sábado, 16 de junio de 2012

HISTORIA DEL PUEBLO GUANCHE NOTAS SUELTAS


JUAN BETHENCOURT ALFONSO

HISTORIA DEL PUEBLO GUANCHE

NOTAS SUELTAS

Apuntes tomados del tomo 2º

Sacerdotes Babilones

...sus ceremonias y ritos, pero que nos inclinamos a que eran los principales en los que hemos llamado paganismo clásico o séase en el culto rendido a las diosas Chaxiraxi, Abona, etc.

Usaban como los anteriores hábito talar suelto «pero de color encarnado y guapilete semejante
a la mitra de obispo». Su recuerdo sobrevive entre los fieles de Icod, Fasnia y otros pueblos de la isla, donde el vulgo al salir el cura a oficiar la misa reza invariablemente la siguiente oración:

«Bien venido seas
babilón colorado
 a decir la misa
a este pueblo honrado»


Así como no existía el celibato entre los sacerdotes, hallábase establecido para las sacerdotisas, también llamadas marimaguadas, tamonantes, las recogidas, las vírgenes, las doncellas y las damas. Vivían en comunidad en monasterios o conventos; tomaban parte activa en los oficios y ceremonias religiosas tocando y cantando con gran afinación y armonía; servían sus casas de colegios a las jóvenes de la nobleza ya veces salían en comunidad con las educandas llevando todas el cabello tendido y guirnaldas de flores. No se sabe otra cosa.
** *
En relación con la imagen de Chaxiraxi

El erudito Beneficiado D. José Rodríguez Moure, del que solicitamos su opinión, nos manifiesta que Mr .Campbell está en abierta oposición con lo que arrojan los estudios iconográficos, por ser la imagen desaparecida en el aluvión de la noche del 7de noviembre de 1826, un ejemplar indubitable de la estatuaria cristiana, cuando más tarde de los siglos XII y XIII; fundándose en consideraciones del arte pagano de Grecia y Roma, que no exhibían sus diosas con formas tan veladas, ni revelaba la indumentaria el ambiente de honestidad, etc.

2 Entre éstos se encontraba el naturalista tinerfeño Bello y Espinosa, que declara en su obrita el «Jardín Canario» de que era la diosa Minerva que sirvió de mascarón en la proa de algún buque; opinión antigua de un fraile dominico, fundada en que la imagen ofrecía en la espalda señales de una abrazadera.


Relativa al infierno

No llamaban así al infierno. Echeyde o Cheyde o Chéyda, lleva aún este nombre una montañita al pie del. Teide, mirando al N., al poniente de otra denominado Chisere. El infierno lo apellidaban chimichi, apelativo que llevó la isla equivalente a «Isla del Infierno», o séase «Isla de Chimeche».

Aún en algunos pueblos del Sur, como Arico, Arona, étc., cuando muere una persona de mala reputación se oyen estas frases: «Éste va a Chineche»; «Anda a lo más hondo de Chineche!».

Cada reino tenía estos subterráneos imaginarios de llamas, por lo que existen varios lugares en Tenerife, donde la teología figuraba remataba el extremo opuesto de los antros 'que aún llevan los nombres del infierno: El Infiernillo o Barranquillo del Infierno, en la cumbre de Taganana; Barranco y Salto del Infierno, en el Borgoñón, Tegueste; Hoyo del Infierno, debajo del Clavel, en El Sauzal; Salto del Infierno, en los Riscos de Las Canales, cumbre de La Victoria; Cueva y Salto del Infierno, en Barranco Hondo; Barranco del Infierno, entre La Victoria y Santa Úrsula; Barranco del Infierno, más tarde de Llarena, en La Orotava; Barranco y Salto del Infierno, en el Puerto de La Cruz; Barranco del Infierno, entre Barranco de Ruiz y de La Furnia, entre Realejo Bajo y San Juan de La Rambla; El Infierno o Purgatorio, en Los Toscales de Guaja, Igueste de Candelaria; y el Barranco del Infierno en Adeje. Es tradicional que en el reino de Abona se extendía desde el Teide a la montaña de Roja, a orillas del mar. Barranco del Infierno o de Mazas (¿Masca?), Teno.

Tal vez esta boca externa del mito la fundamentarían eligiendo lugares que ofrecieran recientes fenómenos de vulcanismo.


Ofrenda a los difuntos

4 Tan arraigada era esta creencia, que en los primeros tiempos iban con frecuencia a dejar la comida en la puerta de la cueva y más tarde ciertos días del año; costumbre que sobrevivió en la conservada en los pueblos del Sur hasta principios del siglo pasado, como aún pueden atestiguarlo entre otros ancianos Dña. Jerónima Frías, de Arona. Nos referimos a que el día de finados colocaban sobre los sepulcros familiares de las iglesias, más aún no había cementerios, tantas libras de pan y botellas de vino como individuos de la familia estuvieran sepultados; y en las fosas comunes, también cada familia depositaba igual ofrenda en relación con el número de sus muertos.

Marín y Cubas al hablar de las ideas religiosas de los indígenas de la isla de Canaria, escribe «... a el alma ten{an por inmortal, hija de Magec, que padece afanes, congojas, angustias, sed y hambre, y llévanles de comer a las sepulturas los maridos a las mujeres y ellas a ellos...».
y añade refiriéndose a los de Tenerife o guanches: «... hac{an largas romer{as a visitar los huesos de sus sepulcros, en todo semejante a los canarios... Haci{anles
ofrendas de comidas del modo que hemos dicho». "

Los bimbapes o aborígenes del Hierro, además de consagrar a sus divinidades en holocausto, corderos y cabritos en pireos especiales; tenían otros para celebrar a su alrededor banquetes funerarios, a los que acudían a participar del festín los espíritus de los individuos de la familia muertos. Al hablar de las exequias veremos que algo parecido sucedía en Tenerife.

 Bautisterios guanches

Algunas de estas fuentes o charcos nos recuerdan por sus actuales nombres el uso a que fueran destinados: el Charco del Bautisterio en el barranco de Chinguaro, antes Barranco Santo, en Güímar; Charco del Bautisterio a orillas del mar en La Guancha; Lavatorio de los guanches o Fuentita de Cerrogordo, sobre el caserío de La Guancha, y Charco del Bautisterio, en el barranco del Boxo, en Arico. Por cierto que en este charco se encontraron en el año 40 (1840) del siglo pasado, cinco tallas de barro conteniendo otros tantos esqueletos de niños, como me lo refirieron los mismos descubridores; y no falta quien asegure que bautizaban metiendo a la criatura en una talla y hundiéndola en el agua.

También es tradicional que bautizaban en la Fuente de Jénica o de Los Juncos, en El Rosario; en la Fuente de Jéñica, en Granadilla, y otros puntos; afirmando varios que todas las fuentes apellidadas de Jéñica estaban reservadas al bautismo.

Adoración a Magek y Achuguayu

Según Viera y Clavijo, en la bula de Urbano v del 2 de Setiembre de 1369 a los obispos de Barcelona y Tortosa, para que autorizaran a unos misioneros hacer catecúmenos en el Archipiélago, declara hallarse enterado de que tanto en la isla de Canaria como en las demás «había gente de uno y otro sexo, que no teniendo más ley ni secta que la adoración del Sol y de la Luna, sería muy fácil de convertir a la ley de Cristo».

Cadamosto hablando de Tenerife dice, «... que no contaba menos de nueve especies de idolatría, pues unos adoraban al Sol, otros a la Luna, otros a las estrellas, etc.».

Ocupándose Marín y Cubas de los naturales de la isla de Canaria, observa: «... que hacían muchas lumbres y hogueras  y parece que adoraban al fuego, al sol, y algunas estrellas». y al establecer un parangón con las costumbres de otros pueblos, añade que los canarios como los persas «su adoración principal era el Sol», (Cap. XXIII).

Ya dijimos en el Tomo I que el nombre genérico de magos que damos a los campesinos, es porque rendían culto a Magec.

 Era sagrado el fuego que procedía de Magec, como el rayo, relámpago, el obtenido por frotamiento de dos maderos, el doméstico y en una palabra el que no tuviera su origen en Chinechi o infierno y hoy como antes, sigue siendo sagrado. No hay campesino que se atreva a injuriarlo, ni escupirlo. Aunque hacen hogueras en San Juan, San Pedro y otros días del año, para muchos la fecha y el santo es el pretexto, como en las famosas hogueras de Chirche y Aripe de Guía, porque en el fondo van dedicadas a Magec.

En todo los reinos tenían señalados estos diferentes lugares para las diferentes épocas del año, que nos hace pensar si estarían en relación con los cambios del Sol.

En el reino de Güímar, uno de los puntos era la montaña de Archaco, y para el clero de Arafo unas veces el Roque de Chiguergue, otras al de Jóquina, y a al de lserse o a montaña de «Arguama o Montaña Santa» en Igueste.

En el reino de Abona, hacia Fasnia; a la «Montaña Santa» o de Fasnia, ya a la «Montaña de la Gloria» en Icor, o al «Llano Santo» al E. de Chajaña de Arico; y  por las partes de Granadilla, a la «Montaña Santa».

Por el reino de Adeje, al «Roque de lama», etc.

Aún en los pueblos del Sur se oyen las frases, aunque ya en sentido irónico: «¡Véte a buscar el Sol!»; «Éste es de los que van a buscar el Sol»; y todavía es bastante conocida la broma que gastan con los de Arafo llamándolos «cancos» y diciéndoles que vayan a buscar el sol.

Pireos

En ciertos sitios tenían emplazados estos pireos, como tres que descubrimos en 1875 en Franchoja, sobre el caserío de Adeje, uno de ellos intacto. Es o era de piedra seca en forma de cono truncado, de un metro de altura por otro de diámetro en la superficie libre, con un hoyo o brasero en el centro de 1/2 metro de hondo. Encerraba ceniza, brasas, fragmentos de leña y de huesos calcinados al parecer de cabrito, cubierto el todo con una gruesa piedra. ,

En otro de los pireos, medio derruido como el tercero, hallamos dos tabonas de obsidiana mezcladas con las cenizas y trozos de hueso calcinados, que también nos pareció de cabrito, así como caída una laja que reputamos sirvió de piedra ara y de tapadera. Estas particularidades, no encontradas en el anterior, parece confirmar la tradición de que unas veces degollaban las víctimas antes de quemarlas y otras las arrojaban a la pira, vivas con las patas atadas «para que los balidos fueran oídos por la divinidad».

La montaña de Cerrogordo, sobre el caserío de La Guancha, era igualmente lugar elegido para estos sacrificios. Por el Poniente y al pie de dicha montaña tenían los guanches un oratorio, que aún es conocido por la Iglesia de los guanches, de donde es legendario salían como en procesión hacia la cima para sacrificar las víctimas en el sitio que denominan el Chamurraco, por chamusquina; como también es legendario que en el gran monolito de los altos de Fasnia, conocido por la «Piedra de Imoque», sacrificaban reses a los dioses.

Estos sacrificios eran generales en todo el Archipiélago.

Ocupándose Marín y Cubas del Almogaren de Humiaga de la isla de Canaria dice: « ...aún allí hay tres braseros donde quemaban de todo fruto, menos carne, y por el humo si iba derecho o ladeado hacían su agüero sobre un paredón a modo de altar de grandes piedras y enlosado lo alto del monte».

Y refiriéndose a las islas de Lanzarote y Fuerteventura, observa: «Son rudísimos pertinaces en su secta. Tienen templos, donde hacen sacrificios con humo de cosas que queman, como no sea carne sino cebada, dátiles...

En los sacrificios ofrecían leche, manteca, menos carne. Estas fiestas o sacrificios llamaban efequenes.

De todos los frutos a modo de limosnas recogen cierta porción, mas no en forma de diezmos; quemaban cebada en el sacrificio y por el humo derecho o ladeado juzgaban la forma de malo bien».

Aparte de este efequen llamaban, no a los sacrificios sino al templo u oratorio y del visible interés de Marín y Cubas en puntualizar que quemaban de todo menos carne, creemos sufrió un error o no investigó bastante, según nuestros informes. Además, sería una excepción inexplicable dentro del Archipiélago.

En 1874 descubrimos en la Fortaleza, en Chipudes de la isla de La Gomera, los referidos pireos, como más tarde publicamos en la Revista de Canarias. Contenían asimismo cenizas, brasas y numerosos huesos calcinados de cabritos y corderos.

Por lo que hace a la isla de El Hierro existen los pireos a docenas por el Júlan, la Dehesa, etc., conocidos en el país por los significativos nombres de altares, altaritos, hornitos, o goros de las víctimas, conteniendo cenizas, brasas y huesos calcinados de corderos y cabritos; siendo en la isla tradición universal de que en dichos altares sacrificaban los bimbapes en holocausto de sus divinidades corderos y cabritos. En la isla de La Palma no hemos hecho investigaciones personales, (sobre pireos) pero presumimos no sea tampoco una excepción.

Atendiendo a la edad probable de las víctimas por el estudio de los huesos, a las épocas de desarrollo del yerbaje y de cubrición de los ganados, calculamos que la mayoría de estos sacrificios los celebraban entre Diciembre y Marzo.

Drago Santo

Este célebre árbol hallábase situado donde llaman la Fuente, en el Valle de San Lorenzo de Arona; valle que ha sido también conocido por el Ahijadero y de Chacacharte.

Su misma fama hizo que sirviera a veces de término de referencia en el reparto de tierras, como en las donadas a Pedro Cornado y Juan de Junquera, de unos trozos «de tierra de sequero que son en el reino de Adeje al Ahijadero en Arona al drago santo...» (Datas. Libro 5.0 y 3.0, POI; testimonio).

Esta forma de culto idolátrico era general en el Archipiélago.

Escudero, Cedeño y otros autores dicen que los indígenas de la isla de Canaria adoraban y juraban por los riscos de Tirma y de Umiaga, añadiendo además Marín y Cubas que adoraban cuevas, bosques, etc.

Los bimbapes de la isla del Hierro, aparte de su veneración por el célebre Garoe o «Arbol Santo», adoraban dos peñascos en Bentáyca, aún conocidos por los Santillos: uno el Eraoranhan, ídolo del sexo masculino, y el otro, Moreyba, el ídolo de las mujeres.

Los naturales de la isla de la Palma adoraban un elevado monolito, situado en La Caldera, que apellidaban Idafe, al que sacrificaban las asaduras de las reses.

Guatimac

Uno que hemos examinado del farmacéutico del Puerto de la Cruz Dn. Ramón Gómez, encontrado en 1885 en una cueva del barranco de Erques de Fasnia,  envuelto en pieles como todos los hallados, es un poco más pequeño, pero aunque es de la familia se trata de un guatimac o séase como dice el vulgo, «del muñeco de barro» que a guisa de pectoral llevaban colgado al cuello los sacerdotes guañameñes y samarines.

No hace quince años que un pastor de Arona, iconoclasta como todos nuestros paisanos, destruyó un ídolo que descubrió en el Roque de Igara; y la descripción que nos hizo coincide con la referida. Esto mismo nos lo han confirmado muchos que los han tenido en sus manos o hallados, como el venerable anciano cura de San Pedro Daute, Dn. Juan Alonso; Dn. Pedro Carlos Ledesma, de Güímar; Dña. Estebana García, de Igueste de Candelaria; Dn. José González y Dn. Agustín Trujillo, de Arona, como pueden atestiguarlos los tres últimos que aún viven; y que citamos porque todos ellos son de abolengo guanche por ambas líneas y muy versados en las tradiciones dela raza.

Por otra parte, abrigamos la convicción de que todas las islas eran idólatras en el sentido restrictivo que damos a la palabra y por lo tanto que tenían ídolos, pero que no se hizo este estudio a su debido tiempo. Varias personas dignas de fe de la isla del Hierro, nos aseguran haberlos encontrado de piedra, cerca de la Iglesia de los bimbapes, una cueva en Valverde, así como de la de Afotasa o de la Pólvora, que también fue templo de los indígenas. Aún lleva el nombre de Iglesia de Minguama una cueva en San Sebastián de La Gomera, templo de los indígenas donde adoraban un ídolo.

Por lo que respecta a la isla de Canaria los testimonios son antiguos y modernos.

Bocaccio, refiriéndose al viaje que hizo a dicha isla en 1.341 Angiolino del Tegghia, dice: «Encontré igualmente un oratorio o templo, en el cual no había absolutamente  ninguna pintura ni adorno, tan sólo una estatua de piedra, representando la imagen de un hombre con una bola en la mano y desnudo, con un delantal de hojas de palma, que cubría las partes naturales según la costumbre de los habitantes; la que quitaren de allí; y habiéndola embarcado, la transportaron a Lisboa.

Andrés Bernáldez (El cura de Los Palacios), en su Historia de los Reyes Católicos. refiere:  «En la Gran Canaria tenían una casa de oración llamada Toriña, e tenían allí una imagen de palo, tan luenga como media lanza, entallada, con todos sus niervos, de mujer desnuda con sus miembros de fuera y delante de ella una cabra de un madero entallada, con su figura de hembra que quería concebir, y tras de ella un cabrón entallado de otro madero, puesto como que quería sobir a engendrar sobre la cabra.

Allí derramaban leche y manteca parece que en ofrenda o diezmo o primicias e olía aquello allí mal a leche o manteca».

El historiador Dn. Gregorio Chil envió a la Exposición de Paris un idolillo también encontrado en dicha isla de Canaria, «representando un cuerpo que descansa sobre las alas, teniendo otras dos por brazos, y cabeza humana» a otro idolillo, que remitió a la indicada Exposición Mr. Verneau. ¡Es decir, en el Archipiélago no han faltado los ejemplares de ídolos, sólo que asusta la palabra!

Cuevas Santuarios

Las cuevas santuarios de la isla dedicadas a estas divinidades tutelares y a las Diosas eran numerosas, varias de las cuales por sus actuales nombres nos recuerdan la aplicación que le dieron los guanches: la Cueva Santa próxima a la Hoya del Drago entre el mar y la cumbre de San Andrés, y la Cueva Santa del Valle Vega, en la parte alta del Valle de Tahodio, ambas en Sta. Cruz; la Cueva del Santo, en Valle de Guerra; la Cueva Santa junto al barranco de Sieteojos en El Realejo; la Iglesia de los guanches, en Chuagrí, encima del poblado de La Guancha; la Cueva de Los Santos en Bujamé (Vid. obrita de Díaz Dorta) y el Oratorio del Rey, en Masca, ambas en Buenavista; la Cueva Santa en Barqueto cumbre de Chirche entre Guía y Valle Santiago; la Cueva de La Virgen, una en barranco de Tejina, otra en el de Tedera y una tercera en el barranco del Infierno, todas en Adeje; la Cueva de la Iglesia, en el Roque de lama, en el Valle de San Lorenzo de Arona; la Iglesia de los guanches en el Picacho y
Cueva de La Virgen en el barranco de este nombre, hacia las cumbres de Arico; la «Cueva de La Virgen», una en Pinogordo y otra en Arapo, ambas en Fasnia; la Cueva de la Iglesia, en el, cumbre de Güímar; la Iglesia de los guanches o Cueva del templo, en Ajeja de Igueste, al pie de montaña de Arguama (que según tradición. enlucían con ceniza yagua y los ídolas o santitos eran de barro), y la Cueva Santa, más tarde de San Blas, ambas en Candelaria.

Asimismo es legendario que sirvieron de templo: La Cueva del Pajonal, en el barranco de Chajarche de Candelaria, en donde también se dice eran de piedra los santitos con un gran medio corral de atrio; la «Cueva del Tiro del Guanche», la Cueva de Sámara, en la Santidad, en los más elevado de la Cumbre; así como la Cueva de Chinguaro. También hemos oído que el Barranco de los Santos, en Sta. Cruz, le vino el apelativo no de un apellido como creen algunos sin fundamento, sino de una cueva que encerraba dos de estos santitos.

15 Dice este fraile dominico, cuya Religión (Orden) se hizo cargo de la imagen algunos lustros después de la conquista: «Yendo dos naturales por aquellas costas repastando el ganado, habiendo de pasar por aquella playa, llegando el ganado que por la playa iba derramado a la boca del barranco, se espantó, y no queriendo pasar se remolinaba.

El uno de los dos pastores creyendo que su ganado se espantaba porque sentía gente y pensando que fuesen algunos naturales que le querían robar y salte{lr su ganado como lo tenían por costumbre de hurtarse unos a otros, para certificarse pasó, adelante y mirando hacia aquella parte del barranco vido la Santa Imagen que estaba en pie sobre una peña; y como persona que de semejantes visiones estaba deshusada, no sin pavor se le puso a considerar y parecióle (porque tenía un niño en brazos) ser mujer, aunque extrañó el traje y el color». "y porque entre ellos era costumbre que si topaban alguna mujer a solas y en lugar solitario no la hablaban porque incurrían en pena de muerte, le hizo señas para que se apartase, porque su ganado que remolinaba tuvieseiugar de pasar. Pero como la Imagen no hiciese movimiento alguno, ni respondiese palabra, amohinóse el pastor y acudió a sus acostumbradas armas, que eran piedras, y asiendo de una levantó el brazo, fuese para amenazarla o para tirarle con ella, y así como levantó el brazo yendo a desembrazar para hacer un tiro, se le quedó yerto y extendido sin poderlo rodear. El otro compañero habiendo visto lo que pasaba y no quedando escarmentado, cobrando atrevimiento de que no había mudamiento ni voz y de que aunque hablaba al bulto o Imagen no respondía, quiso hacer una experiencia, aunque a costa suya, y
ver si era cosa viva; y llegando cerca con más miedo que vergüenza tomó una tabona, que es una piedra prieta y lisa como azabache, que herida una con otra se hacen rajas y quedan con filo como navajas con que sangran y sajan; tomando, pues, esta piedra se llegó a la Santa Imagen para quererle cortar un dedo de la mano por satisfacer su ignorancia y ver si sentía, y poniendo el dedo de la Imagen sobre el suyo y comenzando a cortar en él, hallose el necio burlado porque la herida se daba a sí propio en sus dedos, sin hacer dañoja la mano de la Santa Imagen; y siendo aún porfiado y pertinaz (porque era necio), probó otra vez, más salíale a cuentas, porque sus dedos estaban corriendo sangre de las heridas que el propio sin querer se daba y los de la Santa Imagen quedaron libres y sanos sin señal alguna.

Conocedor del suceso el rey de Güímar y personado en el lugar en que estaba la Imagen, admirado ,<de ver el resplandor que de su rostro y vestidos salían y la majestad que representaba», dispuso fuera trasportada a su corte en Chinguaro; pero todos desconfiados por lo acontecido, «ninguno osó echarle mano ni llegarse a ella para abrazarla recelántiose no le aconteciése lo que a los pastores; y así mandó el rey que pues ellos habían hecho la primera experiencia acometiésen a hacer la segunda y echasen mano para llevarla. jRodeábalo Dios así para que la gloria de su madre se manifestase y en opinión y estima el pueblo gentil se confirmase! Llegan los dos pastores, el uno manco de los dedos de la mano y el otro del brazo, y en poniendo sus manos y tocando la Santa Reliquia para haberla de alzar (¡cosa milagrosa! ) queda el uno y el otro de sus lesiones sanos y buenos con grande admiración de los presentes, que con oces y silbos aplaudían el hecho y gratificaban y agradecían el beneficio recibido».

Ante este prodigio ordenó el rey no se acercaran a la imagen ningún siervo, para él con los próceres conducirla en hombros. Pero habiendo andado espacio de un tiro de escopeta, poco más, con ser la Imagen liviana y ellos hombres de muchas fuerzas, <fue tanto el peso y carga que los que la llevaban sintieron, que les fue forzoso parar y pedir ayuda y socorro; y por aquesta razón en este propio lugar, después de que la isla fue de cristianos habiendo sabido este caso, fundaron una pequeña ermita que llamaron del jSocorro!... Pues siendo socorridos y ayudados, tomaron a proseguir su camino hasta llegar a la morada del rey... donde en un canto de la morada, sobre unas pieles de cabras y ovejas (que otras alfombras ni doceles tenían) la pusieron».

A tan fausta novedad acudieron to?os los reyes de la isla y convinieron "... que
aquello debía ser alguna cosa del cielo y como tal fuese reverenciada»... y que se le diera «aposento por sí, porque con el humo de las teas que encendían en la casa del rey no se percudiese, ni con lafrecuencia de tratarla se le perdiese el respeto».

Propuso el rey de Güímar al de Taoro «que partiesen el año y que la mitad del estuviese aquella mujer en su reino de Taoro y la otra mitad en el suyo de Güímar donde había aparecido» ...pero Betzenuhya declinando tanto honor contestó: «Será más razón que yo y mis vasallos vengamos de nuestras casas a servirla, que no ella vaya a visitarnos a nosotros».

Según fray Alonso de Espinosa, 40 ó más años estuvo en Chinguaro la imagen rodeada de un ambiente maravilloso de aires perfumados, iluminaciones nocturnas y músicas angelicales, hasta que un muchacho de 14 años llamado Antón, del que nos ocupamos en el capítulo II del Tomo I, logró escaparse del Sr. de Lanzarote, Hernán Peraza, después de siete años de cautiverio y enteró a los guanches de que aquella era «la madre del Sustentador del cielo y tierra», y es en «la que los cristianos tienen puestas sus esperanzas»; trasladándola por su consejo al santuario de Achbinico en Candelaria, donde fue conducida por la isla entera con el mayor entusiasmo.

Y añade fray Abreu Galindo: «Cuentan los guanches naturales de esta isla que nuestra señora obraba grandes y muchos milagros... por lo cual los naturales y sus reyes de la isla dieron un hombre y una mujer como santeros que tuviesen cuenta de limpiar y servir a esta imagen»; lo que equivale a decir que tenían sacerdotes y sacerdotisas dedicados a un culto.

Afirma fray Alonso de Espinosa de que en la plaza de Candelaria, como en las demás lugares en que estuvo la imagen, siguieron los guanches oyendo «muchas veces armonías del cielo y músicas celestiales y visto muchas lumbres encendidas a modo de procesion» ...«Eran las procesiones que los ángeles hacían así por la playa donde la Santa Imagen estaba como por la del Socorro donde apareció, muy ordinarias, así de noche como de día, con mucha solemnidad, gran armonía y música de voces suavísimas; con muchedumbre de compañía que, con velas encendidas, puestas en orden y concierto hacían su procesión... y esto era tan ordinario que ya no lo extrañaban los naturales». ..¿ y cómo lo habían de extrañar si eran los mismos guanches los que hacían las procesiones? Aún las celebraban ocultamente un siglo después de la conquista, en tiempos del propio fray Alonso de Espinosa, no ya por Candelaria y El Socorro sino por Arona y otros puntos. La diosa Abona, por ejemplo, fue descubierta por los conquistadores en 1514, es decir, 17 años después de la conquista, según se deduce del testamento otorgado en 25 de Junio del referido año por Pedro Hernández de la Vera, vecino de La Laguna, ante el escribano público Alonso de Llerena, en el que declara: «... que por cuanto acababa de llegar de las playas de los Abrigos de Abona, en Daute, a donde fue a velar la imagen de Nuestra Señora que allí apareció, manda se dé para la obra de la iglesia que alli: se hiciese, un potro ruano que tiene en sus yeguas y dos peones» y nada tiene de particular ignoraran la existencia de esta otra Diosa, conocida oficialmente después por «Nuestra Señora de La Luz», aunque los fieles siguieran denominándola de Abona, porque el territorio donde apareció estaba en su mayor parte en poder de los alzados, como dijimos en el Tomo I, con tal cual núcleo fortificado como Tijoco, Tamadaya, etc., y era por lo tanto mucho menos frecuente.

Territorios libre de colonos

Por esto en la formación de los Beneficios curados de la Diócesis, según consta en las Constituciones Sinodales del obispo D. Fernando de Arce, años de 1514 y 1515, mejor dicho en los 74 mandatos de un manuscrito conservado en el archivo secreto de la catedral de Canaria, que conoció Viera y Clavijo, refiriéndose a las Bandas de Chasna dice: «Otrosí en los términos de Adeje y Abona, donde ahora no hay población recogida, e los vecinos de los dichos términos están muy desparramados, porque el noveno de los diezmos de los dichos términos no bastarían para dar mantenimiento a cura clérigo; estatuimos e ordenamos que de todos los diezmos de los dichos términos e de toda la masa de ellos, se saque ante todas cosas diez mil maravedíes de la moneda de esta Isla e quince hanegas de trigo, para el mantenimiento de un clérigo cura que diga Misas y ministre los Stos. Sacramentos a los moradores de los dichos términos de Adeje y Abona...». Debemos advertir que por dicho tiempo tan extenso territorio pertenecía nominalmente al Beneficio de Daute, « ...desde la Cuesta de Cristobal de Ponte, donde están las Cuevas, adelante... hasta la Marca de Abona», es decir, desde Daute hasta barranco de Erques en Fasnia.

Nada tiene pues de extraño que los conquistadores pasaran tanto tiempo sin tener conocimiento de la diosa Abona, como tampoco que los guanches siguieran a escondidas rindiéndole culto según su liturgia, como nos da testimonio de ello el mismo fray Alonso de Espinosa, que declara: «En la playa que dicen de Abona, que será de cuatro leguas desta de Candelaria, hacia la montaña Roja, se vian también ordinariamente estas procesiones, princi-
palmente por la fiesta de la Asunci6n de nuestra señora; y esto es tanta verdad que agora en estos tiempos personas que las han visto se van a la dicha playa y hallan velas de cera acabadas de apagar, y algunos las han hallado encendidas y pegadas a los riscos, y me enseñaron el lugar e yo lo vide. y así en esta playa como en la de Candelaria se halla. por la orilla del mar gran cantidad de gotas de cera, que de las procesiones que los ángeles hacen en honra de la Candelaria gotean; y yo doy fe que las he hallado y visto y las tengo en mi poder y oído a otras muchos lo propio...

Las candelas o velas que en esta playa se hallan no son muy blancas, mas el pa hilo no se deja entender de que sea, porque ni es estopa ni algodon, antes en alguna manera parece de seda blanca torcida...».

 Estas procesiones con iluminarias, música, cantos y demás ceremonias religiosas de que estaban enterados los conquistadores y que celebraban los guanches no ya con el mayor sigilo sino negándolo, unido a los panes, velas y gotas de cera con otras huellas que encontraban por las playas, dada la época de exaltación piadosa compréndese ir lo reputaran a milagro, máxime no existiendo en la isla colmenas, aunque sí abejares  salvajes; y tan inexplicable y sobrerenaturalles pareció el fenómeno, que levantaron acta testimonial para que constara a todo tiempo, como lo prueba el siguiente instrumento público:
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«In nomine Domini. Amen, Sepan cuantos este público instrumento de Fe vieren.

Como en la Villa de San Cristobal que es en la Isla de Tenerife, Domingo, veinticinco días del mes de Junio, Año del nacimiento de nuestro Salvador Jesucristo de mil y cuatrocientos y noventa y siete años, en presencia del muy virtuoso caballero Alonso de Lugo, Gobernador de las Islas de Tenerife y La Palma, por el Rey y Reina nuestros señores.

En presencia de mi, Fernando Alvarez, can6nigo de la Iglesia de Canaria, por la autoridad Apostolica público notario y de los testigos que de yuso serán escritos sus nombres. Parecio presente el honrado y discreto varon Antonio de Arévalo, continuo criado de los Reyes nuestros Señores, E dijo que por cuanto en esta dicha Isla se decía de público y era notorio un milagro que de cada un año acontecía, de aparecer cierta cantidad de cera echa en panes de veinte años a esta parte, en un cierto término desta dicha Isla, que por ende pedía y pidio al dicho señor gobernador mandase tomar testigos dignos de fe para certificacion del dicho milagro... E luego en continente el dicho Antonio de Arévalo presento por testigo a Pedro Fernández ya Diego Fernández e Alonso Sánchez de Morales, naturales de la isla de Fuerteventura, e vecinos desta isla de Tenerife, e Gonzalo Méndez, castellano, e Pedro Maninidra e Pedro Mayor naturales de la isla de Gran Canaria, e Pedro Ervás, e Ibone de Armas vecinos de la dicha isla de la Gran Canaria, que agora están y habitan en ésta de Tenerife.

Los cuales dijeron, e cada uno de ellos dijo, como era verdad que cada año seyendo esta isla de infieles, que venían a ella los fieles cristianos que moraban en estas islas comarcanas, a ésta en navíos para saltear, e tomar de los canarios llamados guanches que aquí vivían. y que como descendían en aquella parte que se dice Goymar, que es en esta dicha isla, que fallaban la dicha cera y la llevaban, y la tenían y tienen en gran reliquia y veneraci6n. E los dichos Pedro Fernández... dijeron que de cudijo, que a las veces parecía de diez o doce libras, y otras veces quince y veinte libras.

Y que saben que este presente año pareci6 cantidad de veinte libras y más. y que los dichos Pedro Fernández, y de cuatro años a esta parte han visto la dicha cera en la dicha isla. ..E los dichos Pedro de Ervás e Ibone de Armas dijeron; que hay veinte años, poco más o menos, que saben e vieron traer la dicha cera a muchas personas. Y todos dijeron y cada uno de ellos dijo que a las veces Diego Fernández y Alonso Sánchez de Morales, y Pedro Maninidra y Pedro Mayor fueron en fallar este presente año, cuatro o cinco días antes de la purificaci6n de Nuestra Señora La Virgen María.y que han oído decir a muchas personas que las han fallado, que siempre por este tiempo se falla y parece... E que este presente año fueron más de veinte personas presentes cuando parecio, que habían ido en busca de esclavos de vecinos que se habían ausentado, e que así pasa en verdad... E yo el dicho Fernando Alvarez, notario suso-dicho, e infraesripto, doy fe. ..y que este presente año al tiempo que se fallo la dicha cera, no había candelas para decir misa, ni para bendecir el día de la purificaci6n de Nuestra Señora La Virgen María. Por cuanto en esta isla no hay colmenas para sacar cera, sino la traen de la gran Canaria, por ser esta dicha isla nuevamente ganada de manos de infieles... E yo el dicho notario, que al presente sirvo por cura en esta dicha isla hube y recibí doce libras de la dicha cera; y así otras tantas fice haber al Mayordomo de la iglesia para celebrar el culto divino, de la cual yo di cierta cantidad al muy reverendo en Cristo, padre y señor, Dn. Diego de Muros, obispo destas dichas islas e obispo de Canarias, que aqui vino a visitar esta dicha isla e iglesia della. El cual envi6 de la dicha cera a Santa María de Guadalupe ya otras iglesias 4el dicho su obispado para que la tuviesen en reliquia. A lo cual todo lo dicho es, fueron presentes por testigos los honrados varones Fernando de Trujillo, lugarteniente de gobernador en esta dicha isla, y Pedro Mexías, y otras muchas personas... Ferd. Alvari, Apostolicum notarius».

Es verdad de que en la isla no habían colmenas pero sí millares de abejares salvajes, al extremo de que a raíz de la conquista fuera un arbitrio municipal, como dijimos en el Tomo I.

También Marín y Cubas dice que «no tuvieron colmenas sino miel silvestre de abejeras enriscadas»; y nos cita un asalto de Alonso de Lugo en Tenerife, por Icod, como se refiere en el cap. II del Tomo I, en el que se apoderó de velas de cera, cirios, etc. de fabricación guanche. Además al tratar de las industrias indígenas  veremos que sabían labrar la cera, aunque de un modo rudimentario.

Y para concluir con este particular observaremos, que las velitas de cera que aún se distribuyen a los romeros en la festividad de la Virgen de Candelaria, son de igual tamaño si bien más blancas, que las que usaban los guanches en las procesiones y festividades de su diosa Chaxiraxi; y que el pábilo de las referidas velitas, que según fray Alonso de Espinosa « ...no se deja entender de que sea, porque ni es estopa ni algodón, antes en alguna manera parece de seda blanca torcida», es muy sabido que lo confeccionaban de la película de la planta vulgarmente llamada chajora, como lo hemos ensayado con éxito.

Tal vez si en el instrumento público citado hubieran tomado testigos guanches y no extranjeros, descubren la verdad!

Collares

Hacían estos rosarios con cuentas de arcilla cocida de forma de pequeños cilindros, de uno a dos y medio centímetros de largos, adornados a veces con rayitas, otras de forma de diminutos discos y hasta del tamaño de aljófar, enhiladas en cuerdas de tripas; de las que existen numerosos ejemplares en el Museo Municipal.

Hay que desechar las hipótesis de que los tales rosarios fueran un sistema de enumeración, ni una representación gráfica a manera de escritura como el quipu de los peruanos o el nepohualtzitzin de los mejicanos ni objetos de adorno, como collares o gargantillas, pulseras, etc., pues los guanches eran muy celosos en la observancia de sus leyes suntuarias, y el hecho de usarlos lo mismo nobles que siervos, como lo hemos comprobado en centenares de necrópolis, nos revela que esa igualdad sólo podían tolerarla estando consagrada por un fin religioso.

La tradición vulgar llamándolos rosarios porque les servían para sus rezos, le han dado su verdadero nombre.

El obispo D. Francisco Martínez Cisneros, entre otros mandatos para el lugar de Adeje en 1605, conminaba con multas... y prohibía «las reuniones de varones y hembras a velar a los moribundos, así como de hacer procesiones (léase rogativas) fuera del lugar en mucha distancia, de lo cual se siguen... muchas deshonestidades entre hombres y mujeres quedándose a dormir por los campos o quedándose atrás en las dichas procesiones en los barrancos y lugares escondidos...».


Augurios de muerte

 «Los quejidos de la coruja, la tristeza del alcairón y un murciélago en las casas, barruntan desgracias».

El canto del peroluis augura muerte. Por esto en los pueblos del Sur al oírlo, dicen: «¿A quien se irá a llevar?». «Cuando el papagayo (ave del país) canta en las cercanías de un enfermo, anuncia muerte; como también una bandada de cuervos que se pose en las inmediaciones», los perros aullando, etc.

Si por la noche se ve un tajós (ave) en puntos próximos a la casa en que haya un cadáver de cuerpo presente, «es señal segura de que el xaxo va camino de Chineche».


Xaxos arrimados

Hemos tratado a uno de estos visionarios de Chirche, Guía, que él con otros vieron muchas veces un xaxo «salir echando chispas de una cueva del barranco de los Ovejeros en dirección a la de Sámara», hasta que el célebre animero tió Roque, de la Vega de Icod, logró con un conjuro meterlo por la boca del Teide.

La civilización ha transformado el xaxo arrimado de los guanches en ánima arrimada y al hechicero o samarín en animero, con ligeras variantes en los procedimientos; pero lo que no ha variado, ni siquiera en los nombres, son las Cuevas de Sámara ni el Infierno.

Derívase este nombre de las cuevas denominadas Sámaras donde parece te-
nían algo así como seminarios.

Aún es célebre la Cueva de Sámara, en las cumbres de los caseríos de Arguayo y Chío, en Guía; y sobre todo la Cueva de Sámara que se extiende algunos kilómetros, según se cree, desde la Montaña de Las Negras junto al Teide a 2 ó 3 kilómetros, hasta el puerto de San Marcos en Icod. Se dice que comunica con dicho subterráneo el convento Agustino de Icod.
Existen varios lugares en la isla que llevan el apelativo de Samarines porque éstos vivieron en ellos: Playa y Cueva de Samarines, entre Candelaria y El Socorro de Güímar, y Ba- rranco y Salto del Samarín, cerca de la Cueva de San Bias, en Candelaria; Salto y Fuente del Samarín en el monte de La Esperanza, El Rosario; El Samarín, próximo a Chinguaro, Güímar (Docto.); El Salto del Samarín, en el Lomo de Valeria, en Fasnia; Casa delSamarín, junto al Morro del Tagoro, casco de Granadilla; y Salto del Samarín, sobre Los Frontones también en Granadilla; Cueva del Samaro Samarín, en Aldea de San Miguel; Salto de Samarines, al naciente de Cruz Cambada, en Chasna; Cueva del Samarín ya más conocida de Los Machines, en Valle San Lorenzo, Arona; Samarines, frente a Hoya Grande y Cuevas del Samarín en las Cuevas del Miedo en Tejina, la primera en Adeje y la segunda en Guía.

Hasta fines del primer tercio del siglo pasado, en los pueblos del Sur eran conocidos los curas con el nombre genérico de babilones y particularmente los frailes mendicantes, de los que se conservan aún refranes alusivos a su costumbre de pedir, como por ejemplo .«Ahí vienen los babilones, apretar bien los zurrones!», es decir, llenarlos bien los zurrones.

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