domingo, 2 de octubre de 2011

LOS NADIES


                                            
 Eduardo Pedro García Rodríguez.

La sociedad canaria actual esta inmersa en una especie de sueño dorado impuesto en la mente de los ciudadanos por una seudo realidad inducida por los decorados cinematográficos reflejados por los medios de comunicación, especialmente por las cadenas de televisión mediante la continua emisión de los denominados programas basura, telenovelas, ligas de fútbol en la cuales nos trasmiten la idea de que se juega en ellas el destino de la humanidad. Así, narcotizados por estos medios inteligentemente teledirigidos desde el poder colonial, vemos una Canarias turística de esplendorosas urbanizaciones, psicodélicos centros de ocio, puertos deportivos con lujosas embarcaciones etc. Este espejismo o realidad virtual a base de ser continua y machaconamente emitido por los medios, acaba incrustándose en el subconsciente individual y colectivo como una realidad que está ahí y a la cual no podemos acceder por nuestra incapacidad y no porque sea para nosotros un mundo aparte e inaccesible.

Es cuando menos lamentable que un sector de la población que disfruta de un empleo estable viva engañada por este espejismo y, sin más metas en esta vida que adquirir un coche o moto de mayor cilindrada, acceder a un club de tenis o náutico aunque para hacer frente a las cuotas sociales tengan que hipotecar sus nóminas en las entidades financieras, estos españolistas del “quiero y no puedo” o como los cataloga el colonialismo “moros con corbata”,  aunque ellos se autodenominan “clase media” son en gran parte los culpables de la enorme desigualdad social y pobreza que-una vez más- atenaza nuestro archipiélago, ellos son quienes conforman con su egoísmo e insensibilidad social el muro de contención de las reivindicaciones sociales del sector más desprotegido y explotado de la sociedad canaria frente al colonialismo.

Son los que practican la política del avestruz, los que prefieren ignorar la existencia de la insostenible bolsa de pobreza que nos estrangula, los que prefieren no ver los barrios marginales aunque con frecuencia los crucen camino de su club de tenis, los que ignoran -cuando no fomentan- la prostitución que nos invade, los que no quieren saber de la cárceles de menores enmascaradas con el silogismo de centros de reeducación, los que fomentan la economía sumergida... En fin, los fieles cancerberos de la patronal explotadora y de los intereses coloniales, a cambio de unas míseras migajas y el poder hacerse una foto luciendo un polo con el anagrama de un lagarto y una raqueta, o subido en una moto de agua. ¡Triste pero cierto!

Estos descerebrado que se creen “acomodados” porque no se ven obligados a sobrevivir con sueldos de menos de mil euros o con pensiones de cuatrocientos o menos, los que creen que el sistema colonial les va a tratar mejor que al resto de sus conciudadanos cuando dejen de serle útiles, los que piensan que toda la vida van a estar medrando a costa de los presupuestos públicos, por el sólo hecho de rendir pleitesía al amo.

Para ellos nos permitimos reproducir unas reflexiones de Eduardo Galeano, por si les sirviera como freno de sus carreras hacía la estupidez, aunque somos consientes de que españolistas inducidos no meditan.


”Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de
pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a
cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni
mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que
los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el
pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.
Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados:
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa
local. Los nadie, que cuestan menos que la bala que los mata.

Puntos de vista

Hasta no hace muchos años, los historiadores de la democracia ateniense no
mencionaban más que de paso a los esclavos y a las mujeres. Los esclavos eran
la mayoría de la población de Grecia, y las mujeres eran la mitad. ¿Cómo
sería la democracia ateniense vista desde el punto de vista de los esclavos y
de las mujeres?
La Declaración de Independencia de los Estados Unidos proclamó, en 1776, que todos los hombres nacen iguales. ¿Qué significaba eso desde el punto de
vista de los esclavos negros, más de medio millón de esclavos que siguieron
siendo esclavos después de esa declaración? Y las mujeres, que siguieron sin
tener ningún derecho, ¿nacían iguales a quién?
Desde el punto de vista de los Estados Unidos, es justo que los nombres de sus
soldados caídos en Vietnam estén grabados, sobre un inmenso muro de mármol,
en Washington. Desde el punto de vista de los vietnamitas que esa invasión
mató, allí faltan sesenta muros.

Guerras calladas

No estalla como las bombas, ni suena como los tiros.
El hambre, que mata callando, mata a los callados.
De ellos, sabemos todo.

Los expertos, los pobrólogos, los estudian y nos ofrecen los datos
actualizados: cuántos son los pobres, en qué no trabajan, qué no comen,
cuánto no pesan, cuánto no miden, qué no tienen, qué no piensan, qué no
votan, en qué no creen. Sólo nos falta saber por qué los pobres son pobres.

Ellos,
los muertos de las guerras,
los presos de las cárceles,
los brazos disponibles,
los brazos desechables,
sin tierra,
sin casa,
sin camino.
¿Será que los pobres son pobres porque su hambre nos da de comer y su desnudez nos viste?
¿Qué sería de nosotros sin ellos?”

 Fuente:
Dr. Guillermo C. Cohen-DeGovia
Psicólogo Clínico. MSP.
http://mx.geocities.com/cohen_degovia












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