domingo, 17 de agosto de 2014

JUAN GARCIA SUAREZ "EL CORREDERA"



1959 octubre 19.
Es ejecutado en la cárcel de Barranco Seco (Gran Canaria)  por el delito de rebelión militar:

Juan García Suárez  "El Corredera" Primera huida 

Capitulo - I

 Esta triste historia sucedió en la isla de Gran Canaria, más concretamente en la localidad de Telde en el año de 1936.
 
Juan García Suárez, alias "El Corredera",  nació en Telde a principios del siglo XX, en el seno de una familia muy humilde. Empleado como jornalero desde su juventud se vinculó a movimientos republicanos de izquierdas, como la Sociedad de Trabajadores de Telde, y era conocido y querido por su lucha a favor de la clase obrera.  
 
Juan era un simple hombre de pueblo sin más riqueza que la de su mujer y la de su hija pequeña. Vivía, en una misma casa, con su mujer, su hija, su madre y sus hermanas y con el sudor de su frente los sacaba a todos adelante.  Hasta aquí parece el inicio de un bello cuento pero este bello cuento dejó de serlo cuando tuvo la mala fortuna de estar en un lugar y una fecha que no le fue nada favorable. ¿La fecha? el 18 de Julio ¿momento? el Alzamiento militar de unos militares rebeldes contra la constitución y un gobierno democráticamente constituido en  España.

Tras el Alzamiento fascista de 1936 la Guerra Civil se extendió por todo el territorio español y Canarias como colonia española no podía ser menos.  Tras el golpe militar "El Corredera" se manifiesta contra el bando rebelde.

Los dos bandos en pugna comenzaron a movilizar a todos para el ejército les gustase o no la guerra, fuesen o no de un bando o de otro. Había que "servir a la Patria" pero, desgraciadamente, en España había dos Patrias en lucha. Así miles de canarios tuvieron que marchar a la España Peninsular para intervenir en una guerra que les venía muy lejos, tenían que desplazarse a miles de kms, a tierras extrañas,  para morir o volver mutilados a sus casas.

 La tensión se respiraba en las calles de Telde  el 19 de julio de 1936, segundo día del Levantamiento militar, la plaza de la iglesia de San Gregorio era motivo de una manfestación en contra del Golpe de Estado. La indignación de la población era enorme pues comenzaba una absurda guerra en España donde medio país se enfrentaba al otro medio, una guerra que dividía a hermanos y a españoles. Por ese motivo, ese día, en la la plaza de San Gregorio, había transcurrido a base de manifestaciones a favor de la libertad de gritos y persecuciones.
 
Ese día tuvieron lugar, en las calles de Telde, enfrentamientos muy duros entre el populacho y las fuerzas del órden adeptas al régimen fascista.  La guerra estaba teniendo lugar en la España Penisular, a 3700 kms de distancia, pero aquí los ánimos estaban muy caldeados. Telde era el escenario ideal para una masacre, pero ningún arma se disparo salvo una.  Vicente Trujillo Santana un vecino de la localidad, que se encontraba subido en la azotea de su casa, cayó fulminado por una bala perdida y esa bala fue la que atrajo la chispa que prendió la hoguera.  Entre los manifestantes, pro-libertad, se encontraba "El Corredera" y pronto se empezaron a crear historias y bulos en contra suyo.

Juan García Suárez "El Corredera" - II - Segunda huida

.Había que buscar a "un chivo expiatorio" y por ello se empezaron a barajar los nombres de los posibles autores de aquel disparo y entre ellos aparecía siempre el nombre de Juan por su historial sindicalista y porque había participado en todo tipo de huelgas y manifestaciones a favor de los obreros así como el  de su mejor amigo Pancho Casimiro Brito, conocido como "Casimiro". La muerte de aquel hombre levantó una gran polémica en la sociedad de la época y se practicaron muchas detenciones. De algunos detenidos no se supo más. Los que consiguieron escapar, asustados, se escondieron en llas montañas y otros decidieron partir hacia el Nuevo Continente, America.  
Vicente Trujillo, alias "El carnicero", llamado así por regentar una carnicería en Telde, comandaba una cuadrilla de falangistas que durante meses atemorizaba a la población y era quien tenía que poner "orden" a todos estos desórdenes pues él era quien "daba la cara" ante su partido a nivel nacional. "El Corredera", para evitar ser encarcelado huye y de esta forma su destino ya quedaría marcado.

Pasa el tiempo y Juan García fue llamado a filas por el bando rebelde (como tantos jóvenes de su época) pero rechazó su incorporación, y fue declarado prófugo. Ello le obligó a volver a huir. No le interesaba luchar por un bando opuesto a sus ideales de libertad.
  
Pero cuentan que un conocido (quizá motivado en rencillas familiares) relacionó su vinculación izquierdista frente a los alzados y puso en su boca frases como que él era contrario al régimen de Franco y todo se complicó aún más. Ahora ya no era un simple "profugo" que no quería "servir a su Patria" ahora el "delito" era aún mucho más grave pues comenzó a ser considerado "antifranquista", "rojo" y había que darle "un escarmiento público".  Comenzó, así, una gran persecución contra Juan García Suárez, "El Corredera".

Para poder huir, sin ser capturado, se disfrazó de mujer y se trasladó a la casa de su buen amigo Manuel Moreno Galindo quien le escondió en una cueva de su propiedad. Recordemos que la gran mayoría de canarios heredaron cuevas de sus antepasados los guanches (en este caso los aborigenes  de Gran Canaria se les denominaba

Juan García Suárez "El Corredera" - III - Tercera huida

Como sabía que la Guardia Civil registraría toda la zona le propuso irse del pueblo, en su furgoneta,  y trasladarse al barrio de Guanarteme de Las Palmas (la capital de Gran Canaria). Juan García aceptó.  Así que, una noche escondió a Juan en uno de los bidones vacios y lo sacó de Telde. El viaje se efectuó sin contratiempos; sólamente fue detenido en la "Plazoleta de los Reyes" por la Guardia Civil, sin ser detectada la presencia de Juan. Una vez en Guanarteme, se pidió asilo para Juan hasta que pasaran los peligros que lo acechaban. Nadie sabía quién era y muchos empezaron a llamarle entonces


 Acabada la guerra civil, pidió trabajo en la Fábrica de Pescados y Salazones de la firma 'Lloret y Llinares' en la zona portuaria de  Las Palmas, dónde permaneció desde el año 1939 hasta 1947, figurando en la nómina con su nombre y apellidos.  Allí estuvo, sin ser descubierto, más de diez años.

La huida de Juan enfureció a Vicente Trujillo Santana "El Carnicero", uno de los jefecillos de la falange en Telde, pues a Madrid llegaban las noticias de que un "rojo antifranquista y desertor" llevaba años fugado y eso desacreditaba desacreditaba al comité falangista de Telde así que cada noche se acercaba a la casa del "Corredera" donde vivían su mujer y su hija junto a su madre y  hermanas para amenazarlas y practicarles torturas de todo tipo, especialmente las sicológicas así como vejaciones y humillaciones. 

Este hombre, un elemento del Régimen, creía que Encarnación, la madre de Juan, sabía dónde se escondía su hijo, pero ni ella misma lo sabía y le pegaba para obligarla a "cantar" sobre el paradero del "Corredera".
Se cuenta que, desde la calle, escuchaban los sollozos y los gritos de la familia cuando el Jefe de Escuadra,a modo de despedida, les daba culetazos en los pies. Las vecinas, conmovidas por el sufrimiento de la familia, se acercaban a la casa, una vez que la cuadrilla se había alejado, para llevarles algo de comer pues eran muy pobres y no había trabajo por culpa de la guerra. Además, la madre de Juan García apenas probaba bocado porque prefería darselo a sus hijos y nietos.


Juan García Suárez "El Corredera" - IV - Cuarta huida

Juan, ajeno a todo lo que ocurría en su pueblo natal, sentía nostalgia porque echaba de menos a su familia y a su Telde. Cuando supo que la guerra había terminado, se consideró liberado de todo lo que le habían inculpado cuando salió de Telde.
Cada vez que veía a algun amigo teldense le paraba para que le diera noticias sobre su familia y el pueblo, y todos le aconsejaban que no volviera, que se quedara en Guanarteme ya que, por lo menos ahí tenía un sueldo y un trabajo. Cuando aún trabajaba en 'Lloret y Llinares', se promulgó un indulto en virtud de un decreto en el que eran perdonadas todas aquellas personas que no tuvieran sus manos manchadas de sangre. Pero Juan no se presentó por desconfianza.

 Juan seguía trabajando en la fábrica cuando un día apareció por allí un hombre vestido de oscuro preguntando por el desaparecido ’’Corredera’’. Nadie lo conocía por el apodo familiar. En la portería le dijeron a aquel señor misterioso que en la empresa no figuraba nadie con ese nombre. Esa visita se repitió y Juan se puso nervioso. No tenía la menor duda de que aún trataban de detenerle así que decidió tomar precauciones y la ocasión se le presentó cuando en el Muelle Grande, encontró un moro que estaba dispuesto a cambiarle una pistola Astra automática por una machorra. De esa forma se hizo con un arma y munición.  Llevaba casi siete años initerrumpidos en la nómina de la Empresa de Salazones de Pescado.
Pasaron los años, estamos ya en Noviembre de 1947, y creyendo olvidado su "crimen", volvió a Telde a visitar a su familia.   El recibimiento fue sencillo y emotivo. Por fin, Juan estaba en casa. Ningún miembro de su familia fue capaz de contarle lo que había pasado durante su ausencia (los maltratos y vejaciones a los que habían sido sometidos toda la familia del ’Corredera’). Sólo su hermano Paco le comentó algo. 

Allí se enteró que su familia había sido acosada y torturada durante todo este tiempo, para obligarles a delatar su paradero.  También se enteró de la muerte de su hermana Pino, de tan solo 19 años a manos de Vicente Trujillo, "El Carnicero". Éste, fuera de sí, fue en busca del sujeto y lo mató de seis tiros.

Huye de nuevo, pero esta vez ya con un muerto en su haber, y permaneció un tiempo en la semi-clandestinidad hasta que volvió a la capital.  Juan no intentó buscar trabajo tomando en consideración a la advertencia que le habían hecho. Solía pasar los días encerrado en su casa leyendo.

Quinta huida 
     
Algunas noches asistía a los bailes que se celebraban en las sociedades de ’’Los Picachos’’, ’’El Telde’’ o ’’La Fraternidad’’; en otras salía en dirección a bares de conocidos y amigos de confianza. Nadie le dió importancia a su presencia en Telde.

Una noche,  despues de asistir a un baile en ’’La Fraternidad’’, volvió al albergue donde se hospedaba pero, desgraciadamente, fue visto por un concejal del Ayuntamiento de Telde que lo denunció a la Policía Municipal.  

Al verse acorraladado por la policia  sacó su pistola para defenderse y en el tiroteo cayó uno de los guardias llamado Angel Fleitas.  Juan consiguió escapar.

 El abogado y escritor Gustavo Socorro, autor del libro "El Corredera: aquel fugitivo de leyenda", explica que "se apunta en el sumario del consejo de guerra, tal y como declararon testigos directos de los hechos, que uno de los tres policías de Telde accedió al albergue donde decían que estaba Juan García, vio al Corredera y a su amigo Casimiro, pero dijo a sus compañeros que no había nadie dentro. El guardia municipal Fleitas debió de dudar porque entró, encontró a los fugitivos y murió tiroteado".

Esa muerte complicó aún más la situación de Juan García Suárez. De nuevo, huyó al campo a ocultarse hasta que detienen en 1949 junto a Francisco Casimiro, a quien se le realiza un consejo de guerra junto al cabo Peña -el policía que venía acusado de no revelar la presencia de los fugitivos en la casa- y Rosa Bordón, la propietaria del pequeño albergue.

"El Corredera"¡¡ Capturado !!

 Pero Juan García consigue, nuevamente, huir.  Pasaron los años y la gente creyó que huyó a Venezuela, emigrado clandestino como tantos canarios en aquella época.

Con su huida se acaba de forjar el mito, y su nombre pasa a ser usado tanto por los perseguidores como por los grupos de resistencia comunista para sus respectivos fines propagandísticos. Sin embargo, es difícil que pueda considerársele un luchador antifranquista, sino más bien una víctima del sistema policial del régimen ganador de la guerra.  Esta vez de el caso "El Corredera" se encargaría, personalmente, una persona dura y sin escrúpulos, el Jefe de la Zona Sur de la Falange.
El Corredera se mantendrá escondido durante nueve años más. Pero un día cazando con Antonio, un hermano suyo, en las montañas de Telde fuera de temporada dispara al guarda jurado Sebastián López González que le había recriminado esa actitud y que posteriormente había reconocido.
 El herido pide refuerzos en la ciudad a los guardias civiles y policías locales, y vuelven a por "El Corredera". Se produce entonces la gran operación que acaba con su captura en la zona de La Culata en mayo de 1958.  "El Corredera", herido, fue conducido al Hospital de San Martín, donde fue internado hasta el día del juicio.

"El Corredera" Juicio militar


 El periódico El Día (de Santa Cruz de Tenerife), decía el 13 de mayo de 1958:

"El Corredera".- En la tarde de ayer, se encontraba prestando servicio en el lugar conocido como La Culata, del término municipal de Telde, el guardajurado de la Sociedad de Cazadores Sebastián López González y cumpliendo con sus obligaciones hubo de matarle un perro cazador al llamado Antonio García Suárez, natural y vecino de Telde, dedicado a la recogida de basura a domicilio. Antonio estaba en unión de su hermano Juan, más conocido por "El Corredera", quien como recordará había matado al vecino de Telde Vicente Trujillo Santana en la madrugada del día 9 de noviembre de 1947 y más tarde, cuando la policía intentó perseguirlo en el lugar conocido como La Rocha dio muerte al policía municipal Ángel Fleitas Morales, hiriendo en la misma refriega al sargento de la policía don Lucas Cáceres Hernández.

El abogado Alfonso Calzada Fiol fue quien le defendió inutilmente pues ni  la presión social ni tan siquiera la intercesión del papa Juan XXIII, que escribió a Franco pidiendo clemencia, lograron frenar el castigo, así que en secreto, en julio de 1959, se produce el consejo de guerra que le condena a la pena de muerte.    

En el juicio militar que se creó se preguntó si Juan era comunista y que si había pertenecido al partido comunista. Es bastante curioso, ya que Juan tenía amigos en todos los bandos (anarquistas, socialistas, falangistas...) Los hermanos de Juan, Antonio y Paco afirmaron rotundamente que Juan jamás fue comunista.

Se le condenó por varios motivos, por dos asesinatos, por prófugo de guerra, por deserción...  pero especialmente se le condenó a muerte por rebelión militar al acusarle de haber intentado atentar, en una emboscada en el túnel de "La Laja", contra Francisco Franco en 1936  para impedir que llegara a la bahía de Telde donde le aguardaba el hidroavión que le llevaría a Marruecos para comenzar el golpe de Estado. Cualquier acusación era válida con tal de sentenciarlo a muerte mediante garrote vil. 
 

La sentencia a muerte produjo una movilización de distintos sectores de la sociedad.  Se recogieron miles de firmas para pedir la conmutación de la pena capital y el obispo de la Diócesis,  Don Pildain,  Intervino muy activamente para interceder por él, pero todo fue inútil. Incluso algunas personalidades afines al régimen, pidieron el indulto, pero fue en vano y Juan García Suárez "El Corredera" seria condenado a morir en el Garrote Vil en 1959.

La movilización de distintos sectores de la intelectualidad de izquierda, entre los que se encontraba el joven abogado Fernando Sagaseta, sería el germen del movimiento "Canarias Libre".

A las tres de la mañana, "El Corredera" fue conducido a la capilal de la cárcel, quería confesarse con el capellán. Juan se mostró muy locuaz durante ese periodo de tiempo. La obsesión del Sr. Obispo , sin embargo, era que confesara. La conversación la llevó el  Monseñor  Pildain hacia esos derroteros y, necesariamente, se rozaron temas delicados y sumamente interesantes. “El Corredera”, casi sin darse cuenta, estaba haciendo un repaso de su vida.
 
"El Corredera" Condenado a Garrote Vil

En una Guía Histórico Cultural de Telde (edición impresa de 1996), se escribió un hermoso y verdadero articulo sobre la vida de éste personaje. "COMO SE FORJÓ UN MITO: JUAN GARCÍA SUÁREZ, ALIAS “EL CORREDERA”, por  Antonio María González Padrón. Revista número 8, correspondiente a 1996, en sus páginas, 56-59 y 60:
-“Yo he sido un desgraciado en esta vida. Casi no tuve tiempo de jugar. Empecé a trabajar a los 12 años, y la verdad es que no he sido tan malo como algunos creen. En todos los sitios, donde trabajé, me decían que mi conducta era buena. Desde que era un niño, tuve que ayudar a mantener a mi madre y a mis hermanos, que eran pequeños. ¡No se preocupe, Sr. Obispo, porque yo me podría confesar en una Plaza Pública!. La falta más grave que cometí fue matar a aquel hombre, pero él molestó mucho a mi familia. A pesar de todo, yo le hubiera disparado si antes no viene hacia mi con un cuchillo en la mano. Me cerró el paso y no tuve más remedio que defenderme. Del otro pobre, me da mucha pena, porque era un buen hombre y no había hecho daño a nadie. Yo a todos ¡les pido perdón! y ¡también! Perdono a todos, hasta el guarda jurado que fue un buen amigo y que estoy seguro que no quiso dispararme. Lo que pasó, es que se puso nervioso porque sabía que yo tenía una pistola y no supe lo que hacía.

Juan había terminado el tema de su vida, y sin pensarlo, había hecho una confesión grandiosa, humana y eterna. Estaba inspirado en la caridad, en la unión entre todos, en el amor a sus semejantes. Los presentes estabamos conociendo de cerca de un gran hombre. Unos lloraron; otros, sollozaron y los demás miraban emocionados al “Corredera”.

Pasaba el tiempo y Alfonso Gómez Serrano, el Capellán de la Cárcel, insinuó a Juan que quería hablar a solas con él. Después de comunicarselo al Obispo, salieron todos de la capilla y se fueron a la sala donde estaba el Juez, el Jefe de la Guardia Civil, el Secretario de la Causa, el Director de la Prisión (en funciones), que era el administrador D, Ramón López Moya, y otros funcionarios.


Quedaron solos Juan y el Capellán, y aquel accedió a confesarse, aunque dijo que ya lo había hecho. Realmente, aquella conversación íntima duró mucho tiempo y desde el pasillo se podía observar que los dos estaban, simplemente dialogando.

Mientras esto ocurría, se oyó el motor de un coche que se acercaba a la puerta principal de la prisión. Alguien dijo: “hombre, ¡que alegría si vinieran a decirnos que se ha concedido el indulto! ¡la juerga que ibamos a organizar sobre la marcha!".  El automóvil aparcó y se comprobó que era la ambulancia municipal. De ella bajó un hombre con uniforme azul. En su interior traía un sencillo ataúd, pintado de color marrón oscuro.

Terminada la confesión, el Capellán se dirigió al Obispo:

-    ¿Podemos rezar el rosario?.
-    Mejor sea durante la Misa.
-    Señor Obispo, yo creo que es preferible ahora, porque de esa forma mantendremos más entretenido a Juan.
-    Me parece muy bien.

Se decidió, pues, rezar el rosario, a cuyo acto asistieron casi todos los que estaban en la sala.

Mientras esto ocurría, fueron llamados dos funcionarios para que se acercaran a la ambulancia y ayudaran a bajar el ataúd.

La caja fue introducida en el recinto y llevada al lugar opuesto  al que había elegido el verdugo, Bernardo Sánchez Bascullana, para instalar el garrote.


No había acabado aún el Rosario, cuando entró el Sargento de la Guardia Civil, con la cara desencajada.

-    ¡Por favor!, distraigan al hermano de Juan, porque el verdugo tiene que pasar para preparar el aparato.

-    No se preocupe, que pase rápido y vaya más allá.

El Sargento de la Guardia Civil, conocido por Juanito, era de Telde y amigo de Juan, desde la infancia. Denotó gran excitación durante toda la noche y tenía los ojos hinchados y llorosos.

Durante el transcurso de la Misa, el Obispo, con voz quebrada por la emoción, dijo: “Querido Juan, ¿Jesucristo tampoco quiso morir en una cama; a él lo azotaron,…! Y, sin embargo, supo perdonar a todos sus enemigos!".

El Obispo seguía hablando, mientras sus lagrimas corrían por sus mejillas.

-    Y tu, ¡querido amigo!, también has sabido perdonar a todos tus enemigos y tener un corazón muy grande y la suerte de conocer tu hora, de estar muy pronto junto a tu madre.  ¡Ojalá, pudiéramos tener todos esa dicha!.

Terminada la Misa, Juan, nos acercábamos (indica el autor), ineludiblemente, al terrible momento. Juan se colocó en la antesala y aún tuvo tiempo de echar una ojeada a lo poco que le quedaba. Aún así y, totalmente lúcido, pudo decir al Obispo y a los presentes:

-         Me han considerado dirigente de masas y, sin embargo, lo único que he sido es un desgraciado.

Juan García Suárez, estaba de pié en la antesala. Eran más o menos las 6 de la mañana. El Juez Massanet, avisó que a Antonio, para que pasara a despedirse de su hermano Juan. Entró, y Juan captó enseguida lo que ocurría.
-        
-    Antonio, portate bien, no te olvides de todos los encargos, no bebas y cuida de la familia. Sabes que la pelota de goma, que me sirvió para que entrara en juego la mano mala, se la das a “Kimbo”, el boxeador, que fue el que me la regaló. La otra pelota, D. Conrado, se la doy al funcionario que usted sabe. De las jaulas que tengo, una se la das a tía Lola; y busca un calandria para la otra y se lo traes a D. Conrado, que siempre se portó muy bien conmigo.

Y así continuó repartiendo sus escasos bienes, pero de un valor sentimental incalculable.

Empezó a sacar todo de sus bolsillos y le dijo a Antonio: “para que veas que tu hermano se acuerda de ti: toma la fosforera, la pipa, y el pañuelo y la chaqueta…y mirando para sus pies, añadió: quítate esos zapatos, yo te doy estos que están nuevos; es una pena que sólo sirva para una caja de muerto”.

Seguidamente, y tras seguir inmóvil con su mirada, los pasos de Antonio que ya tenía que marchar, el cual no miró hacia atrás, Juan procedió con los agradecimientos a todos los allí presentes, incluido su abogado.
-          
-          “El Corredera”, salió de la capilla y se dirigió por  el pasillo de las oficinas hacia el Cuerpo de la Guardia Civil y, al llegar a éste, saludó con la mano a los guardias que se encontraban allí.  Algunos profundamente apenados, se escondían para no cruzarse con  la mirada sonriente de Juan. Mientras, el Sargento Juanito, lloraba amargamente detrás de una puerta y no tuvo fuerzas para asomarse y despedir a su paisano y amigo.
-        
Al llegar a la esquina de pasillo, se detuvo el cortejo y alguien dijo:
-    Faltan las esposas!.
-        
-    Sí, manifestó Juan, pónganme las esposas porque yo he leído que cuando a uno le aprietan el cuello, se echa manos para impedirlo.
-        

Un funcionario procedió a colocárselas.
-        

El verdugo aún no había terminado de preparar el aparato. Aunque segundos después, tuvo que pasar, con la mirada baja, junto a su víctima, portando el maletín que contenía el terrible garrote
-        
Llegados al patíbulo, Juan García se hallaba de pié, erguido, con el pecho hacia fuera, y la constante sonrisa en sus labios. Cuando se acercaban al lugar de la ejecución, el  funcionario Antonio Caro, se desmayó, mientras los demás, lentamente, siguieron el camino.
-        
Poco después, se invitó a Juan para que tomara asiento en la banqueta, y él, volviéndose para el capellán, dijo:
-    ¡Un momento, aún falta una cosa!. ¡Yo he perdonado a todos y he pedido perdón!. ¡Me falta perdonar al que me aprieta! Y dirigió su mirada hacer Bernardo, el verdugo de Sevilla.
-        
Se sentó en la banqueta y colocó su cabeza junto al palo. El verdugo trató de colocar el collarín alrededor de la garganta y al comprobar que no encajaba dijo: Traiganme un par de mantas, para que sirvan de calzo.
-        
Juan García “El Corredera”, había inclinado su cabeza. Su corazón continuó latiendo unos diez minutos más. Su rostro quedó totalmente  amoratado. Poco a poco y una vez certificada su defunción por el Dr. Rosas Surich, se procedió a quitarlo del poste y colocarlo en el suelo, donde su cadáver fue envuelto en mantas.

El médico militar, como pensando en voz alta, dijo:
-        
-    ¡Coño!, vine convencido de asistir a la ejecución de un asesino y he visto
morir a un gran hombre.
-        
En ese momento se recibió una orden para que no fuera enterrado en Telde, como había sido su voluntad, la que con esto, no se respetó, ni tampoco en Cementerio de Las Palmas, sino en el Cementerio de Tafira, y esa orden no partió del Ejercito.
-        
Llegados al Cementerio, pasado unos minutos, llegó un coche de matricula E.T. con el Juez acompañado del secretario.
-        
-    ¿Qué pasa?, preguntó Massanet.
-        
-    Por lo visto  no hay nicho disponible y lo quieren enterrar en una fosa común.
-    Háblate con el sepulturero y dile que busque un nicho como sea y lo pagamos a medias tú y yo. Ten en cuenta que no puede figurar a mi nombre.

Pedro, el sepulturero de Tafira, contestó que no quedaban nichos porque todavía no se habían terminado los nuevos.
-        

En la pequeña oficina, examinó Pedro el libro registro y dijo: “aquí hay uno vacío, y como no lo han pagado, está libre”.

"Juan García fue víctima de un odio feroz que emanaba de aquel triste periodo"

Raúl Gorroño, S/C de Tfe.

Han pasado ya cincuenta años desde la ejecución a garrote vil de Juan García Suárez, alias "El Corredera", un vecino de Telde que se convirtió en un símbolo de la lucha antifranquista en Canarias tras verse involucrado en una manifestación contra los alzados que se saldó con la muerte de una persona en su pueblo, además de negarse a alistarse en el ejército de Franco. Fue declarado prófugo y huyó a los montes de su Isla para no ser capturado.

Gustavo Socorro, abogado canario que se entusiasmó con lo que fue descubriendo sobre este personaje, es el autor del libro "El Corredera, aquel fugitivo de leyenda" (1999), obra que ha sido llevada a la pantalla en formato documental. El filme, que se espera estrenar como muy tarde en Navidades en una cadena de televisión nacional, tras dieciocho meses de rodaje, trata de reconstruir en noventa minutos cómo fue la vida de aquella persona durante la guerra civil española y la postguerra, periodo en el que una considerable parte de la población estaba desprotegida ante los abusos de los vencedores.

 Un centenar de "actores" han intervenido en las recreaciones dramáticas de época de este docudrama, producido por Atlasley, cuyo papel protagonista recayó en el actor canario Fernando Abreu, que personifica a "El Corredera". Los escenarios para exteriores están localizados en Gran Canaria y Tenerife, aunque algunas pasajes han sido rodados en Madrid, Sevilla, Barcelona y Londres; al igual que algunos decorados que han sido reproducidos, como el Hospital de San Martín.

El tema principal de la banda sonora de la película, que ha contado con un presupuesto de casi 300.000 euros, ha sido compuesto por el propio Gustavo Socorro, e interpretado por Nuria Fergó.

¿Qué le ha entusiasmado de esta persona y de su desgraciado acontecer? ¿Qué le ha llevado a escribir un libro y a realizar un documental sobre él?

Adentrarme en las profundidades de un auténtico océano de leyendas y procurar ir construyendo dato a dato, documento a documento, testimonio a testimonio, la auténtica realidad de uno de los iconos más representativos de la lucha antifranquista no sólo en Canarias sino incluso en España.

 ¿Cuál fue el motivo de que lo condenaran?

Algunos apuntan a un exceso de confianza de su abogado ante los militares, e incluso lo califican de ingenuidad; otros van más allá y en mi libro "El Corredera, aquel fugitivo de leyenda" apuntan incluso a la inadecuada designación del abogado, quien para algunos juristas no hizo la defensa que requerían aquellas circunstancias.
¿Es una víctima más del entorno que originó el franquismo en las Islas?

El auténtico verdugo de Juan García no residía en el Palacio de El Pardo. El verdugo fáctico fue un conocido prohombre del Régimen en Gran Canaria tanto por acción como, especialmente, por omisión no haciendo aquello que estuvo en sus manos para salvar la vida de Juan.

Este documental está basado en el libro que escribió sobre El Corredera, ¿cuáles son los principales dificultades que ha encontrado al adaptarlo al cine?

La complejidad de una producción de estas características (localizaciones de rodaje, cuidada ambientación de época, trabajar con un amplio equipo humano y técnico, etc.) conlleva una tarea de coordinación muy exhaustiva. Por otro lado, el aspecto económico no es menos importante en una producción independiente de elevado coste e igualmente ha sido una difícil tarea adaptar un libro tan detallado en 90 minutos de metraje sin perder el rigor del relato pero imprimiendo a la película un lenguaje audiovisual ágil.

¿Qué quiere reflejar de este personaje, por qué lo ha recuperado del ostracismo?
  

La triste historia de sus días y el convulso contexto sociopolítico en el que se desenvuelve el personaje. La historia de Juan García es reflejo de la vivida por muchas familias españolas durante una Guerra y una larga posguerra que enfrentó y dividió a todo un país.

¿Se ha autocensurado en algún aspecto en su trabajo escrito y en la película sobre El Corredera?
 

No, en ningún caso. La independencia en mis trabajos es fundamental y ése fue el motivo por el que se dilató la publicación de mi libro: negarme a omitir, a indicación de ciertas editoriales "insensibles", determinados nombres y apellidos de prohombres del franquismo que, en mayor o menor medida, tuvieron un papel activo en la condena y ejecución de Juan García.

¿Qué supuso la existencia de este personaje ejecutado de forma tan brutal. Una leyenda, un símbolo de resistencia ante el franquismo, o una víctima del odio entre seres humanos?
 

Sin duda un compendio de esas tres repuestas. Su perfil legendario y algo difuso todavía hoy perdura en una buena parte de la población española. El símbolo "soñado" de ese héroe que muchos han querido ver en su figura ha sido bienvenido por otros tantos como ese referente que precisa la defensa de algunos posicionamientos ideológicos. Finalmente lo que resulta más evidente es que, en buena parte, Juan fue víctima de un odio feroz e inclemente que emanaba de aquel triste período.


¿Cuál es el mensaje que quiere transmitir con este documental y su libro?
 

Un claro alegato contra la pena de muerte, acercando al público en general, desde el rigor y evitando mitificaciones innecesarias, el drama personal de este sencillo hombre.

¿Qué ha sido lo más desagradable y lo más agradable de este trabajo?
 

Adentrarse en ese oscuro túnel de tinieblas que aquellos años de represión significaron para una buena parte de la población española escuchando de viva voz los desgarradores testimonios de sus víctimas. Al mismo tiempo encontrarme en no pocas ocasiones con la intolerancia, los intentos de censura por silenciar una realidad convencidos de que no nos pertenece. Lo más agradable ha sido alcanzar el objetivo personal marcado, que era hacer un trabajo objetivo y documentado con más ánimo de cerrar que de abrir viejas heridas y, especialmente, por encima de todo, la satisfacción que supone el reconocimiento a mi trabajo por parte de los miles de lectores que tienen mi libro.

¿Hasta qué punto ha sido utilizado por unos y por otros "El Corredera". ¿Hasta dónde se ha manipulado su historia?

 Hasta el extremo en algunos de los casos de desdibujar su figura con desacierto procurando convertirlo en un perfil semejante al del "Che Guevara". La figura de Juan García no ha de reivindicarse, en modo alguno, como moneda de cambio entre vencedores y vencidos. Su recuerdo, su memoria, su sufrimiento y la injusta condena que padeció debe ser un inequívoco punto de cohesión entre los demócratas. Juan García fue un hombre de su época. Desde muy joven se afilió a la Sociedad de Trabajadores de Telde y participó activamente en movimientos obreros e incluso llegó a colaborar en acciones del partido comunista. Por el contrario, "El Corredera" posee más aristas. Este seudónimo va acompañado inequívocamente de historias jamás vividas y de sueños jamás alcanzados. De ahí Juan el hombre, Corredera la leyenda.

¿Cuáles son las principales novedades que aporta con respecto a lo que se ha dicho hasta ahora?

En el libro, tal vez por mi condición de abogado, hago un detallado estudio del Consejo de Guerra llevado a cabo contra Juan García, se aportan documentos y fotografías inéditas hasta ese momento y más de medio centenar de relevantes testimonios orales; de ahí su importancia. El documental, además de estar basado en el libro, aporta los testimonios, entre otros, del célebre hispanista británico Paul Preston, el fundador del sindicato CCOO Marcelino Camacho o el escritor Alberto Vázquez Figueroa.


¿Qué opina la familia de "El Corredera" de sus iniciativas?
 

Apoyaron desde un primer momento el hecho de que se hiciera justicia social con Juan García. Además, el testimonio personal de uno de sus hermanos, Francisco García, fue muy importante para descubrir aspectos personales y familiares de Juan y de su entorno completamente desconocidos hasta el momento de la publicación del libro.

 ¿Qué significa "El Corredera"?

Esperanza, tal como expresa la letra de la canción que compuse para la banda sonora de la película documental, interpretada por Nuria Fergó, que comienza diciendo "arrancaste de mi llanto una esperanza".

Más de 50 años del asesinato de Juan García Suárez, Exactamente en el año 2011, familiares y amigos quisieron proponer al ayuntamiento de Telde, lugar de nacimiento de "El Corredera", levantarle un monumento en su honor. Inexplicablemente el grupo de gobierno compuesto por PSC y Nueva Canarias hicieron oídos sordos a dicha petición.


      El 11 de Febrero de 2011, se publicaba el siguiente artículo en el EL PERIODICO LA VOZ DE TELDE:

Los Familiares de los Fusilados en San Lorenzo han iniciado una campaña contra la actitud del grupo de gobierno en Telde (Nueva Canarias y PSC) ante la indiferencia a las “miles” de peticiones para apoyar la ubicación de un busto-homenaje a Juan García “El Corredera”.

      Desde su página en Facebook, la Asociación de Familiares intenta movilizar a miles de personas en la isla para que se reconozca la fígura de Juan García. Esta es la convocatoria de la Asociación:

UNA PROPUESTA POR LA DIGNIDAD Y LA JUSTICIA CON UN SIMBOLO DE LA LUCHA ANTIFASCISTA:

MANDAR TOD@S A LA VEZ EL LUNES 14 DE FEBRERO A LAS 11,00 DE LA MAÑANA (HORA CANARIA) UN MAIL DE PROTESTA AL GRUPO DE GOBIERNO DEL AYUNTAMIENTO DE TELDE ANTE LA INDIFERENCIA, POR LA PRESUNTA COMPLICIDAD CON LOS ASESINOS FRANQUISTAS AL NO CONTESTAR NUESTROS MILES DE CORREOS SOLICITANDO UN BUSTO PARA “EL CORREDERA” EN TELDE, GRAN CANARIA:
nuevacanariastelde@gmail.com, buzon@psoetelde.org

EN MEMORIA DE JUAN GARCÍA “EL CORREDERA” SU HISTORIA PARA QUIEN NO LA CONOZCA:

La historia de este hombre hay que buscarla en la trayectoria, la capacidad de un pueblo para la lucha contra el imperialismo y el fascismo, en la inquebrantable resistencia de aquel hombre y la de esa generación de luchadores, que se hunde en las tinieblas de la historia de estos pueblos que hoy conformamos la realidad de España, hasta desembocar en la desmesurada resistencia de 1936-1975 contra la dictadura emanada de la rebelión militar del 18 de julio.

Pudieron precipitarnos por los riscos de estas islas; pudieron disolvernos y expatriarnos en la antigüedad, derrotaron a nuestros guerreros en las cumbres de estas tierras y sometieron a nuestros pueblos. Nos sentaron en los potros del tormento y conocimos las dentelladas de los perros de los capitanes llegados desde la cristiana Castilla. Nos arrebataron nuestra cultura y nos impusieron extrañas lenguas y religiones; roturaron nuestros campos, poblaron nuestras cumbres y nuestros valles con gentes venidas desde lejanos pueblos.

Arrojaron nuestros cuerpos a las simas de Jinámar, a los pozos de Arucas, a las profundidades de la Marfea, a los anónimos campos de la muerte de Fuencaliente. Nos recluyeron en los campos de concentración de Fyffes, de La Isleta, nos hacinaron como a bestias en Gando y en inhóspitos calabozos, erradicaron las poderosas cosechas de nuestras hortalizas y nuestros maizales, las majestuosas plantaciones de plataneras que se desbordaban en el mar, para remplazarlas con el hormigón y el rubio turista al que ahora servimos sumisos fresca cerveza, y papas llegadas desde el reino Unido, (que dicen ellos).

Trajeron tropas y aviones de Alemania, de Marruecos y de Italia, con los que bombardearon las ciudades, ultrajaron a nuestras mujeres y asesinaron a aquellos, sus mismos pueblos, con los que conformamos, aunque no fuese por nuestra voluntad, una sola nación.

 Derrotaron, ejecutaron y encarcelaron a los fieles defensores de las ciudades que no se sometieron a los generales facciosos. Pusieron largo cerco, con hambre y plomo, a la capital de la República, que fue proclamada en democráticas elecciones. Pasearon por nuestras más humildes aldeas, henchidos de orgullo, sus odiados uniformes y sus pistolas.

En su larga borrachera de poder nos impusieron sus ceremonias; con la complicidad de los políticos que se dejaron comprar nos impusieron un rey, designado por el mismo general golpista que envió al garrote vil a El Corredera, y una constitución: un cuento de hadas, con electrodomésticos incluidos, con el que pretendieron comprar nuestra memoria de pueblo y nuestra fidelidad a la Constitución de 1931, arrojada ésta ya a los basurales del olvido, el único régimen auténticamente democrático que tuvo España- en lo que fracasaron, porque el nivel de conciencia de un pueblo no se mide tanto por el número de cosas que posee como por el nivel de su compromiso revolucionario y de su decencia.

 Nos impusieron, contra la voluntad de ocho millones de españoles, el Pacto del Atlántico, que maldita la cosa que resuelve cuando el hambre se ceba con los pueblos que se ven en la necesidad de huir para no ser masacrados, con las mismas armas que nosotros les vendemos, en sus disputas por el petróleo y el coltan, o cuando el sátrapa de Marruecos, con la complicidad de nuestro Gobierno y de la Corona, invade las tierras del pueblo saharaui.

Pero en tanto en estas tierras, que fueron cuna de valerosos guerreros, de poetas y de rebeldes trabajadores portuarios, tierra de pintores y de esforzados labradores, aliente el ejemplo y el espíritu de rebeldía de Juan García, de Fernando Egéa, y de Eduardo Suárez, siempre subsistirá un espacio para la esperanza: ayer contra los caciques del plátano, por una escuela y una sanidad digna, por la universidad para nuestros hijos y nuestros nietos, y mañana por aquello que se propongan nuestros pueblos, siempre haciéndonos acreedores al ejemplo y el tesón en la lucha de Pasionaria, de Fernando Sagaseta, de <> y de todos los luchadores que nos han precedido, ya sea en Asturias o en los tomateros del Sur de esta isla.

Porque no damos por bueno este final de película de Walt Disney. No habrá otra reconciliación nacional ni otra ley de la Memoria Histórica que no sean las que restablezcan la legalidad republicana. No podemos continuar siendo una democracia tutelada por un ejército y por un jefe del Estado, que tan grande deuda contrajeron con el Dictador y con el ejército de marras, y que solo representa los intereses de caducas religiones y el poder de la banca.

Honor y gloria a los héroes y a la inquebrantable lucha de los pueblos.
Por la dignidad, por el socialismo, por la paz entre los pueblos y por la República.

Ejecutado en la cárcel de Barranco Seco (Gran Canaria) el 19 de octubre de 1959 por el delito de rebelión militar.
 (Juan García Súarez) (Tomado de: http://historiascanarias.blogspot.com.es/2010/09/juan-garcia-suarez-el-corredera-vii.html)







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