miércoles, 4 de noviembre de 2015

AFRICA VERSUS AMERICA LA FUERZA DEL PARADIGMA




Luisa Isabel Álvarez de Toledo, Duquesa de MedinaSidonia

CAPITULO IX


LA MUERTE DE FERNAN

Apenas perdió el poder Pedro de Vera, las denuncias revelaron la realidad de su gobierno. Tenía por costumbre permitir a sus colaboradores, apropiarse de lo ajeno; juzgaba movido por simpatías o antipatías, sin prestar atención a la naturaleza del delito y sus circunstancias; acogía delincuentes convictos a domicilio, facilitándoles la huida, absteniéndose de pagar sus deudas. Imagen típica del cacique peninsular, que se refleja en denuncias individualizadas: Antón Viejo, vecino de La Gomera, recibió solar y heredamiento, por haber servido en la conquista, del pricipio al fin. Tenía construida vivienda y cultivada la tierra, cuando el gobernador le embargó, para dar sus bienes a uno de sus criados [1]; Fernando de Galdar de Guarnateme [2], aborigen castellanizado, dedicado al cultivo de la caña, al que la historia oficial convierte en príncipe, aguardó la caída de Vera, para reclamar devolución de préstamo en azúcar, incobrable mientras tuvo el poder[3].

Debidamente diferenciadas las provincias de Madeira y Gran Canaria, las relaciones fueron estrechas. Proveedora la primera, barco con vituallas, procedente de la provincia portuguesa, que estaba en el puerto de la Canaria, fue robado por dos vecinos. Recuperado por carabelas de armada, cinco leguas mar adentro, Vera hizo ahorcar a uno de los ladrones, desterrando el otro. Mercader de Madeira, que traía 7 negros a vender, jugó a dinero. Prohibido en las islas, al ser sorprendido, le condenaron a 100 azotes, muriendo en el castigo. Enojoso el incidente, Vera vendió dos negros, para cumplir con el alma del dueño, entregando los cinco restantes, a convecino del difunto, para que los devolviese al hermano. Las afinidades de Canarias con la América colombina, iban más allá del sistema fiscal y de la necesidad de licencia, para embarcar hacia donde fuese. Practicado el alzamiento, con participación de castellanos, lo hubo en la sierra de Llagalter, con la complicidad de vecinos de Villa Real de las Palmas. Fueron ajusticiados Alvaro de Oviedo, por repicar la campana, llamando a rebato y Alonso de Santo Domingo, que sacó el pendón [4]. A imitación de los conquistadores, los canarios iban a "descubrir", terminando expedición de Vera a Tenerife, en denuncia contra el gobernador, presentada por el capitán Lope de Salazar, quejoso porque se quedó con diez o doce cautivos. Lo justificó, replicando que fueron vendidos, para cubrir gastos [5].

Estando el ballenel Santa María de Gracia, fletado por vecinos de Lepe, en el puerto de Gran Canaria, a punto de zarpar, se presentó Antonio Ollero, "maestro de hacer azúcar", con un criado. Pagados los pasajes, el maestre vizcaíno Martín de Arístidi, los recibió a bordo. Hombre útil Ollero, maltratado sin duda, pues de lo contrario no hubiese desertado, al saber Vera que se escurría, montó en cólera, culpando al maestre por admitir pasajero, sin exigir salvoconducto, "por simpleza o por codicia", mandando barco de armada, tras el ballenell. Habiendo entrado en Fuerteventura, para hacer aguaje y completar la carga, lo capturó Rodrigo de Vera [6]. Decomisada miel, cera y azúcar,
al declarar Arístidi no saber que Ollero, viajaba contra la voluntad del gobernador, quedaron libres barco y tripulantes. De regreso en Lepe, el armador, Francisco Pinzón [7] presentó denuncia, rechazándola los justicias, porque al estar los testigos "muy lejos", no se podrían hacer las probanzas [8].

Juan Frías, obispo de Canarias y Rubico, quiso cobrar el diezmo de las islas. Inés de Peraza, en nombre propio y de y Diego de Herrera, "cuyas son las Yslas de Lanzarote, Fuerteventura, Gomera y Fierro", no las "islas Canarias", en conjunto, como poco antes, recordaron al prelado, documentos en mano, que pertenecía a los señores, como en toda tierra, que perteneció al Temple. De paso se quejaron de las 40.000 cabras del prelado, que pastaban en Fuerteventura, desde hacía 20 años, no habiendo pagado jamás un maravedí, de diezmo ni herbaje, Los reyes dieron la razón a los señores, respondiendo la iglesia que las tales cabras, estaban en la isla desde que las ocuparon cristianos[9]. Muerto Diego de Herrera, a finales 1484, le siguió Juan Frías, en la primavera de 1485[10]. Inés de Pereza aprovechó para solventar el problema, comprando las cabras a los testamentarios. Pero la mesa del Cabildo eclesiástico, deshizo la transacción, declarando el ganado propiedad de la Iglesia, habiendo alimentado el rebaño a los canónigos, de tiempo inmemorial. Al quedar Frías en usufructuario, la Peraza perdió lo gastado en el pleito, la compra y el ganado.

Aprovechando estancia en Sevilla, a 15 de febrero de 1488, Inés formalizó el mayorazgo, instituido en vida del marido. Enumeradas las islas mayores y menores, con "todas las otras islas de Canaria", a las que tuviese "derecho e abçion", ratificó las acusaciones contra su primogénito: "como diablo propio" cayó "en mal caso.., deseando de nos matar e buscando fuerças para ello", hasta que "le fisimos prender". "Ombre fuera de toda verdad e merescimiento", el matrimonio concluyó, a su tiempo, "que nos sería gran cargo de conciencia", poner en su mano bienes temporales, pues los emplearía "para mal". Ratificada la sucesión en Fernán [11], de regreso en la isla, Inés se ocupó, con el hijo, de buscar ingresos, que reemplazasen la trata. En 1482, la cosecha de múrices de Fuerteventura, estaba arrendada [12]. Productoras las islas menores de cereales, por ser la tierra alta, vendían a Gran Canaria, pero sobre todo a los barcos, que hacían aguaje, siendo la orchilla la principal riqueza. Asegurándose su comercialización, Inés y Fernán firmaron asiento con Francisco de Rivera, por otro nombre Riberol, genovés afincado en Sevilla. Compró 5.600 quintales de orchilla, "buena, limpia e enxuta", en 10 doblas cahíz, a razón de 800 por año, quedando los Peraza a autorizados vender el excedente, en los dos primeros, de no absorberlo Rivera, a condición de mantener el precio [13].

Tan perjudicada la Iglesia como Fernán, por la suspensión de la trata, pues el diezmo era de importancia, señor y clérigos se aliaron, buscando solución al problema. Siendo la clave la religiosidad de los isleños, el Deán de San Juan concluyó que los interesados, habrían de probar que "no eran ni fueron cristianos", pues aunque "nombre tuviesen, ninguna obra de platica fasían", usando "nombres gentilisos, binieno desnudos e teniendo ocho o diez mugeres, no consintiendo entre sí cristianos, antes tomándolos e fasiéndolos otras muchas superticiones". Al tiempo que palmeños y guanches reclamaban conversión, la Iglesia local declaró de urgencia, enmendar las desviaciones de los gomeros. Para ello les hicieron jurar y firmar, que de no apartarse "de sus ritos y errores" en fecha fija, aceptaban "ser conquistados" por enésima vez, "e dados en cautiverio e perpetua servidumbre". Ratificado el documento por el prelado y la corona[14], Fernán aguardó el término del plazo, para reanudar las cabalgadas, alegando que persistían "en sus malas costumbres y errores". Enteradas las víctimas, tomaron "tal omecillo" contra el señor de la isla, que en reunión celebrada en la "villa" de la Gomera, "todos juntamente... acordaron de lo matar". Yendo Peraza en busca de cautivos, le despenaron "con alboroto y escándalo", en emboscada tendida "debaxo de Mercadis...", junto a Gran Canaria [15]. Enterada Beatriz de Bobadilla de su viudedad, pidió socorro a Pedro de Vera, atrincherándose en una torre, con sus criados e hijos: Guillén, al que pasado el incidente, los canarios darían vasallaje, e Inés [16]. No era esta Beatriz de Bobadilla la Marquesa de Moya, esposa de Andrés de Cabrera, quizá la que obtuvo licencia para fletar carabela en 1478, con destino a los rescates de Guinea [17]. La que nos ocupa estaba casada desde 1484, con Fernán de Peraza.

Pasivo Pedro de Vera, Beatriz permaneció sitiada "mucho tiempo"[18], hasta que Inés, que estaba en Sevilla, hizo llegar la noticia a la corte. Mal ejemplo toda revolución popular triunfante, a 4 de marzo de 1489, los reyes ordenaron a Vera rescatar a "nuestra criada", señora de Gomera y Fierro, como tutriz de sus hijos [19]. Aunque no lo necesitase, ampararía de paso a la Peraza, que "posee por suyas ciertas yslas, que son de las yslas de Canaria", para que sus vasallos "no se sustraigan a su obediencia"[20]. El gobernador se comportó, a la manera oficial de la época: "en vengança de la dicha muerte", hizo matar "a muchos vecinos de la Isla.., y las mujeres, muchachos y niños y niñas cautivaron"[21]. Tras haber "tomado e prendido a todos los vecinos... e a sus mujeres e fijos", se repartió el lote con Beatriz: "metiolos en una nao e en sus navíos... De ellos perecieron y otros fueron vendidos.., dados e enajenados en nuestros reinos e señoríos e otros fuera dellos"[22]. Cobrados 1.000 castellanos en oro y 500 quintales de orchilla, a dos castellanos quintal, por el gasto [23], Vera se reservó ambas partidas, dando "cautivos en pago de su sueldo"[24], a "los escuderos e maestres de navíos e otras gentes, que fueron en lo suso dicho"[25]. Valorado el gomero o gomera, entre 7.500 y 10.500 maravedís [26], el obispo de Canarias y Málaga, que residía en la ciudad andaluza, quedó a cargo de la distribución[27], no olvidando el gobernador obsequiar a Isabel, con un camello y 9 esclavas y al Príncipe D. Juan, con tres cajas de conservas y una grande de azúcar[28].

En julio de 1490, corrió que los gomeros, reducidos a esclavitud, tras la muerte de Fernán de Peraza, eran cristianos, no habiendo intervenido en el crimen, por tratarse de mujeres y niños. Falso lo primero pero cierto lo último, fueron declarados no "ganados en buena guerra"[29], quedando en entredicho su captura. El Consejo retiró los libros a Vera, ordenando repesca de cautivos. Iniciada en septiembre, la dirigió el mismo obispo, que los había comercializado [30]. Dejaron los recuperados de padecer, bajo la férula del comprador, para sufrir en "poder de personas", que los "criasen" y adoctrinasen, a cambio de trabajo[31], pero al ser declarados libres los naturales "de la ysla de la Gomera, que es en la Gran Canaria"[32], la precisión semántica permitió a parientes de cautivos, víctimas de la guerra de Vera, presentarse en la corte, que estaba en Córdoba, para reclamar la libertad de los suyos. Entre los demandantes apareció un Juan de Guzmán, sobrino de Juana Canaria, reclamando la libertad de la tía, esclava desde hacía 11 años. Citado Vera como vendedor, compareció su hijo Fernando, presentando por fiador a Gonzalo de Burgos, escribano en Gran Canaria. Pidió un cuarto plazo de 8 meses, que le fue concedido, por no pedirlo "maliciosamente", al estar los testigos realmente "muy lejos"[33].

Especialista la monarquía en el arte de destruir individuos, molestos o desafectos, acumulando pleitos sobre su persona, los acopió Pedro de Vera. En puertas su cese, le fue exigida la cuadratura del círculo: "por una parte", habría de depositar "todos los maravedís que montan los dichos canarios, e por otra... facer sequestración de sus bienes". Evidente que ejecutado lo segundo, no tendría posibilidad de cumplir lo primero, los monarcas entraron en razón, mandando sobreseer "dichas nuestras cartas, desbaratándolas y no haciendo cosa alguna, en virtud a ellas"[34]. Aliviado el gobernador, se complicó la situación de Beatriz de Bobadilla. Las dificultades que planteaba separar las Canarias de señorío de las realengas, aconsejaban eliminarla. Se consiguió, creando el clima adecuado. Un Francisco Martínez, al regreso de la pesquería de cazones de Guinea, entró en Gomera para hacer aguaje. Traía barco nuevo de 20 toldos, comprado en 26.500 maravedís, de que enamoró Beatriz. Imprudente negarle el capricho, Martínez aceptó como parte de pago dos esclavas, valoradas en ocho y nueve mil maravedís. Embargadas por el obispo, demandó a la Bobadilla[35].

A esta primera causa, siguieron otras. Sintiéndose justificado, el fiscal exigió a la Bobadilla depósito de 500.000 maravedís, para garantizar restitución, a los compradores de gomeros [36].

A 30 de marzo de 1491, el salmantino Francisco Maldonado, fue nombrado juez de residencia en Gran Canaria. A su cargo remediar las "sinrazones", perpetradas por Pedro de Vera y adláteres, a lo largo de una década [37], habría de averiguar por qué "la dicha ysla, fasta oy no se ha poblado cómo debiera"[38], pues sin conocer la causa, no es posible erradicar un efecto. Sabida, procuraría atraer mercaderes, por ser los vasallos más rentables [39]. Iniciadas las actuaciones, Vera no tardó en ser requerido. Hubo de depositar los consabidos 500.000 maravedís, en manos del Obispo de Avila, confesor del rey, bajo el mismo pretexto [40]. En puertas la "conquista de Africa", como diría Maquiavelo, las Canarias se cerraron al tráfico, a 23 de diciembre de 1491. Los naturales, que en tiempos de Pulgar pasaban de una isla en otra, frecuentando los puertos de Andalucía, quedaron recluidos en su lugar de residencia: "no consintades ni dedes lugar a que ninguno de los dichos canarios y canarias, no embarquen en ninguna nao y carabelas ni varcos e fustas, ni dedes lugar a que ninguna ni ningunas personas los lleven ni pasen a la dicha isla de la Gran Canaria" o la metrópoli. El nativo que arribase a puerto, sin llevar licencia especial de la corona, sería declarado propiedad real, como cautivo perpetuo [41].

Cesado Pedro de Vera el 28 de enero de 1492, se decretó persecución de sus seguidores: porque "dis que fisieron ligas y confederaciones en la isla", con el gobernador "que fue", Maldonado haría pesquisa, remitiendo a la corte, en pliego cerrado y lacrado, lista negra de los implicados en "monipodios"[42].

Poco después Beatriz de Bobadilla, presionada por sus pleitos, pasó a la corte, arrastrando con los hijos. En Granada coincidió con Alonso Fernández de Lugo y quizá con Colón. No hay noticia de las relaciones, que le atribuyen con el "descubridor"[43], pero está documentado que casó con Fernández de Lugo. A 8 de mayo de 1492, Guillén fue confirmado en la posesión del mayorazgo de Canarias, sin modificación en el número de islas [44]. A 6 de junio quedó cerrado el tema de los gomeros. Admitido que mataron a Fernán, para "perseverar" en sus errores de fe, se acordó que nunca fueron cristianos, siendo sobreseídas las cartas, dictadas contra Beatriz [45], por ser lícito el tráfico de infieles.

Muerto Enrique de Guzmán sorpresivamente, el hijo aprendió la lección. Queriendo hacerse bien quisto en la corte, demandó a Inés de Peraza, como viuda de Diego de Herrera, no como señora propietaria de las islas y a la Bobadilla, a título de tutriz de los hijos de Fernán, llamándola Isabel. Reclamaba Gomera, Hierro, Lanzarote y Fuerteventura "por señorío y otros títulos", con devolución de las rentas que percibieron, mientras tuvieron las islas. Iniciado el pleito el 15 de octubre de 1492, al ser desatinado, procurador de la Peraza, personado en último momento, liquidó la cuestión [46].

El primero de octubre de 1492, Pedro de Vera estaba en su casa de Jerez, limpio de culpa, porque al obedecer en silencio, no perdió el real favor[47]. Urgente borrar el recuerdo de su conquista, a 21 del mismo mes, los reyes mandaron pagar a la tropa. No fue posible, por haberse alzado con la caja, el funcionario Luis de Mesa[48]. Al no haber fondos, los impagos continuaron generando pruebas.

[1] SRGS. V.1494.56.

[2] Según la historia oficial, fue "rey" o caudillo de Gran Canaria. Llamado Tenesor Semidan, tomó el nombre de Fernando Guarnarteme al bautizarse, combatiendo a sus vasallos, junto a los castellanos. El Guarnarteme que nos ocupa, participó en la conquista de Gran Canaria y pudo hacerlo en la de Tenerife ("Canarias y América". V Centenario, 1992).
[3] SRGS. XII.1491.194. [4] SRGS. X.1492.40.
[5] Ibídem.

[6] SRGS. VII.1488.308. Hay un segundo documentos en Simancas, con esta numeración, sin relación. [7] Probable hermano de Martín Alonso.
[8] SRGS.II.1496.10.
[9] SRGS. IX.1484.110. Juan Dávila, vecino de Fuerteventura, murió en 1489. Habiendo residido en la isla 50 años, en los cuales amasó considerable fortuna, hemos de colegir que llegó en 1439 (SRGS. VII.1490.510).
[10] SRGS. IV.1486.119.
[11] SRGS. V.1492.5. Pedro García de Herrera, hijo de Diego, fue condenado a muerte en 1478, por matar a su esposa. Perdonado por los parientes de la difunta, 16 años más tarde benefició de indulto de viernes santo. Es probable que nunca fuese detenido (SRGS. XI.1494.414).
[12] SRGS. VI.1490.36. [13] SRGS. III.1490.495. [14] SRGS. VI.1492.152.
[15] SRGS.VI.1492.152/ VIII.1490.363/IX.1491.288. Según la versión oficial, Hernán de Peraza, señor de la isla, conquistó Gran Canaria con "indígenas de la Gomera", matándole sus seguidores "por mantener amores con una aborigen", llamada Iballa. Independizado el hecho de la venta masiva de gomeros, se dice que Beatriz de Bobadilla "consintió" a Pedro de Vera, gobernador de Gran Canaria, tomar muchos vecinos de la isla, sin dar más razones ("Canarias y América". V Centenario).
[16] SRGS. VI.1492.152.

[17] SRGS. VIII.1484.13/VIII.1489.369. [18] SRGS. VI.1492.152.
[19] SRGS. III.1489.76. [20] SRGS. III.1489.300.
[21] SRGS. VIII.1490.363/IX.1491.288. [22] SRGS. V.1491.110.
[23] SRGS. IX.1491. 288.
[24] SRGS. VIII.1490.363/IX.1491.288. [25] SRGS. IV.1491.89.
[26] SRGS. VI.1492.238. En octubre de 1496, Vicente Yáñez Pinzón, como procurador de Diego Fernández
Colmenero, ambos de Palos, reclamó a Vera 6.300 maravedís, que Colmenero pagó por moza gomera, llamada
María, secuestrada por el obispo de Canarias.
[27] SRGS. VI.1492.152/VIII.1490.50. [28] SRGS. VII.1489.349.
[29] SRGS. VIII.1490.363/IX.1491.288.

[30] SRGS. VIII.1490.50/VIII.1490.363.
[31] SRGS. IX.1490.273 / IX.1490.273/ X.1490.237. Los compradores de canarios era mercaderes intermediarios, artesanos y labradores fuertes. El precio dependía de la calidad de la pieza, pero sobre todo, de la oferta y la demanda. Una gomera blanca costó 7.000 maravedís. Y otras dos, cuyo color no se especifica, 8.000 y 9.000. El varón valía de 4.750 a 10.500 maravedís.
[32] SRGS. VIII.1490.50/VIII.1490.363. [33] SRGS. II.1491.96.
[34] SRGS. X.1490.184. [35] SRGS. XII.1490.252. [36] SRGS. II.1491.38. [37] SRGS. III.1491.64. [38] Ibídem.
[39] Ibídem.

[40] SRGS. V.1491.110/IX.1491.30. [41] SRGS. XII.1491.168.
[42] SRGS. I.1492.124.

[43] Se achaca el parón de Colón en la Gomera, a sus amores con esta señora. Beatriz estuvo en la corte en mayo y junio de 1492, pero es más plausible que estrechase sus relaciones con Alonso Fernández de Lugo. No es el único caso en que la historia confunde al "conquistador", con el "descubridor".
[44] SRGS. V.1492.5.

[45] SRGS. VI.1492.152.

[46] "No fuimos Nosotros". De la autora. Ed. "La Tribune del Alpes Maritímes" ADMS. 4160. [47] SRGS. X.1492.40.
[48] SRGS. I.1492.161.


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