viernes, 24 de mayo de 2013

CAPITULO XII-VIII




EFEMÉRIDES DE LA NACIÓN CANARIA

UNA HISTORIA RESUMIDA DE CANARIAS

 

ÉPOCA COLONIAL: SIGLO XVI


DECADA 1571-1580


CAPITULO XII-VIII




Guayre Adarguma Anez’ Ram n Yghasen


1572 Abril.
Volvieron a reanudarse las operaciones militares contra el Archipiélago por parte de los corsarios hugonotes. En abril de 1572 un navío corsario se presentó delante de la isla de Lanzarote, en cuyas costas desembarcó 70 hombres. Al instante las milicias, capitaneadas por el conde don Agustín de Herrera y Rojas, acudieron al palenque, y en breve espacio de horas dieron muerte a su jefe, mientras capturaban 20 prisioneros y obligaban a reembarcar a los restantes. Sin embargo, el buen trato de los lanzaroteños con los franceses fué una vez más escasamente agradecido, pues los corsarios supieron aprovecharse de él para preparar días después la fuga, que fué coronada por el éxito.

Un mes más tarde, en mayo de 1572, otras cuatro naos francesas atacaron la isla de Lanzarote, poniendo en tierra 300 hombres que penetraron hacia el interior, hostil izados sin tregua en sus flancos por las milicias isleñas. Parece ser que el objeto de los expedicionarios, aparte las acostumbradas depredaciones y robos, era rescatar a los 70 franceses de la anterior incursión, que juzgaban todavía prisioneros, y que al enterarse de su liberación decidieron reembarcar para seguir merodeando por las aguas insulares en busca de alguna buena presa. De Lanzarote los corsarios se dirigieron a La Gomera, en cuyas costas capturaron algunas barcas de pescadores, siendo testigos de la parsimoniosa entrada en San Sebastián de la imponente flota de Indias, que, al mando del capitán general Juan de Alcega, fondeó con sus 11 navíos en la bahía al resguardo
de sus propios cañones y los de la Torre del Conde.

En efecto, habiendo zarpado Juan de Alcega de Sanlúcar de Barrameda en los primeros días de junio de 1572 (mientras quedaba rezagado en el puerto andaluz su almirante don Antonio Manrique de Lara con el resto de la flota), la citada división de la misma fué divisada por los atalayeros del Puerto de la Luz en la madrugada del sábado 21 de junio del año citado, mientras en la ciudad, con motivos sobrados de alarma por la reciente presencia de corsarios y piratas en sus aguas, eran dadas las señales acostumbradas de rebato, y acudían al puerto todas las compañías de milicias, llevando a su frente al gobernador Juan Alonso de Benavides y al capitán general Pedro Cerón.

Tropezando la flota de Indias con tiempo adverso no pudo ganar el Puerto de la Luz, pues permanecieron los navíos en maniobras por espacio de dos días sin alcanzar su propósito, dando entonces órdenes el capitán general Alcega de dirigirse a San Sebastián de La Gomera para hacer la aguada de costumbre y reponerse de víveres.

De esta manera, las milicias de Gran Canaria no supieron la verdad de lo ocurrido hasta el martes 24 de junio de 1572, día en que el almirante de la flota, don Antonio Manrique, fondeó en el Puerto de las Isletas con otros cuatro navíos, mientras otros cinco más, procedentes de Cádiz, lo hacían el miércoles siguiente. La presencia de la segunda división de la flota despertó el mismo temor y alarma que la primera, aunque pronto las señales pacíficas de los navíos llevaron de nuevo la calma a las aguerridas huestes movilizadas por el capitán general Cerón.

Mientras tanto, el capitán general Alcega permanecía en San Sebastián de La Gomera, espiado de cerca por los piratas franceses, impotentes para atacarle en conjunto, pero siempre avizores para caer sobre alguna embarcación rezagada. Ello dió pie al almirante Manrique de Lara para proseguir la travesía por el Atlántico, mientras dejaba en Las Palmas pliegos secretos con el derrotero a seguir, aunque bien es verdad que pocos días más tarde Juan de Alcega, después de haber rendido por cansancio a los corsarios, pudo seguir también sin contratiempos su travesía abandonando el puerto gomero. (En: A. Rumeu de Armas, 1991)

1572 Abril 10.
El Cabildo de Tenerife acordó protestar el nombramiento de Francisco Valcárcel como capitán general por los inconvenientes y daños que de él se esperaba.

La "capitanía" de Tenerife (pues no está claro en el título la denominación expresa de capitán general, que disfrutó por corto espacio de tiempo el regidor Francisco de Valcárcel, no sin la oposición y el descontento del Concejo y Reigimiento de la isla, cesó en su ejercicio efectivo en 1573, al imponérsele por la fuerza el nuevo gobernador, capitán don Juan Álvarez de Fonseca, tras un ruidoso altercado que derivó en litigio ante el Consejo de guerra y que éste resolvió a favor del segundo.

De esta manera volvieron a quedar vinculados en la colonia en una misma persona el mando civil y militar de cada una de las islas mayores, y aunque la Corona siguió titulando a los beneficiarios del mismo como gobernadores y justicias mayores de Tenerife y Gran Canaria o teniente de gobernador de La Palma, éstos al asumir el mando militar se titularon también en las tres islas como capitanes generales. Infinidad de documentos, todos ellos originales, prueban la realidad de este aserto. (En: A. Rumeu de Armas, 1991)

1572 Mayo.
Conocemos por un proceso de la Inquisición que por el mes de mayo de 1572 zarpó de la isla de Wigth un navío de 30 toneladas apodado El Dragón  propiedad, según la confusa ortografía española, de Enrique y Tomás Huic y de Enrique Cleitrquey, con el propósito de dirigirse a las Indias Occidentales. A su paso por Canarias los ingleses desembarcaron en Tenerife para hacer aguada y recoger vituallas dirigiéndose seguida-mente aun puerto inidentificable, Florin, al parecer en las cercanías de Cartagena de allí los ingleses establecieron relaciones con otros compatriotas suyos naturales de Plymouth, a los que llaman los documentos españoles Francisco Egrey y Juan de Egrey (¿acaso Francis y John Drake?)  que con otras dos embarcaciones se dedicaban a iguales menesteres. Los piratas, después de robar dos o tres fragatas españolas y recorrer las costas de Nicaragua, arribaron a la isla de Cuba, en la que desembarcaron algunos de los prisioneros, prosiguiendo su navega ción de retorno con dirección a Inglaterra.

A la altura de las Canarias un fuerte temporal separó al navío británico de una de sus presas, y entonces, confabulados los prisioneros de la fragata española contra sus guardianes, lograron en un golpe de audacia desarmar a los ingleses, dirigiéndose entonces a Lanzarote y Fuerteventura, en cuyo Puerto de Cabras desembarcaron con el único superviviente inglés, Robert Octon, a quien entregaron a las autoridades .

La posesión del navío, trasladado al puerto de Salinas, en Gran Canaria, dio luego pie a las disputas del juez de Registros de Indiag y de los inquisidores, interesados en incautarse por contrapuestas razones de la embarcación apresada.

Por esta misma fecha tres navíos ingleses de piratas luteranos hostiJizaron en distintos días a las poblaciones costeras de la isla de El Hierro, robando y profanando imágenes y objetos del culto. Además, distrisbuyeron por doquier panfletos protestantes en los que recomendaban a los natura;les "que fuesen evangelistas y no papistas" . En: A. Rumeu de Armas, 1991)

1572 Junio 21.
 Unos corsario franceses capturaron en el puerto de "Cuevas Blancas", en las proximidades de Agüimes (identificable con Arinaga), el navío o barca del maestre Juan Gallego, fletado por el inquisidor español Pedro Ortiz de Funes para el rescate de renegados (huidos)  en Berbería-episodio que ya nos es conocido, cuando se hallaba fondeado en dicho puerto de regreso de la segunda expedición a San Bartolomé. Era dicho puerto de Cuevas Blancas, según reza un documento de la época, "muy peligroso de ladrones y piratas", motivo por el que Funes, temeroso de algún desaguisado, envió urgentes avisos, por medio del tamborilero Antonio Martínez, al maestre Gallego para que pusiese la embarcación, o por lo menos su cargamento, a buen recaudo. No quiso éste hacer caso a las admoniciones de peligro, y el 21 de junio de 1572 tres navíos franceses se apoderaron de la barca, que además de la acostumbrada carga conducía dos versos, varios arcabuces y porción de lanzas y rodelas.

Los piratas visitaron pocos días más tarde La Gomera, donde fueron capturados en una de las entradas siete marineros franceses, al mismo tiempo que corrían rumores en Gran Canaria de haber sido rescatada la barca con su armamento. El inquisidor Ortiz de Funes dispuso entonces que su criado Juan Pérez se trasladase a San Sebastián para tomar posesión de la misma; más cuando éste desembarcó en la isla ya los gomeros habían devuelto la libertad a los cautivos y no había el menor rastro de la embarcación.  .
Dos años más tarde, en 1574, y en circunstancias oscuras, los corsarios franceses se apoderaron frente a las costas de Lanzarote de una embarcación pesquera isleña, acudiendo al puerto de Arrecife para su rescate, que fue autorizado por el alcalde Francisco de Ribas, no sin la oposición del clérigo y comisario del Santo Oficio Luís de Bethencourt. (En: A. Rumeu de Armas, 1991)

1572 Julio 10.
El colono y gobernador colonial  Pedro Cerón, como presintiendo su próximo fin y en la obsesión de perpetuar su nombre, linaje y hacienda, fundó en 10 de julio de 1572, en unión de su esposa, Sofía de Santa Gadea, el famoso mayorazgo de Arucas, en cabeza de su sobrino Martín Cerón, de seis años de edad, "que tenemos en nuestro poder-reza el documento - regalándole y doctrinandole". Quedaban vinculados en el mismo todos los cuantiosos bienes del capitán general de Gran Canaria.

Don Pedro Cerón, de manera pacífica y tranquila, pues frisaba por esa fecha en los cincuenta y nueve años de su edad y ya estaba curado de ambiciones y glorias. Sin embargo, su autoridad debió coexistir, por lo menos nominalmente, con la de los gobernadores capitanes, pues con posterioridad al nombramiento del capitán Juan Alonso de Benavides como gobernador de Gran Canaria lo vemos figurar en algunos documentos titulándose capitán general de la isla. Este cargo meramente honorífico debió extinguirse con su muerte, acaecida en fecha ignorada, aunque no lejana al momento que narramos.

Por otra parte, los Reyes seguían acordándose de Pedro Cerón para honrarle con importantes comisiones; tal fue la que recibió en 1574 para tomar a varios magnates el juramento de fidelidad debido al príncipe don Fernando, que prestaron ante él los condes de La Gomera y Lanzarote y el obispo de Canarias, el. 7 de marzo de dicho año.

1572 Agosto 11.
{126) A. I.: Indiferente general, leg. 1.094. Certifición del escribano Gaspar Leitón referente a las andanzas, persecución, captura., proceso y sentencia de Bartolomeu Bayón. Dice Mi: "... el capitan Antonio Vello Tinoco teniendo noticia que en las partes de Guinea andava un corsario por su nombre Bartolome Bayon con dos naos ynglesas robando y escalando los navios de los vezinos de estas yslas mando ansi en esta isla como en las demas tener grandes vigías para que el dicho corsario viniendo a ellas el fuese avizado, por ynformcion quel dicho cosario contratara en la yslas de Canaria con un Juan Lopez de Caravallo e otros de le venir a dar esclavos en estas yslas para lleuarlos a Yndias de Castilla, y en dos dias de mayo de este presente año parecieron a la mar de frente de esta ciudad de la ribera grande dos naos una grande y otra pequeña e pareciendo e el dicho capitan que podría ser el dicho cosario bartolomé Bayon con grande priesa e cuidado consulto con los vezinos prencipales de la governacion de la tierra de hazer con cinco navios dos redondos e tres caravelas la qual armada se hizo presto y echo fuera del puerto en espacio de veinte e quatro oras con mucha artilleria y municiones e mantenimientos en la qual y va por capitan mayor Martin de gequera hombre de los principales de esta ysla en una nao por nombre 'Santiago" de Goncalo Sanches que aqui vino a tener diziendo que venia a comprar esclavos para llevar a las Yndias e consto a el dicho capitan que traia trato y conpañia con el dicho Bayon para le tomar los esclavos que el le diece y se yr con el para Yndias en la qual armada fueron como, dosientas y cinquenta personas antes mas que menos los mas dellos vecinos de esta ysla los quales todos se ofrecieron con sus personas e armas e mantenimientos e a yr en la dicha armada sin premio nenguno.

En la dicha armada fue Niculas de Peralta vecino de Canaria que aqui vino por maestre de la dicha nao "Santiago" la qual armada anduvo por estas yslas en busca de las dichas naos sin las poder hallar y se torno a recoger a el puerto de esta cibdad.

.. ..y en este tiempo vino nueva del dicho capitan en coro el dicho Bartolome Baoyon hera preso en Ginea y estava en poder de un Garcia Alvarez vecino desta ysla, el qual lo traia para ella el qual lo truxo preso a buen recaudo y lo entrego en esta ciudad a el dicho capitan el qual le hiso las preguntas que convenian a bien de justicia entre 1as quales el dicho Barto lome Bayon dixo e confeso estar en la Gran Canaria en Melenara con sus dos naos ynglezas e alli se llamava Antonio Martinez e que por que le prendieron un hombre suyo lo embargaron cierta hasienda el fue a tierra e prendio tres hombres de los prencipales de la tierra los tuviera en su nao hasta que le soltaron su hombre y dalle su hazienda a el qual cosario el dicha capitan luego despacho esecucion para en el se haser justicia la qual secución y la execucion que se hizo es la siguiente."

"Sentencia. Vistos estos autos mostrarse el reo Bartolome Bayon siendo portugues natural e basallo e criado del rey nuestro señor se yr en el reino de Ynglaterra con los corsarios e luteranos enemigos armando con ellos e trayendolos contra el estado reynos y sefiorios del dicho señor descubriendo y enseñando la navegación de la mar de los reinos yslas y puertos y partes de su comercio robando los navios de sus tratos matando e hiriendo sus basallos pasando a Yndias aliende a otros limites a mostrar e descubrir a los dichos cosarios yslas e Yndias de Castilla a donde fue preso y traido a tierras de España, de a donde huyo e passo otra vez a Ynglaterra a armar conlos dichos cosarios y luteranos contra el estado y servicio del señor su rey y señor viniendo el año pasado a las partes e rios de Guinea a donde robo e prendio y hirio muchos hombres quemo y escalo muchos navios con mucho escandalo e ozadia dio ayuda a un rei contra otro de amistad e comercio de los portugueses habiendo siempre semejantes robos y ensultus dando con sus naos y lanchas casa a todos los navios en todo tiempo: que las dichas partes anduvo hasta ser preso en las ysletas por el rei de la tierra donde fue resgatado e traido a esta ciudad lo qual visto con los de mas autos y en todo lo sobre dicho el dicho reo cometer delito de crimen legis magestatis alevantandose y cometiendo traycion contra el real estado y servicio del nuestro señor conforme a dispusicion del derecho en este caso condeno a el dicho reo que sea arrastrado por los lugares publicos de esta ciudad con pregon de sus culpas y que muera muerte natural e ahorcado y e dequartisado e todos sus bienes e hacienda confiscada para la corona real del reino puesto que hijos y herederos tenga. Antonio Vello Tinoco. (En: A. Rumeu de Armas, 1991, notas a pié de paginas)

1572 Noviembre 8.
140.-Sepan quantos esta carta vleren como yo Juan Gonzales  y Malgarida Alvares, su muger, yo M. A. con licencia, placer y expreso consentimiento que pido y demando a J. G., mi marido, etc., por tanto nos J. G. e M. A., s.u muger, por virtud de la dicha licencia, etc. otorgamos e conocemos por esta presente carta que vendemos agora e para siempre jamás a vos Gonzalo Hernández, vo de esta isla, yerno de Diego Pérez, vo de ella, para vos e para vuestros herederos e sucesores presentes e por venir un pedazo de las casas de mi morada que yo tengo en esta ciudad en un solar que tomé a tributo a Pedro Pablo de Párraga, que lo que así os vendo es desde el chaplón de la puerta principal de mi casa, que está frontero del arroyo del agua que va por las espaldas de mi casa y corrales de ella, quedando la dicha puerta a nuestra parte, y del dicho chaplón postrero hacia Hernán Pérez e hasta lindar con él, se entiende ser la parte de la dicha casa que así os vendemos y por nivel del dicho chaplón siguiendo hacia el dicho arroyo de la dicha agua de corral 53 pies hasta adonde alcanzre, medidos por nivel del chaplón y que de anchura tenga el corral quanto la casa y que la pared que se hiziere para dividir el corral y cercarlo cada uno sobre sí ha de ser sin perjuicio de la puerta de la casa de nos, J. G. y M. A., su muger, véndida buena, sana, justa, con sus entradas y salidas, usos y costumbres e servidumbre quantas el día de hoy han e deben e les pertenecen de hecho
y de derecho, por precio e contía de 40 doblas de oro que por compra de ellas vos distéis e pagastéis realmente e con efeto en dineros de contado de valor cada uno de 500 mrs. de la moneda corriente en esta isla, de que somos contentos y entregados a nuestra voluntad, etc. y más me habéis de dar e pagar dobla y media de tributo en cada un año, pagados en cada un año por el mes de agosto de cada un año y será la primera paga por el mes de agosto de 1573 , y así en cada un año por el mes de agosto, con condición que cada y cuando y en qualquier tiempo me diéredes e pagáredes 211/2 doblas en una paga
juntas que el tributo sea redimido y desde luego nos desestimos e apartamos de la propiedad e posesión e señorío que nos pertenece al dicho pedazo de solar de suso deslindando e declarado, e todo lo renunciamos e cedemos e traspasamos en vos ea vos el dicho comprador con la carga del tributo e vos damos poder cumplido para que por vuestra propia autoridad o con licencia e autoridad de lajusticia podáis ir, entrar e tomar e aprehender e ganar la tenencia e posesión del dicho pedazo de solar para que con el cargo de tributo e censo sea vuestro e de vuestros herederos, etc. Hecha la carta en San Cristóbal 28-XI-1572. Testigos: Gaspar Freyle, Diego Pérez, Alexo del Castillo, vos de esta isla, e porque J. G. y M. A. dixeron que no sabían escribir a su ruego firmó Alexo del Castillo. Alexo del Castillo. Pasó ante mí Juan del Castillo, esc. públ. E yo Juan del Castillo, escribano público del número de esta isla de T. por su Magestad, la fiz escribir y presente fui, por ende fiz aquí este mío signo a tal en testimonio de verdad. Juan del Castillo, escribano público. Derechos un real. Juan del Castillo. (Datas de Tenerife, libro V de datas originales)

1571 Noviembre 22.
Según una carta del portugués Antonio Fogaza, escrita en Londres por estas fechas, y dirigida a Ruy Gomes de Silva, príncipe de Eboli, los hechos del saqueo de La Gomera ocurrieron de esta manera.

Asegura Fogaza que el saqueo y ocupación de San Sebastián de La Gomera se quedado en el convento recogiendo las imágenes, ornamentos y alhajas se ve rodeado de enemigos. Lleno de santo arrojo reprende a los hereges sus ultrajes; ellos tratan de castigar los suyos. A esta bulla salta un donado llamado Miguel o "Gumiel" que hasta entonces había estado escondido, y queriendo defender la vida de su compañero, son ambos victimas de la saña de los piratas, que echaron sus cuerpos al mar..."

La relación más coetánea, que es la del guardián del convento de Tenerife fray García de Iracheta, asegura que fueron ahorcados, mientras que el franciscano fray Luís Quirós introduce otras variantes en el orden y circunstancias del suceso.

Viera y Clavijo, tomo III, pág. 27, siguiendo el relato de Quiróz (Milagros del Santo Christo de La Laguna, cap. XII), lo narra en los siguientes términos:

"No solo fray Bernardino de Ramos, que era guardián, sino también sus súbditos se habían sorprendido tanto con la inopinada invasión que huyeron, abandonando el convento, la iglesia y la Sagrada Eucaristía. Fray Antonio de Santa Maria se avergüenza a muy pocos pasos. Vuelve a la villa revestido de celo; corre al Sagrario, consume las santas Formas, pero cae en manos de los Hugonotes al salir de la iglesia.

Ya habían cogido al cura y otros vecinos. Todos fueron llevados a bordo de la Capitana, sin que cesase Fray Antonio de predicarles exhortandolos al martirio. Pasados seis días los sacaron de la bodega para disputar sobre dogmas. Trasladándolos después a otro bajel: cárganlos de golpes y bofetadas: los hieren, los desnudan, los atan y arrojan al mar con pesadas piedras al cuello.

"El que primero murió ahogado fue el cura; luego el religioso; luego a escopeta-
zos y botes de lanza los otros prisioneros. ..." (En: A. Rumeu de Armas, 1991, nota a pié de página)

1572 Diciembre 19. En estas fechas de discutía en el Cabildo eclesiástico de la secta católica establecido en la parte de la colonia de Winiwuada n Tamaránt (Las Palmas de Gran Canaria), la posibilidad de erigir otro convento de dicha secta en la ciudad, mientras que las condiciones de vida para los naturales, criollos y colonos era ciertamente deplorable, tal como recoge el criollo Agustín Millares: “Entretanto, las Islas iban lentamente progresando, si no en su parte intelectual y moral, al menos, en aquella que se relacionaba con los intereses materiales de su existencia.

Buscar, en efecto, progreso intelectual bajo la presión terrible y abrumadora de la Inquisición sería desconocer la marcha de la inteligencia, y las condiciones normales de la Sociedad.

Por el rápido examen que de los procesos del Santo Oficio hemos hecho, se puede juzgar, hasta donde se extendía su minucia espionaje, y la red invisible de sus delaciones.

La introducción de un libro cualquiera, aún los de aquellos que trataban de asuntos místicos era vigilada con escrupulosa atención, la lectura pues, era un lujo que pocos se permitían, pudiendo asegurarse, que la vida de los santos, y alguna novena manuscrita, constituían la biblioteca de la parte mas ilustrada de la Población. Los sermones, que eran entonces al pueblo, lo que hoy son las conferencias, tampoco contribuían á instruir a las multitudes.

Confiados, en general, á personas de escasa ciencia, y circunscrito su objeto al panegéri-co de algún Santo, ó explicación de algún misterio, pocas veces se elevaban á consideraciones filosóficas, dignas de la moral cristiana, arrastrándose comúnmente por la rutinaria senda abierta por sus antecesores, sin valor ni conocimientos para hacer del pulpito la cátedra de la pura doctrina evangélica, y de los preceptos sublimes de Jesucristo.
Servíales, sin embargo, de disculpa á esos tímidos predicadores, los procesos que aun se conservan contra aquellos eclesiásticos que, sin intención anuda, sin dotes de innovadores, lanzaba alguna proposición, que estuviese en desacuerdo con la manera de pensar de los Inquisidores.

Ante esa espada, sin cesar suspendida sobre el pensamiento, se embrutecía el más docto, y se callaba el más intrépido. Además, acostumbrados a respirar aquella atmósfera viciada, llegaban á persuadirse que la conciencia humana no tenia otro molde, que aquel en que se la arrojaba hacía tantos siglos, ni las ideas otro carril, que el abierto por la teocracia, en el largo y oscuro transcurso de los siglos medios.

Por este tiempo, un hijo de Las Palmas que ya hemos citado, honor y gloria de estas humildes rocas, después de haber viajado por el algunos países de Europa, y detenido en Italia que ya poseía el Dante, el Petrarca, el Ariosto y el Tasso trajo á su patria un eco de aquellos inspirados cantos, y bajo las copas de sus magníficos árboles, nos legó una epopeya reflejo de la época en que vivía.

Pero, el esfuerzo titánico de D. Bartolomé Cairasco de Figueroa, había de quedar sin imitadores. Su musa murió con él, y nadie se atrevió á recoger la lira, que había dejado abandonada en el bosque sin rival de Doramas.

Hemos dicho, y volveremos á repetir, que los progresos de la colonia en su parte, por decirlo así, material, eran muy lentos. El Municipio, único cuerpo con autoridad bastante para impulsar las reformas, no pensaba más que en obtener concesiones para fundar mayorazgos, patronatos y Capellanías, destinados aquellos á perpetuar la nobleza en las edades futuras, y éstas á salvar sus almas en el otro mundo, por medio de ofrendas piadosas, que inclinasen el animo de Dios á perdonar sus pecados.

Sus actas contenían largas relaciones sobre las competencias sostenidas con las autoridades eclesiásticas y judiciales, respecto al sitio que debían ocupar en las proce-siones é Iglesias; sobre el tratamiento que debían dar y exigir en sus comunicaciones oficiales; sobre fundaciones de conventos y cofradías; y sobre armamento y defensa de la Isla; pero jamás se trataba de fundar escuelas, de contener el estancamiento de la. propiedad, de fomentar el comercio, de proteger la industria, de explotar aguas, de repartir baldíos, de favorecer la agricultura, de remover en fin los mil y mil obstáculos que á la prosperidad local se oponían.

La instrucción de los regidores perpetuos era en verdad, muy limitada. Sin haber salido del país, salvo cortas excepciones, sin conocimientos prácticos ni teóricos sobre la ciencia de gobernar, creyendo que el mundo se limitaba al horizonte que abarcaba su vista, y persuadidos que las clases trabajadoras habían nacido exclusivamente para servirles en esta vida, no podían comprender el adelanto social, ni siquiera prepararlo con su iniciativa, limitándose á vegetar en el medio donde la Providencia los había colo-cado, aceptando lo presente, ignorando lo pasado, y creyendo que el porvenir seria in-definidamente la repetición de los actos de su monótona é inútil existencia.

La población entretanto, seguía mejorando por la fuerza misma de las circunstancias, y algunos de sus Gobernadores coloniales realizaban por vanidad obras útiles y necesarias. Entre éstos, D. Martín de Benavides se hizo célebre por el puente con que unió las dos orillas del Guiniguada, y en el cual se atrevió á inscribir su nombre, atentado que le valió un ruidoso proceso, del que al fin salió victorioso, no sin sufrir antes mil disgustos, que hubieran podido costarle el honor y la vida.

En este intervalo se había levantado en los Arenales de Triana, y en el sitio que ocupaba la ermita de la Concepción, un convento de monjas, bajo la advocación de San Bernardo, que el amigo de Cairasco, el fraile Frai Basilio de Peñalosa, calificador  del Santo Oficio, y sujeto muy respetado por su ciencia y virtudes, había conseguido fundar, después de reclutar su rebaño entre las doncellas más nobles y ricas de la población.

Ocupó el área de este convento una extensa. llanura con huertas, estanques, caserío dividida en barrios, iglesia, y vastas de pendencias, que hacían del piadoso establecimiento una Ciudad dentro de la misma Ciudad. Hubo, sin embargo, contradicciones respecto de la conveniencia de su instalación y consta, que al tratar este asunto en el Cabildo eclesiástico, cuyo consentimiento parece que era necesario, se opuso abiertamente el Arcediano D. Juan Salvago haciendo valer, entre otras, la razón de que este país era ocioso y amigo de comunicaciones, que podían traer perjudiciales costumbres para la juventud de fuera y dentro del convento. Prevaleció, empero, la opinión de Cairásco, que se declaró campeón de las monjas, rebatiendo con calor todos los argumentos de su adversario, y obteniendo la mayoría en la votación.

Las fortificaciones de la Ciudad habían mejorado considerablemente, con relación a. los medios de defensa entonces conocidos. Concluido el torreón de la Isleta, primera fortaleza del litoral de Las Palmas, se levantó, sobre un arrecife al norte de la Ciudad, otro torreón llamado de Santa Ana, y un reducto ó casamata al pié de la montaña de San Francisco, unidos ambos con una muralla, foso y empalizad a, cuyas obras dirigió el ingeniero Próspero Cazorla, acreditado profesor que envió con ese objeto el rey español Felipe II  y que se avecindó en Canaria, llegando á ser uno de sus regidores perpetuos.

Por el sur de la Ciudad se construyó también otro lienzo de muralla, que partiendo desde el reducto de Santa Isabel, subía hasta el lomo de San Juan, dejando abiertas dos puertas, que llamaron de los Reyes y San José. La primera de estas puertas conducía á la plazoleta del Quemadero donde se representaba siempre el último acto de los autos de fe.

La Catedral había cerrado los techos de su nave central, hasta el sitio donde hoy se encuentran los púlpitos, y la víspera del Córpus del año 1570 se principió a ce1ebrar en ella los divinos oficios. El palacio episcopal, bajo otra forma de la que hoy tiene, se fabricó en el último tercio del mismo siglo; y la población, con estas mejoras, presentó un aspecto menos miserable, y aumentó el número de sus vecinos.

Continuaba siendo el Cabildo eclesiástico, único depositario de la poca ilustración que el país poseía. Ya se estaba lejos de aquellos tiempos en que el Cabildo acordaba, que- «por cuanto en las personas del Canónigo Francisco Es pino y del Canónigo Juan Carrillo, y del Racionero Marcos Espino, por su poca edad, y ejercicio que en el estudio han tenido, hay el defecto de no saber leer; para cumplir con aquello á que están obligados al servicio de la Iglesia, para que más dignamente lleven la renta de 'Sus prebendas, se mandó que fuesen obligados á aprender gramática, leer y cantar, de manera. que desenvueltamente puedan hacerlo en el coro y en el altar, sopena de que entretanto no ganen más de la mitad de las distribuciones.»

Asimismo se mandó, «que mientras no sepan lo ya expresado, no puedan jugar dados ni naipes en sus casas, sino fuere los días de las Pascuas, y en tales días no jueguen con seglares, sopena por la primera vez de ocho días de su gruesa, y de un mes si reincidie-ren»  Sin embargo, todavía en esa época y en otras posteriores, las correcciones y prescripciones de honestidad y buen vivir, abundan en sus actas.

Allí se encuentra la extraña prohibición de que los Señores capitulares, no salgan de noche á cantar y tañer vihuelas por las calles; otra al Sr. Chantre D. Luis del Corral para que vista honestamente no trayendo calzas de trama de aguja, jubón de tafetán colorado ni sombrero de pespunte.  Y otra para que el día de Inocentes no se hagan burlas en el coro, atándose ciertos objetos, que el decoro no permite nombrar.

Pero, lo repetimos, fuera de aquel centro, donde se agrupaban los que iban en su juventud á estudiar á Salamanca, Alcalá ó Granada, la ignorancia más completa in- vadía todas las clases. ¿,Qué podía esperarse de un pueblo, que en política creía haber venido nido al mundo á servir los caprichos de otro hombre, y en religión a humillarse ante un Ser, que solo parecía estar contento, cuando le ofrecían sangrientos holocaustos de carne humana? ¿ Qué esperanza podía abrigarse de que el nivel moral de ese pueblo se elevara? ¿De qué le servían  los precepto, del que había venido a derribar los ídolos del Paganismo, destruir la sensualidad y la crápula, y traernos la caridad y el amor al prójimo, si aun teníamos ídolos, corrupción, intransigencia y odio á muerte al que no pensara como nosotros?

El que entonces hubiera contemplado ese pueblo en su miseria y abyección, y no pen-sara, que para la humanidad son minutos los siglos, dudado hubiera de su porvenir.

Despertó, al fin; más, para expiar entre lágrimas y humillaciones impulsado, que qui-siera borrar para siempre de su historia, y que será por mucho tiempo la rémora cons tante de su adelanto.”(Agustín Millares Torres; 1981)





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