevas naturales, formadas exclusivamente por fenómenos geológicos, y cuevas artificiales, cuando estas cavidades del subsuelo las ha excavado la mano del hombre, aprovechando, por lo general, rocas poco consistentes. Existe un tipo intermedio, las seudo-artificiales, es decir, aquellas cueva qué originariamente fueron naturales y en las que más tarde intervino el hombre para adaptarlas mejor a sus fines.

Estos tipos de cueva habitación se extienden por todos los países del mundo.
En todas las islas del Archipiélago Canario los grupos sociales estaban constituidos por una extensa familia que vivía dispersa en pequeños poblados formados por cuevas naturales, artificiales y construcciones de superficie. La cueva natural originada por la erosión fue la vivienda habitual, también aprovecharon los tubos volcánicos. Colocaban un muro de piedras seca en las entradas de las cuevas,  hacían subdivisiones en el interior de las mismas. Las cuevas trabajadas son mucho más numerosas que en ninguna otra isla.  No es raro encontrar también una especie de grandes alcobas, donde se debían situar, seguramente, las camas.

Las cuevas artificiales cronológicamente son más modernas, no sólo en su formación, sino en su ocupación. Su valor arqueológico e histórico es paralelo al de las cuevas naturales y nos demuestran la pervivencia de la tradición humana por ocupar las cavidades del subsuelo. Se puede hablar, incluso, de una arquitectura rupestre empleada en la construcción de viviendas, enterramientos y templos, por ello, las cuevas son muy buenas para conservar restos, no así el campo abierto, donde la erosión destruye cualquier vestigio de ocupación, pero afortunadamente en Tamaránt (Gran Canaria) se han conservado poblados humanos precoloniales de diversas fechas y cuenta con un importante legado arqueológico que nos permite adentrarnos en los distintos escenarios donde se desarrollaba la vida de las antiguas poblaciones precoloniales de la isla. A través de estos vestigios podemos saber más de nuestros ancestros que desde siempre han suscitado el interés de los investigadores, y sobre los que aún queda mucho por desvelar.

Entre los lugares singulares y de especial significación  arqueológica que merecen un estudio más profundo que los realizados hasta el presente, así como un mayor cuidado por parte de los estamentos dominantes, podemos citar los siguientes poblados de cuevas-habtación:
Punta Mujeres (San Bartolomé de Tirajana): Se trata de una gran estructura habitacional y uno de los numerosos asentamientos costeros del litoral de la Isla.

Poblado de Tunte (San Bartolmé de Tirajana): El mayor conjunto de cuevas de toda Canarias, es un poblado grande, toda una aldea abierta en el interior de la piedra, que incluye viviendas, graneros, depósitos funerarios y pinturas rupestres.


Las Fortalezas (San Bartolomé de Tirajana): Un buen ejemplo de poblado fortificado formado por cuevas naturales y labradas artificialmente en la roca. Algunas de ellas tienen restos de pintura, otras de utilidad funeraria, así como silos.

La Audiencia (Temisas): Poblado de cuevas labradas artificialmente, empleadas para distintas funciones: dormitorio, cocina, silos, granero...
Risco del Canario (Agüimes): Situado en el Barranco de Guayadeque, este conjunto de una treintena de cuevas artificiales, que por su difícil acceso era fácil de defender en caso de ataques.
El Draguillo (Telde-Ingenio): Un yacimiento donde se pueden contemplar grabados, silos, cuevas funerarias y cuevas viviendas.
Almogaren de Amurga: Uno de los ejemplos más complejos y espectaculares de los yacimientos que ha sido lugar de culto de la antigua religión guanche.

Cuatro Puertas (Telde): Cueva de amplias dimensiones, excavada a mano en la toba volcánica. Su rasgo más característico son las cuatro puertas que dan paso a una plataforma horizontal. Su uso se ha vinculado a las prácticas mágico-religiosas de los canarios.

Poblado de Tufia (Telde): Conjunto formado por un grupo de cuevas y diversas casas de piedra, concentradas en núcleos separados y túmulos funerarios. A muchas de sus construcciones no se les ha atribuido una funcionalidad específica.

Poblado de Tara (Telde): Aquí se encuentran las cuevas artificiales más importantes de Gran Canaria y en él se han encontrado numerosos útiles que sirvieron a los canarios para sus quehaceres cotidianos.
La Restinga, Llano de la Brujas (Telde): El poblado está formado por construcciones con una función doméstica, otras como túmulos funerarios, y algunas que pudieron ser utilizada como graneros. En el Llano, las construcciones se superponen, lo que pone de manifiesto su uso prolongado en el tiempo.

Bandama (Santa Brígida): Uno de los yacimientos más singulares de la Isla; las llamadas Cuevas de los Canarios, un grupo de habitaciones y graneros colectivo ubicados en la ladera interior de una Caldera. Su rasgo más significativo es la existencia de grabados rupestres.

Cueva de Los Frailes (Santa Brígida): Uno de los lugares que muestran el pasado precolonial es la Cueva de Los Frailes, que se encuentra junto al puente de la Calzada, excavada en el volcán de la Caldereta. Debe su nombre a dos frailes, Juan de Lebrija y Diego de las Cañas, los cuales pidieron permiso a Pedro de Vera para que les dejase interceder con los canarios, con escasos resultados y un final bastante dramático. Formado por 37 cuevas naturales, este yacimiento fue redescubierto en 1933.
Valle de La Angostura (Santa Brígida): La Angostura y Las Meleguinas ofrecen numerosas huellas de los antiguos canarios de interés. Se trata de grupos de cuevas excavadas en roca, silos y veredas; su importancia ha motivado declarar la comarca como Bien de Interés Cultural (zona arqueológica).
Los Silos (Santa Brígida): Antiguo pago de Santa Brígida situado en la carretera a Pino Santo. En éste se encontraba una decena de silos en los que los  canarios guardaban el grano.

Los Corrales  (Santa Brígida): Cueva del Gato, Satautejo, La Guirra y Lugarejos.

Cuevas de los Canarios (Las Palmas de Gran Canaria): Este conjunto arqueológico está formado por dos grandes cuevas artificiales de habitación y otras más pequeñas, con silos, excavadas en dos niveles, bajo una gran arcada natural que las protege.
La Cerera (Arucas): Se trata de un hábitat en cuevas, así como estructuras edificadas, situada en una de las zonas más fértiles y próximas al mar de la Isla.
Cenobio de Valerón (Santa María de Guía): El yacimiento más espectacular de toda Canarias; un enorme granero colectivo, ejemplo evidente de la significación de la actividad agrícola de los canarios, y del poder de las clases dirigentes.

La Cueva Pintada (Gáldar): Uno de los yacimientos más importantes de Canarias, no sólo por sus dimensiones, sino por albergar uno de los ejemplos del arte canario: la Cueva Pintada, que da nombre a todo el conjunto doméstico. Son motivos geométricos representados a partir de pinturas en rojo, negro y blanco. La utilidad que pudo tener este espacio se presta a múltiples interpretaciones: cueva funeraria, lugar sagrado, vivienda...pero no hay datos suficientes como para llegar a conclusiones definitivas.

Bocabarranco / El Agujero / La Guancha (Gáldar): En esta zona se conservan los restos de uno de los más importantes poblados en superficie de los primitivos habitantes de Gran Canaria. Al margen de las numerosas casas, destaca la presencia de los túmulos funerarios más relevantes de la Isla.

Necrópolis de Maipés (Agaete): Un amplio espacio funerario, que ocupa más de un kilómetro cuadrado de superficie, conformado por un número muy elevado de sepulcros en escoria, próximo al medio millar.
Poblado de Acusa (Artenara): Conjunto de antiguos poblados situados en una de las zonas de las Isla con tierras más aptas para el cultivo. Estancias habitacionales pintadas, cuevas funerarias e importantes graneros son comunes en la mayoría de ellos.

Cuevas de Caballero (Artenara): Conjunto de cuevas de habitación; en tres de ellas encontramos representaciones rupestres triangulares, y otras formas. Se asocia este lugar como un espacio de elevada significación mágico-religiosa para los canarios.


Cueva de los Candiles (Artenara): Cueva artificial, que ocupa un lugar de honor en la arqueología de Canarias, cuyo interior se distribuye en seis pequeñas hornacinas excavadas cubiertas por decenas de triángulos invertidos, grabados o en bajorrelieve, que se supone relacionadas con la fertilidad.
Bentayga / Cuevas del Rey (Tejeda): Compuesto por tres núcleos, construidos en singulares formaciones arqueológicas que se disponen en línea. En ellos se puede encontrar importantes ejemplos de cuevas-viviendas, funerarias, graneros, espacios para prácticas religiosas y un importante almogarén.
Poblado de Caserones (San Nicolás de Tolentino): Son los restos de lo que fue uno de los mayores poblados de toda Gran Canaria, con una enorme densidad de casas, así como túmulos funerarios.
Castillete de Tabaibales (Mogán): Al margen de las estancias habitacionales, resalta la presencia de torretas, murallas, así como la ordenación de las edificaciones, que lo hacen diferentes a otros yacimientos.

Majada Alta (Mogán): Cueva de pequeñas dimensiones en la que se encuentran pictogramas antropomorfos, pintados con almagre. Constituye un yacimiento único por las técnicas empleadas, así como por los motivos figurativos en de las edificaciones, que lo hacen diferentes a otros yacimientos.
El Morro del Verdugo (Guía): Está situado entre el Barranco de San Felipe y el Barranco de Moya. Sobre este morro,  se han hallado: una vivienda de los antiguos canarios  (la vivienda es seguro que perteneció al jefe del poblado), un Tagoro, cuevas viviendas y cuevas funerarias.

Técnicas de construcción de las cuevas horadadas
Su técnica consiste después del acondicionado del terreno y los accesos necesarios, se excava de arriba a abajo penetrando un metro o metro y medio, espesor que se da a los muros de carga, después se irán haciendo otros arcos según se vaya penetrando hasta conseguir la altura deseada. También se nivela el terreno frente a la fachada, formando una especie de plazuela que da amplitud a la entrada y sirve de desahogo a sus moradores.

Se pueden construir de una habitación o de varias siempre teniendo entrada por la puerta principal. Las hay con ventanas y sin ellas. Por lo general presentan un techo de bóveda de medio cañón de una altura de 2'5 a 4 mts y de 15 a 2 mts de arranque. En las paredes se hacen nichos que servirán para poner objetos domésticos a modo de alacenas.

La primera habitación es la entrada y sirve de acceso a las demás. La forma de esta primera habitación puede variar, así como sus dimensiones: las hay cuadradas, rectangulares, trapezoidales, ovaladas, etc. La separación entre las  habitaciones se hace por medio de cortinas de hojas de palma o de pieles curtidas, careciendo de puertas de madera en el interior y teniendo generalmente una en el exterior que es la de entrada que le sirve de seguridad.

La mayoría de estas cuevas quedan separadas por muros medianeros, a veces dos cuevas pueden quedar unidas, si tienen un único dueño, mediante un pasillo que comunica, a través del muro medianero, dos habitaciones. Otras, más raramente, cumpliéndose el requisito anterior de un solo propietario y en el caso de que una cueva esté encima de otra, pueden quedar unidas externamente por una escalera aunque el acceso a una y otra sea independiente.

Las fachadas de las cuevas,  son el resultado casi siempre de la disposición de las habitaciones. Las que han adoptado una disposición en ala, mixta o anárquica son las que abren ventanas al exterior. Aunque hay que señalar que hemos encontrado en algunas disposiciones en hilera ventanas al exterior, cuando la longitud de la fachada se lo permitía.

Estas técnicas constructivas fueron exportadas a la isla de la Madeira por nuestros ancestros guanches esclavizados por los aventureros esclavistas portugueses.
Toda persona cuando cambia de habitat lleva consigo ciertos recursos,  de tipo social, cultural e incluso político; que les pueden facilitar o limitar el acceso a sobrevivir en el nuevo contexto.

Así, se va presentando un proceso de reformulación de la identidad, como resultado de un cambio de lugar, de nuevas relaciones y por la búsqueda de medios de vida. Esto, provoca una cierta ruptura - muchas veces violenta y hasta traumática - de sus costumbres, hábitos que los pueden llevar a una adaptación paulatina al nuevo medio y adaptada a las nuevas necesidades. Lo que entra en juego es la capacidad del sujeto de pertenecer a, de identificarse con, de "sentirse bien" en su nuevo lugar.

“En su nuevo lugar, sufre transformaciones emocionales, espirituales, incluso físicas. Su viaje aunque forzado es un viaje iniciatico, una travesía del alma. Los sociólogos suelen llamar a este proceso “crisis de identidad”. Ya no se pertenece en forma inequívoca a una tierra y a una lengua. Se es un extraño, un "ex" para siempre. Un forastero. Pero, el análisis de la alquimia del alma requiere de un instrumental más cercano a la teología o al arte, que a las ciencias sociales, pues la mudanza ocurre en la piel y en la psiquis. En el regreso, si es que se retorna, es un inadaptado, casi un desconocido, por las mudanzas en uno y otro lado de las fronteras” (Centro cultural La Pájara Pinta; 1996:7)

En esta situación emocional debieron vivir nuestros ancestros exportados como esclavos a la isla de Madeira, isla que como sabemos estaba desierta en el momento de ser ocupada por los portugueses. La puesta en explotación de los recursos naturales precisó de mano de obra esclava debido entre otros factores a la baja densidad poblacional de Portugal, por ello, los portugueses se dedicaron a extraer mano de obra esclava de nuestro continente y de nuestras islas especialmente de las que aún no habían sido sometidas por Castilla.


Tal como exponen los investigadores Ernesto Martí­n y Javier Velasco: “Numerosos autores como G.E. de Zurara, Diogo Gomes o Gaspar Frutuoso describen actividades esclavistas en Canarias, bien perpetradas directamente, bien, como es más frecuente, realizadas a la vuelta de expediciones a la costa del continente africano. Las primeras referencias a esclavos canarios en la isla de Madeira datan de mediados del siglo XV, llevándose a cabo las presas en cuatro islas del Archipiélago: La Palma, Tenerife, Gran Canaria y La Gomera, especialmente en las tres primeras  que aún no habí­an sido conquistadas. De estas se recogen las realizadas en 1425, 1427 y 1434 que parten de Madeira y la de 1445 llevada a cabo por el madeirense Alvaro de Ornelas que de vuelta de una expedición por tierras africanas se desví­a a La Palma donde cautiva a un grupo de indí­genas que conduce a Madeira. Entre estas fechas las ventas de los esclavos obtenidos e en estas expediciones se llevan a cabo en Madeira o en Lagos.
Tradicionalmente la presencia de canarios en Madeira se relacionaba con el texto de Cadamosto (1455) en el que refiere las habilidades de un canario en Madeira. Y os hago saber que yo vi un canario cristiano, en la isla de la Madera, que se comprometí­a en apuesta a dar a tres hombres doce naranjas a cada uno, y a  tomara  para sí­ otras doce: y se compromtía a hacer blanco en cada uno de ellos con sus doce naranjas de modo que ninguna fallase, y que nunca ninguno de ellos le tocaría con ninguna de las suyas...

Y continúan los mismos autores: “Los esclavos canarios en Madeira, según recoge L. Siemens y L. Barreto, se dedicaron a dos actividades principales: el pastoreo, práctica económica en la que también se mantienen en sus áreas de origen tras la conquista castellana, y en los trabajos de la industria azucarera. No obstante su presencia en la isla va a ser una fuente permanente de problemas como señala la carta del Duque regente (Tomar, 12 de noviembre de 1483).

En cuanto a lo que dicen que hay muchos esclavos canarios que sus dueños ocupan como pastores de ganados en la sierra y ellos se amotinan y merodean por la sierra y destruyen los ganados ajenos, por lo cual la cría de los ganados de esa isla se va perdiendo...

Según Siemens-Barreto los problemas no se circunscribían a este grupo étnico sino que se trasladaron también a otros pues inducí­an a los negros a robar y encubrían unos los hurtos de los otros. Esta problemática da lugar en 1490 a la expulsión de los canarios con algunas excepciones de carácter económico

En dicha isla no habrá canarios de la Gran canaria ni de la isla de la Palma ni de Tenerife ni de la Gomera, ni horros ni cautivos, entendiéndose los hombres y muchachos a partir de los diez años de edad. Las esclavas puede tenerlas quien quiera (...) Entre estos canarios no estarán comprendido aquel que al presente fuere maestro de azucar y esta empleado en dicho oficio y examinado de lo que sabe hacer.” (Ernesto Martí­n Rodrí­guez y Javier Velasco Vázquez, 1999.

Sin embargo, la excepción aplicada a los maestros de azucar no debió ser muy efectiva pues esta debidamente documentado que muchos de estos guanches esclavos regresaron a las islas ya cristianizados y portando nombres y apellidos portugueses por lo que fueron considerados como tales, siendo ellos los maestros de hacer azucar que sirvieron en los ingenios de las islas.


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